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Las mujeres de Junio. Tres Anitas y sus vivos muertos.

Las tres Anitas y sus vivos muertos. Enclave testimonial. 40 años

Myriam Carmen Pinto.

Zurdos no Diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos. Julio 2016.

“Mi Juanito… Mi Juanito“, dice la señora Ana González  cada vez que se encuentra con Anita Altamirano;  la abraza, le apreta una mano y la mira  fijo a los ojos. Se refiere a Juan Gianelli,  detenido, haciendo clases, a quién conoció en su casa cuando estudiaba con su hija Ana María para graduarse de profesores normalistas. Frecuentemente,  también, se reunía con su marido, Manuel Recabarren, que fuera secuestrado una mañana cuando salía en búsqueda de dos de sus hijos, que fueron subidos a la fuerza a un vehículo la noche anterior, incluyendo a la esposa de uno de ellos, embarazada de tres meses y que nunca se supo si  el bebe nació o no. Ocurrió en 1976. Todos  ellos desaparecieron.

Corrían los últimos días de julio de 1976 cuando la señora Ana divisaba por los pasillos de la Vicaría de la Solidaridad, convertida prácticamente en su segunda casa, la llegada de una mujer muy angustiada y desorientada; no sabía hacía donde dirigir sus pasos, ni siquiera dónde detener su mirada. Era la profesora Anita Altamirano. Buscaba ayuda, siguiendo los consejos que le dejara su propio marido en caso de que lo detuviesen. Pese a que no la conocía, pero como su corazón es grande y lo hacía con muchas que llegaban en las mismas condiciones, fue a su encuentro para preguntar que le pasaba, la escuchó y la invitó a una actividad por la tarde. No podía quedarse. Debía regresar a la escuela y después correr a cuidar a sus hijos de 5 y  un año y medio. Ellas tenían 50 y 34 años.

Al día siguiente, nuevamente se encuentran. Regresaba a firmar los escritos de un recurso de amparo. Al verla, de nuevo se acerca, la saluda, diciendo: “No me habías dicho que  era mi Juanito al que buscabas”. Y claro… lo conocía. En la Escuela Normal, fue compañero de curso de Ana María, su hija, estudiaban juntos en su casa, donde también se reunía frecuentemente con Manuel Recabarren, su marido. Militaban en el partido Comunista, vivían en la popular y combativa comuna de San Miguel y siempre se topaban en actividades culturales y políticas que tenían lugar en el teatro municipal Domingo Gómez Rojas, que ya no existe.

La mañana del 30 de abril de 1976, su marido, Manuel Recabarren Rojas, (50 años), fue secuestrado al salir de su casa en búsqueda de información que diera luces del paradero de sus hijos Manuel, (Mañungo), 22 años,  Luis Emilio, 29 años  y su esposa, Nalvia Mena Alvarado (20 años), embarazada de tres meses. La noche anterior, a los tres los habían subido a la fuerza a un vehículo, incluyendo al pequeño hijo, Luis Emilio, de apenas dos años, a quien al cabo de un par de horas un hombre lo baja de un vehículo, dejándolo solo y llorando a seis casas de la familia. Ese llanto desconsolado interrumpió la película que veía en la televisión con uno de sus hijos.

De inmediato se levanta, dirige sus pasos hacia la puerta y al abrirla se percata era su nietecito que venía de la mano de una de sus vecinas; el comienzo de una historia que en menos de 24 horas cambiaría su vida por siempre. Aquella noche, un poco antes de abrir esa noche la puerta de su casa, le había mostrado a su marido -“Mi Negro”, lo nombra – un bosquejo de un panfleto que había confeccionado para repartir en un acto que organizaban para conmemorar el Día de los Trabajadores. A él le gustó, la felicitó y antes de trasladarse a otra habitación le envía un beso; el último que sellaría su despedida. Sus compañeros le apodaban “El Samurái” por su personalidad guerrera y fuerte, un dirigente abierto a escuchar y solucionar los problemas que le planteaba sus compañeros. Había trabajado en el diario El Siglo, en las editoriales Universitaria y Nascimento y durante el gobierno del presidente Allende dirigía las Juntas de Abastecimiento y Precios, JAP de la comuna de San Miguel. Su hijo, Manuel, trabajaba de gasfiter  y Luis Emilio, también del gremio gráfico, era dirigente de la asociación de funcionarios de la Universidad Técnica del Estado. Era su marido, su todo, le había enseñado a cocinar, hacer el amor, amar al pueblo; era su todo. Le decía “La consentida”.

Tres meses después, el lunes 26 de julio, en el marco de la serie de operativos represivos contra la dirección clandestina e importantes dirigentes de masas del Partido Comunista de Chile, el profesor, Juan Gianelli Company, era detenido por un grupo de civiles en la Escuela de Niñas N°24. Regresaba de sus vacaciones de invierno. Había firmado, junto a 17 dirigentes sindicales, una carta enviada al Ministro de Hacienda en la que daban a conocer su preocupación por los cierres de industrias, despidos masivos de trabajadores y su rechazo al modelo económico neoliberal que por entonces hacía su estreno. Fue uno de los fundadores del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE), disuelto por decreto, al igual que el sistema de Escuelas Normales que puso fin a una época de más de un siglo de formación del profesorado chileno. Tenía 29 años.

Anita, recuerda que por su liderazgo era capaz de hacer callar un teatro lleno de trabajadores y por la tarde, en medio de folcloristas y bailarines del conjunto “Millaray” y “Cantos y Danzas de Chile, Héctor Pávez”, se volvía un bailarín, un artista, “cara a cara, pecho al frente”, el mejor de la cueca larga chilota y cueca zapateada. Ese día no llegó a la cita. Cada año, el día 26 de julio, visitaban a la señora Ana Julia, mamá de Anita, con ocasión de su cumpleaños. Paradojalmente, los tres profesores reunidos en torno a esta fecha conversaban siempre sobre su importancia y significado:  el inicio de la revolución cubana, la ejecución del inca Atahualpa, los cumpleaños de Eva Perón, Unamuno, Machado y Mozart, el día de Santa Ana. La señora Ana González, también cumple años.

Las madres de todas las protestas

Mi Juanito“, “Mi Juanito“, empezó a repetirse en reuniones e innumerables actividades organizadas por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). ¡Nuestra Vida por la Verdad!, era la consigna que levantaban en lienzos, pancartas y fotografías. Los buscaban en las listas de prisioneros que se daban a conocer en las afueras de los recintos de detención; los paquetes que les dejaban eran devueltos. Los buscaban la en la morgue, hospitales y postas de urgencia… ¿Dónde están?, preguntaban. Ni los santos son tan santos, era la respuesta, los negaban, llegaron a decir que no existían, que no habían nacido nunca o que algunos estaban sumergidos o habían salido del país con otras mujeres.

En junio de 1977, las dos anitas, junto a un grupo de 26 personas, todas familiares de detenidos desaparecidos, participaron en la primera huelga de hambre* que realizaron en la sede de la Cepal. Esta, que fue la primera manifestación pública en plena dictadura militar, les significó ser reconocidas como las madres impulsoras del movimiento por la verdad y la justicia, promoción y defensa de los derechos humanos, la libertad y recuperación de la democracia. “A las mujeres de Junio”,  titulaba su poema, Violeta Zuñiga, esposa de Pedro Silva y Aminta Traverso, poco antes de abandonar la sede internacional, escribía en un pizarrón de una de las salas de reuniones: “El dolor del hambre no se compara con el dolor de no tener al frente al ser amado”; una frase grabada en medallas, pulseras, arpilleras y todo lo que salió de las manos de artesanos solidarios con destino a Europa.

Por participar en esta huelga, Anita perdió su trabajo de profesora en la escuela Parroquial Inmaculada Concepción de Vitacura. A diferencia de la directora de la escuela de la comuna de San Miguel, que le daba permiso y dinero para el taxi, pese a que le solicitaba se mantuviera en segundo plano y tratara de no salir en las fotos durante las protestas, este director, que era un sacerdote holandés, la despidió, acusándola de trabajar para la resistencia. Un par de meses después, el 23 de noviembre de 1977, la señora Ana González,  Gabriela Bravo y Ulda Ortiz, esposa del diputado Carlos Lorca y José Baeza, ambos detenidos desaparecidos, fueron impedidas de ingresar al país. Les dieron el titulo de Terroristas por las denuncias formuladas ante la Comisión de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Fueron estas mismas gestiones las que finalmente lograron revertir dicha prohibición. La señora Ana no quiso asilarse, regresó a Chile y siguió su lucha como si nada. En 1978, prosiguieron nuevas huelgas de hambre, ayunos, encadenamientos a las rejas del Ministerio de Justicia y protestas por las calles. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!… gritaban por las calles con las fotografías de sus seres queridos clavadas al pecho como si fueran los clavos de la cruz  al madero. No tenían miedo, aunque muchas veces las declararon públicamente sospechosas de delitos. De hecho, en varias oportunidades, las acusaron de trabajar para el comunismo internacional y los “frailes izquierdizantes”, según les decían.

Por esos años, entre noches en vela, incertidumbres, pesares, angustias, durante las horas de mayor desasosiego cuando participaban en la primera huelga de hambre, las dos anitas, mientras no sabían si al salir las detendrían, las expulsarían del país o las harían igualmente desaparecer, recordaban a los suyos, abarcando, incluso a Ana María, la hija de la señora Ana que fuera compañera de curso de Juan Gianelli.

Más de una vez, tratando de recuperar este pedazo de historia, Anita le ha preguntado a la señora Ana, sí ellos fueron pareja. La duda proviene, a partir de una fotografía de una gira que realizó dicha promoción de profesores y que ella encontró guardada como si fuera un tesoro en un maletín de su marido.  A ello se suma lo que le dijera la dueña de la residencial, donde alojaron durante su luna de miel en Chiloé. Al llegar, ella,  una mujer ciega, al palpar su rostro, exclamó… ¡usted no es la misma Anita que antes acompañaba a este encantador joven profesor!.

Cada vez que Anita hace esta pregunta, la señora Ana, la escucha, enciende un cigarro, lanza el humo, mira hacia el horizonte y responde un No, seguro y firme, aunque en una oportunidad, en uno de los desvelos en la Cepal, respondió que en caso de que a ella le pasara algo, le dejaría a su cuidado a su nieto Rodrigo, el primer hijo de Ana María, que había salido fuera de Chile.

Ana María Recabarren, murió el 16 de marzo de 2007, precisamente, el día de cumpleaños de su hijo Rodrigo y de Anita Altamirano. Desarrolló un cáncer fulminante, se le desató poco tiempo después de escuchar en una reunión, – en el marco de la Mesa de Dialogo (1999-2000),-  que a su hermano, Luis Emilio, lo habían lanzado a las aguas del puerto de San Antonio. En esa oportunidad, un grupo de representantes de las Fuerzas Armadas dieron a conocer una lista de detenidos desaparecidos que fueron arrojados, desde unos helicópteros, al mar abierto dentro de unos sacos y amarrados a un riel. Un estridente y desgarrador grito brotó de lo más profundo de ella, dejándola inconsciente. Parecía su alma, salía de sí. Fue tratada por médicos y psicólogos, pero no logró sobreponerse. Ya no soportaba tanto sufrimiento, tanto dolor crónico, todas sus heridas abiertas. Su partida concretaba un sexto arrebato al interior de la familia Recabarren González.

Por tu vida, mi vida

Las dos Anitas podrían no estar contando esta historia. La señora Ana se salvó ese día que se llevaron a su marido porque se retrasó al vestir a uno de sus nietos y el más pequeño, el hijo del matrimonio secuestrado, seguía llorando de manera desconsolada y Anita, la profesora, una noche en la calle fue acuchillada. No murió desangrada porque una mujer, que después supo había sido alcaldesa, la llevó de inmediato a una Posta de Urgencia.

Viviana, Berta, Tolita, Sola, otras Anitas, entre ellas, Ana Rojas y Anita Molina, madre de Pedrito… creían al comienzo de su lucha los encontrarían vivos, pero al pasar de los años, poco a poco, la verdad empezaba a emerger. Los habían asesinado y ocultado. Varias no han podido llorar, otras lo han hecho a mares, algunas ya no tienen más lagrimas, se les secaron, tuvieron que aprender a volver a sonreír por sus hijos y nietos. A muchas se les detuvo el tiempo o quedaron fuera de este; siguen esperándolos con un plato puesto a la mesa, les planchan las camisas y preparan la cama por si regresan a altas horas de la noche. También se cuentan varios suicidios de madres, hijos o bien enfrentan profundos traumas y conflictos. En 2008, la señora Otilia Vargas,  dijo en su agonía  que su marido la venía a buscar y que estaba a la espera de sus cinco hijos; dos de ellos desaparecidos y tres ejecutados.

La señora Ana dice que el amor a los suyos y al pueblo es lo que la ha mantenido en pie, levantarse cada día, seguir entera, salir a la calle y continuar su lucha año tras año. “Todo mi amor está aquí y se ha quedado pegado a las rocas, al mar, a las montañas”, se lee en el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político, que fue construido dentro del Cementerio General de Santiago; el primero que en el Chile de la transición se inaugura en 1994, representando a 3.079 víctimas de la tiranía sanguinaria.

La señora Ana fue  detenida nueve veces, estuvo en calabozos y la Cárcel de Mujeres. Estando en la prisión, en vez de quejarse, se dedicaba a limpiar los baños y a compartir con sus compañeras pensamientos positivos. Por su coraje, fuerza, bondad y actitud de vida ha sido reconocida como un baluarte emblemático, un monumento viviente a la dignidad humana y a todas las memorias de lucha. Así y todo, la han tratado de mentirosa. En 2009, la diputada Karla Rubilar, aseguró que Luis Emilio Recabarren, estaba vivo y que residía en Buenos Aires. Al enterarse de esta noticia, Luis Emilio, llamó desde Suecia, anunciando que su padre estaba vivo. Al otro lado de la línea, su tía Patricia, respondía que esa no era la realidad. “Yo quiero decirle al país que afortunadamente en el mundo existe vivo un Luis Emilio Recabarren, pero este Luis Emilio Recabarren no es mi hijo, es mi nieto, el nieto de dos años y medio que dejaron abandonado y que sobrevivió a todos los dolores, a todas las torturas, a todo lo que se sufrió en este país y está vivo en Suecia, al lado de su abuela materna“, declaraba públicamente la señora Ana, desmintiendo a la parlamentaria y a sus sombrías fuentes de información.

Frente a frente al fantasma de la impunidad que recorre el país, recuperada la democracia, “Mi Juanito”, sigue presente en protestas y mítines, ahora, rechazando las rebajas de condenas de autores de brutales asesinatos o cuando se persigue aplicar la Ley de Amnistía. ¡Ni perdón, ni olvido, es la consigna. “Mi Juanito”, “Mi Negro”, escuchan sus oídos, quizás  sea un intento de traerlos a la vida, un lenguaje de resistencia, una suerte de sustitución viviente… algo así como si los llevaran vivos adentro de ellas o como si ellas fueran sus criptas. Son sus muertos vivos, aquellos que nunca vieron apagarse, que nunca enterraron, que no tienen donde ir a poner flores; solo saben, los mataron, los enterraron y después los desenterraron para ocultarlos para siempre, que los lanzaron al mar, desapareciendo así  por segunda y hasta por tercera vez.

A 40 años, Anita Altamirano, sueña con un pasaje de avión que la lleve a un lugar que le permita liberarse de vivir atrapada de un puñal que lleva metido en sus huesos y venas vacías. Ricardo, su hermano poeta, escribió “Las Buenas Costumbres”, que le enseñaron “la pe con la a”, “el Mío Cid en castellano antiguo” y “la libertad de decir cualquier cosa”… mientras piensa en su hermana profesora, bailando solitaria su eterna cueca sola. Es la cueca que interpreta el conjunto folklórico de la agrupación que relata lo dichosas que eran cuando sus días eran apacibles antes de que les llegara la desventura.

La señora Ana, en su casa que parece un museo lleno de fotografías, obras de arte y recuerdos, ya no fuma, quiere seguir luchando, quiere que la visiten, que le vayan a cantar. Es pueblo y necesita a su pueblo. El barrio donde vive está lleno de murales a todo color que ella misma ha pintado con tarros, brochas, pinceles y su camisa amaranto de la Brigada Ramona Parra. Pareciera que estas murallas verde esperanza guían a todos quienes la visitan. Al cumplir 91 años, en una silla de ruedas, a la mesa de la cocina, escucha a Manuel, contándole su día, tal como era antes por las tardes. Un llamado telefónico interrumpe este lapso. Antes de responder, se vuelve a él, cierra los ojos y dice: Manuel, he envejecido, en cambio tú, estas igual… (este el fin de su libro autobiográfico que escribe desde hace un par de años).

Myriam Carmen Pinto. Zurdos no Diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos. Julio 2016.

Fotografías: Fernando La Voz. Reportaje fotográfico La señora Ana; Pedro Martínez Rodríguez, (fotografía muestra “Chile, memorial del silencio”, España);  arpilleras exposición Memorarte (web Prodemu); albúm familiar Anita Altamirano.

*La primera huelga de hambre fue realizada por los prisioneros del campamento de Puchuncaví, luego de tomar conocimiento del operativo publicitario destinado a encubrir la desaparición de 119 personas en 1975.

Cuando te vayan a agarrar súbete a los techos

Relato Anita Altamirano

A Juan lo toman detenido en la Escuela 24 de Independencia. Ahora recién he podido reconstruir qué pasó con Juan después de su desaparición. Juan estaba trabajando en la escuela cuando lo toman detenido, era el primer día de clases después de las vacaciones de invierno, todos los niños formados. Lo fueron a buscar a la otra escuela porque él trabajaba en la Gran Avenida, en la Escuela 24, pero lo habían mandado castigado de medio horario a la Escuela 24 de Santiago. A él lo menoscababan porque lo iban rebajando de grado, y ahí lo pusieron a repartir las galletas del desayuno.

Esa tarde yo había quedado en esperarlo en la Alameda porque era el cumple de mi mamá el 26 de julio y la íbamos a ir a ver. Yo había estado en la mañana en el centro de perfeccionamiento porque me estaba titulando de educadora diferencial. Quedamos con Juan a las 5 en Teatinos con la Alameda para tomar una micro donde mi mamá, y no llegó. Yo me fui a mi casa, y pensé que a lo mejor se había ido donde mi mamá, porque no había teléfono ni nada.

En la mañana yo me levanté y lo primero que hice fue ir a la escuela, y esta mujer con la que habíamos sido compañeras en el curso de directores, cuando entro a la escuela, me dice: “Señora, ¿se le ofrece algo? ¿Qué necesita?”. “Quiero que me muestre el libro, si Juan vino ayer”, le pedí. “No, no vino, pero espérese que voy a llamar a la subdirectora”. Y la subdirectora me dice: “Juan no vino ayer, pero parece que firmó”, y me mostró el libro donde habían borrado aquí unas líneas y aquí abajo con lápiz rojo había un asterisco que decía: “El profesor Juan Gianelli no se ha presentado ni ayer ni hoy”. La directora no testificó, pero la subdirectora sí. Entonces al tercer o cuarto día que yo fui a catetear a la escuela, yo no pude quedarme, pero la hermana de Juan se quedó, y le dijo a la subdirectora: “Mire, mi cuñada tiene que trabajar y lo que necesito es que usted nos diga por qué los niños dicen que Juan vino el lunes”, y la señora fue a los tribunales y señaló a los tipos, los rasgos, todo, y cómo se lo habían llevado, lo que coincidió con las declaraciones que dieron algunos niños. Entonces por lo menos se supo que ahí lo habían tomado porque me dice que cuando lo iban a echar a la camioneta los niños salieron todos corriendo a ver, y él les había dicho: “Si son unos amigos del Sur que me están esperando”.

Yo le había dicho a Juan como dos días antes: “A ti te van a agarrar en la escuela, y cuando te vayan a agarrar súbete a los techos, haz un escándalo, me dan lo mismo los niños pero que quede una evidencia de que te mataron”. Y me dijo “Pero cómo me dices eso”. “Si así es esta cuestión”, le dije yo, “te van a matar a ti o van a matar a los niños”. Hasta que llegaron estos tipos diciendo que lo buscaban porque eran unos amigos del Sur que le traían una encomienda. Entonces se lo llevaron en una camioneta y de ahí supuestamente quedaron frente al Teatro Municipal, eso es extraoficial pero fue lo que dijo el desertor del comando conjunto de la FACH, 30 años después cuando lo tomaron.

Relatado por Anita Altamirano, esposa de Juan Gianelli Company.

 

” La Malva no se va!” El pedagógico y la madre de un desaparecido.

 

En el segundo semestre de 1980 los estudiantes del Pedagógico demostraron todo su rechazo a la autoridad universitaria, fiel representante de la institucionalidad militar que reinaba en chile, paralizando la universidad y movilizándose diariamente. Las voces de estudiantes, desde el MIR hasta la DC, se aunaron en un solo grito de repudio al despido injustificado de la profesora de castellano, Malva Hernandez, por supuestos “motivos presupuestarios”, los que escondían a su vez el deseo de despedir a una profesora miembro de la agrupación de familiares detenidos desaparecidos.
El paro generalizado, la inactividad académica y los gritos de “¡la malva no se va!”, terminaron de golpe en el momento que el rector designado, y el decano de filosofía y humanidades, decidieron cerrar el año académico. 

 

Entre octubre y marzo del siguiente año, la dictadura y todo su equipo de civiles apuraron la promulgación de una nueva Ley General de Universidades. Era el pleno proceso de institucionalización del régimen. Gonzalo Vial, historiador y ministro de educación, salía en marzo anunciando la reestructuracion de la universidad, que en otras palabras no fue más que su desmembramiento.

Y dentro de ella, el Pedagógico dejaba de existir, las facultades se re-estructuraban, las carreras pedagógicas eran quitadas del rango de universitarias y el campus Macul -o las termas de Macul- eran bautizadas como Campus Lircay en honor a la batalla de liberales contra conservadores en 1829. Estudiantes fueron divididos entre la nueva sede de la Universidad de Chile y los de la Academia superior de Ciencias Pedagógicas, y lo que se pensaba que sería la biblioteca más grande de América Latina se reducía a pequeñas partículas.

El Campus de la Academia fue pintado entero de blanco, sus enredaderas cortadas, y desde ese momento “el pasto creció más largo”.
Hoy, el hasta ahora rector de la Universidad, estudiante de castellano en el proceso más duro de la dictadura, decide volver a pintar su edificio central de color blanco. Y con ello revivir la época del pasto largo, de la policía secreta, de la delación, del terror y la ruptura. La renovación de algunos otrora resistentes es espeluznante.

 — con Malva Hernández Castillo y Jorge Pesce Aguirre en Metropolitan University of Educational Sciences.

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                               RODRIGO

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“Ahora comprendo mi piel y mis huesos

el tañido funerario de todas mis canciones

el blanco color opaco de mi espejo

la oquedad de mis sienes.

Yo soy la madre          vengo desde la altura

He perdido a mi hijo y soy su tumba.”

(Ronda – Eugenia Brito)

Los recuerdos que tengo de mi hijo los he ido anotando algunas veces para no olvidarlos. Cuando Rodriguito entró a kínder tenía casi cinco años. Su colegio era antiguo y estaba cerca de la casa (en ese tiempo vivíamos en Ñuñoa); la construcción era muy vieja; una muralla alta de ladrillos la separaba de la calle y para entrar, había una puerta de madera. Adentro, tenía un gran patio con salas por los costados y en medio de él, estaba una salita cuadrada que era más nueva, donde se situaba el kindergarten; su piso era de tablas de madera ancha, que en algunas partes se veía carcomida por el paso de los años; esta salita tenía una gran ventana que se abría hacia el patio. En medio de este, había un árbol añoso,  que en esa época tenía unas flores largas, verdes, como cuncunas. La profesora, una muy buena educadora, como había dicho el director, era una niña muy joven.

Cierto día Rodriguito tuvo una idea genial. A la entrada de la  sala había un hoyo redondito entre dos tablas. En el recreo juntó las florcitas y las puso alrededor del hoyito en forma de rayos; para él era algo bonito. Cuando la señorita entró, lanzó un grito y saltó por la ventana. Vino corriendo la inspectora a ver qué pasaba y la profesora le contó que había un hoyo lleno de gusanos. Como los niños eran muy pequeños, no les preguntaron nada. Cuando Rodriguito llegó a la casa, me contó lo que había pasado, pero no entendía por qué la señorita había gritado…

Al año siguiente, cuando tenía poco más de cinco años,  entró a primero básico al Colegio Calasanz. Un día cuando llegó a la casa, me contó, con sus ojitos tristes, a punto de llorar: “En el colegio hay un niño que no vive con su mamá…”  Y me miraba directamente a los ojos a ver qué decía yo. Le pregunté por qué y él me contestó que la mamá estaba en Arica. Yo le dije que a lo mejor ella estaba trabajando allá y por eso no estaba con él. No me dijo nada, pero siguió triste toda la tarde… para él era terrible no vivir con su mamá.

Un día invitó a un compañero de curso a la casa y cuando estaban jugando en nuestro patio, que era muy grande y muy bonito, yo lo llamé diciéndole “Gordo”, para que viniera. Él se puso colorado y vino donde yo estaba y muy avergonzado me dijo:” No me digas así, no ves que mi amigo es gordo…” Pensé que era tan niño y ya se preocupaba de no herir a su amigo, diciéndole lo que este pensaba que era su defecto.

Se veía bien con su uniforme de pantalón corto, camisa blanca, corbata y chaqueta. Tenía su carita de niño, todavía redonda, por eso yo le decía Gordo, mi gordo…

Otro día me contó con los ojos muy abiertos y con la mirada perdida como mirando hacia adentro: “El papá de un niño de mi colegio inventó una máquina a la que le echa paja por un lado y le sale leche por el otro…” Yo me reí y no me di cuenta de que él ya quería imaginarse el mundo  de otra forma, con su pensamiento concreto todavía.

Sus compañeros eran su tema predilecto. Aunque también, su hermano mayor. Un día, cuando volvían del colegio, él venía enojado y cuando les abrí la puerta me dijo: “El Eduardo me dice a cada rato que me apure y cuando pasa por la casa del lado y está esa niña, se hace el grande de siete años y más me apura …” Como en esa época los niños usaban un bolsón que se colgaban de un hombro y la correa les cruzaba el pecho, su hermano, que era un año mayor y más delgado y ágil, lo apuraba siempre, pero lo que le daba más rabia a él era que cuando pasaba por la puerta del lado se lo decía más fuerte, haciéndose “el grande de siete años”. Sentía que su hermano lo mandaba y por algo inentendible, precisamente en ese lugar, al llegar a la casa, después de caminar cuatro largas cuadras, lo apuraba… El amor no tocaba a su puerta todavía.

En ese tiempo siempre nos visitaba una tía abuela mía que era buena relatando historias. Una vez nos contó que en el campo a un hombre que tenía una sola oreja lo llamaban Pilón. Rodrigo ya estaba más grande y un día nos sorprendió diciéndonos que él había inventado una adivinanza: “Tengo la cabeza hueca y soy pilón”. Nos desafió a que la adivinásemos y nadie supo: era una taza.

Pasó el tiempo y nos fuimos a vivir a Las Condes. Ya no conversaba con Eduardo, su hermano mayor, porque sentía que su mundo era diferente al de él. En cambio, su hermano menor, Patricio, y su gran amigo Cristián, eran tierra fresca  para sembrar sus ideas. Se sentaban en un asiento de la plaza, al frente de la casa, a reflexionar y él explicaba su filosofía adolescente. Allí los pillaba la noche y solo terminaban sus conversaciones cuando los llamaban a comer.

En esa misma época empezó a enseñarle el mundo a su hermana pequeña, a Malvita. A ella la adoctrinaba sobre cómo defenderse cuando la vecina, niña como ella, le tiraba su largo pelo rubio, su orgullo y su debilidad a la vez. Rodrigo le adaptó un linchaco que se había quebrado y le enseñó a usarlo; también a usar sus manos en defensa propia… Pero, sobre todo, le enseñó, tendidos en el pasto por las noches, a mirar las estrellas y cómo distinguirlas…

Sus sueños se los transmitía a ellos, sus hermanos y su amigo más querido… Era un filósofo en capullo todavía, mas   ya quería actuar ante lo duro, pero también quería mostrar lo hermoso que tenía la vida. Más adelante vendrían los años de su militancia, el encuentro con el amor y la lucha contra el dictador.

Y entró a la universidad a estudiar Filosofía. Allí su personalidad de líder carismático y alegre no pasó inadvertida; fue vigilado y delatado… y despareció.

Esta es la historia de su corta vida.

Hijo mío, te miro en las fotos donde miras de frente y tus ojos me hablan. A veces te veo sonriendo, a veces, serio. Tu presencia está siempre conmigo y tus palabras me duelen, porque por defenderte del peligro, como si dijera mágicos conjuros, en lugar de sembrarte coraje te decía que te cuidaras y tú me lo enrostrabas, diciéndome que si te pasaba algo, era yo la que te iba a joder.

Me siento culpable de no haber vivido a concho mis días contigo, porque te fuiste tan luego y tan horriblemente de mi vida. Esta pena que llevo es un peso que me agobia y no puedo calmarla con nada. Cuando llegan estos días de otoño, casi invierno, te recuerdo caminando con tus pasos largos, entrando al Pedagógico y cimbreándote bajo la llovizna como si nada…

Cuando no te vi más, al comienzo lloré mucho por ti, escondida para que no me vieran tus hermanos ni nadie. Lloraba porque te sabía desvalido, lejos, aislado y mi mente se detenía justo ahí, sin pensar en lo que te estaría pasando. Pero cuando perdí la esperanza de volverte a ver, no lloré más. Se me habían secado los ojos.

Ahora que estoy anciana, cuando pienso en ti en las noches, me salen sollozos secos, terriblemente secos y solo me llegan al pensamiento estos versos para quedarme dormida:

“Velloncito de mi carne, que en mi entraña yo tejí, velloncito friolento, duérmete apegado a mí!”

(Apegado a mí – Gabriela Mistral)

Mayo de 2016

Preso sin nombre, celda sin número – Jacobo Timerman

VIERNES, 5 DE MARZO DE 2010

Preso sin nombre, celda sin número – Jacobo Timerman

La celda es angosta. Cuando me paro en el centro, mirando hacia la puerta de acero, no puedo extender los brazos. Pero la celda es larga. Cuando me acuesto, puedo extender todo el cuerpo. Es una suerte, porque vengo de una celda en la cual estuve un tiempo— ¿cuánto?— encogido, sentado, acostado con las rodillas dobladas. La celda es muy alta. Saltando, no llego al techo. Las paredes blancas, recién encaladas. Seguramente había nombres, mensajes, palabras de aliento, fechas. Ahora no hay testimonios, ni vestigios. El piso de la celda está permanentemente mojado. Hay una filtración por algún lado. El colchón también está mojado. Y tengo una manta. Me dieron una manta, y para que no se humedezca la llevo siempre sobre los hombros. Pero si me acuesto con la manta encima, quedo empapado de agua en la parte que toca el colchón. Descubro que es mejor enrollar el colchón, para que una parte no toque el suelo. Con el tiempo la parte superior se seca. Pero ya no puedo acostarme, y duermo sentado. Vivo, durante todo este tiempo,—¿cuánto?— parado o sentado.

La celda tiene una puerta de acero con una abertura que deja ver una porción de la cara, o quizás un poco menos. Pero la guardia tiene orden de mantener la abertura cerrada. La luz llega desde afuera, por una pequeña rendija que sirve también de respiradero. Es el único respiradero y la única luz. Una lamparilla prendida día y noche, lo que elimina el tiempo. Produce una semipenumbra en un ambiente de aire viciado, de semi-aire.

Extraño la celda desde la cual me trajeron a ésta—¿desde dónde?—, porque tenía un gujero en el suelo para orinar y defecar. En ésta que estoy ahora tengo que llamar a la guardia para que me lleve a los baños. Es una operación complicada, y no siempre están de humor: tienen que abrir una puerta que seguramente es la entrada del pabellón donde está mi celda, cerrarla por dentro, anunciarme que van a abrir la puerta de mi celda para que yo me coloque de espaldas a ésta, vendarme los ojos, irme guiando hasta los baños, y traerme de vuelta repitiendo toda la operación. Les causa gracia a veces decirme que ya estoy sobre el pozo cuando aún no estoy. O guiarme—me llevan de una mano o me empujan por la espalda—, de modo tal que hundo una pierna en el pozo. Pero se cansan del juego, y entonces no responden al llamado. Me hago encima. Y por eso extraño la celda en la cual había un pozo en el suelo.

Me hago encima. Y entonces necesito permiso especial para lavar la ropa, y esperar desnudo en mi celda hasta que me la traigan ya seca. A veces pasan días porque— me dicen— está lloviendo. Estoy tan solo que prefiero creerles. Pero extraño mi celda con el pozo dentro. La disciplina de la guardia no es muy buena. Muchas veces algún guardia me da la comida sin vendarme los ojos. Entonces le veo la cara. Sonríe. Les fatiga hacer el trabajo de guardianes, porque también tienen que actuar de torturadores, interrogadores, realizar las operaciones de secuestro. En estas cárceles clandestinas sólo pueden actuar ellos, y deben hacer todas las tareas. Pero a cambio, tienen derecho a una parte del botín en cada arresto. Uno de los guardianes lleva mi reloj. En uno de los interrogatorios, otro de los guardianes me convida con un cigarrillo y lo prende con el encendedor de mi esposa. Supe después que tenían orden del Ejército de no robar en mi casa durante mi secuestro, pero sucumbieron a las tentaciones. Los Rolex de oro y los Dupont de oro constituían casi una obsesión de las fuerzas de seguridad argentinas en ese año de 1977.

En la noche de hoy, un guardia que no cumple con el Reglamento dejó abierta la mirilla que hay en mi puerta. Espero un tiempo a ver qué pasa, pero sigue abierta. Me abalanzo, miro hacia afuera. Hay un estrecho pasillo. y alcanzo a divisar frente a mi celda, por lo menos dos puertas más. Sí, abarco completas dos puertas. ¡Qué sensación de libertad! Todo un universo se agregó a mi Tiempo, ese largo tiempo que permanece junto a mí en la celda, conmigo, pesando sobre mí. Ese peligroso enemigo del hombre que es el Tiempo cuando se puede casi tocar su existencia, su perdurabilidad, su eternidad. Hay mucha luz en el pasillo. Retrocedo un poco enceguecido, pero vuelvo con voracidad. Trato de llenarme del espacio que veo. Hace mucho que no tengo sentido de las distancias y de las proporciones. Siento como si me fuera desatando. Para mirar debo apoyar la cara contra la puerta de acero, que está helada. Y a medida que pasan los minutos, se me hace insoportable el frío. Pongo toda la frente apoyada contra el acero, y el frío me hace doler la cabeza. Pero hace ya mucho tiempo—¿cuánto?—que no tengo una fiesta de espacio como ésta. Ahora apoyo la oreja, pero no se escucha ningún ruido.

Vuelvo entonces a mirar. Él está haciendo lo mismo. Descubro que en la puerta frente a la mía también está la mirilla abierta y hay un ojo. Me sobresalto: me han tendido una trampa. Está prohibido acercarse a la mirilla, y me han visto hacerlo. Retrocedo, y espero. Espero un Tiempo, y otro Tiempo, y más Tiempo. Y vuelvo a la mirilla. Él está haciendo lo mismo. Y entonces tengo que hablar de ti, de esa larga noche que pasamos juntos, en que fuiste mi hermano, mi padre, mi hijo, mi amigo. ¿O eras una mujer? Y entonces pasamos esa noche como enamorados. Eras un ojo, pero recuerdas esa noche, ¿no es cierto? Porque me dijeron que habías muerto, que eras débil del corazón y no aguantaste la “máquina”, pero no me dijeron si eras hombre o mujer. Y, sin embargo, ¿cómo puedes haber muerto, si esa noche fue cuando derrotamos a la muerte?

Tienes que recordar, es necesario que recuerdes, porque si no, me obligas a recordar por los dos, y fue tan hermoso que necesito también tu testimonio. Parpadeabas. Recuerdo perfectamente que parpadeabas, y ese aluvión de movimientos demostraba sin duda alguna que yo no era el último ser humano sobre la Tierra en un Universo de guardianes torturadores. A veces, en la celda, movía un brazo o una pierna para ver algún movimiento sin violencia, diferente a cuando los guardias me arrastraban o empujaban. Y tú parpadeabas. Fue hermoso.

Eras—¿eres? —una persona de altas cualidades humanas, y seguramente con un profundo conocimiento de la vida, porque esa noche presentaste todos los juegos; en nuestro mundo clausurado habías creado el Movimiento. De pronto te apartabas y volvías. Al principio me asustaste. Pero enseguida comprendí que recreabas la gran aventura humana del encuentro y el desencuentro. Y entonces jugué contigo. A veces volvíamos a la mirilla al mismo tiempo, y era tan sólido el sentimiento de triunfo, que parecíamos inmortales. Éramos inmortales. Volviste a asustarme una segunda vez, cuando desapareciste por un momento prolongado. Me apreté contra la mirilla, desesperado. Tenía la frente helada y en la noche fría—¿era de noche, no es cierto?—me saqué la camisa para apoyar la frente. Cuando volviste, yo estaba furioso, y seguramente viste la furia en mi ojo porque no volviste a desaparecer. Debió ser un gran esfuerzo para ti, porque unos días después, cuando me llevaban a una sesión de “máquina” escuché que un guardia le comentaba a otro que había utilizado tus muletas como leña. Pero sabes muy bien que muchas veces empleaban esas tretas para ablandarnos antes de una pasada por la “máquina”, una charla con la Susana, como decían ellos. Y yo no les creí. Te juro que no les creí. Nadie podía destruir en mí la inmortalidad que creamos juntos esa noche de amor y camaradería.

Eras— ¿eres?— muy inteligente. A mí no se me hubiera ocurrido más que mirar, y mirar, y mirar. Pero tú de pronto colocabas tu barbilla frente a la mirilla. O la boca. O parte de la frente. Pero yo estaba muy desesperado. Y muy asustado. Me aferraba a la mirilla solamente para mirar. Intenté, te aseguro, poner por un momento la mejilla, pero entonces volvía a ver el interior de la celda, y me asustaba. Era tan nítida la separación entre la vida y la soledad, que sabiendo que tú estabas ahí, no podía mirar hacia la celda, Pero tú me perdonaste, porque seguías vital y móvil. Yo entendí que me estabas consolando, y comencé a llorar. En silencio, claro. No te preocupes, sabía que no podía arriesgar ningún ruido. Pero tú viste que lloraba, ¿verdad?, lo viste sí. Me hizo bien llorar ante ti, porque sabes bien cuán triste es cuando en la celda uno se dice a sí mismo que es hora de llorar un poco, y uno llora sin armonía, con congoja, con sobresalto. Pero contigo pude llorar serena y pacíficamente. Más bien, es como si uno se dejara llorar. Como si todo se llorara en uno, y entonces podría ser una oración más que un llanto. No te imaginas cómo odiaba ese llanto entrecortado de la celda. Tú me enseñaste, esa noche, que podíamos ser Compañeros del Llanto

Durante el régimen militar, Timerman fue detenido por orden del extinto general Ramón Camps, y permaneció en centros clandestinos, cuando el militar ocupaba la jefatura de la Policía Bonaerense. Esa detención fue cuestionada y denunciada por EL DIA reiteradas oportunidades.
Posteriormente recuperó su libertad y se asiló en Europa hasta el retorno de la democracia.
Esta experiencia Timerman la reflejó en su libro “Preso sin nombre, celda sin número”, editado en 1982, y en 1988 publicó “Chile: el galope muerto”, en donde hizo un análisis de la situación política del país trasandino y el golpe de Augusto Pinochet, en 1973.
Pero su capítulo profesional más destacado pasó por el diario “La Opinión”, que dejó una huella en la forma de hacer periodismo.
La semana pasada, en una larga entrevista -que resultó póstuma- por un canal de cable, hablando sobre la reciente muerte de su entrañable amigo y poeta Rafael Alberti, y ponderando su alegría de vivir y su optimismo, Timerman dijo, sorpresivamente: “él se murió, pero yo le gané, estoy muerto desde antes”. Nunca pudo reponerse a la muerte de su mujer, Risha, ocurrida en 1992.

Timerman había nacido el 6 de enero de 1923 en Bar, al sur de Kiev, en Ucrania y llegado a la Argentina a los cinco años, el 11 de octubre de 1928 junto con sus padres, Natan Timerman y Eva Berman, y su hermano José, de siete años.
Como militante de Mapan, una organización del socialismo israelí, en febrero de 1950 fue a un seminario en Mendoza, donde conoció a Risha, una joven cordobesa y judía que por primera vez había dejado las sierras para conocer la montaña, y de la que él se enamoró.
En mayo de ese mismo año se casaron, en mayo de 1951 nació su primer hijo, Daniel Natalio, en diciembre de 1953, Héctor Marcos, ex director de ‘Trespuntos’, y en mayo de 1961, Javier Gustavo, el menor.
En sus primeros tiempos, Timerman trabajó como cronista y traductor en Correo literario, Qué, Noticias Gráficas, France Press, Nueva Sion, Comentario, pero recién en 1957 se le abrió la puerta grande del periodismo: entró como columnista político al vespertino La Razón, bajo la tutela de Félix Laíño, porque era el único diario en el que no se trabajaba de noche.
Después de pasar por varios medios, hizo su propia empresa: nació Primera Plana, en 1962. El staff lo integraban, entre otros, Ramiro de Casasbellas -que, por esas vueltas del destino, vino a morir justamente dos días antes-, Tomás Eloy Martínez, Osiris Troiani y Jorge Listosella.
Llegada la última dictadura en marzo de 1976, Timerman, ya en La Opinión, fue detenido.
El periodista pasó por varios centros clandestinos: Puesto Vasco a Campo de Mayo, de Coti Martínez a Magdalena, antes de ser “blanqueado”. Su calvario concluyó con su arresto domiciliario en abril de 1978.

Una imagen, una historia. 11 de Septiembre 1973. Orlando Lagos.

  • 11 de septiembre de 2016 ·

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    Hector Gonzalez De Cunco

    …11 de septiembre de 1973.© Foto de don Luis Orlando Lagos

    Hoy, la traigo para contar, hasta donde sé, la historia que atribuye esta foto a dos autores diferentes.

    “A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el último recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su médico Danilo Bartulin, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el presidente no se rendiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semi abierta, vemos al carabinero José Muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leído el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos”.
    (Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, de Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ocho Libros, primera edición, agosto 2008)

    detalle libro

    A continuación, “Triste historia de la foto de Luis Orlando Lagos”, reportaje de Camilo Taufic, publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008.

    Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie recordó la hazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con “clásicos mundiales”, como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.

    El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

    Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

    Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político deSalvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

    AUTOR DESCONOCIDO
    “The New YorkTimes”, considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

    Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el “NYT” pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de “exclusivas” que su posición le permitía tomar día a día.

    Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al “New York Times”, estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos”comprometedoras”.

    Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la “resistencia”, por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

    Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como “La Foto del Año 1973″ a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

    APROVECHADOS
    Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo”no era un chileno”. O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el “tancazo” (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

    El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro “Las muertes del Presidente Allende” (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, “fueron hechas” por un tal “Freddy Alborta”. Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

    Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, “era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote”. Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, “nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos”.

    AL EXTERIOR
    El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, “se embolsó la nada despreciable suma de 12 mildólares”. Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; “por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo”.

    En 1998, el recuerdo del fotógrafo “anónimo” resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: “¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje”. Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

    Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: “Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el PresidenteSalvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde”.

    No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

    En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

    LA HISTORIA SECRETA DEL CHICO LAGOS

    Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie ha explicitado lahazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con « clásicos mundiales» , como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.
    Texto de Camilo Taufic (publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008)

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    CAMILO TAUFIC KALAFATOVIC

    El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

    Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

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    LUIS ORLANDO LAGOS DIT « EL CHICO »  (LE PETIT) PHOTOGRAPHE DE LA PRÉSIDENCE

    Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político de Salvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

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    PHOTOGRAPHIES DU PRÉSIDENT ALLENDE, LORS DU « TANQUETAZO » DU 29 DE JUNIO DE 1973  ON N’A PAS PU ESTABLIR L’IDENTITÉ  DU SOUSOFICIER  DE L ‘ARMÉE QUI L’ACCOMPAGNE

    AUTOR DESCONOCIDO

    « The New YorkTimes » , considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

    Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el « NYT»  pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de « exclusivas»  que su posición le permitía tomar día a día.

    Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al « New York Times» , estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos» comprometedoras ».

    Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la « resistencia» , por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

    Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como « La Foto del Año 1973»  a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

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    LE GÉNÉRAL  DIRECTEUR DE CARABINIERS DU CHILI  JOSÉ MARÍA SEPÚLVEDA GALINDO, LUIS FERNANDO RODRIGUEZ RIQUELME, MEMBRE DE LA GARDE PRÉSIDENTIELLE (GAP), LE PRÉSIDENT SALVADOR ALLENDEET LE DR.  DANILO BARTULIN  MÉDECIN PERSONNEL DU PRÉSIDENT.   PHOTO D’ORLANDO LAGOS

     

    APROVECHADOS

    Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo» no era un chileno» . O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el « tancazo»  (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

    El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro « Las muertes del Presidente Allende»  (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, « fueron hechas»  por un tal « Freddy Alborta» . Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

    Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, « era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote» . Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, « nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos».

    AL EXTERIOR

    El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, « se embolsó la nada despreciable suma de 12 mil dólares» . Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; « por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo ».

    En 1998, el recuerdo del fotógrafo « anónimo»  resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: « ¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje» . Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

    Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: « Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el Presidente Salvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde» .

    No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

    En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

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    PHOTO D’ORLANDO LAGOS, PARU DANS THE NEW YORK TIMES EN 1973



    © Foto de don Luis Orlando Lagos, 40 años después… La publico para intentar contar la historia completa, tan poco conocida… A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el ultimo recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su medico Danilo Bartulín, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el president no se rndiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semiabierta, vemos al carabinero José muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leido el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos. Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ochlibros, primera edición, agosto 2008.

    Publié par Araucaria à 11:00

     
     
    Adriana Goñi Memoria Vigente
     

Chile desde Fuera. Álbum de noticias de un académico.

Mirada retrospectiva de la Dictadura

Publicado el 13 Mayo 2013

ESCRITO POR PEDRO BRAVO-ELIZONDO

Después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, mantuve en un álbum las noticias periodísticas referentes a Chile. La memoria a veces es traicionera. Estas son algunas relaciones.

En “El Universal” de México (Nov. 24, 1977): “Destierra Pinochet a 7 líderes sindicales por estar ‘Haciendo Política’”. El destierro al extremo norte del país afecta a los dirigentes del cobre Bernardino Pincheira, Ramón Arturo Latus, Manuel Orellana y César Pulgar. Héctor Cuevas de la Construcción, Carlos Frez portuario y Juan Sepúlveda, metalúrgico”. En Uno más Uno” México, (Agosto 5 de 1978 se anunciaba “Fin al paro de las viandas de mineros chilenos: Los 10.000 obreros de la mina de Chuquicamata, el centro cuprífero más grande del mundo, decidieron hoy poner fin a su protesta, que consistía en no tomar sus alimentos en los comedores de la empresa, en demanda de aumentos salariales. Los obreros despedidos fueron reintegrados a sus empleos. La protesta se inició el 31 de julio pasado”. En “The Wichita Eagle” (Octubre 6, 1977), nota titulada “Bombas remecen la capital chilena: cinco heridos. Una de las bombas, en la plaza frente a La Moneda. Otra en el subterráneo del edificio de Tesorería, opuesto a La Moneda y más tarde una en el basurero fuera del edificio de la Corte”.

En el “Arizona Republic” (Mayo 27, 1977) el título lee: “La policía chilena conectada con desaparecimientos”. Por vez primera, altos oficiales del gobierno, incluyendo representantes de la policía nacional han testificado en la Corte que la policía de seguridad nacional DINA es responsable de las misteriosas desapariciones de personas en Chile”. El gobierno chileno afirmó: “Es una fabricación y parte de la campaña dirigida por la Unión Soviética para desprestigiar al gobierno militar que expulsó al izquierdista Salvador Allende”. “The Wichita Eagle” (Enero 6, 1978) comentó: “En el referéndum nacional efectuado el miércoles Pinochet obtuvo el 75 % de los votos para determinar si los chilenos lo apoyan en rechazar los cargos de las Nacionales Unidas de violación de los derechos humanos. El referéndum fue amañado por el gobierno de Pinochet, según Estados Unidos, pues donde las normales actividades políticas son prohibidas y donde la libertad de prensa y reunión son claramente restringidas, los ciudadanos no tienen las garantías suficientes para expresar sus puntos de vistas”. La opinión del dictador fue optimista: “Después de esto, el problema de pensar en elecciones está terminado. Esto es historia. Ahora todos a trabajar”. Algo ocurría tras las bambalinas. United Press Internacional informaba el 25 de julio de 1978: “El régimen militar de Augusto Pinochet despidió el lunes, al comandante de la Fuerza Aérea Gustavo Leigh por pedir un urgente retorno a la democracia. La renuncia fue solicitada por los otros tres miembros de la junta. Lo reemplazó el general Fernando Mathei”.

Jack Anderson (1922-2005) destacado periodista, Premio Pulitzer 1972 por sus investigaciones y reportajes, escribió el artículo “Lady Pinochet lacks conscience” (La Dama Pinochet carece de consciencia), en “The Sunflower”, Wichita (Octubre 12, 1979). “En el viaje de Lucía Pinochet a Washington D.C. en 1979, con su hija y esposo, la secretaria personal y seis guardaespaldas, ocuparon casi un piso del lujoso hotel, por una semana. La cuenta ascendió a unos 5.000 dólares. La esposa del general y su hija se dedicaron a una compra desenfrenada. Ni el hotel o la embajada chilena comentaron su visita. Ella se alojó a menos de dos cuadras del lugar donde en septiembre 21 de 1976 agentes asesinos pagados por su esposo hicieron estallar la bomba que mató a Orlando Letelier y a la joven americana Ronni Moffitt. El año pasado la primera dama de Chile, voló a New York para satisfacer sus deseos de comprar pieles, joyas y elegantes vestidos”. Comenta Anderson que Lady Macbeth se sentía culpable y obsesionada por los crímenes de su esposo. Lucía Pinochet parece no tener tales problemas. En noviembre 30 de 1979 la New York Times Service, informaba: “El presidente Jimmy Carter decidió cortar las relaciones diplomáticas, militares y económicas con Chile en represalia por la negativa de Chile de extraditar a los tres policías secretos para enfrentar el juicio por el asesinato en Washington”.

La Associated Press de diciembre 12 de 1977, comentaba la política económica de la junta militar: “La política económica de puertas abiertas del gobierno militar, está revolucionando los hábitos de beber , según hombres de negocios, convirtiendo a los chilenos bebedores del nativo vino tinto y pisco, al whisky escocés importado. George Fava, representante de una destilería, dijo que en su reciente visita a Chile, el consumo de whisky escocés se disparó un 400 % en 1976 por sobre 1975 y aún sigue subiendo”. Jorge Edwards tituló unas crónicas “El Whisky de los Poetas” (Santiago, 1994): “Los poetas de mis comienzos literarios no bebían whisky. Bebían vinos de lija que dejaban manchas moradas en los labios”. Los Chicago Boys, seguidores de Milton Friedman, con seguridad tenían en sus casas, más de una botella de buen whisky escocés.

Pedro Bravo-Elizondo

Wichita State University

Pedro Bravo Elizondo

Profesor de Literatura

Nacido en el barrio de La Puntilla, y criado en una chata (pequeña embarcación que servía como casa), hizo una larga trayectoria para doctorarse y ejercer como profesor en varias universidades norteamericanas. Estudió en la escuela Centenario, en el Comercial y luego en el Colegio Inglés. Se doctoró en la universidad de Iowa.  En la Universidad de Wichita se acogió a retiro. La Universidad Arturo Prat, el año 2013, lo nombró profesor Honoris Causa. Sus libros son claves para entender la historia social y cultural de Tarapacá. Dice que su campo no es la historia, sino la literatura y el teatro obrero del Norte Grande.

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Y entonces estaban ellas. Memorias de las mujeres democráticas durante la dictadura “Y ENTONCES ESTABAN ELLAS. MEMORIAS DE LAS MUJERES DEMOCRÁTICAS DURANTE LA DICTADURA” Elizabet Prudant Soto La Agrupación de Mujeres Democráticas se fundó en el exterior del Estadio Nacional, en 1973, inmediatamente después del golpe militar, cuando este recinto fue utilizado como campo de concentración y tortura. Tras el encuentro de mujeres que buscaban allí a sus familiares desaparecidos, nació la idea de reunirse para ayudar y ayudarse. A poco andar y producto del riesgo de su actividad clandestina, comenzaron a organizarse en pequeños grupos de hasta seis integrantes. Entre ellas debía existir total confianza y cercanía, tanto a nivel personal como político. Como una forma de encubrir su accionar, se acostumbraron a reunirse a la “hora del té”, en casa de una u otra. Su labor, durante estos 40 años, se ha centrado en la defensa de los Derechos Humanos, en la lucha por la democracia y en la solidaridad con los perseguidos, las perseguidas y sus familias. Miles de niños, mujeres y hombres recibieron el apoyo anónimo y clandestino de estas mujeres valientes. Gracias a ellas, en muchos hogares golpeados por la barbarie, no faltó el alimento, el abrigo, el abrazo, la caricia, el empuje vital, la posibilidad de continuar los estudios y de sobrevivir con dignidad la tragedia. $ 8.000

Marcela Eva Santucho escribe la historia y la memoria de su padre

Entrevista a Marcela Eva Santucho. La hija de Mario Roberto Santucho presenta nuevo libro y asegura: “Estamos cada vez más cerca de encontrar el cuerpo de mi padre”.
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El suboficial retirado Víctor Ibañez fue uno de los principales testimonios que aseguró que el cuerpo de Mario Roberto Santucho, líder del ERP, había sido expuesto por los militares en el Museo de la Subversión Juan Carlos Leonetti -inaugurado en 1979- junto a las pertenencias de otros caídos; libros, panfletos, objetos y armas incautadas a los guerrilleros. El genocida Antonio Domingo Bussi, creador de dicho Museo y quien exhibió el cadáver de Santucho, armaba escenas que representaban la actividad guerrillera con maniquíes, vestidos según cada caso. En el caso de Santucho, no se trataba de un maniquí, sino, de su propio cuerpo embalsamado.

Marcela Eva (47 años) es la segunda hija de las tres que tuvo Santucho con Ana María Villarreal.( Ana, y Gabriela y Mario Antonio con Liliana Delfino, ambas compañeras asesinadas)

A 34 años del secuestro de su padre y a dos de su regreso del exilio, se encuentra presentando Santucho, organizador del contrapoder, su reciente libro en donde intenta retratar la militancia del PRT-ERP en el período que va desde 1972 a 1976. Marcela Eva habló con Miradas al Sur de la búsqueda del cuerpo de su padre Mario Roberto Santucho en el marco de una causa que se reabre: buscando el cadáver de Santucho, se realizó la primera excavación en El Campito, uno de los mayores centros clandestinos que existió en la Argentina durante el terrorismo de Estado -se estima que por ahí pasaron entre tres mil y cinco mil presos políticos de los cuales sólo sobrevivieron cien.

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“Estoy convencida que estamos cada vez más cerca de encontrar el cuerpo de mi padre. Ya pude bajar al sótano donde operaba el Museo de la Subversión. Me acompañó Pablo Llonto -abogado de la familia-. En el museo encontraron su diploma de contador público nacional y una foto de Santucho vivo y otra en donde estaba muerto”, cuenta la hija de Santucho.

–¿Cuándo es demolido el Museo de la Subversión?

Lo sacaron en el ’81 porque venía un grupo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de afuera a investigar los campos de concentración de la última dictadura militar argentina. Ellos venían a inspeccionar y ahí fue que barrieron con todo. No sé que hicieron después con los restos de mi padre, como dicen ellos, mi padre es un trofeo de guerra. Saben muy pocos quién lo guardó. No era algo que todos podían saber. Ahora están empezando a llamar a los colimbas frente a la falta de testimonios, quién sabe si alguno de esos colimbas no desfiló frente al cuerpo, actualmente ellos no pueden ser juzgados porque eran civiles.

 

–¿Quién se presume que fue la autoridad que saca el cuerpo de Santucho del lugar?

El testimonio más significativo es el del suboficial retirado Victor Ibañez. Él asegura que fue Martín Balza, en ese entonces Balza era el jefe del Estado Mayor y fue el encargado de demoler las instalaciones del Museo. Este Ibañez fue el que declaró que todos los días había un desfile militar que terminaba en la puerta del Museo, donde estaba el cuerpo de mi padre, los efectivos tenían que rendirle honores, se dice que algunos oficiales se cuadraban frente a él y le gritaban “¡Viva la patria!”.  http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/saydom/lasombra/lasombr5.htm

“Te voy a matar/derrota./
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez./ vivo o muerto/ un rostro
amado./ hasta que mueras/
dolida como estás/
ya lo sé/ te voy a matar/
yo/ te voy a matar”
(Nota I, Juan Gelman).

Entre 1974 y 1975 Marcela Eva empezó a vivir en casas operativas. Tenía 11 años y jugaba con la hija de Gorriarán Merlo. Sus padres ya no estaban pero la cuidaban “los compañeros”. A su mamá Ana María Villarreal ya la habían matado en la Masacre de Trelew en el 1972. En ese entonces Marcela Eva tenía nueve años. Santucho estaba fuera del país pero antes de irse había manifestado el deseo de que sus hijos sean cuidados por los compañeros de militancia, y no por su madre, con quien tenía una buena relación pero indefectiblemente los iba a terminar criando de acuerdo a su formación “pequeña burguesa y cristiana”.

–¿Cómo te enterás de la muerte de tu mamá?

Me enteré por televisión. Mis familiares estaban un poco perdidos, no estaban al tanto de la fuga. Seguían las noticias y ahí se enteraban de todo, no podían preguntarle nada a nadie. Así fue como un día estaban mirando la tele y se enteraron. Como no se animaron a decirnos que habían matado a mi mamá, nos sentaron en frente del televisor. Los cables con los caídos se pasaban a cada rato. Ellos nos dijeron que iban a dar noticias de nuestros padres y ahí escuché el nombre de mi madre, estaban informando que se había muerto. A todo esto, Santucho se estaba por ir a Cuba, le dieron permiso para llamar y hablar con la madre primero y después con nosotros, los hijos. Estaba triste y nos dijo que iba a volver, que seamos fuertes. Recuerdo que le pregunté cuándo iba a volver y me dijo que pronto.

–¿En ningún momento le recriminaste algo a tus padres?

Durante la adolescencia, que es cuando uno está en rebelde, me hacía muchas preguntas, todo me dolía. Les recriminé que hayan muerto por un ideal colectivo, por un país y me hayan dejado a mí, sola, a mí y a mis hermanos, que éramos lo más importante desde mi punto de vista… Nosotros no habíamos podido aprovechar ni de la educación de ellos ni de su presencia. Yo decía: “¿Y ahora qué hago?” porque no me gustaba estar donde estaba. Cuando fuimos a Cuba, yo no le podía decir a nadie que me quería volver. Nos mandaron a una escuela en el campo. Estábamos ahí toda la semana, salíamos el sábado y entrábamos el domingo. No me gustaba pero nadie me podía sacar de ahí. Era huérfana.

–¿En esa época quién te ayudaba a reconstruir la historia?

Cierta noción de quien había sido nuestro padre, teníamos, los cubanos nos explicaban. Estuvimos politizadas desde muy chicas. En ese momento, por emociones, por ser adolescente, fui la única que recriminé, que dije: “¿yo qué hago? ¿quién me va a sacar de acá? Muy bien, hicieron lo que tenían que hacer por el país, pero…”. Eso me lo preguntaba todo el tiempo.

–¿Cuándo decidiste empezar a investigar?

A los veintipico me fui a Suiza a estudiar. Después de la democracia volví varias veces al país. Vine en el ’89 la primera vez y seguí viniendo cada tanto: veía que nadie se acordaba de nada. En la época de Menem me decían: “Nosotros también estamos yendo al primer mundo, tenemos el dólar 1 a 1, vamos a ser como Suiza”, y nadie se acordaba, pero para nada, de los 30 mil desaparecidos. Yo dije: “No, tengo que decir algo”. Escuchaba que la derecha tenía su voz, estaba la teoría de los dos demonios con Alfonsín, la derecha seguía diciendo “subversión” todos los años después de la dictadura y había muy pocas voces del otro lado. Tarde o temprano, como hija, tenía que escribir. Logré hacerlo en 2008 con el primer libro ( Mario Roberto Santucho, el revolucionario místico) cuando ya me venía a quedar acá. Por supuesto que ayudó el momento político del país, el actual gobierno democrático que tenemos. Ahora, en este libro (Santucho, organizador del contrapoder), me siento con la conciencia más tranquila, no sólo por mis padres, sino por todos los compañeros que conocí bien, por toda la sangre derramada en este país.

–¿Hay algo que te separe de otros militantes compañeros de tu padre?

Lo único que me puede chocar hoy en día de los militantes -algunos, no todos, por supuesto- es que algunos hablan de “derrota” y para mí no se trata de una derrota. Para mí no es una derrota enfrentarse a un poder más grande y pasar a la pelea. Para mí eso es una victoria. Hay gente que dice que no se puede reivindicar todo, pero sí se puede. Te estoy hablando de jóvenes de los ’70 que debatieron un proyecto común de sociedad, que sacrificaron sus bienes, que quedaron en la clandestinidad, y todo por una consigna social. Para mí hay que revindicar eso, no hay forma de decir que se equivocaron en nada. Algunos se asombran ante tanta reivindicación. 

Yo pienso que ya hemos pasado la etapa de las críticas, algunos sobrevivientes han hecho un congreso en Italia, han dicho que todo estaba mal, que las acciones contra Cámpora estaban mal a pesar de que duró sólo tres meses y que era un gobierno títere porque enseguida la derecha lo sacó. Algunos sobrevivientes se fueron al exterior y ya está, ya hicieron la crítica de esa etapa, pero estamos en 2010, yo no tengo por qué estar buscando los errores de estos compañeros. Estamos hablando de muertos que en aquel momento creyeron una cosa y murieron por eso. Si hoy en día una persona que en su momento aceptó todas las resoluciones y la lucha armada, viene a decir hoy que estuvo todo mal. ¿Por qué no lo dijo en ese momento? ¿O qué tenían que esperar? Que les digan “bueno, está bien, tomen un rato el poder porque nos da lástima, tienen razón, la explotación, los monopolios, la multinacionales…”. No, el poder no lo entregan así.

• Santucho, organizador del contrapoder
Autora: M. E. Santucho
Editorial: Venceremos

Miradas al Sur

 

 

http://memoriastierra.blogspot.com/2010/10/marcela-santucho-historia-de-una-mujer.html
Sinopsis

Este libro explica la controversial etapa de la historia argentina ; la década de los 70. El punto de vista es novedoso, porque la autora es hija de protagonistas de la lucha. Mediante escritos de la época el lector accederá a las acciones del PRT-ERP.

DAR A CONOCER A LAS NUEVAS GENERACIONES LOS IDEALES DE LA JUVENTUD DE LOS AÑOS 70 QUE MILITARON Y SACRIFICARON SUS VIDAS POR UN PROYECTO COMÚN Y UNA SOCIEDAD MAS JUSTA… ESTE LIBRO MUESTRA LA MILITANCIA DESDE ADENTRO, UNA VISIÓN QUE EL SISTEMA ESCONDIÓ DESDE LA DICTADURA Y GOLPE DE ESTADO DE 1976 Y CON EL APOYO DE LOS GOBIERNOS SIGUIENTES SOBRE TODO EL MENEMISMO…

 

 

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Este libro continua de 1972 a 1976, abarcando el periodo político más intenso que hayan vivido los argentinos, donde organizaciones de jóvenes revolucionarios protagonizaban la realidad social. ¿Cuáles eran sus valores? ¿Sus objetivos? ¿Cómo eran sus vidas en la clandestinidad? ¿Las relaciones entre ellos? y más interrogantes actuales encuentran respuesta
Descripción
El propósito de este libro es informar sobre los que lucharon, sus ideas, sus objetivos, su visión. Aun hoy existe poca documentación sobre como militaban, como se relacionaban entre ellos www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php?id=9918%20
Capítulo I: Contexto histórico y geográfico de las organizaciones revolucionarios al comienzo de la década del 70 en el Cono Sur
SITUACIÓN EN URUGUAY; MLN-TUPAMAROS
SITUACIÓN EN CHILE; EL GOBIERNO SOCIALISTACAPITULO II: PLAN DE FUGA DEL PENAL DE RAWSON-CHUBUT

– entrevista al responsable del grupo de logística

– entrevista en el aeropuerto a los 19 compañeros que no
logran tomar el avión hacia Chile………………………….…………………………………47

-causa nº 9803 caratulada “Paccagnini, Rubén Roberto y otros/
recurso de casación”………………..……………………………………………………………53

CAPITULO III LAS CÚPULAS DE LAS ORGAS QUE SE FUGARON DE LA
CÁRCEL DE RAWSON SALEN DEL PAÍS DURANTE DOS MESES:

10 DÍAS EN EL CHILE DE ALLENDE RELATADOS EN 1RA PERSONA…………………61

– ROBI, VACA NARVAJA SE ENTERAN DEL ASESINATO DE SUS MUJERES,
LOS DEMÁS DE SUS 16 COMPAÑEROS DE MILITANCIA……………………………….63

Entrevista de “Punto Final” a Santucho, Vaca Narvaja y a Osatinski en Chile……65

-Entrevista a Agustín Tosco, relatando los hechos vividos en el penal después de
la fuga y los siguientes 7 días que terminaron en la masacre de Trelew….………80

DESENMASCARANDO DISCURSOS DE DERECHA…………………………………………..87

Replica a Yofre sobre que adjudica dependencia del PRT hacia Cuba………………99

Los comienzos del pensamiento Santuchista; el Indigenismo………………..………100

CAPITULO IV : LOS 10 ASILADOS EN CUBA, VUELVEN A LA ARGENTINA A OCUPAR SUS PUESTOS EN SUS RESPECTIVAS ORGANIZACIONES

RECUERDOS DE ALEJANDRO FERREYRA……………………………………………114

2 militantes cuadros del PRT-ERP cuentan como ingresaron a la lucha;

-Relato de Pola Augier………………………………………………………………….127

-Relato de Humberto Tumini…………………………………………………………..131

CAPITULO V

A. Ferreyra sobre la fraccion que se separo del PRT…………………………141

ERP 22 de Agosto, la fracción que ajusticio al almirante
Hermes Quijada…………………………………………………………………………..143

-COPAMIENTO DEL COMANDO SANIDAD EN BS-AS;

RELATO DE E. ANGUITA………………………………………………………………..160

Congresos del PRT……………………………………………………………………….169

Insersion del PRT en las fabricas…………………………………………………….174

Capitulo VI ;ACCIONES DE RECUPERACIÓN DE ARMAS

FABRICA DE EXPLOSIVOS DE Villa María, Córdoba……………………………218
(DESGRAVACION DE ENTREVISTA)

Caso Larrabure……………………………………………………………………………230

Masacre de Capilla del Rosario-Catamarca………………………………………233

Azul – Bs.As, relatado por Gorrearan Merlo……………………………………..252

Capitulo VII 1975

La Compañía de monte………………….……………………………………………..261

Informe de la situación campesina por el Negrito Fernández..……………..267

La vida en la compañía de monte……………………………………………………286

La guerrilla rural por Ruben Batalles……………………………………………….291

Capitulo VIII EL DESENLACE

El Rodrigazo……………………………………………………………………………….321

Monte Chingolo…………………………………………………………………………..329

Desenmascarando otros discursos derechistas….…………………………….336

Capitulo IX; AÑO 1976

Carta de Robi al PC……………………………………………………..340

19 de julio de 1976 – Villa Martelli, prov. de Bs As;
Relato de Pola Augier………………………………………………..347

Relato de Gorriaran Merlo……………………………………………351

El gringo Menna………………………………………………………….355

Benito Urteaga……………………………………………………………359

Hugo Irurzun……………………………………………………………..361

Eduardo Merbilhaa…………………………………………………..362

Liliana Delfino…………………………………………………………362

Leonel Mac Donald…………………………………………………..363

Carlos German………………………………………………………..364

Juan Manuel Carrizo…………………………………………………366

Hugo Ducca……………………………………………………………371

Pepe Mangini………………………………………………………….373

Respuesta del Colo a Mattini………………………………………..378

Conclusion………………………………………………………………..385

Bibliografía………………………………………………………………..389

Agradecimientos……………………………………………………..392

VER  BIOGRAFÍA 

 OBRAS DE SANTUCHO EN  https://www.marxists.org/espanol/santucho/

ENTREVISTA del cineasta ROBERTO ROSSELLINI a SALVADOR ALLENDE. 1971

ENTREVISTA del cineasta ROBERTO ROSSELLINI a SALVADOR ALLENDE

El maestro Roberto Rossellini – hombre de izquierda y uno de los directores que impulsó el neorrealismo italiano con filmes como Roma Ciudad Abierta y Paisá– viajó a Chile en 1971 para documentar de labios del propio Allende, en qué consistía este socialismo a la chilena.

Con apenas 8 meses en el cargo, el Presidente Allende habla desde los orígenes de su pensamiento político, luego realiza una defensa de su programa y un análisis de los problemas que aquejan a América Latina.
Exhibida por primera vez en el Festival de Trevignano en Italia, el filme fue bautizado como INTERVISTA A SALVADOR ALLENDE : LA FORZA E LA RAGIONE (Entrevista a Salvador Allende, la Fuerza de la Razón).

El 15 de septiembre de 1973, cuando La Moneda todavía exhalaba el humo tras el bombardeo, los italianos veían por televisión este documento homenajeando al extinto Presidente.

…..”Pienso en el hombre del siglo XXI como un ser humanizado, con un alto nivel de valores, que no se deje llevar por el ansia del dinero y la explotación”, le dice a Allende a Rossellini hacia el final del filme.

A pesar de estar en italiano -de todas formas se entiende bastante- diseccionado en 4 partes que ahora ponemos a disposición.

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s.a 342

Salvador Allende : Un homme politique aux facettes multiples                                                                                     Par José Del Pozo, professeur d’histoire, UQAM

Bien de choses ont été écrites et dites en sur Salvador Allende en occasion du centenaire de sa naissance. Il a été salué tour à tour pour avoir été le plus jeune ministre du premier gouvernement de gauche au Chili en 1938, pour avoir ensuite été le premier  dirigeant marxiste au monde élu démocratiquement à la présidence d’un pays, pour sa défense des richesses naturelles du Chili contre l’emprise du capital étranger et enfin pour  avoir défendu jusqu’à la mort la légitimité de son mandat le jour de son renversement.

Dans le texte qui suit je me propose d’écrire sur le président mort en 1973 non pas pour relever de nouveau les faits qui ont jalonné sa vie politique, mais plutôt pour essayer de cerner sa personnalité et sa trajectoire dans sa spécificité, qui fait de lui un homme politique à la fois unique et très représentatif de son temps et du pays qui l’a vu naître.

En effet : ce qui est fascinant chez Allende c’est sa capacité de s’adresser à des groupes de la société très divers, à conjuguer  des concepts parfois contradictoires et à défendre des options politiques difficiles à harmoniser. C’est donc le politicien aux accents multiples que je vais essayer de caractériser.

filles d'allende (Carmen Paz,Isabel,Beatriz)

D’abord l’homme dans sa vie privée et familiale. Ses adversaires essayaient souvent de le décrier à cause de ses origines « bourgeoises » et de son goût pour la bonne vie, ce qui allait en  contradiction, disait-on, de ses idéaux de gauche. Laissant de côté la superficialité de ces reproches, il reste que le premier n’était pas vraiment fondé. Petit-fils d’un médecin et fils d’un avocat, Allende eut une enfance et une adolescence plutôt aisées et eut droit à certains privilèges, notamment celui de compter sur une domestique à son service personnel, qui l’accompagna durant une bonne partie de sa vie, devenant une sorte de deuxième mère. Mais son père, qui s’appelait aussi Salvador, n’était pas riche et surtout, sa situation économique s’était considérablement détériorée au moment ou le jeune Salvador commençait ses études universitaires, ce qui l’obligea à travailler pour pouvoir compléter sa carrière en médecine.

Le notaire Allende est mort au moment ou son fils terminait ses études, ne laissant aucun héritage matériel à ses enfants. Dans cette perspective, Salvador n’a été ni plus ni moins que beaucoup d’autres jeunes issus de la classe moyenne, qui parvenaient à décrocher un diplôme universitaire grâce en partie au fait que les frais de scolarité de l’Université de Chile, la principale université publique,  étaient très réduits à l’époque, ouvrant ainsi la porte à la mobilité sociale. Allende incarnait aussi le destin de beaucoup de jeunes de sa génération, qui grâce à l’exercice d’une profession atteignaient un meilleur niveau de vie. Dans cela, il n’était pas en contradiction avec les idéaux politiques de gauche.

allende et famille2                                                                                                                                                                      Lorsqu’il faisait ses premiers pas dans la vie politique, Allende épousa une jeune étudiante d’histoire, Hortensia Bussi, issue aussi de la classe moyenne professionnelle. Elle ne pratiqua cependant pas le métier d ‘enseignante auquel elle s’orientait, préférant celui de mère de famille, s’occupant de ses trois filles et plus tard des petits-enfants. Doit-on voir dans cela un signe de « vie bourgeoise », dans lequel l’épouse, confinée à la maison, restait dans l’ombre de son mari, ce qui constituerait une autre contradiction pour le dirigeant socialiste? Et les filles furent éduquées dans un collège privé plutôt huppé, au lieu de fréquenter le lycée public. Nous ne savons pas  comment ces décisions ont été prises; il se pourrait bien que le couple Allende-Bussi ait adopté un cadre de vie assez  fréquent à l’époque dans la classe moyenne des années 1940-1950, dans lequel bien de femmes ne voyaient pas d’objection à rester à la maison, même si elles auraient pu aller sur le marché du travail, sans que cela ait signifié une condition de femme soumise ni dépourvue d’idées.

fam.s.a

Cela s’est vu clairement après le coup d’état de 1973, alors que Hortensia, partie vivre à l’extérieur avec plusieurs de ses petits-enfants, fit preuve d’une grande énergie et détermination, dénonçant les auteurs du coup d’état partout au monde, et demandant aux gouvernements qui la recevaient de les isoler diplomatiquement. Enfin, le fait que deux de ses deux filles se soient lancées avec passion dans la politique prouve clairement que le contexte familial, si « bourgeois » en apparence, était orienté vers les idées défendues par le président.

 allende 002Voyons maintenant la participation d’Allende dans diverses instances de la société chilienne. Tout jeune, en 1925, il fit le service militaire, activité que pour la grande majorité des enfants de la classe moyenne et supérieure, était quelque chose à éviter, considérée comme une perte de temps. Et les jeunes aux idées socialistes ne font pas toujours bon ménage avec les militaires, encore que des exceptions notables sont à signaler, tant au Chili qu’ailleurs [1].

Il est très possible que Salvador ait été influencé par son grand-père, Ramón Allende, qui en tant que médecin fut chargé de diriger une équipe sanitaire accompagnant les troupes chiliennes lors de la campagne contre le Pérou dans la guerre du Pacifique, en 1880. Il partageait certains concepts chers aux militaires, comme la défense de l’ « honneur » et le patriotisme. Cette attitude était tellement ancrée chez Allende qu’il s’était battu en duel à pistolet en 1952 contre un sénateur du parti radical, se sentant insulté par ce dernier. Cet épisode est difficile à comprendre : il s’agissait non seulement d’une pratique désuète mais illégale, et elle tombait en pleine campagne électorale, lors de sa première tentative de devenir président. Heureusement les deux adversaires avaient raté le tir…

s.a.4

En 1935, peu après avoir participé à la fondation du parti socialiste, Allende prit une autre décision qui ne cadrait pas non plus avec le gauchiste-type : entrer dans les rangs de la franc-maçonnerie. Comment un marxiste peut-il adhérer à une organisation formée par la bourgeoisie et dont les membres ne proviennent jamais de la classe ouvrière? Ses adversaires ont dit plus tard qu’Allende ne cherchait qu’à gagner des appuis politiques. En faisant cela, Allende était sans doute inspiré de nouveau par ce grand-père qu’il admirait, qui avait été aussi franc-maçon à l’époque où cette condition équivalait à agir en tant que critique des valeurs conservatrices de la société. Et il ne faut pas oublier qu’un des fondateurs du PS, Eugenio Matte, avait été aussi membre de cette institution. Enfin, on peut aussi voir cette décision comme une démarche visant à mieux connaître la société chilienne, et à intégrer ce secteur à la gauche socialiste, qui ne devait pas être constituée uniquement par les marxistes. C’était l’Unité populaire avant la lettre, alors que radicaux, sociale-démocrates et chrétiens avaient joint l’alliance des socialistes et communistes.

s.a2

Cette perspective ouverte sur la société, qui l’amenait à dialoguer avec des secteurs qui n’étaient pas souvent avec la gauche peut expliquer sa participation au Collège des médecins. Il s’y impliquait à tel point qu’à l’époque où il était ministre de la santé, en 1940, il fut à l’origine de la loi qui créait le Collège, en remplacement de l’ancienne association médicale. Plus tard, il occupa la présidence de l’organisation entre 1950 et 1952. Allende s’intéressait surtout à organiser la médecine publique, afin de concrétiser ses idées sur la prévention des maladies et de doter au pays d’une véritable médecine sociale. Bien des années plus tard, ce même collège lui ferait la vie dure lors de sa présidence, car de nombreux médecins participèrent aux grèves contre son gouvernement, en 1972. Mais sans la participation d’Allende, on peut penser que l’hostilité des médecins aurait été encore pire.

Les autres aspects apparemment contradictoires d’Allende sont bien connus :  la recherche de l’appui du parti radical, déjà en 1964, afin d’élargir l’alliance de la gauche et  ne pas la limiter à l’axe socialiste-communiste, geste qui fut très critiqué au début [2]; son appui moral à la révolution cubaine alors qu’il défendait l’utilisation de la voie électorale pour parvenir au pouvoir au Chili; le dialogue qu’il entamait avec le MIR [3], qui ne croyait pas en sa démarche politique, mais qui acceptait que plusieurs de ses membres fassent partie de la garde personnelle qui assurait la sécurité du président, le GAP, constituent d’autres manifestations de sa capacité à s’ouvrir à toutes les composantes de la gauche, tant au Chili qu’à l’extérieur, afin de faire avancer le projet inédit qu’il essayait d’appliquer, la « voie chilienne vers le socialisme ». À ceux qui affirment que ce projet était voué à l’échec, on peut riposter  qu’il représentait bien la réalité chilienne, la complexité de son expérience politique et la diversité de sa société, de laquelle Allende était issu.

allende venceremos

Allende fut ainsi un homme aux convictions fermes mais très ouvert au dialogue, capable de discuter avec ses adversaires d’hier et de chercher de nouveaux alliés. Ce sont sans doute des qualités qui ont fait de lui un politicien habile et respecté, le seul qui pouvait faire triompher le projet socialiste démocratique au Chili.

————————————————————————————————–

[1] Au Chili, le cas de Marmaduke Grove, chef de la Force aérienne chilienne et créateur de la « République socialiste » de 1932. Au Brésil, le capitaine Luiz Carlos Prestes, devenu chef du parti communiste de son pays dans les années 1930 et 1940. Et plus près de nous, Hugo Chávez au Venezuela…

 [2] Le parti radical, une formation politique très ancienne, était mal vu par les partis marxistes après la trahison du président issu de ce parti, Gabriel González Videla, qui avait mis hors la loi le parti communiste en 1948, qui pourtant avait contribué à son élection en 1946.

 [3] MIR : mouvement de la gauche révolutionnaire, groupe formé en 1965, qui ne faisait pas partie de l’Unité populaire

 

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SOCIALISTAS Y EL COMANDANTE DEL EJERCITO GENERAL CHEYRE EN MADRID 1996: EL ENCUENTRO DE EL ESCORIAL

SOCIALISTAS Y EL COMANDANTE DEL EJERCITO GENERAL CHEYRE

EN MADRID 1996: EL ENCUENTRO DE EL ESCORIAL.

 Elie Valencia

Holanda, 20 de Marzo de 2002

 

 

 

En la primavera española de 1996, se juntaron a dialogar altos dirigentes socialistas, con altos oficiales  del ejercito, y asesores de Pinochet en Madrid.  Este dialogo se realizó dentro del contexto del seminario “Las Fuerzas Armadas y la transición a la democracia: Los casos de España y Chile”. Este seminario fue patrocinado por la fundación española Ortega y Gasset y se realizó en el Hotel Victoria Plaza de El Escorial – en Mayo de 1996. 

Este  singular encuentro fue organizado y coordinado conjuntamente por el entonces embajador chileno  en  España,  el socialista Alvaro Briones, y el ex agregado militar a la embajada de  Madrid,  el General Juan Emilio Cheyre. En este seminario participaron tanto políticos españoles como  chilenos.

Por los socialistas asistieron al seminario el entonces ministro de Obras Publicas  y candidato a la presidencia, Ricardo Lagos,  Camilo Escalona, actual presidente del PS, el senador Jaime Gazmuri y  Enrique  Correa, ex ministro del gobierno de Alwin y experimentado operativo político socialista. La delegación militar incluyó el entonces director de la academia de guerra, Coronel Jaime García, el ex comandante del Regimiento Maipo,  Coronel José Manuel Piuzzi, el Coronel Carlos Molina Jonson y el General Cheyre. También participaron el asesor político  Sergio Rillón y el ex ministro de relaciones exteriores  de la dictadura militar, Hernán Felipe Errázuriz.

Lo discutido en este encuentro entre los políticos socialistas, pinochetistas  y militares no se ha hecho publico. Estos eran los tiempos cuando el  ex dictador estaba preparando el terreno para asumir como político civil (senador vitalicio auto designado), los militares  buscaban mantener sus inmunidades y prerrogativas, y los socialistas buscaban  el espacio político para afirmar a Lagos como candidato a la presidencia. Indudablemente,  este equipo socialista tenia interés en que los militares no se opusieran abiertamente a la candidatura de Lagos, y buscaban generar un cierto nivel de confianza en la cúpula militar.

En agosto de  1997, el embajador socialista Briones escribió en  el diario La Época de Santiago un controversial articulo, que sin duda elucida algunas de las posiciones socialistas que apoyaban el trabajo del encuentro de El Escorial. En su columna  “No vindicar el pasado“, Briones argumenta que en el  proceso de transición  “debe buscarse conscientemente una suerte de amnesia pública“.  En Noviembre de 1997, dentro del contexto de la denuncia de que el agregado de la fuerza aérea  en Madrid, coronel Barrientos, fue un torturador en Magallanes en 1973, los dirigentes socialistas Gazmuri y Escalona que participaron el encuentro de El Escorial  aseguran que la tesis de la “amnesia publica” de Briones esta desvinculada de este caso, y tiene una base más  amplia. Gazmuri indica que no avala este argumento pero que esta tesis “apunta a un tema más general”. Escalona, por su parte, afirma que Briones ” ha trabajado con mayor tenacidad para sostener una relación con el mundo militar que tiene un sentido estratégico: la candidatura de Ricardo Lagos” ( La Tercera 3 noviembre 1997).

Un encuentro de estas características, de políticos socialistas y militares en el extranjero, no deja de llamar la atención y levantar suspicacias. Indudablemente la intención no era socializar, si no crear ciertas garantías y confianzas mínimas para proceder en el futuro. Y no seria sorprendente el saber de que temas como la institucionalidad, la constitución de 1980 y los derecho humanos hayan sido  temas de discusión privadas en este seminario sobre los militares en la transición.

Lamentablemente, los socialistas y la ciudadanía en general no han sido informados de estas conversaciones  entre personeros de las cúpula socialistas y  militares. Sin lugar a dudas, el encuentro de El Escorial y la tesis de la búsqueda de la amnesia publica han jugado un importante  rol  en el establecimiento de la  relación entre los militares y   dirigentes socialistas. En la actual coyuntura política, la relación entre socialistas y los militares esta formalizada a nivel de gobierno. El presidente Lagos  nombró a Cheyre como el nuevo comandante en jefe del Ejercito y a la socialista Michelle Bachelet como nueva ministra de defensa, a quien institucionalmente responden las fuerzas armadas. Los entendimientos que han permitido esta formalización, aparte de la constitución pinochetista de 1980, no están claros, particularmente en el área de los derechos humanos.

Los valores socialistas se beneficiarían de una clara política y practica transparente en las relaciones con las Fuerza Armadas  y las violaciones derecho humanos. Lo socialistas que fuimos victimas de estos crimines de lesa humanidad rechazamos todo esfuerzo que busca un nivel de “amnesia publica ” respecto a estas violaciones. Una mayor  y clara información publica sobre los derechos humanos, la dictadura militar, y  el rol de los militares en la transición fortalecería el desarrollo de la democracia  chilena.

 

 

Elie Valencia

 

 

 

Editor@Dawson2000.com

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Alberto Gato Gamboa,periodista popular

Alberto Gamboa: La historia del gato que siempre cae de pie


16/02/1962

Sus seguidores llegaban a hacer fila para contarle sus complicaciones amorosas por su conocido ‘consultorio sentimental’, mientras, los militares lo apresaban cada vez que incendiaba la opinión pública con sus titulares en El Clarín.

Por: P.Bañados, M.Bustamante, J.Moreno

Candentes eran los ejemplares que cada mañana se repartían en los kioskos de todo Chile en los 70’. El Clarín, bajo la dirección de Alberto, “Gato” Gamboa era el responsable de grandes disgustos de la oposición en el período de la Unidad Popular. Según el mismo ex director, la irreverencia va consigo y el miedo no es parte de su vida. Como preso político por tres años y blanco constante de sospecha, aprendió a caer de pie. Como testigo de sus 1.115 días de tortura, escribió ‘Un viaje al Infierno’ donde recopiló testimonios de sus compañeros de encierro e intentó reflejar la humanidad que existió, tras el período de mayores violaciones a los derechos humanos vivido en Chile.

A lo largo de la historia periodística, el rol informativo que ha cumplido la prensa se ha visto ligado a la política,  tanto como en beneficio de gobiernos oficialistas como también, fieles representantes de la oposición pública. Esta última función, es generalmente entorpecida por medio de la censura que ejercen los grandes poderes del Estado, el Golpe llevado a cabo por las fuerzas armadas en el año 73’ eliminó hasta la más mínima prensa de oposición. Sin embargo, la astucia del periodista de trincheras fue pieza clave para restaurar la historia y ayudar al retorno de la democracia. Alberto Gamboa, fue uno de los periodistas destacados por su rol ejercido durante las tres fases que vivió el país producto de la toma del poder; el antes, durante y el después.

Gamboa, nació el 16 de febrero de 1926, profesor egresado del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile jamás ejerció su profesión, a pesar de tener un curriculum diverso por el índole de sus trabajos, el periodismo ha sido el fiel reflejo de su pasión lo que demostró dedicándose a este por más de seis décadas. Gato, su apodo también lleva bastante tiempo haciéndole compañía, esto gracias al ingenio de su compañero de la Escuela Primaria, José Victorino Lastarria. En un principio, el interés periodístico de Gamboa se dirige al ámbito del deporte, ahí se desempeñó como reportero del diario La Opinión a la edad de 17 años. Su esposa, María Estela Urzúa sostiene que lo que potenció a Alberto fue su formación en la calle bajo un gran tutor, Morales Álvarez, quien aprovechó todo el potencial de Gamboa.

Triunfo de Allende y el ascenso de El Clarín

Una vez que Allende llega al poder, el diario El Clarín, ya contaba con una gran circulación nacional y el periodismo popular vivía su auge con la dirección de Alberto Gamboa en el diario. El dueño, Darío Saint-Marie, vio en Gamboa la audacia en la escritura y el reporteo, por esto le pide que sea él quien se encargue de los temas policiales, amorosos y sociales que presentará Clarín en cada edición.

‘Firme junto al pueblo’, era el eslogan del diario. Gamboa se esforzó por obedecerlo al pie de la letra, participando de cada actividad social que se realizara en poblaciones; reuniones sindicales, centros de madres o cumpleaños de personajes populares donde pudiera conseguir una buena historia. Para él cualquier hecho noticioso por insignificante que fuese tenía aristas interesantes, esto se reflejaba en su narrativa, simple y cercana pero abundante en detalles expresados en un lenguaje coloquial que cualquier chileno pudiese comprender.

La insistente preocupación de El Clarín por la clase popular, tenía un tinte político por medio.  El diario, era muy cercano al gobierno de Salvador Allende y el mismo, poseía vínculos amistosos con Saint-Marie y Gamboa. “Allende siempre fue amigo nuestro, naturalmente había que marcar distancia públicamente. Casi todos los días, Salvador iba en la noche a revisar que material íbamos a publicar en la mañana, tipo siete de la tarde. Tengo que decir que él jamás pidió censurar ni editar nada”, recordó  Alberto.

El talento del ‘Gato’ para titular era una gran herramienta para captar audiencia, algunos de los titulares más recordados de su autoría son; La Chabelita es liviana de sangre: tiene buenos choclos”, en alusión a la visita de la Reina Isabel a Chile o “Ramírez habló a poto pelado”, debido a la fotografía del futbolista sin ropa interior. “La mezcla de espectáculos y política era una mezcla sagrada para el éxito, podías divertirte, informarte y tener opinión propia, algo que hoy  no existe en ningún medio”, enfatiza el periodista Federico Gana, cercano a Gamboa.

Término de El Clarín y la libertad de Gamboa

La edición de El Clarín del 11 de Septiembre del 73’, no alcanzó a llegar a los kioskos, la principal razón, la complicidad del diario que sostuvo con el Gobierno de la Unidad Popular. En la madrugada, los militares allanaron las oficinas ubicadas en calle dieciocho y junto con otro grupo de periodistas, el Gato Gamboa fue llevado al Estadio Nacional en calidad de preso político. “El título que teníamos para ese día era más o menos así: ‘Curas engañan a los feligreses haciendo creer que el Golpe es panacea’, y bueno, no estábamos lejos de la realidad”, señaló Gamboa.

La estadía del Gato en el Estadio Nacional duró alrededor de tres meses y luego fue llevado a Chacabuco, la central más grande de presos políticos en Chile. Estuvo allí tres años y fue liberado en marzo de 1976. Durante su estancia en Chacabuco, su capacidad de reportear, además de sociabilizar otra vez se hizo presente, esta vez con la creación del diario mural redactado por los presos de la central y editado por Gamboa.

La experiencia terminó relatada en el libro de su autoría, “Un viaje por el infierno” que recopila testimonios de él y sus compañeros en Chacabuco, donde rescata el lado humano  tanto de los presos como algunos militares que se cruzaron en su camino. En su libro, Gamboa relata  que a su salida del centro Chacabuco,  logró comprender que “esa pelea de la mente y el espíritu, tan agotadora, la había ganado yo. De nuevo estaba entero”.

De vuelta a la vida, de vuelta al periodismo

La reinserción en la vida periodística que tuvo Gamboa durante la dictadura, fue un camino complicado para el periodista. “El Gato tocó muchas puertas, que se le cerraron, pero también hubo otras donde recibieron con los brazos abiertos. Lo que sí, ya no optaba a cargos como director por su asumida y conocida oposición al régimen de Pinochet”, aseguró su esposa. Ante las sugerencias de autoexiliarse el confiesa en su libro “No quería perder el vínculo con los que peleaban acá adentro, me gustaba el merengue y la lucha, aunque fuera silenciosa y completamente ineficaz”.

Un cargo importante en el que se desempeñó pasados los años más intensos de persecución política, fue como director en “El Fortín Mapocho”, que recogió parte de lo que fue la línea editorial de El Clarín, convirtiéndose en otro periódico de oposición. Uno de los titulares más famosos de la autoría de Gamboa en el Fortín, recorrió el mundo y decía así: “Corrió solo y llegó Segundo”, titular que aludía al plebiscito del 88’ con la campaña del Sí y el No. Esta frase lo llevó a la nominación del premio Internacional de Periodismo, Príncipe de Asturia.

Últimas andanzas en el periodismo

Alberto Gamboa, se retira del periodismo en el año 2010 debido a conflictos internos en el diario La Nación, donde se desempeñó como asesor alrededor de cinco años.  Anterior a eso, también trabajó en el diario La Época y La Cuarta (siendo Gamboa uno de los fundadores de éste último), además de la revista Ercilla donde acudió a la llamada del periodista, Emilio Filippi. Sin embargo, ninguno de estos diarios recuerda con tanta pasión y entusiasmo como El Clarín y El Fortín Mapocho. ¿La razón?, “Yo ya no veo ningún diario como antes. El diario que nosotros hicimos (El Clarín), era popular porque íbamos a la casa de la gente, cosa que hoy es poco usual. Yo dejé ‘las patas’ en la calle, no como ahora que el ‘hueveo’ es por Internet”, admite el Gato.

A raíz de sus vivencias como periodista antes, durante y después de la dictadura, el escritor y periodista Francisco Mouat, le propone a Gamboa escribir un libro, el cual se publicó en el 2010 titulado Las Siete vidas del Gato Gamboa Destacando su resiliencia en términos de tortura y profesionalismo.

Gamboa ha sido nominado en variadas oportunidades al Premio Nacional de Periodismo, el cual no ha ganado y se rehúsa a seguir siendo postulado. Sin embargo, ha ganado el Premio a la Trayectoria Periodística, otorgado por el Colegio de Periodistas de Chile, Premio a periodistas destacados de Chile por la Intendencia de Valparaíso, el Premio Camilo Henríquez y el Premio Bicentenario de Periodismo de Chile.

Su vasta experiencia en el periodismo, dejó un legado de la narrativa dirigida a la clase popular y le dio importancia a quienes eran marginados  de la agenda noticiosa. Se permitió ahondar en temas antes no abordados de manera llamativa y que produjo un acercamiento por parte de las capas bajas a la lectura de prensa. En palabras de su amigo, Federico Gana, jugó con la psicología y fisionomía de la sociedad chilena, logrando reflejar una realidad social impresionante.

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