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La fugaz aparición de un detenido desaparecido

La fugaz aparición de un detenido desaparecido

En agosto del año pasado aparecieron cuatro misteriosas maletas metálicas en las bodegas del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, Cide. Contenían parte de la obra inédita del fotógrafo Juan Maino Canales, un detenido desaparecido en 1976. Fotos de pobreza y rigor que escondían una mirada sutil y bella de un Santiago que ya no existe y que, desde fines de mes, se exhibirán en Roma en su primera exposición oficial..

Por Roberto Farías / Fotografía: Roberto Farías y archivo de Juan Maino Canales


Paula 1174. Sábado 23 de mayo de 2015.

Como si bajáramos al posible mausoleo de Juan Maino, se siente manar el frío gélido del subterráneo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, Cide. Este lugar era el emblema de las propuestas educativas jesuitas en la gran reforma educacional del ex Presidente Frei Montalva. Es una casona neoclásica ubicada en Erasmo Escala en pleno barrio universitario, que desde 1964 ocupa esta institución y desde los 90 forma parte de la Universidad Alberto Hurtado y en cuyo subsuelo el polvo, timbres viejos, máquinas de escribir y papeles parecen intactos desde los 60.

A fines de agosto de 2014, la periodista Marcela Jiménez, la encargada de comunicaciones del Cide, recibió una bolsa con material para conmemorar los 50 años del centro de investigación. Entre muchas cosas, había una serie de fotos sueltas que le llamaron la atención. Y como diría Víctor Hugo en Los miserables, ya que “las sociedades humanas suelen enterrar el espíritu de su civilización en calabozos, cementerios y bodegas”, Marcela partió al sótano para averiguar si había más fotos.

–Entre tanta cosa que encontré me llamaron la atención estas maletas metálicas como de la Segunda Guerra. Tan firmes. Y cuando las abrí me sorprendí más. ¡Eran diapositivas de los años 70!

Eran cuatro cajas metálicas verdes. En una había un diaporama con gráficos y en las otras tres, hileras de diapositivas ordenadas por tema. Eran cerca de 250 fotos.

Primero las vio a contraluz porque no encontraba un visor por ninguna parte. Tuvo que reparar uno muy viejo con cinta adhesiva.

–Y quedé prendada. ¡Es que eran tan buenas! ¡Tan bonitas!

Eran imágenes de niños. Algunos retratados en alguna escenas de educación: sumando y restando, haciendo rondas, jugando con una pelota plástica de esas que llevaban impresas el mapamundi. Descalzos. Apoyados en mediaguas precarias, en mesas chuecas, pero con caras de discreta alegría. Miradas de esperanza, no con el clásico brillo de dolor y marginalidad.

Marcela escaneó algunas en una impresora y comenzó a mostrarlas para averiguar quién podría ser el autor. Entre varios funcionarios que recorrió, de pronto el educador Juan Zuleta (con más de 40 años en el Cide) se agarró los lentes y le dijo con su voz suave y pausada:

–Son de Juanito. Sin duda.

Se quedó largo rato mirándolas ensimismado. Se tuvo que sacar los lentes para secarse los ojos.

–Hacía mucho que no las veía. De aquellos años, cuando a Juanito Maino lo detuvieron. Me produjo una sorpresa el hallazgo pero también una enorme pena–, dice Zuleta ahora.


Parte de las fotos encontradas en las cuatro maletas que estaban en el Cide.

Aquellas fotos las hacían juntos entre 1973 y 1976 para el proyecto de educación popular “Padres e Hijos”. Se las exhibían a una comunidad y luego desarrollaban una charla educativa.

Tras el golpe, el Cide, como muchas otras organizaciones de Iglesia o no gubernamentales, cumplieron un doble rol: eran el reservorio intelectual de la izquierda y, a la vez, refugio de militantes y activistas semi clandestinos.

En el Cide se refugió el cura jesuita Gerardo Whelan (famoso por la película Machuca), expulsado del Saint George’s, y el verdadero “Machuca”, el dibujante Emelin Parraguez. Y también numerosos miembros del Movimiento de Acción Popular Unitaria (Mapu) como Carlos Ortuzar y Juan Maino Canales.


Juan Maino en un retrato que conserva su familia.

–Teníamos un fotógrafo –dice Jorge Zuleta– pero Juan era muy superior. Decidíamos hacer una foto que graficara, por ejemplo, la importancia del aseo personal, que después nos permitiera hacer una dinámica de grupo con pobladores y campesinos. Y partíamos a desarrollar la idea.

Iban a los campamentos de El Salto, Peñalolén y Quilicura.

Whelan, que lideraba el proyecto, les decía: “Hagan las fotos y vuelvan altiro”.

Maino era del MAPU y su familia no tenía idea. es uno de los tres ciudadanos Ítalo-chilenos desaparecidos en dictadura por los que el gobierno italiano inició un juicio. Sus inéditas fotos –atesoradas por sus hermanas y otras descubiertas hace poco en las bodegas del Cide– serán exhibidas en Roma.

–Pero Juan era dedicado. Primero entraba en confianza, se adecuaba al lugar, a las personas. Tenía el don de la sencillez, de la confianza. Y luego esperaba el momento, la luz adecuada. Podía pasar horas. A veces se quedaba hasta a dormir con ellos.

A pesar de los 90 mil escudos de la época que recibía (unos 150.000 pesos de hoy), Maino se tomaba varios días en desarrollar la idea e ir en su propia citroneta blanca.

–En esa citroneta desapareció o se la llevaron con él–, dice Zuleta.

EL FOTÓGRAFO DEL MAPU

Whelan discutía a gritos con Maino:

—¡Cómo va a ser tan difícil tomar un par de fotitos!

Pero eran gritos exagerados o más bien, para encubrir su verdadero nexo con Maino al resto de los funcionarios del Cide. Whelan prestaba su casa de Lo Barnechea u otros sitios para que el Mapu se reorganizara en la clandestinidad.

–Una vez tuve que pasar a la casa de Whelan y me dijo –dice Juan Zuleta–: vas a oír o ver cosas que quizá no te convenga y puede ser peligroso.

Ahí estaban Carlos Ortúzar, Eugenio Tironi, Carlos Montes (actual senador) y otros miembros de la directiva del Mapu clandestino. El resto estaba en el exilio.

Juan Maino militaba en el Mapu desde antes de la UP en la célula que funcionaba en el departamento de Artes de la Comunicación de la UC, en el centro. Como su madre, Filma Canales, era una conocida documentalista y profesora del Instituto Fílmico y una de las primeras críticas de cine en Chile, Juan Maino se conseguía con ella películas en Chilefilms y organizaba exhibiciones en las poblaciones y talleres con niños.

En eso lo acompañaba Gloria Torres, su pareja de entonces,  que estudiaba Derecho en la Universidad de Chile y también Mapu.


La encargada de comunicaciones del Cide, Marcela Jiménez, fue la autora del hallazgo: encontró 4 cajas metálicas con 250 diapositivas de Maino.

–Íbamos a los comedores populares de Lo Hermida a tomar hartas fotos de niños, era su tema –dice Gloria, hoy una abogada de familia y mediadora del Consejo de Defensa del Estado–. Siempre andaba tomando fotos. También en las marchas y actividades del Mapu.

Los Maino vivían bien. Su padre era gerente de una gran empresa lechera del sur y tuvieron grandes casas y buen pasar. Hasta que murió en 1967, poco después de separarse de Filma que, hasta ese momento, era una acomodada dueña de casa.

–Filma,entonces, renació –recuerda Bernardita, la menor de los cinco hijos Maino Canales–. Se dedicó a hacer clases, documentales, fue la primera crítica de cine de la incipiente televisión. Sin duda, ella despertó la sensibilidad artística a Juan.

Él pasó por varios colegios, como el Seminario Menor y el Patrocinio San José. Estudió unos años en Temuco y luego entró a Ingeniería Mecánica en la Universidad Técnica del Estado. Probablemente ahí se acercó al Mapu para las elecciones del 70. Y digo probablemente porque, así como muchos funcionarios del Cide, en su familia ignoraban su otra vida política. Margarita Maino recuerda que su hermano Juan siempre fue muy cuidadoso, muy discreto en cuanto a su vida política. Especialmente después del golpe.

–Creo que para no ponernos en riesgo. Por eso dejó ese testamento–, dice Bernardita.

–¿Cuál? ¿Dónde está?

–Unos días antes de que desapareciera, me pasó una carta para la mamá, con la condición de que la abriera solo si le pasaba algo. Y eso lo sabrían porque llamarían a la casa y dirían: “Juan está enfermo”. Y así fue.


En los 70, Maino era fotógrafo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación (CIDE) donde hace poco Marcela Jiménez desempolvó sus diapositivas: “¡Eran tan buenas, tan bonitas!”, dice.

Un día antes, al despedirse, no quiso acercarse a la casa en Bilbao y dejó a Margarita, de 17 años, con un televisor en la vereda de Avenida Ossa. Fue la última vez que se vieron. Dos días después recibieron el llamado: “Juan está enfermo”.

Margarita le entregó la carta a Filma. Junto con las instrucciones de ir a su departamento en Villa Portales y sacar los negativos y otras cosas, le citaba a Antoine de Saint-Exupery: “Ser hombre es, precisamente, ser responsable. Es conocer la vergüenza frente a una miseria que parece no depender de uno. Es estar orgulloso de la victoria que los camaradas han obtenido. Es sentir, poniendo uno su piedra, que se contribuye a construir el mundo”. Al final le pedía que quemara la carta y casi contra su voluntad Filma la prendió con un fósforo en plena vereda.


La mayoría de las fotos encontradas en el Cide fueron tomadas entre 1973 y 1976, para el proyecto de educación popular “Padres e Hijos”. Juan tomaba las fotos y luego hacían charlas educativas a la comunidad.

La misión secreta de Juan Maino era brindar seguridad a la cúpula del Mapu y servir de correo humano a Carlos Montes, el máximo dirigente en la clandestinidad. Si alguien quería llegar a Montes, tenían que pasar por Maino. También era el impresor y distribuidor del microperiódico Venceremos, del tamaño de una estampilla grande y que los militantes leían a escondidas.

Gloria Torres recuerda que el día antes de ser detenido discutió con Juan cuánto era posible y ético soportar las torturas sin hablar.

—Él tenía la idea que había que soportar tres días. ¿Y por qué tres días?, le pregunté a mi vez. “Porque en ese tiempo el partido se puede reorganizar completo y los compañeros se pueden esconder en otro sitio”, me dijo.

Y parece que cumplió su palabra. Luego de detenerlo en un departamento en Villa Los Presidentes en Ñuñoa, la noche del 26 de mayo de 1976, junto a Antonio Elizondo y Elizabeth Reka, entre los pocos rastros de sus últimos momentos está el testimonio de un detenido en Villa Grimaldi que reconoció el ruido defectuoso del motor de su citroneta y la voz del “Doc”, el torturador de la Dina Osvaldo Pincetti, que dijo al pasar que el dueño de ese auto “se les había ido en el primer interrogatorio”.

Sobre la mesa del departamento quedó una botella de vino, su reloj pulsera y una taza sobre la revista Foto-graph. Carlos Montes se salvó. Bautizó a su hija Juanita en honor a Juan.

A la familia de Maino, como no era militante de izquierda, le costó comprender a qué verdad se enfrentaba. Al principio hasta consultaron una vidente, que les dijo que buscaran en el mar en Concepción. Caían en las pistas falsas que sembraba la Dina, como la declaración de un chofer de la familia que dijo que Juan le había confesado que se iría a esconder a Argentina.

–Pero poco a poco fueron cediendo–, recuerda Gloria Torres. Filma, que era una señora aristócrata, se dedicó 100% a encontrar a su hijo. Iba a la puerta del campo de prisioneros Cuatro Álamos con la foto de Juan preguntando a la gente que entraba o a prisioneros que liberaban: “¿Han visto a esta persona?, ¿estará detenido acá?”. Participó en la primera huelga de hambre por los detenidos desaparecidos en la Iglesia San Francisco, en 1977.

Con los años, cuando la desaparición de Juan era irremediable, sus fotos y negativos comenzaron a tener valor de tesoro. Filma reservó una esquina de su departamento para las cajas de negativos y cartas. Eran intocables. No los prestaba. Muchos de los negativos nadie los pudo ver, sino hasta que murió, en junio de 2014. Varios de ellos son las fotos que se expondrán en Italia.


“Juan era dedicado. Primero entraba en confianza, se adecuaba al lugar, a las personas. Tenía el don de la sencillez, de la confianza. Y luego esperaba el momento, la luz adecuada”, recuerda el funcionario del Cide Juan Zuleta, quien trabajó con él.

Su primo y también fotógrafo, Pablo Adriasola, Gloria Torres, Víctor Maturana y otros amigos recordaron que Juan les había dicho después del golpe que había enterrado sus fotos del movimiento obrero.

–Era una larga serie de fotos que hizo durante la UP para un diaporama del Mapu–, recuerda Gloria.

La única pista que les dio es que las había enterrado junto a  un papayo.

–Como la familia tenía una casa en Algarrobo donde había un papayo, pensaron que era ahí. Excavaron el jardín entero varias veces y nunca han encontrado nada.

Aún de repente hacen expediciones para buscar las fotos perdidas de Juan. En la casa de los abuelos, en un jardín cercano. Bajo cualquier papayo que encuentran. Todavía no aparecen.

ENTERRAR EL MOTOR

–Alrededor de 1985 –recuerda Margarita Maino– se nos acercó un ex colaborador de Colonia Dignidad que decía que ahí habían enterrado unos autos de detenidos desaparecidos.

Se trataba del matrimonio de Georg y Lotti Packmor quienes se había fugado de la colonia. Sostenían que dos colonos cercanos al doctor Hopp, Gerard Mücke y Kart Stricker, tuvieron la tarea de enterrar los motores y carrocerías y borrar los números de serie con una lima. Los autos, entre ellos un Citroën blanco, habían sido regalados a los alemanes por el general Contreras.

–Nadie nos creyó –dice Margarita–. O en realidad los jueces nunca hicieron nada por la causa. Hasta que en 2003 tomó el caso de nuestro hermano el ministro Jorge Zepeda.

En marzo de 2005, allanó la colonia y en un campo muy retirado, ya cerca de las montañas, como si la tierra se negara a ser cómplice, apareció un barretín donde habían sido sepultados dos motores de auto.

Gloria Torres entró con Margarita casi a la fuerza. Lograron llegar al sitio.

–Y fue emocionante porque –dice Gloria– te das cuenta qué tan abierta está la herida. Instintivamente nos pusimos a sollozar con Margarita frente al motor como si fueran los restos de Juan, su cuerpo. ¡Lo queríamos sepultar, homenajear, no sé, algo! ¡Imagina el vacío!

Quizás por suerte, un miembro de la PDI interrumpió sus sollozos y les dijo que estaban llorando en el motor equivocado. Que el Citroën estaba un poco más allá. Ese era un Renault.


Las hermanas de Juan Maino: Bernardita y Margarita. Durante años su madre, Filma Canales, hoy fallecida, conservó en el departamento donde vivía un espacio intocado que cuidaba con celo en recuerdo de su hijo desaparecido: ahí estaban otras cajas con los negativos de las fotos y las cartas de Maino.

Tiempo después hicieron una romería y una especie de funeral simbólico en el lugar del entierro, que quedó registrado en el mini documental El valor de la esperanza. Y el curioso deseo de sepultar el motor, lo convirtió en obra de teatro el hijo de Gloria Torres, Leonardo González, en la obra Aquí no se ha enterrado nada, que ganó el concurso de dramaturgia de la Universidad de Chile en 2012. Antes había hecho el monólogo Madre he vuelto, que retrataba la lucha de Filma.

El hallazgo del motor de la citroneta permitió condenar a Manuel Contreras y a otro miembro de la Dina como autores de la desaparición de Maino y a tres integrantes de Colonia Dignidad como cómplices. Pero, a su vez permitió, que en 2014 se sumara el caso de Maino al llamado “Juicio al Plan Cóndor” que inició el gobierno de Italia contra militares y civiles de Bolivia, Argentina, Uruguay y Chile que se coludieron en los años setenta para detener y hacer desaparecer a numerosas personas, entre ellos 33 ciudadanos italianos.

Maino era ítalo-chileno. Su padre era descendiente de un pobrísimo tallador de muebles de Ancona, al norte de Italia. Los otros casos de ítalo-chilenos son el del integrante del MIR, Omar Venturelli, desaparecido en Temuco en octubre de 1973; el GAP socialista Juan José Montiglio, detenido en La Moneda el 11 de septiembre y desaparecido desde el Regimiento Tacna; y el del dirigente comunista Jaime Patricio Donato, detenido el 5 de mayo de 1976 y desaparecido desde Villa Grimaldi.

En mayo de 2014, los familiares de Maino y de Omar Venturelli fueron recibidos por el Papa Francisco I en Roma y por el fiscal principal de la causa italiana. Posteriormente, en una cena que organizó el embajador de Chile, Fernando Ayala, él se acercó a Margarita y le dijo:

–¿Y si hacemos una exposición con las fotos de Juan?

Así se gestó la primera exposición oficial de las fotos de Maino que se exhibirá en Roma, a partir del 1 de junio, en una sala auspiciada por la embajada de Chile y, luego, en una muestra colectiva en Milán y otra en el salón del ayuntamiento en Bologna.

–En Bologna será bonito–, dice Margarita–. El año pasado fui allá a hacer una charla a un colegio junto a una torturada uruguaya y mostramos las fotos de Juan. Fotos de niños, de esa pobreza que es tan lejana a lo europeo. Y, al mostrarlas, me conmovió su mirada, su preocupación por los niños. ¡Y pude llorar por primera vez desde que desapareció!

La ex pareja de Juan, Gloria Torres, recuerda de pronto un hecho singular. Quizá para el último cumpleaños de Juan, en febrero de 1976, le preguntó cuál sería un buen regalo y él le mostró unas cajas metálicas verdes para guardar diapositivas que vendían en la tienda Reifschneider de Huérfanos.

–Las vi y le dije: ¡Pero si unas cajas te las puedes hacer tu mismo! Pero él era riguroso, y me dijo: “Esas cajas son herméticas, están hechas para durar mucho, mucho tiempo”.

Le regaló tres. Él ya tenía una. Esas son las cuatro cajas que aparecieron 39 años después con sus fotos intactas. Juan Maino germina desde el subsuelo. ·

Juan Maino Expone en Roma

Creado en Viernes, 09 Junio 2017 18:26

Estampilla MainoJuan Bosco Maino Canales

Nace el 19 de febrero de 1949

Detenido desaparecido desde el 26 de Mayo de 1976

El 26 de mayo recién pasado se cumplieron 41 años de la desaparición de Juan Bosco Maino Canales. Víctima de la “Operación Cóndor”.

Juan Bosco Maino Canales era fotógrafo, un buen fotógrafo.

 

Foto embajada Maino 02Conmemorando el triste aniversario, la embajada de Chile en Roma realizó una exposición, con parte de su obra y a fines de este mes se publicará, en Italia, una edición con parte sus fotos.Tapa Libro

 

Escribe su hermana “ese día tan lleno de significado: 26 de mayo 2017, como homenaje a Juan y a la belleza que todavía vibra de su mirada.

A fines de agosto de 2014, la periodista Marcela Jiménez, la encargada de comunicaciones del Cide, recibió una bolsa con material para conmemorar los 50 años del centro de investigación.

Entre muchas cosas, había una serie de fotos sueltas que le llamaron la atención. Y como diría Víctor Hugo en Los miserables, ya que “las sociedades humanas suelen enterrar el espíritu de su civilización en calabozos, cementerios y bodegas”, Marcela partió al sótano para averiguar si había más fotos.

-Entre tanta cosa que encontré me llamaron la atención estas maletas metálicas como de la Segunda Guerra. Tan firmes. Y cuando las abrí me sorprendí más. ¡Eran diapositivas de los años 70! Eran cuatro cajas metálicas verdes. En una había un diaporama con gráficos y en las otras tres, hileras de diapositivas ordenadas por tema. Eran cerca de 250 fotos. Primero las vio a contraluz porque no encontraba un visor por ninguna parte. Tuvo que reparar uno muy viejo con cinta adhesiva. –

Y quedé prendada. ¡Es que eran tan buenas! ¡Tan bonitas! Eran imágenes de niños. Algunos retratados en algunas escenas de educación: sumando y restando, haciendo rondas, jugando con una pelota plástica de esas que llevaban impresas el mapamundi. Descalzos. Apoyados en mediaguas precarias, en mesas chuecas, pero con caras de discreta alegría.

Miradas de esperanza, no con el clásico brillo de dolor y marginalidad. La muestra de fotografías tomadas por Maino entre 1973 y 1976 especialmente a niños de poblaciones marginales,  fue llevada a Italia por su hermana Margarita.

Esa exposición, luego de ser mostrada en la embajada de Chile inicia una itinerancia por Florencia y Bolonia, a solicitud de entidades de DDHH y agrupaciones de familiares de víctimas.

En sentidas palabras, Margarita Maino señaló:  “Al recorrer sus fotografías, está este hombre de ojos pardos, al que no pudieron arrebatarle su integridad.Un militante que no dejó de serlo después del golpe de Estado. Por el contrario, asumió mayores y más comprometedoras responsabilidades. Esta muestra de su obra, que nunca expuso públicamente, es un caleidoscopio de imágenes diversas en cada una de las cuales está Juan Maino.

Pese a que no ha sido ni será posible recuperar su cuerpo, que sea el compartir con ustedes estas imágenes del sur del mundo, el modo de honrarlo.  Y la exigencia de justicia, el modo de dignificar su vida y sus sueños”.

Ver Muestra de la obra de Juan Bosco Maino Canales

Mas Información en Memoria Viva:

Reportaje en Revista Paula: 

Sácate la venda…

Sácate la venda

Escrito por rcb el . Posteado en //03Cine Chileno

Por Matías Jiménez“El cuerpo, primer territorio sometido y moldeado por el poder”. Michael Foucault

En lo particular, siempre he tenido una inquietud por contar algo sobre “La Venda Sexy”. Lugar que se caracterizaba por los vejámenes y violaciones de todo tipo. Se le decía la “Discoteque “, ya que para acallar los gritos de las torturas, ponían música ambiental. Este centro de torturas funcionó continua y sistemáticamente entre los meses de agosto a diciembre de 1974, aunque siguió siendo utilizada ocasionalmente en fechas posteriores. Durante el período en referencia una treintena de personas fueron muertas como producto de las torturas que les fueron aplicadas, o simplemente, fueron asesinadas.

Había una mujer, Ingrid Olderock, quien tuvo a cargo el entrenamiento del perro pastor alemán ´Volodia´-en referencia a un entonces alto dirigente del Partido Comunista- para violar a las detenidas que eran forzadas a asumir una posición que facilitara la penetración por parte del animal. También se cuenta que los “Exquisitos” de los celadores no les gustaba violarlas cuándo estuvieran con la regla, así que las chicas organizaron un plan: si una de ellas andaba en ese periodo, tenía que manchar una toalla con sangre para que las otras aparentarán andar con la regla. Me parece notable cómo ocuparon su menstruación para disminuir su opresión. Un hecho tan real y orgánico para resistir. Acto que se lleva mi profunda admiración.

Michael Foucault en su gran obra Vigilar y castigar, hablaba del panóptico, donde un vigilante se sitúa sobre una torre y custodia al castigado. Nosotros no podemos ver a nuestro carcelario, pero, sabemos de su presencia. Según Foucault: “El panóptico una construcción … (de celdas y espacios) donde cada prisionero es perfectamente individualizado y constantemente visible (a los ojos de quien observa), mientras que, desde la celda, el reo no puede observar quien lo observa si es que lo observa alguien”. La posibilidad de no verlo puede transformarse en un método mucho mas eficaz y terrorífico de control social. Así la persona vigilada es sometida a una normalización que busca individualizarla; “La disciplina ‘fabrica’ individuos; es la técnica específica de un poder que se da a los individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio” En otras palabras, por medio de la disciplina se puede enseñar a los sujetos para que sean útiles y “El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido” Por tanto, la disciplina busca fiscalizar y controlar la conducta, sus comportamientos, sus aptitudes, sus preferencias, a través de diferentes formas. Imagínense a las chicas de “La venda” que fueron atacadas por una entidad que solo pudieron escuchar y sentir, “A estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se puede llamar las ‘disciplinas’”. En la Venda el cuerpo es expuesto como objeto de poder para ser sometido.

El documental de Gloria Camiroaga propone una nueva mirada en la concepción de este tipo de relatos, utiliza la lógica testimonial para dar cuenta de un grupo de sobrevivientes de este tenebroso lugar. Algo tiene este trabajo que lo hace diferente, hay una intención de subvertir los eslabones clásicos en la narración. La cámara no se queda fija, alejándose para asumir una diferencia. El montaje plantea un cuestionamiento a lo patriarcal y la cosificación de la figura femenina. De pronto nos encontramos entre medio con imágenes de un rodeo, donde la indolencia masculina castiga sin clemencia a otro ser. La película asume una postura mas allá de un hecho en dictadura; proclama la re valorización de la mujer bajo el yugo represor de la masculinidad.

Propuesta que remece con su desgarrador testimonio, jugando con nuestro imaginario, penetrando cada uno de los detalles de su inconsciente castigo. Hay que hacernos cargo, sacarnos las vendas de nuestro ojos. La sociedad actúa cómo los verdugos de la venda; cegándonos los ojos de una verdad que insisten con no mostrar.

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NORA STREJILEVICH: “EL TESTIMONIO NO ES UNA COPIA DE LA REALIDAD SINO SU CONSTRUCCIÓN”

NORA STREJILEVICH: “EL TESTIMONIO NO ES UNA COPIA DE LA REALIDAD SINO SU CONSTRUCCIÓN”
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Por: Andrea Zambrano

 

La escritora y académica Nora Strejilevich formó parte del encuentro “El Silencio Interrumpido: Escrituras de mujeres en América Latina” y es la autora del capítulo dedicado a literatura testimonial de The Cambridge History of Latin American Women’s Literature. Andrea Zambrano conversó con ella sobre este género, su imbricación con la literatura de mujeres y su propia experiencia como víctima y testigo de la última dictadura militar argentina.


La subversiva, la judía, la rusita. La hermana de aquel chico traviesointeligenteaudaz, que va de frente en las asambleas universitarias, al que ficharon por escribir demasiado. Gerardo, aquel chico con quien comparte de por vida esa marca de diferencia, ese apellido de segunda y de infinitos trabalenguas que a los locales les exaspera pronunciar.

A Nora Strejilevich la secuestró la última dictadura argentina un 16 de julio del año 1977, días después de ver por última vez a su hermano, aquel nene que en la infancia la molestaba por ser más chica, que le tiraba del pelo, que le hacía cosquillas, con quien se peleaba una y otra vez en el jardín de la que recuerda como una feliz casa materna. Gerardo, a quien no pudo asignarle ni un plano, ni un vector, ni una tumba. “Peores son los recuerdos que nunca podré tener: la hora en que fue arrojado desde un avión ya sea al río o al mar. Peores son las memorias que ni siquiera pueden llegar a ser recuerdos.”

El recuerdo de aquel fatídico sábado por la tarde la acompaña hasta el día de hoy. “En cualquier lugar al que intente fugarme, la historia me encuentra”. Si bien cree en el olvido como una necesidad de escape, a la escritora argentina le es imposible evadir los recuerdos. Estos vuelven una y otra vez, incluso contra su propia voluntad.

Exiliada en la gris Canadá, en donde hablar de literatura testimonial era algo totalmente inusualStrejilevich decidió avanzar, aún en profundo aislamiento, en un proyecto que la acompañaría de por vida: testimoniar su propia experiencia rememorada y la de muchos de sus contemporáneos a través de una práctica narrativa que le permitiese hablar de lo indecible, para relatar esa historia no contada, esa historia no oficial.

Nora Strejilevich se doctoró en literatura latinoamericana en la Universidad de la Columbia Británica de Canadá, país que le brindó refugio político tras haber vivido por varios años en distintos países (Israel, España, Italia y Brasil), luego de haber sido liberada del centro clandestino de detención, tortura y exterminio “Club Atlético”, ubicado en el barrio de San Telmo de la ciudad de Buenos Aires. Ejerció la docencia tanto en Canadá como en Estados Unidos, y hoy dicta un seminario sobre violencia estatal y memorias en Buenos Aires para el programa de Master de la Universidad de Middlebury, Vermont, además de ejercer como profesora emérita en la Universidad de San Diego, California.

Su obra más reconocida, Una sola muerte numerosa, publicada por primera vez fuera de su país en el año 1997, la hizo merecedora del Premio Nacional Letras de Oro para Novela, otorgado en EEUU, siendo traducida tanto al inglés como al alemán. El arte de no olvidar: literatura testimonial en Chile, Argentina y Uruguay entre los 80 y los 90, su más reciente investigación publicada, pone de manifiesto diversos relatos de experiencias traumáticas vividas en estos tres países del Cono Sur, a fin de discutir la función social que, aún hoy, cumple el testimonio como práctica narrativa en América Latina.

En tu libro El arte de no olvidar, señalas que recorriste la Argentina con un grabador buscando voces que te develaran el misterio de tu propia desaparición. ¿Cómo fue tu acercamiento con el testimonio como género narrativo?

Nora Strejilevich: Cuando vine a recorrer la Argentina mi centro fue Tucumán. En esta provincia hubo un mini golpe en el año 75, el Operativo Independencia, que fue el anticipo del golpe del 76.  Vine a fines de los ochenta y la gente de la zona que había padecido el terror durante el gobierno de Isabelita nunca había hablado. Esta era la primera vez que le  contaban a alguien lo que les había pasado. En estos casos se genera un relato intenso y novedoso incluso para quien habla: al testigo le sorprende su propia historia, que va cobrando forma. Esas situaciones compartidas fueron cruciales para mí porque pude palpar la importancia del testigo y de su versión.

Fue la contundencia de esos testimonios lo que me dio la pauta de lo importante que eran esas historias que yo recogía, seleccionando sobre todo las partes más simbólicas, más sugerentes, más misteriosas, en lugar de optar por un perfil informativo.

Yo empecé a escribir mi propio testimonio, en cambio, al tomar un curso de autobiografía y el profesor nos invitó a escribir nuestra propia historia o un ensayo. Yo escribí mi propia historia y él me instó a que siguiera. De allí surgieron los fragmentos autobiográficos que hoy figuran en Una sola muerte numerosa. Pero más que conocerme a mí misma yo quería entender ese momento histórico que significaba un antes y un después para mí misma y para el país.

Este recorrido por la Argentina fue el que me dio la pauta de un país atravesado por un coro de voces que no eran precisamente literarias pero que bien podían configurar una literatura. Por esta razón, a la hora de hacer la tesis, elegí este tema.

¿Te brindó la literatura testimonial la posibilidad de reconstruir la memoria a partir de la palabra escrita?

NS: No solo la posibilidad de reconstruir, sino además la posibilidad de crear. Estas personas, al brindarme su testimonio, iban descubriendo su propia historia.

No sabemos con exactitud qué es lo que esconde la memoria traumática. Por eso el testimonio no es una copia de una realidad sino la construcción de una realidad. El testimonio brinda la posibilidad de rearmarse, porque a través de él se reconfigura una subjetividad resistente. Ya no solo soy la víctima de lo que me hicieron sino que ahora estoy creando una historia con todas esas hilachas y esas ruinas. E incluso más que rearmar, para mí el testimonio es crear, construir(se) una vez que el peso del mundo, como dice un amigo, te aplastó, te pasó por encima, pero no te mató. Una vez que sobreviviste…

En la Microfísica del Poder, Foucault habría profundizado en la posibilidad de inducir efectos de verdad a través del discurso literario. ¿Ves a la literatura como una alternativa narrativa al horror? 

NS: Sí. Y además de alternativa concibo a la literatura como ‘lo otro’. En las escenas de tortura, el objetivo es llevarte al grito y a la desarticulación del discurso. Todo lo que no se puede decir en la tortura se puede decir en un testimonio o en una ficción o en un poema. Y cuando digo testimonio me refiero sobre todo a testimonios literarios con una intención artística, en cuyo caso el lenguaje se fuerza, se retuerce, se envuelve, se acurruca para pronunciar el sufrimiento y el dolor.

Reitero entonces que, por esta razón, a estas construcciones literarias las concibo como una alternativa, como una respuesta y como un lugar de creación en el que puede habitar otra forma de decir y de narrar.

En Una sola muerte numerosa, parte de la narración de la experiencia traumática que viviste, hace mención a tu origen judío. ¿El contar en esta obra la historia de tu familia través de una narración intertextual, se constituye como una forma de aludir también a la historia de la persecución judía? ¿Es una forma de dejar registro de un presente traumático descendiente del crimen y el horror del pasado?

NS: El objetivo durante la dictadura fue acabar primero con los llamados subversivos, o sea con los Montoneros y otras organizaciones revolucionarias, y en segundo lugar con los judíos. Al menos eso es lo que me dijeron cuando me interrogaron por judía. En relación al vínculo con lo que fue el genocidio más paradigmático del siglo pasado, yo diría que el nuestro es una reencarnación simbólica. Se pueden por supuesto enfatizar las diferencias, que son muchas, pero el Mal con mayúsculas va asumiendo formas emparentadas. Quiero decir que hay un mismo ADN en la genealogía del Mal. Y yo creo, por eso mismo, que es fundamental marcar las similitudes. El Holocausto fue el primer experimento del siglo XX donde realmente se llevó a cabo un crimen dentro del crimen, donde se trató de exterminar y al mismo tiempo de borrar las huellas de la masacre, para negarla y para afirmar que nunca existió lo que había existido. Eso fue también lo que intentaron hacer acá en la Argentina con los desaparecidos, enviándolos a la Noche y a la Niebla. En ese sentido quise subrayar los vasos comunicantes.

A nivel personal el tema me atraviesa por donde lo mires: tengo tres abuelos cuyos hermanos murieron en Auschwitz, y tanto mis dos primos hermanos, Hugo y Abel, como mi hermano Gerardo y su novia, Graciela Barroca, son desaparecidos.

Puedo afirmar entonces que el terrorismo de Estado se constituye como un descendiente directo del nazismo por lo paradigmática que fue la Shoá, y que yo soy, a nivel familiar, descendiente directa  de las fábricas del horror, que me dejan vivir pero con la imborrable marca que deja la tragedia colectiva.

Este libro se publicó en la Argentina en el año 2006 justo a 30 años del golpe militar. ¿Qué sentiste al ver que este testimonio se trasladaba al lugar al que debía pertenecer?¿Cómo te sentiste al saber que este cúmulo de historias comenzaba a circular dentro de tu país? 

NS: Hubo dificultades para publicarlo acá. En la presentación que hicimos en 2006 en Buenos Aires, Tununa Mercado hizo notar cómo el texto circulaba en fotocopias, cómo la gente lo leía todavía como se solían leer materiales prohibidos que circulaban durante la dictadura, aún cuando ya estábamos en democracia y se publicaban testimonios sin tanta censura. Tal vez porque yo no vivía acá o porque no di con la editorial adecuada, el mío no salía. Hasta que una editorial de Córdoba se hizo cargo de la edición, y me emocionó que por fin el libro se lanzara en la Argentina porque lo había escrito pensando en que se leyera acá. Hay allí muchas cosas que alguien de afuera no entiende de una manera tan exacta, cosas que no las expliqué porque iba dirigido sobre todo a un público local. Incluso en la traducción al inglés hubo que agregar una suerte de glosario. Sin embargo, aunque fue muy emotiva y reflexiva la presentación, con la participación de quien ya mencioné, Tununa Mercado, de Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, y de Alejandro Kaufman, el evento no trascendió. Si bien se hizo en una sala del gremio de periodistas, no hubo ni una sola nota ni una sola reseña en ningún periódico. No se le daba al tema, aún en esta época, la difusión que merecía. Es llamativo. En la Argentina no asocian el trabajo literario con el testimonio y supongo que algunos periodistas a los que contacté pensarían: “bueno, un libro testimonial más, ya sabemos de qué se trata.”

Sin embargo hubo otra instancia en la que el libro formó parte de una intervención pública por los derechos humanos que atesoro como hecho significativo a nivel comunitario y personal. Me refiero a una lectura que hice de la primera página de mi libro, que es el relato de mi secuestro al Club Atlético, justamente en el ex Club Atlético, el centro clandestino transformado en Espacio de Memoria. Leer en ese lugar mi recuento poético del trayecto de mi casa a ese preciso lugar me hizo sentir que la palabra es, como ya dije, resistencia y, además, núcleo de transformación.

¿La literatura testimonial en América Latina es un campo en el que se han destacado las mujeres?

NS: Desde que se han producido estos genocidios en América Latina han sido las mujeres las que siempre han resistido, por uno u otro motivos. Me refiero a la denuncia, a la construcción de movimientos por los derechos humanos, a las intervenciones públicas. Gran parte de los movimientos han sido de mujeres, desde Centroamérica hasta acá. Para mí el testimonio es un género muy afín a la mujer, y eso se detecta desde los primeros libros en los que las mujeres militantes cuentan sus experiencias, como por ejemplo Si me permiten hablar de Domitila Barrios, o Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia escrito por  Elizabeth BurgosDebray. Se trata de mujeres que empezaron a tomar el micrófono y a dar testimonio y de mujeres que hicieron una tarea de montaje y lograron que se los publique. Estos son pasos de un proceso que va de la mano de la participación de la mujer en la cultura, en la política, en los movimientos sociales.

Y digo que es un género afín a la mujer porque a la mujer le resulta indispensable que su voz incluya el registro de la intimidad. Hacer público lo íntimo es un acto político. Al salir a la plaza a marchar por sus hijos, al apropiarse de la palabra de la intimidad y mostrarla, la mujer está llevando a cabo un acto político. Poner sobre la mesa la desesperación, el dolor, el desgarro de las experiencias traumáticas, es un acto político. Es en ese nivel en el que se han destacado las mujeres. Tal y como afirmó la escritora nicaragüense, Ileana Rodríguez, en el Encuentro El Silencio Interrumpido, la mujer tiene la habilidad de retrotraerse a sus historias ancestrales. Esa forma de escribir, hablar o pensar es muy propia de la mujer. Lo que antes era visto como defecto, lo que la caracterizaba como el sexo débil, ahora, a partir del siglo pasado, se torna virtud. Las mujeres contamos con rizomas.

Si bien nombres como el de Rodolfo Walsh destacan, al menos en la Argentina, por inaugurar una nueva forma de narrar los hechos a través del periodismo de investigación, ¿qué nombres de mujeres latinoamericanas destacas dentro del estudio y rescate de la literatura testimonial? 

NS: Emma Sepúlveda fue una de las primeras que escribió sobre el testimonio de mujeres en Chile, por lo tanto, el suyo es un trabajo pionero. Además, en el movimiento que hubo en EEUU, Estudios Subalternos, se destacan John Beverley, Ileana Rodríguez y otros que rescataron testimonios centroamericanos como parte de la lucha y la resistencia de esa región. También Doris Sommer, igualmente en EEUU, estampó la expresión del ‘yo plural’ para definir al testimonio. Y Margaret Randall fue otra pionera en estudios del testimonio. Hay muchas estudiosas del testimonio fuera de la Argentina.

Dentro del país, recuerdo a Beatriz Sarlo, quien, aunque criticándolo, escribió sobre el tema. También a María Sonderéguer, a Rossana Nofal, y a Leonor Arfuch, que escribió sobre biografía y testimonio, vinculando ambos géneros. En cuanto a las que han escrito testimonios del genocidio argentino puedo nombrar a Alicia Partnoy, a Susana Romano-Sued, a María del Carmen Sillato y a mí, entre otras. En Chile a Nubia Becker, quien narró su experiencia en un campo de concentración de Santiago, Villa Grimaldi. Y hay muchas más.

¿Circulan los trabajos de estas mujeres en el continente y/o fuera de él, o presentan dificultades para ser editados y distribuidos? ¿Cómo es la relación del mercado editorial con la literatura testimonial y sobretodo con el trabajo de estas mujeres?

NS: Hay concursos literarios que premian a la novela y/o al ensayo. En Cuba se premia el testimonio, pero fuera de ese desconozco otros concursos donde figure una sección para el testimonio. Por eso mi trabajo lo mandé a un concurso de novela, y ellos lo consideraron como tal. Yo no tengo problema, ya que se trata en todo caso de narrativa, pero muchos jurados no quieren considerar novela a un trabajo en el cual hay material documental, y en el cual el o la protagonista tiene el mismo nombre que el o la autora que figura en la tapa. Escribí otro libro con esas características y se presenta el mismo problema.

El testimonio es un género híbrido muy difícil de ubicar, especialmente cuando tienen un trabajo estético que resulta tan prioritario como en una novela. Los otros, que son más directamente discurso oral registrado, o ensayo, tienen un público y una entrada mucho más directa. Hay ciertas editoriales que se comprometen con ese tipo de textos y que producen eventos políticos por tiempo determinado para darles circulación, pero inmediatamente después desaparecen de los estantes. No obstante, acá hay un público lector para ese tipo de libros, y lo hubo especialmente en la época del kirchnerismo, cuando se le dio salida a libros más directamente testimoniales, sobre todo de figuras políticas. Pero en general este tipo de literatura, tanto por ser testimonial como por ser de mujeres, tiene mucha más dificultad de circular que la novela propiamente dicha.

Yéndonos a la academia, a los programas de grado y posgrado. ¿Es la literatura testimonial tomada en cuenta en planes de estudio?        

NS: Por lo que he conocido de cerca últimamente, es muy difícil que esto entre en la academia porque no forma parte de los programas tal y como están armados. En EEUU y Canadá, donde viví, tuve la suerte de que este libro entrara en los circuitos universitarios, como lectura de cursos dictados en programas de Estudios Latinoamericanos que se empezaron a abrir a otras tendencias, porque la literatura estadounidense contemporánea es mucho más híbrida, y por ende esta narrativa se acepta más.

En nuestros países los programas de estudio son mucho más tradicionales. No obstante, muchos profesores y profesoras tienen actualmente la capacidad de vincular todo tipo de disciplinas con temas relacionados a la memoria, lo cual es muy loable y abre debates. Pero este tipo de bibliografía no es la que abunda, sino más bien los ensayos, que en general tienen más presencia en las universidades. La crítica negativa que se le hizo al testimonio, al que no se lo considera (al decir de Beatriz Sarlo) capaz de elaborar intelectualmente lo acontecido, restringió sus posibilidades. Sin embargo, estoy convencida que el testimonio es un género que debe enseñarse en las universidades para que la literatura palpite con experiencias vividas y la historia gima desde cuerpos concretos.

¿Te encuentras trabajando en algún otro proyecto actualmente relacionado con la literatura testimonial?

NS: Quiero desligarme de la escritura académica. De hecho, me hubiera gustado escribir mis libros de ensayo (el ya nombrado y La escritura y la vida, un manuscrito que acabo de terminar) de una forma más personal. Hay palabras que faltan en lo académico.

Por otra parte, tengo un proyecto que aún está en veremos en Canadá. Hay un músico que no es argentino pero que hace rock argentino, que quiere hacer una ópera rock en Vancouver sobre la historia de una hija de desaparecidos, y me pidió a mí que la escribiera. Así que es algo totalmente distinto para mí, pero es un proyecto que me atrae. Yo quiero cultivar el decir desde el arte, tengo más predisposición para esa vertiente.

Por otra parte, acabo de terminar otro libro, El viaje perpetuo, una serie de viajes de alguien traumatizado por la memoria del horror que trata de huir de ella pero siempre cae y se entrampa. Es una persona que, al realizar todos estos intentos de fuga, siempre se encuentra con la misma historia. Ese alguien soy yo, y aunque no lo pensaba narrar en primera persona, finalmente pensé que no podía evadirme del testimonio. El libro todavía no ha salido, veremos si alguien lo quiere publicar (risas).

Desde tu rol de escritora latinoamericana, ¿Cómo crees que deba escribirse la historia de la literatura de mujeres en América Latina?

NS: Participando en proyectos como el libro The Cambridge History of Latin American Women’s Literature, editado por Ileana Rodríguez y Mónica Szurmuk, del cual formé parte escribiendo un artículo sobre literatura testimonial de mujeres en América Latina. Yo creo que esa es la mejor manera. Este libro narra una historia que empieza mucho antes de la llegada de los españoles y que rescata el aporte de las mujeres desde el viaje, desde el testimonio, desde la narrativa, desde el ensayo, desde la novela, desde todos los lugares. Porque la literatura es todo lo que sea historia; la literatura son todas esas vivencias contadas desde una forma viva y no con un lenguaje técnico. La idea es cultivar esa otra manera que tenemos las mujeres de contar lo que nos duele, lo que nos obsesiona y nos hace ser quienes somos, lo que nos permite apropiarnos de nuestra experiencia mediante la palabra.

¿Crees que en el rescate de esa historia no contada, de esa historia no oficial, el género testimonio tiene aún un desafío mayor al rescatar las voces de mujeres víctimas de horrores como las dictaduras del Cono Sur?

NS: Yo creo que esta es la era del testigo. Si hay proyectos que consisten en borrar las huellas y borrar la historia, el testigo pasa a ser la prueba más importante del crimen. Y más significativo es aún si ese testigo es una mujer, porque en general las mujeres no cesan en su intento de encontrar y transmitir lo que para ellas cuenta, las mujeres se destacan por su persistencia. Alguna vez le pregunté a una Madre de Plaza de Mayo por qué existían Madres y no Padres, y su respuesta fue que las mujeres están acostumbradas a hacer todos los días labores consideradas por la sociedad como inútiles, pero que ellas las siguen haciendo (como limpiar la casa). Y entonces este aprendizaje les sirve, y siguen acudiendo a diario a lugares donde saben que les cierran puertas, donde saben que van a recibir un ‘no’ como respuesta. No obstante, las mujeres, acostumbradas a insistir en tareas sin destino, de alguna manera persisten hasta obtener increíbles resultados, porque la micropolitica presiona y empuja a la macropolítica. Esa es la filosofía de las Madres de Plaza de Mayo. La suya es una marcha que no acaba nunca, y esa insistencia marca un hito en el tipo de militancia que surge con ellas y que se ramifica en una serie de brazos, todos inspirados en la estrategia incansable de machacar.

Estas voces y estos cuerpos que reiteran y reiteran son un caleidoscopio en movimiento perpetuo, dispuesto a nombrar su lucha hasta que sus consignas sean oídas y respondidas.

Hacer Memoria antes de Google. La Historia Oculta de la Historia Oculta

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HACE 30 AÑOS, SEMANAS DESPUÉS DEL PLEBISCITO DEL 5 DE OCTUBRE DE 1988, EL DIARIO LA ÉPOCA PUBLICÓ EL ÚLTIMO FASCÍCULO DE “LA HISTORIA OCULTA DEL RÉGIMEN MILITAR”, LA MÁS COMPLETA INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA ESCRITA SOBRE LA DICTADURA. LANZADA LUEGO COMO LIBRO, LA OBRA SE CONVIRTIÓ EN UN CLÁSICO DEL GÉNERO. UNA ENTREVISTA CON SUS TRES AUTORES -REALIZADA POR ACADÉMICOS DE LA ESCUELA DE PERIODISMO UDP-, ENTREGA DETALLES INÉDITOS SOBRE CÓMO LOGRARON REPORTEAR LA TRASTIENDA DE PINOCHET EN EL PODER.

 

 

-Dame un pucho -dijo el conscripto- No he fumado en todo el día.

-¡Nada de cigarrillos! -gritó un suboficial, a cierta distancia-. Mi general dijo que ni una luz.

El diálogo ocurre la madrugada del 12 de septiembre de 1973, entre soldados que custodian los escombros humeantes de La Moneda. En Santiago reina el toque de queda y los conscriptos están cansados y nerviosos.

Así parte “La historia oculta del régimen militar”, la investigación periodística que cubre los 17 años de la dictadura de Pinochet, desde las violaciones a los derechos humanos hasta las soterradas disputas entre los miembros de la junta. La obra fue lanzada por primera vez hace 30 años, en el desaparecido diario La Epoca, mediante fascículos semanales que culminaron con la cobertura del plebiscito del 5 de octubre de 1988.

Los autores eran los periodistas Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda, tres compañeros de carrera en la Universidad de Chile que, en las postrimerías del régimen, trabajaban en La Epoca como editores. Amigos, voraces lectores y cinéfilos, se propusieron hacer un relato rigurosamente periodístico, aunque con giros literarios acotados que lo intensificaran. Así surgió la idea de partir con la escena de los soldados custodiando La Moneda destruida. Luego, la trama va ampliando el foco hasta graficar en toda su magnitud la tragedia del quiebre democrático.

Se propusieron escribir unos 25 capítulos, robándole tiempo a la frenética labor periodística de esos días. Para no verse “pillados” por la contingencia, tenían listas cuatro o cinco entregas cuando el primer capítulo se publicó con el diario. Pero muy pronto estaban sobrepasados, cerrando los fascículos el día antes. De los 25 capítulos proyectados escribieron más de 50, el último de ellos con detalles de cómo la noche del 5 de octubre un amargado Pinochet, en La Moneda, se vio obligado a aceptar la derrota. La obra completa ha sido reeditada varias veces como libro.

Hace algunos años, a instancias de dos periodistas e investigadores de la Escuela de Periodismo UDP, los tres autores hablaron por separado de esa experiencia. El resultado es esta entrevista a tres voces sobre una de las investigaciones periodísticas más emblemáticas de la historia chilena reciente. Un extracto de este registro fue publicado el domingo 30 de septiembre en Reportajes del diario La Tercera. Acá su versión completa.

¿Cuando decidieron escribir esta serie tenían algún modelo o referente periodístico que se acercara a lo que querían hacer?

A. Cavallo: Acá en Chile no, que yo recuerde. Sí teníamos claro que había que hacer un relato que requería de ciertos giros literarios muy acotados. Por ejemplo, partir con detalles y ampliar el foco, que técnicamente es un recurso no periodístico.

M. Salazar: Tengo la impresión de que un referente fue un trabajo que habían hecho años atrás las periodistas Marcela Otero y Malú Sierra en la revista Hoy, el primer reportaje en la prensa chilena sobre los detenidos desaparecidos y la DINA. Era un trabajo por capítulos estupendo y que tenía un nombre parecido. A nosotros desde el comienzo nos pareció que lo que debíamos hacer era contar de otra manera lo ocurrido durante la dictadura, desde sus inicios hasta donde llegásemos. Yo tenía la formación de la agencia UPI. Cuando tú escribes para agencias internacionales redactas textos que tienen entre tres mil y ocho mil caracteres, no más. Y tienes que privilegiar el color, los datos pasan a ser un anexo. Lo que importa es el relato, que sea una buena historia. Algo muy propio del periodismo anglosajón.

O. Sepúlveda: Los tres somos de la misma generación de la Escuela de Periodismo de Universidad de Chile, pero hasta donde recuerdo no teníamos ningún referente como guía. Nunca por lo menos lo conversamos (…) La idea era hacer una obra novedosa, recrear los hechos a través de imágenes que pudieran acercar al lector a la trama, para que no fuera tan árida. Como si estuviera viendo una película. Los tres éramos buenos lectores, nos gustaba el cine. Eso influyó.

¿Manejaban las técnicas del periodismo de investigación de manera sistemática o intuitiva?

M. Salazar: De una forma más sistemática, por nuestra trayectoria profesional. Los tres empezamos a trabajar en periodismo por ahí por 1978 y ya llevábamos casi 10 años cuando empezamos la serie. Era una época durísima donde aprendías mucho. Tenías relación con periodistas extranjeros que venían a Chile, gente que te enseñaba mucho.

A. Cavallo: No tuvimos ramos del periodismo de investigación en la universidad, pero teníamos muy claros los estándares del periodismo de investigación norteamericano. No es que los aplicáramos todos, pero sabíamos que había procedimientos como los del caso Watergate en el Washington Post. Yo por lo menos me acuerdo de haber tenido esa conciencia de cruce de fuentes desde bastante temprano en mi carrera.

“A LOS 15 Ó 20 CAPÍTULOS ESTÁBAMOS PILLADOS”

¿Hicieron una capitulación previa antes de lanzarse a escribir?

O. Sepúlveda: Hicimos un esqueleto inicial. Al comienzo definimos unos 25 capítulos, pero terminamos con más de 50. El libro tiene una estructura que se justifica sólo por la forma en que fue hecho: a medida que íbamos investigando se nos completaba el cuadro. Por eso trabajamos mucho con flashbacks, porque nos surgían datos sobre temas que ya habían quedado atrás. Entonces, en capítulos posteriores teníamos que volver a profundizar aspectos valiosos.

M. Salazar: Hicimos una primera capitulación antes de reportear nada. Logramos el visto bueno del director del diario [Emilio Filippi] y creo que trabajamos menos de un mes preparando los cuatro o cinco primeros capítulos antes de publicar la serie.

A. Cavallo: Incluso, cuando partimos no estaba clara la fecha del plebiscito, pero ya habíamos anunciado a los lectores que la serie llegaba hasta ahí. Estuvimos trabajando un mes o algo más en hacer entrevistas y reuniendo papeles, pero a ciegas. En general no sabíamos lo que andábamos buscando. Recuerdo haber ido a entrevistas donde preguntaba: “Oiga ¿qué pasó el ‘75 en general?”. Tengo la idea de que alcanzamos a producir unos 3 ó 4 capítulos antes de partir, como colchón para que no nos pillara la máquina. Pero ya a los 15 ó 20 capítulos estábamos pillados, cerrando capítulos el día anterior.

¿Cómo repartieron el reporteo y la escritura?

M. Salazar: Nos guiamos por los temas que habíamos reporteado cada uno hasta ese momento. Yo me hice cargo de los temas de derechos humanos, represión e izquierda. Ascanio Cavallo tomó la política palaciega y los partidos que estaban relativamente institucionalizados en los ‘80, como la DC. Oscar Sepúlveda tomó las relaciones internacionales y otros asuntos similares. Todos nos hicimos cargo de capítulos específicos, pero gracias al background de cada uno también aportábamos a los capítulos de los otros. Si Oscar, por ejemplo, estaba trabajando en tal tema, lo que teníamos Ascanio y yo al respecto lo dejábamos en su carpeta y también le aportábamos fuentes. Eso fue posible fundamentalmente por nuestra relación de amistad y confianza.

A. Cavallo: Manuel Salazar tomó todo lo que era la represión de la izquierda, la subversión y los temas de derechos humanos, una línea que parte con el exterminio del MIR y que termina con el FPMR. Oscar tomó temas de relaciones exteriores como el Filipinazo y episodios políticos como la venida del Papa Juan Pablo II a Chile. Yo tomé los temas relacionados con fuerzas armadas e itinerario político.

O. Sepúlveda: Cuando uno entrevistaba a una fuente salía con mucha información, porque la idea era aprovechar cada entrevistado para sacarle toda la información posible sobre el periodo que la fuente conocía. Después carpeteábamos los datos y hacíamos una división de antecedentes. Entonces, junto con iniciar este temario con estos 25 capítulos iniciales, empezamos a repartirnos los temas: “Tú te encargas de estos cinco capítulos, tú de estos otros cinco”. Con la Iglesia Católica repartimos más las cosas. Yo trabajé muchísimo en los capítulos finales de la venida del Papa. Ascanio trabajó bastante el rol que jugó la Iglesia en los inicios del régimen.

BUSCAR SIN GOOGLE

¿Qué tan importante fue el trabajo previo de recopilación de información?

M. Salazar: Es fundamental en este tipo de periodismo. Tienes que verlo y tenerlo todo. Hace unos años un periodista tuvo problemas con un empresario, Julio Ponce Lerou, porque publicó una información usando como base un reportaje de la revista Cauce de los años ’80. El periodista no captó que al número siguiente la revista tuvo un desmentido de Ponce Lerou. Se quedó sólo con el reportaje original y no revisó sus reacciones. Eso es muy frecuente.

A. Cavallo: Nos dimos cuenta que había mucha información publicada en los diarios. En El Mercurio, por ejemplo, salían parrafitos de enfrentamientos entre la subversión y los aparatos de seguridad. Entonces, uno podía saber datos como la fecha y el lugar. Era largo de hacer, sin google, con archivos de papel. Ocupábamos el archivo de La Época y también la Biblioteca Nacional. Además, ocupábamos archivos de la Iglesia Católica sobre derechos humanos. La Vicaría de la Solidaridad había publicado varios libros y documentos resúmenes muy ordenados. Entre las revistas era especialmente valiosa Qué Pasa, que tenía una sección llamada Ojos de la Llave con mucho material. Después, en los ’80 la sección política de Qué Pasa se puso muy valiosa. Ahora, siempre eran más indicios que información procesada. Obviamente, también hay que contar las revistas que surgieron en los ’80: Hoy, Apsi, Análisis.

O. Sepúlveda: Había que recorrer desde El Mercurio hasta la revista Análisis.

¿Los archivos de la Vicaría fueron los más valiosos a los que tuvieron acceso?

M. Salazar: En el tema de los derechos humanos a lo mejor, aunque en ese ámbito también logramos hablar con protagonistas, gente que por ejemplo había estado clandestina. Además, accedimos a otros documentos completamente desconocidos en ese tiempo: decretos, comisiones legislativas, mucha información policial de Investigaciones. Yo creo que durante varios años se acostumbró en Chile a utilizar las investigaciones judiciales sobre casos emblemáticos para hacer libros. Tomabas el proceso judicial y escribías el libro. Nosotros nos resistíamos a eso. Íbamos más allá del dato frío. Para nosotros también era importante saber contar la historia.

¿Hubo libros que les resultaran valiosos?

A. Cavallo: Hubo uno que nos dio mucho material, “El General Disidente”, de Florencia Varas [Editorial Aconcagua, 1979]. Tenía indicios de hechos que luego reporteamos y resultaron ser grandes. Además, tuvimos acceso a prácticamente todos sus protagonistas. Obtuvimos documentos como las cartas de la crisis al interior de la junta militar, con motivo de la consulta de 1978 [en capítulo 18, Asonada en diciembre, cuando Pinochet decidió hacer una consulta a la ciudadanía para rechazar la condena de la ONU a Chile por la situación de los derechos humanos, lo que fue resistido por el general Leigh]. Otro libro importante es “Asesinato en Washington”, de John Dinges y Saul Landau [Assassination on embassy row, Editorial Pantheon, 1980].

Resultado de imagen para “El General Disidente”, de Florencia Varas [Editorial Aconcagua, 1979]

“ERAN MAYORITARIAMENTE FUENTES DE GOBIERNO”

¿Cómo consiguieron que fuentes del propio régimen hablaran para este proyecto?

O. Sepúlveda: A nuestros primeros entrevistados les contábamos que íbamos a cubrir una serie de hechos que la prensa de la época había omitido. Toda esta gente en general entendió, y a eso probablemente contribuyó que los primeros capítulos tuvieran un cierto peso, un cierto tono que influyó mucho: cuando empezamos a publicar, las fuentes se multiplicaron.

M. Salazar: En el contexto político del momento, parte importante de la derecha estaba muy dispuesta a la transición. Hubo gente de ese sector que nos ayudó harto, incluso a convencer a otras fuentes para hablar. Otro actor importante fue la Iglesia Católica, partiendo por el cardenal Raúl Silva Henríquez. Esto hizo que personas que nunca imaginamos nos hablaran. Eso sí, con el compromiso ya claramente establecido después de ver los primeros capítulos de que el resguardo de la fuente no se iba a romper.

¿Cuántos entrevistados tuvieron en total?

A. Cavallo: Hasta donde recuerdo eran cerca de 140 personas, aunque las horas de grabación eran muchas más. Eran mayoritariamente fuentes de gobierno. En segundo lugar venían los entrevistados de oposición. Sobre estas últimas, evitamos en lo posible hablar con los dirigentes de primerísimo nivel, salvo para chequear información. Si no, convertíamos la trama en una suerte de santería civil y nuestro foco era el gobierno.

O. Sepúlveda: Mi cálculo es que usamos cerca de trescientas fuentes, aunque es una estimación mía, que los demás autores no tienen necesariamente que compartir.

¿Por qué optaron por usar casi exclusivamente fuentes en “off the record”?

M. Salazar: Antes de que los primeros capítulos salieran nos encontramos con bastante gente que estaba dispuesta a hablar, pero que no quería ser mencionada. Nosotros en La Época teníamos un manual de estilo, que decía que todas las fuentes debían citarse, salvo en casos extraordinarios. Pero el libro partía con los primeros años de la dictadura, los más complicados. Y al empezar a reportear la mayoría de la gente no quería aparecer con su nombre. Ese era un lío, por lo que decidimos no poner fuentes, salvo alguien que pidió expresamente ser mencionado: el abogado Jorge Ovalle Quiroz [asesor del comandante en jefe de la Fach, Gustavo Leigh].

A. Cavallo: Si poníamos un episodio con fuentes y otro sin fuentes el primero iba a ganar fuerza en desmedro del otro. Además, trabajamos sobre la convicción de que en el ambiente de la época pretender tener sólo fuentes en on the record era una demencia. Ahora, la inmensa mayoría de las entrevistas las grabamos en cintas, no obstante ser pactado en off the record.

O. Sepúlveda: Había gente que no tenía problemas en que citáramos su identidad, pero se trataba de casos en que nosotros teníamos información que avalaba lo que nos decían. Sin embargo, la mayoría te pedía inmediatamente el off the record como condición para hablar.

¿Qué reglas utilizaban para trabajar con fuentes en off the record?

O. Sepúlveda: Teníamos clarísimo el principio ético básico de no revelar jamás a una fuente en la investigación, ni al conversar con otros entrevistados ni en el texto. Tampoco quisimos nunca confundir nuestra misión de periodistas con la de un investigador policial, ni hacer denuncias en los tribunales ni arreglar cuentas con la historia. Simplemente ser testigos y retratar.

A. Cavallo: Nosotros nunca hemos dicho quiénes nos hablaron, pero una vez Mónica Madariaga [ex ministra de Justicia y Educación de Pinochet, fallecida en 2009], al presentar sus propias memorias, dijo: “Yo quiero decir que fui una fuente”. Con ella la cantidad de horas de grabación fue inmensa. Y ella siempre partió sobre la base de que no revelaríamos unilateralmente su identidad.

¿Qué resguardos tomaron para evaluar la información de las fuentes “en off”?

M. Salazar: Para reproducir un hecho delicado había que encontrar tres fuentes distintas que contaran la historia de una manera aproximada. Ahí entraba el recurso de la novelización de la trama: darle atractivo y estilo al relato, lo que a mi juicio fue un acierto.

¿En qué episodios requirieron de tres fuentes para chequear la información?

M. Salazar: Uno de los episodios más comentados es una reunión del círculo más pequeño de Pinochet, donde Pinochet golpea una mesa de vidrio y la rompe, en medio de una pelea con el general Gustavo Leigh [en el capítulo 3, Fractura en el piso 22]. En esos momentos el episodio era bastante difícil de creer. Ahora, especialmente para la gente que tiene cierto manejo en estos temas, se puede identificar qué fuentes hablaron, pero en ese momento era súper complicado, porque las fuentes eran muy restringidas.

A. Cavallo: Al narrar el viaje fracasado de Pinochet a Filipinas, Oscar Sepúlveda logró reconstruir visualmente detalles inimaginables. Incluso llegó con una foto de la placa de auto que iba a usar Pinochet en esa visita.

En algunos pasajes ustedes omiten información, como en el capítulo 14, “Los años de gloria de la DINA”, donde no ponen los nombres de las empresas proveedoras de la DINA porque no tenían la certeza de que esas firmas supieran que trabajaban con ese organismo.

M. Salazar: Me parece que uno debería dejar espacio para la duda cuando no hay certeza. Decir: “Hay fuentes que dicen esto, pero nosotros no fuimos capaces de saber si es verdadero”. Ese tipo de aclaraciones nosotros tres la compartimos hasta ahora. Probablemente otros periodistas también. Pero muy pocos medios te permiten hacer eso. Los medios quieren acercarse al máximo a la verdad y eso no siempre se logra.

UNA DELEGACIÓN DE LA DINA EN EL DIARIO

¿Dónde se reunían con fuentes confidenciales como ex miembros de la DINA u oficiales de Ejército?
M. Salazar: En los lugares más extraños, lo que es típico de esa clase de fuentes. Por ejemplo en una plaza, con un tipo que se te acercaba y te decía: “Caminemos”. Me acuerdo de haberme juntado con una fuente en la ribera del Mapocho, con el tipo súper nervioso. O cuando hablabas con la ultraizquierda, que te hacían subirte a un auto y te llevaban para acá y para allá.
A. Cavallo: Hicimos el quinto capítulo del libro sobre la DINA, Las cuatro letras del miedo. Era un capítulo con información más o menos pública, a la que sumamos antecedentes inéditos de Manuel Salazar. Pero luego de publicarlo nos llamaron ex agentes de la DINA, quejándose porque no les habíamos preguntado. Entonces, hicimos otro capítulo, Dina: los años de gloria, con los datos aportados por una delegación de ex agentes que llegó al diario. Los ex DINA sentían que habían tenido que hacer el trabajo sucio, pero que el modelo económico lo estaban disfrutando otros. Se suele olvidar que la DINA tenía un modelo económico propio. Su división económica había investigado a los grupos empresariales, a los ricos, no a los pobres. Entonces, estos entrevistados estaban preocupados de reivindicar esa parte. Pero como eran bastante toscos, de paso te contaban una cantidad de brutalidades desconocidas. Con mucho orgullo nos contaron que tenían bajo control a todos los embajadores que vinieron a la Sexta Asamblea de la OEA en Santiago [1976], gracias a la “compañía” de sus mujeres de la Brigada Femenina.

¿Hubo información que no lograron chequear y publicar o que omitieron por posibles represalias?

O. Sepúlveda: Más que omitir información por posibles represalias, lo hicimos por falta de unanimidad nuestra en la credibilidad de las fuentes. O cuando no había pruebas suficientes.

A. Cavallo: Teníamos indicios sobre quién era un personaje muy, muy importante del régimen al que le decían el “Cara de Jote” y que presenció continuamente actos de tortura. No estoy seguro si no lo confirmamos completamente, o si preferimos no inferir una acusación tan grave.

En el libro sugieren cosas sin decirlas claramente. Una de ellas es cuando a Pinochet le cancelan la visita a Filipinas y su comitiva debe volver. El libro dice que mientras el avión retornaba, en el entorno de Pinochet se temió seriamente por la estabilidad del régimen. ¿Por qué no dicen derechamente que Pinochet temió que le hicieran un golpe en Santiago?

A. Cavallo: En ese caso se trata de una especulación que recorrió a la comitiva. Si hubiéramos dicho “golpe de Estado” habríamos tenido que precisar. Lo mismo ocurre después, en 1986, luego del atentado en el Cajón del Maipo, en que hubo un par de horas en que Pinochet buscó detectar desde dónde podría venir el complot.

O. Sepúlveda: Uno no puede asegurar lo que pasa por la mente de un personaje. Uno a lo más sugiere lo que podría estar pensando.

“HASTA A DÓNDE VAN A LLEGAR”

¿Hubo presiones cuando comenzaron a salir los primeros capítulos?
M. Salazar: Publicado el primer capítulo el director del diario recibió una llamada del general Santiago Sinclair, entonces vicecomandante en jefe del Ejército, quien le preguntó: “Queremos saber hasta a dónde van a llegar”. Y Emilio Filippi le explicó lo que pretendíamos, que no queríamos victimizar ni culpar a nadie.
A. Cavallo: Yo creo que si nos hubiéramos metido más con los políticos civiles los problemas hubieran sido mayores.

En varios pasajes relatan reuniones de Pinochet con su entorno más estrecho. Incluso, describen sus estados de ánimo y rabietas ¿Cómo lograron ese grado de descripción?

O. Sepúlveda: La gente en esa época sentía que estaba viviendo la historia. Había fuentes muy locuaces, como Mónica Madariaga, cuya colaboración podemos revelar ahora que murió. Cuando estas versiones coincidían con, por ejemplo, la de un general que te decía “efectivamente así fue”, podías reconstruir episodios y climas internos. Los diálogos reconstruidos reflejan ese tono y esa tensión. Obviamente, eran diálogos y escenas que no tenían una fidelidad total, porque no había grabaciones de las reuniones de Pinochet con sus ministros y generales.

A. Cavallo: Siempre he pensado que si Pinochet hubiera sabido con quienes hablábamos habría hecho una razzia, desde el vicecomandante en jefe del Ejército hacia abajo. A mí Sergio Fernández me prohibió la entrada a La Moneda cuando volvió en 1987 [como ministro del Interior de Pinochet, para enfrentar el Plebiscito]. Igual era una prohibición que tampoco causó tanto efecto, porque no tenía cómo saber que seguía teniendo fuentes en La Moneda.

O. Sepúlveda: Tuvimos reuniones con ministros en La Moneda. Ellos tenían respeto por nuestro trabajo, más allá de que no compartieran la visión de nuestro diario. Nos tenían cautela y reserva, pero al mismo tiempo confianza. Probablemente preferían asumir el riesgo de hablar con nosotros para que su versión fuera recogida. Ellos también tenían que cubrir sus espaldas, porque era un periodo en que todo el mundo se movía muy sigilosamente. Era importante para un ministro de Pinochet dejar su versión para la historia. Era frecuente la gente que decía: “Mire, yo estuve aquí, pero en esto otro donde me han mencionado no estuve por tal y tal razón”. Aclarar los límites de la participación personal era bien típico.

¿Cuáles creen que eran las motivaciones que tenían autoridades del régimen para convertirse en fuentes del libro?

O. Sepúlveda: Querían ser escuchados. Nos decían algo así como: “Nos parece seria la forma en que están trabajando, sé que en algún momento van a tocar algún periodo en el que yo participé y quiero que escuchen mi versión, que no pretende ser la verdad, pero sí un aporte”.

M. Salazar: Hubo autoridades del régimen y gente muy cercana a Pinochet, que estuvo muy dispuesta a conversar, aunque sólo sobre algunas cosas. Porque hubo gente que puso esta condición: “Hablamos, pero sólo de esto, nada más que de esto”. Con el tiempo uno se da cuenta que en esa actitud había un cálculo: “Este gobierno se acaba y por lo tanto me tengo que acomodar a los cambios”.

¿Qué motivos tuvo Mónica Madariaga para hablar?

A. Cavallo: Mónica Madariaga venía bastante de vuelta. Peleó mucho con los militares cuando era ministra. A los almirantes les molestaba que fuera mujer. Incluso, cuando ella asumió en Justicia, el almirante Merino obligó al subsecretario, que era marino, a que renunciara, porque “a un marino no lo podía mandar una mujer”. Los generales de Ejército se cruzaron con ella cuando asumió en Educación y empezó una campaña interna y luego pública contra los rectores militares en las universidades. Una vez ella declaró: “Yo pedí que me dejaran dirigir un regimiento y todavía no me dan autorización”. Pinochet debió darse cuenta que ella se estaba convirtiendo en un problema.

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PINOCHET: “A ESTOS CABROS LES FALTA LA MITAD”

¿Se percataron en el reporteo si Pinochet rastreaba las filtraciones a la prensa?
O. Sepúlveda: Yo creo que tenía sus métodos, aunque no inició ninguna persecución específica con nosotros, porque el libro también le interesó a él. Así me lo dijo un general: “Mi general empezó a leer los fascículos, dijo que estaba bien pero que a estos cabros les falta la mitad”.¿Pidieron una entrevista con Pinochet?
O. Sepúlveda: A través de esa misma gente con la que hablábamos le pedimos entrevista, pero no resultó.

¿Qué ocurrió cuando aparece el primer capítulo?
A. Cavallo: Pensábamos que se cerrarían todas las fuentes. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Cuando entre el segundo y tercer capítulo se percibió que era una obra cronológica, empezó un fenómeno. Había gente que nos llamaba para decirnos: “Cuando lleguen al ‘78 hablen conmigo”. Eso es algo totalmente normal, de reivindicación histórica. Un protagonista nunca quiere que la historia se escriba demasiado en contra suya. Y empezaron a entregarnos documentos, material que en general buscaba reivindicar la propia función de la fuente. Pero como mucho de ese material tenía información objetiva, nos servía.
O. Sepúlveda: Probablemente aportó el tono y la seriedad del trabajo. Además, en ese momento la gente sentía menos miedo de contar las cosas. Quizás cuatro años antes un proyecto así no hubiese tenido el mismo resultado.
M. Salazar: Hubo gente del régimen militar que inicialmente se mostraba reacia a colaborar, pero después del primer capítulo eso cambió. Era gente que de alguna manera quería abrirse un espacio, que suponía que La Época iba a tener un papel relevante en la transición. Muchos ya sospechaban a mitad del ‘88 que el plebiscito lo perderían y ya se estaban imaginando los escenarios políticos posteriores. Entonces, hubo gente del régimen y de la derecha que llamó para contar episodios pequeñitos, pero que eran útiles para calzar piezas mayores.

CONTRA EL TIEMPO Y A TRES MANOS

¿Cómo se editaban entre ustedes?
A. Cavallo: Nos repartíamos alternadamente la redacción de los capítulos semanales, para que a nadie le tocara publicar dos capítulos seguidos. Por esa razón técnica los temas están un poco alternados. La idea era que los otros dos revisaran, pero a la altura de los capítulos 12 ó 13 nos fue quedando menos tiempo para eso. A la altura de mayo o junio de 1988 estábamos en una crisis absoluta, despachando semana a semana cada capítulo.
O. Sepúlveda: Teníamos libertad para opinar todo sobre el capítulo del otro, rayando o aportando antecedentes si creíamos que faltaban. Nos entendíamos bastante bien.
M. Salazar: Uno escribía un capítulo y se lo pasaba a otro. Ese otro editaba, agregaba datos y se lo pasaba al tercero. Eso le dio a La Historia Oculta un estilo de narración particular, unificado, y también permitió profundizar ciertas aristas y eliminar otras.

Llama la atención el estilo visual del libro, que privilegia las escenas y la reconstrucción de diálogos por sobre el análisis.
O. Sepúlveda: Cuando cada uno se hizo cargo de escribir sus capítulos y luego cruzamos los borradores eso nos gustó y decidimos aplicarlo sistemáticamente. Nos parecía más entretenido que recurrir al tono del cientista político.
A. Cavallo: Grabábamos a nuestros entrevistados para no tener que tomar apuntes. Así se privilegiaba la reconstrucción de diálogos y escenas. Era la única forma posible de llegar a eso. En Chile tenemos una oralidad muy visual, muy rica para reconstruir diálogos y situaciones.

¿Cómo compatibilizaban la escritura con su labor en el diario?
O. Sepúlveda: Hacíamos la pauta del diario en la mañana y luego pensábamos en las entrevistas para la serie. Si surgían entrevistas largas yo, como editor político, me apoyaba mucho en mi sub-editor, Rafael Fuentealba. En esos días llegaba de vuelta a las siete de la tarde, para revisar la edición y decidir con Rafael los cambios para la edición nocturna. Entre las 10 y las 12 de la noche retomaba el libro, dependiendo de lo atrasado que estuviera. Como a la una de la mañana nos íbamos con Ascanio y Manuel a conversar sobre los capítulos siguientes, tomando alguna cerveza. Estuvimos un año completo en eso.
A. Cavallo: Escribíamos los capítulos en los computadores del diario, que tenían un sistema infernal. Primero, el servidor generaba un calor espantoso y había que mantenerlo en una pieza con hielo para que no se cayera. Segundo, no podías llevarte información para trabajar en la casa. Un viernes Oscar Sepúlveda estaba escribiendo un capítulo sobre la visita del Papa, que tenía que cerrar como plazo máximo el lunes a las seis de la tarde, para publicarlo el martes. Y ese viernes se cayó el sistema y se perdió todo. El lunes hubo que reescribir el capítulo. No alcanzamos a sintetizar. Esa es la explicación de por qué hay tres capítulos del Papa y no uno en la primera edición del libro. De hecho, la visita del Papa fue la única corrección a fondo que nos permitimos en ediciones posteriores: redujimos los tres capítulos originales a dos.

¿Cómo discriminaban qué información iba para el libro y cuál para el diario?
A. Cavallo: Cuando la serie comenzó a salir, en diciembre de 1987, los contenidos estaban muy distanciados de la coyuntura. Pero el capítulo sobre el plebiscito, que es el último, se publicó en diciembre de 1988, sólo dos meses después del triunfo del No. Entonces, en ese reporteo fuimos topándonos con información que servía para el diario. Por ejemplo, tuvimos la duda de hacer un reportaje para el diario sobre el papel clave del miembro del Tribunal Constitucional Eugenio Valenzuela Somarriva, un jurista de derecha, en las leyes políticas que permitieron que el plebiscito fuera una competencia limpia. Pero ese tema era demasiado académico para el diario. Al final, el rol de Valenzuela fue en el libro [en el capítulo penúltimo, La invisible trama del voto].
M. Salazar: Había gente del régimen militar que discrepaba de la campaña por el Sí y que nos habló mucho. El problema era si usar eso en el diario o en la serie. Además, debíamos tener cuidado de no ser utilizados. Creo que probablemente hay un cierto bajón en el aspecto dramático de La Historia Oculta a mediados del ’88, porque cada vez nos ocupaba más tiempo el diario y no era tan entretenido contar la trama legalista, de los decretos sobre el plebiscito. Había que hablar con expertos. A Ascanio Cavallo le gustaba más eso que a mí, pues yo pensaba que perdíamos masividad.

BUCEANDO EN LAS PUGNAS INTERNAS

¿Cuáles creen que fueron los grandes méritos del libro?
O. Sepúlveda: Transmitir el clima interno al interior del régimen militar, algo sorprendente para su tiempo. Fue valioso describir todas las disputas de Pinochet con sus propios colaboradores, con la propia junta de gobierno. Eso fue un aporte, porque en el mundo de la oposición había menos secretos. El cómo se formaba una organización sindical o cómo se organizaba una protesta, era menos impresionante que saber cómo había peleado Pinochet con el general Leigh.
M. Salazar: Hay algo súper importante para el momento en que salió la serie, pero que lamentablemente no fue recogido en las ediciones del libro: las fotos. Ahí hubo un aporte gráfico que resultó estremecedor. En el primer capítulo venían fotos del Estadio Nacional, con prisioneros desnudos. Había gente que no lo podía creer. Esas fotos están tomadas de un libro que se publicó en la RDA de un famoso documental. Y había también muchas fotos que eran desconocidas porque no se habían podido publicar en los medios. Oscar [Sepúlveda] consiguió la patente del vehículo que iba a usar Pinochet en Filipinas. Esa foto fue la que abrió el capítulo sobre el tema.¿Cuáles son sus capítulos favoritos?
A. Cavallo: Me gusta mucho el capítulo de Filipinas [Filipinazo, capítulo 27], una historia que estaba completamente virgen y que quedó muy bien detallada y escrita. Otro es el que narra la destitución del general Leigh, que los propios militares me comentaron que tenía detalles impresionantes [La caída de Leigh, capítulo 22]. También me gustó el capítulo de la llegada del Papa [El Papa pisa Pudahuel, capítulo 49]. El capítulo sobre el plebiscito creo que está bien [5 de octubre, capítulo 53], porque fue la primera interpretación global del plebiscito, aunque a ratos se pierde en detalles obsesivos. De este último me acuerdo de la escena en que el ministro Fernández dice que el 43% logrado por Pinochet es un triunfo, y el general Fernando Matthei le pregunta “dónde está la champaña”. Esa escena apareció casi al mismo tiempo en La Época y en Qué Pasa, pero nadie había explicado en qué contexto fue, qué estaba pasando con Pinochet.
M. Salazar: Me gusta el primer capítulo [Los días del “poder total”]. Muestra lo que va a ser el libro, rompe con todo lo que se ha hecho hasta ese momento en prensa escrita y abre una ventana. En general, rescato los recursos literarios que usamos, que creo que tiene que ver con la experiencia de reporteo que echo mucho de menos en los periodistas de hoy. Cada uno de nosotros tuvo que hacer el servicio militar cinco años antes de que recién te pusieran una jineta. Hoy los periodistas jóvenes quieren hacer frentes de inmediato, y que les paguen bien o se van.
O. Sepúlveda: Me gustan los capítulos sobre el funcionamiento de la DINA [capítulos 5 y 14: Las cuatro letras del miedo y Dina: los años de gloria]. Después, los que narran la destitución del general Leigh y el Filipinazo.

¿Qué debilidades tiene el libro?
M. Salazar: Probablemente faltó profundizar en temas que tienen que ver con mis obsesiones personales. Temas como los derechos humanos, las negociaciones al interior de la izquierda, las relaciones del PC con la Unión Soviética y con Fidel, aunque quizás todo eso sea materia de otros libros.
A. Cavallo: Creo que el libro tiene un cierto desequilibrio estructural, lo que quizás tenga que ver con el método de trabajo, pero echo de menos un reporteo más profundo a los años 1974 y 1975, que cubrimos muy rápido. En cambio, 1978, 1981 y 1982 están muy detallados. También creo que por razones de urgencia renunciamos muy rápido a episodios que deberíamos haber profundizado, como la investigación sobre la muerte del niño Rodrigo Anfruns, que quedó como subcapítulo. Pudimos haber entrado más en eso; teníamos cómo hacerlo.
O. Sepúlveda: Una debilidad es cierto desorden cronológico, por los flashbacks. Lo que pasa es que esto no fue pensado en un principio como libro. No trabajamos un año entero como una unidad para después publicarlo. Y eso es un problema.

“¿QUÉ CRESTAS ME ESTÁ PREGUNTANDO?”
(Cavallo y el reporteo en democracia)

Ascanio, diez años después usted intentó una fórmula muy similar: otra serie por entregas, “La historia oculta de la transición”, que también acabó como libro.
A. Cavallo: Lo que pasó ahí fue la misma situación. En 1995 renuncié a La Época y me fui a revista Hoy. Pero para 1997 los dueños de Hoy estaban peleados entre sí y nadie aportaba capital. Como no teníamos ingresos, la única forma era aumentar la circulación con un gancho artificial. Nos decidimos por la fórmula de una nueva serie periodística por capítulos. El problema es que más adelante la negociación con el potencial comprador, en este caso Radio Cooperativa, se desplomó…

¿Qué diferencias tiene “La historia oculta de la transición” con “La historia oculta del régimen militar”?
A. Cavallo: Estábamos en una democracia bien secretista. Tal vez era más fácil que antes hablar del gobierno, pero estaba todo el tema de la convivencia con el mundo militar. De hecho, los capítulos que para mí son centrales tienen que ver con Punta Peuco, el Boinazo. La tesis de este libro es que la transición terminaba con la salida de Pinochet de la Comandancia en Jefe, porque él sustentó su poder no en la Presidencia de la República, sino en el Ejército. Algo que sostengo todavía. Por lo tanto, era un periodo que tenía un límite bien nítido: 1990-1998. Además, tenía mucho más clara la estructura de capítulos, qué temas había que tocar.

¿Qué diferencias hay entre esos dos libros y el que escribió entre uno y otro, “Los hombres de la transición”?
A. Cavallo: Los Hombres de la Transición es bastante más literario. En él traté de retratar a un grupo de personajes que se juntaba en el Congreso en marzo de 1990, cuando Pinochet le entregó la banda presidencial a Patricio Aylwin. Entonces, tenía que preocuparme de la trayectoria que cada uno había recorrido para llegar a esa circunstancia. El libro tenía que partir con Pinochet, la mañana en que tomaba el helicóptero a Valparaíso para entregar el mando. Y tenía que terminar con Pinochet entregando el mando. Ese era el plan original. El ministro Carlos Cáceres se fue en el mismo helicóptero y quedó sentado al lado de la primera dama, Lucía Hiriart, que le hablaba y le hablaba. Pinochet iba solo, pegado a una ventana, como meditando. Entonces me dije: “Esto me sirve para hacer el flashback”. Pero tenía que describir la ruta del helicóptero. Justo conseguí que Pinochet me recibiera para conversar. Y le pregunté:
-General, ese día el helicóptero ¿Por dónde salió?
-¿Cómo que por dónde salió?
-¿Por dónde se fue a Valparaíso?
-Por arriba…
-Sí, pero qué ruta tomó…
-Hacia arriba, pues ¿Qué crestas me está preguntando?
-La ruta que tomó el helicóptero…
Pinochet apretó un timbre y pensé que se había enojado y que me iba a echar. Llegó un ordenanza y Pinochet le dijo: “Mire, este es el señor Cavallo, mañana ponga un helicóptero y llévelo a Valparaíso porque no sé qué huevada me está preguntando”. Efectivamente, el aparato salía por una ruta rara, por el noroeste, en dirección a Quintero, donde están los cerros más bajos. Y luego se devuelve sobre el mar a Valparaíso. Y eso sólo fue una línea en el libro. Además, Pinochet iba apoyado en el vidrio porque tenía sueño.

La Historia Oculta de la Transición deja la idea de que parte del material se recolectó durante su paso por la dirección de Hoy ¿Es eso correcto?
A. Cavallo: No, la conclusión es más triste: Todos esos años escribí de política y me creía un tipo informado, pero cuando me puse a reportear de nuevo para ese libro me di cuenta que sólo me había enterado de un 30%. Por ejemplo, durante el reporteo de La Historia Oculta de la Transición una fuente me sopló que la manifestación de personal del Ejército vestido de civil en las afueras de la Cárcel de Punta de Peuco, en julio de 1995, no había tenido nada que ver con el encarcelamiento del general Manuel Contreras (R), quien estaba en ese penal. “Acuérdate que están los Pinocheques todavía dando vueltas”, me dijo la fuente. Yo no lo podía creer. ¡Era la tercera muestra de malestar del Ejército por los Pinocheques y ningún periodista se había dado cuenta! Empecé a reportear y encontré al general adecuado que me dijo que lo había llamado Lucía Hiriart para ordenarle que organizara una manifestación en Punta de Peuco, “porque Augustito está con problemas de nuevo con estos tipos”. Y me dio el detalle completo de cómo había sido toda esta trama [en el capítulo 28, El picnic de la segunda división]. O sea, en su momento no me enteré de algo tan escandaloso.

 

Investigación de imágenes de archivo:
Oscar Castro y Cristián Roa
Edición de imágenes de archivo:
Cristián RoaFotografías e imágenes:
“La historia oculta del régimen militar”, segunda edición, 1989.
Diario La Epoca, Hemeroteca Biblioteca Nacional de Chile.

Descripción de las imágenes en orden correlativo:
Descripción: “La calle Teatinos el 12 de septiembre: vigilancia y limpieza de calles”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 13).
Descripción: “La Moneda el 12 de septiembre”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 15).
Descripción: “Obispo Fernando Ariztía”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 101).
Descripción: “Pinochet dicta normas y plazos a la comisión de reforma constitucional. A su lado Mónica Madariaga y Enrique Ortúzar”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 241).
Descripción: “Mónica Madariaga”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 319).
Portada capítulo 5, “Las cuatro letras del miedo”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 41).
Portada capítulo 14, “DINA: los años de gloria”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 133).
Descripción: “Sergio de la Cuadra asume; contemplan Mendoza, De Castro, Danús y Carrasco”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 385).
Portada capítulo 3, “Fractura en el piso 22”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 25).
Portada capítulo 49, “El Papa pisa Pudahuel”. En diario La Época (01/11/1988).
Extracto del capítulo 3, “Fractura en el piso 22”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 32).
Imagen patente descrita en capítulo “Filipinazo”. En diario La Época (31/05/1988).
Portada capítulo 22, “La caída de Leigh”. En diario La Época (26/04/1988).
Portada capítulo 27, “Filipinazo”. En diario La Época (31/05/1988).
Portada capítulo 49, “El Papa pisa Pudahuel”. En diario La Época (01/11/1988).
Portada capítulo 53, “5 de octubre”. En diario La Época (29/11/1988).
Portada capítulo 1, “Los días del ‘poder total’”. En diario La Época (01/12/1987).
Portada capítulo 5, “Las cuatro letras del miedo”. En diario La Época (29/12/1987).
Portada capítulo 14, “DINA: los años de gloria”. En diario La Época (01/03/1988).
Afiche promocional publicado en diario La Época (26/11/1987).

 

Salvador Allende dialoga con el documentalista norteamericano Saul Landau

Entrevista inédita al Presidente de Chile en 1971

Allende revela sus conflictos con Edwards y “El Mercurio”

lanacion.cl. Por Carmen Muñoz.

A pesar de que Salvador Allende no admitía entrevistas con periodistas estadounidenses o británicos, en 1971 aceptó dialogar con el documentalista norteamericano Saul Landau en el jardín de su casa de Tomás Moro.

Con total soltura se refirió entonces a la reforma agraria, a su tensa relación con el dueño de El Mercurio Agustín Edwards, y también a su amistad con Fidel Castro, de quien dijo no recibir recetas, porque “no somos colonos mentales de nadie”.

Pero el golpe sorprendió al investigador sin haber difundido este material, que se mantuvo en el ámbito privado hasta hoy, gracias a que gentilmente lo facilitó a www.lanacion.cl a través de un video, que transcribimos y editamos para nuestros lectores.

Los comienzos

Sin luces aún del golpe militar que acabó con su gobierno y su vida, y ajeno incluso a las diferencias que se comenzaban a gestar en el seno de la Unidad Popular, Allende inicia este diálogo explayándose sobre el origen de su compromiso político.

– Usted sabe, yo soy médico, vine de provincia a estudiar a Santiago. Los estudiantes de provincia vivíamos muy modestamente en pensiones y, lógicamente, nos interesaba no sólo estudiar las materias con relación a las carreras que habíamos elegido. También nos preocupábamos de mirar un poco más lejos de la universidad, la realidad de nuestro país, sobre todo que el estudiante de medicina y el médico confrontan hechos sociales muy claros. Nosotros entendimos muy rápidamente que a mayor enfermedad mayor pobreza, que a mayor pobreza mayor enfermedad, un axioma que se repite inexorablemente.

“Ese problema nos llevó a reunirnos en las noches para analizar las distintas corrientes filosóficas. Leímos a los teóricos del marxismo, observamos lo que acontecía en el mundo, apreciamos la lucha de los pueblos, los países en vías de desarrollo, y siempre pensamos que el hombre debe tener una dimensión distinta, que los valores de la sociedad capitalista debían ser reemplazados por otros. Por eso estudié, leí y fui fundador más tarde del Partido Socialista en 1937”.

¿Qué edad tenía usted en esa época?

– Debo haber tenido unos 28 años cuando fundé el Partido Socialista, junto con otros compañeros. Además, a lo largo de toda mi vida -y lo he dicho siempre-, fui ministro de Estado, diputado, senador y presidente del Senado.

Ha estado involucrado en política desde hace bastante tiempo…

– Si, desde muy joven. Fui ministro a los 29 años en el gobierno del Frente Popular, uno de los tres que hubo en Chile en la época de Pedro Aguirre Cerda y era tan socialista como ahora. Ese frente estaba conformado por radicales, socialistas, comunistas y pro-democráticos.

¿Ese fue el origen de la Unidad Popular?

– No, después esos partidos se separaron, pero es un antecedente muy importante, porque fue Chile uno de los tres países donde hubo un Frente Popular. Si usted se acuerda, los otros países fueron España -que terminó con la Guerra Civil-, y Francia con el Frente Popular dirigido por León Blum, que no dejó ningún recuerdo trascendente, por el contrario.

“Nosotros en Chile, desarrollamos sobre todo a la clase obrera, a través de la Central Obrera de Trabajadores, para crear conciencia de su organización y darles a conocer sus derechos. Poco después creamos la Corporación de Fomento, base de la industria pesada de Chile, de acero, petróleo y electricidad. Hicimos una obra constructiva, en esa época se hablaba del Frente Popular como hoy se habla de Unidad Popular.

“Se aseguraba que íbamos a suprimir las libertades, que sería el caos absoluto, el degüelle de la gente, y no ocurrió eso. Por el contrario, las más grandes manifestaciones religiosas se realizaron en la época del Frente Popular. También fue nominado el primer cardenal de la iglesia chilena por petición expresa del Presidente del Frente, don Pedro Aguirre Cerda, que era el Presidente de la República”.

Socialista y pragmático

¿Usted sigue siendo un hombre utópico?

– ¡No! ¿Cómo utópico? Yo sigo defendiendo lo que he defendido durante veinte años como parlamentario socialista, y ser socialista no es ser utópico.

Pero usted tiene una visión de una sociedad distinta en el futuro…

– Lógico, pero eso no se construye de la noche a la mañana. Para que un pueblo llegue a construir una sociedad distinta, se necesita un pueblo organizado y conciente.

“Yo le he dicho muchas veces a la gente y a los estudiantes, que para mí, no vale que un estudiante me diga que es dirigente de izquierda si es mal alumno, nosotros necesitamos buenos alumnos: primero, que cumplan sus obligaciones, después tienen derecho a decir que son dirigentes políticos. También, le he dicho a los obreros que hay que trabajar para producir más y mejor. En Chile tenemos que alcanzar un ingreso de dos mil dólares por persona al año y para eso tenemos que producir más.

“Los pueblos sólo progresan trabajando y produciendo más, claro que es diferente trabajar para una minoría que para un país. Los obreros del carbón están produciendo tres mil 800 toneladas de mineral al día, pero tienen que producir cuatro mil 700, y para eso tienen que trabajar más, porque sino la empresa no puede defenderse.

“En el acero estamos produciendo 700 mil toneladas, pero hay que llegar de aquí a dos años a dos millones de toneladas. En el cobre producimos alrededor de 750 mil toneladas, sin embargo hay que elevar la producción a mil 200 toneladas”.

¿Usted cree que el pueblo ha respondido a esos objetivos?

– Bueno, ahora soy más popular que antes, porque cumplimos con lo prometido y, además, le explicamos y dialogamos con el pueblo. Yo no estoy metido en la oficina de la Moneda, yo hablo con los campesinos, con los trabajadores del cobre, del carbón, con los estudiantes, con las dueñas de casa, voy a las poblaciones. En las calles la gente me saluda, ando en mi auto particular. Entonces la gente ve una cosa distinta.

“En Valparaíso, todos los días a la salida de la oficina de gobierno de la intendencia hay entre 400 y 500 personas, esperando a veces dos horas para poder saludarme, y en esta época de verano hay turistas de otros países y se sorprenden con un Presidente al que se le puede dar la mano y conversar. Así es, porque yo no ando rodeado de carabineros, ni con tanques. La gente puede llegar hacia donde estoy, y yo tengo el agrado de poder saludarlos… Claro que no me puedo pasar el día saludando gente (risas)”.

Los conflictos de la UP

Hoy, ¿cómo se mantiene la coalición en la Unidad Popular?

– Bien, porque hay un programa que nos une, que es diferente a lo que nos propusimos hace 30 años.

¿Qué conflictos hay en la coalición y cómo se resuelven?

– No hay ningún conflicto serio, sólo apreciaciones con respecto a la práctica, porque no nos hemos salido en absoluto del programa de la Unidad Popular. Los parlamentarios radicales han hecho observaciones respecto a un funcionario de una provincia que tiene un criterio determinado sobre cómo debe hacerse la reforma agraria.

“También, han dicho que en determinados sectores de Chile, grupos que no son de la Unidad Popular, estarían estimulando la toma de predios agrícolas más pequeños de la cabida que la ley establece, como derecho de los propietarios que trabajan en sus tierras. Pero usted comprende, que eso no se puede decir que es una norma, además nosotros, y yo personalmente, hemos establecido que la reforma agraria la haremos dentro de la ley de la reforma, y de ninguna manera vamos ha aceptar que se proceda en forma arbitraria.

¿Estos súbditos son izquierdistas independientes?

– Hay que considerar dos cosas: pueden ser grupos de izquierda que no han madurado políticamente o bien campesinos, o en el caso de Cautín, Mapuches a quienes sus tierras fueron robadas hace muchos años, que han vivido con media hectárea.

“Ellos son considerados una raza desconocida, negada, degradada física y moralmente y una serie de factores que influyen. Usted entiende que para ellos se abre una posibilidad, y cuando se tiene hambre a veces es muy difícil razonar, sobre todo cuando no se tiene una cultura con un nivel político, cuando se les ha hecho promesas por más de un siglo, y sus abuelos, y sus padres, y ellos han sido frustrados y negados. Lógicamente, esa gente está apremiada por una realidad brutal, que es comer para vivir todos los días.

“Pero de allí a creer que hay un clima que provocará un caos, no. Primero, porque nosotros tenemos autoridad, no sólo de la que emana de la ley, sino la autoridad moral, la influencia que tiene el movimiento popular, y la que tengo yo personalmente. Usted lo ha visto y lo sabe, porque ha estado en actos públicos”.

¿Cómo van a mantener ellos solos su propia cultura?

– Nosotros consideramos que los problemas de los mapuches no pueden solucionarse sólo en función de la reforma agraria. Aquí hay un problema antropológico cultural, de raza. Nosotros hemos mandado allá no sólo al ministro de Agricultura, sino también médicos, pedagogos, antropólogos, sociólogos.

“Pero esto no es un problema de un día, será un problema de muchos años, porque hoy el mapuche es considerado frente a la ley como un niño sin derechos, entonces esa situación no puede variar de la noche a la mañana.

“Necesitamos el tiempo suficiente para borrar del espíritu de esa gente lo que ha estado sucediendo con ellos por más de cien años”.

¿Ellos se diferencian de los chilenos?

– Evidente. Ellos nos llaman huincas, pero no es un problema que pueda decir que es agobiante para Chile, es un problema importante, pero no agobiante.

Allende y el socialismo a la chilena

¿Usted puede prever obstáculos en el camino hacia el socialismo en Chile?

– Claro, evidentemente es mucho más difícil el camino nuestro, porque está dentro de la Constitución de la ley, aquí hay un Congreso y aceptamos lo que resuelva en cuanto a los proyectos de ley. Es mucho más difícil llegar al socialismo a través de los cauces legales, porque hay posibilidades de resistencia mayores que si se hubiera llegado por el camino de la toma del poder.

“Nosotros tenemos que responder por nuestros actos frente al Congreso, en donde no tenemos mayoría, hay un poder judicial autónomo que puede dictaminar sus fallos, que a veces dificultan la tarea del gobierno popular.

“Sin embargo, estamos caminando dentro de las posibilidades y esperamos alcanzar el socialismo, pero no de la noche a la mañana, eso no se impone por decreto. Por eso, el programa de la Unidad Popular establece la existencia de tres áreas: economía social, el área mixta con capitales del Estado y privados y el área privada.

“Como gobierno hemos dicho que tenemos que impulsar el área social del Estado, porque ahí están los elementos esenciales y básicos del desarrollo económico, las riquezas fundamentales de Chile: el cobre, el hierro, el salitre. Este país ya tiene algunas industrias importantes, como la empresa de electricidad, la Empresa Nacional del Petróleo, además, se ha nacionalizado el carbón, el acero, pero sin dificultades les compramos las acciones a los americanos en el caso del hierro y chilenos en el caso del carbón.

“También, hemos expropiado algunas industrias, especialmente, las que trabajan hilandería y tejido, porque no cumplían con la ley, no pagaban los salarios, porque habían cerrado el 80% de su capacidad de producción, creando un problema social muy serio.

“Nosotros vamos a llegar a un acuerdo con los inversionistas extranjeros, ellos saben que les conviene más que a nadie llegar a un acuerdo con nosotros, porque importaron maquinaria que dijeron que era de primera y resultó ser de segunda, por lo tanto, cometieron un fraude aduanero.

“Esta situación no la puede aceptar ningún país del mundo. Entonces, si Estados Unidos defiende su país ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo? Nosotros queremos que se respeten los mismos derechos, nada más”.

El proyecto inconcluso

Usted habla de la reforma agraria y hay muchas personas que dicen que es el proyecto más importante de la Unidad Popular ¿Es así?

– No, la reforma agraria forma parte de un plan del desarrollo económico y social de Chile, pero es importante, porque este país tiene tierras que permitirían alimentar, no a diez millones, sino a 20 o 25 millones de habitantes.

“Sin embargo, Chile es un país que tiene que importar todos los años carne, trigo, grasa, mantequilla, aceite, por un valor de 140 millones de dólares al año. Entonces, ¿cómo es posible? Además, el 47 por ciento de la población está subalimentada.

“Yo soy médico, usted lo sabe, lo he dicho, lo he escrito hace muchos años, hoy en Chile hay 600 mil niños retrasados mentales, porque no se alimentaron lo suficiente los primeros ocho meses de su vida, porque no recibieron las proteínas necesarias. De ahí nació el medio litro de leche, que no es la opción definitiva, pero es un aporte, es algo positivo.

“Pero la reforma agraria es parte de un proceso que tiene como base central recuperar las riquezas fundamentales de Chile para los chilenos, no se trata de apropiarse o de usurpar a las compañías dueñas del cobre, sino de decir, ‘bueno señores, ¿cuánto han invertido en estas compañías y cuánto han sacado de provecho?’.

“Yo le puedo confirmar que en 42 años estas compañías se han llevado de Chile, tres mil ochocientos millones de dólares, con un aporte inicial de diez millones de dólares aproximadamente. Cálculos no exagerados establecen que de Chile han salido en 60 años nueve mil ochocientos millones de dólares, es decir, el valor total del capital social de este país acumulado en 400 años. ¡Un Chile ha salido por nuestras fronteras!

“Es por ello que nosotros planteamos el derecho a nacionalizar nuestras riquezas, porque además hemos sido exportadores de materias primas y usted sabe lo que ha pasado en el mercado internacional.

“Hoy, para comprar lo mismo que se compraba hace 10 años, tenemos que entregar mucho más materia prima, somos países que vendemos barato y compramos caro, porque pagamos los artículos manufacturados de países donde la gente tiene un nivel muy alto.

“Entonces, lo que queremos hacer es aprovechar los excedentes de la economía chilena para desarrollar nuestra propia economía y poder solucionar los problemas esenciales.

“Yo fui ministro de Salud Pública en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, en el año 40, allí hice la primera exposición de la vivienda en este país. En esa oportunidad, técnicos, ingenieros y arquitectos señalaron que en Chile faltaban 320 mil viviendas, de esa fecha hasta ahora han pasado 31 años, pero hoy faltan 440 mil viviendas por el aumento vegetativo de la población.

“Lo mismo ocurre en educación, en salud, en el trabajo, y ningún gobierno ha sido capaz de solucionar los problemas esenciales del pueblo. Pero eso también ocurre en América Latina, en gobiernos democráticos o dictatoriales. Yo creo que todos los presidentes quieren dar trabajo y no pueden, yo me imagino que todos los presidentes quisieran que todos pudieran comer y no pueden, con la educación pasa lo mismo. Entonces hay que preguntarse, ¿por qué no se puede?”

Allende y su crítica a Estados Unidos,
El Mercurio y Agustín Edwards

¿A qué se refiere cuando habla de imperialismo?

– Nuestra lucha no es contra el pueblo, sino con un sector de Estados Unidos, acuérdese cuando Kennedy atajó el alza del acero, la influencia que tienen los petroleros en su país. El pueblo americano es otra cosa, nosotros estamos actuando dentro de la ley.

Las compañías de cobre norteamericanas han sacado mucho mineral. ¿Cuándo piensa terminar con la expropiación?

– Cuando salga la ley, nosotros aplicaremos lo que el Senado dictamine y, de acuerdo con esas atribuciones, haremos la nacionalización y pagaremos indemnización estudiando cada caso y además formaré un tribunal ante el cual puedan apelar las compañías y la Contraloría General de la República será la que fije la indemnización, o sea las más altas expresiones de nuestra organización jurídica.

¿El gobierno de Estados Unidos ha realizado presiones?

– No, ninguna. Nosotros hemos oído la opinión del señor Nixon, pero es una opinión y comprendemos que no esté muy agradado, pero nosotros somos partidarios de que los pueblos tengan el gobierno que deseen y de la no intervención y la autodeterminación. Como hemos visto, hay una campaña internacional muy seria, que evidentemente está radicada en Estados Unidos, donde se publican artículos, absolutamente infundados respecto a Chile.

¿Por ejemplo?

– Que aquí no hay libertad de prensa. ¿Y usted, por ejemplo? Usted está en Chile hace cuatro meses y habrá visto que hay la más amplia e irrestricta libertad periodística y ha visto cómo se nos ataca, cómo los diarios publican lo que se les ocurre, no sólo para apreciar situaciones políticas, sino para referirse a actitudes, hechos, inclusive la vida particular de uno.

“El Mercurio es el diario más poderoso de los sectores oligárquicos, y los diarios que tienen como La Tercera o La Segunda, en un lenguaje mucho más franco, y al mismo tiempo turbio en los ataques.

“Usted ve a la Democracia Cristiana con la prensa por la tarde, en los diarios de provincia el 80 por ciento está en manos de los sectores derechistas y, sin embargo, siguen saliendo sin problemas. ¿Cuántas revistas hay en Chile? Y ninguna de ellas pertenece a la izquierda.

“El presidente de la Asociación Nacional de la Prensa en Chile, el señor Germán Picó, que es el dueño del diario La Tercera, dijo que no hay presión, no hay amenaza, no hay coacción frente a la prensa. Entonces, qué valor va ha tener lo que dicen los señores de la CIA.

“El señor Agustín Edwards debería estar en Chile para responder ante la justicia por lo que ha hecho su banco. Nosotros les retiramos los libros al Mercurio, si señor, para ver si cumplían las leyes tributarias, en Estados Unidos hacen lo mismo ¿verdad? y resulta que le estaban debiendo a la Tesorería Provincial de Santiago cinco mil cuatrocientos millones de pesos. Les vamos a dar facilidades para que paguen, pero las mismas que tiene el resto de la gente, y si no los paga les vamos ha aplicar la ley.

“El Mercurio representa los intereses de los bancos, de los monopolios y ese diario es el principal accionista del Banco Edwards, además, ese banco ha comprometido el crédito de Chile.

“También, es garante de operaciones al margen de la ley, y a espaldas del Banco Central por el doble del capital que tiene el banco. Nosotros no hemos perseguido al banco, es el banco el que nos ha obligado a exigir que cumplan la ley. Si ellos cumplieran con la ley no hubiera pasado nada. Pero nosotros, como Unidad Popular, no hemos hecho nada ilegal”.

Allende y su amigo Fidel Castro

Quisiera saber de sus reuniones con Fidel Castro

– Fidel Castro es un hombre que tiene un gran sentido de la autocrítica y respeta a sus amigos políticos. No va a mandar recetas, ni tampoco yo soy hombre que las reciba. Ello no significa que yo no pueda aprovechar la experiencia vivida por los cubanos, pero de ahí ha mandarme una carta para decirme no haga esto o aquello, jamás.

“Cada país tiene su realidad y sus dirigentes y de acuerdo a esa realidad será la táctica que utilicen los dirigentes. Yo he ido muchas veces a Cuba y he conversado muchas veces con Fidel Castro, conocí bastante al comandante Ernesto Guevara, conozco a los dirigentes cubanos y su lucha, se lo difícil que ha sido vencer el bloqueo.

“Pero la realidad de Cuba es muy distinta a la chilena. Cuba venía de una dictadura, yo llegué a la Presidencia después de ser 25 años senador.

“Tengo una experiencia que la estoy poniendo al servicio de un camino chileno, para los problemas de Chile, nosotros aprovecharemos siempre la experiencia venga de donde venga, pero adecuándola a nuestra realidad. Nosotros no somos colonos mentales de nadie”.

Reflexiones sobre la experiencia del gobierno de la Unidad Popular chileno (1970-1973). Aline Maciel.

ALINE MACIEL
HISTORIADO BRASILEÑA

Texto sobre la experiencia del gobierno de la unidad popular en chile 

 

Los dilemas y enseñanzas sobre una experiencia tan particular y nueva todavía estimula importantes reflexiones para el presente. Principalmente para la actual coyuntura brasileña

La experiencia de la Unidad Popular, ocurrida a principios de los años 1970 en Chile, suscitó, en el campo de las izquierdas, innumerables análisis posteriores al período. Los dilemas y enseñanzas sobre una experiencia tan particular y nueva todavía estimula importantes reflexiones para el presente. Principalmente para la actual coyuntura brasileña, que presenta profundos retrocesos a las conquistas de la clase trabajadora y aleja cada vez más la utopía de grandes transformaciones. Sin embargo, revisar un proceso de intensas movilizaciones y cambios permite compartir experiencias históricas que pueden contribuir a las luchas políticas y sociales en la actualidad.

En la década de 1970, mientras que la mayor parte de la izquierda latinoamericana apoya la lucha armada como una estrategia para la revolución, inspirado principalmente en la Revolución Cubana, en Chile la experiencia de la Unidad Popular 11 fue marcada por su originalidad e ineditismo. La idea de una transición pacífica, sin el uso de las armas, y valiéndose de los espacios institucionales, representó un gran desafío para la izquierda chilena. Por un lado, el carácter original de la UP exigía un debate en profundidad sobre las formulaciones políticas y las concepciones tácticas y estratégicas respecto de los caminos a seguir para la realización de las transformaciones y, por otro, acciones rápidas por parte del gobierno de la UP y de sus partidarios en un momento en el que se configuraba una zona de intensos conflictos. En el calor de los acontecimientos era imprescindible examinar a fondo el proceso, pero también actuar y dar respuestas a los desafíos que la coyuntura presentaba.

Cuando el socialista Salvador Allende fue electo presidente de Chile, en 1970, varias expectativas fueron generadas en la clase trabajadora identificada con las propuestas del nuevo gobierno. El proyecto político propuesto por el gobierno de la Unidad Popular, conocido como “vía chilena al socialismo”, era caracterizado por profundos cambios económicos, políticos y sociales sin el rompimiento con la institucionalidad. La propuesta incluía entre los ejes principales la constitución del llamado Área de Propiedad Social (APS), creada a través de la nacionalización de sectores estratégicos de la economía y la conformación de un sistema de participación popular que trasladara el poder político de las manos de la clase dominante a la clase trabajadora y para los sectores progresistas de la clase media. Para eso, sería fundamental la conquista de los poderes Legislativo y Ejecutivo con el fin de eliminar los obstáculos a las transformaciones defendidas por la UP. Y ese fue uno de los temas que impregnaron los debates en el interior de la coalición, pues Allende no tenía mayoría parlamentaria.

Los minerales (cobre, hierro, nitrato) eran las principales riquezas del país, pero su explotación estaba en manos principalmente de empresas norteamericanas. En el gobierno anterior, el democristiano Eduardo Frei, tuvo una propuesta de chilenización del  cobre, pero, por innumerables motivos, no hubo avance. La nacionalización sería fundamental para disminuir la dependencia al capital extranjero y debilitar el poder de las oligarquías nacionales. En ese sentido, el primer año de la UP fue marcado por la ofensiva política de la izquierda. En los primeros meses del gobierno de Allende, un conjunto sustancial de cambios se hizo, como, por ejemplo, la nacionalización de grandes monopolios industriales y bancarios y la reforma agraria. Se suma a ello la victoria de la UP en las elecciones municipales de 1971 que representó la aprobación del gobierno. En el mismo año se estableció un acuerdo entre el gobierno y la central Única de Trabajadores(CUT), que versó sobre las formas de participación de trabajadores en la APS. El acuerdo abrió el camino para las discusiones relativas a la gestión participativa en las empresas y contribuyó al surgimiento de nuevas formas de organización de la clase obrera en el sistema productivo.

El clima de avances que marcó el primer año del gobierno sufrió un revés en los meses siguientes, y el escenario de inestabilidad se intensificó. La crisis instaurada fue marcada por altos índices inflacionarios, tanto en consecuencia del aumento del poder adquisitivo de trabajadores como del desabastecimiento resultante del boicot al gobierno. 

Las acciones de sectores de la derecha con intención de deslegitimar el gobierno se realizaron desde los primeros días de la UP. Entre ellos: el asesinato del general René Schneider, cometido por el grupo fascista Patria y Libertad con apoyo norteamericano, la Marcha de las Ollas Vacías, organizada por mujeres de las clases más altas en protesta por el supuesto desabastecimiento que la élite mismo había creado, acciones de boicot a la producción y la creación del mercado paralelo, el embargo económico de EEUU y las importaciones la devaluación de las existencias de los minerales en el mercado internacional, el despido de varios ministros del gobierno de Allende, una huelga de los conductores de camiones que ganó la pertenencia de los sectores empresariales, el intento de golpe de Estado conocido como tanquetazo , hasta el golpe militar que derrocó al gobierno e implementado una brutal dictadura en el país que duró casi veinte años.

Además de las acciones por parte de la oposición, la izquierda chilena presentaba divergencias que se profundizaron en el transcurso del proceso. En la historiografía sobre el tema, las principales diferencias se organizaron en dos polos. Uno de ellos, llamado polo gradualista , que abogaba por la necesidad de una alianza con sectores de la burguesía “progresista”, y el gobierno de la primera etapa de la revolución chilena que debe ser presentado como oligárquica, anti – imperialista y anti – monopolio. Este polo estuvo representada principalmente por el Partido Comunista, por un sector Socialista conectado a Allende y en una fracción del Movimiento de Acción Popular Unificado (MAPU), cuyo insignia fue ” consolidar para avanzar “. Por otra parte, el   polo rupturista  defendió la profundización de los cambios realizados por el gobierno, con base en el fortalecimiento del poder popular y sin una alianza con los sectores medios de la Democracia Cristiana (DC). Entre ellos estaban los militantes de un ala del Partido Socialista y del MAPU, la Izquierda Cristiana (IC) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que a pesar de no formar parte de la coalición defendía un apoyo crítico al gobierno, estaban representados por la consigna ” avanzar sin transar “.

Los desacuerdos se profundizan con el así – llamado Paro de Octubre 1972, una huelga de los propietarios de camiones absorbida por sectores empresariales, que agrava aún más la crisis en el país. Desde la parada del empleador hubo un proceso de profundización de la polarización entre los partidarios y los no – partidarios del gobierno y también una profundización de los desacuerdos entre los representantes de los partidos y movimientos que formaron la propia UP.

Con el paro de octubre y las acciones de boicot a la producción, el gobierno junto a la CUT convocó a trabajadoras y trabajadores para actuar contra los intentos de la derecha de desestabilizar el país y como forma de garantizar la producción, distribución y abastecimiento de la población. Varias agencias de base actuaron en defensa del gobierno, incluyendo las articulaciones de abastecimiento y Precios (JAP), comandos comunales (una especie de coordinador de las demandas de los trabajadores), las juntas de vecinos . Durante este período, para hacer frente a la parada del empleador, los trabajadores formaron los llamados industriales cordones 2, que fueron ocupaciones de fábricas organizadas territorialmente y que tuvieron el papel de mantener la producción frente al boicot realizado por empresarios y presionar al gobierno a avanzar en los cambios. Los cordones se fusionaron las empresas nacionalizadas, los que estaban en el proceso de nacionalización y fábricas ocupadas, donde los trabajadores exigieron su nacionalización en vista de las acciones de boicot a la producción por sus propietarios. El sector gradualista condenaba las ocupaciones de fábricas más allá de aquellas aprobadas por el gobierno alegando que la radicalización del proceso minería la posibilidad de un apoyo de sectores progresistas vinculados al empresariado.El polo  rupturista defendía las ocupaciones como forma de avanzar en las transformaciones propuestas y como expresión real del llamado “poder popular”. Las ocupaciones de fábricas y la formación de cordones transgredían el programa político de la UP, cuyas demandas no coincidían con los ritmos de los cambios propuestos por el gobierno. Allende, tras el paro de octubre, llegó a formar un gabinete integrado también por militares como forma de buscar una salida a la crisis instaurada y fue fuertemente criticado por parte de la izquierda chilena.

El clima de alerta que caracterizó los meses siguientes al paro hasta culminar en el golpe militar de 1973 fue acompañado por una intensificación de las movilizaciones de la izquierda y de sus partidarios, pero también de intentos para destituir al gobierno Allende. La situación casi insostenible, agravada por un intento de golpe por la derecha, el apoyo de Estados Unidos, conocido como tanquetazo, hizo que los trabajadores de los cordones enviaran una carta al presidente Allende alertando sobre la inminencia de un nuevo intento de golpe y la urgencia en prepararse para enfrentarlo. La carta fue enviada seis días antes del “septiembre chileno”, que instauró una dictadura en el país y acabó con el Estado de derecho, reprimiendo fuertemente los movimientos populares y marcando profundamente su historia.

El proceso duró más de quince años y fue marcado por el autoritarismo y las violaciones de derechos humanos que dejaron miles de muertos y desaparecidos, cuyos métodos más brutales de tortura fueron usados ​​como forma de impedir cualquier oposición al régimen.

Los años de la dictadura chilena marcaron un período de profundización de las desigualdades sociales con la implantación y desarrollo de las políticas neoliberales en el país. Además, se buscó desmoralizar y apagar la experiencia de la UP, caracterizándola como un período de desorden, violencia, marcado por el desabastecimiento, cuyo papel del régimen militar sería de “reconstrucción de la patria”. Pero la resistencia se dio de varias formas, desde movilizaciones en oposición a la dictadura hasta la formación de frentes armados que lucharon por su fin.

La experiencia chilena de la UP al valerse de los marcos constitucionales para promover cambios profundos en la sociedad amplió y profundizó también la propia democracia, pero sus esfuerzos fueron insuficientes para impedir las acciones opositoras que culminó en el golpe de 1973. Su gran desafío era realizar cambios tan profundos y estructurales que ponían en jaque el poder de las oligarquías y los intereses del capital extranjero, a través del sistema electoral y de respeto a la institucionalidad.

Como se ha señalado por el historiador chileno Mario Garcés, fue el gobierno de Allende que el país experimentó el período más largo de la movilización social y popular y los principales cambios en las relaciones de poder en su historia 3 . En ese sentido, el golpe de Estado de 1973 fue la manera de borrar la “revolución popular” que venía avecinando y de impedir el avance en las transformaciones que se estaban realizando en el país.

En el período post-dictadura, la transición democrática vino acompañada de los traumas dejados por las violaciones y abusos cometidos en la dictadura y los esfuerzos de reconciliación nacional. Como se señaló Nelly Richard, los gobiernos de transición se caracterizaron por el desplazamiento del foco central de las demandas de verdad y justicia, acordaron construir un acuerdo nacional que favoreció a los narrativas sobre el pasado dictatorial 4.

Por otro lado, las narrativas épicas militantes buscaron resaltar las experiencias de lucha en la UP y de resistencia a la dictadura. Las memorias y las narrativas históricas sobre el período, sin embargo, siguen en disputa, y comprender esas disputas posibilita entender los intereses en juego en el presente. Recientemente, en el país, la derecha volvió al poder, después del último gobierno en 2010, con propuestas que involucra, por ejemplo, el endurecimiento de la ley antiterrorista, que afecta directamente a los movimientos sociales en el país (principalmente indígena y estudiantil).

Los análisis posteriores al proceso se realizaron a lo largo de los años e incluyeron colecciones de textos, libros y artículos publicados sobre el período, con reflexiones de teóricos, militantes e intelectuales. Gran parte de ellas fueron también formuladas por personas que participaron en la experiencia de la UP, por lo que integran memorias individuales y colectivas sobre el proceso. Los estudios presentaron reflexiones de diversos aspectos de la experiencia de la UP e incluyeron también críticas y autocríticas. Algunas de ellas apuntaron que los debates y teorías propuestos en la época estaban más centrados en las discusiones estratégicas, tácticas y programáticas que en el modelo por el cual luchaban. También incluyeron un componente fundamental de la derrota de la UP: las divisiones internas y las divergencias sobre los ritmos y los caminos que debía seguir la “revolución chilena”. Otros análisis destacaron una preocupación del gobierno de la UP centrada más en la coyuntura que en los límites del propio proyecto político. En ese sentido, subrayaron que era necesario elaborar más profundamente debates sobre cómo realizar la transición al socialismo, a través de cambios profundos en la sociedad, que pusieron en jaque la producción capitalista, siguiendo los marcos constitucionales.

Hay una vasta bibliografía sobre la Unidad Popular con diversos análisis sobre las experiencias que compusieron el período, como está arriba citado. En este artículo pretendí abordar algunos de sus aspectos principales y señalar algunas reflexiones que se hicieron sobre un período en el que las clases menos favorecidas se atrevieron a ser protagonistas de su propia historia.

 Los estudios incluyen, además de los análisis y formulaciones teóricas, las memorias de aquellos que participaron directamente del proceso. Las reflexiones y rememoraciones sobre el pasado contribuyen a que los acontecimientos no caigan en el olvido, muchas veces forzado, y posibilitan que, en el presente, las personas puedan ir formando sus propios juicios sobre los procesos históricos. Es una forma de compartir experiencias entre las generaciones. Los conflictos y controversias que involucran los esfuerzos de pensar el pasado permiten que los aspectos de lo que se estudia sean reanudados y debatidos. En ese sentido, las memorias sobre el pasado, incorporadas por la historia, pueden funcionar como espacios de luchas políticas en el presente.

Los estudios y debates sobre el tema no están agotados, por el contrario, el distanciamiento en el tiempo puede traer nuevas reflexiones sobre el pasado, y nuevos análisis están siendo producidos, mostrando la riqueza del proceso histórico que se destacó por su originalidad. No había un paradigma y un modelo a seguir, ya que la UP presentó nuevos caminos teóricos y prácticos. Entre errores y aciertos, buscó construir una sociedad menos desigual y ese es uno de los más importantes legados del período. Las experiencias de luchas y movilizaciones enfrentadas en el período contribuyen fuertemente a pensar proyectos futuros que buscan una sociedad más justa e igualitaria.

bibliografía

FLAG, Luis M. Fórmula Chaos: la caída de Salvador Allende (1970-1973) . En el caso de las mujeres.

BORGES, Elisa Campos. ¡Con la UP ahora somos gobierno! La experiencia de los cordones industriales en Chile de Allende. Tesis de doctorado. Universidad Federal Fluminense, 2011.

GARCÉS, Mario. El Despertar de la Sociedad. Los Movimientos Sociales en América Latina y el Caribe. Santiago: LOM Ediciones, 2012.

Maciel, Aline F. Nosotros Gobierno! Participación y organización de los trabajadores en los cordones industriales de Santiago y empresas nacionalizadas de Tomás durante el gobierno de Allende (1970-1973). Tesis de maestría. Universidad de São Paulo, 2015.

MOULIAN, Tomas. Conversación Interrumpida con Allende. Santiago: LOM Ediciones – Universidad Arcis, 1988.

PINTO, Julio; SALAZAR, Gabriel. La historia reciente de Chile II: Actores, Identidad y Movimiento . Santiago: LOM, 1999.

PINTO, Julio (Orgs.). Cuando Hicimos Historia: la Experiencia de La Unidad Popular. Santiago: LOM, 2005.

Soto, Sandra C. cordones industriales: Formas Nuevas sociabilidad del Obrera y Organización política popular . Concepción: Escaparate Ediciones, 2009.

RICHARD, Nelly. Critica de la Memoria (1990-2010). Ediciones Universidad Diego Portales, 2010, 271 p.

Maravall, José. Las Mujeres en la Izquierda Chile Durante la Unidad Popular y la dictadura (1970-1990) . Tesis de doctorado. Universidad Autónoma de Madrid, 2012.

Aline Maciel es  historiadora  doctorada en el programa de Historia Social – USP

NOTAS

1.

La Unidad Popular fue una coalición de izquierda que venció las elecciones en Chile e integraba las siguientes organizaciones políticas: Partido Comunista (PC), Partido Socialista (PS), Partido Radical (PR), Partido Socialdemócrata (PSD), Movimiento de Acción Popular Unificado (MAPU), Acción Popular Independiente (API), Izquierda Cristiana (IC).

2.

Algunos trabajos tratan específicamente de la temática, entre ellos: SOTO, Sandra C. Cordones Industriales: Nuevas Formas de Sociabilidad Obrera y Organización Política Popular. Concepción: Escaparate Ediciones, 2009 .; BORGES, Elisa Campos. ¡Con la UP ahora somos gobierno! La experiencia de los cordones industriales en Chile de Allende. Tesis de doctorado. Universidad Federal Fluminense, 2011 .; MACIEL, Aline F. ¡Nosotros gobierno! Participación y organización de los trabajadores en los cordones industriales de Santiago y empresas nacionalizadas de Tomás durante el gobierno de Allende (1970-1973). Tesis de maestria. Universidad de São Paulo, 2015.

3.

GARCÉS, Mario. El Despertar de la Sociedad. Los Movimientos Sociales en América Latina y el Caribe. Santiago: LOM Ediciones, 2012.

4.

RICHARD, Nelly. Critica de la Memoria (1990-2010). Ediciones Universidad Diego Portales, 2010, p. 16.

La experiencia de la Unidad Popular, ocurrida a principios de los años 1970 en Chile, suscitó, en el campo de las izquierdas, innumerables análisis posteriores al período. Los dilemas y enseñanzas sobre una experiencia tan particular y nueva todavía estimula importantes reflexiones para el presente. Principalmente para la actual coyuntura brasileña, que presenta profundos retrocesos a las conquistas de la clase trabajadora y aleja cada vez más la utopía de grandes transformaciones. Sin embargo, revisar un proceso de intensas movilizaciones y cambios permite compartir experiencias históricas que pueden contribuir a las luchas políticas y sociales en la actualidad.

 

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La recepción de exiliados latinoamericanos en Europa

La recepción de exiliados latinoamericanos en Europa

Raúl Morales La Mura
p. 17-23
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resumen

Durante medio siglo, los flujos migratorios han seguido desarrollándose entre América Latina y Europa. La revolución cubana, como el advenimiento de la dictadura chilena y el destino de los exiliados latinoamericanos, conmovió a las poblaciones europeas que eran particularmente acogedoras. Pero en el contexto de la actual crisis económica, las representaciones están cambiando y es ahora hacia América Latina donde algunos europeos están buscando una vida me

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1Dado que los padres de la independencia de América Latina, Europa siempre ha sido un destino de exilio, en todos los sentidos del término exilio que podemos describir como ideológico a finales del XVIII ° siglo y principios XIX XX , intelectual en el XX XX y terminar político y económico en la primera década del XXI ° siglo. Pero esta relación no es inequívoca y su reciprocidad está embarazada, lo que nos obliga a integrar en el análisis la existencia sostenible, si no permanente, de un flujo migratorio entre estos dos territorios sociopolíticos y que a discreción de sus vicisitudes históricas.

  • 1 Apodo dado a Giuseppe Garibaldi, quien vivirá en el exilio en Brasil, Uruguay y Argentina entre 18 (…)
  • 2 Sobre este tema, deseamos compartir el trabajo de Juan Maestre Alfonso, especialmente su int (…)
  • 3 Estamos hablando de todos aquellos que dejaron Europa para América Latina durante y / o inmediatamente después (…)

2En el exilio de los padres de la independencia, intelectuales, activistas políticos y anónimos en busca de la viabilidad económica, podemos igualar el exilio en el territorio latinoamericano de Guiseppe Garibaldi, este “héroe” de ambos mundos 1 “, y sus compañeros o los comuneros de los dos municipios de París, los anarquistas italianos o españoles republicanos 2 . Por no hablar de todos aquellos que buscan una nueva vida en el Nuevo Mundo, razonablemente lejos de los horrores de la guerra y sus consecuencias económicas negativas para la población 3 .

3Esta contribución se centrará a una pequeña parte de esta larga historia de migración alterna, el de la segunda mitad del XX ° siglo y el comienzo del XXI e . Sin la pretensión de querer presentar las situaciones, los dispositivos o los cursos de manera exhaustiva, o para hacerlos comparativos, resaltaremos algunos hechos importantes o emblemáticos de estos dos períodos para mostrar las dinámicas sociales que provocaron. tanto para hospitalarios como para recién llegados.

4En cuanto a la recepción de exiliados latinoamericanos, dos acontecimientos marcaron de manera desigual e indiscutiblemente Europa en la segunda mitad del XX ° siglo: la revolución cubana y el golpe del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Si los efectos del primero permanecerán limitados geográficamente, su interés no es el menor. El segundo, por el contrario, afectará a toda el área europea, mientras que el segundo todavía está dividido entre Oriente y Occidente. La excitación colectiva causada por esta migración forzada obligó a las políticas públicas a adaptar su oferta en términos de recepción, luego a reconsiderar el ideal típico del exilio latinoamericano.

La recepción de exiliados políticos cubanos en España

5España, que durante los últimos quince años del régimen de Franco sigue siendo uno de los países de emigración, da asilo a más de 30,000 cubanos que huyeron del nuevo régimen de Castro en enero de 1959. Esta paradoja puede ser avanzada como una de las razones por las que la dictadura española no pudo aprovechar el aura que podría esperar de este esfuerzo para recibir a los disidentes de un régimen comunista.

  • 4 Este es un eufemismo.
  • 5 Casi un millón y medio de españoles emigrarán permanentemente al resto de Europa y (…)

6Tanto dentro como fuera de la Península Ibérica, una realidad se mantendrá: “restricciones” 4 económica y social, y la desaparición de la libertad política que resulta en lo que podemos considerar como el cuarto éxodo español del siglo 5 . Por todo eso, la comunidad cubana en España se establecerá sin problemas y prosperará sin mostrarse políticamente. Será establecer vínculos con la parte trasatlántico de la diáspora, sin llegar nunca a influir en la política exterior del país tan acogedor, que, contra todo pronóstico, y para disgusto de los Estados Unidos, mantienen lazos diplomáticos calificados “regular” con Cuba .

Cuando Europa se mueve

7El resto de la Europa 1970 siguió con interés las noticias de Chile en este momento único: la victoria en las urnas de un Presidente en el programa marxista y respeto a las instituciones, desde su toma de posesión y en todo su mandato.

8Aunque el contexto de bipolarización de la Guerra Fría hizo improbable el experimento democrático de la Unidad Popular de Salvador Allende, sin embargo se hizo eco de las aspiraciones de la izquierda europea en busca de su propia expresión. a ambos bloques. Este fue el caso de la Suecia socialdemócrata de Olaf Palme, el Enrico Berlinguer de Italia y la búsqueda de Aldo Moro de un compromiso histórico entre comunistas y demócratas cristianos, y también el de Francia con una Unión de la Izquierda que presentó a François Mitterrand como candidato para las elecciones presidenciales de 1974.

  • 6 ” Estamos yendo cada vez más hacia universos donde se describe el mundo social prescrito por la televisión. L (…)

9La experiencia chilena, incluso si fue declarada marxista, fue percibida por la izquierda europea como una posible ruptura en la lógica hegemónica resultante de la confrontación Este / Oeste. El golpe de estado, luego la dictadura del general Pinochet detendrá con la brutalidad y la barbarie esta ilusión. Este es uno de los argumentos presentados para tratar de comprender la emoción colectiva provocada por este evento en Europa, dada la importancia de las solicitudes de asilo y los sentimientos humanitarios o de injusticia provocados por las imágenes 6 de la violencia sistemática de los golpistas contra las ideas y los hombres que los expresaron.

  • 7 Vicente Ferry, Piero-D. Galloro, Raúl Morales La Mura, “La inmigración chilena en Lorena (1973-

10Los informes sobre el golpe mismo y sobre la represión que siguió fueron difundidos y utilizados por los militares chilenos como un instrumento adicional de represión por el terror que podían provocar entre sus oponentes. Pero, a la inversa, las imágenes del bombardeo del palacio presidencial, tanques apuntando sus cañones y ametralladoras contra civiles desarmados o los que utilizan los libros militares han despertado los europeos inconsciente colectivo y abierto de nuevo las cicatrices de la historia reciente. Las razones de esta emoción colectiva y duradera, que exceden el mismo marco de afinidades políticas, se encuentran en un análisis de todos los datos sin olvidar el carácter de los propios exiliados 7.

Dinámica social inducida en Europa al dar la bienvenida a exiliados políticos chilenos

11Ningún país europeo, del este o del oeste, responde negativamente a la solicitud de asilo de los chilenos. Todos, con sus realidades sociales, políticas y administrativas particulares, reconocen la abyección de su situación.

  • 8 Es difícil estimar con precisión el número de exiliados políticos en un territorio. El diff (…)

12Los exiliados serán unos 20.000 en Suecia, 10.000 en Francia, 7000 distribuida uniformemente entre las dos Alemanias, 5000 en Gran Bretaña, 3.000 en Italia, 2.000 en Suiza, 1000 en Bélgica, Rumania o en Bulgaria, cientos en Yugoslavia y menos de un centenar en Luxemburgo. La Cuenta 8 es solo aproximada pero, más allá de estas cifras, debemos notar el surgimiento, en la sociedad civil, de fenómenos que van desde la desobediencia cívica a la influencia política, que con el propósito de reciban a estos exiliados sin considerar los límites impuestos por los arreglos ad hocestablecidos .

  • 9 Claudio Bolzman, “Génesis y dinámica de transformación de una comunidad de exiliados: el ejemplo de (…)

13Podemos recordar los esfuerzos del embajador sueco en Chile, Harald Edelstam, quien, debido a su posición y su acción, vio su embajada atacada militarmente varias veces entre septiembre y diciembre de 1973. La dinámica social es similar cuando consideramos comités de solidaridad formados en Europa por nacionales. Mencionemos el caso de Suiza que, habiendo fijado una cantidad de chilenos para recibir, aceptará, a solicitud de la sociedad civil, acomodar diez veces más 9 . También podemos mencionar el caso de Francia, no porque sus gobernadores o su administración hayan limitado a priori el número de personas a acoger, sino porque el campo asociativo trabajó para el establecimiento de un sistema nacional de recepción exiliados

14Ejemplos de este tipo son tan variados como múltiple en todo el territorio europeo. Sin embargo, ambos comparten características comunes: son el resultado de una emoción colectiva y una acción duradera, al menos interdependiente cuando no estaba comprometida, de una parte sustancial de la sociedad civil acogedora. Son estas dinámicas sociales las que participarán en la reconfiguración del ideal típico del exilio latinoamericano.

La peculiaridad de España en la recepción de exiliados políticos

15El último trimestre de 1970 también vio la llegada a Europa de otros exiliados políticos de los países latinoamericanos que huyen de las dictaduras ideológicamente similares a la de Pinochet, con las mismas disposiciones de la brutalidad y la violencia instituida. Estos recién llegados se beneficiarán de las instalaciones de recepción diseñadas ahora “para” y experimentadas por la diáspora chilena. Identificados con el ideal típico del exilio, sus condiciones de vida y socialización serán similares en la mayor parte de Europa, con la excepción de España.

  • 10 Elda Gonzales Martinez, “Buscar un refugio para recomponer la vida: el exilio argentino de los años (…)

16La España posfranquista se erige como la elección mayoría de los argentinos, uruguayos, bolivianos, colombianos y peruanos, aunque esta elección implica una inseguridad institucional más fuerte, ya que no se le concedió el estatus refugiado Los argentinos son, por ejemplo, más del 45 por 000 en España cuando nunca exceden 2500 en Francia y Suecia 10 .

17Si las dinámicas sociales que han surgido en la sociedad civil de otros países europeos para acoger a los exiliados chilenos se encuentran en la Península Ibérica, esta vez para enfrentar el exilio de los latinoamericanos (incluidos los chilenos), no lograrán producir sus efectos hasta que sea demasiado tarde. No fue sino hasta 1984 que se otorgó un estatus a estos exiliados, con la promulgación de la ley que regula el derecho de asilo y la condición de refugiado. Mientras tanto, habrán residido con una visa de turista renovada cada tres meses, sin ningún obstáculo administrativo real y teniendo derecho a trabajar, según una legislación que data de 1969, diseñada para facilitar la presencia cubana anticastrista.

Exilio económico latinoamericano en Europa, repentino y masivo

  • 11 José del Pozo Artigas (dir.), Exiliado: emigrados y retornados. Chilenos en América y Europa, 197 (…)

18En relación con las noticias de América Latina, la última década del XX °siglo aparece un nuevo problema: el de la vuelta de los exiliados políticos 11 . Entonces, al principio del XXI ° siglo comienza realmente exilio económico de los latinoamericanos en Europa. Este fenómeno es repentino y masivo, pero afecta el territorio europeo de manera desigual.

  • 12 En orden de importancia en términos de números: Ecuador, Perú, Colombia y Bolivia. Entre otros, vea Ces (…)

19Los países emisores son los países andinos 12 , principalmente Ecuador desde el año 2000, y los países anfitriones España e Italia. España tiene casi medio millón de ecuatorianos en 2006 y diez veces menos para Italia. Para el resto de Europa, incluso considerando aquí y allá que el número de residentes de los países andinos podría duplicarse o incluso triplicarse, nunca alcanzarán la escala notada para estos dos países.

20Para comprender esta diferencia, hay que tener en cuenta las causas fundamentales de la migración, que pueden ser descritos como ordinaria. Por un lado, una crisis económica en Ecuador causada por la dolarización de su moneda en 1999, resulta en una devaluación que causa que los ecuatorianos pierdan más del 30% de su poder adquisitivo. Por otro lado, en este lado del Atlántico, principalmente en España e Italia, existe una necesidad de mano de obra para satisfacer la demanda de nuevos mercados agrícolas y servicios de asistencia personal.

  • 13 Especialmente cierto para Italia, un poco más equitativamente distribuido para España debido a sus necesidades (…)
  • 14 Se puede dar un ejemplo con la competencia entre residentes de Filipinas y (…)

21Esta es una migración altamente feminizada, joven y calificada 13 . Estas mujeres solas o con niños se concentran en las grandes aglomeraciones urbanas, Madrid, Barcelona, ​​Roma, Milán y Génova, donde la necesidad de ayudar a la persona se siente más. Se complementan o compiten con la mano de obra existente 14 . Tenga en cuenta también su presencia en Andalucía, exclusivamente para las necesidades de la agricultura.

El enfrentamiento con la discriminación

  • 15 Luca Queirolo Palmas, Andrea T. Torre, fantaseaba con esta banda. Génova y latinos , Genova, Fratell (…)
  • 16 Raúl Morales La Mura, “Latinos de los Apeninos a los Andes: un ethos de la discriminación”, enVincent Fer (…)

22En los dos países de acogida privilegiados de esta migración, España e Italia, las dinámicas sociales que enfrentan los exiliados son cercanas a la discriminación sufrida por las migraciones polacas, italianas o magrebíes en Francia. Terminan reificante latinos a través de la calificación como “trabajadores” y “agradable” para las mujeres, “macho” y “alcohólico” para los hombres, “delincuentes” y “peligroso” para la juventud 15 . Esta percepción negativa se extenderá a todos los latinoamericanos que residen en ambos países 16 .

  • 17 ” La denigración social por parte de los poderosos generalmente tiene el efecto de inculcar al grupo menos que (…)

23Para las sociedades de acogida, es menos para defender a afirmar su dominio establecido en trasplante. Estos mecanismos son una constante que va mucho más allá de esta contribución, que se han estudiado en repetidas ocasiones sobre otra geográfica, histórica y política 17 .

El final del exilio económico latinoamericano en Europa

24La crisis financiera de finales de la primera década del siglo XXIsiglo ha afectado particularmente a Grecia, Italia y España. Al mismo tiempo, Ecuador está experimentando un repunte económico y está instituyendo una política de incentivos para el retorno, llevada por el propio Presidente. Lo mismo es cierto, en menor medida, para los otros países andinos. Así, entre 2008 y 2012, casi 12,000 exiliados de los países andinos, radicados en España, regresaron a su país de origen. A este número, debemos agregar a las personas que han elegido pasar de una estrategia bipolar a otra, tripolar, en busca de estabilidad económica en otros países y en particular en los Estados Unidos, donde se encuentra la comunidad andina. mucho tiempo Solo en 2012, más de 150,000 ecuatorianos que residen en España decidieron abandonar el país y no se encuentran entre los números enumerados en otros países europeos.

25Si estos factores marcan el final de este exilio, la discriminación contra los latinos en los países de acogida aún continúan. En un mercado laboral tan pequeño, los europeos comienzan a pensar, tal vez para decidir, su propio exilio económico en territorios emergentes como Chile, Brasil o Argentina.

El lugar de Francia en el hospedaje de exiliados latinoamericanos

26Francia ha hospedado principalmente a exiliados políticos, incluidos los chilenos. Si tomamos como referencia el número de exiliados que se han beneficiado de la condición de refugiado, en términos cuantitativos, es solo superado por Suecia.

  • 18 Vincent Ferry, Piero-D. Galloro, Raúl Morales La Mura, op. cit. , pp. 410-411.

27Más cualitativamente, las dinámicas sociales inducidas por esta recepción son las mismas en el territorio francés que en el resto de Europa, pero son traducidas en Francia por un sistema nacional de recepción de exiliados, organizado por la administración de el Estado y la administración delegan a la sociedad civil a través de su campo asociativo. Este es uno de los factores que contribuyó a la integración de estas poblaciones, lo que les permitió construir una ruta social de reclasificación que les llevó, en su mayoría, a encontrar al menos su nivel social de origen en una sociedad Francés que mereció el calificador de bienvenida 18 .

conclusión

28Si, durante la segunda mitad del XX ° siglo y el comienzo del XXI e , un número algunos exiliados latinoamericanos fueron recibidos en el territorio europeo, no hay que ignorar la naturaleza pendular de este flujo migratorio. Los riesgos históricos, políticos y económicos son cruciales para la migración, ya que representan y configuran los movimientos de las personas en ambos lados del Atlántico. En esta lógica, los estudios sociológicos y demográficos están ahora interesados ​​en los europeos que buscan nuevas perspectivas en el territorio latinoamericano. Este flujo migratorio entre América Latina y Europa, a su vez tierras de emigración e inmigración, no tiene ninguna conclusión posible.

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notas

1 Apodo dado a Giuseppe Garibaldi, quien vivirá en el exilio en Brasil, Uruguay y Argentina entre 1835 y 1848.

2 Sobre este tema, queremos compartir la obra de Juan Maestre Alfonso, incluyendo su intervención “ida y vuelta del exilio intelectual español en América Latina”, en el XIV ° Encuentro de Latinoamericanistas Españoles: Congreso Internacional , España, Santiago de Compostela, 2010 Disponible en línea:  http://halshs.archives-ouvertes.fr/

3 Estamos hablando de todos aquellos que dejaron Europa para América Latina durante y / o justo después de la guerra de reunificación de Italia, las Guerras Carlistas, la Guerra Prusiana, la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

4 Este es un eufemismo.

5 Casi un millón y medio de españoles emigrarán permanentemente al resto de Europa y al extranjero entre 1960 y 1975. Para el año 1965 solamente, habrá más de 80 000. Ver José Naranjo Ramírez, “España: de la emigración a la inmigración”, en la Reverenda ATALA , n ° 11, 2008, pp. 121-135.

6 ” Estamos yendo cada vez más hacia universos donde se describe el mundo social prescrito por la televisión. La televisión se convierte en el árbitro del acceso a la existencia social y política “, Pierre Bourdieu, En televisión, seguido de L’Emprise du journalisme , París, Razones para actuar, 2008, p. 21.

7 Vicente Ferry, Piero-D. Galloro, Raúl Morales La Mura, “La inmigración chilena en Lorena (1973-

2004) “, en Studi Emigrazione , n ° 154, 2004.

8 Es difícil estimar con precisión el número de exiliados políticos en un territorio. La dificultad no es estadística, está relacionada con la definición de exilio político. Si solo consideramos a aquellos a quienes se les ha otorgado asilo, obtendremos un número definido de exiliados políticos. Pero este número no tendrá en cuenta a los exiliados, igualmente políticos, que hayan elegido o hayan pasado por otras estrategias para estabilizar su situación: matrimonio mixto, estudios, ilegalidad, etc. Hemos tomado la decisión, bastante arbitraria, de referirnos solo al número de exiliados políticos a los que se les ha otorgado el estatuto de refugiado en cada uno de los países mencionados.

9 Claudio Bolzman, “Génesis y dinámica de transformación de una comunidad de exiliados: el ejemplo de los chilenos en Suiza”, en Piero-D. Galloro (eds.), El exilio de los sudamericanos en la Europa francófona , Nancy, Nancy University Press, 2010.

10 Elda Gonzales Martínez, “Buscar un refugio para recomponer la vida: el exilio argentino de los años’70”, en Deportate, Esuli, Profughe , n ° 11, 2009.

11 José del Pozo Artigas (dir.), Exiliado: emigrados y retornados. Chilenos en América y Europa, 1973 – 2004, Santiago, RIL Editiones, 2006.

12 En orden de importancia en términos de números: Ecuador, Perú, Colombia y Bolivia. Entre otros, ver César Germaná, Max Meneses, Ivonne Valencia et al. (ed.), La Migración internacional. El Caso Peruano , Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2005.

13 Especialmente cierto para Italia, un poco más equitativamente distribuido para España debido a sus necesidades de mano de obra agrícola. Ver Isabel Yepez del Castillo, Gioconda Herrera (ed.), Nuevas migraciones latinoamericanas en Europa. Balances y Desafíos , Quito, FLACSO / OBREAL / UCL / UB, 2007.

14 Se puede dar un ejemplo con la competencia entre los residentes de Filipinas y los recién llegados a Ecuador en Italia. Ver Laura Zanfrini, “La ética de la migración. ” En Fabio Baggio, Laura Zanfrini (dir.), Gestión de Migración y Ética. Visualizando un Enfoque Diferente, Milano, International Polimetrica Scientific Publischer, 2006.

15 Luca Queirolo Palmas, Andrea T. Torre, fantaseaba con esta banda. Génova y Latinos , Génova, Fratelli Frilli Editori, 2005.

16 Raúl Morales La Mura, “Latinos de los Apeninos a los Andes: un ethos de la discriminación”, en Vincent Ferry, Piero-D. Galloro (ed.), Discriminación étnica y racial. Discursos, actos y políticas públicas entre conjuros y humillaciones , París, L’Harmattan, 2009.

17 ” La denigración social por parte de los poderosos generalmente tiene el efecto de inculcar al grupo menos poderoso una imagen devaluada, y así debilitarse y desarmarse ” , Norbert Elias, John L. Scotson, Lógica de la exclusión. Encuesta sociológica en el corazón de los problemas de una comunidad, París, Fayard, 1997, p. 36.

18 Vincent Ferry, Piero-D. Galloro, Raúl Morales La Mura, op. cit. , pp. 410-411.

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Para citar este artículo

Referencia de papel

Raúl Morales La Mura , ”  La recepción de exiliados latinoamericanos en Europa  “, Men & Migrations , 1305 | 2014, 17-23.

Referencia electrónica

Raúl Morales La Mura , ”  La recepción de exiliados latinoamericanos en Europa  “, Men & Migrations [Online], 1305 | 2014, publicado el 1 de enero de 2017, visitado el 20 de junio de 2018. URL: http://journals.openedition.org/migrations/2709; DOI: 10.4000 / menmigrations.2709

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autor

Raúl Morales La Mura

Sociólogo e investigador en el Laboratorio de Ciencias Sociales de Lorena (2L2S), Universidad de Lorena.

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Derechos de autor

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¡Maldito Allende!

¡MALDITO ALLENDE!
10 DICIEMBRE 2017 HISTORIA Y CÓMIC
¡Maldito Allende!, de Olivier Bras y Jorge González (ECC)

Uno de los acontecimientos históricos más importantes de los últimos 50 años fue el Golpe de Estado de Augusto Pinochet para derrocar el gobierno de Salvador Allende. Marcó un antes y un después en la historia de América Latina, en sus relaciones con los Estados Unidos y a causa de la influencia de la Escuela de Chicago fue uno de los primeros estados que implantó el neoliberalismo como doctrina económica oficial (os recomiendo mucho la lectura de La doctrina del Shock, de Naomi Klein o como mínimo, el visionado del documental del mismo nombre). El legado tanto de Allende como de Pinochet aún dividen a la sociedad chilena y las múltiples heridas que provocó la dictadura todavía no han cicatrizado.

Olivier Bras, periodista francés que ejerció de corresponsal en Chile mientras Pinochet estaba detenido en Londres, y el dibujante argentino Jorge González ya hablaron de este episodio en el primer número de la revista La Revue Dessinée con Allende, le darnier combat, donde explicaban los sucesos del 11 de septiembre de 1973. En esta ocasión, en ¡Maldito Allende!, van varios pasos más allá y reconstruyen la vida de ambos personajes históricos y tratan de recuperar la memoria sobre el ascenso de Allende y el golpe de Estado de Pinochet, además de reflexionar sobre los sentimientos de la sociedad chilena sobre su pasado.

La estructura del cómic es compleja, puesto que por un lado Bras y González reconstruyen en paralelo las vidas de Salvador Allende y de Augusto Pinochet; y al mismo tiempo, mediante una subtrama de ficción, somos testigos de cómo vive los acontecimientos de su país de origen Leo, un joven chileno cuyos padres decidieron instalarse en Sudáfrica cuando Allende llegó al poder. Esta doble vertiente funciona de forma muy efectiva y permite a los autores profundizar en los hechos que nos van narrando. Pese a la relativa brevedad de la obra – 144 páginas – la magnitud de lo que nos cuentan Bras y González es inmensa.

Su posición ética y moral ante Allende y Pinochet es clara y firme, pero el guión no transmite el maniqueísmo simplista al que tan acostumbrados estamos estos días. Allende fue un personaje fundamental para las clases populares al que derrocó un golpe militar tras las presiones de la burguesía chilena y de Washington, pero también es un personaje con claroscuros y los autores no los evitan. Pinochet es célebre por ser el líder militar que lideró el golpe del 11 de septiembre de 1973 y por ser el dictador que gobernó Chile durante casi 17 años, pero su ascendente carrera en las fuerzas armadas chilenas es poco conocida. El recorrido que nos ofrecen Olivier Bras y Jorge González nos permite descubrir a las dos personas que vivían tras los personajes públicos, así como sus dudas, sus miedos y sus acciones.

El ritmo del cómic está muy trabajado y la propia estructura gráfica de la obra, con pequeños episodios que concluyen con ilustraciones a página completa, marca la cadencia de lectura. La combinación de las tres historias – Allende, Pinochet y Leo – funciona con acierto y es sencillo seguir el hilo de la narración. Los momentos de tensión, especialmente las páginas dedicadas a los hechos del 11 de septiembre de 1973, contrastan con las pausas que introducen los autores y que nos inducen a la reflexión. Es destacable la forma en la que Leo va descubriendo por él mismo el pasado de Chile. Cuando escapa del control paterno empieza a ser consciente de que su visión es parcial y muy sesgada y poco a poco va completando su memoria personal, muy alejada de la que le había impuesto su familia.

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Gráficamente el trabajo de Jorge González es espectacular. Las composiciones de página, el uso del color, la creación de atmósferas o la iluminación son solo algunos de los aspectos a los que vale la pena dedicar atención. Los personajes históricos son perfectamente reconocibles, aunque González no busca el realismo más llamativo para retratarlos. Si en obras anteriores ya había demostrado su capacidad gráfica prácticamente infinita, en ¡Maldito Allende! compendia todas sus virtudes y al hacerlo evidencia las inagotables posibilidades del cómic como medio. Sin duda, es una de las obras que más impacto visual me han causado en los últimos tiempos. Además, la cuidada edición, con una entrevista a los autores y numerosos bocetos, contribuye a hacer de este cómic una obra redonda.

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La densidad de la trama, el interés que suscitan los hechos narrados y el despligue gráfico de Jorge González son los ingredientes que forman una obra que funciona a todos los niveles. Una segunda lectura, además, permite apreciar los matices y la riqueza gráfica de la obra, al tiempo que nos ayuda a reflexionar sobre uno de los temas esenciales para mí desde que inicié el blog: el diálogo entre Historia y memoria. La verdad de los hechos históricos y la verdad de cada uno de nostros ante nuestros recuerdos no siempre coinciden y van cambiando a lo largo del tiempo; a pesar de la dificultad que implica, Bras y González han conseguido ahondar en esta compleja cuestión. ¡Maldito Allende! es uno de los mejores cómics que he leído en 2017, no lo dejéis escapar.

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Historia y Cómic

¡Maldito Allende!, de Olivier Bras y Jorge González (ECC)

Uno de los acontecimientos históricos más importantes de los últimos 50 años fue el Golpe de Estado de Augusto Pinochet para derrocar el gobierno de Salvador Allende. Marcó un antes y un después en la historia de América Latina, en sus relaciones con los Estados Unidos y a causa de la influencia de la Escuela de Chicago fue uno de los primeros estados que implantó el neoliberalismo como doctrina económica oficial (os recomiendo mucho la lectura de La doctrina del Shockde Naomi Klein o como mínimo, el visionado del documental del mismo nombre). El legado tanto de Allende como de Pinochet aún dividen a la sociedad chilena y las múltiples heridas que provocó la dictadura todavía no han cicatrizado.

Olivier Bras, periodista francés que ejerció de corresponsal en Chile mientras Pinochet estaba detenido en Londres, y el dibujante…

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Las mujeres de Junio. Tres Anitas y sus vivos muertos.

Las tres Anitas y sus vivos muertos. Enclave testimonial. 40 años

Myriam Carmen Pinto.

Zurdos no Diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos. Julio 2016.

“Mi Juanito… Mi Juanito“, dice la señora Ana González  cada vez que se encuentra con Anita Altamirano;  la abraza, le apreta una mano y la mira  fijo a los ojos. Se refiere a Juan Gianelli,  detenido, haciendo clases, a quién conoció en su casa cuando estudiaba con su hija Ana María para graduarse de profesores normalistas. Frecuentemente,  también, se reunía con su marido, Manuel Recabarren, que fuera secuestrado una mañana cuando salía en búsqueda de dos de sus hijos, que fueron subidos a la fuerza a un vehículo la noche anterior, incluyendo a la esposa de uno de ellos, embarazada de tres meses y que nunca se supo si  el bebe nació o no. Ocurrió en 1976. Todos  ellos desaparecieron.

Corrían los últimos días de julio de 1976 cuando la señora Ana divisaba por los pasillos de la Vicaría de la Solidaridad, convertida prácticamente en su segunda casa, la llegada de una mujer muy angustiada y desorientada; no sabía hacía donde dirigir sus pasos, ni siquiera dónde detener su mirada. Era la profesora Anita Altamirano. Buscaba ayuda, siguiendo los consejos que le dejara su propio marido en caso de que lo detuviesen. Pese a que no la conocía, pero como su corazón es grande y lo hacía con muchas que llegaban en las mismas condiciones, fue a su encuentro para preguntar que le pasaba, la escuchó y la invitó a una actividad por la tarde. No podía quedarse. Debía regresar a la escuela y después correr a cuidar a sus hijos de 5 y  un año y medio. Ellas tenían 50 y 34 años.

Al día siguiente, nuevamente se encuentran. Regresaba a firmar los escritos de un recurso de amparo. Al verla, de nuevo se acerca, la saluda, diciendo: “No me habías dicho que  era mi Juanito al que buscabas”. Y claro… lo conocía. En la Escuela Normal, fue compañero de curso de Ana María, su hija, estudiaban juntos en su casa, donde también se reunía frecuentemente con Manuel Recabarren, su marido. Militaban en el partido Comunista, vivían en la popular y combativa comuna de San Miguel y siempre se topaban en actividades culturales y políticas que tenían lugar en el teatro municipal Domingo Gómez Rojas, que ya no existe.

La mañana del 30 de abril de 1976, su marido, Manuel Recabarren Rojas, (50 años), fue secuestrado al salir de su casa en búsqueda de información que diera luces del paradero de sus hijos Manuel, (Mañungo), 22 años,  Luis Emilio, 29 años  y su esposa, Nalvia Mena Alvarado (20 años), embarazada de tres meses. La noche anterior, a los tres los habían subido a la fuerza a un vehículo, incluyendo al pequeño hijo, Luis Emilio, de apenas dos años, a quien al cabo de un par de horas un hombre lo baja de un vehículo, dejándolo solo y llorando a seis casas de la familia. Ese llanto desconsolado interrumpió la película que veía en la televisión con uno de sus hijos.

De inmediato se levanta, dirige sus pasos hacia la puerta y al abrirla se percata era su nietecito que venía de la mano de una de sus vecinas; el comienzo de una historia que en menos de 24 horas cambiaría su vida por siempre. Aquella noche, un poco antes de abrir esa noche la puerta de su casa, le había mostrado a su marido -“Mi Negro”, lo nombra – un bosquejo de un panfleto que había confeccionado para repartir en un acto que organizaban para conmemorar el Día de los Trabajadores. A él le gustó, la felicitó y antes de trasladarse a otra habitación le envía un beso; el último que sellaría su despedida. Sus compañeros le apodaban “El Samurái” por su personalidad guerrera y fuerte, un dirigente abierto a escuchar y solucionar los problemas que le planteaba sus compañeros. Había trabajado en el diario El Siglo, en las editoriales Universitaria y Nascimento y durante el gobierno del presidente Allende dirigía las Juntas de Abastecimiento y Precios, JAP de la comuna de San Miguel. Su hijo, Manuel, trabajaba de gasfiter  y Luis Emilio, también del gremio gráfico, era dirigente de la asociación de funcionarios de la Universidad Técnica del Estado. Era su marido, su todo, le había enseñado a cocinar, hacer el amor, amar al pueblo; era su todo. Le decía “La consentida”.

Tres meses después, el lunes 26 de julio, en el marco de la serie de operativos represivos contra la dirección clandestina e importantes dirigentes de masas del Partido Comunista de Chile, el profesor, Juan Gianelli Company, era detenido por un grupo de civiles en la Escuela de Niñas N°24. Regresaba de sus vacaciones de invierno. Había firmado, junto a 17 dirigentes sindicales, una carta enviada al Ministro de Hacienda en la que daban a conocer su preocupación por los cierres de industrias, despidos masivos de trabajadores y su rechazo al modelo económico neoliberal que por entonces hacía su estreno. Fue uno de los fundadores del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE), disuelto por decreto, al igual que el sistema de Escuelas Normales que puso fin a una época de más de un siglo de formación del profesorado chileno. Tenía 29 años.

Anita, recuerda que por su liderazgo era capaz de hacer callar un teatro lleno de trabajadores y por la tarde, en medio de folcloristas y bailarines del conjunto “Millaray” y “Cantos y Danzas de Chile, Héctor Pávez”, se volvía un bailarín, un artista, “cara a cara, pecho al frente”, el mejor de la cueca larga chilota y cueca zapateada. Ese día no llegó a la cita. Cada año, el día 26 de julio, visitaban a la señora Ana Julia, mamá de Anita, con ocasión de su cumpleaños. Paradojalmente, los tres profesores reunidos en torno a esta fecha conversaban siempre sobre su importancia y significado:  el inicio de la revolución cubana, la ejecución del inca Atahualpa, los cumpleaños de Eva Perón, Unamuno, Machado y Mozart, el día de Santa Ana. La señora Ana González, también cumple años.

Las madres de todas las protestas

Mi Juanito“, “Mi Juanito“, empezó a repetirse en reuniones e innumerables actividades organizadas por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). ¡Nuestra Vida por la Verdad!, era la consigna que levantaban en lienzos, pancartas y fotografías. Los buscaban en las listas de prisioneros que se daban a conocer en las afueras de los recintos de detención; los paquetes que les dejaban eran devueltos. Los buscaban la en la morgue, hospitales y postas de urgencia… ¿Dónde están?, preguntaban. Ni los santos son tan santos, era la respuesta, los negaban, llegaron a decir que no existían, que no habían nacido nunca o que algunos estaban sumergidos o habían salido del país con otras mujeres.

En junio de 1977, las dos anitas, junto a un grupo de 26 personas, todas familiares de detenidos desaparecidos, participaron en la primera huelga de hambre* que realizaron en la sede de la Cepal. Esta, que fue la primera manifestación pública en plena dictadura militar, les significó ser reconocidas como las madres impulsoras del movimiento por la verdad y la justicia, promoción y defensa de los derechos humanos, la libertad y recuperación de la democracia. “A las mujeres de Junio”,  titulaba su poema, Violeta Zuñiga, esposa de Pedro Silva y Aminta Traverso, poco antes de abandonar la sede internacional, escribía en un pizarrón de una de las salas de reuniones: “El dolor del hambre no se compara con el dolor de no tener al frente al ser amado”; una frase grabada en medallas, pulseras, arpilleras y todo lo que salió de las manos de artesanos solidarios con destino a Europa.

Por participar en esta huelga, Anita perdió su trabajo de profesora en la escuela Parroquial Inmaculada Concepción de Vitacura. A diferencia de la directora de la escuela de la comuna de San Miguel, que le daba permiso y dinero para el taxi, pese a que le solicitaba se mantuviera en segundo plano y tratara de no salir en las fotos durante las protestas, este director, que era un sacerdote holandés, la despidió, acusándola de trabajar para la resistencia. Un par de meses después, el 23 de noviembre de 1977, la señora Ana González,  Gabriela Bravo y Ulda Ortiz, esposa del diputado Carlos Lorca y José Baeza, ambos detenidos desaparecidos, fueron impedidas de ingresar al país. Les dieron el titulo de Terroristas por las denuncias formuladas ante la Comisión de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Fueron estas mismas gestiones las que finalmente lograron revertir dicha prohibición. La señora Ana no quiso asilarse, regresó a Chile y siguió su lucha como si nada. En 1978, prosiguieron nuevas huelgas de hambre, ayunos, encadenamientos a las rejas del Ministerio de Justicia y protestas por las calles. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!… gritaban por las calles con las fotografías de sus seres queridos clavadas al pecho como si fueran los clavos de la cruz  al madero. No tenían miedo, aunque muchas veces las declararon públicamente sospechosas de delitos. De hecho, en varias oportunidades, las acusaron de trabajar para el comunismo internacional y los “frailes izquierdizantes”, según les decían.

Por esos años, entre noches en vela, incertidumbres, pesares, angustias, durante las horas de mayor desasosiego cuando participaban en la primera huelga de hambre, las dos anitas, mientras no sabían si al salir las detendrían, las expulsarían del país o las harían igualmente desaparecer, recordaban a los suyos, abarcando, incluso a Ana María, la hija de la señora Ana que fuera compañera de curso de Juan Gianelli.

Más de una vez, tratando de recuperar este pedazo de historia, Anita le ha preguntado a la señora Ana, sí ellos fueron pareja. La duda proviene, a partir de una fotografía de una gira que realizó dicha promoción de profesores y que ella encontró guardada como si fuera un tesoro en un maletín de su marido.  A ello se suma lo que le dijera la dueña de la residencial, donde alojaron durante su luna de miel en Chiloé. Al llegar, ella,  una mujer ciega, al palpar su rostro, exclamó… ¡usted no es la misma Anita que antes acompañaba a este encantador joven profesor!.

Cada vez que Anita hace esta pregunta, la señora Ana, la escucha, enciende un cigarro, lanza el humo, mira hacia el horizonte y responde un No, seguro y firme, aunque en una oportunidad, en uno de los desvelos en la Cepal, respondió que en caso de que a ella le pasara algo, le dejaría a su cuidado a su nieto Rodrigo, el primer hijo de Ana María, que había salido fuera de Chile.

Ana María Recabarren, murió el 16 de marzo de 2007, precisamente, el día de cumpleaños de su hijo Rodrigo y de Anita Altamirano. Desarrolló un cáncer fulminante, se le desató poco tiempo después de escuchar en una reunión, – en el marco de la Mesa de Dialogo (1999-2000),-  que a su hermano, Luis Emilio, lo habían lanzado a las aguas del puerto de San Antonio. En esa oportunidad, un grupo de representantes de las Fuerzas Armadas dieron a conocer una lista de detenidos desaparecidos que fueron arrojados, desde unos helicópteros, al mar abierto dentro de unos sacos y amarrados a un riel. Un estridente y desgarrador grito brotó de lo más profundo de ella, dejándola inconsciente. Parecía su alma, salía de sí. Fue tratada por médicos y psicólogos, pero no logró sobreponerse. Ya no soportaba tanto sufrimiento, tanto dolor crónico, todas sus heridas abiertas. Su partida concretaba un sexto arrebato al interior de la familia Recabarren González.

Por tu vida, mi vida

Las dos Anitas podrían no estar contando esta historia. La señora Ana se salvó ese día que se llevaron a su marido porque se retrasó al vestir a uno de sus nietos y el más pequeño, el hijo del matrimonio secuestrado, seguía llorando de manera desconsolada y Anita, la profesora, una noche en la calle fue acuchillada. No murió desangrada porque una mujer, que después supo había sido alcaldesa, la llevó de inmediato a una Posta de Urgencia.

Viviana, Berta, Tolita, Sola, otras Anitas, entre ellas, Ana Rojas y Anita Molina, madre de Pedrito… creían al comienzo de su lucha los encontrarían vivos, pero al pasar de los años, poco a poco, la verdad empezaba a emerger. Los habían asesinado y ocultado. Varias no han podido llorar, otras lo han hecho a mares, algunas ya no tienen más lagrimas, se les secaron, tuvieron que aprender a volver a sonreír por sus hijos y nietos. A muchas se les detuvo el tiempo o quedaron fuera de este; siguen esperándolos con un plato puesto a la mesa, les planchan las camisas y preparan la cama por si regresan a altas horas de la noche. También se cuentan varios suicidios de madres, hijos o bien enfrentan profundos traumas y conflictos. En 2008, la señora Otilia Vargas,  dijo en su agonía  que su marido la venía a buscar y que estaba a la espera de sus cinco hijos; dos de ellos desaparecidos y tres ejecutados.

La señora Ana dice que el amor a los suyos y al pueblo es lo que la ha mantenido en pie, levantarse cada día, seguir entera, salir a la calle y continuar su lucha año tras año. “Todo mi amor está aquí y se ha quedado pegado a las rocas, al mar, a las montañas”, se lee en el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político, que fue construido dentro del Cementerio General de Santiago; el primero que en el Chile de la transición se inaugura en 1994, representando a 3.079 víctimas de la tiranía sanguinaria.

La señora Ana fue  detenida nueve veces, estuvo en calabozos y la Cárcel de Mujeres. Estando en la prisión, en vez de quejarse, se dedicaba a limpiar los baños y a compartir con sus compañeras pensamientos positivos. Por su coraje, fuerza, bondad y actitud de vida ha sido reconocida como un baluarte emblemático, un monumento viviente a la dignidad humana y a todas las memorias de lucha. Así y todo, la han tratado de mentirosa. En 2009, la diputada Karla Rubilar, aseguró que Luis Emilio Recabarren, estaba vivo y que residía en Buenos Aires. Al enterarse de esta noticia, Luis Emilio, llamó desde Suecia, anunciando que su padre estaba vivo. Al otro lado de la línea, su tía Patricia, respondía que esa no era la realidad. “Yo quiero decirle al país que afortunadamente en el mundo existe vivo un Luis Emilio Recabarren, pero este Luis Emilio Recabarren no es mi hijo, es mi nieto, el nieto de dos años y medio que dejaron abandonado y que sobrevivió a todos los dolores, a todas las torturas, a todo lo que se sufrió en este país y está vivo en Suecia, al lado de su abuela materna“, declaraba públicamente la señora Ana, desmintiendo a la parlamentaria y a sus sombrías fuentes de información.

Frente a frente al fantasma de la impunidad que recorre el país, recuperada la democracia, “Mi Juanito”, sigue presente en protestas y mítines, ahora, rechazando las rebajas de condenas de autores de brutales asesinatos o cuando se persigue aplicar la Ley de Amnistía. ¡Ni perdón, ni olvido, es la consigna. “Mi Juanito”, “Mi Negro”, escuchan sus oídos, quizás  sea un intento de traerlos a la vida, un lenguaje de resistencia, una suerte de sustitución viviente… algo así como si los llevaran vivos adentro de ellas o como si ellas fueran sus criptas. Son sus muertos vivos, aquellos que nunca vieron apagarse, que nunca enterraron, que no tienen donde ir a poner flores; solo saben, los mataron, los enterraron y después los desenterraron para ocultarlos para siempre, que los lanzaron al mar, desapareciendo así  por segunda y hasta por tercera vez.

A 40 años, Anita Altamirano, sueña con un pasaje de avión que la lleve a un lugar que le permita liberarse de vivir atrapada de un puñal que lleva metido en sus huesos y venas vacías. Ricardo, su hermano poeta, escribió “Las Buenas Costumbres”, que le enseñaron “la pe con la a”, “el Mío Cid en castellano antiguo” y “la libertad de decir cualquier cosa”… mientras piensa en su hermana profesora, bailando solitaria su eterna cueca sola. Es la cueca que interpreta el conjunto folklórico de la agrupación que relata lo dichosas que eran cuando sus días eran apacibles antes de que les llegara la desventura.

La señora Ana, en su casa que parece un museo lleno de fotografías, obras de arte y recuerdos, ya no fuma, quiere seguir luchando, quiere que la visiten, que le vayan a cantar. Es pueblo y necesita a su pueblo. El barrio donde vive está lleno de murales a todo color que ella misma ha pintado con tarros, brochas, pinceles y su camisa amaranto de la Brigada Ramona Parra. Pareciera que estas murallas verde esperanza guían a todos quienes la visitan. Al cumplir 91 años, en una silla de ruedas, a la mesa de la cocina, escucha a Manuel, contándole su día, tal como era antes por las tardes. Un llamado telefónico interrumpe este lapso. Antes de responder, se vuelve a él, cierra los ojos y dice: Manuel, he envejecido, en cambio tú, estas igual… (este el fin de su libro autobiográfico que escribe desde hace un par de años).

Myriam Carmen Pinto. Zurdos no Diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos. Julio 2016.

Fotografías: Fernando La Voz. Reportaje fotográfico La señora Ana; Pedro Martínez Rodríguez, (fotografía muestra “Chile, memorial del silencio”, España);  arpilleras exposición Memorarte (web Prodemu); albúm familiar Anita Altamirano.

*La primera huelga de hambre fue realizada por los prisioneros del campamento de Puchuncaví, luego de tomar conocimiento del operativo publicitario destinado a encubrir la desaparición de 119 personas en 1975.

Cuando te vayan a agarrar súbete a los techos

Relato Anita Altamirano

A Juan lo toman detenido en la Escuela 24 de Independencia. Ahora recién he podido reconstruir qué pasó con Juan después de su desaparición. Juan estaba trabajando en la escuela cuando lo toman detenido, era el primer día de clases después de las vacaciones de invierno, todos los niños formados. Lo fueron a buscar a la otra escuela porque él trabajaba en la Gran Avenida, en la Escuela 24, pero lo habían mandado castigado de medio horario a la Escuela 24 de Santiago. A él lo menoscababan porque lo iban rebajando de grado, y ahí lo pusieron a repartir las galletas del desayuno.

Esa tarde yo había quedado en esperarlo en la Alameda porque era el cumple de mi mamá el 26 de julio y la íbamos a ir a ver. Yo había estado en la mañana en el centro de perfeccionamiento porque me estaba titulando de educadora diferencial. Quedamos con Juan a las 5 en Teatinos con la Alameda para tomar una micro donde mi mamá, y no llegó. Yo me fui a mi casa, y pensé que a lo mejor se había ido donde mi mamá, porque no había teléfono ni nada.

En la mañana yo me levanté y lo primero que hice fue ir a la escuela, y esta mujer con la que habíamos sido compañeras en el curso de directores, cuando entro a la escuela, me dice: “Señora, ¿se le ofrece algo? ¿Qué necesita?”. “Quiero que me muestre el libro, si Juan vino ayer”, le pedí. “No, no vino, pero espérese que voy a llamar a la subdirectora”. Y la subdirectora me dice: “Juan no vino ayer, pero parece que firmó”, y me mostró el libro donde habían borrado aquí unas líneas y aquí abajo con lápiz rojo había un asterisco que decía: “El profesor Juan Gianelli no se ha presentado ni ayer ni hoy”. La directora no testificó, pero la subdirectora sí. Entonces al tercer o cuarto día que yo fui a catetear a la escuela, yo no pude quedarme, pero la hermana de Juan se quedó, y le dijo a la subdirectora: “Mire, mi cuñada tiene que trabajar y lo que necesito es que usted nos diga por qué los niños dicen que Juan vino el lunes”, y la señora fue a los tribunales y señaló a los tipos, los rasgos, todo, y cómo se lo habían llevado, lo que coincidió con las declaraciones que dieron algunos niños. Entonces por lo menos se supo que ahí lo habían tomado porque me dice que cuando lo iban a echar a la camioneta los niños salieron todos corriendo a ver, y él les había dicho: “Si son unos amigos del Sur que me están esperando”.

Yo le había dicho a Juan como dos días antes: “A ti te van a agarrar en la escuela, y cuando te vayan a agarrar súbete a los techos, haz un escándalo, me dan lo mismo los niños pero que quede una evidencia de que te mataron”. Y me dijo “Pero cómo me dices eso”. “Si así es esta cuestión”, le dije yo, “te van a matar a ti o van a matar a los niños”. Hasta que llegaron estos tipos diciendo que lo buscaban porque eran unos amigos del Sur que le traían una encomienda. Entonces se lo llevaron en una camioneta y de ahí supuestamente quedaron frente al Teatro Municipal, eso es extraoficial pero fue lo que dijo el desertor del comando conjunto de la FACH, 30 años después cuando lo tomaron.

Relatado por Anita Altamirano, esposa de Juan Gianelli Company.

 

Trazos familiares: tres familias, tres generaciones, una dictadura

Trazos familiares: tres familias, tres generaciones, una dictadura

Por Gastón González Napoli

Vivimos en un tiempo raro. Los nazis vuelven a andar en público con orgullo. No solo en Estados Unidos, con la marcha espeluznante en Charlottesville del año pasado; también acá, a la vuelta, en la charla que dieron Agustín Laje y otro asustaviejas en el Palacio Legislativo hubo alguna esvástica. Hace ver que todavía son necesarias las obras de arte de denuncia contra el nazismo. Pero alejémonos de la historia negra europea del siglo XX y vayamos a la nuestra: tampoco hay, y es una vergüenza, mucha diferencia. Que sigan viniendo entonces las películas como Trazos familiares, aunque sean imperfectas. Aunque vuelvan a transitar caminos ya andados.

Sí, Trazos familiares es un documental sobre la dictadura. La protagonizan tres familias que la sufrieron de maneras distintas. La más conocida es la historia de Mariana Zaffaroni Islas, que descubrió con 16 años que los padres que la criaron no eran los biológicos, y que su nombre original no era Daniela, y que su cumpleaños posta no era en setiembre. Descubrió, es decir, que era hija de desaparecidos. Los otros dos casos de Trazos familiares exploran uno el exilio con Ernesto Salvo, que vive en Cataluña, su ex esposa Marta Barreto, que vive en Viena, y el hijo de ambos, Federico, que también vive en Austria. El otro se centra en la familia Casariego Celiberti, y con ella se ven otros dos aspectos lúgubres: el secuestro, que Lilián Celiberti y sus hijos sufrieron en Brasil, abortado a tiempo por una denuncia masiva de la prensa local; y la prisión por causas políticas, tanto a través de Lilián como de los ojos de su hijo Camilo, que la visitaba.

La dirige José Pedro Charlo, cuya filmografía documental incluye El almanaque, sobre la vida en el Penal de Libertad del preso político Jorge Tiscornia; El círculo, sobre el guerrillero tupamaro Henry Engler, co-dirigida por Aldo Garay; y A las cinco en punto, sobre la huelga general inmediatamente posterior al golpe de Estado de 1973. Charlo no tiene el foco puesto en el proceso cívico-militar porque sí: estuvo preso entre el ’76 y el ’84. Un dato que tiene mucho que ver con el trasfondo de su última obra.

La conexión entre las tres familias es la razón de existir de la película, y es un problema. Es que resulta confusa. No hay un esfuerzo cierto por aclararlo para los no-iniciados. Le faltaría una suerte de árbol genealógico que mostrara los vínculos, quizá un repaso apenas más pormenorizado de eventos como el vuelo de los niños exiliados de 1983. Trazos familiares da por descontado que se sabe de qué se está hablando, no se para a pensar en que los más jóvenes pueden no tenerlo tan presente (aunque el vuelo fue el foco de otra película reciente, Tus padres volverán). Error en el que cae mucha de la discusión en torno a la historia reciente, literaria, noticiosa y hasta televisiva, como en el debate incomprensible entre Héctor Amodio Pérez y Federico Fasano. Pero lo peor en este caso es la mezcla de nombres en danza. En el párrafo siguiente, un intento por bajarlos a tierra.

Estando preso, el director Charlo se perdió el dichoso vuelo, que solo conoce por medio de filmaciones de la época. Viendo esas imágenes le llamó la atención una bandera que daba la bienvenida a Camilo y Federico: reconoció enseguida de quiénes eran hijos, viejos compañeros de militancia suyos. Los Salvo, padres de Ernesto, abuelos de Federico, y los Celiberti, padres de Lilián, abuelos de Camilo, eran vecinos; Charlo había visitado esos apartamentos de joven y conocido a Federico y Camilo de pequeños. Ver esa bandera fue la chispa que encendió el documental. Mariana Zaffaroni entra de costado a Trazos familiares, tanto que su presencia casi resquebraja ese concepto inicial. En la despedida de Ernesto Salvo y Marta Barreto con Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas, la muy niña Mariana le regaló un oso de peluche al muy niño Federico. Años más tarde, en el vuelo de 1983, Federico, rubio y pelilargo, se ve filmado con el osito que todavía conservaba. Suficiente vínculo para que Charlo incluya la historia de Mariana en la película.

Por suerte lo hace: es el mayor gancho que tiene, con diferencia. Mariana comunica bárbaro y su historia es surrealista, por los hechos que le tocaron y por cómo los vivió. Si esto fuera Hollywood ya tendría su película y su remake. Pero no deja de ser un estiramiento de sus propias reglas internas.

Si se aceptan esas imperfecciones, Trazos familiares guarda un guantazo entre tanta entrevista tomando mate. Las cosas que narra no son nuevas, cualquiera que haya leído un poco o prestado algo de atención en las clases de Historia del liceo maneja los datos macro. Acá el dolor está en lo micro. En lo humano. No en un villano de botas y uniforme sino en un hijo chico furioso con su madre presa. En una madre, otra, que debe ir a reconocer cuerpos temiendo encontrar el de su hija. O quizá deseando hallarla, para al menos poner un punto final. Y en una mujer que empieza a usar un sobrenombre para evitar incomodidades ajenas cuando alguien le dice por su otro nombre, el que tenía antes de saber la verdad.

¿Por qué es necesario patear de nuevo la pelota a la casa de don Plan Cóndor? La respuesta está en Twitter. Las redes sociales, y los comentarios en las noticias, son termómetros bastante certeros y terroríficos para comprobar hasta qué punto no se puede hablar de la dictadura sin dividir las aguas. No se puede criticar a los tupamaros por alzarse contra una democracia sin que vuelen acusaciones de fascismo; no se puede hablar de desaparecidos o de nunca más, ni condenar el pacto de silencio militar, sin que asome su fea cara la teoría de los dos demonios. Uno de los males más atroces, el de un Estado contra sus ciudadanos, se relativiza y, lo que es hasta peor, se partidiza. Se convierte en eslogan de unos mientras otros callan. Terreno fértil para el desastre.

Estudiar historia y ver sus ciclos provoca que uno vaya de ojos abiertos y note los patrones preocupantes. Por eso, que sigan viniendo las películas como Trazos familiares. Se precisan hoy tanto como ayer.

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