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Cecilia Vicuña. El Quipu de los Lamentos: “Oír lo no oído/ el sufrimiento de los desaparecidos”.

La siguiente es una historia olvidada y borrada que reaparece en el rescate que la artista visual y poeta hace de la organización que, desde Londres, movió a artistas e intelectuales del mundo entero en apoyo a los chilenos y repudio a la dictadura. Una historia que “subvierte el orden colonial”, dice Vicuña, y que hoy se exhibe en el Museo de la Memoria.

Cecilia Vicuña, en el tercer piso del Museo de la Memoria, frente a su instalación sonora “Quipu de los Lamentos”, lee -con su voz suave y precisa- un texto poético que escribió especialmente para la instalación: Nuestra historia es un telar vivo / Histos es red / El tejido de nuestras historias / La historia más decisiva es el dolor de los pueblos originarios y los torturados.
La primera acción ritual, dice el texto de Vicuña, es acariciar los sonidos. “Oír lo no oído/ el sufrimiento de los desaparecidos”.


Cecilia Vicuña lleva cuarenta años trabajando con quipus. Dice que archiva espacialmente a través de ellos. El Quipu de los Lamentos es una instalación creada especialmente para este museo y para interactuar con un muro que se le enfrenta, donde cuelgan retratos de detenidos desaparecidos.
-Es una especie de quipu fotográfico: los nudos son los rostros de las personas- dice.
En el Quipu de los Lamentos, los nudos son cantos y están dispuestos de tal manera que el público puede transitar entre las cuerdas, escuchando los lamentos que se van activando aleatoriamente.
-Trabajo con el tema del quipu porque el quipu es más antiguo que la escritura, tiene por lo menos cinco mil años de antigüedad, como manera de hacer un registro que es multidimensional y que es espacial y está activo, y que conecta al cuerpo con el cosmos y con el espacio tiempo de una manera que es interactiva, que es dinámica y participatoria- explica Vicuña.
Otro recordado quipu de la artista es el Quipu Menstrual, una instalación que hizo el 2006, primero en la explanada del Palacio de La Moneda y luego abajo, en el Centro Cultural.
Ese quipu estaba dedicado a pedirle a Michelle Bachelet, cuando fue elegida presidenta, que recordara la relación entre la sangre y el agua para que ella no ratificara la mina de Pascualama. Y ese quipu fue censurado.

Sí, mucha gente se quejó
-Exacto. Las artistas le exigieron al curador que bajara mi obra, y el curador aceptó y me pidió que bajara la obra, que eran unos quipus grandes, más gordos que estos, tenían un distanciamiento de un metro entre uno y otro. Entonces las artistas se quejaron que la obra de ellas no se veía, aunque fue el curador el que escogió el sitio de mi quipu, no fui yo. Lo extraordinario es que en toda mi experiencia, nunca me ha sucedido que un curador haga eco de un pedido semejante. Él me pidió que bajara la obra, yo dije, muy bien, la voy a bajar, y puse unos quipus delgaditos, flaquitos, e hice una performance sobre la censura del Quipu Menstrual.

RUCA ABSTRACTA
A Vicuña el golpe de Estado le tocó en Londres, a los 24 años, cuando estudiaba arte becada por el British Council. Le faltaban pocos meses para volver a Chile, pero decidió quedarse allá: antes de salir de Chile había hecho dos exposiciones individuales en el Bellas Artes, una de ellas dedicada a la construcción del socialismo. Aunque no era militante, Vicuña era una mujer conocida por su admiración por la Unidad Popular.
-Yo encontraba que la UP era un proyecto extraordinario- recuerda.
Al año siguiente, también en Londres, junto a tres artistas, Cecilia Vicuña organizó el Festival de las Artes por la Democracia. Esa organización -informal de principio a fin- se llamó Artists for Democracy y reunió 326 obras que donaron importantes artistas y colectivos de todo el mundo. Trabajos de Roberto Matta, John Dugger, Mike Leggett y Julio Cortázar fueron parte de la instancia, que buscaba recolectar fondos para enviar a Chile.
En esa ocasión, Cecilia Vicuña presentó su obra “La ruca abstracta”, hoy recreada en el Museo de la Memoria. La ruca abstracta, dice, es “una casa espiritual para Allende” y tiene un óleo del ex presidente donde la artista pinta sus últimas palabras antes de pegarse un balazo.
-En esta obra Allende no tiene ojos. La idea es que nosotros seamos sus ojos, que nosotros podamos ver el mundo a través de su visión, de su sacrificio- explica.
El óleo que hoy se exhibe es una réplica, porque el original fue destruido. Dice Vicuña que esa obra fue intensamente atacada por sus propios compañeros.
-Encontraron que era una obra ridícula porque ellos estaban en la onda del arte cinético, del arte abstracto, del arte participatorio, y no encontraban ningún sentido en el hecho de que yo pintaba así en esa época, como un comentario a la pintura colonial. Porque la pintura colonial había sido impuesta a los artistas indígenas de América, quienes subvertieron esa pintura. Entonces yo estaba persiguiendo mi imagen, quería subvertir una imagen colonial. Eso allá (en Londres) no tenía ningún significado. Yo no te puedo decir lo que le pasó a esta obra, lo único que sé es que yo no la tengo y no sé qué le pasó.

¿Pero alguien la compró?
-Yo creo que fue botada a la basura.
Cecilia Vicuña siente que ambas, la obra y ella, fueron atacadas en esa instancia. La obra, por la idea del arte que dominaba en ese momento. No se entendía como vanguardia lo que ella hacía. La artista, porque al hacer el llamado a donar obras para recolectar fondos, Artists for Democracy se comprometió a entregar el dinero recaudado a la oficina de Chile Democrático en Roma, “que representaba a toda la Unidad Popular unida. Uno de los artistas propuso que había que dar el dinero al MIR, entonces la única forma de darle el dinero al MIR era desacreditar a la Unidad Popular y a mí, que representaba la UP”, recuerda.
Al final, la plata se la dieron al MIR. De los cuatro fundadores de AFD, tres se opusieron, “pero se hizo como un gang que nos atacó a insultos, en la forma más brutal, y tuvimos que renunciar. La organización se desarmó y Artists For Democracy duró un par de años más, pero como una galería”, reconoce Vicuña.

Dejó de apoyar a Chile…
-Evidentemente.
En la muestra se pueden apreciar recortes, fotografías, videos jamás mostrados, escritos archivados por Vicuña de lo que fue el Festival de las Artes por la Democracia. Está el libro que escribió Vicuña, “Sabor a mí”, el primero publicado después del golpe. Hay testimonios de lo que fue la manifestación que realizaron en septiembre de 1974 en Trafalgar Square, Londres. En una foto se ve a Tencha Bussi y a Joan Jara hablando frente al público. Detrás cuelga el gran estandarte que hizo John Dugger, que dice “Chile Vencerá”. Hoy, ese estandarte se exhibe por primera vez en el Museo de Bellas Artes, como parte de esta misma muestra.
-Esta es una historia que fue borrada, nunca se ha contado en Chile. Ha habido un interés en tapar esta historia. Porque esta es una historia que subvierte el orden colonial. Los artistas del hemisferio norte estaban aprendiendo de la estética y de los modos de ser nuestros y no nosotros imitándolos a ellos. Por eso ha sido olvidada y negada hasta hoy- dice la artista.
En un rincón está el Taller de Basuritas de Vicuña. Sobre una mesa-vitrina se dispusieron infinidad de cachureos que la artista recoje e instala. Vicuña viene trabajando con sus Basuritas desde los setenta.
-Las instalo en una playa y dejo que el mar las borre. Las instalo en una micro para que los pasajeros le pasen por encima. Vengo haciendo eso consistentemente, durante cuarenta años. A eso le doy el nombre general de lo precario, porque nada perdura, y ese es el principio antiguo ancestral de la ofrenda: que la ofrenda al deshacerse, al disolverse, regenera la fuerza vital- explica.
Vicuña dice -entre risas- que ella es “indígena certificada”. hace unos tres años, se hizo un examen de ADN que le confirmó lo que sospechaba.
-Desde chica yo siempre sentí que era indígena y siempre me afilié a la visión poética del mundo de las culturas indígenas no solo de Chile sino del mundo. Mi poesía está compenetrada del universo poético indígena. Racialmente soy mestiza, porque mi lado Vicuña es de origen europeo, irlandés y vasco, pero no se sabe cuál es la historia de las mujeres indígenas de mi familia, porque desde la colonia para acá toda mujer indígena que se casaba con español pasaba a negar su lado indigena para poder sobrevivir en una cultura racista como la chilena. Entonces, hasta el día de hoy, yo soy el único miembro de mi familia que reconoce ser indígena. Lo único que se sabe es que las mujeres de mi familia son del norte, entonces yo calculo que podríamos ser diaguitas.

¿Y qué piensas de la situación de los pueblos indígenas en el país?
-Me parece monstruosa la actitud del Estado chileno, que no respeta los derechos ni la dignidad del pueblo mapuche, y me parece admirable el espíritu mapuche de seguir una resistencia que es cultural, no es ni siquiera política en el sentido de que realmente tenga una organización, porque es una cuestión de orden espiritual, de visión del mundo, una resistencia ética, poética, cultural, una pasión por ver el mundo de otra manera. Ellos saben que es una manera más compleja y más adecuada para la realidad que la visión occidental. Eso lo respeto y lo admiro.

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