Padre Aldunate. En la dictadura no bastaba rezar ni ser cura obrero. Myriam Carmen Pinto.

  • La noticia de que el padre José Aldunate , de 98 años, se encuentra internado en la unidad de cuidados intermedios del Hospital Clínico de la Universidad Católica luego de sufrir un accidente cerebrovacular, el que lo mantiene es estado de gravedad ha remecido dolorosamente al mundo de los DD HH. Su larga y ejemplar vida es narrada en esta crónica.

De acuerdo a su “apuesta por el cielo, pero bien puesta en la tierra, porque aquí se hace el cielo”, el padre, José Aldunate Lyon,  se volvió cura obrero para ser y vivir pobre entre los pobres, acompañar y socorrer a quien lo necesite.

Frente a un escenario de asesinatos,  torturas, miedos y hambre, durante la dictadura militar, arriesgando su propia vida, ayudó a muchos a trepar por los muros de las embajadas para lograr asilo, dirigió una revista clandestina y organizó el movimiento “Sebastian Acevedo” para denunciar que en Chile se torturaba a los presos políticos.

Hasta un poco antes que decidiera convertirse en cura obrero y luego activista defensor de los derechos humanos, el padre José Aldunate, navegaba por las profundas aguas de los mares que lo conducían directo a las altas esferas eclesiásticas, sus purpurados y príncipes obispos y cardenales. Podría haber sido uno de ellos. Tenía todos los ingredientes, cumplía los requisitos y exigencias, pero él, siempre buscando situarse por un buen camino, aspiraba un apostolado que le permitiera decir y hacer, llevar a la praxis su opción por los pobres y de cómo conseguir que la fe no sea alienante sino liberadora, cómo ser cristiano en un continente oprimido y de cómo ser una iglesia servidora de vida.

Procede de una familia vasca muy cristiana, conservadora, y del mundo de los empresas. Su madre, de una familia tradicional inglesa lo crió con institutrices traídas de Inglaterra y a la hora de ingresar al colegio, viajó a Londres para que accediera a lo que consideraba la mejor educación. Al terminar sus estudios regresó a Chile, y tras ordenarse  sacerdote jesuita viaja nuevamente a Europa, obteniendo en Italia y en Bélgica un doctorado en Teología Moral; la especialización que más tarde imparte como una cátedra en la Universidad Católica de Chile.

Vientos de cambios

Era por ahí, a mediados de los años 60, siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II, en Chile las misas comienzan a celebrarse en español, se abría una parroquia universitaria, se potenciaba el movimiento obrero de Acción Católica, y los pastores se disponían a evangelizar no solo en las iglesias sino que metidos entre la gente. Reconociendo a la fe como una herramienta de promoción popular y liberación, las comunidades de base avanzan hacia la promoción popular y en el espacio político los vínculos Cristianismo y Socialismo, dan vida a dos nuevos partidos: Izquierda Cristiana (IC) y Movimiento de Acción Popular Unitario, (MAPU).

Diez años después, en 1973, el padre Aldunate se volvía cura obrero. Lo mismo, los padres Rafael Maroto, Mariano Puga, José Correa, y Santiago Fuster. Era su revolución, rompían no solo con sus historias de vida burguesas sino también con sus ejercicios ministeriales.

El padre Aldunate había trabajado junto al padre santo Alberto Hurtado, a quien a su muerte sucede en la dirección de la revista “Mensaje”. También había sido Provincial de la compañía jesuita, además de coordinador del Centro Bellarmino, y secretario del presidente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas, Conferre; una asociación erigida por la Santa Sede y miembro de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR).

Esta que era su trayectoria la deja totalmente de lado para ir a vivir entre los pobres, como un pobre. Los curas obreros trabajaban en las faenas de la construcción por lo que no pedían dinero a sus congregaciones. Tampoco a sus superiores, y menos aún a sus fieles. En las poblaciones, nadie les creía lo que eran. Y es que vivían en modestas casas de madera, se preparaban ellos mismos las legumbres que cenaban tres veces a la semana y por las mañanas partían a primera hora a trabajar al igual que sus vecinos pobladores.

El padre Aldunate era ayudante de carpintero, aunque no dejó las clases que impartía en la universidad. El padre jesuita, Ignacio Vergara Tagle, (el maestro Ignacio),  también había cambiado su sotana por un overol, se había convertido en gasfiter y especialista en fierro forjado. Era también un cura obrero vinculado al grupo, pero funcionaba de manera más independiente.

No podemos callar lo que hemos visto y oído

11 de septiembre de 1973. A fuego y sangre derramada, el golpe y la instalación del régimen militar remece a todas las iglesias. Cinco sacerdotes mueren  asesinados y torturados, encarcelan alrededor de 50, expulsan del país a los sacerdotes y religiosas extranjeros, allanan  parroquias e incendian  capillas.

Lideradas por el cardenal, Raúl Silva Henríquez, asumen conjuntamente la defensa legal y social de los caídos y perseguidos, ya sean estos del mundo religioso, político o social. A nadie le preguntaban de dónde eran. Todos tenían aquí cabida.

En las poblaciones, los curas obreros les ayudaban a conseguir salvoconductos, y pasaportes para que partieran al exilio, y cuando había casos de mayor urgencia, organizaban operativos para que pudieran ingresar a las embajadas, saltando incluso las murallas si ello era necesario. También los escondían en las capillas y monasterios.

Así fue como sobre la marcha, se fue articulando un grupo desacerdotes y religiosas comprometidos por la defensa de los derechos humanos. Al poco andar, decidieron organizarse en el Equipo Misionero Obrero, EMO,  incorporando también a laicos.

En 1975, los padres, José Aldunate y Roberto Boltón, arriesgando su vida y exponiéndose a ser expulsados de la curia,  ayudaron a un grupo de 22 personas que habían sido requeridas por los militares a saltar las murallas de la Nunciatura Apostólica, donde solicitan refugio o protección para salir de país. Entraron con ellos a la sede diplomática y al día siguiente, los acompañaron hasta subir las escaleras del avión que los lleva a Buenos Aires, donde logran asilo en embajadas de países europeos. En ningún momento los dejaron solos.

La Vicaría de la Solidaridad brindaba atención y apoyo integral a las víctimas de la represión y sus familiares, abriendo una red social solidaria. El grupo EMO sin embargo fue mucho más allá de la postura oficial. Junto a los familiares de detenidos desaparecidos participaban en huelgas de hambre y ayunos, protestas callejeras, además de impartirles apoyos orientados a sostener una suerte de resistencia moral. Talleres de dolor, le llamaban.

También presidían actos solidarios y vías crucis populares, y entre tantos asesinatos, como pan de cada día, presidían eucaristías y responsos fúnebres, encabezando romerías y peregrinaciones a los cementerios.

Se habían convertido en la voz de los sin voz. Si temor alguno denunciaban la verdad silenciada y promovían una nueva manera de pensar a Dios. No era aquel castigador, ni sufriente sino que un Dios de la vida, un Dios amoroso y respetuoso del otro; un Dios de la vida que traía una buena nueva llena de luz y esperanzas. Nacía en Chile una nueva iglesia capaz de dar respuesta a una nueva realidad. Aquí participaba la base cristiana de la mano con la izquierda de base no creyente.  De manera conjunta organizan ollas comunes, comedores familiares, talleres laborales, comités de salud, bolsas de cesantes, comprando juntos… un sin fin de organizaciones populares que buscan soluciones a problemas concretos. La solidaridad se impone como una respuesta desde la propia realidad vivida.

Venciendo muros sagrados por la vida

Respondiendo a la necesidad de información verdadera, en 1975, el grupo EMO, funda la revista clandestina “No podemos callar”,  rebautizada, más adelante, “Policarpo”, el obispo del siglo II, perseguido y mártir, despedazado por fieras del circo romano.

El padre José Aldunate asume la dirección. La imprimían por las noches en los mimeógrafos de un convento, circulaba de mano en mano y la sacaban también de manera clandestina fuera de Chile. Daban a conocer estadísticas de la represión, casos, y reflexiones orientadas a fortalecer la resistencia cristiana y ética. En uno de sus primeros números informaron la muerte de dos de sus agentes pastorales: Catalina Gallardo y su marido, Juan Rolando Rodríguez, ambos torturados a morir, al igual que al padre y un hermano de ella. En 1978, al cementerio en cuatro cajones llegaba una familia completa. La prensa oficialista había informado se trataba de un enfrentamiento.

En 1995 poco antes de cerrarse, “Policarpo”, planteaba la urgencia de la justicia previa a una reconciliación nacional.

Siguiendo su tarea de denuncia, y tras constatar las prácticas de torturas en las comisarias donde se disponía de equipamiento especializado, en 1983, el grupo EMO, da vida al movimiento “Sebastián Acevedo”. Hasta ahora, ni los mismos torturados, y menos todavía, los torturadores hablaban de esto.En siete años de actividad realizan 180 protestas, venciendo al miedo,  a los gases que les arrojaban a la cara, y a los palos y golpes que intentaban disolverlos mientras la gente en la calle los aplaudía, incluso sumándose a ellos.

Cantando y rezando, todos tomados de la mano resistían, de acuerdo a los postulados de la no violencia activa. Si a uno de ellos lo llevaban preso, todos se subían al carro policial, y los que no alcanzaban o no los dejaban, partían a los recintos policiales, en donde, los cuarteles, los uniformados no sabían qué hacer con ellos al constatar que una buena parte eran curas y monjas de hábitos.

Sebastián Acevedo, fue un obrero del carbón que se inmoló frente a la catedral de Concepción. Estaba desesperado. No tenía ninguna información acerca del paradero de dos de sus hijos detenidos en una cárcel secreta.  A su muerte, horas después, la policía daba a conocer el lugar donde los tenía, liberándolos poco después.

Estatua viviente de aquellos años

Chile 2012. El padre José Aldunate,  ya no vive en mediaguas de madera, ni trabaja como obrero, ni participa en huelgas de hambre y ayunos, pero igualmente, a sus 95 años, sigue activo y vital. Reside en un convento jesuita, donde el teléfono no para de recibir llamados de amigos y personas que lo buscan. Quieren escuchar un sabio consejo, solicitarle prologar un libro, invitarlo a un acto de homenaje recordatorio o bien a una inauguración de algún memorial. También lo buscan los estudiantes tesistas de Historia o de registro de la memoria.

Hay quienes llegan desde el extranjero a verlo para agradecer su apoyo que les permitió salir al exilio, sus sabias palabras y alientos que les permitieron recuperar la confianza, las esperanzas y sobre todo vencer los miedos para seguir adelante con sus vidas. Muchos vienen con sus hijos; los hijos de una misma historia, los exiliados, a quienes brindó refugio, escondió en una casa de amigos o en un convento, consiguió pasajes, y en definitiva les salvó la vida.

A todos recibe y acoge con su espontánea sencillez y humildad. Es la misma actitud cuando lo aplauden en los actos, otorgan reconocimientos y premios que relevan su valiente accionar, su vida totalmente consagrada a los perseguidos, caídos, a los pobres entre los pobres.

Sus ojos ya no ven como antes, pero se las arregla para seguir escribiendo en una antigua máquina de teclas y carros donde pone una hoja en blanco. Estos escritos son después revisados y editados por quienes le ayudan en su entorno y están de manera permanente cerca de él. Ha escrito libros,  artículos de opinión y trabajos de análisis teológico que da a conocer la revista  “Reflexión y Liberación”, algunos medios de comunicación, e importantes publicaciones internacionales.

Aunque sus ojos ya no ven, su cuerpo conserva la misma energía. Y es que es un pedazo vivo de la historia, una estatua viviente de aquellos oscuros años, un testimonio vivo de vida, desde la vida y por la vida. Cuando joven, no quiso seguir el camino de los negocios trazado por su padre, quería hacer el bien al prójimo, andar libre y mantenerse lejos de los círculos económicos y de poder; caminar sin nada a cuestas, encontrando por fin su buen camino, según sus propias palabras: “una apuesta por el cielo, pero bien puesta en la tierra, porque aquí se hace el cielo”. Así es, así fue.

Myriam Carmen Pinto. Zurdos no diestros (serie). Historias humanas de humanos demasiados humanos.

Santiago, Chile – julio- agosto 2012.

Nota de la edición: Entre 1973 y 1985, los padres, José Aldunate y Mariano Puga, fundadores del movimiento, fueron detenidos en más de cinco ocasiones. En 1988, el padre Aldunate recibe el premio Nobel Alternativo de La Paz y en 2009, el padre Mariano Puga, que reside en Chiloé,el premio Héroe de la Paz. El padre Aldunate también es socio fundador de la Corporación Parque por La Paz Villa Grimaldi, que fuera un centro de secuestro, tortura y desaparición de prisioneros políticos durante los primeros años del régimen militar.

Fotografias: (1) retrato blanco y negro. Fernando La Voz; (2) foto color Marcelo Agost (Recuperación del centro de tortura Villa Grimaldi hoy Museo Parque por la Paz); fotos manifestaciones archivos institucionales de la Fundación Archivos de la Vicaría de la Solidaridad, organizaciones de promoción y defensa de derechos humanos y archivos Fortín Mapocho.

Mario Salazar, ex integrante de Amerindios, su vida musical y su nueva propuesta

Mario Salazar, ex integrante de Amerindios, su vida musical y su nueva propuesta

12 agosto, 2015 

” Los árboles dejan sus huellas en forma de semilla, para que el bosque no los olvide, para no pasar así al mundo de los muertos; Las personas escribimos para estar sin estar en los ojos y corazones de otras personas, habitando en el lado de la vida donde esta la memoria.”

Fue parte de uno de los grupos emblemáticos antes del golpe de Estado que integró junto a Julio Numhauser. Se presentará el Día del Detenido Desaparecido el próximo 29 de agosto en Villa Grimaldi en homenaje a su amigo Marcelo Salinas, quien le enseñó a tocar guitarra. Mostrará canciones de su última grabación: El Viajero.

En una entrevista, recorre su larga trayectoria que comienza en los años 60 con el movimiento de la Nueva Canción Chilena.

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Por Carlos Antonio Vergara, fotografías Luis Fernando Arellano

Amerindios fue uno de los grupos musicales más populares hasta el golpe de Estado de 1973 que se nutrió de su época y distintas tendencias musicales. Fueron, algo así como un nexo entre la Nueva Canción Chilena, surgida a principios de los años 60 y quienes después cultivaron el rock sin abandonar los orígenes, como Los Jaivas.

El grupo nació a fines de 1967 con Julio Numhauser y Mario Salazar, fuertemente vinculado a las luchas sociales de los pobladores sin casa. “Hacíamos conciertos en las tomas de terrenos. Nos organizábamos e íbamos a cantar. Tocábamos sin micrófono y hacíamos talleres de creación musical”, indica.

Graban su primer disco con el sello Dicap en 1970. A su vez, se relacionan intensamente con conjuntos y solistas de la Nueva Canción Chilena, entre ellos Víctor jara, Inti Illimani, Angel e Isabel Parra, Nano Acevedo, Patricio Mans, entre otros. Amerindios grabó 6 discos hasta 1978, cuando se disolvió.

Salazar que viene de publicar el disco solista “El Viajero”, publicado por el sello Alerce, recuerda con emoción que cuando Salvador Allende dio su primer discurso como Presidente de la República, en un acto en la Alameda, con un público de alrededor de 600.000 personas, Amerindios fue invitado a participar, previo al discurso del mandatario.

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“El público coreó muchas de las canciones, la cantidad de personas que ocupaban la Alameda desde Estación Central hasta Plaza Baquedano conformaban un coro de tal magnitud, que al término de cada canción Amerindios debía esperar que los últimos versos se terminaran de cantar en las dos puntas de la Alameda”, señala.

Salazar se acercó a la música desde muy pequeño a través de su familia. “En mi casa no terminábamos ninguna fiesta sin la guitarra y el acordeón, y mi madre cantaba. La guitarra la tocaba un primo, Leonardo Parma, uno de los fundadores del grupo Aparcoa. Al poco tiempo aprendí a tocar guitarra yo”, cuenta.

La guitarra de Marcelo Salinas

Salazar nació en Santiago, pero en esa época vivía en Temuco, ciudad a la que se había trasladado su familia en 1960, luego que a su padre, Francisco Salazar Céspedes, la Universidad de Chile le confiara crear el primer centro regional universitario, hoy Universidad de La Frontera. Allí pasó toda su adolescencia.

En su barrio, en Temuco conoció a Marcelo Salinas Eytel, quien le enseñó a tocar guitarra. “Nos juntábamos. Yo lo miraba tocar. Aprendí como a los 15. Antes tocaba batería desde los 13 y bongó desde los 10 años en la leñera de mi casa con unos tarros. Después estuve en el Club de Jazz de Temuco”, expresa.

El ruido de sus prácticas en el hogar no era bienvenido y se deshicieron de los implementos de su improvisada batería. A cambio, le regalaron una guitarra. “Con mis amigos cuando iba a tocar batería debía decirles, no tengo batería, tengo guitarra, pero no sé tocar. Ahí aparece Marcelo, quien tocaba súper bien las chacareras, que en ese momento era un ritmo súper nuevo para mí, y me empezó a enseñar a tocar guitarra. Con él aprendí lo que sé. Soy guitarrero, no guitarrista, sé lo que sabe la gente de campo de la guitarra, con el honor de saber más o menos lo mismo”. Marcelo Salinas es un detenido desaparecido desde el 31 de octubre de 1974. “Al Marcelito me lo mataron en Villa Grimaldi”, dice con tristeza.

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También surge el recuerdo de Diana Aron.

“Creo profundamente que la muerte no es otra cosa sino el olvido. Las personas pueden vivir físicamente y si están en el olvido pueden estar perfectamente muertas. Es súper importante recordar a nuestros compañeros desde su esperanza. Ellos no llegaron ahí en la búsqueda de la muerte. Estaban construyendo la vida, imaginando la vida y en el camino los cazó la muerte. El punto es de qué manera somos capaces de rescatar su esperanza y transformarla en todos los colores, en todas las músicas, en todas las voces posibles”, señala.

“La Diana trabajaba como periodista conmigo desde el nacimiento de la revista Onda. Yo estaba en el comité editorial durante el tiempo que trabajé en la Quimantú que fue como un año y medio. Era una cabra preciosa del MIR. Imaginaba que los pobres que ella conoció a fines de los 60 y comienzos de los años 70 merecían otro destino y por ese sueño la asesinaron como a tantos otros”, dice y luego se produce un silencio.

El último encuentro con Víctor Jara

Luego de aprender a tocar guitarra “me ‘rallé’ con Violeta Parra, dejo atrás la onda jazzística, me meto con el tema de la música folclórica. De esta mezcla del jazz con el folclore, cuando me encuentro con Julio (Numhauser), se crea el estilo de Amerindios. Julio venía de la proyección folclórica: Quilapayún, y yo de la música sincopada. De ahí viene eso de trabajar con Los Jaivas, quienes tendrán una importante participación en nuestro segundo disco ‘Tu grito es mi Canto’, del sello IRT/ 1972. Ellos tocan canciones como La Cervecita y Valparaíso 4 AM. Pasa que antes, cuando íbamos a tocar, a grabar, todos ayudábamos, pasábamos a visitarnos, a estar ahí. Yo hago coros en dos discos con Víctor Jara, y ni pedíamos que nos mencionaran en esa época”, rememora.

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Amerindios además musicalizó dos largometrajes documentales solicitados por el ex Presidente Salvador Allende, uno basado en el discurso que hizo en Naciones Unidas y el ‘Diálogo de América’, una conversación y entrevista que sostuvo con Fidel Castro, conducida por el periodista Augusto Olivares, ambas dirigidas por el cineasta Alvaro Covacevic.

Salazar recuerda su último encuentro con Víctor Jara que relaciona con el material del disco El Viajero. Relata que Numhauser antes del golpe de Estado era el director del sello IRT y sus oficinas estaban cerca de la Plaza de Armas. “Un día saliendo, esperando micro, me encuentro con Víctor Jara. Yo vivía hacia el barrio alto y Víctor también. El aparece de pronto en su Renoleta y me llama, Marito me pregunta ¿vas para arriba?, y nos fuimos juntos. En el camino me dice, ‘cuando vas a grabar esas canciones que a mi gustan’, él conocía varias”. Sin embargo, Salazar explica que no había llegado a acuerdo con Numhauser para registrarlas.

“Sabes que más Mario, vamos a hacer lo siguiente, yo te las grabo, yo las canto, si tú no puedes. No pueden estar guardadas, están muy buenas, prometido. Partió, nos dimos la mano, me dejó en mi casa el 9 de septiembre de 1973. No lo vi nunca más. Esa noche había neblina, raro, pero había. Aun mantengo en la memoria cómo su Renoleta se fue metiendo en la neblina y él con su brazo izquierdo haciendo saludos cuando se alejaba. Fue mi último encuentro con él. En el disco El Viajero, hay varios temas de esa época”, precisa.

El relato se entrelaza con la creación del Tren de la Cultura en 1971, donde también participó Amerindios. La iniciativa fue impulsada desde el Departamento de Cultura de la Secretaria General de Gobierno, en La Moneda. “Tenía como misión crear las direcciones regionales, provinciales y locales de cultura. Llegó hasta Puerto Montt y empezó a bajar hasta Santiago, parando en las estaciones más desconocidas, creando los comités de cultura con la gente, y regalando un espectáculo de música clásica, ballet folclórico, teatro. Así llegamos a Santiago con más de 300 artistas. Había que expandir la cultura a los sectores fuera de Santiago, y la mejor forma era ir a mostrar lo que se podía compartir e incentivar, porque en todos los espectáculos se invitaba a los artistas locales”, expresa.

Escapan camuflados en el bus de Los Jaivas

El 11 de septiembre los sorprende preparando otro disco y se inicia la persecución política. Logran cruzar la Cordillera de los Andes y llegar a Argentina. “Además de ser Amerindio,estaba en los Cordones Industriales, dirigí el Comité Textil del Cuero y del Calzado de la Corporación de Fomento (Corfo), con más de 25 mil trabajadores y sus sindicatos. Salí con una orden de aprehensión y fusilamiento sumario. Julio también estaba buscado”, manifiesta.

“Salimos camuflados con Los Jaivas. Cruzamos con ellos, porque tenían un concierto. Existían pruebas que ellos tenían una actuación y tenían solicitada la salida de Chile, mucho antes del golpe. Cuando se abrió la frontera, les permitieron salir el 29 de septiembre de 1973. Fue en una micro que nosotros habíamos contratado. Iba sentada en mis brazos la Juanita Parra, en el otro mi hijo Mario”, precisa.

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“Llegamos de una forma bastante abrupta desde Mendoza a Buenos Aires. Al poco rato de estar en un hotel con nuestras familias nos vienen a buscar. Vengan que los estamos esperando. Llegamos al Luna Parc, por atrás, guitarra, bombo y sale la negra (Mercedes) Sosa a saludarnos. Nos da un gran abrazo con Víctor Heredia. De repente se abre el escenario y miles de personas con banderas chilenas y argentinas, y nosotros al medio del escenario con la guitarra en la mano y Julio con el bombo. La negra dice: ‘salvados de las garras del fascismo chileno, Amerindios’. Y a cantar con las piernas como lana. Fue nuestro primer encuentro con la inmensa y maravillosa solidaridad con Chile del pueblo argentino”, resalta.

El Viajero

Mario Salazar describe su nuevo disco El Viajero “como la geografía de mi alma, en el sentido en que hay un viaje, por eso se llama así, pero más que el viajero por el lado físico, es un viajero de mi propia vida personal. Hay temas que tienen que ver con diversos momentos y personas que componen una geografía que es la única que sirve y que vale, y que son las que se construyen enlazando emociones”.

“No es para nada un disco autobiográfico. Hay canciones y temas de amor incluso, que no tienen que ver con amores míos. Me gusta escuchar a mi gente, salir con amigos, escuchar sus penas y alegrías, y de más de alguna conversa, sobre lo que estaba viviendo nacieron canciones. Tiene 20 temas que expresan y reflejan períodos musicales míos en que conviví con otros, como con Amerindios. Hay temas que Víctor (Jara) hubiera querido cantar. No son muchos, pero son sacados incluso de esa época, que se fueron quedando y nunca se mostraron. Hay algunos que compuse poco tiempo antes de que el disco saliera”, explica.

“Busca hacer un aporte, en el sentido no sólo de complementar lo que otros músicos están haciendo, sino que también hacerlo desde la generación a la cual yo pertenezco. Quisiera aportar a que otros músicos jóvenes en edad, si bien yo me siento en espíritu de la misma edad que cuando tenía 7 años, ojalá se entusiasmen con alguna de estas canciones. Creo que el gran daño de la dictadura es que se rompió el diálogo entre las generaciones. Hay una generación que cree que todo partió de cero, que fue la misma equivocación que tuvimos los que dijimos el año 1968 aquí comienza la historia. No es así. Entonces toda esta gente que se quedó afuera, que estuvo presa, que estuvo relegada, rompió este diálogo con los músicos jóvenes. Y los músicos jóvenes han sentido que han partido de cero. Yo siento que hay un gran interés de parte de elos de compartir lo que estábamos haciendo la gente mía, anteriores a ellos. Y yo con mucho gusto ofrezco esto, si algún lote me dice quiero grabar cinco canciones tuyas, por mi serán a costo cero”, asegura.

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La historia musical de Mario Salazar recorrió la geografía del mundo. La dictadura en Argentina los obligó a partir a Suecia y trabajar por la solidaridad con Chile realizando conciertos en teatros, festivales, canales de TV, compartiendo escenarios con artistas de diversos países de Europa y de América Latina, consagrados de todo el mundo.

Uno de sus orgullos es cuando “los trabajadores de Suecia me pidieron que hiciera un tema de despedida al ex Primer Ministro Olof Palme, cuando fue asesinado. Y se hizo y se tocó durante el funeral. Y es el único tema que yo hecho con una parte en sueco. Fue un honor”, cuenta.

Amerindios grabó tres discos en el exilio hasta 1978, cuando Salazar decidió tomar otro rumbo artístico, entre ellos desarrollar màs aun su vocación de escribir textos para niños.

Además, “me interesó hacer música rock. Yo venía del jazz y me gusta el rock. Toqué con rockeros y en escenarios importantes, hubo cosas que se grabaron, que salieron bien. Hay programa entero de televisión que se hizo sobre esa música en todos los canales, de los países nórdicos, se llama The Rock de nunca Santiago”, indica.

Por ello su propuesta actual es “a compartir, a hacer una música abierta a que el otro interprete los versos a su amplitud de emoción, a no quedarnos en ritmos que están sacrosantos sino que abrirnos a todos los ritmos que nos da el corazón, la vida, a probar y hacer canciones. El Viajero son canciones, no son poemas musicales”, concluye.

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Una memoria combatiente.La voz de Manuel 42 años después

A 42 años de la salida de los  100 jóvenes chilenos becados para estudiar medicina por el gobierno de Salvador Allende.

AdrianA Goñi Godoy

agosto 2015

“El relato testimonial no pretende erigirse en verdad absoluta, sino se revela como lo que realmente es: una voz angustiada e inevitablemente imprecisa de un narrador que intenta narrar los hechos que la Historia Oficial silencia.”

La voz de Manuel, protagonista de este relato, joven chileno que por el azar de la historia llega a Cuba a estudiar medicina recien salido del colegio, a los 17 años.

“Para que algún día sea leído por Javier, Leo, Titi y Amanda”

José Miguel Carrera *nos entrega en este relato una aguda observación de la realidad de su época y de su inserción en ella. Describe cual etnografo realizando una observación participante lo que ocurre en las calles de Santiago  en el año 2011, cuando rebrotaron las movilizaciones en Chile:

Le gustaba observar a los participantes ( en las marchas), sus vestimentas y las diversas pancartas que llevaban….las agrupaciones que desfilaban tenían novedosas denominaciones, Movimiento Ecologista, Asambleas de Izquierda,Paiz,Colectivo Arrebol, Praxis, Movimiento de Estudiantes de Izquierda, Movimiento Patriótico Manuel Rodriguez, Brigada Salvador Allende,Movimiento de Pobladores en Lucha, Partido Igualdad y muchos otros” (pág.13)

Con humor compara estas marchas con las que vivió en los tiempos de la llegada de la democracia, cuando apenas se juntaba una cincuentena de personas y  recuerda que ” un paco le había dicho,burlandose en medio de la manifestación,

“si querís yo te llevo la pancarta,para que se vea más gente en la marcha”…

La descripción de este espacio antropológico y la llamada a la memoria de estos manifestantes nos hacen recordar, mirando hacia atras, una época reciente que hoy podemos entender como el inicio de una etapa en las luchas de los jóvenes que fueron sujetos sociales de cambio. Así mismo nos es posible contrastar la realidad de hoy y los cambios posibles de detectar por el mismo medio- saliendo a la calle a participar, observar,registrar – en los mismos sectores y actores.

La literatura testimonial, el relato de los protagonistas de los sucesos en distintos momentos históricos es una fuente de información que enriquece nuestra investigación, cuandonos es posible cruzar y contrastar con otras fuentes orales y escritas.

Este libro Somos tranquilos pero nunca tanto…”, frase con la cual José Miguel cierra su relato, es la epopeya de aquellos jóvenes chilenos que un día  fueron becados por el gobierno de Allende para ir a estudiar medicina en Cuba; jóvenes que recién salían del colegio, menores de edad, que cumplirían el sueño de sus padres y que en Chile les era imposible acceder  a la educación superior.

Yo llegué a Cuba para cumplir el sueño de mi madre…me entregó un recorte de diario de la época que informaba del ofrecimiento de becas universitarias para formarse como médico en Cuba….De la población Joao Goulart de la comuna de La Granja salí hacia Cuba….Aterricé en Cuba a finales de agosto de 1973 formando parte del segundo grupo de unos 100 chilenos becados para estudiar medicina. El primer grupo de cerca de 100 becados había llegado en marzo de 1972 y algunos ya estaban comenzando el tercer año de la carrera de medicina”…Si no me equivoco, era el 25 de agosto de 1973, pocos días antes del golpe de estado en Chile”  .**

La invisible memoria de estos hechos que transformaron a  jóvenes y destacados alumnos de liceos en combatientes internacionalistas  en Nicaragua, como oficiales de las Fuerzas Armadas Cubanas está por construirse. Es la memoria de

ellos, que dejaron sudor,sangre, y sembraron esperanzas aquí en Nicaragua, en esas batallas de 1979, están de nuevo aquí  , 30 años después,ratificando su compromiso con la lucha del pueblo nicaraguense,con la lucha latinoamericana y caribeña” *** 

Es la memoria combatiente de militantes de un grupo armado, el frente Patriótico Manuel Rodríguez en Chile, demonizado por la Historia Oficial y endiosado en el recuerdo de hombres y mujeres pobres , pobladores,jóvenes estudiantes de los años 80 y  milicianos y milicianas rodriguistas   que militaron durante la dictadura en sus filas.

En las obras de José Miguel, cronista de la memoria, encontramos a hombres y mujeres jóvenes; es “una historia de jóvenes como tu y yo”    me escribe en su dedicatoria este hombre ya no tan joven a mí, menos joven aún.

Y así vamos tejiendo memorias e historias de vida que se cruzan y encuentran en estos más de cuarenta años en que un golpe de estado y una feroz y prolongada dictadura militar nos lanzó por caminos distintos y coincidentes,  que destrozó proyectos de vida , que nos dejó escribiendo para que no se olvide que fuimos héroes y no villanos; que la lucha fue justa y el enemigo implacable.

**Carrera Carmona,José Miguel,  Misión Internacionalista. De una población chilena a la Revolución Sandinista,Ed. latinoamericana,2010, 2a edición      

** *José Miguel Carrera,  Somos tranquilos, pero nunca tanto…Ceibo Ediciones ,2013  , discurso del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, julio 2009, pág. 129