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Preso sin nombre, celda sin número – Jacobo Timerman

VIERNES, 5 DE MARZO DE 2010

Preso sin nombre, celda sin número – Jacobo Timerman

La celda es angosta. Cuando me paro en el centro, mirando hacia la puerta de acero, no puedo extender los brazos. Pero la celda es larga. Cuando me acuesto, puedo extender todo el cuerpo. Es una suerte, porque vengo de una celda en la cual estuve un tiempo— ¿cuánto?— encogido, sentado, acostado con las rodillas dobladas. La celda es muy alta. Saltando, no llego al techo. Las paredes blancas, recién encaladas. Seguramente había nombres, mensajes, palabras de aliento, fechas. Ahora no hay testimonios, ni vestigios. El piso de la celda está permanentemente mojado. Hay una filtración por algún lado. El colchón también está mojado. Y tengo una manta. Me dieron una manta, y para que no se humedezca la llevo siempre sobre los hombros. Pero si me acuesto con la manta encima, quedo empapado de agua en la parte que toca el colchón. Descubro que es mejor enrollar el colchón, para que una parte no toque el suelo. Con el tiempo la parte superior se seca. Pero ya no puedo acostarme, y duermo sentado. Vivo, durante todo este tiempo,—¿cuánto?— parado o sentado.

La celda tiene una puerta de acero con una abertura que deja ver una porción de la cara, o quizás un poco menos. Pero la guardia tiene orden de mantener la abertura cerrada. La luz llega desde afuera, por una pequeña rendija que sirve también de respiradero. Es el único respiradero y la única luz. Una lamparilla prendida día y noche, lo que elimina el tiempo. Produce una semipenumbra en un ambiente de aire viciado, de semi-aire.

Extraño la celda desde la cual me trajeron a ésta—¿desde dónde?—, porque tenía un gujero en el suelo para orinar y defecar. En ésta que estoy ahora tengo que llamar a la guardia para que me lleve a los baños. Es una operación complicada, y no siempre están de humor: tienen que abrir una puerta que seguramente es la entrada del pabellón donde está mi celda, cerrarla por dentro, anunciarme que van a abrir la puerta de mi celda para que yo me coloque de espaldas a ésta, vendarme los ojos, irme guiando hasta los baños, y traerme de vuelta repitiendo toda la operación. Les causa gracia a veces decirme que ya estoy sobre el pozo cuando aún no estoy. O guiarme—me llevan de una mano o me empujan por la espalda—, de modo tal que hundo una pierna en el pozo. Pero se cansan del juego, y entonces no responden al llamado. Me hago encima. Y por eso extraño la celda en la cual había un pozo en el suelo.

Me hago encima. Y entonces necesito permiso especial para lavar la ropa, y esperar desnudo en mi celda hasta que me la traigan ya seca. A veces pasan días porque— me dicen— está lloviendo. Estoy tan solo que prefiero creerles. Pero extraño mi celda con el pozo dentro. La disciplina de la guardia no es muy buena. Muchas veces algún guardia me da la comida sin vendarme los ojos. Entonces le veo la cara. Sonríe. Les fatiga hacer el trabajo de guardianes, porque también tienen que actuar de torturadores, interrogadores, realizar las operaciones de secuestro. En estas cárceles clandestinas sólo pueden actuar ellos, y deben hacer todas las tareas. Pero a cambio, tienen derecho a una parte del botín en cada arresto. Uno de los guardianes lleva mi reloj. En uno de los interrogatorios, otro de los guardianes me convida con un cigarrillo y lo prende con el encendedor de mi esposa. Supe después que tenían orden del Ejército de no robar en mi casa durante mi secuestro, pero sucumbieron a las tentaciones. Los Rolex de oro y los Dupont de oro constituían casi una obsesión de las fuerzas de seguridad argentinas en ese año de 1977.

En la noche de hoy, un guardia que no cumple con el Reglamento dejó abierta la mirilla que hay en mi puerta. Espero un tiempo a ver qué pasa, pero sigue abierta. Me abalanzo, miro hacia afuera. Hay un estrecho pasillo. y alcanzo a divisar frente a mi celda, por lo menos dos puertas más. Sí, abarco completas dos puertas. ¡Qué sensación de libertad! Todo un universo se agregó a mi Tiempo, ese largo tiempo que permanece junto a mí en la celda, conmigo, pesando sobre mí. Ese peligroso enemigo del hombre que es el Tiempo cuando se puede casi tocar su existencia, su perdurabilidad, su eternidad. Hay mucha luz en el pasillo. Retrocedo un poco enceguecido, pero vuelvo con voracidad. Trato de llenarme del espacio que veo. Hace mucho que no tengo sentido de las distancias y de las proporciones. Siento como si me fuera desatando. Para mirar debo apoyar la cara contra la puerta de acero, que está helada. Y a medida que pasan los minutos, se me hace insoportable el frío. Pongo toda la frente apoyada contra el acero, y el frío me hace doler la cabeza. Pero hace ya mucho tiempo—¿cuánto?—que no tengo una fiesta de espacio como ésta. Ahora apoyo la oreja, pero no se escucha ningún ruido.

Vuelvo entonces a mirar. Él está haciendo lo mismo. Descubro que en la puerta frente a la mía también está la mirilla abierta y hay un ojo. Me sobresalto: me han tendido una trampa. Está prohibido acercarse a la mirilla, y me han visto hacerlo. Retrocedo, y espero. Espero un Tiempo, y otro Tiempo, y más Tiempo. Y vuelvo a la mirilla. Él está haciendo lo mismo. Y entonces tengo que hablar de ti, de esa larga noche que pasamos juntos, en que fuiste mi hermano, mi padre, mi hijo, mi amigo. ¿O eras una mujer? Y entonces pasamos esa noche como enamorados. Eras un ojo, pero recuerdas esa noche, ¿no es cierto? Porque me dijeron que habías muerto, que eras débil del corazón y no aguantaste la “máquina”, pero no me dijeron si eras hombre o mujer. Y, sin embargo, ¿cómo puedes haber muerto, si esa noche fue cuando derrotamos a la muerte?

Tienes que recordar, es necesario que recuerdes, porque si no, me obligas a recordar por los dos, y fue tan hermoso que necesito también tu testimonio. Parpadeabas. Recuerdo perfectamente que parpadeabas, y ese aluvión de movimientos demostraba sin duda alguna que yo no era el último ser humano sobre la Tierra en un Universo de guardianes torturadores. A veces, en la celda, movía un brazo o una pierna para ver algún movimiento sin violencia, diferente a cuando los guardias me arrastraban o empujaban. Y tú parpadeabas. Fue hermoso.

Eras—¿eres? —una persona de altas cualidades humanas, y seguramente con un profundo conocimiento de la vida, porque esa noche presentaste todos los juegos; en nuestro mundo clausurado habías creado el Movimiento. De pronto te apartabas y volvías. Al principio me asustaste. Pero enseguida comprendí que recreabas la gran aventura humana del encuentro y el desencuentro. Y entonces jugué contigo. A veces volvíamos a la mirilla al mismo tiempo, y era tan sólido el sentimiento de triunfo, que parecíamos inmortales. Éramos inmortales. Volviste a asustarme una segunda vez, cuando desapareciste por un momento prolongado. Me apreté contra la mirilla, desesperado. Tenía la frente helada y en la noche fría—¿era de noche, no es cierto?—me saqué la camisa para apoyar la frente. Cuando volviste, yo estaba furioso, y seguramente viste la furia en mi ojo porque no volviste a desaparecer. Debió ser un gran esfuerzo para ti, porque unos días después, cuando me llevaban a una sesión de “máquina” escuché que un guardia le comentaba a otro que había utilizado tus muletas como leña. Pero sabes muy bien que muchas veces empleaban esas tretas para ablandarnos antes de una pasada por la “máquina”, una charla con la Susana, como decían ellos. Y yo no les creí. Te juro que no les creí. Nadie podía destruir en mí la inmortalidad que creamos juntos esa noche de amor y camaradería.

Eras— ¿eres?— muy inteligente. A mí no se me hubiera ocurrido más que mirar, y mirar, y mirar. Pero tú de pronto colocabas tu barbilla frente a la mirilla. O la boca. O parte de la frente. Pero yo estaba muy desesperado. Y muy asustado. Me aferraba a la mirilla solamente para mirar. Intenté, te aseguro, poner por un momento la mejilla, pero entonces volvía a ver el interior de la celda, y me asustaba. Era tan nítida la separación entre la vida y la soledad, que sabiendo que tú estabas ahí, no podía mirar hacia la celda, Pero tú me perdonaste, porque seguías vital y móvil. Yo entendí que me estabas consolando, y comencé a llorar. En silencio, claro. No te preocupes, sabía que no podía arriesgar ningún ruido. Pero tú viste que lloraba, ¿verdad?, lo viste sí. Me hizo bien llorar ante ti, porque sabes bien cuán triste es cuando en la celda uno se dice a sí mismo que es hora de llorar un poco, y uno llora sin armonía, con congoja, con sobresalto. Pero contigo pude llorar serena y pacíficamente. Más bien, es como si uno se dejara llorar. Como si todo se llorara en uno, y entonces podría ser una oración más que un llanto. No te imaginas cómo odiaba ese llanto entrecortado de la celda. Tú me enseñaste, esa noche, que podíamos ser Compañeros del Llanto

Durante el régimen militar, Timerman fue detenido por orden del extinto general Ramón Camps, y permaneció en centros clandestinos, cuando el militar ocupaba la jefatura de la Policía Bonaerense. Esa detención fue cuestionada y denunciada por EL DIA reiteradas oportunidades.
Posteriormente recuperó su libertad y se asiló en Europa hasta el retorno de la democracia.
Esta experiencia Timerman la reflejó en su libro “Preso sin nombre, celda sin número”, editado en 1982, y en 1988 publicó “Chile: el galope muerto”, en donde hizo un análisis de la situación política del país trasandino y el golpe de Augusto Pinochet, en 1973.
Pero su capítulo profesional más destacado pasó por el diario “La Opinión”, que dejó una huella en la forma de hacer periodismo.
La semana pasada, en una larga entrevista -que resultó póstuma- por un canal de cable, hablando sobre la reciente muerte de su entrañable amigo y poeta Rafael Alberti, y ponderando su alegría de vivir y su optimismo, Timerman dijo, sorpresivamente: “él se murió, pero yo le gané, estoy muerto desde antes”. Nunca pudo reponerse a la muerte de su mujer, Risha, ocurrida en 1992.

Timerman había nacido el 6 de enero de 1923 en Bar, al sur de Kiev, en Ucrania y llegado a la Argentina a los cinco años, el 11 de octubre de 1928 junto con sus padres, Natan Timerman y Eva Berman, y su hermano José, de siete años.
Como militante de Mapan, una organización del socialismo israelí, en febrero de 1950 fue a un seminario en Mendoza, donde conoció a Risha, una joven cordobesa y judía que por primera vez había dejado las sierras para conocer la montaña, y de la que él se enamoró.
En mayo de ese mismo año se casaron, en mayo de 1951 nació su primer hijo, Daniel Natalio, en diciembre de 1953, Héctor Marcos, ex director de ‘Trespuntos’, y en mayo de 1961, Javier Gustavo, el menor.
En sus primeros tiempos, Timerman trabajó como cronista y traductor en Correo literario, Qué, Noticias Gráficas, France Press, Nueva Sion, Comentario, pero recién en 1957 se le abrió la puerta grande del periodismo: entró como columnista político al vespertino La Razón, bajo la tutela de Félix Laíño, porque era el único diario en el que no se trabajaba de noche.
Después de pasar por varios medios, hizo su propia empresa: nació Primera Plana, en 1962. El staff lo integraban, entre otros, Ramiro de Casasbellas -que, por esas vueltas del destino, vino a morir justamente dos días antes-, Tomás Eloy Martínez, Osiris Troiani y Jorge Listosella.
Llegada la última dictadura en marzo de 1976, Timerman, ya en La Opinión, fue detenido.
El periodista pasó por varios centros clandestinos: Puesto Vasco a Campo de Mayo, de Coti Martínez a Magdalena, antes de ser “blanqueado”. Su calvario concluyó con su arresto domiciliario en abril de 1978.

La secreta obscenidad de la Historia de Chile contemporáneo. El informe Church

La secreta obscenidad de la Historia de Chile contemporáneo

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“LA SECRETA OBSCENIDAD DE LA HISTORIA DE CHILE CONTEMPORÁNEO”
Luis Corvalán Marquez

El 18 de diciembre de 1975, el senador norteamericano Frank Church dio a la luz pública un documento que para los chilenos tiene la mayor significación. En él se expusieron los resultados de las investigaciones que llevara a cabo una comisión del Senado de los EE.UU. sobre las actividades clandestinas que durante diez años el gobierno de ese país realizara en Chile. El documento recibió el título de Acciones encubiertas en Chile, 1963-1973. Sin embargo, es más conocido por el nombre de Informe Church. Años después, en febrero de 1999, con posterioridad a la detención del general Pinochet en Londres, el tema se vio reavivado en los EE.UU., fue así como el Senado de ese país aprobó una enmienda a través de la cual se exigía al gobierno norteamericano que presentara un informe escrito sobre las operaciones encubiertas que llevara a cabo la CIA en Chile. Como resultados de ello se desclasificaron cerca de tres mil documentos secretos de distintas agencias norteamericanas. El Informe Church y los documentos norteamericanos desclasificados muestran una realidad sorprendente, sobre todo cuando ponen en evidencia el carácter integral que la intervención de los EE.UU. tuvo en Chile. Este libro intenta poner de relieve lo que algunos de esos documentos nos informan y de visualizar a la luz de ellos los procesos políticos que se dieran en el país entre comienzos de los sesenta y mediados de los setenta del siglo XX.

Luis Corvalán Marquez
Profesor; Magíster Artium en Historia con mención en Historia de Chile por la Universidad de Santiago, y Doctor en Estudios Americanos con mención en Pensamiento y Cultura en el Instituto de Estudios Avanzados de la USACh. Es académico en el Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso. También imparte docencia en el Departamento de Historia de la USACh. Se ha orientado al estudio de la historia política y de las ideas de Chile contemporáneo y a la historia de las ideas en Latinoamérica. Ha participado en Congresos, dirigido investigaciones y tesis de titulación sobre estas materias y ha publicado sobre las mismas en diversas revistas especializadas. Es autor de los siguientes libros: Los partidos políticos y el golpe del 11 de septiembre. Contribución al estudio del contexto histórico. Universidad Bolivariana, 2004. [CESOC, 2000]; Del anticapitalismo al neoliberalismo en Chile. Izquierda, centro y derecha en la lucha por los proyectos globales. 1950-2000. Ed. Sudamericana, 2002; Nacionalismo y autoritarismo durante el siglo XX en Chile. Los orígenes, 1903-1931. Ediciones de la Universidad Católica Silva Henríquez, 2009; Manuel Rodríguez, más allá del mito. Editorial de la USACH, 2009 y de Centenario y Bicentenario: los textos críticos. Ed. Universidad de Santiago, 2012

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Un eterno presente.“De la brigada Secundaria al Cordón Cerrillos”. Reseña

Prólogo al libro “De la brigada Secundaria al Cordón Cerrillos” de Guillermo Rodríguez, Ediciones Escaparate, junio de 2017.

 

Un eterno presente.

por Rafael Agacino.

 

Son 15 capítulos distribuidos en poco más de 140 páginas. En ellas se recorre, desde la perspectiva de una biografía personal, el paso de siete vertiginosos años. Sin embargo, no se trata de un puro relato autobiográfico; no. En estas páginas se entremezclan las vivencias personales, el análisis político e incluso el ensayo histórico, produciendo como efecto final un entreverado mapa de un período crucial e irrepetible para quienes lo protagonizaron, para las organizaciones populares como sus actores, y finalmente, para la propia historia político-social de este país.

En los primeros cuatro capítulos y en los dos últimos, está acentuado el relato autobiográfico. En los primeros, se nos aparece un joven con sólo escasos quince años pero que sin saberlo es portador de las inquietudes acumuladas por décadas de luchas previas; ellas están mudas de teoría, pero elocuentes en la palabra de sus padres, de su abuelo y de los vecinos de los barrios populares en que habitó. Por ello, no es extraño que sin preverlo, los juegos y chascarros con los amigos de liceo, fueran matizándose con los destellos de un mundo que palpitaba allá afuera. Y no podía ser de otro modo. Eran los años finales de la década del 60 del siglo XX, con Guevara y las guerrillas en Latinoamérica, con las insurrecciones de Paris, Berlín y Checoslovaquia, con Vietnam en Indochina y con la condensación de un flujo de fuerzas populares que darían paso al Chile de Allende. Son los años de maduración de todo aquello que se había incubado en las luchas universales de liberación y emancipación. Y así, hasta saltar en los dos últimos capítulos, a la vida de un joven que se empina a los 20 años justo cuando la lucha es más aguda que nunca y cualquier acto, pensamiento o palabra, resulta urgente. Es la dinámica inexorable de los acontecimientos que lo envuelve y que lo hace presentir las debilidades estratégicas del proceso chileno, esas que más de una vez le sugirieron, primero un guajiro en Cuba, y más tarde otro cubano, cuando Fidel pisaba tierras chilenas. No era derrotismo – no es el tono de la prosa de Rodríguez ni es la lectura que hago- sino una súbita toma de conciencia del significado real de la lucha de clases, de los procesos revolucionarios; un momento de maduración abrupta en que el cuerpo se estremece al caer los velos de la verdad, esa verdad total en que se juega todo. Es la atmósfera de éstos últimos capítulos que relatan la reacción de los trabajadores y militantes, incluido el propio autor, frente a un Golpe que ni por tan anunciado dejó de ser una sorpresiva tormenta…. Serán las horas del pensar rápido, del sobreponerse, del dar y darse ánimo frente al shock. Serán las horas de la resistencia en Maipú el mismo 11 y los días siguientes, y luego, como si el tiempo no existiera y solo fuera un largo presente, del cautiverio en el Estadio Nacional. Qué lejos está el liceo, qué lejos el pensionado de República, qué lejos los amores juveniles, qué lejos las reuniones que dieron luz el Cordón Cerrillos-Maipú… Qué cerca el horror, que cerca la muerte y el denso y pastoso aroma de la sangre… ¿Cómo no madurar de una vez y para siempre? Es el punto ciego del espejo, ése que deja al individuo sumido en su soledad y sus propias circunstancias.

Pero también hay otro ángulo en el mismo instante: la trama de las circunstancias históricas y el papel de los individuos, o dicho de un modo más directo, un guion que marca con fuerza de un escenario político definido y que a la vez impele a los actores colectivos a la acción. Por ello, será el análisis político el que predomine, sobre todo desde el capítulo 5 en delante, dejando en entrelineas el relato autobiográfico. Y es así porque se trata de un contexto inédito, inaugurado por el triunfo de Salvador Allende y seguido por sus tres años de gobierno hasta el mismo Golpe de septiembre; son años resumidos a pluma veloz que repletan decenas de hojas que evocan experiencias, epopeyas, y la memoria de millones de vidas que enarbolan la demanda de un mundo nuevo. Entre ellos, los cientos de miles de activistas de la izquierda, y por cierto, los militantes del MIR cuyas definiciones tácticas y voluntad de lucha, serán puestas a prueba una y otra vez… El autor, con 19 años, elaborará sus primeras ideas políticas propias respecto de la izquierda revolucionaria, buscando conectar el trabajo militar y el trabajo de masas. Su inserción en el GAP de la mano de nuestro compañero Mario Melo, lo instala en una estructura cerrada y compartimentada, en la que la cotidianidad remite a lo uniforme, a la disciplina y a la disposición operativa, atmosfera muy distinta al fluir del barrio y de los frentes de masas cuya pluralidad de formas y colores, configuran a un pueblo que tras saltos de conciencia impone por doquier el pulso vital de un nuevo día. Esta distancia entre lo uniforme y el poli tonal empuje de los de abajo, sin embargo no será una pura sensación subjetiva. Por el contrario, adquirirá toda su objetividad e importancia a partir del paro de octubre de 1972, cuando la sucesión de hechos y sus demandas de acción, abran un debate sobre el modelo orgánico, la concepción de partido y las definiciones estratégicas. En efecto, la misma estructura de los GPM, muy útil para afrontar la clandestinidad en tiempos de Frei y las tareas inteligencia y seguridad que MIR asumió desde el triunfo de Salvador Allende hasta inicios de 1972, mostrará sus limitaciones a la par que la lucha de clases se torne más aguda y extendida, y por tanto, el problema del poder se replantee como una cuestión directamente práctica y de masas. El análisis político que nos ofrece el libro muestra, por una parte, cómo el escenario de lucha por el poder es una lucha territorialmente situada que no discurre en el vacío, y por otra, que los actores, tanto las franjas medias derechizadas como los trabajadores y las masas populares, se enfrentan en sus espacios inmediatos: las escuelas y liceos, los campos, las fábricas y finalmente las calles. Las formas de Poder Popular que nacen de las propias luchas por la soberanía sobre los medios de producción y la infraestructura pública, y por el orden social mismo, se afincan y hacen práctica en los espacios vitales y/o productivos inmediatos. El nacimiento del Cordón Cerrillos Maipú en junio de 1972 y toda la lucha posterior, incluida la planificada toma masiva de fundos de la comuna y la ofensiva frente al tancazo del 29 de junio de 1973, así lo reafirman. Los trabajadores, campesinos y demás franjas populares, fortalecían sus niveles de coordinación, su conciencia como clase y su voluntad federativa más allá de sus sindicatos y orgánicas individuales, como resultado del necesario ejercicios de la soberanía sobre sus espacios locales, vitales y productivos. Guillermo nos relata que en este período pre revolucionario –aquel que no madura y se prolonga-, cada día aumentaba la distancia entre el esquema orgánico tipo GPM y el modelo de organización territorial-sectorial. A esa altura, además, entrecruzándose ya las estructuras de los GPM con las estructuras por frentes  (trabajadores, campesinos, pobladores, estudiantes, etc.), aparecían fuertes contradicciones entre las diferentes áreas y en el seno mismo de la propia militancia. La complejidad del período político una vez más superaba cualquier idea preconcebida. Las necesidades de conducción de enormes contingentes de trabajadores y sectores populares, que incluso tendían a sobrepasar a sus propios partidos, requerían un tipo de organización móvil, más flexible y más veloz, capaz de sintetizar y asumir la coordinación y conducción que la sucesión de coyunturas agudas demandaban. Estas contradicciones, impuestas por la ascendente lucha de clases, en el trasluz, reeditaban la discusión estratégica entre guerra irregular y prolongada y la tesis insurreccional. La primera concebida a partir de las tesis militares del 67-68, y la segunda, proveniente de la tradición trotskista que predominó en el MIR hasta antes del giro del Tercer Congreso en diciembre de 1967.

Mientras discurre este debate al interior de la militancia, el proceso no se detiene y avanza raudo. Los capítulos 10 al 13, contextualizados entre julio y los primeros días de septiembre de 1973, cubren 9 semanas, menos de 70 días, pero en ellos se jugará toda la historia. La insurrección de la burguesía, cuyo primer ensayo general fue en octubre del 72, ahora en julio de 1973, pasaba a una segunda fase ofensiva: por abajo, se relanzaba la unidad social de comerciantes, camioneros, colegios profesionales, estudiantes, los sectores medios “enardecidos” como los calificaría Miguel; y por arriba, la dirección política de la Confederación Democrática – alianza entre los partidos Democracia Cristiana (PDC), Nacional (PN), Democrático Nacional (PADENA) y Democracia Radical (DR)-, era asumida por la fracción decididamente golpista más el apoyo paramilitar de Patria y Libertad (MNPL). Todo esto, en medio de un entrampamiento institucional del Ejecutivo por parte de un Parlamento, una Contraloría General de República y un Poder Judicial, que hacían labor de zapa contra las iniciativas y ejercicio de la acción gubernamental y operaban abiertamente a favor del Golpe. Incluso, la “jugada maestra” de Allende al incorporar a los militares al Gobierno luego del paro de octubre (el “gabinete UP-Generales”), daba paso con la aprobación de la Ley de Control de Armas, la declaración de estado de sitio y la renuncia del general Prat, al aislamiento del propio presidente y su gabinete. Los sabotajes continuos a la infraestructura pública realizados por paramilitares de Patria y Libertad y del Comando Rolando Matus; el asesinato del Edecán Naval del presidente; los allanamientos en San Antonio -dirigidos por Manuel Contreras, el futuro jefe de la DINA-, en Santiago a Indugas y Cobre Cerrillos, en Punta Arenas a Lanera Austral; y la renuncia de los ministros militares más leales a Allende, anunciaban la capitulación de facto del Gobierno. En efecto, hacia fines de julio e inicios de agosto, el control de vastas zonas del país, el poder territorialmente situado, estaba ya en manos de la burguesía criolla y el imperialismo… aunque no todos se sacarán aún sus máscaras de “constitucionalistas” o “demócratas”.

A esa altura, la patronal –pero no los revolucionarios, como señala Guillermo- ya disponía de un libreto preciso y estaba presta a intervenir de forma definitiva en la escena de la política.  La trama estaba a horas de dilucidarse, y la falta de claridad al interior del MIR era ostensible: el mismo GPM4, el grupo de militantes conducido por Martín Elgueta, Renato, ese colectivo militante que había desarrollado todo el trabajo en Cerrillos, Maipú y Caro Ochagavía, estaba intervenido por el Secretariado Regional Santiago, y como probarán los hechos posteriores, estratégicamente debilitado para hacer frente al asalto final que desataría la patronal.

Llegados a este punto, es imposible no mirar el texto en su conjunto e ir más allá de la biografía y del análisis político del período y sus coyunturas. Los Capítulos 14 y 15, se nos aparecen ahora como piezas personales de un drama colectivo, y a la vez, como un acontecimiento histórico, y escribo acontecimiento en cursivas, para relevar aquel hecho que hace de parteaguas de la vida y de la historia. Es aquí cuando frases dispersas en estos capítulos y en los anteriores, parecen condensarse y parir lo que me parece – tal vez equivocadamente y a contrapelo del propio autor- una interpretación de mayor alcance, una insinuación ensayística sobre el carácter histórico de esas horas críticas. Y aunque resulte irónico, será el coronel Parodi, al momento de interrogar a Guillermo en el Estadio Nacional y que ya sabía de Bertín, del Guajiro, de Santos Romeo, del Malo, de Chango, de Winka, quién desate ese flash que hace pasar por los ojos la instantánea de todo un trayecto vital: “Mientras iba camino a la celda de incomunicación, por orden del coronel, me prometí que ese todo, desde la brigada secundaria al cordón cerrillos, algún día lo relataría”, es exactamente el último párrafo del libro. Y este párrafo, que puesto al final del libro no es sino el comienzo del mismo, no es un sólo un recurso literario que revela la calidad de la pluma del autor. Es también -y es lo que quisiera resaltar- la manifestación implícita de una necesidad, de esa necesidad de balance que persigue a todo militante, hombre y mujer, sobreviviente de esa Batalla de Chile. Un balance personal, un balance político y un balance histórico; todo mezclado porque así es la vida. Cuando leí la primera edición de este texto a fines de 2007, experimenté la misma sensación; y la lectura de obras posteriores de Guillermo la han reforzado. Por ello, me permito retomar aquí una pregunta que formulé hace una década con ocasión del lanzamiento de la primera edición: ¿Y dónde estábamos cuando llegó la “hora de Miguel”?

Recurro a las figuras de Allende y Miguel no porque crea que las voluntades individuales determinen el curso de la historia, sino porque son las dos caras de una misma trama y de la historia que precipita ese fatídico martes 11.

Septiembre de 1973 fue el momento de la política por antonomasia, la política en toda su extensión y complejidad; ese momento dónde quedan fundidas todas las circunstancias y sus actores colectivos, y entre ellos, el individuo con su biografía pegada a las biografías de otros, y así, a toda la historia posible. La política, es la calibración inteligente de las posibilidades de la voluntad y de las perspectivas futuras de la acción. Quienes tienen sentido de la historia, discurra ésta o no por los derroteros esperados, son aquellos que pueden actuar y actúan, que pueden optar y optan; los que no vacilan ante la incertidumbre porque la conjuran con la razón política que se esfuerza por hacer verosímil la posibilidad que anida en la voluntad colectiva de un pueblo. La política, como la guerra, es más que una técnica, es un momento de creación de posibilidades.

Allende en su soledad – y así se trasluce en sus palabras referidas a Miguel- asumía la derrota final de su ensayo institucional, pero, me arriesgo a afirmar, mantuvo la esperanza en las posibilidades del proceso en curso; por ello, en esas horas definitivas apeló a Miguel, buscando una suerte de posta política que relanzara las fuerzas gigantescas de los trabajadores y el movimiento popular por los carriles de la resistencia. Y en esas horas cruciales, cuando el reformismo obrero fracasaba y las tesis de la izquierda revolucionaria se realizaban como tragedia, cuando llegaba el día para el que siempre nos habíamos preparado, cuando el propio presidente – ese que recibió y protegió a los combatientes de Guevara, que amnistió a los presos políticos del gobierno de Frei, que recibió y protegió a los combatientes de Trelew, que ofreció al MIR conformar su guardia personal, ese que en ese instante combatía en la Moneda- enviaba su mensaje ¿dónde estábamos?

Miguel y la mayoría de la CP, días antes, enterados del llamado a Plebiscito que haría Allende, pensaron en la capitulación del Gobierno y la clausura del ensayo institucional de la UP, pero nunca en la derrota del proceso; a fin de cuentas, eso era lo que todos esperábamos como resultado inevitable de la política reformista. El putsch se hacía innecesario o bien tomaría la forma de un “golpe blanco”. Sin embargo éste siguió adelante. Otros sectores del MIR, ya desde la conformación del “gabinete UP-generales” en noviembre de 1972, y sobre todo luego del tancazo de junio de 1973, denunciaban el cambio de carácter del Gobierno –ya ni siquiera un gobierno reformista obrero, sino objetivamente burgués- y reclamaban preparar la insurrección; varios GPM, comités regionales y locales fueron intervenidos por la dirección. Al interior del propio Partido se vivía un agudo debate que no tomó la forma orgánica requerida – un Congreso- que pusiera en juego las diferentes perspectivas y tácticas para el periodo. Así, atravesados por una pugna interna latente y en muchos casos afectos a la censura, cuando debimos estar si estuvimos… pero como fragmentos, y por supuesto como militantes individuales. Pero no como se requería: como voluntad colectiva, entera, armada, asumiendo la dirección y dispuesta a sobrepasar al reformismo y al propio Allende. No fue así cuando la marinería denunciaba la conspiración del almirantazgo, no fue así el 29 de junio ni tampoco en la madrugada o en la mañana del mismo 11, en que un llamado a la resistencia generalizada y de todo el pueblo, aun cuando las FF.AA. no se quebrarán y el golpismo triunfara, sin duda hubiese teñido la historia de otros colores. Incluso – y perdonen la crudeza de la afirmación- me atrevo a sugerir que la propia derrota se viviría – tanto ayer y hoy- como el desenlace de un combate abierto, como epopeya de un pueblo en lucha y no como resultado del embate sobre un pueblo perplejo, disperso, desorientado, desmoralizado y victimizado.

Días después, en medio los escombros de un país destrozado, finalmente la fuerza de la política se impondría y cuajaría en la consigna “el MIR no se asila”, a juicio de muchos, un acierto ético pero un error político. Pero fuere como fuere, lo cierto es que en esas palabras se coagularon la impotencia del ayer reciente con el imperativo del presente: la voluntad militante de no abandonar al movimiento obrero y popular y resistir con él. Intentar detener la dispersión; evitar que la fuerza popular se disipara en medio de la desmoralización y el desbande; luchar por mantener una franja activa que permitiera si no una contraofensiva al menos una defensiva ordenada. Eran la razón y la voluntad ética, entremezcladas en la política, las que estuvieron presentes en esos meses finales de 1973. Y de nuevo con crudeza, me permito afirmar, nada seríamos -nosotros como militantes y como sujeto político colectivo, como Partido- sin esa consigna y la decisión de iniciar sobre la marcha la resistencia. La estatura histórica del MIR, de sus mujeres y sus hombres, con mucho se jugó ahí.

Lo sé; mis afirmaciones son atrevidas. Pero escribo ahora, cuando la contra revolución neoliberal desplegó todo su potencial y sabemos que el Golpe no fue sólo contra Allende ni con el propósito de restaurar el orden constitucional. No. El Golpe fue el inicio de una contrarrevolución que se propuso derrotar estratégicamente a las fuerzas obreras y populares que, en el trascurso de medio siglo, precipitaron en el triunfo de 1970 y en el más potente ensayo de construcción de poder popular conocido hasta ahora en Chile. No fue restaurador fue refundacional.

La lectura que he hecho del texto buscó desentrañar del relato biográfico inmediato, que por cierto tiene un interés en sí mismo, el análisis político que aflora por todos lados pues quien lo escribió fue y es un militante activo. Y también lo que está explícita o implícitamente presente en los entresijos de éste: la interpretación larga de esos momentos cruciales. Hay anuncios de una mirada histórica, una insinuación de una interpretación de esos pocos años que marcaron el último tercio del siglo XX y que continúan indelebles en la memoria individual y colectiva, como un eterno presente.

Rafael Agacino.

Santiago, junio 10 de 2017.

 

Los rodriguistas y el internacionalismo

cuando nos hablan de héroes, los rodriguistas recordamos a los militares chilenos que fueron contrarios al golpe de Estado y a los militares internacionalistas que dejaron en alto el nombre de los chilenos en la patria latinoamericana: Edgardo Lagos, Days Huerta, Raúl Escudero, Pedro Marín, Francisco del Rio, Víctor Otero, Luis Emilio Mendoza, Raúl Pellegrin, Miguel Rojas, José Valenzuela Levi, Juan Waldemar Henríquez, entre tantos otros.

URBESALVAJE

Dicen que la patria es un fusil y una bandera

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Está llegando a su fin el mes de septiembre, el mes de la patria, en Chile desde pequeños en la escuela nos llenan la mirada con símbolos, como el escudo y la bandera, nos dicen que eso significa independencia y que somos una sola nacionalidad, la patria chilena.

Somos un país donde las instituciones funcionan señalan, a pesar de que generales apátridas han dado innumerables golpes de Estado, que jueces ilustrísimos han dilatado mañosamente por años la justicia para los violadores de los derechos humanos, parlamentarios que se rentan a grandes empresarios para legislar en su beneficio, autoridades cuyos familiares roban el erario público, obispos que encubren a curas pedófilos y que nos dicen luego que sus dichos son “palabra de Dios”, en fin, Chile es una institución que funciona dicen.  Se nos hace creer que ese es nuestro Chile…

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Guerrilla. Combatientes chilenos en Colombia, El Salvador y Nicaragua

Gracias Javiera Olivares por el libro, gracias compañera Embajadora de Nicaragua María Luisa Robleto por invitarme a comentarlo en este 38 Aniversario de la Revolución Popular Sandinista.

Honor a nuestros héroes caídos en los combates internacionalistas.

Libertad a los presos políticos mapuche por luchar.

Libertad a Mauricio Hernández Norambuena en Brasil.

José M. Carrera

Comentario leído en el Archivo Nacional de la Biblioteca Nacional, Santiago, julio 21 de 2017

URBESALVAJE

guerrilla_olivares“Este libro… reconstruye un período histórico, y en él radican las vidas de personas notables. …Busca ser un ejercicio contrahegemónico, pues contextualiza internacional y políticamente estas historias.”  Iván Márquez, Comandante del Bloque Caribe, y del Secretariado de las FARC-EP.

Ceibo Ediciones, en su Colección Crónicas y Memorias, ha publicado Guerrilla Combatientes chilenos en Colombia, El Salvador y Nicaragua, de la autora Javiera Julieta Olivares Mardones, periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Diplomada en Estudios Internacionales y Magister en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos, en un libro de 267 páginas en Santiago de Chile en enero de 2017.

La historia la escriben sujetos concretos.

Cabe preguntarse entonces ¿qué ocurrió en Chile con aquellos que optaron por entregar su vida a la lucha por la democracia? ¿Por qué los que sobrevivieron quedaron en el silenciamiento o en el ocultamiento? Sabemos que Chile, entre otras curiosidades, es uno de…

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El caso Pinochet: lecciones de la lucha transnacional contra la impunidad (Borrador)

El caso Pinochet: lecciones de la lucha transnacional contra la impunidad (Borrador)

Institute for Policy Studies. Virginia M. Bouvier

¿Cuáles fueron los factores que contribuyeron a la reacción internacional única al golpe y a las violaciones de los derechos humanos en Chile?

La reacción internacional frente al golpe en Chile fue inmediata y arraigada en una serie de condiciones y alianzas establecidas en las décadas previas y después del golpe, tanto como factores internos y externos. Estas condiciones contribuyeron a la consolidación de nuevas normas, relaciones, e instituciones que más tarde formarían la base para un ambiente que apoyara la detención de Pinochet en Londres y los esfuerzos posteriores y actuales de buscar la justicia en el caso chileno en Inglaterra, en España, en Bélgica, en los Estados Unidos, y en muchas otras partes del mund13o.

Primero, existían muchos lazos entre Chile y el exterior antes del golpe. Entre todos los países latinoamericanos, Chile ya había atraído un interés particular en la comunidad internacional a partir de los años cincuenta, cuando fundaciones como la Ford y la Rockefeller, tanto como las organizaciones como UNESCO, UNICEF, US AID, la Alianza para el Progreso, la OEA, y una variedad de gobiernos e instituciones europeas establecieron sedes, institutos y programas de investigación, intercambio, y enseñanza en Chile. En aquella época se inició organizaciones como la FLACSO y programas de intercambio tales como el establecido entre la Universidad de Chile y las universidades de California.

Éste, financiado con $10 millones de la Fundación Ford, resultó entre otras cosas en licenciaturas y doctorados para más de 125 profesores chilenos entre 1965 y 1978 (Puryear). Tales programas fortalecieron los vínculos institucionales y el intercambio de conocimientos entre Chile, Europa y los EEUU, y promovieron también la creación de redes profesionales, académicas, científicas y técnicas, tanto como relaciones personales entre chilenos y gente del exterior.

En las vísperas de la revolución cubana, los EEUU buscó ofrecer alternativas al comunismo en América Latina. Chile, donde la izquierda tenía un arraigo fuerte, fue la vitrina de la Alianza para el Progreso. Entre 1962 y 1969, Chile recibió más de un billón de dólares de asistencia, préstamos, y donaciones de los Estados Unidos -más per cápita que cualquier otro país en el hemisferio- (U.S. Senate,1975). Centenares de norteamericanos fueron a Chile en los años sesenta para participar en el Cuerpo de Paz. Los bancos privados habían abierto posibilidades de crédito para el desarrollo en Chile en los años sesenta y había mucha inversión extranjera en el país -un factor que complicaría las campañas internacionales tanto como la política chilena-.

Chile estaba repleto de gente de otros países. La nueva Junta condenó la presencia de algunos 10,000 extranjeros a quienes llamó “extremistas,” y quienes prometió expulsar. (Washington Post, 15 septiembre 1973). Estos extranjeros incluyeron un sinnúmero de latinoamericanos -de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay- que habían encontrado amparo en Chile de la represión política en sus propios países. Había además en Chile y el Cono Sur refugiados criminales que participaron en la persecución de los judíos bajo el régimen nazi en Alemania. Su presencia ya había despertado un interés por parte de los llamados “cazadores de Nazis” que mantuvieron sus presiones durante el régimen militar de Pinochet. (“Jewish Group Asks Chile to Extradite Walter Rauff”, Sept. 6, 1972)

El carácter internacional de las iglesias, los partidos políticos y los sindicatos -instituciones fuertes en la historia de Chile – ofrecían redes de organización y amparo importantes y ya establecidas. Muchos misioneros extranjeros vivían en Chile. Los vínculos entre las iglesias americanas y europeas se habían profundizado a raíz de la conferencia episcopal latinoamericana en Medellín en 1968, cuando los obispos se pronunciaron a favor de la opción preferencial para los pobres. Se vio una proliferación en Chile (y Brasil) de comunidades de base inspiradas en la nueva “teología de la liberación” y estos experimentos atraían la atención de gente de afuera y llamaron a un nuevo tipo de misionero dispuesto a comprometerse a vivir entre los pobres. También en 1971 se estableció Serpaj como un movimiento panamericano a favor de la justicia social y la no-violencia activa que creó otra red de comunicación y de confianza y relaciones personales que serían importantes en el período después del golpe. (Pagnucco)

Los cambios en la iglesia contribuyeron a un ambiente eclesiástico que apoyó una posición menos ligada al apoyo de las élites tradicionales y más dispuesta a defender los derechos del pueblo frente al dictador venidero. Este espíritu ecuménico resultó en la creación de respuestas conjuntas de las iglesias y grupos religiosos tales como el Comité CONAR y COPACHI, y la Vicaría de la Solidaridad, institución protegida por la Iglesia Católica que empleó en su cenit algunas 200 personas con un apoyo de $2 millones anuales del exterior. (Puryear)

Mucho antes del 11 de septiembre de 1973, Chile ya había despertado un interés intelectual, político, e ideológico por su experiencia con un sistema democrático que había permitido cambios políticos entre sectores de la derecha, izquierda, y centro por la vía electoral. Cuando llegó Salvador Allende– un socialista cuya trayectoria democrática era conocida — a la presidencia, muchos intelectuales extranjeros ya estaban en Chile o se fueron para allá para observar o participar en la “revolución pacífica” que Allende proponía llevar a cabo.

Con Allende, Europa parece haber descubierto a Chile. Pablo Neruda, en Confieso que he vivido memorias, escribió que bajo Allende:

afiche1El nombre de Chile se había engrandecido en forma extraordinaria. Nos habíamos transformado en un país que existía. Antes pasábamos desapercibidos entre la multitud del subdesarrollo. Ahora por primera vez teníamos fisonomía propia y no había nadie en el mundo que se atreviera a desconocer la magnitud de nuestra lucha en la construcción de un destino nacional. (Neruda 465)

Entre los partidos políticos, los comunistas, socialistas, social-demócratas, y demócrata-cristianos tenían vínculos fuertes con el exterior, sobretodo en Europa, donde estos vínculos se habían fortalecido durante la época de Allende..

Neruda observó que:

Todo lo que acontecía en nuestra patria apasionaba a Francia y a Europa entera. Reuniones populares, asambleas estudiantiles, libros que se editaban en todos los idiomas, nos estudiaban, nos examinaban, nos retrataban. … La ardiente simpatía hacia Chile se multiplicó con motivo de los conflictos derivados de la nacionalización de nuestros yacimientos de cobre.

En el caso de los sindicatos, muchos en el exterior ya habían movilizado para apoyar las demandas de los trabajadores bajo la administración de Allende cuando él tomó una posición fuerte frente a las compañías multinacionales

Apartado 2

Aparte de esa trayectoria de lazos, había condiciones internas y externas que facilitaron una reacción internacional al golpe y los abusos que ocasionó. Primero, un golpe militar en Chile era fuera de costumbre. La naturaleza de la cultura chilena política, su historia democrática de constitucionalismo, su tradición de participación activa en la vida electoral, y su tradición de una prensa libre e independiente, tanto como las normas del estado de derecho garantizadas por la Constitución de 1925 y la costumbre del control civil de los militares- puso de relieve el choque dramático del derrocamiento de un líder electo del pueblo y el establecimiento de un régimen militar que asumiera el poder por la fuerza. Además el uso descarado de la tortura, la detención-desaparición, y el exilio forzado como instrumentos del poder político violó la tradición chilena, las sensibilidades humanas, y las normas internacionales.

La naturaleza del golpe no dejó espacio para la especulación. No había una erosión gradual de las estructuras democráticas como en Uruguay o Perú. En Chile quedó claro desde el inicio que el golpe militar era el inicio de un ataque simbólico tanto como físico al tejido social de Chile. Primero, el golpe en sí era brutal y comunicó las intenciones del nuevo régimen sin ambages. Se bombardeó La Moneda, se desmanteló el Congreso, se eliminó abruptamente los medios libres de comunicación al mandar cerrar 26 periódicos y revistas, se persiguió al liderazgo y a las bases de la administración anterior, y se prohibió los sindicatos y el derecho a la asamblea. De los miles que detuvieron en el Estadio Nacional, algunos, como Adam y Patricia Garrett-Schesch, estudiantes graduados de la Universidad de Wisconsin, lograron escapar y dar testimonio de las ejecuciones que habían presenciado. (Washington Post, 24 septiembre 1973)

Aparte de la historia democrática de Chile, el choque del golpe, y la ferocidad de la represión, la asociación creciente del régimen con la figura de Pinochet en el año después del golpe contribuyó a la consolidación de los esfuerzos nacionales e internacionales en su contra. Como la institución militar chilena se consideró una de las más jerárquicas del mundo con una orden rígida y establecida, fue lógico atribuir al comandante-en-jefe la autoridad y responsabilidad definitiva de lo que pasaba en el país. Desde la primera etapa -no como en Perú, Brasil, Uruguay, o Argentina, donde hubo una difusión del liderazgo militar- se asoció el régimen militar en Chile con una sola personalidad.

La política de relegar a los opositores al exilio también contribuyó a la reacción internacional al golpe por dos razones principales. Primero la gente recurrió a las Embajadas para ayuda, dando a conocer de inmediato la brutalidad del régimen al mundo diplomático. Algunos diplomáticos que intentaron ayudar, como el embajador sueco, Harald Edelstam, fueron expulsados luego por la nueva Junta, y se dedicaron a luchar para la restauración democrática. Segundo, miles de chilenos salieron de Chile a vivir en Europa, América del Norte, Australia, y otros países de América Latina, donde difundieron información, formaron amistades, y en el mejor de los casos, generaron apoyo y solidaridad y contribuyeron a los esfuerzos de aislar al dictador. Los diplomáticos chilenos en Ginebra, Estocolmo, México, Caracas, y otras ciudades del mundo presentaron sus renuncias con el golpe y muchos se quedaron en el exterior. Si agregamos los chilenos que tenían que salir por razones económicas, INCAMI, una organización católica chilena, calcula que un millón de chilenos salieron de Chile en los primeros tres años después del golpe. (Kay 1987, p. 50-51)

Aparte de las capacidades individuales de los exiliados, algunos también ya tenían vínculos en el exterior a través de fundaciones, instituciones y asociaciones académicas (como LASA en los Estados Unidos), partidos políticos, iglesias, y otras organizaciones internacionales. Ayudados por estas redes internacionales, algunos consiguieron puestos en universidades o en organizaciones como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Banco InterAmericano de Desarrollo, y la Organización de Estados Americanos, desde donde buscaron mecanismos para resistir la nueva orden política introducida con el golpe.2820a

Paradójicamente, en los Estados Unidos algunos chilenos podían aprovechar del espacio creado en las universidades por parte de la lucha de los chicanos y afro-americanos durante los años sesenta. Con los programas de acción afirmativa, la llegada de los chilenos coincidió con cierta abertura a las minorías étnicas en muchos campos.

Los chilenos exiliados rápidamente sirvieron de nexo entre Chile y el exterior. Se establecieron grupos de solidaridad con Chile, muchos iniciados por chilenos desterrados, en más de 80 países del mundo. (Ropp y Sikkink 1999, p. 176) En Francia, se organizó 400 comités de apoyo de los chilenos en los primeros cinco meses. (Chile Newsletter, febrero 1974, 1:4.) En Inglaterra, se formó la Chile Solidarity Campaign (CSC) inmediatamente después del golpe, y algunos meses más tarde el más amplio Chile Committee for Human Rights. En ciudades por todo el mundo, surgieron otros comités parecidos. Algunos, como los comités de NICH (Non-Intervention en Chile), tenían vínculos con los partidos políticos -en este caso, el MIR- en Chile, y otros buscaron crear alianzas multi-partidarias.

En el mundo cultural también había muchos contactos globales. Figuras culturales como Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani, y Patricio Manns ya habían llamado la atención del mundo con la nueva canción chilena, y cuando se derrocó a Allende, algunos de estos músicos se encontraron en una gira en Europa desde donde siguieron con una nueva misión de concientización.

La cultura jugó un papel importante en la sensibilización de la comunidad nacional e internacional a los efectos de la dictadura. Primero, la cultura sirvió de pájaro en las minas, y cuando se torturó hasta la muerte al poeta y cantor, Víctor Jara, en el Estadio Nacional — con tantos otros -y se condenó a los Inti Illimani y los Quilapayún al destierro- se concientizó al público y estimuló la solidaridad de un sector importante del mundo artístico.

En los Estados Unidos, músicos como Holly Near, Arlo Guthrie, Ronnie Weaver, y Pete Seeger dieron a conocer al público la tragedia que se vivía en Chile. Joan Báez cantó el poema de Violeta Parra, “Gracias a la Vida.” Pete Seeger adaptó y cantó el poema, “Estadio Chile,” de Víctor Jara (quien décadas antes había introducido a Chile la versión castellana de “If I had a Hammer.” Holly Near, invitada por Alive, un grupo femenino de jazz, escribió una canción que mencionó por nombre una lista de las mujeres desaparecidas en Chile. Sweet Honey in the Rock rindió su escalofriante “Chile, Your Waters Burn Red Through Soweto.” Menos de dos semanas antes de su asesinato, Orlando Letelier habló en un evento organizado por el National Coordinating Center in Solidarity with Chile, Chile Democrático, y el Chile Committee for Human Rights, en Madison Square Garden en el cual figuraron Joan Báez y Pete Seeger. Y muchos de los que han cantado en una nueva honda musical a favor de los derechos humanos -Jackson Browne y Sting, entre otros- cantaron de Chile y Pinochet.

Las peñas, establecidas por chilenos en muchas partes del mundo, ofrecieron también un lugar de solidaridad y compañerismo donde a la vez recaudaron fondos para los presos políticos y la resistencia a la dictadura e invitaron la participación de colaboradores. Actores y dramaturgos — pienso en Michelle Feiffer, Martin Sheen, Jack Lemon, Mike Farrell — también mostraron interés en el caso chileno y utilizaron su estatus en la sociedad norteamericana para educar al público.

Las películas (tales como “Battle of Chile,” “Missing,” “Il Postino,” y “Death and the Maiden”), poesía, drama (pienso en “Tres Marías y una Rosa”), novelas (como La casa de los espíritus), revistas, música, baile, y artes gráficas (como el de René Castro y Naúl Ojeda, el uruguayo recién fallecido) y artes plásticas consiguieron dar cara, cuerpo, y voz a la población chilena.

Apartado 3

La represión organizada bajo la Operación Condor llegó al exterior y atacó a la soberanía de otros países al transgredir las fronteras de Chile. Las más conocidas de sus actividades que provocaron respuestas internacionales incluyeron: el asesinato por la DINA en 1974 de General Carlos Prats (el precursor de Pinochet) y su esposa en Buenos Aires; el asesinato fracasado en el mismo año en Roma de Bernardo Leighton, líder demócrata-cristiano y exVice-Presidente de Chile; el aplan-condorsesinato en septiembre de 1976 de Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores con su colega, Ronni Moffitt, en Washington, D.C., el secuestro y detención de docenas de chilenos en otros países del Cono Sur.

El Institute for Policy Studies (IPS) había invitado a Orlando Letelier a trabajar con él para iniciar centros transnacionales de investigación — resultado en parte de una relación iniciada cuando el cineasta Saul Landau lo conoció cuando Orlando era embajador en Washington. Su muerte y la de otra colega de IPS, Ronni Moffitt, profundizaron el compromiso institucional de IPS tanto como el compromiso personal de muchos que los conocieron o que trabajaron con ellos o sobre el caso chileno.

Aparte de la represión a los exiliados del exterior, la dictadura eliminó a muchos residentes extranjeros en Chile, tales como Frank Teruggi, Charles Horman, Sheila Cassidy, y Carmelo Soria. Si bien la represión contra los chilenos propios era mucho más extensiva, estos ataques legitimaron desde el primer momento el activismo de gobiernos extranjeros en el caso chileno en un momento cuando no había desarrollado un consenso en la práctica como el que existe hoy sobre la universalidad de los derechos humanos y el derecho de la comunidad internacional de opinar cuando un gobierno no cumple con sus deberes de proteger y promover los derechos humanos de sus ciudadanos. 4 (“24 Chilean and Uruguayan Refugees Abducted in Argentina,” Washington Post, 12 June 1976.)

Uno de los factores externos que contribuyó a la respuesta extraordinaria al golpe fue que el golpe se dio en un momento histórico propicio para una resistencia internacional. Los años sesenta era un momento histórico de mucha energía social. Había una nueva concientización del poder del pueblo, de optimismo y esperanza, de fe en las posibilidades de los cambios sociales.

En los Estados Unidos, como en muchas partes del mundo, los estudiantes se habían organizado, los movimientos sociales de la no-violencia activa habían contribuido a parar la guerra en Vietnam, se había logrado avances en los derechos civiles para las minorías étnicas estadounidenses y para las mujeres en muchas partes, se estaba organizando a favor de la independencia de las colonias africanas y en contra del sistema de apartheid en África del Sur. Era un momento de abertura a las ideas progresistas y de visiones alternativas.

Apartado 4

Paradójicamente el papel de los Estados Unidos respeto a Allende y a Pinochet contribuyó al interés en el caso chileno y al enfrentamiento ideológico. Seis meses antes del golpe se había abierto una investigación en el Senado de los Estados Unidos sobre la intervención de la CIA y las compañías multinacionales (ITT, Kennecott, y Anaconda) en la política chilena. En este contexto, las revelaciones sobre la manipulación extensiva de la política interna de Chile a partir de los años sesenta, tanto como la actitud y el papel de la administración de Nixon y de la CIA en el derrocamiento de Allende, la arrogancia de Henry Kissinger, el subsiguiente apoyo abierto a Pinochet, y consiguieron enardecer mucha oposición doméstica en el público tanto como en el Congreso norteamericano. Un sentido de responsabilidad, rabia, y vergüenza motivaron a muchos norteamericanos.

Después del fracaso en Vietnam y el escándalo de Watergate, el público norteamericano eligió al Congreso norteamericano algunos representantes que una nueva clase de políticos– los llamados “Watergate Babies” -que exhibió una conciencia crítica respeto al papel estadounidense en el mundo y buscaba hacer nuevos caminos en su política exterior. El Congreso entonces se hizo sitio del debate ideológico sobre la política estadounidense de apoyar a las dictaduras- tales como se había apoyado en Vietnam. Estas políticas de apoyar dictaduras militares en nombre del anti-comunismo y la doctrina de la seguridad nacional se había visto en décadas anteriores en América Latina -en Guatemala y Paraguay (1954), Brazil (1964), la República Dominicana (1965), Bolivia (1972) y pocos meses antes del golpe chileno, en Uruguay (Junio 1973). El caso chileno, sin embargo, dio impulso y enfoque para una reevaluación de esta política.

2. ¿Cuáles eran algunas de las campañas exitosas de solidaridad transnacional durante la época de Pinochet?

Primero habría que definir lo que constituye un éxito, y creo que estas definiciones son múltiples, y cambiaron según la época y según las campañas. Tendría que decir que hubo victorias de varios tipos. Victorias simbólicas, triunfos sustantivos, y concesiones temporales. Al nivel general, habría que observar que la gama de resistencia al golpe fue impresionante, inmediata, y sostenida durante muchos años.

El primer triunfo fue que la sociedad civil chilena seguía activa a pesar de la dictadura. No hubiera sido posible la resistencia sin la alta capacidad de organización de los chilenos. Cuando las numerosas delegaciones extranjeras viajaron a Chile a investigar los derechos humanos, contaron con la experiencia, el conocimiento y los consejos de muchos grupos de derechos humanos tales como la Vicaría de la Solidaridad, la Comisión Chilena de Derechos Humanos, FASIC, CODEPU, PIDEE, Serpaj, la Comisión Nacional Contra la Tortura, el Movimiento Sebastián Acevedo, todas las agrupaciones de familiares de las víctimas de la represión -de los desaparecidos, de los presos políticos, de los ejecutados, de los detenidos- que se establecieron durante la dictadura.

Las iglesias lograron éxitos imprescindibles que fueron apoyados por la comunidad internacional.

En la primera etapa del golpe, estos éxitos y éxitos parciales incluyeron el establecimiento de organizaciones en Chile que pudieron ofrecer la asistencia humanitaria, sicológica, y legal a las víctimas de la represión –a los que huían de la represión y a los que quedaron. Con la colaboración del Alto Comisionado de las Naciones Unidas de Refugiados (ACNUR) y el Comité Internacional para la Migración de las Naciones Unidas (UN International Committee for Migration), líderes de las iglesias católica, ortodoxa, protestante, y la comunidad judía crearon el Comité Nacional de Ayuda a los Refugiados (?) (CONAR) que facilitó el salvoconducto de algunas 4,500 personas en los primeros seis meses después del golpe.

El Consejo Mundial de Iglesias, por la gestión del pastor presbiteriano Charles Harper y el obispo luterano Helmut Frenz, fundó el Comité por la Paz en Chile (COPACHI o el Comité Pro-Paz) el 6 de octubre de 1973, en el cual participaron representantes de las iglesias católica, luterana, baptista, etodista, metodista pentecostal, ortodoxa, y la comunidad judía. COPACHI recibió 86% de su apoyo del extranjero y el resto de Caritas Chile. La mitad de sus finanzas venía de organizaciones evangélicas, show_image_NewsPostsobretodo del Consejo Mundial de Iglesias; el apoyo católico vino de la organización holandesa, CEBEMO, MISEREOR de Alemania, y la Conferencia Episcopal de los EEUU. Entre sí, CONAR y COPACHI ofrecieron apoyo legal, fiscal, y emocional a las víctimas de las violaciones de los derechos humanos. (Hawkins 2002, p. 56).

En enero de 1976, dos meses después de la disolución forzada de COPACHI y con el amparo del Cardenal Raúl Silva Henríquez y la iglesia católica, se estableció la Vicaría de la Solidaridad. La Vicaría, que durante una etapa era el único espacio de resistencia permitida al dictador, llegó a ser una institución modela para los defensores de derechos humanos en el exterior. Recibió entre 1974 y 1979 un apoyo internacional que se calculó en 100 millón de dólares para los programas de derechos humanos y desarrollo económico. (Brian Smith, 325-326, cited in Hawkins 2002,p. 56).

Había otros éxitos o éxitos parciales en Chile que la comunidad internacional apoyó. Las organizaciones gremiales de los sindicatos tomaron el liderazgo de las protestas nacionales cuando declinó la economía chilena a principios de los años ochenta, los partidos políticos ganaron fuerza cuando se decidió seguir una estrategia electoral con la campaña del NO a fines de los años ochenta; los periodistas lograron sacar revistas independientes bajo muchas presiones, los médicos comenzaron a organizarse contra la participación de los médicos en las sesiones de tortura, los trabajadores culturales mantenían viva las memorias y el deseo popular de justicia; los intelectuales analizaron la situación y ofrecieron visiones de salidas posibles; los abogados defendieron a las víctimas de violaciones de derechos humanos a gran riesgo personal; las mujeres demandaron la democracia en la casa y en la calle; los mapuches buscaron proteger sus derechos a la tierra, y la gente que sufría la crisis económica en carne propia en las poblaciones se organizaron en ollas comunes, centros de salud, grupos de apoyo para los cesantes, y muchos otros.

Aparte del apoyo humanitario de las iglesias y el establecimiento de grupos de apoyo dentro y fuera de Chile, habría que reconocer entre los éxitos y éxitos parciales al nivel internacional: el aislamiento diplomático; la organización de manifestaciones masivas de gente en muchas partes del mundo durante los años de la dictadura chilena; los boicots económicos de productos chilenos; y la negación de los estibadores de cargar productos chilenos en California, Francia, y en otros sitios. Tuvieron éxito parcial e intermitente las campañas internacionales para liberar a los presos políticos y para permitir volver a los exiliados, tanto como las campañas para someter el régimen militar a un embargo de comercio, o para ampliar el espacio para la libertad de expresión, o para buscar la justicia en casos particulares tanto como colectivos. Recientemente, una campaña organizado por Amnistía Internacional, IPS, y TNI, con la colaboración de muchos grupos chilenos y el apoyo de los estibadores sigue teniendo éxito. En 2003, lograron excluir de los puertos en Holanda, Suecia, España, Perú, Ecuador, Panamá, y San Francisco en los Estados Unidos, el “Esmeralda,” uno de los barcos utilizado como lugar de detención y tortura en Chile�marcando una victoria simbólica del rechazo de la tortura como instrumento del poder.

Las campañas exitosas o parcialmente exitosas en Washington incluyeron la campaña de cerrar la Oficina de Seguridad Pública de la AID (la agencia que tenía la responsabilidad de entrenar las fuerzas policiales extranjeros) y restringir los programas de educación y entrenamiento militar internacionales (International Military Education and Training –IMET); la campaña de las ONGs con el Congreso para más supervisión y control sobre las actividades de las agencias de inteligencia; la prohibición de ayuda militar o policial y la reducción de ayuda económica a los más necesitados; la abolición de las garantías y créditos del Banco EXIM y las garantías de crédito de los productos (Commodity Credit Corporation guarantees); el desarrollo (y después los esfuerzos para promover su implementación) de legislación que condicionó la ayuda bilateral norteamericana y sus votos en el Banco Munidal y el Banco Inter-americano de Desarrollo sobre las prácticas de los gobiernos recipientes de los derechos humanos; los esfuerzos de vincular la política norteamericana con la cooperación del gobierno chileno en el caso de los asesinatos de Letelier y Moffitt en Washington.

Cada voto en las Naciones Unidas presentó un desafío y una oportunidad para los chilenos y los grupos de derechos humanos. Las Actas de la Honorable Junta de Gobierno demuestran que la posición de los Estados Unidos en aquel foro internacional le preocupaba mucho al gobierno de Pinochet. (Goldberg 2003) Fue la presión de grupos no-gubernamentales que logró que en noviembre de 1975 los Estados Unidos dejara de abstener de votar por las resoluciones en las Naciones Unidas que condenaron los abusos del gobierno de Pinochet, y una década después que los Estados Unidos comenzara a liderar la denuncia de tales. También los grupos no-gubernamentales colaboraron con los gobiernos para lograr el establecimiento de un rapporteur especial en la ONU sobre Chile.

Recientemente, habría que reconocer las alianzas internacionales que facilitaron la detención de Pinochet en Inglaterra por acciones de abogados españoles con el apoyo de documentos recopilados por chilenos. Las campañas subsiguientes de apoyo -como por ejemplo la que lanzó el National Security Archives para reclasificar y dar a conocer aquellos documentos que podían contribuir a los esfuerzos de los que acusan a Pinochet- han tenido éxitos parciales en parte porque contaron con la experiencia y conocimiento de individuos como Peter Kornbluh y el fortalecimiento de la sociedad civil en los Estados Unidos a causa del caso chileno.

Los esfuerzos internacionales parecen haber contribuido a las decisiones de disolver a la DINA, de poner fin oficial a la práctica de hacer desaparecer a los detenidos, de cambiar el gabinete de Pinochet, de levantar el estado de sitio, de garantizar condiciones electorales más abiertas y hacer permitir más libertad de prensa, y de hacer respetar los resultados del plebiscito en 1988.

Con la ventaja que proporciona una mirada retrospectiva, se ve la necesidad de tomar una perspectiva de largo plazo al evaluar cuáles han sido los éxitos y se nota que a veces las metas de corto plazo no importaban tanto como la educación, la sensibilización, y las alianzas y relaciones de confianza que contribuyeron al establecimiento de comunidades de derechos humanos que se iban creciendo con cada acción tomada y que contribuyeron a la creación de una conciencia internacional sobre Chile.

3. ¿Cómo cambió el trabajo en derechos humanos en Chile y en el exterior?

El trabajo sobre los derechos humanos en Chile cambió según lo que pasaba en el exterior y en Chile, y según lo que pasaba en el desarrollo de las normas, mecanismos, y evolución de las ONGs de derechos humanos. Chile y el caso chileno tenían mucho que ver con el cambio que se dio en el ambiente internacional durante las últimas tres décadas. Hoy este ambiente se ve mucho más propicio -en la corte, en la calle, en la prensa, o en las altas esferas- a juzgar no sólo a Pinochet, sino a cualquier dictador criminal.

En Washington y los Estados Unidos (y me imagino en muchos otros países), el trabajo sobre Chile se relacionó primero a los cambios de gobierno y la evolución de una sociedad civil que se preocupara por las violaciones de los derechos humanos. Durante la administración de Ford y Nixon, la capacidad organizativa de los grupos fuera de Chile no era muy desarrollada, y no había un consenso sobre el papel de los derechos humanos en la política exterior de los Estados Unidos. En 1973, el representante Donald Fraser, jefe del Subcommitteee on International Organizations and Movements of the House Foreign Affairs Committee, lanzó una serie de audiencias sobre el papel del gobierno norteamericano en la protección internacional de los derechos humanos, motivada en parte por las situaciones en Chile y Corea del Sur. En aquella época, su comité concluyó:  “El factor de los derechos humanos no se otorga la prioridad que merece en nuestra política exterior  Por desgraciala actitud predominante ha llevado a Estados Unidos a adoptar los gobiernos que practican la tortura y descaradamente violan casi todos los derechos humanos garantizan pronunciadas por la comunidad mundial una mayor prioridad a los derechos humanos en la política exterior es a la vez un imperativo moral y práctico necesario. (Fraser, p.218)

Esta conclusión resultó en una confrontación directa entre el Congreso y la rama ejecutiva, cuyo Secretario de Estado Henry Kissinger había concluido: “I believe it is dangerous for us to make the domestic policy of countries around the world a direct objective of American foreign policy.”Creo que es peligroso para nosotros, para que la política interna de los países de todo el mundo un objetivo directo de la política exterior de Estados Unidos.”

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Chile fue el catalizador de una nueva época en la historia de la defensa de los derechos humanos y de la política norteamericana al respeto. Cuando Pinochet entró al poder en Chile, al nivel internacional ya existieron herramientas y normas que no se habían aplicado. Una generación anterior de defensores de derechos humanos había codificado los derechos humanos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1948), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ECOSOC) (1966) -que entraron en vigencia en 1976- y la convención interamericana de derechos humanos (1969) que estableció la corte regional de derechos humanos. Los juicios de Nuremberg ya establecieron un modelo de atribución de responsabilidad por las atrocidades.

Los esfuerzos de los chilenos en Chile y fuera de Chile provocaron respuestas activistas de cuerpos regionales e internacionales. En 1974, la OEA por primera vez condujo una investigación in situ de violaciones de derechos humanos en Chile, donde centenares de chilenos -la mayor parte mujeres- fueron a las oficinas establecidas en Santiago para denunciar la detención y desaparición de sus familiares y amigos. La OEA, como organización intergubernamental cuyo mandato requiere consultas con los gobiernos miembros, nunca antes había tomado acción sobre las alegaciones de violaciones de un país miembro; inclusive había negado de hacerlo con un informe sobre la tortura en Brasil hace tres meses antes del golpe chileno.

El caso de Chile sentó un precedente en las Naciones Unidas también cuando respondió por primera vez a los abusos de derechos humanos, sin considerarlos necesariamente como una “amenaza internacional a la paz y seguridad.” (Kamminga 1992) Las Naciones Unidas estableció su primer grupo de trabajo (working group) en 1976 sobre Chile y su primer rapporteur especial sobre derechos humanos en 1978 en Chile. La expansión de las actividades de estas organizaciones abrió nuevas oportunidades para acciones de documentación, vigilancia, denuncia, y debate sobre el caso chileno.

Aparte de su impacto en el ámbito internacional, el caso de Chile tenía un impacto en los sistemas nacionales. En los primeros meses después del golpe y en los años subsiguientes, el trabajo en parte era el de crear conciencia y hacer cuestionar lo que pasaba en Chile, la posición de los Estados Unidos frente a los gobiernos de Allende y Pinochet, el carácter de la Doctrina de Seguridad Nacional, y los costos del modelo neo-liberal de los “Chicago Boys.” En eso habría que reconocer el trabajo de NACLA, entre otros. Parte de este trabajo fue establecer normas en la legislación doméstica que coincidiera con las normas establecidas en los instrumentos internacionales, tales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En esta primera etapa cuando había poca conciencia de América Latina en Washington, fue un éxito establecer relaciones de confianza entre las ONGs y el gobierno norteamericano. Fue un logro encontrar gente dispuesta a recibir a los chilenos y a responder a lo que sucedía en Chile, gente como Mark Schneider, Nancy Soderberg, y Sen. Edward Kennedy; Ed Long y Rep. Ted Weiss; entonces Rep. ahora Senador Tom Harkin; Cindy Arnson y Rep. George Miller; Jan Shinpoch y Rep. Stan Lundine; (ahora diputado) James McGovern y Rep. Joe Moakley; Rep. Toby Moffett; Nancy Agris, Vic Johnson, Lilian Pubillones y Cong. Mike Barnes; Rep. Don Fraser y John Salzburg; Bob Dockery y Sen.  Christopher Dodd; Sen. John Kerry; Barry Sklar, y el personal del Senate Foreign Relations Committee; Cong. Bruce Morrison, Cong. Pete Stark, Cong. Tom Lantos, Cong. Rick Boucher, Cong. Bill Alexander, Rep. Doug Bereuter, y otros.

El golpe provocó respuestas institucionales por parte de las iglesias católicas y protestantes, quienes vieron la necesidad de asegurar que las realidades vividas por sus colegas en aquellos países se representaran en las altas esferas de Washington. Chile fue catalizador de la formación de una serie de nuevas organizaciones cívica-religiosas como la Washington Office on Latin America, cuya primera directora -Diane LaVoy-, jugaría un papel en la famosa investigación del Senador Frank Church sobre las acciones de la CIA en Chile, cuyo segundo director, Joe Eldridge, era misionero metodista en Chile cuando vino el golpe; también Heather Foote, que dirigió WOLA en los años ochenta y ahora se encarga de la oficina del AFSC en Washington, había trabajado en Chile como colaboradora con el Comité Pro Paz.

El Council on Hemispheric Affairs, creado en 1975, también fue producto del encuentro con Chile, donde su director, Larry Birns, trabajaba con ECLA de la ONU en los meses antes del golpe. Chile también dio nueva energía y enfoque al tema de los derechos humanos en las actividades de organizaciones como Americans for Democratic Action, the Friends Committee for National Legislation, the Human Rights Working Group of the Coalition for a New Foreign and Military Policy, Clergy and Laity Concerned y Center for International Policy, grupos que habían luchado con cierto éxito en contra de la política norteamericana en Vietnam y que en los años iniciales del golpe buscaron establecer nuevas normas en la política exterior y más vigilancia por parte del Congreso sobre las acciones de la rama ejecutiva. La represión contra ciertos sectores en Chile: tales como los trabajadores, los periodistas, los artistas e intelectuales, los trabajadores de la salud, y los estudiantes o tácticas como el uso de los médicos en la tortura mobilizaron muchos homólogos en el exterior a formar sus propios grupos o campañas de solidaridad o a organizar visitas de investigación a Chile.

Estas organizaciones y otros que aparecieron más tarde, como Americas Watch, sensibilizaron al público del tema de Chile y promovieron una política a favor del respeto de los derechos humanos frente a las instituciones gubernamentales, intergubernamentales y no-gubernamentales. Debe haber muchas otras historias parecidas en otras partes del mundo también.

Con el establecimiento y la consolidación de organizaciones de derechos humanos, hubo también más presión al nivel de la política norteamericana hacia Chile. Los esfuerzos para promover audiencias públicas sobre Chile lograron en los Estados Unidos que cada año a partir de 1973, los comités de relaciones exteriores de la Cámara de Diputados y del Senado recibieron testimonio sobre Chile cuando debatieron el proyecto de ley para la ayuda externa.

En la primera década de Pinochet, bajo Ford y Nixon, los grupos de derechos humanos (que se iban constituyéndose) buscaron crear las herramientas y mecanismos nacionales de presión sobre sus gobiernos y el gobierno de Chile. Entre 1975 y 1977, consiguieron que los Estados Unidos cortara la ayuda militar, limitara la ayuda económica, y se opondría a préstamos en el Banco Inter-Americano de Desarrollo y el Banco Mundial a los gobiernos que violaron sistemáticamente a los derechos humanos de sus ciudadanos. En 1976, como respuesta a las críticas del Congreso sobre la política norteamericana hacia Chile, el Departamento de Estado inició la publicación de un informe anual sobre el estado de los derechos humanos para la cual las embajadas extranjeras comenzaron a tener que prestar atención y tomar contactos con los grupos de derechos humanos.

Durante la administración Carter (1977-81), hubo una alianza entre la rama ejecutiva y la legislativa para crear y fortalecer mecanismos gubernamentales para promover los derechos humanos de manera más sistemática. Fue en estos años cuando se estableció la legislación más exigente para los gobiernos recipientes de la ayuda norteamericana en cuanto a su posición respeto a los derechos humanos referida antes.

Con el liderazgo de Carter y su administración, Chile fue beneficiario de una política de promoción de los derechos humanos en las instituciones nternacionales. Carter nombró a Andrew Young, asistente de Martin Luther King, Jr. y del equipo del Southern Christian Leadership Conference, como Embajador a las Naciones Unidas. Young señaló como asistente al recién fallecido Brady Tyson, también conocido por su participación en la estrategia de la no-violencia activa en defensa de los derechos civiles.

Se había establecido en 1976 una oficina de coordinación de derechos humanos y asuntos humanitarios que sirvió de consejero del secretario de estado. Bajo Carter se ascendió la posición en 1977 al nivel de subsecretario de estado, aumentaron el personal de 2 a 7 personas, y Carter nombró como subsecretario a Patricia Derian, otra activista de los derechos civiles y fundadora de la Mississippi Civil Liberties Union. (Schoultz 1981; p. 126) Sirvió como asistente Mark Schneider, uno de los responsables del trabajo sobre Chile en los primeros años de Pinochet en el Senado, donde trabajaba como asistente de Senador Edward Kennedy.

En la subsiguiente administración de Reagan -la época de la “diplomacia silenciosa”- los Estados Unidos cambió de posición y las leyes que fueron establecidas anteriormente fueron violadas abiertamente. Por consiguiente, en aquella etapa, las ONGs lucharon para vigilar su implementación.

Hubo una lucha para establecer las definiciones de la violación “sistemática” de los derechos humanos, para contestar las afirmaciones que la situación se mejoraba, y para hacer implementar las leyes que se había establecido antes. Cuando la administración de Reagan trató de quitar la prohibición de ayuda militar a Chile, por ejemplo, la oposición en el Congreso norteamericano consiguió suavizar la modificación al introducir algunas condiciones a la ayuda. En otro caso, a pesar de la ley, la dministración comenzó a votar a favor de los préstamos para Chile. La legislación no resultó suficiente para prevenir que la administración simplemente no afirmara que cumplían con las condiciones del Congreso.

Una consecuencia fue que algunos grupos como WOLA ampliaron el enfoque de su trabajo en el Congreso. De los comités que trataron temas de relaciones exteriores (SFRC y HFAC), comenzaron a cultivar relaciones con los congresistas (republicanos y demócratas) en los comités que financiaron las instituciones financieras internacionales. Tal era el caso del representante Bruce Morrison, que participó en una delegación auspiciada por WOLA y una serie de actividades en Chile en 1986.

Las acciones internacionales respondieron también a los eventos en Chile. Cuando en 1982 llegó la recesión económica a Chile, y se iniciaron los días nacionales de protesta, los grupos nacionales ya habían desarrollado los mecanismos para responder, y ya estaban vigentes los mecanismos de denuncia frente a las organizaciones internacionales como la OEA y las Naciones Unidas. A mediados de los años ochenta, hubo cambios profundos en la oposición. Con el Acuerdo Nacional en 1985, dentro de Chile hubo un cambio de un enfoque de derechos humanos a un enfoque electoral.

Los grupos de derechos humanos en el exterior buscaron apoyar y ampliar una abertura política para aumentar las posibilidades de un cambio a un sistema más democrático, llamando la atención a las condiciones bajo las cuales se preparaba la campaña electoral para el plebiscito de 1988. (Hawkins 2002, p. 59) Las fundaciones ampliaron su apoyo y empezaron a financiar organizaciones más abiertamente políticas. Entre 1985 y 1988, se calcula que donaron un promedio anual de hasta 55 millón de dólares. (Angell 1994) Estos fondos ayudaron a reconstruir los partidos políticos, los sindicatos, y los medios de comunicación que los años de dictadura habían prácticamente destruido. (Hawkins 2002, p. 60)

Habría que reconocer un cambio también en la provisión de fondos. En los años ochenta, los gobiernos y partidos políticos extranjeros reemplazaron a las iglesias y grupos de derechos humanos en la provisión de ayuda. Las fundaciones políticas alemanas contribuyeron 26 millones de dólares a Chile entre 1983 y 1988; los Estados Unidos dio $6.8 millones desde 1984-1988; e Italia Holanda, y otros también contribuyeron. (Pinto-Duschinsky 1991, p. 40).

Después de la toma de poder del nuevo presidente Patricio Aylwin y la publicación del informe de la Comisión Rettig, se vio la transformación de la agenda doméstica en Chile sobre los derechos humanos. Primero, gran cantidad del personal de las ONGs de derechos humanos se trasladaron a trabajar con el nuevo gobierno. Segundo, las ONGs se encontraron en el papel incómodo de criticar a un gobierno electo que incluyó a muchos con quienes se había trabajado en la oposición a Pinochet. Cuando la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas concluyó en 1996 que la tortura seguía como práctica en Chile y que el gobierno no había actuado para controlar las actividades de las fuerzas de seguridad, paradójicamente no había mucho espacio para mobilizar a los chilenos o a dar una respuesta internacional. (US Dept of State, Chile Human Rights Practices, 1997)

Tercero, después de recibir apoyo sustancial durante los años de dictadura, con la entrada de un gobierno electo, las ONGs perdieron el financiamiento. El nuevo fondo gubernamental de inversión social absorbió el dinero de la Unión Europea y otros que antes llegaba a las ONGs. Cuarto, la Vicaría de la Solidaridad dejó de operar y los otros grupos de derechos humanos tuvieron que re-evaluar sus estrategias dado la falta de personal y dinero. También grupos como la Fundación Inter-Americana dejó de actuar en Chile en 1996.

Esos cambios tenían su impacto también en el exterior. En los años noventa, predominaron los temas de la justicia transicional y la naturaleza “tutelada” de la democracia. La experiencia con la Comisión Rettig por ser pionero anticipó la popularidad de tales proyectos y el trabajo de la Comisión no generó mucha atención en Washington, en parte porque todos lo reconocieron como una negociación política que privilegió la reconciliación sobre la justicia. Irónicamente, creo que también hubo mucha reticencia por parte de los extranjeros que habían trabajado del mismo lado a favor de los derechos humanos de repente juzgar el proceso inadecuado. Sin una visión clara de la nueva relación en la democracia, faltaba la acción decisiva.

En los años noventa y a principios de los años de 2000, había contactos e informes sobre la situación en Chile, pero no se podía sostener la atención de los políticos extranjeros, el público, la prensa, las fundaciones, y la misma comunidad de derechos humanos, que ya se vio preocupada por otras situaciones de crisis en otras partes del mundo con Centroamérica en particular, y después con Haití, Perú, las repúblicas anteriores de Yugoslavia. “Human rights NGOS tend by their nature to be short- staffed and overworked and each new crisis displaces the last before one is able to work through the resolution of the earlier one,” me comentó un observador.

Cambios de personal en algunas organizaciones en Chile y en el exterior debilitaron las relaciones institucionales entre grupos. Muchos chilenos que vivían en el exilio volvieron a Chile a negociar nuevas vidas allá. Después de largos años de la dictadura, muchos se sentían libres de buscar nuevos caminos profesionales y personales, entregando lo aprendido por su relación a la lucha en otros ámbitos.

Cuando en 1992, la Vicaría tomó la decisión de cerrar sus puertas, una voz importante en el exterior se perdió. No sé hasta que punto el financiamiento extranjero se había agotado o si la disolución de la Vicaría anticipó las decisiones de las organizaciones filantrópicas al señalar que la reconciliación seguía en buen camino y las estructuras democráticas re-establecidas marchaban bien (si con algunas restricciones).

WOLA, que había sido muy activa en cuestiones de Chile en las décadas setenta y ochenta, dejó de iniciar muchas actividades sobre Chile al salir Pinochet de la presidencia. Se sentía que había un proceso doméstico legal y político de que los chilenos podían aprovechar, que no era asunto que requería la intervención de terceros. Como un miembro de un ONG me contó, “No había un mandato claro para la comunidad internacional. Nadie venía para pedir ayuda o apoyo internacional, como sería el caso de los centroamericanos con los procesos de paz en El Salvador y Guatemala.”

¿Cómo se mantuvo viva la búsqueda para la paz y la justicia en los primeros años de los años noventa?

 Los ritos y la cultura han mantenido viva la memoria de los sufrimientos colectivos y personales tanto como el deseo de hacer justicia. Las ceremonias cada septiembre en el círculo de Sheridan — lugar donde fueron asesinados Letelier y Moffitt — tanto como el entregamiento anual de los premios de derechos humanos “Letelier-Moffitt” han servido como ritos importantes que convocan a la gente para renovar el compromiso para con la memoria de las víctimas de la dictadura. Han contribuido a la creación de una comunidad y han ofrecido un contacto continuo que ha fortalecido los lazos de amistad y comunicación entre chilenos y “chilenistas.”

En Washington, el círculo de Sheridan, tal círculo de amistad, es uno de los lugares que provoca lo que Alex Wilde ha llamado “irrupciones de la memoria.” Los ritos del círculo  la música, la oración, las flores, las lágrimas, las sonrisas, las palabras y el silencio– son la base de “nuestra América”–una América de compasión, de recuerdos intencionales, de espiritualidad profunda, de indignación ante las violaciones cometidas, y de dignidad compartida.

Una América que denuncia la injusticia y anuncia el poder del amor, de esperanza, y de la justicia.

El arte ha servido y sigue sirviendo como una “luz entre tinieblas” nombre de una exposición artística organizada por Robb Hite — que viaja por los Estados Unidos desde hace tiempo LOGO ASAMBLEA ANDDHHy que relata en imágenes y textos la lucha, la esperanza, la visión de un futuro mejor, el triunfo de la vida sobre la muerte. Tales proyectos colaborativos crean comunidades que en la producción tanto como en la presentación fortalecen alianzas de luz y energía y visión.

Surgió de la pesadilla de la dictadura las arpilleras, dolor hecho arte, que lograron transformar las víctimas en protagonistas, los familiares en comunidad, y que dieron forma a los cuyos cuerpos desaparecidos y robados. A través de las décadas, esta arte popular, tejido por las lágrimas y el coraje de las mujeres, mantenía viva las quejas y expectativas colectivas de justicia, y se comunicaron su angustia en un lenguaje simbólico y directo a la comunidad internacional.

Los familiares de los detenidos-desaparecidos o las otras víctimas de la represión y sus abogados — por su voluntad y por su coraje–han jugado y siguen jugando un papel importante en las cortes tanto como frente a la opinión publica internacional. La documentación extensiva recopilada en los años setenta y ochenta por los grupos de derechos humanos en Chile como la Vicaría, la CCDH, FASIC, Serpaj, la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, y FEDEFAM es lo que hace posible acusar a Pinochet hoy. Las dificultades que encontraron estos grupos de hacer responsables a los culpables en Chile, los llevó a buscar alianzas en el exterior, donde se pudo hacer quejas y acusaciones formales y documentadas.

Los cambios en el medio ambiente internacional a partir de los primeros años de los noventa siguen ofreciendo nuevos modelos, nuevas posibilidades y nuevas esperanzas. Ahora hay instituciones como la Corte Criminal Internacional tanto como nuevas convenciones contra la tortura. En muchos países del mundo se ha establecido comisiones nacionales para esclarecer los hechos ocurridos y establecer responsabilidad para los abusos. Se ha visto el establecimiento de mecanismos de justicia con los tribunales creados en las ex repúblicas de Yugoslavia , Rwanda, Kosovo, East Timor, y Sierra Leone; y por todas partes del mundo se va buscando la reconciliación interior, en la comunidad, y al nivel nacional e internacional. Hoy existe una cultura internacional más propicia a los derechos humanos, en gran parte fortalecida por la experiencia chilena.

FUENTES CITADAS

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“¡Lo agarraron!” Representaciones del arresto de Augusto Pinochet en Londres y el despertar del exilio chileno en Europa (1998-2000)

1Manuel Gárate
“¡Lo agarraron!” Representaciones del arresto de Augusto Pinochet en Londres y el despertar del exilio chileno en Europa (1998-2000)
“They caught him!” Representations of Pinochet’s arrest in London and the awakening of the Chilean exile in Europe (1998-2000)
“Ils l’ont attrapé!” Représentations d’Augusto Pinochet à Londres et à l’éveil de l’exil chilien en Europe (1998-2000)
[07/07/2016]
Abstracts

El arresto de Augusto Pinochet en Londres tuvo una serie de consecuencias jurídicas y políticas tanto en Chile como en el ámbito de la justicia penal internacional. La imagen negativa de Pinochet en Europa (política y estética) se había construido desde los primeros días del Golpe de Estado de 1973, cuestión que se debió en gran medida a los miles de chilenos que llegaron exiliados al continente, así como a la brutalidad de la represión del régimen durante sus primeros años. Menos conocido es el papel que jugaron estas mismas comunidades en el desarrollo de los acontecimientos que rodearon la detención de Pinochet en Inglaterra en 1998; la resignificación de sus identidades como diáspora política, y los alcances de este episodio en el fin de la transición política chilena.

Palabras claves :exilio, Chile, Pinochet, caricatura política

Introducción
El arresto del dictador y el despertar de la memoria
De la derrota a la posibilidad de justicia: un camino de reivindicación identitaria
Pinochet bajo arresto. La imagen y la caricatura del dictador
Una derrota con sabor a victoria
Conclusión

Introducción

1 Este artículo ha sido realizado dentro del marco del proyecto FONDECYT posdoctoral Nº3130649: “La c (…)
2 Técnicamente enfrentó un juicio de extradición en Inglaterra por querellas interpuestas por un juez (…)
1  El día 16 de octubre de 1998 será una jornada difícilmente olvidable para Chile y para las comunidades de ex refugiados políticos chilenos 1. El general Augusto Pinochet Ugarte, dictador durante 17 años (1973-1990) y senador vitalicio de la transición política chilena (hasta aquel momento un intocable), enfrentaba, por primera vez, una corte de justicia por cargos de secuestro, torturas y desaparición de personas 2. Lo impensable ocurría sin que ningún actor nacional o internacional lo hubiera previsto ni en su más afiebrada imaginación. El accidente histórico; el acontecimiento es su forma más pura, nos mostraba la posibilidad de una inflexión radical en el curso de la historia reciente de Chile y de la justicia penal internacional. El hombre que había gobernado Chile con puño de hierro, y que además lo había sometido a la transformación socio económica más radical de su historia, aparecía como un débil anciano en manos de una infinidad de actores políticos y judiciales que dieron a este caso una dimensión internacional. Se abría, de manera inédita, la posibilidad de juzgar a un ex jefe de Estado por delitos cometidos durante su mandato en un tercer país.

Imagen – Detención de Pinochet en Londres

Imagen – Detención de Pinochet en Londres
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Fuente – Fundación Salvador Allende

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3 Recomendamos especialmente la lectura de: Roger Burbach, The Pinochet affaire: state terrorism and g (…)
4 Ver: Roht-Arriaza, Naomi. “Pinochet Precedent and Universal Jurisdiction, The.” New Eng. L. Rev. 35 (…)
5 Sobre la cuestión de la justicia transicional y post-transicional en relación al caso Pinochet, ver (…)
2Lo que se conoce desde entonces como el “Caso Pinochet”3, constituye un ejemplo de estudio y un hito respecto de la tesis de la extraterritorialidad de la justicia para crímenes contra la humanidad (genocidio) en caso de guerra o represión a manos de agentes del Estado4. Los diversos estudios en torno a este y otros casos similares han constituido un nuevo campo de trabajo académico conocido como “justicia transicional y post-transicional”5.

6 Un interesante trabajo de sociología sobre el exilio chileno en los años ’70 y ’80, puede encontrar (…)
7 Uno de los mejores y más completos estudios sobre el exilio chileno de la dictadura militar corresp (…)
3Sin embargo, aún se desconoce bastante el papel jugado por las comunidades de exiliados chilenos en la organización de la estrategia de extradición y en la construcción de una causa judicial en contra del ex dictador. El arresto de Pinochet en Londres tuvo también un efecto aglutinador en comunidades que habían sufrido un desgaste natural de los años de exilio6 y las rutinas propias de la adaptación a las sociedades de acogida7.

8 Sobre la relación del general Augusto Pinochet con el tráfico de armas y drogas, ver: Burbach, Roge (…)
4La noticia de la detención del ex dictador en la exclusiva The London Clinic, impactó fuertemente a quienes, desde hacía años, habían abandonado toda esperanza de justicia y castigo a los responsables de violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile y en el extranjero durante la década de 1970 y 1980. Augusto Pinochet había viajado al Reino Unido por razones personales, entre las que se encontraba una vieja dolencia lumbar que se hizo operar en una prestigiosa clínica londinense. Además, Pinochet había sido invitado por la fábrica inglesa de armamento Royal Ordnance, con la cual hacía negocios desde fines de los años ‘808, sin jamás imaginar que sus aliados británicos de antaño, especialmente durante el gobierno de Margaret Thatcher, no podían asegurar su inmunidad al ingresar en territorio británico, gobernado en 1998 por el “Nuevo Laborismo” de Tony Blair. Fue justamente esta oportunidad la que aprovecharon los querellantes chilenos y españoles, y por requerimiento del juez Baltasar Garzón, para pedir la extradición de Pinochet y exigir su juicio en España.

9 Ver: Casilda Béjar, Ramón, La década dorada. Economía e inversiones españolas en América Latina 199 (…)
5A los pocos días del arresto, ya estaba claro que se trataba de un caso extremadamente complicado en lo judicial y con muchas aristas políticas. Por un lado, estaba la justicia española que pedía la extradición de Pinochet a contrapelo de la política diplomática del gobierno español, conducido en aquellos años por el líder de derecha, José María Aznar. Es necesario recordar las numerosas e importantes inversiones que tenía y aún posee España en las más importantes empresas de servicios chilenas9. En segundo lugar, estaba el gobierno laborista inglés que no deseaba generar problemas con sus aliados europeos (España), pero tampoco con Chile, al mismo tiempo que, y paradójicamente, la extradición de Pinochet se le presentaba como una posibilidad única de demostrar su compromiso con los derechos humanos y la justicia internacional. Un tercer actor lo constituía el Estado chileno y su gobierno de centro-izquierda, cuya política permanente fue exigir el retorno de Pinochet para ser juzgado en Chile, rechazando de paso la extraterritorialidad de la justicia penal y reclamando el principio de soberanía del derecho internacional. Por último, un cuarto actor lo constituyen justamente las comunidades de chilenos en el exilio quienes no vacilaron en poner todos sus recursos disponibles en favor de la extradición y el juicio de Pinochet en España. Para ello, también movilizaron a las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, así como a otros gobiernos europeos que iniciaron sus propios procesos de extradición en contra de Pinochet y de otros dictadores latinoamericanos del mismo periodo.

10 Sobre el concepto de Pierre Nora de “lugares de memoria” interpretado desde el contexto latinoameri (…)
6La organización de las comunidades en exilio, y con especial énfasis de aquellas residentes en Francia, constituye un fenómeno interesante para investigar, pues con el tiempo ha tomado la forma de un “lugar de memoria”10 (no físico) y un hito que marca su identidad y la de sus hijos al constituir una experiencia común con características épicas, si bien el resultado final de todo el proceso no fue el que ellos deseaban (el proceso judicial de Pinochet en España). Tal y como lo precisa la socióloga franco-chilena Fanny Jedlicki :

11 Jedlicki, Fanny, “El caso Pinochet. Recomposiciones y apropiaciones de la memoria, Documento ILAS, (…)
“De esta manera, concurrimos, durante el “caso Pinochet”, a un verdadero regreso de la memoria para los ex-refugiados chilenos y a una redefinición de ésta en el caso de sus hijos, quienes al participar en una movilización activa, buscan apropiarse de su herencia familiar.”11

12 Según las cifras del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales del año 2013 (…)
7En otras palabras, el arresto de Pinochet en Londres puso en movimiento una serie de acontecimientos que han tenido repercusiones incluso hasta nuestros días. Un ejemplo de aquello son las causas judiciales contra ex agentes de la dictadura chilena; muchos de las cuales continúan abiertas y otras con sentencias ejecutoriadas (prisión, y prisión remitida principalmente)12.

El arresto del dictador y el despertar de la memoria

13 Un buen recuento y análisis sobre este periodo y las diferentes acciones de negociación y legitimac (…)
8 Las pocas horas que pasaron tras el arresto en Londres mostraron como Chile se polarizaba entre partidarios y detractores de Augusto Pinochet. Lo impensable había pasado por una ironía de la historia: Pinochet había viajado a un país que consideraba “cercano” y aliado tras el apoyo de la dictadura chilena al ejército británico durante la Guerra de las Malvinas (1982); en calidad de senador vitalicio, y además legitimado absolutamente por el sistema político chileno y la mayor parte de sus adversarios. Pinochet era un actor político consolidado y sólo la intervención de la justicia española puso fin a su carrera y a su influencia en un Chile acostumbrado a negociar y convivir con el legado dictatorial 13.

9Una vez confirmado el arresto, las comunidades de chilenos en Europa rápidamente comenzaron a organizarse y a retomar contactos en un frenesí ni siquiera visto cuando Pinochet enfrentó el plebiscito de 1988. Los llamados telefónicos a todas horas de la noche fueron pan de cada día para estos chilenos que veían por primera vez una posibilidad real de hacer justicia, y mejor aún, frente a quien consideran el principal responsable de sus desdichas. Se los habían “servido en bandeja” y no lo dejarían escapar, aunque tuviesen que mover el cielo y la tierra. Las manifestaciones siguieron a las conferencias de prensa y a las reuniones en Londres y en las principales ciudades europeas para coordinar las acciones de prensa, la presión política, la presencia permanente de un piquete en las calles cerca del lugar de detención del general y frente a las cortes de justicia londinenses, así como el apoyo a la estrategia judicial tendiente a lograr la extradición de Pinochet e España. Todas estas acciones debían estar perfectamente coordinadas y actuando al mismo tiempo y en varios países.

Imagen 2 – Piquete de Londres

Imagen 2 – Piquete de Londres
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Fuente: Amnistía Internacional España

14 Entrevistas con Manuel y Hernán, ambos integrantes de la comunidad de chilenos exiliados en Francia (…)
10En una época donde Internet recién iniciaba su expansión, la prioridad la seguían teniendo el teléfono, el fax, el correo postal, las fotocopiadoras y las ondas de radio. Un miembro de la comunidad de chilenos en Paris nos relató cómo la empresa de telecomunicaciones France Telecom les facilitó equipos, fotocopiadores y líneas telefónicas gratuitas para organizar las comunicaciones, utilizando además una oficina facilitada por la tienda de departamentos FNAC para funcionar como sede del movimiento14.

11Cada decisión de la justicia inglesa era celebrada o sufrida en reuniones comunes frente a las embajadas de Inglaterra o España, y con un nivel de emoción pocas veces visto en reuniones de este tipo. Ni la euforia deportiva – hace apenas algunos meses se había jugado el Mundial de Fútbol en Francia, donde la selección chilena tuvo una participación más que honrosa – había alcanzado nunca tales niveles de emocionalidad. Una mezcla de alegría y revancha reinaba entre estos chilenos, al mismo tiempo que el dolor de la memoria afloraba después de años de silencio y resignación. La fuente de todos sus dolores y sufrimientos estaba en Europa; inerme, debilitado, enfrentado a la justicia y a sus demonios; sin las infinitas capas de protección de las que siempre se había beneficiado en Chile. Ni su poder ni fortuna ni influencia podían mermar la voluntad de los exiliados de llevar a Pinochet ante la justicia española y, sobre todo, ante lo que entendían como un definitivo “tribunal de la historia”.

15 Un completo estudio sobre las memorias del exilio chileno de la dictadura pueden encontrarse en: Re (…)
16 Sobre los traumas del exilio chileno, recomendamos la lectura de: Peris Blanes, Jaume, “Trauma y de (…)
12La memoria del exilio resurgió entonces de manera inesperada y violenta, poniendo en tensión la necesidad del recuerdo con aquella del olvido ante los traumas del pasado15. Para movilizarse había obligatoriamente que recordar, verbalizar, hacer público, registrar e incluso denunciar aquello que muchas veces se guardaba como secreto incluso antes sus seres más queridos16. El dolor del exilio, la tortura, la pérdida de amigos y compañeros volvía a la superficie para juzgar al ex dictador, pero no sin dejar daños colaterales de por medio. No son pocos los casos de personas que dejaron durante semanas sus trabajos y familias para movilizar todos sus recursos y partir a Londres a luchar “por la causa”. Otros que pocas veces o nunca participaban en las actividades asociativas del exilio, se vieron impelidos internamente a tomar posición y movilizarse para impedir el retorno de Pinochet a Chile. El recuerdo de la militancia revivió en muchos, pero ahora con una causa que también sentían como internacional.

13El marco social de re-significación de la memoria en exilio lo constituye, en primer lugar, la familia, donde se transmite la memoria de una generación a otra, aunque cargada de silencios, vacíos e idealizaciones. Son los hijos de los exiliados quienes con el tiempo construyen sus propios relatos identitarios a partir de las experiencias compartidas, pero también respecto del contraste con otros relatos de pares o incluso de personas que no han compartido la experiencia del exilio. El segundo marco social de re-significación de la memoria está dado por la comunidad y sus espacios de sociabilidad: asociaciones culturales, clubes deportivos, agrupaciones políticas, etc. A los hitos originarios de la Unidad Popular, el Golpe de Estado, el fin de la dictadura y el exilio, ahora se sumaba el arresto en Londres como un cuarto hito fundacional de la memoria del exilio, pero también como un evento que permitió superar muchas diferencias acumuladas por décadas y confederar a muchas asociaciones en pos de un objetivo común: que Pinochet fuese juzgado y condenado en Europa.

17 Sobre la experiencia del exilio en primera persona, recomendamos el artículo del historiador chilen (…)
14Los acontecimientos desatados a partir de aquel 16 de octubre de 1998 abrieron un nuevo capítulo en la historia del exilio político chileno. Por primera vez las más altas autoridades europeas, incluyendo a los Lords de la Justicia Británica reconocían públicamente el carácter ampliamente represivo de la dictadura chilena, así como la propia historia de los exiliados chilenos y de otras dictaduras latinoamericanas. Al mismo tiempo, los defensores del ex-dictador se vieron obligados a reconocer algunos de esos crímenes para alegar la inmunidad soberana, poniendo de manifiesto lo que siempre había sido negado. La estrategia de la defensa no podía seguir negando lo evidente, sino que más bien se refugiaba en la soberanía estatal para demandar el retorno de Pinochet a Chile. Este hecho fue de gran importancia para las comunidades del exilio, pues se reconocía oficialmente, al menos en parte, la versión de los hechos que durante años habían relatado los exiliados a sus propias familias y amigos17.

De la derrota a la posibilidad de justicia: un camino de reivindicación identitaria

15 La socióloga Fanny Jedlicki ha definido este fenómeno como una suerte de “alivio” para toda una generación que fue acusada de urdir mentiras en contra de Chile al mismo tiempo que huían del país que decían amar. Por fin podían expulsar esos sentimientos de derrota y culpabilidad y considerarse actores de una lucha que, al parecer, no había terminado. La vergüenza recaería ahora en el gobierno de coalición de centroizquierda chileno y en aquellos que pedían el regreso del dictador por razones de soberanía o de humanidad, aludiendo a los pactos de la transición democrática y a la supuesta posibilidad de la justicia chilena de juzgar al ex dictador. Los papeles se invertían. El caso Pinochet se convirtió en la posibilidad real de salir del oprobio y mostrarse ante los suyos y cercanos como luchadores de una causa mundial: los derechos humanos.

18 Jedlicki, Fanny, « Les exilés chiliens et l’affaire Pinochet. Retour et transmission de la mémoire (…)
19 Sitio Web de Radio Cooperativa (EFE), “El arresto de Pinochet en Londres, 15 años de un caso “catár (…)
“Aquellos que durante tanto tiempo fueron aplastados por el discurso insultante del ex dictador, y que todos pensaban intocable, regresan a la escena internacional y aparecen como los actores de una lucha ejemplar”.18
“… el arresto fue catártico pues nos permitió ser escuchados y creó un espacio político para empezar a hablar de una transición democrática que aún después de 15 años no se logra. Chile aún vive bajo la Constitución política de una dictadura” (Carlos Reyes, exiliado)19.

20 Sobre las dificultades de los exiliados en su retorno a Chile, recomendamos el artículo de Loreto R (…)
16Los testimonios que tantas veces habían quedado archivados en organizaciones de defensa de los Derechos Humanos, parecían tomar nueva fuerza como argumentos y pruebas en contra de la estrategia de la defensa jurídica de Pinochet. A los sentimientos de justicia y verdad, se sumaban también gritos de rabia y revancha, como si la memoria del exilio, tantas veces reprimida, se hubiese convertido súbitamente en la reivindicación de una palabra pública que necesitaba ser expresada. Esto tomó aún más fuerza cuando muchos de los exiliados decidieron por razones económicas o familiares no regresar a Chile o retornar a sus países de acogida tras vivir la incomprensión y la indiferencia de un país muy distinto al que dejaron por la fuerza20. El Chile de la transición democrática les parecía ajeno, mediocre e incluso incomprensible, sobretodo cuando gobiernos que se decían de centro-izquierda hacían lo imposible por lograr el retorno de Pinochet. La “razón de Estado” argumentada y defendida por el gobierno concertacionista de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, alejaba aún más a estos antiguos exiliados del Chile contemporáneo, pero también los hacía despertar de la idea de un Chile imaginado, fruto de la nostalgia de la Unidad Popular, el cual había desaparecido o quizás nunca existido.

21 Para una historia del exilio chileno en Francia (que cubre un periodo anterior del arresto de Pinoc (…)
22 Stern, Steve, Luchando por mentes y corazones, las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet. (…)
17La movilización permanente y, a veces, frenética se convirtió en la forma de vida de muchos de los chilenos exiliados que comenzaron a circular entre Londres, Paris21, Bruselas, Roma, Berlín, Viena, Madrid y Estocolmo, aunque las movilizaciones también se realizaban en distintas ciudades europeas. La lucha contra la impunidad adquirió los rasgos de una “batalla por la memoria y los corazones”, siguiendo de la expresión de Steve Stern sobre las luchas memoriales en la historia reciente de Chile22. Las reuniones y manifestaciones se multiplicaron retomando los viejos usos y cánticos de la experiencia política de la Unidad Popular, así como de los primeros años del exilio. Las formas del discurso, la retórica y los llamados a la acción dan cuenta de un pasado que se reactiva ya no como derrota, sino como posibilidad abierta al futuro. El entusiasmo desbordante escondía, no pocas veces, las dificultades de un proceso judicial de extradición que estuvo siempre contaminado por cuestiones extrajudiciales, tanto políticas, económicas como diplomáticas. Ello no impidió, sin embargo, que las comunidades de exiliados expresaran su confianza en que: “esta vez sí se haría justicia con el ex-dictador”.

23 En el caso de los exiliados chilenos en Francia, y especialmente de la mayor comunidad que vive en (…)
18Como bien sostiene Jedlicki, la mayor parte de los exiliados se encontraban, hacia 1998, y justo antes del arresto de Pinochet en Londres, en una etapa que define como de “post-exilio”, es decir, ya superados los traumas de la instalación y de la aculturación en las sociedades de acogida; en general integrados social y laboralmente, pero escindidos respecto de una pertenencia idealizada al país de origen y una pertenencia real respecto del país de acogida. Esta etapa de post-exilio se caracteriza también por una mayor autonomía e independencia respecto del grupo inicial, aunque todavía guardan sus espacios comunitarios para las ocasiones de celebración familiar o eventos emblemáticos como la fiesta de la independencia nacional del 18 de septiembre23.

19Estas manifestaciones y reuniones guardan los aspectos más identificables del recuerdo de la Unidad Popular: la sensación de vivir una experiencia histórica singular, pero al mismo tiempo con todas las divisiones y disputas de la izquierda heredadas de la misma. Resurgen entonces los eslóganes e himnos más identificables (¡Venceremos!; ¡El pueblo unido jamás será vencido!), junto con la efigie mítica de Salvador Allende, suerte de divinidad tutelar y factor de unidad de todas las comunidades de antiguos exiliados chilenos en el mundo.

20Para estas comunidades del exilio, la díada Allende-Pinochet es absolutamente fundamental en términos de identidad y toma de posición política y ética, adquiriendo las características mágico-religiosas, e incluso maniqueas, de la lucha del bien contra el mal. Es difícil ver otro caso de este tipo para comunidades de exilio latinoamericanas, donde la personificación del adversario alcance estos niveles de identificación. Probablemente el caso de los cubanos de Miami sea el más próximo, pero no en términos de una díada (dos figuras tutelares).

24 Ver: Robertson, Robin, Jungian Archetypes: Jung, Gödel, and the History of Archetypes, Universe, 20 (…)
21En este combate simbólico, Salvador Allende representa la figura sacrificial del mártir y del héroe de la democracia, frente a la imagen de un Augusto Pinochet anciano, todavía vivo (hasta el 2006), que representa al mismo tiempo lo más abyecto de la traición, la represión de derecha, el militarismo, y el vínculo con el “imperialismo norteamericano”, además de la violación masiva a los derechos humanos. En tal sentido, Pinochet se universaliza y adopta las características del mal absoluto, como una suerte de figura supletoria de los grandes dictadores y tiranos del siglo XX y específicamente del periodo de la Guerra Fría (tanto del campo socialista como capitalista). Pinochet captura y encierra la maldad del siglo XX, y de paso exculpa a los europeos de su propia historia, incluso simbólicamente a través del uniforme prusiano y sus característicos lentes oscuros. Pinochet representa muchas cosas a la vez: la traición, la barbarie, la cobardía, la represión, la mentira, la trampa, la simulación e incluso al final de su vida: el robo y la decrepitud. En tal sentido, el ex dictador es el villano y el enemigo perfecto; una suerte de imagen arquetípica junguiana, que resume universalmente los rasgos más reconocibles del mal24. Es por esta misma razón que para los exiliados era inconcebible una posible liberación de Pinochet por razones humanitarias (como finalmente sucedió), y menos por petición de un gobierno que se decía de centro-izquierda. Su figura se ha convertido con los años en uno de los modelos universales de la violación a los derechos humanos. Prueba de esta “encarnación” arquetípica del mal son las imágenes que las comunidades de exiliados mostraban durante sus manifestaciones en Londres y otras capitales europeas (imágenes 5 y 6).

Pinochet bajo arresto. La imagen y la caricatura del dictador

25 Sobre los usos, alcances y conformación de la memoria colectiva en historia, ver: Lavabre, Marie-Cl (…)
26 Sobre el tema de la caricatura de Pinochet, se publicó recientemente: Gárate, Manuel, “El nacimient (…)
22Y si hoy sabemos que la memoria es un proceso dinámico de reconstitución permanente del pasado en el presente, la presencia de Augusto Pinochet en Europa no podía sino que generar una ola de recuerdos y una suerte de reactivación memorial, pero ahora con alcances internacionales y colectivos25. Para dar ilustrar de lo anterior, hemos utilizado algunas caricaturas de prensa relativas al caso Pinochet, recopiladas en el marco de nuestra investigación sobre el humor político, Pinochet y la dictadura chilena en el periodo 1973-2006 26.

23En relación con lo anterior, es importante no olvidar el carácter universal de la figura de Pinochet desde el mismo día del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La muerte trágica del Presidente Allende, el bombardeo del palacio de La Moneda y la dura represión posterior, hicieron de la dictadura chilena el modelo de la represión militarista de derechas de los años 1970, y a Pinochet, en especial, el ícono preferido del mal y de los dictadores del periodo.

24 La espectacularidad del Golpe de Estado, las imágenes que recorrieron el mundo y la idea de socialismo democrático destruido a sangre y fuego, marcaron la dictadura chilena y, en particular, a su hombre fuerte. Pinochet se había transformado entonces en el villano ideal y el epítome de la represión a las izquierdas latinoamericanas (tanto revolucionarias como socialdemócratas). La fotografía del general con lentes oscuros, tomada por el reportero gráfico holandés Chas Gerretsen el 18 de septiembre de 1973, volvió con aún más fuerza en 1998, a lo que sumaba la caricatura de prensa, la cual resumía magníficamente la imagen que el mundo se había hecho de Pinochet.

Imagen 3 – Fotografía de Chas Gerretsen (19-09-1973)

Imagen 3 – Fotografía de Chas Gerretsen (19-09-1973)
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Imagen 4 y 5 – Ilustraciones de Augusto Pinochet utilizadas durante las jornadas de movilización en Londres y Madrid (1998)

Imagen 4 y 5 – Ilustraciones de Augusto Pinochet utilizadas durante las jornadas de movilización en Londres y Madrid (1998)
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Fuente : Amnistia International y DW

25Las viejas imágenes del general fuerte, dibujadas en los años ’70, y muchas veces vinculadas con la metáfora del dictador “gorila” (imagen 7) contrastaban con las nuevas imágenes del anciano dictador en silla de ruedas. Un ejemplo de lo anterior, lo vemos respecto del problema del gobierno inglés frente a la demanda española de extradición queda de manifiesto en la siguiente caricatura del periódico ingles The Independent (imagen 8).

Imagen 6 – Bill Andrews, Daily World, noviembre 1974

Imagen 6 – Bill Andrews, Daily World, noviembre 1974
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26Augusto Pinochet, después de haber prácticamente desaparecido del imaginario caricatural europeo (1990-1998), y legitimado institucionalmente gracias a la transición política chilena (imagen 9), resurgió de manera explosiva durante todo el periodo de su arresto europeo, pero ahora completamente desarmado frente a sus captores ingleses (imagen 10). Prácticamente de inmediato los medios escritos del continente redescubrieron al dictador de los años ’70 y ’80; el mismo que se había atrevido a enviar comandos terroristas a la capital de Estados Unidos y a otros países latinoamericanos y europeos para perseguir a sus opositores; quien había comandado/encabezado? una larga dictadura que reprimió, desapareció y exilió a miles de sus compatriotas en plena Guerra Fría.

27 En relación a los seguidores acérrimos del general Pinochet en Chile, recomendamos el documental de (…)
28 El general Augusto Pinochet dejó la comandancia en Jefe del Ejército el 10 de marzo de 1998, tras 2 (…)
27Para sus seguidores en Chile y los partidos de derecha que siempre lo apoyaron incondicionalmente, el shock del arresto fue enorme. Por primera vez después de casi treinta años, se vieron obligados a justificar su versión de la historia ante la sociedad chilena y especialmente ante la comunidad internacional. Sus idas y venidas constantes a Londres durante el periodo del arresto (1998-2000) tuvieron, en algunos casos, la característica de una verdadera peregrinación, debiendo enfrentar además el desprecio de la mayoría de la opinión pública europea, y en especial de las comunidades de chilenos en el exilio. Estos no trepidaron en humillarlos en cada ocasión que fuese posible. Gritos, insultos, pancartas y manifestaciones contantes de desprecio fueron el pan de cada día para quienes viajaron a apoyar la causa del anciano general27. La mayor parte de los televidentes chilenos miraban estupefactos como aquellos que gobernaron Chile con un poder casi total por 17 años, y aún se comportaban con la soberbia de quienes se sienten los dueños del país, rogaban por la protección de la policía inglesa. Su “héroe” de “liberación de Chile” y baluarte de la defensa contra el marxismo internacional, estaba siendo acusado de graves crímenes contra la humanidad y corría un riesgo real de ser extraditado a España para enfrentar un largo juicio. En pocas semanas la imagen plácida del senador vitalicio en tanto actor de la transición chilena, había mutado a la del anciano general acusado de violar masivamente los derechos humanos. Y todo ello por un viaje a Inglaterra que el general había planificado desde hacía meses, y que el gobierno de Chile no había evaluado en término de sus consecuencias. Era el primer viaje que hacía Pinochet tras dejar la Comandancia en Jefe del Ejército28, y por lo tanto sin su investidura militar. La inteligencia del gobierno chileno no había previsto, ni en el peor de los escenarios, la captura del anciano general en Europa, ni menos el tener que exigir su libertad aduciendo razones diplomáticas y de soberanía territorial.

Imagen 7 – Danziger, Los Angeles Times, 19-10-1998

Imagen 7 – Danziger, Los Angeles Times, 19-10-1998
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Texto: “La policía británica arresta al dictador Pinochet y se niega a revelar su paradero, lo que significa que el general Pinochet… de alguna manera… desapareció”.

29 Sobre la discusión jurídica de la inmunidad soberana de los Jefes de Estado, ver: Hasson, Adam Isaa (…)
28Es importante recordar que Europa, a fines de la década de 1990, vivía aún las consecuencias materiales y éticas de la última Guerra de los Balcanes o de la ex-Yugoslavia (1991-1999). La imagen de la violación masiva a los derechos humanos, de la prisión política, la tortura y el genocidio, habían vuelto al territorio europeo 40 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. La cuestión espinosa del juicio a los ex-Jefes de Estado (dictadores o no) por delitos cometidos durante su ejercicio del poder, estaba en su momento más álgido. El ejemplo más claro lo constituía el caso del ex Presidente serbio Slobodan Milosevic, acusado de crímenes contra la humanidad por el Tribunal Internacional para la ex-Yugoslavia, tras los bombardeos de la OTAN en 199929.

30 Sobre la comparación del caso Pinochet con la situación de Milosevic y el caso Eichmann, recomendam (…)
31 Debemos recordar que toda esta corriente multilateral de internacionalización de la justicia se dio (…)
29En este contexto, y en términos políticos, la cuestión del caso Pinochet se relacionó mucho más con la propia situación europea respecto a cómo tratar la inmunidad soberana que respecto de los crímenes de la dictadura chilena. Extraditar a Pinochet a España para juzgarlo por crímenes contra la humanidad (cometidos en un tercer país, Chile) era la prueba irrefutable de una nueva doctrina jurídica internacional que dejaba atrás principios tradicionales como la inmunidad soberana, aceptados por el derecho internacional desde la Paz de Westfalia en 1648. Ya no habría refugio territorial ni ley que protegiera a los violadores de derechos humanos que actuaran en control o por órdenes de un Estado. Pinochet se transformaba entonces en el símbolo, pero también en el ejemplo perfecto para demostrar lo que se podía hacer con Slobodan Milosevic30 (imagen 11) y con cualquier otro dictador (actual o futuro) acusado de crímenes de guerra y de violaciones masivas a los derechos humanos31.

Imagen 8 – Garland, Daily Telegraph, 20-10-1998. La muerte apunta a Slobodan Milosevic, mientras sostiene un periódico donde se anuncia el arresto de Pinochet

Imagen 8 – Garland, Daily Telegraph, 20-10-1998. La muerte apunta a Slobodan Milosevic, mientras sostiene un periódico donde se anuncia el arresto de Pinochet
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Una derrota con sabor a victoria

30Así como durante los tres años de la Unidad Popular buena parte de estos militantes de izquierda sintieron que “hacían historia”. 25 años después volvían a sentir la misma identificación con una lucha por ideales, pero esta vez con un carácter mundial y con los ojos del mundo puestos en lo que sucedía en Londres. Tras largos años de un sentimiento permanente de derrota e impotencia frente a lo que sucedía en Chile, el arresto de Pinochet abría nuevamente la posibilidad de recuperar ese tiempo y volver, quizás por algunos instantes, a vivir esa euforia de la juventud del periodo 1970 y 1973. Pero como bien lo describe Jedlicki, las viejas rencillas entre los diferentes grupos políticos del exilio afloraron apenas la euforia del arresto hubo pasado. Las diferencias se centraron principalmente en la estrategia a seguir para lograr la extradición de Pinochet a España y las formas de actuar políticamente sobre los gobiernos europeos para evitar su liberación y forzar un juicio en el viejo continente.

31Para los grupos más radicales, la estrategia consistía en presionar en Europa a través de las manifestaciones permanentes en embajadas, parlamentos y ministerios, pero también confrontándolos a su propio pasado traumático (la colaboración, la ocupación alemana, la guerra de Argelia, la dictadura de Franco, etc.), con el objetivo de mostrar a Pinochet como la posibilidad de hacer justicia por aquel “pasado oscuro”. Por otro lado, existía una segunda posición mayoritaria (no excluyente con la anterior), que daba prioridad a la acción internacional, al trabajo con las ONGs de derechos humanos, y a la insistencia en que el caso Pinochet representaba un hito en la construcción de una nueva justicia penal para el mundo, donde ya no hubiera impunidad ni menos inmunidad para Jefes de Estado. El caso Pinochet no debía entonces causar división entre los gobiernos europeos ni menos tensiones con las comunidades de exiliados, sino que permitir a Europa erigirse como paradigma de un nuevo sistema internacional de justicia. Ello pasaba, evidentemente, por aislar la posición del gobierno chileno y de todos aquellos que demandaban la liberación de Pinochet por razones políticas, judiciales e incluso humanitarias.

32 Op.cit., Jedlicki, párrafo 39.
32Desde un primer momento, quedó muy claro que todas las formas de reagrupamiento del exilio post arresto de Pinochet tendían a reunir a los chilenos y a dejar fuera, o en un segundo plano a los ciudadanos locales que deseaban participar (franceses, ingleses, españoles, suecos). De cierta manera, el tema fue visto como “una cuestión de chilenos que debían resolver los chilenos” del exilio. Efectivamente aceptaban y pedían ayuda a sus sociedades de acogida, pero se reservaban todas las resoluciones importantes. Las asociaciones de exiliados priorizaron las formas de acción que conocían desde el inicio del exilio. Prueba de ello es que la mayor parte de los afiches y panfletos fueron redactados en español, y se evitó sumar a otros grupos de exiliados latinoamericanos preocupados por la suerte de otros ex dictadores como Jorge Rafael Videla o Jean-Claude Duvalier32. El caso Pinochet aparecía como diferente y excluyente, pero sobre todo como una cuestión identitaria. Los mensajes no iban dirigidos únicamente al mundo y a los gobiernos europeos, sino que a Chile en particular; el país que los había olvidado, que no había hecho justicia y que incluso ahora reclamaba al ex-dictador en tanto Senador de la República y objeto de un viaje con pasaporte y misión diplomática. Para la mayor parte de los exiliados, las particularidades y negociaciones de la difícil transición democrática chilena no eran más que la demostración de un Chile entregado a la derecha y al neoliberalismo.

33 Ver: Rousso, Henry, Le Syndrome de Vichy de 1944 à nos jours, Éditions du Seuil, 1990.
33La culpabilidad “absoluta” y oficial de Pinochet en tanto personificación de todos los males y sufrimientos de la dictadura chilena, permitía atenuar la culpabilidad de la derrota de la Unidad Popular y retomar la palabra en el espacio público, especialmente como un deber de los sobrevivientes frente a quienes ya no estaban o habían desaparecido por causa de la represión. Al deber de recordar, se sumaba ahora el deber de reparación y el orgullo de reivindicar una memoria que antes era de derrota y que ahora tomaba la forma de resistencia e incluso de revancha. La lectura del pasado memorial de la “resistencia francesa” nos puede ilustrar sobre esta mutación de una memoria que muta desde la vergüenza hacia el orgullo con relación a un pasado plagado de zonas grises33.

34 Op.cit., Jedlicki, párrafo 45.
“El caso Pinochet posee un valor reparador que permite a los exiliados encontrar por fin una coherencia a sus trayectorias individuales”. La movilización social que dirigen, así como el asunto judicial del cual son actores esenciales; de su lucha del exilio en exilio les da nuevo sentido a su presencia en Francia34.

35 Ver: Prognon, Nicolas, « L’exil chilien en France du coup d’état à l’acceptation de l’exil : entre (…)
36 No hay que olvidar que para una buena parte de la opinión pública francesa (medios de prensa en gen (…)
34Frente a las diferencias estratégicas y políticas respecto de cómo enfrentar el caso Pinochet, fue únicamente la acción cultural (música, teatro, poesía, deporte) lo que permitió mantener la unidad del exilio entre y al interior de las diferentes asociaciones de antiguos refugiados políticos. La fuerza del mensaje antipinochetista de los exiliados chilenos en Francia, radicaba principalmente en la idealizada imagen del militante de izquierda héroe-mártir, que había combatido al “imperialismo” y que insuflaba a la izquierda francesa de los años 1970 con un mensaje de resistencia. Este carácter heroico del exiliado chileno (y de las dictaduras del Cono Sur en general), a pesar del desgaste y la llegada de otras olas migratorias, seguía ejerciendo gran fuerza en el imaginario francés de la década de 199035, y especialmente en los medios de prensa36. No ocurría lo mismo en el Reino Unido, que a pesar de haber sido también tierra de acogida del exilio chileno, había mantenido cercanas relaciones con la dictadura chilena durante la década de 1980, especialmente durante el conflicto con Argentina por las Islas Malvinas. En general, Pinochet no era visto por todos los sectores políticos ingleses como un tirano, sino más como un viejo aliado caído en desgracia. Sólo ciertos sectores de la izquierda laborista manifestaron claramente su repudio al anciano general y la necesidad de que fuese juzgado en Europa.

Conclusión

35 La idea de un exiliado chileno antes militante y después justiciero, tomó fuerza al interior de las comunidades, y muchos de los secretos guardados – incluso con vergüenza – durante años, salieron a la luz como prueba de los crímenes cometidos por la dictadura militar chilena. El silencio se transformó en testimonio y después en evidencia contra el ex dictador. Parecía como si todos los sufrimientos de antaño tomaran sentido y pudiesen ser recanalizados en la figura de Pinochet. Las fotos de los muertos y desaparecidos surgieron una y otra vez en las pancartas de los manifestantes, convirtiendo los símbolos funerarios (velas, imágenes, ataúdes) en armas simbólicas contra la memoria de los vencedores de 1973. Y a esto se sumaba que la cobertura mediática fue permanente por parte de los medios europeos como también los chilenos. Nunca antes se habló tanto en Chile de las comunidades de exiliados en Europa. Del largo anonimato y la palabra silenciada se pasó abruptamente al discurso mediatizado y a la ocupación del espacio público tanto virtual como real.

36Las tratativas que finalizaron con la liberación del anciano general a principios de 2000, terminaron por demostrar el éxito de las gestiones del gobierno chileno, que tuvo que negociar el retiro definitivo de Pinochet de la vida política, y asegurar la posibilidad de un juicio en Chile. Los antiguos exiliados que vieron partir a Pinochet de Inglaterra sabían, así como la mayoría de los chilenos, que nunca sería juzgado y que las mismas razones humanitarias serían esgrimidas para archivar las causas judiciales en Chile. Fue así como finalmente sucedió, pero inesperadamente se abrió un camino para hacer justicia en otros cientos de casos de violaciones a los derechos humanos. Todo lo realizado no había sido en vano. Tras cumplirse 40 años del Golpe de Estado (2013), y aunque la comunidad de exiliados no logró el objetivo de enjuiciar a Pinochet en España, (imagen 13), los recuerdos de todo el periodo del arresto en Londres hoy forman parte de una memoria compartida que se consolidó gracias a un acontecimiento que fue toda una sorpresa para estos chilenos desperdigados por el hemisferio norte.
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Rousso, Henry, Le Syndrome de Vichy de 1944 à nos jours, Éditions du Seuil, 1990.

Saïd Cares, Marcela, “I Love Pinochet”, Pathé , France, 2001, 52 m. Este material nunca ha sido difundido por la TV abierta chilena, pero fue emitido por el canal norteamericano de cable History Channel el 11 de septiembre de 2007. Disponible actualmente en: https://vimeo.com/32608607

Stern, Steve, Luchando por mentes y corazones, las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet. Libro Dos de la trilogía La caja de la memoria del Chile de Pinochet, Ediciones UDP, Santiago de Chile, 2013.

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Notes

1 Este artículo ha sido realizado dentro del marco del proyecto FONDECYT posdoctoral Nº3130649: “La construcción de la imagen del dictador latinoamericano a través de las caricaturas sobre Augusto Pinochet publicadas en la prensa extranjera: 1973-2006 (Estados Unidos, Francia e Inglaterra)”.
2 Técnicamente enfrentó un juicio de extradición en Inglaterra por querellas interpuestas por un juez español en España respecto de delitos cometidos en Chile.
3 Recomendamos especialmente la lectura de: Roger Burbach, The Pinochet affair: state terrorism and global justice, The University of Michigan & Zed Books, 2003. Uno de los libros más completos en torno a las. repercusiones del caso Pinochet, lo constituye el conjunto de trabajos editados por FLACSO Chile el año 2001: Rojas Aravena, Francisco & Stefoni, Carolina (Eds.), El “Caso Pinochet”. Visiones hemisféricas de su detención en Londres, Santiago, Chile, FLACSO-Chile, 2001, 334 p.
4 Ver: Roht-Arriaza, Naomi. “Pinochet Precedent and Universal Jurisdiction, The.” New Eng. L. Rev. 35, 2000, p.311-319; Stern, Steve, Remembering Pinochet’s Chile: On the Eve of London 1998, Duke University Press, 2009.
5 Sobre la cuestión de la justicia transicional y post-transicional en relación al caso Pinochet, ver: Collins, Cath. Post-transitional justice: Human rights trials in Chile and El Salvador, Penn State Press, 2010; Roht-Arriaza, Naomi, and Javier Mariezcurrena, eds., Transitional justice in the twenty-first century: beyond truth versus justice, Cambridge, Cambridge University Press, 2006.
6 Un interesante trabajo de sociología sobre el exilio chileno en los años ’70 y ’80, puede encontrarse en: Kay, Diana, “Chileans in Exile: Private Struggles, Public Lives”, Edinburgh Studies in Sociology, Wolfeboro, New Hampshire, Longwood Academic, 1987.
7 Uno de los mejores y más completos estudios sobre el exilio chileno de la dictadura militar corresponde al conjunto de trabajos coordinados por José del Pozo Artigas, publicado en español pocos meses antes de la muerte de Augusto Pinochet. Ver: Del Pozo, Jose (Coord.), Exiliados, emigrados y retornados: chilenos en América y Europa, 1973-2004, Santiago, RIL Editores, 2006.
8 Sobre la relación del general Augusto Pinochet con el tráfico de armas y drogas, ver: Burbach, Roger, “Pinochet, Arms Merchant”, NACLA Report on the Americas, Mar/Apr2008, Vol. 41 Nº 2. Disponible en: https://nacla.org/article/pincohet-arms-merchant
9 Ver: Casilda Béjar, Ramón, La década dorada. Economía e inversiones españolas en América Latina 1990- 2000, Servicio de publicaciones Universidad de Alcalá, 2002, 476 p.
10 Sobre el concepto de Pierre Nora de “lugares de memoria” interpretado desde el contexto latinoamericano, recomendamos: Regalado de Hurtado, Liliana, Clío y Mnemósine. Estudios sobre historia, memoria e historia del tiempo presente, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 226 p.
11 Jedlicki, Fanny, “El caso Pinochet. Recomposiciones y apropiaciones de la memoria, Documento ILAS, p.1, disponible en: http://www.ilas.cl/elcaso1.htm En el documento se hace mención también al siguiente trabajo de la misma autora: Fanny Jedlicki, “Mémoires d’exil : quels héritages ? Trajectoires familiales de réfugiés chiliens, de l’Unité Populaire à l’affaire Pinochet”, tesis de “maîtrise” de Etnologia, Universidad Paris V-la Sorbonne, 1999.
12 Según las cifras del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales del año 2013: “El número de encausados desde el año 2000 en procesos de derechos humanos en calidad de procesados, imputados o condenados ronda las 800 personas, de quienes un tercio tiene por lo menos una condena definitiva en su contra. Alrededor de 70 individuos se encuentran, o deben encontrarse, cumpliendo penas de cárcel por dichos crímenes, con media docena en prisión preventiva. 13 represores más ya han sido liberados por beneficios o por haber cumplido la totalidad de su sentencia” (p.2). Ver: Observatorio de DDHH, Universidad Diego Portales, Boletín informativo Nº 21 – diciembre 2012, enero y febrero 2013.
13 Un buen recuento y análisis sobre este periodo y las diferentes acciones de negociación y legitimación de Pinochet en la nueva democracia chilena pueden encontrarse en: Brian Loveman & Elizabeth Lira, El espejismo de la reconciliación política: Chile 1990-2002, LOM ediciones, 2002.
14 Entrevistas con Manuel y Hernán, ambos integrantes de la comunidad de chilenos exiliados en Francia. Paris, Noviembre 2013 (Ellos han preferido mantener sus apellidos en el anonimato).
15 Un completo estudio sobre las memorias del exilio chileno de la dictadura pueden encontrarse en: Rebolledo, Loreto, Memorias del desarraigo. Testimonios de exilio y retorno de hombres y mujeres de Chile, Editorial Catalonia, Santiago, 2006. Ver de la misma autora: Rebolledo, Loreto, “Exilio y Memoria: De Culpas y Vergüenzas”. IV Congreso Chileno de Antropología. Colegio de Antropólogos de Chile A. G, Santiago de Chile, 2001.
16 Sobre los traumas del exilio chileno, recomendamos la lectura de: Peris Blanes, Jaume, “Trauma y denuncia en los testimonios del exilio chileno”, Anales de Literatura Hispanoamericana, 2009, vol. 38, p. 261-278.
17 Sobre la experiencia del exilio en primera persona, recomendamos el artículo del historiador chileno José del Pozo. Del Pozo, José, « Los chilenos en el exterior : ¿ De la emigración y el exilio a la diáspora ? El caso de Montréal », Revue européenne des migrations internationales [En ligne], vol. 20 – n°1 | 2004, URL : http://remi.revues.org/4968
18 Jedlicki, Fanny, « Les exilés chiliens et l’affaire Pinochet. Retour et transmission de la mémoire », Cahiers de l’Urmis [En ligne], 7 | juin 2001, párrafo 28.
19 Sitio Web de Radio Cooperativa (EFE), “El arresto de Pinochet en Londres, 15 años de un caso “catártico” para exiliados”, 15-10-2013. Disponible en: http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/augusto-pinochet/dd-hh/el-arresto-de-pinochet-en-londres-15-anos-de-un-caso-catartico-para-exiliados/2013-10-15/102002.html
20 Sobre las dificultades de los exiliados en su retorno a Chile, recomendamos el artículo de Loreto Rebolledo publicado en la revista cultural Rocinante de febrero de 2004. Ver: Rebolledo, Loreto, “Volver del exilio”, Revista Rocinante, nº64, febrero 2004.
21 Para una historia del exilio chileno en Francia (que cubre un periodo anterior del arresto de Pinochet en Londres), recomendamos el siguiente trabajo: Prognon, Nicolas, La diaspora chilienne en France, l’exil et le retour (1973-1994), Tesis de doctorado, Universidad de Toulouse II, Le Mirail-IPEALT, 2002.
22 Stern, Steve, Luchando por mentes y corazones, las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet. Libro Dos de la trilogía La caja de la memoria del Chile de Pinochet, Ediciones UDP, Santiago de Chile, 2013.
23 En el caso de los exiliados chilenos en Francia, y especialmente de la mayor comunidad que vive en los alrededores de Paris, desde hace más de 30 años se celebra ininterrumpidamente la fiesta del 18 de septiembre en la localidad de Savigny le Temple, distante aproximadamente a una hora de Paris en la región periurbana sureste. Esta fiesta tradicional es organizada por la Federación de Asociaciones Chilenas en Francia (FEDACH) y actualmente por la UDACH. Imágenes de la versión 2013 de esta fiesta pueden verse en: https://www.youtube.com/watch?v=OKimZWDuF3E
24 Ver: Robertson, Robin, Jungian Archetypes: Jung, Gödel, and the History of Archetypes, Universe, 2009, 324 p.
25 Sobre los usos, alcances y conformación de la memoria colectiva en historia, ver: Lavabre, Marie-Claire,
“Maurice Halbwachs et la sociologie de la mémoire”, publicado en Raison Présente, 128, octubre de 1998, pp. 47-56. Disponible también en español en: http://www.historizarelpasadovivo.cl
26 Sobre el tema de la caricatura de Pinochet, se publicó recientemente: Gárate, Manuel, “El nacimiento de un monstruo. El Golpe de Estado en Chile y la imagen de Augusto Pinochet a través de las caricaturas de la prensa escrita francesa (1973-1990)”, Caravelle, n° 104, p. 87-114, Toulouse, 2015.
27 En relación a los seguidores acérrimos del general Pinochet en Chile, recomendamos el documental de Marcela Saïd Cares, “I Love Pinochet”, Pathé , France, 2001, 52 m. Este material nunca ha sido difundido por la TV abierta chilena, pero fue emitido por el canal norteamericano de cable History Channel el 11 de septiembre de 2007. Disponible actualmente en: https://vimeo.com/32608607
28 El general Augusto Pinochet dejó la comandancia en Jefe del Ejército el 10 de marzo de 1998, tras 25 años de mando ininterrumpido y después de haber sido nombrado por el propio Presidente Salvador Allende. Un extracto de la ceremonia de despedida está disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=0Rsvzn26t0E
29 Sobre la discusión jurídica de la inmunidad soberana de los Jefes de Estado, ver: Hasson, Adam Isaac, “Extraterritorial Jurisdiction and Sovereign Immunity on Trial: Noriega, Pinochet, and Milosevic. Trends in Political Accountability and Transnational Criminal Law”, Boston College International and Comparative Law Review, nº1 Volume 25, 2002.
30 Sobre la comparación del caso Pinochet con la situación de Milosevic y el caso Eichmann, recomendamos la siguiente tesis de master en derecho internacional: Markus, Tadjana, Breaking the Wall of Immunity: Questions raised by Eichmann, Filartiga, Pinochet and Milosevic Trials, Master thesis, Faculty of Law, University of Lund, Suecia, 2002, 71 p.
31 Debemos recordar que toda esta corriente multilateral de internacionalización de la justicia se dio en el contexto previo a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. A partir de este momento la cuestión de la seguridad del Estado y de la guerra al terrorismos se impusieron en la agenda internacional, relegando a un segundo plano el tema de la justicia penal internacional, cuestión que, además, los diferentes gobiernos estadounidenses han rechazado en forma permanente.
32 Op.cit., Jedlicki, párrafo 39.
33 Ver: Rousso, Henry, Le Syndrome de Vichy de 1944 à nos jours, Éditions du Seuil, 1990.
34 Op.cit., Jedlicki, párrafo 45.
35 Ver: Prognon, Nicolas, « L’exil chilien en France du coup d’état à l’acceptation de l’exil : entre violences et migrations », Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM [En línea], 21 | 2011, Publicado el 08 juin 2011, consultado el 15 septembre 2014. URL : http://alhim.revues.org/3833
36 No hay que olvidar que para una buena parte de la opinión pública francesa (medios de prensa en general) el exilio latinoamericano de los años ’70, y el chileno en particular, es aún hoy considerado como ejemplar en términos de adaptación a la sociedad francesa, sobre todo respecto a otras comunidades de inmigrantes residentes en Francia.
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Title Imagen – Detención de Pinochet en Londres
Caption Fuente – Fundación Salvador Allende
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Title Imagen 2 – Piquete de Londres
Caption Fuente: Amnistía Internacional España
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Title Imagen 3 – Fotografía de Chas Gerretsen (19-09-1973)
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Title Imagen 4 y 5 – Ilustraciones de Augusto Pinochet utilizadas durante las jornadas de movilización en Londres y Madrid (1998)
Caption Fuente : Amnistia International y DW
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Title Imagen 6 – Bill Andrews, Daily World, noviembre 1974
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Title Imagen 7 – Danziger, Los Angeles Times, 19-10-1998
Caption Texto: “La policía británica arresta al dictador Pinochet y se niega a revelar su paradero, lo que significa que el general Pinochet… de alguna manera… desapareció”.
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Title Imagen 8 – Garland, Daily Telegraph, 20-10-1998. La muerte apunta a Slobodan Milosevic, mientras sostiene un periódico donde se anuncia el arresto de Pinochet
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References

Electronic reference
Manuel Gárate, « “¡Lo agarraron!” Representaciones del arresto de Augusto Pinochet en Londres y el despertar del exilio chileno en Europa (1998-2000) », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [Online], Current issues, Online since 07 July 2016, connection on 18 July 2017. URL : http://nuevomundo.revues.org/69482
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About the author

Manuel Gárate
Doctor en Historia EHESS, Paris. Académico del Departamento de Historia Universidad Alberto Hurtado, Chile.
mgarate@uahurtado.cl

By this author
Una historia de lo político en Chile contemporáneo: discursos, conceptos y memorias [Full text]
Published in Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates
Cristina Moyano Barahona, El MAPU durante la dictadura. Saberes y prácticas políticas para una microhistoria de la renovación socialista en Chile, Santiago, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2010, 572 p. [Full text]
Published in Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Book reviews and essays
Pauline Bilot, Allemandes au Chili, Rennes, Presses Universitaires de Rennes (PUR), 2010, 209 p. [Full text]
Published in Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Book reviews and essays
Guía del investigador americanista en la ciudad de Santiago de Chile [Full text]
Versión actualizada 2011
Published in Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Guidelines to the Americanist scholar
Avatar. La consolidación del juego de video y el fin del cine como factura [Full text]
De James Cameron, Estados Unidos, 2009, 162 min.
Published in Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Images in motion, 2010
“La Nana”, y la evolución de una sujeción atávica al empleo remunerado [Full text]
La Nana, de Sebastián Silva, Chile, 2009, 95 min.
Published in Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Images in motion, 2009
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El Golpe Estético de la dictadura.

Indagar por el autoritarismo en el ámbito cultural, artístico y cotidiano implica dar cuenta de aquellos rasgos que marcaron la producción simbólica del régimen militar. Para esto se promovieron ciertos estilos, rituales, formas de percibir, y por supuesto también se reprimieron sensibilidades e imaginarios que disentían del proyecto hegemónico. De allí que la instrumentalización involucre desde los contenidos del currículum escolar (repetidos cursos de Historia republicana y Educación Cívica), hasta el control de museos emblemáticos (la cercanía de Pinochet con los objetos del Museo Histórico Nacional), pasando por sistemas de reconocimiento y premiación o por sofisticadas alianzas estratégicas con el sector privado.

La dolorosa experiencia histórica de Chile tras el Golpe de Estado de 1973, no sólo creó un nuevo orden político, sino que además instituyó una práctica de limpieza cultural que se manifiesta en dos operaciones directas: por una parte, una clara política de exclusión con exoneración, exilio directo y represión con consecuencia de muerte como lo fue para los detenidos desaparecidos.

Por otra parte, la limpieza cultural en la década de los años 70 era jocosamente mostrada por los periódicos. Se recortaban los pantalones a las damas y a los varones se les cortaba el cabello. Dichos dispositivos mostraban una encubierta operación higiénica donde modas, colores y hasta los muros urbanos se limpiaban de la propaganda brigadista, legado del imaginario de la Unidad Popular.

Ambos operaciones enfatizaban la dimensión refundadora exclusiva que poseía la cruzada de los militares, era una lucha entre el bien y el mal, entre las fuerzas represoras de la ideología totalitaria y las prácticas libertarias de las Fuerzas Armadas y de Orden. Consecuentemente, desde aquí, el proyecto autoritario destruye de modo directo las organizaciones políticas, sociales y culturales de amplios sectores poblacionales y regionales. De tal manera, que con el denodado argumento de la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo de inspiración marxista-leninista se organizaron oficialmente aparatos represivos que entre sus prácticas engendraron una red de secuestros y muertes selectivas, que cubrían con terror nocturno y silencioso a nuestro país. Ahora bien, el nuevo modelo cultural encuentra aliados en los medios de comunicación un eje fundamental de propaganda, control y radiación. Con una televisión en pleno proceso de expansión, con el dominio de las radios y de la prensa escrita por medio de El Mercurio, la operación cultural parecía tener éxito.

Sin embargo, la cultura nacional se vio fuertemente afectada, muchos artistas exiliados, torturados, reprimidos, censurados. Al respecto, es necesario recordar que las escuelas de arte de las principales universidades fueron cerradas, prácticamente desmanteladas y algunas claramente intervenidas como la Universidad de Chile y la UTE (Universidad Técnica del Estado). En algunos ámbitos específicos es notoria la represión, como por ejemplo en la docencia, donde se calcula que un 30% de los profesores fueron exonerados de las universidades chilenas entre 1973 y 1978. Lo mismo ocurre en el ámbito artístico como el teatro ya que parten sobre un 25% al exilio. En concreto, en la Universidad de Chile, el 90% de los miembros de la compañía de Teatro fueron despedidos.

El caso de la empresa Quimantú, que adoptó el nombre de Gabriela Mistral, se desperfiló de la línea editorial quedando reducida a producción de etiquetas, envases y revistas para terceros. La música, por su parte, también había resentido las represiones en el ámbito cultural: muerte de Víctor Jara y el exilio de numerosos artistas del canto popular que conformaban la “Nueva Canción Chilena”. Pero el exilio había también tocado a músicos del ámbito docto como los compositores Gustavo Becerra, Gabriel Oliverio Brnčić Isaza, Fernando García y el cantante Hans Stein. La fotografía resintió de modo directo la censura en los medios, además el golpe asentado con muchos detenidos-desaparecidos que eran fotógrafos, la hizo ver una profesión sospechosa.

En 1975 al pintor Guillermo Núñez es apresado y exiliado por realizar una exposición conceptual con jaulas de pájaros que contenían en su interior pan, flores, reproducciones de la Mona Lisa, etc. Ese mismo año, la revista Manuscritos fue censurada y su director Ronald Kay amonestado y el decano despedido. La galería de Paulina Waugh quemada con muchas obras de Matta y otros artistas. En medio de este oscuro panorama asoma un espacio que no deja de ser paradójico y curioso. Pues, en las propias áreas institucionalizadas de vigilancia como la cárcel y la penitenciaría emergen desde 1975 obras de teatro, recitales de poesía, festivales de la canción y el fascinante trabajo enunciativo de “las arpilleras” bordadas realizados por los presos y presas políticos.

Pionero es el caso de Luz Donoso y Hernán Parada, que realizando su proyecto “Duda y Claridad”, trabajan sobre las representaciones de vida desde los soportes fotográficos de los detenidos desaparecidos. El 15 de noviembre de 1979, realizan a las 12 horas en pleno Paseo Ahumada, una intervención de las pantallas televisivas de una tienda comercial de electrodomésticos, con el retrato de una detenida desaparecida. El TAV se transforma en un colectivo plástico referencial del arte conceptual y grabado así también entre 1977-1979 irrumpe la práctica de “escena de avanzada” la que realiza numerosas citas discursivas y performances que aludían frontalmente desde la vanguardia artística a la contingencia.

Pero en la cultura oficial se vivió “el apagón cultural” que se intentó paliar con prácticas hegemónicas que intentaron rescatar la chilenidad, por medio de construcción de monumentos y altares en cada plaza del país, producción de ceremonias cívico-militares, rituales conmemorativos como el de Chacarillas que con antorchas y subiendo el cerro San Cristóbal marcaban una épica cívico-castrense delirante, en el pináculo del cerro Pinochet reforzando como “maestro único” de la misión nacionalista.

La transformación operada tras el Golpe Militar establecía nuevos imaginarios que afectaron desde lo cotidiano con un sello marcadamente nacionalista autoritario. Hasta el día de hoy, muchas generaciones, al estar de pie nos ponemos firmes como reflejo con las manos atrás y seguimos cantando- de modo inconsciente- las canciones militares enseñadas en los colegios, esperpentos marciales de un pasado que se hace presente desde recuerdo. Así al observar las imágenes del perfil estético de la dictadura, se reaviva la llama de la libertad, la monumentalidad del altar de la patria, se reconocen los héroes militares de los billetes, las figuras nacionalistas de los sellos postales, la reordenación con rejas del Edificio Diego Portales, las marchas conmemorativas con las damas de todos colores.

El silencioso pero efectivo golpe estético también cubrió y se impuso en la cultura chilena. El atentado más simbólico que muestra el golpe a la cultura nacional fueron contra la escritura y el cine chileno, enormes piras encendidas de libros (Cubismo, Rebelión de las masas, etc.) en las principales bibliotecas y de películas en el patio de Chile Films (todos los noticieros desde 1945) mostraban también “desaparecer” material irrecuperable. Era quemar una historia y sus memorias culturales.

*Gonzalo Leiva Quijada, Inst. de Estética, PUC de Chile. Autor de “El Golpe Estético. Dictadura militar en Chile 1973-1989”, junto a Luis Hernán Errázuriz.

Lucila Svampa: “La memoria es objeto de disputa, nunca puede ser neutral”

Si la memoria es un objeto de disputa, esta nunca puede ser neutral, porque por definición siempre toma posición en el contexto de una historia que no está dada, sino que se construye. Que se construya no quiere decir que se falsifique, significa que se nutre de diferentes relatos que pueden rescatar memorias aplacadas y que, por ende, está abierta.

Antropología para Todos

19/04/2017 LIBROS

Lucila Svampa: “La memoria es objeto de disputa, nunca puede ser neutral”

Lucila Svampa, doctora en Ciencias Sociales, contrapone distintas tradiciones teóricas sobre los usos del pasado y marca los riesgos latentes en la construcción de las “políticas de la memoria”.

Por Julieta Grosso

En los vínculos que una sociedad entabla con su pasado se dirimen múltiples y problemáticas relaciones que la investigadora Lucila Svampa desentraña en “La historia en disputa”, una obra que desarticula la idea de una tensión irremediable entre memoria y olvido, a la vez que dialoga con los debates actuales que intentan relativizar la experiencia de la dictadura a través del cuestionamiento a la cifra de desaparecidos.

La recuperación de la memoria colectiva es una instancia siempre compleja en la que asoman nudos problemáticos, trampas potenciales que es necesario esquivar para no caer en versiones maniqueas o apologéticas que resulten funcionales al poder o…

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Memoria en la Web.Ha muerto Juan Seoane, el detective que se quedó en La Moneda el 11 de Septiembre de 1973…

El libro que cuenta la historia del detective que acompañó a Allende en el bombardeo a La Moneda

Entrevista a Juan Seoane

por  3 febrero, 2014

El libro que cuenta la historia del detective que acompañó a Allende en el bombardeo a La Moneda
Me dijo Miranda (Alquimia Ediciones), primera novela del argentino Federico Galende, parece inspirada en Juan Seoane Miranda, el mítico jefe de la guardia presidencial de Investigaciones. Galende articula su texto al modo de un testimonio repetido por otro, haciendo que cada capítulo empiece con la misma sentencia: “Me dijo Miranda” o simplemente “me dijo”, como si en ella participaran dos narradores –como el escribano anónimo que refiere el testimonio de Pereira en Sostiene Pereira, de Tabucchi.

me dijo Miranda alta

La historia mundial es abundante en héroes desconocidos, sin calles que lleven sus nombres o conmemoraciones en fecha alguna. La historia chilena está lejos de ser una excepción. Con facilidad se han olvidado personajes que no cuadran con las viñetas patrióticas de un país que prefiere vehementes saltos al vacío que actos de consecuencia llevados al extremo.

Entre quienes protagonizan hechos como los últimos están los diecisiete detectives que acompañaron a Salvador Allende en La Moneda hasta su muerte, todos bajo el mando de Juan Seoane Miranda, quien desobedeció la orden del mandatario de desalojar el palacio de gobierno y decidió permanecer ahí para cumplir su palabra de –tratar de– protegerlo.

En Me dijo Miranda (Alquimia Ediciones, Santiago de Chile, 2013), primera novela de Federico Galende (Rosario, Argentina, 1965), un narrador anónimo retransmite la historia del detective Juan Miranda, personaje que trae a la memoria al detective Seoane. Galende articula su texto al modo de un testimonio repetido por otro, haciendo que cada capítulo empiece con la misma sentencia: “Me dijo Miranda” o simplemente “me dijo”, como si en ella participaran dos narradores –como el escribano anónimo que refiere el testimonio de Pereira en Sostiene Pereira, de Tabucchi.

Uno de estos narradores –el autor, digamos– hace la traducción simultánea desde el lenguaje testimonial del otro –Miranda– al lenguaje de la ficción. Nada en el libro indica que la novela esté inspirada en el caso de Seoane, aunque varias veces el narrador da a entender que Juan Miranda es un personaje real y tuvo ocasión de reunirse con él, entrevistarlo en distintas ocasiones y lugares, ver sus documentos, libros, objetos del pasado.

Así conocemos las anécdotas y testimonios de Miranda, quien comenzó su carrera en la Brigada de Homicidios, pero fue removido pronto de ahí, sin explicaciones, mientras investigaba el asesinato del general Schneider. Luego fue reclutado en la Policía Política, donde sufrió la pérdida de varios colegas. La desaparición de uno de ellos, jefe de la guardia presidencial, marcaría su destino: el avión que lo transportaba desde Lima hasta Santiago se extravió en algún lugar de la selva y Juan Miranda fue designado para tomar su lugar.

A consecuencia de esto estableció una relación de cercanía con Allende, a quien acompañó en su viaje a México, Estados Unidos, La Habana, Moscú, pasando por Marruecos, Ecuador y Perú. Las anécdotas de Miranda son varias: el recibimiento multitudinario que tuvo Allende en México, un intento de comer camarones en Ecuador ante la mirada fija de un garzón, un baño en la tina del rey Hassan II en Marruecos y una carta escrita a su esposa en papel real que la mujer todavía conserva enmarcada, por mencionar algunas.

A estos episodios se suman los sucesos que envuelven al narrador durante su trabajo de investigación y escritura: un encuentro casual con un ex GAP que conoció a Miranda, una chica que aparece y desaparece de la vida del escritor mientras pasa una temporada en Estados Unidos, y otros momentos en los que el narrador se despega de su máscara, volviendo aún más amena la lectura.

A veces dan ganas de conocer en detalle la historia paralela del narrador, apenas insinuada, para tener respuesta a preguntas como, qué lo motivó a contarnos la historia de Miranda, o por qué no volvió a verlo después de varias entrevistas. Pero el relato principal, la historia de Miranda, absorbe la atención tanto por la minuciosa escritura como por la frescura del punto de vista que el detective nos entrega, en su calidad de colaborador cercano de Allende, apolítico, que sólo a fuerza de contacto entendió la dimensión del personaje histórico que protegía.

Como resultado, se obtiene un texto que exuda dedicación, en el que Galende, su voz ajena, erige la historia de este detective y logra imprimirle un dinamismo magnético que arrastra con ligereza al lector a través de capítulos donde la ausencia de puntos aparte no da tregua. Sin florituras, con descripciones livianas pero plenas de detalles que enriquecen, el narrador da a conocer el mundo de este policía que nunca manifiesta su ideología política, lo que salva a la novela de volverse panfletaria.

Si bien la intensidad de los sucesos narrados amenaza con opacar sus formas narrativas, Galende asume ese desafío elaborando un estilo transparente, en el cual se insertan y divisan claramente los hechos. Cabe preguntarse por qué un autor argentino escribe la historia de un personaje perdido en los dobleces de la historia política chilena, pero quizás a eso se deba la referencia a Tabucchi, autor italiano que creó una gran novela sobre la dictadura en Portugal.

Como sea, es de esperar una mayor atención de los lectores sobre Me dijo Miranda, no solamente porque constituye un esfuerzo narrativo admirable, sino porque logra trascender del yo testimonial y entregar una visión de un hecho histórico que pertenece a cualquiera, más allá de todo nacionalismo.

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Mirando a Miranda

 

 

Archivo De Cultura Chilena Eucanter

 

UN VIEJO ROBLE HA MUERTO DE PIE, JUAN SEOANE

JOSÉ MIGUEL CARRERA·MARTES, 13 DE JUNIO DE 2017

Hoy es un día triste, falleció el ex detective Juanito Seoane, un hombre leal a la Constitución y las leyes, como quizás diría el presidente Salvador Allende.
El día del golpe de estado de 1973, con los servidores de los ricos chilenos vestidos de uniforme atacando La Moneda, según se cuenta en los relatos de sobrevivientes que la defendieron, Allende antes de morir lo liberó de su responsabilidad de protegerlo y le dijo que se podía retirar de La Moneda con sus hombres de la policía de investigaciones.
Él lo cuente en una entrevista al periodista Claudio Betsalel del Diario el Mundo “Cuando se fueron los agentes de la Guardia del palacio y cambiaron de bando, el presidente me llamó. Estaba en el salón Toesca, en una mesa grande, sentado sobre la mesa y con los pies colgando. Estaba solo. Me acerqué y me dijo que estaba liberado para retirarme junto con todos los funcionarios a mi cargo. Le contesté: -Yo voy a quedarme-. Entonces me dijo: -Estaba seguro de que usted se iba a quedar, porque los viejos robles mueren de pie-. No fue nada grandilocuente, sólo una cosa sentida”.
¿Por qué se quedó en La Moneda? Le preguntaron nuevamente: “Uno piensa en ese momento en muchas cosas. Que se ha estado cumpliendo una función, que hay una familia que ha creído en lo que uno decía… ¿Con qué cara me iba a presentar a todo el mundo si escapaba? Son decisiones sin vuelta, sin importar lo que vaya a suceder”.
Sus detectives, leales como él, al saber su decisión, no abandonaron tampoco a Allende, a diferencia de la guardia de carabineros, que si se retiró al otro bando.
Juan Seoane fue detenido y debió salir al exilio, a México. En ese país se enteró años después, que la Revolución Popular Sandinista había triunfado el 19 de julio de 1979, compañeros del GAP, ex escoltas de Allende, que participaron como combatientes internacionalistas en el Frente Sur de la guerrilla, lo invitaron a colaborar, y fue así como se transformó en el asesor primero de la naciente Policía Sandinista de Nicaragua y dedicó todos sus esfuerzos en esa tarea. Ejemplarmente como diría los dirigentes sandinistas.
Ahí lo conocimos muchos de nosotros, en los ajetreos de la revolución, fuimos sus amigos y compañeros, nos tomó cariño, casi nos veía como hijos, y por lo menos yo, como un padre.
Nos volvimos a encontrar en Chile después que terminara la dictadura de Pinochet y cuando podíamos lo visitábamos en su casa, siempre se preocupaba de nuestro futuro, incluso una vez lo entrevistamos junto a compañeros del colectivo G80.
El año 2009 publicó sus memorias en un libro que tituló “LOS VIEJOS ROBLES MUEREN DE PIE” en honor a Salvador Allende.
Fue un hombre bueno, leal, constitucionalista, un gran hombre.
Descansa en paz compañero Juanito Seoane.
Santiago, Chile, Junio 2017

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