Tortura: Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales

Tortura: Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales

S E M I N A R I O     I N T E R N A C I O N A L

TORTURA:
Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales. Prevención y Tratamiento

Equipo de Salud Mental-DITT del Comite de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU)
Organización Mundial contra la Tortura (O.M.C.T.) Ginebra – Suiza

Santiago – Chile. Noviembre 1989

PRESENTACIÓN

 

 

 

Desde la instauración de la dictadura militar el 11 de septiembre de 1973, la tortura sistemática, individual o masiva, brutal o refinada, se hizo una constante en Chile.

Desde esa misma época, profesionales de la salud asumieron la tarea de dar tratamiento a aquellos que lo necesitaban. El desafío comprometió acciones en diferentes terrenos que iban mucho más allá de lo estrictamente clínico: lo jurídico, lo ético, lo social, lo político, entre otros; y las condiciones en que se desarrolló el trabajo asistencial bajo la dictadura no sólo estuvieron marcadas por severas dificultades, sino también implicaba riesgos que son fáciles de comprender.

La experiencia acumulada durante más de 16 años atendiendo a las víctimas de la represión política y a sus familiares, es inmensa. Ella abarca innumerables aspectos en el campo clínico, tanto en lo terapéutico propiamente tal, como en la prevención y en la denuncia.

Actualmente la mayoría de dichos profesionales trabajan en equipos especializados e interdisciplinarios en el seno de organismos de Derechos Humanos. Conocidos son el equipo de Salud de la Vicaría de la Solidaridad, el equipo de Salud Mental de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), el equipo de Denuncia, Investigación y Tratamiento del Torturado y su núcleo familiar (DITT) del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), el equipo de Salud Física y Mental de la Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE) y, últimamente, el grupo médico del Centro de Investigación y Tratamiento del Stress (CINTRAS).

En 1985, el equipo de Salud Mental del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo había efectuado, conjuntamente con el Comité para la Defensa de la Salud, de la Ética profesional y los Derechos Humanos del Pueblo Argentino (CODESEDH), en Buenos Aires, el Primer Seminario Latinoamericano sobre la Tortura.

La aspiración era, sin embargo, realizar en Chile, bajo dictadura, un evento de carácter internacional que develara el profundo significado que la presencia de la tortura tenía en Chile, en todos los campos del quehacer humano y ayudara al conocimiento, denuncia, investigación y superación del sistema que tortura y de los efectos que provoca individual y socialmente.

Apoyados por la Organización Mundial Contra la Tortura con sede en Ginebra, y con el patrocinio de FASIC, PIDEE, CINTRAS, se llevó adelante esta iniciativa con los siguientes objetivos:

– Reunir profesionales que han brindado asistencia a las víctimas de la tortura en el interior de Chile, así como a personalidades internacionales que se han destacado por su trabajo en el tema.

– Avanzar en el tratamiento y en la prevención de la tortura a través del intercambio profesional de conocimientos y experiencias.

– Difundir y denunciar, tanto en Chile como en el extranjero, la persistencia de la práctica de la tortura y contribuir a través de esta denuncia a su erradicación.

Bajo el título “Tortura: aspectos médicos, psicológicos y sociales. Prevención y tratamiento”, este seminario se realizó en Santiago de Chile exactamente un mes antes de las elecciones presidenciales, elecciones a través de las cuales Chile pretende dejar atrás la dictadura c iniciar su camino de transición a la democracia. El problema de la Salud Mental y los Derechos Humanos, debía estar entonces presente de una manera destacada en la discusión y el interés de la opinión pública.

Si bien este Seminario estuvo marcado por la necesidad de revelar la verdad de lo ocurrido, no es menos cierto que resultaba fundamental también reunir a todos quienes han sufrido la tortura y a quienes la han estudiado con el fin de combatirla y contribuir así desde ambas perspectivas a una mejor comprensión de sus consecuencias tanto a nivel individual como colectivo: es la tarea de la reparación y la rehabilitación. Hemos pretendido asimismo, discutir las acciones concretas para evitar que los atropellos de los Derechos Humanos, de entre los cuales la tortura es el paradigma más atroz, vuelvan a ocurrir: es la tarea de la prevención de! trastorno socio-político y de la promoción efectiva de la dignidad humana.

El fin de la dictadura no suprime los daños que su imperio durante más de 16 años ha provocado. Habrá que atenderlos. El advenimiento de la democracia no garantiza por si mismo que el respeto de los Derechos Humanos quede automáticamente preservado. Habrá que trabajar por ello, cuidar que ética y política sean cuestiones indivisibles y esta es una tarea de todas las organizaciones sociales y políticas, de todo el pueblo. Profesionales de la Salud y la Jurisprudencia, sin embargo, cargan sobre sus hombros un deber particularmente insoslayable en lo que se refiere a la prevención de la tortura.

El Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo entrega al conocimiento de la opinión publica el presente volumen, que reúne todos los trabajos presentados por profesionales chilenos y extranjeros en este Seminario, en la confianza que represente una contribución efectiva a la tarea éticamente intransable en la que el pueblo de Chile está hoy empeñado: el establecimiento de la Verdad, el encuentro con la Justicia y la construcción de una sociedad basada en el respeto de los Derechos Humanos.


SEMINARIO INTERNACIONAL

TORTURA: 
Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales. Prevención y Tratamiento

Organizadores
Equipo de Salud Mental-DITT
del Comite de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU)

Santiago – Chile

Organización Mundial contra la Tortura (O.M.C.T.) Ginebra – Suiza

Patrocinantes

Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC)
Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE)
Centro de Investigación y Tratamiento del Stress (CINTRAS)

PROLOGO

ANTECEDENTES

SESIÓN INAUGURAL

SYMPOSIUM

Symposium Nº l: Concepto. Orígenes, objetivos y técnicas de la tortura. Agentes ejecutores

La Tortura: Agencia Primaria del Terror. Tito Tricot

La tortura: un enfoque social. Domingo Sánchez

La tortura como Crimen Contra la Humanidad. Andrés Domínguez

Represión Política e Impunidad en la Argentina. Darío Lagos, Daniel Kernec

Acerca de Cinco Ex Torturadores. Eduardo Pérez Arza

Casos Arsenales y Atentados: la dimensión de lo personal y lo social en la tortura. Carlos Madariaga

Incomunicación Prolongada: Otra forma de tortura repercusión psicológica en el individuo. Elisa Neumann, Consuelo Macchiavello

Symposium Nº 2: Efectos médicos, psicológicos y sociales.
Repercusiones sobre el individuo, la familia y la sociedad.

El dolor invisible de la tortura en las familias de exiliados en Europa. Jorge Barudy

Lo igual y lo distinto en los problemas psicopatológicos ligados a la represión política. Mario Vidal

La Tortura como experiencia traumática extrema, su expresión en lo psicológico, en lo somático y en lo social. María Isabel Castillo, Elena Gómez, Juana Kovalakys

Salud Mental y Derechos Humanos. Sergio Lucero

Tortura en el Hospital “Almirante Neff” (Valparaíso): Comunicación de tres casos. Luis Ibacache

Situación de Salud en prisioneros políticos. Algunos efectos de la tortura y reclusión.
Pedro Marín Hernández

Algunos comentarios sobre la experiencia de asistencia urológica en pacientes torturados. Guillermo Sohrens, Fernando Bustamante

Un viaje muy particular. Sergio Vuskovic

Vivir en parejas: Vivencia y elaboración de los traumas. Héctor Faúndez, Mónica Hering, Sara Balogi

Adolescencia en familias reprimidas. Héctor Faúndez, Mónica Hering, Sara Balogi

Symposium Nº3: Asistencia y tratamiento. Diversas formas de abordaje terapéutico.

Daño y reparación: una aproximación conceptual. Gloria Maureira

Efectos psicológicos de la represión en la comunidad universitaria de San Luis. Eduardo Llosa

Experiencia terapéutica integral con niños. Nicolás Zárate

Grupo terapéutico de reencuentro. Mónica Esterio, Lilian Román, María Teresa Almarza

Taller Terapéutico: una experiencia de trabajo grupal en pacientes sometidos a situaciones de violencia extrema. Carmen Contreras, Carlos Corvalán

La comunidad y la asistencia terapéutica en Derechos Humanos. Norberto Liwski

La psicoterapia de la tortura: el valor terapéutico de la solidaridad, la esperanza y la justicia. Jorge Barudy

Trauma, encuentro y significado. Inger Agger, Soren Buus Jensen

El modelo de trabajo de CEPAR: una práctica transcultural. Julio González

Terapia al torturado: una reflexión de una práctica humana. Paz Rojas

Prisioneros políticos: dimensiones psicoterapéuticas de la asistencia jurídica. Sergio Pesutic

Tortura y terapia familiar: discusión acerca de la integración de un enfoque sistémico en un caso de traumatización extrema. David Becker. Elizabeth Lira

Una experiencia de terapia ocupacional con afectados por la represión política. Alejandro Guajardo

Kinesiología y daño psicológico: una experiencia clínica. Patricia Cardenal

Violencia organizada y problemas psicosociales de los refugiados: algunas experiencias en un país de reasentamiento. Dr. Nils Johan Lavik

MESAS REDONDAS

Mesa Redonda Nº1: El daño y la reparación en Salud Mental. La perspectiva de los afectados directos.

Mi experiencia personal con la tortura. Hernán Montealegre

Daño psicológico y social en las víctimas de la represión. Atenas Dedes

Los detenidos-desaparecidos y la Justicia. Sola Sierra

La situación de los presos políticos. Cecilia Acuña

La tortura, el daño y la reparación. Juez Rene García Villegas

Mesa Redonda Nº 2: Acerca de la patología provocada por la tortura: problemas epistemológicos y nosológicos.

Objetividad en ciencias. Juan M. Pérez Franco

Cuestiones epistemológicas. Héctor Faúndez

El problema de las clasificaciones psiquiátricas frente a la patología provocada por la tortura. Rodrigo Erazo

Mesa Redonda Nº 3: Experiencia de trabajo de grupos e Instituciones. Modos de abordaje terapéutico.

Programa terapéutico de FASIC. Una experiencia de psicología viva. Adriana Maggi

Experiencia de trabajo de CINTRAS. Mario Vidal

Estudio prospectivo de los talleres como recurso terapéutico. Sonia Herrera, Gunter Seelmann

El método testimonial como ritual y evidencia en psicoterapia para refugiados políticos. Soren Buus Jensen, Inger Agger

Tortura, exilio y salud mental: nuestra conceptualización. Jorge Barudy

Experiencia de trabajo en el centro psicosocial de Frankfurt, Alemania Federal. Carlos Corvalán

Mesa Redonda Nº4: Aspectos preventivos: experiencia de trabajo con grupos. 
Capacitación y Salud Mental

La tortura desde una perspectiva jurídica. Carlos Fresno

Nuestra respuesta a la situación de tortura institucionalizada. Rosa Parissi

Capacitación y salud mental: una experiencia colectiva. Mónica Peña

En torno al modelo psicosocial de dominación. Jorge Pantoja

Represión, temor y participación. Formación de monitores en Salud Mental. Elisa Neumann, Angélica Monreal

La visita carcelaria: un abordaje terapéutico en grupos familiares de presos políticos. Chetty Espinoza, Myriam George, M. Inés Villar, Gloria Vío Grossi

FORO PLENARIO

Perspectiva para la reparación y para la profilaxis del daño. Cuestiones éticas y jurídicas. Responsabilidades individuales, de grupos profesionales y del Estado.

Reparación y prevención. Perspectiva desde la salud mental. Angélica Monreal

Reparación jurídica. Jorge Mera

Verdad y Justicia desde la perspectiva de los partidos políticos. Fabiola Letelier

Consideraciones éticas. Padre José Aldunate

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “Persona, Estado, Poder. Estudios sobre Salud Mental. Chile 1973-1989”

Palabras de Alfredo Jadresic V.
Palabras de Jaime Castillo Velasco
Palabras de Fernando Oyarzún P.

ANEXOS

Comentario a “Un viaje muy particular” Sergio Vuskovic
La tortura en la formación militar. Miguel González

Introduction (english)
Introduction (francais)


© Este libro fue elaborado y editado por el Equipo de Denuncia, Investigación y Tratamiento del Torturado y de su núcleo familiar (DITT) del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU).

Santiago de Chile, Abril de 1990

Obstinaciones de la memoria: La dictadura militar chilena en las tramas del recuerdo. Isabel Piper,2005

Athenea Digital – num. 8 otoño 2005

Obstinaciones de la memoria: La dictadura militar chilena en las tramas del recuerdo

Isabel Piper Shafir

Universidad Arcis
ipiper@universidadarcis.cl

 

En esta investigación se analizan múltiples relatos sobre la dictadura militar chilena, tanto de quienes sufrieron directamente la represión política y de quienes trabajan con sus efectos, como de quienes no se definen a sí mismos/as ni como víctimas ni como participantes de algún trabajo o movimiento de derechos humanos. Aunque las versiones que se construyen sobre el pasado son múltiples, en esta tesis se defiende la idea de que bajo el alero de estas diferencias se producen retóricas argumentativas que cruzan las diferencias de contenido y/o de intención de los y las hablantes, produciendo efectos políticos similares.

Entiendo la producción de recuerdos como una práctica social y simbólica que tiene el efecto de producir experiencias del pasado. Interpretamos los acontecimientos a través de la construcción de tramas narrativas y de líneas arguméntales, por tanto, el estudio de las memorias de la dictadura ha implicado el análisis de las maneras mediante las cuales las personas hablan de ella pasado, así como los efectos sociales y políticos de dichas construcciones.

La presente investigación se centra en la memoria en tanto proceso dialógico a través del cual se defienden y argumentan ciertas posiciones del pasado. Al mismo tiempo analiza sus usos como argumento para defender ciertas versiones sobre el presente que a su vez sostienen la creación de identidades. La memoria se constituye así en un centro articulador de la vida social en diversos sentidos: construcción del pasado, explicación del presente, sostén identitario, y eje articulador de prácticas políticas.

El proceso de interpretación comenzó con el análisis de las narraciones sobre el pasado y con labúsqueda de sus ejes temáticos comunes. Estos constituyen los recuerdos más fuertes de la dictadura y su identificación no necesariamente tiene que ver con un criterio cuantitativo. Es decir, aunque por una parte dan cuenta de los contenidos del pasado a lo que se hace referencia con mayor frecuencia, su búsqueda fue realizada fundamentalmente a través de la identificación de argumentos, afectos, silencios, metáforas, metonimias o alusiones, que en conjunto constituyen las memorias de la dictadura, y que le otorgan sentido a los relatos. Estos ejes fueron convertidos en guía de escritura de esta tesis, que se organiza en torno a los hitos de memoria construidos por los discursos que analiza.

La escritura de este texto constituye una meta-memoria analítica de diversas memorias de la dictadura. En su escritura utilizó diversos materiales textuales para ir conformando una narración que, a la vez de ser una reflexión crítica sobre las memorias de la dictadura, constituya en sí misma una versión de dicho pasado. Es decir, es un análisis crítico de los discursos de la dictadura, y al mismo tiempo una acción de memoria.

El texto se estructura en dos partes. La primera, llamada las heridas de la patria expone mi tesis fundamental, que es que las memorias de la dictadura son construidas a través de una retórica cuyo eje central es la noción de marca, herida o trauma.Es por eso que me refiero a ella como una retórica de la marca. El primer capítulo, presenta el Golpe Militar a través de las metáforas que los discursos usan para recordarlo: el bombardeo de La Moneda, la foto de la junta de gobierno y de Pinochet con sus lentes oscuros, y el último discurso del Presidente Salvador Allende. El capítulo dos presenta los debates en torno a la memoria y el olvido de esa etapa de nuestra historia nacional, defendiendo la tesis de que la sociedad chilena no sólo no ha olvidado la dictadura sino que esta constituye un centro fundamental en nuestros discursos identitarios. Muestro también que la dictadura es recordada a través de diversas tramas, específicamente: recordar hablando, recordar negándose a hablar, recordar callando y recordar viviendo nuevamente la experiencia.

El capítulo tres muestra el uso que los discursos del pasado hacen de la metáfora de un accidente para referirse a la dictadura, y la de trauma, herida o marca, para hablar de sus efectos. En el cuatro muestro como se ha construido una teoría y una práctica de la psicología en torno a dichas metáforas, y que han llegado a conformar un campo de especialización disciplinar en el ámbito de las consecuencias de la violencia política. En este punto, habré argumentado que los discursos construyen un sujeto nacido de la dictadura y sus prácticas represivas, un sujeto que se distingue por haber sido quebrado, herido y marcado por la violencia. El capítulo 5 expone, a través de los discursos de los y las afectados y de los profesionales de Derechos Humanos cómo sería ese sujeto analizando, en el capítulo 6, los efectos de dicha construcción.

La segunda parte, las marcas de la tortura presenta el análisis de testimonios de afectados/as por la prisión política y la tortura y del Informe de la Comisión Nacional Contra la Prisión política y la Tortura publicado en el año 2004. Está segunda parte funciona como un epílogo, en la medida en que los relatos de la tortura muestran de manera efectiva la retórica de la marca cuya existencia, característica y efectos se han desarrollado en la primera parte. La tortura es significada por sus víctimas como un profundo quiebre, que se instala en sus vidas marcándolos/as y transformándolos en personas distintas de lo que eran. El capítulo siete muestra como los relatos hablan de dicho quiebre y de la transformación de la normalidad en una donde la tortura está a la vuelta de la esquina. El capítulo que sigue se refiere a la materialización de dicho quiebre en padecimientos concretos, describiendo con palabras de los y las afectados las características de la marca dejada por la tortura. Finalmente, el capítulo nueve se refiere a la idea misma de reparación que solicitan los y las afectados, que difiere y tensiona las nociones tradicionales al situar el problema en los dolores del presente.

En toda esta investigación, he partido de la base de que la memoria es un proceso y un producto eminentemente social. Dado que la he considerado como una práctica relacional, no he dirigido su análisis a lo qué ocurre en la mente de las personas sino hacia las acciones mismas de recordar. Me he preocupado de qué y cómo chilenos y chilenas construimos versiones del pasado, cómo usamos las memorias y los olvidos en nuestras relaciones cotidianas, cómo usamos ambos como argumento en nuestros diálogos, y que efectos psicosociales tienen dichas prácticas.

La fuerza simbólica de la memoria es enorme en la medida en que contribuye a producir realidades, relaciones e imaginarios sociales; y es ese mismo poder el que la convierte en potencial fuente de resistencias, inestabilidades y transformaciones. Pero el mero hecho de recordar u olvidar determinados acontecimientos no garantiza el carácter transformador de la memoria, sino que este depende de la capacidad de los recuerdos construidos de tensionar las versiones hegemónicas que imperan de un determinado momento. No es mi intención contrastar estas memorias con un supuesto acontecer objetivo de los hechos, ni pretender sostener una versión verdadera de lo ocurrido.Lo que busco es tensionar los discursos existentes promoviendo la construcción de nuevas interpretaciones y sentidos, abriendo nuevas posibilidades de narración que nutran formas diferentes y móviles de producir las memorias de la dictadura. Entiendo esta producción académica como una forma de acción política y es en cuanto tal que me interesa.

El tejido social devastado de la fraternidad humana.

http://www.gamba.cl/2014/07/raices-emocionales-autoridad-propiedad/
VÍA NODO 50

INTRODUCCIÓN

La sociedad patriarcal la hacemos todos y todas; no es algo exterior a nosotros. Las instituciones descansan en los individuos que hemos sido formados para la obediencia a la autoridad y para entender los bienes, la tierra y las personas como posesiones. Siempre nos han dicho, para disuadirnos de las utopías, que el principio de autoridad y el sentido de la propiedad van unidos a la misma condición humana, y cuando se habla de ello, siempre sale a relucir el ejemplo de los celos, que dicen que salen de dentro, y que prueban que la posesividad es consustancial a la naturaleza humana.

Y es cierto que tanto el sentido de la propiedad como el principio de autoridad están arraigados en lo más profundo y básico de nuestra psique y de nuestras emociones, pero porque éstas también son objeto de la educación y de la manipulación de la sociedad patriarcal; de la domesticación que se lleva a término con cada criatura humana. En esta educación hay dos partes o dos aspectos: la educación emocional propiamente dicha, y la devastación de la vitalidad de la criatura humana que se realiza previamente.

LA DEVASTACIÓN

La devastación de la vida es algo previo que el Poder debe realizar antes de acometer la extorsión y la explotación de la vida, como hicieron los españoles que llegaron al continente americano, que arrasaron la selva para poder hacer las plantaciones de monocultivos extensivos. Siempre, antes de las acciones de explotación, de acaparación y de acumulación, hay una acción de devastación de la abundancia y de la riqueza de la vida.

Lo originario del Capital -de la propiedad patrimonial- no es la acumulación sino la devastación. Antes de la construcción del Estado y de la Familia hubo también una devastación del tejido social de apoyo mutuo. Y para domesticar al ser humano se realiza también una devastación en cada pequeña criatura humana, para poner en marcha el proceso de educación de las emociones y de la psique. Lo que ocurre es que se realiza de tal modo que no nos apercibimos de ello porque nos presentan los resultados de la devastación como si fuera lo que había habido siempre, como si no hubiera habido devastación. Es como si incendian un bosque y luego nos dicen que no hubo nunca ni incendio ni bosque, y que lo que hubo siempre es el desierto.

Cuando hace ya más de 100 años se investigó la psique humana y se inventó el concepto de «inconsciente» para definir la parte no consciente de nuestra condición humana, se encontraron con lo que se ha venido llamando «complejo de Edipo», o triangulación edípica de los deseos, de las emociones y de los sentimientos, y nos lo presentaron como lo propio de la condición humana, como algo innato. Pero, como dijeron Deleuze y Guattari, el Edipo no es innato, sino que es precisamente la parte de la psique ya educada y modelada de acuerdo con el orden social; que además sirve para tapar lo que había antes de la edipización, para enmascarar la herida de la devastación.

Pero también mencionaron (Freud, Lacan) haber topado con algo más en lo más oculto y profundo de nuestro ser, que llamaron «lo real-imposible», y, refiriéndose a la sexualidad de la mujer, un «continente negro» que se les escapaba de sus esquemas, que no entendían ni podían interpretar; algo que otros (Groddeck) reconocían como algo indefinido e ignoto. Lo cierto es que no llegaron a investigarlo ni a entenderlo, quizá porque no pudieron, o porque, dándose cuenta de que aquello ponía en entredicho el orden social, no se atrevieron.

¿Qué querían decir Freud y Lacan al afirmar que había algo real pero imposible?

¿Cómo puede haber algo real y al mismo tiempo imposible?

Quizá nos ayude a descifrarlo el mito bíblico de la expulsión del Paraíso: un paraíso real, terrenal, que existe pero que está prohibido por la Ley, y que por lo tanto es imposible. O sea, que lo real es imposible porque lo prohibe la Ley. ¿Y qué es lo real imposible? Lo real son nuestros deseos primarios, descodificados, antes de ser sometidos a la devastación de la sociedad patriarcal; nuestros deseos que se mueven por el principio del placer, antes que la Ley los manipule para adaptarlos a la Realidad patriarcal.

¿Y qué es lo prohibido? Lo prohibido, e imposible en esta sociedad, es nuestro crecimiento en la saciedad de nuestros deseos; la expansión de la vida humana por la vía de la saciedad de los deseos. La expulsión del paraíso terrenal y real es, pues, la expulsión de un continente negro en el que todos y todas, hombres y mujeres, hemos habitado, pero que ha quedado fuera de nuestro mundo conceptual y simbólico, y por eso es impensable e indecible. Sin embargo, es de hecho la negación brusca y radical de una sexualidad primaria y materna. De nuestra estancia en ese continente sólo nos queda un anhelo emocional que proyectamos hacia el futuro.

Cuando hablamos de la represión de la maternidad, del matricidio, de la transmutación de la madre entrañable en una madre patriarcal, parece que estamos hablando de algo sin importancia, casi de una novela rosa. Pero se trata de la destrucción básica de la trama social de apoyo mutuo que corresponde a la condición del ser humano. Cuando una criatura succiona un pezón de plástico, lo malo no es sólo que succiona el plástico, lo malo es el vacío detrás del chupete, la falta del cuerpo humano detrás del chupete. El chupete de plástico es una imagen que representa la correlación entre la desvastación del tejido social y la desvastación de cada criatura.

La expulsión del paraíso significa la desaparición de la madre amante, de la relación de tú a tú entre dos amantes, y su sustitución por una relación de sumisión/autoridad (Amparo Moreno). Se trata de cambiar la madre verdadera por la madre patriarcal que no reconoce los deseos de las criaturas, que es insensible a su sufrimiento y que es capaz de reprimirla. Este es el principio de la Autoridad en nuestras vidas. La represión de los deseos y la obediencia a la autoridad se convierten en algo bueno; y nuestros deseos, o no cuentan o son malos. Este es el origen de la angustia existencial.

Desde este punto de vista, la represión del deseo del cuerpo materno es lo más importante que ocurre en nuestras vidas y desde luego de rosa no tiene nada. No vamos a entrar, por falta de tiempo, en las consecuencias en términos de sufrimiento de ambas simbiontes, ni en las implicaciones de la represión y negación de la sexualidad de la mujer; puesto que se trata ahora de entender el cambio que acontece en la psique de la pequeña criatura humana.

Se trata de entender el cambio del deseo por la necesidad, y de la abundancia de la producción por la carencia; el cambio del deseo por un miedo abyecto a carecer (Deleuze y Guattari). Necesidad, carencia y miedo que no había antes de la devastación, lo que no era innato. ¿Por qué cambiar el deseo por la necesidad? Porque si el deseo nos lleva al bienestar y a ser libres, la necesidad nos lleva a la sumisión. En la espiral de la necesidad, de la carencia, del miedo a carecer, y en la lucha por la supervivencia en un entorno devastado, el Poder aplica sus sutiles mecanismos de chantaje emocional engarzados con unos paradigmas falaces de bienestar.

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Pero antes de entrar en este punto, hay que decir en concreto cómo y cuándo se realiza el cambio, la expulsión del continente negro. Vamos sólo a mencionar los tres momentos de nuestra etapa primal que se interfieren o se bloquean.

1) Haciendo que el embarazo no sea deseado libidinalmente; esto prepara el terreno para la formación de la madre patriarcal, que no es capaz de reconocer ni de sentir-con los deseos de su prole; la madre robotizada que no place ni aplace sino que reprime a las criaturas, que es insensible a los sufrimientos de las criaturas, y que en lugar de madre deviene Autoridad.

2) El parto violento desde un útero que no se abre suavemente, sino con contracciones violentas, cuyas paredes se tensan como si fueran acero, produciendo un tránsito lento, con atascos, golpes y presiones en todo el cuerpo de la criatura, sensación de asfixia, de estar atascada ahogándose de la proximidad de la muerta por asfixia, es decir, la angustia mortal; esto organiza la experiencia, que hasta entonces no habíamos tenido, de que algo muy malo es posible que suceda; es decir, forma parte de la creación del miedo necesario para organizar el chantaje.

3) El apartamiento de la madre después de nacer y el rompimiento prematuro y brusco de la simbiosis materna; la supervivencia organizada mediante una robotización de la extero-gestación y de la crianza. Esto significa también sensación y experiencia de angustia mortal. Para cualquier mamífero la falta de la madre al nacer se interpreta psicosomáticamente como la muerte, porque de hecho, significa la muerte. Aquí se consuma la operación de la desvastación primaria.

EL CHANTAJE Y LA EDUCACIÓN

Para entender el chantaje emocional vamos a imaginarnos que el aire que respiramos nos ha sido desposeído (que es casi lo único de la vida de lo que todavía no hemos sido desposeídos) y que nos ponen una escafandra de oxígeno para respirar; y que vamos por un camino trazado andando con nuestra escafandra, pero si nos salimos un poquito por la orilla nos la quitan, y cuando volvemos a andar sin pisar la raya del borde del camino nos la vuelven a poner. Y así nos la van quitando y poniendo a ratitos según nuestro comportamiento.

En la pequeña criatura humana, la falta de afectividad es tan letal como la falta de aire. La necesidad de afecto nos convierte en seres sumisos que andan por un camino trazado; hace que, voluntariamente, nos comportemos, no según nuestros deseos, sino para complacer a nuestros mayores. Es un chantaje sutil, que al principio se realiza sin palabras. La sonrisa, la mirada, el tono de voz, la caricia de la madre va definiendo el camino de nuestra resignación y de nuestra sumisión. Aceptamos sin darnos cuenta que nos reprimen por nuestro bien; que la represión es buena; que nuestros deseos no cuentan o son malos; y aceptamos la inversión del principio del placer: lo que es bueno pasa a ser malo, y viceversa.

Al principio, lloramos en señal de protesta. Poco a poco vamos dejando de llorar según vamos «madurando», pasando las etapas previstas por la psicología, y adquiriendo el uso de la razón patriarcal. Al aceptar que lo que hacen nuestros padres es por nuestro bien, nos queda prohibida la rebelión interior. Nos hemos convertido en criaturas inconscientemente sumisas y crecemos creyendo que la Autoridad pertenece al orden natural de la vida. Es la génesis de la Servidumbre Voluntaria que descubrió Etienne de la Boëtie.

Paralelamente, como nuestra existencia como seres productores de deseos, nuestra verdadera «identidad» no es reconocida; como nos han desposeído del aire para respirar, nuestra supervivencia depende de tener la escafandra de oxígeno, de la posesión de una cuota de aire, de afecto. La abundancia ha sido sustituida por la carencia, y entonces la carencia se suple con la propiedad. En este mundo para no carecer hay que poseer ; poseer bienes y personas. Mi cuota de oxígeno son «mi» papá y «mi» mamá. Tenemos que afirmar nuestra existencia como poseedores, puesto que no es reconocida como productora de deseos, puesto que no existe un tejido social adecuado a mi existencia, puesto que han matado a la madre.

Por eso las pequeñas criaturas humanas siempre están diciendo «mi» papá, «mi» mamá, «mi» casa, etc. Es el «yo-poseedor», la identidad como ser poseedor lo que se está formando, en contra de un vivir disuelto en un grupo, en un entorno de apoyo mutuo; en contra de la verdadera «identidad» de la criatura deseante. Por eso los antropólogos hablan de un sistema de identidad grupal en ciertas tribus.

EL ORDEN SIMBÓLICO

El chantaje emocional que hemos descrito se inscribe en un orden simbólico que manda y determina nuestro inconsciente con la misma contundencia que el orden capitalista determina la economía. Las figuras de la madre patriarcal y del padre tienen una fuerza simbólica que llenan de contenido nuestras emociones y todo lo que mana de la herida de la devastación (miedo, humillación, ansiedad, soledad). Son imágenes que canalizan todas las emociones, las necesidades, las carencias, dando una falsa conciencia de lo que ocurre, de lo que me pasa; y así se determina nuestro «yo», como el vértice inferior del triángulo edípico. «Yo» soy de mi papá y de mi mamá, esa es mi salvación; la salvación de la angustia mortal, de todas las ansiedades y miedos. La afectividad se ha transformado en propiedad y en sumisión. Desde esta constitución del «yo», el Poder anida y parasita nuestro anhelo libidinal.

Pero además el padre y la madre representan el modelo humano de lo que tengo que ser. Los arquetipos de hombre y de mujer en los que nos tenemos que convertir. Los arquetipos representan una tendencia permanente de la imaginación afectiva (Jung). Y hacia ellos proyectamos nuestro anhelo libidinal, la carencia, la ansiedad y la frustración de la represión de la sexualidad primaria. La salvación ahora consiste, para la mujer, en ser poseída en exclusiva por un hombre; y para el hombre, en poseer en exclusiva a una mujer. El anhelo de la simbiosis materna se interpreta con el mito de la media naranja, del príncipe azul y de Blancanieves o Cenicienta o la Bella Durmiente; del matrimonio y de los «happy-end» de la narrativa o del cine.

Los arquetipos tienen un contenido muy preciso y van a conformar unas relaciones patológicas entre los dos sexos (de autoridad/sumisión y de propiedad), y entre el/la adulto-a y las criaturas. Los géneros tienen, pues, no sólo arquetipos paradigmáticos y roles definidos, sino también profundas raíces emocionales. La identificación con los arquetipos es lo que nos hace hombres y mujeres autoritarios y/o sumisos a la autoridad, patológicamente dependientes y con sentido de la propiedad. Esta identificación se inicia en la etapa primal de nuestras vidas.

EPÍLOGO

Las fuentes de conocimiento de lo indefinido, de la devastación oculta, del Crimen de la Madre, son ante todo nuestros sentimientos y los estremecimientos de nuestros cuerpos devastados cuando entran en contradicción con el orden establecido. VÍA NODO 50

INTRODUCCIÓN

La sociedad patriarcal la hacemos todos y todas; no es algo exterior a nosotros. Las instituciones descansan en los individuos que hemos sido formados para la obediencia a la autoridad y para entender los bienes, la tierra y las personas como posesiones. Siempre nos han dicho, para disuadirnos de las utopías, que el principio de autoridad y el sentido de la propiedad van unidos a la misma condición humana, y cuando se habla de ello, siempre sale a relucir el ejemplo de los celos, que dicen que salen de dentro, y que prueban que la posesividad es consustancial a la naturaleza humana.

Y es cierto que tanto el sentido de la propiedad como el principio de autoridad están arraigados en lo más profundo y básico de nuestra psique y de nuestras emociones, pero porque éstas también son objeto de la educación y de la manipulación de la sociedad patriarcal; de la domesticación que se lleva a término con cada criatura humana. En esta educación hay dos partes o dos aspectos: la educación emocional propiamente dicha, y la devastación de la vitalidad de la criatura humana que se realiza previamente.

LA DEVASTACIÓN

La devastación de la vida es algo previo que el Poder debe realizar antes de acometer la extorsión y la explotación de la vida, como hicieron los españoles que llegaron al continente americano, que arrasaron la selva para poder hacer las plantaciones de monocultivos extensivos. Siempre, antes de las acciones de explotación, de acaparación y de acumulación, hay una acción de devastación de la abundancia y de la riqueza de la vida.

Lo originario del Capital -de la propiedad patrimonial- no es la acumulación sino la devastación. Antes de la construcción del Estado y de la Familia hubo también una devastación del tejido social de apoyo mutuo. Y para domesticar al ser humano se realiza también una devastación en cada pequeña criatura humana, para poner en marcha el proceso de educación de las emociones y de la psique. Lo que ocurre es que se realiza de tal modo que no nos apercibimos de ello porque nos presentan los resultados de la devastación como si fuera lo que había habido siempre, como si no hubiera habido devastación. Es como si incendian un bosque y luego nos dicen que no hubo nunca ni incendio ni bosque, y que lo que hubo siempre es el desierto.

Cuando hace ya más de 100 años se investigó la psique humana y se inventó el concepto de «inconsciente» para definir la parte no consciente de nuestra condición humana, se encontraron con lo que se ha venido llamando «complejo de Edipo», o triangulación edípica de los deseos, de las emociones y de los sentimientos, y nos lo presentaron como lo propio de la condición humana, como algo innato. Pero, como dijeron Deleuze y Guattari, el Edipo no es innato, sino que es precisamente la parte de la psique ya educada y modelada de acuerdo con el orden social; que además sirve para tapar lo que había antes de la edipización, para enmascarar la herida de la devastación.

Pero también mencionaron (Freud, Lacan) haber topado con algo más en lo más oculto y profundo de nuestro ser, que llamaron «lo real-imposible», y, refiriéndose a la sexualidad de la mujer, un «continente negro» que se les escapaba de sus esquemas, que no entendían ni podían interpretar; algo que otros (Groddeck) reconocían como algo indefinido e ignoto. Lo cierto es que no llegaron a investigarlo ni a entenderlo, quizá porque no pudieron, o porque, dándose cuenta de que aquello ponía en entredicho el orden social, no se atrevieron.

¿Qué querían decir Freud y Lacan al afirmar que había algo real pero imposible?

¿Cómo puede haber algo real y al mismo tiempo imposible?

Quizá nos ayude a descifrarlo el mito bíblico de la expulsión del Paraíso: un paraíso real, terrenal, que existe pero que está prohibido por la Ley, y que por lo tanto es imposible. O sea, que lo real es imposible porque lo prohibe la Ley. ¿Y qué es lo real imposible? Lo real son nuestros deseos primarios, descodificados, antes de ser sometidos a la devastación de la sociedad patriarcal; nuestros deseos que se mueven por el principio del placer, antes que la Ley los manipule para adaptarlos a la Realidad patriarcal.

¿Y qué es lo prohibido? Lo prohibido, e imposible en esta sociedad, es nuestro crecimiento en la saciedad de nuestros deseos; la expansión de la vida humana por la vía de la saciedad de los deseos. La expulsión del paraíso terrenal y real es, pues, la expulsión de un continente negro en el que todos y todas, hombres y mujeres, hemos habitado, pero que ha quedado fuera de nuestro mundo conceptual y simbólico, y por eso es impensable e indecible. Sin embargo, es de hecho la negación brusca y radical de una sexualidad primaria y materna. De nuestra estancia en ese continente sólo nos queda un anhelo emocional que proyectamos hacia el futuro.

Cuando hablamos de la represión de la maternidad, del matricidio, de la transmutación de la madre entrañable en una madre patriarcal, parece que estamos hablando de algo sin importancia, casi de una novela rosa. Pero se trata de la destrucción básica de la trama social de apoyo mutuo que corresponde a la condición del ser humano. Cuando una criatura succiona un pezón de plástico, lo malo no es sólo que succiona el plástico, lo malo es el vacío detrás del chupete, la falta del cuerpo humano detrás del chupete. El chupete de plástico es una imagen que representa la correlación entre la desvastación del tejido social y la desvastación de cada criatura.

La expulsión del paraíso significa la desaparición de la madre amante, de la relación de tú a tú entre dos amantes, y su sustitución por una relación de sumisión/autoridad (Amparo Moreno). Se trata de cambiar la madre verdadera por la madre patriarcal que no reconoce los deseos de las criaturas, que es insensible a su sufrimiento y que es capaz de reprimirla. Este es el principio de la Autoridad en nuestras vidas. La represión de los deseos y la obediencia a la autoridad se convierten en algo bueno; y nuestros deseos, o no cuentan o son malos. Este es el origen de la angustia existencial.

Desde este punto de vista, la represión del deseo del cuerpo materno es lo más importante que ocurre en nuestras vidas y desde luego de rosa no tiene nada. No vamos a entrar, por falta de tiempo, en las consecuencias en términos de sufrimiento de ambas simbiontes, ni en las implicaciones de la represión y negación de la sexualidad de la mujer; puesto que se trata ahora de entender el cambio que acontece en la psique de la pequeña criatura humana.

Se trata de entender el cambio del deseo por la necesidad, y de la abundancia de la producción por la carencia; el cambio del deseo por un miedo abyecto a carecer (Deleuze y Guattari). Necesidad, carencia y miedo que no había antes de la devastación, lo que no era innato. ¿Por qué cambiar el deseo por la necesidad? Porque si el deseo nos lleva al bienestar y a ser libres, la necesidad nos lleva a la sumisión. En la espiral de la necesidad, de la carencia, del miedo a carecer, y en la lucha por la supervivencia en un entorno devastado, el Poder aplica sus sutiles mecanismos de chantaje emocional engarzados con unos paradigmas falaces de bienestar.

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Pero antes de entrar en este punto, hay que decir en concreto cómo y cuándo se realiza el cambio, la expulsión del continente negro. Vamos sólo a mencionar los tres momentos de nuestra etapa primal que se interfieren o se bloquean.

1) Haciendo que el embarazo no sea deseado libidinalmente; esto prepara el terreno para la formación de la madre patriarcal, que no es capaz de reconocer ni de sentir-con los deseos de su prole; la madre robotizada que no place ni aplace sino que reprime a las criaturas, que es insensible a los sufrimientos de las criaturas, y que en lugar de madre deviene Autoridad.

2) El parto violento desde un útero que no se abre suavemente, sino con contracciones violentas, cuyas paredes se tensan como si fueran acero, produciendo un tránsito lento, con atascos, golpes y presiones en todo el cuerpo de la criatura, sensación de asfixia, de estar atascada ahogándose de la proximidad de la muerta por asfixia, es decir, la angustia mortal; esto organiza la experiencia, que hasta entonces no habíamos tenido, de que algo muy malo es posible que suceda; es decir, forma parte de la creación del miedo necesario para organizar el chantaje.

3) El apartamiento de la madre después de nacer y el rompimiento prematuro y brusco de la simbiosis materna; la supervivencia organizada mediante una robotización de la extero-gestación y de la crianza. Esto significa también sensación y experiencia de angustia mortal. Para cualquier mamífero la falta de la madre al nacer se interpreta psicosomáticamente como la muerte, porque de hecho, significa la muerte. Aquí se consuma la operación de la desvastación primaria.

EL CHANTAJE Y LA EDUCACIÓN

Para entender el chantaje emocional vamos a imaginarnos que el aire que respiramos nos ha sido desposeído (que es casi lo único de la vida de lo que todavía no hemos sido desposeídos) y que nos ponen una escafandra de oxígeno para respirar; y que vamos por un camino trazado andando con nuestra escafandra, pero si nos salimos un poquito por la orilla nos la quitan, y cuando volvemos a andar sin pisar la raya del borde del camino nos la vuelven a poner. Y así nos la van quitando y poniendo a ratitos según nuestro comportamiento.

En la pequeña criatura humana, la falta de afectividad es tan letal como la falta de aire. La necesidad de afecto nos convierte en seres sumisos que andan por un camino trazado; hace que, voluntariamente, nos comportemos, no según nuestros deseos, sino para complacer a nuestros mayores. Es un chantaje sutil, que al principio se realiza sin palabras. La sonrisa, la mirada, el tono de voz, la caricia de la madre va definiendo el camino de nuestra resignación y de nuestra sumisión. Aceptamos sin darnos cuenta que nos reprimen por nuestro bien; que la represión es buena; que nuestros deseos no cuentan o son malos; y aceptamos la inversión del principio del placer: lo que es bueno pasa a ser malo, y viceversa.

Al principio, lloramos en señal de protesta. Poco a poco vamos dejando de llorar según vamos «madurando», pasando las etapas previstas por la psicología, y adquiriendo el uso de la razón patriarcal. Al aceptar que lo que hacen nuestros padres es por nuestro bien, nos queda prohibida la rebelión interior. Nos hemos convertido en criaturas inconscientemente sumisas y crecemos creyendo que la Autoridad pertenece al orden natural de la vida. Es la génesis de la Servidumbre Voluntaria que descubrió Etienne de la Boëtie.

Paralelamente, como nuestra existencia como seres productores de deseos, nuestra verdadera «identidad» no es reconocida; como nos han desposeído del aire para respirar, nuestra supervivencia depende de tener la escafandra de oxígeno, de la posesión de una cuota de aire, de afecto. La abundancia ha sido sustituida por la carencia, y entonces la carencia se suple con la propiedad. En este mundo para no carecer hay que poseer ; poseer bienes y personas. Mi cuota de oxígeno son «mi» papá y «mi» mamá. Tenemos que afirmar nuestra existencia como poseedores, puesto que no es reconocida como productora de deseos, puesto que no existe un tejido social adecuado a mi existencia, puesto que han matado a la madre.

Por eso las pequeñas criaturas humanas siempre están diciendo «mi» papá, «mi» mamá, «mi» casa, etc. Es el «yo-poseedor», la identidad como ser poseedor lo que se está formando, en contra de un vivir disuelto en un grupo, en un entorno de apoyo mutuo; en contra de la verdadera «identidad» de la criatura deseante. Por eso los antropólogos hablan de un sistema de identidad grupal en ciertas tribus.

EL ORDEN SIMBÓLICO

El chantaje emocional que hemos descrito se inscribe en un orden simbólico que manda y determina nuestro inconsciente con la misma contundencia que el orden capitalista determina la economía. Las figuras de la madre patriarcal y del padre tienen una fuerza simbólica que llenan de contenido nuestras emociones y todo lo que mana de la herida de la devastación (miedo, humillación, ansiedad, soledad). Son imágenes que canalizan todas las emociones, las necesidades, las carencias, dando una falsa conciencia de lo que ocurre, de lo que me pasa; y así se determina nuestro «yo», como el vértice inferior del triángulo edípico. «Yo» soy de mi papá y de mi mamá, esa es mi salvación; la salvación de la angustia mortal, de todas las ansiedades y miedos. La afectividad se ha transformado en propiedad y en sumisión. Desde esta constitución del «yo», el Poder anida y parasita nuestro anhelo libidinal.

Pero además el padre y la madre representan el modelo humano de lo que tengo que ser. Los arquetipos de hombre y de mujer en los que nos tenemos que convertir. Los arquetipos representan una tendencia permanente de la imaginación afectiva (Jung). Y hacia ellos proyectamos nuestro anhelo libidinal, la carencia, la ansiedad y la frustración de la represión de la sexualidad primaria. La salvación ahora consiste, para la mujer, en ser poseída en exclusiva por un hombre; y para el hombre, en poseer en exclusiva a una mujer. El anhelo de la simbiosis materna se interpreta con el mito de la media naranja, del príncipe azul y de Blancanieves o Cenicienta o la Bella Durmiente; del matrimonio y de los «happy-end» de la narrativa o del cine.

Los arquetipos tienen un contenido muy preciso y van a conformar unas relaciones patológicas entre los dos sexos (de autoridad/sumisión y de propiedad), y entre el/la adulto-a y las criaturas. Los géneros tienen, pues, no sólo arquetipos paradigmáticos y roles definidos, sino también profundas raíces emocionales. La identificación con los arquetipos es lo que nos hace hombres y mujeres autoritarios y/o sumisos a la autoridad, patológicamente dependientes y con sentido de la propiedad. Esta identificación se inicia en la etapa primal de nuestras vidas.

EPÍLOGO

Las fuentes de conocimiento de lo indefinido, de la devastación oculta, del Crimen de la Madre, son ante todo nuestros sentimientos y los estremecimientos de nuestros cuerpos devastados cuando entran en contradicción con el orden establecido. Lo propio de la vida es la anarquía, las relaciones sin Poder. Nuestros sentimientos como mujeres y como madres a veces contradicen la Autoridad y la represión que tenemos que ejercer sobre nuestras criaturas, o la Sumisión que debemos a los hombres. Esta es una fuente de conocimiento de la condición humana, primordial para recuperar la integridad primaria de cada criatura y el tejido social devastado de la fraternidad humana.

. Nuestros sentimientos como mujeres y como madres a veces contradicen la Autoridad y la represión que tenemos que ejercer sobre nuestras criaturas, o la Sumisión que debemos a los hombres. Esta es una fuente de conocimiento de la condición humana, primordial para recuperar la integridad primaria de cada criatura y el tejido social devastado de la fraternidad humana.