El rol de los medios en los dispositivos de represión: representaciones de la Nueva Izquierda revolucionaria en la prensa de 1975

El rol de los medios en los dispositivos de represión: representaciones de la Nueva Izquierda revolucionaria en la prensa de 1975

El rol de los medios en los dispositivos de represión: representaciones de la Nueva Izquierda revolucionaria en la prensa de 1975

En agosto de 2015 se realizó en nuestra Facultad el coloquio “A 40 años de la Operación Colombo: el rol de discurso de la prensa en los dispositivos de control social, ayer y hoy”, ocasión en la que la Prof. Constanza Martínez, académica del Departamento de Filosofía, expuso sobre el rol de medios como El Mercurio y La Segunda en la represión de la dictadura militar chilena.

Quiero aclarar que no me referiré aquí en detalle a la Operación Colombo en sí, porque es una operación de una gran complejidad, donde los montajes en el nivel del discurso se ensamblan con montajes en otros niveles que requerirían mucho más tiempo del que tenemos. Existen muy buenos estudios que abordan en detalle cómo funcionó el aparato represivo chileno, junto al argentino y el brasilero, en esa confabulación que inició en los hechos la Operación Cóndor.

Lo que sí quiero compartir con ustedes son algunos de las preguntas y conclusiones de la investigación que realicé hace unos años, buscando conocer cómo se construyó en el discurso la representación social de los sujetos de la nueva izquierda revolucionaria, entre los meses de abril y julio de 1975, a través del estudio y análisis de los textos de las noticias publicadas por El Mercurio, La Segunda y La Tercera.

Estas formas de representar deben ser leídas como estrategias elegidas entre otras posibles en un contexto histórico determinado, con el fin de alcanzar un objetivo, que se vuelve más claro en la medida en que esas representaciones aparecen de manera sistemática, de modo que ofrecen una intención clara como actos de habla que sirven para “hacer determinadas cosas con las palabras”.

Para conocer entonces esas representaciones, revisé las ediciones de esos tres diarios durante esos cuatro meses, y seleccioné los textos de noticias en las que hubiera representaciones específicas del MIR y de los demás integrantes de la Junta de Coordinación Revolucionaria. La muestra total recogida fue de 556 noticias, divididas en 429 noticias de agencias internacionales y 127 crónicas nacionales. Y ¿por qué abordar un grupo tan grande de noticias?, se preguntarán. Porque, durante el proceso de observación inicial de los textos, se me hizo cada vez más evidente que los editores y propietarios de medios, que habían declarado por su responsabilidad en la Operación Colombo ante el Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas, mentían al decir que su participación en ella había sido completamente obligada por la DINA. No porque algunos de los textos del caso no hubieran sido efectivamente redactados por el aparato represivo, sino porque existe otra serie de textos publicados en sus medios que aparecen en perfecta coherencia con las representaciones provenientes de la DINA y responden a los mismos fines. Creo que, de hecho, estos medios de prensa cumplieron –y por qué no decirlo, cumplen- un rol muy relevante en el dispositivo represivo estatal y, para el período estudiado, en el sistema del terror, por lo que podríamos hablar de terrorismo de prensa.

Para ahondar en ese punto vamos a necesitar revisar qué es un sistema del terror.

Según Víctor Walter, un sistema del terror es una esfera de relaciones controlada por los procesos del terror, en que todos juegan algún rol. Este proceso implica tres componentes: un acto o amenaza de violencia, una reacción emocional ante ese acto o amenaza y los efectos sociales que se derivan de los dos anteriores. Implica a tres actores o grupos de actores: “una fuente y una víctima de la violencia, y un objetivo del acto de terror. La víctima perece, pero el objetivo reacciona al espectáculo o a la noticia de esa destrucción mediante alguna forma de sumisión o acomodo, es decir, al retirar su resistencia o al inhibir su resistencia potencial.” (1969:9)

Por eso es importante distinguir entre el acto de destrucción en sí y el acto de terror.

El primero se completa en sí mismo a través de la aniquilación de la víctima. El segundo, en cambio, tiene por fin último el control sobre un sector amplio de la población más allá de la víctima.

Ante el acto de violencia, dependiendo del proceso de identificación del espectador, este generará una reacción, o bien de terror hacia la fuente de la violencia, o bien de cohesión con ella. Si a ello se suma una campaña de refuerzo de la imagen positiva de la fuente de violencia -lo que se conoce como ‘propaganda blanca’-, acompañada del refuerzo de una imagen negativa y amenazadora de la víctima, el resultado tiende a ser que el espectador se sienta protegido por la fuente de la violencia, proyectando en ella una figura paterna o salvadora y generando sentimientos de adhesión hacia la fuente: el acto de violencia se banaliza entonces como un espectáculo de compensación necesaria para el restablecimiento del orden y se transforma en una estrategia de propaganda de integración para la fuente de violencia. Por el contrario, si, pese a la campaña de imagen, un espectador resistente se identifica con la víctima, el sistema de terror es igualmente útil al poder para ejercer control sobre él, porque el horror del castigo sobre sus pares tenderá a paralizarlo, disminuyendo su resistencia y habilidad de lucha, lo que facilitará su aniquilación.

Entonces el mismo acto de violencia puede ser útil a los objetivos de generar adhesión u horror, según la ubicación del espectador en relación a la víctima de la violencia. En cualquiera de los casos, el proceso de violencia está al servicio del terror y el proceso del terror está al servicio del poder.

Como un régimen despótico terrorista requiere de un gran volumen de víctimas, para asegurar el control social durante casi una década, el régimen de terror de la dictadura cívico militar chilena necesitó dar una clara señal inicial en el primer período represivo, cuya dimensión dificultara estadísticamente que algún miembro de la sociedad no fuera víctima, o amigo, vecino, familiar de alguna víctima. En adelante, tras el período de estabilización del poder político, bastaría con activar mecanismos de memoria para renovar los efectos sociales de inhibición de la resistencia.

Para lograr que el terror sea procesado de modo que, además de inhibir la posible resistencia, aparezca un sentimiento de cohesión hacia la fuente de violencia, se refuerza la idea de que la violencia no es intrínseca a la fuente, sino que es una respuesta necesaria ante la amenaza de la verdadera violencia que proviene de un sector específico de la sociedad al que es necesario aislar y aniquilar: en nuestro caso, el ‘enemigo interno cooptado por el marxismo internacional’. Se crean entonces “zonas de terror” donde las víctimas para la violencia son escogidas “por su pertenencia a grupos de conductas específicas o a clases especiales de individuos”, de modo tal que si no se cumplen las condiciones de pertenencia a dicho grupo, aparentemente no es posible ser confundido con una víctima potencial.

A esta descripción corresponde, me parece, el segundo momento represivo, entre el 74 y el 77, cuando se escogen grupos específicos como objetivos de represión. Aquí la violencia corresponde a un doble objetivo. Se trata, por una parte, de ubicar, detener y aniquilar a aquellos sectores sociales que persisten en la resistencia frente a los mecanismos de control del gobierno. Dentro de la zona de terror, entonces, el objetivo es la aniquilación. Pero en segundo lugar, se cumple un objetivo de cohesión hacia afuera de la zona de terror, para el que es necesario conseguir que los grupos dentro de la zona sean percibidos como una amenaza real para la seguridad del resto de la población.

En este objetivo se funda la necesidad de sobredimensionar en el discurso oficial la capacidad y número de los actores resistentes, estableciendo la necesidad de un estado de guerra permanente que justifica la mantención literal y figurativa de un estado de excepción permanente, un estado de emergencia interior y exterior que conmina a adherir al gobierno comprometiéndose con la unidad nacional en torno al objetivo prioritario de la supervivencia material y simbólica de la nación, objetivo que está en la base de la Doctrina de Seguridad Nacional.

Ahora bien, nos interesa focalizar el rol que cumplen los medios de comunicación al interior de este sistema de terror. De qué modo, en este sentido, los medios se hacen partícipes del proceso del terror. Un modelo de sistema político del terror, debe tener una división y especialización en el campo de la violencia, un personal del terror que se divida a grandes rasgos en un directorio y unos agentes reales de la violencia. Ya volveremos sobre este punto.

En las noticias, las marcas de ideología están más ocultas que en otros géneros discursivos, pues su objetivo es ser comprendidas como ‘reflejo de la realidad’, por lo que utilizan un lenguaje mayoritariamente descriptivo, que tienda a la ilusión de objetividad, así como estrategias que apuntan a la veridicción, es decir, a naturalizar como verdades universales las interpretaciones particulares de las elites simbólicas que son las que tienen acceso a esta forma de discurso público. Por eso, para rastrear en ellas la ideología y entender de qué modos estos discursos hacen ‘algo más que informar’, es necesario revisar criterios como la selección que se hace de la información: qué se elige mostrar y qué ocultar, qué actores se invisivilizan, cuáles se muestran y en relación a qué tipo de acciones, si son representados como pasivos o activos, etc. También es necesario mirar cómo se jerarquiza determinada noticia, si recibe la primera plana, o la del medio, si se desarrolla en 10 o en 50 líneas. Por último, la forma en que se representa la noticia, con los actores sociales implicados y relacionados con determinadas acciones, presentan siempre un guión de interpretación de los hechos que es fundamental para entender el rol que este tipo de discurso público tiene en los modelos mentales que todos nosotros desarrollamos para nuestra interpretación del mundo.

En los textos que estudiamos se hacen evidentes a lo menos dos objetivos retóricos que se entrelazan a través de las representaciones de actores de la nueva izquierda revolucionaria: representar al marxismo como una amenaza y representar a la dictadura como factor protector contra la amenaza. La estrategia se desglosa así: por una parte, las representaciones que aparecen en las noticias del exterior, responden a la idea del marxismo como una amenaza seria y vigente, que genera horror por su crueldad, que gana fuerza y se coordina para generar caos, en un mundo convulsionado que destaca por sus imágenes de angustia e inseguridad. Esta estrategia aparece en directa relación con la naturalización de la interpretación de la Bipolaridad que propugna la Doctrina de Seguridad Nacional estadounidense, dentro de la que se inscriben las dictaduras latinoamericanas de los 70.

Esa representación angustiosa del mundo, como la llama el profesor Claudio Durán, funciona argumentativamente como contraste con las noticias del interior, donde se representa a los actores de la nueva izquierda revolucionaria como una amenaza latente pero controlada, vinculándolos la gran mayoría de las veces con acciones del aparato represivo sobre ellos, apareciendo pasivos, recluidos ya a la zona de terror o prontos a serlo, a punto de ser vencidos, restringida su posibilidad de acción ya no por lo que hagan, sino por su identidad ideológica que se ha vuelto biológica. De estas representaciones en el exterior y en el interior, leídas desde un público no resistente o ideológicamente afín a la dictadura, se desprende la estrategia de la representación positiva del gobierno y su acción represiva como elemento trascendente dentro de su propaganda de integración. Para un público resistente, en cambio, estas mismas estrategias responden a actos de amenaza sobre sus vidas y las vidas de sus seres queridos.

Sin embargo, si bien la selección de noticias del exterior es bastante concordante en los tres medios en lo que respecta a la interpretación de la bipolaridad, esta selección presenta diferencias importantes entre un medio y otro, las que parecen responder a los distintos grupos sociales a los que los medios están dirigidos. Estas diferencias son particularmente obvias en el caso del contraste entre El Mercurio y La Segunda, puesto que no solo son parte del mismo grupo empresarial, sino que compartían el edificio y la máquina de teletipos en que se recibían los cables de agencias internacionales, por lo que su selección distinta responde a sus distintas estrategias.

Así, llama la atención por ejemplo, que El Mercurio, de conocidas vinculaciones con la CIA y destinado a un público internacional y oligárquico, sea el único que publica los cables referidos a la Junta de Coordinación Revolucionaria, cuya existencia está en la base de la justificación que los aparatos represivos latinoamericanos y la CIA esgrimieron para la formación de la Operación Cóndor. En este caso, El Mercurio también incluye, como suele, un editorial que señala explícitamente que si los grupos subversivos se coordinan en el Cono sur, también deberían hacerlo sus persecutores. En lo que respecta a la situación de Argentina, que está viviendo los últimos meses del gobierno de Isabelita Perón, y donde los militares de la Doctrina de Seguridad Nacional van ganando terreno y avanzando hacia el golpe de marzo del 76, El Mercurio concentra su atención en justificar y naturalizar el golpe inminente como algo inevitable, destacando la imagen de ingobernabilidad y el clima de violencia extrema, en que, a través de una estrategia de agregación, reduce a números a las víctimas fatales del aparato represivo estatal y paraestatal, así como a las víctimas de la acción de grupos revolucionarios, además de empaquetar y mezclar todos estas acciones bajo el rótulo de ‘violencia política’, poniendo en segundo plano, las diferencias de móviles y modos de operar de cada grupo.

En cambio, La Segunda, medio destinado a las clases que pueden ser entendidas como la base electoral de Allende, privilegia la publicación de noticias en que los sujetos de la nueva izquierda revolucionaria son víctimas de tortura y asesinato por parte de la triple A y la CNU, organismos del aparato represivo paraestatal argentino, buscando enfatizar la crueldad del castigo sobre sus cuerpos, y a la vez desenfatizar a los agentes de estos crímenes, de modo de poder utilizarlos como ‘propaganda negra’, es decir, culpabilizando a los mismos actores revolucionarios de haberlos cometido, bajo la misma lógica en que se escribieron los textos de la DINA para la Operación Colombo.

El 14 de abril, este medio se permite incluso publicar un cable de Brasil, que contiene la carta de un ex-prisionero político a su familia, donde se detallan las torturas a las que fue sometido. Evidentemente aquí no estamos hablando solo de una estrategia de propaganda de integración. La selección de estos textos y su tratamiento funcionan como actos de amenaza para los sujetos resistentes al régimen.

El rol de La Segunda en el sistema de terror puede ejemplificarse de modo escalofriante en el momento de la publicación de las listas de los 119 en Chile, cuando algunos de los familiares de los detenidos desaparecidos se encontraban reunidos en la sede del Comité Pro paz y uno de ellos llegó con la infame publicación y comenzó la lectura de los nombres en voz alta. Para ese grupo específico que se ubicaba en el entorno de lo que hemos llamado la zona del terror, la publicación de las listas de los 119 habrá tenido la connotación de convertirlos en testigos directos del asesinato de sus seres amados. Para quienes se encontraban situados un poco más lejos, las listas, con su estructura perfecta y ordenada, habrán sido como escuchar amplificado un grito desde el interior de los altos muros de la zona de terror.

Citando a Walter, “Aunque los campos de concentración Nazi eran unidades cerradas, físicamente clausuradas, el terror en ellos, como sus diseñadores sabían, penetró lejos más allá de sus muros” (Walter 1969:11). No desconocemos con ello que el régimen de terror haya tenido la necesidad de dar una respuesta sobre el paradero de los desaparecidos ante la opinión internacional. Es muy posible que la planificación inicial de la Operación Colombo hubiera considerado la visita de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que estaba programada para el 12 de julio y que terminó siendo suspendida por Pinochet los primeros días de ese mes. Sin embargo, la forma final del montaje, las listas, el número de victimados señalando, tal vez, la fecha 11 de septiembre,(11 9 ) rompen el esquema del tipo de propaganda de integración que desbordaba cotidianamente los medios de prensa chilenos para transformarlos, abiertamente, en medios del sistema de terror, amplificadores de la onda del grito estremecedor, hasta ahora acallado, desde el interior de los muros.

Pero para llegar en un momento a publicar una metáfora de la brutalidad de “Exterminados como ratones” antes se debe haber hecho un trabajo largo de construcción de la identidad social negativa del sujeto así atacado. Sabemos hoy que ese trabajo comenzó mucho antes, tal vez antes incluso que las campañas financiadas por la CIA durante los sesenta y setenta. En nuestro corpus de noticias existe una importante cantidad de recursos evaluativos de juicio en las crónicas nacionales, los que van dibujando un sujeto de marcado signo negativo: peligroso, asesino, siniestro, cobarde, traidor. Por añadidura, este sujeto aparece representado como el padre abandonador, traidor y maltratador de la mujer, que es también una representación simbólica de la patria en el discurso de Pinochet. Así, para nuestro corpus, mientras la realidad de los centros de detención y tortura se oculta, sí se hace pública la detención y muerte de Isidro Arias Matamala, músico de la filarmónica y militante del MIR, asesinado en tortura en Villa Grimaldi, y la detención de Víctor Gilberto Muñoz Urrutia, militante del PS y del Ejército de Liberación Nacional sección chilena, sobreviviente de Villa Grimaldi. A estas dos personas se les imputan hechos que rompen la situación de control durante el período estudiado, por ello son representados como la amenaza latente sobre la que se vuelca el esfuerzo estatal de control. En el relato oficial que los medios reproducen con citación directa o confundiendo sus voces y sus puntos de vista con los de las fuentes policiales, la muerte de Arias y la detención de Muñoz son representadas como enfrentamientos con la policía, ocurriendo el primero, “en la casa de su amante donde había encontrado refugio”, y el segundo, en una boite, donde él mismo atrajo la atención de sus aprehensores disparando a quemarropa sobre su conviviente. Las esposas e hijos abandonados son también representados para la identificación del espectador o más bien, de la espectadora, porque esta estrategia representacional está dirigida específicamente a la mujer, a quien Pinochet representa en su discurso como “una esencia permanente e inalterable” cuya tarea fundamental es educar al futuro de Chile.

Otra estrategia que apunta a evitar la empatía con la víctima del terror y generar la sumisión del espectador a la fuente de violencia tiene que ver con desdibujar el rasgo [+ humano], animalizando o cosificando a los actores de la nueva izquierda revolucionaria. Por una parte, de manera sistemática en nuestro corpus se revisa en cada noticia de su detención la descripción detallada del supuesto armamento con que fueron detenidos, como las tres ametralladoras AKA de Arias, que se cortó la yugular ante la detención inminente para luego morir al enfrentar a sus aprehensores con una Colt (sic), o bien las 71 molotovs que esta Facultad tiene frescas en su memoria. De este modo se sobredimensiona su poder de acción y su peligrosidad, justificando la represión extrema sobre el conjunto de la población. En nuestro corpus, al menos, nunca se representa el armamento de las fuerzas de seguridad.

En este mismo sentido la metáfora ‘elementos’, típica del discurso de la Doctrina de Seguridad Nacional, aparece también de manera sistemática en el discurso de las fuentes de gobierno y de los medios en sus crónicas nacionales, mientras que en los cables internacionales solo aparece cuando hay citación directa de los militares de la Doctrina de Seguridad Nacional. Creemos que la representación ‘elemento’, como en elemento marxista, elemento extremista, elemento subversivo, es parte de una metáfora conceptual mayor, que responde a la interpretación de que El MARXISMO INTERNACIONAL ES UNA MÁQUINA, simplificación de la DSN que también busca el objetivo de deshumanizar.

Así mismo, de la metáfora central a esta doctrina, según la cual LA NACIÓN ES UN ORGANISMO VIVO cuya posibilidad de supervivencia se ve amenazada por el marxista, se desprende la metáfora de que EL MARXISMO ES UNA ENFERMEDAD, que ataca este cuerpo desde dentro -el enemigo interno- justificando el viraje de las fuerzas armadas desde el exterior hacia el interior. Metáforas como ‘el cáncer marxista’ se desprenden de este cruce, así como la de ‘rebrote marxista’ y la justificación de las dictaduras como ‘remedios necesarios’. La potencia de las metáforas en el discurso político y de los medios es que se naturalizan con mayor facilidad que el discurso referencial y que, en la medida en que nos hacen ‘sentir cosas’, permiten una retención mucho mayor en la memoria episódica, de modo que se vuelven “inolvidables” y son mucho más determinantes de nuestras creencias que otro tipo de lenguaje. Así, la metáfora que mayor huella dejó en la memoria colectiva durante la operación Colombo proviene de la metáfora conceptual EL MARXISTA ES UN ANIMAL PELIGROSO. En nuestro corpus esta se actualiza de manera sistemática a través de la representación del proceso de detención de estas personas como ‘cacería’, metáfora que sigue presente hasta hoy en el grupo especial de carabineros especialistas en detención de encapuchados que se autodenomina “cazadores”. Pero sin lugar a dudas, la más emblemática para la Operación Colombo y para esta investigación es la representada en el titular principal de La Segunda “Exterminados como ratones”, que presenta en las páginas interiores la versión “Exterminan como ratas a miristas”. Esta actualización de la metáfora no solo justifica la labor de exterminio a la que se abocan las Fuerzas Armadas bajo la DSN, sino que remite también a la propaganda nazi, en cuyo cine podemos encontrar un esquema de ensamblaje entre textos e imágenes que representa al judío como la rata que lleva consigo la peste, motivo por el que no solo es aceptable aniquilarlas, sino necesario para nuestra supervivencia.

En conclusión, aunque no podamos revisar aquí en detalle las formas en que el discurso de los medios estudiados fue concordante con el discurso de las Fuerzas Armadas en sus elecciones léxicas, sintácticas y retóricas de representar a los sujetos de la Nueva Izquierda Revolucionaria, creemos que los pocos ejemplos que hemos mostrado nos permiten aseverar que estos medios participaron activamente en la justificación de su aniquilamiento y en la propaganda de integración del régimen de facto. Pero lo que nos permite con toda seguridad hablar de una dictadura cívico militar, donde estos medios cumplieron un rol central a través del terrorismo de prensa, tiene relación con aquellas estrategias en que, como en una vitrina del horror, estos medios, en particular La Tercera y La Segunda, del grupo mercurial, funcionan como la plaza pública, vale decir, como la condición de posibilidad de que el acto de terror alcanzara a su objetivo, el espectador.

Así, siguiendo la línea del esquema del sistema de terror de Walter, tendríamos que decir entonces, que, en ausencia de la plaza pública que permita el encuentro directo entre el acto de violencia y su objetivo de control, los medios de comunicación cumplen voluntariamente ese rol, lo que los convierte en parte del personal del terror. Para el caso que nos ocupa, creemos que la división del trabajo de la fuente del terror puede ser entendida distinguiendo: primero, un grupo interno dentro del directorio que corresponde al departamento de Operaciones Psicológicas de la DINA -dividido a su vez en las unidades de Propaganda y Guerra Psicológica, y Prensa y Relaciones Públicas- que mantenía relaciones directas con la Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS) dependiente de la Secretaría General de Gobierno; y segundo, de un grupo paralelo al de los agentes de violencia, que correspondería a los dueños y editores de los medios, quienes ejecutan la planificación de los anteriores, haciendo llegar hasta el objetivo los estímulos necesarios para generar en él la reacción deseada de control social.

Mientras más se observa el discurso de los medios estudiados, más difícil se hace deslindarlo del discurso del gobierno de facto y de su aparato represivo. De ahí que cobre especial sentido que Pinochet utilizara para describir a El Mercurio una metáfora militar, llamándolo “trinchera contra el totalitarismo”, o que “Alexis”, el alias con que escribía sus columnas Álvaro Puga, muy posiblemente el autor intelectual de la Operación Colombo, refiriera con orgullo como Mario Carneyro, director de La Segunda, cumplió un rol clave en el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende.

Referencias
DURÁN, C. 1995. El Mercurio: ideología y propaganda. 1954-1994. Ensayos de interpretación biológica y psicohistórica. Santiago de Chile: Ediciones Chileamérica-Cesoc.
WALTER, E.V. 1969. Terror and Resistance. A study of political violence. New York: Oxford University Press. Descargar

Lunes 24 de abril de 2017

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Brasileños y ciencias sociales en el Chile de la Unidad Popular. Sergio salinas

Brasileños y ciencias sociales en el Chile de la Unidad Popular
Sergio Salinas1
Resumen
En Chile, las ciencias sociales vivieron uno de los momentos de mayor expansión de
su historia entre 1967 y el 11 de septiembre de 1973, fecha del golpe militar. Las
razones fueron fundamentalmente dos: la “reforma universitaria” y la llegada,
producto de su exilio, de destacados intelectuales brasileños, partidarios de la teoría
de la dependencia. Este artículo analiza los cambios vividos en las ciencias sociales
como la participación de estos intelectuales brasileños en la Unidad Popular.
Palabras-Clave: Chile; Brasil; Ciencias Sociales.
Resumo
No Chile, as ciências sociais viveram um dos momentos de maior expansão de sua
história entre 1967 e 11 de setembro de 1973, data do golpe militar. As razões foram
fundamentalmente duas: a “reforma universitária” e a chegada, produto de seu exílio,
de destacados intelectuais brasileiros, partidários da teoria de dependência. Este
artigo analisa as mudanças ocorridas nas ciências sociais, como a participação desses
intelectuais brasileiros na Unidade Popular.
Palavras-Chave: Chile; Brasil; Ciências Sociais.
Abstract
In Chile, the social sciences experienced one of the greatest moments of expansion in
its history between 1967 and September 11th, 1973, date of the military coup. The
reasons were basically two: the university reform and arrival, product of their exile,
of leading Brazilian intellectuals, supporters of dependency theory. This article
analyzes the changes experienced in the social sciences as the participation of these
Brazilian intellectuals in the Popular Unity.
keywords: Chile; Brazil; Social Sciences.
1 Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. E-mail: ssalinas@uchile.cl.
Revista Eletrônica da ANPHLAC, ISSN 1679-1061, Nº. 18, p. 121-138, jan./jul.
2015.
http://revista.anphlac.org.br/

En los últimos años se han producido diversas conmemoraciones del ciclo de
golpes militares que sacudió hace más de 40 años a diversos países de América
Latina. Lo anterior generó numerosas investigaciones y reflexiones desde puntos de
vista no tratados anteriormente. En el caso de Chile, la conmemoración de los 40
años del golpe militar, el 11 de septiembre de 1973, no fue una excepción,
produciéndose una verdadera explosión de artículos y libros respecto al tema.
De esta manera, el trágico final del proyecto revolucionario de la Unidad
Popular ofreció la ocasión para volver a reflexionar sobre ese período y revisar las
historias de sus actores. Entre estos últimos, uno de los temas más interesantes es la
llegada a Chile, desde fines de 1960, de varios intelectuales extranjeros que
participaron tanto en el proceso de la Unidad Popular como en el partido político que
justificaba la lucha armada como estrategia para conquistar el poder: el Movimiento
de Izquierda Revolucionaria (MIR). Sin duda, que el grupo de extranjeros de mayor
influencia, sobre todo a través de su reflexión académica, en el efervescente proceso
social conducido por los sectores populares y la izquierda entre 1960 y 1973, fue el
proveniente desde Brasil.
Las ciencias sociales en Chile
Entre mediados de la década del sesenta y el golpe militar de 1973, “las
ciencias sociales experimentaron en Chile un triple fenómeno: de expansión de sus
posiciones académicas, de transformación de su estructura conceptual y de cambio
de su función en el campo intelectual” (SALINAS, 2013, p. 159). Dos de las razones
principales que explican lo anterior se encuentran en el proceso de “Reforma
Universitaria” y la llegada de académicos extranjeros.

En primer lugar, es necesario señalar que la “Reforma Universitaria”, a
mediados de la década del 60, creó nuevas oportunidades y condiciones para las
ciencias sociales. “Las que se materializaron en el proceso de institucionalización de
las ciencias sociales y el aumento del número de matriculados. Además, se
experimentó un proceso ampliado de institucionalización: se crearon nuevas
unidades académicas, institutos de investigación y carreras profesionales”
(SALINAS, 2013, p. 160).
Por ejemplo, se formaron centros interdisciplinarios de ciencias sociales,
especialmente en las universidades de Chile y Católica de Chile. Como señala el
académico chileno, José Joaquín Brunner (1986, p. 15), lo anterior significó
Que el mercado de posiciones académicas en este sub-campo
disciplinario aumenta explosivamente, multiplicándose los puestos de
investigadores, docentes y administradores superiores en el caso de la
sociología y especialidades conexas”. En el caso de la sociología, ésta
experimentó un rápido crecimiento de su base institucional
estableciéndose nuevas escuelas o institutos.
En la Universidad Católica de tanto el Centro de Estudios de la Realidad
Nacional (CEREN) y el Centro de Estudios de la Planificación (CEPLAN),
representaban, respectivamente, las dos iniciativas más importantes de la reforma en
el campo de las ciencias sociales, uno con foco en la sociología y el otro con foco en
la economía.
En la Universidad de Chile, se observó un fenómeno similar, aunque menos
pronunciado. Se creó el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO), mientras se
multiplicaron los programas de economía y ciencias sociales en diversas facultades.
En el campo de las ciencias sociales, principalmente las vinculadas a la
sociología, producto de la expansión institucional impulsada por la reforma
universitaria, se produjo: el establecimiento de mercado de posiciones académicas
más amplio y complejo; el surgimiento de una incipiente jerarquía institucional en el
campo de las ciencias sociales, ocupando las posiciones preeminentes los centros de
investigación CEREN y CESO; la aparición de una naciente estructura de
comunicación académica en el subcampo, en particular mediante la publicación de
revistas especializadas como los Cuadernos de la Realidad Nacional, del CEREN;
Sociedad y Desarrollo, del CESO; y Eure, revista del Centro Interdisciplinario de
Desarrollo Urbano (CIDU) (BRUNNER, 1986, p. 15).
Las ciencias sociales cambiaron en Chile de orientación a partir de 1967, pero
sobre todo después de 1970, año del triunfo de la Unidad Popular y de la formación
del gobierno de la coalición de izquierda. Brunner (1986, p. 15) afirma que:
En parte, este fenómeno representa el efecto de una segunda recepción
en la sociología chilena, esta vez bajo el impacto de la crítica a la teoría
empírica de las ciencias sociales en el contexto de un ascenso de las
ideologías de izquierda.
En esta situación, se difunde en Chile –como afirma Manuel Antonio Garretón
(2005, p. 3) – el modelo del marxismo-ciencia que impulsará, en el campo de las
ciencias sociales universitarias, una rápida sustitución del programa de investigación
articulado en torno a la teoría de la modernización por el programa de investigación
articulado en torno a la teoría de la dependencia.
Por otra parte, hacia 1967 comienza una marcada radicalización política en el
país que se traduce luego en franca polarización desde 1970. Tales fenómenos
penetraron también en las universidades. Por un lado, a nivel institucional, se
transformaron sus estructuras de gobierno en un campo de lucha por el poder, lo que
en algunos casos se resolvió por la vía de crear instituciones paralelas, especialmente
en el ámbito de las Ciencias Sociales. Por otro, hubo una ideologización temática y
de los contenidos de las ciencias sociales, con énfasis apologético o denunciativo de
la realidad; sumado a una combinación del uso del marxismo estructuralista
althuseriano o poulantziano en el plano teórico, con el leninismo en el plano político,
que criticaban la visión estructural funcionalista predominante hasta entonces, por
considerarlas vinculadas a las visiones norteamericanas de la guerra fría. Esta visión
planteaba que el propósito de la sociedad es el mantenimiento del orden y la
estabilidad social, y que la función de las partes de una sociedad y el modo en que
estas están organizadas, la estructura social, serviría para mantener ese orden y esa
estabilidad. Los principales autores de esta corriente eran Talcott Parsons, Robert
Merton, Gabriel Almond y Bingham Powell.
En tercer lugar, el movimiento estudiantil y los alumnos de ciencias sociales –
mayoritariamente de izquierdas– tendieron a abandonar la universidad y las
disciplinas para involucrarse en los procesos de lucha social y estrategias políticas
que se jugaban más allá de las aulas. En el horizonte, estaban presentes las elecciones
presidenciales de 1970, donde por primera vez la izquierda planteó un proyecto y un
programa de socialismo: conformar una área de propiedad social expropiando las
empresas monopólicas para ir abriendo camino al socialismo en el marco del
régimen democrático.
Pero volvamos a las ciencias sociales. Este cambio de un programa de
investigación a otro, con la llegada del marxismo científico, implicó también una
redefinición completa de la propia disciplina. No solo cambió su modelo conceptual
predominante, sino que cambiaron además los ideales explicativos de la ciencia y la
identidad profesional del científico social. El marxismo científico “proporciona
precisamente el paradigma sustitutivo y legitima este cambio de orientación en las
ciencias sociales, tornándose dominante dentro del subcampo” (SALINAS, 2013, p.
161-162).
Así, la idea de la neutralidad valorativa de la ciencia que había presidido la
profesionalización de la disciplina es ahora abandonada, siendo reemplazada por la
noción del compromiso valorativo, que opone ciencia académica (o burguesa) a
ciencia comprometida o militante. La vocación del científico y del político tiende a
fundirse en la imagen del sociólogo como crítico de la realidad, como intelectual
revolucionario o como transformador de la sociedad.
En síntesis, a partir de 1970, el sociólogo se vuelve ideólogo; en el campo
académico mediante el recurso a un nuevo paradigma de cientificidad (el marxismo)
que le permite romper con la sociología “académica” sin abandonar la pretensión de
verdad, y en el campo político-social donde se presenta ahora como un organizador
de discursos, con efectos directos en la política y como un portador de proyectos de
cambio de la sociedad2.
2 Se trata, así, de una profundización, radicalización y crisis interna del modelo fundacional, en que las
ciencias sociales, especialmente la sociología, se transforman en una expresión –en el campo

El aporte de los brasileños
Otro tema importante en el contexto que presentan las ciencias sociales, lo
constituyó la venida a Chile de importantes intelectuales europeos y brasileños de
izquierda. Entre ellos, destacaron los brasileños Theotonio Dos Santos3, Ruy Mauro
Marini4 y Vania Bambirra5, los que se vincularían tanto a la Unidad Popular como al
naciente Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). De la misma manera, esta
situación se repetiría con uno de los más importantes autores de la teoría de la
dependencia, André Gunder Frank6.
Helenice Rodrigues da Silva (2007) recuerda que:
[…] A repressão na Universidade de São Paulo, no início de 1969,
provoca uma onda de exílio em direção do Chile. A experiência
socialista da Unidade Popular atrai, particularmente, os intelectuais
brasileiros ávidos de liberdade e de cultura. Além do interesse pela
política, o Chile propicia, a esses professores, condições de emprego
em suas instituições de pesquisa e em universidades. A Universidade
Católica do Chile, por exemplo, vai abrigar alguns profissionais
brasileiros, vítimas da repressão. Durante os três anos de governo de
Allende, esse país transforma-se em uma espécie de melting pot onde
académico e e intelectual– de los procesos y luchas políticas del instante.

No es que no hubiera influencia y luchas ideológicas en el momento de fundación e institucionalización de las ciencias
sociales; de hecho, las visiones marxistas aparecen como respuesta a ellas, sino que ahora ellas se
entrelazan más directamente con los procesos políticos concretos.
3 Entre las principales publicaciones realizadas en la época en que vivió en Chile se encuentran:
Tendencias del Capitalismo Contemporáneo, Santiago, Chile: Ed. de CESO, 1973; Transición al
Socialismo y Experiencia Chilena. Santiago: Ed. PLA, 1973. v. 1.; Problemas del Subdesarrollo
Latinoamericano. Ciudad de México: Ed. Nuestro Tiempo, 1973. v. 1; Socialismo o Fascismo: El
Dilema Latinoamericano y el Nuevo carácter de la Dependencia. Santiago, Chile: Ed. PLA, 1972;
Dependencia y Cambio Social. Santiago, Chile: Ed. do CESO, 1972; Economía Política del
Imperialismo. Buenos Aires: Ed. Periferia, 1972. v. 1; La Crisis Norte Americana y América
Latina. Santiago, Chile: Ed. PLA, 1971; La Dependencia Económica y Política en América
Latina. Ciudad de México: Ed. Siglo XXI, 1971. v. 1; El Concepto de Clases Sociales. Santiago,
Chile: Ed. PLA, 1970.
4 Escribió durante su permanencia en Chile Subdesarrollo y Revolución (1969) y Dialéctica de la
dependencia (1973).
5 Entre los principales libros publicados a principios de los setenta se encuentran: El capitalismo
dependiente latinoamericano, Santiago de Chile, 1973 y reeditado en Siglo XXI, México, 1974; La
revolución cubana: una reinterpretación, Ed. Nuestro Tiempo, México, 1974
6 Entre sus libros publicados en ese periodo se encuentran: Capitalismo y subdesarrollo en América
Latina, 1967; Latinoamérica: subdesarrollo o revolución, 1969; Sociología del desarrollo y
subdesarrollo de la sociología: el desarrollo del subdesarrollo, 1969; Lumpenburguesía:
Lumpendesarrollo. Dependencia, clase y política en Latinoamérica,19e misturam intelectuais latino-americanos, intelligentsia francesa,como também militantes de esquerda de diferentes partes do mundo.
Theotonio Dos Santos, que estudió Sociología, Política y Administración
Pública en la Universidad Federal de Minas Gerais, recuerda que:
[…] Veníamos del proceso brasileño que vivió un gran auge de lucha
de masas, sobre todo entre 1960 y 1964, con ello hubo avances
democráticos muy importantes. Bueno, el golpe de Estado de 1964,
que era resultado de varios intentos anteriores, estaba claramente
dentro de una concepción nueva de golpes de Estado porque seguía la
idea de crear un régimen con una fuerte base en las fuerzas armadas.
Según la interpretación norteamericana, en ese momento estas fuerzas
representaban los sectores más modernizantes dentro de América
Latina. Por lo tanto, al darle una base estatal más organizada, más
coherente, se podía entonces conducir el proceso de modernización
(VIDAL, 2013).
Do Santos afirma que muchos de sus compañeros se equivocaron en el
diagnóstico del proceso, porque creían que se trataba de un golpe de la antigua
oligarquía ligada a la tierra, cuando de hecho era un golpe del gran capital en su
forma más avanzada:
[…] Yo lo caractericé exactamente en la época como un proyecto
fascista. Incluso tuvimos mucha discusión entre nosotros, por ejemplo,
con Ruy Mauro, pues él no concordaba con el uso de este concepto de
fascismo y hablaba de un régimen de seguridad nacional como parte
de la ideología que Estados Unidos trajo a América Latina. Sin
embargo, yo usé la palabra fascista en un sentido que me parece más
complejo, como un régimen de terror del gran capital. Es decir, en el
momento que el gran capital siente que necesita de un régimen de
terror para poder hacer los cambios que le interesan en la dirección de
su forma de base y de la acumulación capitalista. Entonces, creo que
nosotros acertamos mucho, a diferencia de otros compañeros que
todavía pensaban en una lucha antifeudal. Para nosotros era bastante
claro que la conducción del proceso de acumulación capitalista y de
modernización, estaba en manos del gran capital internacional y, el
grupo en que confiaba para llevar adelante este proceso era
básicamente los militares (VIDAL, 2013).
Dos Santos y Mauro Marini entre 1960 y 1964 habían estudiado
sistemáticamente el marxismo como culminación de sus estudios filosóficos. En
estos años en Brasilia, realizaron un seminario de lectura de El Capital junto con Luis
Fernando Víctor, Teodoro Lamounier, Albertino Rodríguez y Perseu Abramo. Este
mismo seminario se reorganizó luego del exilio de estos intelectuales en Chile.
Carlos Martins (1998) recuerda que:
El movimiento de lectura de El Capital se transformó en una fiebre
mundial. En Sao Paulo, el seminario sobre El Capital reunió por
varios años lo mejor de las ciencias sociales y la filosofía de la USP.
En Brasilia formamos un grupo que reunía lo mejor del país en torno a
este seminario. En Chile organizamos con Fernando Henrique
Cardoso, Francisco Weffort, Aníbal Quijano, Pedro Paz y muchos
más, un excelente seminario que luego se extendió a otros temas.
De la misma forma, se realizaron otros seminarios de lectura de El Capital en
Cuba (organizado por Ernesto Che Guevara) y en Francia, impulsado por Louis
Althusser (resultó el libro Leer El Capital). A finales de la década de los sesenta se
produjo el regreso a América Latina de representantes de todas estas experiencias.
Entre ellos, volvieron a Chile, Marta Harnecker, discípula de Althusser, y Ruy
Mauro Marini, quien regresó desde México, donde desarrolló su propio grupo de
lectura.
Como señaló el propio Theotonio Dos Santos:
[…] Todas estas experiencias paralelas confluían en un gran
movimiento de lectura y discusión del pensamiento marxista como
nunca había ocurrido en ninguna otra parte del mundo y llegaba a la
vida universitaria de manera insólita. Hasta en las escuelas de
psicología y en la de ciencias exactas se formaban grupos de lectura
de El Capital y de autores marxistas clásicos y contemporáneos (Apud
MARTINS, 1998).
Cabe recordar que Theotonio Dos Santos tuvo una activa militancia política y
participación en movimientos sociales, que se extiende a la clandestinidad después
del golpe en Brasil de 1964, hasta 1966, cuando se exilia en Chile. Agrega Martins
(1998) que:
[…] El eje de su militancia política era su participación en la POLOP
de la que fue fundador en 1961 y cuya dirección nacional asume en
1964. La POLOP promovió una dura crítica a los partidos comunistas
y al estalinismo y convocaba a una unión de la izquierda
revolucionaria contra la política de frente único con la burguesía,
propuesta por el PCB, que enmarcaba el movimiento de masas dentro
del nacionalismo burgués.
El trabajo de investigación desarrollado por Theotonio Dos Santos lo
convirtió en uno de los más importantes teóricos de la dependencia. Jaime Osorio
(2004, p. 136), señala que las críticas de Dos Santos a la teoría del desarrollo y sus
formulaciones sobre las diversas “formas de dependencia”:
[…] Permitieron mostrar que el estudio de esa problemática era un
camino indispensable de análisis. Su libro Imperialismo y
dependencia, editado muy posteriormente, recoge buena parte de los
mejores trabajos desarrollados en esta época, junto a estudios más
recientes sobre el imperialismo y la crisis mundial capitalista, temas
hacia los que desplazó su atención.
Por su parte, Vania Bambirra, esposa de Dos Santos, también se integró al
Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO), de la Universidad de Chile, como
integrante del equipo de investigación sobre las relaciones de dependencia de
América Latina. Este equipo se había constituido en 1968 bajo la dirección de
Theotonio Dos Santos.
Vania Bambirra también se convirtió en una de las precursoras de la teoría
marxista de la dependencia. Osorio (2004, p. 136) señala que Bambirra, al criticar la
tipología propuesta por Cardoso y Faletto entre economías de enclave y economías
con control nacional del proceso productivo, desde aspectos metodológicos hasta
aspectos de contenido, en su libro El capitalismo dependiente latinoamericano,
propone una nueva clasificación de los países latinoamericanos en función del tipo
de estructura productiva que presentan en el momento de la integración monopólica
que se produce con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. En este libro
establece dos tipos: 1. Estructuras diversificadas, en las cuales aún predomina el
sector primario exportador, existiendo, sin embargo, un proceso de industrialización
en expansión, y 2. estructuras primario-exportadoras, cuyo sector secundario estaba
compuesto casi exclusivamente por industrias artesanales.
Para Bambirra (1999, p. 6), claramente el objetivo que tenía el CESO y sus
estudios eran avanzar en superar el pensamiento desarrollista, emprendiendo la tarea
de sentar las bases para el desarrollo de la teoría marxista de la dependencia. Agrega
que:
[…] El trabajo que intentábamos llevar a cabo en el CESO fue
gratamente interrumpido por la victoria de la Unidad Popular que
necesitó la colaboración de parte de los miembros del equipo de
estudios sobre la dependencia para enfrentar prácticamente las tareas
de su ruptura”.

Otro intelectual brasileño que dejó huella no solo en Chile, sino también en
México fue, Ruy Mauro Mariniquien es considerado por muchos cientistas sociales
uno de los más brillantes intelectuales militantes de América Latina. Se destacó por
su importante obra que subvirtió el pensamiento colonizado dominante y por su
militancia coherente.
De cierta manera, la vida de Marini, rodeada de exilios recurrentes, es el vivo
resumen de uno de los períodos más intensos de la historia política latinoamericana.
Estuvo exiliado en México, en 1965; en Chile, en 1969; y nuevamente en México, en
1974. Su regreso definitivo a Brasil se había producido recién en 1996.
Según el propio Marini, su venida a Chile se gestó por la presión ejercida por
sus amigos Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra; más la intervención de un
político, el entonces senador Salvador Allende y de la Universidad de Concepción y
de su Federación de Estudiantes. Marini7 señaló, en el año 2007, que:
[…] Efectivamente, aún en México, yo había sido contactado por su
presidente, Nelson Gutiérrez, quien me conocía por mis trabajos y por
las informaciones de amigos brasileños, entre los cuales Evelyn
Singer, profesora en dicha universidad y que había militado conmigo
en Brasil. Gutiérrez me había comunicado sobre la existencia de una
vacante de profesor titular en el Instituto Central de Sociología y me
había consultado sobre mi interés en ocuparla”.
Al igual que sus colegas Do Santos y Bambirra, Marini desarrolla sus estudios
en torno a las características del capitalismo dependiente, buscando generar la base
para la comprensión no solo de nuestro continente, “sino también de las diversas
formas de la superexplotación de la fuerza de trabajo y del subimperialismo”
(OSORIO, 2004, p. 138).
En un artículo en la revista chilena Punto Final8, el sociólogo y cientista
político brasileño, Emir Sader, recuerda su estadía en Chile durante el período de la
7 Ruy Mauro Marini falleció, en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, el año de 1997, después de
una larga enfermedad.
8 La revista Punto Final era un medio de comunicación muy cercano del Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR). Durante la dictadura militar muchos de sus periodistas fueron asesinados o son
detenidos desaparecidos.
Unidad Popular (1970-1973) y su vinculación con el MIR. Además recuerda a Ruy
Mauro Marini:
[…] La primera vez que pasé por Chile me quedé en el
departamento de Ruy Mauro, en Providencia. Éramos amigos y
compañeros de militancia en Brasil, en la organización marxista
Política Operaria. Ruy Mauro había sido detenido después del golpe
de 1964, en el trabajo de organización de un foco guerrillero con el
cual pretendíamos desarrollar un trabajo de propaganda armada de la
resistencia a la dictadura (Punto Final, 2014).
Sader señala que su organización heredó el trabajo de Leonel Brizola con
sargentos y marinos y a Ruy Mauro le tocó la misión de reorganizarlos. Ese trabajo
sufrió una dura represión, Ruy Mauro fue detenido y brutalmente torturado por el
servicio secreto de la Marina (CENIMAR). Agrega que:
[…] Cuando fue finalmente liberado, decidimos que él debía salir del
país. Ruy Mauro escogió ir a México, pero luego se trasladó a Chile, a
Concepción, donde conoció a los dirigentes del MIR. Ahí empezó la
intensa colaboración de Ruy Mauro con el MIR, así como la apertura
de los espacios por los cuales tantos de nosotros hemos transitado
(Punto Final, 2014).
Sader recuerda que en casa de Ruy Mauro conoció a los miembros de la
comisión política del MIR, que a menudo hacían reuniones en aquel departamento, a
Miguel Enríquez, Bautista Van Schouwen, Luciano Cruz, Edgardo Enríquez, Nelson
Gutiérrez y Andrés Pascal Allende. Afirma que era una comisión política, un equipo
de dirección, como pocas veces una organización de Izquierda pudo tener. Agrega
que:
[…] En ese equipo sobresalía Miguel, un líder revolucionario
extraordinario desde todo punto de vista. Nunca he conocido a alguien
tan capacitado para la dirección política como Miguel. Por representar
la alternativa revolucionaria frente al camino institucional de la
Unidad Popular, el MIR atraía automáticamente a los militantes de
otras organizaciones revolucionarias, en particular de las
latinoamericanas. La concepción internacionalista del MIR –
reivindicada directamente del Che- favorecía aún más la
concentración de militantes de esa corriente en el MIR. Alrededor de
Ruy Mauro Marini se ubicaba el núcleo más cohesionado de
brasileños en el MIR (Punto Final, 2014).

Ruy Mauro Marini, para muchos autores, con su libro Dialéctica de la
dependencia, hizo que “el marxismo latinoamericano alcanza su punto más alto en
tanto formulación de las leyes y tendencias que engendran y mueven al capitalismo
sui generis llamado dependiente. Esto se alcanzaba luego de una década de arduos
estudios y discusiones sobre el tema” (OSORIO, 2004, p. 138). Marini también fue
un activo militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), realizando
numerosos escritos políticos.

La teoría de la dependencia
Recordemos que la teoría de la dependencia nació directamente relacionada
con la crisis del modelo desarrollista de la Comisión Económica para América Latina
y el Caribe (CEPAL) impulsado en la década anterior. A través del concepto de
dependencia “se quería explicar por qué no se había logrado el desarrollo con aquel
modelo –de industrialización por sustitución de importaciones- cuando las
condiciones económicas previas habían apuntado a su viabilidad” (REY, 2003, p.
52).
Cabe recordar que la CEPAL, fundamentalmente producto de las
investigaciones de Raúl Prebisch, afirmaba que para crear condiciones de desarrollo
dentro de un país era necesario, entre otros tópicos: controlar la tasa de cambio
monetario, poniendo mayor énfasis en políticas fiscales que en políticas monetarias;
Promover un papel gubernamental más eficiente en términos de desarrollo nacional;
Generar una mayor demanda interna incrementando los sueldos y salarios de los
trabajadores; Desarrollar un sistema seguro social más eficiente por parte del
gobierno, especialmente para sectores pobres a fin de generar condiciones para que
estos sectores puedan llegar a ser más competitivos; y Desarrollar estrategias
nacionales que sean coherentes con el modelo substitución de importaciones,
protegiendo la producción nacional al imponer cuotas y tarifas a los mercados
externos.
Para algunos autores la propuesta de Prebisch y de la CEPAL fue la base de la
teoría de la dependencia a principios de los años 50. Sin embargo, para otros autores
como Faletto y Dos Santos luego del fracaso de las propuestas de desarrollo de la
CEPAL surge, propiamente, la teoría de la dependencia.
A mediados de la década de los sesentas se publicó este modelo teórico más
elaborado. Entre los principales autores de la teoría de la dependencia tenemos a:
André Gunder Frank, Raúl Prebisch, Theotonio Dos Santos, Fernando Henrique
Cardoso, Edelberto Torres-Rivas, y Samir Amin.
Para muchos autores es el neo-marxismo y no el marxismo ortodoxo clásico el
que provee una base para la teoría de la dependencia. Por ejemplo, el enfoque clásico
se centra en el análisis del papel de los monopolios extendidos a escala mundial,
mientras que el centro del neo-marxismo es proveer una visión desde las condiciones
periféricas. Además, el marxismo clásico previó la necesidad de una revolución
burguesa en la introducción de procesos de transformación; desde la perspectiva neomarxista
y basándose en las condiciones actuales de los países del Tercer Mundo, es
imperativo ‘saltar’ hacia una revolución social, principalmente porque se percibe que
la burguesía nacional se identifica fuertemente con posiciones de élite y de la
metrópoli más que con posiciones nacionalistas. Por último, afirma Giovanni Reyes
(2001):
El enfoque marxista clásico consideraba que el proletariado industrial
tenía la fuerza y estaba llamado a ser la vanguardia para la revolución
social; el enfoque neo-marxista insistió en que la clase revolucionaria
debía de estar conformada por los campesinos para poder llevar a cabo
un conflicto revolucionario.
Por lo anterior, la teoría de la dependencia se convirtió –afirma Eduardo Rey
Tristán (2003, p. 52):
En un apoyo científico al antiimperialismo militante, que reforzaba la
orientación latinoamericanista al considerar la situación del continente
como un todo (si bien con sus peculiaridades), y que se oponía al
postulado comunista respecto a la necesidad de una etapa
democrático-burguesa anterior a la revolución socialista.
De acuerdo con la escuela de la dependencia tres son las hipótesis principales
relacionadas al desarrollo en los países del Tercer Mundo: Primero, el desarrollo de
los países del Tercer Mundo necesita tener un grado de subordinación al centro en
contraste con el desarrollo de las naciones centrales cuyo desarrollo fue
históricamente y es hoy día independiente. Segundo, los partidarios de esta teoría
consideran que las naciones periféricas experimentan su mayor desarrollo económico
cuando sus enlaces con el centro están más débiles. Eduardo Rey Tristán (2003, p.
52) señala que:
Un ejemplo de esto es el proceso de industrialización que se desarrolló
en Latinoamérica durante los años 30s y 40s cuando las naciones del
centro estaban concentradas en resolver los problemas de la Gran
Depresión y las potencias occidentales estaban involucradas en la
Segunda Guerra Mundial”.
Una tercera hipótesis indica que cuando los países del centro se recuperan de su
crisis y restablecen sus vínculos comerciales y financieros, incorporan de nuevo al
sistema a los países periféricos, y el crecimiento y la industrialización de esto país se
tiende a ver subordinada. André Gunder Frank señala que:
[…] Cuando los países del centro se recuperan de la guerra u otras
crisis que han desviado de su atención de la periferia, la balanza de
pagos, inflación y estabilidad política de los países del Tercer Mundo
se han visto afectadas negativamente. Por último, el cuarto aspecto se
refiere al hecho de que las naciones más subdesarrolladas que todavía
operan con sistemas tradicionales feudales son las que tuvieron
relaciones más cercanas con el centro” (DOS SANTOS, 2005).
Para Theotonio Dos Santos el paso teórico más importante que ocurrió en las
Ciencias Sociales latinoamericanas fue mostrar que la dependencia no era un
fenómeno externo que se podía cortar a través del desarrollo económico y de una
actitud política más independiente. Dos Santos (1970, p. 7) señala que:
[…] Lo que se explicitó teóricamente fue, sobre todo, el hecho de que
la situación de dependencia en que vivimos dentro del sistema
capitalista mundial condiciona las estructuras internas de nuestros
países, haciéndolos dependientes en su propia constitución.
Pero Theotonio Dos Santos avanza más allá de lo económico tocando tópicos
políticos, especialmente en sus escritos realizados durante su estadía en Chile. Para el
economista brasileño en el marco de la Guerra Fría se crean las condiciones para el
surgimiento de guerras locales que pueden organizar paulatinamente una
insurrección popular.
Do Santos (1970, p. 93) afirmó que:
[…] En esas condiciones, las organizaciones políticas de vanguardia
no pueden seguir viviendo en las expectativas de una situación
insurreccional; pero pueden transformarse en una organización
político-militar permanente que organice, a largo plazo, un
movimiento insurreccional. El conjunto de esas acciones armadas (que
asumen, de acuerdo a características regionales, las más diversas
formas) lo que se viene llamando la “guerra popular”. El concepto de
guerra popular elimina la tesis del “foco”, elimina la contradicción
foco-partido, la contradicción campo-ciudad, todas ellas alternativas
artificiales creadas por la apreciación unilateral de la experiencia de la
Revolución Cubana.
La importancia del aporte de los intelectuales brasileños al proceso de la
unidad Popular y al MIR queda ratificada en la investigación de Fahra Neghme y
Sebastián Leiva. Estos autores sostienen que la dirigencia del MIR, en particular
Miguel Enríquez, mantuvo una permanente comunicación con ellos. Por ejemplo, el
dirigente que Martín Hernández, dirigente del MIR, plantea que:
[…] Con la mayor parte de los teóricos marxistas de la dependencia,
incluso con aquellos que son militantes de la Unidad Popular como
Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra, Enríquez tiene un constante
intercambio intelectual. La base de la convergencia intelectual entre
Enríquez, formado en la tradición trotskista, y los teóricos marxistas
de la dependencia radica en la ratificación que hace la teoría de la
dependencia de la idea central de un programa de transición, a saber la
fusión de las tareas de liberación nacional y socialistas (NEGHME y
LEIVA, 2000, p. 32).
Por último, Andrés Pascal Allende9, ex secretario general del MIR desde
1974 hasta 1987, sostiene que la teoría de la dependencia tuvo una gran importancia
en la estructuración del discurso y estrategia política del MIR. Pascal Allende que
esta teoría, junto con valorizar la existencia de lo que se denominó Tercer Mundo, un
mundo de abajo, también se definió a estos países como dependientes del capitalismo
central. Y eso los llevó a una lectura desde la propia realidad de América Latina y, en
especial, de Chile (SALINAS, 2013, p. 292). Los teóricos de la dependencia que más
influyeron en el MIR -afirmó Andrés Pascal Allende- fueron:
[…] André Gunder Frank, muy cercano a ellos; Ruy Mauro Marini,
que llega en el gobierno de la Unidad Popular y que llega a ser parte del
Comité Central del MIR; Aníbal Quijano, que vivió a fines de los 60’ en
Chile. “En fin, esa intelectualidad que empieza a alejarse de esa mirada
tan euro-céntrica y comienza a mirar nuestras realidades a partir de lo
sucedido aquí, una mirada al período de la Colonia, al desarrollo del
9 Entrevista realizada al dirigente del MIR, Andrés Pascal Allende, el 19 de julio de 2011 (SALINAS,
2013, p. 292).

Capitalismo en Latinoamérica que es distinto al mismo desarrollo en
Europa (SALINAS, 2013, p. 292).
Conclusiones
En Chile, el período político vivido durante la Unidad Popular continúa, pese
a los más 40 años transcurridos, siendo controversial. Sin embargo, en los últimos
años se ha producido un aumento en las investigaciones y libros sobre los actores que
participaron en aquel momento que marcó la historia chilena.
Sin lugar a dudas, como queda establecido en este artículo, un rol protagónico
en este proceso político, ya sea participando en centros de estudios, en los partidos
políticos de la Unidad Popular o en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria
(MIR), lo tuvieron intelectuales extranjeros, siendo los más importantes entre ellos
los provenientes desde Brasil. Estos intelectuales aportaron al desarrollo de las
ciencias sociales en Chile ayudando a su desarrollo de una forma nunca antes vista
en el país. Además sus reflexiones en torno a la teoría de la dependencia no sólo
contribuyeron al debate académico en Chile sino que se difundieron por América
Latina y el mundo.
Revista Eletrônica da ANPHLAC, ISSN 1679-1061, Nº. 18, p. 121-138, jan./jul.
2015.
http://revista.anphlac.org.br/

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Revista Eletrônica da ANPHLAC, ISSN 1679-1061, Nº. 18, p. 121-138, jan./jul.

Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile

Intervenciones de Mario Garcés y Pedro Naranjo en la presentación de este libro

Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile

Rebelión

Intervención de Mario Garcés Durán, Doctor en Historia, en la actividad de homenaje y de lanzamiento del libro “Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile.” Realizado el 5 de octubre del 2004 en el Campus Libertad de la Universidad ARCIS en Santiago.

Este libro que hoy presentamos se inscribe en medio de un conjunto de actos, homenajes, paneles y foros que nos traen a la memoria a Miguel Enríquez; su vida, sus luchas, sus contribuciones al proyecto revolucionario chileno y también su trágico final, su muerte en combate el 5 de octubre de 1974. Pero así como la figura de Miguel anima y estimula la memoria, al mismo tiempo su memoria nos obliga a interrogar a la historia, la historia de Miguel, la historia del MIR, la historia del movimiento popular y la historia del Chile reciente.

He querido comenzar mi presentación de este libro marcando estos dos conceptos, estas dos dimensiones: la historia y la memoria. Lo hago así porque creo que ambas dimensiones nos enfrentan a problemas cercanos, pero diferentes. Y lo hago en esta Universidad, que es donde me empeño en contribuir a la formación de los estudiantes de historia, volviendo una y otra vez sobre las relaciones entre la historia y la memoria.

No puedo extenderme sobre las diferencias entre uno y otro concepto. Sólo diré que mientras la memoria se fusiona con el hecho recordado: así fue, así me lo contaron; la historia busca tomar distancia con el pasado para poner orden; mientras la memoria, como indica Paul Ricoeur goza de esa pequeña felicidad del reconocimiento propio del testigo que puede afirmar, es él, es ella; la historia enfrenta el problema de la representación del pasado que sólo se consigue luego de largas complejas indagaciones sobre el pasado. Construcciones y representaciones que tiene el afán de cumplir un pacto de verdad con el lector. En realidad, tanto la historia como la memoria, el historiador y el testigo buscan ser creídos, buscan de alguna manera hablar con la verdad.

He querido establecer algunas mínimas distinciones porque creo que es fácil engañarnos o conformarnos con verdades a medias respecto del conocimiento del pasado. Necesitamos de la historia y de la memoria, del testimonio oral y del documento escrito, de la experiencia del testigo que nos confía su testimonio y de la paciente tarea de los archivos y del debate académico que enriquece nuestros enfoques y puntos de vista.

Cuando el CEME a través de Pedro Naranjo nos propuso editar este libro al Comité Editorial de LOM, como miembro de este Comité indiqué, que valorando la iniciativa como una contribución a la memoria histórica de los chilenos, con el MIR enfrentaríamos un déficit de investigación histórica.

De MIR circulan múltiples memorias y variadas estigmatizaciones en la sociedad chilena, pero pocas obras históricas. Conocemos el trabajo del profesor Carlos Sandoval de esta Universidad, algunos artículos de Luis Vitale, de Igor Goicovic, y nos tocó además dirigir la tesis de grado de Sebastián Leiva y Fahra Negme. Todos estos trabajos, parciales aún, nos van dando luces sobre diversos aspectos o momentos de la historia del MIR, pero no contamos todavía con una obra sistemática que nos narre la historia del MIR.

En el prólogo de este libro he sugerido como historiador un conjunto de preguntas y problemas que habría que tener en cuenta al trabajar la historia del MIR y de Miguel Enríquez, ya que como sostiene Pedro Naranjo en la excelente biografía política de Miguel que nos presenta en este libro, es muy difícil separar la historia del líder, del dirigente de la historia de la organización.

Sugiero reconocer al menos tres etapas en la historia del MIR que a Miguel Enríquez le tocó vivir: la etapa fundacional (1965-1970), la etapa de la Unidad Popular (1970-1973) y la breve etapa de la dictadura (1973-1974).

Sugiero también que la historia del MIR es del todo emblemática, en el sentido, que se trata de un grupo que en muy corto plazo alcanzó gran impacto en la política chilena, y que al mismo tiempo vivió la acción devastadora del terrorismo de Estado, que en pocos años le costó la vida a unos seiscientos militantes, la mayor parte de ellos, menores de 30 años. Pocas veces se han dado en la historia de Chile experiencias como ésta, y al mismo tiempo, es del todo evidente que la historia del MIR es parte sustantiva de la historia de Chile.

Señalo algunas de las preguntas y problemas que, a mi juicio, debe encarar una historia del MIR:

  • En la etapa fundacional, al menos dos cuestiones son fundamentales, por una parte, el impacto de la revolución cubana que remeció a América Latina y Chile, y, por otra parte, la crítica visión que desarrolló el MIR de la izquierda chilena existente hasta ese tiempo. Me parece que el problema histórico puede plantearse del siguiente modo: La revolución cubana, al igual que la revolución bolchevique de 1917, demostró que la revolución podía triunfar y los miristas criticaron a la izquierda chilena por sus dificultades para hacer triunfar la revolución. La izquierda histórica parecía demasiado integrada al sistema político chileno. Miguel Enríquez y otros dirigentes se plantearon entonces la necesidad de elaborar una estrategia y una táctica así como la formación de un partido que, de una vez por todas, hiciera la revolución en Chile.

Me parece que hay que estudiar los efectos de esta afirmación, en el sentido que para muchos jóvenes de los años sesenta el MIR tuvo la enorme atracción de constituirse en una organización que prometía e invitaba a “hacer la revolución”. Alguien dirá que cada tanto, surge algún grupo que proclama la necesidad de la revolución, pero la diferencia es que la invitación del MIR no cayó en el vacío, ya que miles de jóvenes estudiantes, pobladores, mapuches, campesinos, obreros, intelectuales se sumaron a sus filas, convencidos de que ahora sí tomaban el rumbo de la revolución en Chile. La pregunta que la historia debe responder, admitiendo estos hechos, es que hacía que esa generación sesentista creyera y estuviera dispuesta a dar la vida por la revolución. O de otro modo, ¿cómo se constituyó esa subjetividad dominante en amplios sectores de la población, de que la revolución era posible, que para hacerla, sólo había que proponérselo? ¿Qué explica ese sentido de “historicidad” tan radical y tan distante de nuestros días en que el orden se nos presenta como naturalizado y en consecuencia, la sociedad como imposible de ser transformada?

  • Sostengo como hipótesis para el período de la Unidad Popular, en contra de lo que muchos creen, que el triunfo electoral de la UP no fue un obstáculo para el crecimiento del MIR, sino por el contrario, lo favoreció. Curiosa paradoja: Triunfa una coalición de partidos que proclama la posibilidad de una vía chilena y pacífica al socialismo y crece una organización revolucionaria, relativamente pequeña, que se declaraba partidaria de la vía armada. (Curiosa es nuestra historia en América Latina, como indicó alguna vez García Márquez, estamos más cerca de Kafka que de Descartes, más cerca del realismo mágico que del racionalismo ilustrado).

Descifrar este enigma implica necesariamente hacer la historia de la Unidad Popular, ya que fue en ese contexto que se produjo un explosivo crecimiento del MIR, tanto en el número de sus militantes, pero más que eso, en el impacto de sus proposiciones en la política chilena. Muchas de estas proposiciones se pueden seguir más o menos sistemáticamente en el libro que estamos presentando.

Para simplificar las cosas, podemos valernos de la tesis del profesor Peter Winn, en el libro recientemente traducido y editado por LOM sobre los trabajadores de Yarur. Winn sostiene que en la UP convivieron dos revoluciones: Una, desde arriba, la planificada por la UP, sus técnicos y dirigentes de los partidos de la izquierda; y otra, la revolución que se generó “desde abajo”, que en unas fases se complementó con la de arriba, pero en otras se tensó y divergió con ella. El MIR se puede sostener entonces, se vinculó especialmente con la “revolución desde abajo”. De este modo, su crecimiento, su desarrollo se vincula con las aspiraciones de cambio, con las tradiciones de lucha popular que se potenciaron y multiplicaron durante la Unidad Popular. El MIR no inventó la tradición de lucha popular, se fundió con ella y por cierto también la estimuló y buscó constituirla en la referencia fundamental de la revolución chilena.

  • En tercer lugar, con relación a la dictadura, el MIR proclamó el fracaso del reformismo y no el de la revolución. Desde esta perspectiva, buscó ponerse a la cabeza de las luchas de la resistencia a la dictadura, favoreciendo la unidad de todas las fuerzas anti dictatoriales o anti-gorilas. En ese empeño se le fue la vida a Miguel Enríquez y el MIR fue objeto de la mayor operación represiva que se conozca en el país. El partido de la revolución fue prácticamente aniquilado y los efectos del genocidio acompañan hasta hoy a muchos de sus sobrevivientes.

Dos problemas al menos son importantes de considerar a propósito de la Unidad Popular y de la dictadura:

1.- La propuesta o la visión del MIR de que no era posible transitar por vía pacífica al socialismo, habida cuenta del colapso de a vía chilena, pareciera darle la razón al MIR, pero creo que hay que problematizar esta lectura, ya que se podría admitir que el MIR tuvo la razón teórica, pero no así la razón histórica, ya que siendo un actor del proceso, evidentemente era deseable otro destino para la Unidad Popular. Es distinto contar con la razón teórica, como razón crítica que con la razón histórica, como razón positiva.

2.- Vinculado a lo anterior, se puede también problematizar la visión que el MIR sostuvo sobre el fin de la Unidad Popular. El golpe de estado no significó sólo la derrota del reformismo, sino que fue la derrota de Allende, de la izquierda, del movimiento popular y del propio MIR.

3.- ¿Qué pude explicar estos desencuentros entre las razones teóricas y las razones prácticas de la historia?

Creo que se pueden sugerir al menos tres hipótesis:

1.- El MIR hizo una lectura sesgada de la realidad chilena. Una lectura que poniendo el mayor énfasis en las capacidades de lucha de la clase popular no terminaba de reconocer y medir la fuerza que tenían las formas de integración y adaptación de la misma clase popular a la sociedad capitalista. ¿Se trataba sólo de desplazar al reformismo obrero, para lo cual bastaba con marcar las diferencias con el Partido Comunista? ¿Había o no y de qué manera había que tener en cuenta el desplazamiento de las clases medias hacia el campo de la oposición? ¿Cuánto pesaban y cuánto pesan en Chile las instituciones del Estado, como campo privilegiado para la política? ¿De qué manera esas formas de hacer política constituían realidad y constituían a los propios sujetos populares?

2.- La crítica a la izquierda tradicional llevó al MIR a insistir en la necesidad de construir el partido de la revolución para lo cual actualizó al Lenín del Que hacer y el de Las tesis de abril. Es decir, al Lenín del partido de vanguardia y el de la dualidad de poderes. Sin embargo, no bastaba con mirar a Chile a través de Lenín, había que mirar a Chile con ojos propios. Por ejemplo, qué podía significar en Chile la construcción de formas de poder alternativo, de poder popular, podían estas constituirse en corto plazo en poder revolucionario, capaz de transformar radicalmente la sociedad o requerían de un tiempo de desarrollo, maduración, ejercicio práctico más que de retórica revolucionaria. ¿Ese desarrollo no implicaba acaso defender al gobierno de Salvador Allende, por más reformista que fuere, mientras las fuerzas propias del campo popular no alcanzaban un mayor desarrollo? ¿Por qué el poder del pueblo, sus tradiciones, sus deseos de cambio, su sentido de soberanía se expresaron tan débilmente el día del golpe? ¿Quién se equivocaba, la izquierda, el pueblo, ambos?

3.- El voluntarismo inevitablemente conlleva autoritarismo. El MIR adoleció, a mi juicio, de una sobre determinación teórica, es decir,

del deseo de cambiar la realidad especialmente a partir de sus presupuestos teóricos. Pero, cuando la realidad sigue un camino distinto, sólo hay dos posibilidades: modificar esos presupuestos o insistir porfiadamente en la voluntad para producir el cambio. Me parece que el MIR en muchos momentos optó por este segundo camino, lo que inevitablemente lo llevaba a reforzar una cultura organizacional autoritaria (estilos, formas, valores, actitudes, etc.), que en el mediando plazo complotaron en contra de su propio desarrollo. Por ejemplo: frente a la amenaza y la práctica represiva, que costó la vida a tantos militantes, ¿no existía la posibilidad de evaluar con más realismo la fuerza del enemigo? ¿La revolución no puede retroceder en determinadas circunstancias?

Se podrían formular muchas más preguntas que apuntan, claro está, a desentrañar los por qué de la derrota de la revolución en Chile en los años 70, proceso en el cual el MIR fue un actor fundamental.

Me parece, y con esto termino, que no hay posibilidad de reconstruir la izquierda chilena, tan debilitada en los días de hoy, si no se responde a las muchas de estas preguntas, hasta ahora sin respuestas o con respuestas muy parciales. Es decir, la izquierda puede constituir la memoria en un culto al pasado de una revolución “que no fue”, pero también puede hacer de la memoria un ejercicio crítico que la ayude a ponerse de pie. Por ello, hay que hacer el inventario de las derrotas, hay que hacer todos los ejercicios necesarios de memoria, pero también la historia (la memoria puede ser auto complaciente). Sé que se trata de un ejercicio difícil, sobre todo para los viejos, no así para los jóvenes sin son capaces de pararse sobre nuestros hombros, para mirar más lejos y proponernos nuevas perspectivas de análisis.

Palabras de pedro naranjo s., coordinador del ceme, en la actividad de homenaje a miguel enríquez y de lanzamiento del libro “miguel enríquez y el proyecto revolucionario en chile”. realizado en santiago el 5 de octubre del 2004, en la sede libertad de la universalidad arcis, santiago de chile.

Recordando al Miguel del pueblo, el Miguel de todos.

Compañeras y compañeros

En nombre del Centro de Estudios “Miguel Enríquez”, saludamos la presencia de todos los presentes. Asimismo expresamos nuestro agradecimiento, a LOM y el “Comité 30 años” por organizar la presentación del libro “Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile”.

Esta actividad, es una de las tantas convocadas para recordar el aniversario 30 de la caída en combate de Miguel, y nos muestra el interés y convocatoria que despierta su figura. En ella también queremos recordar a todos los caídos en la larga lucha por la libertad y la justicia social de nuestro pueblo. Cientos de ellos nos acompañan con sus rostros de vida en este local.

Mi intervención de manera breve considerará y en ese orden tres cuestiones: el libro que se edita, el trabajo del CEME y la necesidad de historiar al MIR y, finalmente algunas ideas y homenaje a Miguel.

Sobre la presente edición

El contenido del libro lo inicia un trabajo que habla sobre la vida de Enríquez, integra antecedentes referenciales sobre su pensamiento y el desarrollo, posiciones y práctica política del MIR en ese periodo.

El resto lo constituye la selección de textos seleccionados, que persiguen dar una visión general del pensamiento de Miguel y de las políticas del MIR en el periodo. La mayoría corresponde a textos redactados por el máximo dirigente del MIR en forma de discursos, informes o declaraciones y están orientados para la acción política de su partido: denunciar y atacar a sus adversarios, dar la discusión ideológica con el resto de la izquierda o convocar al pueblo a la lucha. También, y para ampliar la visión política se incluyen unos pocos documentos generales del MIR de momentos de su trayectoria y, en cuya elaboración tuvo destacada participación Miguel.

La selección de los documentos del libro que presentamos, no fue tarea fácil para los que participamos en ella. Más aún, cuando el punto de partida del CEME era publicar parte importante de la documentación hasta hoy recuperada, del periodo 1965-1974, cuestión no viable por su extensión. Al final, de un universo inicial de mas de 900 páginas en más de 130 documentos, la presente selección recoge cerca de dos decenas que recorren el camino entre la fundación del MIR en agosto de 1965 hasta la caída de Miguel en octubre de 1974.

La documentación entregada, aunque significativa e importante, es insuficiente para comprender en todas sus aristas el ideario político y quehacer del MIR en el periodo.

Esperamos, a mediano plazo, poner a disposición de interesados más fuentes documentales, en forma escrita o vía internet en nuestro sitio definitivo que esperamos editar en los meses iniciales del próximo año.

Al entregar a público este trabajo, agradecemos a todos los que en distintos tiempos y lugares apoyaron nuestro trabajo. Asimismo, a LOM que recogió e hizo realidad la iniciativa de publicar este libro de homenaje.

Sobre el trabajo del CEME y la necesidad de historiar al MIR..

En nuestro país hay un importante déficit de estudios relativos al movimiento popular (social y político) del periodo 1960-1990. Pareciera que la represión, el oscurantismo, y censura de los tiempos del régimen militar, que nos derroto en muchos planos, aún nos mantiene aprisionados y no permite a los involucrados que aun son consecuentes con lo que hicieron, levantar sin permiso de nadie su voz y pensamiento para asumir lo hecho y lo que se pensó; reconocer y asumir nuestras experiencias con sus enseñanzas y lecciones.

No se puede aceptar pasivamente que la “historia oficial dominante” margine, haga desaparecer o tergiverse impunemente procesos sociales, hechos, situaciones, colectivos y personajes participantes en la sociedad chilena, por el solo hecho de no estar vinculados a los centros del poder dominante, haciendo que la experiencia popular se recoja fragmentariamente en la historia de Chile.

En el desarrollo del movimiento popular chileno (nos referimos a sus organizaciones sociales y políticas) hay una experiencia inmensa de luchas con momentos de triunfos y derrotas, de avances y retrocesos. De ellos, se evidencian muchos déficit de sistematización, enseñanzas no recogidas y responsabilidades no asumidas.

…………………………………….

El MIR, fundado en agosto 1965 fue una importante organización de la izquierda revolucionaria chilena y latinoamericana. A partir de su fundación se planteó el reto de levantar y construir para el país un proyecto histórico original que buscaba transformar radicalmente la realidad chilena de entonces. Sus comienzos no fueron fáciles en el proceso de poder unificar pensamientos y miembros procedentes de orgánicas diversas.

Las exigencias de la lucha de clases nacional, en especial el complejo y rico periodo de la historia nacional de 1970 a 1973, le planteo desafíos inéditos, no fáciles de resolver y en ellos tuvo aciertos y errores.

El triunfo de Salvador Allende en 1970 le obligo a una adecuación táctica profunda, y aunque visualizo el nuevo periodo abierto, la no comprensión inicial de todas las posibilidades que presentaba, le retraso el otorgar mayor importancia a la vinculación mas profunda con los diferentes movimientos sociales populares, para poder avanzar en la constitución de una fuerza social revolucionaria.

Aun, el papel y rol del MIR en las décadas pasadas, desde un punto de vista histórico es un problema no resuelto, permanece pendiente. Su experiencia es poco conocida, aunque de ella a veces se habla, de forma bastante deformada o interesada.

No existen trabajos históricos sistematizados que permita apreciar y analizar la participación mirista en períodos importantes de la lucha de clases del pueblo chileno. El acceso a documentación no es fácil a consecuencia del sistemático e intenso proceso de destrucción ideológico, político, humano, orgánico, documental y de experiencias del conjunto del movimiento popular y del mirismo en particular que realizo durante la dictadura militar. Agréguese la política de omisión y silenciamiento histórico de los sectores nacionales dominantes en la actualidad.

Por otro lado, el proceso de crisis política, ideológica y orgánica progresivo que afectó internamente al MIR desde mediados de la década de 1980, como consecuencia de problemas ideológicos y políticos no resueltos, significó no solo perdida de fuerza e influencia social y política, sino la división y posterior desaparecimiento orgánico del tronco mirista.

………………………

El hecho de conocer y haber participado mucho tiempo en la experiencia mirista motiva desde hace un tiempo, el interés de un pequeño colectivo para contribuir sin plazos fijos al trabajo de recuperación de la historia y experiencia del MIR, que con posterioridad hemos ampliado de forma parcial al conjunto del movimiento popular chileno.

El CEME trabaja para recoger los planteamientos y experiencias del conjunto del mirismo a lo largo de los distintos periodos de su historia. Nuestra idea de trabajo no se identifica o depende de ningún grupo u orgánica mirista pasada o presente. Reconocemos y asumimos las diferencias que existieron y las que se manifiestan hoy.

A todas esas expresiones y visiones llamamos ayer, y les llamamos hoy y hacia el futuro a participar en esta tarea que reclama un esfuerzo sostenido, urgente y permanente.

Y, aunque la historia pasada de todas las organizaciones populares está abierta al estudio de todos los interesados, hoy es una exigencia política y ética, para los propios protagonistas, los miristas sobrevivientes, asumir sus experiencias pasadas (en sus definiciones y hechos, en los aportes y sus errores) a fin de contribuir al conocimiento del trayecto histórico del movimiento popular chileno.

Es importante no solo reconocer nuestra historia, sino asumir por lo que se lucho, no solo como un mero ejercicio recordatorio o nostálgico, sino como una revisión critica de nuestras propuestas y quehacer, para entregarlo a nuestro pueblo y a las generaciones presentes y futuras que con justeza lo reclaman.

Es la forma de evidenciar nuestra gratitud con nuestro pueblo que nos otorgo confianza y reconocimiento.

Es la forma de rendir homenaje y valorar el quehacer y consecuencia de nuestros compañeros y compañeras de ruta que entregaron su vida para hacer realidad lo que sustentaron.

Es la forma concreta con que exdirigentes y militantes asumen sus responsabilidades.

Será una forma de contribuir a contrarrestar parcialmente los olvidos conscientes y tergiversaciones que entrega la historia oficial de las clases dominantes,

Es la forma de ayudar a reconocer en la historia de Chile las experiencias populares.

Es la forma de hacer valer el hecho de que el movimiento popular y sus expresiones sociales y políticas han sido importantes, permanentes, y en momentos decisivos protagonistas históricos en la sociedad chilena, por su rol, quehacer y luchas.

Recuperar la experiencia del MIR,es parte del proceso para recoger la historia político social del conjunto del movimiento popular chileno, su cultura, identidad, combates y protagonistas, en su lucha por lograr un mundo mejor, sin injusticias, con bienestar, sin explotados y libre de explotadores.

Pero también nos plantea la necesidad de enjuiciar el rol histórico de la organización, de sus instancias colectivas, de sus dirigentes, incluido Miguel y precisar los aciertos y los errores en que incurrió.

Aunque el pasado no se puede reproducir o copiar mecánicamente, de sus experiencias es importante extraer lecciones y enseñanzas posibles de considerar útilmente en los momentos presente y futuro de la lucha popular.

El CEME invita a los protagonistas a tomar la palabra, a reconocer y asumir su pasado, decir nuestra verdad. Entregar documentación, información y la visión personal de los sucesos acontecidos en diversos momentos y lugares de nuestro país, de acuerdo al sentido, percepción y valor que cada uno da a las vivencias que protagonizó.

El homenaje a Miguel Enríquez.

Compañeras y compañeros

Hoy día, arribamos al 30 aniversario de la muerte en combate de Miguel Enríquez, fundador y Secretario General del MIR.

A todos los caídos y a Miguel, entregamos nuestro homenaje. Lo hacemos al combatiente revolucionario que dedicó y entregó su vida a la lucha de nuestro pueblo por su liberación, que hizo grandes esfuerzos, al igual que los miembros de la organización que el dirigió, para ganarse con sus propuestas originales, ejemplo personal y su gran capacidad de conductor, un lugar permanente en los sectores consecuentes de nuestro pueblo.

Es el homenaje al joven y maduro dirigente, que en momentos muy complejos que atravesó nuestro país, pudo junto a los que le acompañaron, resolver y orientar importantes problemas teóricos y prácticos que planteaba la lucha revolucionaria de entonces.

La trayectoria y quehacer de Miguel Enríquez. está entrelazado con el proceso de construcción y desarrollo político del MIR, hasta octubre de 1974, en que su vida es tronchada a los 30 años cuando sus concepciones no alcanzaban un pleno desarrollo, y quedaron solo esbozadas en sus líneas generales.

Miguel vive, trabaja, lucha y piensa, y los puntos de partida de su pensamiento se sitúan, en parte de las décadas de 1960 y comienzos de 1970. Está influido y exigido para dar respuesta y orientar un actuar consciente a los acontecimientos e ideas de la realidad chilena en aquella época que gesto inéditos desafíos expresados en diversas e importantes experiencias sociales y políticas.

……….

Miguel Enríquez, fue la figura más destacada de una nueva generación de revolucionarios surgida en Chile en el curso de la década de 1960. Eran momentos, que en diversos países del continente latinoamericano se enfrentaba al dominio y explotación del imperialismo norteamericano y de las burguesías nacionales, con métodos de lucha ofensivos por parte de nacientes destacamentos revolucionarios.

El impacto de de la primera revolución socialista de América, la revolución cubana, junto a diversos e importantes factores sociopolíticos de la realidad chilena, influyeron en a la constitución del MIR, en momentos en que el movimiento popular chileno hacía frente a la profunda crisis económica, social y política que agudizaba en el país los enfrentamientos entre las clases sociales.

En ese momento, Miguel junto a otros compañeros expreso con mucha visión, capacidad y convicción, nuevas concepciones, propuestas políticas y métodos de lucha, para superar las concepciones programáticas, estratégicas y tácticas que proponían las fuerzas políticas tradicionales de la izquierda chilena, durante las últimas décadas.

Miguel y la organización que dirigió desde 1967, paso a expresar, un proyecto de rebeldía y lucha total contra las formas de dominación de entonces. Pero esta rebeldía no era ambigua, tenía claros objetivos, intentaba realizar en forma práctica una revolución social contra el sistema capitalista y en ello el compromiso era hasta sus últimas consecuencias.

Se luchó para conquistar el poder por parte de los sectores explotados y desde ese poder avanzar hacia la liberación humana.

Durante el gobierno del presidente Allende, la voz de Miguel Enríquez expresó con fuerza y claridad el pensamiento del partido que dirigía:

Conquistar el poder para los trabajadores a partir del ascenso de la izquierda al Gobierno y a través de la movilización de masas. Combatir implacablemente al imperialismo, a los dueños de las grandes fábricas y los fundos. Hacer de la tierra y de las fábricas, propiedad de todo el pueblo.

Planteó insistentemente al pueblo que las clases dominantes se oponían al avance de los trabajadores y se preparaban para derrocar al gobierno, reprimir al pueblo y provocar un enfrentamiento. Y, en respuesta a ello había que preparar al pueblo para resistir en todos los planos.

Señalaba la necesidad de aumentar las fuerzas del pueblo a través de la movilización combativa de los trabajadores, de los pobres del campo y la ciudad por sus reivindicaciones y derechos, contra sus patrones y a través de todas las formas de lucha que permitiera combatir mejor al enemigo de clase. Todo esto como única forma de elevar la conciencia y el nivel de organización de los trabajadores, poder ganar fuerzas, y golpear al enemigo para avanzar hacia la conquista del poder y el socialismo.

Ante un proceso político original que fue difícil, y contradictorio, se trataba para él y los revolucionarios de empujar hacia adelante, de hacer avanzar con más fuerza que nunca a los trabajadores. Rompiendo todas las trabas que impidieran su avance, modificándolas o destruyéndolas, según la fuerza acumulada.

Se hizo esfuerzos para incorporar y movilizar a las masas y golpear el aparato de estado y los patrones, entendiéndolo como única garantía para asegurar un camino revolucionario. Se llamó e impulsó la constitución de formas de poder local autónomas del estado, los Comandos Comunales de Trabajadores con amplia participación de los sectores sociales existentes en ese territorio.

Se levantó una línea política independiente, dando un apoyo crítico al gobierno de la Unidad Popular. Realizo esfuerzos para lograr la unidad de la izquierda. Nos comprometimos con el resultado del proceso y su derrota en 1973 golpeo y afecto profundamente al MIR y a todos los partidos populares.

El MIR y Miguel, levantaron en lo internacional una línea de independencia. Se criticó y rechazó los modelos burocráticos de construcción del socialismo en los países del entonces llamado “campo socialista”. Pero junto con levantar un proyecto nacional, tenia la visión estratégica del carácter continental de la revolución latinoamericana y la necesidad de los revolucionarios de coordinar sus luchas, para lo cual fue un importante gestor e impulsor en la constitución de la Junta de Coordinación Revolucionaria con participación del MIR y organizaciones de Argentina, Bolivia y Uruguay.

Miguel y sus compañeros no tenía más enemigos, que los enemigos del pueblo, éstos eran, el imperialismo norteamericano, los dueños de los fundos, los dueños de las grandes fábricas, los partidos políticos que defendían los intereses de los poseedores del poder y la riqueza, el Partido Nacional y el Partido Demócrata Cristiano. Su vida la entrego a combatirlos en todos los planos y en todas las formas.

Vivió para defender los intereses de los obreros, los campesinos, los pobladores, el pueblo trabajador los estudiantes y los soldados democráticos.

…………

Miguel reunía, características de hombre de acción y pensador. Realizo a plenitud una relación estrecha entre teoría y práctica. En él vida y pensamiento eran absolutamente concordantes. De gran consecuencia entre lo que decía y lo que hacía.

Le imprimió un particular sello a la lucha por ganar para las posiciones revolucionarias la conducción del movimiento de masas y este impulsara una táctica y estrategia política independiente tras el objetivo de conquistar un real gobierno de trabajadores en la perspectiva de avanzar a un auténtico poder proletario.

Inmensos fueron sus esfuerzos propios y los colectivos para lograr constituir el MIR, en el curso de la crisis del sistema de dominación burguesa en Chile en un partido que fuera vanguardia revolucionaria de la clase obrera, antes que la burguesía chilena resolviera sus diferencias y se uniera para desencadenar la contraofensiva reaccionaria. Errores de apreciación política trajeron como consecuencia retrasos irrecuperables que afectaron el desarrollo posterior del MIR.

En los difíciles momentos con posterioridad al golpe militar, en medio de una intensa persecución y accionar represivo, participó en la definición de políticas dirigió la reorganización del MIR y encabezó la lucha de resistencia popular contra la dictadura y sus aliados.

En esos momentos de repliegue de toda la izquierda, permaneció en Chile, se opuso tenazmente a dejar el país tanto él como miembros de su partido, por considerarlo una renuncia a su papel histórico junto a su pueblo. Su prestigio entre las masas y el pueblo era inmenso. Tenía el convencimiento que el derrocamiento de la dictadura militar solo sería posible al lograr una amplia alianza antidictatorial e impulsando una combinación muy variada de formas de lucha.

…………..

Su vida la entrego completamente a la lucha por los intereses de los trabajadores y todos los explotados de nuestra patria, tras el objetivo de alcanzar una sociedad diferente, libre de explotación, que tuviera como cimientos la justicia social y una verdadera democracia, donde el pueblo asuma un rol activo y protagónico para decidir su futuro.

Miguel nos dejó su pensamiento político y ejemplo de consecuencia, también nos lega su tenacidad incansable de más de una década, en que intenta construir paso a paso un partido revolucionario. Más aprendamos de Miguel y digamos que si alguien hoy quiere construir un partido revolucionario con una política revolucionaria tiene que construirlo no como una reconstrucción de algo que fue sino con las características apropiadas a la nueva situación de la sociedad.

Para eso puede servir, no solamente el ejemplo moral de Enríquez y sus camaradas, sino también su ejemplo intelectual y práctico. Pues precisamente el dio un ejemplo de cómo adecuarse a unas características concretas, a un periodo concreto, una teoría que en sus manos no era la simple reproducción o la simple repetición de una fraseología añeja, sino un intento por crear algo nuevo a partir y sobre la base de construcciones y adquisiciones teóricas anteriores. Ese ejemplo, esa rigurosidad conceptual, ese valor intelectual es tan alto como el ejemplo moral y el valor moral que nos dejó.

Compañeras y compañeras

Hoy 5 de octubre, desde este lugar histórico del movimiento obrero chileno, la ex Fundición Libertad de Santiago.

Junto con rendir homenaje al Miguel del pueblo, al Miguel de todos,

recordamos a todos nuestros héroes y mártires, mujeres, hombres y jóvenes que cayeron en distintas épocas luchando por la libertad i emancipación de nuestro pueblo.

Pero tampoco olvidamos y también saludamos a todos los que firmemente lucharon y están vivos.

Todos son parte de nuestra historia.

¡SOLO LA LUCHA NOS HARA LIBRES¡

Consenso y Disenso en la Memoria Histórica y en las Actitudes Hacia la Reparación en Tres Generaciones de Chilenos

Psykhe vol.22 no.2 Santiago nov. 2013

http://dx.doi.org/10.7764/psykhe.22.2.601

PSYKHE 2013, Vol. 22, 2, 33-47

Consenso y Disenso en la Memoria Histórica y en las Actitudes Hacia la Reparación en Tres Generaciones de Chilenos

Consensus and Dissent in Historical Memory and in Attitudes Toward Reparation in Three Generations of Chileans

Héctor Carvacho*, Jorge Manzi**, Andrés Haye**, Roberto González**, Marcela Cornejo**

*Universität Bielefeld

**Pontificia Universidad Católica de Chile


En 2 estudios correlacionales, con muestras basadas en cuotas de nivel socioeconómico, edad y género (N1 = 996 y N2 = 841), en Santiago de Chile se evaluaron 2 hipótesis: (a) chilenos que se socializaron políticamente en diferentes épocas (previa, durante y posterior a la dictadura) y que tienen diferente orientación política (izquierda, centro o derecha) manifiestan consenso en su memoria histórica, pero disenso en su valoración de las políticas de reparación hacia víctimas de la dictadura y (b) las actitudes ideológicas (autoritarismo, apoyo a la democracia y orientación a la dominancia social) explican las diferencias en la valoración de las políticas de reparación.

El análisis de una pregunta abierta muestra consenso intergeneracional y entre grupos políticos en que el golpe de Estado de 1973 y la transición a la democracia son los elementos centrales de la historia política chilena. Usando un modelo de ecuaciones estructurales, se encontró que los grupos políticos disienten en su valoración de las políticas de reparación (la izquierda tiene actitudes más positivas), en función de las actitudes ideológicas que subyacen a la orientación política.

Palabras clave: generaciones, memoria histórica, socialización política, orientación política, actitudes ideológicas

http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22282013000200004&lng=es&nrm=iso&tlng=es

Discusión

Este artículo aborda el problema del impacto de la dictadura en la conformación de la memoria histórica y en las actitudes hacia las políticas de reparación hacia las víctimas. Abordar este problema adquiere particular importancia al cumplirse 40 años del golpe de Estado de 1973 en Chile. Fechas conmemorativas especiales reactivan las emociones y actitudes que subyacen a los conflictos y llevan a las sociedades a discutir el tema en el contexto de una mirada de futuro que contrapone olvido y memoria (Jelin, 2001). Además, todavía permanecen abiertas múltiples preguntas sobre los procesos de memoria y olvido colectivo. ¿Aumenta el consenso con el paso del tiempo? ¿Aparecen nuevos ámbitos de disenso conectados al pasado traumático? Este artículo buscó dar algunas pistas en esta discusión abierta.

En el contexto de un amplio estudio sobre la cultura política de los chilenos (ver Haye et al., 2009), se llevaron a cabo dos estudios que mostraron que, por un lado, existen visiones consensuales entre generaciones y orientaciones políticas con respecto a la centralidad del golpe de Estado y la transición a la democracia para la construcción de la memoria histórica en Chile. Por otro lado, existe disenso entre orientaciones políticas (izquierda-derecha) con respecto a las actitudes hacia las políticas de reparación hacia las víctimas de la dictadura, siendo las personas de izquierda quienes más apoyan estas políticas. A la diferencia en orientación política subyacen actitudes ideológicas como autoritarismo, orientación a la dominancia social y apoyo a la democracia, que a su vez predicen directa e indirectamente el apoyo a las políticas de reparación. Vale decir, el disenso en las políticas de reparación se explica sustantivamente en función de las actitudes ideológicas. Es importante mencionar que la existencia de un efecto directo de la configuración ideológica, que no es mediado por la orientación política, indica que hay participantes que, a pesar de presentar un patrón de respuestas consistente en términos ideológicos que predice las actitudes hacia la reparación en la forma esperada, no expresan su ideología a través de la auto-identificación en el eje izquierda-derecha. Para aclarar en qué consiste el efecto directo se requieren nuevos estudios que incorporen mediadores adicionales, tales como victimización competitiva (Noor, Shnabel, Halabi & Nadler, 2012) o emociones (González et al., en este número).

Los resultados de estos estudios expanden la investigación previa sobre las diferencias entre las generaciones en la memoria (e.g., Guichard & Henríquez, 2011; Manzi et al., 2003), al mostrar en un contexto socio-histórico distinto que el consenso en torno a las relevancia del golpe de Estado y la dictadura es transgeneracional. A su vez, ofrecen evidencia clara de que las actitudes ideológicas que subyacen a la diferenciación entre izquierda y derecha explican también el disenso en las actitudes hacia la reparación, lo cual es un hallazgo novedoso, que expande tanto la investigación sobre actitudes hacia la reparación (Lira & Morales, 2005; Morales & Cornejo, 2013) como la investigación sobre las consecuencias de las actitudes ideológicas (e.g., Cárdenas, Meza, Lagues & Yañez, 2010; Carvacho, 2010; Cohrs, Kämpfe-Hargrave & Riemann, 2012; Ho et al., 2012).

Es importante también discutir algunas limitaciones del estudio. La primera y más evidente es que la recolección de los datos fue llevada a cabo en los años 2005 y 2006, justamente antes de que se iniciara un evento político post dictadura de tremenda importancia en Chile, a saber, las protestas estudiantiles que adquirieron impacto nacional, primero en 2006, protagonizadas principalmente por estudiantes secundarios, y luego en 2011, incorporando estudiantes secundarios y universitarios con al apoyo de otros actores sociales. Al momento de diseñar el estudio, pensamos que el marcador generacional de la generación joven del estudio sería la elección presidencial del año 2005, donde resultó electa la presidenta Bachelet. Sin embargo, la aparición del movimiento estudiantil convirtió al grupo más joven de nuestro estudio en una especie de cohorte entre generaciones, pues la nueva generación política parece ser un par de años más joven.

Una segunda limitación se relaciona con la pregunta del Estudio 1. No podemos garantizar que todos los participantes entendieron la pregunta de la misma forma. No es claro qué entendieron algunos por historia política nacional, lo que se refleja en la mención de hechos evidentemente no políticos (por ejemplo, eventos deportivos). Además, los registros de los encuestadores pueden ser imprecisos, pues no contaron con soporte tecnológico que permitiera asegurar la calidad del registro. Las notas de los encuestadores, a pesar de haber sido capacitados para hacerlo de forma estándar, difieren en su nivel de detalle. Por esta razón, el análisis se enfocó en dos categorizaciones que subsanan el problema de la precisión de los registros (basadas en años y épocas). En el futuro se podrían complementar estos estudios con otros que permitan un mejor registro y preguntas adicionales, de modo de establecer estrategias de análisis que capturen otras facetas de la memoria histórica.

Una tercera limitación es que en este estudio no diferenciamos entre víctimas y no víctimas de la dictadura. Esto es relevante, pues investigaciones previas han mostrado diferencias importantes entre estos dos grupos, en términos de sus emociones y su actitud hacia el perdón y la reparación (Cárdenas, Ascorra, San Martín, Rodríguez & Páez, 2013; Cárdenas, Páez et al., 2013).

La última limitación es de orden metodológico. A pesar de estar incluido en una investigación de carácter longitudinal, el Estudio 2 utiliza datos transversales y correlacionales para presentar un modelo de mediación con supuestos sobre causalidad en la relación entre las variables. Estos supuestos están basados en la evidencia disponible en la literatura, pero, dado que el modelo presentado es novedoso y original, no han sido evaluados específicamente. Esto se podría resolver utilizando datos longitudinales y modelos que controlen los efectos auto-regresivos.

Finalmente, retomamos las preguntas presentadas al inicio del texto: ¿Qué tan profundo es el impacto de los eventos políticos más importantes de la historia en la cultura política de un país? ¿Es posible hablar de generaciones que son definidas por su experiencia compartida en torno a uno de estos eventos? Este artículo provee evidencia sobre la existencia de una cultura política transgeneracional, en la que el pasado histórico traumático del golpe de Estado y la dictadura sigue constituyendo un campo de diferenciación ideológica fundamental. Esto puede mostrar que en culturas políticas marcadas por altos grados de ideologización, como ha sido la chilena, se pueden producir transmisiones intergeneracionales que en la práctica atenúen o anulen las diferencias generacionales.


“No quiero que el tiempo pase y la muerte los silencie. ..” Internacionalistas chilenos.

MISIÓN INTERNACIONALISTA. DE UNA POBLACIÓN CHILENA A LA REVOLUCIÓN SANDINISTA. JOSÉ MIGUEL CARRERA CARMONA

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“No se conoce en Chile la historia de los internacionalistas.Ya han transcurrido más de treinta años de esa gesta heroica y quiero contribuir modestamente a la memoria histórica del pueblo chileno como una muestra de respeto y admiración a mis compañeros, a los que entregaron su vida en el cumplimiento de nuestros sueños y a los que siguen vivos y orgullosos de su pasado.
No quiero que el tiempo pase y la muerte los silencie. Ese es mi único propósito.” José M. Carrera

Esta mañana de febrero,con aire de vacaciones de otros, comencé a leer este libro de José Miguel.

Tanto leer historias, relatos, testimonios, poemas contingentes, cuentos combativos,música que comprometa su pensar y ver en el cable cine testimonial memorioso de otros continentes,y de países hermanos- de por acá muy de repente la telenovela contingente- como que una se  siente a veces con el alma embotada, con la memoria impregnada y ya casi,casi,por defensa personal, no hace eco.

Y un día cualquiera  una se tropieza con las palabras del antiguo “ayudista”, del hoy mercader del Templo,manejador de técnicas sociológicas y de psicología social con las que maneja bellos y nobles términos que transforma en epítetos deshonrosos con fines más que transparentes. 1.

Lo que leo hoy al vuelo, con renovado interés, es la antítesis de lo señalado anteriormente. Es la dignidad y la honestidad de un protagonista de una historia compartida, segmentada por imperativos de una contingencia extendida por décadas que solo dio voz a los espúreos y a los traidores.

José Miguel Carrera, de ilustre nombre y memoria larga, relata experiencias desconocidas para casi todo chileno , salvo para quienes vivieron la gesta de luchar, como militares chilenos formados en Cuba, en una revolución  triunfante, como lo fue la Sandinista.

Las palabras “compañero”, “combatiente”,”comandante” tienen en este relato el contenido valórico que nos interpreta y convoca y que hace de nuestra memoria colectiva , esa que comparten los que tienen la dignidad de luchar por sus principios,  una fuente de orgullo y dignidad.

El joven que dejó su población, su familia,su país para partir a Cuba a estudiar medicina, en el primer grupo de becados en 1972, que solo volvió diecisiete años después, clandestino, oficial de ejército,que rompió los sueños maternos,que recibió el reconocimiento del gobierno nicaragüense,y que hoy comparte su historia y la de los jóvenes de su generación,abre una puerta al conocimiento de una etapa de nuestra historia aún invisible .

1.- Fernando Villegas..http://blog.latercera.com/blog/fvillegas/entry/sabe_a_jab%C3%B3n_pero_es

Apoyamos la autogestión de trabajos de memoria e historia reciente

Comparta su Historia de Vida. La Memoria nos hermana. Exilio en Mozambique

HIJXS . VOCES

Personas que estuvimos en Mozambique escribimos testimonios de ese periplo, y se plasmó en un libro que se lanzó en noviembre en el ex congreso, lamentablemente hubo poca participación y fue muy poca gente que trabaja en la “memoria”, pero fue mucha gente que quiso estar y tener segun dicen esos históricos testimonios esta fue la invitación donde sale información, quien necesite un libro me lo pide lo tiene un compañero a cargo de la distribución

Mari Cris, en Red Solidaria Casa de Miguel

https://www.facebook.com/groups/casademiguel/10151948927743616/?notif_t=group_comment

Paulina Manríquez | Mozambique

Paulina-Manriquez

¿CUÁLES SON LAS PRIMERAS IMPRESIONES DE SU LLEGADA AL NUEVO PAÍS?

DE LA VILLA FREI, ÑUÑOA  A  MAPUTO, MOZAMBIQUE.

Iniciado los años 80’, durante la crisis económica de Chile y luego del periodo de terror vivido en los 70’, mis padres junto a sus…

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Revista on line Licentiare. Un espacio para publicar .OPINIÓN ENSAYO TESIS

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Cuando la revolución parecía esperar a la vuelta de la esquina… Eugenia Palieraki.2008

La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile Polis, 19 | 2008 Eugenia Palieraki Cuando la revolución parecía esperar a la vuelta de la esquina, el dilema entre vía armada y vía electoral se planteaba en todas las organizaciones con mayor o menor intensidad y persistencia. La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (1965-1970) Introducción 1 Chile se ha jactado permanentemente de ser un país de orden y con una larga tradición democrática y republicana*; un país donde la búsqueda de consensos ha sido por largo tiempo -y sigue aún considerándose- como la fuerza motriz de su historia. Si esto corresponde a una verdad histórica o a una construcción –fundada tanto a partir de los trabajos de politólogos extranjeros como de los mitos de la historiografía nacional- lo cierto es que este imaginario nacional sigue vigente hoy. 2 No obstante, en los últimos años la historiografía chilena muestra un claro interés por sujetos complejos y polémicos. Prueba de ello es la atracción que suscita en las jóvenes generaciones de historiadores, los periodos “problemáticos” de la historia reciente – en especial el gobierno de la Unidad Popular (UP) y en menor medida el conjunto de los años sesenta-. Sin embargo, este retorno no ha significado necesariamente la emergencia de un verdadero debate y las lecturas que se realizan de este periodo están –muchas veces- sometidas a consideraciones ideológicas o políticas. 3 La reflexión histórica sobre los largos años sesenta (1960-1973) se vuelve mucho más ardua a medida que se enfoca sobre aspectos más polémicos. Y he aquí uno de ellos: el rol político de la nueva izquierda revolucionaria1, nacida a mediados de los años sesenta y cuya presencia en la escena política influenció fuertemente el curso de los acontecimientos durante la Unidad Popular. Esta izquierda frecuentemente es identificada con el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), pero en los años sesenta y setenta estaba compuesta de numerosos grupos pequeños. La mayoría gravitaban alrededor del MIR, escindiéndose de él para a veces, volver a integrarse2. Nuestro artículo se focalizará sobre el MIR y la problemática de la violencia política3, que fue central en su historia. Estudiaremos el discurso que tuvo el MIR sobre este punto durante el período 1965-1970, construido tanto en los escritos teóricos como en los discursos de sus dirigentes, así como el lugar y el rol que ocupó la violencia en la práctica política del MIR. La articulación entre prácticas políticas y representaciones estará en el centro de nuestra atención. El camino tortuoso hacia una historia de la “izquierda revolucionaria” 4 En la bibliografía chilena, la izquierda revolucionaria y la violencia política son dos temas que a menudo se entrecruzan. Relacionado con el primer tema, es necesario constatar que la calidad no siempre abunda. En el caso del MIR, estamos obligados a navegar entre una historia militante –seguramente necesaria, pero que plantea numerosos problemas-, los estudios periodísticos, y la más infinita desigualdad de artículos y referencias en las revistas y la bibliografía general. 5 Las obras de historia militante, además de su deseo de excluir al no-militante, plantean igualmente graves problemas, fundamentalmente en lo que concierne la plena comprensión del objeto de estudio. El militante, teniendo por definición un apego particular hacia su propio partido, ve su grupo político en tanto depositario de la verdad, pero también como radicalmente diferente de los otros grupos políticos. Los estudios sobre la izquierda han tendido a menudo a separar el partido estudiado del contexto en el cual éste realizaba su acción política. De esta manera, la izquierda ha terminado por entregar retrospectivamente su rol marginal y extranjero al campo político, puesto que parecía no recibir ni generar influencias sobre los otros partidos y movimientos. Para no mencionar el tratamiento aun más problemático de temas sensibles, tales como el de las relaciones con las organizaciones internacionales, o el apoyo a la lucha armada, a los cuales raramente estos estudios se refieren. A propósito de la violencia política, durante las cuatro últimas décadas las ciencias sociales, tanto en Europa como en América Latina, han realizado un trabajo sistemático de estudio y de conceptualización. Chile parece haber escapado, salvo excepciones4, a esta ola de “violentología” que ha invadido a otros países del sub-continente –Colombia es un caso ejemplar. La falta de estudios sobre la violencia política en Chile ha impedido que ella sea objeto de un debate nacional5, incluso cuando no está menos presente en la historia chilena que en la de otros países del continente. No obstante, a partir de las pocas obras que tratan el tema,cuatro principales interpretaciones se destacan. Es necesario señalar aquí que a menudo están vinculadas a una posición política. La primera consiste en negar prácticamente la existencia de la violencia política: los “extremistas” (de izquierda, evidentemente) serían asimilados a los criminales, a los delincuentes comunes. Esta interpretación, defendida en el terreno de las ciencias políticas y de la sociología por Talcott Parsons, ha hecho su aparición en Chile sobre todo a través de los medios de comunicación de centro y de derecha y ello a partir de finales de los años 1960. La segunda interpretación ve en la utilización de la violencia política en Chile,una imitación de modelos extranjeros –de la Revolución cubana y de la guerrilla guevarista,en este caso. Curiosamente, ella fue concebida y defendida con fervor por los intelectuales del PCCH, en los años 1960 y 1970 y retomada por los intelectuales ligados a la dictadura de Pinochet. Para los defensores de esta teoría, la violencia política era extranjera a las costumbres nacionales y su adopción no podía ser sino una influencia maléfica de otros países, deseosos de entrometerse en los asuntos nacionales. La tercera interpretación, a menudo vinculada a la anterior, atribuye la violencia política a los extremos: ya sea de aparición simultanea en los dos extremos y que se retro-alimenta, o bien como la violencia de la extrema derecha en tanto respuesta a la violencia de extrema izquierda (la encontramos en los escritos y la prensa del PCCH y de la Democracia Cristiana). Se trata de una versión chilena de la “teoría de los dos demonios”6. Ésta es la mas difícil de tratar, puesto que es la más repetida y la que se ajusta mejor a la versión nacional de una “historia de consenso”. En una interpretación donde los dos extremos se juntan, esta ultraizquierda extremista –que por su radicalismo es vista como extranjera a la historia y al temperamento chileno- es presentada a la vez como colaboradora de la extrema derecha, agente de Fidel Castro, el movimiento menos significativo de la izquierda chilena, y al mismo tiempo principal responsable de la crisis de los años 70-73 y de la caída de Allende7. En un registro completamente diferente, la cuarta interpretación encarna la violenciapolítica a través de dos actores que se oponen sin tregua desde el alba de los tiempos: el Estado, por una parte, y por otra los Dominados; la violencia de las clases dominantes contrala del bajo Pueblo. Esta interpretación concibe la violencia como una constante de la historia chilena, ocultando toda dimensión temporal. En este marco interpretativo, la violencia del MIR llega a ser la traducción de la violencia popular; y la represión después del Golpe de Estado la repetición del ciclo violencia popular-violencia del Estado. Teniendo el mérito deintegrar al actor-Estado en el debate sobre la violencia, esta interpretación es a pesar de todo algo esquemática. 7 De estas interpretaciones de la violencia política de los años 1960 podemos sacar nuestras primeras conclusiones. En primer lugar, la izquierda revolucionaria es a menudo considerada como actor principal de la violencia política de los años 1960-1970. En segundo lugar, las otras corrientes políticas son raras veces tomadas en cuenta y el Estado menos aún. En tercer lugar, las conclusiones son más dictadas por los fines ideológicos que por un estudio histórico basado en las fuentes. Por último, la violencia política es imaginada como una táctica propia de ciertos movimientos o partidos políticos, una práctica innata, sin que las razones que hayan conducido a su adopción y el rol especifico que cumple sean examinados. 8 Ahora bien, hacer la historia del recuso –en el discurso o en la acción- de una organización política a la violencia no es una tarea fácil, a causa de la complejidad del fenómeno. El discurso que legitima la violencia se forja siempre paso a paso. Por otra parte, dicho discurso no es necesariamente coherente ni unívoco. Además, cumple numerosas funciones: legitima en el plano interno las prácticas violentas, las justifica socialmente y los argumentos se adaptan cada vez a las necesidades del momento. Los usos de la violencia pueden igualmente variar,diferenciarse en relación al discurso que les precede y en general encontrar su justificación y lógica, una vez los hechos consumados. Cuando el historiador se acerca a este tema candente,debe considerar el elemento pasional (la fascinación por la violencia). Y debe sobre todo incluir en su esquema interpretativo la incertidumbre que caracteriza la toma de decisiones en política. Numerosas tendencias convergen a cada momento y producen un acontecimiento cuyas consecuencias los actores no conocen con antelación. Ahora bien, el problema para el historiador se plantea así: ¿Cómo hacer para construir a la vez una interpretación de los hechos coherente y tomar en cuenta las incertidumbres y las incoherencias del momento estudiado? 9 Proponemos aquí examinar la relación que mantiene la nueva izquierda revolucionaria chilena con la violencia política a partir de los ejes de reflexión siguientes. Primero, tomando en cuenta el contexto intelectual, ideológico y político que permite a cada momento la legitimación de la violencia en tanto instrumento para hacer política. Enseguida, estudiando la violencia revolucionaria en tanto discurso: los debates sobre la táctica y la estrategia, respecto a los límites de la utilización de la violencia, sobre las referencias históricas y los modelos para cada táctica adoptada. Luego, la utilización de la violencia en tanto elemento regulador de las tensiones internas al movimiento, pero también en tanto creador de divisiones internas a largo plazo8. Por último, a través de la visión del Estado, sobre todo la que la policía y luego el poder judicial tienen de estos grupos; como legitimación de la represión, represión basada en el postulado de que la violencia es incompatible con la política. Este último punto será solamente esbozado. La apología de la violencia: la violencia discursiva en su contexto histórico 10 Una cuestión siempre vigente hoy en día es saber si la violencia puede ser un medio legítimo para hacer política9. Trátese del debate actual, o de aquél de los años 1960, que es objeto de este artículo, siempre es necesario comenzar por reubicarlo en su contexto histórico. Tratar de comprender a través de qué procesos la violencia política se convirtió (o no) en opción principal a fin de provocar cambios sociales y políticos. No hay que confundir, sin embargo, la contextualización que intentamos hacer aquí con la apología de la violencia. 11 En lo que concierne a los años 1960 chilenos, afirmar que la vía armada hacia la toma del poder era un asunto de los extremos, es desconocer las verdaderas dimensiones que este debate tenía en ese momento. Cuando la revolución parecía esperar a la vuelta de la esquina, el dilema entre vía armada y vía electoral se planteaba en todas las organizaciones con mayor o menor intensidad y persistencia. 12 Todo esto se expresaba en el marco de la violencia “discursiva”10. Porque si miramos la violencia política más cotidiana, podemos constatar que a partir del gobierno de Eduardo Frei (1964-1970), la violencia política invadió las calles de las grandes ciudades chilenas,pero también el campo. Y en ningún partido, ni organización política, de izquierda como de derecha, estuvo ausente. Afirmar que el recurso sistemático a la violencia ha sido consecuencia de los discursos y los llamados a las armas de los movimientos políticos más radicalizados,es reconocerles una incidencia tal sobre la sociedad chilena y sobre la opinión pública que incluso ellos mismos no osarían asumir. No podemos más que constatar la existencia de un proceso generalizado de politización y radicalización de la sociedad civil en el que todos los partidos u organizaciones políticas han contribuido. No obstante, aquellos que la reivindican públicamente y la convierten en su estandarte, son mucho menos numerosos. 13 Volvamos ahora al contexto en donde la “vía armada” se volvió, en vista de la conquista del poder, la única o la principal opción de la nueva izquierda revolucionaria. La arqueología de una justificación y adopción discursiva de la violencia no es evidente y amerita un estudio más detallado. La toma del poder por las armas estaba regularmente propuesta en el seno de la izquierda desde finales del siglo XIX. Por último, en los años 1950, no eran los partidos políticos sino sobre todo la CUT (Central Única de Trabajadores) que lanzaba el llamado a las armas. Ahora bien, en los años 1960, un viraje se produce en el debate sobre el uso de la violencia política. Primero, este último es mucho más generalizado y no se limita a algunas fracciones marginales y minoritarias de la izquierda. Una franja importante de la izquierda se desplaza lento pero seguro hacia el culto a la lucha armada. Los debates se centran sobre la táctica y la estrategia, y sólo se espera la insurrección de las masas o bien la aparición de un núcleo de elegidos que cumplirá con la misión. Este cambio tiene relación con el período muy particular que fueron los años 1960. El contexto intelectual se presta. Y los ejemplos concretos abundan: Cuba ante todo, pero también toda América latina, Argelia, Viet-Nam… 14 El rol que juega la revolución cubana en este viraje del debate fue central. Ella constituyó entonces, una referencia ineludible para el conjunto de la izquierda latinoamericana –y no solamente para aquella que le fue cercana. Mientras que la revolución cubana confirmaba en los hechos que en América latina se podía llegar al poder por la vía de las armas, el ejemplo del Che Guevara y sus escritos contribuían a la formación de un discurso, de un imaginario, de una estética y de una nueva moral revolucionaria propia de los años 1960. La violencia reaparecía como inherente a lo político. No obstante, el impacto de la revolución cubana no puede explicar todo. Evocar la “influencia extrajera”, creer en una imitación ciega de los modelos venidos del exterior, para explicar el nacimiento y el recorrido de la nueva izquierda revolucionaria en Chile, y en general en América latina, sigue siendo un enfoque insatisfactorio11. 15 Aunque las relaciones estrechas entre Cuba y los movimientos revolucionarios latinoamericanos es un hecho acertado, no podemos sacar conclusiones precipitadas sobre la naturaleza de éstas, ni pensar que los movimientos armados eran los únicos en tener relaciones con Cuba (el PCCH y el PS, tenían también intercambios constantes con la isla de la revolución). Por otra parte, las particularidades nacionales, los financiamientos cubanos que ya no se distribuían a destajo a partir de 1967, el viraje bajo la presión soviética de la política cubana en esa misma fecha, todo esto nos conduce a una historia de las relaciones entre la “izquierda revolucionaria” y Cuba, más matizada y compleja que lo que podríamos suponer hasta ahora (Levesque 1976; Lagonotte 2003). Desgraciadamente, la imposibilidad de acceso a los archivos cubanos complica extremadamente la tarea. 16 Otro elemento que es necesario no desatender: la revolución cubana se ha constituido como referencia para la izquierda latinoamericana sobre la base de una fuerte reivindicación latinoamericanista. Ella era concebida por los militantes de la izquierda armada latinoamericana como una segunda independencia (Rodríguez Elizondo 1995: 134), lo que la convertía en la realización definitiva de las independencias continentales, estableciendo así un vínculo inquebrantable con la historia y el imaginario nacionales del conjunto de los países latinoamericanos. En este sentido la tradición latinoamericanista y nacionalista del Partido Socialista chileno (Benavides 1988), de donde provenía una gran parte de los militantes del MIR, es consumada a través del MIR. Y puesto que la revolución cubana había sido armada, la conclusión más fácil, si se creía en la unidad de la historia continental, era que la revolución latinoamericana debía también hacerse por las mismas vías. 17 Los años 1960 latinoamericanos están tan marcados por la revolución cubana como por los acontecimientos del tercer mundo, en que la vertiente mas radicalizada desarrolla un discurso muy construido sobre el problema de la violencia política y su legitimidad. “Si los 60 se inician con la Revolución Cubana, puede afirmarse que en las ideas se hallan formulaciones sesentistas bien tempranamente en Frantz Fanon” (Devés 2003: 136)”, afirma el historiador Eduardo Devés. Editado en castellano en 1963, Los condenados de la tierra constituyen una teorización sólida que reúne a menudo las conclusiones que se desprenden de la experiencia cubana. La obra de Fanon inaugura, de una cierta manera, la visión política romántica y radical que fue la de los años 1960 en América latina, y en las tesis de la “nueva izquierda” del continente no ha sido apreciada en su justo valor. 18 Los condenados de la tierra inaugura toda una corriente interpretativa, proponiendo una nueva lectura de la violencia política. La violencia revolucionaria llega a ser el medio privilegiado,incluso el único medio hacia la liberación. La violencia no es solamente legítima sino indispensable para la toma de conciencia popular. Es la condición previa a la movilización de masas y el instrumento principal para la construcción del hombre nuevo. “La construcción de la nación se facilita por la existencia de esa mezcla hecha de sangre y de cólera (Fanon 1963: 85)”, advierte Fanon. La división entre lo militar y lo político está abolida –y veremos que La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 6 Polis, 19 | 2008 esta es una de las principales características de las nuevas izquierdas revolucionarias de los años 1960. “La táctica y la estrategia se confunden”, dice Fanon, “El arte político se trasforma simplemente en arte militar. El militante político es el combatiente. Hacer la guerra y hacer política es una sola cosa (Ibíd.: 121)”. 19 Introduciendo la indivisibilidad entre lo político y lo militar, entre la política y la guerra, Fanon también adopta la teoría expansiva de la violencia. Ésta marcó los años sesenta para constituir el principal argumento de la nueva izquierda no sólo en América latina, sino también en Europa, en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. La injusticia y las desigualdades sociales, el colonialismo, son una forma de violencia. La violencia revolucionaria es la única respuesta posible y en consecuencia una respuesta legítima a la violencia institucionalizada, aquella del colono en los países colonizados y aquella del Estado en los países latinoamericanos, denominados también semi-coloniales (Ibíd.: 32). 20 La cuestión que se plantea ahora es la del vínculo entre el contexto y nuestro objeto de estudio. Para ser más precisos, la recepción y la apropiación del contexto intelectual y político descrito anteriormente por el MIR. Si el MIR se ha impregnado por este contexto, también ha recorrido su propio camino con el fin de establecer una fuerte justificación de la violencia política. Porque, incluso si el contexto se prestaba, la lucha armada era una opción, y no una necesidad histórica. La prueba: después de la fundación del MIR en 1965 hasta el año 1969, el uso de la lucha armada fue objeto de un debate cerrado. Fue la etapa de la justificación interna de la violencia. Una vez cerrada esta etapa, el MIR pasó a la acción. La irrupción del MIR en la escena política pública con los asaltos a bancos cambió radicalmente la situación. La violencia mirista escapó entonces del debate interno en que se podían controlar las modalidades. Ella se agregó al debate más general desarrollado en el seno de la izquierda. El MIR debió también enfrentar las dificultades materiales y los límites culturales, que se hacía necesario desde ya tomar en cuenta. En el plano interno, por otra parte, las dificultades suscitadas por el paso a la acción no fueron menores. Lo político y lo militar que la dirección mirista se obstinaba en hacer coexistir en cada militante, devinieron fuente de incesantes debates internos, de oposiciones y de divisiones. 21 Sobre este punto algunas precisiones son necesarias. La dirección del MIR –Secretariado Nacional y Comité Central- cambió durante el periodo 1965-1969, para permanecer prácticamente el mismo a partir de 1969 y hasta 1974. En un primer tiempo, entre 1965 y 1967 la dirección estaba controlada por la “vieja generación”, fundadora del MIR y trotskista en su mayoría12. Enrique Sepúlveda fue elegido secretario general del MIR hasta 1967. Fue entonces reemplazado por Miguel Enríquez, representante de la “joven generación”, de 25 años de edad, surgido del medio estudiantil de la ciudad de Concepción. La vieja generación trotskista fue expulsada del MIR en 1969. Estos cambios de dirección fueron decisivos para la definición de las principales líneas teóricas y de acción del movimiento. 22 Los trotskistas que estuvieron al origen de la fundación del MIR se decían herederos de la tradición más radical de la izquierda. Consideraban seriamente –sobre todo a nivel del discurso, más que de la acción- el recurso a la lucha armada para conducir la clase obrera al poder. Al mismo tiempo, permanecían estrechamente ligados al Partido Socialista. Es necesario precisar aquí que el PS chileno contaba -después de su fundación- con una fracción trotskista importante, que hacia el lazo con los trotskistas extra parlamentarios (Sarget: 1994). En 1965, estos últimos fueron protagonistas en la fundación del MIR. Si comparamos esta fecha de fundación, 1965, a aquella de la mayoría de los otros grupos de la “nueva izquierda” latinoamericana (con algunos matices para el cono Sur), nos damos cuenta que los chilenos llegaron a la cita con algunos años de retraso. 23 No es casualidad. En 1964, año de elecciones presidenciales, todos estos trotskistas aportaban su “apoyo critico” a la candidatura del doctor Salvador Allende. Ahora bien, el resultado no fue el esperado: Allende perdió las elecciones de 1964 y fue Eduardo Frei Montalva, el candidato de la Democracia Cristiana, quien salió vencedor. Los trotskistas habían afirmado claramente que las elecciones no eran más que una “necesidad táctica y momentánea”, pero la crisis desatada por la derrota en el seno de la izquierda chilena, comprendido su sector más radical, fue muy importante. Cansados de las aventuras electorales del PS, fundaron, algunos La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 6 Polis, 19 | 2008 esta es una de las principales características de las nuevas izquierdas revolucionarias de los años 1960. “La táctica y la estrategia se confunden”, dice Fanon, “El arte político se trasforma simplemente en arte militar. El militante político es el combatiente. Hacer la guerra y hacer política es una sola cosa (Ibíd.: 121)”. 19 Introduciendo la indivisibilidad entre lo político y lo militar, entre la política y la guerra, Fanon también adopta la teoría expansiva de la violencia. Ésta marcó los años sesenta para constituir el principal argumento de la nueva izquierda no sólo en América latina, sino también en Europa, en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. La injusticia y las desigualdades sociales, el colonialismo, son una forma de violencia. La violencia revolucionaria es la única respuesta posible y en consecuencia una respuesta legítima a la violencia institucionalizada, aquella del colono en los países colonizados y aquella del Estado en los países latinoamericanos, denominados también semi-coloniales (Ibíd.: 32). 20 La cuestión que se plantea ahora es la del vínculo entre el contexto y nuestro objeto de estudio. Para ser más precisos, la recepción y la apropiación del contexto intelectual y político descrito anteriormente por el MIR. Si el MIR se ha impregnado por este contexto, también ha recorrido su propio camino con el fin de establecer una fuerte justificación de la violencia política. Porque, incluso si el contexto se prestaba, la lucha armada era una opción, y no una necesidad histórica. La prueba: después de la fundación del MIR en 1965 hasta el año 1969, el uso de la lucha armada fue objeto de un debate cerrado. Fue la etapa de la justificación interna de la violencia. Una vez cerrada esta etapa, el MIR pasó a la acción. La irrupción del MIR en la escena política pública con los asaltos a bancos cambió radicalmente la situación. La violencia mirista escapó entonces del debate interno en que se podían controlar las modalidades. Ella se agregó al debate más general desarrollado en el seno de la izquierda. El MIR debió también enfrentar las dificultades materiales y los límites culturales, que se hacía necesario desde ya tomar en cuenta. En el plano interno, por otra parte, las dificultades suscitadas por el paso a la acción no fueron menores. Lo político y lo militar que la dirección mirista se obstinaba en hacer coexistir en cada militante, devinieron fuente de incesantes debates internos, de oposiciones y de divisiones. 21 Sobre este punto algunas precisiones son necesarias. La dirección del MIR –Secretariado Nacional y Comité Central- cambió durante el periodo 1965-1969, para permanecer prácticamente el mismo a partir de 1969 y hasta 1974. En un primer tiempo, entre 1965 y 1967 la dirección estaba controlada por la “vieja generación”, fundadora del MIR y trotskista en su mayoría12. Enrique Sepúlveda fue elegido secretario general del MIR hasta 1967. Fue entonces reemplazado por Miguel Enríquez, representante de la “joven generación”, de 25 años de edad, surgido del medio estudiantil de la ciudad de Concepción. La vieja generación trotskista fue expulsada del MIR en 1969. Estos cambios de dirección fueron decisivos para la definición de las principales líneas teóricas y de acción del movimiento. 22 Los trotskistas que estuvieron al origen de la fundación del MIR se decían herederos de la tradición más radical de la izquierda. Consideraban seriamente –sobre todo a nivel del discurso, más que de la acción- el recurso a la lucha armada para conducir la clase obrera al poder. Al mismo tiempo, permanecían estrechamente ligados al Partido Socialista. Es necesario precisar aquí que el PS chileno contaba -después de su fundación- con una fracción trotskista importante, que hacia el lazo con los trotskistas extra parlamentarios (Sarget: 1994). En 1965, estos últimos fueron protagonistas en la fundación del MIR. Si comparamos esta fecha de fundación, 1965, a aquella de la mayoría de los otros grupos de la “nueva izquierda” latinoamericana (con algunos matices para el cono Sur), nos damos cuenta que los chilenos llegaron a la cita con algunos años de retraso. 23 No es casualidad. En 1964, año de elecciones presidenciales, todos estos trotskistas aportaban su “apoyo critico” a la candidatura del doctor Salvador Allende. Ahora bien, el resultado no fue el esperado: Allende perdió las elecciones de 1964 y fue Eduardo Frei Montalva, el candidato de la Democracia Cristiana, quien salió vencedor. Los trotskistas habían afirmado claramente que las elecciones no eran más que una “necesidad táctica y momentánea”, pero la crisis desatada por la derrota en el seno de la izquierda chilena, comprendido su sector más radical, fue muy importante. Cansados de las aventuras electorales del PS, fundaron, algunos La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 7 Polis, 19 | 2008 meses más tarde, el MIR, destinado a devenir el único verdadero movimiento revolucionario chileno, que salvaría a las masas de la ilusión electoral, abriéndoles los ojos sobre una gran verdad histórica: la vía hacia el poder popular debía ser trazada por las armas. En torno a este motivo se juntaron no solamente los trotskistas, sino también algunos anarquistas, y los miembros expulsados de las Juventudes Comunistas y de las Juventudes Socialistas (entre ellos Miguel Enríquez). 24 Al momento del Congreso de fundación, una división de tareas se efectuó espontáneamente, pero que ya era reveladora de las tensiones internas por venir. Mientras que los viejos trotskistas se consumían en interminables discusiones sobre el nombre que había que dar al nuevo partido; mientras que Luis Vitale, trotskista e historiador, redactaba la Declaración de Principios, que insistía sobre el carácter antiimperialista del movimiento, Miguel Enríquez y su grupo eran los únicos en ocuparse de la redacción de las tesis político-militares. Las tesis político-militares de 1965 eran una versión revisada de las tesis de Mao sobre la guerra popular y prolongada y de Ernesto Guevara sobre la guerrilla rural. Luis Vitale a su vez, criticaba el tono demasiado guevarista de estas tesis y planteaba como cláusula para su adopción, la moción siguiente: la condición para comenzar la lucha armada era asegurarse del apoyo previo de las masas13. 25 Las posiciones descritas anteriormente no son casuales. Aunque Luis Vitale y la mayor parte de los trotskistas apoyaban el principio de la lucha armada, tenían tras de ellos una larga trayectoria política, marcada por la tradición sindical y las movilizaciones sociales más que por el guevarismo. La condición sine qua non para cualquier acción armada, era que ella reflejara la voluntad de las masas y ser seguida por ellas. Los trotskistas estaban poco atraídos por el modelo guevarista o foquista de una elite revolucionaria que, comprometiéndose sola en la acción, provocaría enseguida la movilización de las masas. Para ellos, la lucha armada jugaba el rol de un despertador del pueblo, sacudido de su pasividad electoralista obligándose a movilizarse, pero también integrado a la lucha y a la movilización. El equilibro era delicado, porque ¿cómo incitar al pueblo a la revolución y a la vez pretender seguirlo en sus deseos e intuiciones? Y concretamente, en el contexto de los años 1960, ¿cómo hablar a la vez de lucha armada y seguir al pueblo en su deseo de votar por Allende y de participar por la vía de las elecciones? 26 Miguel Enríquez representaba otra cultura política en el seno del MIR, pero también otra generación. Una generación que vacilaba entre la fascinación por la lucha armada y la guerrilla guevarista y las precauciones frente al foquismo, constantemente formuladas por la vieja generación. Proviniendo de las Juventudes Socialistas, Miguel Enríquez era más cercano de sus corrientes más radicales. Pero no tenía relación de larga data con el PS como la “vieja generación” del MIR, ni había trabajado activamente por la campaña electoral. Como muchos jóvenes de su edad, había sobre todo sufrido el efecto de la desilusión antes del entusiasmo y había sido rápidamente expulsado del PS, en 196414. 27 Otro elemento constitutivo de la cultura política de Miguel Enríquez y de la generación que él representaba, era la fuerte fascinación por la revolución cubana. La lectura de los textos del Che15 y la mística de la guerra de guerrillas y la lucha armada rural, llevaron a la redacción de la tesis político-militar de 1965, luego a la de 196716. Cuba, admirada pero criticada en cierta medida por los trotskistas, era adulada por los jóvenes. La adopción de tesis más o menos foquistas se convirtió rápidamente en un índice importante de la toma de distancia entre las dos generaciones. 28 A pesar de las diferencias que los separaban, los trotskistas apoyaron en 1967 la candidatura de Miguel Enríquez, que fue elegido secretario general del MIR. Después de la llegada de Miguel Enríquez al secretariado nacional del Movimiento, la hora de la acción había sonado. Una vez que los miembros de la organización adoptaron la lucha armada en tanto principal medio de la toma del poder, los debates internos debían restringirse, la disciplina imponerse y la lucha armada ser por fin puesta en práctica. El paso a la acción tardó, de todas maneras, dos años. En 1969, el dilema interno del MIR a propósito de las vías que debía tomar la revolución sale a la luz pública, gracias a los asaltos a bancos. La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 8 Polis, 19 | 2008 De la palabra a la acción 29 Hemos hasta aquí re-trazado brevemente el camino que llevó hasta la adopción de las tesis político-militares, y luego a la imposición de la lucha armada sobre las otras formas de lucha. En un país en apariencia tranquilo, con dos partidos de izquierda que estaban completamente integrados al sistema político, optar por la lucha armada parecía ser el único medio que disponía un nuevo movimiento de izquierda para existir. Conjugando las tesis maoístas con las guevaristas17, la joven generación del MIR pensaba poder abrirse un camino propio, en ruptura radical con los otros partidos de la izquierda chilena18. Hasta 1968, este camino parecía conducir a la guerrilla rural. Dos escuelas de guerrillas fueron organizadas en el sur del país19. Los primeros contactos fueron establecidos en la zona de Concepción con personas susceptibles de querer formar una guerrilla en el lugar20. Pero, en junio de 1969 cuando fueron realizadas las primeras acciones armadas del MIR, no fue en la cordillera de Los Andes sino en Santiago. Y no fue en un enfrentamiento con el ejército en las montanas del sur sino asaltando bancos. Los asaltos han sido, por otra parte, las solas y únicas acciones armadas del MIR hasta el Golpe de Estado de 1973. 30 Pero, ¿por qué, después de cuatro años de interminables discusiones, donde la “joven generación” hizo lo mejor que pudo por imponer internamente su opción por la guerrilla rural, terminó por invertirse en las acciones de guerrilla urbana? Las razones son múltiples. Primero, el MIR fue esencialmente un movimiento urbano. Su conocimiento del campo a finales de los años 1960, era muy precario e inestable. En un documento interno de 1970, la dirección del movimiento constataba siempre la insuficiente implantación en el campesinado y en los obreros21. Comprometerse en la aventura de una guerrilla rural sin tener los apoyos suficientes, era un suicidio. 31 Por añadidura, el dilema guerrilla urbana o rural había también sido objeto de debates. En el seno del Secretariado Nacional, Sergio Zorrilla defendió con pasión la primera opción y había comenzado, durante el año 1969, la creación de la primera escuela chilena de guerrilla urbana22; lo que permitió una organización eficaz de los asaltos a bancos algunos meses más tarde. Sin embargo, -y varios testimonios confirman el hecho23- los asaltos a bancos no estaban considerados en un primer momento por razones de tipo teóricas, sino simplemente por razones prácticas: para realizar acciones armadas, era necesario tener dinero. Ahora bien, las cajas de la revolución estaban vacías. Y la de los bancos llenas y mal protegidas24… 32 La guerrilla urbana parecía igualmente “estar de moda”. Los asaltos a bancos habían sido popularizados con la acción del Movimiento de Liberación Nacional –Tupamaros de Uruguay (Fernández Huidobro 2001; Lessa 2003). Los Tupamaros, por otra parte, se encargaron de teorizar la guerrilla urbana (Biedma 1972). En el mismo momento, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) argentino estaba en pleno proceso de “destrotskización” y de militarización, y las acciones de guerrilla urbana se volvían cada vez más recurrentes (Bufano 2004; De Santis 1998; Santucho 2004; Seoane 1992). 33 El final del año 1968 significó para el MIR el paso a la acción. Extrañamente, fueron justamente los “viejos trotskistas” los primeros en lanzarse. Sus operaciones no fueron, por cierto, siempre selladas de un gran éxito25. Sin embargo, en junio de 1969, cuando fueron “gentilmente” expulsados del movimiento, fueron acusados de consumar su tiempo a las discusiones teóricas y no dedicarse suficientemente a las acciones. Un mes más tarde, otra fracción constituida en torno al Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad de Chile (Pedagógico) y de Rafael Ruiz Moscatelli, era expulsada. Sus miembros formaron entonces el MR2 (Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez). Según la Dirección Nacional del MIR, eran demasiado radicales y sospechosos de desviación foquista (Naranjo: 59)… A pesar de las afirmaciones de la Dirección Nacional, el MR2 no instaló jamás una guerrilla rural. Ellos se dedicaron, por el contrario, al igual que el MIR a los asaltos de bancos. ¿Qué interpretación darle a esto? 34 Los debates en torno a la táctica y a la estrategia revolucionaria a adoptar eran, ciertamente, virulentos en el seno de la izquierda chilena y latinoamericana en los años 1960. No obstante el debate servía también para arreglar cuentas internas. El argumento “demasiado violentos, La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 9 Polis, 19 | 2008 demasiado radicales”, o bien, “no bastante violentos, no suficientemente revolucionarios” era utilizado para evitar las disidencias y alejar a los rebeldes de la organización. Miguel Enríquez estaba deseoso de crear un nuevo partido político, capaz de existir al lado de dos grandes partidos de izquierda y de cambiar los destinos de su país. La conquista del poder debía, según él, pasar por la construcción de una organización homogénea, con un líder poderoso y sin oposición interna (Naranjo 2004: 62). Los trotskistas fueron las primeras víctimas de la “limpieza interna” del MIR. Luego, fue el turno de la “disidencia” de la Universidad de Chile. Las críticas que ella formulaba empezaron a ser molestas26. Es, por cierto, durante una reunión amistosa, que se les comunicó su salida voluntaria de la organización27. 35 El partido así creado ponía en marcha otro modelo de militantismo y de organización interna. Se debatía mucho menos y era hora de la acción. Incluso si la nueva Dirección del MIR proclamaba la indivisibilidad entre lo político y lo militar, lo militar parecía aún tomar la delantera sobre lo político: 36 “Hoy día… si los objetivos son los mismos, las prioridades y los métodos son diferentes. El volumen relativo de “tareas especiales” [es decir las tareas militares] deben aumentar enormemente. Las “tareas especiales” deben dejar de ser privativas de un sector de la organización para transformarse en el problema de la mayor parte del Movimiento. Las cuestiones políticas estarán estrictamente ligadas a las tareas especiales. La integración de lo político y lo militar se hará una realidad […] No habrá más espacio para las tendencias demasiado divergentes (Naranjo 2004: 62)”. 37 Fiándose a las consignas de la nueva izquierda latinoamericana, la joven dirección del MIR se lanza sin pestañear sobre el terreno de lo militar. Una nueva estructuración es inventada para promover la formación del militante integral, reuniendo en su persona las cualidades de hombre político y de soldado de la revolución: esta estructura se denomina GPM, Grupo Político-Militar. Ahora bien, a pesar de la afirmación del vínculo inquebrantable entre lo militar y lo político y la primacía de lo político sobre lo militar, el riesgo de inversión era inminente. A partir del momento donde la política comienza a ser concebida en términos militares, como una guerra, los limites entre lucha política y lucha militar se vuelven difíciles de definir (Ollier 1998: 131). 38 Sin embargo, la utilización mirista de la violencia no parecía ser, a finales de los sesenta, un mal cálculo político. Si comparamos Chile con otros países de América latina (Colombia, Argentina), el terreno era relativamente virgen. El MIR podía jactarse entre sus militantes de ser el que había introducido las prácticas radicales en la escena política chilena, luego de décadas de pasividad. Mientras que la pasividad de la sociedad chilena aseguraba a las acciones armadas miristas un efecto de golpe mediático sin precedentes (Deas 1999: 63-72), el riesgo era que la naturaleza política de sus acciones no fuera comprendida socialmente o que fuera cuestionada. Edgardo Enríquez, miembro de la Comisión Política se explicaba así en 1972 frente a un periodista extranjero: 39 “…no hay ninguna duda que en Chile, el uso de la violencia estuvo y está siempre concebido a ojos del pueblo por connotaciones bien particulares. Es un hecho indiscutible que en Chile el uso de la violencia con fines políticos o de cualquiera otra naturaleza, requiere de un tal grado de justificación pública que en el caso en que no lo logremos, se produzca una reacción popular de desaprobación hacia los autores de la violencia y de conmiseración hacia la víctima…Los márgenes de los usos de la violencia están fijados por el pueblo, y nosotros, debíamos ser realistas reconociendo que no tenemos grandes posibilidades de cambiarlas… Las represalias […] las hemos siempre ejercido no contra las personas, sino contra los bienes materiales y los inmuebles pertenecientes al enemigo, y en las coyunturas extremadamente agudas de la lucha de clases en el país”28. 40 La criminalización de la violencia política mirista se rastrea rápidamente en la prensa de finales de los años 1960. Cuando el MIR se lanzó a los asaltos a bancos, -llamados “expropiaciones” con el fin de explicitar su contenido político-, un gran debate se llevó a cabo en la prensa para definir este nuevo modo de acción –nuevo por lo menos para Chile. Los principales dirigentes del MIR y autores de los asaltos –Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Bautista Van Schouwen, Sergio Zorrilla- sintieron ellos mismos, en un primer tiempo, la necesidad de explicar las La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 10 Polis, 19 | 2008 motivaciones de sus acciones. En plena clandestinidad y mientras que la policía los buscaba por todo Santiago, se abocarían en la importante misión de proteger su imagen. En el centro de la capital, se reunirán en pleno espacio público con un periodista del diario Clarín, periódico que tenía relaciones privilegiadas con el MIR. Allí. Miguel Enríquez afirmaba: 41 “Necesitamos financiar nuestro aparato organizativo armado. Las organizaciones revolucionarias de acción –no de palabra- necesitan proteger a obreros, campesinos y pobladores, para que no ocurra más que se asesine impunemente a los obreros…”29. 42 La violencia social era, entonces, aquella que imponía la violencia revolucionaria. Elevándose al rango de salvadores del pueblo, los dirigentes del MIR comenzaban así a crear una imagen, muy rápidamente retomada por los medios de comunicación, para ser aprobada o desmentida. Los autores de los asaltos eran “jóvenes dirigentes revolucionarios”, los “Robin Hood chilenos”30 o bien “delincuentes comunes”31, los “ideólogos del guatapique y del piedrazo”32 El dilema no sólo quedó en el papel. Las primeras detenciones de militantes, autores o colaboradores de los asaltos, la dificultad de dar una definición a estas “acciones directas” llegaron a ser un verdadero problema jurídico. Los inculpados terminaron por ser juzgados y castigados, a la vez según el Derecho penal, y según la Ley de Seguridad Interior del Estado (Canovas Robles 1989: 47-55), antes de ser indultados por el gobierno de Salvador Allende. 43 Los asaltos a bancos organizados por el MIR produjeron entonces un doble efecto. Por una parte y siempre a través del debate público, entraron en el repertorio del activismo político de las acciones que tradicionalmente eran consideradas como relevantes de la delincuencia común. Las “acciones directas” devenían para algunos una vía plausible para hacer política. Pero al mismo tiempo, en los medios de comunicación críticos hacia el MIR –tanto de derecha como de izquierda- toda violencia revolucionaria era calificada de violencia criminal. En este discurso, la violencia y la política se volvían poco a poco irreconciliables, y la cuestión de saber dónde se encontraban los límites de lo político era planteada con urgencia. Es así como hacer uso de la violencia se volvía sinónimo de locura, de falta de argumentos y de soporte político33. 44 La despolitización de la violencia no era solamente una expresión de la antipatía visceral sentida hacia ella. Este enfoque parecía igualmente cumplir otra función. En el Chile de los años sesenta, las “acciones directas” del MIR popularizarían el debate sobre las vías de la revolución –pacíficas o violentas- llevado con fervor en el seno de la izquierda, fundamentalmente a partir de la revolución cubana. La vía armada comenzaba a tener más visibilidad, y a menudo a suscitar las simpatías en ciertos sectores de la izquierda “tradicional” o de los intelectuales. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria se tornaba en el símbolo de esta “nueva” vía, transformándose igualmente en nueva fuerza política34. Vaciar esta “nueva vía” de todo contenido político y de todo argumento fue un medio muy eficaz para deslegitimarla y de excluir al MIR de la carrera política. Esta no tuvo éxito. Las acciones directas del MIR impusieron a este como actor relevante del espacio publico chileno. 45 Por otra parte, las acciones armadas crearon a favor del MIR todo un capital de simpatía, sobre todo entre los cuadros dirigentes del Partido Socialista. Las acciones armadas miristas agrupaban y reforzaban el debate acerca de las vías de la revolución al interior de la izquierda, presente de manera bastante tímida hasta entonces. Incluso los defensores de la vía electoral estaban prestos a reconocer que después de décadas de puras prácticas electorales, la izquierda se encontraba seriamente desgastada (Puccio 1985: 141 y 167). La locura simpática de los jóvenes miristas, recordaba a los viejos cuadros socialistas el romanticismo de su juventud. El discurso mirista remitía a un estado puro de la revolución y el motivo de “la Revolución traicionada” y prohibida por el MIR sonaba bastante familiar a los oídos del PS35 *** 46 Es así como el MIR evolucionó de una justificación parcial de la violencia política, realizada por la “vieja generación” a su adopción completa por la joven generación. Una vez impuesto el discurso, así como el grupo de Miguel Enríquez en la dirección del Movimiento, sólo faltaba emprender la acción. Confrontados a las restricciones de la cultura política nacional adaptaron el contenido de sus acciones, y desarrollaron un doble discurso. La idea de la contra-violenciase volvió entonces en una cuestión central. Por un lado, estaba la fascinación por la violencia,la fe en sus virtudes y en su naturaleza creadora, fundadora de un nuevo orden; una violencipartera de la Historia. Y por el otro lado, el uso de la violencia era justificado en tanto respuesta ya fuera a la represión y la violencia del Estado, o a la injusta distribución de las riquezas y a la violencia larvada de las relaciones sociales. En el primer caso, la violencia era la opción de la verdadera izquierda, la sola izquierda revolucionaria. Y en el segundo caso, la violencia era la única vía que la sociedad dejaba abierta, una imposición. Bibliografía Álvarez Alarcón, R. (1999), Formación y fundación del MIR : de Clotario Blest a Miguel Enríquez (1965-1967), Tesis de Licenciatura en Historia, Instituto de Historia, Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile. Arancibia, P. (2001), Los orígenes de la violencia política en Chile. 1960-1973, Libertad y Desarrollo, Santiago. Aróstegui, J. (1994), “Violencia, sociedad y política: la definición de la violencia” en Ayer N°13, Madrid. Arriagada, G. (1974), De la vía chilena a la vía insurreccional, Pacífico, Santiago. Avendaño, D.; Palma, M. 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Visible Invisibilización. Aproximaciones en torno a la violencia.

 

 
Visible Invisibilización. Aproximaciones en torno a la violencia, es un proyecto que explora diversas expresiones artísticas que abordan al tema de la violencia en México y Latinoamérica como una experiencia actual ineludible, a través de una exposición de arte multidisciplinario con 27 artistas nacionales e internacionales, y la realización de actividades paralelas como talleres, clínicas, seminarios y conferencias con artistas y académicos especialistas en la materia. La muestra se llevará a cabo en el Museo de la Ciudad de Querétaro, el Centro Educativo y Cultural del Estado de Querétaro Manuel Gómez Morín y la Plaza Constitución, las actividades paralelas se realizarán también en la Universidad Autónoma de Querétaro y el Museo de Arte de Querétaro.
Esta exposición y sus actividades tienen la finalidad de contribuir al desarrollo artístico y cultural en la ciudad de Querétaro, generando un campo de reflexión y discusión pública sobre el tema de la violencia en México y Latinoamérica, abriendo las posibilidades de diálogo entre la comunidad, especiaistas, académicos y artistas para analizar las circunstancias actuales de la experiencia estética y su relación con la producción, recepción y representación de la violencia, entendiendo la naturaleza de los discursos visuales y las prácticas artísticas como zona de cruce multidisciplinario que permite pensar, cuestionar, evidenciar y responder a los aconteceres del mundo contemporáneo desde diversas perspectivas.

40 Años. La Ciudad sin ti. Pedro Lemebel

“LA CIUDAD SIN TI”

Quien podría haber pensado entonces que me ibas a penar el resto de la vida, como una música tonta, como la más vulgar canción, de esas que escuchan las tías solas o las mujeres cursis. Canciones de folletín que a veces aúllan en algún programa radial. Y era tan raro que te gustara esa melodía romanticona, a ti, un muchacho de la jota, en ese liceo poblacional donde cursábamos la educación media en plena Unidad Popular. Mas extraño era que, siendo yo un maripozuelo evidente, fueras el único que me daba pelota en mi rincón del patio, arriesgándote a las burlas. “Pues la ciudad sin ti…está solitaria”, no dejabas de canturrear con esa risa tristona que yo evitaba compartir para no complicarte. Hace poco, después de tantos años, volví a escuchar esa canción y supe que entonces admiraba tu candor revolucionario, amaba tu alegre compromiso que se enfureció tanto cuando supiste que los fachos iban a destruir el mural de la Ramona Parra en el frontis del liceo. Hay que hacer guardia toda la noche, dijiste, y nadie te pescó porque al otro día había una prueba. Que importa la prueba, me da una gueba, yo me quedo cuidando el mural del pueblo. Y a mi tampoco me importó la prueba, cuando escapé de mi casa a medianoche y me fui al liceo donde te encontré acurrucado empuñando un palo haciendo guardia bajo el mural de pájaros, puños alzados y bocas hambrientas. “Pues la ciudad sin ti”, reíste sorprendido al verme haciendo un espacio para que me sentara a tu lado. No lo podías creer, y me mirabas y cantabas “Todas las calles llenas de gente están, y por el aire suena una música”. Te vine a hacer compañía, compañero, dije tiritando de tímido. Bienvenida sea su compañía, compañero, me contestaste pasándome el pucho a medio consumir por tu boca jugosa. No fumo, te contesté con pudor. Entonces no fumaba, ni piteaba, ni tomaba, ni jalaba, solo amaba con la furia apasionada de los diecisiete años. Pueden venir los fachos, ¿no tienes miedo? Te contesté que no, temblando. Es por el frío, esta noche hace mucho frío. No me creíste, pero enlazaste tu brazo en mis hombros con un cálido apretón. “De noche salgo con alguien a bailar, nos abrazamos, llenos de felicidad…mas la ciudad sin ti”. Era extraño que cantaras esa canción y no las de Quilapayún o Víctor Jara, que guitarreaban tus compañeros del partido. La cantabas despacito, a media voz, como si temieras que alguien pudiera escucharte. No se…era como si me la cantaras solo a mí. “Pues la ciudad sin ti…”, musitabas cada letra en el vaho de aquella tensa noche de vigilia. Casi no sentía frío a tu lado, y hablando así despacito de tantas cosas, de tanto ingenuo adolecer, me fui relajando, adormilando en tu hombro. Pero el pavor me cortó la respiración al escuchar unos pasos en la calle. No te muevas, me soplaste al oído sujetando el garrote. Pueden ser los fachos. Y permanecimos así juntititos, con el corazón a dúo, haciendo tum tum, expectantes. Pero no eran los fachos, porque las pisadas se perdieron en la concavidad de la calle retumbando. Y quedamos de nuevo solos en silencio. “Y en el aire se escucha una música…” volviste a cantar en mi oído y así pasaron las horas y al día siguiente nos sacamos rojo en la prueba y vinieron los exámenes de fin de año y los tiempos escolares rodaron turbulentos en marchas por Vietnam y mitines en apoyo al presidente Allende. Y después, la música se corto de pronto, vino el golpe y su brutalidad me hizo olvidar aquella canción.

Nunca mas supe de ti, pasaron los inviernos de tormenta rebalsando el Mapocho de cadáveres con un tiro en la frente. Pasaron los inviernos con la estufa a parafina y la tele prendida con Don Francisco y su musiquita burlesca acompañando el cortejo de la patria en dictadura. Todo así, con show importado, con vedettes tetudas en la falda de los generales. La única música que retumbaba en el toque de queda era la de esa farándula miliquera.

Nunca mas supe de ti, quizás escondido, arrancado, torturado, acribillado o desaparecido en el pentagrama impune y sin música del duelo patrio. Algo me dice que fue así. Santiago es una esquina, Santiago no es el gran mundo, aquí algún día todo se comenta, todo se sabe. Por eso hoy al escuchar esa canción, la canto sin voz, solo para ti, y camino trizando los charcos del parque. Este invierno se viene duro, cae la tarde otoña en el cielo reflejado de las pozas. Aglomeración de autos tocan bocinas en los semáforos. Van y vienen los estudiantes con sus pasamontañas para el frío y la protesta. Los santiaguinos se agolpan en los paraderos del Transantiago en masa, en tumultos, en una muchedumbre alborotada que colma las calles… “mas la ciudad sin ti…mi corazón sin ti…está solitario”.

25 de agosto 2013

 

 

 

Garganta de piedra: el canto artificial de Alberto Kurapel y la recepción de chilenos exiliados en Montreal durante los setenta

Garganta de piedra: el canto artificial de Alberto
Kurapel y la recepción de chilenos exiliados en
Montreal durante los setenta
Laura Jordán González
Université Laval
laurafrancisca@gmail.com
Resumen
La obra musical de Alberto Kurapel sigue siendo un terreno francamente postergado por los investigadores, ya sea por el estatus incipiente en que se encuentra el conocimiento general sobre la música chilena en exilio durante la reciente dictadura, ya por la adscripción más apropiada de este artista al campo de la actuación y la dramaturgia. Lo cierto es que, además de aportar de manera significativa al teatro, se desenvolvió activamente como cantautor en Montreal, el paradero de su destierro, convirtiéndose probablemente en uno de los más
prolíficos solistas exiliados en el ámbito discográfico.

 

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De sus siete álbumes del período,se toman como objeto de escrutinio los tres primeros: Chili: Amanecerá la siembra (1975), Chili: Guitarra adentro (1977) y A tajo abierto (1978).

En particular, se busca examinar la triple relación dada entre ciertas nociones de vocalidad desplegadas en algunas canciones,el desencuentro con un público de chilenos exiliados y la concepción de artificialidad en la performance de exilio. Para ello, se recurre a ensayos del propio Kurapel, así como a los conceptos de marcos de análisis y personae de la teoría de performance musical de Philip Auslander. Asimismo, el artículo basa una buena parte de sus estipulaciones en fuentes orales.
Palabras clave: Alberto Kurapel, exilio, Montreal, voz, público, música chilena.
Abstract
Alberto Kurapel’s musical work still is a field largely overlooked by researchers, due both to
the incipient state of scholarship on Chilean music in exile during the last dictatorship, as
well as the more accurate categorization of this artist in the realm of acting and dramaturgy.
The fact is that, aside from his significant contributions to drama, he worked actively as a
singer-songwriter in Montreal, where he lived as an exile; becoming probably one of the most
prolific exilic singers, as far as discography is concerned. Among his seven albums released
during that period, this paper scrutinizes the first three: Chili: Amanecerá la siembra (1975),
Chili: Guitarra adentro (1977) y A tajo abierto (1978). In particular, it seeks to examine the
tripartite relationship between certain notions of vocality employed in some of his songs, the
differences he had with Chilean exiles audiences, and the conception of artificiality in his “de
exilio” performance. To this end, the paper draws on a number of Kurapel’s essays, and the
concepts of frame analysis and personae from the performance theory of Philip Auslander, in
addition to several interviews with Chilean exiles.
Keywords: Alberto Kurapel, exile, Montreal, voice, audience, Chilean music.
Resonancias vol. 18, n°34, enero-junio 2014, pp. 15-35
Fecha de recepción: 17-01-2014 / Fecha de aceptación: 13-05-2014
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Exilio chileno y música en Montreal1
Aunque el inicio de la emigración de chilenos hacia la provincia canadiense de Quebec antecede el golpe de Estado de 1973, este hito implicó un incremento rotundo de nuevos migrantes,impulsados desde entonces por el miedo, la represión y, algunos, por la directa persecución política. Movilizados por cualquiera de los casos, todos son considerados aquí bajo el rótulo común de “exiliados”, entendiendo junto a Carmen Norambuena la “obligatoriedad” de sus partidas, “pues las personas [fueron] compelidas de manera inminente a abandonar su país de origen por tiempo indefinido” (2004, 166). Según ha señalado el historiador José del Pozo (2009) el número de chilenos llegados a Quebec durante la dictadura asciende a alrededor de seis mil quinientos, instalándose la mayoría en Montreal, metrópolis de la provincia. Allí se avanzaba por entonces hacia la adquisición de logros sustanciales para la soberanía material
y cultural de la población quebequense; esto, bajo el liderazgo del Parti Québécois tras una histórica victoria electoral en 1976. En este contexto, ciertos sectores izquierdistas de la sociedad de acogida mostraron una general simpatía hacia las luchas de resistencia llevadas a cabo tanto en Chile como en sus países vecinos, todo esto en el marco de un compromiso por lo que a la sazón se entendía como la “liberación de los pueblos”, y cuya materialización se daría bajo la forma de un activo movimiento de solidaridad internacional. Así, un grupode organizaciones quebequenses fundó a tan sólo días del golpe, el 19 de septiembre de 1973, el Comité Québec-Chili, constituido por tres grandes uniones sindicales (Confédération des syndicats nationaux –CSN, Fédération des travailleurs et travailleuses du Québec– FTQ, y
Centrale des enseignants du Québec-CEQ), más otros quince sindicatos, grupos de base y el Secrétariat Québec-Amérique latine (Hervás 1997, 90).
Si bien los inmigrantes chilenos no formaron en Montreal, a diferencia de otras comunidades, verdaderos guetos, sí mostraron una predisposición a agruparse en el seno de organismos propios, especialmente al alero de algunos abocados a la solidaridad. Entre las organizaciones de carácter político-militante, destaca la Asociación de Chilenos de Montreal, que reunía ya en 1973 a los partisanos de la derrocada Unidad Popular. No solamente fue la primera, sino que durante toda la década de los setenta fue la organización más importante en número e influencia. De similar carácter fue el Bureau de prisonniers politiques (Oficina de Prisioneros Políticos) ligado, a su vez, al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (Hervas 2001,
75-118). Por otra parte, una variedad de organismos culturales emergió, entre los que se
cuentan a modo de ejemplo el grupo de teatro La Barraca y los clubes deportivos Colo-Colo (1974), Chile (1976), Barrabases (1977) y Copihues (1979).
El trabajo solidario se desplegó grosso modo a través de dos ejes: la denuncia y el
financiamiento. Ambos se entendían como aspectos fundamentales de la lucha contra la
dictadura, especialmente en lo que concierne a la participación desde el exterior de Chile.
A ellos se sumaba, en opinión de Roberto Hervas, el fin de desarrollar la cultura nacional y continental, mediante acciones ideadas desde la comunidad chilena con las que se pretendía
1. Este artículo está construido, por una parte, a partir del primer capítulo de mi tesis de maestría en Musicología (Jordán
2010). Las fuentes principales de dicha investigación son orales, y su tratamiento se enmarcó en una convención de anonimato con los participantes. Por ello, cuando ocasionalmente se ofrecen citas textuales, se señala la identidad de
la fuente mediante la asignación de un número entre corchetes. Por otra parte, este artículo desarrolla aspectos de la ponencia “Exilio Contra Exilio: la música de Alberto Kurapel y la recepción de los chilenos en Montreal” presentada en el
Congreso 2013 de la Asociación Canadiense de Estudios de América Latina y el Caribe (ACELAC), realizado en Ottawa.
La entrevista que sustenta esta última indagación no está, por su lado, sujeta a anonimato. Quisiera agradecer a Araucaria Rojas Sotoconil, Rafael Azócar y Julio Mendívil por haber leído y comentado versiones preliminares de este texto.
Jordán. ”Garganta de Piedra:el canto artificial de…”. Resonancias 18 (34): 15-35
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ARTÍCULOS
“reforzar actividades culturales como la Nueva Canción Chilena y latinoamericana, el Nuevo Teatro y el Nuevo Cine”2
(1997, 90). Aunque, según las indagaciones que sustentan este
artículo, tal reforzamiento de “actividades culturales” tendría que observarse atendiendo a su subyugación a programas netamente políticos, lo cierto es que una particular mixtura de tradiciones nacionales y cultura de izquierda emergió en el contexto quebequense, esa misma
combinación que Litzy Baeza Kallens ha distinguido, fijándose en los chilenos allegados a la provincia canadiense de Alberta, como una cultura propia de exilio (2004).
Aun cuando pocos hayan contado a su haber con una experiencia directa en la organización de peñas en Chile –éstas habían sido introducidas en los años sesenta por los hermanos Parra para ser retomadas y vigorizadas durante la dictadura (Bravo y González 2009)–, su formato se expandió notablemente en el exilio y, así como se ha indicado sobre las comunidades chilenas en Oslo (Knudsen 2006, 70-91) y en Estocolmo 3
(Van der Lee 1997, 28-33), a lo ancho del territorio canadiense las peñas tomaron prontamente cuerpo. Según relata Martha Nandorfy, por ejemplo, en una mítica peña de Ottawa solía oírse una combinación de “música revolucionaria” y música tradicional, andina y cueca. Allí, además de compartirse las típicas
empanadas y vino navegado, el ambiente propiciaba el relato de horrendas experiencias
de represión en boca de sobrevivientes, dando lugar al mismo tiempo a la expresión de la nostalgia y la esperanza por un futuro de liberación, democracia y justicia (2003, 174).
Montreal no sería la excepción y la peña adquirió rápidamente el rol de conglomerar a la
comunidad. Si bien ninguna se instituyó como “peña establecida” ni con “recinto propio” (ver la tipología de Bravo y González 2009, 69-78), se ha denotado la periodicidad y alta frecuencia de eventos-peña. Su desarrollo no fue orgánico, tratándose más que nada de iniciativas que duraban uno o dos años, al cabo de los cuales se daba lugar al nacimiento de otras nuevas.
Cuando no se trataba de una peña, se organizaban actos políticos, conciertos o partidos de fútbol, perviviendo hasta hoy la idea de que cada semana se efectuaba al menos una actividad chilena durante el período del boom, que se prolonga desde 1974 hasta algún punto entre 1981 y 19834
. En este panorama, los músicos, generalmente aficionados, se involucraron
consistentemente, asistiendo en calidad de voluntarios a menudo a más de una actividad por velada, si era necesario. Los asistentes, por su parte, eran tanto miembros de la comunidad chilena como quebequenses, contándose asimismo con la concurrencia de otros inmigrantes latinoamericanos, especialmente salvadoreños, nicaragüenses y uruguayos. A pesar de que no fueran todos militantes, normalmente se trataba de un público enterado de los acontecimientos políticos en Chile y que manifestaba su solidaridad con la resistencia a la dictadura.
2. Mi traducción del fragmento siguiente: “…voulaient renforcer les activités culturelles telles que la nouvelle chanson
chilienne et latino-américaine, le nouveau théâtre et le nouveau cinéma”. Es preciso notar que, aun cuando el desarrollo de tales actividades culturales hubiera estado entre los objetivos de las organizaciones, su materialización al seno de la comunidad sigue siendo un terreno que merece ser investigado en detalle.
3. Aunque Pedro Van der Lee no utilice la palabra peña, me parece que hace clara alusión a su formato cuando señala: “From 1974 onward, there was no solidarity gathering without empanadas ( small meat pies ) and ‘Chilean’ ( i.e., mostly
Andean) music; any Latin refugee with enough musical skill top lay three chords was a potential ersatz Victor Jara”
(1997, 29).
4. Además de las fuentes orales que señalan tal periodización, una nota en una revista local comunitaria da cuenta de una notoria reactivación posterior: “El año 1984 tiende a ser decisivo en la convivencia de la ‘colonia chilena’ de Montreal.
Después de un largo periodo de incomprensiones parece que estamos de vuelta a un re-encuentro. Los artistas del canto se están agrupando; los deportistas han dado sucesivas demostraciones de un macizo trabajo solidario en común; existe
una junta coordinadora de los partidos políticos, todos ingredientes útiles para un accionar unitario. La mayoría está esperando que eso suceda”. Comentarios 1984, 3.
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Nacidas en un contexto de efervescencia comunitaria, las peñas en Montreal se caracterizaron por ser altamente participativas, ya que además de la necesidad de implicarse en la lucha sostenida en Chile, familias completas encontraron en ellas una instancia de preservación de la lengua castellana y de algunas tradiciones de “cultura nacional”. Ya a un nivel individual, para muchos, la sola oportunidad de encontrarse volvía su condición de exilio menos árida, como relata este extracto:
El último día de mi estadía en Montreal coincide con una especie de peña
organizada por el GAM [Grupo de Apoyo al MIR] de Montreal. El ambiente
es relajado, se bebe y se canta junto a un grupo de latinoamericanos; Begoña,
una española exiliada me invita a tocar guitarra. Solo algunos de los presentes
perciben el volcán de sentimientos que me acompañan. Canto recordando
canciones de la Resistencia Española, cuecas choras aprendidas en los días de
cárcel, canciones contra la dictadura que se han perdido en el tiempo (Rodríguez
2008, 35-36).
Los espacios se reducían a locales de centros comunitarios y sótanos de iglesias. De pobre decoración, la iluminación era precaria, lo mismo que el sistema de sonido. El dinero recolectado por concepto de entradas y ventas de comestibles y bebestibles se reservaba para cubrir los costos del evento y para enviarse a Chile, siendo los principales destinatarios algunos organismos de apoyo a presos políticos, organizaciones de base y, especialmente, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos 5
. Adicionalmente, se integró a las campañas de financiamiento la producción de un somero número de discos, como por ejemplo la compilación de piezas de la Nueva Canción Chilena titulada Chansons et musiques de la
résistance chilienne 6 y la edición del disco Miguel Enríquez-Étendard de la lutte des opprimés del ensamble Karaxu, lanzado en 1974 en Francia, esta vez bajo el rótulo Chants de la résistance chilienne 7 , ambas producciones realizadas por parte del Comité Québec-Chili, destinándose los fondos a apoyar la resistencia de miristas dentro del país. Vale la pena mencionar asimismo la reedición del álbum Todo por Chile del cubano Carlos Puebla, llevada a cabo en 1977 por la Asociación de Chilenos de Montreal, con explícita autorización del sello cubano EGREM, firmada por Medardo Montero Torres e incluida en forma de carta junto a cada ejemplar del disco.
Diversos ensambles musicales se crearon –Pehuenches, Ull-Caita, Lemunantú, Alborada, Huincaonal, Ñancahuazú, Palomares, Arcilla, Umbral, Hualpén, Huincahonal, etc.– y numerosos cantores empezaron a presentarse como solistas –Alfredo Labbé, Catoño, Carlos Valladares, etc.– pues no fueron pocos los que “se volvieron músicos con el exilio”8(Hervás 1997, 91). El repertorio ejecutado correspondía a las llamadas músicas folclóricas, así como a
algunos géneros de música popular.

5. Más avanzado el exilio, en la década del ochenta, se registran también actividades que tenían por beneficiarios a músicos residentes en Chile, como es el caso del espectáculo “Folklore de chez nous”, realizado en 1982 por los conjuntos
locales Alborada, Huincahonal, Lemunantú y Palomares, y que sirvió para apoyar a los folcloristas Margot Loyola,
Osvaldo Jaque y Gabriela Pizarro [15].
6. Solamente en Montreal se venderían más de tres mil copias (Hervas 1997, 41).
7. Además de difundirse en el Quebec, se tiene noticia también de su propagación en otros sitios de Canadá (Rodríguez 2008, 17).
8. Mi traducción del fragmento siguiente: “On trouve en Montréal plusieurs musiciens chiliens, chanteurs et guitaristes, qui se sont fait connaître durant leur exil. Ils sont devenus musiciens avec l’exil, et ont aussi mieux diffusé auprès des
Québécois le message de la résistance populaire chilienne sur des airs de Violeta Parra et de Víctor Jara”.

En un principio, se trataba sobre todo de música andina y Nueva Canción Chilena, y más tarde, ya entrando a la siguiente década, se introdujo un modelo cercano a la proyección folclórica de Cuncumén, replicándose también el estilo de la Nueva Trova Cubana. Durante las épocas festivas se incluían bailes, abarcando desde la cumbia y la cueca hasta el twist y el rock and roll. Además de difundir un repertorio considerado común, ciertos músicos se dedicaron a enseñar a sus pares exiliados algunas de las tradiciones musicales y dancísticas consideradas “más representativas” de la nación.
Entre los chilenos llegados a Montreal, un exiguo número se dedicaba profesionalmente a la música antes de su exilio. Como se sabe, la mayoría de los integrantes de la Nueva Canción Chilena se fue desterrando en Europa (Bessière 1980), desde donde se establecieron, por cierto, fluidas relaciones con un circuito transnacional de chilenos. De ello dan testimonio los concurridos conciertos de artistas exiliados que pasaban de gira por Montreal 9 , tales como Ángel Parra, Isabel Parra, Patricio Manns, Illapu y, en numerosas ocasiones, Inti-Illimani 10 y Quilapayún 11. Por el contrario, fueron escasas las figuras reconocidas en el campo musical las que llegaron a instalarse. Entre las excepciones se cuentan Eduardo Guzmán, uno de los miembros del célebre dúo Quelentaro12; Carlos Valladares, ex-integrante del dúo Los
Emigrantes que tocaba junto a Rolando Alarcón; y el actor Alberto Kurapel, cuya actividad como cantautor se consolidaría en el Quebec13. Más allá de esta constatación, no obstante, la casi completa ausencia de estrellas de la música no debiera sopesarse como un defecto, sino más bien como una condición que permitió el desarrollo de una particular escena musical fundamentalmente constituida por músicos aficionados, algunos de los cuales se irían profesionalizando con el tiempo. Uno de los grupos que mayor impacto tuvo fue el ensamble Lemunantú, particularmente por su larga duración (desde 1979 hasta la fecha) y por haber realizado varios proyectos de colaboración con organismos radicados en Chile, como es el caso de Chile, ríe y canta luego del regreso de René Largo Farías (Jordán 2013b). Siendo uno
de los pocos grupos que dejó registros discográficos –otra excepción es la de Ñancahuazú– sus grabaciones se produjeron en la década del ochenta. Mientras la mayoría de estos conjuntos mostró una tendencia a interpretar canciones ya conocidas en lugar de experimentar, algunos
9. Algo similar ocurre con otros tantos provenientes de Chile, adscritos muchos de ellos al Canto Nuevo, como son
Santiago del Nuevo Extremo, Schwenke y Nilo, Eduardo Peralta, Isabel Aldunate, Jorge Yáñez, Ortiga, Richard Rojas,
Mariela González, René Largo Farías, Tito Fernández, y la folclorista Gabriela Pizarro; así como músicos latinoamericanos comprometidos con el movimiento de solidaridad, como Daniel Viglietti, Silvio Rodríguez, Grupo Moncada, Mercedes
Sosa y Nacha Guevara. Más sobre esto en Jordán 2010.
10. Inti-Illimani realizó grandes conciertos en la sala Claude-Champagne de la Université de Montréal en 1984, 1986
y 1987. A cada visita del grupo, la sala se llenó las dos veladas de espectáculo. Un participante cuenta que, gracias a
la experiencia del exilio en Italia, el grupo añadía a su repertorio piezas tradicionales italianas, un gesto que podía ser bien entendido por un auditor que había vivido fuera de su país de nacimiento como exiliado. En una ocasión, IntiIllimani
tocó en el Théâtre Outremont, hacia 1976. El cineasta chileno Patricio Henríquez filmó ese concierto y creó el documental Inti-Illimani, hacia la libertad (1979), presentado posteriormente en el Festival de La Habana.
11. El grupo Quilapayún, por su parte, visitó tres veces Montreal durante la dictadura militar, ofreciendo un total de cuatro conciertos, tenidos respectivamente en las salas Théâtre Saint Denis (1979), Place-des-Arts (1981), Tritorium
(1981) y Claude-Champagne (1986). El primer recital contó con la participación solidaria de músicos quebequenses bien reconocidos, como Gilles Vigneault, Claude Gauthier, Paul Piché y Claude Léveillée, incluyendo a menudo canciones en
francés. Por ejemplo, realizaron en Montreal una versión francesa de la Cantata Popular Santa María de Iquique, con la
artista local Pauline Julien en el relato. Este concierto celebrado en el Tritorium fue filmado por Radio-Québec en una producción dirigida por el chileno Patricio Henríquez.
12. Se cuenta como una visita muy especial la de Gastón Guzmán con quien se recompuso brevemente el dúo Quelentaro.
13. Otra figura de cierta notoriedad en el campo cultural, el cineasta Patricio Henríquez, participó en los inicios del exilio del primer grupo musical chileno del que se tiene recuerdo en Montreal, el ensamble Pehuenches.
ARTÍCULOS
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pocos, a contrapelo, intentaron alejarse del canon de la música popular chilena cristalizado
principalmente en ciertas canciones de la Nueva Canción Chilena, aunque sin hallar demasiado
éxito en un público de coterráneos por entonces ávido de audiciones “emblemáticas”. De esto,
el caso de Alberto Kurapel resulta paradigmático.
Alberto Kurapel y la voz cantada en los setenta
Dejé mi apellido castellano/en los ya meditativos/espinos blancos/de Temuco/
cuando Carola/una india/que me amó un año/por lo menos
encargada de ir a buscar agua/montando en pelo/una escuálida yegua cariblanca
me escuchó cantar/solitario entre cerros de demonios/cenicientos de aluviones
poesías extenuadas
me bautizó entre sus piernas/Kurapel es tu nombre Garganta de Piedra/te lo entrego
los cielos se evaporaron
lo usarás cuando llegues/al borde de tu maldita angustia
mojaba mis labios con el inacabable confín/de su cobrizo cuerpo
éste es tu nombre
así errarás con lo único/que no te será ajeno14.
Nacido Alberto Sendra, la conversión en Alberto Kurapel –“garganta de piedra”– no ha sido
su único renacimiento, pues su trayectoria artística, si de algo se ha tratado, es del particular
renacer en el exilio. Antes de llegar a Montreal en 1974 como consecuencia del golpe de Estado
en Chile, este actor de profesión había desarrollado en su país natal una fecunda actividad
creativa, cuya parte musical ha sido hasta ahora menos discutida que la teatral, por razones
obvias15. Lo cierto es que su interés por la música se remonta a la temprana infancia cuando
exploró el acordeón, escuchó a cantoras campesinas y acuñó el toque de la guitarra. Más tarde,
su canto se haría presente en las populares peñas de Los Parra y del Parque O’Higgins, entre
otras, donde compartió escenario con entrañables figuras de la música popular chilena, como
son Roberto Parra y Quelentaro. Parte de su instrucción en el repertorio y las formas llamadas
folclóricas se basó, por lo demás, en un fluido intercambio con Margot Loyola, sobre quien
escribiría veinte años más tarde un ensayo analítico que demarca, en cierta medida, una de las
vetas más significativas de su influencia: la adaptación del folclor al lenguaje del espectáculo
(Kurapel 1998). Aun en el ámbito musical, ofició como recitador, bajo su nombre de nacimiento,
en el Canto al programa, obra compuesta en coautoría por Luis Advis y Sergio Ortega, sobre
textos de Julio Rojas16, y grabada para DICAP por Inti-Illimani en 1970. Desde su éxodo, antes
de retomar el teatro, participó como cantor en varias de las primeras actividades de solidaridad
con Chile organizadas por los primeros exiliados. Luego interpretaría sus propias canciones
en recitales personales dirigidos preferentemente a un público quebequense, aunque efectuó
giras también en distintas provincias de Canadá (Kurapel 2011; Del Pozo 2005, 249). Durante
el período de la dictadura, produjo siete elepés propios: Chili: Amanecerá la siembra! (1975),
14. Extracto del poema “Bautizo” (Kurapel 2006, 17).
15. Sobre el teatro, ver a modo de sinopsis el primer capítulo de Faúndez 2008 y, para una comprensión más
pormenorizada de su aporte al lenguaje teatral, los capítulos de Alfonso de Toro 2004 y Fernando de Toro 2004. En
cuanto a su música, entre las escasas referencias se encuentra, por una parte, el texto de Ignacio Ramos que trata, a
modo de misiva (en segunda persona), la relación de Kurapel con el folclor (2014), y por otra, la ponencia presentada en
ocasión del II Congreso de la Asociación de Estudios de Música Popular Chilena (ASEMPCH), concentrada en el tema
de la hibridez (Masud 2014).
16. A excepción de la canción “Venceremos”, cuyo autor es Claudio Iturra.
Jordán. ”Garganta de Piedra:el canto artificial de…”. Resonancias 18 (34): 15-35
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Chili: Guitarra adentro (1977), A tajo abierto (1978), Las venas del distanciado (1979), Contra
exilio (1982), Guerrilla (1986), Confidencial urgent (1989), a lo que se suma su contribución al
disco Testimonios de la Tortura en Chile, producido por Americanto.
Decía que su particular renacer se dio en exilio, pues fue en dicho contexto en el que forjó el
núcleo de su producción, un contexto que, como bien lo han comentado varios estudiosos de
su obra dramática, no se limitó a funcionar como mero marco para la realización artística, sino
que pasó a ser el corazón mismo de su exploración creativa. Luego de un primer período de
actividad cultural en Montreal, Kurapel viajó transitoriamente a Francia donde compartió en
su mayoría con comunidades de inmigrantes. Allí atestiguó cómo las piezas teatrales que de
dichas comunidades emergían en forma de retratos costumbristas terminaban por provocar
una apreciación de “hecho exótico”, acrecentando al mismo tiempo “una distancia que ya
existía por un conjunto de estereotipos que jugaban en ambas partes: actores y público” (2011,
34). Tomando una posición crítica tras tal observación, se abocó a crear un arte “de exilio” en
lugar de “en exilio”, tarea que lo ocupó durante toda la década de los ochenta.
En lo musical, esto se reflejó inicialmente en la preparación de recitales forjados según
una curva dramática. Allí, los diversos signos escénicos se usaban en aras de “mostrar [su]
condición de exiliado” (2011, 25). Como sus canciones, al menos las primeras, estaban escritas
en castellano, pronto incorporó iluminación y diapositivas con traducciones al francés o al
inglés de las palabras, proyectadas a la par de alguna que otra imagen que sirviera no a ilustrar
el mismo contenido semántico del texto cantado, sino que a evocar une estado de espíritu o
sensación, a través de colores o figuras sugerentes. El objetivo central era llegar a comunicar
la realidad de la dictadura chilena a una audiencia a la que ésta le era ajena, de lo que pronto se
desprendió la necesidad de desarrollar un lenguaje “que alcanzara un significado más allá de
la música o de las palabras” (Kurapel 2011, 24).
La recepción de los chilenos: marcos de análisis
Aunque la incipiente comunidad chilena haya sido su primer espacio de difusión, no fueron
sus compatriotas los que se convirtieron, en su mayor parte, en el público que Alberto
Kurapel cultivó en Quebec. Luego de colaborar para eventos llevados a cabo en los albores
del exilio, el desencuentro con organizadores implicó una relación cada vez más distanciada
con la comunidad chilena. De hecho, una antipatía manifiesta y mutua ha significado que
la trayectoria de este artista deba ser necesariamente comprendida a partir de coordenadas
particulares, relativas al circuito artístico local (conocida por ejemplo es su cercanía con
Patrick Straram le Bison Ravi) y a sus preocupaciones “de exilio”, más que en relación con la
historia de los chilenos. Sin embargo, la escisión entre Kurapel y el inicial-potencial auditorio
chileno merece ser examinada tomando en cuenta las divisiones políticas de los militantes,
las distintas prioridades atribuidas a la música en relación con objetivos políticos, pero sobre
todo la manera de entender la materialización del compromiso en la cultura. Es el tema que
me dispongo a tratar.
Una explicación simple detrás del “boicot”17 que Kurapel sufrió de parte de la comunidad
chilena podría fundarse en diferencias políticas y, particularmente, en el poder que ciertas
17. Además de desdeñar sus presentaciones en vivo, se ha dado cuenta del estropeo de sus vinilos que hacían desconocidos
en las disquerías.
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instituciones de militantes detentaron en el exilio, en especial aquellas acogidas al alero del
Partido Comunista, reconocido bastión cultural de la izquierda chilena, y, en menor medida,
del Partido Socialista y otras organizaciones18. Pero a decir verdad, las dificultades para
lidiar entre los objetivos partidistas y los culturales exceden el caso particular de Kurapel
y fueron más bien recurrentes para muchos músicos que participaban de las acciones
solidarias. La hostilidad originada en rencillas políticas redundaba, durante los años setenta,
en un hostigamiento de parte de los organizadores de los eventos hacia los músicos que se
presentaban indistintamente en actividades promovidas por una u otra asociación, actitud
que se agravaba para los músicos militantes, pues sus respectivos partidos les disuadían de
colaborar con los otros organismos19.
En este ámbito, Kurapel ha señalado que sus primeros intentos por fundar un grupo que
abarcara canto, poesía y gesto se vieron frustrados por la “intromisión de diversos grupúsculos
políticos, con sus opiniones dogmáticas e ignorantes sobre lo que debía ser el arte, [que]
terminaron por desintegrar el intento” (2011, 24-25). Sin embargo, él mismo ha sostenido
que ya había llegado “marcado” por divergencias que remontan a su fallida participación en el
Canto al programa, ya que luego de la grabación del disco había sido súbitamente reemplazado
para el estreno por Héctor Duvauchelle ante su negativa de convertirse en militante del PC. De
allí que el desconocimiento de su obra musical en otros territorios del exilio pueda entenderse
parcialmente por un desinterés de instituciones como DICAP –por nombrar una con la que
tuvo algún tipo de acercamiento en Francia– de promover a un artista cuya no-militancia
generaba escozor. Sin embargo, un argumento de este tipo pasaría por alto lo que, a mi juicio,
sobresale como la dimensión de mayor interés del caso: la singular relación que se estableció
entre los auditores chilenos y el cantautor Alberto Kurapel, encarnada por el mismo autor que
sería posteriormente consagrado por la crítica por sus aventurados aportes a la expresión de
exilio.
En vista de entender las diferentes capas en las que la antipatía (o el rechazo rotundo) opera,
recurro a la teoría de performance musical de Philip Auslander, quien a su vez ha remitido
a Erving Goffman (ver 1974) para adoptar la noción de “marcos de análisis”20, entendidos
como los principios que gobiernan los eventos. Así, Auslander entiende que para examinar
la performance musical se requiere reconocer que percibir un evento sonoro como música es
entenderlo como la producción de un agente que opera según la comprensión que un grupo
dado de personas tiene sobre lo que es la música. Luego, diferentes niveles de marcos son
18. Jan Fairley ha señalado que la nueva canción chilena, desprovista de una organización formal propia, estuvo dominada
(aunque no controlada) por el Partido Comunista (PC), siendo muchos de sus músicos miembros de comités culturales
de dicho partido. Luego, respecto al exilio europeo, Fairley ha expresado que el éxito de ensambles como Quilapayún en
Francia e Inti-Illimani en Italia, fue facilitado por fuertes partidos comunistas y socialistas, así como por el movimiento
de trabajadores en general (1984, 113-114). Al respecto, vale la pena indicar que, luego de la deserción de Quilapayún
del Partido Comunista, se ha hablado de un boicot convocado por ciertos militantes en ocasión del concierto en Montreal
en 1986, aunque se ha dicho asimismo que pocos lo habrían obedecido [03].
19. A modo de ejemplo, dos testimonios de cantores describen el tipo de trato de parte de los organizadores de peñas
en Montreal: “Entonces por ejemplo nosotros íbamos a cantar a un acto del PS [Partido Socialista] y cuando volvíamos y
había un acto del PC nos decían ‘¿y ustedes de dónde vienen, de dónde los socialistas?’ o viceversa. Por ejemplo si íbamos
a cantar por un acto del MIR, el PC ‘Oh, vienen de los miristas’ [con voz de remedo o burla]. Entonces se transformó en
una cosa totalmente ridícula…” [19]; “…suponte tú que el PS hacía una peña, ya nosotros íbamos a cantar. Entonces los
que estaban eran simpatizantes o militaban en el PC, entonces ellos no podían ir, y si era el MIR, ya nosotros íbamos a
cantar, pero si los otros eran los del PS no podían ir. Así se manejaba el asunto” [15].
20. Mi traducción de frames of analysis.
Jordán. ”Garganta de Piedra:el canto artificial de…”. Resonancias 18 (34): 15-35
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identificables, pensando por ejemplo que dentro del marco “música” pueden encontrarse
marcos más específicos como la práctica, el ensayo, el concierto, cada uno de los cuales es
además una laminación21 del marco general (2006, 104-105). El reconocimiento de uno u otro
marco permite analizar distintos comportamientos e ideas en relación a principios particulares
que atribuyen un estatus determinado al evento experienciado. Esta conceptualización resulta
pertinente para el caso en cuestión toda vez que permite establecer varios niveles de lectura
sobre la divergencia de expectativas que funda el desencuentro entre Kurapel y el público
chileno, una divergencia que remite, creo, a los distintos marcos en los que cada parte concibe
su participación en una determinada situación común.
En un primer nivel, emerge la pregunta sobre la naturaleza de los eventos en los cuales
se produjo el encuentro. En general, como comentaba en la primera sección, se trataba
de actos de solidaridad, normalmente ideados bajo el formato de peña, que tenían como
objetivo explícito la recaudación de fondos para enviar a Chile. Luego, el interés motor de
la audiencia presente, según lo han expresado participantes de esta investigación, no era la
apreciación de espectáculos de corte artístico, sino que el esparcimiento de ideas políticas
y la convivencia colectiva. Por el contrario, muchos músicos que desfilaron por aquellos
improvisados escenarios buscaban exponer el resultado de una práctica dedicada, aun en el
ámbito aficionado, encima de colaborar con la causa. Por ello, varios han referido a la precaria
recepción de sus presentaciones, alegando por el exceso de ruido proveniente de la audiencia,
que ellos consideran una falta de respeto hacia los artistas22. De allí emerge entonces la primera
ruptura, pues los códigos del concierto musical esperaban ser aplicados por parte de aquellos
que tocaban, mientras que los “auditores cautivos” se habían desplazado hasta el evento con
otros fines, no estando, por lo general, dispuestos a una escucha atenta, a diferencia de lo
que se ha reportado sobre las peñas en Santiago, donde la relación entre artistas y público
se describe como íntima, cálida, familiar (Bravo y González 2009, 162-166). Esto sugiere la
necesidad de estudiar de manera detallada las dinámicas propias de la peña de exilio, distintas,
al menos, en lo que respecta a la relación músico-público, de las dinámicas del concierto.
Ahora bien, volviendo al caso de Montreal, resulta evidente que el quiebre fue más abrupto
con Kurapel, por ser él uno de los pocos músicos que se concebía a sí mismo como un artista
profesional, a lo que se añade el hecho de que, a diferencia de Eduardo Guzmán de Quelentaro,
su figura como cantor era escasamente conocida por los chilenos exiliados antes del destierro.
En razón de sus intereses artísticos, se le imputó así un cierto “elitismo”, presuntamente
verificable en su pretensión de incorporar la lengua francesa e inglesa a sus canciones. La
razón del rechazo se fundaría en una tendencia “abajista”, desde la perspectiva de Kurapel,
según la cual la comunidad chilena tendía a celebrar la mediocridad. Esto concuerda con
la opinión vertida por algunos exiliados asiduos a las peñas, que han descrito la recepción
de los espectáculos como ampliamente favorable, reconociendo que no se trataba de una
audiencia selectiva, pues la “calidad” de los músicos no era un asunto determinante, toda vez
que su función era amenizar el ambiente para un público cuya asistencia estaba motivada por
razones políticas y sociales. Siguiendo esta lectura, el público se conformaba con lo que se le
21. Mi traducción de lamination.
22. Dos músicos locales lo comentan: “Lo que pasaba, una de las cosas que más dolor me causaba era que los grupos
políticos, los juzgo como grupos políticos, no como personas que hacían esas cosas de buen corazón, entonces pero no
tenían conciencia de que preparar una canción tomaba tiempo, que la gente iba a tocar gratis, que a mucha de esa gente
nos gustaba tocar” [03] y “El público chileno de Montreal fue muy regaloneado musicalmente. Quiero decir, fueron
realmente regaloneados, porque podían sentarse tranquilamente y disfrutar de buena música” [13].
ARTÍCULOS
24
ofrecía: “Ahí, cantara quien cantara, cantaba no más, pero no es que nosotros nos fuésemos
a impresionar porque tal voz exprimía [sic] sus sentimientos”, dice uno de los participantes
[02]. Consecuentemente, no es extraño que el desencuentro ocurrido entre Kurapel y
la comunidad de chilenos exiliados no se funde en un problema de “calidad”, sino que en
las distintas expectativas puestas en juego. Por lo mismo, el rechazo que éste pudo haber
inspirado especialmente en dirigentes políticos y organizadores de eventos no se reflejaba
directamente en un comportamiento soez de parte de los auditores, sino en el cese de las
invitaciones a participar, así como en el desprestigio.
Se ha argumentado en otros escritos sobre el exilio la insistencia con que los auditores en
tal contexto demandaban escuchar las canciones emblemáticas de la Unidad Popular (Jordán
2013a). Este fenómeno afectó incluso a grupos como Quilapayún e Inti-Illimani, que en
sus giras recibían insistentes griteríos y silbidos del público solicitándoles que cantaran sus
piezas más conocidas. A una escala más pequeña, los asistentes a las peñas esperaban oír
de los cantores versiones del repertorio “folclórico”, comprendidas ahí las canciones de la
Nueva Canción Chilena. Opuestamente, Kurapel, como muy pocos, empleó el escenario de
los eventos comunitarios para mostrar creaciones recientemente compuestas, centradas en la
temática del exilio. Entonces se alegó que su música estaba sobrecargada de sufrimiento, que
redundaba en temas de sangre, tortura y opresión.
Kurapel fue criticado por sus compatriotas por el contenido de sus canciones,
cuyas palabras describían el dolor causado por el golpe de Estado. Dirigentes
chilenos estimaban que tales canciones era una expresión de “derrotismo”23
(Del Pozo 2005, 251).
Lo menos que podíamos hacer los exiliados era denunciar la crueldad de la
dictadura cívico-militar y decir a viva voz que habíamos sido derrotados. Pero
se cantaba como [si fuéramos] triunfadores. Lo que hice entonces fue mostrar
las heridas para que otros no cometiesen el mismo error que yo cometí. Esta
conducta, en aquellos tiempos, significaba ser pesimista y no movilizador,
pecados capitales para los partidos de izquierda (Kurapel 2012).
Más allá de la aversión por parte de los dirigentes, como en sus piezas musicales tomó una
posición en la que desechaba continuar simplemente con los términos del ya conocido canto
contingente, esto trajo por consecuencia un distanciamiento entre los repertorios atendidos
por la comunidad chilena y los que él ofrecía. No estuvo dispuesto a seguir con las antiguas
canciones ni a plegarse a una actitud triunfalista. Por el contrario, se encargó de crear un
repertorio situado que diera cuenta de las nuevas condiciones en que se encontraban. No solo
eso, pues también esperó que los espectadores acuñaran de vuelta una actitud congruente:
Tampoco admitía que si yo estaba en una peña, cantando una tonada sobre la
tortura o sobre los campos de concentración, la gente empezara a palmear.
Ahí me detenía y les explicaba que lo que estaba cantando era un sinónimo de
llanto y que por favor no aplaudieran cuando alguien estaba llorando. Yo no iba
23. Mi traducción del fragmento siguiente: “Kurapel s’est fait critiquer par ses compatriotes à cause du contenu de ses
chansons, dont les paroles décrivaient la douleur causée par le coup d’État. Des dirigeants chiliens estimaient que de
telles chansons étaient une expression de ‘défaitisme’”.
Jordán. ”Garganta de Piedra:el canto artificial de…”. Resonancias 18 (34): 15-35
25
a ninguna peña a divertir o divertirme, iba a denunciar la represión y lo que
estaba sucediendo en Chile (Kurapel 2012).
De este párrafo se desglosa el segundo marco, como laminación del primero, en que la ruptura
opera, relativo a los géneros musicales. En efecto, según Kurapel, el tipo de tradición a la
que sus cuecas “La tortura” y “Desaparecen sin rumbo” adscriben, es la de una cueca que se
escucha, no una cueca que se baila. Por el contrario, la reacción de los auditores respondería
a un conocimiento sobre ciertas prácticas conocidas de la cueca como medio de sociabilidad
y diversión. Pero en lo específico, se revela una discrepancia mayor que reside en el supuesto
de que el músico en la peña reproduce una tradición, mediante un repertorio conocido o un
género musical “folclórico”, en circunstancias que el músico en cuestión, Kurapel, procuraba
experimentar a partir de dicha tradición: “En mis cuecas siempre altero el sentido tradicional
de la regla melódica referente al último verso de la cuarteta, para evidenciar un quiebre (la
fractura que llevo dentro)” (2012).
Me parece que esta confusión se acrecienta al servirse Kurapel de códigos de la proyección
folclórica, innovando a partir de ellos, aun cuando el distanciamiento crítico que éste tome no
sea evidente para el público. Vestido de poncho, entonando cuartetas y cuecas, la utilización
de un soporte para el pie proveniente de la tradición guitarrística clásica no bastó como señal
de su adscripción voluntaria y condicional, “artificial” en últimas, a la tradición folclórica. En
ese sentido, parece acontecer lo que él mismo ha analizado en la interpretación de Margot
Loyola en términos de una empatía escénica (1998, 134-135), que en este caso alude a la
disipación de la identidad performativa al crearse una ilusión de realidad. Aunque al cantar
aplicara los más sofisticados principios del espectáculo, su actuación musical parece haber
sido percibida en el registro de un canto testimonial, de expresión no mediada. Dicho de otro
modo, desde la recepción no es que se rechazara una representación del sufrimiento ni una de
la derrota; mas se percibía que Kurapel al cantar sufría y encarnaba la derrota. El desencuentro
en los marcos de análisis, o lo que Auslander describe como “evaluaciones imprecisas”24
(2006, 106), se vuelve más evidente si se recurre a la teorización que Kurapel ha hecho sobre
su teatro de exilio, especialmente cuando advierte la artificialidad propia de la performance
sobre el escenario:
Desde el momento en que existe una disposición elaborada de las zonas espaciales
que ocupan los actores-performers y los espectadores, desde el instante en que se
está consciente que la voz debe proyectarse hasta la última fila, desde el segundo
en que existe un espectáculo, estalla la naturaleza artificial (2011, 56).
Parte de sus indagaciones para la creación “de exilio” permiten concebir cómo se articula
esta conflictiva relación con el público desde una clave sonora. En particular, una singular
interrogante planteada tempranamente se vuelve crucial a la hora de analizar su creación
musical: cómo la voz se desplegaba más como “vehículo transmisor de texturas sonoras que
como mensajera de textos” (Kurapel 2011, 40). Es cierto que las investigaciones que emprendió
para comprender y servirse de la voz en su arte llegaron al súmmum en su producción con
la Compagnie des arts exilio, desde 1981. No obstante, las referencias a la voz de sus primeros
álbumes, previos a la experimentación estilística e idiomática de Contra-exilio (1982), revela,
como antesala a la decantación de su teatro de exilio, la temprana disquisición sobre la
24. Estas “inaccurate evaluations” se producirían por situaciones de “misframing”.
ARTÍCULOS
26
comunicación del sonido vocal y más aún sobre la ruptura dramática que el exilio provocaba
en el campo sonoro, una ruptura cuyas implicaciones llegaban a la reconceptualización misma
de la actividad creativa y de la relación del performer con el público. Asimismo, sostengo que
en dicha vocalidad puede rastrearse el germen de su búsqueda de una expresión escénica más
elocuente, desde esa inquietud inminente de extender mediante el sonido las posibilidades de
la expresión, reconfiguradas por el exilio. Consecuentemente, en vista de sopesar el mentado
rechazo del dolor y de la derrota en sus canciones, propongo que éstos no radican únicamente
en las descripciones explícitas de las letras, sino que en buena parte anidan en la performance
y más específicamente en la ineludible carga de la voz cantada, que, excediendo la melodía, se
vuelve gráficamente grito, gemido, llanto. La voz comunica vívidamente, interpela y provoca,
y en ese sentido, cuando Kurapel señala “me dolía cantar lo que cantaba” (2010, 121), debería
recibirse tal manifiesto como una referencia directa al cuerpo, a la garganta emitiendo esa
voz que en su performance dolía y hacía doler, esa descrita inequívocamente por Huguette Le
Blanc como una “voz desgarrada”25 (1983, 16).
Referencias a la voz y la persona musical de Alberto Kurapel
Reconociendo la diferente naturaleza de la performance en vivo y de la grabación –esta última
entendida como laminación de la primera por Auslander– vale la pena, a fin de justificar un
estudio de la discografía que dialogue con la discusión arriba expuesta, recurrir a la concepción
sobre el canto en estudio que ofrece el propio Kurapel en su análisis sobre Margot Loyola:
…el cantante deberá presentar su canto de manera que asemeje a lo que el
público ha escuchado o escuchará en vivo, o realizar una grabación en la que se
utilicen todas las condiciones específicas del estudio para que resulte un canto
propio de sala de grabación (1998, 155).
De los dos tipos de registro del canto, la selección de un corpus acotado a sus tres primeros
álbumes se justifica por evidenciarse en ellos un enfoque más cercano a la música en vivo, a
diferencia de sus producciones posteriores, donde experimenta con los recursos fonográficos,
en procedimientos tal vez análogos a la “transmedialidad” teatral que analiza Alfonso de Toro
(2004). En el trío de discos elegidos, se incluyen treinta y seis piezas originales, la mayoría de
ellas basada en un tipo “folclórico”: copla, trote, cueca, tonada, canción, zamba, rin y otros. Los
medios son sencillos, acotados a una voz y una guitarra.
Tiembla la voz con que Kurapel inaugura Chili: Amanecerá la siembra! (1975). Como grabación
primigenia vibra y señala inquietud, desasosiego. Comienza hablada, denunciando, y se
quiebra de golpe al pronunciar la palabra “canto”, en un gesto sobrado de sentido. Y va a
ser justamente el quiebre vocal el elemento distintivo de todo el primer álbum, con su paso
sorpresivo de un registro al otro, de la voz de pecho al falsete. Remitiendo al romper del llanto,
consecuencia del nudo en la garganta, cierta pérdida de control del aparato de fonación se
consigna en descontrol consciente, incorporado. Se trata de una voz inestable y que denota
abiertamente su inestabilidad en la fragilidad del continuum sonoro. Convocando en el oyente
el propio malestar de la garganta ante el dolor, en Kurapel el tenor vocal con se que funda
su inscripción discográfica sugiere el desplazamiento, tal vez remoto, de la atención hacia la
25. Mi traducción de voix déchirée.
Jordán. ”Garganta de Piedra:el canto artificial de…”. Resonancias 18 (34): 15-35
27
articulación de nuevos regímenes vocales, asociados a la ineluctable afección y a la temática
del desarraigo convertida en pie forzado.
No solo sirve la descripción de la voz del cantor para suscitar impresiones fundadas sobre el talante trágico que envuelve sus primeras grabaciones, sino que señala una vía de análisis de la materialización musical de su obra de exilio. En efecto, al mismo tiempo que se despliega una performance vocal cuyos rasgos participan de la configuración de la persona artística de Alberto Kurapel, las canciones allí contenidas se muestran repletas de signos referentes al canto y a la voz, dos entidades cuyos sentidos exceden la actividad musical para remitir, por una parte, a una particular comprensión de la práctica artística bajo la dictadura y, por otra, al esbozo de modos posibles de enunciación desde el exilio.
La noción que acuño de persona musical proviene de las teorías de Philip Auslander y sirve para denotar la emergencia de una figura distinta de la persona “real”, figura construida mediante la actividad performativa y que se distingue también de los personajes ocasionalmente evocados a través de las canciones mismas (2004, 6). La persona musical es la dimensión a la que accede el público y la que media entre la persona real y los personajes (2006, 102). En el caso de
Kurapel la pertinencia del concepto resulta palmaria, pues desde la adopción de su nombre artístico hasta la construcción de un hermético proyecto autoral, resulta factible examinar su persona de artista como ente descriptible en términos de sus atributos performativos. Así pues,aun relegada a segundo plano, su práctica musical participa activamente de la configuración de esta persona, toda vez que le da cuerpo, un cuerpo sonoro. Nítidamente, la relación de identidad que establece Kurapel con su persona musical queda manifiesta de su puño cuando dice: “Mi mundo eran todos los mundos y todos los mundos… yo… Guitarra-Cantor”26.
Si la voz es, como dice el mismo Kurapel, “un cúmulo de vibraciones inteligentes por donde fluyen significados”, y si ella “solo reproduce lo que escucha” (2010, 221-222), bien puede emprenderse una lectura de sus cualidades que responda a ciertas incógnitas sobre la persona que la produce y que se auto-produce en ella. A diferencia de sus piezas teatrales, y contando algunas excepciones, la mayoría de las canciones contenidas en sus primeros álbumes presenta a un hablante lírico que asemeja al artista, de manera que persona y personaje insinúan una fusión. Cuando escuchamos cantar, es Kurapel quien canta, al perfilar y pulir su “garganta de piedra”27. Esta constatación se reafirma luego en un segundo nivel, el de las palabras pronunciadas en melodías y recitados que remiten a una reflexión metadiscursiva sobre el canto y la voz.
Por una parte, pone en evidencia su conciencia sobre la imposibilidad de seguir cantando como se cantaba en un instante anterior. Si bien en una instancia superficial esto podría aludir al asunto de los repertorios comentado más arriba, parece ser que el cambio de circunstancia acarrea una cavilación sobre el modo de forjar la voz, cuya comprensión se encuentra recién en ciernes. Ese “pasado” no aparece delimitado ni claramente establecido, sino por oposición:
“no traigo cantos, traigo el sufrir de las prisiones de mi país”28. Se expresa luego un giro en la naturaleza del quehacer musical, provocado por el brusco cambio de la situación política en Chile.
26. “Desde el sur”, en librillo del álbum Chili: ¡amanecerá la siembra!
27. “Pregón de nacer”, Guitarra adentro.
28. “Vengo de lejos”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
ARTÍCULOS
28
Yo quisiera hacer un canto
Para calmar mis penares,
¡Y no puedo compañero
Reír con versos de sangre!
Cómo he de cantar bonito
Si mi garganta está llena
Del hambre de mis hermanos
Y el ruido de las cadenas.29
***
Mi silbo se ha vuelto un eco
Ahogado entre las grietas
Con manos que se desvelan
Dibujando una vihuela
Si me preguntan quién soy.30
Como si diera respuesta a los reclamos implícitos en el rechazo de sus compatriotas, en ambos fragmentos reclama por la dificultad de cantar, en un gesto que, más allá de la paradoja que encierra, apunta hacia significados más recónditos de la vocalidad. Se alude, entonces, al impedimento de concebir un canto desentendido de la contingencia, pero no solamente en términos de las temáticas que vienen a ser relatadas, sino porque la garganta se encuentra colapsada por el ruido opresivo, identificándose de esa manera una transformación conceptual y corporal de la disposición hacia la emisión vocal. Luego, la consecuencia no es el silencio, más la urgencia de encontrar un modo factible de no callar.
Si callo en atardeceres,
Mi voz se irá por los rayos
Del sol que será mi tumba
En las alturas de un canto.31
***
Durmiendo me veo allá
En el canto pequeñito
De un gorrión, que en una lluvia
De Octubre rompió su grito,
Naciendo en el techo de mi infancia
Para caer al silencio
Que rompía mi garganta.32
Ya se evidenciaba en el primer ejemplo el vigor de las imágenes sonoras y vocales en la
lírica del artista, quien exhorta insistentemente a la esfera del cantor para denunciar los
29. “Sequía”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
30. “En prisión”, Guitarra adentro.
31. “Brotando”, Guitarra adentro.
32. “Aguazales”, A tajo abierto.
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acontecimientos políticos, perfilando a la par la nueva condición de la actividad de cantar: “más allá de los llantos, encontrando al grito más cantos florecen…”33. En esta afirmación, al tiempo que se da cuenta de una concepción del canto como expresión ineluctablemente truncada, se sugiere la exploración obligada de nuevos modos de enunciación. Así, luego de la constatación del quiebre, se emprende la tarea fascinante de dibujar un universo sonoro posible y situado, uno que ha de materializarse mediante un abanico diversificado de sonidos.
De allí germina una plétora de tipos vocales, entre los cuales sobresale el grito.
Vengo a cantar con mi grito
Desgarrado en mil lamentos,
La sangre que boca abajo
Inunda todo mi centro.34
***
No sé nada de los niños
Pero cuando grito un llanto
Parece que dentro mío
Florezco un niño cantando.35
Si bien el grito se apareja con lamentos y llantos, emerge igualmente como expresión clásica de resistencia cuando se defiende la tenacidad de la guitarra como arma, de manera que éste puede entenderse como dispositivo clave de la resiliencia y de la necesidad imperiosa de narrar.
El canto de tus espumas
Besa mi grito guitarra;
Diapasón que no se dobla
Porque es madera que sangra.36
***
Un solo canto en las manos
Que grite la Historia Herida.37
Mientras se reconfigura la capacidad de enunciar a través de la emergencia del grito,
interpelando nuevamente al público, parece necesaria la justificación de la incomodidad que tal emisión vocal provoca en los oyentes, ya que esta emisión es lanzada, a sabiendas, para irrumpir, para incomodar, para perturbar una calma que se considera pasajera e inaguantable.
33. “Desde el sur”, en librillo del álbum Chili: ¡amanecerá la siembra! En ésta y en todas las citas de canciones, el énfasis
es mío.
34. “Tu senda”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
35. “Cogollitos”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
36. “Río Mapocho”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
37. “Encuentro”, Guitarra adentro.
30
Si lanzo este grito agreste
No es tan sólo por cantar.
Quiero romper al que duerme
Sus ensueños de cristal.
Aquéllos que por el hambre
Sus ojos secos están,
Tienen en mí la garganta
Que el Tiempo habrá de escuchar.38
Una vez más retorna al canto, invocando en una cita al ya mítico Víctor Jara cuando
distanciara su quehacer de la creación desapegada de la realidad, “sin sentido ni razón” (Jara
1974). Ahora bien, en Kurapel –“el que grita fuerte” (Alcota 2006, 12)— hay mucho más que grito, llanto y lamento. “Quejidos largos como suspiro quisieron contar el camino para hacer conocer los abismos”39, propone Kurapel en su canción “Desde el sur”. Así, quejido y suspiro, luego clamor 40, murmullo y jadeo 41, relincho y gemido 42, rugido y bramido 43 se despliegan en
una gama vocal que busca dar relieve a una afección heterogénea y matizada, pero también a formas concretas de denunciar y resistir, porque mediante estas voces “grita mi guitarra no vencida”44 . Por último, se convocan en cuerpos ajenos al hablante la voz florecida de la tierra 45, la voz del corazón 46, la de la sangre 47 y la de Salvador Allende 48. Coronando, Kurapel adjudica a dicho espacio, a medio camino entre el cuerpo y la abstracción, la condición de ser el último reducto en que la existencia del “pueblo” prevalece.
Quién dijo muerte cantando
Llevando en lanza el dolor,
Mi pueblo canta en prisiones
Con la Existencia en la Voz.49
Epílogo – canto artificial
A la luz de lo descrito, la voz pasa a reclamarse, más que como dispositivo en que se actualiza la sola actividad del cantor, como espacio privilegiado de acción y definición: “Somos Canto o somos nada”50. Si el dolor y la derrota eran las principales razones evocadas para explicar
38. “Mi jornal”, Guitarra adentro.
39. “Desde el sur”, en librillo del álbum Chili: ¡amanecerá la siembra!
40. “Vigilia de ti”, A tajo abierto.
41. “Cercanías”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
42. “Remanso”, A tajo abierto.
43. “Desde mi sangre”, A tajo abierto.
44. “Desde mi sangre”, A tajo abierto.
45. “Tu senda”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
46. “Hoy se fue mi corazón”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
47. “La tejendera”, Guitarra adentro.
48. “Sementera”, Chili: ¡amanecerá la siembra!
49. “Rescoldo”, A tajo abierto
50. “Retorno”, A tajo abierto
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el confinamiento de Kurapel a los márgenes de la comunidad chilena exiliada en Montreal,
posición de relego asumida y nunca refutada por el artista (Kurapel 2010, 121), sus propios
versos sirven aquí para justificar la vigencia de la ruptura y la pertinencia de un estudio de
esta música de su primer exilio.
Sufran las dolencias
Mordiendo un cantar
El dolor de un canto
No se olvida más51.
El cruce de fuentes y la perspectiva de marcos de análisis que se ha propuesto a lo largo de este
escrito pretende, en última instancia, inquirir sobre la utilidad de la noción de artificialidad,
sujetada por el artista a los requerimientos de la escena, a su práctica musical temprana,
calzada por defecto en el marco de la tradición folclórica. Un sobrevuelo de las letras de las
canciones de Kurapel de los años setenta revela el cuestionamiento que se gestaba en torno
a la adaptación vocal a la situación de exilio, a pesar de que su realización cantada fuera
recibida por parte de la comunidad chilena en términos del dolor y el derrotismo, como si se
tratara de verdaderas quejas, como si lamentos y gritos fuesen reales, y no se estuviera frente
a gestualidades mediadas por la creación escénica. Para que tales “evaluaciones imprecisas”
ocurrieran, la confusión entre persona y personaje operó para relegar a Kurapel mismo a
la categoría “derrotista”. Simultáneamente, su aclamada autoinscripción al campo del arte
lo remitió a un elitismo rechazado desde la programación política de ciertos militantes, aun
cuando su performance musical pareciera desprovista de sofisticaciones.
A parte de las primeras exploraciones estampadas en la discografía, diversas vivencias
permitieron a Kurapel reflexionar sobre las transformaciones de la voz con el nuevo idioma y
aun sobre las diferenciaciones originadas en el sentido de las palabras. Así, llegó a considerar
que comunicar con la voz un concepto en un contexto lejano al de su origen “conducía a
la realización de una imagen trunca y en consecuencia a la manifestación de un gesto
inhábil” (2010, 54-55). De ahí que la búsqueda de modos de producción vocal sobrepase la
problemática de configurar un lugar nuevo para el canto por oposición a un período predictadura,
excediendo también el desafío de expresar la experiencia de “identidades rotas”
(2004, 223). Dicha búsqueda se acogería, pues, a la interrogante de cómo mixturar la
concepción de la performance de exilio con nociones sobre la voz en el canto folclórico, voz en la que según Kurapel “deben aparecer en toda su extensión, timbres, matices, que en el disco representarán una suspensión final que el auditor recibirá sin más referencia que la textura de la voz” (1998, 157).
A fines de la década del setenta, Kurapel lanzó su cuarto disco Las venas del distanciado (1979), con el que culmina una etapa de creación musical, cuya centralidad en la vocalidad se conjugó con el uso de formas del folclor y el despliegue austero de recursos instrumentales, reducidos casi cabalmente a la guitarra. En la década siguiente, con la fundación de la Compagnie des arts exilio, se estrena también en el ámbito musical un período de exploración que permite a Kurapel distanciarse de las sonoridades primarias para abrazar de lleno otros asuntos del destierro, como la alteridad, la fractura y el interculturalismo problematizados en su teatro
(Fernando de Oto 2004, 211-219), asuntos que, presumo, serían rastreables en los tres álbumes
51. “Ay de ti”, Chile: ¡amanecerá la siembra! Compuesta en diciembre de 1973, con afinación por arpa (Kurapel 2011, 45).
ARTÍCULOS
32
de canciones producidos en los ochenta. Respecto a ellos, cabría esperar que la elaboración vocal dé cuenta de una nueva etapa –de contra-exilio (Kurapel 2012)– donde la relación con sus reflexiones acerca de la proyección folclórica produzcan “músicas híbridas”, por plantearlo en términos consonantes con la teorización que se ha realizado de su obra teatral.
Poniendo en perspectiva el análisis de sus músicas más tempranas, resulta imperioso
concebirlas como una antesala de su teatro “de exilio”. Ellas se inscriben en un lapso primigenio en el que el exiliado, en términos del propio Kurapel, “añora lo que perdió” (2012), viéndose impedido de aceptar el lugar de acogida en una actitud de renegación. La alusión a Chile en los títulos, la referencia persistente a Allende y a la represión de los primeros años de la dictadura evidencian su anclaje en dicho territorio, lo mismo que el espacio secundario que relega en ellos a la experiencia de destierro, cuya alusión verbal es prácticamente nula en el repertorio analizado. Diferente es el caso de las canciones de su producción más tardía, en
las que podrían indagarse elementos relevados por otros a partir de su dramaturgia, como son la angustia del exilio, la desorientación y el vagabundeo expresados en la combinación de medios heteróclitos como videos, diapositivas y grabaciones (Hazelton 1994, 128) y especialmente el uso persistente del bilingüismo (Gómez 1994). No obstante, en este primer corpus de canciones y en la historia de esta conflictiva relación con la comunidad chilena, ya se deja inquirir la preocupación por la vocalidad que será fundamental en la conceptualización de la creación “de exilio”, configurándose simultáneamente una faceta originaria de su persona vocal –quejumbrosa, quebrada– que, antes de tiempo, hace eco de la paradoja entre performance y representación en el cuerpo cantado del exiliado: “Aquí estoy, comienzo a ser
penetrado por la naturaleza artificial de la condición que hoy asumo”52 (2011, 56).
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52. Énfasis en el original.
Jordán. ”Garganta de Piedra:el canto artificial de…”. Resonancias 18 (34): 15-35
33
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Entrevistas
Alberto Kurapel, Santiago de Chile, mayo de 2012.

A partir del trauma: narración y memoria en Traba, Peri Rossi y Eltit.

A PARTIR DEL TRAUMA: NARRACIÓN Y MEMORIA EN TRABA, PERI ROSSI Y ELTIT

A PARTIR DEL TRAUMA: NARRACIÓN Y MEMORIA EN TRABA, PERI ROSSI Y ELTIT

Narración y memoria en Traba, Peri Rossi y Eltit entrega una reflexión necesaria y oportuna sobre los modos en que tres escritoras dan testimonio de un pasado doloroso en los países del Cono Sur. Desde la selección de narraciones a las acertadas aproximaciones, este estudio ilumina temas ineludibles relacionados con el trauma y la memoria. Rastrear, establecer y examinar la memoria, según sugieren los perspicaces análisis de Gloria Medina-Sancho, es un trabajo colectivo y personal a la vez. A través de un diálogo crítico en el que se entrecruzan diversas disciplinas y la crítica previa, este indispensable estudio invita al lector a profundizar en los modos como la literatura preserva instancias de la memoria colectiva y contribuye a que no se olviden situaciones que es preciso reconocer y continuar evaluando. María Inés Lagos.

Info adicional

  • Título:A PARTIR DEL TRAUMA: NARRACIÓN Y MEMORIA EN TRABA, PERI ROSSI Y ELTIT
  • Precio:8.000
  • Autor:Gloria Medina-Sancho
  • Serie:Ensayo
  • Colección:Crítica Literaria
  • Páginas:200
Medina-Sancho, Gloria. A partir del trauma: narración y memoria en Traba, Peri Rossi y Eltit. Santiago: Cuarto Propio, 2012. 200 pp.

El libro de Gloria Medina-Sancho, A partir del trauma: narración y memoria en Traba, Peri Rossi y Eltit, plantea una pregunta clave: ¿cuál es la preponderancia de reflexionar sobre las dictaduras de América Latina y las literaturas que acusaron su presión de una manera original en el 2012, cuando han pasado décadas desde que sus gobiernos fueran derrocados y no menos tiempo en que esas aproximaciones y textos han estado bajo escrutinios académicos y los perfiles políticos de estos escritos se han aguado por tantas visitas? El libro de Medina-Sancho enriquece un campo de estudio que se malinterpreta como saturado con elementos de análisis que muestran un punto principal: la dictadura ha terminado como gobierno, pero pulsa en la literatura y otros escenarios sociales como síntoma especialmente atendible. [End Page 236]

Ha pasado mucha agua bajo el puente, pero las narrativas de las dictaduras siguen denunciando formas actuales de represión y ocultamiento, y también indican maneras de intervención y agencia; por eso el libro de Medina-Sancho es una acotada investigación sobre literaturas dictatoriales que incumbe no sólo al pasado sino esencialmente al presente y sus narrativas.

A partir del trauma enfrenta encrucijadas críticas, y una de las principales es sopesar concienzudamente las dictaduras en los textos literarios: ¿es la historia nacional el remitente exclusivo y final de este tipo de narrativas? Asegurar que la historia oficial o silenciada es el último terreno de lectura irradia también una trampa, pues somete estos trabajos artísticos a una simple referencias de dictadores y sus secuaces. El estudio de Medina-Sancho propone, en cambio, leer a Diamela Eltit, Cristina Peri Rossi y Marta Traba sin tener como generadores creativos de esos discursos a Pinochet o cualquier otro tirano. Esas literaturas no se sostienen en conocer o ignorar las sucias historias políticas de las dictaduras como última posibilidad de lectura.

A partir del trauma señala que algunas literaturas de dictadura se plantean el problema de narrar lo imposible, y que por esa razón la memoria (una manera de narración) se transforma en un complejo problema de subjetividades políticas. Las dictaduras, sin embargo, han sido larga y extensamente narradas desde muchas perspectivas, formatos y lenguas, por lo que lo imposible de narrar, como afirma Jacques Rancière, es más una prohibición ética que estética (El viraje ético de la estética y la política), y es ahí donde aparece otra de las trampas en las que caen las críticas literarias dictatoriales: no solo responsabilizan a los tiranos por esos textos, sino también los amarran urgentemente a una moral de denuncia, de dar voz a los sin voz, lo que es inducirlos a una camisa de fuerza ética que no solo la crítica académica se encarga de adjudicarle.A partir del trauma se arma de un aparato teórico para esquivar, con mayor o menor éxito, estas trampas, y una de sus cualidades es que no soslaya la complejidad de esas preguntas en sus reflexiones.

El libro de Medina-Sancho resalta narrativas que acusan como causa las dictaduras latinoamericanas y sus crueldades, y como efecto, los relatos que se produjeron bajo su influencia; estudia textos que son denuncia de los estados represivos y también posibles documentos de liberación. Medina-Sancho examina los lenguajes que se forman bajo imposiciones dictatoriales y las maneras de descomponerlos críticamente. Las claves de interpretación de A partir del trauma son literarias ya que la investigación remarca las narrativas de tres escritoras, Traba, Peri Rossi y Eltit, preponderando sus decisiones estéticas sobre la memoria y las analiza como decisiones éticas. Esa es la razón por la que su análisis sostiene fuertemente que la memoria es un escenario político. El texto trata las teorías y aproximaciones críticas como caja de resonancia para escuchar con mayor potencia las estrategias literarias que expone. Resalto en ese…


Medina Sancho, Gloria. A partir del trauma: Narración y memoria en Traba, Peri Rossi y Eltit. Chile: Cuarto Propio, 2012. Pp. 200. ISBN 978-9-562-60592-2.

A partir del Trauma: Narración y memoria en Traba, Peri Rossi y Eltit, de Gloria Medina Sancho, nos ofrece un estudio crítico sobre la memoria, basado en relatos de la argentina Marta Traba, la uruguaya Cristina Peri Rossi y la chilena Diamela Eltit. Medina Sancho ha adoptado como marco metodológico el campo de los estudios culturales donde el objeto de estudio es el que define el tipo de análisis a realizar. De este modo, mediante un acercamiento interdisciplinar, se le lleva al lector de manera cronológica (por autora y por fecha) a través de los caminos de la memoria, el trauma, el género y la performance.

La detallada y bien organizada introducción plantea una serie de preguntas sobre el papel de la memoria y el trauma en el seno de la narrativa, así como sobre la función de la historia y la cultura dentro del proceso de rememoración. También muestra cómo, mediante la narración de hechos traumáticos, se pueden llegar a discutir prácticas culturales tales como las construcciones de género o identidad. Igualmente, la introducción nos ofrece de una manera clara y directa las razones de la autora para la elección del enfoque metodológico utilizado en A partir del Trauma, así como el desarrollo de este.

El primer capítulo, “Espacios de ruptura: invención y memoria en las últimas novelas de Marta Traba” (43–87), realiza un análisis del trauma causado por la dictadura argentina a través [End Page 514] de la trilogía póstuma de dicha autora: Conversación al sur (1981), En cualquier lugar (1984) y Casa sin fin (1988).

Medina Sancho recrea el elemento performativo de la memoria, el cual ofrece nuevos caminos a la expresión que contrarresta el lenguaje opresor de las dictaduras militares. A lo largo de este capítulo se analiza cómo los textos de Traba presentan nuevas formas lingüísticas que permiten romper los límites del lenguaje y, por ende, de la sociedad. Esta función se realiza gracias al papel que poseen tanto los testigos como los interlocutores en la narración de los hechos traumáticos. Para Medina Sancho, el proyecto político y literario de la obra de Traba no es otro sino el surgimiento de un nuevo lenguaje que nos narra el evento traumático y que se “articula para ser escuchado” (87).

El segundo capítulo, “La memoria en ruinas: alegoría y trauma en la narrativa breve de Cristina Peri Rossi” (89–130), presenta el análisis de varias colecciones de cuentos de esta autora: Los museos abandonados (1974), El museo de los esfuerzos inútiles (1984), Una pasión prohibida (1987), y Cosmogonías (1994).

Medina Sancho nos dice que Peri Rossi utiliza en sus relatos el concepto de lugares de la memoria, observándose un “interés por la representación alegórica del pasado” (90), la cual se centra tanto en el museo como en la ciudad. Peri Rossi nos enfrenta a las contradicciones de la vida moderna, siendo mediante la recuperación de la memoria cómo se llega a superar el trauma sufrido. En este capítulo, se reconstruyen los espacios del pasado, pero ahora se da cabida a lo que fue dejado en los márgenes de la historia.

El tercer capítulo, “Marginalidad y lenguaje: la memoria del cuerpo social como resistencia en Diamela Eltit” (131–85) analiza Lumpérica (1983), Los vigilantes (1994), y El infarto del alma (1994), obra elaborada conjuntamente con la fotógrafa Paz Errázuriz. Aquí Medina Sancho se centra en cómo Eltit recorre la memoria desde la condición de género y cómo, mediante su uso del lenguaje, desestabiliza las prácticas totalitarias. Según Medina Sancho, Eltit pone el punto de mira en aquellos seres marginales para, desde aquí, abrirse a la plasmación del otro como sujeto oprimido.

Respecto…

Una imagen, una historia. 11 de Septiembre 1973. Orlando Lagos.

  • 11 de septiembre de 2016 ·

    La imagen puede contener: 5 personas, personas de pie

    Hector Gonzalez De Cunco

    …11 de septiembre de 1973.© Foto de don Luis Orlando Lagos

    Hoy, la traigo para contar, hasta donde sé, la historia que atribuye esta foto a dos autores diferentes.

    “A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el último recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su médico Danilo Bartulin, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el presidente no se rendiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semi abierta, vemos al carabinero José Muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leído el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos”.
    (Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, de Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ocho Libros, primera edición, agosto 2008)

    detalle libro

    A continuación, “Triste historia de la foto de Luis Orlando Lagos”, reportaje de Camilo Taufic, publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008.

    Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie recordó la hazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con “clásicos mundiales”, como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.

    El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

    Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

    Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político deSalvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

    AUTOR DESCONOCIDO
    “The New YorkTimes”, considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

    Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el “NYT” pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de “exclusivas” que su posición le permitía tomar día a día.

    Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al “New York Times”, estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos”comprometedoras”.

    Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la “resistencia”, por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

    Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como “La Foto del Año 1973″ a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

    APROVECHADOS
    Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo”no era un chileno”. O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el “tancazo” (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

    El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro “Las muertes del Presidente Allende” (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, “fueron hechas” por un tal “Freddy Alborta”. Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

    Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, “era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote”. Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, “nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos”.

    AL EXTERIOR
    El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, “se embolsó la nada despreciable suma de 12 mildólares”. Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; “por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo”.

    En 1998, el recuerdo del fotógrafo “anónimo” resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: “¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje”. Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

    Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: “Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el PresidenteSalvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde”.

    No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

    En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

    LA HISTORIA SECRETA DEL CHICO LAGOS

    Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie ha explicitado lahazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con « clásicos mundiales» , como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.
    Texto de Camilo Taufic (publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008)

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    CAMILO TAUFIC KALAFATOVIC

    El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

    Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

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    LUIS ORLANDO LAGOS DIT « EL CHICO »  (LE PETIT) PHOTOGRAPHE DE LA PRÉSIDENCE

    Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político de Salvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

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    PHOTOGRAPHIES DU PRÉSIDENT ALLENDE, LORS DU « TANQUETAZO » DU 29 DE JUNIO DE 1973  ON N’A PAS PU ESTABLIR L’IDENTITÉ  DU SOUSOFICIER  DE L ‘ARMÉE QUI L’ACCOMPAGNE

    AUTOR DESCONOCIDO

    « The New YorkTimes » , considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

    Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el « NYT»  pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de « exclusivas»  que su posición le permitía tomar día a día.

    Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al « New York Times» , estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos» comprometedoras ».

    Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la « resistencia» , por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

    Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como « La Foto del Año 1973»  a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

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    LE GÉNÉRAL  DIRECTEUR DE CARABINIERS DU CHILI  JOSÉ MARÍA SEPÚLVEDA GALINDO, LUIS FERNANDO RODRIGUEZ RIQUELME, MEMBRE DE LA GARDE PRÉSIDENTIELLE (GAP), LE PRÉSIDENT SALVADOR ALLENDEET LE DR.  DANILO BARTULIN  MÉDECIN PERSONNEL DU PRÉSIDENT.   PHOTO D’ORLANDO LAGOS

     

    APROVECHADOS

    Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo» no era un chileno» . O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el « tancazo»  (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

    El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro « Las muertes del Presidente Allende»  (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, « fueron hechas»  por un tal « Freddy Alborta» . Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

    Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, « era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote» . Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, « nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos».

    AL EXTERIOR

    El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, « se embolsó la nada despreciable suma de 12 mil dólares» . Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; « por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo ».

    En 1998, el recuerdo del fotógrafo « anónimo»  resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: « ¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje» . Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

    Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: « Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el Presidente Salvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde» .

    No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

    En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

    [ Cliquez sur l’image pour l’agrandir ]

    PHOTO D’ORLANDO LAGOS, PARU DANS THE NEW YORK TIMES EN 1973



    © Foto de don Luis Orlando Lagos, 40 años después… La publico para intentar contar la historia completa, tan poco conocida… A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el ultimo recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su medico Danilo Bartulín, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el president no se rndiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semiabierta, vemos al carabinero José muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leido el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos. Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ochlibros, primera edición, agosto 2008.

    Publié par Araucaria à 11:00

     
     
    Adriana Goñi Memoria Vigente
     

Reseñas: Chile 1970-1973. Mil días que estremecieron al mundo. Poder popular, cordones industriales y socialismo durante el gobierno de Salvador Allend

 1° ed. Santiago: LOM ediciones, 2016. Obra de Franck Gaudichaud traducida al español por Andrea Marchant, título original: “Chili 1970-1973: mille jours qui ébranlerent le monde”. 1° ed. Francia, Les PUR, 2013.

Por Karina Narbona, investigadora de Fundación SOL.

Antropóloga social de la Universidad de Chile.

Franck Gaudichaud recorre e interpreta en este libro el desarrollo de formas de poder popular –a lo que el autor añade la palabra “constituyente” para enfatizar su capacidad de agencia sobre lo constituido- durante los mil días de la llamada vía chilena al socialismo, considerando como paraguas al movimiento popular urbano contestatario pero centrándose en el movimiento obrero y en sus experiencias embrionarias de autogestión territorial y productiva expresadas en los Cordones Industriales.

El autor difunde y actualiza por este medio los resultados de su tesis doctoral en Ciencias Políticas (2005). El libro tiene 472 páginas y trece capítulos agrupados en 4 partes: 1) “El Chile de la Unidad Popular”, 2) “¿Hacia el desbordamiento? Del fracaso de los Comités de la Unidad Popular a la Asamblea de Concepción”, 3) “De los cordones industriales en sí a los cordones industriales para sí” y 4) “Repertorios del poder popular, territorios movilizados y amenazas del golpe de Estado”. Junto con hilar acontecimientos y procesos que en líneas generales dieron forma al paisaje social de la Unidad Popular, este trabajo, en palabras de su autor, se propone “utilizar y probar la noción de ‘poder popular constituyente’ con el objeto de estudiar esas formas creadoras de organización y movilización provenientes desde abajo” que se desplegaron en el Chile de los mil días y que, con sus especificidades, fueron parte de una vivencia latinoamericana “salpicada, en diferentes lugares, por esos ‘destellos autogestionarios’”, “que tienen una identidad social específica a este continente’” pero que dialogan con ensayos de autogobierno de latitudes y temporalidades lejanas, como las experiencias europeas. Gaudichaud, siguiendo a Hannah Arendt, considera estas prácticas colectivas de las clases dominadas “‘un tesoro perdido de la tradición revolucionaria’ (…) que la historiografía dominante ha desestimado hace demasiado tiempo (empezando por la historia de los consejos obreros)” (pp. 26-27). Así, su obra arranca de una apelación al estudio profundo y una puesta en relieve de esta área marginada en tanto clave comprensiva del cambio social, poniendo su foco en Chile.

Se trata de un pormenorizado recorrido que se inicia con una caracterización del movimiento sindical, de las fuerzas de izquierda existentes y de las condiciones socio-espaciales de la clase trabajadora en el periodo estudiado, tomando nota de los cordones industriales aún no movilizados que existían, en los hechos, por efectos de contigüidad y aglomeración productiva (los cordones “en sí”); que analiza el despegue del proyecto de la Unidad Popular junto a los espacios previstos de participación institucional de pobladores y trabajadores, los cuales Gaudichaud describe como pensados en forma poco articulada dentro del proyecto y como espacios circunscritos a segmentos muy específicos, pero aún así germinalmente estimulantes; que ahonda en los zigzagueos de la política del Área de Propiedad Social, vislumbrando tensiones de diversa índole –como económicas (por la falta de un control significativo del mercado de la distribución, entre otros factores) y políticas-; y que se detiene en el desborde autogestionario (relativo) que los trabajadores protagonizaron frente al aparato estatal, al aparato sindical (en lo referido al menos a las organizaciones de cúpula) y al aparato de partidos (oficiales y extraoficiales), una experiencia acelerada coyunturalmente por el apremio de la autodefensa de clase frente a la escalada de la violencia patronal y frente a la praxis contradictoria de la estructura política y su difícil ascendencia sobre las orgánicas emergentes, pero también resultante de un proceso más largo de aprendizajes y acumulación organizativa del pueblo trabajador, que se alcanza a insinuar. El libro finalmente interroga esa “marea” creativa y energía viva, su funcionamiento, fortalezas y debilidades, especialmente en relación a los Cordones Industriales empujados por la acción consciente de trabajadores multicomprometidos –identificados como la experiencia más concreta y avanzada de poder popular, en comparación con otras experiencias menos desarrolladas-, y que en sus últimas páginas muestra la respuesta de este poder popular en construcción ante la amenaza del golpe de Estado y a su posterior concreción, repasando la acotada resistencia física de un pueblo que se encontraba prácticamente sin armas y la resistencia larga desde el terreno de la memoria de quienes encarnaron más directamente estos procesos.

Con material profuso, como archivos periodísticos y militantes, registros fotográficos, entrevistas orales y vasta bibliografía, incluyendo la reseña y puesta en aplicación de referencias teóricas de las ciencias políticas y sociales, este libro aporta un conocimiento fresco y una luz penetrante sobre una dimensión que ha sido poco estudiada dentro de la cuantiosa producción intelectual que existe sobre el tema de la Unidad Popular.

No se trata de una historia contada en código de obviedad lineal, sino que reconoce influencias de dirección múltiple y se confronta con dilemas de la izquierda del siglo XX y también de hoy –y probablemente aún más de hoy-, de forma compleja, como la relación entre conducción y espontaneidad, entre estructuración a gran escala, representación y democracia, o entre protagonismo de las voces subalternas y sedimentación ideológica.

Una especificidad del filtro de análisis escogido, es la atribución de un carácter nodal y dinámico al eje del trabajo. Reivindicándolo como nervio sistémico -sin usar estas palabras- Gaudichaud toma el resguardo de no aislar las luchas de los trabajadores del conjunto social mayor y flexible de sectores subalternos en lucha (reconociendo la interacción con movimientos sociales como el de pobladores) y no asilarlas de sus interacciones con el campo estatal y el “medio partidario”, sobre todo atendiendo a la tradición chilena. En relación a esto último, sin embargo, el tema central es cómo, especialmente a partir de octubre de 1972, se construyó una respuesta de clase que fue un poco más allá del apadrinaje desde afuera. En este sentido detecta el autor que “Una fuerte solidaridad obrera, ganada codo a codo en el torbellino de la movilización colectiva, multiplica los acercamientos de las posiciones en el seno de las fábricas e interrumpe temporalmente, las divisiones políticas fratricidas”, evidenciándose una “relativa autonomización del espacio del movimiento social frente a los grandes partidos” (p. 222).

El tratamiento no idealizado que hace Gaudichaud de los Cordones Industriales permite identificar y conocer limitaciones en el control efectivo de la producción, en la participación de los trabajadores de base en las decisiones más relevantes y en la capacidad de estructurarse y de proyectarse como organizaciones con un horizonte de autogestión de soluciones mayores (en la medida que depositaron hasta final en el gobierno –y en su redención frente a las acciones de contención– la expectativa de superación de las crisis). A pesar de los discursos que identifican a estas experiencias con los soviets, el autor concluye que no hubo aquí una abierta dualización del poder, sino experiencias de empoderamiento parciales y en gestación, pero “extremadamente ricas”.

Como desafío investigativo que deja esta obra, resulta interesante conocer más hondamente, en términos cualitativos pero también cuantitativos, los resultados económicos de esa autogestión productiva y territorial. Además, entendiendo la presión que pone intentar evitar la sobre extensión, resultaría importante ahondar en cómo se ensarta todo esto en una historia que sea más larga y más ancha, perfilando más densamente el desarrollo de la presión del pueblo trabajador chileno hacia el Estado y fuera del Estado en el periodo precedente al trienio 1970-1973, lo cual terminó prefigurando estos procesos, y la inserción de esta historia nacional en la jerarquía interestatal mundial.

En relación al plano político, entre los muchos estímulos que este libro deja, está la pregunta entre líneas de cómo se podría valorar aquella energía creativa del movimiento obrero y social que se observó en el Chile de los mil días, frente a los problemas del tiempo presente. Con las transformaciones ocurridas en las últimas décadas y un sistema de producción que ha reacomodado sus formas de explotación ¿Es pertinente abandonar políticamente el mundo del trabajo como nivel en el que se anidan y se disputan las alternativas al capitalismo? ¿O abandonar la esperanza en los trabajadores y trabajadoras organizados como agentes de cambio social, y más aún, revolucionario?¿Cómo construir formas de poder popular y de autogestión hoy?

Reseña Franck Gaudichaud, Poder Popular y Cordones Industriales. Testimonios sobre el movimiento popular urbano, 1970-1973, Lom Ediciones, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, ISBN: 956-282-642-2, 471 páginas, Santiago de Chile, 2004.

La experiencia de la Unidad Popular en Chile, 1970-1971, bajo el gobierno de Salvador Allende ha suscitado una cantidad impresionantes de libros, artículos, ensayos, memorias, compilaciones documentales y tesis doctorales que enfocan diferentes dimensiones del discurso político-ideológico, de la estrategia y de las políticas de reforma implementadas por el Gobierno de Allende. Después de ya más de tres décadas del sangriento golpe militar encabezado por el Gral. Augusto Pinochet que dramáticamente clausuró la experiencia de la Vía Chilena al socialismo o también denominada la Vía Política al Socialismo, el interés de nuevas interpretaciones de este proceso continua siendo vigente. Sin embargo los estudios sobre la temática del libro que reseñamos: los movimientos populares urbanos en el Chile Popular continúan siendo escasos en relaciones a otras dimensiones de este proceso, como el autor de este libro certeramente lo señala: “Esta historia esencial a menudo se olvidó o fue dejada de lado por los innumerables obras, estudios y relatos que se han propuesto revisar los tumultuosos acontecimientos de los “mil días de la Unidad Popular” (p.16). Nos parece que la historia de la emergencia del pueblo que se constituyó como sujeto para construir una nueva sociedad en Chile, no forma parte del repertorio temático de los muchos historiadores tradicionales interesados en el remoto pasado colonial, o en la historia de héroes, guerras victoriosas y la historia política de las élites oligárquicas. Sin embargo la recuperación de este pasado de los sujetos populares y subalternos ha sido la tarea de un grupo de historiadores chilenos, entre los cuales podemos mencionar emblematicamente a Gabriel Salazar, Mario Garcés y Eduardo Devés Valdés. Sus trabajos como también el aporte de los jóvenes historiadores, de los talleres de historia oral están contribuyendo decisivamente a reconstruir la memoria colectiva de las luchas populares del pasado. En este contexto se inscribe el aporte de Franck Gaudichaud, quién ha escrito su tesis doctoral sobre esta problemática (Poder Popular, Cordones Industriales y participación de los trabajadores durante la Unidad Popular, Universidad de París VIII-St. Denis). 2 Esta obra está estructurada en 6 secciones: 1. Presentación general; 2: La Historia, la memoria y el olvido: la importancia de la historia oral; 3 Cronología de la Unidad Popular y del “Poder Popular”( 1970-1973:4. El sistema de participación de los trabajadores del Área de Propiedad Social;5. Los activistas en el seno de los Cordones Industriales; La influencia de los estudiantes y militantes de izquierda: y 6. La dirección política y el gobierno: su visión de la participación de los trabajadores y del “poder popular”. La obra cuenta con una bibliografía especializada de 8 páginas sobre la Unidad Popular y sobre el tema del trabajo, y direcciones en la Web con referencia a los tópicos de libro: 2 páginas de abreviaciones y 21 páginas de anexo documental y fotografías alusivas al tema esta investigación. En la presentación de libro, el autor nos plante su lectura de la Unidad Popular su proyecto político junto y critica algunas de las posiciones de otros autores al respecto. Para Gaudichaud es necesario “volver de nuevo a una visión dialéctica y materialista de la Unidad Popular, utilizando las contribuciones teóricas de las ciencias sociales y políticas contemporáneas disponiendo así de una visión crítica de las y fecunda de este período”. Nos parece significativo desde el punto de vista epistemológico que el autor defina su horizonte teórico e intelectual en una visión materialista dialéctica. Sin embargo, este paradigma de interpretación estaba ya con antelación de la disolución del socialismo real y de la caída del muro de Berlín, fragmentado en diferentes tradiciones: la versión stalinista del materialismo histórico, la visión trotskista, el estructuralismo altusseriano y por último la escuela gramsciana. En esta relación no se podría definir a estas alturas una canon del materialismo histórico cuya validez sea aceptada por todos los historiadores que se reconocen en esa tradición. En este mismo capítulo dedica el autor bastante espacio para analizar diferentes lecturas del Poder Popular, señalar sus logros y supuestas debilidades en su interpretaciones y por último destacar el consenso entre las diferentes interpretaciones: “más allá de las importantes diferencias de interpretaciones, los escasos investigadores que han profundizado sobre estos fenómenos concluyen, en su conjunto, sobre la “fuerza potencial” que personifican históricamente los Cordones Industriales como órganos de lucha y transformación social”(p.51) En el capítulo segundo el autor expone los fundamento de la historia oral y discute su validez como método de investigación y sus posibilidades epistemológicas en el caso de los movimientos populares chilenos del período estudiado. Se precisa, que con este método “se trata de realizar una mirada crítica sobre los testimonios que 3 entregamos aquí como fuentes históricas para el futuro y no como una “verdad revelada” del proceso de la Unidad Popular (p.63). Los capítulos centrales de este trabajo y que constituye el subtítulo del libro ( Testimonios sobre el movimiento popular urbano 1970-1973) están conformados por un corpus de 30 entrevistas realizados a activistas, militantes, dirigentes de los partidos de la Unidad Popular y miembros del MIR. El cuestionario de las preguntas cubre un amplio y significativo espectro de temas sobre la participación de los entrevistados, sus vivencias y experiencias en los movimientos popular, y sus percepciones del Gobierno de la Unidad Popular y de su política hacia los movimientos populares, como él de los Cordones Industriales. Las respuestas entregan una rica e interesante visión de la experiencia del Chile popular desde la base que difiere considerablemente en algunos casos de la lectura canonizada de los partidos sobre su protagonismo en el proceso. Consideramos que el trabajo de Franck Gaudichaut constituye un aporte significativo para la reconstrucción de un período central de la historia de Chile del siglo XX en donde el pueblo urbano y rural emergió como un actor en el escenario político y social de Chile. Esta investigación que muestra la validez de la historia oral para recuperar la historia del pueblo, no es sólo importante para investigadores en la historia de Chile contemporánea, sino que también para todos los chilenos, especialmente para a las nuevas generaciones que quieren escuchar las voces de la memoria silenciada por la dictadura a través de esta compilación de testimonios. Con este trabajo la editorial chilena LOM ha agregado un aporte muy valioso más a su serie sobre los movimientos sociales en Chile. Hugo Cancino ( Aalborg Universitet, Dinamarca)

RELACIONADO

Franck Gaudichaud: “Los Cordones Industriales son el actor olvidado de la UP”/

Agustín Edwards: Un Obituario desclasificado.


memo CIA para el registro que describe a 15 de septiembre de 1970 entre el cumplimiento de Agustin Edwards Eastman y director de la CIA Richard Helms en Washington, DC (Documento 1)

Agustin Edwards: Un desclasificados Obituario

Desclasificado de la CIA, la Casa Blanca documentos revelan colaboración entre Chile magnate de los medios y más alto nivel de gobierno de Nixon

Kissinger establecer reuniones secretas para Edwards con Nixon y director de la CIA Richard Helms

Documentos Registro Edwards encubierta Golpe conspiración para derrocar a Allende en Chile

Publicado abril 25, 2017

 

Archivo Nacional de Seguridad informativa libro Nº 587

 

Editado por Peter Kornbluh
Para más información, contacte con: peter.kornbluh@gmail.com y 202.994.7000

 


Washington, DC, 25 de abril de 2017 – magnate de los medios Agustín Edwards Eastman, que fue ampliamente considerado como el Rupert Murdoch de Chile, murió el 24 de abril, a los 89 años, dejando un legado de la estrecha colaboración con Henry Kissinger y la CIA en la instigación y apoyar el golpe del 11 de septiembre de 1973, militares. Edwards fue el único chileno-civil o militar conocida para encontrarse cara a cara con el director de la CIA Richard Helms en septiembre de 1970 en relación con los planes para instigar un cambio de régimen contra el líder socialista Salvador Allende, que acababa de ser elegido presidente.

Documentos desclasificados de la CIA y la Casa Blanca publicado hoy por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington demuestran de manera concluyente lo Edwards en repetidas ocasiones negó – que él y su periódico, El Mercurio , se convirtió en una parte fundamental de los planes estadounidenses para fomentar un golpe militar contra el presidente Allende.

 

* * * * *

Agustín Edwards Eastman: A desclasificados Obituario

15 de septiembre de, 1970 , fue un día espectacular en la vida del magnate de los medios de Chile, Agustin Edwards Eastman. Su día comenzó a las 8 am, con el desayuno en la oficina de Henry Kissinger, entonces asesor de seguridad nacional del presidente Richard Nixon. A las 9:15 am, Kissinger había dispuesto para Edwards para ver en secreto Nixon en la Casa Blanca. Aunque no hay constancia documental de que la reunión con el presidente tuvo lugar, ese mismo día en el Madison Hotel en el centro de Washington DC, Edwards se convirtió en el único chileno-civil o militar conocido para encontrarse cara a cara con el director de la CIA Richard Helms . A las 3:25 pm de ese tarde, el presidente Nixon llamó a Kissinger y Helms en la Oficina Oval y los instruyó para tratar de forma encubierta para “salvar a Chile” por orquestar un golpe militar. “Tengo esta impresión de que el presidente llamó a esta reunión,” Helms testificó más tarde ante el Senado de Estados Unidos “debido a la presencia de Edwards en Washington y lo … Edwards estaba diciendo acerca de las condiciones en Chile.”

Agustin Edwards Eastman (derecha) con el dictador chileno Augusto Pinochet (sin fecha)

Extraordinaria influencia de Edwards en la política de Estados Unidos y la intervención de la CIA en Chile no se detuvo allí. Cuando fracasó Schneider-CIA acción encubierta, que incluyó el asesinato del general René bloquear inauguración de Salvador Allende, el imperio mediático de Edwards se convirtió en el colaborador clandestina líder en el fomento de un golpe de estado militar. Presidente Nixon autorizó personalmente la financiación encubierta de la CIA para sostener El Mercurio por lo que podría convertirse en un megáfono medios de oposición, la agitación y la información errónea contra el gobierno de Allende. A raíz del derrocamiento de Allende, la CIA le atribuye explícitamente su proyecto de propaganda de los medios en Chile para jugar “un papel significativo en el escenario para el golpe militar del 11 de septiembre de 1973,” y continuó para canalizar el dinero en secreto con el grupo Edwards para que El Mercurio puede “presentar la Junta de la manera más positiva para el público chileno.”

A lo largo de su larga vida, Sr. Edwards negó ninguna de estas cosas hubiera pasado. Afirmó que él y El Mercurio nunca recibió ninguna financiación secreta de la CIA; en la reunión con Helms, según su testimonio jurado ante el juez chileno Mario Carroza, declaró: “ this Reunión se efectuo Días Despues de la elección realizada de Salvador Allende OPORTUNIDAD Donde se comento Las Circunstancias de Haber Salido ONU presidente comunista En un País Democrático, Pero en ningún caso se pensaba en un golpe de estado o algo PARECIDO “(Traducción:. “esta reunión tuvo lugar pocos días después de la elección de Salvador Allende, que me dio la oportunidad de formular observaciones sobre las circunstancias que habían permitido un presidente comunista ganar en un país democrático. en ningún momento hablamos de un golpe ni nada de eso.” )

Pero anteriormente clasificados de la Casa Blanca y la CIA en los registros de la intervención de Estados Unidos en Chile publicados por el Archivo de Seguridad Nacional de hoy proporcionan la verdad histórica que, durante su vida, Edwards nunca podría admitir. Entre las revelaciones clave en los documentos:

** Durante su larga conversación con el director de la CIA Helms y uno de sus principales colaboradores, Kenneth Millian, Edwards no sólo empujó para un respaldo de Estados Unidos, de preferencia, golpe de estado para bloquear la inauguración de la debidamente elegido próximo presidente de Chile, Salvador Allende; También proporciona la inteligencia detallada sobre potenciales golpistas en las fuerzas armadas chilenas y discutido “tiempo para una posible acción militar”. De acuerdo con el memorando de la CIA de conversación con Edwards, titulada “Discusión de la situación política chilena”, que revisan sistemáticamente la fuerza y ​​el golpe de Estado potencial de cada rama de las fuerzas armadas. Durante la discusión de la Armada, “Edwards describe contralmirante Fernando Porta, Comandante en Jefe de la Armada, que se opone a Allende, como indeciso y demasiado prudente.” Informó que “De los 11 almirantes de la Armada, ocho son anti-Allende y tres son pro-Tomic, incluyendo el contralmirante Luis Urzua Merino, comandante del Cuerpo de Marines.”Más adelante en la conversación, Edwards informó a la CIA que“después de discutir la situación posterior a las elecciones con [Camilo general] Valenzuela y algunas de las claves Naval oficiales que estaban preocupados con dos puntos básicos: 1) Si el Gobierno de Chile se volcó en una acción militar, entonces sería instalado el nuevo gobierno reciben el reconocimiento diplomático de los EE.UU.? 2) ¿Los Fuerzas Armadas chilenas reciben apoyo logístico para una acción contra el gobierno?”Edwards también dijo a la CIA que el presidente Eduardo Frei sería un aliado poco fiable en cualquier intento de golpe. “Frei probablemente ‘pollo’ en el último minuto”, según Edwards, “la decisión de no actuar en poco más que una llamada telefónica de un angustiado.” Cuando los funcionarios de la CIA pidió a Edwards que sabía que “todavía tenía buenos contactos con los militares,”Edwards nombrado miembros Partido Nacional Sergio Jarpa y Francis Bulnes. Además, pasó un tiempo considerable que describe “el mejor hombre” que podría ayudar. Pero la identidad de esa persona sigue siendo un secreto de la CIA.

** Después de la reunión con el director de la CIA, Edwards se quedó en Washington para un número de días para seguir compartiendo información más detallada con funcionarios de la agencia como la CIA movilizó para poner en práctica las órdenes del presidente Nixon para orquestar un golpe de estado. El 18 de septiembre, Helms informó a Kissinger que “más conversaciones y una reunión de información más exhaustiva están llevando a cabo con el Sr. Edwards en este momento.”

** Henry Kissinger, según transcripciones desclasificados de sus llamadas telefónicas, intentó dispuesta una reunión ultrasecreta entre Edwards y el presidente Nixon. En la tarde del 14 de septiembre de 1970, Kissinger llama programador de Nixon, Stephen Bull, y pidió que Edwards silencio se hizo pasar a la Oficina Oval antes de una reunión de Nixon había programado la mañana siguiente con el vicepresidente del partido alemán Unión Demócrata Cristiana, Gerhard Schroeder. “¿Es necesario Edwards más de 15 minutos?”, Preguntó Bull. “Absolutamente no”, respondió Kissinger. “Le programar 9:15-10:00”, afirmó Toro. “En ese periodo de 45 minutos [UTE] haremos Edwards al principio y luego traer a Schroeder.” Preguntó Kissinger para la reunión Schroeder para comenzar a las 9:45. Para mantener el secreto reunión Nixon-Edwards, Kissinger entonces instrucciones Bull: “no deje [Edwards y Schroeder] entren en contacto. Obtener Edwards a cabo.”Horario diario de Nixon le muestra reunirse con Kissinger de 9:37 am a 9:49 am-a ventana de doce minutos que potencialmente incluye Edwards-justo antes de que el presidente y Kissinger comenzó una reunión de 30 minutos con Schroeder. No existen otros registros de la Casa Blanca de grabación que esta sesión se llevó a cabo; Edwards declaró ante el ministro Carroza: “ no tengo recuerdos de haberme Entrevistado con Nixon .” (Traducción: “Yo no recuerdo haber reunido con Nixon” )

** Presidente Nixon autorizó personalmente más de $ 1 millón de dólares en septiembre de 1971 “para mantener el papel [ El Mercurio ] ir.” (La financiación inicial ascendía a la suma considerable de 67 millones de escudos.) Documentos de la CIA y la Casa Blanca muestran que los medios de comunicación Edwards grupo recibió casi $ 2 millones en fondos encubiertas de la CIA entre el otoño de 1971 y mayo de 1972. el dinero se utilizó para pagar el Mercurio cuentas y deudas ‘s, y cubrir los‘déficits operativos mensuales’con el fin de ayudar a la oposición forces- el Mercurio “hace ayudan a dar el corazón a las fuerzas de oposición “, afirma una nota a Henry Kissinger y para proporcionar una cobertura positiva de los medios para los candidatos anti-Allende en las elecciones al Congreso de marzo de 1973. Además, los registros de la CIA revelan que el Grupo Edwards recibió fondos secretos de la corporación ITT en $ 100.000 incrementos a través de una cuenta bancaria en Suiza.

** El Mercurio y los demás medios de comunicación propiedad de Edwards no sólo promovieron la agitación y la inestabilidad en Chile, pero conspiraron con las fuerzas armadas para establecer las condiciones para un golpe militar exitoso. En mayo de 1973, la estación de la CIA en Santiago identificó “el El Mercurio cadena de periódicos”, como entre “las partes más militantes de la oposición”, que “se han fijado como objetivo la creación de conflictos y enfrentamientos que dará lugar a una especie de militar . la intervención”El cable secreto de la CIA continuó:‘Cada [parte militante] a su manera está tratando de coordinar sus esfuerzos con los miembros de las fuerzas armadas que conozcan y que comparten este objetivo’.

** La CIA le atribuye su “proyecto de propaganda” en el que El Mercurio y los medios de comunicación Edwards, donde los actores clave, como teniendo “jugaron un papel importante en el escenario para el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.” De acuerdo con un secreto de la CIA informe posterior al golpe, “Antes del golpe de los medios de comunicación del proyecto mantuvieron un constante aluvión de críticas contra el gobierno, explotando cada posible punto de fricción entre el gobierno y la oposición democrática, y haciendo hincapié en los problemas y conflictos que se estaban desarrollando entre el gobierno y las fuerzas armadas “.

** Después del golpe, El Mercurio siguió recibiendo financiación encubierta de la CIA hasta junio de 1974. La CIA determinó eran necesarios los fondos para ayudar a los esfuerzos del periódico para ayudar al régimen de Pinochet consolidar su poder. “Desde el golpe, estos medios de comunicación han apoyado el nuevo gobierno militar. Ellos han tratado de presentar la Junta de la manera más positiva para el público chileno “, de acuerdo a la solicitud de la CIA para continuar dinero encubiertas para El Mercurio . “El proyecto es esencial para permitir que la estación de [CIA] para ayudar a moldear la opinión pública chilena en apoyo del nuevo gobierno …”.

Todos estos registros desclasificados de la CIA y la Casa Blanca se presentaron al ministro Carroza por su investigación sobre la participación de Edwards en forma encubierta colaborar con una potencia extranjera contra las instituciones democráticas de su propio país. Con la muerte de Edwards, que la investigación ya no lleva ninguna consecuencia judicial. Pero la verdad real como opuesta a la abundancia de mentiras que se han presentado con el tiempo, sobre la única parte que Agustin Edwards Eastman jugó en la historia oscura de Chile sigue siendo importante. No habrá veredicto legal en el Caso Edwards; pero los documentos todavía proporcionarán el juicio de la historia.

* * * * *

 

TOP TEN documentos desclasificados
LOS TOP TEN DOCUMENTOS DESCLASIFICADOS

documento 01
09/18/1970
CIA, Memorando de Conversación, “Discusión de la situación política chilena”, 18 de septiembre de 1970. (Se presentan dos versiones – ver descripción a continuación).
Esta reunión tuvo lugar el 15. El resumen fue transmitido a Henry Kissinger septiembre sobre el 18 de septiembre Las dos versiones presentadas fueron puestos en libertad en fechas diferentes con diferente texto extirpado. La primera versión, una fuerte censura es el documento completo, de 10 páginas descubierto por Peter Kornbluh y primero publicado en el sitio web de Chile, CIPER / Chile. La segunda versión se compone de sólo las primeras cuatro páginas, pero más del texto ha sido revelado.
documento 02
09/18/1970
CIA, Memorando de Conversación, “Discusión de la situación política chilena” (versión transcrito), 18 de septiembre de 1970.
Esta versión del documento apareció en Relaciones Exteriores del Departamento de Estado de Estados Unidos de la serie de Estados Unidos. Tenga en cuenta que la fecha en que el documento ha sido cambiado, por error, a 14. El encuentro Edwards / Helms tuvo lugar en el Madison Hotel de septiembre sobre el 15 de septiembre censores de la CIA redactados nombre de Edwards durante la mayor parte del documento para proteger su contribución inteligencia, pero la dejó sin censura en varias partes.
documento 03
09/14/1970
Kissinger, transcripción de la llamada telefónica a Steven Bull 14 de septiembre de 1970.
En esta llamada a la secretaria citas de Nixon, Kissinger establece una breve reunión, secreta entre Edwards y el presidente. Esta es la única referencia conocida a esta reunión secreta; nunca se ha determinado de forma concluyente que Edwards y Nixon en realidad se reunieron.
documento 04
09/09/1970
Consejo Nacional de Seguridad, memorándum a Kissinger, “40 Reunión del Comité de 9 de septiembre de 1971- Chile.”
Este documento describe una reunión de la Comisión 40, el órgano interinstitucional responsable de aprobar las operaciones encubiertas de la CIA. Incluye discusión de $ 1 millón en fondos encubierto a El Mercurio.
documento 05
09/30/1971
CIA, memorando para el registro, “Autorización de Apoyo ‘El Mercurio’,” 30 de septiembre de., 1971
De acuerdo con esta nota, director de la CIA Helms notificó a la división de operaciones que Kissinger había informado de la aprobación de Nixon de $ 700.000 para El Mercurio, pero que la cantidad podría superar los $ 1 millón “siempre que se justifica para mantener el papel en marcha”.
documento 06
04/10/1972
CIA, Memorando de Theodore G. Shackley al director de la CIA, “solicitud de fondos adicionales para El Mercurio” 10, de abril de, 1972
Theodore Shackley, jefe de la División del Hemisferio Occidental de operaciones de la CIA, busca casi $ 1 millón en apoyo adicional para El Mercurio, citando la posibilidad de “diversas formas de [chilena] acoso del gobierno, entre ellos el ataque físico.” Embajador Nathaniel Davis, y el secretario de Estado adjunto Charles Meyer avalan la propuesta.
documento 07
04/11/1972
NSC, Memorando de Henry Kissinger, “40 Reunión del Comité-Chile” 11, de abril de, 1972
Este memorando describe una nueva propuesta de la CIA a continuar financiando El Mercurio. Los detalles son extirpados, pero el “corazón del argumento” se explica. CIA y el Departamento de Estado se dice que favorece la idea, y el documento señala que el periódico es “importante” y una “espina en el costado de Allende”.
documento 08
02/28/1973
CIA, Resumen, “El Mercurio,” 28 de febrero de, 1973
Aquí la CIA proporciona un resumen de las discusiones anteriores del gobierno estadounidense de apoyo a El Mercurio que empiezan con la recomendación de septiembre de 1971 para proporcionar respaldo financiero para el papel.
documento 09
05/02/1973
CIA, por cable, Informe sobre otros grupos “militantes” El Mercurio y fomentar un golpe 2 de mayo., 1973
La estación de la CIA en Santiago identifica “la cadena El Mercurio de los periódicos”, como entre “las partes más militantes de la oposición”, que “se han fijado como objetivo la creación de conflictos y enfrentamientos que dará lugar a algún tipo de intervención militar.” “Ninguno tiene una idea clara de cómo se trata a suceder o qué forma tomará,” continuó el cable secreto de la CIA. “Cada una a su manera está tratando de coordinar sus esfuerzos con los miembros de las fuerzas armadas que conozcan y que comparten este objetivo.”
documento 10
1973-11-00
CIA, memorando al Director Asociado Adjunto de Operaciones, “Proyecto [extirpado] Solicitud de Modificación No. 1 para el año fiscal 1974,” sin fecha (aproximadamente finales de noviembre de 1973).
Esta solicitud para continuar el apoyo financiero de El Mercu

RECONFIGURANDO LO PÚBLICO Y LO PRIVADO EN EL SANTIAGO DE PINOCHET/ UN ANÁLISIS DE GÉNERO

Mujeres y política durante la Unidad Popular

Verdeolivo

RESUMEN
Este artículo sigue una perspectiva feminista para examinar la participación de mujeres en organizaciones locales en Santiago durante la Dictadura de Pinochet. Utilizando fotografía participativa como metodología de investigación, explora la nueva conciencia de género femenino, su participación en sociedades civiles y los bordes entre lo público y lo privado.

1. INTRODUCCIÓN
Durante la dictadura de Pinochet en Chile (1973-1990), un gran número de mujeres crearon y se incorporaron a organizaciones locales en respuesta a las brutales medidas político-económicas del Gobierno [1]. Estas organizaciones se volvieron parte de los movimientos Pro-Democracia, que lograron luego remover a Pinochet en el plebiscito de 1988. La participación femenina en este periodo se destacó por varias razones. Primero, porque se movilizaron principalmente en eventos femeninos, que cruzaban de forma transversal las líneas de clases y las divisiones ideológicas tradicionales de los partidos políticos. Segundo, porque se incluían a muchas mujeres provenientes de comunidades…

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