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” La Malva no se va!” El pedagógico y la madre de un desaparecido.

 

En el segundo semestre de 1980 los estudiantes del Pedagógico demostraron todo su rechazo a la autoridad universitaria, fiel representante de la institucionalidad militar que reinaba en chile, paralizando la universidad y movilizándose diariamente. Las voces de estudiantes, desde el MIR hasta la DC, se aunaron en un solo grito de repudio al despido injustificado de la profesora de castellano, Malva Hernandez, por supuestos “motivos presupuestarios”, los que escondían a su vez el deseo de despedir a una profesora miembro de la agrupación de familiares detenidos desaparecidos.
El paro generalizado, la inactividad académica y los gritos de “¡la malva no se va!”, terminaron de golpe en el momento que el rector designado, y el decano de filosofía y humanidades, decidieron cerrar el año académico. 

 

Entre octubre y marzo del siguiente año, la dictadura y todo su equipo de civiles apuraron la promulgación de una nueva Ley General de Universidades. Era el pleno proceso de institucionalización del régimen. Gonzalo Vial, historiador y ministro de educación, salía en marzo anunciando la reestructuracion de la universidad, que en otras palabras no fue más que su desmembramiento.

Y dentro de ella, el Pedagógico dejaba de existir, las facultades se re-estructuraban, las carreras pedagógicas eran quitadas del rango de universitarias y el campus Macul -o las termas de Macul- eran bautizadas como Campus Lircay en honor a la batalla de liberales contra conservadores en 1829. Estudiantes fueron divididos entre la nueva sede de la Universidad de Chile y los de la Academia superior de Ciencias Pedagógicas, y lo que se pensaba que sería la biblioteca más grande de América Latina se reducía a pequeñas partículas.

El Campus de la Academia fue pintado entero de blanco, sus enredaderas cortadas, y desde ese momento “el pasto creció más largo”.
Hoy, el hasta ahora rector de la Universidad, estudiante de castellano en el proceso más duro de la dictadura, decide volver a pintar su edificio central de color blanco. Y con ello revivir la época del pasto largo, de la policía secreta, de la delación, del terror y la ruptura. La renovación de algunos otrora resistentes es espeluznante.

 — con Malva Hernández Castillo y Jorge Pesce Aguirre en Metropolitan University of Educational Sciences.

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                               RODRIGO

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“Ahora comprendo mi piel y mis huesos

el tañido funerario de todas mis canciones

el blanco color opaco de mi espejo

la oquedad de mis sienes.

Yo soy la madre          vengo desde la altura

He perdido a mi hijo y soy su tumba.”

(Ronda – Eugenia Brito)

Los recuerdos que tengo de mi hijo los he ido anotando algunas veces para no olvidarlos. Cuando Rodriguito entró a kínder tenía casi cinco años. Su colegio era antiguo y estaba cerca de la casa (en ese tiempo vivíamos en Ñuñoa); la construcción era muy vieja; una muralla alta de ladrillos la separaba de la calle y para entrar, había una puerta de madera. Adentro, tenía un gran patio con salas por los costados y en medio de él, estaba una salita cuadrada que era más nueva, donde se situaba el kindergarten; su piso era de tablas de madera ancha, que en algunas partes se veía carcomida por el paso de los años; esta salita tenía una gran ventana que se abría hacia el patio. En medio de este, había un árbol añoso,  que en esa época tenía unas flores largas, verdes, como cuncunas. La profesora, una muy buena educadora, como había dicho el director, era una niña muy joven.

Cierto día Rodriguito tuvo una idea genial. A la entrada de la  sala había un hoyo redondito entre dos tablas. En el recreo juntó las florcitas y las puso alrededor del hoyito en forma de rayos; para él era algo bonito. Cuando la señorita entró, lanzó un grito y saltó por la ventana. Vino corriendo la inspectora a ver qué pasaba y la profesora le contó que había un hoyo lleno de gusanos. Como los niños eran muy pequeños, no les preguntaron nada. Cuando Rodriguito llegó a la casa, me contó lo que había pasado, pero no entendía por qué la señorita había gritado…

Al año siguiente, cuando tenía poco más de cinco años,  entró a primero básico al Colegio Calasanz. Un día cuando llegó a la casa, me contó, con sus ojitos tristes, a punto de llorar: “En el colegio hay un niño que no vive con su mamá…”  Y me miraba directamente a los ojos a ver qué decía yo. Le pregunté por qué y él me contestó que la mamá estaba en Arica. Yo le dije que a lo mejor ella estaba trabajando allá y por eso no estaba con él. No me dijo nada, pero siguió triste toda la tarde… para él era terrible no vivir con su mamá.

Un día invitó a un compañero de curso a la casa y cuando estaban jugando en nuestro patio, que era muy grande y muy bonito, yo lo llamé diciéndole “Gordo”, para que viniera. Él se puso colorado y vino donde yo estaba y muy avergonzado me dijo:” No me digas así, no ves que mi amigo es gordo…” Pensé que era tan niño y ya se preocupaba de no herir a su amigo, diciéndole lo que este pensaba que era su defecto.

Se veía bien con su uniforme de pantalón corto, camisa blanca, corbata y chaqueta. Tenía su carita de niño, todavía redonda, por eso yo le decía Gordo, mi gordo…

Otro día me contó con los ojos muy abiertos y con la mirada perdida como mirando hacia adentro: “El papá de un niño de mi colegio inventó una máquina a la que le echa paja por un lado y le sale leche por el otro…” Yo me reí y no me di cuenta de que él ya quería imaginarse el mundo  de otra forma, con su pensamiento concreto todavía.

Sus compañeros eran su tema predilecto. Aunque también, su hermano mayor. Un día, cuando volvían del colegio, él venía enojado y cuando les abrí la puerta me dijo: “El Eduardo me dice a cada rato que me apure y cuando pasa por la casa del lado y está esa niña, se hace el grande de siete años y más me apura …” Como en esa época los niños usaban un bolsón que se colgaban de un hombro y la correa les cruzaba el pecho, su hermano, que era un año mayor y más delgado y ágil, lo apuraba siempre, pero lo que le daba más rabia a él era que cuando pasaba por la puerta del lado se lo decía más fuerte, haciéndose “el grande de siete años”. Sentía que su hermano lo mandaba y por algo inentendible, precisamente en ese lugar, al llegar a la casa, después de caminar cuatro largas cuadras, lo apuraba… El amor no tocaba a su puerta todavía.

En ese tiempo siempre nos visitaba una tía abuela mía que era buena relatando historias. Una vez nos contó que en el campo a un hombre que tenía una sola oreja lo llamaban Pilón. Rodrigo ya estaba más grande y un día nos sorprendió diciéndonos que él había inventado una adivinanza: “Tengo la cabeza hueca y soy pilón”. Nos desafió a que la adivinásemos y nadie supo: era una taza.

Pasó el tiempo y nos fuimos a vivir a Las Condes. Ya no conversaba con Eduardo, su hermano mayor, porque sentía que su mundo era diferente al de él. En cambio, su hermano menor, Patricio, y su gran amigo Cristián, eran tierra fresca  para sembrar sus ideas. Se sentaban en un asiento de la plaza, al frente de la casa, a reflexionar y él explicaba su filosofía adolescente. Allí los pillaba la noche y solo terminaban sus conversaciones cuando los llamaban a comer.

En esa misma época empezó a enseñarle el mundo a su hermana pequeña, a Malvita. A ella la adoctrinaba sobre cómo defenderse cuando la vecina, niña como ella, le tiraba su largo pelo rubio, su orgullo y su debilidad a la vez. Rodrigo le adaptó un linchaco que se había quebrado y le enseñó a usarlo; también a usar sus manos en defensa propia… Pero, sobre todo, le enseñó, tendidos en el pasto por las noches, a mirar las estrellas y cómo distinguirlas…

Sus sueños se los transmitía a ellos, sus hermanos y su amigo más querido… Era un filósofo en capullo todavía, mas   ya quería actuar ante lo duro, pero también quería mostrar lo hermoso que tenía la vida. Más adelante vendrían los años de su militancia, el encuentro con el amor y la lucha contra el dictador.

Y entró a la universidad a estudiar Filosofía. Allí su personalidad de líder carismático y alegre no pasó inadvertida; fue vigilado y delatado… y despareció.

Esta es la historia de su corta vida.

Hijo mío, te miro en las fotos donde miras de frente y tus ojos me hablan. A veces te veo sonriendo, a veces, serio. Tu presencia está siempre conmigo y tus palabras me duelen, porque por defenderte del peligro, como si dijera mágicos conjuros, en lugar de sembrarte coraje te decía que te cuidaras y tú me lo enrostrabas, diciéndome que si te pasaba algo, era yo la que te iba a joder.

Me siento culpable de no haber vivido a concho mis días contigo, porque te fuiste tan luego y tan horriblemente de mi vida. Esta pena que llevo es un peso que me agobia y no puedo calmarla con nada. Cuando llegan estos días de otoño, casi invierno, te recuerdo caminando con tus pasos largos, entrando al Pedagógico y cimbreándote bajo la llovizna como si nada…

Cuando no te vi más, al comienzo lloré mucho por ti, escondida para que no me vieran tus hermanos ni nadie. Lloraba porque te sabía desvalido, lejos, aislado y mi mente se detenía justo ahí, sin pensar en lo que te estaría pasando. Pero cuando perdí la esperanza de volverte a ver, no lloré más. Se me habían secado los ojos.

Ahora que estoy anciana, cuando pienso en ti en las noches, me salen sollozos secos, terriblemente secos y solo me llegan al pensamiento estos versos para quedarme dormida:

“Velloncito de mi carne, que en mi entraña yo tejí, velloncito friolento, duérmete apegado a mí!”

(Apegado a mí – Gabriela Mistral)

Mayo de 2016

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El Centro de Documentación Eremias Delizoicov y el Comité de la familia de los Muertos y Desaparecidos Políticos Brasil

El Centro de Documentación Eremias Delizoicov y el Comité de la familia de los Muertos y Desaparecidos Políticos organizar y desarrollar el sitio www.desaparecidospoliticos.org.br . El objetivo es divulgar las investigaciones sobre las muertes, la localización de los restos mortales de las víctimas de la dictadura e identificar a los responsables de los crímenes de tortura, homicidio y ocultación de los cadáveres de decenas de personas durante el período de la dictadura militar en Brasil (1964/85) .
El sitio tiene en su base de datos los nombres de 383 muertos y desaparecidos, textos sobre la amnistía, la guerrilla del Araguaia, la fosa clandestina del Cementerio de Perus, la historia de las organizaciones de izquierda, de los órganos de represión y los principales hechos políticos en el período. El sitio tiene más de 3 mil documentos digitalizados, entre ellos los producidos en el DOPS, biografías, fotos y video sobre las personas que fueron víctimas del régimen civil-militar, informaciones sobre los militares que participaron en la represión, además de noticias actualizadas y textos especializados sobre el asunto.

¿Donde estan? | 02/05/2008 | El Estado de San Pablo
Antigua celda del DOPS transformada en lugar de memoria.
Antigua foto de la celda del DOPS.
Los ex presos visitan el Memorial.

Las celdas del antiguo Departamento de la Orden Política y Social (Dops), uno de los más temidos locales de represión de la dictadura militar en São Paulo, fueron retitulados ayer. De Memorial de la Libertad, el edificio, reformado y abierto para visitar en 2002, pasa a llamarse Memorial de la Resistencia. El cambio era reivindicado por ex presos y perseguidos políticos. El Dops, donde hoy funciona también la Pinacoteca del Estado, estuvo por años bajo la responsabilidad del delegado Sérgio Paranhos Fleury, considerado uno de los mayores cazadores de enemigos del régimen militar y responsable directo de torturas y asesinatos.

“El nuevo nombre es más adecuado y rinde homenaje a los que lucharon aquí”, afirmó el secretario de Estado de Cultura, João Sayad, en la ceremonia de relanzamiento del espacio, que también alberga, desde ayer, exposición fotográfica sobre el período de la dictadura. El proyecto del memorial fue coordinado por la Secretaría de Estado de la Cultura de São Paulo y por la Secretaría Especial de Derechos Humanos de la Presidencia de la República.

El ministro de la Secretaría Especial de Derechos Humanos, Paulo de Tarso Vannucchi, afirmó que la iniciativa paulista debe servir de ejemplo en otros Estados. “Espero que el gobierno federal se sensibilice con la alianza hecha en Sao Paulo y transforme otros espacios en memorias como ese. Es una forma de que el país conozca su pasado reciente”, dijo Vannucchi, también un ex preso político.

Según él, San Pablo es uno de los Estados que más han evolucionado en la apertura de los archivos del período de dictadura militar. En los últimos años, afirmó Vannucchi, el gobierno federal también avanzó en la disponibilidad de estos documentos a familiares de ex presos del régimen militar, periodistas e investigadores. Informó que en las próximas semanas la ministra Dilma Rousseff (Casa Civil) va a anunciar la interconexión digital de todos los archivos (estatales y nacionales) existentes sobre el período.

En el evento, el vicegobernador de Sao Paulo, Alberto Goldman, dijo que va a sugerir al gobernador José Serra que el edificio del antiguo DOI-Codi, en el Paraíso, también sea transformado en memorial. Según Goldman, la comisaría de la calle Tutóia tiene un historial “mucho peor” que el Dops.

Además de autoridades, cientos de ex presos políticos, amigos y familiares de ellos y de desaparecidos y muertos durante el régimen militar llenaron ayer los salones de la estación Pinacoteca. El profesor de Medicina de la USP Silvino Alves de Carvalho, de 66 años, es uno de ellos. En 1974, Carvalho pasó 40 días preso en el Dops. Ayer, llevó a su hijo de 14 años por primera vez al lugar. “Estar aquí de nuevo me trae alegría y tristeza”, comentó. “Alegría por estar vivo y con mi familia, y tristeza por recordar las barbaridades que ocurrieron en ese lugar.”

El periodista Alipio Freire, de 62 años, también estuvo preso por tres meses en las celdas del Dops, en 1969. Cuenta que ya ha logrado “metabolizar” los recuerdos del período. “Tengo amigos que ni entran aquí, veo como otra parte de mi historia y de la memoria del país, para el bien o para el mal, y es importante preservarla.

La historia del futuro no se hará sin la memoria de nuestros amigos y compañeros mártires

Michel Löwy

11/05/2008

Luiz Eduardo Merlino (1948-1971), joven periodista brasilero, militante de la Cuarta Internacional, murió bajo la tortura, a los 23 años, en julio de 1971. Su ex-compañera, Angela Mendes de Almeida, y su hermana, Regina Merlino Dias de Almeida, decidieron, a pesar de la amnistía oficial que los militares se auto-otorgaron hace ya más de veinte años, llevar a la justicia al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, acusado por varios testigos de ser el principal responsable por este crimen.

Felizmente, el juez Carlos Abrâo, aceptó el pedido de apertura de la acción : la tortura, según la ley brasilera y los tratados internacionales firmados por el Brasil, es imprescriptible. El proceso deberá comenzar dentro de algunas semanas. Las dos autoras de esta acción no piden la condenación penal del oficial, ni indemnizaciones, sino simplemente la verdad : que la justicia declare al coronel Ustra responsable por la tortura y la muerte de Merlino. (1)

Este siniestro personaje era el jefe del Departamento de Operaciones y de Información (DOI-CODI) de la dictadura militar en Sâo Paulo. Bajo este eufemismo se escondía una oficina de torturas, de las que fueron víctimas de tortura – entre 1970 y 1973, el período de comando de Ustra – cerca de quinientos prisioneros, de los cuales murieron mas de cuarenta, entre ellos nuestro joven camarada. Según la versión oficial, acreditada por dos “médicos legistas” al servicio de los militares, Merlino se habría “suicidado”, tirándose bajo las ruedas de un automóvil : explicación ridícula, frecuentemente utilizada por la dictadura para cubrir sus crímenes.

Leer artículo completo en  http://www.sinpermiso.info/textos/la-historia-del-futuro-no-se-har-sin-la-memoria-de-nuestros-amigos-y-compaeros-mrtires

Voces de Mujeres. “Se hace política desde todos los espacios, lo personal es político”.

Concepción, 2016.  Delito específico de violencia de género.

 

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Centro cultural por la memoria “La Monche”Nuestra misión y nuestros objetivos son : VISIÓN
Ser reconocidas como una organización de mujeres feministas que contribuye a la recuperación, visibilización y legitimación de la memoria de las mujeres en la lucha por la democracia durante la dictadura militar generando una colectivización de los saberes.

OBJETIVOS
Recuperar y divulgar, desde una mirada feminista, las historias de vidas de las mujeres que vivieron durante la dictadura diversas situaciones de represión política (torturas, violaciones sexuales y otras) ejercida por el Estado durante la dictadura militar, rescatando las capacidades e iniciativas de éstas.
Generar alianzas con organizaciones sociales que contribuyan a cumplir con nuestros objetivos, en especial con las nuevas generaciones de mujeres, haciendo transmisiones intergeneracionales de la memoria.
Compartir diferentes saberes y prácticas entre las integrantes del Centro Cultural por la Memoria La Monche y otras organizaciones de mujeres para el desarrollo de la acción colectiva de interés mutuo.
Instalar un archivo de historia oral de las mujeres que vivieron la represión política ejercida por el estado durante la dictadura militar en el gran Concepción para contribuir a la democratización de los saberes.

Somos un grupo transgeneracional de mujeres, ex-prisioneras políticas, activistas y artistas, que nos hemos reunido para crear en forma colectiva y autogestionada nuevos discursos y acciones. Durante un proceso de cuatro meses hemos construido una pieza fotográfica pensada para ser expuesta en el espacio público de la ciudad de Concepción.

Recordamos la consigna feminista heredada: “Se hace política desde todos los espacios, lo personal es político”.

Ex Prisioneras Políticas
Centro Cultural por la memoria “La Monche” .
Colectiva VAMP.
Concepción, 2016.

https://vimeo.com/233249883?ref=fb-share&1

ÉRASE UNA GUERRA CIVIL QUE NO SE ACABA(BA) NUNCA.

ÉRASE UNA GUERRA CIVIL QUE NO SE ACABA(BA) NUNCA

1936-2016. Artículo del historiador José Luis Ibáñez Salas sobre la Guerra Civil española, “esa larga noche de escombros” de cuyo inicio se han cumplido ya ochenta años.


Érase una guerra civil que no se acaba(ba) nunca. José Luis Ibáñez Salas.

Érase una guerra civil que no se acaba(ba) nunca

Érase una guerra civil que no se acababa nunca, una guerra con sus buenos y con sus malos, pero sin final, ya digo, una guerra de mil días que duraba casi cincuenta años. Érase una guerra con su general(ísimo) y caudillo, con sus derrotados tras alambradas o en zanjas, con sus vencidos vivos en un cementerio sin lápidas,

Érase una vez una guerra entre hermanos, entre primos y consuegros, entre amigos y enemigos, una guerra entre españoles, una guerra con sus hediondos cadáveres, con sus pechos de insignias sin valor, una guerra redonda y retardada, alargada en las noches de vientres amargos, con sus generales victoriosos y gordos, con sus fronteras vigiladas por senegaleses, con sus niñas de oro a punto de enviudar, con sus niños sin guantes ni jerséis ni calzado, una guerra civil llena de extranjeros, no siempre de sí mismos, pero al llegar un nuevo octubre, el del año 82, muchos quisieron ver que acababa, que dejaba de ser guerra civil y se convertía en un futuro, ahora sí, ahora sí, ahora sí. Érase una vez una guerra redimida en una urna.

Con sus hediondos cadáveres, con sus pechos de insignias sin valor. #GuerraCivil @AdehistoriaCLIC PARA TUITEAR

La Guerra Civil española, la Guerra Civil por antonomasia

La cuarta de las guerras civiles entre españoles, desde su inaugurada en 1808 contemporaneidad de compatriotas, comenzó en el verano de 1936. Demasiado siglo XX, como sabemos.

¡Cómo de profunda es la crisis social y política, cómo de enfurecida la polarización de la sociedad, cómo ha de ser la situación para que se produzca, contra el deteriorado orden constitucional de la tambaleante Segunda República española, una sublevación militar en el protectorado español de Marruecos y se declare el estado de guerra el 17 de julio del año 1936! ¿O no habría sido preciso ese ambiente de aliento de pozo para que el que se dará en llamar Alzamiento Nacional se adelantara sobre lo previsto? ¿Fueron unos extraterrestres quienes fracasarán en aquellos días de julio en su pronunciamiento decimonónico fuera de cacho y con su bravata defectuosa forzarán una guerra civil, la Guerra Civil española?

Los rebeldes que se alzaron contra el Gobierno constitucional republicano en julio del año 36 del siglo XX justificaron su traición como la única salida posible para evitar una revolución, si bien lo que en realidad lograron de inmediato fue provocar con el fracaso de su golpe sedicioso esa revolución, pues al desmoronar la capacidad coercitiva del Estado en los territorios que no apoyaron la rebelión, el resultado de la sublevación encabezada por los militares ultraconservadores no fue otro que las fuerzas del movimiento obrero más concienciado recibieran el impulso definitivo a su vocación revolucionaria. Los conjurados, que venían tramando su conspiración casi desde el mismo 14 de abril del 31, aceleran sus pasos la primavera del 36. Bastantes de los altos mandos militares se van uniendo a la sedición y rodeándose de los promotores ideológicos de la misma, sobre todo monárquicos borbónicos o carlistas pero también seguidores de los variopintos grupos parafascistas surgidos a imitación de las corrientes en alza en la Europa del momento, con el tinte castizo propio de la extrema derecha española, y numerosos simpatizantes y militantes de partidos menos comprometidos con las nuevas formas del autoritarismo occidental.

Justificaron su traición como salida para evitar una revolución #GuerraCivil @AdehistoriaCLIC PARA TUITEARPero para que se diera una guerra, una guerra civil, fue necesario que los españoles, implicados por las buenas o por las malas en el desaguisado, se concienciaran de que era un conflicto bélico en todas sus dimensiones lo que había estallado después del éxito del pronunciamiento militar en el norte de África y del consiguiente fracaso de los sublevados a la hora de arrastrar al resto del país.

Entre el verano de 1936 y la primavera de 1939, el estupefacto siglo XX de los españoles se convierte en un periodo de enfrentamiento bélico entre los aglutinados partidarios de acabar violentamente con el régimen republicano instaurado en 1931, de un lado, y los dispares defensores de los principios básicos de la legitimidad constitucional o de los avances sociales acometidos o por acometer por la República amenazada, del otro.

Lo tengo dicho en muchos sitios: España se inundará de zozobras, audacias, resignaciones y expectativas durante la segunda mitad del mes de julio de 1936. Brevemente: después de que el levantamiento contra el Gobierno constitucional arrancara el 17 de julio en Melilla y las unidades militares sublevadas se hicieran de inmediato asimismo con Tetuán y Ceuta, el general Francisco Franco partió al día siguiente desde Canarias hacia Marruecos para tomar el mando del Ejército de África, la más profesional fuerza de choque con que se podía contar en aquellos momentos; y ese día 18, cuando la sublevación triunfa en todo el protectorado marroquí y se sublevan no siempre con éxito las regiones militares peninsulares, dimite el jefe del Gobierno lealista, Santiago Casares Quiroga, e intenta formar un nuevo ejecutivo el republicano Diego Martínez Barrio. Un día más tarde, la rebelión se generaliza por buena parte del país y Franco se pone al frente del principal cuerpo de Ejército. El presidente de la República, Manuel Azaña, consigue por fin aquel día 19 de julio la formación de un Gobierno, encabezado por otro republicano, José Giral, que ordena la entrega de armas a las organizaciones sindicales y a los militantes de izquierda.

Pasan los días y el país va quedando fracturado en dos zonas bajo el control de cada uno de los dos bandos. Los bandos, ya están aquí. ¿O siempre estuvieron? El éxito o el fracaso de la rebelión mide la asignación territorial a una o a otra zona. Ni el Gobierno reconstituido a trompicones ni los sediciosos han salido vencedores en este primer asalto. Nadie domina a finales de julio el país. Se avecina una guerra de duración impredecible. Además del territorio bajo soberanía española en el norte de África, los sublevados dominan a finales de julio los municipios de lo que hoy son las comunidades autónomas de Galicia, Navarra, La Rioja e Islas Canarias y una buena parte de Castilla y León; en Euskadi, la provincia de Álava; el occidente de Aragón; Islas Baleares, a excepción de la isla de Menorca; en Extremadura, la provincia de Cáceres casi en su totalidad; Oviedo en Asturias; y, por último, algunas zonas de Andalucía, entre ellas la ciudad de Sevilla; y, de su lado, el nuevo Gobierno constitucional presidido por José Giral, mejor dicho, sus aliados frentepopulistas levantados en armas contra los sediciosos, han logrado conservar las que habrían de ser su buque insignia, Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana; casi todas las localidades de Andalucía; Euskadi, salvo la citada Álava; Asturias, a excepción de su asimismo mentada capital, Oviedo, Menorca en Islas Baleares; y todas las tierras de Cantabria, Castilla-La Mancha y Región de Murcia, así como parte de Cáceres y la provincia de Badajoz, en Extremadura. España rota, ahora sí.

Una #GuerraCivil en tres capítulos que tuvo como colofón la debacle republicana. @AdehistoriaCLIC PARA TUITEARTres capítulos. En tres capítulos te dividiste, guerra entre hermanos, guerra entre enemigos acérrimos, tela de enemigos, enemigos a tope. Cada capítulo dedicado a una de las operaciones militares, que de eso se trataba, de cosas de militares, con sus batallas y sus bombardeos y sus fusilamientos y sus desfiles y sus síseñorordenaustedalgunacosamás?: Primer capítulo: el asalto de los sublevados a Madrid, saldado sin éxito. Segundo: la campaña del Norte y la Montaña y las tierras asturianas holladas por las botas de los soldados de Franco. Tercero y último, decisivo, con la batalla del Ebro como combate señero y la debacle republicana como colofón.

Vamos con tu primer capítulo, Guerra Civil

Principios de agosto de 1936. Se produce el decisivo paso del estrecho de Gibraltar de las tropas del Ejército radicado en el protectorado marroquí y mandadas por Franco. Tu protagonista, primer capítulo, es el extremo esfuerzo de los rebeldes para obtener el centro neurálgico del Estado, la capital, la ciudad de Madrid. En el asedio de Madrid a cargo de los insurrectos, es la llamada batalla de Madrid, se ataca por el norte y por el sur. Fracaso. Noviembre de 1936 es un mes muy especial en la batalla de Madrid, que duró hasta el final de la guerra, hasta marzo de 1939, el mes en el que se dieron las principales acciones de ataque y defensa de uno y otro bando.

 

Los sublevados del norte y los del sur habían logrado enlazar ya en el mes de agosto a lo largo de la frontera con Portugal, luego del avance sobre Andalucía y la provincia extremeña de Badajoz de las tropas de Franco, las fuerzas de África, que contaban ya con las primeras ayudas alemanas e italianas. Por su parte, en el norte ocupaban la ciudad guipuzcoana de Irún a principios de septiembre y cortaban así la otra frontera, la francesa.

 

 

Franco renunciaba al avance hacia Madrid y ordenaba desviarse hacia la ciudad de Toledo para liberar del asedio que venían sufriendo desde el 22 de julio los hombres (y las familias atraídas por ellos, algunas en calidad de rehenes) del coronel José Moscardó, refugiados en el emblemático edificio de la Academia de Infantería. El 28 de septiembre de ese año se producía la salida, la liberación, de los resguardados defensores y de sus secuestrados.

Guerra Civil, estás matando también en las retaguardias aterrorizadas a ambos lados del límite de los combates. Mientras, los insurrectos institucionalizan su conglomerado de fuerzas militares y paramilitares y, cómo no, políticas. El 24 de julio ya se crea en la ciudad de Burgos la Junta de Defensa Nacional, con el general Miguel Cabanellas al frente, compuesta por otros cuatro generales, Emilio Mola y Fidel Dávila y Andrés Saliquet y Miguel Ponte y por dos coroneles, Fernando Moreno y Federico Montaner. El 29 de septiembre, la Junta de Defensa Nacional hace pública la designación de Franco como jefe militar de las fuerzas sublevadas, con el título de generalísimo de los tres ejércitos −un nombre que, acortado a generalísimo sin más, habría de calar en el imaginario popular durante décadas−, y jefe político de un gobierno que aún no es técnicamente tal. Franco es elegido por los miembros de la Junta de Defensa Nacional sin que quede claro si el mandato se otorga sólo para el tiempo que dure la guerra, pues no se ponía limitación específica alguna. El 1 de octubre, fecha simbólica que se unirá al 18 de julio en los fastos franquistas, el general Franco asumió plenamente ambos cargos, a los cuáles él mismo se ocupó de añadir el de jefe del Estado. Su investidura en la que es la sede de los rebeldes, la ciudad de Burgos, se producirá en tanto que “jefe del Gobierno del Estado”. Franco tiene todo el poder sobre el territorio conquistado por los conjurados. Ha comenzado el franquismo. Ese día 1 de octubre se inicia la dictadura personal del general Francisco Franco Bahamonde y, con ella, el periodo al que llamamos franquismo y, por ende, el régimen político homónimo, surgido del consenso mínimo alcanzado por los sublevados: la completa destrucción de la tradición liberal. Al día siguiente, de hecho, los hechos incontestables, manifiestos: Franco se convierte en el jefe del Estado y del Gobierno, pues la Junta Técnica del Estado, con el general Dávila como presidente, sustituye a la anterior Junta como forma de organización política de los rebeldes: es el “órgano asesor del mando único y de la Jefatura del Estado Mayor del Ejército, cuyas resoluciones necesitaban el refrendo del general Franco como Jefe del Estado”. La Junta Técnica del Estado ya no está integrada sólo por militares y canaliza las distintas fuerzas políticas del bando rebelde, al que ya se puede llamar bando franquista, y, en ella, ya están representadas las fuerzas políticas que conforman dicho bando y sus miembros son técnicos sin ningún peso político.

¿Qué cómo había logrado Franco su ascendente imbatible entre los rebeldes? Regresemos un momento a finales de julio y principios de agosto de este 1936: el jefe de las fuerzas armadas norteafricanas consigue hacerlas cruzar el estrecho de Gibraltar tras lograr que la Alemania nazi y la Italia fascista vendan a los sublevados los aviones necesarios para su traslado a Andalucía y llevar así a cabo subrepticiamente, para no romper la llamada no intervención internacional, el primer puente aéreo militar de la historia. Franco solicitó a las potencias del futuro Eje Roma-Berlín su ayuda interesada, y lo hizo presentándose a sí mismo como el líder de los sublevados, una jefatura autoasumida y de la que el general no tenía dudas.

¿Pero de qué iba Franco? Muy simple, Franco respondía al paradigma ultraconservador que habría de acabar venciendo en la Guerra Civil: de marcado antiliberalismo, su ideología estaba sustentada en la creencia de que el siglo XIX, y sobre todo lo que le había tocado a él vivir en el XX, subvertía los logros de la España anterior a la aplicación de los principios de la Ilustración, tan antiespañoles; un antiliberalismo que tenía el corolario del anticomunismo y se acentuaba en su acendrado catolicismo, al que veía como el fundamento moral y político de la nación española; todo ello ceñido a una visión del pasado de los españoles en el que lo esencial sería la preponderancia de la monarquía y de la unidad en torno a Dios y a España. Ahí es nada.

Llega tu segundo capítulo, Guerra Civil, ese que tiene su epicentro en la campaña del Norte

En junio de 1937 Vizcaya pasa a poder de los ejércitos de Franco y con ella lo que quedaba de Euskadi, en agosto Cantabria hace lo propio y en octubre dichas tropas toman los territorios que les faltaban en Asturias y cierran así la llamada campaña del Norte, donde nuevamente se demostraban algunas cosas: que la unidad de mando y la mayor profesionalización militar de los sublevados, así como la capacidad de estos de atraerse a sus aliados naturales, la Italia fascista mussoliniana y la Alemania nazi hitleriana, y de mantener la aberración de la neutralista no intervención de las demás potencias estaban resultando decisivas a la hora de imponerse en una guerra en la que el otro bando apenas contaba con ayuda exterior, más cara política que económicamente (la soviética), y era asimismo incapaz de estructurar debidamente por más que lo había intentado una organización castrense profesional en todos sus rangos.

Ocupado por los franquistas el norte peninsular, la situación bélica es cada vez más favorable a los enemigos de lo que quedaba del régimen republicano. La otra España, la gobernada desde mayo de 1937 por el socialista Juan Negrín (que había sucedido al también dirigente socialista y sindicalista Francisco Largo Caballero, al frente de un ejecutivo republicano desde septiembre del 36 que contó con presencia ya no sólo de republicanos, sino también de socialistas y comunistas e incluso de anarcosindicalistas), parece que ha encauzado demasiado tarde su objetivo de vencer a los rebeldes por encima (y antes) de ese otro tan ¿utópico? de lograr la sociedad perfecta. Y los revolucionarios han intentado evitar su desorganización, pero continúan disgregados en al menos tres grupos, como poco: comunistas, socialistas y anarquistas. ¡Ah¡ y no olvidemos a los escasos defensores de la Constitución del 31. ¿O sí? En la España auténtica, la que de hecho te ha provocado, Guerra Civil, dominada unipersonalmente por Franco, el 19 de abril de 1937 tiene lugar uno de los pasos encaminados a facilitar al general ese desempeño autocrático: la promulgación del Decreto de Unificación que llevaba implícita la creación de un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FET y de las JONS), amalgama de todas las formaciones políticas que se habían unido a los sublevados que ahora se encontraban bajo el poder de Franco. Con FET y de las JONS, el franquismo tiene su propio Movimiento Nacional, denominación ésta más habitual que se usará para referirse al partido único del que por supuesto Franco será jefe máximo desde primera hora. Las divergencias internas de las fuerzas políticas antirrepublicanas llegan a su fin y la victoria en la guerra es ya el único objetivo, común, de todos los grupos que luchaban contra los restos de la autoridad republicana. Ese movimiento nacional pretende defenderse del desorden público, de la ruptura territorial de España, de los ataques a la dignidad del Ejército, del desprestigio de la ley, del maltrato popular a las instituciones públicas. Y, por supuesto, de la bestia negra de los juramentados: la inminente revolución comunista. Defenderse atacándola.

Y tu tercer capítulo. Esto se acaba

1938 es el año decisivo. En enero se forma el primer Gobierno de cuantos habría de presidir Franco a lo largo de su dictadura de décadas, un gabinete integrado por militares y por civiles (en el que destacaría el concuñado del jefe del Estado Ramón Serrano Suñer, ministro de Interior y secretario del Consejo de Ministros) que estaba compuesto por todo el espectro político favorable a la causa anticonstitucional y antirrepublicana (reputados militares, monárquicos, carlistas y falangistas). Tres meses después se promulga el Fuero del Trabajo, vértice normativo del nacionalsindicalismo, uno de los pilares iniciales del régimen franquista, la primera de las normas que conformarían el peculiar entramado seudoconstitucional de la dictadura franquista. En julio da comienzo la batalla decisiva, la del Ebro, largo y cruel combate que finalizará en noviembre con la derrota del Ejército republicano en la que fue su última y más decidida ofensiva para obtener un triunfo que se le escapaba irremediablemente ante el continuo avance de los soldados franquistas.

Esa victoria de los sublevados supondrá la destrucción casi definitiva del enemigo y despejará su avance hacia Cataluña, de manera que a finales de enero de 1939 los ejércitos de Franco llegarán a Barcelona, camino de la frontera con Francia, poco antes de proceder a la ocupación de los pasos gerundenses hacia el país vecino. A los defensores de la República sólo les quedarán escasos territorios en el centro de la Península y en el sur, de tal manera que la ofensiva franquista de los meses de febrero y marzo de aquel año 39 es un avance hacia el final del conflicto, decidido y certero.

En los primeros días de marzo, se crea en Madrid el autodenominado Consejo Nacional de Defensa, a la cabeza del cual está el jefe del Ejército del Centro, el coronel Segismundo Casado, que destituyó al jefe del ejecutivo republicano, al socialista Negrín, como medida previa para negociar una paz honrosa con Franco. Pero la paz no llegó, y no llegó porque no hubo acuerdo de paz. Hubo rendición y Victoria con mayúscula. El triunfo de los valores diametralmente opuestos a aquellos que habían inspirado las jornadas de alegría colectiva de abril de 1931, el triunfo de la autocracia personalista ultraconservadora, antiliberal y antidemocrática, revanchista y represiva. Los franquistas entrarán el 28 de marzo en Madrid y tres días después no quedará un solo metro cuadrado sobre el que alguna autoridad contraria a Franco pudiera hacer valer su mando.

Con el famosísimo bando de guerra postrero, el 1 de abril de 1939 la guerra ha terminado con la victoria de quienes se sublevaron en julio de 1936 y la inmediata derrota total del orden constitucional republicano y del intento de establecimiento de la verdadera democracia. De resultas de ello se implantará un régimen dictatorial unipersonal con la figura de Franco como cabeza directora y visible. Guerra civil, quiero que sepas una cosa: sin la ayuda de la Italia fascista de Mussolini y la Alemania nacionalsocialista de Hitler, Franco no podría haber ganado. España es a partir de la primavera del año 1939 un país de vencedores y vencidos.

 

España es a partir de la primavera del año 1939 un país de vencedores y vencidos @AdehistoriaCLIC PARA TUITEAR

Y lo que vino después (y algunas notas sobre la represión)

¿Qué quedó de España tras tu torbellino, Guerra Civil de los años 30 del siglo pasado, tan cercana aún para algunos? Desolación. Tras eso que fuiste, esa contienda fratricida canalla y soez, quedó el triunfo del sector más antiliberal de cuantos promovieron la destrucción del régimen democrático instituido en abril de 1931 y, con ellos, el de aquellos que simplemente, impelidos a aceptar un bando, acertaron y se fueron (o se quedaron, más bien) con los sediciosos.

La primera y evidente consecuencia de tu ser guerra fue el elevadísimo número de pérdidas humanas,cifrado habitualmente en una cantidad superior al medio millón, que provocó una drástica disminución de la población activa y constituyó uno de los factores de la (reducida) actividad económica de la posguerra.

Y llegamos a lo más doloroso (y polémico, y encarnizadamente polémico). Muchas de las víctimas de aquellos tres años sucumbieron en medio del horror de las represiones ejercidas en las retaguardias de las dos zonas. Eso sí, conviene aclarar, y aclaro, que cuando de represión se habla no sólo se alude a los muertos, a los asesinados o ajusticiados según se quiera mirar, a la violencia física siquiera, sino que se ha de considerar asimismo la represión económica y laboral, así como la política y la cultural.

Ya lo decíamos, la guerra mató (y mucho) también en las retaguardias aterrorizadas, y durante sus casi 33 meses completos de obscena contienda fratricida se perpetraron en España esencialmente dos represiones, según el territorio fuera dominado por uno u otro bando.

Si hablamos de la represión ejercida en el increíblemente menguante territorio fiel a la causa republicana se suele decir de ella que fue fundamentalmente espontánea, que la llevaron a cabo indocumentados sin control, en su mayoría anarquistasReproduzco de nuevo las palabras en cursiva: espontáneaindocumentadosanarquistas.Pues bien, cada vez es más reconocido que en la zona leal no sólo hubo represión espontánea y que no era extraño que quienes la llevaran a cabo o la consintieran sin reparos tuvieran nombre y apellidos, y cierto prestigio incluso, y, por supuesto, no fueran mayoritariamente seguidores de los principios del anarquismo. La represión republicana estalló con vigor en el sangriento verano del 36 y se redujo notablemente, sin desaparecer, seis meses después de la sublevación. Y, evidentemente, cesó en cada lugar cuando las tropas franquistas entraban tras su incontenible proceso de conquista. Por mejor decir, lo que hizo fue permutarse por la de los recién llegados y por la de los quintacolumnistas o simples ex sufridores que en muchos casos volvían ahora las tornas hacia donde su odio les dictaba. La represión física perpetrada en el bando republicano suele estimarse en unos 50.000 seres humanos ajusticiados o asesinados y fue fruto de la propia revolución social provocada por el desbaratamiento del Estado traído por la sublevación de julio de 1936. Ahora bien, ese descontrol especialmente inicial se extendió a lo largo de todo el conflicto, aunque institucionalizado, y ello pese a los esfuerzos de los distintos gobiernos encabezados pronto por los socialistas, escindidos ellos mismos entre la tendencia demócrata pero poco y la revolucionaria intransigente, y formados además no sólo por anarquistas o por republicanos más o menos radicales sino también por comunistas.

En cuanto a la represión ejercida por los sublevados, pronto franquistas, digámoslo pronto, su principal característica, derivada del resultado de los propios acontecimientos, fue su prolongación en el tiempo hasta el final de la misma dictadura en 1975. Si durante la guerra los represaliados eran cuantos pudieran ser tenidos por partidarios del otro bando e incluso los opuestos al ejercicio personalista del poder por parte de Franco, durante la posguerra lo fueron estos últimos y sobre todo cuantos cabría asimilar a los perdedores de la guerra, aunque de manera más directa todos aquellos tachados de antifranquistas. Los estudiosos de las cifras de la represión digamos física ejercida por el franquismo suelen admitir que fueron eliminados por ella entre 150.000 y 200.000 seres humanos, aunque lo más habitual es descender hasta el primero de los dos datos. Casi todos entre julio de 1936 y la promulgación en julio del año 1945 del Fuero de los Españoles, acabada ya la Segunda Guerra Mundial. Sólo en nueve años, principalmente en los de la guerra y en los de la primerísima posguerra. En concreto, se estima que el número de personas que recibieron la muerte en el ejercicio de la represión llevada a cabo por el régimen de Franco, una vez acabada la Guerra Civil española, ascendió a unos 50.000 seres humanos. Es fácil, tras leer estas cifras, calcular cuántos cadáveres dejó a su paso la represión de los sublevados durante tus años de dolor, guerra miserable. Pero a esa catástrofe, no hemos de olvidar, hay que añadir asimismo las otras represiones, la que se llevó a cabo por medio de la depuración de los funcionarios, no sólo aunque sobre todo profesores, incluidos por supuesto los militares (aquellos que se salvaran de los pelotones de fusilamiento, claro está); o la represión económica aplicada desde enero de 1937 por medio de incautaciones de bienes y embargos de cuentas a quienes se les tuviera por responsables de las pérdidas de riqueza durante la Guerra Civil, pero también a través de los numerosos despidos consentidos por el régimen; y por supuesto la más generalizada de todas, la estrictamente política.

Consecuencia de tus tres años de ser guerra fue, por supuesto, la dictadura del general Franco, que se fundamentó en la represión de los vencidos. Fuiste una guerra de eliminación del otro, y para ello los victoriosos usaron desde luego la muerte, la represión y la depuración y se aprovecharon del exilio. Y tu fruto, la dictadura franquista, el franquismo, exterminó la herencia liberal y las tradiciones republicana, socialista y anarquista para construir en su lugar un nuevo Estado donde los vencidos quedarían excluidos.

Una #guerra de eliminación del otro. El nuevo Estado excluyó a los vencidos. @AdehistoriaCLIC PARA TUITEARTras de ti, odiosa guerra, se rompió con las tradiciones culturales que llevaban a España hacia la modernización para sustituirlas por el más puro antiliberalismo católico y por unas gotas del específico fascismo español, a medio camino de la soldadesca patriotera y la paradójica revolución social nacida para evitar la revolución social.

En aquellos años inmediatos a tu ser guerra entre paisanos, cundió entre los derrotados el desánimo, al tiempo que la exaltación de la revancha mantenía unidos a los triunfadores.

En lo económico, la consecuencia más destacada de tu devastación bélica fue el descenso a niveles preindustriales del nivel de renta de la población, a lo que habría que añadir una brutal disminución de la producción provocada por la merma de la población activa y la destrucción de una considerable parte de las infraestructuras del país (vías férreas y carreteras, pero también viviendas y hasta centros industriales).

Y en lo social, en lo que respecta a la vida cotidiana de la inmensa mayoría de quienes salían del largo túnel de una guerra civil para entrar en la oscura senda de los años de una posguerra inacabable, siguieron años de privaciones ya padecidas durante los años de conflicto. De privaciones protagonizadas por el racionamiento que habrían de durar hasta la década de 1950.

Todo ese panorama realmente terrible, provocado por la insensatez de todos pero muy especialmente por la decisión irrevocable de los sublevados y sus seguidores organizados en torno de la figura dictatorial de Francisco Franco, habría de estar pilotado por un régimen que construía un Nuevo Estado antidemocrático.

A mediados de 1939, Francisco Franco tenía la tarea descomunal de sacar a España del hoyo en que se hallaba. Contaba para ello con una base ideológica antiliberal, anticomunista, nacionalsindicalista y nacionalcatólica. Guerra Civil española, te odio. (Aunque en octubre de 1982 las urnas nos redimieran de tu larga noche de escombros.)

 

1936-2016. Érase una vez hace ochenta años… #GuerraCivil @AdehistoriaCLIC PARA TUITEAR 

Érase una guerra civil que no se acaba(ba) nunca es un artículo de José Luis Ibáñez Salas

Marchar de la memoria al poder. Resignificación de los ritos.

Chile. ¿Por qué el 10 de septiembre hay que marchar del cementerio al centro de Santiago?

por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)

Publicado el 6 Septiembre, 2017

1.

Para quienes persiguen cambiar la vida y el actual orden de cosas, la memoria no puede monumentalizarse ni agotarse en una simple evocación nostálgica. Para las y los insumisos, la memoria es historicidad actualizada. Que no museo, que presente y futuro.

 

 

Por eso marchar desde el centro de Santiago de Chile hasta el cementerio general para conmemorar a las y los luchadores sociales que cayeron desde el 11 de septiembre de 1973 hasta hoy mismo, constituye una mera puesta en escena de lo que fue. Es un momento necesario, pero insuficiente.

(Y quienes cayeron por la libertad desde el 11 de septiembre de 1973 hasta ahora mismo, son reflejo disruptivo de los que cayeron mucho antes, en los pliegues relampagueantes de la historia de los pueblos en lucha. La desobediencia de los oprimidos es un resultado histórico, movimiento real en alza, momentos cruciales y rompientes de la normalidad sistémica. Ensayos del porvenir.)

2.

Los ritos son tan importantes que es preciso modificarlos según el aquí y el ahora. En cambio, marchar desde el cementerio general hasta el centro de Santiago, esto es, desde la memoria hasta el lugar donde simbólicamente se condensa “lo público”, “lo de todos”, es un ejercicio que sí completa el circuito con sentido de la voluntad transformadora, tanto de los que cayeron y que con nosotros van, como de los que enfrentan las actuales opresiones con el objetivo de superarlas. De lo contrario, la marcha habitual al cementerio general se vuelve un simple espectáculo de repertorio inofensivo. El espectáculo de la caminata del derrotado. El fetiche anti-histórico de la fatalidad quieta, fija. La reiteración incesante de la muerte. Pura impotencia.

Pero los pueblos no van tras la muerte. Son en latencia la promesa de la nueva vida o de la vida por fin socializada.

¿Dónde quiere la oligarquía chilena a la disidencia social más resuelta? En el cementerio. ¿Y cuál es su terror callado o explícito? Que los plebeyos, los humillados y ofendidos, se hagan del poder político y terminen con su dictadura centenaria. El amo sólo tiene sentido cuando existe el esclavo. Ante la liberación del esclavo, se desmorona la condición del amo. Asimismo, el amo, en medio de su derrumbe, por fin comprenderá que ya liberado el esclavo, el mismo amo se libera. En ese momento “no se da vuelta la tortilla” (lo que equivaldría a mantener las mismas relaciones de poder con los sujetos invertidos nada más). La emancipación del esclavo asalariado o sometido al gran capital, jamás puede ser un acto de venganza. Tiene que ser un proceso libertario de todo el género humano. Libre el esclavo, entonces el amo se disuelve en la angustia de su propia libertad desnuda.

3.

La lucha histórica entre opresores y oprimidos se ofrece sobre todo en el campo simbólico y cultural, de acuerdo a las relaciones de fuerza concretas y específicas que trazan la actual fase de dominación en Chile. Las y los oprimidos, las y los comunes, a diferencia de los opresores, bajo las relaciones sociales capitalistas, no pueden alcanzar el poder desde la hegemonía de su propio desenvolvimiento económico hasta llegar a destronar paulatinamente a la minoría mandante, sino que sólo puede realizarse desde la consciencia práctica de su devenir emancipatorio. Por eso la creación de estrategias populares en contra de las sofisticadas relaciones de alienación y de disciplinamiento social está a la orden del día. Y los fenómenos ligados a la alienación y al disciplinamiento social no se limitan únicamente a la población en general. Lo realmente grave es que se reproducen entre quienes se autodenominan desde progresistas hasta revolucionarios. Por ejemplo, el patriarcado, el autoritarismo, formas solapadas o abiertas de racismo y discriminación, se practican ampliamente entre las izquierdas institucionales y no institucionales. En consecuencia, el combate cotidiano en contra de la alienación individual y social debe enfrentarse antes que en ningún otro sitio, en los activos organizados que persiguen la superación de dominio del capital, la explotación y súper-explotación humana y la destrucción suicida de la biodiversidad. También los sujetos rebeldes deben llegar a ser libres. La humanidad colonizada multidimensionalmente por la ideología del capital no puede contener en sí misma las huellas de una civilización nueva.

4.

Aunque parezca apenas un gesto, marchar desde el cementerio hasta el centro de Santiago, en realidad es una de las tantas formas de ir saboteando lo establecido desde y por los pocos de arriba.Esos pocos, ya lo sabemos, nos quieren lo más lejos posible del sitio que resume lo público y lo político. El Estado capitalista chileno, uno de los más hábiles del continente, únicamente quiere clientes, consumidores, usuarios, y operadores funcionales a sus intereses. No es ningún problema para el régimen prevalente que la minoría activa de vez en cuando espectacularice su calendario de derrotas, la cual, a su vez, se corresponde al calendario de las victorias del opresor.

Por eso el 11 de septiembre (este año, el domingo 10 de septiembre) hay que marchar de la memoria al poder, del cementerio al centro cívico de Santiago. No por capricho ni irrespeto. Sino que para ir rompiendo en el ámbito simbólico y de la consciencia de la propia rebeldía, la exclusividad oligárquica de la política.

Por los derechos sociales y populares de las y los trabajadores asalariados y de los auto-explotados; de las mujeres, de los indígenas, de los migrantes, de la disidencia sexual, de los jóvenes sin porvenir y de los viejos-jóvenes, de los empobrecidos, de los ambientalistas, de los colectivos de DDHH, de los intelectuales que producen conocimientos desde los intereses de los de abajo, de los adoloridos, enfermos y esperanzados, de los cristianos de la opción por los pobres, de los desesperados y de los felices en la alegría desafiante de toda la vida que nos queda por imaginar y crear.

@PeriodistaFigue

Las suaves cenizas del olvido.

Las suaves cenizas del Olvido

BRIAN LOVEMAN y ELIZABETH LIRA, Las suaves cenizas del olvido. Vía chilena de reconciliación política 1814-1932 y Las ardientes cenizas del olvido. Vía chilena de reconciliación política 1932-1994, LOM Ediciones-Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Santiago, 1999 y 2000 respectivamente.

La obra de Loveman y Lira, planificada en tres volúmenes y que hasta ahora ha dado a la luz los dos primeros, resulta una investigación fundamental sobre nuestro pasado, con notables implicancias en el presente y evidentes y fundamentales consecuencias hacia el futuro de la convivencia nacional.

La importancia del trabajo dice relación, en primer término, con su objeto de estudio, es decir, la forma en que en Chile se ha producido la reconciliación política luego de las crisis y conflictos que ha experimentado el país a lo largo de su evolución republicana. El tema, además, y dada la actualidad del problema en el Chile de hoy, viene a demostrar que toda historia es contemporánea y que los estudiosos del pasado deben estar muy atentos a vivir su presente para interrogar al pasado.

También es una investigación de mérito, porque el libro, además de abordar su objeto de estudio particular, y como una forma de comprenderlo en su verdadera dimensión, es una completa historia política de Chile. Comprensiva, interpretativa y, principalmente, documentada, lo que es esencial dado el carácter que han tomado algunos textos que pretenden hacer historia reciente. En este contexto, y qué duda cabe, lo más trascendente de ella es la evidencia respecto a que cuando los principios se han dejado de lado en razón de las coyunturas políticas o de los intereses de grupos, el país lo ha pagado con violencia.

Por último, se trata de un trabajo de valor, pues al explicar las causas que en diferentes momentos se han dado para amnistiar, perdonar, olvidar y correr el “tupido velo”, es decir, aplicar la “vía chilena de la reconciliación política”, Loveman y Lira nos permiten adentrarnos en la historia de las mentalidades, en el carácter y actitudes de una sociedad, en la larga duración. Algo tan útil cuando se trata de comprender el comportamiento de una sociedad.

En relación con su objeto de estudio, los autores muestran una doble preocupación. Por una parte está la de estudiar los procesos de reconciliación, la trayectoria histórica de los mismos en cuanto realidad histórica. Pero, como la reconciliación supone la existencia previa de violencia política, de conflictos, de crisis institucionales, de rupturas y odiosidades, entre otros elementos, la obra que comentamos no solo estudia las “formas” de reconciliación política practicadas en el país, sino también las circunstancias y coyunturas que las motivaron. Así, al abordar las formas de reunir a la gran familia chilena, como Loveman y Lira lo hacen, necesariamente también han debido aludir a las instancias que han provocado la ruptura de la paz social. Esto es lo que hace posible que también nos encontremos frente a una historia política del Chile republicano.

Una historia política que al ser fruto de la comprensión de los procesos de reconciliación y de transición en que estos se dan, necesariamente resulta interpretativa, incluso con la presentación de algunas tesis de gran interés para quienes se adentran en el estudio de nuestro país.

Así por ejemplo, los autores plantean la polaridad, siempre presente a lo largo de la historia republicana nacional, entre reconciliación política, propia de la cultura cristiano-occidental, y resistencia, propia del pueblo. Constatación por lo demás interesante y de proyecciones analíticas si se considera que Chile presume de formar parte del mundo occidental y de practicar los valores de su cultura, pese a lo cual, según Loveman y Lira, su pueblo siempre se ha opuesto a una de sus manifestaciones más trascendentes en términos de nuestra convivencia social y política.

Otra idea fuerza que nos resulta interesante es la que plantea que la vía chilena de la reconciliación política constituye un verdadero sistema de gobierno. Ella no solo lleva a la conclusión que la impunidad ha sido la regla de nuestro régimen político, obligándonos a revisar y estudiar en sus verdaderos alcances el funcionamiento político republicano, sino que también representa un verdadero reto hacia el futuro en momentos en que es urgente revisar y democratizar una institución esencial como lo es la Constitución Política.

Pero al caracterizarse a la vía chilena de reconciliación como “correr el velo del olvido”, “el perdón jurídico a través de amnistías e indultos” o “el uso de una práctica destinada a dejar atrás sin justicia lo ocurrido”, y de acuerdo con las razones esgrimidas cada vez que se puso en práctica esta vía, podemos también conocer algo más de la mentalidad de nuestra sociedad o, si se quiere más exactamente, del carácter de la clase política chilena y de las motivaciones que la llevan a actuar de la forma en que lo ha hecho. En la polaridad olvido/perdón, perdón/castigo, justicia/impunidad, amnistía/impunidad y en las causas que la explican en cada coyuntura histórica, está también nuestra historia cultural y las motivaciones profundas que explican nuestro comportamiento como sociedad. Razones más que suficientes para valorar el texto de Loveman y Lira.

Considerando que aún falta la publicación del último volumen de esta obra, y que por lo tanto sus autores todavía están a tiempo de recoger algunos planteamientos sobre su trabajo, como nos consta que lo han hecho respecto de los volúmenes publicados, es que a continuación ofrecemos algunas interrogantes motivadas por la lectura de su obra.

Nos preguntamos si en razón de lo que hoy ocurre en Chile respecto de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet, es todavía posible sostener que la impunidad, el olvido, el perdón o el tupido velo son siempre los elementos propios de nuestras reconciliaciones. ¿Cómo se explicaría esta que parece una actitud “diferente” y contradictoria con nuestra historia de reconciliaciones?

Por otra parte, la vía chilena de la reconciliación es propia de la evolución nacional, del país en su conjunto, o solo lo es respecto de las elites, los grupos dominantes, la clase política o como quiera que se le llame. ¿No se estará confundiendo, una vez más, historia de la elite chilena con historia de Chile?

Si como nosotros creemos la vía chilena de reconciliación es en lo esencial la vía de reconciliación de la elite chilena, ello explicaría el uso intensivo que Loveman y Lira demuestran que se ha hecho de esta vía. Ello porque dicho grupo necesita perdonar y olvidar desde el momento en que todos forman parte de un mismo sector relacionado por múltiples factores que, necesariamente, debe seguir conviviendo y por lo tanto “arreglar” de algún modo las disputas surgidas en su seno.

También explicaría la situación actual, esto es, el rechazo al olvido, a la amnistía y a correr el tupido velo sobre los crímenes y abusos de la dictadura, pues el drama que ella provocó fue más allá de la elite y afectó a sujetos de un espectro social mucho más amplio. La mayor parte de ellos ajenos al modo tradicional de superar los conflictos practicado por la elite. Lo anterior, sin perjuicio de la conciencia mundial que hoy existe respecto a los derechos humanos que, sabemos, antes no existía y que obliga, lo estamos viviendo, a enfrentar problemas que, también sabemos, algunos quisieran haber “barrido bajo la alfombra”.

Pero, y a propósito de la última de las actitudes mencionadas, esta contrasta con lo ocurrido precisamente durante el gobierno militar, pero también luego de la victoria conservadora en Lircay y el acceso al poder de Portales. Esto es, la persistencia de una actitud oficial que imponía el recuerdo de todos los males y desgracias causados por quienes habían sido desbancados del poder. Entonces no hubo ni perdón, ni olvido y la vía chilena de reconciliación política no operó para ellos. ¿No será que además existe otra mentalidad que funciona paralalela a la que explica la vía chilena de reconciliación política y que, por el contrario, hace imposible el olvido y el perdón? ¿Cómo cabe esta realidad en la caracterización realizada por los autores?

Por otra parte, nos preguntamos y preguntamos también cómo se explica la supervivencia de una nación y una sociedad que según la obra que nos ocupa acumula conflicto tras conflicto: sin enfrentarlos, sin hacer justicia, siempre olvidando y amnistiando. ¿Es posible la sobrevivencia de una sociedad en esas condiciones? ¿Es ella una sociedad “sana”? ¿Es posible vivir así por siglos?

En la obra de Loveman y Lira tenemos la historia oculta de nuestro país, la que pocos quieren mostrar y la que todavía menos quieren conocer. Esta historia y los hechos que la conforman están ahí, han sido documentados como vía chilena de la reconciliación política. Ella nos lleva a preguntarnos si ha existido y existe una verdadera cultura política nacional, como se supone que existe, cuando Loveman y Lira nos muestran que esta, de existir, ha sido la de la “institucionalidad autoritaria” compuesta por un “arsenal de modalidades represivas”.

Entonces, y a la luz de la trayectoria republicana nacional, evidentemente integradora de cada vez más sectores y sujetos al sistema y sus beneficios, volvemos a preguntarnos si a través de la obra que comentamos estamos conociendo el conjunto de la nación, si estamos abordando la totalidad del proceso político experimentado por nuestra sociedad, o sí solo nos estamos ilustrando de un aspecto de dicho fenómeno y de las acciones emprendidas por un sector de nuestra sociedad. Naturalmente necesarios de conocer, imprescindibles de integrar en nuestra historia pero, creemos, lejos de marcarla definitivamente con su impronta autoritaria y represiva.

Pero más allá de las interrogantes que suscita el texto de Loveman y Lira, por lo demás muestra de su valor, el mismo tiene el mérito adicional de recuperar un ángulo de nuestro pasado que puede transformarse en “principio de acción para el presente”1. Es decir, de utilizarlo con vistas al presente y al futuro, de aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día. En especial, si como creemos, en nuestra trayectoria histórica también hay procesos y elementos que permitirían esperar un presente mucho más plural y democrático que el que actualmente vivimos.

A este respecto, la recuperación de las voces discordantes, siempre presentes y en contra de la “vía chilena de la reconciliación”, pero que Loveman y Lira solo ofrecen como forma de reproche y censura del fenómeno que ellos han identificado y estudiado, sería muy deseable.

Tal vez en el próximo volumen de esta obra, palabras como las de un diputado que en 1936 se oponía a la ley de amnistía que entonces se discutía argumentando que “…no unamos a la familia chilena amnistiando a los que merecen castigo. Unámosla sancionando a los culpables…”, puedan ser rescatadas en sí mismas, como testimonio que paralelamente a los instrumentos de la vía chilena de reconciliación, por lo demás la mayor parte de ellos jurídicos, siempre existió una conciencia moral que incluyendo a parte de ella está más allá de la elite. Cierto, poco exitosa en términos de la legislación, pero no en función de hacer avanzar una noción de justicia y una mentalidad política democrática que hoy se muestra plenamente vigente y, como siempre, luchando por evitar que una vez más algunos impongan su vía “chilena” de la reconciliación.

Rafael Sagredo Baeza


1  El concepto y su significado en la obra de Tzvetan Todorov, Los abusos de la memoria, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 2000.

RÁPIDAS REFLEXIONES ( en clave política) A PROPÓSITO DE UN PROGRAMA DE TV, LA HISTORIA Y LA MEMORIA Sergio Grez Toso

La noche del 17 de septiembre de 2008 cientos de miles de telespectador
es siguieron expectantes el desenlace del programa “Grandes Chilenos de Nuestra Historia”del Canal estatal Televisión Nacional de Chile (TVN). La versión original de este programa, “Great Britons”, ha tenido 18 réplicas en el mundo: en Gran Bretaña los televidentes eligieron como “el más grande” al ex primer ministro conservador Winston Churchill; en Estados Unidos, al ex presidente Ronald Reagan; en Alemania al canciller de la post-guerra mundial Konrad Adenauer; en Francia al general y exPresidente de la República Charles De Gaulle; y en India, a la religiosa Teresa de Calcuta
.
La versión chilena de este programa -adaptación de una licencia de la cadena británica BBC (British Broadcasting Corporation)- provocó grandes controversias. Desde los más variados sectores se formularon críticas los procedimientos de selección de los personajes, sus contenidos, la falta de profundidad en el tratamiento de los temas, la frivolidad “mediática” o “farandulesca” con que fueron tratados los problemas históricos, la mezcolanza de figuras de distintas áreas (héroes guerreros, políticos, artistas, etc.), el sistema de votación y, sobre todo, la validez del “veredicto popular”como criterio de legitimidad histórica
1
.
Para realizar la selección previa de personajes el canal estatal convocó una comisión asesora compuesta de dieciocho intelectuales, quienes designaron a 60 personajes ya fallecidos. A partir de esa muestra extensa, estudiantes y profesores de enseñanza básica,media y superior de todo el país escogieron diez nombres como finalistas. En una tercera etapa el concurso se abrió a todos quienes quisieran participar. Las votaciones del público se extendieron desde el 8 de julio –fecha de inicio de las transmisiones semanales de documentales con la vida y obra de los personajes en competencia- hasta el 17 de septiembre, última emisión en la que se dio a conocer el resultado del concurso.
Varios cientos de miles de “electores” expresaron sus preferencias a
través de la telefonía y porInternet (cada persona podía votar hasta tres veces por día).
.
1
En mi opinión, por sus relevantes aportes en el plano de la cultura, de la política o de la organización social,podrían haber figurado en la lista de “finalistas”
personajes como Benjamín Vicuña Mackenna, José Manuel
Balmaceda, Luis Emilio Recabarren y Clotario Blest,
entre otros. En cambio, a pesar de su fulgor, Lautaro, el
jefe mapuche que resistió brillantemente la invasió
n española en el siglo XVI, difícilmente podría ser
considerado como “chileno”. En aquella época Chile
era solo una expresión geográfica, no existían los
“chilenos”. Solo una alambicada operación historiográfica y política del siglo XIX, al servicio de la construcción imaginaria de la “chilenidad”, lo ha incluido como parte de esta nacionalidad. Lautaro era mapuche, no chileno, y así lo recuerdan los integrantes actuales de ese pueblo originario.
Durante las últimas semanas se estableció una cerrada competencia entre los partidarios de los dos personajes que se vislumbraban como los posibles vencedores: el capitán de Marina Arturo Prat Chacón, héroe de la Guerra del Pací
fico, y el ex Presidente socialista Salvador Allende Gossens.
Aunque en cierto momento Prat parecía seguro vencedor porque aventajaba a Allende por 8% o más de los sufragios del público, la distancia entre ambos personajes se fue acortando progresivamente. Los cómputos que entregaba TVN reflejaban que en los últimos días una ventaja ínfima separaba a ambos personajes: en un momento aparecía Prat a la cabeza del concurso, poco después Allende, y así sucesivamente. Finalmente, la noche del 17 de septiembre –cuando se iniciaban los largos festejos de Fiestas Patrias- la conductora del programa televisivo anunció el estrechisimo resultado definitivo de los más de cuatro millones de votos emitidos por los televidentes: Salvador Allende 38,81%, Arturo Prat 38,44%.
Luego venían, muy abajo, en orden decreciente: el sacerdote jesuita Alberto Hurtado,declarado santo por la Iglesia Católica; el cantautor Víctor Jara, torturado y asesinado pocos días después del golpe de Estado de 1973; el político y guerrillero independentista Manuel Rodríguez;el militar y cabeza de uno de los primeros gobiernos patriotas durante la “Patria Vieja”, José Miguel Carrera; el jefe mapuche Lautaro; los poetas Pablo Neruda y Gabriela Mistral, ambos ganadores del Premio Nobel de Literatura; y, finalmente, cerrando la lista de “elegidos”, la cantautora popular Violeta Parra.
La victoria simbólica de Allende pocos días después de cumplirse 35
años de su muerte y en el año del centenario de su nacimiento, causó un impacto innegable.
Rápidamente los medios de comunicación difundieron la noticia por todo el mundo y las reacciones de partidarios y detractores del que fuera la principal figura de la izquierda chilena del siglo XX no se hicieron esperar. Unos festejando esta victoria simbólica, otros restándole validez, importancia y legitimidad.
Más allá de las múltiples interpretaciones que pueden hacerse sobre este programa
de televisión, en tanto ciudadano e historiador, debo constatar con preocupación el gran abismo que separa al grueso de la comunidad de los historiadores de las preocupaciones y sensibilidades ciudadanas respecto de la Historia y de los problemas históricos.
Aunque es evidente que esta “votación popular” no podía constituirse en un “tribunal de la Historia” (porque los juicios históricos son por definición cambiantes y porque es evidente que todos los televidentes no disponían de los elementos para emitir opiniones bien informadas), creo que en torno a este programa se generó una situación interesante en términos de lo que se ha denominado la “batalla por la memoria”.
Los diez personajes seleccionados por profesores y alumnos de la enseñanza media y universitaria ponen en evidencia el desfase existente entre la historia oficial (omnipresente en los manuales escolares, en los medios de
comunicación de masas y en la historiografía tradicional), por un lado, y la memoria
popular, por el otro. Grandes íconos de esa enseñanza, símbolos de una visión de
Estado y sociedad, no fueron considerados por nuestros conciudadanos llamados a constituirse en jurados.
Los sectores más conservadores de la sociedad chilena vieron con sorpresa y
malestar que en esa selección final no quedaron figuras como Bernardo O’Higgins, Diego
Portales, Manuel Montt, Arturo Alessandri Palma, Carlos Ibáñez del Campo o Augusto
Pinochet, “padres fundadores” o “refundadores” de la institucionalidad nacional, siempre al amparo de la fuerza armada.
Sobre este punto cabe agregar que prácticamente todos los
elegidos, a pesar de sus grandes diferencias, tienen en común el ser personajes caracterizados por la firmeza de sus convicciones, su honestidad, el heroísmo o la sensibilidad artística y, en muchos casos, un final digno a la vez que trágico.
En este sentido, las más altas mayorías de este programa de televisión deben ser interpretadas como el reflejo de cierta legitimidad histórica en la conciencia
de los chilenos de comienzos del siglo XX.
El triunfo de Allende significa, entre otras cosas, que la sistemática labor de
desprestigio y denigración de su figura realizada por la dictadura
y las fuerzas sociales y políticas que le dieron sustento, así como el ocultamiento vergonzante de su obra que han realizado las fuerzas en el gobierno desde 1990, no han dado resultado.
Allende ganó a pesar del muy deficiente programa que le consagró TVN en el marco de este concurso.
Dicho programa fue el resultado de una cuidadosa operación política destinada a proyectar una imagen edulcorada del líder socialista, acorde con las necesidades políticas actuales del bloque en el gobierno.
Así, por ejemplo, se hizo un sugerente silencio sobre la campaña
presidencial de 1964, ganada por Eduardo Frei Montalva con el apoyo de la dere
cha, el concurso millonario de los Estados Unidos y una campaña del terror contra el “comunista Allende”. Es evidente que para la Concertación gobernante, especialmente para la Democracia Cristiana (que no logró colocar a ninguna de sus figuras
entre los “diez grandes”), Allende es incómodo y molesto.
Cabe señalar que, como quedó consignado en un reportaje publicado en
La Nación Domingo (del 14 al 20 de septiembre), el equipo
asesor de estos programas estuvo conformado exclusivamente por historiadores de centro y de derecha de la Pontificia Universidad Católica, y que el programa consagrado a Allende fue revisado tres veces por Daniel Fernández, director ejecutivo del canal estatal, quien diagnosticó que su final era muy “utópico” y “sugirió” un cambio para“contemplar otra visión de la crisis institucional de 1973”. De esta manera, se le agregó elementos que lo“equilibraran”. ¡Una laboriosa construcción a la medida de las necesidades del poder!
Aunque muchos chilenos ignoran aspectos esenciales de su trayectoria,
es evidente que –como dijo el propio Allende en su discurso de despedida- la semilla que él y otros sembraron no ha podido ser arrancada de la “conciencia digna de miles y miles de chilenos”. La actualidad, vigencia y popularidad de Allende en el Chile de nuestros días debe explicarse no sólo por su muerte heroica sino también porque numerosos compatriotas siguen alentando sueños y proyectos de profundo cambio social que rescatan muchos de los elementos del allendismo de las décadas de 1950, 1960 y 1970.
Reconocer o incluso valorar este fenómeno, no implica que los historiadores debamos acreditar los mitos que desde distintos segmentos sociales han surgido sobre la figura de Allende–al igual que sobre cualquier personaje histórico descollante- sino, simplemente, situar los hechos y fenómenos que percibimos en una justa perspectiva que reconoce convergencias, cruces, desencuentros y tensiones entre historia (o más precisamente historiografía), memoria y política
.
Un excelente ejemplo de desmontaje de mitos y manipulación de la realidad histórica por parte de diferentes actores políticos, lo encontramos en el libro de Hermes H.Benítez, Las muertes de Salvador Allende. Una
sus últimos momentos, Santiago, RIL Editores, 2006.
Aunque Benítez es filósofo, en esta obra se revela
como un eximio historiador.
Véase, Sergio Grez Toso, “Historiografía y memoria
De igual forma, el alto score obtenido por Arturo Prat debe ser leído en clave
política. Prat también es una figura heroica, pero a diferencia de Allende, que fue un héroe de la lucha por la emancipación social, Prat es un héroe patriótico en la fase final de la expansión del Estado nacional. Sin haber sido conservador, sino más bien liberal, este oficial de la Armada chilena fue enarbolado en esta votación como el símbolo de los sectores conservadores de nuestros días para evitar un nuevo triunfo, esta vez simbólico, de Allende.
Por Internet circularon profusamente mensajes de sectores
de derecha y de militares en retiro (y al parecer también en servicio activo) llamando a votar por el héroe naval para impedir el triunfo del “marxista Allende”. Esos sector
es conservadores –a diferencia de algunos militantes y académicos de izquierda que mi
raron con olímpico desdén el concurso televisivo- entendieron bien el contenido político del enfrentamiento y movilizaron todas sus fuerzas para ganar esta batalla simbólica.
 A su favor contaban además con la influencia de los manuales escolares donde Prat ocupa un sitial destacadisimo, a diferencia de Allende cuya figura y obra son casi siempre atacadas,deformadas o minimizadas.
Lo ocurrido con este programa televisivo –de una complejidad mucho mayor de que
la que puede reflejarse en estas breves líneas- nos remite ala estrecha relación entre
historia, memoria, ciudadanía y política, a la cual me he referido en otras oportunidades. No obstante el evidente vínculo existente entre estas cuestiones, gran parte de los historiadores de nuestro país son reacios a establecer una relación muy explícita entre ellas, optando por separar la labor historiográfica –concebida como puramente académica y “objetiva”- de sus propias preocupaciones y definiciones políticas y ciudadanas. En ello reside probablemente el desprecio o la indiferencia que manifestaron por el ejercicio de ciudadanía historiográfica
que durante dos meses y medio realizaron cientos de miles de chile
nos,especialmente jóvenes, a través de los medios más modernos y masivos
de comunicación(teléfono, televisión e Internet). Aunque, evidentemente, el juicio histórico de las personases el fruto de muchos elementos condicionantes –como la influencia de la enseñanza escolar, de los medios de comunicación de masas y de las fuerzas sociales y políticas en disputa, además de sus propias experiencias personales y colectivas-ello no invalida las posibilidades de relecturas de la historia que las personas realizan permanentemente en función de los problemas planteados en la sociedad. Estas interpretaciones ciudadanas de la historia pueden o no coincidir con la historia erudita que elaboramos los historiadores (a decir verdad, ello ocurre raramente), pero tienen el valor de constituirse en explicaciones
228. Publicado en formato electrónico, entre otros,
en los siguientes sitios web:
Issue16/esp/v1i16c16.pdf
Sergio Grez Toso, “Historiografía, memoria y políti
ca. Observaciones para un debate”, en
Cuadernos de
Historia,
Nº24, Santiago, marzo de 2005, págs. 107-121. Publ
icado en formato electrónico, entre otros, en:
ntent&task=view&id=630&Itemid=40
ple2/0,1255,SCID%253D21039%2526ISID%253D730
,00.html
Pablo Aravena Núñez, “Historiografía, ciudadanía y
política. Conversación con Sergio Grez Toso”, en
Analecta. Revista de Humanidades,
N°2, Viña del Mar, diciembre de 2007. Versión elec
trónica, entre otros,
en:
2/grez-aravena.pdf
del mundo en las que se apoyan los hombres y mujeres comunes y corri
entes para dotarse
de identidades colectivas y proyectarse hacia el futuro en comunida
d. Pienso que los
historiadores deberíamos asumir a esta realidad en vez de desprec
iarla, tratando de que
nuestra obra sea comprensible y atractiva para sectores mucho má
s vastos que los escasos
contingentes de la cofradía historiográfica y de las disciplinas
aledañas. De esta manera
nuestro trabajo podría aportar a los ciudadanos ciertos elementos d
e reflexión crítica que la
historiografía tradicional, patriótica o institucional es incapaz de proporcion
ar
4
.
Por último, cabe destacar que, pese a los reparos de todo tipo que pueda f
ormular la
academia, el “veredicto” de estos cientos de miles de “jurados
” es coincidente con el juicio
universal de los “ciudadanos de a pie” del mundo entero. ¿Cuál es el “má
s grande de los
chilenos? La respuesta ha sido dada hace mucho tiempo a escala pl
anetaria. ¿Cuál es el
chileno más conocido, valorado y honrado en todo el mundo? ¿Cuál es el más
“universal”?
Basta salir de Chile o simplemente hacer una búsqueda rápida en Int
ernet para saberlo. La
respuesta es aplastante: Salvador Allende Gossens es, en términos
de su impacto y
valoración histórica, “el más grande”, si estoy obligado a ocupar
este término que como
historiador me cuesta mucho avalar. En todo el mundo hay miles de call
es, plazas,
hospitales, monumentos y hasta localidades que llevan su nombre. Igualmente
se cuentan
por miles los libros, artículos y documentales centrados en su vida y
obra. Ninguno de los
otros personajes de la lista del comentado programa de televisión
tiene ese eco universal.
Varios de ellos son conocidos solo en Chile o, a lo sumo, en algunos círcul
os restringidos
de los países vecinos, no solo por una cuestión mediática sino porque su a
cción no tuvo
mayor trascendencia fuera de las fronteras nacionales. A dife
rencia de otros personajes de
la historia nacional y mundial, la figura de Allende no se ha empequeñ
ecido luego del
término de su ciclo vital. Al contrario, se ha mantenido y crecido, a
pesar de la “caída de
los muros” y del “fin de la historia” anunciado por algunos exégeta
s de la sociedad actual.
4
Sobre la historiografía institucional, patriótica
e institucional, véase Marc Ferro,
L’histoire sous
surveillance
, Paris, Calmann-Lévy, 1987. Sobre la relación entr
e historia y política, véase también, Jacques
Le Goff,
Histoire et mémoire
, Paris, Éditions Gallimard, 1988, especialmente pá
gs. 341-352.

Nicanor Parra. 103 años . El Parra cuestionado . El Parra disidente.

 El antipoeta chileno Nicanor Parra llega a los 103 años de vida  El artista, hermano de Violeta Parra, es considerado como uno de los más grandes rupturistas de la prosa latinoamericana. |
Foto: EFE Publicado 5 septiembre 2017
   Especial Nicanor Parra
En Chile, los festejos de su cumpleaños comenzaron en julio, con el lanzamiento de su más reciente libro, “El último apaga la luz”. Nicanor Parra Sandoval, conocido en el mundo de la literatura como el “antipoeta”, y considerado por muchos como el último de los “históricos” líricos chilenos con vida, cumple este martes 103 años de existencia.
En su más de siglo de vida, el poeta, matemático y físico ha influido de manera profunda la prosa latinoamericana. Es ganador del Premio Nacional de Literatura (1969) y el Premio Miguel de Cervantes (2011), además de haber sido postulado tres veces como candidato al Nobel de Literatura.
Pese a las variaciones que su estilo ha adquirido a lo largo de los años, siempre se ha caracterizado por su contenido crítico, cuestionador, irreverente y contingente; incluso, desafiando el vanguardismo histórico de sus compatriotas Pablo Neruda y Vicente Huidobro. Sus obra aborda el absurdo, el humor y la cultura popular; practicando lo que muchos llaman la “democratización” de la poesía y la apertura de esta a otros públicos, llevándolo a ser señalado como el creador de la “antipoesía”. 
Celebraciones En el marco de su cumpleaños, Parra lanzó su más reciente trabajo “El último apaga la luz” (2017); un libro que se aleja de la prosa y ofrece textos completos, y que llegará a países como España, Argentina, Perú, Uruguay y México a fines de este año.
Asimismo, Francia decidió festejar su aniversario publicando una selección bilingüe de sus obras, a cargo de la editorial Seuil y la Maison de l’Amérique Latine.En Chile, las celebraciones estarán a cargo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y de Publicaciones UDP de la Universidad Diego Portales, quien edita los trabajos del antipoeta. “Es una especie de patrimonio en constante provocación, que ha hecho de su apellido uno noble. ‘Parra’ es el único apellido noble chileno, y la gente lo siente así. Son los presidentes de la República quienes lo van a ver a él, y no al revés” aseguró Matías Rivas, director de la editorial
Felipe Ojeda 5 SEP 2017
NICANOR PARRA
Nicanor Parra en dictadura: “El gallinero está a cargo del zorro”
Cachureo, un documental filmado desde 1977, muestra al antipoeta explicando su cosmovisión y también declamando sus poemas en plena dictadura chilena: “El poeta habla el lenguaje de la tribu”, se defiende Parra.El poeta camina lento y seguro de sí mismo. La imagen en blanco y negro lo muestra de traje ceñido mientras sostiene unas hojas y se pasea sin mirar al actor Jaime Vadell, que hace de presentador. Solo frente al micrófono detiene su paso.
Allí lee:Cuando los españoles llegaron a Chile Se encontraron con la sorpresa de que aquí no había oro ni plata nieve y trumao sí: trumao y nieve nada que valiera la pena los alimentos eran escasos y continúan siéndolo dirán ustedes es lo que yo quería subrayar el pueblo chileno tiene hambre sé que por pronunciar esta frase puedo ir a parar a Pisagua pero el incorruptible Cristo de Elqui no puede tener otra razón de ser que la verdad el general Ibáñez me perdone en Chile no se respetan los derechos humanos aquí no existe libertad de prensa aquí mandan los multimillonarios el gallinero está a cargo del zorro claro que yo les voy a pedir que me digan en qué país se respetan los derechos humanos.
Nicanor Parra aparece como Nuestro Señor Jesucristo, de camisa blanca y anteojos de carey. Tiene 62 años y el pelo alborotado. La escena fue filmada en el verano de 1977. Santiago está bajo la dictadura de Pinochet. Hace horas se corrió la voz de un acto cultural en este espacio abierto, donde hace solo días unos desconocidos quemaron la carpa de la compañía de teatro La Feria. Ahí se mostraba la obra Hojas de Parra, con textos del antipoeta.
]
Su vida  
Nicanor nació el 5 de septiembre de 1914 en San Fabián de Alico, localidad cercana a Chillán, sur de Chile. Es el mayor de cinco hermanos -ya fallecidos-, entre ellos la cantautora y artista visual Violeta Parra y los músicos y folcloristas Roberto y Eduardo y “Lalo” Parra.
En 1937 se graduó como profesor de Matemáticas y Física y ese mismo año publicó su primer texto, “Cancionero sin nombre”. En 1943 se especializó en Mecánica Avanzada en el Institute of International Education a la Universidad de Brown, Estados Unidos; tomando cursos de Cosmología en la Universidad de Oxford, años más tarde.Fue en 1954 cuando lanzó la segunda -y más reconocida- de sus obras, “Poemas y Antipoemas”, considerado por los críticos de la época como una obra revolucionaria en el campo de la lírica. A lo largo de su carrera ha escrito más de 20 libros, y obtenido 24 premios y reconocimientos, tanto nacionales como mundiales.
Parra: Parra en Dictadura Macarena Gallo y Daniel Hopenhayn 05 Septiembre, 2014 
EL PARRA COMPLACIENTE
Después del golpe de Estado, según el propio Parra suele contar, los militares fueron a preguntarle bajo qué figura (embajador, rector) quería incorporarse al gobierno de facto. Él rehusó las ofertas pero pidió que le respetaran su lugar en la universidad. Pronto, sin embargo, asumió como director (para el caso, interventor) del Departamento de Fïsica del Pedagógico. Duró un mes en el cargo, pero su actitud inicial, para algunos, fue dolorosa.
Recuerda Poli Délano: “Yo me separé bastante de Parra, prácticamente la amistad se trizó, porque no fue servil, pero sí complaciente con la dictadura. Aceptó un cargo en la Universidad de Chile mientras estaban llevándose detenidos sin saber lo que pasaba con ellos. Yo tuve la sensación que él estaba contento con que se hubiera dado el Golpe. Pero nunca me hizo el comentario”.
Jorge Edwards añade “en el Golpe fue bastante dubitativo, no estuvo claro. Después se afirmó en su antipinochetismo, pero al comienzo… Yo no lo calificaría de golpista, pero habló mal de Allende en privado, y después del Golpe”.
Floridor Pérez, prisionero político en 1973, marca su punto: “Golpista es quien tenía la capacidad de influir y lo hiciera, actuando o escribiendo. Nunca vi en eso a Parra”.
Por otra parte, en su artículo “Los funerales de Neruda”, la escritora Virginia Vidal afirma haberse encontrado con Nicanor Parra en el mítico funeral del poeta. Y que Parra, comentando unos elogios que le había dedicado El Mercurio, le habría dicho: “Pretenden convertirme en el poeta oficial del régimen. No lo conseguirán”.
Parra sabía, sin embargo, lo que muchos sus pares estaban pensando sobre él, y su ostracismo académico previo al Golpe se hizo aún pronunciado durante los primeros años de dictadura. El Departamento de Estudios Humanísticos, por su misma distancia con la UP, no fue tocado por el gobierno, deviniendo así en el único oasis de independencia intelectual de aquellos años.
Su alumno José Ángel Cuevas recuerda que “allá por el 75 estábamos estudiando el Tao. Parra me contó que lo había ido a ver un milico a la casa, un coronel o un oficial, y le dijo: ‘Don Nicanor, sería bueno que usted se metiera un poco más, que apareciera un poco más…’. Y Nicanor le dice que no puede porque estaba estudiando una teoría budista llamada Wu Wei, que significaba ‘No acción’. Lo agarró pa’l leseo no más”.
EL PARRA DISIDENTE
En febrero de 1977, Parra hizo su primer gesto público de disidencia con el régimen. El grupo teatral La Feria, liderado por Jaime Vadell y José Manuel Salcedo, estrenó en una carpa circo la obra Hojas de Parra, basada en textos suyos. En la previa, Las Últimas Noticias no veía en Parra la menor amenaza para el statu quo: “El dionisiaco poeta, que tan bellamente le ha cantado al vino, no teme repetirse relacionando su apellido con la frondosidad de la vid. Es de esperar que en las funciones el público bulla como un lagar, que coseche jocundos aplausos, y que sus sienes sean ceñidas en vez de laureles, con una corona esmeraldina tejida en hojas de parra”.No fue tan así.
Presentado por Vadell como “Nuestro Señor Jesucristo en persona”, Parra leyó los futuros Sermones y prédicas del Cristo del Elqui, donde se colaban frases como: “En Chile no se respetan los derechos humanos. Aquí no existe libertad de prensa. Aquí mandan los multimillonarios. El gallinero está a cargo del zorro”.
El diario La Segunda acusó recibo: “Lo grave es que a los chilenos, posibles espectadores de estas Hojas de Parra no se les advierta que van a asistir a una crítica evidente y a una forma de posición política contraria a la situación nacional. (…) Quienes asistieron este fin de semana al Teatro La Feria comentaban a la salida del deplorable espectáculo y que era realmente increíble lo que allí se presentaba. Al mismo tiempo indicaban que el hecho que esta obra se estuviese presentando estaba demostrando una vez más que en Chile hay libertad y que nadie está sojuzgado”.
La obra presentó once funciones antes de que la carpa fuera quemada por desconocidos. Siete mil personas la vieron.
Durante los 80, Parra mantuvo esta posición. “Era como un torero que cada tanto le clavaba banderillas al régimen, con pequeñas cosas –recuerda Jorge Edwards–. En un acto sobre la libertad de expresión, leyó un texto que parecía sumamente subversivo, y resulta que era un decreto sobre la libertad de prensa de Bernardo O´Higgins. Esas cosas las hace mucho”.
Publicaría también un antipoema en homenaje al fallecido ex presidente Frei Montalva y una nueva tanda de artefactos donde la postura política sería inequívoca: “Ayer de tumbo en tumbo / Hoy de tumba en tumba”.
Aunque sin miedo a sonar imprudente: “De aparecer apareció / pero en una lista de desaparecidos”.
Y también se defendía, otra vez, de ciertos ataques, como en este poema de 1983:
Yo partidario de la dictadura?
no me haga reír amigo Volodia
me desayuno con ese pastel
Ud. está tratando de tirarme la lengua
hágase su voluntad hombre a hombre
lo desafío x intermedio de este poema
a discutir en serio los problemas de Chile
los problemas del mundo si le parece
para que vea los puntos que calzo
desempleo tortura autoritarismo
récord mundial en contaminación atmosférica
algo que a Ud. lo tiene sin cuidado
lo sé como buen industrialista decimonónico(…)
lo siento mucho camarada Volodia
no soy yo son Uds. los que se quedaron atrás
EL PARRA PERSEGUIDO
El compromiso de Parra con el proceso democrático ya era evidente, pero eso no lo libraría del sentimiento de persecución que cargaba desde 1970, cuando el tecito con la Patricia Nixon lo puso donde menos quería estar.
De acuerdo a Sergio Parra, a fines de los 80, “vuelven todos los retornados del exilio, y Nicanor sabía que muchos le querían cobrar que él se hubiera quedado en Chile. Gonzalo Millán, por ejemplo, meses antes morir, dijo que tenía mucho rencor contra Nicanor porque no había salido al exilio, lo que para ellos habría sido muy importante porque Neruda no estaba vivo y Parra los dejó huérfanos en el exilio al no ocupar ese lugar simbólico contra la dictadura. Millán dijo esto en Buenos Aires cuando lanzamos una antología de poesía chilena, con Catalina Parra sentada en primera fila. Quedamos muy sorprendidos, lo dijo con mucho dolor”.
El testimonio de Fernando Quilodrán es coincidente: “Cuando yo llegué exiliado a Holanda, me llamó gente muy preocupada por la seguridad de Nicanor. Yo les dije que él estaba bien, y demasiado bien. Nos pareció ofensivo, porque el nombre de Nicanor figuraba a nivel internacional y si hubiera jugado un papel como Neruda habría sido muy importante, como gran poeta y como de hermano de Violeta Parra, que era conocida en todo el mundo”.
De aquí que, según Sergio Parra, “Nicanor apoyó la democracia como correspondía, hizo un par de cosas, pero después se replegó, tuvo mucho cuidado porque el debate no era de altura, era de ‘aquí vamos a cocinarlo vivo’. Él que lo acogió mucho y fue su contenedor ante esta ola, fue José Donoso. Donoso era una figura fuertísima entre los escritores, y él hizo el parelé. Si él lo hubiera abandonado, ahí sí hubiese sido complicado”.
Sólo Nicanor Parra sabe hasta dónde los persiguieron estos fantasmas durante, por lo menos, dos décadas. Adriana Valdés, entrevistada por Aldo Perán (cuya recopilación de archivos de prensa ha sido de gran utilidad para este reportaje), afirma que “Nicanor tenía mucho miedo durante la Unidad Popular, inclusive, de que atacaran su casa”. Temor que pudo alcanzar niveles insospechados según este relato de Leonidas Morales: “Cuando yo volví del exilio quise hablar con él y fui a un lugar donde él estaba invitado. Al verme, según me contó después, él no sabía qué hacer, porque pensó que lo iba a desconocer. Pero yo me acerqué y me abrazó. Se quedó en mi casa y en la noche planificamos una segunda parte para el libro de conversaciones. Las hicimos en La Reina, pero decía cosas que me ponían de mal humor y tenía que apretar los dientes para continuar. Decirme por ejemplo que él estaba en la lista del Plan Z. Me pareció una cosa tan ridícula… Era 1989, hasta un niño sabe que eso fue un invento para legitimar el Golpe. Pero él creía en eso”.A manera de final feliz, Fernando Quilodrán cuenta que a comienzos de los 2000, siendo director de la SECH, se juntó en su oficina con Nicanor Parra. Y que según le contaron después, el antipoeta habría exclamado al retirarse: “¡Se murió Lenín: me aceptaron en la SECH!”. 
La opinión de Nicanor Parra sobre Pinochet que irritó a la familia del poeta
por FELIPE SALEH 14 febrero, 2012
La opinión de Nicanor Parra sobre Pinochet que irritó a la familia del poeta
Hace un par de meses está a la venta el DVD “Retrato de un Antipoeta”, la película sobre el reciente ganador del premio Cervantes que Víctor Jiménez Atkin filmó durante once años. Es lo que quedó de una edición completa, que su hija Colombina logró cortar contratando a un importante estudio de abogados.

 

“Por una parte es un salvador, si no fuera por Pinochet estaríamos como Cuba. Eso es un hecho. Pero enseguida las atrocidades que se cometieron. Uno quisiera un salvador sin atrocidades. ¿Cómo junta uno las dos cosas? La atrocidad con una operación de salvataje. Si uno quiere pensar en grande la cosa, no hay tal salvador. Un salvador a corto plazo ¿para qué? Un mecanismo que se llama consumismo, pan para hoy y hambre para mañana”.

Esta opinión de Nicanor Parra sobre la dictadura —el mismo artista que tomó el té con la esposa de Richard Nixon en 1970—, casi le cuesta once años de trabajo a Víctor Jiménez Atkin, el director de “Retrato de un Antipoeta”, documental ahora disponible en DVD, en una edición especial.

 

 

 

 

Ahora, desde diciembre de 2011 , está disponible la versión completa de la película en el DVD en venta en librerías. La familia de Parra no ha reaccionado aún. Como “extras” trae los discursos completos de la Feria del Libro 1998 y una entrevista al filólogo, especialista en Parra, César Cuadra.

Tortura: Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales

Tortura: Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales

S E M I N A R I O     I N T E R N A C I O N A L

TORTURA:
Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales. Prevención y Tratamiento

Equipo de Salud Mental-DITT del Comite de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU)
Organización Mundial contra la Tortura (O.M.C.T.) Ginebra – Suiza

Santiago – Chile. Noviembre 1989

PRESENTACIÓN

 

 

 

Desde la instauración de la dictadura militar el 11 de septiembre de 1973, la tortura sistemática, individual o masiva, brutal o refinada, se hizo una constante en Chile.

Desde esa misma época, profesionales de la salud asumieron la tarea de dar tratamiento a aquellos que lo necesitaban. El desafío comprometió acciones en diferentes terrenos que iban mucho más allá de lo estrictamente clínico: lo jurídico, lo ético, lo social, lo político, entre otros; y las condiciones en que se desarrolló el trabajo asistencial bajo la dictadura no sólo estuvieron marcadas por severas dificultades, sino también implicaba riesgos que son fáciles de comprender.

La experiencia acumulada durante más de 16 años atendiendo a las víctimas de la represión política y a sus familiares, es inmensa. Ella abarca innumerables aspectos en el campo clínico, tanto en lo terapéutico propiamente tal, como en la prevención y en la denuncia.

Actualmente la mayoría de dichos profesionales trabajan en equipos especializados e interdisciplinarios en el seno de organismos de Derechos Humanos. Conocidos son el equipo de Salud de la Vicaría de la Solidaridad, el equipo de Salud Mental de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), el equipo de Denuncia, Investigación y Tratamiento del Torturado y su núcleo familiar (DITT) del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), el equipo de Salud Física y Mental de la Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE) y, últimamente, el grupo médico del Centro de Investigación y Tratamiento del Stress (CINTRAS).

En 1985, el equipo de Salud Mental del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo había efectuado, conjuntamente con el Comité para la Defensa de la Salud, de la Ética profesional y los Derechos Humanos del Pueblo Argentino (CODESEDH), en Buenos Aires, el Primer Seminario Latinoamericano sobre la Tortura.

La aspiración era, sin embargo, realizar en Chile, bajo dictadura, un evento de carácter internacional que develara el profundo significado que la presencia de la tortura tenía en Chile, en todos los campos del quehacer humano y ayudara al conocimiento, denuncia, investigación y superación del sistema que tortura y de los efectos que provoca individual y socialmente.

Apoyados por la Organización Mundial Contra la Tortura con sede en Ginebra, y con el patrocinio de FASIC, PIDEE, CINTRAS, se llevó adelante esta iniciativa con los siguientes objetivos:

– Reunir profesionales que han brindado asistencia a las víctimas de la tortura en el interior de Chile, así como a personalidades internacionales que se han destacado por su trabajo en el tema.

– Avanzar en el tratamiento y en la prevención de la tortura a través del intercambio profesional de conocimientos y experiencias.

– Difundir y denunciar, tanto en Chile como en el extranjero, la persistencia de la práctica de la tortura y contribuir a través de esta denuncia a su erradicación.

Bajo el título “Tortura: aspectos médicos, psicológicos y sociales. Prevención y tratamiento”, este seminario se realizó en Santiago de Chile exactamente un mes antes de las elecciones presidenciales, elecciones a través de las cuales Chile pretende dejar atrás la dictadura c iniciar su camino de transición a la democracia. El problema de la Salud Mental y los Derechos Humanos, debía estar entonces presente de una manera destacada en la discusión y el interés de la opinión pública.

Si bien este Seminario estuvo marcado por la necesidad de revelar la verdad de lo ocurrido, no es menos cierto que resultaba fundamental también reunir a todos quienes han sufrido la tortura y a quienes la han estudiado con el fin de combatirla y contribuir así desde ambas perspectivas a una mejor comprensión de sus consecuencias tanto a nivel individual como colectivo: es la tarea de la reparación y la rehabilitación. Hemos pretendido asimismo, discutir las acciones concretas para evitar que los atropellos de los Derechos Humanos, de entre los cuales la tortura es el paradigma más atroz, vuelvan a ocurrir: es la tarea de la prevención de! trastorno socio-político y de la promoción efectiva de la dignidad humana.

El fin de la dictadura no suprime los daños que su imperio durante más de 16 años ha provocado. Habrá que atenderlos. El advenimiento de la democracia no garantiza por si mismo que el respeto de los Derechos Humanos quede automáticamente preservado. Habrá que trabajar por ello, cuidar que ética y política sean cuestiones indivisibles y esta es una tarea de todas las organizaciones sociales y políticas, de todo el pueblo. Profesionales de la Salud y la Jurisprudencia, sin embargo, cargan sobre sus hombros un deber particularmente insoslayable en lo que se refiere a la prevención de la tortura.

El Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo entrega al conocimiento de la opinión publica el presente volumen, que reúne todos los trabajos presentados por profesionales chilenos y extranjeros en este Seminario, en la confianza que represente una contribución efectiva a la tarea éticamente intransable en la que el pueblo de Chile está hoy empeñado: el establecimiento de la Verdad, el encuentro con la Justicia y la construcción de una sociedad basada en el respeto de los Derechos Humanos.


SEMINARIO INTERNACIONAL

TORTURA: 
Aspectos Médicos, Psicológicos y Sociales. Prevención y Tratamiento

Organizadores
Equipo de Salud Mental-DITT
del Comite de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU)

Santiago – Chile

Organización Mundial contra la Tortura (O.M.C.T.) Ginebra – Suiza

Patrocinantes

Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC)
Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE)
Centro de Investigación y Tratamiento del Stress (CINTRAS)

PROLOGO

ANTECEDENTES

SESIÓN INAUGURAL

SYMPOSIUM

Symposium Nº l: Concepto. Orígenes, objetivos y técnicas de la tortura. Agentes ejecutores

La Tortura: Agencia Primaria del Terror. Tito Tricot

La tortura: un enfoque social. Domingo Sánchez

La tortura como Crimen Contra la Humanidad. Andrés Domínguez

Represión Política e Impunidad en la Argentina. Darío Lagos, Daniel Kernec

Acerca de Cinco Ex Torturadores. Eduardo Pérez Arza

Casos Arsenales y Atentados: la dimensión de lo personal y lo social en la tortura. Carlos Madariaga

Incomunicación Prolongada: Otra forma de tortura repercusión psicológica en el individuo. Elisa Neumann, Consuelo Macchiavello

Symposium Nº 2: Efectos médicos, psicológicos y sociales.
Repercusiones sobre el individuo, la familia y la sociedad.

El dolor invisible de la tortura en las familias de exiliados en Europa. Jorge Barudy

Lo igual y lo distinto en los problemas psicopatológicos ligados a la represión política. Mario Vidal

La Tortura como experiencia traumática extrema, su expresión en lo psicológico, en lo somático y en lo social. María Isabel Castillo, Elena Gómez, Juana Kovalakys

Salud Mental y Derechos Humanos. Sergio Lucero

Tortura en el Hospital “Almirante Neff” (Valparaíso): Comunicación de tres casos. Luis Ibacache

Situación de Salud en prisioneros políticos. Algunos efectos de la tortura y reclusión.
Pedro Marín Hernández

Algunos comentarios sobre la experiencia de asistencia urológica en pacientes torturados. Guillermo Sohrens, Fernando Bustamante

Un viaje muy particular. Sergio Vuskovic

Vivir en parejas: Vivencia y elaboración de los traumas. Héctor Faúndez, Mónica Hering, Sara Balogi

Adolescencia en familias reprimidas. Héctor Faúndez, Mónica Hering, Sara Balogi

Symposium Nº3: Asistencia y tratamiento. Diversas formas de abordaje terapéutico.

Daño y reparación: una aproximación conceptual. Gloria Maureira

Efectos psicológicos de la represión en la comunidad universitaria de San Luis. Eduardo Llosa

Experiencia terapéutica integral con niños. Nicolás Zárate

Grupo terapéutico de reencuentro. Mónica Esterio, Lilian Román, María Teresa Almarza

Taller Terapéutico: una experiencia de trabajo grupal en pacientes sometidos a situaciones de violencia extrema. Carmen Contreras, Carlos Corvalán

La comunidad y la asistencia terapéutica en Derechos Humanos. Norberto Liwski

La psicoterapia de la tortura: el valor terapéutico de la solidaridad, la esperanza y la justicia. Jorge Barudy

Trauma, encuentro y significado. Inger Agger, Soren Buus Jensen

El modelo de trabajo de CEPAR: una práctica transcultural. Julio González

Terapia al torturado: una reflexión de una práctica humana. Paz Rojas

Prisioneros políticos: dimensiones psicoterapéuticas de la asistencia jurídica. Sergio Pesutic

Tortura y terapia familiar: discusión acerca de la integración de un enfoque sistémico en un caso de traumatización extrema. David Becker. Elizabeth Lira

Una experiencia de terapia ocupacional con afectados por la represión política. Alejandro Guajardo

Kinesiología y daño psicológico: una experiencia clínica. Patricia Cardenal

Violencia organizada y problemas psicosociales de los refugiados: algunas experiencias en un país de reasentamiento. Dr. Nils Johan Lavik

MESAS REDONDAS

Mesa Redonda Nº1: El daño y la reparación en Salud Mental. La perspectiva de los afectados directos.

Mi experiencia personal con la tortura. Hernán Montealegre

Daño psicológico y social en las víctimas de la represión. Atenas Dedes

Los detenidos-desaparecidos y la Justicia. Sola Sierra

La situación de los presos políticos. Cecilia Acuña

La tortura, el daño y la reparación. Juez Rene García Villegas

Mesa Redonda Nº 2: Acerca de la patología provocada por la tortura: problemas epistemológicos y nosológicos.

Objetividad en ciencias. Juan M. Pérez Franco

Cuestiones epistemológicas. Héctor Faúndez

El problema de las clasificaciones psiquiátricas frente a la patología provocada por la tortura. Rodrigo Erazo

Mesa Redonda Nº 3: Experiencia de trabajo de grupos e Instituciones. Modos de abordaje terapéutico.

Programa terapéutico de FASIC. Una experiencia de psicología viva. Adriana Maggi

Experiencia de trabajo de CINTRAS. Mario Vidal

Estudio prospectivo de los talleres como recurso terapéutico. Sonia Herrera, Gunter Seelmann

El método testimonial como ritual y evidencia en psicoterapia para refugiados políticos. Soren Buus Jensen, Inger Agger

Tortura, exilio y salud mental: nuestra conceptualización. Jorge Barudy

Experiencia de trabajo en el centro psicosocial de Frankfurt, Alemania Federal. Carlos Corvalán

Mesa Redonda Nº4: Aspectos preventivos: experiencia de trabajo con grupos. 
Capacitación y Salud Mental

La tortura desde una perspectiva jurídica. Carlos Fresno

Nuestra respuesta a la situación de tortura institucionalizada. Rosa Parissi

Capacitación y salud mental: una experiencia colectiva. Mónica Peña

En torno al modelo psicosocial de dominación. Jorge Pantoja

Represión, temor y participación. Formación de monitores en Salud Mental. Elisa Neumann, Angélica Monreal

La visita carcelaria: un abordaje terapéutico en grupos familiares de presos políticos. Chetty Espinoza, Myriam George, M. Inés Villar, Gloria Vío Grossi

FORO PLENARIO

Perspectiva para la reparación y para la profilaxis del daño. Cuestiones éticas y jurídicas. Responsabilidades individuales, de grupos profesionales y del Estado.

Reparación y prevención. Perspectiva desde la salud mental. Angélica Monreal

Reparación jurídica. Jorge Mera

Verdad y Justicia desde la perspectiva de los partidos políticos. Fabiola Letelier

Consideraciones éticas. Padre José Aldunate

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “Persona, Estado, Poder. Estudios sobre Salud Mental. Chile 1973-1989”

Palabras de Alfredo Jadresic V.
Palabras de Jaime Castillo Velasco
Palabras de Fernando Oyarzún P.

ANEXOS

Comentario a “Un viaje muy particular” Sergio Vuskovic
La tortura en la formación militar. Miguel González

Introduction (english)
Introduction (francais)


© Este libro fue elaborado y editado por el Equipo de Denuncia, Investigación y Tratamiento del Torturado y de su núcleo familiar (DITT) del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU).

Santiago de Chile, Abril de 1990

El testimonio de experiencias políticas traumáticas: terapia y denuncia en Chile (1973-1985)

El testimonio de experiencias políticas traumáticas: terapia y denuncia en Chile (1973-1985)

ELIZABETH LIRA
INTRODUCCIÓNEn muchos países, al final de las dictaduras y guerras civiles, se han establecido comisiones de la verdad que han escuchado a las víctimas y han reconstruido la historia de las violaciones de derechos humanos ocurridas durante el período examinado. La coincidencia de miles de testimonios ha posibilitado la identificación de los recintos secretos de detención, sus rutinas cotidianas así como los procedimientos represivos y el clima de terror instalado en las víctimas y en la sociedad. El reconocimiento oficial de lo ocurrido ha hecho exigible al estado procurar la justicia y la reparación de las víctimas.

En el caso de las violaciones de derechos humanos en Chile miles de personas dieron testimonio durante el régimen militar denunciando detenciones arbitrarias, torturas, desaparición de personas y ejecuciones políticas ante organismos nacionales e internacionales de derechos humanos, tribunales de justicia, espacios terapéuticos y medios de comunicación entre otros, desde 1973 en adelante. Después de 1990, la Comisión de Verdad y Reconciliación reconstituyó la situación de muertos y desaparecidos por razones políticas (1990-1991) y luego la Comisión de Prisión Política y Tortura (2003-2005) recibió testimonios de miles de personas que fueron detenidas y torturadas entre 1973 y 1990.

La tortura, la desaparición de un familiar, así como sobrevivir a la propia ejecución eran situaciones simultáneamente políticas y personales, identificadas en la mayoría de los casos como experiencias traumáticas. Los represores eran agentes del estado que ejecutaban la política definida por el régimen militar. Los perseguidos eran declarados “enemigos de la patria” y un peligro para la seguridad nacional.

En este trabajo se analiza el testimonio de experiencias políticas traumáticas como instrumento terapéutico en el tratamiento de víctimas de tortura y de otras víctimas de violaciones de derechos humanos durante el régimen militar en Chile. Consideramos como testimonio el relato personal realizado por quien ha sido protagonista de hechos que tenían implicaciones sociales, políticas o criminales entre 1973 y 1990 y que ha sido testigo de lo sucedido a otros que compartían su situación. En este contexto, el testimonio de la experiencia represiva comprende el relato descriptivo o en primera persona acerca de la detención, los interrogatorios y la reclusión de quien estuvo preso por motivos políticos. En los casos de detenidos desaparecidos o ejecutados políticos el relato suele ser realizado por un familiar. Casi siempre incluye la situación de detención, la desaparición o ejecución de su hija o hijo, de su padre o madre y de su compañera o compañero y las acciones realizadas para encontrarlo y conocer las circunstancias de su muerte y las consecuencias de esta situación sobre los miembros de la familia.

La primera parte del trabajo describe la función terapéutica del testimonio. En la segunda parte se analiza la función social del testimonio al ser utilizado para denunciar las violaciones de derechos humanos.


PSICOTERAPIA Y REPRESIÓN POLÍTICA

La modalidad de trabajo que describiremos fue una de las respuestas de los profesionales de salud mental ante las consecuencias de las violaciones de derechos humanos sobre las personas y las familias. Es importante recordar que el régimen militar se inauguró con una política de represión masiva contra los partidarios del gobierno derrocado. El país fue declarado en estado de guerra interna y se suspendieron las garantías y derechos individuales. Más de cinco mil personas fueron detenidas entre el 11 y el 13 de septiembre de 1973 a lo largo del país y más de dieciocho mil fueron detenidas en los meses siguientes.1 La mayoría de los detenidos fueron torturados brutalmente durante horas, días o semanas. Miles de personas partieron al exilio. Muchas fueron ejecutadas sumariamente. Otras desaparecieron después de ser detenidas.

Esta situación llevó a representantes de diversas denominaciones religiosas a crear en octubre de 1973 el Comité de Cooperación para la Paz, con el fin de otorgar defensa legal a los perseguidos. Durante 1975 se creó la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC). En enero de 1976, la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago sustituyó al Comité Pro Paz disuelto por presiones del régimen. Esas instituciones proporcionaron asistencia legal y humanitaria a las personas que solicitaban ayuda.

Se constataba día tras día que la represión política tenía efectos devastadores sobre las personas y sus familias. Por ello, algunos profesionales de salud mental empezaron a proporcionar atención de emergencia en sus consultas particulares como parte de la red de apoyo creada en los organismos de derechos humanos. Solamente en septiembre de 1977 se inició en FASIC el Programa Médico Psiquiátrico formado por médicos psiquiatras, psicólogos y asistentes sociales.2

Las personas que consultaron en 1977 y 1978 en su mayoría eran presos políticos que habían sido condenados en consejos de guerra y tramitaban la conmutación de la pena de cárcel por extrañamiento, es decir, debían partir al exilio acogiéndose al decreto ley 504, de 1975.3 En pocos días salían de la prisión, se reunían con la familia y emigraban. En la mayoría de los casos era posible realizar sólo una o dos sesiones, individuales, familiares o grupales según los casos. Se trabajó principalmente en grupos caracterizados como “grupos de orientación al exilio” formados por ex presos y sus familias. Los participantes pudieron hablar del impacto de la represión política sobre sus vidas, principalmente acerca de los efectos de la tortura. Hablaron de sus temores e incertidumbres y pudieron anticipar también las dificultades del exilio que se avecinaba. Un número cercano a los cinco mil presos políticos conmutaron la pena de cárcel por el exilio según el decreto ley ya mencionado y tramitaron a través de FASIC su salida del país entre 1975 y 1980. Cerca de seiscientos recibieron atención psicológica (familiar, grupal o individual) entre 1977 y 1980.4

El atropello a la dignidad personal, la situación de amenaza generalizada y el desamparo legal y social había afectado a las familias de distintas maneras. El prisionero político había pasado mucho tiempo separado de su familia, recibiendo visitas esporádicas bajo condiciones de extremo control, desconociendo muchas veces los detalles de lo que les había ocurrido a sus familiares después de su detención y había temido por ellos. A su vez, la familia había presenciado con impotencia la detención, la incomunicación y la reclusión de su familiar y temía por su integridad física y psicológica y por su vida. La incertidumbre, el temor y la inseguridad se sumaban a la confusión ante las acusaciones oficiales difundidas por los medios de comunicación acerca de que el padre, el esposo o esposa, la hija o hijo, el hermano o la hermana era un delincuente que había cometido los peores crímenes. Los problemas económicos, el aislamiento, los miedos y las rabias circulaban entre las familias, y los conflictos entre sus miembros se agudizaban.

La mayoría de los ex presos señalaban que necesitaban reivindicar su dignidad y su honor. Habían carecido de las más elementales condiciones procesales y habían sido acusados de los peores crímenes en nombre de la defensa de la patria, estigmatizándolos como delincuentes. Requerían ser reconocidos como protagonistas y militantes de un proyecto de cambio social y político legítimo y no como gestores de un proyecto criminal.

Los profesionales observaban que la realización de denuncias y acciones en los tribunales exigiendo justicia favorecían la recuperación moral y psicológica de los afectados. Por esta razón se consideró la posibilidad de elaborar la denuncia en el contexto del proceso terapéutico que incluía atención médica integral, medicación y terapia ocupacional, entre otras. El objetivo primordial de la intervención era aliviar los síntomas y permitir a las personas restablecer sus vínculos afectivos y sociales, recuperando el control sobre su vida.

La propuesta de grabar el testimonio fue acogida con gran interés por quienes consultaban. La grabación era percibida como una forma de registro permanente de su experiencia que confirmaba que aquello les había sucedido “efectivamente”, contradiciendo la negación oficial de la tortura y, en muchos casos, de la detención, no obstante existir testigos de la misma.

El testimonio era un proceso penoso y al mismo tiempo aliviador. La grabación se transcribía y se trabajaba con el texto en algunas sesiones, volviendo sobre el relato y sus detalles, sobre las emociones, sobre la tristeza, la culpa. El testimonio era finalmente el documento que encerraba la historia de la persona tal y como quería comunicarla. Esta forma de trabajo fue implementada principalmente en los casos de presos políticos torturados y se fue adaptando a los requerimientos de los pacientes y a la mejor comprensión acerca de su función terapéutica. En 1980 se analizaron los resultados obtenidos en los primeros casos atendidos y se revaluaron en 1981. Esta experiencia psicoterapéutica y sus resultados fueron publicados en los años siguientes.5

La atención de víctimas de la represión política tenía un fuerte impacto moral y emocional sobre todos aquellos que trabajaban con las víctimas. Ese impacto era encauzado hacia el cuidado y la protección de la vida de las personas y también hacia la necesidad de denunciar lo que sucedía ante los tribunales, ante las iglesias, la opinión pública nacional e internacional, entre otros.6 Las denuncias enfatizaban las secuelas que se advertían en las personas y en las familias, en particular los efectos traumáticos que persistían en el tiempo y se buscaba impedir que continuara la represión política.7 De esta manera, la denuncia canalizaba parcialmente la rabia y la violencia asociada a este tipo de casos, no solamente para los consultantes sino también para los abogados, terapeutas y trabajadores de derechos humanos.

PSICOTERAPIA Y MEMORIA

La psicoterapia para las víctimas de la represión política era un ámbito profesional desconocido. Fue necesario investigar sobre diagnóstico y tratamiento en situaciones relativamente afines tales como las situaciones de persecución durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos de esos estudios documentaban la sintomatología observada en ciertos casos clínicos, pero muy pocos se referían a los procesos terapéuticos. Eso hizo necesario rastrear en los trabajos que dieron origen a la investigación clínica y terapéutica sobre el trauma a mediados del siglo XIX. Se trataba de casos de mujeres jóvenes que presentaban una sintomatología angustiosa, cuadros de parálisis parcial no vinculados a las estructuras neurológicas correspondientes o cegueras repentinas sin que fuera posible atribuirlas a algún daño sensorial. Se trataba de patologías invalidantes que resultaban incomprensibles para el conocimiento científico de ese entonces. El significado de la sintomatología no era claro, aunque los médicos consideraban que ese comportamiento se debía a “algo mental” de origen emotivo. Las hipótesis de diagnóstico y tratamiento se fueron construyendo sobre la base de atribuir el origen de la “enfermedad” a una experiencia intolerable que no había podido ser procesada psicológicamente. En consecuencia, se requería encontrar modalidades de tratamiento que permitieran acceder a esa experiencia. Esta manera de aproximarse a los casos surgió durante la segunda mitad del siglo XIX, en el hospital de la Salpêtrière de París. El médico neurólogo Jean-Marie Charcot trabajaba con esos casos y buscaba la manera de comprender y tratar esa patología. Atribuía gran importancia terapéutica a la posibilidad de recordar lo sucedido y para ello utilizó la hipnosis. Se pudo observar que en estado de trance la persona “recordaba” lo que hoy sería caracterizado como “el hecho traumático”.8

La mayoría de los casos atendidos remitían a experiencias de abuso sexual u otras experiencias conflictivas vinculadas a la sexualidad. Las pacientes eran mujeres y el diagnóstico global fue “histeria”, connotando una vinculación específica a la sexualidad femenina. En muchos casos parecía que la experiencia sufrida había constituido una amenaza existencial de gran envergadura. Se suponía entonces que el origen del trauma se vinculaba a un conflicto moral y psicológico (de origen religioso o cultural) asociado a una experiencia sexual principalmente abusiva. La persona disociaba el recuerdo de la experiencia vivida y de todos aquellos elementos significativos vinculados a ella, intentando funcionar como si aquello no hubiera sucedido jamás. Suprimido el recuerdo solamente quedaban los síntomas que expresaban de manera aparentemente “incomprensible” la huella de esa experiencia intolerable.

Aunque inicialmente el objetivo del tratamiento era acceder a la experiencia traumática y a las emociones que habían sido reprimidas, en la hipnosis el recuerdo se producía en un estado alterado de conciencia y aunque desencadenaba emociones de gran intensidad, no modificaba el estado mental de la paciente. La imposibilidad de acceder posteriormente al recuerdo recuperado bajo hipnosis hacía que lo que se había “descubierto” se mantuviera disociado y permaneciera reprimido, es decir, continuara en el “olvido”.

Sigmund Freud, que había estado en el hospital de La Salpêtrière en París trabajando con Charcot, descartó posteriormente la hipnosis y exploró otras alternativas, utilizando finalmente la asociación libre y desarrollando, hacia fines del siglo XIX, el psicoanálisis como práctica clínica y teoría psicológica. Su trabajo clínico con este tipo de casos describió cómo el recuerdo reprimido rescatado de las profundidades del olvido era clave en el proceso de mejoría. Observó que la catarsis asociada al recuerdo producía un alivio ostensible, aunque casi siempre transitorio. Concluiría más tarde que los síntomas desaparecerían y el alivio podría ser duradero si ese recuerdo llegara a formar parte de un saber del sujeto sobre sí mismo y su historia. Era necesario que la persona comprendiera cuándo y cómo esa experiencia había amenazado su existencia y cómo el síntoma “traducía” el significado de la experiencia y, al mismo tiempo, la defensa y la “negociación” psicológica para sobrevivir, lo que implicaba asumir y elaborar el significado de la experiencia y no solamente “recordar” lo sucedido, que era lo que ocurría en la catarsis.9

Atribuíamos importancia a esta discusión por sus analogías con algunos aspectos de las situaciones que enfrentábamos. Sin embargo, una diferencia importante era que no estábamos trabajando con memorias suprimidas y olvidadas por completo. También trabajábamos con fragmentos de memorias penosas y persistentes que abrumaban a las personas cotidianamente. Se trataba de un pasado reciente que para muchos no llegaba todavía a ser pasado sino que era vivido como un presente traumático. La intervención terapéutica se realizaba sobre memorias vivas y al mismo tiempo sobre memorias disociadas. Nos parecía que era necesario recordar, verbalizar y nombrar, pero a veces era imposible: no había palabras. Sin embargo, hablar y decir permitía ordenar en parte las dimensiones caóticas y fragmentadas del recuerdo. Pero la palabra y la memoria estigmatizaban y aislaban a las víctimas. Pocos querían escuchar y saber lo que les había sucedido. Muchos negaban. Otros se angustiaban y se llenaban de miedo y tampoco querían saber. Un silencio general rodeaba a la represión política como si aquello solamente existiera en la mente de las víctimas.

EL TESTIMONIO COMO INSTRUMENTO TERAPÉUTICO (1978-1982)

La psicoterapia de las víctimas de la represión política, en particular de quienes fueron torturados y estuvieron presos durante varios años, permitió identificar un hecho central: para muchos de ellos, el compromiso político constituía el eje más significativo de sus vidas y había jugado un papel decisivo en su capacidad de resistir las atrocidades. Esa capacidad de enfrentar lo insoportable surgía del valor de aquello por lo cual se había luchado y se había amado más que la propia vida.10 A su vez, la pérdida que significaba la derrota del proyecto político en lo personal, se asociaba y subordinaba a la pérdida sufrida por la sociedad chilena.

Para algunos la percepción de derrota era acompañada también por una disposición a reflexionar sobre su responsabilidad en el fracaso de dicho proyecto, buscando repensar y proyectar su vida ante el cambio de escenario político que cambiaba su lugar y su poder. Otros subrayaban la angustia ante “la muerte y la pérdida” del proyecto político, como si la suerte del país y la suya propia fueran una sola y misma cosa. Esa percepción de pérdida irreversible desmoronaba sus defensas y el sentido de su resistencia ante la catástrofe vital experimentada. Algunos se aferraban a las prácticas partidarias como si la rigidez de los rituales garantizara la permanencia del proyecto y el sentido de sus vidas. Era angustioso para ellos percibir que carecían de control sobre muchas situaciones que los afectaban vitalmente y que estaban expuestos a nuevas detenciones o a perder la vida o tener que salir del país para protegerla.

Por su parte, la violencia represiva y la indefensión generalizada habían producido desconfianza e inseguridad en la relación con los otros y consigo mismos. En muchos casos se alteraba el juicio de realidad. El miedo afectaba el pensamiento y las funciones cognitivas básicas, dando crédito a rumores que aumentaban la inseguridad.

La ilegalización de los partidos políticos de la Unidad Popular y de muchas organizaciones sindicales y sociales había destruido las redes sociales en las que estaban insertos. Muchos perdieron sus trabajos y sus medios de vida, empobreciéndose dramáticamente. Todo ello contribuía a que muchos se abrumaran y se aislaran, corriendo el riesgo de interiorizar lo que les ocurría como una pérdida insuperable, dándose por vencidos.11

La situación terapéutica podía constituir una suerte de tregua, un espacio en el que se podía hablar y se podía pensar. Para ello era fundamental establecer un vínculo de confianza que pudiera contener el dolor y la rabia y que permitiera proyectar la propia vida bajo estas nuevas y adversas circunstancias.

Los fragmentos siguientes de los testimonios de José, Pedro y Diego, quienes fueron presos políticos entre 1973 y 1978, ilustran las posibilidades de esa elaboración. Todos ellos habían sido condenados de por vida. Cuando fueron atendidos, habían optado por conmutar la pena de cárcel por exilio y estaban por salir a los distintos países que les habían otorgado visa. Se iban a separar después de haber compartido casi cinco años de cárcel y de haber pasado juntos los interrogatorios y torturas. En ese sentido, sus testimonios fueron resultado del diálogo que sostuvieron entre sí, a propósito de la represión padecida y sus consecuencias pero también por la separación forzosa debido a la partida al exilio. La elaboración de la experiencia represiva vivida había ocurrido entre ellos durante los largos años de reclusión.

Dijeron que se habían preguntado muchas veces acerca de “quién soy, qué me pasó, qué me perturba, qué me duele, dónde estoy y para dónde voy”. Los hechos vividos fueron entramados por cada uno en un relato escueto que, si bien soslayaba en parte aquellos aspectos que sentían que los desmoronaban, a la vez proporcionaban, por su concisión misma, las claves de su supervivencia.

El relato grabado fue transformado en un testimonio, excluyendo aquellos aspectos más íntimos y penosos que habían sido comunicados en las sesiones. Separaron lo íntimo y privado de aquello que, aunque también era personal, consideraban que formaba parte de lo público y social.12

José, militante socialista, detenido el 30 de septiembre de 1973.

Yo soy José, tengo veintinueve años, nací en el campo cerca de Chanqueahue. […] Llegué a ser miembro de la seguridad del presidente Allende. Llega el 11 de septiembre y se acaba todo. Caí como todos los compañeros en una situación de inseguridad, en la cual no se sabía qué hacer. […] Muchos compañeros determinaron entregarse [voluntariamente]. Según alegaron, no había que resistir, y se entregaron; de ellos, cuatro fueron liquidados al poco tiempo; Otros [que fueron encontrados y detenidos] fueron encarcelados, entre ellos, yo. De los encarcelados hubo fusilados sin sentencia, veintiséis fueron muertos.

A todo esto yo no me quise entregar. Me fui de mi casa, bueno, era una reacción natural si se quiere dentro de uno, de lo que uno conoce. [Se había ocultado para evitar su detención]. Fui detenido en el pueblo por prevención [en un operativo] por carabineros, y de ahí trasladado a distintos retenes, comisarías, hasta llegar a la Dirección General de Investigaciones. Posteriormente, el mismo día me trasladaron al Estadio Nacional, donde estuve más o menos, durante cuarenta y cinco días. De ahí fui trasladado a la Oficina Salitrera Chacabuco. Posteriormente, quince días después, al Regimiento de Calama. Bueno, ahí empezó un proceso en el cual yo no tuve participación, sino que fui como el hombre que necesitaban, porque si al interrogarme de una forma decía lo que tenía que decir, no lo creían. Si hubieran querido interrogarme para conocer alguna cosa, lo habrían hecho, pero no lo hicieron, me interrogaron tres veces, pero una fue para preguntarme, la otra para golpearme. Sin preguntar nada.

Después de eso viene el proceso, según ellos. […] Bueno, de partida ningún hecho comprobado: que tuve un viaje a Cuba, que fui a aprender artes marciales, actividad guerrillera –absolutamente falso, no lo podía comprobar yo ni ellos tampoco–, la situación de ser miembro de la seguridad del Presidente Allende. Se sabía que era miembro de la seguridad, pero buscaban otras actividades que no eran las de seguridad, sino asaltos y cosas así, nada que ver. Después de eso viene el Consejo de Guerra y en seguida una condena a muerte, firmada y todo; después la intervención –creo yo– del arzobispo. Me rebajaron la condena a perpetua. Después de un año y meses que estuve encarcelado me trasladaron por razones de seguridad a Copiapó; estuve quince días en Iquique, de paso. En Copiapó estuve dos años y tantos, con lo cual hice cuatro años, cuatro meses y días más. Solamente estuve libre desde el 11 hasta el 30 de septiembre de ese año. […]

Toda nuestra situación ha sido tan terrible, ¡y cómo se ha cumplido en parte lo que pretende la Junta! Aquí, si no se puede matar en todo sentido, se trataba de hacer que cada uno viera cada cantidad de problemas que desembocaban en llegar a pensar que la vida no tiene ningún brillo, que no tiene valor, cuando somos nosotros los que le damos ese valor; pienso que prácticamente ése es el logro de lo que la Junta quiere: llevarnos a esa condición de quebrarnos así.

Es lamentable, para mí es lamentable, porque muestra que han logrado en parte lo que querían, y muestra cómo fue tan terrible lo que pasó el 11 de septiembre. Las organizaciones, todos los compañeros quedaron prácticamente desarticulados, y generalmente se cayó en el aislamiento, y el aislamiento fue debilitando a los compañeros, los fue llevando a centrarse en sus problemas, vivir para sus problemas, hasta llevarlos a sentirse inútiles, cuando siempre somos útiles, somos útiles de una u otra manera, y la vida siempre tiene valor, siempre es bonita, todo depende de cómo nosotros tratemos de encontrarle ese valor.

Pedro, funcionario público, detenido el 11 de septiembre de 1973.

Me llamo Pedro U. Tengo treinta años. Nací y me crié en Rancagua. Estuve preso y salí recién. Cuando me encontré fuera de la cárcel tuve una depresión nerviosa, porque me “quise comer la calle”, por usar un término así. Salí de la cárcel, fui donde mi familia, estuve un par de horas ahí y me dieron ganas de salir y recorrer Rancagua de punta a cabo, y anduve y anduve y anduve mirando, no sé, una cuestión media rara, porque salí medio diferente de la cárcel, fue así como un shock el que tuve. Salí medio diferente y sentía como que eso era mentira, era mentira todo lo que estaba viendo. Posteriormente me vine a Santiago y aquí ha sido verdaderamente terrible pasear, caminar, me he ido al paseo Ahumada, he visto, no sé, me da la impresión de ver en la gente cierto automatismo de indiferencia, el trabajo de las hormigas, que no es un trabajo consciente sino que es un trabajo mecánico. Entonces después que llego a la casa como que llego cansado, agobiado, me agobia este trabajo de hormigas, si lo pudiéramos llamar así, tan indiferente, tan frío. Y cada uno va por la calle, se mete a un negocio, sale a tomar la micro y si muere alguien al lado, a nadie le importa; si alguien está pidiendo una limosna, no importa, y si sale en los diarios un asesinato que hay que condenar, a nadie le importa. Y cuando hablan, por ejemplo, lo de Aldo Moro, las declaraciones de gobierno, yo digo: ¡qué cinismo! ¡Cómo repudian esto y todas las cosas que han hecho ellos, que uno ha visto, la experiencia misma de uno! […]13

Lo otro es que, para mí, Santiago es estar solo. Es estar metido entre dos millones de personas, solo; estar en un recinto apretado de gente, pero solo. Yo pienso como la gente de provincia que viene a Santiago. Uno siente que aquí en Santiago son todos más o menos parecidos, que en el centro la gente se comporta como robots, con cara de robots, de cadáveres. Lo otro es la hipocresía, del que dirá “yo no entiendo tanta hipocresía, para qué?”; eso a uno lo deprime y es mejor no pensarlo, porque si uno se pone a ver todo lo que escriben los diarios, digamos, es claramente programado, ¡y cómo mienten, cómo pueden ser tan hipócritas! Lo mismo en la televisión cuando dan informaciones, yo digo cómo se sentirán ellos, cómo se sentirán como personas, ¿sentirán que están haciendo la historia? ¿Se sentirán los salvadores de Chile? ¿Los salvadores del país? Me imagino que sí.

Seguramente la historia no nos va a nombrar, no nos va a individualizar, pero en una u otra medida, nosotros somos entes partícipes de un momento histórico, de un proceso, y actualmente somos todavía partícipes de la historia, la historia no nos ha dejado de lado, tan sólo si nosotros mismos nos apartamos de ello. Entonces toda la experiencia nuestra debe ir encauzada hacia allá, a ubicarnos nosotros mismos dentro de nuestra vida futura y dentro de toda la vida de este pueblo.
Diego, veintisiete años, condenado a muerte por Consejo de Guerra.

Tenemos una situación adversa –la realidad es adversa, es terrible–, que nos lleva a provocar las crisis en nuestro interior, en nuestras ideas, en nuestras aspiraciones; si nosotros no entendemos esa realidad como un elemento antagónico que nos permite poder enfrentar nuestra propia vida, frente a eso estamos sonados, estamos fritos. Porque si uno cae preso, el mundo sigue igual; cuando a uno lo están interrogando, [uno] sabe que le están poniendo corriente, y afuera la gente está caminando, comprando en la feria o qué sé yo. O sea, eso es lo terrible de descubrir, o sea, el poco significado o la poca importancia que tiene la vida. Realmente la vida no tiene ninguna importancia, la importancia se la da uno, y esa importancia se la da uno en la medida en que uno vea las cosas y las exprese con una mayor dosis de equilibrio, de sentido común, de unidad de criterios. Y en el matrimonio yo creo que eso es importantísimo, lo esencial; por eso que las decisiones del matrimonio mismo, incluso lo que se quiere poner o lo que se quiera hacer, por muy particular que uno lo crea, debe hacerlo ver a la compañera, debe hacerlo ver a la otra persona porque es lo único que nos permite desprendernos un poco y conocernos.

Yo creo que es un asunto muy difícil de superar en la pareja, en el matrimonio. Es reconocer la crítica de la compañera; para mí, mi mujer es antes que nada una compañera; es compañera y la compañera con mayúscula. Yo entiendo el sentido de compañera, lo entendí estando preso, lo entendí cuando la llevaron detenida y la interrogaron, lo entendí cuando me amenazaron con matarla, y lo entendí cuando me amenazaron con llevarme la guagua para meterle corriente, tenía 4 meses. Lo entendí cuando me fue a ver a la fiscalía cuando aparecí por primera vez; lo entendí cuando fue por primera vez a la cárcel y vi la forma en que la registraron, y cómo la tocaban; cuando viajaba hasta allá lloviendo, comprendí el sentido de la palabra compañera. Es decir, antes no captaba; sabía lo que era, porque era mi compañera, porque estaba conmigo, pero lo entendí, mejor dicho, verdaderamente ahí, en ese momento: antes que nada mi mujer es mi compañera, no es propiedad mía.
Como instrumento terapéutico, el testimonio permitía restablecer las capacidades del yo de la persona que eran necesarias para iniciar un proceso psicoterapéutico. El testimonio conectaba a la persona con sus sentimientos y daba lugar a una catarsis. Dicha catarsis era penosa, violenta, y casi irreal. Podía ser considerada como el inicio de un viaje hacia el pasado que permitía reconocerse en una historia que era propia aunque en ese momento fuera percibida en muchos aspectos como ajena.

En las sesiones, la comunicación reconstituía los hechos de la experiencia represiva así como la historia personal en todas sus dimensiones. El trabajo de elaborar el documento del testimonio daba lugar a una profundización de su contenido. Finalmente se transformaba en la expresión material de una etapa del trabajo realizado. El documento quedaba en poder de la persona y en la carpeta personal que permanecía en la institución. A veces con su nombre e identificación completa. A veces utilizando un seudónimo para proteger su identidad.

En algunas situaciones el testimonio tenía mayor valor terapéutico que en otras. Los ex presos políticos y los torturados experimentaban un alivio importante al comprender mejor cómo la represión y la tortura se habían instalado en sus vidas, y cómo, por otro lado, a pesar de que sus consecuencias los acompañarían por largo tiempo, paradójicamente, la tortura no era “personal”. Torturador y torturado no se conocían previamente; cada uno representaba los “bandos” en conflicto en la sociedad. La crueldad y la intimidad del dolor y la muerte compartidas entre extraños y “enemigos” daban cuenta del conflicto profundo existente en la sociedad, que tarde o temprano habría de volver al espacio público donde se había originado, y donde podría empezar realmente la reparación de las víctimas.


SOBREVIVIENTES DE EJECUCIÓN

La experiencia de sobrevivientes de ejecución es distinta a las de los presos políticos. Al parecer no más de cinco ejecutados sobrevivieron a esa experiencia. Dos de ellos, Lázaro y María, consultaron entre 1979 y 1980.14

Lázaro era un dirigente sindical campesino, de cincuenta y cinco años de edad en el momento de la consulta. Relató haber estado detenido durante nueve días en un recinto policial y luego en un regimiento, de donde fue sacado y llevado en la mitad de la noche a un puente donde fue fusilado el 26 de septiembre de 1973, y arrojado al río. Los impactos de bala no le afectaron órganos vitales y permaneció herido en el lugar, escondido entre matorrales. Caminó durante tres noches hasta llegar a su casa. Permaneció oculto en una pieza durante cinco años, en condiciones de extrema pobreza. Allí sobrevivió gracias al apoyo afectivo de su familia y al compromiso de todos ellos de no comunicar su presencia a nadie, lo que cumplieron incluso los hijos menores que todavía no iban a la escuela.

Un día supe que uno de los tres más pequeñitos –el mayorcito– se pasaba llorando, se pasaba tardes enteras llorando porque el papá se había muerto, entonces el otro lo consolaba. Le decía, “no llorís, Coné” –porque así le decíamos, Coné–, “no llorís Coné que el papito no está muerto”. Tampoco sabía el que lo estaba consolando que yo estaba vivo. Así es que cuando supe que se la pasaba llorando, le dije a mi señora “mira, aquí yo me voy a arriesgar el todo por el todo, porque no vamos a dejar que se enfermen, les vamos a decir que estoy vivo”. Entonces fue la mamá, los llevó al comedor y les dijo “miren, el papá […] el papá no está na’ muerto, el papá está por allí, va a llegar ligerito aquí a conversar con ustedes”. Los fue preparando, entonces luego los trajo y ahí tuvimos una alegría enorme, no se puede decir de otra forma, no hay palabras para esas cosas.
El trabajo terapéutico se desarrolló entre octubre y noviembre de 1979. Apuntó a reconstituir la historia personal, desde la niñez, la vida sindical, las opciones políticas, así como la represión padecida. Los primeros destinatarios de su testimonio fueron sus hijos. Empezaba su historia diciendo:

Yo conocía la miseria desde muy pequeñito; quizás va a parecer mentira, pero a los dieciocho años aún no me había puesto zapatos […]. Les cuento que en mi casa sólo había un catre, una sola cama, donde dormían mi padre y mi madre, los demás dormíamos en el suelo, en payasas de hojas de choclo, hechas con sacos de cáñamo […].

[…] Las miserias que uno ha vivido no se olvidan, y todavía más, si esas miserias después de treinta años de vida sigue viéndolas en otros niños, sigue viendo a estas familias campesinas tan pobres como uno ha sido, entonces empieza a pensar uno ¿quién tiene la culpa de esta situación? ¿Por qué existe esto? ¿Es verdad que es la borrachera de los campesinos la que los mantiene en la pobreza, o es que no se les da el pago suficiente por su trabajo? Y cuando uno empieza a comprender que no es la flojera de los campesinos, que no es la borrachera lo que los mantiene pobres, sino que es la injusticia, entonces ya uno no tiene miedo de luchar, ya sabe quiénes son los culpables.

[…] No recuerdo muy bien la fecha, pero me parece que fue el año de 1965, cuando por primera vez hablé con un patrón en nombre mío y de otros trabajadores. Fue para reclamar el pago de veintitrés horas de trabajo extraordinario que se nos adeudaba. Esto que, dicho así parece tan fácil y simple, en ese tiempo era tan peligroso como tirarle la cola a un león.
Al momento de consultar, Lázaro y su familia estaban decidiendo qué hacer con sus vidas. Debido a la situación extrema padecida por esta familia, les habían ofrecido visas para un país europeo. Tenían temor de permanecer en el país y también temían verse obligados por las circunstancias a salir al exilio. Las historias compartidas entre el padre, la madre y los hijos acerca de lo que vivieron y sintieron en todo ese tiempo tuvo un efecto catártico para todos. Posibilitó hablar acerca de las fantasías y temores que habían tenido y les permitió entender el compromiso político del padre y el sentido de su lucha sindical. Tomaron la decisión de permanecer en Chile, a pesar de las adversidades y la pobreza y de la eventual persecución que les significaba seguir viviendo en el campo, y bajo la dictadura.

María, tenía algo más de cuarenta años al consultar. Había sido alcaldesa de un pueblo en el sur durante el gobierno de Salvador Allende. Fue fusilada el 18 de septiembre de 1973 en un puente cerca de su casa. No le alcanzaron los impactos de bala, pero cayó al río. Su esposo fue fusilado con ella y fue arrastrado por las aguas. Ella sobrevivió oculta en diversos lugares y sus hijos fueron internados en hogares de menores por las autoridades de la época. María experimentó un grave trastorno emocional y una pérdida de memoria que la llevó por algunos años a ignorar su nombre, y a olvidar totalmente la experiencia vivida. La terapia duró casi dos años. Al inicio, solamente recordaba la detención y la ejecución. La parte del testimonio que citamos a continuación fue realizada en enero de 1980, algunos meses después del inicio de la terapia.

En la comisaría no me interrogaron absolutamente para nada; me pidieron nada más el nombre, el número de carnet. Conmigo, al comienzo, llegaron mansos, pero sí llegaron a allanarme la casa; en el allanamiento de la casa me hicieron pedazos los colchones. Yo los tenía tapizados; ésos los partieron a lo largo, atravesados, porque ellos creían que entre el tapiz estaban las armas, y los colchones los hicieron pedazos, los plumones, porque allá se usa la pluma, los abrieron. Las cosas las dejaron de una manera terrible, no le dejaron una cama a mis hijos para que duerman, una cama, porque yo les tenía plumones a todos mis hijos. Y después que destruyeron todo, nos llevaron y dejaron a mis hijos mirando y llorando.

Y el sargento tuvo la sinvergüenzura de decirle a mis hijos “los otros ya lloraron, ahora les toca a ustedes llorar”. Se lo dijo a mi niñita de seis años. ¿Qué sabría esa criatura? ¿Qué sabría la otra de ocho años? ¿Qué sabría el otro de diez años? ¿Qué sabría el otro de doce años? ¿Qué sabrían? ¿Tendrían ideas ellos?

Estuve ahí desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche, estuve en el retén. Finalmente llegó un cabo de carabineros y abrió el calabozo y me dijo: “Señora, salga”. Salí. “Pase al despacho.” Pasé al despacho. En un papel en blanco ordinario que estaba en el libro me hicieron firmar y me pidieron el carnet y pusieron el número del carnet ahí, y el carnet se perdió porque no me lo entregaron. Y así lo hicieron con todos.

Como a las doce de la noche dispararon dos tiros de metralletas al aire, ése fue el aviso para que llegara el grupo que nos venía a buscar y para atemorizar a la gente de la comuna. Echaron a los hombres a patadas y a culatazos dentro del vehículo y a mí me mandaron un culatazo y de ladito me echaron para adentro. Andaríamos en vehículo como dos horas, porque es lejos, y otra es que se fueron por caminos desviados para emborracharnos a nosotros.
Lázaro y María habían sobrevivido a la propia ejecución. En ambos casos se trataba de una experiencia extraordinaria. Estar inerme ante la arbitrariedad, el despojo y la inminencia de la muerte llevó a María a condensar toda su vida en una sola vivencia, olvidando todo el resto y perdiendo hasta la noción de su identidad. La miseria, la persecución, el temor permanente de ser encontrada y asesinada, coexistían en ella con una angustia cuyo origen no podía recordar. El testimonio de María se fue elaborando paulatinamente durante casi dos años. Cada cierto tiempo se recapitulaba en la medida en que habían surgido los recuerdos. En ese tiempo pudo recuperar la relación con sus hijos y empezó a vivir con uno de ellos. Al tener un lugar donde vivir e iniciar acciones legales por lo que le había sucedido, María mejoró notablemente.

Lázaro y María hablaron de su vida antes de la dictadura y de su quehacer social y político; de sus esperanzas y proyectos; de la ejecución frustrada, de la angustia ante la muerte y de la azarosa supervivencia posterior. Cada una de esas etapas era relatada como parte de su propia vida, pero al mismo tiempo como una experiencia muy distante, disociada y casi ajena. Lograron ponerle palabras a su historia a pesar de la angustia y de la sensación de irrealidad que los acompañaba al recordar lo sucedido. La estabilidad emocional alcanzada con tanta dificultad no se sostenía únicamente en el testimonio sino también en otras herramientas terapéuticas. Entre ellas era crucial el apoyo social para resolver las condiciones de vivienda, alimentación, vestuario y trabajo. Finalmente, ambos revalorizaron sus afectos y su vida de familia, dándoles prioridad en las metas que se propusieran para el futuro.

EVALUACIÓN RETROSPECTIVA DEL TESTIMONIO

El testimonio se iniciaba casi siempre con la individualización del protagonista como miembro de una familia, como un ser humano activo y participativo en organizaciones sociales y políticas. Se recapitulaba su trayectoria y pertenencia política y su motivación social. En ese contexto se recogía la denuncia de los hechos represivos que le afectaron. Ello permitía subrayar la condición de persona y protagonista de una historia política y social de quien había sido víctima de la represión del régimen. A su vez, daba cuenta de los efectos de la tortura y la represión sobre personas concretas y sus familias, así como sobre determinados grupos políticos y redes sociales.

Más de veinte años después, me parece que el testimonio fue terapéutico para quienes consultaron en esos momentos. La experiencia represiva reciente abría la posibilidad de profundizar en las emociones asociadas a las pérdidas que amenazaban sus vidas y sus condiciones de vida. Para muchos era la pérdida del empleo o la vivienda; del derecho a vivir en su patria, al buen nombre y dignidad y al derecho a luchar por sus valores y creencias. A su vez, situar la experiencia represiva en el contexto de la vida y del compromiso político de la persona, permitía relacionar dimensiones afectivas personales y dimensiones político sociales, habitualmente muy disociadas, lo que contribuía a potenciar los recursos personales y facilitaba una mejor convivencia cotidiana al interior de la familia.

Un aspecto crucial era el vínculo terapéutico que permitía contener experiencias brutales y devastadoras, restableciendo poco a poco la confianza básica y la posibilidad de un vínculo humano confiable, estable y cálido.

En otro plano, las autoridades negaban la práctica de torturas y la represión política. Es más, después de 1977 los detenidos que eran liberados de los recintos secretos de interrogatorio eran obligados a firmar una declaración reconociendo haber sido bien tratados y no haber sido torturados. Estas negaciones oficiales tenían consecuencias muy perturbadoras sobre los afectados. Contrarrestar esos efectos requería confirmar la realidad de los hechos y la realidad de la experiencia de la persona. Esa confirmación se lograba a través del testimonio permitiendo restablecer en parte el juicio de realidad sobre lo sucedido. A su vez, el documento como tal posibilitaba difundir esa experiencia sin tener que volver a relatarla una y otra vez. Era una forma simbólica de poner “en el afuera” algo que se había experimentado internamente y que no había sido posible expresar en palabras durante largo tiempo. Algunos mencionaban que querían fijar la experiencia “tal como fue” antes de que se desvaneciera por efecto del olvido o simplemente por el paso del tiempo. Querían que quedara constancia de lo ocurrido “para la historia”. A diferencia de las declaraciones entregadas en la comisiones de la verdad, estos testimonios eran procesados de acuerdo a las posibilidades psicológicas de cada persona, durante el tiempo que fuera necesario.

Los efectos de esta modalidad terapéutica, además de los mencionados, fueron variados, no solamente debido a las diferencias individuales en cuanto a motivación, experiencias vitales y capacidad de elaboración. Un aspecto decisivo fue la necesidad de tomar en cuenta la evolución del contexto represivo y la percepción social de las violaciones de derechos humanos. A fines de los años setenta, el hecho de dar un testimonio personal sobre la experiencia represiva para denunciarla tenía un impacto psicológico mucho mayor para las víctimas que después de 1983. Iniciado el período de las protestas nacionales, las revistas de oposición empezaron a denunciar regularmente la represión existente a través de casos relatados in extenso. Al masificarse la denuncia se fue creando un amplio consenso acerca de la veracidad de las violaciones de derechos humanos y de la necesidad de poner fin a la dictadura, lo que modificó el lugar de la denuncia e hizo menos necesaria la gestión del testimonio en el proceso terapéutico.

LA FUNCIÓN SOCIAL DEL TESTIMONIO Y EL VALOR DEL ESCRITO

Si la historia reconstruida era el primer paso hacia la recuperación de lo vivido para el propio paciente, observábamos también que los testimonios recogidos en forma de documento podían tener además un gran valor simbólico. Especialmente para quienes apenas sabían leer y escribir este valor se acrecentaba. El documento cumplía con una función social en tanto que su contenido se podía compartir. Surgidos del registro fiel de la comunicación, mantenían el lenguaje propio de cada persona y su forma de expresarse. La persona lo reconocía como un escrito que contaba su vida con sus propias palabras. Su forma escrita permitía compartir con otros los recuerdos y las experiencias de dolor y miedo que habían quedado registradas. Podía ser releído y su contenido reelaborado después de la terapia, incluso, quizás, por personas distintas al autor del testimonio. El documento había “fijado” el pasado con toda su tragedia, tal como fue dicho, tal como fue recordado y, por tanto, como la persona relató haberlo sufrido. Algunos pacientes valoraban que sus palabras se dejaran “documentadas” para las generaciones futuras, y que de esa forma, ese testimonio podría llegar a ser un documento histórico.

Habíamos observado que las personas que habían vivido una experiencia brutal, humillante y denigrante tenían una gran dificultad para comunicarla. Temían abrumar a las personas cercanas si les contaban los horrores padecidos. Temían verse disminuidas o despreciadas. Recordar les producía tal conmoción que no podían hablar. La posibilidad de comunicar su experiencia, conservarla en una grabación, hacerla un texto y sentir que para alguien podía ser importante escucharla generaba emociones ambivalentes. Producía temor y ansiedad imaginar que había de recordar lo sucedido. Al mismo tiempo, “contar” aparecía como la posibilidad de liberarse del recuerdo dañino, doloroso, humillante, que volvía a su mente una y otra vez. Especialmente cuando había servido para poner por escrito algunas situaciones particularmente extremas y brutales y podía ser utilizado como un registro de lo sucedido con fines judiciales.

Algunos ex detenidos relataban que en la cárcel, entre los compañeros que habían sufrido la misma situación, se había dado espontáneamente una comunicación profunda sobre el horror padecido, y que se habían sentido aliviados por la comprensión y capacidad de acogida del otro. Visto desde esta perspectiva, el testimonio no era sólo un texto que había ayudado a reconstruir la propia historia, o un registro del pasado sino que podía ser utilizado por la persona para revindicar el valor de su compromiso político, de su lucha social y participación en partidos y sindicatos antes de la dictadura, y para reconocerse como alguien que había sido perseguido a causa de ello.

Ya sea porque el testimonio permitía objetivar la experiencia a través del lenguaje y recomponer los fragmentos de la historia personal, o porque al ser utilizado como denuncia permitía canalizar la agresión experimentada, se observaba que el regreso casi ritual al documento modificaba la percepción que la persona tenía sobre sí misma y la situación que la había afectado. La persona podía verse a sí misma ya no solamente como víctima, sino como aquella persona activa y participativa que había sido y que tal vez podía volver a ser. Este cambio frenaba el ciclo de deterioro emocional en el que estaba sumergida.

De esta manera, el testimonio se volvía continente de un mundo persecutorio que no era producto de la subjetividad de los pacientes, sino que existía en la realidad, aunque fuera negado por las autoridades. Posibilitaba compartir con los demás el sufrimiento individual sin desvirtuarlo y sin que el sujeto tuviera que revivir una y otra vez el dolor al tener que contar su historia. El testimonio se constituía, según las propias víctimas, en “un valioso elemento de denuncia”, para prevenir que tales crímenes se volvieran a cometer. En suma, permitía que el conocimiento del daño sufrido por la persona no quedara restringido a la relación terapéutica.


EL TESTIMONIO COMO INSTRUMENTO DE DENUNCIA Y SU VALOR TERAPÉUTICO

Algunos de los textos de los testimonios fueron utilizados por las víctimas como denuncia y en acciones legales contra los culpables, especialmente después de 1980. Los relatos facilitaron reconstituir detalladamente lo ocurrido al realizar denuncias judiciales. Algunos pacientes enviaron su testimonio a organismos internacionales de derechos humanos (principalmente a los relatores especiales sobre la violación de derechos humanos en Chile nombrados por Naciones Unidas). Otros los entregaron a periodistas que investigaban situaciones puntuales y algunos de ellos fueron publicados en revistas y libros. Más de alguno fue difundido en las transmisiones de programas de radio dirigidos a Chile, como era el caso del programa “Escucha Chile” de Radio Moscú. Otros se los dieron a conocer únicamente a sus hijos y su familia.

La posibilidad de usar el testimonio en una denuncia que tuviera valor legal tuvo gran importancia en el proceso terapéutico. De esta manera se encauzaba la hostilidad experimentada por la víctima al ser sometida a tratos denigrantes e inhumanos hacia el “hacer justicia”, “poner las cosas en su lugar” en los cauces legales y judiciales. Por otra parte, fue a través de esas historias que, más allá del círculo de los afectados, se fue conociendo quiénes eran las personas que habían sido perseguidas y qué les había sucedido. Era un relato en primera persona, simple, descriptivo, incluso anecdótico. Daba cuenta de lo vivido de una manera que permitía la identificación del lector o del que escuchaba con las emociones comunicadas a través del testimonio. En algunos casos los datos entregados hacían posible identificar a la persona y sus circunstancias, pero en otros, los detalles y lugares habían sido cambiados para proteger su identidad. Con excepción de las denuncias enviadas a las Naciones Unidas y a los tribunales, casi siempre los testimonios circularon con seudónimos hasta 1984. En la mayoría de los casos, la difusión de los testimonios fue realizada por los “testimoniantes” y no existe un registro que permita conocer en detalle su distribución y su impacto.

DETENIDOS DESAPARECIDOS

Una situación diferente se produjo en relación con los testimonios realizados por los familiares de detenidos desaparecidos. Las denuncias judiciales empezaron en 1974 y dieron origen a la formación de la agrupación de familiares y a acciones de búsqueda y denuncia destinadas a encontrar a sus familiares detenidos y desaparecidos.

Hay pocos documentos trabajados como testimonios. El primero de ellos fue la película No olvidar, de Ignacio Agüero, filmada en 1979. El testimonio de la familia Maureira es recogido en el relato de la madre, doña Elena Muñoz, y de los hijos sobrevivientes, poco tiempo después de haber encontrado los restos de sus familiares en los hornos de cal de Lonquén. Ellos cuentan aspectos de la historia familiar y laboral, del trabajo sindical, y luego la detención y desaparición del padre, Sergio Adrián Maureira Lillo, y de sus cuatro hijos mayores el 7 de octubre de 1973. La madre cuenta acerca de la búsqueda y las hijas señalan que la búsqueda terminó cuando fueron encontrados sus cuerpos junto a otros campesinos desaparecidos de la localidad de Isla de Maipo. Relatan que después que ellos los reconocieron, las autoridades dispusieron que los restos fueran arrojados a la fosa común del cementerio de Isla de Maipo. Finalmente señalan que en el proceso judicial contra los carabineros que los habían detenido quedó establecido cómo murieron, pero los responsables fueron amnistiados. Durante años este documento tuvo una difusión privada en el país. Los nombres de sus autores fueron conocidos solamente después de 1988.

Otros testimonios de familiares de detenidos desaparecidos fueron publicados como libro bajo la autoría de las ocho mujeres, familiares de detenidos desaparecidos que relataron su historia. Tal como el film No olvidar, este libro no fue realizado específicamente con propósitos terapéuticos. Cada una de ellas hizo su relato en primera persona, identificando a su familiar por su nombre y edad y contando la historia familiar, laboral, sindical y política. Detallaron las circunstancias de la detención y las respuestas de las autoridades. Describieron la búsqueda realizada durante años y la incertidumbre persistente sobre su destino hasta el período en que se realizó el testimonio (1980). Sólo en 1987, fue posible publicar estos relatos en el libro titulado Memorias contra el olvido.15

El testimonio de los familiares de detenidos desaparecidos tuvo desde el inicio la finalidad de la denuncia y, por este motivo, era repetido muchas veces ante abogados y jueces, en reuniones de solidaridad, en entrevistas periodísticas y otras instancias. La necesidad de repetir el relato en función de la denuncia generaba una cierta disociación emocional que era útil para ese propósito. La desaparición había dado origen a una situación de búsqueda que no se cerraba sino hasta conocer el destino final de la persona desaparecida. El carácter interminable de la situación represiva y el desgaste asociado a la denuncia permanente reducían o anulaban la función terapéutica que el testimonio podía tener en otros casos. Por ello, en esas circunstancias, todo testimonio era necesariamente un relato inconcluso que, por sí mismo, no producía mayores cambios en el estado emocional de la persona.

TESTIMONIOS GRUPALES EN EL MARCO DE LAS PROTESTAS DE 1983-1984

El testimonio fue utilizado para denunciar situaciones de represión colectiva que ocurrieron entre 1983 y 1984. El 12 de julio de 1983, el día de la tercera protesta nacional, veintinueve mujeres de la Olla Común de la Comunidad Esperanza situada en la zona noroeste de Santiago, fueron detenidas en el momento en que cocinaban para las familias que se alimentaban diariamente gracias a la existencia de la olla común. Las cocineras que estaban preparando el almuerzo, la directiva de la olla común y algunas mujeres que habían llegado a buscar el alimento para llevarlo a sus casas fueron arrestadas sin orden alguna de detención.

La olla común era el resultado del esfuerzo colectivo de la comunidad para obtener alimentos y cocinarlos para trescientas familias que almorzaban todos los días, excepto el domingo, gracias a esta iniciativa. Mientras las veintinueve mujeres estuvieron detenidas, las familias no pudieron alimentarse. La detención produjo una gran conmoción en la comunidad y tenían mucho miedo por ellas. Algunas de las mujeres fueron liberadas después de permanecer en un recinto policial durante un día. Otras fueron trasladadas a un recinto secreto de detención por agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), sin que se tuviera noticias de su paradero durante varios días. Casi todas fueron maltratadas y denigradas y algunas de ellas fueron torturadas. Cuando las liberaron solicitaron ayuda en organismos de derechos humanos. En ese contexto se inició el trabajo grupal.

Participaron en el grupo algunas de las que habían sido detenidas, sus esposos y algunos de sus hijos. El testimonio de las detenidas (y por otro lado, el de sus esposos) fue reconstruido en el trabajo terapéutico grupal. Las sesiones fueron grabadas, transcritas y su contenido fue elaborado en conjunto. El primer objetivo fue poner en común la experiencia de detención que había ocurrido tres semanas antes de empezar las sesiones. Desde el inicio se contempló utilizar el documento para denunciar lo ocurrido dentro de la comunidad y fuera de ella. A fin de impedir alguna forma de represalia decidieron cambiar los nombres de las personas y de la comunidad en el documento final.

El testimonio es muy extenso y fue trabajado desde el inicio como una historia colectiva de la detención del grupo. Cada una de las participantes se presentó y contó su experiencia. En ese relato intervinieron distintas voces, incluso algunos niños. Se ha seleccionado el relato de una de las dirigentes de la olla, María del Carmen, quien estuvo detenida por más tiempo. El testimonio data de agosto de 1983.

Yo me llamo María del Carmen, tengo cuarenta y cinco años, tengo cinco hijos, mi marido está cesante, trabaja en el Empleo Mínimo (PEM). Ése no es trabajo, es una explotación más por el hambre. A mí me llevaron a la CNI; me sacaron de noche [del recinto policial donde permanecía detenida], con la vista tapada, esposada y me metieron en un furgón, de cabeza y con los pies casi levantados, metidos, enrollados, y con todo mi cuerpo encima de los brazos, esposada, y enseguida me tiraron una manta, yo sentía que en ese momento me iba a morir por falta de aire.

Yo les dije que por qué me llevaban a mí en esas condiciones “me siento como un condenado a muerte, yo no he hecho nada, ¿hay alguna ley que me castigue –le dije yo– por pedir un plato de comida para mis hijos?, que además tengo dos desnutridos”. Entonces me dijeron “últimamente nosotros las leyes nos las estamos metiendo por la raja”. Así es que pensé que de ahí no iba a salir con vida, por el trato que recibí, por la forma en que me mantuvieron allí. Torturaban fuertemente a los hombres.

Al llegar a la CNI me desnudaron, me atendió una mujer y se escucharon voces de hombres. Me desnudaron, se burlaron mucho de que yo era obesa y decían: “Así hablan del hambre”. En los interrogatorios en todo momento hicieron notar la gordura de mi cuerpo, conocían muy bien mi cuerpo.

[…] ¿Sabe lo que creo? Que esto que me pasó es terrible, porque la CNI determina si uno es culpable o no. Ellos son los tribunales, porque a mí no me llevaron a ningún otro lugar. Me hicieron firmar cualquier cantidad de documentación que yo no pude leer, porque tenía un poquito levantada la venda solamente para firmar.

[…] Me dijeron que afuera estaba mi hijo y yo sentí el llanto de un niño, (que no era mi hijo, el deficiente mental, porque yo ubico el llanto de cada uno de mis hijos). Me dijeron que lo tenían afuera y yo sentía el llanto, pero me quedé tranquila, en el fondo, porque pensé que no eran ellos. Pero dije ¡no! ¡mis hijos no! En un grito grande, fuerte.

Y ahí sentí ya que el cuerpo ya no era el mío, como que no me pertenecía ya mi cuerpo, sentí esa sensación, o sea que en este momento, una parte de mi cabeza me funcionaba y el resto del cuerpo para nada. Me dejaron de interrogar, después volvieron otra vez, y así en forma muy violenta me interrogaban y me amenazaban, por ahí llegó un tipo que me golpeaba fuertemente en el hombro. Una cosa que molestaba, no dolía exactamente, pero era desesperante sentir que le estaban haciendo así a uno.

A mí en todo momento me acusaban de política y de hacer política, y fuertemente presionada para dar algún nombre de algún político. […] En todo momento en la CNI me interrogaban fuertemente, la presión fue muy grande, muy fuerte, y la acusación grave, porque me acusaron de ser una persona política. Entonces yo a Dios le pedía a gritos que me fortaleciera para poder responder, que no fuera a ser cosa que yo me quebrara de tal manera que me traicionara y me culpara de algo que jamás he hecho. Me acusaban ellos de ser una persona activista en una célula Alicia Ramírez; que yo me había inscrito como comunista en esa célula en el año 1974. Yo le dije: “Quiero verla, usted tiene que tener algún motivo para estarme diciendo eso, yo quiero verla, quiero ver mi firma porque yo ubico mi firma en cualquier lugar, y tan analfabeta como ustedes creen no soy”.

[…] Yo me desesperaba, había momentos en que me quebraba de tal manera que yo sentía que me moría, y decía yo que no podía ser que estuviera en esas condiciones por estar esperando la comida para mis hijos. Ellos se quedaban callados y me daba la impresión que comentaban entre ellos, porque yo ya estaba tirada de espaldas en la cama y yo suplicándoles que me sacaran de ahí, porque estaba sudada total, tenía el buzo mojado. No me lo sacaron tampoco, yo en mi vida había transpirado en la forma en que transpiré ahí, las manos se me mojaban. Además, cuando me largaron del interrogatorio me amenazaban, y torturaban a personas, torturaron a muchas personas antes de mi interrogatorio.

[…] Estuve en la CNI desde la noche del viernes hasta el lunes y me dejaron botada en una calle en la comuna de Quinta Normal, en el camino a mi casa, pero lejos todavía. Me bajaron del furgón con la vista tapada, dos tipos y una mujer, y me sujetaron para que no me cayera porque temblaba, y eran como las 8.20 de la mañana, había una neblina cerrada, me destaparon la vista y me dijeron: “Señora, si usted se mueve de aquí antes de tres minutos o se le ocurre mirarme a mí para saber quién soy, dese por muerta”. Yo me quedé temblando aterrada, porque me dijo que no me podía mover para ningún lado. No sé cuantos minutos pasaron, yo esperaba que alguien me dijera “puede caminar”, “puede irse”. Nadie me dijo nada, hasta que un señor que iba pasando por ahí me dijo: “¿Señora, le sucede algo?”. Entonces yo me atreví a contestarle, se acercó y me tomó de las manos porque yo estaba temblando, con un bolso colgado aquí y con las manos así y los ojos cerrados. Entonces le dije “¿hay algún auto en la calle?”. Debe haber mirado y me dijo “no, no veo nada […]”, me volvió a preguntar “¿le sucede algo? ¿Para dónde va?”. Le dije yo “es que sabe, me acaban de bajar de un furgón de la CNI y me amenazaron de que si miraba para algún lado me iban a disparar” y él me ayudó. Pero yo no podía caminar, estaba como trabada, empalada, no sé, por la tensión, y tenía mucho miedo, mucho.16
La reconstitución de la experiencia de las mujeres de la Olla Común de la Comunidad Esperanza estaba orientada a identificar los hechos, reconocer los temores y recuperar el juicio de realidad respecto de lo que les había ocurrido. El miedo se había transformado en pánico. Algunas tenían miedo de reunirse en el recinto donde preparaban la comida y creían que podrían ser detenidas en cualquier momento. Otras pensaban que para evitar la represión debía suspenderse el funcionamiento de la olla común. Pero todas carecían de los recursos mínimos para asegurar el alimento a sus familias y si se cerraba “la olla” la situación se haría insostenible. La conflictividad entre ellas se incrementaba día a día. Reproducían rumores sobre eventuales represalias si seguían organizadas y se acusaban mutuamente. La reacción de María del Carmen, como se aprecia en la parte del testimonio que se ha incluido, ilustra la dificultad de algunas mujeres para recuperar la normalidad de la vida cotidiana a raíz de la experiencia represiva. Ella empezó a ejercer de denunciante antes los Tribunales, las radios y medios periodísticos de oposición, los organismos de derechos humanos y otras instituciones a las que tuvo acceso. Se alteró emocionalmente. Se visualizaba a sí misma en una calidad inédita: su detención y su miedo la habían hecho “importante”. Es cierto que, por unos pocos días, ella fue el centro de la noticia en su población, en su familia, en la olla común, incluso en la opinión pública. Fue la que recorrió los organismos de derechos humanos y solicitó atención psicológica para ella y sus compañeras. Pero la atención pública a su caso fue necesariamente transitoria. Los detenidos eran cientos y muchas personas habían muerto el día de la protesta. La imposibilidad de procesar lo que le había ocurrido, la había llevado a adoptar esta postura del denunciante y a repetir lo que le había sucedido a quien se lo quisiera oír. La reacción de María perturbó a su familia y al grupo que hacía funcionar la olla común. Se agudizaron los conflictos que había tenido antes con su pareja y con sus compañeras. En María, el miedo había sido aplacado con su denuncia permanente, sin que hubiera mayor elaboración ni comprensión de su miedo ni de lo que le pasaba. La producción del testimonio, en el contexto del trabajo grupal, logró precisamente contener parte de su ansiedad, hasta entonces incontrolable. Al mismo tiempo abrió la posibilidad de elaborar, aunque parcialmente, los conflictos con su entorno, desencadenados por esta reacción ansiosa (hubo necesidad de continuar trabajando con ella en forma individual).

Para María y las otras mujeres que habían sido detenidas, se trataba de una experiencia caótica y angustiosa, que era emocionalmente incontenible mientras no tuviera al menos alguna estructura que les permitiera comprender lo sucedido. En ese sentido, la estructura del relato fue un elemento que las ayudó a ordenarse, expresar sus miedos y a discriminar, al menos parcialmente, las eventuales amenazas. Cada cual pudo contar lo que le sucedió y se pudo ordenar cronológicamente lo ocurrido. Luego, la lectura de las grabaciones propició un tiempo para la reflexión, cuando, a partir de éstas, se fue construyendo un solo texto. La revisión de la historia permitía que la experiencia pudiera ser recuperada más allá de la dimensión individual. Como las mujeres lo señalaron, su texto documentaba lo que les había ocurrido para que fuera “una lección para Chile”. Su detención y miedo eran el precio de haber luchado por su derecho a la vida y a la comida de sus hijos, pero también por un cambio para el futuro.

ASPECTOS METODOLÓGICOS Y ÉTICOS DEL TESTIMONIO EN TERAPIA

El testimonio como herramienta terapéutica constituyó una manera de integrar los aspectos de la experiencia traumática vivida a causa de la represión política. Las víctimas de tortura, en particular, comunicaban de manera fragmentaria lo que les había sucedido –en parte hechos, en parte emociones–. Y sólo lo vivido, recuperado en su globalidad, podía tener alguna significación para la persona, es decir, le permitía saber y entender “por qué me ocurrió a mí”. Paradójicamente, el testimonio era en cierta forma una confesión completa, aquella que fue exigida por el torturador y que el sujeto había protegido a costa de su dolor. Como se ha señalado, cuando las circunstancias políticas se modificaron, el testimonio fue cada vez menos útil debido a que la eficacia terapéutica del testimonio se diluyó.

Queremos subrayar la necesidad –metodológica y ética– de que el investigador distinga entre un testimonio dentro de un proceso terapéutico y una entrevista utilizada en el marco de una investigación en ciencias sociales. Historias como la de María del Carmen suelen ser “interesantes” para los investigadores sociales. Ella ilustra lo ocurrido en Chile a personas que, como ella, fueron dirigentes sociales populares. Tanto en los momentos críticos como en los años siguientes, muchos de ellos han sobrevivido a sus angustias, a sus pérdidas y dolores en medio de conflictos familiares, deterioros económicos, persecuciones reiteradas y otras adversidades. En general, esas personas aceptan contar sus vidas y sus experiencias represivas cuando alguien se los pide. Hemos visto cómo María del Carmen se sintió valorada cuando se habló de su detención en la prensa y en los tribunales, y cómo experimentó por un tiempo un cierto alivio a su situación emocional. Lo mismo pasa con muchos dirigentes: experimentan un gran bienestar emocional al ser considerados “interesantes” y al ser escuchados largamente. En la mayoría de los casos ese bienestar es transitorio, pero produce en los investigadores la ilusión de que hablar del pasado y de la vida de las personas ha sido benéfico para la persona entrevistada o al menos inofensivo. Si para unos la entrevista puede tener un efecto terapéutico, para otros puede ser devastador. Reactivar las angustias y vulnerabilidades ante el recuerdo de pérdidas personales o de épocas de su vida que fueron muy penosas, puede tener efectos muy dolorosos, pero en algunos puede ser también muy desestabilizador.

El testimonio de una víctima de represión política puede entenderse como un mapa de dolores que al recorrerlo reabre heridas y que requiere, por tanto, de un cierre con el protagonista o testigo, aunque, a simple vista, esos dolores parezcan estar amortiguados y sean casi invisibles. Un cierre que permita contener lo sucedido en el proceso de recordar y que destaque los recursos y fortalezas que han sostenido a la persona. La entrevista hecha en el marco de una investigación en ciencias sociales requiere tomar en cuenta estos aspectos a fin de resguardar la integridad psicológica del entrevistado.

La experiencia demuestra que un investigador atento y cálido puede conducir una entrevista en profundidad sin dañar al entrevistado, con la condición de que sea capaz de reconocer la emoción y la sensibilidad del otro y sus propios límites, es decir, pueda reconocer cuándo debe detenerse para no exponer a la persona entrevistada a mayores dolores. Para ello es necesario acordar previamente el sentido y el encuadre de la entrevista, tal como se hace en un proceso terapéutico, definiendo las reglas de la relación y los aspectos de la vida de la persona que quedarán fuera.

Otra diferencia a considerar es el tema de la “verdad”. Durante el período de negación extrema y de silencio que caracterizó a la dictadura era muy importante poder “decir” en la terapia lo que le había ocurrido a la persona. En términos psicológicos, eso implicaba una confirmación de la experiencia y una validación de las percepciones del consultante, desvirtuando la negación a la que había estado previamente forzado por la autoridad y continuaba estándolo a nivel público. Por ello, la psicoterapia daba particular importancia a la “voz propia” de la persona para decir “su verdad”.

La experiencia de la víctima, reinstaurada como verdad en un testimonio escrito, era parte de la denuncia de las violaciones de derechos humanos de la dictadura. Ello le permitía al propio denunciante reconocer su experiencia junto a la de otros a quienes les había ocurrido algo semejante. Había otras versiones con las cuales podía comparar su propia historia y concluir, tal vez, que se trataba de “una masacre en general”, como dijera un dirigente campesino al reflexionar sobre su experiencia como detenido.

Ahora bien, el relato de ese sujeto reprimido, la verdad reconstruida que confirma su experiencia –una experiencia que coincidía con la de muchos otros– no es la “historia de la represión”. Lo que se intentaba, en esos momentos, desde el ámbito terapéutico, era encontrar un sentido a lo vivido, dentro del curso de la propia existencia, situando lo ocurrido no en la “locura que nos afectó” –expresión sobre la época que desdibuja toda responsabilidad–, sino en el ámbito de un conflicto político nacional en el cual se había participado.

En suma, el testimonio entregado en el espacio terapéutico se asemeja, en muchos aspectos, a las historias de vida y otros relatos personales de la llamada historia oral, también a las historias clínicas y a los testimonios judiciales. Pero posee diferencias metodológicas importantes que tienen que ver con su finalidad específica: la de aliviar el padecimiento que aflige a la persona que consulta, y permitirle que retome el curso de su vida como protagonista de ella y no encerrado en la condición de víctima.

CONCLUSIONES

La práctica clínica desarrollada durante la dictadura militar en Chile permitió llegar a un nuevo saber sobre lo traumático, en particular su efecto sobre la memoria. Se pudo observar que las experiencias de amenaza vital percibidas como tales por los sujetos (es decir, la toma de conciencia de una amenaza de muerte) alteraban el funcionamiento de la memoria. Generaban, en algunos casos, un olvido masivo de la totalidad de la experiencia. La experiencia así como la operación de olvidarla se hacían inaccesibles a la conciencia. O, por el contrario, aparecía una suerte de amplificación de la memoria haciendo literalmente inolvidable lo vivido, en sus detalles y significaciones. El recuerdo se imponía e invadía la vida del sujeto, con imágenes recurrentes y angustias intolerables, que no daban tregua ni en el sueño ni en la vigilia.

La práctica clínica demostró también que, especialmente en el tratamiento de traumatizados, la catarsis era aliviadora e incluso podía incidir sobre algunos de los síntomas, pero que, casi siempre, era transitoria, porque el psiquismo se había reorganizado en función de la amenaza de muerte percibida. La disociación era la defensa más común ante la angustia experimentada. Los hechos podían ser relatados punto por punto, como si el relator fuera solamente un testigo ajeno e inconmovible. No bastaba solamente con volver al momento de la amenaza y recordar lo sucedido en ese entonces. Rehacer en la terapia el camino del “olvido” implicaba trabajar con lo que había vivido el sujeto también después del hecho traumático, recordando cómo la amenaza se había experimentado como “muerte” y se había inscrito en su historia, había cruzado sus vínculos, su trabajo y sus sueños.

El testimonio articulaba la experiencia individual con el proceso histórico en el que había ocurrido. Permitía entender cómo el proceso colectivo se entretejía con las vidas concretas que lo hicieron posible. Este entrecruzamiento permitía entender “qué me pasó a mí” como algo que había ocurrido a muchos otros, y este entendimiento acerca de “qué nos pasó” conducía ahora a un “por qué nos pasó”. Así del análisis sobre lo vivido individualmente se podía transitar a una revisión dialéctica de la catástrofe a la vez personal, familiar y del país, asumiendo un mayor juicio de realidad sobre lo sucedido. A este respecto, era importante que el consultante pudiera percibir los límites explicativos de versiones que, o bien enfatizaban únicamente las culpas individuales, o bien pretendían excluir toda responsabilidad personal, situando el peso de los acontecimientos únicamente en la conspiración política.

Finalmente, había que tener en cuenta que no todos los consultantes experimentaban alivio al contar su historia. Muchos de ellos la contaban de manera disociada, manteniendo las defensas estructuradas a partir del trauma. No necesariamente el mero hecho de reconstituirla podía tener algún efecto percibido positivamente por la propia víctima. Muchos pacientes decían expresamente que querían olvidar y que no querían volver a hablar nunca más de lo que les había sucedido, especialmente en relación con experiencias denigrantes y atroces.

Por otra parte, nuestra experiencia terapéutica nos mostró cuán persistente es la creencia de que es posible y recomendable olvidar. Sin embargo, la capacidad de olvidar suele ser el resultado del proceso de recordar y elaborar el pasado hasta lograr estar en paz con la verdad propia y con la verdad de los hechos.

La tragedia griega interpretaba como resultado del “destino” aquellas partes de la vida que le tocaba vivir a un ser humano y sobre las cuales no tenía control alguno. Al mismo tiempo, subrayaba que lo propio de lo humano era luchar para vivir de acuerdo a su condición, es decir no resignarse al destino.17 Transmitía a los asistentes el horror ante la violencia, la muerte y el daño devastador e irreparable del abuso de poder, especialmente cuando se producía entre cercanos y parientes. Buscaba exponer los dilemas del perdón, de la venganza, el odio, así como también de la generosidad, de la lealtad y el amor. Los asistentes se identificaban emocionalmente con la acción dramática. Las reacciones de piedad, conmiseración, horror y tristeza ante los personajes y los acontecimientos dramatizados eran tanto mayores cuando resonaban en sus vidas más allá de las meras referencias políticas. Al invitar a sentir y pensar sobre un hecho que había afectado a una comunidad, la tragedia operaba, no obstante, como una escenificación potente de algunos dilemas básicos de la convivencia humana, cuya significación traspasaría los siglos.

Durante los años de la dictadura “recordar” y “mantener la memoria” fue un tema de las víctimas. “No olvidar” era su respuesta permanente, fraguada desde las lealtades viscerales con sus muertos, sus proyectos y sus esperanzas, ante la propuesta de olvidar del régimen que se manifestaba en los discursos de la vida diaria. Contar lo sucedido, buscar la verdad acerca de ello tenía a veces un efecto ritual aliviador precisamente porque “mi relato se preservaría como una historia externa a mí, independiente de mi recuerdo” y entonces “yo podría tal vez olvidar” o, al menos, “no tendría que tener el compromiso de recordar en forma permanente”.

Las víctimas que atendimos luchaban para que se instalara en la sociedad la responsabilidad por la memoria más allá de sí mismos. Tal vez la dramatización de la tragedia griega respondía a la necesidad de delegar la responsabilidad de no olvidar mediante un testimonio a varias voces que interpelaba a sus contemporáneos. Tal vez la tragedia griega al dramatizar acontecimientos reales o verosímiles de la historia, que cruzaban y destruían las vidas de sus protagonistas en conflictos políticos y personales, los liberaba de tener que sostener la memoria como tarea individual.

NOTAS

1. Ministerio del Interior. Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Santiago: 2005, pp. 203-221. Las cifras mencionadas corresponden a los declarantes ante la Comisión. Es probable que el número sea mayor.

2. Eugenia Weinstein, Elizabeth Lira y Eugenia Rojas. Editoras. Trauma, Duelo y Reparación. Santiago: FASIC e Interamericana, 1987.

3. El Decreto Ley 504 de abril de 1975 permitió que los presos condenados por consejos de guerra conmutaran la pena de cárcel por extrañamiento (exilio).

4. Patricio Orellana y Elizabeth Q. Hutchison. El Movimiento de Derechos Humanos en Chile 1973-1990. Santiago: CEPAL, 1991.

5. Ana Julia Cienfuegos y Cristina Monelli. “El testimonio de experiencias políticas traumáticas como instrumento terapéutico”. Crisis política y daño psicológico. Lecturas de psicología y política. Tomo 2, pp. 78-88. Colectivo Chileno de Trabajo Psicosocial, 1982 (sin pie de imprenta). Un análisis más completo se publicó con el título “The testimony of political repression as a therapeutic instrument”. American Journal of Orthopsychiatry. Nueva York: enero 1983, pp. 43-51. Otra versión se encuentra en Elizabeth Lira y Eugenia Weinstein (editoras). Psicoterapia y represión política. México: Siglo XXI, 1984, en el capítulo “El testimonio de experiencias políticas traumáticas como instrumento terapéutico”, pp. 17-34.

6. El régimen militar presionó a las iglesias para impedir esas denuncias. La presión ejercida determinó el cierre del Comité de Cooperación para la Paz en 1975, lo que decidió al Cardenal Silva Henríquez a fundar la Vicaría de la Solidaridad, que continuó su labor.

7. Ana Catalina Rodríguez de Ruiz Tagle “Detenidos Políticos, Sufrimiento y Esperanza”. Mensaje. Volumen 26, núm. 275, diciembre 1978, pp. 777- 783.

8. Judith Herman. Trauma and Recovery. Basic Books, 1992. En el capítulo 1, “A forgotten history”, la autora desarrolla extensamente los antecedentes de la investigación clínica sobre el trauma desde el siglo XIX hasta la actualidad.

9. Véase Jean Paul Sartre. Freud. Madrid: Alianza Editorial, 1985, p. 159 y ss. Este libro corresponde al guión que hiciera Sartre para un film sobre Freud. Fue publicado póstumamente bajo el título Le Scénario Freud. París: Gallimard, 1984.

10. El testimonio de un dirigente campesino torturado registrado entre 1975 y 1976, me mostró la importancia que tenía para una persona denigrada y destruida situar la experiencia represiva en el contexto de la historia de su vida y de los valores morales y religiosos que lo habían inspirado en su actuación política. Elizabeth Lira. La psicología del compromiso cristiano. Santiago: Instituto Latino Americano de Doctrina y Estudios Sociales. Tesis, 1976.

11. Elizabeth Lira y Eugenia Weinstein. “El testimonio de experiencias políticas traumáticas como instrumento terapéutico”. Elizabeth Lira y Eugenia Weinstein (editoras). Psicoterapia y Represión política. México: Siglo XXI, 1984, pp. 17-34.

12. Los testimonios fueron realizados en 1978. Se encuentran en un manuscrito no publicado sobre algunos casos atendidos entre 1978 y 1980.

13. Se refiere al secuestro y posterior asesinato del político italiano Aldo Moro, presidente del Partido Demócrata Cristiano de Italia. Sus captores, las Brigadas Rojas, abandonaron su cadáver el 9 de mayo de 1978 en un callejón de Roma.

14. El análisis de estos casos está en el capítulo de Elizabeth Lira. “Sobrevivir. Los límites de la psicoterapia”. E. Lira y E. Weinstein (editoras). Psicoterapia y represión política. México: Siglo XXI, 1984.

15. Rosario Rojas de Astudillo et al. Memorias contra el olvido. Santiago: Editorial Amerinda, 1987.

16. “Una triste lección para Chile: Comunidad Esperanza. Protesta 12 de julio 1983”. 1983, manuscrito.

17. Aristóteles. Poética. Caracas: Monte Ávila, 1991.

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