” Y Salimos a la Calle…” Rossana Cárcamo Serei

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTRA DISCUSIÓN

 

            Viernes 18 de octubre de 1985

¡Hola amigo!

            Hoy en la mañana llovió pero al mediodía empezó abrirse el cielo.

En el liceo me fue súper bien, en filosofía en el trabajo de solidaridad me saqué un siete y en biología, un seis. En el trayecto a casa, venía optimista, pensaba cómo le diría a mis viejos lo de mis buenas calificaciones y que no quería ir al preuniversitario.

Cuando llegué, noté a mi mamá un poco tirante. Después de almuerzo vino a mi pieza a decirme que no me hiciera ilusiones de ir a la iglesia en la noche, porque ella y mi papá no me iban a dar permiso para entrar al coro, que eso era de puros cabezas de piedra. Comencé a defenderme y le pedí que por una vez me dejara actuar por mí misma, que confiara en mí, que eso era algo que yo quería y me gustaba. Le contesté además que ella y mi papá no entendían nada. Me trató de loca porque me puse a llorar, se preguntaba cómo podía ser tan grande mi fanatismo. Agregó que si quería libertinaje la puerta estaba abierta y me podía ir, pero que después no volviera con lamentaciones o con  un bulto en las manos.

Amigo, debo confesarte que en un momento iba a ceder y no ir a la iglesia, pero superé el miedo, me enfrenté a mis padres y me fui.

            Más tarde al regresar de la parroquia, continuó la discusión. Mi mamá no quiere nada conmigo, me va a sacar del preuniversitario. Me preguntó desafiante quién iba a perder más, si ella o yo, le contesté que yo, que perdería cosas materiales, pero no espirituales, entonces me amenazó con que la iba a perder como madre, si es que alguna vez me había importado. Como le repliqué que no creía en sus chantajes, me intimidó con denunciarme a la policía para que me peguen y apaleen, o que hagan lo que quieran conmigo…“veremos ahí  si  los curas hacen  algo por ti” me gritó con tono arrogante. Acotó que no me comprará nada y que cuando necesite ropa o plata se la pida a los curas.

            En la noche me vine a acostar con mi abuelita y pensé en pedirle a mis padres  perdón, en darles la razón, en bajar el moño nuevamente, pero amigo si lo hago,  estas discusiones se van a repetir en cualquier otro momento, de aquí hasta que logre irme de esta casa. Esta escena ya es como la sexta en mi vida. Debo cortar desde ahora con la represión en mi casa, sufriré, me golpearán, me aislarán y muchas cosas más pero seré libre. La libertad me costará cara pero con ella creceré en todo orden de cosas. Antes de hoy era feliz aunque a medias, tenía cosas materiales, sin embargo debía callar todo lo que sentía y sólo tú me escuchabas, pero ya no quiero eso. Le pido a Dios que no me abandone.

            Amigo deseo no equivocarme y saber afrontar con valentía mi soberbia. Me alientan las palabras de mis amigos que ya pasaron por lo mismo, ellos me dicen que luego mi familia recapacitará y aceptará lo que a mí me gusta. Ojala tengan razón.

Chao.  R.C.S.

Las protestas del 5 y 6 de noviembre de ese año rompieron el hielo que se había instalado entre mis viejos y yo. La brutal golpiza que recibió mi tío Gabriel —por parte de los milicos— sirvió como catalizador, para hacerlos comprender que yo no iba a cambiar de manera de pensar.

Hubo cuatro muertos, setenta y ocho heridos y más de quinientos detenidos, más incontables atentados, además estuvimos con cortes intermitentes de luz por varios días.

            Seguí yendo a la parroquia, participé del coro y además en un centro juvenil.

MI PRIMERA CONCENTRACIÓN

 

            El jueves 21 de noviembre del 85 fui con mi mamá, mi tío Gabriel y unos vecinos a una concentración en le Parque O’Higgins, convocada por la Alianza Democrática y cuyo orador fue Gabriel Valdés.

            Me ubiqué detrás de las banderas del MIR y la JRME. Grité, salté y me emocioné por ese momento de libertad, soñé estar algún día portando una bandera roja y negra. La felicidad nos duró hasta salir del parque, ya que la policía empezó a reprimir, a lanzar bombas lacrimógenas y a mojar con los carros lanza agua.

            En esa ocasión le escribí otra carta a Pinochet, que por supuesto no le envié:

    

Invitación exigente

            ¿Quisiera ir usted a la concentración? Lo invitamos los opositores para que vea nuestra unión, habrá gente de izquierda y del centro y reclamaremos por la injusticia, la tortura y la represión.

Si usted es sordo y sin cura, nosotros lo sanaremos y en sus oídos gritaremos: ¡pan, trabajo, justicia y libertad! Le pediremos a viva voz que renuncie de una vez y nos deje volver a sufragar.

Señor Dictador, ¡venga a la concentración!, le gustará notar que ya somos uno, se lo aseguro.

Hoy estamos reunidos para derrocarlo y posteriormente para enjuiciarlo.

Ya ve usted cómo Chile se revela en contra de su sistema.

            Al correr de los años, las concentraciones se fueron masificando, llegando a ser la más grande de todas en la historia de Chile, aquella de diciembre de 1989 que se organizó en la carretera Panamericana, con motivo del cierre de campaña de las elecciones presidenciales.

Ese día estuve presente con mis  padres y enarbolé la bandera del MIR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARMEN GLORIA Y RODRIGO ROJAS

 

A medida que iban pasando los meses, las protestas fueron tomando distintos caracteres. Al principio tocábamos las ollas, encendíamos velas en las aceras o frente a nuestras puertas, pero poco a poco fuimos ganando terreno en las calles, el miedo fue desapareciendo y nos atrevimos a gritar la verdad. A los valientes combatientes de los primeros años se les fue uniendo gente en el camino y se reagruparon en dos movimientos: La Alianza Democrática creada el 22 de agosto de 1983 y que agrupaba a la Democracia Cristiana, a los  Socialistas, a los Radicales, a la Unión Socialista Popular y a los Social Demócratas y el MDP (Movimiento Democrático Popular), que se creó el 10 de septiembre del mismo año y aglutinó a los marginados de la Alianza Democrática, como el Partido Comunista, la facción Almeyda del Partido Socialista, el MIR y el Mapu Obrero y Campesino.

El 11 de noviembre de 1983 un padre de familia, Sebastián Acevedo, se quemó vivo frente a la Catedral de Concepción luego de buscar infructuosamente a su hijo e hija, que habían sido detenidos después de una protesta. A los dos meses el sacerdote José Aldunate figuraba a la cabeza del Movimiento contra la tortura “Sebastián Acevedo”, siendo un movimiento de protesta pacífico.

           

 

 

 

 

 

Jueves 3 de julio de 1986

23:08. Hoy fue el segundo día de paralización nacional. No fue tan exitoso como ayer, pero resultó  casi un ciento por ciento bueno, de no haber sido por los trabajadores del cobre que no pararon en su totalidad.

            Anoche hubo un apagón de más de una hora y media en todo Santiago. Se sintieron muchísimas detonaciones y disparos, ráfagas de metralletas, bombas, etc.

            Hoy bajó una marcha de la población Yungay y se notó gran participación de la gente, a la vez que se levantaron numerosas fogatas. Anoche también ocurrió lo mismo.

            En la tarde las radios Cooperativa, Carrera, Chilena y Santiago, fueron acalladas por el bando N° 46 que no les permite transmitir noticias, a no ser que sean las oficiales. Sólo pueden poner música y dar avisos comerciales.

            Ayer hubo tres muertos, un joven de veintiséis años, contador de La Victoria, otro joven de veintiún años de Pudahuel y una niña de trece años de La Florida. Los milicos les dispararon. Hace poco rato, falleció un muchacho de diecinueve años de la población La Legua.

            En la tarde vino mi amiga María Teresa y después que la fui a dejar a su casa, me di una vuelta por Santa Rosa, entre los paradero 17 y 19. Tuve que esconderme en una casa para evitar que me llegara un balazo. A mi mamá le mentí cuando me preguntó si había ido a para allá.

            El gobierno presentó ayer un requerimiento contra diecisiete integrantes de la Asamblea de la Civilidad, por haber llamado a este paro.

            También ayer  un muchacho y una chiquilla fueron quemados vivos, están graves. Los sacaron de la parada de la micro y luego los soltaron en Quilicura.

            Chao  amigo. Te quiero.

 R.C.S  23:26 hrs.

Rodrigo falleció el 6 de julio a causa de sus graves quemaduras y Carmen Gloria quedó con el sesenta por ciento de su cuerpo desfigurado, en especial su cara. Cuando la conocí en 1995 en la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, sentí nuevamente la bofetada de tantos años de dolor y de muerte en nuestro país.

            Desde el inicio de las protestas, los militares y los carabineros salieron sistemáticamente a reprimir en las poblaciones, haciendo allanamientos masivos, deteniendo a cientos de personas por horas, en canchas municipales o en los parques, sin hacer distinción entre jóvenes o viejos, tal como hoy día ocurre en Palestina.

No faltaron tampoco sus supuestas obras de beneficencia con la población, los llamados operativos cívico-militar donde hacían de hermanitos de la caridad, desinfectando perros, lugares, cortando el pelo y dando atención médica gratuita a la gente, todo con el fin de cambiar de imagen y detectar focos de oposición o ubicar a los soplones en los barrios, para denunciar cualquier movimiento extraño.

Otra artimaña de los servicios de inteligencia fueron las supuestas apariciones de la Virgen en Valparaíso, para tapar la represión en contra de los opositores al régimen de Pinochet.

También en 1983 aparecieron los “gurkas”, en alusión a los soldados de la Reina Isabel que habían participado en la guerra de las Malvinas el año anterior. Dichos hombres actuaban de civil y se mezclaban entre la gente que se manifestaba en protestas callejeras o estudiantiles, distribuyendo golpes a diestra y siniestra.

Durante esos años vivimos bajo distintos estados de excepción pasando del Estado de emergencia al Estado de sitio o perturbación de la paz interior del estado, sufriendo la aplicación de diversas leyes que protegían al tirano, como la ley antiterrorista o el artículo 24 transitorio de la Constitución Política del Estado, redactada por Jaime Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENFERMEDADES

 

Sábado 6 de septiembre de 1986

            01.05 horas. Amigo quiero comenzar de una manera distinta de como siempre lo hago. Hoy quiero contarte cosas, como que todavía continúo con tos, que pasó más de una semana antes de que pudiera lavarme el pelo, que una noche lloré entre los brazos de mi mamá porque no soporto estar enferma y en cama, porque en mi país no ocurre nada favorable para la mayoría de la población, porque Pinochet no se va y pretende continuar en el poder, y por muchas cosas más.

            Al oír las noticias de lo ocurrido los días 4 y 5 que hablaban de mujeres que participaron en actos de protestas, asaltos y cosas así, tuve miedo, recordé la frase: “si ahora te pillan, te matan”. Quizás por ello también lloré la noche del miércoles. No me lo saco de la cabeza, no creo que me vaya a enfermar de sicosis o algo por el estilo, pero es ese peso que se va formando en el pecho el que duele, porque quiero mucho a mi mamá, sin embargo ella es débil y mi papá está viejo. Los deseos que tengo de vivir sola crecen a cada momento. Amigo, de verdad quiero hacerlo y no es porque necesite libertad para mandarme sola, lo que ocurre es que necesito independencia y privacidad para no aburrirme en lo cotidiano, como en estos días inútiles e improductivos en que me obligan a permanecer en cama. No quiero la monotonía y lo impuesto, adoro la originalidad a mi manera, no quiero lo común y corriente en mi vida, quiero crear, tener cosas simples, una casa con muchas ventanas, siempre llena de luz, flores, que el piso brille y que sea de madera. Mi casa tiene que ser de madera y piedra. Allí viviré feliz con mis pequeños tesoros. Deseo cumplir este propósito. Viviré para realizar mis proyectos.

            Creo que jamás te había escrito cosas así, me siento bien y es mejor que narrarte: hoy hice esto, comí lo otro, fui a tal lugar o pasó tal cosa. Desde hoy evitaré esa rutina y te conversaré de mis cosas, de lo interesante que hice en el día y que dará pie a mí dialogo.

            Mi úlcera al duodeno me duele y tengo ganas de toser.

            ¡Ah! Anoche dormí con mis papás y tuve un sueño medio tierno. Soñaba con una guagua del porte de un feto y que estaba viva. Tenía los ojos celestes, su piel era rosadita y no tenía pelo. Se movía y me miraba con ternura. Lo que ocurre ahora es que en la mañana abrí el diario y vi la foto de mi guagua del sueño pero en tamaño normal, es la misma. Es un niño que dejaron abandonado en la calle. No lo olvidaré, estoy segura.

            Mientras te escribía lo anterior pensaba en lo mucho que deseo un hijo en el futuro y en el temor que tengo de no lograrlo nunca. Esta idea me ronda desde  antes de mis problemas con los ovarios. Creo que sería capaz de superarlo,  sin embargo lo sentiría por mi mamá que quiere un nieto de su propia sangre. Mi papá sufriría pero no lo demostraría para no mortificarme. Tengo lágrimas en los ojos. Siempre que pienso esto me da pena y ganas de llorar … ya veo que ocurre y que la ginecóloga me dice que no podré tener hijos por tal o cual problema en el funcionamiento de mi organismo. El martes tengo otra ecografía y el lunes los exámenes de sangre.       

            El tiempo se me ha pasado volando.

Chao querido. Te quiero. R.C.S. 01:30.

 

            Recuerdo que el hecho de caer en cama era el peor castigo, más que la enfermedad en sí misma. Me repuse de esa gripe –como de otros achaques- y logré ser madre a los 24 años no obstante, a lo largo de estos años fuera de mi querido Chile, he constatado que conservo heridas que no han sanado: el dolor por la muerte de algunos amigos, y la indiferencia de otros que olvidaron todo lo que vivimos.

 

 

VENGANZA POR EL ATENTADO A PINOCHET

           

Lunes 15 de septiembre de 1986

22:11  Amigo ¡hola!

Qué tiempo sin escribirte y hay mucho, muchísimo que contar. Por ejemplo el domingo pasado 7 de septiembre, Pinochet y su comitiva sufrieron un atentado, que al parecer se lo adjudicó el FPMR. Hubo cinco muertos de la escolta y diez heridos. A Pinochet sólo le saltó una esquirla en la mano izquierda.

Por dicho asunto decretaron esa misma noche estado de sitio y fueron a la casa de varios dirigentes opositores, especialmente del MDP y los detuvieron. Entre ellos están Rafael Maroto (vocero del MIR), Ricardo Lagos (presidente del Partido Socialista que lleva su nombre) y Germán Correa (presidente del MDP). En días posteriores detuvieron a alrededor de quince o más dirigentes sociales y políticos.

            Ahora, lo más triste amigo, ha sido el asesinato de algunas personas mediante numerosos disparos a sus cuerpos. Los sacaron de sus casas en la noche y al día siguiente fueron encontrados en sitios eriazos, sin su documentación. Ellos son José Carrasco, periodista de la revista Análisis, perteneciente al Colegio de Periodistas y militante del MIR. También otro mirista ejecutado es el profesor Gastón Vidaurrázaga. Los otros dos eran comunistas: Felipe Rivera y Abraham Muskablit. Se conoce que hay más gente detenida, pero no se ha confirmado por la prensa.

            Las revistas de oposición fueron clausuradas y sólo podrá salir (por no haber infringido las disposiciones del gobierno) la revista Hoy. Censuraron también tres agencias informativas.

            El día 10 de septiembre expulsaron a los sacerdotes Pierre Dubois, Daniel Carruette y Jaime Lancelot, que trabajaban en  poblaciones populares de Santiago.

            El lunes cuatro estudiantes a nombre de la CONFECH fueron a conversar con el representante asuntos económicos de la embajada de Holanda, por los problemas que enfrenta el movimiento estudiantil y cuando el diplomático los llevaba en su auto, éste fue interceptado por carabineros y luego por la CNI, quienes detuvieron a los jóvenes, que hasta la semana pasada aún permanecían en sus manos.

            El martes 9, el gobierno efectuó un desfile (aunque él lo llamó concentración) para apoyar a Pinochet. Fue realmente un circo.

            El día miércoles fui al funeral del periodista. Estuvo emotivo. Allí me encontré con mi madrina y una educadora popular. Había numerosos fotógrafos y camarógrafos.

            El día 11 de septiembre mi mamá me compró un casete de Víctor Jara. Ayer se cumplieron trece años de su asesinato y este jueves trece años también de esta dictadura militar, que por lo visto no se va a ir por su gusto y pretende perpetuarse con la imagen de Pinochet a la cabeza, más allá de 1989.

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS PRESOS POLÍTICOS

 

El sábado 15 de mayo de 1987 acudí por primera vez una cárcel. Fui con un compañero de la universidad a visitar los presos políticos de la Penitenciaria de Santiago.

Al entrar a la prisión se daba el nombre de la persona detenida, y para ello era necesario estar inscrito con anterioridad en una lista,  luego le timbraban a uno la mano, y se dejaba el carnet de identidad a cambio de una ficha. De allí se pasaba a una pieza donde una mujer registraba que no se llevara nada oculto en el cuerpo o la ropa. A continuación se cruzaba un par de portones para ingresar a un gimnasio, en cuyas paredes se veían unas bancas colocadas en fila india. Había un quiosco y gendarmes vigilando.

Yo fui a saludar y conocer al compañero por cuya lista entré. Le hice un montón de preguntas, que seguramente respondió otra infinidad de veces en visitas similares.

Este fue mi primer contacto con la realidad de los presos políticos.

Al año siguiente un amigo y compañero de partido cayó detenido y por segunda vez asistí a la cárcel, pero esta vez cada semana hasta que él salió en libertad.

El día que lo detuvieron, él y yo habíamos acordado encontrarnos en el centro para discutir algo sobre el MIR. Lo esperé quince minutos y como no llegó supuse que tuvo algún problema, por ende me fui a su casa a averiguar qué pasaba.  Yo conocía muy bien a toda su familia, y era amiga también de su hermana y de su mamá. Cuando crucé la puerta vi todo desordenado y muchas cosas rotas. La policía ya había pasado por ahí. Se llevaron fotos y cuanto consideraron importante. De inmediato me fui a limpiar mi casa —después de chequear que no me seguían— porque no estaba segura si su detención tendría consecuencias para el resto de los compañeros. Por suerte para nosotros, no pasó nada y pudimos continuar con nuestro trabajo.

En octubre de 1989, la dirección de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez encomendó a sus estudiantes universitarios visitar a los presos políticos y empezar un trabajo conjunto entre ellos y nosotros. Fue allí que conocí a mi compañero. Con él  me casé en Bélgica y en 2004 me divorcié.

La noche del 29 de enero de 1990 se produjo la fuga de la Cárcel Pública., cuarenta y nueve presos políticos se escaparon y entre ellos iba el futuro padre de mi hijo.

Ese día me fui a celebrar con mis amigas y los familiares de los compañeros, el magno acontecimiento. Marchamos por las calles de Santiago gritando: “con cuchara y con cuchillo se arrancaron los chiquillos”.

Fue un momento supremo y me sentí feliz por ellos.

 

 

 

 

 

           

 

 

UN RECTOR DELEGADO PARA LA U

 

En 1987, la dictadura nos impuso un rector delegado en la Universidad de Chile: José Luis Federici, quien entró por nuestra casa de estudios aplicando leyes y decretos mortíferos para la comunidad universitaria. Muchos académicos fueron exonerados sin embargo, lo más grave fue el cierre de la carrera de Licenciatura en Francés. Los alumnos que estábamos estudiando en ese momento seguimos adelante, pero ya no entró ningún mechón a nuestras aulas.

Tanto estudiantes como funcionarios y académicos, demostramos una capacidad de movilización nunca antes vista e iniciamos un paro indefinido hasta la renuncia de Federeci. Casi dos meses estuvimos ausentes de las salas de clases, manifestándonos diariamente en las calles y en las facultades.

Se creó también la Asociación de Padres y Amigos de Estudiantes Universitarios y las mujeres nos organizamos bajo la consigna “Mujeres por la U”. Vestíamos de negro y dimos grandes muestras de osadía y decisión como la toma de la Torre 15 -centro administrativo de la U- desde donde saludamos a la prensa y a los transeúntes, enarbolando nuestros sostenes a través de las ventanas. Creamos un sistema de autodefensa y no fuimos desalojadas.

            Estoy en la Facultad de Derecho, a mi lado están Carola, Paula, la flaca, Mirna y decenas de otras mujeres de otras facultades, esperamos a las que faltan. Los compañeros están afuera vigilando. Recibimos las últimas instrucciones, acomodamos nuestros lienzos y pancartas, definimos nuestras tareas y decidimos no aceptar provocaciones, esta es una marcha pacífica. Estamos de luto por la U.

 

            Salimos a la calle…, cruzamos el río Mapocho, vamos en una enorme fila escoltadas a la distancia por nuestros camaradas. En Plaza Italia giramos en dirección al centro, vamos por la vereda y pasaremos por el edificio Diego Portales. Los pacos ya se preparan, antes de llegar al lugar nos interceptan prohibiéndonos el paso por ahí, argumentamos que la calle es libre para circular por donde queramos, nos dejan seguir pero al llegar a la esquina del cerro Santa Lucía ya no contienen su furia y arremeten contra nosotras. El ‘Huáscar’ y los zorrillos nos mojan y asfixian, empezamos a correr cerro arriba y nos dispersamos. Pasamos la voz y el próximo punto de encuentro es el paseo Ahumada. Voy empapada, mis zapatos hacen gluglú y mi ropa está para estrujarla, mi chaleco me cuelga hasta las rodillas y me lo saco. Por suerte el sol comienza a calentar pero falta aún para el mediodía, mi amigo Shaka me acompaña. Es la primera vez que me baña un carro lanza agua, siempre he logrado eludirlo, sin embargo ahora nos atacó a mansalva. Me cuesta respirar y apesto a humo lacrimógeno.

            Nos hemos reagrupado, conversamos entre nosotras y nos ponemos a marchar por entre los transeúntes, empezamos a aplaudir y ellos nos saludan con respeto, nos alientan. Gritamos consignas por la U y nuevamente los zorrillos y los pacos nos corretean, empezamos el juego del gato y el ratón. Hemos conseguido nuestro objetivo, la prensa y los santiaguinos han conocido que somos las Mujeres por la U.

            Me voy a mi casa, la gente en la micro me mira como bicho raro y una señora a mi lado comienza a estornudar, abro el diálogo y le comento lo ocurrido, me siento como una amazona y pienso que cueste lo que cueste Federici se tiene que ir de la Universidad.

 

            El día 24 de septiembre la FECH convocó a una gran movilización en defensa de la universidad. Fuimos al centro y desde diversos puntos de Santiago convergieron las otras facultades. Las Facultades de Filosofía, Arquitectura, Ciencias Sociales y Periodismo nos reunimos en la casa Central de la Universidad Católica. Salimos marchando por la Alameda y llegamos al Teatro Municipal donde ocurrió una tragedia, Pachi, alumna del Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, fue baleada en la cabeza por un carabinero.

Poco antes del disparo, varios compañeros estuvimos con ella conversando y riéndonos, sin sospechar jamás que esa alegría se convertiría en un drama.

La tensión aumentó y los ánimos se exacerbaron. Protestamos entonces con más fuerza durante toda la tarde. La represión policial era enorme y con mi amigo “el viejo” buscamos refugio en la Catedral. Ese día había una misa oficiada por el cardenal Fresno.

A la señora encargada de mantener todo limpio y en orden para los sacerdotes -y que me conocía muy bien porque mi tío trabajaba con ella- le conté lo ocurrido y le pedí el teléfono para avisar a mi casa que estaba bien.

Terminada la misa, me dirigí a la sacristía e interpelé al cardenal. Me tomó las manos y me dijo que me calmara, pero yo se las arrebaté con premura y le reclamé hasta cuándo él -como jefe de la Iglesia chilena- iba a seguir tolerando este tipo de atropellos sin decir nada. Le pregunté qué pensaba hacer, le grité que se pusiera los pantalones de una vez y no recuerdo que otras cosas. Mi amigo y los otros  curas deben haber visto en mí el engendro mismo de la rabia…, salí de allí con un sentimiento de impotencia y de asco porque Fresno me había tocado con sus manos timoratas.

Antes de marcharme otro sacerdote se compadeció de mi dolor y me dijo que no me preocupara, que él se encargaría de ver qué podían hacer.

Ese día regresé a mi casa pasadas las once y media de la noche, agotada, derrotada y tuve que enfrentar los sermones de mis padres.

            A la mañana siguiente iba en un bus rumbo a la playa, como castigo a mi rebeldía y hambre de justicia. No obstante, conseguí convencer a mis viejos y retorné a Santiago a los dos días. Así concluí junto a mis compañeros un paro histórico para la Universidad de Chile.

A pesar de todo lo malo habíamos ganado, y estuvimos hasta mediados de febrero del año 88 recuperando clases, pero no importaba porque la U bien valía el sacrificio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FIN DEL EXILIO

 

El 25 de septiembre de 1988 fui con mi mamá al Parque La Bandera, al recital del grupo Illapu, que había sido exiliado, pero que pudo retornar al país luego que se dictó la ley que puso fin a este flagelo.

 

            Estamos eufóricos, la gente desborda de entusiasmo. Somos cientos de voces cantando y gritando de felicidad, porque en Chile la alegría llegará cuando triunfemos diciendo NO a Pinochet, en el plebiscito.

            Tomo fotos para guardarlas en mi álbum de recuerdos, así las podré ver en mi vejez y recordaré estos momentos tan bonitos y significativos.

 Siento que hay un futuro, que las cosas se pueden lograr y es posible vencer a la dictadura.

 

Cinco años atrás había consignado en mi diario de vida:

 

Camino de la luz

            Ella se despertó como siempre, pero su amanecer fue  diferente, se quedó pensando y se preguntó: ¿será acaso este el día? Se levantó y vistió como pudo para salir corriendo a preguntarle a un amigo si ese era el día; él le respondió que sí. No dijo nada más, volvió a su hogar, abrió las ventanas y puertas que estuvieron cerradas durante años, bailó, cantó y dio gracias a Dios, llorando de rodillas, porque el día había llegado. Hoy la justicia, la democracia y la libertad volverían a reinar en su país.

Aquí comenzaba el camino de la luz para ella y para tantos hombres y mujeres con sueños reprimidos, con gargantas amenazadas y la dignidad pisoteada.

            La gente empezaría nuevamente a recordar a sus poetas, los aeropuertos se llenarían de besos y abrazos en el reencuentro de los exiliados con sus familiares y su patria al fin libre.

            La larga noche de oscurantismo había quedado atrás y comenzaba una nueva vida para todos.

 

El tener que aprender otras costumbres, en muchos casos otro idioma, el dejar a los amigos, a las mascotas y sobre todo a la familia, es algo que no se olvida, sobre todo para los niños. En ese sentido mi experiencia en Venezuela me marcó muchísimo, porque durante demasiado tiempo viví –como niña- entre el allá del Caribe y el ahí de Santiago. Como ahora de adulta, conjuro mi existencia entre el allá de la Cordillera de Los Andes y el acá de la realidad belga.

Jamás imaginé que el destino me tenía preparado este largo viaje que ya dura casi veinte años.

En las tardes primaverales es cuando más siento la ausencia de Chile; los colores del atardecer me transportan a otros parajes y me veo en la cocina del Aquelarre, en el patio de la señora Nolfa, entre sus plantas, o en una tarde recreativa con los niños de alguna población en Santiago.

Cierro mis ojos y me voy, me escapo con la imaginación tratando de agarrar un pedacito de eso que me falta, deseando construir en Chile lo que aquí he logrado.

El dolor hace decir muchas verdades, y mi ser se comprime al ver lo que nos sucedió en diecisiete años de dictadura. Tantos muertos y desaparecidos, tanto sufrimiento y hambre de todo.

Mientras logro alcanzar un nuevo sueño, sigo escribiendo, para aplacar la tristeza de la distancia y la querencia.

Hay días en que los recuerdos me bombardean el cerebro y no me dejan respirar.

Hay días en que deseo  suprimir la memoria y quedarme en blanco

Hay días tristes como el de hoy, el de ayer y quizás el de mañana

La culpa es de las luces,  los aromas, los sonidos, la vista inquieta

El culpable es el calendario que no da tregua, que se bebe los meses y los años

La nostalgia entra invadiendo a cada neurona y

Como un vagabundo deposita su saco de tesoros bajo mi cabeza.

La querencia se aloja en la suite de la impaciencia y

Se desviste de decretos y papeles

La muerte se pasea por mis venas, pero no me lleva, me llama “afortunada”

Se desliza en mi retina para que no olvide, para que no calle

Hay días de pena, de añoranza, de derrota

Hay días en que el sol se levanta en mi lecho

Y la luna se acuesta con los que me hacen faltan

Hay tantos días en un año y tantos más en un decenio

¿Habrán sobrevivido mis cactus los meses otoñales?

¿Seguirán floreciendo los suspiros en el muro del jardín?

¿Se habrán reencarnado las semillas de los mártires en otras conciencias juveniles?”

 

 

 

 

Cuando apoyé el NO y voté por Patricio Aylwin nunca imaginé que él haría “justicia en la medida de lo posible”, y quienes le han sucedido seguirían manteniendo el amarre con la dictadura.

Algún día podrán volver todos los Exiliados de la Concertación: los presos políticos con penas de extrañamiento y los fugados.

Algún día se abrirán las Alamedas de Allende para todos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PATITO FEO

 

Lunes 2 de enero de 1989

            ¡Imagínate, ya estamos en el 89, estamos a once años del siglo XXI!

            Son las 14:52. Leí varias partes de este pedazo negro de mi vida, créeme que me dolió que te hubieran profanado, violado, fue lamentable. Las agendas y mi cuaderno cumplieron en cierta medida el nexo entre nosotros, amigo.

            Comencé a leerte porque este año pienso definitivamente comenzar tu trascripción al papel de máquina.

            Han pasado ya los cinco años que yo había proyectado en mi vida y mis metas se fueron cumpliendo una a una. ¡Llegué a los veintiún años, soy mayor de edad!

            Desde la última vez que te escribí, sigo sola pero no me siento mal, ya me acostumbré. Tengo muchos amigos, conocidos y un par de pretendientes que no correspondo. Sólo somos Dios, yo y tú, la trilogía perfecta para seguir adelante.

            En el plano político siento que estoy bien, mis ideas son fijas, tengo más confianza en mis capacidades, en mi misma, aunque eso siempre ha sido así. Creo sinceramente que voy camino de la integridad, es cierto que aún hay dificultades y encontraré muchísimas más en la ruta, pero ya llevo un buen trecho del camino recorrido, y por nada quiero retroceder o abandonar ese futuro que comencé a forjarme hace ya tanto tiempo atrás.

            Anoche conversaba de esto con un amigo, le contaba de ti y lo pajarona que antes era. Parece que el patito feo esta tomando la apariencia de un cisne.

            Caminaba, lloraba y reía, mas todo el mundo me parecía lejano, hostil. Ahora doy pasos firmes y mi frente alta va mirando la cordillera y ahora sin regreso me comprometo con el mañana subsiguiente, me comprometo contigo.

            Camino, grito, pienso y amo; las pelusas, las vellosidades caen, las carnes sueltas se aprietan, la silueta se moldea. Sin el pánico de ayer sino con el empeño de hoy, caminaré, viviré y venceré.

            Amigo, estoy en la recta final de mi camino a la libertad verdadera, me queda este año para obtener mi título y así poder trabajar en lo que estoy estudiando. Sé que cuando tenga mi sueldo, ya mis padres no me podrán amenazar más con el cuento de que si no me gusta me vaya o denuncian a mis amigos. Nuevamente estamos juntos y el trayecto será más ameno a tu lado.

Un fuerte abrazo, amigo, y hasta la Victoria Siempre.

 

En 1988, mi madre leyó el diario de vida que yo llevaba en ese período, para indagar en qué cosas estaba comprometida. Por tal motivo, estuve muchos meses sin escribir y sólo me refugié en las agendas y en el cuaderno de mis poesías y relatos.

Mi diario -amigo y confidente desde la infancia- me hizo demasiada falta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHICA PARA TODOS

 

En 1989 mis compañeros de la JRME me propusieron como candidata a las elecciones del centro de alumnos de la facultad, lo que para mí representaba una enorme responsabilidad y de seguro un sinfín de problemas con mi familia, pues debería hacer pública mi condición de mirista.

Días antes de las elecciones se había realizado un acto que se llamó “Chile para todos”, y mis compañeros decidieron cambiar las letras le de Chile, por ca quedando los afiches convertidos en “Chica para todos”. Por supuesto dicho slogan fue motivo de más de una broma. En la Plaza de Armas, me hice una caricatura, que se reprodujo en grande, con los puntos de nuestro programa como Juventud Rebelde. Ese fue el material propagandístico que utilizamos para convencer a los estudiantes. Conseguimos la vicepresidencia, la Juventud Demócrata Cristiana ganó la presidencia y las Juventudes Comunistas el tercer lugar.

En el año 1987 me presenté a delegada de carrera pero perdí por un voto. Al año siguiente creamos el Centro de estudiantes de lingüística, que agrupaba francés, inglés y lingüística y salí elegida presidenta. 

Durante todo ese tiempo fui haciendo un trabajo de hormiguita, aplicando siempre lo que había aprendido de cómo ser una buena militante, lo que se vio recompensado en las votaciones.

Recuerdo que hicimos una fiesta en casa de Kenya para celebrar nuestro triunfo; estar sobre las JJCC fue un éxito. Habíamos convencido a muchos estudiantes con nuestra propuesta. Los militantes rojinegros no éramos muchos en la facultad y teníamos un gran desafío por delante, pero íbamos a luchar para hacer realidad nuestro programa.

El trabajo con los otros miembros del centro de alumnos fue colegial y divertido. Hicimos muchas cosas y Lautaro Ferrada siempre aportaba ideas geniales, una de ellas fue el concurso del “Hondero Entusiasta”. Fabricábamos hondas y nos poníamos a hacer tiro al blanco. También aprendimos a hacer lienzos para lanzar a los cables de la luz en la calle. Era un sistema que parecía complicado, aunque luego de cogerle el truco, nos hicimos expertos.

En aquella época habíamos organizado los CAR (comités antirrepresivos) que después se llamaron CAM (comités de autodefensa y masas). Esto me resultaba paradójico pues si juntábamos CAR + CAM y le agregábamos una O formábamos mi apellido: CARCAMO.

La primera vez que hice un corte de calle fue en la esquina de Miraflores con la Alameda, el año 86. Éramos tres mujeres y en nuestras enormes carteras llevábamos unas mangas (bolsas de basura rellenas con papeles y plumavit), las desplegamos en el pavimento y un compañero lanzó una molotov. Con agilidad, desaparecimos entre la gente que recogía los panfletos que también habíamos tirado. 

Cada año tenía que comprarme una cartera nueva, pues la mía debía soportar de todo: panfletos, libros, documentos, hilo, agujas, parches adhesivos, espejo, fruta, etc.

Cuando estábamos en paro en la U, solíamos subir a las micros a pedir dinero, para financiar la compra de lienzos, tinta, latas de pintura, comida y lo que hiciera falta.

A su vez, con mi amiga Carola –estudiante de periodismo- nos hicimos expertas en rayados de murallas; en cuanto encontrábamos una pared adecuada, dejábamos allí nuestro mensaje universitario.

Asimismo desarrollé mi caja torácica con los gritos. Lograba sacar una potente voz y cuando veían que era yo la que gritaba, no faltaba el comentario: “tremendo vozarrón que se gasta la chica”. Soy baja de estatura, de ahí mi apodo.

Mis años de universitaria han sido los más intensos, dormía muy poco, casi no comía, fumaba en exceso y hacía miles de cosas por día, pero era feliz de poder llevarlas a cabo. Logré terminar mis estudios en el tiempo previsto sin repetir ningún curso. De los ramos que podía me eximía de los exámenes, y los que tenía muy mal los dejaba para vuelta de vacaciones de verano, donde los porcentajes se invertían y la nota de la prueba valía más que las obtenidas durante el año o semestre.

Destinaba el mes de enero para descansar y en febrero me ponía a estudiar. Así por ejemplo superé latín, después de tener en cuatro pruebas seguidas la nota mínima que era uno, porque no me podían poner cero. En el examen de repetición me saqué un 6,5 y dicha anécdota siempre se las contaba a mis alumnos para motivarlos. Les repetía que lo más importante no era la cifra, sino el querer saber y aprender.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHIGUAYANTE Y LA MUERTE DEL TURCO

 

En 1989, aprovechando la coyuntura del encuentro de la CONFECH (Confederación de Estudiantes de Chile) que se realizaría en Concepción y donde acudirían todos los representantes de todas las universidades, la JRME decidió organizar un encuentro nacional luego de ese acontecimiento.

Con otras dos compañeras asumimos la tarea de elaborar algunos esbozos de documentos de discusión y los compañeros de Concepción se encargaron de la logística.

Partimos en la noche desde la Universidad de Santiago, mis papás me fueron a dejar, claro que ellos ignoraban lo de nuestro encuentro partidario. En el trayecto nos fuimos cantando y contando chistes. Llegamos a la Universidad de Concepción de amanecida y en el camino tuvimos dos controles policiales. Tanto universitario junto siempre fue sinónimo de disturbio.

            La universidad era muy grande y bonita, y éramos tantos jóvenes reunidos -de tantos lugares distintos de Chile- que yo sentía estar viviendo un hecho único. El encuentro de la CONFECH duró dos días. La primera noche nos albergamos en un sindicato y la segunda en una casa para retiros de los curas.

 

Finalizada la reunión universitaria nos concentramos en nuestro trabajo partidario y nos fuimos a Chiguayante, a una casona de madera. Allí, en cierta medida me dejé llevar por un instinto maternal y me hice cargo de la cocina. Éramos como veinticinco militantes.

 

Discutimos lo que teníamos que tratar, entablamos nuevas amistades y mis compañeros me reservaron una sorpresa para la noche final.

Yo estaba muy cansada y quería acostarme, me despedí de todos y me fui a la pieza donde dormía con otras chiquillas. De pronto, Shaka entró corriendo, asustado y  me dijo“¡chica levántate, hay un problema!”. Creí efectivamente que ocurría algo serio, me vestí y partí al salón, todo estaba oscuro, de pronto la luz que se encendió y me encontré con una pieza adornada con preservativos inflados. Siguió un “wuaaaaaaa, viva chica, te pasaste, fuiste una súper buena anfitriona” y que sé yo. Lo más cómico y embarazoso fue inflar un preservativo, que alguien registró en una foto. Luego comenzó la fiesta de despedida, pues al día siguiente partíamos a nuestras respectivas ciudades.

El 4 de septiembre de 1989, mi mamá me despertó para contarme que habían asesinado a un dirigente del MIR: era el Turco, nuestro compañero Jécar Neghme, que fue acribillado por catorce balazos a manos de desconocidos. Después se sabría que fueron cinco oficiales de la Brigada Azul de la CNI.

En el noticiario de cierre de la televisión habían dado la noticia. Me puse a llorar, no podía creerlo, tenía que ser un error; esa misma tarde, el Turco había estado conversando con nosotros, no había lógica. Me sentía destrozada.

            A la mañana siguiente, me fui muy temprano a ver al resto de los compañeros. Cuando entré a la casa Aquelarre todos estaban acongojados, era verdad y no podíamos hacer nada. Sentíamos impotencia absoluta.

En los pasillos, comentaban que el Turco había sido objeto de seguimiento y hostigamiento por parte de desconocidos, y que los que éramos dirigentes públicos del partido o la juventud tendríamos que estar alerta. En ese instante yo no pensaba en esas cosas, sólo quería justicia y que este trago amargo pasara lo más rápido posible.

            A medida que transcurrían las horas la casa se fue llenando de gente. Algunas compañeras comenzaron a confeccionar banderas del MIR y empezó a correr una lista para inscribirse a la guardia de honor. El velorio fue en la sede del PAIS (Partido Amplio de Izquierda Socialista), que se formó para agrupar a los partidos de izquierda que no estaban en la Concertación.

El día del funeral, seis compañeros escoltamos la carroza hasta el cementerio, para mí fue un honor acompañar el cortejo de un hombre tan honesto y sencillo como era Jécar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA PARTIDA

 

En mayo de 1991 la abogada de mi compañero nos dijo que teníamos que salir de Chile lo más pronto posible. Carlos y yo nos habíamos fabricado nuestro propio mundo, yo había dejado toda actividad política y sin embargo, alguien lo había denunciado. Él -en su condición de fugado de la Cárcel Pública- no podía correr el riesgo de ser detenido otra vez, ya que  después de un año de la llegada de la democracia, todavía seguían existiendo presos políticos.

En tres semanas todo estuvo listo para salir, saqué pasaporte y seguimos haciendo una vida normal. Nadie podía saber nada, únicamente mis padres y mi cuñada. Teníamos que irnos a fines de mayo para aprovechar un día feriado. Mi compañero había conseguido un carnet de identidad legal con su propia foto, pero con otro nombre y otra huella digital, eso sería suficiente para cruzar la frontera terrestre.

Comencé a vivir como una condenada a muerte descontando los días que me quedaban  en mi amado país, por el que había luchado tanto y que ahora debía dejar.

No podía llevarme nada porque supuestamente íbamos por un fin de semana de paseo; bastaba con un bolso pequeño y tres mudas de ropa.

La última semana de ese triste mes, el clima empezó a cambiar y en la Cordillera se puso a nevar sin parar. El paso Los Libertadores fue cerrado y de ambos lados de Los Andes había gente esperando para cruzar. Esto les pareció muy bueno a los abogados que nos acompañarían en esta huída, porque habría probablemente menos control policial. Teníamos que estar listos para partir en cuanto sonara el teléfono.

A las seis de la mañana del 30 de mayo de 1991 el fatídico llamado llegó.

 

            Observo mi pieza y mis pequeños tesoros por última vez, le entrego a mi papá mis diarios, mis agendas y mi cuaderno, le digo que allí esta mi vida y que pase lo que pase los proteja. Miro la casa y le voy diciendo adiós a mi querido Santiago. Mi corazón va llorando por dentro, me siento desgarrada desde las entrañas, pero tengo que ser fuerte, no puedo quebrarme ahora, tengo que darles ánimo a mis viejos y mi compañero no me puede ver flaquear, es por él que dejo todo, por nuestro amor y nuestro futuro juntos.

Hemos llegado al terminal de buses, mi papá se va a estacionar, voy con él, en la citroneta le doy un beso y le digo que no se preocupe,  que lo mandaremos a buscar y que muy pronto volveremos a estar juntos, que tenga confianza en Dios y que todo saldrá bien.

Un pitazo anuncia que vamos a partir, me despido de mi cuñada y de mi papá. Mi mamá nos acompaña en la primera etapa de este largo viaje. Me siento junto a ella al lado de la ventanilla, y en el andén mi viejito hermoso lucha como yo por retener las lágrimas.

El bus va saliendo y ya no lo diviso, no hay vuelta atrás. La ciudad se aleja en el cuentakilómetros, comenzamos a subir la cuesta de Caracoles, cruzamos por entre murallas de nieve, llegamos a la frontera y el auxiliar del bus pide las cédulas de identidad y unos formularios. Bajamos a fumar para calmar los nervios, deseando que todo resulte como queremos, nos tomamos las últimas fotos, volvemos a sentarnos en el bus,  y por fin atravesamos la línea fronteriza.

Todo salió bien. Adiós Chile, adiós papá…

El resto, ya es harina de otro costal.

 

INDICE

           

 

Prólogo……………… ……………………………….5

Palabras del Editor…………………………………….7

Palabras de Gregorio Angelcos………………………11

Mi Primer Diario de Vida…………………………….17

Quema de Libros…………………………………….21

Un Árbol sin Regalos……………………………….23

Radio Moscú………………………………………..25

Ritoque y Tejas Verdes………………………………31

Toque de Queda…………………………………….35

Venezuela……………………………………………39

Visita al Circo……………………………………….43

Eduardo Frei Montalvo……………………………..45

Primera Protesta…………………………………….47

Apagones…………………………………………….49

Mauricio Maigret……………………………………51

Entre Cristiandad y Detonaciones…………………..53

Canto Popular………………………………………57

La Juventud Socialista……………………………….61

El Tata Esteban y André Jarlan………………………63

Marzo Homicida……………………………………67

Declaraciones de Andrés Valenzuela………………….69

La Renuncia de Mendoza…………………………….73

Otro 11 de Septiembre y Pablo Neruda……………..79

Camino al MIR……………………………………..81

Otra Discusión………………………………………85

Mi Primera Concentración…………………………..87

Carmen Gloria y Rodrigo Rojas……………………..89

Enfermedades………………………………………93

Venganza por el Atentado a Pinochet………………..95

Los Presos Políticos………………………………….97

Un Rector Delegado para la U………………………99

Fin del Exilio………………………………………103

El Patito Feo………………………………………107

Chica para Todos…………………………………..109

Chiguayante y la Muerte del Turco………………….113

La Partida………………………………………….117

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

 

 

 

 

 

Este libro se terminó

de imprimir en los

Talleres Gráficos de

Ediciones Caballo de Mar.

Lampa, Santiago, Chile

Octubre del año 2010.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribo para rescatar del olvido los años y los hechos que muchos quisieran anular. Se me aceleran los dedos en el teclado porque debo ganarle al tiempo, porque quiero correr más rápido de lo que él se instala en las butacas de la conformidad.

Consumo las horas sacando desde páginas amarillentas, nombres y datos que ya casi nadie recuerda, pero que formaron parte de nuestra historia.

No me parece justo dejar en el silencio la muerte de Mauricio, de Verena, del Choclón, o de la niña que jugaba en su casa y recibió un balazo anónimo desde una furgoneta.

Unos cuantos desearían dar vuelta la hoja, otros simplemente ya lo hicieron sin embargo, para los porfiados como yo, no existe el borrón y cuenta nueva.

Siempre escribí con la intención de mostrar a mi descendencia lo que fue vivir en una tiranía. Del miedo que nos paralizaba, pero que sabíamos destruir al calor de los gritos y las consignas; del amor fraterno, de ese…, que te hace ser capaz de dar aún más de lo que tus fuerzas pueden. De la solidaridad de compartir un pan o un cigarrillo, de dar la plata de la micro para hacer una “vaca”, y poder comprar un tarro de pintura. De aquellas pequeñas victorias y de esos dolores que arrastramos hasta la tumba.

Los hijos de mi generación retoman nuestras batallas, y es por ellos, que debemos desempolvar las telas de arañas de nuestro pasado, para que éstas no les cubran el paso, y les impidan enfrentar la conquista de un futuro mejor y más digno.

 

Rossana Cárcamo

Sint Niklaas – Bélgica

 

RICOS Y POBRES. Fesal Chaín leyendo “Tres años para nacer, Historia de una verdadero Machuca”

Ricos y pobres

Fesal ChainAyer me leí de un solo tiro el libro de Amante Eledín Parraguez “Tres años para nacer, Historia de una verdadero Machuca” y para ser sincero, me salte párrafos completos, pero de pura ansiedad, por una búsqueda incesante, de verme reflejado en él, de encontrar en su palabras el mundo que fue mio. Comprendí tantas cosas que me pasan, que mi angustia existencial de cada día es fruto de la educación que tuve, de ese fantasma colorido que recorría los pasillos y salas del colegio. Me pasó exactamente lo mismo que cuando leí Confesiones de una Máscara de Yukio Mishima, no pude terminarlo, o más bien terminé ambos textos a topetones, a saltos de mata, a vómito estelar.

Ahora entiendo. Nunca estuve loco. Nunca estuve encerrado en mí mismo y sintiendo en mi propio cuerpo fenómenos ajenos a todo humano. Nunca estuve desesperado por determinaciones genéticas. Es que soy hijo de la educación más maravillosa que haya existido en este pequeño país llamado Chile. Hijo de aquel Padre Whelan, aunque ya casi no caminaba por aquellos patios, pero sí, como un destello a veces aparecía, en cuerpo y alma y también en ideas y sueños. Soy hijo de Whelan a no dudarlo: “Aquí vamos a trabajar para aprender y desarrollar nuestras capacidades intelectuales y también, para conocer el valor del trabajo humano- nos decía a todos con una voz enérgica, seca y un acento pastoso-. Queremos personas capaces de compartir, de aprender unos de otros, y de servir a los demás. Esto vamos a hacer en el colegio”. (1)

En 1974, a los curas “más peligrosos” de la Holly Cross ya los habían sacado como animales de ese lugar libertario, pero el milicaje no pudo desterrar la voz que recorría los patios. Exiliaron a nuestros compañeros más pobres , aquellos que vivían en la población aledaña al río, pero no sacaron de la mente universal los valores y la conciencia. Los viejos profesores, algunos, se mantuvieron ahí, y sin decirlo a voz en cuello, exudaban lo que Whelan, o Provenzano o Cánepa habían levantado durante los tres años de la Unidad Popular: “Ustedes tiene que ser capaces de reflexionar acerca de lo que pasa en el país. (…) Observar la realidad y opinar sobre ella, dando su propio punto de vista, con espíritu crítico y constructivo, sólo de esta forma podemos ayudar a construir una sociedad mejor. (…) ¡Miren, ustedes no saben lo que tienen! Es un privilegio estar en este colegio y ¿están aquí sólo porque tienen plata? (…) no pueden desperdiciar la oportunidad de abrir sus ojos y ver otras cosas que suceden en este país! ¡El mundo no es sólo esto!” (2)

Aunque el Comandante Verdugo, vaya que apellido, también al igual que a Amante, me citó a su oficina y me dio un discurso sobre la Patria y contra todo lo que oliera a comunismo, y aunque la vieja profesora pinochetista nos hiciera cantar con la mano en el corazón las malditas estrofas de los “valientes soldados”, muchos de nosotros recibíamos el mensaje por la boca de los sobrevivientes y nunca, nunca, jamás nos dejamos engatusar por el momiaje, el fascismo mentiroso y los falsos humanistas.

Así clandestino, escuché detenidamente lo que prohibido se mantenía entre los cerros y las salas, entre los pasillos y el viento. Escuché que el tío Andrés se escondía allí y que no había que decirlo, a Oscar hablar de la inclemente dictadura, a Robinson primo hermano de Gladys Marín hablar de Manuel Rodriguez y quien me regaló un pequeño cassette con la música de Manns y la rebelión popular de masas, al mismo Whelan después en su casa de Egaña, a Provenzano en su afán de enseñarme fotografía y a Cánepa cuando juntos tradujimos poesía palestina del exilio, a Mariana, cuando lloraba angustiada al ver las risas de los inconscientes sobre el documental de La Nelly y el Nelson, con música de Payo Grondona. A Hugo cuando nos protegió de la DINA, porque nos atrevimos a dar Missing en una pequeña sala. A muchos que me permitieron en plena dictadura, hacer el festival de teatro con los jóvenes de la ACU, poner mis poemas antipinochetistas en esa vieja revista, tocar en la radio un 11 de septiembre a Víctor Jara a todo pulmón, sí, ese mismo Víctor que había ido a cantar contra los reaccionarios a los patios del mismo lugar que yo recorría solitario por las tardes.

¿Porque se llama Ricos y Pobres este breve artículo casi robado de Amante? Es sencillo como una de tus manos, como dijera Pablo Neruda, y pido perdón si puede sonar esto un tanto cursi, pero si bien no viví la integración plena y el trabajo en las chacras y con los animales y las discusiones más duras sobre la Escuela Nacional Unificada, ni el día a día con los amigos y compañeros de la población, porque me llegó el golpe como una cachetada y una fuerte opresión en el pecho, aprendí y acepté de buena gana, a no hacer ninguna diferencia, aprendí que la vida es la lucha cotidiana por conocer el valor del trabajo humano, por compartir y aprender unos de otros, por construir una sociedad igualitaria y justa, importando un maldito carajo nuestras determinaciones sociales, nuestro orígenes. Aprendí, que no somos iguales porque hay algunos que no lo desean, porque les conviene muchísimo dibujar con sus manos el mundo más escindido posible, y que para mantener sus privilegios dividen socialmente el trabajo, entre ricos que piensan y pobres que ejecutan. Pero al mismo tiempo aprendí que somos muy iguales, cuando trabajamos juntos, cuando nos queremos, cuando estudiamos las mismas cosas, cuando construimos un proyecto común de liberación de todas las energías y potencias individuales y colectivas. Aprendí gracias a mi colegio, que no hay distingos posibles, aunque algunos lo impongan a sangre y fuego, simplemente porque somos hermanos.

Entendí ayer, que falta enorme nos hace convivir, marchar juntos, amarnos y comprender las mismas cosas de la misma manera, para romper las barreras y construir espacios comunes como un solo ejército, entre aquellos que los minoritarios y egoístas dominantes construyen y nombran como ricos y construyen y nombran como pobres.

(1 y 2) Amante Eledín Parraguez “Tres años para nacer, Historia de una verdadero Machuca”

Finaliza programación especial de conmemoración de 40 años del Golpe de Estado

Finaliza programación especial de conmemoración de 40 años del Golpe de Estado

13 de septiembre de 2013 ·

 

Finaliza esta semana la conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado que para muchos ha sido intensa, en la cual los medios de comunicación y en particular la radio y la TV tuvieron un rol clave. Destacada fue la programación especial del canal Chilevisión con  “Chile, las imágenes prohibidas” http://www.uypress.net/uc_44351_1.html  y “Ecos del desierto”,

 Miniserie de @chilevision dirigida por Andrés Wood

chilevision.cl/2013/ecos-del-…

 programas que además de altas cifras de rating tuvieron gran acogida de parte de la audiencia  y fueron ampliamente comentados en redes sociales. Las entrevistas de La Red en el programa “Mentiras Verdaderas” http://www.lared.cl/2013/09/60090/historiadores-analizan-el-11-de-septiembre/ también contribuyeron a la apertura a contenidos que nunca habían tenido espacio sino dentro de una lógica binominal o de empate (exponer las razones del golpe antes de sus consecuencias). Esta suerte de “equilibrio” fue posible de observar más tenuemente en las programaciones de canal 13 y especialmente en la de TVN, pero que ya no impera en la TV.

La radio también tuvo programación especial la cual rescató audios de la época y reconstruyó lo ocurrido hace 40 años. Compartimos a continuación un comunicado de Radio Cooperativa en el cual recuerda que en dictadura no sólo se violaron DD.HH. -aspecto más aberrante e impactante- sino que también derechos sociales y civiles como el de la libertad de expresión y libertad de asociación.

Radio Cooperativa a 40 años

Este registro histórico de Radio Cooperativa (audio en enlace) es una muestra de cómo la dictadura intentó en repetidas ocasiones acallar nuestro inquebrantable compromiso de informar a los chilenos.

Queremos cerrar el ciclo de entrevistas y programas especiales “A 40 años del golpe” relevando que durante los 17 años de dictadura no sólo se violaron sistemáticamente los derechos humanos, cuestión que obviamente está en el primer plano de la reflexión que se hace cuando se clama un “Nunca más”…

También se transgredieron otros múltiples derechos ciudadanos y civiles.

El derecho de libre expresión, de reunión, de asociación, el de sindicalización para los trabajadores, y el derecho a la justicia, por nombrar sólo algunos, también fueron abiertamente quebrantados.

Así, cuando se pide perdón -o cuando no se pide- pareciera que el motivo único es si se participó activamente en la muerte, desaparición o tortura de personas y no por la responsabilidad en el atropello de los otros derechos.

Esto también merece un “Nunca más”.

No fuimos ajenos a las restricciones y los horrores de la Dictadura, por el contrario, la defensa irrestricta de los derechos humanos tuvo severos costos para nuestra empresa. Gracias a Dios no de vidas.

Desde temprano fuimos acusados de inventar entre otros hechos lo que en ese tiempo la dictadura llamaba “supuestos desaparecidos” como lo sostiene una declaración oficial de 1977, de la Dirección de Información de Gobierno.

“Santiago, 21 de julio de 1977

La Dirección de Informaciones de Gobierno se hace un deber el advertir a la opinión pública que mientras la gran mayoría de los medios de comunicación con espíritu patriótico han aportado su valioso concurso al acontecer nacional, algunos otros medios haciendo mal uso de la prerrogativas que la función periodística confiere llegan a imputar a S.E. el Presidente de la República, declaraciones o conductas inexistentes, como parte evidente de una campaña orquestada por las radios Cooperativa y Santiago.

En el día de hoy (21 de julio de 1977) como ya es habitual Radio Cooperativa y Santiago citan un documento enviado a S.E. El Presidente de la República por personas que se dicen familiares de presuntos desparecidos, emanado desde el domicilio de Plaza de Armas 444, lugar donde funciona la llamada Vicaría de la Solidaridad cuyo único fin es crear alarma pública“.

La defensa y promoción de los derechos humanos, especialmente en el período de dictadura, ha sido un signo de Cooperativa del que nos sentimos orgullosos, más aún cuando a 40 años nadie niega estos horrores, como sí ocurría en el pasado, y esta promoción de los derechos humanos la queremos seguir honrando desde el desafío periodístico que implica ser un facilitador del debate nacional:

“Sostenemos, entonces, que los medios de comunicación tienen, por sobre todo, un carácter social y deben ser conscientes de su responsabilidad. Es por ello que no definimos nuestro quehacer desde la neutralidad, sino desde la búsqueda de un protagonismo activo en la tarea de contribuir al desarrollo integral de la sociedad chilena y de sus individuos”.

Radio Cooperativa, 13 de septiembre de 2013.

Audio aquí

La Historia secreta del Chico Lagos . Camilo Taufic

Triste historia de la foto de Luis Orlando Lagos (por Camilo Taufic)

11 de septiembre de 2013 

La Historia secreta del Chico Lagos

 
Texto de Camilo Taufic (publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008,)

 

Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie ha explicitado la hazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con “clásicos mundiales”, como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.

El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

 

Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

 

Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político deSalvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

 

AUTOR DESCONOCIDO

“The New YorkTimes”, considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

 

Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el “NYT” pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de “exclusivas” que su posición le permitía tomar día a día.

 

Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al “New York Times”, estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos”comprometedoras”.

 

Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la “resistencia”, por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

 

Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como “La Foto del Año 1973” a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

 

APROVECHADOS

Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo”no era un chileno”. O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el “tancazo” (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro “Las muertes del Presidente Allende” (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, “fueron hechas” por un tal “Freddy Alborta”. Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, “era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote”. Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, “nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos”.

 

AL EXTERIOR

El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, “se embolsó la nada despreciable suma de 12 mildólares”. Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; “por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo”.

 

En 1998, el recuerdo del fotógrafo “anónimo” resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: “¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje”. Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: “Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el PresidenteSalvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde”.

 

No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

 

En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

© Foto de don Luis Orlando Lagos, 40 años después... 
La publico para intentar contar la historia completa, tan poco conocida...
A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el ultimo recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su medico Danilo Bartulín, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el president no se rndiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semiabierta, vemos al carabinero José muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leido el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos. 
Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ochlibros, primera edición, agosto 2008.

© Foto de don Luis Orlando Lagos, 40 años después… La publico para intentar contar la historia completa, tan poco conocida… A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el ultimo recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su medico Danilo Bartulín, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el president no se rndiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semiabierta, vemos al carabinero José muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leido el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos. Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ochlibros, primera edición, agosto 2008.
 

Desde la academia a la memoria contingente. “Martes once la primera resistencia”,

INVESTIGADOR DESCRIBE A QUIENES COMBATIERON CON ALLENDE EN LA MONEDA

 – 13 SEPTIEMBRE 2013POSTED IN: GENERAL

Hasta ahora, poco se ha dicho sobre quienes se alzaron en armas para combatir a los golpistas el mismo 11, pero Ignacio Vidaurrazaga en su libro “Martes once la primera resistencia”, cuenta con testimonios y entrevistas de quienes pelearon en La Moneda, en el centro de Santiago, en Tomás Moro, en La Legua y en Cerrillos.
“Sin el bombardeo a La Moneda, algo se podría haber hecho, antes de eso muchos creían posible llegar hasta el centro a rescatar a Allende”, cuenta el investigador que a la vez formó parte de la misma historia.
“Este es un libro que trata sobre los que fueron vencidos, pero no quedaron derrotados”, reflexiona.
Según él, “los combatientes del 11 fueron incómodos para la transición. Cuando los GAP han querido velar los restos de sus muertos en locales del PS, les han puesto problemas”.
“En los programas actuales está negada la resistencia: las armas, la viejita que esconde el barretín, la clínica clandestina de combatientes… esa historia fue negada por el NO y por el dedo de Lagos

El Intento Armado

El 11 de septiembre Vidaurrazaga figuraba junto a compañeros del Frente de Estudiantes Revolucionarios, el órgano estudiantil del MIR, en una fábrica ubicada en el sector de Mapocho esperando que llegaran las armas prometidas para enfrentar a los militares, cosa que nunca pasó.
En el centro de Santiago más de 50 hombres, de cuello y corbata, se transformaron en francotiradores y se apostaron en los ventanales del Ministerio de Educación y de la Torre Entel.
También fueron ocupadas como puestos de combate las oficinas del Banco Estado, de La Nación, del Ministerio de Hacienda y del ex edificio del Seguro Obrero por militantes del regional centro del Partido Socialista.
El autor se pregunta si el destino del país hubiera cambiado si la coordinación de la defensa armada del gobierno de Allende hubiera estado mejor preparada.
En el libro cuenta que en la misma mañana del martes 11 las direcciones del PS y el MIR comenzaron a diseñar un plan de salvataje de La Moneda.
El Partido Comunista había ordenado temprano el repliegue de sus fuerzas.

 

Resistencia en La Moneda

 

El testimonio de Juan Osses, de chapa Silvio, es esencial, porque es uno de los tres GAP (Grupo de Amigos del Presidente) que sobrevivió a los combates del 11 en La Moneda. Su historia es paradójica porque ese mismo martes Juan se casaba.
En su maletín guardaba la sub ametralladora Walter junto a una camisa y una corbata. El mismo día que iba a enlazarse con una mujer como un acto de amor, vio derrumbarse por completo el gobierno que defendía poniendo en riesgo su vida. A las once de la mañana se casaba, y a las nueve llamó por teléfono para avisar que no iba a poder llegar… estaba combatiendo en La Moneda.
Antes, acompañó al presidente en el traslado desde su residencia en Tomás Moro hasta el palacio de gobierno. Bajando por la Costanera el grupo pudo constatar el despliegue de las fuerzas militares:
Ya teníamos la visión de que estábamos rodeados por un primer círculo que iba a empezar a hacer fuego. Después evidentemente venía otro círculo que es donde caen los compañeros que venían de Tomás Moro. Suponíamos que eran por lo menos tres círculos concéntricos en torno a La Moneda. Habían instalado artillería pesada en la plaza Bulnes —cañones 105 mm— y tanques que disparaban hacia La Moneda y, por esa misma calle, comandos francotiradores metidos en los techos de los ministerios que quedaban en Teatinos.
Pasadas las nueve de la mañana, el combate se hace intenso y dentro de la casa del gobierno Osses verá caer a algunos de sus compañeros. En total, unos 25 GAP combatieron junto al Presidente Salvador Allende, el doctor, como ellos lo llamaban:
Ese es el momento, cuando al Manque le llega una ráfaga que lo tira contra la pared de atrás. Para mí, fue súper impactante porque era mi amigo y lo veo que sale disparado con una ráfaga de ametralladora, seguramente de uno de los tanques. Me giro, y veo que está apoyado con la cabeza contra la pared, tiene el estómago abierto y las tripas afuera y su arma queda caída. En ese momento tuve que tomar una decisión, mi dilema era si lo ayudaba o seguía combatiendo, lo volví a mirar y para mi estaba muerto. Dejé a mi amigo y seguí combatiendo como loco, no sé, cuánto fue el tiempo que pasó. Sentí que el tiempo se detenía. Manque no gritó nada… nada.
En otro pasaje, Osses describe el intenso fuego cruzado que se desató antes del bombardeo, cuando los hombres de la UP disparaban desde palacio y desde los ministerios que rodeaban la Plaza de la Constitución. Los militares pasaban a la ofensiva utilizando sus tanques:
Entre las 09:30 y las 10:30 se intensifica progresivamente el ataque de las fuerzas que integran el cerco militar a La Moneda. El repiqueteo de las ametralladoras punto 30 y punto 50 emplazadas en los tanques comienza por el costado de la Plaza de la Constitución más próximo a la oficina presidencial. De inmediato hay respuesta de fusilería tanto desde La Moneda como de los edificios que rodean la plaza. El intercambio es ensordecedor. Los tanques buscan crear las condiciones para avanzar junto a las tropas de infantería, pero no pueden lograrlo a causa de la intensidad del fuego. Los soldados retroceden, pegan sus cuerpos a los blindados M-41 para resguardarse o se parapetan bajo los escaños; algunos, incluso, se acuestan en el pavimento. ‬

 

La resistencia negada
Vidaurrazaga manifiesta su extrañeza por la actitud de vergüenza que asumen muchos de los que resistieron la mañana del 11, lo que atribuye al impacto generado por 17 años de dictadura:
“En Chile a diferencia de muchos países europeos, es aún infrecuente que se asuma: fui un resistente…estuve en la Resistencia y que ello se traduzca de inmediato -al menos en la mayoría de los casos- en motivo de orgullo y reconocimiento social. Aquí, la dictadura instaló los conceptos de subversivo y terrorista y esos han perdurado en el tiempo. Quizás, ello explica que transcurridos 40 años aún existan personas, que por razones de trabajo o familiares, aún no se decidan a compartir sus experiencias resistentes, particularmente armadas en las que participaron ese día y durante los 17 años siguientes”.
Las marchas del movimiento estudiantil el 2011 es una de las razones para rescatar estas historias, según apunta el autor:
“En este nuevo clima de cuanto contar y decir, las movilizaciones del 2011 han sido determinantes. No fue casualidad ver en las multitudinarias marchas estudiantiles y sociales de estos años a actores personificando a Salvador Allende y Miguel Enríquez u otros personajes históricos. ¿Qué reivindicaban los jóvenes en esos liderazgos? O dicho de otra forma ¿Que habían tenido, hecho o dicho ellos, que les faltase a los líderes actuales?.
El libro está dividido en dos partes. La primera relata minuto a minuto los sucesos del once y está acompañada por abundante infografía relativa a los movimientos de militares y de resistentes. La segunda presenta siete entrevistas, que reúnen algunos de los testimonios reproducidos por esta nota, además de conversaciones con Andrés Pascal Allende y el oficial constitucionalista Santiago Bulnes, entre otras.
“Martes once la primera resistencia” será publicada por LOM y se lanzará el próximo 4 de octubre en la Biblioteca de Santiago. Será presentado por la premio nacional de periodismo, Faride Zeran; el dirigente de los subcontratistas de Codelco, Cristián Cuevas; el ex dirigente estudiantil, Giorgio Jackson; y el actual presidente de la FECH, Andrés Fielbaum.
Fuente: El Dínamo.
Relacionado

VILLA + DISCURSO. discusiones reales que se dan hoy en las organizaciones de derechos humanos

VILLA + DISCURSO

 

RESEÑA

Villa pone en escena a tres mujeres discutiendo cómo remodelar la Villa Grimaldi, principal centro de tortura y exterminio de la dictadura de Pinochet. ¿Qué hacer?, ¿reconstruir la casa demolida por los militares?, ¿construir un museo moderno? El debate refleja las discusiones reales que se dan hoy en las organizaciones de derechos humanos que defienden la memoria de los sobrevivientes.

En Discurso, Michelle Bachelet se despide de la presidencia y enuncia un discurso de despedida ficticio que contiene las aspiraciones y frustraciones de una generación que vivió emocionada la elección de la primera presidenta mujer, y el conflicto interno de una mandataria que pretende hacer reformas populares administrando el modelo neoliberal heredado de la dictadura.

Villa+Discurso, interpretadas por las mismas actrices, componen un programa único. Las obras se han presentado en los ex centros de tortura José Domingo Cañas, Londres 38 y Villa Grimaldi de Santiago, en el Parque de la Memoria de Buenos Aires, y en festivales de Viena, Edimburgo, París, Madrid, Lisboa, Düsseldorf, Sarajevo, Sao Paulo, Brasilia, Montevideo y Lima, entre otros.

«Su aguda reflexión teatral sobre los aspectos dolorosos e irresueltos de la sociedad chilena Imagen

constituyen una mirada tan sobria como excepcional». Juan Andrés Piña. La Tercera.

Duración 1 hora 10 minutos
Recomendada para todo público

Villa se presentará junto a Discurso en una función gratuita para estudiantes de la Universidad Diego Portales, como parte del ciclo 40 años del Golpe.

Redes sociales, subversión y potencial de humanización

Redes sociales, subversión y potencial de humanización

Publicado: 17 julio, 2013
El 16 de julio de 2013 quedará marcado en Chile por un hecho significativo: la ciudadanía empoderada, deseosa de una política de mayor calidad y de “representantes” éticamente dignos de llamarse así, generó tal nivel de presión a través de las redes sociales, que arrinconó a un partido y a un candidato a diputado antes condenado por cohecho en el ejercicio de la misma función, y lo obligó a declinar una nueva candidatura.

Podría parecer un hecho menor, pero no lo es. No al menos desde el punto de vista sociológico, como síntoma de tendencias en curso que remecen a las sociedades contemporáneas.

Por esas sincronías extrañas de la vida, el fin de semana previo había asistido a un conversatorio sobre un interesante libro del comunicólogo Mauricio Tolosa, (mautolosa) creador de la red Sitiocero, definida como una comunidad de conversación ciudadana sobre la comunicación en tanto fenómeno constitutivo de la humanidad. Se trata de un libro muy interesante que lleva por título “Comunidades y redes sociales. El desplome de las pirámides”. No obstante su carácter sintético, lo que es en sí mismo un mérito, dada la complejidad de la historia y los procesos de los que da cuenta, constituye una obra sólida y muy pertinente para entender el flujo del presente y para tomar conciencia sobre el potencial humanizador de las redes sociales.

Quisiera plantear, entonces, el desarrollo de este artículo como una breve reseña y un diálogo con la obra de Tolosa. Como un ejercicio de alteridad, desde la mirada que me es propia: la sociología. Y también como un esfuerzo por mantener viva una comunidad de reflexión e intercambio.

Digamos de entrada que el autor, con modestia, no pretende dictar cátedra, y califica su libro como una conversación en desarrollo y define así su propósito: “compartir la emergencia de un mundo que yo he catalizado de esta manera, desde mi experiencia y aprendizaje”.

Una de las columnas vertebrales del libro es la crítica a la verticalidad y al monopolio de enunciación de la verdad que han ejercido el poder y las principales  instituciones a lo largo de la historia. Es esa lógica, justamente, la que está siendo no sólo impugnada sino abiertamente cortocircuitada por las redes sociales. Por prueba, el frustrado candidato a diputado Rebolledo y su partido, el PPD, que lo había “blindado” en la plantilla parlamentaria de la oposición, contraviniendo el sentir ciudadano y, de paso, entrando en contradicción con el impulso ciudadano que quiere imprimirle a su nueva candidatura presidencial Michelle Bachelet, cuya legitimidad y reconocimiento trascienden ampliamente a los partidos.

En síntesis, la tesis de Tolosa es que las instituciones rígidas han perdido el monopolio de creación y mantención de una “verdad” incuestionada (pensemos en la iglesia católica, en el plano religioso, o en el FMI en el plano económico) y el poder de configuración del mundo. No lo han perdido del todo, obviamente, pero asisten a una impugnación creciente de la cual deben hacerse cargo, bajo riesgo, de no hacerlo, de implosionar o sencillamente perder relevancia. Fue precisamente este fenómeno el que me llevó a usar la palabra subversión en el título de esta columna (en el sentido de trastornar, cuestionar las bases). Las redes sociales, efectivamente, están mostrando un creciente poder de subversión de lo institucionalmente establecido, a escala global.

Habitamos un mundo más horizontal y dinámico. La verticalidad como lógica de acción del poder, las instituciones y los medios de comunicación tradicionales está en retirada. La metáfora que Tolosa usa para describir este fenómeno es lúcida y muy gráfica: “El desplome de las pirámides”.

No somos números Fotografía de Gustavo Becerra

No somos números Fotografía de Gustavo Becerra

Crítica a los medios de comunicación

Desde el punto de vista de los medios de comunicación, se hace cada vez más evidente la crisis de la fórmula E – M – R (Emisor – Mensaje – Receptor), aunque obviamente los medios tradicionales siguen teniendo un poder importante en la configuración de la realidad. Por ello, aún está muy presente lo que yo llamo la deriva berlusconiana de las sociedades contemporáneas: poder económico adquiriendo medios de comunicación de masas (fundamentalmente canales de televisión, radios y periódicos impresos y en versión electrónica) para tratar de imponer una visión de mundo funcional a sus intereses y para definir la configuración del poder político a sus anchas.

En esta perspectiva, hay en el libro una fuerte crítica a la pantalla catódica, en una línea muy afín a la que desarrollara Pierre Bourdieu en su célebre obra “Sobre la televisión”, y una consideración pragmática: “La televisión es el instalador de realidades más poderoso de nuestra civilización” y –reconoce el autor– lo seguirá siendo por mucho tiempo, no obstante la contrahegemonía que pueda desarrollarse desde las redes sociales. Esto lo lleva a subrayar por qué el tema de la televisión, sus usos y abusos, es un problema ciudadano y no meramente técnico. En una palabra: es un tema que debe estar al centro del debate democrático.

Ahora bien, la propia televisión ha debido enfrentar el cortocircuito que, muchas veces, se impone desde las redes sociales, obligándola a matizar, a cambiar su agenda o, algunas veces, a cambiar el framing que trata de imponer para ciertos temas. El dirigente estudiantil y hoy candidato a diputado Giorgio Jackson, en su reciente libro “El país que soñamos”, ha puesto de relieve el rol de las redes sociales en el movimiento del 2011. A su juicio, quedó demostrado que su potencial es enorme: sirvieron para coordinar al movimiento, para difundir material crítico a las tesis oficiales, hacer visible y viralizar la creatividad de las acciones estudiantiles por sobre el sesgado enfoque de la prensa y la televisión de limitar la cobertura a las acciones de los encapuchados, y para denunciar los actos de represión, subiendo inmediatamente a la red videos de los excesos policiales.

En el balance sobre el punto, Jackson  observa que “las nuevas tecnologías sirvieron para ponerle un límite a los medios convencionales, para mostrarles que ya no tienen el monopolio de la realidad representada”[1]. Dicho sea de paso, para entender el anclaje del “derrumbe de las pirámides” en el movimiento estudiantil chileno, recomiendo vivamente la lectura del libro de @GiorgioJackson recién citado, y asimismo la lectura de “Llegamos para quedarnos. Crónicas de la revuelta estudiantil” (LOM Ediciones), de Francisco Figueroa (@panchofigueroa), también candidato a diputado.

Abrir la democracia Fotografía de Sergio Arévalo

Abrir la democracia Fotografía de Sergio Arévalo

Redes sociales no son medios sociales

Concentrémonos ahora en la segunda columna vertebral de la reflexión de Mauricio Tolosa: el potencial de humanización de las redes sociales. Para ello debemos partir de una distinción analítica que realiza el autor: “Los medios sociales son plataformas tecnológicas que se transforman en redes sociales cuando son habitados, cuando se constituyen en comunidades de usuarios que comparten y se comunican, transformando la manera habitual en que los seres humanos conviven y crean sus mundos comunes”.

La tesis defendida es que las redes sociales deben constituirse en un espacio fértil de conversaciones y nuevas relaciones. Obviamente, el desafío no es fácil, pero las redes ya están siendo capaces de cambiar la lógica lineal y unidireccional por un enjambre de contactos, reacciones, nodos de encuentro y movilización, articulaciones precarias o que tienden a cristalizar en nuevas instituciones más horizontales y participativas. Para el caso chileno, pienso, por ejemplo, en el movimiento Revolución Democrática (@Rdemocratica), que jugó un importante rol de apoyo a la candidatura de la alcaldesa Josefa Errázuriz en Providencia. En fin, quizás sin tener mucha conciencia de ello, no sólo asistimos sino que, con la enorme masificación y baja en los costos del acceso a conectividad 24/7, somos protagonistas deuna revolución en acto que es por cierto tecnológica pero, en lo fundamental, es humana.

Ahora bien, desde mi punto de vista, para que el proceso siga madurando son necesarias dos condiciones: la primera, nunca perder de vista la necesidad de reanclaje en los contactos y relaciones cara a cara. Si eso no se cumple, las redes contienen también un potencial de alienación innegable. Segunda condición: avanzar en el acceso democrático a la conectividad a bajos costos. En  países desarrollados, el tema está más o menos resuelto, pero en América Latina estamos lejos de ello.

Una pregunta pertinente, a estas alturas de la reflexión, es la siguiente: ¿plantea el derrumbe de las pirámides una utopía posmoderna? Sería una paradoja sociológica: la radicalización de la modernidad, con su tendencia a la abstracción creciente y a la autonomía de los subsistemas sociales, nos habría llevado de vuelta a la búsqueda activa de construcción de comunidades. ¡Enhorabuena! Me parece excelente que así sea. Para ello, la tecnología ha de servir como medio, no como fin.

Al mencionar la palabra utopía, no quiero sugerir que Tolosa sea un ingenuo. Lejos de ello. Así por ejemplo, no le escapa un problema o desafío tremendamente actual y potente: “¿Cómo se acuerdan los escenarios o destinos comunes que sirven de contexto para la toma de decisiones y la convivencia de una comunidad?”. Debate más que actual para Chile, donde el horizonte de un cambio constitucional –y las vías para materializarlo– está a la orden del día, en el marco de una elección presidencial que no será como cualquier otra, en la medida que el país está ante un nuevo ciclo político, económico, social y cultural, con una fuerte impugnación del orden naturalizado como único posible.

Se plantean también otros problemas, como la dificultad para articular y procesar discusiones complejas. Al respecto, cabe citar un tuit reciente de la destacada semióloga y filósofa argentina Beatriz Sarlo (@Beatriz_Sarlo): “La adrenalina de twitter tiene su encanto. Pero también conspira contra la complejidad de pensamiento”.

Otro problema esbozado, que quisiera tratar en profundidad en mi próxima columna, dice relación con la cadena: representación política – impugnación/subversión/participación – rendición de cuentas. Se trata de uno de los desafíos mayores para la moderna sociedad democrática.

Para concluir, los problemas planteados –parece sugerir Tolosa– exigen combinar, a la manera gramsciana,  un cierto pesimismo de la inteligencia con un reforzado optimismo de la voluntad: “Por primera vez en la historia de la humanidad aparecen con un alcance planetario medios de comunicación que efectivamente sirven para comunicar –en un sentido bidireccional y dinámico–, para crear comunidad. Es auspicioso que esto suceda justo cuando la magnitud de los desafíos clama por una colaboración a nivel planetario y por el diseño de una nueva gobernanza mundial. Una convivencia amplia e incluyente, fundada en el respeto y la celebración de la diversidad, es posible. Pero para aprovechar esa ventana de oportunidad, las personas y comunidades tienen que asumir su responsabilidad y tomar la decisión de aprender y trabajar para encarnar las nuevas prácticas de la comunidad-humanidad”.

Bienvenidos al futuro. Bienvenidos a la permanente recreación del sentido de lo humano.

[1] Giorgio Jackson: “El país que soñamos”, Random House Modadori S.A., Santiago, 2013, página 85.

El mayor concurso de fotografía del mundo ha llegado a Chile! Wiki Loves Monuments Chile

Wiki Loves Monuments Chile

El mayor concurso de fotografía del mundo ha llegado a Chile!

Consejos para tomar buenas fotografías a monumentos

Nuestro concurso busca capturar una parte o la totalidad de un monumento. El proceso para capturar una buena fotografía no es algo complejo ni debe ser tedioso para representar correctamente lo que vemos a través del lente.

El portal español dzoom nos entrega una serie de consejos que ayudarán a que representemos correctamente lo que queremos mostrar de los edificios:

  • Intentar encuadrar correctamente la imagen, aplicando la regla de los tercios y dejando algo “de aire” para que la fotografía sea bastante completa.
  • También nos recomiendan que tomemos fotografías poco convencionales de los edificios o planos que son poco conocidos, ya que nos presenta una parte del edificio que no conocíamos.
  • Si poseemos un plano abierto, podemos incluir otros elementos del entorno como senderos u otras estructuras que pertenezcan al estilo del edificio, cuidando de no incluir elementos que distorsionen la visión general del monumento (de ser posible)
  • Los detalles también son importantes: si son nítidos, mucho mejor
  • No es lo mismo capturar una fotografía temprano en la mañana como entrada la tarde. Ambas se verán espectaculares con algo de paciencia.
  • Las fotografías nocturnas, tomadas con el debido cuidado, también son impresionantes y seguramente muchos edificios tienen iluminación especial.

¡Suerte! (y esperamos tus contribuciones)

Mónica González, La Conjura .( EL DIA 11) Investigación sobre el plan para derrocar a Salvador Allende.

Publicada originalmente el año 2000 por la directora de CIPER, Mónica González, La Conjura es una profunda investigación sobre el plan para derrocar a Salvador Allende. Revela quiénes fueron realmente los que idearon el golpe y quiénes se subieron a última hora. El año 2012 el libro fue re editado por Catalonia, con más de 100 páginas extra de nuevos datos.

A continuación un capítulo que relata lo que pasó el día del golpe.

CAPITULO XXIV
EL DIA 11

En la madrugada del 11 de septiembre, Salvador Allende, rodeado de su círculo más íntimo, concentraba sus esfuerzos finales en un plebiscito sin destino. Estaba corrigiendo el tono de la convocatoria cuando otro llamado llegó a Tomás Moro. Era de la Oficina de Radiodifusión de La Moneda. La voz de René Largo Farías transmitió el parte de la Intendencia de Aconcagua:

–Se están desplazando tropas desde los regimientos Guardia Vieja de Los Ángeles y Yungay de San Felipe.

Allende se lo hizo saber a Orlando Letelier y el ministro de Defensa decidió hablar con el general Herman Brady, comandante de la Guarnición de Santiago.

–Son tropas para prevenir posibles desbordes por el desafuero del senador Carlos Altamirano y el diputado Oscar Guillermo Garretón –respondió el general Brady, quien era al igual que Allende masón y aún tenía la confianza del Presidente.

Pinochet tampoco dormía. Intentaba relajarse en la penumbra. Estaba solo en la cama de su dormitorio. Su mujer, Lucía Hiriart, y algunos de sus hijos, ya estaban seguros al cuidado de su amigo, el coronel Renato Cantuarias Grandón, director de la Escuela de Alta Montaña del Ejército, en Río Blanco (Los Andes), muy cerca de la frontera con Argentina. Curiosa decisión aquella. Cantuarias era un destacado coronel conocido por sus principios progresistas, los que no ocultaba. Su nombre había quedado registrado en la agenda del general Arellano, el 10 de julio de 1973, en un episodio que lo retrata:

Presido la ceremonia del Juramento a la Bandera en Portillo. Debido a la intensa nevazón me es imposible regresar en el helicóptero y tampoco por tierra. Paso todo el día conversando con los oficiales y suboficiales y siempre con el coronel Cantuarias a mi lado. Surge el tema político, como es habitual y Cantuarias defiende con tanto calor a la Unidad Popular que debo manifestar con firmeza que nuestra obligación es defender el gobierno legalmente constituido mientras éste se mantenga en sus cauces institucionales, pero en ningún caso respaldar tendencias políticas o a determinadas personas. Y ahí corté la discusión.

¿Cómo era posible que Pinochet eligiera precisamente la casa de Cantuarias para poner «fuera de la línea de peligro» a su familia? La respuesta se develaría dramáticamente días después.

A la medianoche, en Valparaíso, uno de los dueños del Golpe, el almirante José Toribio Merino, acababa de tomar posesión del mando de su institución.

–El día anterior a la batalla es mucho peor que la batalla –dijo en la Academia de Guerra, rodeado del Alto Mando de la Armada. Merino y sus colaboradores bebieron whisky para aflojar la tensión y brindar por el éxito de la conjura.[1]

A las 2 de la madrugada, en Santiago, Sergio Arellano estaba en el comedor de su departamento en Latadía. Comió algo rápido y luego trató de dormir pero, una hora y media más tarde, el teléfono lo sacó de la cama. El llamado venía de Concepción.

–Sergio, ¿a qué hora llega la Tía Juana? –le preguntó el general Washington Carrasco.

–La embarqué en el tren nocturno por lo que calculo que debe llegar a las 8:30 horas.

La «Hora H» tenía sus criptogramas. Arellano colgó el teléfono y siguió durmiendo. En Valparaíso, en tanto, el primer toque de diana puso en acción al escuadrón de la «Operación Silencio». Debía acallar las radios y los sistemas de comunicación que unían al puerto con la capital. Otro piquete, con ingenieros y radio operadores, se preparaban para silenciar a partir de las 4:30 horas todas las radios afines a la Unidad Popular. A la par, se terminaban los preparativos para el inicio de la cadena de las fuerzas golpistas a través de la radio Agricultura[2] (del gremio empresarial Sociedad Nacional de Agricultura), en contacto directo con el cuartel general en el Estado Mayor de la Defensa Nacional. Toda esa operación estaba al mando del coronel Sergio Polloni.

En Santiago, a las 4:30 horas, otro equipo de la Armada entró en acción en una casa de la calle Sánchez Fontecilla. En su interior, dormía el almirante Raúl Montero. Ignoraba que ya no era el comandante en jefe de la Armada y que, en su patio, un piquete de la Marina, integrado por hombres que le habían jurado obediencia, cortaba sus teléfonos e inutilizaba su automóvil.

Pasadas las 4:30 horas, el teléfono retumbó una vez más en el oído de Arellano. Era Arturo Yovane. En otro léxico en clave le preguntó por el lugar destinado a la concentración de detenidos. La respuesta fue lacónica:

–En el Regimiento Tacna.

Arellano ya no pudo cerrar los ojos. A eso de las 5 de la mañana, se levantó y lentamente se preparó para una jornada larga e impredecible. A las 5:45 horas debía venir su chofer. Pero a la hora convenida no hubo vehículo ni chofer. Arellano se felicitó por haber citado a una patrulla más que sí llegó en un jeep con exactitud. Pasó a dejar a su esposa a la casa de su amigo y compañero de curso, coronel René Zúñiga Cáceres, a pocas cuadras de su departamento.

En el quinto piso del Ministerio de Defensa, ya tomaban posición los hombres que se harían cargo de la cadena que encabezaría las transmisiones de las fuerzas golpistas. Sergio Arellano hijo llegó acompañado del coronel Polloni. Allí encontró al teniente coronel Roberto Guillard y a dos civiles: Álvaro Puga y Federico Willoughby, gerente de comunicaciones de la Sociedad Nacional de Agricultura, que lideraban Alfonso Márquez de la Plata y Sergio Romero[3].

En Concepción, en la Base Carriel Sur de la Fuerza Aérea, poco antes de las 5 de la mañana, el oficial Mario López Tobar terminaba de ducharse. Faltaba poco más de una hora para que asumiera la identidad de Libra, el líder de los pilotos seleccionados para maniobrar los doce aviones Hawker Hunter subsónicos de origen británico y comprados, en 1966, para otro tipo de utilización que la resuelta por los conjurados. Finalmente, fueron elegidos cuatro aparatos. Estaban armados con 32 cohetes Sura, cada uno de 8 centímetros de diámetro y con una carga explosiva de unos 350 gramos. Llevaban, además, cohetes Sneb, de 6 centímetros de diámetro, y proyectiles de 30 milímetros en los cuatro cañones Aden del aparato, con una carga de 60 gramos de explosivo. La caja de municiones tenía una capacidad de 200 tiros y los cañones una cadencia de fuego de 1.400 tiros por minuto, lo que le daba a cada Hawker Hunter la sorprendente cadencia de tiro total de 5.600 proyectiles explosivos por minuto.

Al avión del segundo jefe de los pilotos de los Hawker Hunter, se le habían adaptado dos modernos lanzadores franceses, recién llegados a Chile, con 18 unidades cada uno[4]. Ese segundo era Rufián, nombre de guerra de Fernando Rojas Vender (nombrado comandante en jefe de la FACH, en 1995, por el Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle), quien le dijo a la autora en septiembre de 1999:

-Nadie sabía en vuelo a quién le correspondería el blanco de La Moneda. Inventaron que habían sido pilotos norteamericanos y fueron sólo chilenos y no seleccionados, porque el bombardeo se fue postergando, los aviones sobrevolaban, el avión tiene un radio de acción, en un sector esperaba, algunos tenían que irse, llegaban otros y al que le tocó, le tocó…[5]

En la Escuela Militar, a las 6 horas en punto, el coronel José Domingo Ramos, jefe del Estado Mayor del Comando de Institutos Militares, se presentó ante el general Raúl César Benavides. La noche anterior, una patrulla militar le había transmitido la orden de su nuevo jefe: debía interrumpir sus vacaciones y presentarse a esa hora en su puesto de mando:

–Hoy se producirán los desafueros de Altamirano y Garretón. Prevemos desmanes y desórdenes. Hay que poner en ejecución el plan de seguridad interior, el «Plan A». Actúe en consecuencia –le dijo Benavides.

El «Plan A» establecía el estado de alerta para prevenir desbordes de la población. Benavides le informó también que dispondría de un refuerzo de cuatro oficiales del tercer año de la Academia de Guerra. Entre ellos estaba el joven oficial Luis Cortés Villa[6].

A las 6:30 horas, el rector de la Universidad Técnica del Estado, Enrique Kirberg, despertó sobresaltado por el incesante repiquetear del teléfono. Había dormido poco. El día anterior, hasta muy tarde, había preparado el gran acontecimiento del día 11: esa mañana inauguraría la «Semana de lucha contra el fascismo, la guerra civil y por la vida», que presidiría Salvador Allende. Y desde allí, a las 11 horas, el Presidente llamaría a plebiscito.

–Un grupo de civiles armados ha atacado las instalaciones de la radio de la universidad –escuchó decir al otro lado del teléfono.

–¿Hay heridos?

–No dañaron a nadie. Solo inutilizaron la antena. Tanto por el corte de pelo como por las armas que llevaban y el camión que los esperaba afuera, está claro que ha sido un grupo de la Armada.

Kirberg se fue directo a la universidad, ubicada en el sector de Estación Central. Decidió que una vez allá llamaría a la Policía de Investigaciones. Pero nadie le contestó. Supo que algo raro pasaba…

A las 6:30, Arellano ya se había instalado en el Ministerio de Defensa. También lo habían hecho Patricio Carvajal y el general de la Fuerza Aérea, Nicanor Díaz Estrada, los dos jefes del Estado Mayor de la Defensa Nacional; Herman Brady y el general Sergio Nuño. Después, Arellano se reunió con todos los comandantes de unidades que participarían en la acción. Repasaron las misiones y aclararon dudas.

–A las 14 horas deben estar conquistados todos los objetivos fijados.

En ese frío y brumoso amanecer, a las 6:30 horas, el general Yovane iba rumbo al Edificio Norambuena, donde funcionaba la dirección de Carabineros. Hizo un alto en el trayecto. Inspeccionó los pequeños tanques de asalto y el contingente de la Escuela de Suboficiales y de las Fuerzas Especiales, que ya calentaban motores. Las tanquetas cumplirían un rol clave: debían rodear el palacio de gobierno y servir de escudo a la infantería.

En Carriel Sur (Concepción), a las 6:45 horas, los aviones ya estaban listos para ser operados. La primera bandada debía despegar a las 7:30 horas. Su misión: silenciar las antenas de radioemisoras de Santiago y luego permanecer media hora sobre la ciudad en caso de que el general Leigh disponga otro objetivo.

El informe meteorológico indicaba a esa hora que Santiago estaba cubierto de nubes.

El nerviosismo entre los pilotos se delataba en los gestos y en el silencio con el que ejecutaban las maniobras. Era la primera vez que tenían una misión real de ataque a blancos terrestres.

En Tomás Moro, Allende ya estaba en conocimiento de que algo sucedía en Valparaíso. Una llamada de Alfredo Joignant, director de Investigaciones, le transmitió más información:

–El prefecto Juan Bustos de Valparaíso comunica que la Armada está copando la ciudad.

Y luego hubo otra comunicación confirmatoria del jefe de Carabineros de Valparaíso, coronel Manuel Gutiérrez. Las paradojas del destino habían hecho que fuera precisamente un férreo opositor al gobierno de la UP el encargado de dar la alerta en la trinchera oficial. Solo semanas atrás, Gutiérrez, cuyos dos hijos militaban en Patria y Libertad, había sido objeto de la ira gubernamental al ordenar disolver con extraordinaria rudeza una manifestación de izquierda. El gobierno le llamó la atención severamente y lo notificó que su ascenso a general estaba diferido[7].

Lo que desconcertó inicialmente al grupo de asesores de Allende fue que, cumpliendo el programa de la «Operación Unitas», la Escuadra había zarpado rumbo al norte. Pero todo fue un truco: los cruceros Prat y O’Higgins, los destructores Cochrane, Blanco Encalada y Orella, y el submarino Simpson, habían llegado hasta la cuadra de Papudo para regresar a su base y apostarse frente a un Valparaíso ocupado. Solo entonces la tripulación de los barcos fue informada de la conjura.

–Orlando, comuníquese con los comandantes en jefes para saber qué está pasando en Valparaíso –le ordenó Allende a su ministro de Defensa, aún en su cama.

Letelier intentó hablar con el almirante Montero: fue imposible. Llamó a Pinochet: estaba en la ducha, le dijeron. Buscó a Leigh y no lo encontró. Se iba configurando un cuadro alarmante. Finalmente, llamó a su oficina. Esperaba escuchar a su ayudante, el comandante González, pero otra voz lo atendió: la de Patricio Carvajal.

Cuenta Orlando Letelier:

«Tuvo la opción de colgar el teléfono, lo que habría significado que me percatara de que había algo anormal. No lo hizo. Le dije que tenía información de los movimientos de tropas en Valparaíso y del desplazamiento de otras a Santiago. “Mire, ministro, yo creo que es una información equivocada”, dijo. “No, almirante, no tengo ninguna información equivocada”, repliqué. Y ahí dijo tartamudeando: “Voy a tratar de averiguar”. Fue tal su titubeo que tomé el teléfono, lo acerque al oído de mi mujer y le dije en un susurro: “¡Escucha cómo habla un traidor!” Trató de darme mil explicaciones elusivas. Finalmente le dije: “Mire almirante, yo voy de inmediato al ministerio”»[8].

En Tomás Moro, Allende pidió que lo comunicaran con el general Brady. Este le respondió que requerirá información, que no tiene conocimiento de los hechos que menciona.

En Concepción, a las 7:05 horas, los pilotos abordaron los cuatro Hawker Hunter. Veinte minutos después, despegaron de a uno para reunirse en formación de combate y tomar rumbo a Santiago. A 35 mil pies de altura, Mario López Tobar, Libra, trató de escudriñar hacia abajo: solo una espesa capa de nubes.

«Mi corazón galopando como nunca en mi vida. Nada de esto era normal ni previsible. Solo un milagro habría podido detener ese ataque…»

A eso de las 7 horas, en el Ministerio de Defensa, Brady recibió un nuevo llamado de Allende. El Presidente ya sabía de qué se trataban los «rumores». Brady intentó tranquilizarlo.

–Me parece que no quedó satisfecho con mis explicaciones –le dijo Brady apenas colgó a Carvajal, Arellano y Díaz Estrada.

Y tenía razón. Minutos después Allende, enfundado en un suéter de cuello alto y una chaqueta de tweed, abandonó Tomás Moro junto a Augusto Olivares y Joan Garcés. Lo siguieron el jefe de la escolta de Carabineros, capitán José Muñoz, y un grupo del GAP, encabezado por Jaime Sotelo Barrera, más conocido como Carlos Álamos. Partieron a toda velocidad hacia La Moneda. En el camino, Sotelo y Juan José Montiglio (Aníbal) fueron preparando las armas. Entre ellas, había seis ametralladoras AKA, todas ellas regaladas por Fidel Castro al GAP. También tomaron su lugar Óscar Balladares y Manuel Mercado, ambos del GAP, el doctor Danilo Bartulín[9] y el doctor Ricardo Pincheira, integrante del CENOP, más conocido como Máximo.

Hortensia Bussi permaneció en Tomas Moro, bajo la protección de bajo la protección del detective Jorge Fuentes Ubilla[10] y de una escolta a cargo de Domingo Bartolomé Blanco. Bruno había sido miembro fundador del GAP y su jefe desde 1972, cuando el MIR abandonó la seguridad presidencial por diferencias políticas con el gobierno.

El sociólogo Claudio Jimeno, del CENOP, ya había sido advertido por Máximo Pincheira de lo que sucedía. Al igual que todos los miembros del secreto grupo de asesores de Allende, tenía fresco en su memoria el sarcástico comentario hecho por el Presidente el día del «Tanquetazo». Ese 29 de junio, el grupo llegó a La Moneda una vez que la sublevación fue controlada: «¡El CENOP brilló por su ausencia!», les dijo. Se prometieron que no volvería a suceder.

–Gordo, tenemos que irnos de inmediato a La Moneda –le dijo Jimeno a Felipe.

–¿Qué ocurre?

–Hay ruido de sables y ahora la cosa va en serio. Isabel tiene un problema con el auto y no me puede llevar así que me pasas a buscar. Después, recogemos a Jorge (el doctor Jorge Klein).

A las 7:40, Pinochet llegó al comando de tropas de Peñalolén. Lo recibió el general Oscar Bonilla, inquieto por su retraso. Reunió a todos los comandantes y dio inicio a la acción. El mayor Osvaldo Zabala, ayudante del jefe del Ejército, y antes en ese mismo puesto con Prats, le comunicó que estaba en profundo desacuerdo con la decisión adoptada por las Fuerzas Armadas. Fue detenido en una oficina del comando de tropas mientras a su alrededor la adrenalina fluía a raudales.

Orlando Letelier llegó al Ministerio de Defensa para intentar tomar el control de la situación. Arellano fue alertado al instante. Escribió después:

«A las 7:30 horas, llegó el ministro de Defensa Orlando Letelier[11]. Su ayudante, el teniente coronel Sergio González, le manifestó que ya no era ministro y lo lleva a mi presencia. Dispuse su traslado al Regimiento Tacna con una patrulla. Fue el primer detenido del 11 de septiembre».

El jefe del equipo de Investigaciones de la seguridad presidencial, inspector Juan Seoane, había sido despertado por un llamado telefónico desde Tomás Moro con la primera señal de alarma. Llamó de inmediato a sus compañeros. De allí se fue en busca del subinspector Carlos Espinoza, el detective José Sotomayor, el subinspector Fernando del Pino, el detective Juan Collío y el subinspector Douglas Gallegos. Luego de pasar por Tomás Moro y constatar que el Presidente ya había partido a La Moneda, partieron hacia el palacio presidencial. Frente al Hotel Carrera, se les unieron David Gallardo y Luis Henríquez. 18 detectives entraron a La Moneda. Sólo uno de ellos se fue antes de que todo acabara.

Juan Seoane:

«Faltaron solo cuatro. Ellos vieron que la situación era muy difícil y no se atrevieron a enfrentarla. A las 8 horas, cuando ingresamos, el ambiente estaba muy convulsionado, barreras y tanquetas de Carabineros rodeaban el lugar, protegiéndolo. Me presenté de inmediato ante el jefe de la Casa Militar y hablé con el director de Investigaciones, Alfredo Joignant, quien me ordenó permanecer al lado del Presidente. No dudamos un minuto en quedarnos. Ahí estaba el gobierno legalmente constituido que habíamos jurado defender. Lo mismo habíamos hecho el 29 de junio para el “Tanquetazo”. Y ese día nos felicitaron. No éramos héroes, tampoco queríamos inmolarnos por un ideal político. Éramos servidores públicos, con mucho miedo, pero con la claridad suficiente para entender que si abandonábamos nuestro puesto éramos un fraude como policías».

A esa misma hora, el general César Mendoza pasó frente a La Moneda en dirección al Edificio Norambuena. Con estupor contempló el despliegue de las tanquetas de Carabineros en posición de defensa. Entró al edificio en busca de Yovane y le preguntó:

–¿Quién tiene el control de esa fuerza que está en La Moneda?

–Quédese aquí no más. ¡Todo está bajo control! Las tanquetas se retiran cuando yo lo ordene –respondió Yovane, que estaba al mando de la central de radio desde donde se comunicaba por vía interna con Patricio Carvajal, en el comando central en el Ministerio de Defensa.

Allende se encontró en La Moneda con informaciones cada vez más alarmantes. A su lado estaban su secretario Osvaldo Puccio y su hijo Osvaldo, estudiante de Derecho y militante del MIR. A las 7:55 horas, los chilenos se enteraron por la primera alocución de Allende de que algo grave estaba ocurriendo. En las casas los movimientos se congelaron.

–Lo que deseo es que los trabajadores estén atentos, vigilantes, que eviten provocaciones. Como primera etapa, tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la patria que han jurado defender el régimen establecido.

Unos partieron raudos a ocupar su puesto de combate, otros comenzaron a experimentar una sensación de alivio y satisfacción: el fin de la Unidad Popular se acercaba.

El general Carlos Prats escuchó, consternado, las palabras de Allende. Instalado en la intersección de Pocuro y Tobalaba, en el departamento de su amigo, el general Ervaldo Rodríguez, agregado Militar en Washington, ya no se despegaría del receptor de radio.

A las 8 horas, Valparaíso estaba totalmente controlado por la Marina. Merino lanzó su primera proclama:

«Las Fuerzas Armadas no pueden permanecer impasibles ante el derrumbe de nuestra Patria. Este no es un Golpe de Estado, solo se persigue el restablecimiento de un Estado de Derecho. No tenemos compromiso, solo gobernarán los más capaces y honestos. Estamos formados en la escuela del civismo, del respeto a la persona humana, de la convivencia, de la justicia, del patriotismo…».

En la Escuela Militar, y cuando el reloj de su despacho marcó las 8 horas, Benavides le ordenó a su jefe de Estado Mayor, el coronel José Domingo Ramos, que citara a reunión a todo el cuartel general. Ramos vio llegar en pocos minutos a los casi 20 oficiales en estado de excitación. A Ernesto Videla ya lo conocía como un excelente oficial. Pensó que era un buen refuerzo enviado por la Academia de Guerra. Se hizo silencio y Benavides comenzó a hablar:

–Las Fuerzas Armadas, a partir de ahora, se hacen cargo del país. Desde este momento somos gobierno. Esta operación está en marcha desde las primeras horas de esta mañana, ya más tarde ustedes sabrán de qué se trata. En todas las unidades del país están dadas las órdenes para que tomen las gobernaciones, las intendencias y se hagan cargo de todas las oficinas y dependencias del gobierno. Si hay alguien que quiera decir algo, este es el momento porque no daremos ni un paso atrás.

Ramos miró a su alrededor. Nadie abrió la boca.

–Pido la palabra –dijo.

Benavides hizo salir a todos. Ramos habló:

–Mire, mi general, no comparto la solución que se ha adoptado para los problemas nacionales. Si me hubieran preguntado una semana antes, yo habría dado todas mis razones y habría explicado las formas de actuar en un caso así, porque para eso nos han preparado, para eso tenemos una profesión y una especialización en el mando. Pero ahora que usted ha dicho que no darán ni un paso atrás, todo lo que tendría que decir ya no tiene sentido. Mi general, disponga de mí, porque no lo voy a acompañar. Este no es el camino, va en contra de mis principios y de los de la institución, los de no intervención en la política nacional.

Benavides solo dijo:

–¡Se acepta su retiro, coronel! ¡Puede entregar su cargo!

Luego le ordenó que pasara a una pieza lateral. Ramos entendió que eso significaba quedar detenido.

–No, no iré a ese despacho. Solo pido hacer entrega inmediata de mi puesto.

Minutos después, Ramos llamó a su esposa y le pidió que le enviara el único traje de civil que colgaba en su armario. En su oficina ya estaba el comandante Roberto Soto Mackeney, su reemplazante. Poco después, abandonó a pie la Escuela Militar. No imaginó que era también el corte definitivo con su «familia militar».

A las 8:20 horas, Allende habló nuevamente al país. Aún tenía la esperanza de que la sublevación solo estuviera circunscrita a la Armada y a Valparaíso, y que la concentración masiva de trabajadores en las industrias ocupadas hiciera dudar a quienes querían desatar la masacre. En esos mismos momentos, los Hawker Hunter habían llegado al sector de Maipú para iniciar una penetración rápida rumbo a la radio Corporación. Bajaron a más de 15 mil pies por minuto y cruzaron la espesa capa de nubes. Entre los cinco y los seis mil pies, los cuatro aviones que volaban casi ala con ala, se abrieron para dirigirse cada uno a su blanco bajo el mando del Libra:

–¡Distancia de tiro! –ordenó López Tobar. Apretó el disparador y ocho cohetes buscaron el objetivo, que voló en pedazos.

–¡Libra Líder a Control Gato! La Corporación ya está totalmente fuera del aire, cambio…

–Recibido Libra líderLibra 2 también ya batió su blanco. Falta saber del 3 y 4. Deme su posición y altura Libra líder. Cambio…

–Estoy orbitando sobre el centro a 20 mil pies. ¿Qué ha pasado?

–La resistencia ha sido casi nula, pero el Presidente todavía está en La Moneda. Hay gente disparando desde allí y también desde el techo del edificio del Banco del Estado y de algunos ministerios. Pero eso es asunto de los militares que están en el lugar. Los UH-1H (helicópteros) del Grupo 10 se encargarán de los que están en las techumbres.

En los estudios de radio Corporación los locutores Sergio Campos y Julio Videla, buscaban frenéticamente junto a Erick Schnacke, cómo seguir en el aire. Radio Magallanes continuaba llamando a los chilenos a que defendieran el gobierno y permanecieran en sus puestos de trabajo. Campos y Videla concentraron sus ataques en la Armada, la única que, hasta ese minuto, había anunciado la sublevación.

En Valparaíso, atracado al molo, un barco cubano descargaba azúcar cuando su capitán se percató de lo que ocurría. Sin dudar ordenó zarpar arrastrando las grúas que hacían la descarga. La alarma se encendió en el cuartel de Merino. Algunos oficiales se convencieron de que Carlos Altamirano y algunos «connotados marxistas» habían escapado a bordo y ordenaron salir a la caza de la nave. No obstante la orden precisa que se impartió, el comandante en jefe de la Escuadra y un comandante de buque, no reaccionaron con prontitud. Su negligencia sería duramente sancionada con posterioridad.

A las 8:30 horas comenzó la guerra.

Diez minutos después, el teniente coronel Roberto Guillard abrió el fuego a través de las ondas de radio Agricultura. Desde su comando, en el quinto piso del Ministerio de Defensa, transmitió la primera proclama del Golpe:

«…Teniendo presente: primero, la gravísima crisis social y moral por la que atraviesa el país; segundo, la incapacidad del gobierno para controlar el caos; tercero, el constante incremento de grupos paramilitares entrenados por los partidos de la Unidad Popular que llevarán al pueblo de Chile a una inevitable guerra civil, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile…»

Los movimientos en las calles, oficinas, industrias, universidades y en las casas volvieron a petrificarse. La voz de Guillard surgió más intimidatoria cuando anunció las exigencias de Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza:

–Primero, que el señor Presidente de la República debe proceder de inmediato a la entrega de su alto cargo a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Segundo, las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile están unidos para iniciar la responsable misión de luchar por la liberación de la patria del yugo marxista y la restauración del orden y la institucionalidad. Tercero, los trabajadores de Chile deben tener la seguridad que las conquistas económicas y sociales que han alcanzado hasta la fecha no sufrirán modificaciones en lo fundamental. Cuarto, la prensa, las radioemisoras y canales adictos a la Unidad Popular deben suspender sus actividades informativas a partir de este instante, de lo contrario recibirán castigo aéreo y terrestre.

–El pueblo de Santiago debe permanecer en sus casas a fin de evitar víctimas inocentes –fue la orden final.

El general de la FACH, Alberto Bachelet, quien era secretario Nacional de Distribución desde enero de ese año, fue encañonado por su compañero, el general del aire Orlando Gutiérrez. Junto a los comandantes Raúl Vargas y Edgar Ceballos, le notificó su arresto. El primero lo despojó en forma violenta de su arma de servicio y el segundo arrancó los teléfonos de la pieza. Junto a otros prisioneros, fue llevado al subterráneo de la Academia de Guerra Aérea. «Nos ataron las manos, nos vendaron los ojos y pusieron una capucha en la cabeza. Debíamos permanecer de pie, sin movernos y sin hablar. Quien no lo hiciera recibiría un balazo en las piernas», relataría más tarde.

En el Parque Forestal, los CENOP Felipe, su esposa, Jimeno y Klein iban en su auto con destino a La Moneda. Al ver que patrullas militares fuertemente armadas desembocaban desde todos los costados para copar el sector, decidieron detener el vehículo para continuar a pie. Jimeno y Klein se bajaron primero.

–Estaciono y me encuentro con ustedes –les avisó Felipe.

Los vio hacerle un gesto cariñoso con la mano y Felipe se dio vuelta para despedirse de su mujer:

«Cuando la miré su rostro había cambiado. “¡Tú, huevón, no vas a ninguna parte! Te devuelves conmigo!”, me dijo. La discusión fue terrible y en el lugar y momento menos adecuado. Ella repetía: “¡No me puedes dejar sola aquí!” Y su rostro reflejaba toda la desesperación del momento… Me quedé junto a ella…».

Cuando Jimeno y Klein traspasaron la puerta de La Moneda, la dirección del PS, encabezada por Carlos Altamirano, ya estaba reunida en la sede de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), a pocos metros del alto mando del Golpe. Junto a Altamirano, se encontraban Carlos Lazo, Adonis Sepúlveda, Rolando Calderón, Ariel Ulloa y Hernán del Canto. En contacto con ellos, pero en otro lugar de Santiago, estaba Arnoldo Camú. Un reducido grupo de socialistas lo conocía como el comandante Agustín, responsable de la política militar de ese partido. Los hombres evaluaban la situación. Camú estaba en comunicación con Eduardo Coco Paredes y Ricardo Pincheira, Máximo, instalados en La Moneda y con el grupo del GAP que aún permanecía en Tomás Moro. Y además, impartía instrucciones activando el dispositivo de seguridad, el que contemplaba en INDUMET, industria metalúrgica del «Cordón San Joaquín», intervenida por el Estado, un grupo de resistencia importante. Pero Camú sabía de sus precarias capacidades. La dirección socialista creía que lo mejor era que Allende saliera de La Moneda. Se decidió enviar a Hernán del Canto a conversar con él para saber cuál era su disposición.

En La Moneda, Allende escuchó la primera proclama golpista y reaccionó de inmediato con un nuevo mensaje por las ondas de las radios Magallanes y Corporación, la que había logrado salir al aire a través de la antena de frecuencia modulada. Su voz sonó tranquila:

–En ese bando se insta a renunciar al Presidente de la República. No lo haré. Notifico ante el país la actitud increíble de soldados que faltan a su palabra y a su compromiso. Hago presente mi decisión irrevocable de seguir defendiendo a Chile en su prestigio, en su tradición, en su norma jurídica, en su Constitución…

A las 9:15 horas, Arellano recibió el primer informe de provincia. Era de San Antonio. La voz del teniente coronel Manuel Contreras sonó triunfante:

–Ciudad tomada, mi general. Todos los interventores presos. Ya tengo habilitada una cárcel de hombres y otra de mujeres, y también están ocupadas.

En ese preciso momento, el líder de los Hawker Hunter recibió nueva orden:

Libra líder, este es Gato. Pasé por Los Cerrillos y aterrice allí. Cambio.

A las 9:20 horas, Libra y su equipo aterrizaron en Cerrillos. Media hora antes, en La Moneda, se había producido un hecho que adquirió ribetes dramáticos.

Cuando Miria Contreras (la Payita) fue alertada esa mañana del Golpe en marcha, bajó rápidamente de «El Cañaveral», en su pequeño Renault blanco, acompañada de su hijo Enrique Ropert, estudiante de Economía de 20 años y militante del Partido Socialista. Cuando llegó a la residencia de Tomás Moro, supo que el Presidente ya había partido a La Moneda. Pidió, entonces, que diez miembros de la guardia privada (GAP), se trasladaran con ella al palacio de gobierno. Domingo Blanco Tarres (Bruno), decidió que era el momento de partir y escogió su grupo. El veloz recorrido por las avenidas Apoquindo, Providencia y Alameda terminó a pocos metros de la meta: la puerta de Morandé 80.

La Payita descendió presurosa. Se escuchaban disparos. Segundos después, un grupo de carabineros de las Fuerzas Especiales que acaba de pasarse a las fuerzas sublevadas, a cargo de los tenientes José Martínez Maureira y Patricio de la Fuente, irrumpió por el costado del edificio de la Intendencia y rodearon la camioneta y el pequeño auto que conducía Enrique Ropert.

Cuando Miria volvió la cabeza para mirar a su hijo, observó con horror que éste era sacado con brutalidad del auto por el grupo armado. Giró sobre sus pasos para intentar liberarlo, fue imposible. Gritos y forcejeos fueron inútiles. Impotente, vio cómo los sublevados lo arrastraban junto al grupo y se internaban en el edificio de la Intendencia. Por esa puerta vio desaparecer a su hijo, y a Domingo Blanco junto a los GAP, Juan Garcés Portigliatti, Oscar Marambio Araya, Jorge Orrego González, William Ramírez Barría, José Carreño Calderón, Carlos Cruz Zavala, Luis Gamboa Pizarro, Gonzalo Jorquera Leyton y Edmundo Montero Salazar.

Miria ingresó al garaje presidencial, al frente de la puerta de Morandé 80, y desde allí se comunicó con el palacio. Habló con Eduardo Coco Paredes. La desesperación aumentaba minuto a minuto. Paredes le dijo que el Presidente, informado de los hechos, le pedía que subiera a su despacho para desde allí actuar. La puerta de Morandé ya estaba cerrada herméticamente. Ingresó por la puerta principal de La Moneda. En el camino, se cruzó con el edecán Naval de Allende. Le pidió ayuda. Ambos regresaron hacia la Intendencia. Pero ya en la calle, el marino desistió. En pocos minutos, ella estaba con Allende y, enfrente, el general José María Sepúlveda, general director Carabineros. Conseguir la liberación de Enrique Ropert y los jóvenes del GAP, fue la petición.

Sabiendo que la vida de su hijo y de once jóvenes estaba en riesgo y que debía rescatarlos, la Payano esperó. Volvió a salir del palacio y solo el general Urrutia –segundo al mando de Carabineros– aceptó realizar la gestión. Pocos minutos después, volvió cabizbajo: «Lo siento, pero ya no obedecen a mi general Sepúlveda. Solo reciben órdenes del general Mendoza».

La Payita volvió a entrar a La Moneda por la puerta principal. Las puertas se cerraron…

Quien sí pudo llegar a La Moneda fue el socialista Hernán del Canto. El recibimiento de Allende no fue cálido. El Presidente tenía encontrados sentimientos en esos momentos en que las tanquetas de Carabineros, las que creía comandaban tropas leales al gobierno, giraron iniciando la retirada. A ello se agregó la noticia de la detención de Bruno con el grupo del GAP y el hijo de Miria Contreras. Ya no había duda: el cerco se cerraba alrededor suyo y de los hombres que habían decidido resistir a su lado.

Por las ondas de radio Magallanes las voces del Quilapayún rasgaban el aire con El pueblo unido jamás será vencido y luego la proclama de la CUT.

–¡A parar el Golpe fascista!

Hubo un corte extraño y luego irrumpió por tercera vez esa mañana la voz de Allende.

Su tono siguió sereno pero el acerado metal de su voz delataba hasta dónde llegaría.

–En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con su obligación…

Patricio Carvajal llamó a La Moneda. Pidió hablar con Allende. Le reiteró lo que ya le había comunicado su edecán Aéreo, Roberto Sánchez: dispone de un avión para salir del país con su familia.

–¡El Presidente no se rinde!

Por la puerta lateral entró a La Moneda el edecán Sánchez, el único de los tres que había estado junto a Allende desde el inicio de su mandato. En un pasillo se juntó con los otros dos edecanes: el teniente coronel Sergio Badiola, del Ejército, y por la Armada, el comandante de fragata Jorge Grez. Les habían ordenado insistir en el ofrecimiento del avión. Los colaboradores y escoltas de Allende intentaron impedir que se quedaran a solas con él. Pero la voz de mando del Presidente hizo retirarse a sus hombres.

–Si no acepta, Presidente, la Fuerza Aérea bombardeará el palacio.

Así terminó su discurso uno de los edecanes. El silencio fue atroz, hasta que lo rompió Allende:

–Díganles a sus comandantes en jefes que no me voy de aquí y no me entregaré. Si quieren mi renuncia que me la vengan a pedir ellos mismo aquí. Que tengan la valentía de hacerlo personalmente. No me van a sacar vivo, aunque bombardeen.

El edecán Sánchez diría más tarde:

-Allende tenía en sus manos una metralleta. Apuntó a su paladar y nos dijo: «Sí, me voy a suicidar, porque a mí no me sacan vivo de aquí». Me miró y dijo: «Le agradezco, comandante Sánchez, el ofrecimiento, pero dígale al general Leigh, que no voy a ocupar el avión ni me voy a ir del país ni me voy a rendir». Eran como las 10 de la mañana…[12].

El Presidente se despidió de sus tres edecanes, los que abandonaron sin problemas La Moneda. Carvajal fue informado de inmediato del resultado de la gestión. Por el conducto interno, se comunicó con el jefe del Ejército:

–Tú sabes que este gallo es chueco. Es al revés la cosa. Si él quiere va al ministerio a entregarse a los tres comandantes en jefes –dijo Pinochet.

–Yo hablé personalmente con él. Lo intimé a rendición a nombre de los comandantes en jefes y me contestó una serie de garabatos –dijo Carvajal.

–Quiere decir que a las 11 se van para arriba y van a ver qué va a pasar.

–Si las mujeres evacuan La Moneda va a ser fácil asaltarla.

–Una vez bombardeada por la vía aviación, la asaltamos con el Buin y la Escuela de Infantería. Hay que decirle así a Brady…[13]

Poco después de las 10 de la mañana, despegaron hacia Concepción los cuatro Hawker Hunter. Pero al sobrevolar Constitución, Libra recibió un llamado urgente de Gato. El general Leigh había dispuesto el ataque aéreo a La Moneda y a la casa presidencial de Tomás Moro. Cuando aterrizaron en Concepción, se abocaron a preparar el ataque.

Libra relató:

«Uno de los pilotos me dijo que se deberían emplear cohetes y no bombas dada la proximidad de edificios altos en el área céntrica. Estuve de acuerdo porque si se lanzaban bombas la destrucción sería total y las esquirlas alcanzarían a todos los edificios cercanos, por lo que la posibilidad de muchos muertos y heridos era muy factible. Entonces, concordé que la decisión involucraba el uso de Sura P-3, arma anti blindaje y capaz de perforar las gruesas paredes del edificio. Dos aviones atacarían La Moneda y otros dos Tomás Moro. El ataque a la Moneda sería de norte a sur y el de Tomás Moro de oeste a este».

En el Ministerio de Defensa se impartieron las últimas instrucciones para dejar listo el blanco a los Hawker Hunter. A través de la cadena de radios golpistas, la voz de Guillard irrumpió con un nuevo bando militar y un ultimátum:

–Si no hay rendición La Moneda será bombardeada a las 11 de la mañana…

El grupo de detectives que permanecía en La Moneda se enteró que los tres edecanes presidenciales se habían retirado del palacio, pero que la gran mayoría de los carabineros que formaban la escolta presidencial seguía en su puesto, encabezados por su director, el general José María Sepúlveda. Afuera, las tropas comandadas por el general Javier Palacios habían tomado posición.

El fuego se inició.

La defensa del palacio replicó.

Allende recorrió todas las dependencias dando órdenes.

–Si quieren abandonar el lugar, éste el momento, pero dejen sus armas. ¡Las vamos a necesitar! –le dijo al general Sepúlveda.

Un oficial trajo cascos y metralletas. El jefe de la escolta de Carabineros, José Muñoz, le entregó su casco al Presidente. En el salón rojo, el suboficial Jorquera, ayudante del edecán aéreo, le dio al secretario del Presidente un número telefónico.

–Comuníquese con el comandante Badiola.

Querían transmitir un nuevo recado: rendición inmediata y que Allende fuera a hablar con la Junta al Ministerio de Defensa. Puccio le pidió a Badiola que esperara y le informó a Allende.

–Un Presidente de Chile no se rinde y recibe en La Moneda. Si Pinochet quiere que vaya al ministerio, ¡que no sea maricón y que venga a buscarme personalmente! –le dijo a Puccio que respondiera.

El inspector Seoane se inquietó al enterarse que los jefes de Carabineros también se retiraban. De pronto, escuchó que Allende lo llamaba:

«Estaba en el salón Toesca, sentado sobre una mesa grande. Me dijo que yo y mi gente podíamos retirarnos. Insistió en que debía informar a mis hombres, que estaban liberados. Cuando le dije que me quedaría, respondió algo así como que sabía que esa sería mi decisión. No fue nada grandilocuente. Transmití el mensaje a la dotación y todos decidieron quedarse. Sin grandes palabras, sin melodramas: estábamos cumpliendo con nuestro deber. Ya éramos 17 pues uno de los nuestros se había retirado. Después supe que lo habían visto en una patrullera llorando».

El detective Luis Henríquez:

«Si había alguien que tenía muy claro lo que venía y lo que tenía que hacer, ése era el Presidente. No lo vi en ningún momento titubear y tampoco flaquear. Cuando Seoane nos dijo que el Presidente nos dejaba en libertad de acción, pero que nuestra misión nos obligaba a permanecer en el palacio hasta las últimas consecuencias, nadie dudó. Escuché a Garrido argumentar que con qué cara nos íbamos a presentar ante nuestras familias y compañeros si abandonábamos nuestra misión. La opinión y certeza de los más antiguos primó. Nos quedamos todos».

La partida de los carabineros provocó un súbito silencio. Luego, nuevamente la balacera.

El cerco ya era casi total.

El general Sergio Arellano, en su puesto de comando, seguía atentamente la retirada de las tanquetas de Carabineros:

La coordinación con Carabineros fue muy importante. La evacuación de la Guardia de La Moneda se coordinó con el general Yovane. Ella tuvo que hacerse con mucha habilidad ya que no se podía despertar sospechas entre los extremistas y los GAP que habían emplazado armas automáticas en los principales puntos del palacio. Yo apuraba a Yovane porque el ataque de los aviones Hawker Hunter y después el ataque final de mis fuerzas no podía dilatarse más. Por pequeños grupos los carabineros fueron abandonando La Moneda y se dirigían al edificio de la Intendencia de Santiago. Para ello se aprovechó la llegada a la zona de los primeros tanques. Había transcurrido una hora más o menos, y ya estábamos en pleno combate, cuando avanzaron tres tanquetas de Carabineros hasta Morandé 80 creando gran confusión. Se expusieron al fuego de los francotiradores y de nuestras propias tropas. A través del intenso tiroteo se vio que alguien subía a una de las tanquetas, después de lo cual abandonaron rápidamente el lugar. A los pocos momentos, la unidad que cubría el sector Alameda con Manuel Rodríguez me llamó por radio: tenían detenidas a las tres tanquetas y en una de ellas iba el general de carabineros José María Sepúlveda, la que había sido sacado de La Moneda por orden de Yovane. De inmediato llamé a Yovane para hacerle ver el riesgo innecesario que se había corrido por no coordinar esa acción y exponernos a un choque entre Carabineros y Ejército por un hombre que no lo merecía[14].

 

En INDUMET, su interventor, el economista socialista y de nacionalidad ecuatoriana, Sócrates Ponce, casado con una hija del general de Carabineros Rubén Álvarez, habló ante la asamblea de trabajadores. Les informó lo que estaba ocurriendo y les dijo que habían decidido resistir, pero que los que quisieran irse podían hacerlo de inmediato. Menos de cien hombres permanecieron en sus puestos.

En La Moneda alguien habló con el edecán Badiola, quien estaba en el Ministerio de Defensa y ofreció parlamentar para detener el bombardeo. Carvajal se comunicó con Pinochet y escuchó en boca de éste:

–Rendición incondicional. Nada de parlamentar. ¡Rendición incondicional!

–Muy bien. Conforme. Rendición incondicional en que se lo toma preso, ofreciéndole nada más que respetar la vida, digamos…

–La vida y su integridad física y enseguida se lo va a despachar a otra parte.

–Conforme. O sea que se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país.

–Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país. Y el avión se cae, viejo, cuando vaya volando…

Carvajal se rió.

En La Moneda no había lugar para la distracción. Allende fue hacia su escritorio y tomó el teléfono de magneto.

–Aló, Aló, radio Magallanes –repitió varias veces.

En el sexto piso del edificio ubicado en calle Estado 235, los periodistas Guillermo Ravest y Leonardo Cáceres, más el radio controlador Amado Felipe, intentaban sustraerse al peligro inminente de un asalto a las oficinas, para mantenerse en el aire. Todas las demás radios partidarias del gobierno habían sido silenciadas. Sólo quedaban ellos. Ravest, levantó el teléfono. Escuchó la voz del Presidente:

– Necesito que me saquen al aire, inmediatamente compañero…

– Deme un minuto para ordenar la grabación…

– No, compañero. Preciso que me saquen al aire inmediatamente, no hay tiempo que perder…

Guillermo Ravest:

-Sin sacarme la bocina de la oreja, grité a Amado Felipe que instalara una cinta para grabarle y a Leonardo Cáceres, que corriera al micrófono a fin de anunciar al Presidente, a quien le pedí: “Cuente tres, por favor, compañero, y parta”. Pese al nerviosismo de esos instantes, Amado Felipe –un gordo hiperkinético y jovial, hijo de refugiados españoles- tuvo la sangre fría de empezar a difundir al aire los primeros acordes de la Canción Nacional, a los que se mezcló la voz de Leonardo Cáceres, anunciando al Presidente constitucional[15].

Alrededor de Allende se fueron congregando cerca de 40 personas. A su lado estaba su hija Beatriz (Tati). Allende no tenía ni un solo texto en sus manos. Eran casi las diez de la mañana cuando por la onda de radio Magallanes surgió una voz.

–Aquí habla el Presidente…

Y esa voz fue como un aguijón en medio de los estruendos:

«Compatriotas: es posible que silencien las radios, y me despido de ustedes. Quizás esta sea la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron, soldados de Chile, comandantes en jefes titulares, el almirante Merino, que se ha autoproclamado, el general Mendoza, general rastrero que solo ayer manifestara su solidaridad, también se ha denominado Director General de Carabineros».

«Ante estos hechos solo me cabe decirles a los trabajadores: yo no voy a renunciar. Colocado en un trance histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil; es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor».

«Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que solo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la Ley, y así lo hizo».

«Es este el momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes. Pero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que señaló Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena conquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios. Me dirijo sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días están trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas de una sociedad capitalista».

«Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente, en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará».

«Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco debe humillarse».

«Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile!, ¡viva el pueblo!, ¡vivan los trabajadores!».

«Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición».

-No hay más, compañero, eso es todo –le dijo Allende a Ravest, al finalizar.

 

 

[1] Entrevista póstuma que le hizo el equipo de la Universidad Finis Terrae.

[2] Según cuenta Federico Willoughby en su libro La Guerra, estando informados desde el principio del desarrollo del Golpe y de su fecha, los estudios de la radio, ubicados en pleno centro de la capital, fueron blindados por expertos alemanes que les envió Paul Schäffer, líder de Colonia Dignidad. La seguridad también estaba a cargo de un equipo de Schäffer.

[3] Alvaro Puga (Alexis), se convertiría en subsecretario de Gobierno e integrante del Departamento Sicológico de la DINA. Llegó ese día 11 en reemplazo de Carlos Ashton, ex oficial de la Armada y director de radio Agricultura, quien sería inmediatamente después del Golpe, jefe de Comunicaciones de la Cancillería, desde donde jugaría un rol en los momentos que asesinan al general Carlos Prats y su esposa en Buenos Aire (1974). Márquez de la Plata fue ministro de Pinochet y hasta hoy sigue integrando los grupos de apoyo a Pinochet y a los militares que dieron el Golpe. Recuperada la democracia, Sergio Romero fue senador por Renovación Nacional y en 2010, fue nombrado embajador en España por el Presidente Sebastián Piñera.

[4] Del libro El 11 en la mira de un Hawker Hunter, del general Mario López Tobar, Libra.

[5] Reportaje publicado en el diario Clarín de Argentina, el domingo 5 de septiembre de 1999.

[6] Cortés Villa llegó a general y en toda su carrera fue uno de los oficiales favoritos de Pinochet. Cuando éste se fue a retiro en 1998, se incorporó a la Fundación Pinochet de la cual fue secretario ejecutivo por largo años. Sigue siendo uno de sus directivos.

[7] Entrevista al general Arturo Yovane de revista Cosas. El coronel Manuel Gutiérrez fue llamado a retiro poco después del Golpe y no llegó a general.

[8] De la grabación que hizo relatando sus últimos diez días como ministro de Defensa.

[9] Danilo Bartulí, médico y amigo personal de Allende, quien también era amigo de sus padres que vivían en Chiloé.

[10] El detective Jorge Fuentes Ubilla logró sacar a Hortensia Bussi de Tomás Moro, en medio del bombardeo, por un pasaje posterior.

[11] En la puerta lo detiene el oficial de Inteligencia de la Armada Daniel Guimpert, quien se integró a la comisión del Estado Mayor de la Defensa Nacional que encabezó Nicanor Díaz Estrada y desde allí fabricó las confesiones del obrero socialista Luis Riquelme para inculparlo del asesinato del Edecán Naval de Allende, Arturo Araya.

[12] Entrevista en revista Análisis Nº 194.

[13] De la transcripción de las grabaciones secretas del Golpe, que reveló revista Análisis Nº 122, del 24 de diciembre de 1985.

[14] Extracto de lo que el general Sergio Arellano escribió en su agenda sobre lo que ocurrió el día 11 de septiembre de 1973.

[15] Relato del periodista Guillermo Ravest, publicado en revista Rocinante Nº 58, de agosto de 2003, junto con un testimonio del periodista Leonardo Cáceres, a la época director de prensa de Radio Magallanes.

 

Concurso de Investigación Bicentenario para el fomento de la investigación en ciencias sociales

El plazo de presentación de proyectos vence el 10 de septiembre del 2013

Concurso de Investigación Bicentenario para el fomento de la investigación en ciencias sociales

La Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) llama al Primer Concurso de Investigación Bicentenario, dirigido a proyectos que generen o profundicen en conocimientos vinculados a las líneas de investigación que han sido definidas como prioritarias y emergentes para esta facultad (Desigualdades, derechos e inclusión social; Subjetividad, desarrollo y calidad de vida personal y social; Patrimonio, transformaciones culturales e identidades; y Políticas y comunidades educativas).

 

El Proyecto Iniciativa Bicentenario de Revitalización de las Humanidades, las Artes, las Ciencias Sociales y Ciencias de la Comunicación (IB-JGM), destinó para el año 2013 un Fondo de Innovación en Investigación cuyo objetivo es estimular la investigación básica en términos disciplinarios, incentivando la innovación entendida ésta como el desarrollo de conocimiento en las fronteras entre las disciplinas. El Fondo de Innovación en Investigación es un instrumento destinado a estimular la investigación de equipos que realicen aportes efectivos al desarrollo de las disciplinas, tanto en aspectos temáticos como metodológicos.

Los proyectos deberán ser presentados por un equipo integrado por académicos de uno o más Departamentos de la FACSO, con una composición de mínimo 3 académicos y mínimo 2 tesistas y/o ayudantes de pregrado y postgrado. Se busca promover y fortalecer la asociatividad nacional e internacional en las líneas de investigación con instituciones con centros con producción de investigación en el campo temático correspondiente y / o vinculaciones con instituciones y centros del sistema universitario estatal chileno.

La Facultad de Ciencias Sociales definió 2 perfiles de postulación para este Concurso de Investigación Bicentenario 2013:

Sobre Perfil 1:

  • Financiará proyectos que conduzcan al fortalecimiento de capacidades de investigación y publicaciones en los casos que haya discontinuidad en las actividades de investigación existiendo probado potencial de productividad académica.
  • Los objetivos y actividades del proyecto deberán orientarse a la profundización, análisis y difusión de información levantada en el (los) proyecto(s) finalizado(s).
  • Los objetivos y actividades del proyecto deberán orientarse a la generación de nueva información.
  • El financiamiento máximo por proyecto es de $ 5.000.000 (cinco millones de pesos)

Sobre Perfil 2:

  • Financiará proyectos que conduzcan a la instalación de capacidades de investigación en casos en que la orientación investigativa no ha encontrado espacio en los fondos concursables externos a la Universidad de Chile.
  • Los proyectos del Concurso Bicentenario Perfil 2 podrán tener una duración máxima de 2 años, con cierre de ejecución  en las rendiciones de montos a los 18 meses de ejecución.
  • El financiamiento máximo por proyecto es de $10.000.000 (diez millones de pesos).

El formulario de postulación y los antecedentes deberán entregarse impresos en la oficina de la Dirección de Investigación de la FACSO, en Cap. Ignacio Carrera Pinto N°1045 y en formato digital a la dirección direccion.investigacion@facso.cl.

 

Comunicaciones FACSO (comunicaciones@facso.cl)