Reseña Salvador Allende: Demócrata Revolucionario

Salvador Allende: Demócrata Revolucionario
de Víctor Figueroa Clark
Londres: Pluto Press , 2013
. rústica 164 pp
ISBN: 9780745333076
Revisión por Laurence Goodchild
05 de agosto 2014 –
Enlaces Revista Internacional de Renovación Socialista

En este libro conciso y bien documentada, Víctor Figueroa Clark logra numerosos logros. Mientras que detalla un vívido relato de la vida de Salvador Allende, Clark también proporciona un contexto histórico muy necesario para el liderazgo de Allende del gobierno de la Unidad Popular, y se dirige a su estrategia política de una manera que es muy relevante para la “marea rosa” contemporánea en América Latina [ i] .
Como sugiere el subtítulo “demócrata revolucionario”, Allende se caracteriza por ser un revolucionario marxista que la visión de un socialismo totalmente democrático y participativo. En última instancia, este es el punto central enfatizado en todo el libro; Búsqueda de Allende de una vía electoral al socialismo no niega de su objetivo de derrocar el capitalismo. Esta es una declaración audaz que da al libro un verdadero sentido de propósito y es especialmente pertinente con respecto a la del siglo 21 “movimientos hacia el socialismo” en América Latina.

La socialización de un líder
Clark hace un excelente trabajo de ilustrar de manera simultánea y entrelazando la evolución de la economía política de Chile y de la evolución de la vida de Allende; algo que es esencial si queremos evitar discutir su presidencia después de una manera ahistórica.
Allende se presenta como alguien de una familia burguesa distinguido que dio testimonio de las desigualdades sociales masivas de Chile como su familia se trasladó por todo el país durante su juventud. En el contexto de turbulencia política nacional, así como las revoluciones en México y Rusia, las inclinaciones liberales-progresistas de Allende se considera que dar un giro radical cuando se encuentra cara a cara con la pobreza extrema y la represión violenta de las organizaciones de la clase trabajadora. Como estudiante de medicina, la mala salud creada por el laissez-faire por los estragos de un sistema capitalista le inquietaba con claridad, y comenzó a desarrollar una perspectiva socialista que trabajan en organizaciones de estudiantes vinculados al Partido Comunista ilegal.
Más allá de estas condiciones materiales, factores ideológicos destacados por Clark en el desarrollo del socialismo de Allende, como las enseñanzas de un zapatero anarquista para hacer una lectura fascinante, y dar ideas a la amplia gama de influencias heterodoxas que experimentó. Aunque Allende llegó a identificarse con las clases trabajadoras, Clark representa a un hombre atrapado entre dos mundos. Mientras convertirse completamente comprometida con los ideales socialistas, Allende claramente permaneció unida a sentimientos burgueses – ejemplificado en anécdotas divertidas, como su insistencia en no rechazar un reto a duelo.
Estrategia política y el socialismo de Allende
Como se afirma en el libro, Allende no adoptó un modelo externo del socialismo recta fuera de la plataforma. En vez estaba decidido a desarrollar un socialismo que adaptar a y aprendió de su contexto particular, incluyendo los fracasos del pasado, como la efímera república socialista de 1932.
Esta cepa no dogmático y en particular de Chile del socialismo, que muestra una variedad de influencias, a menudo condujo a una relación bastante incómoda y frágil entre Allende y diversos sectores de la izquierda, incluyendo a su propio partido. La revolución cubana de 1959 tuvo una profunda influencia sobre la izquierda latinoamericana, y como organizaciones guerrilleras surgieron en todo el continente había un anhelo dentro de gran parte de la izquierda chilena a alejarse de la lucha electoral y social a favor de la revolución armada.
Clark hábil y convincente delinea cómo Allende verdaderamente fue inspirado por la Revolución Cubana, y sin embargo no fue ingenuamente dibujado a la conclusión de que la lucha armada era adecuado para Chile. En cambio, como el Che Guevara inscribe en una copia de Guerra de guerrillas que presentó a Allende, buscó los “mismos fines por diferentes medios”.
Teniendo en cuenta el trágico destino de la ruta electoral de Allende sería fácil afirmar que los que hablaban de la lucha armada tenían razón, pero esto sería ignorar el camino trágico que estos movimientos tomaron “en la obliteración” (p.79) [ii] . Clark sostiene que la amistad de Allende con los revolucionarios armados en países en los que “las dictaduras impiden el derecho de los hombres a participar incluso en la democracia burguesa”, y su lectura del socialismo a través de la vía electoral en un Chile donde la competencia cívica limitada todavía era posible, formaban parte de un coherente visión (Pág. 82).
Auge y caída del gobierno de la Unidad Popular
Clark describe la Unidad Popular (UP) como culminación de un esfuerzo de 30 años de Allende y sus aliados para crear una amplia alianza y “poner a Chile en el camino hacia el socialismo” (p. 86). Allende sólo ganó un 36,6% de los votos en las elecciones presidenciales de 1970, un hecho que a menudo se levantó contra el gobierno de la UP. En este sentido, Clark insiste en que hay que mirar más profundamente, poniendo de relieve desposorio la Democracia Cristiana ‘de un programa de “socialismo comunitario”, similar en muchos aspectos a las políticas de la UP. Como tal, se afirma que Allende asumiera el poder “, como el presidente del 65 por ciento de los chilenos que habían votado a favor de programas muy similares del cambio” (p. 91).
Si bien esta afirmación puede parecer muy frágil, el hecho de que la UP obtuvo más del 50 por ciento de los votos en las elecciones municipales posteriores se sienta en un terreno mucho más firme en cuanto a ayudar a la afirmación de que la UP era legítimamente popular.
A pesar de las contradicciones internas a la UP y la izquierda chilena en su conjunto, la injerencia extranjera y el sabotaje económico de los capitalistas nacionales, Clark sostiene que el gobierno de la UP hizo un progreso significativo. Se aplicará un programa de transformación que incluye la nacionalización de industrias clave, extensa reforma agraria, una política exterior antiimperialista y la expansión de un sistema de bienestar redistributivo. En lugar de tinkerings menores, Clark afirma que estos fueron los comienzos de una transición socialista a largo plazo, destacando el carácter participativo de los programas de bienestar como un ejemplo de la diferencia cualitativa.
En general, Clark presenta la UP como el gobierno que se dedica a fondo con, y con el apoyo de, las clases populares. Además, se considerará que se ha de tomar con éxito pasos hacia el establecimiento del socialismo chileno ante la extrema oposición imperialista y capitalista.
Contra posiciones que definen Allende como un débil socialdemócrata, Clark demuestra persuasivamente Allende como un líder socialista que lucha por delante dentro de las condiciones que no son de su propia creación. De hecho, fue el éxito de su proyecto que provocó las acciones contrarrevolucionarias contra su gobierno, que culminó con el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.
El libro incluye un juego fascinante por cuenta del juego de las acciones de Allende durante el golpe de Estado, y toca varias razones de por qué el gobierno de la UP no pudo resistirse a ella, como la imposibilidad de crear órganos de poder popular. En última instancia, sin embargo, Clark no identifica una sola razón definitiva para la caída de la UP en términos de su estrategia política. Esto es perfectamente razonable teniendo en cuenta el alcance del libro como una biografía, la complejidad de la situación y la importancia de las limitaciones estructurales. En comparación con las cuentas que hacen hincapié en las deficiencias del gobierno, Clark subraya con razón que las probabilidades abrumadoras que se apilan en contra de ella y se niega a dar correctivos simplistas [iii] .
Lecciones y legado
Allende estaba preocupado con la construcción de un socialismo en Chile que fue particular a su contexto histórico, nacional e internacional. Aunque las lecciones que podemos extraer de la vida de Allende están necesariamente limitadas por diferencias contextuales, Clark justifica las comparaciones contemporáneas, poniendo de relieve las similitudes sorprendentes entre la estrategia y la política los gobiernos de Allende construir el “socialismo del siglo 21” en la actualidad. La agresión imperialista, cierres patronales patronales, intentos de golpe y fuga de capitales difícil situación todos los gobiernos de izquierda contemporánea, tal como lo hicieron Chile de Allende. Además, y lo más importante, en términos de los paralelos de dibujo, han llegado al poder a través de las urnas.
La diferencia clave es que mientras que Allende se encontró aislado en un continente de juntas militares, hoy los gobiernos que persiguen un camino de independencia se unifican dentro de las agrupaciones tales como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Por otra parte, los menores de ataque puede ahora esperar apoyo de no sólo sus aliados ideológicos más cercanos, sino también de la comunidad latinoamericana en general, que ha tomado un carácter definitivamente más independiente en los últimos años. Tales esfuerzos de integración y unidad entre los pueblos de América Latina son de vital importancia en la defensa de los logros progresistas y una mayor soberanía.
Conclusión
Salvador Allende: demócrata revolucionario ofrece una cuenta accesible de la vida de Allende, que es a la vez profundo y conciso. Contribución clave de Clark, que los principios revolucionarios y democráticos de Allende son coherentes y no contradictorias, es particularmente relevante en un momento en los movimientos socialistas contemporáneos son re-imaginar lo que la democracia significa para ellos [iv] . Aunque aquellos que buscan un análisis exhaustivo del gobierno de la UP y su caída tendrán que leer más, esta biografía de una figura tan emblemática ofrece un punto de partida sólido.
[Laurence Goodchild es miembro de la Izquierda Verde y Unite the Union (Reino Unido).]
Notas
[I] La “marea rosa” es un término utilizado para referirse a los gobiernos en general de izquierda que han ganado las elecciones generales en gran parte de América Latina desde la década de 1990 en adelante.
[Ii] La gran mayoría de estos grupos guerrilleros fueron aplastados brutalmente en un corto período de tiempo, mientras que otros, como las FARC colombianas, han sido encerrados en décadas de guerra civil. La única excepción es que los sandinistas de Nicaragua, quien ocupó el poder gubernamental 1979-1990.
[Iii] Por ejemplo, la idea de que una milicia popular podría haber defendido el gobierno de la UP. Clark reitera su posición sobre esto en una entrevista publicada por el Proyecto Nueva Izquierda .
[Iv] La democracia está siendo re-imaginó en formas más directas de participación o por los movimientos socialistas en América Latina, dejando atrás modelos autoritarios de liderazgo o la democracia representativa deslegitimado. El presupuesto participativo en Porto Alegre, Brasil, o de los consejos comunales de la Venezuela bolivariana son ejemplos de esto en la práctica.
Chile Partido Comunista de Chile Izquierda Verde (Gran Bretaña) latinoamérica Pluto Press revisión Salvador Allende Partido Socialista (Chile)
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Mar, 02/09/2014 – 22:23 – David Bell (no verificado)
Allende traicionó a la clase obrera chilena

El 11 de septiembre muchos se acuerda de la final heroica de Salvador Allende, pistola en mano. Esto personifica el mito de él como un líder revolucionario marxista. Esto no lo era. De hecho, él constantemente socavada la clase obrera en la lucha de clases de 1971-3 durante su presidencia. Si quieres saber más leer “pieza” Chile1972-73: “Los trabajadores unidos” en el libro “ensayos Revolucionarias” Haymarket Books 2002. Mike González
González ‘jueces discurso final de Allende en la radio afirmando que “la historia se condenan los generales” era una renuncia imperdonable de su propia responsabilidad y una mentira dijeron a la posteridad. Unidad Popular Gobierno de coalición de Allende dejó la clase obrera desarmado e impotente para enfrentar el golpe militar que causó venganza salvaje contra sus enemigos de clase.
No necesitamos “falsos dioses”, tenemos que saber lo que realmente ocurrió para que en futuras batallas de clase / guerras entendemos mejor lo que hay que hacer para ganar la próxima vez.
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El Mostrador – 18 de Octubre de 2013

[…] al cuartel Terranova fue destinado lo más granado del personal de la DINA y los oficiales que, con posterioridad, alcanzaron la más triste celebridad (la mayoría de ellos se había fogueado, sin embargo, en los cuartes Yucatán y Ollagüe). Sólo los generales Arellano Stark, Pinochet Ugarte y Contreras Sepúlveda, que cumplían labores de mando ‘supremo’, no tuvieron relación profesional doméstica con este cuartel. Entre los más notorios, cabe citar a Pedro Espinoza Bravo, Marcelo Moren Brito, Raúl Iturriaga Neumann, Rolf Wenderoth (‘Gonzalo’), Miguel Krassnoff, Ciro Torré, Ricardo Lawrence, Gerardo Godoy García, Fernando Laureani, Manuel Carevic, Gerardo Urrich, Osvaldo Romo, Basclay Zapata (`Troglo´), Tulio Pereira, Francisco Ferrer Lima, Ingrid Felicitas Olderock, Germán Barriga, Osvaldo Pincetti, un grupo de colaboradoras y otros agentes de menor renombre. En términos generales, el funcionamiento de este personal (y de los no nombrados), descrito en términos burocráticos, era el siguiente:

 “El informe diario de detenidos se realizaba de lunes a viernes, y el documento del día lunes incluía a los detenidos del fin de semana. Su contenido se basaba en la información que proporcionaba cada grupo a las brigadas Caupolicán y Purén. El resumen de cada uno de estos informes lo realizaba Rolf Wenderoth, o su segundo hombre, Eugenio Fieldhouse, y era escrito a máquina por un suboficial de carabineros de apellido Barra. Allí se consignaba el nombre del detenido, su nombre político, si era militante, su filiación política, puesto que ocupaba en la organización, fecha y grupo que se responsabilizaba de su detención, cargo que se le formulaba, número de su cédula de identidad y un casillero con el rubro ‘observaciones’. Los estafetas llevaban informes desde Terranova al cuartel general, y traían de vuelta información remitida… El 1 de abril de 1976 inició sus funciones la Central de Operaciones que organizó Pedro Espinoza, con un turno de noche, a cargo de oficial de turno, y analistas. Al grupo de analistas se incorporó personal civil, profesionales con categoría de oficial, una secretaria dactilógrafa y un conductor… El grupo de analistas estaba formado por 33 personas… María Alicia Uribe, de nombre político ‘Carola’ en el MIR, también detenida y posteriormente funcionaria de la DINA con alias ‘Gloria’, fue designada secretaria del director Pedro Espinoza… `Desde el 7 de mayo al 23 de diciembre de 1975 trabajé en el cuartel Terranova como secretaria de Rolf Wenderoth, jefe de la plana mayor. El 1 de marzo de 1976 me trasladaron al cuartel general de calle Belgrado Nº 11 como analista del Departamento de Inteligencia Interior´[1].

Se observa que las dramáticas sesiones de tortura, que estallaban día y noche en el Cuartel, donde se llegaba al límite y aún más allá de la resistencia humana al dolor y la muerte, daban paso luego a un cansino ejercicio burocrático de analistas, secretarias, estafetas, y a idas y venidas de personal subalterno, llevando y trayendo formularios rellenos escolarmente con frases estereotipadas, que terminaban depositados en un oscuro archivo del Cuartel General. Luego de inspirar, por cierto, nuevas órdenes para nuevas detenciones, nuevos tormentos y nuevos papeleos. Ni el desesperado griterío de la tortura ni el espeso silencio de los asesinatos detenían la gimnasia burocrática de la “inteligencia” militar; al contrario: la nutrían y agilizaban, casi con las convicciones de una “profesión” respetable. Y todo eso en función de reducir personas vivas [marxistas] a una condición de muerte, para obtener de allí la posibilidad de llegar a otras personas vivas [otros marxistas] y, así, repetir el mismo ejercicio. Se comprende que en esta vorágine militar, de ataque continuo a personas vivas, no había lugar para pensar qué procesos históricos profundos estaban en juego (muriendo o naciendo), ni qué ideas podrían, eventualmente, subordinar esa vorágine a una racionalidad social de contenido valórico superior. Por eso, la “información” militar nunca fue “conocimiento” verdadero. Sólo fue pretexto de mandato. O algo menos.

Por eso, los jefes y el personal arriba citados nadaron sin sentido trascendente en un mar caótico, donde sus ‘medios’ pesados pulverizaban sin cesar sus ‘fines’ livianos. Un mar de asesinatos sin sentido. Y un tsunami de culpas por purgar.

En cuarto lugar, Villa Grimaldi se constituyó en el cuartel donde la DINA, a diferencia, por ejemplo, de la AGA (Academia de Guerra Aérea), representó, a título de “solista”, las especificidades de sus métodos de tortura. Por ejemplo, a diferencia del AGA [donde el interrogatorio y la tortura eran dispensadas sólo por el oficial destinado a cada uno de los detenidos], los agentes de la DINA en Villa Grimaldi intervenían todos personalmente (excepto Krassnoff, que sólo daba las órdenes) en el maltrato a los detenidos. Asimismo, por ser de los cuarteles secretos el único donde en su interior podían circular vehículos motorizados, se usó como método de tortura pasar camionetas por sobre las piernas de los detenidos. O desollar personas con líquidos hirvientes. O asesinar jóvenes agonizantes a cadenazos. Incluso, en 1978 –cuando la DINA ya había sido disuelta– el Cuartel Terranova fue un lugar ocasional para operaciones de exterminio” [2]. En este cuartel, por tanto, los militares chilenos se superaron a sí mismos.

[1] Declaración de Luz Arce, como Nota nº 23. También, enVilla Grimaldi, pp. 82 et seq.

[2] Declaración de Luz Arce, Expediente Villa Grimaldi. Rol 2182-98, tomo VI a. Episodio Carlos Gustavo Gutiérrez.

Los secretos de la Fach. Juegos de Guerra y Tortura

Ex capitán Jaime Donoso revela nombres de oficiales torturadores

Los secretos de la Fach

href=”http://www.puntofinal.cl/529/capitandonoso.htm”>

Inútiles han resultado los esfuerzos de la Fach por desligarse de los crímenes cometidos durante la dictadura militar. Una consecuencia directa de los reportajes de denuncia del periodista Víctor Gutiérrez publicados en el diario “La Nación”, fue la dimisión del quinto hombre en la línea de mando institucional, general Patricio Campos Montecinos, ex jefe de la Dirección General de Aeronáutica Civil y enlace de la institución durante la mesa de diálogo. Su esposa, Viviana Lucinda Ugarte Sandoval (“la Pochi”), desempeñó un activo rol en el siniestro Comando Conjunto, según las declaraciones formuladas a “La Nación” por el ex agente “Colmillo Blanco”, a quien el diario “El Mercurio” identificó como el coronel en retiro de la Fach Otto Trujillo, actualmente procesado y recluido en la ex Penitenciaría.
El Comando se habría reorganizado con el objetivo de tergiversar la información entregada por la Fach a la mesa de diálogo y entorpecer las investigaciones judiciales que comprometen a miembros de la Fuerza Aérea, con ayuda de abogados civiles financiados por la institución. El informante de “La Nación” mencionó también al coronel Roberto Serón Cárdenas, comandante Juan Luis López López y al civil Alejandro Figari Verdugo (ex militante de Patria y Libertad), como agentes de la represión que se mantienen activos. La mayoría fueron procesados por el ministro en visita Carlos Cerda en 1986 y luego sobreseídos por la Corte Suprema. Pese a la trascendencia de las denuncias, la Corte de Apelaciones rechazó la designación de un ministro extraordinario y la investigación judicial quedó en manos del juez del Tercer Juzgado del Crimen de Santiago, Mario Carroza, quien acumula la mayoría de los procesos de víctimas del Comando Conjunto. Pero también el presidente Ricardo Lagos solicitó al alto mando una investigación en el interior de la Fuerza Aérea y no faltaron quienes pidieron la salida del comandante en jefe, general Patricio Ríos.

El capitán Donoso Parra encabeza un desfile en su base aérea.

Esta es la segunda gran crisis que estremece a la Fach bajo la comandancia del general Ríos. El año pasado debió pasar a retiro su mano derecha, el general Hernán Gabrielli, jefe del estado mayor y segunda antigüedad institucional. Este se perfilaba como futuro comandante en jefe hasta que cinco querellas por tortura frustraron sus planes.
Independientemente de que se haya reorganizado o no el Comando Conjunto, los ex uniformados de la Fuerza Aérea que están enfrentando en los tribunales a quienes los torturaron en los primeros tiempos de la dictadura militar no dudan que se ha urdido una trama para obstruir la justicia.

Uno de ellos es Jaime Donoso Parra, ingeniero aeronáutico y capitán en retiro de la Fach, quien formó parte del grupo de oficiales constitucionalistas contrarios al golpe de Estado.

“He declarado en muchos juicios y participado en varios careos, y lo único que ellos hacen es negar lo que hicieron -dice-. Luego, uno sale del careo y en los pasillos del juzgado ve cómo el tipo que acaba de declarar le cuenta a sus abogados todo lo que dijo al juez. Eso permite instruir al siguiente requerido por el tribunal sobre lo que tiene que decir para no entrar en contradicciones. Estoy convencido que esconden información sobre los detenidos desaparecidos. Esto no puede ignorarlo el comandante en jefe Patricio Ríos y es muy probable que exista una interacción entre las cuatro instituciones, lo que me parece un error porque a mi juicio los responsables de los crímenes son personas y no las instituciones en sí”.

El testimonio que entrega el ex capitán Jaime Donoso corresponde a la represión ejercida por la Fach contra alrededor de 60 hombres de sus filas en los primeros años del régimen militar, específicamente en la Academia de Guerra Aérea (Aga), verdadera escuela para quienes formaron en 1975 el Comando Conjunto. Uno de los más brutales torturadores de la Aga fue el jefe del naciente Comando Conjunto, Edgar Ceballos Jones (“Comandante Cabezas”).

BACHELET Y LOS OTROS

El capitán Donoso, con dos años de antigüedad al momento del golpe de Estado, tuvo una temprana evidencia de lo que preparaban los altos mandos. Entre mayo y junio de 1973 le correspondió desempeñarse como oficial de ronda de la Guarnición de Santiago y en una oportunidad le ordenaron inspeccionar la Academia de Guerra Aérea a las dos de la mañana. “Al identificarme ante el suboficial de guardia, quien me conocía porque yo era alumno de la Academia, pretendió impedirme la entrada. Eso me pareció sumamente sospechoso, así que saqué mi pistola y lo detuve por impedir que el oficial de ronda, máxima autoridad de la guarnición, ingresara a la base. Entonces me explicó que el general Gustavo Leigh, quien estaba en el interior, le había pedido que no dejara entrar a nadie”, relata el ex uniformado. Decidió llevarlo encañonado hasta adonde estuviera el general Leigh, que en esa época era jefe del estado mayor y segunda jerarquía después del comandante en jefe, César Ruiz Danyau. Al ingresar a la base vio que estaban estacionados los autos de casi todos los generales. En la sala de conferencias había luz, pero la puerta estaba cerrada. “La abrí de una patada, con la pistola en la mano y el suboficial al lado. La sala quedó sumida en un silencio espectral. Normalmente, cuando un capitán patea una puerta lo menos que hace un general es arrestarlo. Pero todos se quedaron calladitos. Lo que me quedó inmediatamente graficado en la mente fue el plano de Santiago, donde habían colocado aviones diseñando circuitos para atacar La Moneda, la casa del presidente en Tomás Moro y las estaciones de radio. No me cupo la menor duda que se estaba planificando un golpe de Estado.
El general Leigh me pidió que lo disculpara, me dio todas las explicaciones posibles, dijo que estaban haciendo un juego de guerra… ¡Claro, a las dos de la mañana! Me imagino las puteadas que debe haber recibido el general que me envió a efectuar la ronda”.
¿Qué hizo usted luego de tener esa evidencia?
“Fue una luz de alerta para los cinco o seis capitanes que éramos constitucionalistas. Habíamos estado en la universidad, la mayoría éramos ingenieros y teníamos una relación con la sociedad diferente a la del militar neto. No estábamos por el golpe de Estado y sentimos que nuestra misión era denunciar lo que se preparaba. Decidimos agruparnos en forma más estrecha y buscar vías políticas para entregar esa información al presidente de la República.
Nos reunimos con los senadores Eric Schnake (PS) y Anselmo Sule (PR), y con Carlos Lazo, presidente del Banco del Estado. Ellos consiguieron una entrevista de algunos miembros del grupo con el presidente Salvador Allende, pero él no les creyó. Dijo que estaba convencido que los militares jamás darían un golpe de Estado, porque le habían jurado lealtad. Pienso que Allende era muy orgulloso. Estaba convencido que podía manejar políticamente la situación y que no sería avasallado”.
¿Ustedes simpatizaban con algún partido político?
“No, ni siquiera estábamos de acuerdo con el gobierno de Allende, que a esas alturas no era bueno, aunque yo había votado por él, porque me gustó su programa. Pero teníamos la convicción que debíamos respetar la Constitución y la ley, de acuerdo con lo que habíamos juramentado. Para nosotros, el jefe máximo era el presidente de la República y no el comandante en jefe. Por eso, hasta el último momento seguimos insistiendo en entregar la información que teníamos. Cuando ocurrió el golpe de Estado nos detuvieron a todos, junto con los generales Alberto Bachelet y Sergio Poblete, y el coronel Ernesto Galaz. Les atribuyeron vinculaciones marxistas, pero sólo cumplían con su deber”.
¿Los mantuvieron en la Aga?
“Sí, y la agresión contra nosotros fue brutal, porque nos consideraban traidores… a ellos. Cuando conversábamos, les decíamos que eran ellos los que estaban traicionando la Constitución y la patria. Nos golpeaban, nos hacían simulacros de fusilamiento, nos ponían electricidad en las partes más sensibles -incluso en heridas abiertas- y nos quemaban con cigarrillos. También empleaban drogas e hipnosis. A algunos los colgaban de unos ganchos, como en una carnicería, y los azotaban. La Academia de Guerra Aérea era un centro de torturas atroz.

Los generales eran pateados en el suelo por los pelados. Buscaban la degradación máxima de nuestra personalidad. Había presos a los que les sacaron las uñas. A otros los destrozaban, los cortaban igual como un carnicero corta un chancho”.
¿Quién estaba al mando?
“Ahí estaba comprometido Leigh. Lo vi dando instrucciones precisas de lo que había que hacer. Yo había sido instructor de vuelo del general Orlando Gutiérrez, y después él fue mi torturador. Era el jefe, lo presenciaba todo. También estuvo presente Leigh cuando torturaron al general Poblete. Me lo contó en una carta que me escribió, y que está en el juicio. A él lo quemaron en el pecho y en las manos. En la Fuerza Aérea, en 1973, se estableció la tortura como un procedimiento normal para interrogar a prisioneros. No se preguntaba qué había que hacer con un preso, derechamente se le torturaba y se le decía ‘esto es lo que tienes que confesar’. Era un procedimiento estándar”.
¿Usted fue procesado?
“Después de las torturas nos hicieron el famoso sumario en tiempo de guerra llamado ‘Fach contra Bachelet y otros’, que ahora estamos impugnando ante la Corte de Apelaciones. Desgraciadamente ésta señaló que el caso debía pasar a la justicia militar, lo que es una aberración. Vamos a seguir insistiendo, porque queremos que se reconozca que no se cumplió con el debido proceso y que nos entreguen la documentación que nos corresponde. Tras el sumario, se nos hizo un juicio en el cual no teníamos defensa, no se permitió que nuestros abogados argumentaran tortura. A mí, que había denunciado el golpe, me acusaron de ‘incitación a la sedición’, ‘traición a la patria’, ‘creador del Plan Zeta’ y del ‘Plan Fuga’. Nada de eso existía. Nos condenaron en diciembre de 1973, cinco a la pena de muerte y otros a presidio. Mi condena era a 20 años. Posteriormente me la rebajaron a 15 años, y a los condenados a muerte, a 30 años de presidio. Estuve dos años preso en distintos centros militares y al final nos llevaron a la cárcel pública de General Mackenna. En 1975 aplicaron el DL 504 que nos permitió partir al exilio”.
¿En algún momento se encontró con el general Alberto Bachelet?

“Estuvimos juntos en la cárcel. El general Bachelet tenía un problema al corazón perfectamente tratable, pero si le ponían corriente, la cosa se complicaba. Fue lo que ocurrió. Un día lo sacaron para llevarlo a la Academia de Guerra. Volvió con quemaduras de cigarrillos, marcas de electrodos y con una violenta taquicardia. El doctor Alvaro Yáñez, que era uno de los presos, dijo que estaba muy mal, que necesitaba cuidados especiales. Poco después murió. En una ocasión, Leigh dijo que cómo se podía pensar que la Fuerza Aérea podía hacer esas cosas. El cinismo de los torturadores era increíble”.

¿Ha tenido oportunidad de enfrentar a sus torturadores?

“He sido careado con quienes fueron mis torturadores directos, en diferentes procesos a cargo de los jueces Juan Guzmán, Mario Carroza y Rubén Ballesteros. He declarado contra Hernán Gabrielli, el general Orlando Gutiérrez y toda una lista de torturadores. En los careos he comprobado la pequeñez de estos hombres que cuando torturaban y tenían todo el poder sobrepasaban la racionalidad humana. En la Academia mataron a un sargento de un balazo y el general Gutiérrez felicitó al soldado que le disparó. Y ahora veo a algunos seriamente dañados, como Edgar Ceballos Jones; los comandantes Ramón Cáceres y Sergio Ulises Swain; el general Orlando Gutiérrez. En esa época se paseaban por la Academia como verdaderos pavos reales, ahora los veo escondidos y cabizbajos en los juzgados. Uno les dice ‘cobarde, maldito cobarde, cómo no puedes reconocer lo que hiciste’. Bajan la cabeza y responden ‘no me acuerdo’”.
¿No muestran arrepentimiento?
“Creo que no, pero sí vergüenza, porque no se atreven a mirar de frente. Y nunca dan sus direcciones. Son unos malditos cobardes, no se puede decir otra cosa. Felizmente, han caído en contradicciones. La gran diferencia con ellos es que nosotros andamos con la cabeza en alto, nos mostramos en cualquier parte y vamos a los juzgados abiertamente, sin ningún temor, porque tenemos la conciencia limpia”.
EL CAPITULO GABRIELLI
Los ex presos de la Fach vivieron el exilio en distintos países, pero siempre mantuvieron entre ellos lazos de amistad. Jaime Donoso Parra se fue a Inglaterra, donde estudió aeronaútica superior e hizo un doctorado en aerodinámica y mecánica de fluidos en la Universidad de Londres. Se convirtió en un investigador científico de alta calificación y desarrolló una exitosa carrera profesional en la empresa privada. Inventó cuatro métodos de alta tecnología para solucionar problemas matemáticos complejos, que fueron debidamente patentados. Con uno ganó en 1997 un Premio Nacional de Ciencia y Tecnología otorgado por el Ministerio de Defensa. Sus últimos años de exilio los vivió en Suiza.
¿Cuándo iniciaron acciones ante la justicia?

“Los ex presos de la Fach sólo pudimos volver a Chile a comienzos de la década del 90, cuando era imposible hacer un juicio contra las Fuerzas Armadas porque los poderes fácticos tenían intacto su poder. Pero pensamos que algo teníamos que hacer y participamos activamente en el proceso de gestación de la ley de exonerados. Finalmente algunas personas decidieron enjuiciar por daños físicos y perjuicios. Hay ex presos dementes en Inglaterra, recluidos en hospitales siquiátricos. Otros tienen daños en los oídos, algún miembro de su cuerpo inmovilizado, enfermedades óseas por los golpes y la electricidad, o no les funcionan bien algunas partes del cerebro y se olvidan de cosas. Así nos encontramos con el Codepu, que nos ha asesorado en los juicios, y con el problema del general Hernán Gabrielli. En febrero del 2001, Carlos Bau Aedo, ex ejecutivo de la Industria Nacional de Cemento S.A. (Inacesa), denunció que Gabrielli lo había torturado a él y a otros prisioneros en 1973 en la base aérea de Cerro Moreno, de Antofagasta, entonces a cargo del comandante Marcial Vargas del Campo. A sus denuncias se sumaron los ex detenidos Juan Ruz, doctor en pedagogía y actual funcionario del Ministerio de Educación, y Héctor Vera, doctor en comunicaciones y vicerrector de la Universidad de Antofagasta. Los tres fueron víctima de tormentos físicos y psicológicos, y presenciaron cómo el entonces subteniente Gabrielli torturó salvajemente a Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, gerente de Inacesa, que junto al gerente de Corfo, Mario Silva Iriarte, fue ametrallado el 19 de octubre por la Caravana de la Muerte. Los afectados iniciaron un proceso por torturas en contra de Hernán Gabrielli, en el que los ex presos de la Fach han participado como testigos. Según declaraciones de uno de ellos, el entonces subteniente de aviación Ricardo Navarro Valdivia, Hernán Gabrielli no sólo lo torturó a él, sino también a un niño de 14 años a quien le causó secuelas que acabaron con su vida en el hospital de Antofagasta. Navarro declaró desde España en una entrevista a Televisión Nacional: “Toda la Fuerza Aérea sabía y sabe que Gabrielli es un torturador”. Otros testigos de la Fach que fueron víctimas o presenciaron torturas ejecutadas por quien llegó a ser jefe del estado mayor de esa institución son el capitán Juan Muñoz y el subteniente Oscar Navarro, oficiales de la rama de finanzas de la Fach en Antofagasta, y los cabos segundos Luis Gabriel Torres Valeria y Antonio Jara Castro.

¿Usted conoció al ex general Gabrielli?
“Nos conocimos en la Escuela de Aviación, fuimos amigos y le tuve mucha estimación. Cuando estábamos en la cárcel comenzaron a llegar presos de Antofagasta, como Carlos Bau y algunos suboficiales, que describían a Gabrielli como uno de sus torturadores. No cabía la menor duda. Yo le escribí dos cartas entre 1999 y 2000, antes de los juicios, para que viera la forma de que se compensara a quienes éramos de la Fuerza Aérea. Primero, en el aspecto moral, que es lo que más nos interesa, y luego material, porque a nosotros nos cortaron la vida a los 30 años. Nunca contestó esas cartas. La querella que Gabrielli presentó contra Carlos Bau, Juan Ruz y Héctor Vera por difamación, injurias y calumnias
fue cerrada a los tres meses por el juez Ballesteros, quedando en evidencia que Gabrielli torturó, aunque esto sigue siendo la declaración de una persona contra otra. El continúa negando, pero van a seguir declarando todos los que lo vieron y sufrieron las torturas. De acuerdo con lo legalmente establecido, tendremos a estas personas en primera línea hasta que en algún momento tengan que reventar. ¡Ya aparecerá un piloto o suboficial que cuente cómo les cortaban la guata a los prisioneros y los tiraban al mar! Nosotros tenemos que ir buscando los mecanismos para acorralarlos”.
¿Qué clase de torturador era Gabrielli?
“Existían los torturadores ‘profesionales’, como los de la Academia de Guerra Aérea, y otros ocasionales, que eran los que estaban en las guardias. En este último grupo se ubicaba Gabrielli, que en esa época era un teniente de 24 ó 25 años. Los torturadores ‘oficiales’ de la base de Cerro Moreno, como el comandante Gonzalo Pérez Canto, les decían a los tenientes jóvenes que ‘ablandaran’ a los presos antes de entrar a la interrogación. Y aunque podían evitarlo, porque no era su obligación, los agarraban a golpes y patadas. Yo los llamo ‘torturadores torpes’. Esto ocurrió en todas las bases, incluida la de Quintero, donde estaba el general Patricio Ríos, actual comandante en jefe. Todos los tenientes y subtenientes de esa época, si estaban en servicio, deben haber tenido contacto con prisioneros. También los alférez y subalférez, que hoy son los generales que están bajo Ríos, deben haber participado cuando menos en las ‘operaciones rastrillo’, donde también se torturó. Que unos pegaban más y otros menos, lo tendrá que determinar la historia. Para eso estamos haciendo estos procesos. Vamos a escarbar hasta encontrar testigos que se atrevan a declarar, porque la verdad es que muchos de la Fuerza Aérea aún no dan ese paso.

En los años 96-97 algunos me pidieron que por favor no los nombrara, porque ellos y sus familias habían sido amenazados. Pero ahora tenemos una ley de prensa que nos permite hablar. Por eso estoy escribiendo un libro con mis memorias donde voy a decir lo que yo vi de la historia, desde el lugar en que ésta me puso. Y me puso a este lado, porque yo tenía principios distintos a los de ellos, tan simple como eso”.
¿Alguna vez lo han amenazado a usted?
“En forma indirecta, me enviaron amenazas por teléfono cuando puse un recurso de amparo contra el general Fernando Rojas Vender, en la época en que era comandante en jefe. Pero nunca tuve miedo, estoy haciendo lo que corresponde”.

¿Por qué ese recurso de amparo?

“Se relaciona con otro problema que tenemos. Cuando jubilamos o nos dan de baja, nos tienen que entregar un documento que diga que uno es un oficial de la Fuerza Aérea dado de baja, jubilado, exonerado o lo que sea. A nosotros no nos han entregado ese documento, y por eso no nos permiten entrar a algunos lugares de la Fach. A mí incluso me han obstaculizado el paso en el Ministerio de Defensa. ¡A qué nivel llega el enclaustramiento en que están los uniformados que ni siquiera permiten a la ministra de Defensa que intervenga en esto! Debería bastar que la ministra Michelle Bachelet le dijera al comandante en jefe que nos entregue la documentación, porque es lo que corresponde legalmente. En este momento se está tratando de llegar a un acuerdo, pero si no lo hay me voy a querellar contra la comandancia en jefe de la Fuerza Aérea. Anteriormente presenté un recurso de amparo contra el general Rojas Vender y Jaime Lavados, rector de la Universidad de Chile. Sucedió que ambas instituciones convocaron a un diplomado en Derecho Aeronáutico y del Espacio, y postulé como un ciudadano cualquiera. Las clases se daban en la Academia de Guerra Aérea. El rector de la Universidad de Chile consultó a la Fach y le enviaron una carta firmada por Rojas Vender diciendo que yo no podía ingresar. Torpemente, él me remitió esa carta. Y con ella en mano, presenté el recurso. Fernando Rojas dilató todo lo que pudo la tramitación del recurso y al final mandó una carta a la Corte Suprema diciendo que yo no tenía ninguna prohibición para ingresar a la Academia. La presentó el 28 de agosto y el curso terminaba el 1 de septiembre. ¡Esa es la mentalidad sucia que tiene esta gente! Pero nada puede extrañar de alguien como Fernando Rojas Vender, que se llevaba muebles para su casa como pertrechos de guerra. El tiene una historia tenebrosa dentro de la Fach, porque siempre fue de mala calaña. Claro que todos los generales que viajaban al extranjero en esa época traían motos de agua y muebles como pertrechos de guerra, en circunstancias que la ley les permite, igual que a los diplomáticos, traer bienes de hasta 15 mil o 20 mil dólares sin impuestos. ¡Pero ellos traían mucho más!”.
¿Se ha enfrentado alguna vez con Hernán Gabrielli?
“Se ha negado a conversar conmigo. El día que teníamos un careo ante el magistrado Mario Carroza se fue a Estados Unidos y nos dejó al juez y a mí plantados. Tampoco se presentó a otro careo ante el juez Ballesteros. No me cabe la menor duda que torturó, tenemos testigos torturados por él y otros que presenciaron esas torturas. Eso es lo que he declarado en tres juzgados. El juez Carroza me va a volver a llamar, porque le pedí que quiero ver a Gabrielli y enfrentarlo. El general León Duffey, un hombre bruto que se sabía esconder muy bien, torturó con Gabrielli en Antofagasta y después pasó a la Academia de Guerra. Se dejaba ver muy poco en la Academia, igual que Florencio Dublé, quien llegó a ser jefe del estado mayor cuando Fernando Rojas Vender era comandante en jefe. Pero nosotros los identificábamos bien. Todos están siendo enjuiciados y tendrán que declarar. Hay que juzgarlos, pero no con el objetivo de que los castiguen. Lo único que me interesa es que reconozcan lo que nos hicieron y que queden claramente establecidas sus culpas”

PATRICIA BRAVO
Torturadores de la Fach

Los siguientes oficiales, suboficiales y personal civil de la Fuerza Aérea, principalmente de la Academia de Guerra Aérea, participaron, practicaron o dirigieron las sesiones de tortura a que fueron sometidos los acusados en el proceso “Fach contra Bachelet y otros”, según una lista confeccionada por el capitán en retiro Jaime Donoso:
– General ingeniero Orlando Gutiérrez Bravo, jefe operativo y fiscal acusador en el proceso.

– Comandante de grupo piloto Sergio Lizosain Mitrano, presumiblemente segundo en la línea de mando de los torturadores.

– Comandantes de escuadrilla Edgar Ceballos Jones (ingeniero), Ramón Cáceres Jorquera y González Pérez Canto (pilotos). Este último operaba en la base Cerro Moreno y fue muy conocido por su sadismo.

– Comandante de escuadrilla piloto Jaime Lavín Fariña (después fue ascendido a general y se le prohibió ingresar a EE.UU. por su participación en actos de tortura).

– Capitanes de bandada pilotos Alvaro Gutiérrez (también reconocido por su agresividad y sadismo), Víctor Mettig, León Duffey (operó en Antofagasta y Aga, posteriormente ascendido a general) y Florencio Dublé (también ascendido a general).

– Tenientes Juan Carlos Sandoval (ingeniero), Hernán Gabrielli Rojas (piloto, operó en Antofagasta y fue ascendido a general), Franklin Bello y otro de apellido Dumont.

– Suboficial Juan Norambuena, sargento de aviación Hugo Lizana y cabo de aviación Gabriel Cortés.

– Asesores jurídicos Víctor Barahona, Jaime Cruzat y Cristián Rodríguez.
El general en retiro Sergio Poblete y otros ex presos de la Fach identificaron a los tenientes José García Huidobro, Alberto Waschtendorf y John Ramírez -la mayoría con títulos de inteligencia militar obtenidos en Panamá, Brasil y Estados Unidos- como también al coronel abogado Julio Tapia Falk, que fue auditor en el consejo de guerra que condenó a los procesados. Presidió ese consejo el general de brigada Juan Soler Manfredini y lo integraron los coroneles Eduardo Fornet Fernández (después ascendido a general), Humberto Berg Fontecilla (médico), Sergio Sanhueza López (ingeniero), Javier Lopetegui Torres y el comandante de grupo piloto Carlos Godoy Avendaño

El negocio de los F-16

Graves acusaciones hace el capitán en retiro Jaime Donoso por la compra de cazabombarderos F-16 que, según sus informaciones, continúan gestionando en Estados Unidos los ex generales en retiro Hernán Gabrielli y Fernando Rojas Vender, en representación de la Fach. “La compraventa de armamentos y de aviones es el mercado más sucio que hay en el mundo. Se coimea abiertamente y la plata se deposita en diferentes bancos. Yo trabajé con los norteamericanos, como oficial de la Fuerza Aérea y después como científico en Europa, y sé que su política es que ‘todo’ se puede comprar. Son corruptos. Con esos antecedentes, lo menos que se debe hacer es investigar las propiedades de estos dos generales. Ningún general puede comprar con su sueldo una casa en La Dehesa de 400 millones de pesos. Muchos dicen que recibieron una herencia, pero en la mayoría de los casos son dineros mal habidos. Ni Rojas ni Gabrielli tienen de dónde sacar plata para comprar ese tipo de casas o autos deportivos”.

¿Por qué dice eso?
“Se trata de la compra de 10 aviones F-16 por 600 millones de dólares. ¡En qué cabeza cabe que por un avión se paguen 60 millones de dólares! La empresa Gripen, de Suecia, vendía 27 aviones y los franceses ofrecían alrededor de 20 Mirage por la misma cantidad. Esos aviones son igual de buenos que los F-16, o mejores. Los Gripen son de cuarta generación, más modernos que los F-16 y poseen enorme versatilidad. El F-16 es de transición entre la guerra antigua y la moderna. Además, el gobierno sueco ofreció invertir en empresas de uso civil industrial en Chile la misma cantidad de dinero -600 millones de dólares- que gastaríamos en comprar armamentos. Para mí, la única explicación para rechazar una oferta como ésa es que tiene que haber algo oscuro. Yo fui asignado a la compra de aviones en Estados Unidos y vi cómo los yanquis manejaban a los militares, les compraban un auto, los mandaban a las Bahamas… Ojalá el gobierno del presidente Ricardo Lagos sea lo suficientemente inteligente, porque si firma un contrato así no sé en qué mundo estamos viviendo”.

¿El gobierno tendría que saber eso?
“Una cosa es saber, y otra es no querer ver. El gobierno no puede dejar que sean los militares los que compren los aviones. ¡Debe hacerlo el poder político! Aquí es donde se ve que los poderes fácticos todavía están operando”

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