El rol de los medios en los dispositivos de represión: representaciones de la Nueva Izquierda revolucionaria en la prensa de 1975

El rol de los medios en los dispositivos de represión: representaciones de la Nueva Izquierda revolucionaria en la prensa de 1975

El rol de los medios en los dispositivos de represión: representaciones de la Nueva Izquierda revolucionaria en la prensa de 1975

En agosto de 2015 se realizó en nuestra Facultad el coloquio “A 40 años de la Operación Colombo: el rol de discurso de la prensa en los dispositivos de control social, ayer y hoy”, ocasión en la que la Prof. Constanza Martínez, académica del Departamento de Filosofía, expuso sobre el rol de medios como El Mercurio y La Segunda en la represión de la dictadura militar chilena.

Quiero aclarar que no me referiré aquí en detalle a la Operación Colombo en sí, porque es una operación de una gran complejidad, donde los montajes en el nivel del discurso se ensamblan con montajes en otros niveles que requerirían mucho más tiempo del que tenemos. Existen muy buenos estudios que abordan en detalle cómo funcionó el aparato represivo chileno, junto al argentino y el brasilero, en esa confabulación que inició en los hechos la Operación Cóndor.

Lo que sí quiero compartir con ustedes son algunos de las preguntas y conclusiones de la investigación que realicé hace unos años, buscando conocer cómo se construyó en el discurso la representación social de los sujetos de la nueva izquierda revolucionaria, entre los meses de abril y julio de 1975, a través del estudio y análisis de los textos de las noticias publicadas por El Mercurio, La Segunda y La Tercera.

Estas formas de representar deben ser leídas como estrategias elegidas entre otras posibles en un contexto histórico determinado, con el fin de alcanzar un objetivo, que se vuelve más claro en la medida en que esas representaciones aparecen de manera sistemática, de modo que ofrecen una intención clara como actos de habla que sirven para “hacer determinadas cosas con las palabras”.

Para conocer entonces esas representaciones, revisé las ediciones de esos tres diarios durante esos cuatro meses, y seleccioné los textos de noticias en las que hubiera representaciones específicas del MIR y de los demás integrantes de la Junta de Coordinación Revolucionaria. La muestra total recogida fue de 556 noticias, divididas en 429 noticias de agencias internacionales y 127 crónicas nacionales. Y ¿por qué abordar un grupo tan grande de noticias?, se preguntarán. Porque, durante el proceso de observación inicial de los textos, se me hizo cada vez más evidente que los editores y propietarios de medios, que habían declarado por su responsabilidad en la Operación Colombo ante el Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas, mentían al decir que su participación en ella había sido completamente obligada por la DINA. No porque algunos de los textos del caso no hubieran sido efectivamente redactados por el aparato represivo, sino porque existe otra serie de textos publicados en sus medios que aparecen en perfecta coherencia con las representaciones provenientes de la DINA y responden a los mismos fines. Creo que, de hecho, estos medios de prensa cumplieron –y por qué no decirlo, cumplen- un rol muy relevante en el dispositivo represivo estatal y, para el período estudiado, en el sistema del terror, por lo que podríamos hablar de terrorismo de prensa.

Para ahondar en ese punto vamos a necesitar revisar qué es un sistema del terror.

Según Víctor Walter, un sistema del terror es una esfera de relaciones controlada por los procesos del terror, en que todos juegan algún rol. Este proceso implica tres componentes: un acto o amenaza de violencia, una reacción emocional ante ese acto o amenaza y los efectos sociales que se derivan de los dos anteriores. Implica a tres actores o grupos de actores: “una fuente y una víctima de la violencia, y un objetivo del acto de terror. La víctima perece, pero el objetivo reacciona al espectáculo o a la noticia de esa destrucción mediante alguna forma de sumisión o acomodo, es decir, al retirar su resistencia o al inhibir su resistencia potencial.” (1969:9)

Por eso es importante distinguir entre el acto de destrucción en sí y el acto de terror.

El primero se completa en sí mismo a través de la aniquilación de la víctima. El segundo, en cambio, tiene por fin último el control sobre un sector amplio de la población más allá de la víctima.

Ante el acto de violencia, dependiendo del proceso de identificación del espectador, este generará una reacción, o bien de terror hacia la fuente de la violencia, o bien de cohesión con ella. Si a ello se suma una campaña de refuerzo de la imagen positiva de la fuente de violencia -lo que se conoce como ‘propaganda blanca’-, acompañada del refuerzo de una imagen negativa y amenazadora de la víctima, el resultado tiende a ser que el espectador se sienta protegido por la fuente de la violencia, proyectando en ella una figura paterna o salvadora y generando sentimientos de adhesión hacia la fuente: el acto de violencia se banaliza entonces como un espectáculo de compensación necesaria para el restablecimiento del orden y se transforma en una estrategia de propaganda de integración para la fuente de violencia. Por el contrario, si, pese a la campaña de imagen, un espectador resistente se identifica con la víctima, el sistema de terror es igualmente útil al poder para ejercer control sobre él, porque el horror del castigo sobre sus pares tenderá a paralizarlo, disminuyendo su resistencia y habilidad de lucha, lo que facilitará su aniquilación.

Entonces el mismo acto de violencia puede ser útil a los objetivos de generar adhesión u horror, según la ubicación del espectador en relación a la víctima de la violencia. En cualquiera de los casos, el proceso de violencia está al servicio del terror y el proceso del terror está al servicio del poder.

Como un régimen despótico terrorista requiere de un gran volumen de víctimas, para asegurar el control social durante casi una década, el régimen de terror de la dictadura cívico militar chilena necesitó dar una clara señal inicial en el primer período represivo, cuya dimensión dificultara estadísticamente que algún miembro de la sociedad no fuera víctima, o amigo, vecino, familiar de alguna víctima. En adelante, tras el período de estabilización del poder político, bastaría con activar mecanismos de memoria para renovar los efectos sociales de inhibición de la resistencia.

Para lograr que el terror sea procesado de modo que, además de inhibir la posible resistencia, aparezca un sentimiento de cohesión hacia la fuente de violencia, se refuerza la idea de que la violencia no es intrínseca a la fuente, sino que es una respuesta necesaria ante la amenaza de la verdadera violencia que proviene de un sector específico de la sociedad al que es necesario aislar y aniquilar: en nuestro caso, el ‘enemigo interno cooptado por el marxismo internacional’. Se crean entonces “zonas de terror” donde las víctimas para la violencia son escogidas “por su pertenencia a grupos de conductas específicas o a clases especiales de individuos”, de modo tal que si no se cumplen las condiciones de pertenencia a dicho grupo, aparentemente no es posible ser confundido con una víctima potencial.

A esta descripción corresponde, me parece, el segundo momento represivo, entre el 74 y el 77, cuando se escogen grupos específicos como objetivos de represión. Aquí la violencia corresponde a un doble objetivo. Se trata, por una parte, de ubicar, detener y aniquilar a aquellos sectores sociales que persisten en la resistencia frente a los mecanismos de control del gobierno. Dentro de la zona de terror, entonces, el objetivo es la aniquilación. Pero en segundo lugar, se cumple un objetivo de cohesión hacia afuera de la zona de terror, para el que es necesario conseguir que los grupos dentro de la zona sean percibidos como una amenaza real para la seguridad del resto de la población.

En este objetivo se funda la necesidad de sobredimensionar en el discurso oficial la capacidad y número de los actores resistentes, estableciendo la necesidad de un estado de guerra permanente que justifica la mantención literal y figurativa de un estado de excepción permanente, un estado de emergencia interior y exterior que conmina a adherir al gobierno comprometiéndose con la unidad nacional en torno al objetivo prioritario de la supervivencia material y simbólica de la nación, objetivo que está en la base de la Doctrina de Seguridad Nacional.

Ahora bien, nos interesa focalizar el rol que cumplen los medios de comunicación al interior de este sistema de terror. De qué modo, en este sentido, los medios se hacen partícipes del proceso del terror. Un modelo de sistema político del terror, debe tener una división y especialización en el campo de la violencia, un personal del terror que se divida a grandes rasgos en un directorio y unos agentes reales de la violencia. Ya volveremos sobre este punto.

En las noticias, las marcas de ideología están más ocultas que en otros géneros discursivos, pues su objetivo es ser comprendidas como ‘reflejo de la realidad’, por lo que utilizan un lenguaje mayoritariamente descriptivo, que tienda a la ilusión de objetividad, así como estrategias que apuntan a la veridicción, es decir, a naturalizar como verdades universales las interpretaciones particulares de las elites simbólicas que son las que tienen acceso a esta forma de discurso público. Por eso, para rastrear en ellas la ideología y entender de qué modos estos discursos hacen ‘algo más que informar’, es necesario revisar criterios como la selección que se hace de la información: qué se elige mostrar y qué ocultar, qué actores se invisivilizan, cuáles se muestran y en relación a qué tipo de acciones, si son representados como pasivos o activos, etc. También es necesario mirar cómo se jerarquiza determinada noticia, si recibe la primera plana, o la del medio, si se desarrolla en 10 o en 50 líneas. Por último, la forma en que se representa la noticia, con los actores sociales implicados y relacionados con determinadas acciones, presentan siempre un guión de interpretación de los hechos que es fundamental para entender el rol que este tipo de discurso público tiene en los modelos mentales que todos nosotros desarrollamos para nuestra interpretación del mundo.

En los textos que estudiamos se hacen evidentes a lo menos dos objetivos retóricos que se entrelazan a través de las representaciones de actores de la nueva izquierda revolucionaria: representar al marxismo como una amenaza y representar a la dictadura como factor protector contra la amenaza. La estrategia se desglosa así: por una parte, las representaciones que aparecen en las noticias del exterior, responden a la idea del marxismo como una amenaza seria y vigente, que genera horror por su crueldad, que gana fuerza y se coordina para generar caos, en un mundo convulsionado que destaca por sus imágenes de angustia e inseguridad. Esta estrategia aparece en directa relación con la naturalización de la interpretación de la Bipolaridad que propugna la Doctrina de Seguridad Nacional estadounidense, dentro de la que se inscriben las dictaduras latinoamericanas de los 70.

Esa representación angustiosa del mundo, como la llama el profesor Claudio Durán, funciona argumentativamente como contraste con las noticias del interior, donde se representa a los actores de la nueva izquierda revolucionaria como una amenaza latente pero controlada, vinculándolos la gran mayoría de las veces con acciones del aparato represivo sobre ellos, apareciendo pasivos, recluidos ya a la zona de terror o prontos a serlo, a punto de ser vencidos, restringida su posibilidad de acción ya no por lo que hagan, sino por su identidad ideológica que se ha vuelto biológica. De estas representaciones en el exterior y en el interior, leídas desde un público no resistente o ideológicamente afín a la dictadura, se desprende la estrategia de la representación positiva del gobierno y su acción represiva como elemento trascendente dentro de su propaganda de integración. Para un público resistente, en cambio, estas mismas estrategias responden a actos de amenaza sobre sus vidas y las vidas de sus seres queridos.

Sin embargo, si bien la selección de noticias del exterior es bastante concordante en los tres medios en lo que respecta a la interpretación de la bipolaridad, esta selección presenta diferencias importantes entre un medio y otro, las que parecen responder a los distintos grupos sociales a los que los medios están dirigidos. Estas diferencias son particularmente obvias en el caso del contraste entre El Mercurio y La Segunda, puesto que no solo son parte del mismo grupo empresarial, sino que compartían el edificio y la máquina de teletipos en que se recibían los cables de agencias internacionales, por lo que su selección distinta responde a sus distintas estrategias.

Así, llama la atención por ejemplo, que El Mercurio, de conocidas vinculaciones con la CIA y destinado a un público internacional y oligárquico, sea el único que publica los cables referidos a la Junta de Coordinación Revolucionaria, cuya existencia está en la base de la justificación que los aparatos represivos latinoamericanos y la CIA esgrimieron para la formación de la Operación Cóndor. En este caso, El Mercurio también incluye, como suele, un editorial que señala explícitamente que si los grupos subversivos se coordinan en el Cono sur, también deberían hacerlo sus persecutores. En lo que respecta a la situación de Argentina, que está viviendo los últimos meses del gobierno de Isabelita Perón, y donde los militares de la Doctrina de Seguridad Nacional van ganando terreno y avanzando hacia el golpe de marzo del 76, El Mercurio concentra su atención en justificar y naturalizar el golpe inminente como algo inevitable, destacando la imagen de ingobernabilidad y el clima de violencia extrema, en que, a través de una estrategia de agregación, reduce a números a las víctimas fatales del aparato represivo estatal y paraestatal, así como a las víctimas de la acción de grupos revolucionarios, además de empaquetar y mezclar todos estas acciones bajo el rótulo de ‘violencia política’, poniendo en segundo plano, las diferencias de móviles y modos de operar de cada grupo.

En cambio, La Segunda, medio destinado a las clases que pueden ser entendidas como la base electoral de Allende, privilegia la publicación de noticias en que los sujetos de la nueva izquierda revolucionaria son víctimas de tortura y asesinato por parte de la triple A y la CNU, organismos del aparato represivo paraestatal argentino, buscando enfatizar la crueldad del castigo sobre sus cuerpos, y a la vez desenfatizar a los agentes de estos crímenes, de modo de poder utilizarlos como ‘propaganda negra’, es decir, culpabilizando a los mismos actores revolucionarios de haberlos cometido, bajo la misma lógica en que se escribieron los textos de la DINA para la Operación Colombo.

El 14 de abril, este medio se permite incluso publicar un cable de Brasil, que contiene la carta de un ex-prisionero político a su familia, donde se detallan las torturas a las que fue sometido. Evidentemente aquí no estamos hablando solo de una estrategia de propaganda de integración. La selección de estos textos y su tratamiento funcionan como actos de amenaza para los sujetos resistentes al régimen.

El rol de La Segunda en el sistema de terror puede ejemplificarse de modo escalofriante en el momento de la publicación de las listas de los 119 en Chile, cuando algunos de los familiares de los detenidos desaparecidos se encontraban reunidos en la sede del Comité Pro paz y uno de ellos llegó con la infame publicación y comenzó la lectura de los nombres en voz alta. Para ese grupo específico que se ubicaba en el entorno de lo que hemos llamado la zona del terror, la publicación de las listas de los 119 habrá tenido la connotación de convertirlos en testigos directos del asesinato de sus seres amados. Para quienes se encontraban situados un poco más lejos, las listas, con su estructura perfecta y ordenada, habrán sido como escuchar amplificado un grito desde el interior de los altos muros de la zona de terror.

Citando a Walter, “Aunque los campos de concentración Nazi eran unidades cerradas, físicamente clausuradas, el terror en ellos, como sus diseñadores sabían, penetró lejos más allá de sus muros” (Walter 1969:11). No desconocemos con ello que el régimen de terror haya tenido la necesidad de dar una respuesta sobre el paradero de los desaparecidos ante la opinión internacional. Es muy posible que la planificación inicial de la Operación Colombo hubiera considerado la visita de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que estaba programada para el 12 de julio y que terminó siendo suspendida por Pinochet los primeros días de ese mes. Sin embargo, la forma final del montaje, las listas, el número de victimados señalando, tal vez, la fecha 11 de septiembre,(11 9 ) rompen el esquema del tipo de propaganda de integración que desbordaba cotidianamente los medios de prensa chilenos para transformarlos, abiertamente, en medios del sistema de terror, amplificadores de la onda del grito estremecedor, hasta ahora acallado, desde el interior de los muros.

Pero para llegar en un momento a publicar una metáfora de la brutalidad de “Exterminados como ratones” antes se debe haber hecho un trabajo largo de construcción de la identidad social negativa del sujeto así atacado. Sabemos hoy que ese trabajo comenzó mucho antes, tal vez antes incluso que las campañas financiadas por la CIA durante los sesenta y setenta. En nuestro corpus de noticias existe una importante cantidad de recursos evaluativos de juicio en las crónicas nacionales, los que van dibujando un sujeto de marcado signo negativo: peligroso, asesino, siniestro, cobarde, traidor. Por añadidura, este sujeto aparece representado como el padre abandonador, traidor y maltratador de la mujer, que es también una representación simbólica de la patria en el discurso de Pinochet. Así, para nuestro corpus, mientras la realidad de los centros de detención y tortura se oculta, sí se hace pública la detención y muerte de Isidro Arias Matamala, músico de la filarmónica y militante del MIR, asesinado en tortura en Villa Grimaldi, y la detención de Víctor Gilberto Muñoz Urrutia, militante del PS y del Ejército de Liberación Nacional sección chilena, sobreviviente de Villa Grimaldi. A estas dos personas se les imputan hechos que rompen la situación de control durante el período estudiado, por ello son representados como la amenaza latente sobre la que se vuelca el esfuerzo estatal de control. En el relato oficial que los medios reproducen con citación directa o confundiendo sus voces y sus puntos de vista con los de las fuentes policiales, la muerte de Arias y la detención de Muñoz son representadas como enfrentamientos con la policía, ocurriendo el primero, “en la casa de su amante donde había encontrado refugio”, y el segundo, en una boite, donde él mismo atrajo la atención de sus aprehensores disparando a quemarropa sobre su conviviente. Las esposas e hijos abandonados son también representados para la identificación del espectador o más bien, de la espectadora, porque esta estrategia representacional está dirigida específicamente a la mujer, a quien Pinochet representa en su discurso como “una esencia permanente e inalterable” cuya tarea fundamental es educar al futuro de Chile.

Otra estrategia que apunta a evitar la empatía con la víctima del terror y generar la sumisión del espectador a la fuente de violencia tiene que ver con desdibujar el rasgo [+ humano], animalizando o cosificando a los actores de la nueva izquierda revolucionaria. Por una parte, de manera sistemática en nuestro corpus se revisa en cada noticia de su detención la descripción detallada del supuesto armamento con que fueron detenidos, como las tres ametralladoras AKA de Arias, que se cortó la yugular ante la detención inminente para luego morir al enfrentar a sus aprehensores con una Colt (sic), o bien las 71 molotovs que esta Facultad tiene frescas en su memoria. De este modo se sobredimensiona su poder de acción y su peligrosidad, justificando la represión extrema sobre el conjunto de la población. En nuestro corpus, al menos, nunca se representa el armamento de las fuerzas de seguridad.

En este mismo sentido la metáfora ‘elementos’, típica del discurso de la Doctrina de Seguridad Nacional, aparece también de manera sistemática en el discurso de las fuentes de gobierno y de los medios en sus crónicas nacionales, mientras que en los cables internacionales solo aparece cuando hay citación directa de los militares de la Doctrina de Seguridad Nacional. Creemos que la representación ‘elemento’, como en elemento marxista, elemento extremista, elemento subversivo, es parte de una metáfora conceptual mayor, que responde a la interpretación de que El MARXISMO INTERNACIONAL ES UNA MÁQUINA, simplificación de la DSN que también busca el objetivo de deshumanizar.

Así mismo, de la metáfora central a esta doctrina, según la cual LA NACIÓN ES UN ORGANISMO VIVO cuya posibilidad de supervivencia se ve amenazada por el marxista, se desprende la metáfora de que EL MARXISMO ES UNA ENFERMEDAD, que ataca este cuerpo desde dentro -el enemigo interno- justificando el viraje de las fuerzas armadas desde el exterior hacia el interior. Metáforas como ‘el cáncer marxista’ se desprenden de este cruce, así como la de ‘rebrote marxista’ y la justificación de las dictaduras como ‘remedios necesarios’. La potencia de las metáforas en el discurso político y de los medios es que se naturalizan con mayor facilidad que el discurso referencial y que, en la medida en que nos hacen ‘sentir cosas’, permiten una retención mucho mayor en la memoria episódica, de modo que se vuelven “inolvidables” y son mucho más determinantes de nuestras creencias que otro tipo de lenguaje. Así, la metáfora que mayor huella dejó en la memoria colectiva durante la operación Colombo proviene de la metáfora conceptual EL MARXISTA ES UN ANIMAL PELIGROSO. En nuestro corpus esta se actualiza de manera sistemática a través de la representación del proceso de detención de estas personas como ‘cacería’, metáfora que sigue presente hasta hoy en el grupo especial de carabineros especialistas en detención de encapuchados que se autodenomina “cazadores”. Pero sin lugar a dudas, la más emblemática para la Operación Colombo y para esta investigación es la representada en el titular principal de La Segunda “Exterminados como ratones”, que presenta en las páginas interiores la versión “Exterminan como ratas a miristas”. Esta actualización de la metáfora no solo justifica la labor de exterminio a la que se abocan las Fuerzas Armadas bajo la DSN, sino que remite también a la propaganda nazi, en cuyo cine podemos encontrar un esquema de ensamblaje entre textos e imágenes que representa al judío como la rata que lleva consigo la peste, motivo por el que no solo es aceptable aniquilarlas, sino necesario para nuestra supervivencia.

En conclusión, aunque no podamos revisar aquí en detalle las formas en que el discurso de los medios estudiados fue concordante con el discurso de las Fuerzas Armadas en sus elecciones léxicas, sintácticas y retóricas de representar a los sujetos de la Nueva Izquierda Revolucionaria, creemos que los pocos ejemplos que hemos mostrado nos permiten aseverar que estos medios participaron activamente en la justificación de su aniquilamiento y en la propaganda de integración del régimen de facto. Pero lo que nos permite con toda seguridad hablar de una dictadura cívico militar, donde estos medios cumplieron un rol central a través del terrorismo de prensa, tiene relación con aquellas estrategias en que, como en una vitrina del horror, estos medios, en particular La Tercera y La Segunda, del grupo mercurial, funcionan como la plaza pública, vale decir, como la condición de posibilidad de que el acto de terror alcanzara a su objetivo, el espectador.

Así, siguiendo la línea del esquema del sistema de terror de Walter, tendríamos que decir entonces, que, en ausencia de la plaza pública que permita el encuentro directo entre el acto de violencia y su objetivo de control, los medios de comunicación cumplen voluntariamente ese rol, lo que los convierte en parte del personal del terror. Para el caso que nos ocupa, creemos que la división del trabajo de la fuente del terror puede ser entendida distinguiendo: primero, un grupo interno dentro del directorio que corresponde al departamento de Operaciones Psicológicas de la DINA -dividido a su vez en las unidades de Propaganda y Guerra Psicológica, y Prensa y Relaciones Públicas- que mantenía relaciones directas con la Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS) dependiente de la Secretaría General de Gobierno; y segundo, de un grupo paralelo al de los agentes de violencia, que correspondería a los dueños y editores de los medios, quienes ejecutan la planificación de los anteriores, haciendo llegar hasta el objetivo los estímulos necesarios para generar en él la reacción deseada de control social.

Mientras más se observa el discurso de los medios estudiados, más difícil se hace deslindarlo del discurso del gobierno de facto y de su aparato represivo. De ahí que cobre especial sentido que Pinochet utilizara para describir a El Mercurio una metáfora militar, llamándolo “trinchera contra el totalitarismo”, o que “Alexis”, el alias con que escribía sus columnas Álvaro Puga, muy posiblemente el autor intelectual de la Operación Colombo, refiriera con orgullo como Mario Carneyro, director de La Segunda, cumplió un rol clave en el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende.

Referencias
DURÁN, C. 1995. El Mercurio: ideología y propaganda. 1954-1994. Ensayos de interpretación biológica y psicohistórica. Santiago de Chile: Ediciones Chileamérica-Cesoc.
WALTER, E.V. 1969. Terror and Resistance. A study of political violence. New York: Oxford University Press. Descargar

Lunes 24 de abril de 2017

Tesis Constanza Martínez descargar aquí

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Brasileños y ciencias sociales en el Chile de la Unidad Popular. Sergio salinas

Brasileños y ciencias sociales en el Chile de la Unidad Popular
Sergio Salinas1
Resumen
En Chile, las ciencias sociales vivieron uno de los momentos de mayor expansión de
su historia entre 1967 y el 11 de septiembre de 1973, fecha del golpe militar. Las
razones fueron fundamentalmente dos: la “reforma universitaria” y la llegada,
producto de su exilio, de destacados intelectuales brasileños, partidarios de la teoría
de la dependencia. Este artículo analiza los cambios vividos en las ciencias sociales
como la participación de estos intelectuales brasileños en la Unidad Popular.
Palabras-Clave: Chile; Brasil; Ciencias Sociales.
Resumo
No Chile, as ciências sociais viveram um dos momentos de maior expansão de sua
história entre 1967 e 11 de setembro de 1973, data do golpe militar. As razões foram
fundamentalmente duas: a “reforma universitária” e a chegada, produto de seu exílio,
de destacados intelectuais brasileiros, partidários da teoria de dependência. Este
artigo analisa as mudanças ocorridas nas ciências sociais, como a participação desses
intelectuais brasileiros na Unidade Popular.
Palavras-Chave: Chile; Brasil; Ciências Sociais.
Abstract
In Chile, the social sciences experienced one of the greatest moments of expansion in
its history between 1967 and September 11th, 1973, date of the military coup. The
reasons were basically two: the university reform and arrival, product of their exile,
of leading Brazilian intellectuals, supporters of dependency theory. This article
analyzes the changes experienced in the social sciences as the participation of these
Brazilian intellectuals in the Popular Unity.
keywords: Chile; Brazil; Social Sciences.
1 Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. E-mail: ssalinas@uchile.cl.
Revista Eletrônica da ANPHLAC, ISSN 1679-1061, Nº. 18, p. 121-138, jan./jul.
2015.
http://revista.anphlac.org.br/

En los últimos años se han producido diversas conmemoraciones del ciclo de
golpes militares que sacudió hace más de 40 años a diversos países de América
Latina. Lo anterior generó numerosas investigaciones y reflexiones desde puntos de
vista no tratados anteriormente. En el caso de Chile, la conmemoración de los 40
años del golpe militar, el 11 de septiembre de 1973, no fue una excepción,
produciéndose una verdadera explosión de artículos y libros respecto al tema.
De esta manera, el trágico final del proyecto revolucionario de la Unidad
Popular ofreció la ocasión para volver a reflexionar sobre ese período y revisar las
historias de sus actores. Entre estos últimos, uno de los temas más interesantes es la
llegada a Chile, desde fines de 1960, de varios intelectuales extranjeros que
participaron tanto en el proceso de la Unidad Popular como en el partido político que
justificaba la lucha armada como estrategia para conquistar el poder: el Movimiento
de Izquierda Revolucionaria (MIR). Sin duda, que el grupo de extranjeros de mayor
influencia, sobre todo a través de su reflexión académica, en el efervescente proceso
social conducido por los sectores populares y la izquierda entre 1960 y 1973, fue el
proveniente desde Brasil.
Las ciencias sociales en Chile
Entre mediados de la década del sesenta y el golpe militar de 1973, “las
ciencias sociales experimentaron en Chile un triple fenómeno: de expansión de sus
posiciones académicas, de transformación de su estructura conceptual y de cambio
de su función en el campo intelectual” (SALINAS, 2013, p. 159). Dos de las razones
principales que explican lo anterior se encuentran en el proceso de “Reforma
Universitaria” y la llegada de académicos extranjeros.

En primer lugar, es necesario señalar que la “Reforma Universitaria”, a
mediados de la década del 60, creó nuevas oportunidades y condiciones para las
ciencias sociales. “Las que se materializaron en el proceso de institucionalización de
las ciencias sociales y el aumento del número de matriculados. Además, se
experimentó un proceso ampliado de institucionalización: se crearon nuevas
unidades académicas, institutos de investigación y carreras profesionales”
(SALINAS, 2013, p. 160).
Por ejemplo, se formaron centros interdisciplinarios de ciencias sociales,
especialmente en las universidades de Chile y Católica de Chile. Como señala el
académico chileno, José Joaquín Brunner (1986, p. 15), lo anterior significó
Que el mercado de posiciones académicas en este sub-campo
disciplinario aumenta explosivamente, multiplicándose los puestos de
investigadores, docentes y administradores superiores en el caso de la
sociología y especialidades conexas”. En el caso de la sociología, ésta
experimentó un rápido crecimiento de su base institucional
estableciéndose nuevas escuelas o institutos.
En la Universidad Católica de tanto el Centro de Estudios de la Realidad
Nacional (CEREN) y el Centro de Estudios de la Planificación (CEPLAN),
representaban, respectivamente, las dos iniciativas más importantes de la reforma en
el campo de las ciencias sociales, uno con foco en la sociología y el otro con foco en
la economía.
En la Universidad de Chile, se observó un fenómeno similar, aunque menos
pronunciado. Se creó el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO), mientras se
multiplicaron los programas de economía y ciencias sociales en diversas facultades.
En el campo de las ciencias sociales, principalmente las vinculadas a la
sociología, producto de la expansión institucional impulsada por la reforma
universitaria, se produjo: el establecimiento de mercado de posiciones académicas
más amplio y complejo; el surgimiento de una incipiente jerarquía institucional en el
campo de las ciencias sociales, ocupando las posiciones preeminentes los centros de
investigación CEREN y CESO; la aparición de una naciente estructura de
comunicación académica en el subcampo, en particular mediante la publicación de
revistas especializadas como los Cuadernos de la Realidad Nacional, del CEREN;
Sociedad y Desarrollo, del CESO; y Eure, revista del Centro Interdisciplinario de
Desarrollo Urbano (CIDU) (BRUNNER, 1986, p. 15).
Las ciencias sociales cambiaron en Chile de orientación a partir de 1967, pero
sobre todo después de 1970, año del triunfo de la Unidad Popular y de la formación
del gobierno de la coalición de izquierda. Brunner (1986, p. 15) afirma que:
En parte, este fenómeno representa el efecto de una segunda recepción
en la sociología chilena, esta vez bajo el impacto de la crítica a la teoría
empírica de las ciencias sociales en el contexto de un ascenso de las
ideologías de izquierda.
En esta situación, se difunde en Chile –como afirma Manuel Antonio Garretón
(2005, p. 3) – el modelo del marxismo-ciencia que impulsará, en el campo de las
ciencias sociales universitarias, una rápida sustitución del programa de investigación
articulado en torno a la teoría de la modernización por el programa de investigación
articulado en torno a la teoría de la dependencia.
Por otra parte, hacia 1967 comienza una marcada radicalización política en el
país que se traduce luego en franca polarización desde 1970. Tales fenómenos
penetraron también en las universidades. Por un lado, a nivel institucional, se
transformaron sus estructuras de gobierno en un campo de lucha por el poder, lo que
en algunos casos se resolvió por la vía de crear instituciones paralelas, especialmente
en el ámbito de las Ciencias Sociales. Por otro, hubo una ideologización temática y
de los contenidos de las ciencias sociales, con énfasis apologético o denunciativo de
la realidad; sumado a una combinación del uso del marxismo estructuralista
althuseriano o poulantziano en el plano teórico, con el leninismo en el plano político,
que criticaban la visión estructural funcionalista predominante hasta entonces, por
considerarlas vinculadas a las visiones norteamericanas de la guerra fría. Esta visión
planteaba que el propósito de la sociedad es el mantenimiento del orden y la
estabilidad social, y que la función de las partes de una sociedad y el modo en que
estas están organizadas, la estructura social, serviría para mantener ese orden y esa
estabilidad. Los principales autores de esta corriente eran Talcott Parsons, Robert
Merton, Gabriel Almond y Bingham Powell.
En tercer lugar, el movimiento estudiantil y los alumnos de ciencias sociales –
mayoritariamente de izquierdas– tendieron a abandonar la universidad y las
disciplinas para involucrarse en los procesos de lucha social y estrategias políticas
que se jugaban más allá de las aulas. En el horizonte, estaban presentes las elecciones
presidenciales de 1970, donde por primera vez la izquierda planteó un proyecto y un
programa de socialismo: conformar una área de propiedad social expropiando las
empresas monopólicas para ir abriendo camino al socialismo en el marco del
régimen democrático.
Pero volvamos a las ciencias sociales. Este cambio de un programa de
investigación a otro, con la llegada del marxismo científico, implicó también una
redefinición completa de la propia disciplina. No solo cambió su modelo conceptual
predominante, sino que cambiaron además los ideales explicativos de la ciencia y la
identidad profesional del científico social. El marxismo científico “proporciona
precisamente el paradigma sustitutivo y legitima este cambio de orientación en las
ciencias sociales, tornándose dominante dentro del subcampo” (SALINAS, 2013, p.
161-162).
Así, la idea de la neutralidad valorativa de la ciencia que había presidido la
profesionalización de la disciplina es ahora abandonada, siendo reemplazada por la
noción del compromiso valorativo, que opone ciencia académica (o burguesa) a
ciencia comprometida o militante. La vocación del científico y del político tiende a
fundirse en la imagen del sociólogo como crítico de la realidad, como intelectual
revolucionario o como transformador de la sociedad.
En síntesis, a partir de 1970, el sociólogo se vuelve ideólogo; en el campo
académico mediante el recurso a un nuevo paradigma de cientificidad (el marxismo)
que le permite romper con la sociología “académica” sin abandonar la pretensión de
verdad, y en el campo político-social donde se presenta ahora como un organizador
de discursos, con efectos directos en la política y como un portador de proyectos de
cambio de la sociedad2.
2 Se trata, así, de una profundización, radicalización y crisis interna del modelo fundacional, en que las
ciencias sociales, especialmente la sociología, se transforman en una expresión –en el campo

El aporte de los brasileños
Otro tema importante en el contexto que presentan las ciencias sociales, lo
constituyó la venida a Chile de importantes intelectuales europeos y brasileños de
izquierda. Entre ellos, destacaron los brasileños Theotonio Dos Santos3, Ruy Mauro
Marini4 y Vania Bambirra5, los que se vincularían tanto a la Unidad Popular como al
naciente Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). De la misma manera, esta
situación se repetiría con uno de los más importantes autores de la teoría de la
dependencia, André Gunder Frank6.
Helenice Rodrigues da Silva (2007) recuerda que:
[…] A repressão na Universidade de São Paulo, no início de 1969,
provoca uma onda de exílio em direção do Chile. A experiência
socialista da Unidade Popular atrai, particularmente, os intelectuais
brasileiros ávidos de liberdade e de cultura. Além do interesse pela
política, o Chile propicia, a esses professores, condições de emprego
em suas instituições de pesquisa e em universidades. A Universidade
Católica do Chile, por exemplo, vai abrigar alguns profissionais
brasileiros, vítimas da repressão. Durante os três anos de governo de
Allende, esse país transforma-se em uma espécie de melting pot onde
académico e e intelectual– de los procesos y luchas políticas del instante.

No es que no hubiera influencia y luchas ideológicas en el momento de fundación e institucionalización de las ciencias
sociales; de hecho, las visiones marxistas aparecen como respuesta a ellas, sino que ahora ellas se
entrelazan más directamente con los procesos políticos concretos.
3 Entre las principales publicaciones realizadas en la época en que vivió en Chile se encuentran:
Tendencias del Capitalismo Contemporáneo, Santiago, Chile: Ed. de CESO, 1973; Transición al
Socialismo y Experiencia Chilena. Santiago: Ed. PLA, 1973. v. 1.; Problemas del Subdesarrollo
Latinoamericano. Ciudad de México: Ed. Nuestro Tiempo, 1973. v. 1; Socialismo o Fascismo: El
Dilema Latinoamericano y el Nuevo carácter de la Dependencia. Santiago, Chile: Ed. PLA, 1972;
Dependencia y Cambio Social. Santiago, Chile: Ed. do CESO, 1972; Economía Política del
Imperialismo. Buenos Aires: Ed. Periferia, 1972. v. 1; La Crisis Norte Americana y América
Latina. Santiago, Chile: Ed. PLA, 1971; La Dependencia Económica y Política en América
Latina. Ciudad de México: Ed. Siglo XXI, 1971. v. 1; El Concepto de Clases Sociales. Santiago,
Chile: Ed. PLA, 1970.
4 Escribió durante su permanencia en Chile Subdesarrollo y Revolución (1969) y Dialéctica de la
dependencia (1973).
5 Entre los principales libros publicados a principios de los setenta se encuentran: El capitalismo
dependiente latinoamericano, Santiago de Chile, 1973 y reeditado en Siglo XXI, México, 1974; La
revolución cubana: una reinterpretación, Ed. Nuestro Tiempo, México, 1974
6 Entre sus libros publicados en ese periodo se encuentran: Capitalismo y subdesarrollo en América
Latina, 1967; Latinoamérica: subdesarrollo o revolución, 1969; Sociología del desarrollo y
subdesarrollo de la sociología: el desarrollo del subdesarrollo, 1969; Lumpenburguesía:
Lumpendesarrollo. Dependencia, clase y política en Latinoamérica,19e misturam intelectuais latino-americanos, intelligentsia francesa,como também militantes de esquerda de diferentes partes do mundo.
Theotonio Dos Santos, que estudió Sociología, Política y Administración
Pública en la Universidad Federal de Minas Gerais, recuerda que:
[…] Veníamos del proceso brasileño que vivió un gran auge de lucha
de masas, sobre todo entre 1960 y 1964, con ello hubo avances
democráticos muy importantes. Bueno, el golpe de Estado de 1964,
que era resultado de varios intentos anteriores, estaba claramente
dentro de una concepción nueva de golpes de Estado porque seguía la
idea de crear un régimen con una fuerte base en las fuerzas armadas.
Según la interpretación norteamericana, en ese momento estas fuerzas
representaban los sectores más modernizantes dentro de América
Latina. Por lo tanto, al darle una base estatal más organizada, más
coherente, se podía entonces conducir el proceso de modernización
(VIDAL, 2013).
Do Santos afirma que muchos de sus compañeros se equivocaron en el
diagnóstico del proceso, porque creían que se trataba de un golpe de la antigua
oligarquía ligada a la tierra, cuando de hecho era un golpe del gran capital en su
forma más avanzada:
[…] Yo lo caractericé exactamente en la época como un proyecto
fascista. Incluso tuvimos mucha discusión entre nosotros, por ejemplo,
con Ruy Mauro, pues él no concordaba con el uso de este concepto de
fascismo y hablaba de un régimen de seguridad nacional como parte
de la ideología que Estados Unidos trajo a América Latina. Sin
embargo, yo usé la palabra fascista en un sentido que me parece más
complejo, como un régimen de terror del gran capital. Es decir, en el
momento que el gran capital siente que necesita de un régimen de
terror para poder hacer los cambios que le interesan en la dirección de
su forma de base y de la acumulación capitalista. Entonces, creo que
nosotros acertamos mucho, a diferencia de otros compañeros que
todavía pensaban en una lucha antifeudal. Para nosotros era bastante
claro que la conducción del proceso de acumulación capitalista y de
modernización, estaba en manos del gran capital internacional y, el
grupo en que confiaba para llevar adelante este proceso era
básicamente los militares (VIDAL, 2013).
Dos Santos y Mauro Marini entre 1960 y 1964 habían estudiado
sistemáticamente el marxismo como culminación de sus estudios filosóficos. En
estos años en Brasilia, realizaron un seminario de lectura de El Capital junto con Luis
Fernando Víctor, Teodoro Lamounier, Albertino Rodríguez y Perseu Abramo. Este
mismo seminario se reorganizó luego del exilio de estos intelectuales en Chile.
Carlos Martins (1998) recuerda que:
El movimiento de lectura de El Capital se transformó en una fiebre
mundial. En Sao Paulo, el seminario sobre El Capital reunió por
varios años lo mejor de las ciencias sociales y la filosofía de la USP.
En Brasilia formamos un grupo que reunía lo mejor del país en torno a
este seminario. En Chile organizamos con Fernando Henrique
Cardoso, Francisco Weffort, Aníbal Quijano, Pedro Paz y muchos
más, un excelente seminario que luego se extendió a otros temas.
De la misma forma, se realizaron otros seminarios de lectura de El Capital en
Cuba (organizado por Ernesto Che Guevara) y en Francia, impulsado por Louis
Althusser (resultó el libro Leer El Capital). A finales de la década de los sesenta se
produjo el regreso a América Latina de representantes de todas estas experiencias.
Entre ellos, volvieron a Chile, Marta Harnecker, discípula de Althusser, y Ruy
Mauro Marini, quien regresó desde México, donde desarrolló su propio grupo de
lectura.
Como señaló el propio Theotonio Dos Santos:
[…] Todas estas experiencias paralelas confluían en un gran
movimiento de lectura y discusión del pensamiento marxista como
nunca había ocurrido en ninguna otra parte del mundo y llegaba a la
vida universitaria de manera insólita. Hasta en las escuelas de
psicología y en la de ciencias exactas se formaban grupos de lectura
de El Capital y de autores marxistas clásicos y contemporáneos (Apud
MARTINS, 1998).
Cabe recordar que Theotonio Dos Santos tuvo una activa militancia política y
participación en movimientos sociales, que se extiende a la clandestinidad después
del golpe en Brasil de 1964, hasta 1966, cuando se exilia en Chile. Agrega Martins
(1998) que:
[…] El eje de su militancia política era su participación en la POLOP
de la que fue fundador en 1961 y cuya dirección nacional asume en
1964. La POLOP promovió una dura crítica a los partidos comunistas
y al estalinismo y convocaba a una unión de la izquierda
revolucionaria contra la política de frente único con la burguesía,
propuesta por el PCB, que enmarcaba el movimiento de masas dentro
del nacionalismo burgués.
El trabajo de investigación desarrollado por Theotonio Dos Santos lo
convirtió en uno de los más importantes teóricos de la dependencia. Jaime Osorio
(2004, p. 136), señala que las críticas de Dos Santos a la teoría del desarrollo y sus
formulaciones sobre las diversas “formas de dependencia”:
[…] Permitieron mostrar que el estudio de esa problemática era un
camino indispensable de análisis. Su libro Imperialismo y
dependencia, editado muy posteriormente, recoge buena parte de los
mejores trabajos desarrollados en esta época, junto a estudios más
recientes sobre el imperialismo y la crisis mundial capitalista, temas
hacia los que desplazó su atención.
Por su parte, Vania Bambirra, esposa de Dos Santos, también se integró al
Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO), de la Universidad de Chile, como
integrante del equipo de investigación sobre las relaciones de dependencia de
América Latina. Este equipo se había constituido en 1968 bajo la dirección de
Theotonio Dos Santos.
Vania Bambirra también se convirtió en una de las precursoras de la teoría
marxista de la dependencia. Osorio (2004, p. 136) señala que Bambirra, al criticar la
tipología propuesta por Cardoso y Faletto entre economías de enclave y economías
con control nacional del proceso productivo, desde aspectos metodológicos hasta
aspectos de contenido, en su libro El capitalismo dependiente latinoamericano,
propone una nueva clasificación de los países latinoamericanos en función del tipo
de estructura productiva que presentan en el momento de la integración monopólica
que se produce con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. En este libro
establece dos tipos: 1. Estructuras diversificadas, en las cuales aún predomina el
sector primario exportador, existiendo, sin embargo, un proceso de industrialización
en expansión, y 2. estructuras primario-exportadoras, cuyo sector secundario estaba
compuesto casi exclusivamente por industrias artesanales.
Para Bambirra (1999, p. 6), claramente el objetivo que tenía el CESO y sus
estudios eran avanzar en superar el pensamiento desarrollista, emprendiendo la tarea
de sentar las bases para el desarrollo de la teoría marxista de la dependencia. Agrega
que:
[…] El trabajo que intentábamos llevar a cabo en el CESO fue
gratamente interrumpido por la victoria de la Unidad Popular que
necesitó la colaboración de parte de los miembros del equipo de
estudios sobre la dependencia para enfrentar prácticamente las tareas
de su ruptura”.

Otro intelectual brasileño que dejó huella no solo en Chile, sino también en
México fue, Ruy Mauro Mariniquien es considerado por muchos cientistas sociales
uno de los más brillantes intelectuales militantes de América Latina. Se destacó por
su importante obra que subvirtió el pensamiento colonizado dominante y por su
militancia coherente.
De cierta manera, la vida de Marini, rodeada de exilios recurrentes, es el vivo
resumen de uno de los períodos más intensos de la historia política latinoamericana.
Estuvo exiliado en México, en 1965; en Chile, en 1969; y nuevamente en México, en
1974. Su regreso definitivo a Brasil se había producido recién en 1996.
Según el propio Marini, su venida a Chile se gestó por la presión ejercida por
sus amigos Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra; más la intervención de un
político, el entonces senador Salvador Allende y de la Universidad de Concepción y
de su Federación de Estudiantes. Marini7 señaló, en el año 2007, que:
[…] Efectivamente, aún en México, yo había sido contactado por su
presidente, Nelson Gutiérrez, quien me conocía por mis trabajos y por
las informaciones de amigos brasileños, entre los cuales Evelyn
Singer, profesora en dicha universidad y que había militado conmigo
en Brasil. Gutiérrez me había comunicado sobre la existencia de una
vacante de profesor titular en el Instituto Central de Sociología y me
había consultado sobre mi interés en ocuparla”.
Al igual que sus colegas Do Santos y Bambirra, Marini desarrolla sus estudios
en torno a las características del capitalismo dependiente, buscando generar la base
para la comprensión no solo de nuestro continente, “sino también de las diversas
formas de la superexplotación de la fuerza de trabajo y del subimperialismo”
(OSORIO, 2004, p. 138).
En un artículo en la revista chilena Punto Final8, el sociólogo y cientista
político brasileño, Emir Sader, recuerda su estadía en Chile durante el período de la
7 Ruy Mauro Marini falleció, en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, el año de 1997, después de
una larga enfermedad.
8 La revista Punto Final era un medio de comunicación muy cercano del Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR). Durante la dictadura militar muchos de sus periodistas fueron asesinados o son
detenidos desaparecidos.
Unidad Popular (1970-1973) y su vinculación con el MIR. Además recuerda a Ruy
Mauro Marini:
[…] La primera vez que pasé por Chile me quedé en el
departamento de Ruy Mauro, en Providencia. Éramos amigos y
compañeros de militancia en Brasil, en la organización marxista
Política Operaria. Ruy Mauro había sido detenido después del golpe
de 1964, en el trabajo de organización de un foco guerrillero con el
cual pretendíamos desarrollar un trabajo de propaganda armada de la
resistencia a la dictadura (Punto Final, 2014).
Sader señala que su organización heredó el trabajo de Leonel Brizola con
sargentos y marinos y a Ruy Mauro le tocó la misión de reorganizarlos. Ese trabajo
sufrió una dura represión, Ruy Mauro fue detenido y brutalmente torturado por el
servicio secreto de la Marina (CENIMAR). Agrega que:
[…] Cuando fue finalmente liberado, decidimos que él debía salir del
país. Ruy Mauro escogió ir a México, pero luego se trasladó a Chile, a
Concepción, donde conoció a los dirigentes del MIR. Ahí empezó la
intensa colaboración de Ruy Mauro con el MIR, así como la apertura
de los espacios por los cuales tantos de nosotros hemos transitado
(Punto Final, 2014).
Sader recuerda que en casa de Ruy Mauro conoció a los miembros de la
comisión política del MIR, que a menudo hacían reuniones en aquel departamento, a
Miguel Enríquez, Bautista Van Schouwen, Luciano Cruz, Edgardo Enríquez, Nelson
Gutiérrez y Andrés Pascal Allende. Afirma que era una comisión política, un equipo
de dirección, como pocas veces una organización de Izquierda pudo tener. Agrega
que:
[…] En ese equipo sobresalía Miguel, un líder revolucionario
extraordinario desde todo punto de vista. Nunca he conocido a alguien
tan capacitado para la dirección política como Miguel. Por representar
la alternativa revolucionaria frente al camino institucional de la
Unidad Popular, el MIR atraía automáticamente a los militantes de
otras organizaciones revolucionarias, en particular de las
latinoamericanas. La concepción internacionalista del MIR –
reivindicada directamente del Che- favorecía aún más la
concentración de militantes de esa corriente en el MIR. Alrededor de
Ruy Mauro Marini se ubicaba el núcleo más cohesionado de
brasileños en el MIR (Punto Final, 2014).

Ruy Mauro Marini, para muchos autores, con su libro Dialéctica de la
dependencia, hizo que “el marxismo latinoamericano alcanza su punto más alto en
tanto formulación de las leyes y tendencias que engendran y mueven al capitalismo
sui generis llamado dependiente. Esto se alcanzaba luego de una década de arduos
estudios y discusiones sobre el tema” (OSORIO, 2004, p. 138). Marini también fue
un activo militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), realizando
numerosos escritos políticos.

La teoría de la dependencia
Recordemos que la teoría de la dependencia nació directamente relacionada
con la crisis del modelo desarrollista de la Comisión Económica para América Latina
y el Caribe (CEPAL) impulsado en la década anterior. A través del concepto de
dependencia “se quería explicar por qué no se había logrado el desarrollo con aquel
modelo –de industrialización por sustitución de importaciones- cuando las
condiciones económicas previas habían apuntado a su viabilidad” (REY, 2003, p.
52).
Cabe recordar que la CEPAL, fundamentalmente producto de las
investigaciones de Raúl Prebisch, afirmaba que para crear condiciones de desarrollo
dentro de un país era necesario, entre otros tópicos: controlar la tasa de cambio
monetario, poniendo mayor énfasis en políticas fiscales que en políticas monetarias;
Promover un papel gubernamental más eficiente en términos de desarrollo nacional;
Generar una mayor demanda interna incrementando los sueldos y salarios de los
trabajadores; Desarrollar un sistema seguro social más eficiente por parte del
gobierno, especialmente para sectores pobres a fin de generar condiciones para que
estos sectores puedan llegar a ser más competitivos; y Desarrollar estrategias
nacionales que sean coherentes con el modelo substitución de importaciones,
protegiendo la producción nacional al imponer cuotas y tarifas a los mercados
externos.
Para algunos autores la propuesta de Prebisch y de la CEPAL fue la base de la
teoría de la dependencia a principios de los años 50. Sin embargo, para otros autores
como Faletto y Dos Santos luego del fracaso de las propuestas de desarrollo de la
CEPAL surge, propiamente, la teoría de la dependencia.
A mediados de la década de los sesentas se publicó este modelo teórico más
elaborado. Entre los principales autores de la teoría de la dependencia tenemos a:
André Gunder Frank, Raúl Prebisch, Theotonio Dos Santos, Fernando Henrique
Cardoso, Edelberto Torres-Rivas, y Samir Amin.
Para muchos autores es el neo-marxismo y no el marxismo ortodoxo clásico el
que provee una base para la teoría de la dependencia. Por ejemplo, el enfoque clásico
se centra en el análisis del papel de los monopolios extendidos a escala mundial,
mientras que el centro del neo-marxismo es proveer una visión desde las condiciones
periféricas. Además, el marxismo clásico previó la necesidad de una revolución
burguesa en la introducción de procesos de transformación; desde la perspectiva neomarxista
y basándose en las condiciones actuales de los países del Tercer Mundo, es
imperativo ‘saltar’ hacia una revolución social, principalmente porque se percibe que
la burguesía nacional se identifica fuertemente con posiciones de élite y de la
metrópoli más que con posiciones nacionalistas. Por último, afirma Giovanni Reyes
(2001):
El enfoque marxista clásico consideraba que el proletariado industrial
tenía la fuerza y estaba llamado a ser la vanguardia para la revolución
social; el enfoque neo-marxista insistió en que la clase revolucionaria
debía de estar conformada por los campesinos para poder llevar a cabo
un conflicto revolucionario.
Por lo anterior, la teoría de la dependencia se convirtió –afirma Eduardo Rey
Tristán (2003, p. 52):
En un apoyo científico al antiimperialismo militante, que reforzaba la
orientación latinoamericanista al considerar la situación del continente
como un todo (si bien con sus peculiaridades), y que se oponía al
postulado comunista respecto a la necesidad de una etapa
democrático-burguesa anterior a la revolución socialista.
De acuerdo con la escuela de la dependencia tres son las hipótesis principales
relacionadas al desarrollo en los países del Tercer Mundo: Primero, el desarrollo de
los países del Tercer Mundo necesita tener un grado de subordinación al centro en
contraste con el desarrollo de las naciones centrales cuyo desarrollo fue
históricamente y es hoy día independiente. Segundo, los partidarios de esta teoría
consideran que las naciones periféricas experimentan su mayor desarrollo económico
cuando sus enlaces con el centro están más débiles. Eduardo Rey Tristán (2003, p.
52) señala que:
Un ejemplo de esto es el proceso de industrialización que se desarrolló
en Latinoamérica durante los años 30s y 40s cuando las naciones del
centro estaban concentradas en resolver los problemas de la Gran
Depresión y las potencias occidentales estaban involucradas en la
Segunda Guerra Mundial”.
Una tercera hipótesis indica que cuando los países del centro se recuperan de su
crisis y restablecen sus vínculos comerciales y financieros, incorporan de nuevo al
sistema a los países periféricos, y el crecimiento y la industrialización de esto país se
tiende a ver subordinada. André Gunder Frank señala que:
[…] Cuando los países del centro se recuperan de la guerra u otras
crisis que han desviado de su atención de la periferia, la balanza de
pagos, inflación y estabilidad política de los países del Tercer Mundo
se han visto afectadas negativamente. Por último, el cuarto aspecto se
refiere al hecho de que las naciones más subdesarrolladas que todavía
operan con sistemas tradicionales feudales son las que tuvieron
relaciones más cercanas con el centro” (DOS SANTOS, 2005).
Para Theotonio Dos Santos el paso teórico más importante que ocurrió en las
Ciencias Sociales latinoamericanas fue mostrar que la dependencia no era un
fenómeno externo que se podía cortar a través del desarrollo económico y de una
actitud política más independiente. Dos Santos (1970, p. 7) señala que:
[…] Lo que se explicitó teóricamente fue, sobre todo, el hecho de que
la situación de dependencia en que vivimos dentro del sistema
capitalista mundial condiciona las estructuras internas de nuestros
países, haciéndolos dependientes en su propia constitución.
Pero Theotonio Dos Santos avanza más allá de lo económico tocando tópicos
políticos, especialmente en sus escritos realizados durante su estadía en Chile. Para el
economista brasileño en el marco de la Guerra Fría se crean las condiciones para el
surgimiento de guerras locales que pueden organizar paulatinamente una
insurrección popular.
Do Santos (1970, p. 93) afirmó que:
[…] En esas condiciones, las organizaciones políticas de vanguardia
no pueden seguir viviendo en las expectativas de una situación
insurreccional; pero pueden transformarse en una organización
político-militar permanente que organice, a largo plazo, un
movimiento insurreccional. El conjunto de esas acciones armadas (que
asumen, de acuerdo a características regionales, las más diversas
formas) lo que se viene llamando la “guerra popular”. El concepto de
guerra popular elimina la tesis del “foco”, elimina la contradicción
foco-partido, la contradicción campo-ciudad, todas ellas alternativas
artificiales creadas por la apreciación unilateral de la experiencia de la
Revolución Cubana.
La importancia del aporte de los intelectuales brasileños al proceso de la
unidad Popular y al MIR queda ratificada en la investigación de Fahra Neghme y
Sebastián Leiva. Estos autores sostienen que la dirigencia del MIR, en particular
Miguel Enríquez, mantuvo una permanente comunicación con ellos. Por ejemplo, el
dirigente que Martín Hernández, dirigente del MIR, plantea que:
[…] Con la mayor parte de los teóricos marxistas de la dependencia,
incluso con aquellos que son militantes de la Unidad Popular como
Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra, Enríquez tiene un constante
intercambio intelectual. La base de la convergencia intelectual entre
Enríquez, formado en la tradición trotskista, y los teóricos marxistas
de la dependencia radica en la ratificación que hace la teoría de la
dependencia de la idea central de un programa de transición, a saber la
fusión de las tareas de liberación nacional y socialistas (NEGHME y
LEIVA, 2000, p. 32).
Por último, Andrés Pascal Allende9, ex secretario general del MIR desde
1974 hasta 1987, sostiene que la teoría de la dependencia tuvo una gran importancia
en la estructuración del discurso y estrategia política del MIR. Pascal Allende que
esta teoría, junto con valorizar la existencia de lo que se denominó Tercer Mundo, un
mundo de abajo, también se definió a estos países como dependientes del capitalismo
central. Y eso los llevó a una lectura desde la propia realidad de América Latina y, en
especial, de Chile (SALINAS, 2013, p. 292). Los teóricos de la dependencia que más
influyeron en el MIR -afirmó Andrés Pascal Allende- fueron:
[…] André Gunder Frank, muy cercano a ellos; Ruy Mauro Marini,
que llega en el gobierno de la Unidad Popular y que llega a ser parte del
Comité Central del MIR; Aníbal Quijano, que vivió a fines de los 60’ en
Chile. “En fin, esa intelectualidad que empieza a alejarse de esa mirada
tan euro-céntrica y comienza a mirar nuestras realidades a partir de lo
sucedido aquí, una mirada al período de la Colonia, al desarrollo del
9 Entrevista realizada al dirigente del MIR, Andrés Pascal Allende, el 19 de julio de 2011 (SALINAS,
2013, p. 292).

Capitalismo en Latinoamérica que es distinto al mismo desarrollo en
Europa (SALINAS, 2013, p. 292).
Conclusiones
En Chile, el período político vivido durante la Unidad Popular continúa, pese
a los más 40 años transcurridos, siendo controversial. Sin embargo, en los últimos
años se ha producido un aumento en las investigaciones y libros sobre los actores que
participaron en aquel momento que marcó la historia chilena.
Sin lugar a dudas, como queda establecido en este artículo, un rol protagónico
en este proceso político, ya sea participando en centros de estudios, en los partidos
políticos de la Unidad Popular o en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria
(MIR), lo tuvieron intelectuales extranjeros, siendo los más importantes entre ellos
los provenientes desde Brasil. Estos intelectuales aportaron al desarrollo de las
ciencias sociales en Chile ayudando a su desarrollo de una forma nunca antes vista
en el país. Además sus reflexiones en torno a la teoría de la dependencia no sólo
contribuyeron al debate académico en Chile sino que se difundieron por América
Latina y el mundo.
Revista Eletrônica da ANPHLAC, ISSN 1679-1061, Nº. 18, p. 121-138, jan./jul.
2015.
http://revista.anphlac.org.br/

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Revista Eletrônica da ANPHLAC, ISSN 1679-1061, Nº. 18, p. 121-138, jan./jul.

Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile

Intervenciones de Mario Garcés y Pedro Naranjo en la presentación de este libro

Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile

Rebelión

Intervención de Mario Garcés Durán, Doctor en Historia, en la actividad de homenaje y de lanzamiento del libro “Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile.” Realizado el 5 de octubre del 2004 en el Campus Libertad de la Universidad ARCIS en Santiago.

Este libro que hoy presentamos se inscribe en medio de un conjunto de actos, homenajes, paneles y foros que nos traen a la memoria a Miguel Enríquez; su vida, sus luchas, sus contribuciones al proyecto revolucionario chileno y también su trágico final, su muerte en combate el 5 de octubre de 1974. Pero así como la figura de Miguel anima y estimula la memoria, al mismo tiempo su memoria nos obliga a interrogar a la historia, la historia de Miguel, la historia del MIR, la historia del movimiento popular y la historia del Chile reciente.

He querido comenzar mi presentación de este libro marcando estos dos conceptos, estas dos dimensiones: la historia y la memoria. Lo hago así porque creo que ambas dimensiones nos enfrentan a problemas cercanos, pero diferentes. Y lo hago en esta Universidad, que es donde me empeño en contribuir a la formación de los estudiantes de historia, volviendo una y otra vez sobre las relaciones entre la historia y la memoria.

No puedo extenderme sobre las diferencias entre uno y otro concepto. Sólo diré que mientras la memoria se fusiona con el hecho recordado: así fue, así me lo contaron; la historia busca tomar distancia con el pasado para poner orden; mientras la memoria, como indica Paul Ricoeur goza de esa pequeña felicidad del reconocimiento propio del testigo que puede afirmar, es él, es ella; la historia enfrenta el problema de la representación del pasado que sólo se consigue luego de largas complejas indagaciones sobre el pasado. Construcciones y representaciones que tiene el afán de cumplir un pacto de verdad con el lector. En realidad, tanto la historia como la memoria, el historiador y el testigo buscan ser creídos, buscan de alguna manera hablar con la verdad.

He querido establecer algunas mínimas distinciones porque creo que es fácil engañarnos o conformarnos con verdades a medias respecto del conocimiento del pasado. Necesitamos de la historia y de la memoria, del testimonio oral y del documento escrito, de la experiencia del testigo que nos confía su testimonio y de la paciente tarea de los archivos y del debate académico que enriquece nuestros enfoques y puntos de vista.

Cuando el CEME a través de Pedro Naranjo nos propuso editar este libro al Comité Editorial de LOM, como miembro de este Comité indiqué, que valorando la iniciativa como una contribución a la memoria histórica de los chilenos, con el MIR enfrentaríamos un déficit de investigación histórica.

De MIR circulan múltiples memorias y variadas estigmatizaciones en la sociedad chilena, pero pocas obras históricas. Conocemos el trabajo del profesor Carlos Sandoval de esta Universidad, algunos artículos de Luis Vitale, de Igor Goicovic, y nos tocó además dirigir la tesis de grado de Sebastián Leiva y Fahra Negme. Todos estos trabajos, parciales aún, nos van dando luces sobre diversos aspectos o momentos de la historia del MIR, pero no contamos todavía con una obra sistemática que nos narre la historia del MIR.

En el prólogo de este libro he sugerido como historiador un conjunto de preguntas y problemas que habría que tener en cuenta al trabajar la historia del MIR y de Miguel Enríquez, ya que como sostiene Pedro Naranjo en la excelente biografía política de Miguel que nos presenta en este libro, es muy difícil separar la historia del líder, del dirigente de la historia de la organización.

Sugiero reconocer al menos tres etapas en la historia del MIR que a Miguel Enríquez le tocó vivir: la etapa fundacional (1965-1970), la etapa de la Unidad Popular (1970-1973) y la breve etapa de la dictadura (1973-1974).

Sugiero también que la historia del MIR es del todo emblemática, en el sentido, que se trata de un grupo que en muy corto plazo alcanzó gran impacto en la política chilena, y que al mismo tiempo vivió la acción devastadora del terrorismo de Estado, que en pocos años le costó la vida a unos seiscientos militantes, la mayor parte de ellos, menores de 30 años. Pocas veces se han dado en la historia de Chile experiencias como ésta, y al mismo tiempo, es del todo evidente que la historia del MIR es parte sustantiva de la historia de Chile.

Señalo algunas de las preguntas y problemas que, a mi juicio, debe encarar una historia del MIR:

  • En la etapa fundacional, al menos dos cuestiones son fundamentales, por una parte, el impacto de la revolución cubana que remeció a América Latina y Chile, y, por otra parte, la crítica visión que desarrolló el MIR de la izquierda chilena existente hasta ese tiempo. Me parece que el problema histórico puede plantearse del siguiente modo: La revolución cubana, al igual que la revolución bolchevique de 1917, demostró que la revolución podía triunfar y los miristas criticaron a la izquierda chilena por sus dificultades para hacer triunfar la revolución. La izquierda histórica parecía demasiado integrada al sistema político chileno. Miguel Enríquez y otros dirigentes se plantearon entonces la necesidad de elaborar una estrategia y una táctica así como la formación de un partido que, de una vez por todas, hiciera la revolución en Chile.

Me parece que hay que estudiar los efectos de esta afirmación, en el sentido que para muchos jóvenes de los años sesenta el MIR tuvo la enorme atracción de constituirse en una organización que prometía e invitaba a “hacer la revolución”. Alguien dirá que cada tanto, surge algún grupo que proclama la necesidad de la revolución, pero la diferencia es que la invitación del MIR no cayó en el vacío, ya que miles de jóvenes estudiantes, pobladores, mapuches, campesinos, obreros, intelectuales se sumaron a sus filas, convencidos de que ahora sí tomaban el rumbo de la revolución en Chile. La pregunta que la historia debe responder, admitiendo estos hechos, es que hacía que esa generación sesentista creyera y estuviera dispuesta a dar la vida por la revolución. O de otro modo, ¿cómo se constituyó esa subjetividad dominante en amplios sectores de la población, de que la revolución era posible, que para hacerla, sólo había que proponérselo? ¿Qué explica ese sentido de “historicidad” tan radical y tan distante de nuestros días en que el orden se nos presenta como naturalizado y en consecuencia, la sociedad como imposible de ser transformada?

  • Sostengo como hipótesis para el período de la Unidad Popular, en contra de lo que muchos creen, que el triunfo electoral de la UP no fue un obstáculo para el crecimiento del MIR, sino por el contrario, lo favoreció. Curiosa paradoja: Triunfa una coalición de partidos que proclama la posibilidad de una vía chilena y pacífica al socialismo y crece una organización revolucionaria, relativamente pequeña, que se declaraba partidaria de la vía armada. (Curiosa es nuestra historia en América Latina, como indicó alguna vez García Márquez, estamos más cerca de Kafka que de Descartes, más cerca del realismo mágico que del racionalismo ilustrado).

Descifrar este enigma implica necesariamente hacer la historia de la Unidad Popular, ya que fue en ese contexto que se produjo un explosivo crecimiento del MIR, tanto en el número de sus militantes, pero más que eso, en el impacto de sus proposiciones en la política chilena. Muchas de estas proposiciones se pueden seguir más o menos sistemáticamente en el libro que estamos presentando.

Para simplificar las cosas, podemos valernos de la tesis del profesor Peter Winn, en el libro recientemente traducido y editado por LOM sobre los trabajadores de Yarur. Winn sostiene que en la UP convivieron dos revoluciones: Una, desde arriba, la planificada por la UP, sus técnicos y dirigentes de los partidos de la izquierda; y otra, la revolución que se generó “desde abajo”, que en unas fases se complementó con la de arriba, pero en otras se tensó y divergió con ella. El MIR se puede sostener entonces, se vinculó especialmente con la “revolución desde abajo”. De este modo, su crecimiento, su desarrollo se vincula con las aspiraciones de cambio, con las tradiciones de lucha popular que se potenciaron y multiplicaron durante la Unidad Popular. El MIR no inventó la tradición de lucha popular, se fundió con ella y por cierto también la estimuló y buscó constituirla en la referencia fundamental de la revolución chilena.

  • En tercer lugar, con relación a la dictadura, el MIR proclamó el fracaso del reformismo y no el de la revolución. Desde esta perspectiva, buscó ponerse a la cabeza de las luchas de la resistencia a la dictadura, favoreciendo la unidad de todas las fuerzas anti dictatoriales o anti-gorilas. En ese empeño se le fue la vida a Miguel Enríquez y el MIR fue objeto de la mayor operación represiva que se conozca en el país. El partido de la revolución fue prácticamente aniquilado y los efectos del genocidio acompañan hasta hoy a muchos de sus sobrevivientes.

Dos problemas al menos son importantes de considerar a propósito de la Unidad Popular y de la dictadura:

1.- La propuesta o la visión del MIR de que no era posible transitar por vía pacífica al socialismo, habida cuenta del colapso de a vía chilena, pareciera darle la razón al MIR, pero creo que hay que problematizar esta lectura, ya que se podría admitir que el MIR tuvo la razón teórica, pero no así la razón histórica, ya que siendo un actor del proceso, evidentemente era deseable otro destino para la Unidad Popular. Es distinto contar con la razón teórica, como razón crítica que con la razón histórica, como razón positiva.

2.- Vinculado a lo anterior, se puede también problematizar la visión que el MIR sostuvo sobre el fin de la Unidad Popular. El golpe de estado no significó sólo la derrota del reformismo, sino que fue la derrota de Allende, de la izquierda, del movimiento popular y del propio MIR.

3.- ¿Qué pude explicar estos desencuentros entre las razones teóricas y las razones prácticas de la historia?

Creo que se pueden sugerir al menos tres hipótesis:

1.- El MIR hizo una lectura sesgada de la realidad chilena. Una lectura que poniendo el mayor énfasis en las capacidades de lucha de la clase popular no terminaba de reconocer y medir la fuerza que tenían las formas de integración y adaptación de la misma clase popular a la sociedad capitalista. ¿Se trataba sólo de desplazar al reformismo obrero, para lo cual bastaba con marcar las diferencias con el Partido Comunista? ¿Había o no y de qué manera había que tener en cuenta el desplazamiento de las clases medias hacia el campo de la oposición? ¿Cuánto pesaban y cuánto pesan en Chile las instituciones del Estado, como campo privilegiado para la política? ¿De qué manera esas formas de hacer política constituían realidad y constituían a los propios sujetos populares?

2.- La crítica a la izquierda tradicional llevó al MIR a insistir en la necesidad de construir el partido de la revolución para lo cual actualizó al Lenín del Que hacer y el de Las tesis de abril. Es decir, al Lenín del partido de vanguardia y el de la dualidad de poderes. Sin embargo, no bastaba con mirar a Chile a través de Lenín, había que mirar a Chile con ojos propios. Por ejemplo, qué podía significar en Chile la construcción de formas de poder alternativo, de poder popular, podían estas constituirse en corto plazo en poder revolucionario, capaz de transformar radicalmente la sociedad o requerían de un tiempo de desarrollo, maduración, ejercicio práctico más que de retórica revolucionaria. ¿Ese desarrollo no implicaba acaso defender al gobierno de Salvador Allende, por más reformista que fuere, mientras las fuerzas propias del campo popular no alcanzaban un mayor desarrollo? ¿Por qué el poder del pueblo, sus tradiciones, sus deseos de cambio, su sentido de soberanía se expresaron tan débilmente el día del golpe? ¿Quién se equivocaba, la izquierda, el pueblo, ambos?

3.- El voluntarismo inevitablemente conlleva autoritarismo. El MIR adoleció, a mi juicio, de una sobre determinación teórica, es decir,

del deseo de cambiar la realidad especialmente a partir de sus presupuestos teóricos. Pero, cuando la realidad sigue un camino distinto, sólo hay dos posibilidades: modificar esos presupuestos o insistir porfiadamente en la voluntad para producir el cambio. Me parece que el MIR en muchos momentos optó por este segundo camino, lo que inevitablemente lo llevaba a reforzar una cultura organizacional autoritaria (estilos, formas, valores, actitudes, etc.), que en el mediando plazo complotaron en contra de su propio desarrollo. Por ejemplo: frente a la amenaza y la práctica represiva, que costó la vida a tantos militantes, ¿no existía la posibilidad de evaluar con más realismo la fuerza del enemigo? ¿La revolución no puede retroceder en determinadas circunstancias?

Se podrían formular muchas más preguntas que apuntan, claro está, a desentrañar los por qué de la derrota de la revolución en Chile en los años 70, proceso en el cual el MIR fue un actor fundamental.

Me parece, y con esto termino, que no hay posibilidad de reconstruir la izquierda chilena, tan debilitada en los días de hoy, si no se responde a las muchas de estas preguntas, hasta ahora sin respuestas o con respuestas muy parciales. Es decir, la izquierda puede constituir la memoria en un culto al pasado de una revolución “que no fue”, pero también puede hacer de la memoria un ejercicio crítico que la ayude a ponerse de pie. Por ello, hay que hacer el inventario de las derrotas, hay que hacer todos los ejercicios necesarios de memoria, pero también la historia (la memoria puede ser auto complaciente). Sé que se trata de un ejercicio difícil, sobre todo para los viejos, no así para los jóvenes sin son capaces de pararse sobre nuestros hombros, para mirar más lejos y proponernos nuevas perspectivas de análisis.

Palabras de pedro naranjo s., coordinador del ceme, en la actividad de homenaje a miguel enríquez y de lanzamiento del libro “miguel enríquez y el proyecto revolucionario en chile”. realizado en santiago el 5 de octubre del 2004, en la sede libertad de la universalidad arcis, santiago de chile.

Recordando al Miguel del pueblo, el Miguel de todos.

Compañeras y compañeros

En nombre del Centro de Estudios “Miguel Enríquez”, saludamos la presencia de todos los presentes. Asimismo expresamos nuestro agradecimiento, a LOM y el “Comité 30 años” por organizar la presentación del libro “Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile”.

Esta actividad, es una de las tantas convocadas para recordar el aniversario 30 de la caída en combate de Miguel, y nos muestra el interés y convocatoria que despierta su figura. En ella también queremos recordar a todos los caídos en la larga lucha por la libertad y la justicia social de nuestro pueblo. Cientos de ellos nos acompañan con sus rostros de vida en este local.

Mi intervención de manera breve considerará y en ese orden tres cuestiones: el libro que se edita, el trabajo del CEME y la necesidad de historiar al MIR y, finalmente algunas ideas y homenaje a Miguel.

Sobre la presente edición

El contenido del libro lo inicia un trabajo que habla sobre la vida de Enríquez, integra antecedentes referenciales sobre su pensamiento y el desarrollo, posiciones y práctica política del MIR en ese periodo.

El resto lo constituye la selección de textos seleccionados, que persiguen dar una visión general del pensamiento de Miguel y de las políticas del MIR en el periodo. La mayoría corresponde a textos redactados por el máximo dirigente del MIR en forma de discursos, informes o declaraciones y están orientados para la acción política de su partido: denunciar y atacar a sus adversarios, dar la discusión ideológica con el resto de la izquierda o convocar al pueblo a la lucha. También, y para ampliar la visión política se incluyen unos pocos documentos generales del MIR de momentos de su trayectoria y, en cuya elaboración tuvo destacada participación Miguel.

La selección de los documentos del libro que presentamos, no fue tarea fácil para los que participamos en ella. Más aún, cuando el punto de partida del CEME era publicar parte importante de la documentación hasta hoy recuperada, del periodo 1965-1974, cuestión no viable por su extensión. Al final, de un universo inicial de mas de 900 páginas en más de 130 documentos, la presente selección recoge cerca de dos decenas que recorren el camino entre la fundación del MIR en agosto de 1965 hasta la caída de Miguel en octubre de 1974.

La documentación entregada, aunque significativa e importante, es insuficiente para comprender en todas sus aristas el ideario político y quehacer del MIR en el periodo.

Esperamos, a mediano plazo, poner a disposición de interesados más fuentes documentales, en forma escrita o vía internet en nuestro sitio definitivo que esperamos editar en los meses iniciales del próximo año.

Al entregar a público este trabajo, agradecemos a todos los que en distintos tiempos y lugares apoyaron nuestro trabajo. Asimismo, a LOM que recogió e hizo realidad la iniciativa de publicar este libro de homenaje.

Sobre el trabajo del CEME y la necesidad de historiar al MIR..

En nuestro país hay un importante déficit de estudios relativos al movimiento popular (social y político) del periodo 1960-1990. Pareciera que la represión, el oscurantismo, y censura de los tiempos del régimen militar, que nos derroto en muchos planos, aún nos mantiene aprisionados y no permite a los involucrados que aun son consecuentes con lo que hicieron, levantar sin permiso de nadie su voz y pensamiento para asumir lo hecho y lo que se pensó; reconocer y asumir nuestras experiencias con sus enseñanzas y lecciones.

No se puede aceptar pasivamente que la “historia oficial dominante” margine, haga desaparecer o tergiverse impunemente procesos sociales, hechos, situaciones, colectivos y personajes participantes en la sociedad chilena, por el solo hecho de no estar vinculados a los centros del poder dominante, haciendo que la experiencia popular se recoja fragmentariamente en la historia de Chile.

En el desarrollo del movimiento popular chileno (nos referimos a sus organizaciones sociales y políticas) hay una experiencia inmensa de luchas con momentos de triunfos y derrotas, de avances y retrocesos. De ellos, se evidencian muchos déficit de sistematización, enseñanzas no recogidas y responsabilidades no asumidas.

…………………………………….

El MIR, fundado en agosto 1965 fue una importante organización de la izquierda revolucionaria chilena y latinoamericana. A partir de su fundación se planteó el reto de levantar y construir para el país un proyecto histórico original que buscaba transformar radicalmente la realidad chilena de entonces. Sus comienzos no fueron fáciles en el proceso de poder unificar pensamientos y miembros procedentes de orgánicas diversas.

Las exigencias de la lucha de clases nacional, en especial el complejo y rico periodo de la historia nacional de 1970 a 1973, le planteo desafíos inéditos, no fáciles de resolver y en ellos tuvo aciertos y errores.

El triunfo de Salvador Allende en 1970 le obligo a una adecuación táctica profunda, y aunque visualizo el nuevo periodo abierto, la no comprensión inicial de todas las posibilidades que presentaba, le retraso el otorgar mayor importancia a la vinculación mas profunda con los diferentes movimientos sociales populares, para poder avanzar en la constitución de una fuerza social revolucionaria.

Aun, el papel y rol del MIR en las décadas pasadas, desde un punto de vista histórico es un problema no resuelto, permanece pendiente. Su experiencia es poco conocida, aunque de ella a veces se habla, de forma bastante deformada o interesada.

No existen trabajos históricos sistematizados que permita apreciar y analizar la participación mirista en períodos importantes de la lucha de clases del pueblo chileno. El acceso a documentación no es fácil a consecuencia del sistemático e intenso proceso de destrucción ideológico, político, humano, orgánico, documental y de experiencias del conjunto del movimiento popular y del mirismo en particular que realizo durante la dictadura militar. Agréguese la política de omisión y silenciamiento histórico de los sectores nacionales dominantes en la actualidad.

Por otro lado, el proceso de crisis política, ideológica y orgánica progresivo que afectó internamente al MIR desde mediados de la década de 1980, como consecuencia de problemas ideológicos y políticos no resueltos, significó no solo perdida de fuerza e influencia social y política, sino la división y posterior desaparecimiento orgánico del tronco mirista.

………………………

El hecho de conocer y haber participado mucho tiempo en la experiencia mirista motiva desde hace un tiempo, el interés de un pequeño colectivo para contribuir sin plazos fijos al trabajo de recuperación de la historia y experiencia del MIR, que con posterioridad hemos ampliado de forma parcial al conjunto del movimiento popular chileno.

El CEME trabaja para recoger los planteamientos y experiencias del conjunto del mirismo a lo largo de los distintos periodos de su historia. Nuestra idea de trabajo no se identifica o depende de ningún grupo u orgánica mirista pasada o presente. Reconocemos y asumimos las diferencias que existieron y las que se manifiestan hoy.

A todas esas expresiones y visiones llamamos ayer, y les llamamos hoy y hacia el futuro a participar en esta tarea que reclama un esfuerzo sostenido, urgente y permanente.

Y, aunque la historia pasada de todas las organizaciones populares está abierta al estudio de todos los interesados, hoy es una exigencia política y ética, para los propios protagonistas, los miristas sobrevivientes, asumir sus experiencias pasadas (en sus definiciones y hechos, en los aportes y sus errores) a fin de contribuir al conocimiento del trayecto histórico del movimiento popular chileno.

Es importante no solo reconocer nuestra historia, sino asumir por lo que se lucho, no solo como un mero ejercicio recordatorio o nostálgico, sino como una revisión critica de nuestras propuestas y quehacer, para entregarlo a nuestro pueblo y a las generaciones presentes y futuras que con justeza lo reclaman.

Es la forma de evidenciar nuestra gratitud con nuestro pueblo que nos otorgo confianza y reconocimiento.

Es la forma de rendir homenaje y valorar el quehacer y consecuencia de nuestros compañeros y compañeras de ruta que entregaron su vida para hacer realidad lo que sustentaron.

Es la forma concreta con que exdirigentes y militantes asumen sus responsabilidades.

Será una forma de contribuir a contrarrestar parcialmente los olvidos conscientes y tergiversaciones que entrega la historia oficial de las clases dominantes,

Es la forma de ayudar a reconocer en la historia de Chile las experiencias populares.

Es la forma de hacer valer el hecho de que el movimiento popular y sus expresiones sociales y políticas han sido importantes, permanentes, y en momentos decisivos protagonistas históricos en la sociedad chilena, por su rol, quehacer y luchas.

Recuperar la experiencia del MIR,es parte del proceso para recoger la historia político social del conjunto del movimiento popular chileno, su cultura, identidad, combates y protagonistas, en su lucha por lograr un mundo mejor, sin injusticias, con bienestar, sin explotados y libre de explotadores.

Pero también nos plantea la necesidad de enjuiciar el rol histórico de la organización, de sus instancias colectivas, de sus dirigentes, incluido Miguel y precisar los aciertos y los errores en que incurrió.

Aunque el pasado no se puede reproducir o copiar mecánicamente, de sus experiencias es importante extraer lecciones y enseñanzas posibles de considerar útilmente en los momentos presente y futuro de la lucha popular.

El CEME invita a los protagonistas a tomar la palabra, a reconocer y asumir su pasado, decir nuestra verdad. Entregar documentación, información y la visión personal de los sucesos acontecidos en diversos momentos y lugares de nuestro país, de acuerdo al sentido, percepción y valor que cada uno da a las vivencias que protagonizó.

El homenaje a Miguel Enríquez.

Compañeras y compañeros

Hoy día, arribamos al 30 aniversario de la muerte en combate de Miguel Enríquez, fundador y Secretario General del MIR.

A todos los caídos y a Miguel, entregamos nuestro homenaje. Lo hacemos al combatiente revolucionario que dedicó y entregó su vida a la lucha de nuestro pueblo por su liberación, que hizo grandes esfuerzos, al igual que los miembros de la organización que el dirigió, para ganarse con sus propuestas originales, ejemplo personal y su gran capacidad de conductor, un lugar permanente en los sectores consecuentes de nuestro pueblo.

Es el homenaje al joven y maduro dirigente, que en momentos muy complejos que atravesó nuestro país, pudo junto a los que le acompañaron, resolver y orientar importantes problemas teóricos y prácticos que planteaba la lucha revolucionaria de entonces.

La trayectoria y quehacer de Miguel Enríquez. está entrelazado con el proceso de construcción y desarrollo político del MIR, hasta octubre de 1974, en que su vida es tronchada a los 30 años cuando sus concepciones no alcanzaban un pleno desarrollo, y quedaron solo esbozadas en sus líneas generales.

Miguel vive, trabaja, lucha y piensa, y los puntos de partida de su pensamiento se sitúan, en parte de las décadas de 1960 y comienzos de 1970. Está influido y exigido para dar respuesta y orientar un actuar consciente a los acontecimientos e ideas de la realidad chilena en aquella época que gesto inéditos desafíos expresados en diversas e importantes experiencias sociales y políticas.

……….

Miguel Enríquez, fue la figura más destacada de una nueva generación de revolucionarios surgida en Chile en el curso de la década de 1960. Eran momentos, que en diversos países del continente latinoamericano se enfrentaba al dominio y explotación del imperialismo norteamericano y de las burguesías nacionales, con métodos de lucha ofensivos por parte de nacientes destacamentos revolucionarios.

El impacto de de la primera revolución socialista de América, la revolución cubana, junto a diversos e importantes factores sociopolíticos de la realidad chilena, influyeron en a la constitución del MIR, en momentos en que el movimiento popular chileno hacía frente a la profunda crisis económica, social y política que agudizaba en el país los enfrentamientos entre las clases sociales.

En ese momento, Miguel junto a otros compañeros expreso con mucha visión, capacidad y convicción, nuevas concepciones, propuestas políticas y métodos de lucha, para superar las concepciones programáticas, estratégicas y tácticas que proponían las fuerzas políticas tradicionales de la izquierda chilena, durante las últimas décadas.

Miguel y la organización que dirigió desde 1967, paso a expresar, un proyecto de rebeldía y lucha total contra las formas de dominación de entonces. Pero esta rebeldía no era ambigua, tenía claros objetivos, intentaba realizar en forma práctica una revolución social contra el sistema capitalista y en ello el compromiso era hasta sus últimas consecuencias.

Se luchó para conquistar el poder por parte de los sectores explotados y desde ese poder avanzar hacia la liberación humana.

Durante el gobierno del presidente Allende, la voz de Miguel Enríquez expresó con fuerza y claridad el pensamiento del partido que dirigía:

Conquistar el poder para los trabajadores a partir del ascenso de la izquierda al Gobierno y a través de la movilización de masas. Combatir implacablemente al imperialismo, a los dueños de las grandes fábricas y los fundos. Hacer de la tierra y de las fábricas, propiedad de todo el pueblo.

Planteó insistentemente al pueblo que las clases dominantes se oponían al avance de los trabajadores y se preparaban para derrocar al gobierno, reprimir al pueblo y provocar un enfrentamiento. Y, en respuesta a ello había que preparar al pueblo para resistir en todos los planos.

Señalaba la necesidad de aumentar las fuerzas del pueblo a través de la movilización combativa de los trabajadores, de los pobres del campo y la ciudad por sus reivindicaciones y derechos, contra sus patrones y a través de todas las formas de lucha que permitiera combatir mejor al enemigo de clase. Todo esto como única forma de elevar la conciencia y el nivel de organización de los trabajadores, poder ganar fuerzas, y golpear al enemigo para avanzar hacia la conquista del poder y el socialismo.

Ante un proceso político original que fue difícil, y contradictorio, se trataba para él y los revolucionarios de empujar hacia adelante, de hacer avanzar con más fuerza que nunca a los trabajadores. Rompiendo todas las trabas que impidieran su avance, modificándolas o destruyéndolas, según la fuerza acumulada.

Se hizo esfuerzos para incorporar y movilizar a las masas y golpear el aparato de estado y los patrones, entendiéndolo como única garantía para asegurar un camino revolucionario. Se llamó e impulsó la constitución de formas de poder local autónomas del estado, los Comandos Comunales de Trabajadores con amplia participación de los sectores sociales existentes en ese territorio.

Se levantó una línea política independiente, dando un apoyo crítico al gobierno de la Unidad Popular. Realizo esfuerzos para lograr la unidad de la izquierda. Nos comprometimos con el resultado del proceso y su derrota en 1973 golpeo y afecto profundamente al MIR y a todos los partidos populares.

El MIR y Miguel, levantaron en lo internacional una línea de independencia. Se criticó y rechazó los modelos burocráticos de construcción del socialismo en los países del entonces llamado “campo socialista”. Pero junto con levantar un proyecto nacional, tenia la visión estratégica del carácter continental de la revolución latinoamericana y la necesidad de los revolucionarios de coordinar sus luchas, para lo cual fue un importante gestor e impulsor en la constitución de la Junta de Coordinación Revolucionaria con participación del MIR y organizaciones de Argentina, Bolivia y Uruguay.

Miguel y sus compañeros no tenía más enemigos, que los enemigos del pueblo, éstos eran, el imperialismo norteamericano, los dueños de los fundos, los dueños de las grandes fábricas, los partidos políticos que defendían los intereses de los poseedores del poder y la riqueza, el Partido Nacional y el Partido Demócrata Cristiano. Su vida la entrego a combatirlos en todos los planos y en todas las formas.

Vivió para defender los intereses de los obreros, los campesinos, los pobladores, el pueblo trabajador los estudiantes y los soldados democráticos.

…………

Miguel reunía, características de hombre de acción y pensador. Realizo a plenitud una relación estrecha entre teoría y práctica. En él vida y pensamiento eran absolutamente concordantes. De gran consecuencia entre lo que decía y lo que hacía.

Le imprimió un particular sello a la lucha por ganar para las posiciones revolucionarias la conducción del movimiento de masas y este impulsara una táctica y estrategia política independiente tras el objetivo de conquistar un real gobierno de trabajadores en la perspectiva de avanzar a un auténtico poder proletario.

Inmensos fueron sus esfuerzos propios y los colectivos para lograr constituir el MIR, en el curso de la crisis del sistema de dominación burguesa en Chile en un partido que fuera vanguardia revolucionaria de la clase obrera, antes que la burguesía chilena resolviera sus diferencias y se uniera para desencadenar la contraofensiva reaccionaria. Errores de apreciación política trajeron como consecuencia retrasos irrecuperables que afectaron el desarrollo posterior del MIR.

En los difíciles momentos con posterioridad al golpe militar, en medio de una intensa persecución y accionar represivo, participó en la definición de políticas dirigió la reorganización del MIR y encabezó la lucha de resistencia popular contra la dictadura y sus aliados.

En esos momentos de repliegue de toda la izquierda, permaneció en Chile, se opuso tenazmente a dejar el país tanto él como miembros de su partido, por considerarlo una renuncia a su papel histórico junto a su pueblo. Su prestigio entre las masas y el pueblo era inmenso. Tenía el convencimiento que el derrocamiento de la dictadura militar solo sería posible al lograr una amplia alianza antidictatorial e impulsando una combinación muy variada de formas de lucha.

…………..

Su vida la entrego completamente a la lucha por los intereses de los trabajadores y todos los explotados de nuestra patria, tras el objetivo de alcanzar una sociedad diferente, libre de explotación, que tuviera como cimientos la justicia social y una verdadera democracia, donde el pueblo asuma un rol activo y protagónico para decidir su futuro.

Miguel nos dejó su pensamiento político y ejemplo de consecuencia, también nos lega su tenacidad incansable de más de una década, en que intenta construir paso a paso un partido revolucionario. Más aprendamos de Miguel y digamos que si alguien hoy quiere construir un partido revolucionario con una política revolucionaria tiene que construirlo no como una reconstrucción de algo que fue sino con las características apropiadas a la nueva situación de la sociedad.

Para eso puede servir, no solamente el ejemplo moral de Enríquez y sus camaradas, sino también su ejemplo intelectual y práctico. Pues precisamente el dio un ejemplo de cómo adecuarse a unas características concretas, a un periodo concreto, una teoría que en sus manos no era la simple reproducción o la simple repetición de una fraseología añeja, sino un intento por crear algo nuevo a partir y sobre la base de construcciones y adquisiciones teóricas anteriores. Ese ejemplo, esa rigurosidad conceptual, ese valor intelectual es tan alto como el ejemplo moral y el valor moral que nos dejó.

Compañeras y compañeras

Hoy 5 de octubre, desde este lugar histórico del movimiento obrero chileno, la ex Fundición Libertad de Santiago.

Junto con rendir homenaje al Miguel del pueblo, al Miguel de todos,

recordamos a todos nuestros héroes y mártires, mujeres, hombres y jóvenes que cayeron en distintas épocas luchando por la libertad i emancipación de nuestro pueblo.

Pero tampoco olvidamos y también saludamos a todos los que firmemente lucharon y están vivos.

Todos son parte de nuestra historia.

¡SOLO LA LUCHA NOS HARA LIBRES¡

Consenso y Disenso en la Memoria Histórica y en las Actitudes Hacia la Reparación en Tres Generaciones de Chilenos

Psykhe vol.22 no.2 Santiago nov. 2013

http://dx.doi.org/10.7764/psykhe.22.2.601

PSYKHE 2013, Vol. 22, 2, 33-47

Consenso y Disenso en la Memoria Histórica y en las Actitudes Hacia la Reparación en Tres Generaciones de Chilenos

Consensus and Dissent in Historical Memory and in Attitudes Toward Reparation in Three Generations of Chileans

Héctor Carvacho*, Jorge Manzi**, Andrés Haye**, Roberto González**, Marcela Cornejo**

*Universität Bielefeld

**Pontificia Universidad Católica de Chile


En 2 estudios correlacionales, con muestras basadas en cuotas de nivel socioeconómico, edad y género (N1 = 996 y N2 = 841), en Santiago de Chile se evaluaron 2 hipótesis: (a) chilenos que se socializaron políticamente en diferentes épocas (previa, durante y posterior a la dictadura) y que tienen diferente orientación política (izquierda, centro o derecha) manifiestan consenso en su memoria histórica, pero disenso en su valoración de las políticas de reparación hacia víctimas de la dictadura y (b) las actitudes ideológicas (autoritarismo, apoyo a la democracia y orientación a la dominancia social) explican las diferencias en la valoración de las políticas de reparación.

El análisis de una pregunta abierta muestra consenso intergeneracional y entre grupos políticos en que el golpe de Estado de 1973 y la transición a la democracia son los elementos centrales de la historia política chilena. Usando un modelo de ecuaciones estructurales, se encontró que los grupos políticos disienten en su valoración de las políticas de reparación (la izquierda tiene actitudes más positivas), en función de las actitudes ideológicas que subyacen a la orientación política.

Palabras clave: generaciones, memoria histórica, socialización política, orientación política, actitudes ideológicas

http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22282013000200004&lng=es&nrm=iso&tlng=es

Discusión

Este artículo aborda el problema del impacto de la dictadura en la conformación de la memoria histórica y en las actitudes hacia las políticas de reparación hacia las víctimas. Abordar este problema adquiere particular importancia al cumplirse 40 años del golpe de Estado de 1973 en Chile. Fechas conmemorativas especiales reactivan las emociones y actitudes que subyacen a los conflictos y llevan a las sociedades a discutir el tema en el contexto de una mirada de futuro que contrapone olvido y memoria (Jelin, 2001). Además, todavía permanecen abiertas múltiples preguntas sobre los procesos de memoria y olvido colectivo. ¿Aumenta el consenso con el paso del tiempo? ¿Aparecen nuevos ámbitos de disenso conectados al pasado traumático? Este artículo buscó dar algunas pistas en esta discusión abierta.

En el contexto de un amplio estudio sobre la cultura política de los chilenos (ver Haye et al., 2009), se llevaron a cabo dos estudios que mostraron que, por un lado, existen visiones consensuales entre generaciones y orientaciones políticas con respecto a la centralidad del golpe de Estado y la transición a la democracia para la construcción de la memoria histórica en Chile. Por otro lado, existe disenso entre orientaciones políticas (izquierda-derecha) con respecto a las actitudes hacia las políticas de reparación hacia las víctimas de la dictadura, siendo las personas de izquierda quienes más apoyan estas políticas. A la diferencia en orientación política subyacen actitudes ideológicas como autoritarismo, orientación a la dominancia social y apoyo a la democracia, que a su vez predicen directa e indirectamente el apoyo a las políticas de reparación. Vale decir, el disenso en las políticas de reparación se explica sustantivamente en función de las actitudes ideológicas. Es importante mencionar que la existencia de un efecto directo de la configuración ideológica, que no es mediado por la orientación política, indica que hay participantes que, a pesar de presentar un patrón de respuestas consistente en términos ideológicos que predice las actitudes hacia la reparación en la forma esperada, no expresan su ideología a través de la auto-identificación en el eje izquierda-derecha. Para aclarar en qué consiste el efecto directo se requieren nuevos estudios que incorporen mediadores adicionales, tales como victimización competitiva (Noor, Shnabel, Halabi & Nadler, 2012) o emociones (González et al., en este número).

Los resultados de estos estudios expanden la investigación previa sobre las diferencias entre las generaciones en la memoria (e.g., Guichard & Henríquez, 2011; Manzi et al., 2003), al mostrar en un contexto socio-histórico distinto que el consenso en torno a las relevancia del golpe de Estado y la dictadura es transgeneracional. A su vez, ofrecen evidencia clara de que las actitudes ideológicas que subyacen a la diferenciación entre izquierda y derecha explican también el disenso en las actitudes hacia la reparación, lo cual es un hallazgo novedoso, que expande tanto la investigación sobre actitudes hacia la reparación (Lira & Morales, 2005; Morales & Cornejo, 2013) como la investigación sobre las consecuencias de las actitudes ideológicas (e.g., Cárdenas, Meza, Lagues & Yañez, 2010; Carvacho, 2010; Cohrs, Kämpfe-Hargrave & Riemann, 2012; Ho et al., 2012).

Es importante también discutir algunas limitaciones del estudio. La primera y más evidente es que la recolección de los datos fue llevada a cabo en los años 2005 y 2006, justamente antes de que se iniciara un evento político post dictadura de tremenda importancia en Chile, a saber, las protestas estudiantiles que adquirieron impacto nacional, primero en 2006, protagonizadas principalmente por estudiantes secundarios, y luego en 2011, incorporando estudiantes secundarios y universitarios con al apoyo de otros actores sociales. Al momento de diseñar el estudio, pensamos que el marcador generacional de la generación joven del estudio sería la elección presidencial del año 2005, donde resultó electa la presidenta Bachelet. Sin embargo, la aparición del movimiento estudiantil convirtió al grupo más joven de nuestro estudio en una especie de cohorte entre generaciones, pues la nueva generación política parece ser un par de años más joven.

Una segunda limitación se relaciona con la pregunta del Estudio 1. No podemos garantizar que todos los participantes entendieron la pregunta de la misma forma. No es claro qué entendieron algunos por historia política nacional, lo que se refleja en la mención de hechos evidentemente no políticos (por ejemplo, eventos deportivos). Además, los registros de los encuestadores pueden ser imprecisos, pues no contaron con soporte tecnológico que permitiera asegurar la calidad del registro. Las notas de los encuestadores, a pesar de haber sido capacitados para hacerlo de forma estándar, difieren en su nivel de detalle. Por esta razón, el análisis se enfocó en dos categorizaciones que subsanan el problema de la precisión de los registros (basadas en años y épocas). En el futuro se podrían complementar estos estudios con otros que permitan un mejor registro y preguntas adicionales, de modo de establecer estrategias de análisis que capturen otras facetas de la memoria histórica.

Una tercera limitación es que en este estudio no diferenciamos entre víctimas y no víctimas de la dictadura. Esto es relevante, pues investigaciones previas han mostrado diferencias importantes entre estos dos grupos, en términos de sus emociones y su actitud hacia el perdón y la reparación (Cárdenas, Ascorra, San Martín, Rodríguez & Páez, 2013; Cárdenas, Páez et al., 2013).

La última limitación es de orden metodológico. A pesar de estar incluido en una investigación de carácter longitudinal, el Estudio 2 utiliza datos transversales y correlacionales para presentar un modelo de mediación con supuestos sobre causalidad en la relación entre las variables. Estos supuestos están basados en la evidencia disponible en la literatura, pero, dado que el modelo presentado es novedoso y original, no han sido evaluados específicamente. Esto se podría resolver utilizando datos longitudinales y modelos que controlen los efectos auto-regresivos.

Finalmente, retomamos las preguntas presentadas al inicio del texto: ¿Qué tan profundo es el impacto de los eventos políticos más importantes de la historia en la cultura política de un país? ¿Es posible hablar de generaciones que son definidas por su experiencia compartida en torno a uno de estos eventos? Este artículo provee evidencia sobre la existencia de una cultura política transgeneracional, en la que el pasado histórico traumático del golpe de Estado y la dictadura sigue constituyendo un campo de diferenciación ideológica fundamental. Esto puede mostrar que en culturas políticas marcadas por altos grados de ideologización, como ha sido la chilena, se pueden producir transmisiones intergeneracionales que en la práctica atenúen o anulen las diferencias generacionales.


“No quiero que el tiempo pase y la muerte los silencie. ..” Internacionalistas chilenos.

MISIÓN INTERNACIONALISTA. DE UNA POBLACIÓN CHILENA A LA REVOLUCIÓN SANDINISTA. JOSÉ MIGUEL CARRERA CARMONA

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“No se conoce en Chile la historia de los internacionalistas.Ya han transcurrido más de treinta años de esa gesta heroica y quiero contribuir modestamente a la memoria histórica del pueblo chileno como una muestra de respeto y admiración a mis compañeros, a los que entregaron su vida en el cumplimiento de nuestros sueños y a los que siguen vivos y orgullosos de su pasado.
No quiero que el tiempo pase y la muerte los silencie. Ese es mi único propósito.” José M. Carrera

Esta mañana de febrero,con aire de vacaciones de otros, comencé a leer este libro de José Miguel.

Tanto leer historias, relatos, testimonios, poemas contingentes, cuentos combativos,música que comprometa su pensar y ver en el cable cine testimonial memorioso de otros continentes,y de países hermanos- de por acá muy de repente la telenovela contingente- como que una se  siente a veces con el alma embotada, con la memoria impregnada y ya casi,casi,por defensa personal, no hace eco.

Y un día cualquiera  una se tropieza con las palabras del antiguo “ayudista”, del hoy mercader del Templo,manejador de técnicas sociológicas y de psicología social con las que maneja bellos y nobles términos que transforma en epítetos deshonrosos con fines más que transparentes. 1.

Lo que leo hoy al vuelo, con renovado interés, es la antítesis de lo señalado anteriormente. Es la dignidad y la honestidad de un protagonista de una historia compartida, segmentada por imperativos de una contingencia extendida por décadas que solo dio voz a los espúreos y a los traidores.

José Miguel Carrera, de ilustre nombre y memoria larga, relata experiencias desconocidas para casi todo chileno , salvo para quienes vivieron la gesta de luchar, como militares chilenos formados en Cuba, en una revolución  triunfante, como lo fue la Sandinista.

Las palabras “compañero”, “combatiente”,”comandante” tienen en este relato el contenido valórico que nos interpreta y convoca y que hace de nuestra memoria colectiva , esa que comparten los que tienen la dignidad de luchar por sus principios,  una fuente de orgullo y dignidad.

El joven que dejó su población, su familia,su país para partir a Cuba a estudiar medicina, en el primer grupo de becados en 1972, que solo volvió diecisiete años después, clandestino, oficial de ejército,que rompió los sueños maternos,que recibió el reconocimiento del gobierno nicaragüense,y que hoy comparte su historia y la de los jóvenes de su generación,abre una puerta al conocimiento de una etapa de nuestra historia aún invisible .

1.- Fernando Villegas..http://blog.latercera.com/blog/fvillegas/entry/sabe_a_jab%C3%B3n_pero_es

Apoyamos la autogestión de trabajos de memoria e historia reciente

Comparta su Historia de Vida. La Memoria nos hermana. Exilio en Mozambique

HIJXS . VOCES

Personas que estuvimos en Mozambique escribimos testimonios de ese periplo, y se plasmó en un libro que se lanzó en noviembre en el ex congreso, lamentablemente hubo poca participación y fue muy poca gente que trabaja en la “memoria”, pero fue mucha gente que quiso estar y tener segun dicen esos históricos testimonios esta fue la invitación donde sale información, quien necesite un libro me lo pide lo tiene un compañero a cargo de la distribución

Mari Cris, en Red Solidaria Casa de Miguel

https://www.facebook.com/groups/casademiguel/10151948927743616/?notif_t=group_comment

Paulina Manríquez | Mozambique

Paulina-Manriquez

¿CUÁLES SON LAS PRIMERAS IMPRESIONES DE SU LLEGADA AL NUEVO PAÍS?

DE LA VILLA FREI, ÑUÑOA  A  MAPUTO, MOZAMBIQUE.

Iniciado los años 80’, durante la crisis económica de Chile y luego del periodo de terror vivido en los 70’, mis padres junto a sus…

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Revista on line Licentiare. Un espacio para publicar .OPINIÓN ENSAYO TESIS

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Cuando la revolución parecía esperar a la vuelta de la esquina… Eugenia Palieraki.2008

La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile Polis, 19 | 2008 Eugenia Palieraki Cuando la revolución parecía esperar a la vuelta de la esquina, el dilema entre vía armada y vía electoral se planteaba en todas las organizaciones con mayor o menor intensidad y persistencia. La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (1965-1970) Introducción 1 Chile se ha jactado permanentemente de ser un país de orden y con una larga tradición democrática y republicana*; un país donde la búsqueda de consensos ha sido por largo tiempo -y sigue aún considerándose- como la fuerza motriz de su historia. Si esto corresponde a una verdad histórica o a una construcción –fundada tanto a partir de los trabajos de politólogos extranjeros como de los mitos de la historiografía nacional- lo cierto es que este imaginario nacional sigue vigente hoy. 2 No obstante, en los últimos años la historiografía chilena muestra un claro interés por sujetos complejos y polémicos. Prueba de ello es la atracción que suscita en las jóvenes generaciones de historiadores, los periodos “problemáticos” de la historia reciente – en especial el gobierno de la Unidad Popular (UP) y en menor medida el conjunto de los años sesenta-. Sin embargo, este retorno no ha significado necesariamente la emergencia de un verdadero debate y las lecturas que se realizan de este periodo están –muchas veces- sometidas a consideraciones ideológicas o políticas. 3 La reflexión histórica sobre los largos años sesenta (1960-1973) se vuelve mucho más ardua a medida que se enfoca sobre aspectos más polémicos. Y he aquí uno de ellos: el rol político de la nueva izquierda revolucionaria1, nacida a mediados de los años sesenta y cuya presencia en la escena política influenció fuertemente el curso de los acontecimientos durante la Unidad Popular. Esta izquierda frecuentemente es identificada con el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), pero en los años sesenta y setenta estaba compuesta de numerosos grupos pequeños. La mayoría gravitaban alrededor del MIR, escindiéndose de él para a veces, volver a integrarse2. Nuestro artículo se focalizará sobre el MIR y la problemática de la violencia política3, que fue central en su historia. Estudiaremos el discurso que tuvo el MIR sobre este punto durante el período 1965-1970, construido tanto en los escritos teóricos como en los discursos de sus dirigentes, así como el lugar y el rol que ocupó la violencia en la práctica política del MIR. La articulación entre prácticas políticas y representaciones estará en el centro de nuestra atención. El camino tortuoso hacia una historia de la “izquierda revolucionaria” 4 En la bibliografía chilena, la izquierda revolucionaria y la violencia política son dos temas que a menudo se entrecruzan. Relacionado con el primer tema, es necesario constatar que la calidad no siempre abunda. En el caso del MIR, estamos obligados a navegar entre una historia militante –seguramente necesaria, pero que plantea numerosos problemas-, los estudios periodísticos, y la más infinita desigualdad de artículos y referencias en las revistas y la bibliografía general. 5 Las obras de historia militante, además de su deseo de excluir al no-militante, plantean igualmente graves problemas, fundamentalmente en lo que concierne la plena comprensión del objeto de estudio. El militante, teniendo por definición un apego particular hacia su propio partido, ve su grupo político en tanto depositario de la verdad, pero también como radicalmente diferente de los otros grupos políticos. Los estudios sobre la izquierda han tendido a menudo a separar el partido estudiado del contexto en el cual éste realizaba su acción política. De esta manera, la izquierda ha terminado por entregar retrospectivamente su rol marginal y extranjero al campo político, puesto que parecía no recibir ni generar influencias sobre los otros partidos y movimientos. Para no mencionar el tratamiento aun más problemático de temas sensibles, tales como el de las relaciones con las organizaciones internacionales, o el apoyo a la lucha armada, a los cuales raramente estos estudios se refieren. A propósito de la violencia política, durante las cuatro últimas décadas las ciencias sociales, tanto en Europa como en América Latina, han realizado un trabajo sistemático de estudio y de conceptualización. Chile parece haber escapado, salvo excepciones4, a esta ola de “violentología” que ha invadido a otros países del sub-continente –Colombia es un caso ejemplar. La falta de estudios sobre la violencia política en Chile ha impedido que ella sea objeto de un debate nacional5, incluso cuando no está menos presente en la historia chilena que en la de otros países del continente. No obstante, a partir de las pocas obras que tratan el tema,cuatro principales interpretaciones se destacan. Es necesario señalar aquí que a menudo están vinculadas a una posición política. La primera consiste en negar prácticamente la existencia de la violencia política: los “extremistas” (de izquierda, evidentemente) serían asimilados a los criminales, a los delincuentes comunes. Esta interpretación, defendida en el terreno de las ciencias políticas y de la sociología por Talcott Parsons, ha hecho su aparición en Chile sobre todo a través de los medios de comunicación de centro y de derecha y ello a partir de finales de los años 1960. La segunda interpretación ve en la utilización de la violencia política en Chile,una imitación de modelos extranjeros –de la Revolución cubana y de la guerrilla guevarista,en este caso. Curiosamente, ella fue concebida y defendida con fervor por los intelectuales del PCCH, en los años 1960 y 1970 y retomada por los intelectuales ligados a la dictadura de Pinochet. Para los defensores de esta teoría, la violencia política era extranjera a las costumbres nacionales y su adopción no podía ser sino una influencia maléfica de otros países, deseosos de entrometerse en los asuntos nacionales. La tercera interpretación, a menudo vinculada a la anterior, atribuye la violencia política a los extremos: ya sea de aparición simultanea en los dos extremos y que se retro-alimenta, o bien como la violencia de la extrema derecha en tanto respuesta a la violencia de extrema izquierda (la encontramos en los escritos y la prensa del PCCH y de la Democracia Cristiana). Se trata de una versión chilena de la “teoría de los dos demonios”6. Ésta es la mas difícil de tratar, puesto que es la más repetida y la que se ajusta mejor a la versión nacional de una “historia de consenso”. En una interpretación donde los dos extremos se juntan, esta ultraizquierda extremista –que por su radicalismo es vista como extranjera a la historia y al temperamento chileno- es presentada a la vez como colaboradora de la extrema derecha, agente de Fidel Castro, el movimiento menos significativo de la izquierda chilena, y al mismo tiempo principal responsable de la crisis de los años 70-73 y de la caída de Allende7. En un registro completamente diferente, la cuarta interpretación encarna la violenciapolítica a través de dos actores que se oponen sin tregua desde el alba de los tiempos: el Estado, por una parte, y por otra los Dominados; la violencia de las clases dominantes contrala del bajo Pueblo. Esta interpretación concibe la violencia como una constante de la historia chilena, ocultando toda dimensión temporal. En este marco interpretativo, la violencia del MIR llega a ser la traducción de la violencia popular; y la represión después del Golpe de Estado la repetición del ciclo violencia popular-violencia del Estado. Teniendo el mérito deintegrar al actor-Estado en el debate sobre la violencia, esta interpretación es a pesar de todo algo esquemática. 7 De estas interpretaciones de la violencia política de los años 1960 podemos sacar nuestras primeras conclusiones. En primer lugar, la izquierda revolucionaria es a menudo considerada como actor principal de la violencia política de los años 1960-1970. En segundo lugar, las otras corrientes políticas son raras veces tomadas en cuenta y el Estado menos aún. En tercer lugar, las conclusiones son más dictadas por los fines ideológicos que por un estudio histórico basado en las fuentes. Por último, la violencia política es imaginada como una táctica propia de ciertos movimientos o partidos políticos, una práctica innata, sin que las razones que hayan conducido a su adopción y el rol especifico que cumple sean examinados. 8 Ahora bien, hacer la historia del recuso –en el discurso o en la acción- de una organización política a la violencia no es una tarea fácil, a causa de la complejidad del fenómeno. El discurso que legitima la violencia se forja siempre paso a paso. Por otra parte, dicho discurso no es necesariamente coherente ni unívoco. Además, cumple numerosas funciones: legitima en el plano interno las prácticas violentas, las justifica socialmente y los argumentos se adaptan cada vez a las necesidades del momento. Los usos de la violencia pueden igualmente variar,diferenciarse en relación al discurso que les precede y en general encontrar su justificación y lógica, una vez los hechos consumados. Cuando el historiador se acerca a este tema candente,debe considerar el elemento pasional (la fascinación por la violencia). Y debe sobre todo incluir en su esquema interpretativo la incertidumbre que caracteriza la toma de decisiones en política. Numerosas tendencias convergen a cada momento y producen un acontecimiento cuyas consecuencias los actores no conocen con antelación. Ahora bien, el problema para el historiador se plantea así: ¿Cómo hacer para construir a la vez una interpretación de los hechos coherente y tomar en cuenta las incertidumbres y las incoherencias del momento estudiado? 9 Proponemos aquí examinar la relación que mantiene la nueva izquierda revolucionaria chilena con la violencia política a partir de los ejes de reflexión siguientes. Primero, tomando en cuenta el contexto intelectual, ideológico y político que permite a cada momento la legitimación de la violencia en tanto instrumento para hacer política. Enseguida, estudiando la violencia revolucionaria en tanto discurso: los debates sobre la táctica y la estrategia, respecto a los límites de la utilización de la violencia, sobre las referencias históricas y los modelos para cada táctica adoptada. Luego, la utilización de la violencia en tanto elemento regulador de las tensiones internas al movimiento, pero también en tanto creador de divisiones internas a largo plazo8. Por último, a través de la visión del Estado, sobre todo la que la policía y luego el poder judicial tienen de estos grupos; como legitimación de la represión, represión basada en el postulado de que la violencia es incompatible con la política. Este último punto será solamente esbozado. La apología de la violencia: la violencia discursiva en su contexto histórico 10 Una cuestión siempre vigente hoy en día es saber si la violencia puede ser un medio legítimo para hacer política9. Trátese del debate actual, o de aquél de los años 1960, que es objeto de este artículo, siempre es necesario comenzar por reubicarlo en su contexto histórico. Tratar de comprender a través de qué procesos la violencia política se convirtió (o no) en opción principal a fin de provocar cambios sociales y políticos. No hay que confundir, sin embargo, la contextualización que intentamos hacer aquí con la apología de la violencia. 11 En lo que concierne a los años 1960 chilenos, afirmar que la vía armada hacia la toma del poder era un asunto de los extremos, es desconocer las verdaderas dimensiones que este debate tenía en ese momento. Cuando la revolución parecía esperar a la vuelta de la esquina, el dilema entre vía armada y vía electoral se planteaba en todas las organizaciones con mayor o menor intensidad y persistencia. 12 Todo esto se expresaba en el marco de la violencia “discursiva”10. Porque si miramos la violencia política más cotidiana, podemos constatar que a partir del gobierno de Eduardo Frei (1964-1970), la violencia política invadió las calles de las grandes ciudades chilenas,pero también el campo. Y en ningún partido, ni organización política, de izquierda como de derecha, estuvo ausente. Afirmar que el recurso sistemático a la violencia ha sido consecuencia de los discursos y los llamados a las armas de los movimientos políticos más radicalizados,es reconocerles una incidencia tal sobre la sociedad chilena y sobre la opinión pública que incluso ellos mismos no osarían asumir. No podemos más que constatar la existencia de un proceso generalizado de politización y radicalización de la sociedad civil en el que todos los partidos u organizaciones políticas han contribuido. No obstante, aquellos que la reivindican públicamente y la convierten en su estandarte, son mucho menos numerosos. 13 Volvamos ahora al contexto en donde la “vía armada” se volvió, en vista de la conquista del poder, la única o la principal opción de la nueva izquierda revolucionaria. La arqueología de una justificación y adopción discursiva de la violencia no es evidente y amerita un estudio más detallado. La toma del poder por las armas estaba regularmente propuesta en el seno de la izquierda desde finales del siglo XIX. Por último, en los años 1950, no eran los partidos políticos sino sobre todo la CUT (Central Única de Trabajadores) que lanzaba el llamado a las armas. Ahora bien, en los años 1960, un viraje se produce en el debate sobre el uso de la violencia política. Primero, este último es mucho más generalizado y no se limita a algunas fracciones marginales y minoritarias de la izquierda. Una franja importante de la izquierda se desplaza lento pero seguro hacia el culto a la lucha armada. Los debates se centran sobre la táctica y la estrategia, y sólo se espera la insurrección de las masas o bien la aparición de un núcleo de elegidos que cumplirá con la misión. Este cambio tiene relación con el período muy particular que fueron los años 1960. El contexto intelectual se presta. Y los ejemplos concretos abundan: Cuba ante todo, pero también toda América latina, Argelia, Viet-Nam… 14 El rol que juega la revolución cubana en este viraje del debate fue central. Ella constituyó entonces, una referencia ineludible para el conjunto de la izquierda latinoamericana –y no solamente para aquella que le fue cercana. Mientras que la revolución cubana confirmaba en los hechos que en América latina se podía llegar al poder por la vía de las armas, el ejemplo del Che Guevara y sus escritos contribuían a la formación de un discurso, de un imaginario, de una estética y de una nueva moral revolucionaria propia de los años 1960. La violencia reaparecía como inherente a lo político. No obstante, el impacto de la revolución cubana no puede explicar todo. Evocar la “influencia extrajera”, creer en una imitación ciega de los modelos venidos del exterior, para explicar el nacimiento y el recorrido de la nueva izquierda revolucionaria en Chile, y en general en América latina, sigue siendo un enfoque insatisfactorio11. 15 Aunque las relaciones estrechas entre Cuba y los movimientos revolucionarios latinoamericanos es un hecho acertado, no podemos sacar conclusiones precipitadas sobre la naturaleza de éstas, ni pensar que los movimientos armados eran los únicos en tener relaciones con Cuba (el PCCH y el PS, tenían también intercambios constantes con la isla de la revolución). Por otra parte, las particularidades nacionales, los financiamientos cubanos que ya no se distribuían a destajo a partir de 1967, el viraje bajo la presión soviética de la política cubana en esa misma fecha, todo esto nos conduce a una historia de las relaciones entre la “izquierda revolucionaria” y Cuba, más matizada y compleja que lo que podríamos suponer hasta ahora (Levesque 1976; Lagonotte 2003). Desgraciadamente, la imposibilidad de acceso a los archivos cubanos complica extremadamente la tarea. 16 Otro elemento que es necesario no desatender: la revolución cubana se ha constituido como referencia para la izquierda latinoamericana sobre la base de una fuerte reivindicación latinoamericanista. Ella era concebida por los militantes de la izquierda armada latinoamericana como una segunda independencia (Rodríguez Elizondo 1995: 134), lo que la convertía en la realización definitiva de las independencias continentales, estableciendo así un vínculo inquebrantable con la historia y el imaginario nacionales del conjunto de los países latinoamericanos. En este sentido la tradición latinoamericanista y nacionalista del Partido Socialista chileno (Benavides 1988), de donde provenía una gran parte de los militantes del MIR, es consumada a través del MIR. Y puesto que la revolución cubana había sido armada, la conclusión más fácil, si se creía en la unidad de la historia continental, era que la revolución latinoamericana debía también hacerse por las mismas vías. 17 Los años 1960 latinoamericanos están tan marcados por la revolución cubana como por los acontecimientos del tercer mundo, en que la vertiente mas radicalizada desarrolla un discurso muy construido sobre el problema de la violencia política y su legitimidad. “Si los 60 se inician con la Revolución Cubana, puede afirmarse que en las ideas se hallan formulaciones sesentistas bien tempranamente en Frantz Fanon” (Devés 2003: 136)”, afirma el historiador Eduardo Devés. Editado en castellano en 1963, Los condenados de la tierra constituyen una teorización sólida que reúne a menudo las conclusiones que se desprenden de la experiencia cubana. La obra de Fanon inaugura, de una cierta manera, la visión política romántica y radical que fue la de los años 1960 en América latina, y en las tesis de la “nueva izquierda” del continente no ha sido apreciada en su justo valor. 18 Los condenados de la tierra inaugura toda una corriente interpretativa, proponiendo una nueva lectura de la violencia política. La violencia revolucionaria llega a ser el medio privilegiado,incluso el único medio hacia la liberación. La violencia no es solamente legítima sino indispensable para la toma de conciencia popular. Es la condición previa a la movilización de masas y el instrumento principal para la construcción del hombre nuevo. “La construcción de la nación se facilita por la existencia de esa mezcla hecha de sangre y de cólera (Fanon 1963: 85)”, advierte Fanon. La división entre lo militar y lo político está abolida –y veremos que La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 6 Polis, 19 | 2008 esta es una de las principales características de las nuevas izquierdas revolucionarias de los años 1960. “La táctica y la estrategia se confunden”, dice Fanon, “El arte político se trasforma simplemente en arte militar. El militante político es el combatiente. Hacer la guerra y hacer política es una sola cosa (Ibíd.: 121)”. 19 Introduciendo la indivisibilidad entre lo político y lo militar, entre la política y la guerra, Fanon también adopta la teoría expansiva de la violencia. Ésta marcó los años sesenta para constituir el principal argumento de la nueva izquierda no sólo en América latina, sino también en Europa, en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. La injusticia y las desigualdades sociales, el colonialismo, son una forma de violencia. La violencia revolucionaria es la única respuesta posible y en consecuencia una respuesta legítima a la violencia institucionalizada, aquella del colono en los países colonizados y aquella del Estado en los países latinoamericanos, denominados también semi-coloniales (Ibíd.: 32). 20 La cuestión que se plantea ahora es la del vínculo entre el contexto y nuestro objeto de estudio. Para ser más precisos, la recepción y la apropiación del contexto intelectual y político descrito anteriormente por el MIR. Si el MIR se ha impregnado por este contexto, también ha recorrido su propio camino con el fin de establecer una fuerte justificación de la violencia política. Porque, incluso si el contexto se prestaba, la lucha armada era una opción, y no una necesidad histórica. La prueba: después de la fundación del MIR en 1965 hasta el año 1969, el uso de la lucha armada fue objeto de un debate cerrado. Fue la etapa de la justificación interna de la violencia. Una vez cerrada esta etapa, el MIR pasó a la acción. La irrupción del MIR en la escena política pública con los asaltos a bancos cambió radicalmente la situación. La violencia mirista escapó entonces del debate interno en que se podían controlar las modalidades. Ella se agregó al debate más general desarrollado en el seno de la izquierda. El MIR debió también enfrentar las dificultades materiales y los límites culturales, que se hacía necesario desde ya tomar en cuenta. En el plano interno, por otra parte, las dificultades suscitadas por el paso a la acción no fueron menores. Lo político y lo militar que la dirección mirista se obstinaba en hacer coexistir en cada militante, devinieron fuente de incesantes debates internos, de oposiciones y de divisiones. 21 Sobre este punto algunas precisiones son necesarias. La dirección del MIR –Secretariado Nacional y Comité Central- cambió durante el periodo 1965-1969, para permanecer prácticamente el mismo a partir de 1969 y hasta 1974. En un primer tiempo, entre 1965 y 1967 la dirección estaba controlada por la “vieja generación”, fundadora del MIR y trotskista en su mayoría12. Enrique Sepúlveda fue elegido secretario general del MIR hasta 1967. Fue entonces reemplazado por Miguel Enríquez, representante de la “joven generación”, de 25 años de edad, surgido del medio estudiantil de la ciudad de Concepción. La vieja generación trotskista fue expulsada del MIR en 1969. Estos cambios de dirección fueron decisivos para la definición de las principales líneas teóricas y de acción del movimiento. 22 Los trotskistas que estuvieron al origen de la fundación del MIR se decían herederos de la tradición más radical de la izquierda. Consideraban seriamente –sobre todo a nivel del discurso, más que de la acción- el recurso a la lucha armada para conducir la clase obrera al poder. Al mismo tiempo, permanecían estrechamente ligados al Partido Socialista. Es necesario precisar aquí que el PS chileno contaba -después de su fundación- con una fracción trotskista importante, que hacia el lazo con los trotskistas extra parlamentarios (Sarget: 1994). En 1965, estos últimos fueron protagonistas en la fundación del MIR. Si comparamos esta fecha de fundación, 1965, a aquella de la mayoría de los otros grupos de la “nueva izquierda” latinoamericana (con algunos matices para el cono Sur), nos damos cuenta que los chilenos llegaron a la cita con algunos años de retraso. 23 No es casualidad. En 1964, año de elecciones presidenciales, todos estos trotskistas aportaban su “apoyo critico” a la candidatura del doctor Salvador Allende. Ahora bien, el resultado no fue el esperado: Allende perdió las elecciones de 1964 y fue Eduardo Frei Montalva, el candidato de la Democracia Cristiana, quien salió vencedor. Los trotskistas habían afirmado claramente que las elecciones no eran más que una “necesidad táctica y momentánea”, pero la crisis desatada por la derrota en el seno de la izquierda chilena, comprendido su sector más radical, fue muy importante. Cansados de las aventuras electorales del PS, fundaron, algunos La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 6 Polis, 19 | 2008 esta es una de las principales características de las nuevas izquierdas revolucionarias de los años 1960. “La táctica y la estrategia se confunden”, dice Fanon, “El arte político se trasforma simplemente en arte militar. El militante político es el combatiente. Hacer la guerra y hacer política es una sola cosa (Ibíd.: 121)”. 19 Introduciendo la indivisibilidad entre lo político y lo militar, entre la política y la guerra, Fanon también adopta la teoría expansiva de la violencia. Ésta marcó los años sesenta para constituir el principal argumento de la nueva izquierda no sólo en América latina, sino también en Europa, en los Estados Unidos y en otras partes del mundo. La injusticia y las desigualdades sociales, el colonialismo, son una forma de violencia. La violencia revolucionaria es la única respuesta posible y en consecuencia una respuesta legítima a la violencia institucionalizada, aquella del colono en los países colonizados y aquella del Estado en los países latinoamericanos, denominados también semi-coloniales (Ibíd.: 32). 20 La cuestión que se plantea ahora es la del vínculo entre el contexto y nuestro objeto de estudio. Para ser más precisos, la recepción y la apropiación del contexto intelectual y político descrito anteriormente por el MIR. Si el MIR se ha impregnado por este contexto, también ha recorrido su propio camino con el fin de establecer una fuerte justificación de la violencia política. Porque, incluso si el contexto se prestaba, la lucha armada era una opción, y no una necesidad histórica. La prueba: después de la fundación del MIR en 1965 hasta el año 1969, el uso de la lucha armada fue objeto de un debate cerrado. Fue la etapa de la justificación interna de la violencia. Una vez cerrada esta etapa, el MIR pasó a la acción. La irrupción del MIR en la escena política pública con los asaltos a bancos cambió radicalmente la situación. La violencia mirista escapó entonces del debate interno en que se podían controlar las modalidades. Ella se agregó al debate más general desarrollado en el seno de la izquierda. El MIR debió también enfrentar las dificultades materiales y los límites culturales, que se hacía necesario desde ya tomar en cuenta. En el plano interno, por otra parte, las dificultades suscitadas por el paso a la acción no fueron menores. Lo político y lo militar que la dirección mirista se obstinaba en hacer coexistir en cada militante, devinieron fuente de incesantes debates internos, de oposiciones y de divisiones. 21 Sobre este punto algunas precisiones son necesarias. La dirección del MIR –Secretariado Nacional y Comité Central- cambió durante el periodo 1965-1969, para permanecer prácticamente el mismo a partir de 1969 y hasta 1974. En un primer tiempo, entre 1965 y 1967 la dirección estaba controlada por la “vieja generación”, fundadora del MIR y trotskista en su mayoría12. Enrique Sepúlveda fue elegido secretario general del MIR hasta 1967. Fue entonces reemplazado por Miguel Enríquez, representante de la “joven generación”, de 25 años de edad, surgido del medio estudiantil de la ciudad de Concepción. La vieja generación trotskista fue expulsada del MIR en 1969. Estos cambios de dirección fueron decisivos para la definición de las principales líneas teóricas y de acción del movimiento. 22 Los trotskistas que estuvieron al origen de la fundación del MIR se decían herederos de la tradición más radical de la izquierda. Consideraban seriamente –sobre todo a nivel del discurso, más que de la acción- el recurso a la lucha armada para conducir la clase obrera al poder. Al mismo tiempo, permanecían estrechamente ligados al Partido Socialista. Es necesario precisar aquí que el PS chileno contaba -después de su fundación- con una fracción trotskista importante, que hacia el lazo con los trotskistas extra parlamentarios (Sarget: 1994). En 1965, estos últimos fueron protagonistas en la fundación del MIR. Si comparamos esta fecha de fundación, 1965, a aquella de la mayoría de los otros grupos de la “nueva izquierda” latinoamericana (con algunos matices para el cono Sur), nos damos cuenta que los chilenos llegaron a la cita con algunos años de retraso. 23 No es casualidad. En 1964, año de elecciones presidenciales, todos estos trotskistas aportaban su “apoyo critico” a la candidatura del doctor Salvador Allende. Ahora bien, el resultado no fue el esperado: Allende perdió las elecciones de 1964 y fue Eduardo Frei Montalva, el candidato de la Democracia Cristiana, quien salió vencedor. Los trotskistas habían afirmado claramente que las elecciones no eran más que una “necesidad táctica y momentánea”, pero la crisis desatada por la derrota en el seno de la izquierda chilena, comprendido su sector más radical, fue muy importante. Cansados de las aventuras electorales del PS, fundaron, algunos La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 7 Polis, 19 | 2008 meses más tarde, el MIR, destinado a devenir el único verdadero movimiento revolucionario chileno, que salvaría a las masas de la ilusión electoral, abriéndoles los ojos sobre una gran verdad histórica: la vía hacia el poder popular debía ser trazada por las armas. En torno a este motivo se juntaron no solamente los trotskistas, sino también algunos anarquistas, y los miembros expulsados de las Juventudes Comunistas y de las Juventudes Socialistas (entre ellos Miguel Enríquez). 24 Al momento del Congreso de fundación, una división de tareas se efectuó espontáneamente, pero que ya era reveladora de las tensiones internas por venir. Mientras que los viejos trotskistas se consumían en interminables discusiones sobre el nombre que había que dar al nuevo partido; mientras que Luis Vitale, trotskista e historiador, redactaba la Declaración de Principios, que insistía sobre el carácter antiimperialista del movimiento, Miguel Enríquez y su grupo eran los únicos en ocuparse de la redacción de las tesis político-militares. Las tesis político-militares de 1965 eran una versión revisada de las tesis de Mao sobre la guerra popular y prolongada y de Ernesto Guevara sobre la guerrilla rural. Luis Vitale a su vez, criticaba el tono demasiado guevarista de estas tesis y planteaba como cláusula para su adopción, la moción siguiente: la condición para comenzar la lucha armada era asegurarse del apoyo previo de las masas13. 25 Las posiciones descritas anteriormente no son casuales. Aunque Luis Vitale y la mayor parte de los trotskistas apoyaban el principio de la lucha armada, tenían tras de ellos una larga trayectoria política, marcada por la tradición sindical y las movilizaciones sociales más que por el guevarismo. La condición sine qua non para cualquier acción armada, era que ella reflejara la voluntad de las masas y ser seguida por ellas. Los trotskistas estaban poco atraídos por el modelo guevarista o foquista de una elite revolucionaria que, comprometiéndose sola en la acción, provocaría enseguida la movilización de las masas. Para ellos, la lucha armada jugaba el rol de un despertador del pueblo, sacudido de su pasividad electoralista obligándose a movilizarse, pero también integrado a la lucha y a la movilización. El equilibro era delicado, porque ¿cómo incitar al pueblo a la revolución y a la vez pretender seguirlo en sus deseos e intuiciones? Y concretamente, en el contexto de los años 1960, ¿cómo hablar a la vez de lucha armada y seguir al pueblo en su deseo de votar por Allende y de participar por la vía de las elecciones? 26 Miguel Enríquez representaba otra cultura política en el seno del MIR, pero también otra generación. Una generación que vacilaba entre la fascinación por la lucha armada y la guerrilla guevarista y las precauciones frente al foquismo, constantemente formuladas por la vieja generación. Proviniendo de las Juventudes Socialistas, Miguel Enríquez era más cercano de sus corrientes más radicales. Pero no tenía relación de larga data con el PS como la “vieja generación” del MIR, ni había trabajado activamente por la campaña electoral. Como muchos jóvenes de su edad, había sobre todo sufrido el efecto de la desilusión antes del entusiasmo y había sido rápidamente expulsado del PS, en 196414. 27 Otro elemento constitutivo de la cultura política de Miguel Enríquez y de la generación que él representaba, era la fuerte fascinación por la revolución cubana. La lectura de los textos del Che15 y la mística de la guerra de guerrillas y la lucha armada rural, llevaron a la redacción de la tesis político-militar de 1965, luego a la de 196716. Cuba, admirada pero criticada en cierta medida por los trotskistas, era adulada por los jóvenes. La adopción de tesis más o menos foquistas se convirtió rápidamente en un índice importante de la toma de distancia entre las dos generaciones. 28 A pesar de las diferencias que los separaban, los trotskistas apoyaron en 1967 la candidatura de Miguel Enríquez, que fue elegido secretario general del MIR. Después de la llegada de Miguel Enríquez al secretariado nacional del Movimiento, la hora de la acción había sonado. Una vez que los miembros de la organización adoptaron la lucha armada en tanto principal medio de la toma del poder, los debates internos debían restringirse, la disciplina imponerse y la lucha armada ser por fin puesta en práctica. El paso a la acción tardó, de todas maneras, dos años. En 1969, el dilema interno del MIR a propósito de las vías que debía tomar la revolución sale a la luz pública, gracias a los asaltos a bancos. La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 8 Polis, 19 | 2008 De la palabra a la acción 29 Hemos hasta aquí re-trazado brevemente el camino que llevó hasta la adopción de las tesis político-militares, y luego a la imposición de la lucha armada sobre las otras formas de lucha. En un país en apariencia tranquilo, con dos partidos de izquierda que estaban completamente integrados al sistema político, optar por la lucha armada parecía ser el único medio que disponía un nuevo movimiento de izquierda para existir. Conjugando las tesis maoístas con las guevaristas17, la joven generación del MIR pensaba poder abrirse un camino propio, en ruptura radical con los otros partidos de la izquierda chilena18. Hasta 1968, este camino parecía conducir a la guerrilla rural. Dos escuelas de guerrillas fueron organizadas en el sur del país19. Los primeros contactos fueron establecidos en la zona de Concepción con personas susceptibles de querer formar una guerrilla en el lugar20. Pero, en junio de 1969 cuando fueron realizadas las primeras acciones armadas del MIR, no fue en la cordillera de Los Andes sino en Santiago. Y no fue en un enfrentamiento con el ejército en las montanas del sur sino asaltando bancos. Los asaltos han sido, por otra parte, las solas y únicas acciones armadas del MIR hasta el Golpe de Estado de 1973. 30 Pero, ¿por qué, después de cuatro años de interminables discusiones, donde la “joven generación” hizo lo mejor que pudo por imponer internamente su opción por la guerrilla rural, terminó por invertirse en las acciones de guerrilla urbana? Las razones son múltiples. Primero, el MIR fue esencialmente un movimiento urbano. Su conocimiento del campo a finales de los años 1960, era muy precario e inestable. En un documento interno de 1970, la dirección del movimiento constataba siempre la insuficiente implantación en el campesinado y en los obreros21. Comprometerse en la aventura de una guerrilla rural sin tener los apoyos suficientes, era un suicidio. 31 Por añadidura, el dilema guerrilla urbana o rural había también sido objeto de debates. En el seno del Secretariado Nacional, Sergio Zorrilla defendió con pasión la primera opción y había comenzado, durante el año 1969, la creación de la primera escuela chilena de guerrilla urbana22; lo que permitió una organización eficaz de los asaltos a bancos algunos meses más tarde. Sin embargo, -y varios testimonios confirman el hecho23- los asaltos a bancos no estaban considerados en un primer momento por razones de tipo teóricas, sino simplemente por razones prácticas: para realizar acciones armadas, era necesario tener dinero. Ahora bien, las cajas de la revolución estaban vacías. Y la de los bancos llenas y mal protegidas24… 32 La guerrilla urbana parecía igualmente “estar de moda”. Los asaltos a bancos habían sido popularizados con la acción del Movimiento de Liberación Nacional –Tupamaros de Uruguay (Fernández Huidobro 2001; Lessa 2003). Los Tupamaros, por otra parte, se encargaron de teorizar la guerrilla urbana (Biedma 1972). En el mismo momento, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) argentino estaba en pleno proceso de “destrotskización” y de militarización, y las acciones de guerrilla urbana se volvían cada vez más recurrentes (Bufano 2004; De Santis 1998; Santucho 2004; Seoane 1992). 33 El final del año 1968 significó para el MIR el paso a la acción. Extrañamente, fueron justamente los “viejos trotskistas” los primeros en lanzarse. Sus operaciones no fueron, por cierto, siempre selladas de un gran éxito25. Sin embargo, en junio de 1969, cuando fueron “gentilmente” expulsados del movimiento, fueron acusados de consumar su tiempo a las discusiones teóricas y no dedicarse suficientemente a las acciones. Un mes más tarde, otra fracción constituida en torno al Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad de Chile (Pedagógico) y de Rafael Ruiz Moscatelli, era expulsada. Sus miembros formaron entonces el MR2 (Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez). Según la Dirección Nacional del MIR, eran demasiado radicales y sospechosos de desviación foquista (Naranjo: 59)… A pesar de las afirmaciones de la Dirección Nacional, el MR2 no instaló jamás una guerrilla rural. Ellos se dedicaron, por el contrario, al igual que el MIR a los asaltos de bancos. ¿Qué interpretación darle a esto? 34 Los debates en torno a la táctica y a la estrategia revolucionaria a adoptar eran, ciertamente, virulentos en el seno de la izquierda chilena y latinoamericana en los años 1960. No obstante el debate servía también para arreglar cuentas internas. El argumento “demasiado violentos, La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 9 Polis, 19 | 2008 demasiado radicales”, o bien, “no bastante violentos, no suficientemente revolucionarios” era utilizado para evitar las disidencias y alejar a los rebeldes de la organización. Miguel Enríquez estaba deseoso de crear un nuevo partido político, capaz de existir al lado de dos grandes partidos de izquierda y de cambiar los destinos de su país. La conquista del poder debía, según él, pasar por la construcción de una organización homogénea, con un líder poderoso y sin oposición interna (Naranjo 2004: 62). Los trotskistas fueron las primeras víctimas de la “limpieza interna” del MIR. Luego, fue el turno de la “disidencia” de la Universidad de Chile. Las críticas que ella formulaba empezaron a ser molestas26. Es, por cierto, durante una reunión amistosa, que se les comunicó su salida voluntaria de la organización27. 35 El partido así creado ponía en marcha otro modelo de militantismo y de organización interna. Se debatía mucho menos y era hora de la acción. Incluso si la nueva Dirección del MIR proclamaba la indivisibilidad entre lo político y lo militar, lo militar parecía aún tomar la delantera sobre lo político: 36 “Hoy día… si los objetivos son los mismos, las prioridades y los métodos son diferentes. El volumen relativo de “tareas especiales” [es decir las tareas militares] deben aumentar enormemente. Las “tareas especiales” deben dejar de ser privativas de un sector de la organización para transformarse en el problema de la mayor parte del Movimiento. Las cuestiones políticas estarán estrictamente ligadas a las tareas especiales. La integración de lo político y lo militar se hará una realidad […] No habrá más espacio para las tendencias demasiado divergentes (Naranjo 2004: 62)”. 37 Fiándose a las consignas de la nueva izquierda latinoamericana, la joven dirección del MIR se lanza sin pestañear sobre el terreno de lo militar. Una nueva estructuración es inventada para promover la formación del militante integral, reuniendo en su persona las cualidades de hombre político y de soldado de la revolución: esta estructura se denomina GPM, Grupo Político-Militar. Ahora bien, a pesar de la afirmación del vínculo inquebrantable entre lo militar y lo político y la primacía de lo político sobre lo militar, el riesgo de inversión era inminente. A partir del momento donde la política comienza a ser concebida en términos militares, como una guerra, los limites entre lucha política y lucha militar se vuelven difíciles de definir (Ollier 1998: 131). 38 Sin embargo, la utilización mirista de la violencia no parecía ser, a finales de los sesenta, un mal cálculo político. Si comparamos Chile con otros países de América latina (Colombia, Argentina), el terreno era relativamente virgen. El MIR podía jactarse entre sus militantes de ser el que había introducido las prácticas radicales en la escena política chilena, luego de décadas de pasividad. Mientras que la pasividad de la sociedad chilena aseguraba a las acciones armadas miristas un efecto de golpe mediático sin precedentes (Deas 1999: 63-72), el riesgo era que la naturaleza política de sus acciones no fuera comprendida socialmente o que fuera cuestionada. Edgardo Enríquez, miembro de la Comisión Política se explicaba así en 1972 frente a un periodista extranjero: 39 “…no hay ninguna duda que en Chile, el uso de la violencia estuvo y está siempre concebido a ojos del pueblo por connotaciones bien particulares. Es un hecho indiscutible que en Chile el uso de la violencia con fines políticos o de cualquiera otra naturaleza, requiere de un tal grado de justificación pública que en el caso en que no lo logremos, se produzca una reacción popular de desaprobación hacia los autores de la violencia y de conmiseración hacia la víctima…Los márgenes de los usos de la violencia están fijados por el pueblo, y nosotros, debíamos ser realistas reconociendo que no tenemos grandes posibilidades de cambiarlas… Las represalias […] las hemos siempre ejercido no contra las personas, sino contra los bienes materiales y los inmuebles pertenecientes al enemigo, y en las coyunturas extremadamente agudas de la lucha de clases en el país”28. 40 La criminalización de la violencia política mirista se rastrea rápidamente en la prensa de finales de los años 1960. Cuando el MIR se lanzó a los asaltos a bancos, -llamados “expropiaciones” con el fin de explicitar su contenido político-, un gran debate se llevó a cabo en la prensa para definir este nuevo modo de acción –nuevo por lo menos para Chile. Los principales dirigentes del MIR y autores de los asaltos –Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Bautista Van Schouwen, Sergio Zorrilla- sintieron ellos mismos, en un primer tiempo, la necesidad de explicar las La opción por las armas. Nueva izquierda revolucionaria y violencia política en Chile (19 (…) 10 Polis, 19 | 2008 motivaciones de sus acciones. En plena clandestinidad y mientras que la policía los buscaba por todo Santiago, se abocarían en la importante misión de proteger su imagen. En el centro de la capital, se reunirán en pleno espacio público con un periodista del diario Clarín, periódico que tenía relaciones privilegiadas con el MIR. Allí. Miguel Enríquez afirmaba: 41 “Necesitamos financiar nuestro aparato organizativo armado. Las organizaciones revolucionarias de acción –no de palabra- necesitan proteger a obreros, campesinos y pobladores, para que no ocurra más que se asesine impunemente a los obreros…”29. 42 La violencia social era, entonces, aquella que imponía la violencia revolucionaria. Elevándose al rango de salvadores del pueblo, los dirigentes del MIR comenzaban así a crear una imagen, muy rápidamente retomada por los medios de comunicación, para ser aprobada o desmentida. Los autores de los asaltos eran “jóvenes dirigentes revolucionarios”, los “Robin Hood chilenos”30 o bien “delincuentes comunes”31, los “ideólogos del guatapique y del piedrazo”32 El dilema no sólo quedó en el papel. Las primeras detenciones de militantes, autores o colaboradores de los asaltos, la dificultad de dar una definición a estas “acciones directas” llegaron a ser un verdadero problema jurídico. Los inculpados terminaron por ser juzgados y castigados, a la vez según el Derecho penal, y según la Ley de Seguridad Interior del Estado (Canovas Robles 1989: 47-55), antes de ser indultados por el gobierno de Salvador Allende. 43 Los asaltos a bancos organizados por el MIR produjeron entonces un doble efecto. Por una parte y siempre a través del debate público, entraron en el repertorio del activismo político de las acciones que tradicionalmente eran consideradas como relevantes de la delincuencia común. Las “acciones directas” devenían para algunos una vía plausible para hacer política. Pero al mismo tiempo, en los medios de comunicación críticos hacia el MIR –tanto de derecha como de izquierda- toda violencia revolucionaria era calificada de violencia criminal. En este discurso, la violencia y la política se volvían poco a poco irreconciliables, y la cuestión de saber dónde se encontraban los límites de lo político era planteada con urgencia. Es así como hacer uso de la violencia se volvía sinónimo de locura, de falta de argumentos y de soporte político33. 44 La despolitización de la violencia no era solamente una expresión de la antipatía visceral sentida hacia ella. Este enfoque parecía igualmente cumplir otra función. En el Chile de los años sesenta, las “acciones directas” del MIR popularizarían el debate sobre las vías de la revolución –pacíficas o violentas- llevado con fervor en el seno de la izquierda, fundamentalmente a partir de la revolución cubana. La vía armada comenzaba a tener más visibilidad, y a menudo a suscitar las simpatías en ciertos sectores de la izquierda “tradicional” o de los intelectuales. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria se tornaba en el símbolo de esta “nueva” vía, transformándose igualmente en nueva fuerza política34. Vaciar esta “nueva vía” de todo contenido político y de todo argumento fue un medio muy eficaz para deslegitimarla y de excluir al MIR de la carrera política. Esta no tuvo éxito. Las acciones directas del MIR impusieron a este como actor relevante del espacio publico chileno. 45 Por otra parte, las acciones armadas crearon a favor del MIR todo un capital de simpatía, sobre todo entre los cuadros dirigentes del Partido Socialista. Las acciones armadas miristas agrupaban y reforzaban el debate acerca de las vías de la revolución al interior de la izquierda, presente de manera bastante tímida hasta entonces. Incluso los defensores de la vía electoral estaban prestos a reconocer que después de décadas de puras prácticas electorales, la izquierda se encontraba seriamente desgastada (Puccio 1985: 141 y 167). La locura simpática de los jóvenes miristas, recordaba a los viejos cuadros socialistas el romanticismo de su juventud. El discurso mirista remitía a un estado puro de la revolución y el motivo de “la Revolución traicionada” y prohibida por el MIR sonaba bastante familiar a los oídos del PS35 *** 46 Es así como el MIR evolucionó de una justificación parcial de la violencia política, realizada por la “vieja generación” a su adopción completa por la joven generación. Una vez impuesto el discurso, así como el grupo de Miguel Enríquez en la dirección del Movimiento, sólo faltaba emprender la acción. Confrontados a las restricciones de la cultura política nacional adaptaron el contenido de sus acciones, y desarrollaron un doble discurso. La idea de la contra-violenciase volvió entonces en una cuestión central. Por un lado, estaba la fascinación por la violencia,la fe en sus virtudes y en su naturaleza creadora, fundadora de un nuevo orden; una violencipartera de la Historia. Y por el otro lado, el uso de la violencia era justificado en tanto respuesta ya fuera a la represión y la violencia del Estado, o a la injusta distribución de las riquezas y a la violencia larvada de las relaciones sociales. En el primer caso, la violencia era la opción de la verdadera izquierda, la sola izquierda revolucionaria. Y en el segundo caso, la violencia era la única vía que la sociedad dejaba abierta, una imposición. Bibliografía Álvarez Alarcón, R. (1999), Formación y fundación del MIR : de Clotario Blest a Miguel Enríquez (1965-1967), Tesis de Licenciatura en Historia, Instituto de Historia, Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile. Arancibia, P. (2001), Los orígenes de la violencia política en Chile. 1960-1973, Libertad y Desarrollo, Santiago. Aróstegui, J. (1994), “Violencia, sociedad y política: la definición de la violencia” en Ayer N°13, Madrid. Arriagada, G. (1974), De la vía chilena a la vía insurreccional, Pacífico, Santiago. Avendaño, D.; Palma, M. 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Visible Invisibilización. Aproximaciones en torno a la violencia.

 

 
Visible Invisibilización. Aproximaciones en torno a la violencia, es un proyecto que explora diversas expresiones artísticas que abordan al tema de la violencia en México y Latinoamérica como una experiencia actual ineludible, a través de una exposición de arte multidisciplinario con 27 artistas nacionales e internacionales, y la realización de actividades paralelas como talleres, clínicas, seminarios y conferencias con artistas y académicos especialistas en la materia. La muestra se llevará a cabo en el Museo de la Ciudad de Querétaro, el Centro Educativo y Cultural del Estado de Querétaro Manuel Gómez Morín y la Plaza Constitución, las actividades paralelas se realizarán también en la Universidad Autónoma de Querétaro y el Museo de Arte de Querétaro.
Esta exposición y sus actividades tienen la finalidad de contribuir al desarrollo artístico y cultural en la ciudad de Querétaro, generando un campo de reflexión y discusión pública sobre el tema de la violencia en México y Latinoamérica, abriendo las posibilidades de diálogo entre la comunidad, especiaistas, académicos y artistas para analizar las circunstancias actuales de la experiencia estética y su relación con la producción, recepción y representación de la violencia, entendiendo la naturaleza de los discursos visuales y las prácticas artísticas como zona de cruce multidisciplinario que permite pensar, cuestionar, evidenciar y responder a los aconteceres del mundo contemporáneo desde diversas perspectivas.

40 Años. La Ciudad sin ti. Pedro Lemebel

“LA CIUDAD SIN TI”

Quien podría haber pensado entonces que me ibas a penar el resto de la vida, como una música tonta, como la más vulgar canción, de esas que escuchan las tías solas o las mujeres cursis. Canciones de folletín que a veces aúllan en algún programa radial. Y era tan raro que te gustara esa melodía romanticona, a ti, un muchacho de la jota, en ese liceo poblacional donde cursábamos la educación media en plena Unidad Popular. Mas extraño era que, siendo yo un maripozuelo evidente, fueras el único que me daba pelota en mi rincón del patio, arriesgándote a las burlas. “Pues la ciudad sin ti…está solitaria”, no dejabas de canturrear con esa risa tristona que yo evitaba compartir para no complicarte. Hace poco, después de tantos años, volví a escuchar esa canción y supe que entonces admiraba tu candor revolucionario, amaba tu alegre compromiso que se enfureció tanto cuando supiste que los fachos iban a destruir el mural de la Ramona Parra en el frontis del liceo. Hay que hacer guardia toda la noche, dijiste, y nadie te pescó porque al otro día había una prueba. Que importa la prueba, me da una gueba, yo me quedo cuidando el mural del pueblo. Y a mi tampoco me importó la prueba, cuando escapé de mi casa a medianoche y me fui al liceo donde te encontré acurrucado empuñando un palo haciendo guardia bajo el mural de pájaros, puños alzados y bocas hambrientas. “Pues la ciudad sin ti”, reíste sorprendido al verme haciendo un espacio para que me sentara a tu lado. No lo podías creer, y me mirabas y cantabas “Todas las calles llenas de gente están, y por el aire suena una música”. Te vine a hacer compañía, compañero, dije tiritando de tímido. Bienvenida sea su compañía, compañero, me contestaste pasándome el pucho a medio consumir por tu boca jugosa. No fumo, te contesté con pudor. Entonces no fumaba, ni piteaba, ni tomaba, ni jalaba, solo amaba con la furia apasionada de los diecisiete años. Pueden venir los fachos, ¿no tienes miedo? Te contesté que no, temblando. Es por el frío, esta noche hace mucho frío. No me creíste, pero enlazaste tu brazo en mis hombros con un cálido apretón. “De noche salgo con alguien a bailar, nos abrazamos, llenos de felicidad…mas la ciudad sin ti”. Era extraño que cantaras esa canción y no las de Quilapayún o Víctor Jara, que guitarreaban tus compañeros del partido. La cantabas despacito, a media voz, como si temieras que alguien pudiera escucharte. No se…era como si me la cantaras solo a mí. “Pues la ciudad sin ti…”, musitabas cada letra en el vaho de aquella tensa noche de vigilia. Casi no sentía frío a tu lado, y hablando así despacito de tantas cosas, de tanto ingenuo adolecer, me fui relajando, adormilando en tu hombro. Pero el pavor me cortó la respiración al escuchar unos pasos en la calle. No te muevas, me soplaste al oído sujetando el garrote. Pueden ser los fachos. Y permanecimos así juntititos, con el corazón a dúo, haciendo tum tum, expectantes. Pero no eran los fachos, porque las pisadas se perdieron en la concavidad de la calle retumbando. Y quedamos de nuevo solos en silencio. “Y en el aire se escucha una música…” volviste a cantar en mi oído y así pasaron las horas y al día siguiente nos sacamos rojo en la prueba y vinieron los exámenes de fin de año y los tiempos escolares rodaron turbulentos en marchas por Vietnam y mitines en apoyo al presidente Allende. Y después, la música se corto de pronto, vino el golpe y su brutalidad me hizo olvidar aquella canción.

Nunca mas supe de ti, pasaron los inviernos de tormenta rebalsando el Mapocho de cadáveres con un tiro en la frente. Pasaron los inviernos con la estufa a parafina y la tele prendida con Don Francisco y su musiquita burlesca acompañando el cortejo de la patria en dictadura. Todo así, con show importado, con vedettes tetudas en la falda de los generales. La única música que retumbaba en el toque de queda era la de esa farándula miliquera.

Nunca mas supe de ti, quizás escondido, arrancado, torturado, acribillado o desaparecido en el pentagrama impune y sin música del duelo patrio. Algo me dice que fue así. Santiago es una esquina, Santiago no es el gran mundo, aquí algún día todo se comenta, todo se sabe. Por eso hoy al escuchar esa canción, la canto sin voz, solo para ti, y camino trizando los charcos del parque. Este invierno se viene duro, cae la tarde otoña en el cielo reflejado de las pozas. Aglomeración de autos tocan bocinas en los semáforos. Van y vienen los estudiantes con sus pasamontañas para el frío y la protesta. Los santiaguinos se agolpan en los paraderos del Transantiago en masa, en tumultos, en una muchedumbre alborotada que colma las calles… “mas la ciudad sin ti…mi corazón sin ti…está solitario”.

25 de agosto 2013

 

 

 

Las tramas de la memoria

Teresa Basile y Abril Trigo (eds.). Alter/nativas. Revista de estudios culturales latinoamericanos. Otoño 5, 2015.

Si algo hemos aprendido acerca de la memoria en las últimas décadas del pasado milenio ha sido a sospechar profundamente de ella. No tanto por su falibilidad como por su maleabilidad. Y no se trata, por supuesto, de nada nuevo, pues ya Platón debatió en diversos escritos —particularmente en Fedro— sobre ambos problemas, aunque es sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando estos pasan a convertirse en obsesión. Sobre todo el segundo, pues si el carácter falible de la memoria es una preocupación constante en la historia occidental desde la antigüedad clásica, su maleabilidad —es decir, ese carácter plástico y flexible que la hace susceptible a construcciones, destrucciones, prescripciones y proscripciones constantes— es un hallazgo —y antes un ejercicio— de la modernidad. No es casual que la memoria sea un referente explícito o implícito permanente tanto en la reflexión de Marx, como de Nietszche, como de Freud, acertadamente definidos por Ricoeur como “filósofos de la sospecha”. Al fin de cuentas, la memoria es maleable porque falible y falible porque maleable.

El dossier propone una reflexión colectiva sobre las luchas por la memoria en América Latina. ¿Cuáles son, entonces, los regímenes de la memoria en América Latina? ¿Qué experiencias traumáticas convocan los saberes de la memoria? ¿Cuáles son, en definitiva, los presentes giros de la memoria?

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Introducción

Las tramas de la memoria

Teresa Basile y Abril Trigo

Reflexiones teóricas

“El pasado que ha sido, sigue siendo”. Estrategias de la memoria y el olvido

Fernando Aínsa

Memorias digitales (o la digitalización de la memoria)

Abril Trigo

Arte, cine y literatura

Irony, Humour and Cynicism in Relation to Memory: a Contrastive Analysis between the Argentinian and the Mexican Literary Field

Brigitte Adriaensen

Comunidades imaginadas imposibles: derechos humanos y neoliberalismo en el cine y la literatura latinoamericana

Edward Chauca

El arte de la reversibilidad en cuatro relatos de familiares de desaparecidos

Anna Forné

Memorias perturbadoras/memorias autocríticas: revisión de la izquierda revolucionaria en la narrativa de Horacio Castellanos Moya

Teresa Basile

Memoriales

Off the Map: Memorializing Trauma in 21st Century Dominican Identity

Shelly Jarrett Bromberg

Un memorial sin memoria: exclusión y autoritarismo en el México actual

Carolina Robledo Silvestre

Derechos humanos

La sociedad civil y el resurgir de la lucha contra la impunidad en Uruguay (1986-2012)

Jo-Marie Burt, Gabriela Fried Amilivia y Francesca Lessa

El juicio por genocidio en contra del General Efraín Ríos Montt: una ocasión perdida para negociar la memoria histórica durante la etapa del conflicto armado en Guatemala. (1979-2013)

Marta Elena Casáus Arzú

Historia y memoria

Colonial and Renaissance Hybrid Strategies. Performativity, staging, orality, discursivity and historiographical Representation by the Inca Garcilaso de la Vega: the Hayden White of the 17th Century

Alfonso De Toro

La fiesta de Guadalupe, la Virgen y los “guerreros de Belgrano”

Vincent Nicolas

Memoria e imaginación histórica: usos de la figura del genocidio

Hugo Vezzetti

La información y la memoria como armas. La Agencia de Noticias Clandestinas durante la última dictadura militar en la Argentina

Emilio Crenzel

Políticas de la memoria

Genealogía y ética de la memoria: Chile al conmemorar 40 años desde el Golpe

Walescka Pino-Ojeda

Las réplicas del “NO” a cuarenta años del golpe militar y a veinticinco años del SI y del NO

Nelly Richard

Apelar a la memoria del terrorismo de Estado y el Holocausto como forma de argentinizar la propia experiencia: los usos del pasado en los casos de organizaciones judías y palestinas en Argentina

Emmanuel Nicolás Kahan

Memorias de dolor, guerra y desplazamiento en Colombia

Constanza López

Posmemoria

Narrativas de la postmemoria en Argentina y Chile: la casa revisitada

Ilse Logie y Bieke Willem

Entre el amor y el reclamo: la literatura de los hijos de militantes en la posdictadura argentina

Fernando Oscar Reati

Espacios de rememoración transgeneracionales y transnacionales: los hijos de detenidos-desaparecidos en el cine documental mexicano y argentino

Ute Seydel

RESISTENCIA GRÁFICA. DICTADURA EN CHILE: APJ – TALLERSOL

La penumbra es esa sombra débil entre la luz y la oscuridad que no deja percibir dónde empieza la una o termina la otra. Y también es el lugar de donde las investigadoras Nicole Cristi y Javiera Manzi recuperaron los casos de dos colectivos gráficos activados durante la dictadura: la Asociación de Plásticos Jóvenes APJ (1979-1987) y el Tallersol (1977) ¿La intención de esta operación de rescate? Sacarlos a la luz. La investigación que adopta –estratégicamente– el formato de un libro se propone iluminar esas zonas “ensombrecidas por el peso de los relatos centrales en la historia de la gráfica nacional”. Y lo consigue.

En un volumen de 284 páginas, Cristi y Manzi despliegan –de forma crítica e impecablemente documentada– el origen, las estrategias y complejidades en que se desarrollaron la APJ y el Tallersol. Ambos, colectivos que persistieron en la producción de afiches, panfletos y pasquines “superando el cerco de la censura sobre la imagen y la palabra escrita” (p. 58). Ambos, colectivos que pensaron los muros como un espacio de persuasión ideológica. Ambos, colectivos cuya obra, relevancia e historia permanecía invisibilizada. O en la penumbra.

Afiche Exposición Agrupación Plásticos Jóvenes, APJ, Sammy Benmayor y Jorge Tacla, 1979, serigrafía, 50 x 72 cm.

El reposicionamiento y valorización de este material resulta doblemente eficaz. En una primera instancia a nivel de archivo, porque en las páginas de Resistencia Gráfica. Dictadura en Chile: APJ – Tallersol emergen cientos de afiches –en su gran mayoría inéditos– que constituyen un aporte significativo a la reescritura de la historia gráfica nacional. Y luego, inmediatamente a nivel de sentido, pues cada pieza gráfica es presentada, entendida y analizada en su condición de acción política.

El libro está ordenado en cuatro capítulos que le configuran al material visual un sólido marco teórico. El primero expone las condiciones que propiciaron el surgimiento de una gráfica de resistencia en la dictadura. El segundo explora las trayectorias de convergencia de ambos colectivos. El tercero aborda la trastienda de producción de los afiches. Y el cuarto funciona como una caja de herramientas que establece los métodos de elaboración.

Cada uno está inteligentemente ensamblado con el otro y entre ellos hay un relato cronológico que le da sentido a los textos, pero también a la disposición de las imágenes. Una acertada selección de las más de 3.000 piezas gráficas del Tallersol y los archivos de la APJ encuentran en este flujo un espacio de exposición y reflexión. Y, a nivel de diseño editorial, resulta especialmente interesante cuando la investigación se confunde visualmente con la reproducción de ciertos documentos gráficos en los que prima la tipografía, como los boletines, cartas y actas.

El punto de vista que, de entrada, adoptan las investigadoras es fundamental para comprender hoy el valor de estos afiches. Cristi y Manzi parecieran cuestionar el término de “apagón cultural” durante la dictadura en Chile, justamente para ingresar e iluminar aquellas acciones que ocurrieron a la sombra del discurso oficial. Piensan la resistencia cultural desarrollada por la APJ y el Tallersol como parte de una trama múltiple y plural, “cuya agencia productiva contribuyó en la regeneración y ampliación de vínculos y la elaboración de nuevas poéticas y lenguajes críticos” (p. 56). Y encuentran un respaldo teórico e histórico sólido para su hipótesis.

Las investigadoras abordan la gráfica como un medio de desacato espontáneo y profundizan en el modo de actuar político durante la dictadura. Se proponen incomodar el concepto de precariedad con que se suele abordar la gráfica de resistencia del período dictatorial, planteando que la economía de recursos con que fueron realizados obligó a sus creadores a desarrollar estrategias de alto impacto visual: “Precario para nada, era parte de una lucha potente donde las cosas que uno hacía, los elementos que usábamos, junto con las cosas que hacían otros, era resistencia” (p. 129), dice un testimonio de Alberto Díaz.

Por un retorno digno, imagen central de Gracia Barrios, 1989, offset, 36 x 54 cm.
Afiche abierto, APJ s/a, serigrafía, 38 x 61 cm.
¡Justicia! Para Orlando Letelier, APJ, 1985, offset, 38 x 45 cm.
Parte de la Serie gráfica, APJ, 1984, serigrafía, 45 x 35 cm.
Acta de la Jornada de Intercambio de Experiencias entre la APJ y el Tallersol en diciembre de 1985
Acta de la Jornada de Intercambio de Experiencias entre la APJ y el Tallersol en diciembre de 1985

El libro narra el desplazamiento de la gráfica política desde los muros céntricos de la ciudad (que tras la UP y bajo las órdenes de Augusto Pinochet fueron blanqueados por los militares) hacia otros espacios y soportes de circulación alternativos “que permitieron mantener la disputa sobre el régimen de visibilidad instituido” (p. 152). Ese relato está secundado por testimonios de algunos autores de los afiches que aparecen impresos en papel semitransparente y en un comienzo resultan apenas legibles. Pero basta con alejar un milímetro esa página de la que la sucede para que el texto se vuelva absolutamente nítido.

Esas decisiones materiales completan el ejercicio de rescate y le otorgan un ritmo al libro. Es que Resistencia Gráfica. Dictadura en Chile: APJ – Tallersol está claramente originado por un afán integrador. Todos esos valiosos afiches que estuvieron por años desperdigados, olvidados y relegados a la sombra recuperan aquí su visibilidad. Hoy la selección de piezas publicadas y la investigación constituyen un cuerpo. Y una voz capaz de narrar las acciones disidentes colectivas realizadas por la APJ y el Tallersol durante la dictadura. Y página a página esos afiches, esas acciones, ese relato reconstruyen –luminosamente– la experiencia de la resistencia.

Antonio Kadima en trabajo de montaje para la exhibición del trabajo gráfico de Tallersol en la Peña Cultural Center, en Berkley, San Francisco, EE.UU. 1986.
Afiche abierto, APJ s/a, serigrafía 22,5 x 36, 5 cm.
Afiche abierto, APJ s/a, serigrafía 22,5 x 36, 5 cm.

Resistencia Gráfica. Dictadura en Chile: APJ – Tallersol

Nicole Cristi y Javiera Manzi

Editorial LOM, 2016, 284 páginas, 14 x 21,5 cm.

Coedición: Consejo Nacional de la Cultura y las Artes

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

El presente artículo tiene como principal objetivo justificar sistemáticamente la importancia que posee la “memoria histórica” –en tanto recurso historiográfico– para la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopolíticos populares durante el período de la Unidad Popular. Para el cumplimiento de tal propósito, serán considerados los aportes de diversos historiadores que han profundizado –y debatido– sobre la potencialidad de esta fuente histórica, articulando estas contribuciones a una sistematización que integra los siguientes criterios analíticos: significado, características, y función/funcionalidad. Con esta propuesta se pretende posicionar científicamente a la “memoria historia” en el necesario proceso contra hegemónico de reconstrucción del pasado de las clases subalternas en nuestro país, especialmente, sus experiencias de movilización social y política durante la “vía chilena de transición al socialismo”.

Antropología de la Realidad Virtual

Revista Divergencia ISSN: 0719-2398

N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-123

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

 

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Cristian Suazo Albornoz

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Concepción, Chile. Correo electrónico:cristisuazo@udec.cl

RESUMEN:

El presente artículo tiene como principal objetivo justificar sistemáticamente la importancia que posee la “memoria histórica” –en tanto recurso historiográfico– para la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopolíticos populares durante el período de la Unidad Popular. Para el cumplimiento de tal propósito, serán considerados los aportes de diversos historiadores que han profundizado –y debatido– sobre la potencialidad de esta fuente histórica, articulando estas contribuciones a una sistematización que integra los siguientes…

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Narrativas de la Memoria -“Ejemplos de escrituras de la memoria en torno a la movilización y la represión.”

Ejemplos de escrituras de la memoria en torno a la movilización y la represión
por Adriana Falchini

Antropología de la Realidad Virtual

Narrativas de la Memoria – http://www.narrativas-memoria.com.ar/
Citar como:
Falchini, Adriana – “Ejemplos de escrituras de la memoria en torno a la movilización y la represión.” En Memoria e Historia del pasado reciente, Problemas didácticos y disciplinares, Luciano Alonso-Adriana Falchini (editores), Santa Fe, UNL, 2009. Edición en línea en http://www.narrativas-memoria.com.ar/, agosto de 2010.
Ejemplos de escrituras de la memoria en torno a la movilización y la represión
por Adriana Falchini
La decisión de tomar la palabra e intervenir en el discurso sobre lo sucedido en nuestro país en la décadas del „60 y el „70 instituye investigadores que se proponen no sólo dar cuenta de de quiénes y qué fuimos o somos sino también de qué podríamos haber sido y qué queremos ser. “Un acontecimiento vivido puede considerarse como terminado y como mucho encerrado en la experiencia vivida mientras que el acontecimiento recordado no tiene ninguna limitación puesto que es en…

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Memoria desclasificada.. 39.500 archivos , 407 fichas de víctimas de crímenes de lesa humanidad.

Presidente de la Corte Suprema debe autorizar que 39.500 archivos de la ex Colonia Dignidad se entreguen
7 abril, 2014

Antropología de la Realidad Virtual

Presidente de la Corte Suprema debe autorizar que 39.500 archivos de la ex Colonia Dignidad se entreguen

7 abril, 2014 7:02 pm

Declaraciones las realizó director de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, integrante de la “Mesa de la Mesa de Trabajo Colonia Dignidad”, Higinio Espergue, luego que el Ministro en Visita Jorge Zepeda desclasificara 407 fichas de víctimas de crímenes de lesa humanidad. Llamó a las Fuerzas Armadas a que “colaboren y entreguen toda la información de que disponen”. Teresa Izquierdo, Secretaria de la corporación llamó a los familiares a que se acerquen a los sitios de memoria a ver las fichas de sus familiares y mostró la de su marido detenido desaparecido: Hugo Daniel Díaz Videla. Juan René Maureira de Londres 38 señaló que las fichas podrán “aportar al esclarecimiento de muchos de los de casos de las víctimas de la…

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POLÍTICAS Y ESTÉTICAS DE LA MEMORIA EN CHILE. TRES MOMENTOS

Políticas y estéticas de la memoria eN ChILE. tres momentos. ERRATA#13

El día anterior: breve panorama

Para comprender en cierto modo la función o el papel del arte en Chile frente a un escenario social y político vinculado con la sensibilidad y la memoria histórica, resulta necesario recordar, como si se tratara de una reconstitución forense, que el gobierno de la Unidad Popular (UP), liderado por el presidente Salvador Allende, multiplicó exponencialmente desde su inicio, en 1970, las expectativas respecto de los usos, función y sentido de la cultura en general, y del arte en particular. Las exposiciones de arte y los recitales de música y poesía resultaron ser la mejor promoción de la nueva sensibilidad revolucionaria y popular de la época. Por otra parte, los artistas y las obras de arte fueron el valor agregado que tenía el proyecto político y cultural de la UP. Fue un gobierno que identificó rostros y escenas de artistas vivos, y sus actos políticos estuvieron siempre antecedidos por acciones artísticas o murales colectivos.

Este es un legado que sin duda venía trazado históricamente por los vínculos entre cambios sociales, revolución y vanguardia. En tal sentido, desde comienzos del siglo XX existía una directa relación entre el arte de vanguardia y los movimientos de izquierda, en especial de los artistas que fueran comunistas o trotskistas. El listado es numeroso; pero podemos citar el caso de Pablo Picasso,1 quien incluso hasta sus últimos días fue comunista y apoyó al PC Internacional. Otro caso será el de Roberto Matta, quien, además de sumarse a los surrealistas a fines de los años treinta en Europa, se adscribió al PCI. Matta, en cierto modo, relevó a Picasso, apoyando al PC, y en particular colaborando con el gobierno de Fidel Castro; prueba de ello son todas las acciones artísticas, ediciones de grabados y donaciones en obras que le hizo. De sus legados existe un gran mural en el Salón Che Guevara, en Casa de Las Américas, en La Habana.

Para la UP, o para los ideólogos e intelectuales de izquierda, el arte contemporáneo, la revolución y la conciencia latinoamericana resultaban afines. Desde los primeros días se vio que en los centros culturales, juntas de vecino y museos de Chile se inauguraron exposiciones sin distinción de alta y baja cultura. Desde pintores populares y arpilleristas, hasta ceramistas y muralistas tuvieron un mismo lugar dentro del proceso de sensibilización y concientización, y dentro de la cadena productiva el trabajo manual, intelectual y creativo fueron equivalentes. El mejor ejemplo de esta postura ideológica fue la construcción del edificio de la Unctad III, que se levantó en 275 días gracias al esfuerzo simultáneo de artistas y obreros, pagados con la misma tarifa por hora.

Esta perspectiva militante y comprometida hizo que para el gobierno de Salvador Allende el arte fuera prioritario; de hecho, al revisar con cuidado la gran cantidad de actividades protagonizadas por artistas de todas las disciplinas, tanto en actos oficiales como en la vida cotidiana, los ejemplos resultan numerosos. Era habitual encontrar actos públicos, concursos de arte, ferias, exposiciones en centros culturales o al «aire libre», y actividades musicales que celebraban efemérides. También se destacaban las distintas brigadas muralistas que, animadas por intelectuales y artistas de izquierda, desarrollaron obras en el espacio público.2 En este caso, el «espacio público», eufórico por transmitir alegría y promover la nueva sensibilidad de un arte entendido como extensión de la sensibilidad colaborativa y la ética de sus productores, se situaba frente a un espacio de deliberación y articulación de los ciudadanos.

Desde los primeros días se inauguraron exposiciones en los barrios, plazas y en «cualquier rincón» del país; en los centros culturales, juntas de vecino y museos de Chile. En este sentido, destaca la exposición «El pueblo tiene arte con Allende» en agosto de 1970, que estaba integrada por obra gráfica.3 En esta misma dirección se cuenta el «Tren de la cultura», que recorría todo el país, las ciudades y los pueblos, como soporte para espectáculos de pintura, danza, poesía, teatro, música y cine. Otra exposición inserta en el espíritu de integración latinoamericana fue «América, no invoco tu nombre en vano», compuesta por pinturas, esculturas e instalaciones de artistas entre los que se reconocen a José Balmes, Gracia Barrios, Guillermo Núñez, Francisco Brugnoli y Víctor Hugo Núñez. El mismo año tuvo lugar la exposición de Alexander Calder en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Santiago.

El auge de las brigadas muralistas fue sintomático de este estallido de expresión artística y popular. Entre ellas se destacó una brigada (ya activa desde mediados de los años sesenta) que para 1971 realizó su primera exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago: «Brigadas Ramona Parra: Juventudes Comunistas de Chile».4 La brigada, liderada por el MonoGonzález, contó con la complicidad de Roberto Matta, quien en 1971, en uno de sus viajes a Chile en apoyo a la UP, realizó obras tanto en museos como en espacios públicos en diversas poblaciones. El testi-monio de este viaje tan productivo fue el mural realizado en la comuna de La Granja, titulado El primer gol de Chile, que muestra en clave humorística y no menos ingeniosa un único arco al lado derecho, atravesado por una pelota que va de izquierda a derecha.

Los encuentros entre las brigadas callejeras, en su mayoría conformadas por obreros y estudiantes, con los artistas de museo o galería continuaron. En 1972, las BRP con-vocaron a los artistas a colaborar en un mural de 450 metros de largo, pintado colec-tivamente en los bordes del río Mapocho. Entre los artistas participantes estuvieron José Balmes, Gracia Barrios y Francisco Brugnoli. En un gesto de reconocimiento mutuo y «desacralización» institucional, el director del recién creado Museo de Arte Contemporáneo, Guillermo Núñez, invitó a las brigadas a pintar los murales del recinto (Reyes 2012).

El año siguiente fue la exposición «París y el arte contemporáneo», del Museo de Arte Moderno de París. Y unos meses después llegó «El arte del surrealismo»  prove-niente del Moma de Nueva York. En esta exposición venían pinturas de Roberto Matta y René Magritte, pero también se destacó la presencia de obras de Marcel Duchamp. En el mismo sentido, se presentó la exposición homenaje a Piet Mondrian, «Movimiento Forma y Espacio» y la «Exposición Internacional de Pintura Unctad III.  Conservador Nemesio Antúnez». Hacia mediados de año llegó Roberto Matta a Chile y realizó, entre otras obras, la serie de pinturas sobre tela de arpillera, utilizando cal y materiales de construcción del MNBA. Meses después también llegó su hijo Gordon Matta-Clark, acompañado de Jeffrey Low. Matta-Clark realizó la primera intervención o cutting en un edificio, con unos cortes en los ductos de aire acondicionado, dejando abierto un paso de luz hacia el techo del edificio. La exposición «Salón de otoño», realizada por Cecilia Vicuña en 1972, fue la demostración de la radicalidad posible en un museo que incorpora estéticas afines a la posvanguardia y al arte conceptual. En la propuesta realizada, la artista llenó una sala y la rotonda con hojas recogidas del Parque Forestal. A un costado se exhibían los poemas de su libro Sabor a mí.

Sin duda, la exposición más emblemática fue aquella que se comenzó a organizar en 1971 en torno a la «Operación verdad», que supuso la donación y envío de obras de artistas dispuestos a apoyar a Chile para la formación del Museo de la Solidaridad.5

Vale destacar que es la única iniciativa en el mundo que ha supuesto la virtuosa ecuación de apoyo a una causa social, y la donación desinteresada de los artistas que protagonizaron el arte moderno y contemporáneo en el contexto de la Guerra Fría. De algún modo, su gesto es una forma deliberada de apoyar a un país que para el «mapa» de la CIA era por entonces «rojo».

Los artistas estaban una vez más representando en sus obras un espíritu libertario que se hacía análogo al apoyo al gobierno de Salvador Allende. Entre las donaciones al museo se encontraban obras provenientes de todas partes del mundo, aportadas por Pierre Soulages, Equipo Crónica, Alexander Calder, Sol Lewitt, Antonie Tápies, Pablo Picasso, David Alfaro Siqueiros, Víctor Vasarely, Ligia Clark, Carl André, Jesús Soto, Joan Miró, Rafael Canogar, Titus Carmel, Eduardo Chillida, Carlos Cruz-Diez, Jose Luis Cuevas, Jose Gamarra, Servulo Esmeraldo, Jose Guinovart, Lucio Munoz y Manolo Millares, entre otros. La primera exposición inaugural contó un volumen cer-cano a las quinientas obras entre grabados, esculturas, pinturas, dibujos y objetos, y abrió al público el 4 de abril de 1972, con la presencia del presidente de la república, Salvador Allende, en el espacio correspondiente a la sede del Museo de Arte Contemporáneo, en la Quinta Normal. Sus palabras para la inauguración son coherentes con esta conciencia histórica y la magnitud del gesto:

Muy estimadas compañeras y estimados compañeros:
Es para mí un honor, muy significativo, recibir a nombre del pueblo de Chile estas muestras, estos cuadros, estas obras que nos envían, como expresión solidaria, artistas de los distintos continentes.
Quiero destacar que en la profundidad de las palabras y en la belleza de la forma, como corresponde a un artista, el compañero Mario Pedrosa ha señalado que este es el único museo de mundo que tiene un origen y contenido de tan profundo alcance.
Es la expresión solidaria de hombres de distintos pueblos y razas que, a pesar de la distancia, entregan su capacidad creadora, sin reticencias, al pueblo de Chile, en esta creadora de su lucha. Y lo hacen en los momentos en que también mi Patria es distinguida al señalársele como el lugar para que se reúnan representantes de 141 países en la Tercera Conferencia de Comercio y Desarrollo.
No solo el pueblo de Chile, sino nuestros visitantes comprenderán, como com-prendemos todos, lo que representa para nosotros este estímulo, esta expresión fraterna, esta manifestación comprensiva de los artistas del mundo.

(Allende 1972)

Al día siguiente

La imagen del Palacio de La Moneda bombardeado pudo más que mil palabras y télex enviados al rededor del mundo. El silencio y la mudez paralizaban ante la elocuencia de la humareda, la bandera ondeando en flamas filmada por Ricardo Correa, mientras los aviones sobrevolaban y disparaban contra el edificio y quienes estuvieran en su interior… La gente corría despavorida por el centro de Santiago. En las calles laterales ocurría lo mismo, y en el país completo se diseminaba el terror. Las muchas imágenes que se van encontrando años después permiten regresar a los acontecimientos traumáticos, y desocultar de manera real y simbólica las historias fantasmales y negadas, para comprender lo que aconteció, minuto a minuto, por aquellos días

El mismo día 11 de septiembre, a cuadras de La Moneda, a las 11:45 am, en Santo Domingo con Banderas, una persona apretó Rec y registró el sonido de las calles del centro de Santiago. La grabadora de cintas estaba puesta en la ventana de un apartamento, y desde ahí registró paradójicamente el interior de un cotidiano que intentaba sobreponerse a través de la ceremonia de preparación de la mesa para el almuerzo. Del otro lado suenan los disparos entrecortados por el último Hawker Hunter, y abajo, las carreras y más disparos que se sobreponen al sonido de la televi-sión que pone música folclórica, que es interrumpida frecuentemente por los informes de la Junta de Gobierno.7 Podemos leer en un Bando Militar los verbos y el lenguaje de exterminio contenido en sus comunicados.

 

1. Para conocimiento de la ciudadanía se expone una breve síntesis de las princi-pales actividades desarrolladas por las Fuerzas Armadas y Carabineros hasta las 16.00 horas de hoy 12 de septiembre de 1973, en la Guarnición de Santiago.

  • Ocupación del Palacio de Gobierno, con incautación de gran cantidad de armas y explosivos.
  •  Ocupación y desalojo de la Residencia Presidencial de Tomás Moro, con incautación de gran cantidad de armas y explosivos.
  •  Ocupación del diario La Nación, reduciendo a extremistas francotiradores, e incautación de armas.
  • Reducción de extremistas y ocupación del diario Clarín.
  • Reducción de extremistas y ocupación de la revista Punto final.
  •  Allanamiento del Depósito Clandestino en Teatro Septiembre.
  •  Ocupación y allanamiento de la Universidad Técnica del Estado, después de resis-tencia armada con rendición de aproximadamente 600 personas, e indicación de gran cantidad de armamento y extranjeros.
  •  Ocupación y allanamiento de Editorial Quimantu.
  • Las FF. AA., Carabineros e Investigaciones se hacen un deber agradecer en forma especial la patriótica actitud de la ciudadanía chilena, la cual, en cumplimiento a centenaria tradición democrática y patriótica en defensa de los altos intereses de la Patria, ha permitido con su oportuna información, controlar y destruir estos importantes núcleos extremistas, y tener actualizado el cuadro de los extremistas y extranjeros subversivos residentes, para limpiar nuestra Patria de elementos inde-seables que nada tienen que ver con nuestra tierra y origen común.
    Distribución Según Plan “B” Santiago, 12 de septiembre de 1973. (Bando N° 26, 2014)8

A unas cinco cuadras de La Moneda, en calle Santo Domingo con Banderas, en el Museo Nacional de Bellas Artes estaba montada para inaugurarse la exposición de «Tres grandes maestros de la pintura mexicana: Orozco, Siqueiros y Ribera». El catálogo quedó sin distribuirse, pues, una vez acontecido el golpe, Nemesio Antúnez vio desde la cúpula del museo cómo los aviones bombardeaban La Moneda. Ante ese escenario, y para resguardo de las obras, dio orden de que se desmontara la exposición y se retornara a la embajada respectiva. Al día siguiente, al caer la tarde del miérco-les, tanques y tanquetas provenientes desde el Regimiento Buin habían cruzado el puente Loreto que atraviesa el río Mapocho, para dirigirse hasta el frente del Museo Nacional de Bellas Artes. Se encendieron unos reflectores según la vecina testigo, Karen Plath Müller , y, acto seguido de un silencio, comenzaron los disparos contra la fachada del Museo.9 La orden fue disparar «…contra los subversivos y extremistas armados que había en su interior». Solo ocho fotografías (Castillo 2014) realizadas por Sergio Berthoud permiten apreciar parcial y significativamente los evidentes boquetes negros en los muros, mientras apreciamos también que en dos de sus galerías está expuesta la Colección Permanente del museo, y las pinturas que fueron impactadas: dos retratos femeninos evidencian los efectos de las balas punto 50 per-cutidos desde las ametralladoras instaladas sobre los tanques.

 

La pieza que falta, impactos, 1973. MNBA, Chile, noviembre de 2014. Foto: Jorge Brantmayer

Los impactos contra el Museo, el cierre de las editoriales, y la destrucción de libros y bibliotecas públicas reveló el estado de degradación al que llegarían los militares y los aparatos de represión y, al mismo tiempo, representó la magnitud de la barbarie cívico-militar que se planificó en Chile, en conjunto con organismos interventores como la CIA.10 Y así fue. Palabra y acción quedaron encadenadas a través de una treintena de «Bandos» dados a conocer en menos de veinticuatro horas. Estos suce-sivos informativos implicaron una movilización aplastante de los efectivos de las dis-tintas ramas armadas, de tal modo que por aire, mar y tierra el país se vio acorralado y vigilado en lo público, y en lo privado, e incluso en lo íntimo, desde el momento en que «en silencio y a escondidas», miles de personas por miedo o paranoia, comenzaron a quemar libros de Neruda y de literatura universal. «Los militares quemaban biblio-tecas y también lo hacían quienes temían sufrir un allanamiento. Algunos, junto con sentir la muerte de Neruda como un nuevo duelo, debieron quemar al mismo tiempo sus libros» (Montealegre 2014, 203).

Impactos de bala en la fachada del MNBA registrados por Macarena Álvarez el 17 de octubre del 2014. Foto: Jorge Brantmayer

Esta breve cronología trágica, tras los primeros días del golpe, señala en el calendario el 23 de septiembre. A doce días del golpe, la Junta Militar planificó una puesta en escena acompañada de una coreografía dantesca para dar a conocer desde la barbarie lo «ejemplar» de la limpieza y extirpación del «cáncer marxista»11 de edificios del departamento Torres de San Borja de Santiago, un acontecimiento inédito y desconocido por muchos chilenos: el registro realizado por diversos camarógrafos nacionales y extranjeros durante el día 23 de septiembre de 1973, cuando la Junta Militar estaba convencida de que lo que hacían era correcto, y que sería aplaudida internacionalmente. Es notable la impunidad y comodidad con la que realizaban su labor los militares, y corrijo, mientras «posaban» para las cámaras. En paralelo, estos comunicados oficiales movilizaron a muchas tropas de las Fuerzas Armadas que se encargaron de la detención, tortura y asesinato de editores, periodistas y fotógrafos, que por muchas razones, o incluso sinrazones, no desistieron de informar.

Miles de libros, folletos, revistas, discos y afiches fueron confiscados y reunidos en las plazas de la Remodelación. También se hallaron armas, pero no fueron exhibidas. Durante el atardecer, enormes fogatas se elevaron en los jardines: la tenebrosa luz de las llamas iluminó la Remodelación. El primer paso de la «limpieza» fue el más espectacular. Después se empadronaron a todos los habitantes del sector. (Cavallo, Salazar y Sepúlveda 1977, 20)

Si durante treinta y seis meses del gobierno de Salvador Allende, a través de la cam-paña Fomento a la Lectura llegó a producir solo en la Editorial Quimantu un volumen cercano a los once millones de libros, para una población de nueve millones de chile-nos, en la misma proporción posteriormente se procedió a la destrucción de ellos.

Los otros días. La guerra de los signos

 

Chile entero es un desierto. Sus llanuras se han mudado y sus ríos están más secos que las piedras.
No hay un alma que camine por sus calles y solo los malos parecieran estar en todas partes.
¡Ah, si tan solo tú me tendieras tus brazos las rocas se derretirían al verte!
(Zurita 1982, 95)

 

El país completo había cambiado en su fisonomía real y simbólica; nada era igual, sus calles, su geografía y su gente resultaron trastrocadas. Tras el exilio, detención y desaparición de muchos chilenos, y entre ellos los artistas que lideraban o represen-taban la adscripción al gobierno de la UP, los pocos que quedaban se vieron enfren-tados a una guerra de los signos, en la medida en que el escenario social, político y cultural había cambiado traumáticamente, y cualquier mensaje connotaba otros sen-tidos. Lo que era una expresión de libertad después se convirtió en una resistencia y en una forma de vulnerabilidad. La sensibilidad artística y la creación se orientó hacia una práctica cuya sintaxis y semántica resultara difícil de reconocer, un tipo de arte que estuviera en el «punto ciego» de la mirada vigilante y represora del Régimen.

La asunción del lenguaje como zona de peligrosidad que lleva sus operadores a la hipervigilancia de los códigos, no puede sino agudizar la conciencia de que toda construcción de discurso es una estratagema de sentido. De ahí la autoreflexi-bilidad del lenguaje que esas obras ponen a prueba en el cálculo de sus opera-ciones de despiste: de ahí su sabiduría en materia de artificios y disimulos. Obras expertas en una práctica travestida del lenguaje: sobregiradas en las torsiones retóricas de imágenes disfrazadas de elipse y metáforas. (Richard 1973)

En este sector estaban las producciones críticas, que en clave semiológica reflexio-naban en torno a los sistemas de representación bajo los que se intentaba controlar a la ciudadanía. Las obras y acciones que se produjeron desde fuera de los circuitos de enseñanza y distribución tradicionales y oficiales del arte fueron resistentes al consumo fácil y convencional, lo que hizo que se provocara un arte desmaterializado y de «posvanguardia», en la medida en que la práctica artística y política confluyeron en una ética-estética de la disidencia y resistencia. Esta apelación a expandir las for-mas de arte para salir de los formatos oficiales y reglamentados está en la base de la acción ¡Ay Sudamérica!, que lanzó panfletos del colectivo Cada, desde un avión:

Cuando usted camina atravesando estos lugares y mira el cielo y bajo las cumbres nevadas se reconoce en este sitio el espacio de nuestras vidas: color piel morena, estatura y lengua, pensamiento… nosotros somos artistas, pero cada hombre que trabaja por la ampliación, aunque sea mental, de sus espacios de vida es un artista […]. (Cada 1981)12

El territorio nacional adquirió tal connotación que se convirtió en tema, referente y soporte permanente de la neovanguardia en Chile. Así como para el poeta el paisaje nacional se convierte en un territorio de condena y soledad, la calle, la ciudad serían la mejor forma para ejercer este nuevo derecho a la expresión callejera. Las insta-laciones, performances, intervenciones efímeras y las acciones de arte micropolíti-cas se reorientaron hacia el reconocimiento de esta nueva fisonomía nacional, donde territorio, emblema patrio y bandera se convirtieron en una analogía recurrente y urgente. Se trató de un arte generado en la clandestinidad, con la suficiente dis-tancia y espacio posible para que las acciones constituyeran un doble desenfreno semántico y sintáctico «en relación tanto a las prácticas tradicionales visuales su ritualidad memorialista , como al entorno social normativo y apaciguador de la pasión cultural» (AA.VV. 1990, 11). Obras y acciones protagonizadas por el Cada, y de la Escena de Avanzada,13 más allá de toda lectura unívoca, estaban estructuradas sobre la base de signos:

Quema de libros en Torres de San Borja, Santiago, 23 septiembre de 1973. Koen Wessing/Nederlands Fotomuseum. Foto: cortesía de Hollandse Hoogte.

Durante la época de Pinochet, los artistas que intentaron expresar una voz crítica se vieron obligados a inventar nuevos medios de creación para esquivar las restricciones impuestas por las realidades políticas. A fin de evitar la censura oficial, los artistas tuvieron que transmitir su mensaje a través de estratos de referencias crípticas, valiéndose de metáforas, códigos, referentes públicos y privados, para comunicar sus posiciones políticas de modo que pudieran participar, aunque marginalmente, en un discurso que se oponía al régimen establecido. (Herzberg 1993, 32)

Se trató entonces de un proceso crítico concebido para desmontar, de la esce-nografía o la «pantomima» nacional, todas aquellas señales, signos y símbolos que, por su capacidad comunicativa y sus significados, pudieran ser seleccionados para refundar simbólicamente al país, y liberarlo de su sometimiento. La carga ideológica que transportaban se puso al descubierto gracias a un mecanismo de rearticulación de las señales, signos o símbolos, que desde el arte enfatizaban los derechos huma-nos como eje fundacional de la nueva ética a la que se enfrentaba el arte, lejos de toda decoración o teatralización banal. Dentro de esta crítica institucional reconocemos las acciones y prácticas tendientes a resignificar los iconos de los que se había apropiado la dictadura: la canción nacional, la bandera, la cultura, la cueca, la imagen de limpieza de las calles y el metro como imagen de «higiene». De ahí que la basura, el mal gusto y el ruido se asuman como formas explícitas de esta estética de resistencia. Los colores, la forma y significado de la bandera nacional constituyeron un ámbito muy acudido. Entre los artistas que trabajaron con el emblema patrio identificamos pintores, grabadores y performers como Nemesio Antúnez (La moneda en llamas, 1973), Gonzalo Mezza (Deshielo de Venus, 1974), Francisco Copello (El mimo y la bandera, 1975) y Víctor Hugo Codocedo (serie La bandera: Entre cordillera y mar, Intervención a la bandera, Repliegue, 1987).

Apropiarse de la calle como el  escenario para las acciones de señalamiento del territorio fue la propuesta de Lotty Rosenfeld, a través de cruces blancas, que funcionaban como dispositivos de alta significación en la medida en que eran cruces que señalan el lugar y, en este caso, el territorio de Chile marcado como locus y como lugar del hallazgo, «aquí y ahora». En las calles del centro estuvo Elías Adasme realizando analogías directas entre la extensión y angostura de Chile a su propio cuerpo (A Chile, 1979-80), y Alfredo Jaar (Before leaving, 1981). De Carlos Leppe (1952) destacamos Acción de la estrella, del año 1979, realizada en la sala CAL (Coordinación Artística Latinoamericana). Sobre esta obra Nelly Richard establece la relación con el homenaje que se realiza a Marcel Duchamp, además de que contextualiza la tonsura de la estrella en el ámbito nacional y dentro de la bandera chilena:

En tu morfología de sujeto en recidiva, / tú perfilas el trazado prominente (emblemático) de la estrella de Duchamp estrella en ti bisectriz , que intersecta un plano de referencia cultural y nacional en tu cuerpo sincrónico / la deportación histórica y geográfica de la estrella de Duchamp reincidente en tu cabeza, / calca por coincidencia gráfica, por eclipse el diseño nacional de otra estrella obliterada en tu bandera, / recobrando virtualmente (por transparencia) su valor extinguido de estrella desertada o erradicada. / Epilogando tu acción, la proyección tecnicolor de la estrella en tu espalda tensada como pantalla / izada como bandera, / transforma tu extensión corporal en extensión territorial tu cuerpo abanderado en territorio nacional . (Richard 1996)

En medio de este contexto de transición surgió el colectivo Yeguas del Apocalipsis, integrado por Francisco Casas (1959) y Pedro Lemebel (1955). Tal vez una de las acciones más significativas para desmontar el pacto de no agresión y de «consenso» bajo el que se gestaba la transición democrática y, a la vez, para adherirse a la consigna «ni perdón ni olvido» enunciada por las Agrupaciones de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, fue la acción Conquista de América, realizada por Casas y Lemebel el 12 de octubre de 1989 en la sede de la Comisión de los Derechos Humanos.14 En dicha ocasión, se apropiaron del baile nacional y bailaron descalzos la cueca sobre un papel en cuya superficie estaba dibujado el mapa de Latinoamérica cubierto de botellas de Coca-Cola. La superficie fue impregnándose de sangre mientras sonaba el ritmo de la cueca y los pies destrozaban el vidrio (véase Yeguas del Apocalipsis 2013).

A partir de los años noventa, quizá la sociedad manifestó un cierto agotamiento del «exceso» de contingencia y de política de la gran mayoría de los artistas. El arte redujo el espectro de sus problemáticas, tendió a «anestesiarse» y vimos cómo la mayoría de los artistas de este periodo fueron dejando la dimensión política para avanzar hacia cuestiones más formalistas y tautológicas del arte. Los artistas y colectivos que habían trabajado desde la resistencia comenzaron a reorientar su obra en función de establecer puentes de comunicación para el «nuevo país» que se avecinaba como se aprecia en la imagen del No+, desarrollada por el Cada, que tuvo su origen en la acción Mil millas de cruces sobre el pavimento de Lotty Rosenfeld . Hacia 1988 la cruz se convirtió en una campaña que llamó a votar contra el gobierno de Pinochet, y, por extensión, en favor de la libertad y la democracia. En la convocatoria del No+ se sumaron varios artistas y fotógrafos, entre ellos el artista Juan Downey, el grabador Pedro Millar y el fotógrafo Jorge Brantmayer.

Aporía visual de una pregunta: ¿dónde están?

Los temas relacionados con la justicia y la reparación tuvieron la prioridad en la agenda política y social, en las discusiones y acciones. El primer documento fun-damental fue el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, pre-sentado en 1991, también conocido como Informe Rettig15. Luego este informe fue secundado y completado por otro que se denominó Comisión Valech16, dado a conocer en el año 2004, en el cual Chile reconoce oficialmente un total de 40.018 víctimas, de las cuales 3.065 eran muertos y desaparecidos. Esta información constituyó la primera evidencia documental y testimonial sobre los crímenes

Cada, No +, 1979, acción-intervención en calles de Santiago. Foto: Jorge Brantmayer.

y atropellos cometidos por la dictadura, que tenía un carácter de archivo del terror. Las políticas de la memoria de la transición democrática formaron parte del léxico con el que se comenzó a configurar la democracia pactada y vigilada por la centroderecha y los militares. Recordemos que el propio Pinochet fungía como senador vitalicio.

Las políticas de información, reparación y visibilidad de los crímenes cometidos se orientaron hacia la compensación o indemnización económica, y al reconocimiento histórico de las víctimas a través de políticas de inserción laboral y académica, pensiones de jubilación y la construcción de memoriales a lo largo de todo el país. La identificación de los lugares fue tal vez el primer gesto de reparación en función de avanzar en torno a la pregunta «¿dónde y cuándo ocurrió…?», pues existe una nece-sidad fundamental de dar «lugar» real y simbólico a quienes ya no están, para que quienes sí están puedan sanar y caracterizar de algún modo su dolor y esperanza de justicia. Por esta razón, los lugares de la memoria dejaron de ser el problema de unos pocos, y se convirtieron en materia de investigación histórica y forense y, poco a poco, en un proyecto cultural, social y político. Se formalizó un catastro de los memoriales17 realizados a través de todo Chile,18 obedeciendo a la necesidad de dar cuerpo, letra y nombre a la memoria histórica, a través de distintos sistemas de representación y protocolos: homenajes familiares, fraternales, filiales y oficiales, que dan a conocer una tipología muy amplia de lugares, al decir de Paul Ricœur:

El primero fija los lugares de memoria en realidades que podríamos llamar «dadas» y manejables; el segundo es obra de imaginación, garantiza la cristalización de los recuerdos y su transmisión; el tercero conduce al ritual, al cual, no obstante, la historia tiende a destituir, como se ve con los acontecimientos fundadores o los acontecimientos espectáculo, y con los lugares refugio y otros santuarios. (2004, 523)

Se han realizado varias publicaciones que dan cuenta, de uno u otro modo, de los distintos gestos patrimoniales y culturales que reportan esta «materialización» de la memoria y los derechos humanos como política del Estado. En este contexto, se reconoce la publicación de Alejandro Hoppe como parte de una investigación y catastro que fue impulsada por la Flacso (véase Aguilera 2007). En esta publicación se puede ver cómo el deseo de materialización de la memoria ha generado distintas formas de monumentalización, como los esfuerzos informales y personales de los familiares por investigar y señalar el lugar19 de la tragedia en cementerios clandes-tinos o lugares públicos. También están los esfuerzos de agrupaciones de derechos humanos o de los Familiares de Detenidos y Desaparecidos, y por parte del Estado e instituciones privadas o públicas (universidades, centros de estudio, etc.). Las esté-ticas desplegadas forman parte de un espectro mayor aún de gustos, recursos y opciones más o menos figurativas. En la mayoría de los casos, el homenaje consiste fundamentalmente en señalar el nombre y edad de la persona, y le sigue dar rostro e identidad a la víctima. En otros casos, se tiende a universalizar la tragedia a través de la silueta o el nombre.

Una variedad de recintos fueron utilizados como centros de detención, tales como prefecturas, comisarías, subcomisarías, retenes, tenencias, cuarteles, regimientos, escuelas matrices, estadios deportivos, gimnasios, casas patrona-les, fábricas, edificios de instituciones públicas, hospitales, maestranzas, bases aéreas y navales, cárceles de hombres y mujeres, estaciones ferroviarias, embar-caciones de la Armada y de la marina mercante, campos de prisioneros, fiscalías militares, gobernaciones, intendencias y establecimientos educacionales como universidades y liceos. (López 2009)

La relación entre imagen, lugar y persona establece los ejes fundamentales que des-criben la existencia humana entre la vertical y horizontal. Si por una parte se reco-noce que la extensión del territorio a través de un horizonte se señala mediante ciertos hitos, estos hitos constituyen el sentido de esa extensión. A la pregunta «¿dónde ocurrió y dónde recordamos?» agregamos «¿dónde están?». La obra reali-zada por Arturo Duclos (1959- ) titulada Lección de anatomía (1983), que consis-tió en huesos humanos pintados por el artista, fue un primer gesto dirigido a hacer visible una realidad que se intentaba acallar de cualquier forma. Una vez retornó la democracia, en 1995 el artista insistió en recordar, como una forma de responder de manera radical (en sintonía con el Informe Rettig) al titular del diario La Segunda «No hay tales desaparecidos» (9 de febrero de 1977). Duclos hace tangibles los cuerpos de las víctimas interpelando al país a partir de la confección de una bandera chilena manufacturada con setenta y ocho fémures humanos. No es baladí señalar lo singular y radical de esta obra, si consideramos que el MNBA no había existido como lugar para los artistas entre 1974 y 1989. Esto nos señala un país que se articuló bajo la resti-tución crítica y reflexiva de sus signos desde las políticas del Estado, y por acuerdo tácito de la ciudadanía que quería retornar a la democracia, porque el país había cam-biado… o al menos es lo que se pretendía entonces.

La voluntad de hacer mensurables los crímenes cometidos en Chile durante la dic-tadura estuvo asociada a la necesidad de señalar los lugares para conmemorar los acontecimientos individuales y colectivos. En paralelo a los informes surgió el deseo de apropiación del espacio público, de tal modo que el gesto de «marcación de la calle», con cruces sobre el pavimento, no fuera solo una experiencia artística, sino que estaba refrendada por la capacidad de señalar el «aquí» de esos lugares que fueron escenarios de crímenes de lesa humanidad. De esta manera, los antiguos cen-tros de detención y tortura pasaron de convertirse en centros o instituciones de encuentro a tipologías afines a los archivos de la memoria o museos de sitio. Este será el contexto previo para que desde el mundo cívico se avance en la formalización de las causas pendientes, pues hay muchos juicios que aún no tienen veredicto, y, por lo tanto, los imputados aún no reciben condena.

Arturo Duclos, Sin título (Bandera de huesos), 1995. Fotografía de la instalación de restos óseos. Foto: © Arturo Duclos.

La Ley de Amnistía, que nunca se aplicó en Chile, fue oficialmente derogada el pasado 11 de septiembre tras el anuncio de la Presidenta Michel Bachelet. La misma presi-denta, en su primer gobierno, fue determinante para avanzar dentro de la institu-cionalización de la memoria y los derechos humanos a través de la creación del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MDDH), «cuyo fin es dar a conocer lo ocurrido en nuestro país entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, y educar y promover valores que permitan crear una sociedad más solidaria, justa y tolerante».

La dimensión mensurable del horror y los crímenes cometidos no solo se convirtió en un problema de la justicia, sino de la sociedad en su conjunto. La imagen de la recon-ciliación y el consenso propuesto por la figura de Patricio Aylwin fue determinante para desactivar el deseo de justicia urgente que se sostenía en la frase «Ni perdón ni olvido», propuesta por las Agrupaciones de Familiares de Detenidos y Desaparecidos. Una expresión a la que el poeta Raúl Zurita respondió con una nueva doble negación, pero instalada en una escritura monumental, en el contexto de una perspectiva de futuro: «Ni pena ni miedo». La sentencia, trazada en forma permanente mediante retroexcavadoras, se conserva intacta y por su extensión, 3.147 metros de largo por 200 metros de alto, y solo puede ser vista en su totalidad desde gran altura. Zurita precisa:

La frase «Ni pena ni miedo», que, al igual que el poema en el cielo, fue concebida en 1975, en lo más oscuro de la dictadura de Pinochet, precisamente cuando lo que más había en Chile era pena y miedo. La fotografía de esta escritura, realizada por la Fuerza Aérea de Chile, cierra las 574 páginas de mi libro La vida nueva. A diferencia del poema sobre Nueva York del mismo 1993, de esta escritura no hubo registros de proceso ni fotográfico ni fílmico; solo dos fotografías; la mencionada y una realizada por Guy Wenborn diez años después. (1982)

Voluspa Jarpa, Biblioteca de la No Historia, 2013.Prueba de artista, Biblioteca Nicanor Parra, UDP.

El territorio nacional se hizo visible como geografía política y simbólica, y comenzó a existir a medida que sus habitantes y artistas podían ocuparlo y señalarlo sin temor. Por esta razón, aunque superado el tiempo de urgencia y contingencia, para algunos artistas las problemáticas de la justicia, la información y los derechos humanos se han constituido en leitmotivpermanente. Es la dimensión «esperanzada» del hallazgo de sentido lo que anima la producción artística de Carlos Altamirano (1954- ), Voluspa Jarpa (1965- ), Camilo Yáñez (1967- ) e Iván Navarro (1972- ), quienes, a pesar de corresponder a generaciones muy distintas, poseen en común el interés por insistir, deconstruir y actualizar, desde la práctica artística, la pregunta «¿dónde están?».

Para el artista Carlos Altamirano, el archivo de fotocopias generado por los Familiares de Detenidos y Desaparecidos se convierte en una constante de la geografía cotidiana del país. Por lo tanto, la pregunta se hace visible en el espacio del museo a través de su obra en construcción desde 1979, Panorama de Santiago, que progresivamente va creciendo como «panorama o palimpsesto» de la historia social, los medios, la política, de la microhistoria y del paisaje chileno. El artista afirma: «Las imágenes a las que recurro no se hacen cargo del mundo, solo existen no más, ellas solas. Es más que suficiente. Y las junto en una especie de libreta de apuntes como se anotan situaciones» (Altamirano 1996, 36). Las imágenes de los massmedia y los lugares que han constituido la tradición de la pintura aparecen alternándose con imágenes de micros, protestas, el centro de Santiago y Cecilia Bolocco recibiendo la banda de Miss Universo. Lo alto y lo bajo se juntan, pero en realidad lo que permanece es el cartel en blanco y negro de los detenidos y desaparecidos. Su formato ha sido similar a una cinta de imágenes sucesivas, que en este caso se mueven si el espectador avanza o retrocede. Un continuo del panorama de Chile, apoyado cada tanto por una base que lleva grabado al ácido un nombre y biografía de quien aparece en blanco y negro. Una exposición que convierte al museo en memorial por segunda vez.

Iván Navarro (1972- ) reorientó la pregunta «¿dónde están?» y la dirigió hacia criminales e implicados directos en el proceso de represión, a premios ilegítimos y a la violación de los derechos humanos. La pregunta buscó determinar dónde se encontraban estas personas, hacer visible su curriculum vitae y el caso en el que estaban implicados. Fue una forma de trabajar de otro modo con la información que se había obtenido a partir del Informe Rettig y de la Comisión Valech. La exposición de Iván Navarro «¿Dónde están?», realizada en Matucana 100, el año 2007, invirtió la pregunta de la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Chile, y la transformó en una pregunta que ahora hace la sociedad para identificar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad. Un periódico que acompañaba la exposición informaba sobre la actualidad y paradero laboral de los victimarios. Los espectadores tenían que convertirse en exploradores en medio de la oscuridad del lugar: recibían una pequeña linterna al ingresar al recinto, y luego se alumbraba el suelo, donde se veían los nombres de los torturadores y responsables de los atropellos a los derechos humanos en Chile. Eran nombres no para un memorial, en donde se individualizaban a las víctimas, sino que aquí los nombres de los victimarios se confundían o perdían en un «mar de letras», que se podían leer en distintas direcciones para quien los quisiera encontrar.

 

Camilo Yáñez, ¿Dónde están?, 2008. Instalación de gigantografía en la torre de la Iglesia de San Francisco, Alameda, Santiago de Chile. Foto: cortesía del artista.

Otro caso en el cual los espectadores del arte son invitados a convertirse en «bus-cadores» y «reconstructores» de historias es el trabajo de Voluspa Jarpa (1971- ): la Biblioteca de la No-Historia. Este trabajo de Jarpa consiste en la organización y posterior reedición de los desclasificados de la CIA, ahora convertidos en libros cuyos tomos compilan, por año o por tema, los documentos que revelan el poder, manipulación y presencia permanente de los Estados Unidos en distintos conflictos políticos y económicos mundiales, y en particular de Latinoamérica y Chile. La obra ha tenido varias versiones, tanto en Chile como en el extranjero, y es interesante ver el efecto que produce en el público como dispositivo museográfico: la aparición de nuevos lectores con el fin de que exista una escritura para la posteridad sobre una historia que nunca ha sido escrita y que apenas ha sido compilada. Esa es la historia que falta por escribir; mientras tanto, los desclasificados son solo un signo disperso. La obra de Voluspa Jarpa convierte a los espectadores nacionales y extranjeros en lectores de una historia aún por escribir, y ante la que es necesario reaccionar. Una de las maneras de completar este objetivo se dio en el 2013, con motivo de la exposición Biblioteca Recuperada: libros quemados, escondidos y recuperados a 40 años del golpe (véase Biblioteca Nicanor Parra 2013 y Castillo 2014b), en la Universidad Diego Portales. La institución adquirió la pieza para formar parte de su colección patrimonial de exposición permanente, en el segundo piso de la Biblioteca. Los libros compilatorios (de distintos formatos y legibilidad) de archivos desclasificados de la CIA quedaron ahora a disposición de estudiantes, investigadores y el público general. Aunque originalmente era una investigación, la obra deja un recordatorio de las rela-ciones entre la historia y la histeria, es decir, de lo que se escribe con y sin lenguaje, de lo que se dice o se calla, y del silencio que se convierte en la tacha, en la contorsión. La obra se convierte en un gesto obligado de memoria: la lección de historia que debe desprenderse de la revisión de los documentos en consulta, y luego según protocolo de biblioteca y desafiando el origen digital de los documentos devolverse físicamente a la estantería. Los consultantes quedan conmovidos y alertados para escribir o re-escribir la historia de Chile: «de esta manera, el traslado que realiza la artista desde los documentos digitales a sus distintas cápsulas materiales asegura su permanencia real en un tiempo determinado» (García-Saavedra 2013, 96).

Así como el Museo de la Memoria realiza actividades recordatorias contra el olvido y la amnesia histórica, que vinculan arte, archivo y política, lo propio han realizado Villa Grimaldi y Londres 38. Esta última, en el año 2013 (a cuarenta años del golpe), se sumó a la celebración del Día Internacional del Detenido Desaparecido, y para ello organizó una muestra «¿Dónde está?, ¿dónde están?», asumida como un estado de «alerta» y de «justicia permanente», pues la convocatoria fue en homenaje al joven mapuche José Huenante, desaparecido en democracia. La intervención urbana, realizada el 29 de agosto, consistió en la instalación de gigantografías ubicadas en distintos lugares de Santiago, donde participaron Guillermo Núñez, Voluspa Jarpa, Carlos Montes de Oca, Víctor Pavés, Ismael Frigerio, Bernardo Oyarzún, Iván Navarro, Roser Brú, Eugenio Téllez y Camilo Yáñez (véase Artishock 2011).

La pregunta en torno a los detenidos desaparecidos fue motivo para la recreación de situaciones que llevó a Camilo Yáñez (1974- ) a intentar una labor contemplativa y a la vez forense, al identificar lugares reales e imaginarios. Se trata de una ficción local, una paradoja al ver una ampliación de la portada del diario El Mercurio uno de los medios más reaccionarios y conservadores del país ­, en la cual se logró publicar la pregunta de marras que había rehuido durante toda la dictadura. Quizá apareció la pregunta gracias a una suerte de «revolución interior» o de «filtración», a pesar de todo el empeño pasado, no solo por evadir ese cuestionamiento, sino por desmentirlo y soslayarlo de manera flagrante. En la imagen, el diario aparece ubicado sobre una mesa o escritorio de madera, presumiblemente perteneciente a un lector que adivina-mos ha huido de la escena, a juzgar por los lentes dejados con descuido a un costado, y por el cigarrillo aún encendido al lado izquierdo. La imagen pende de la torre principal de la Iglesia San Francisco, ubicada en la misma calle Londres, cerca del número 38.

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Revista de Arte Contemporáneo, nota del 19 de octubre. Disponible en: <http://www.artishock.cl/2011/10/operacion-verdad-o-la-verdad-de-la-opera…, consultado el 24 de septiembre del 2014.
Wikipedia. 2014. «Anexo Memoriales a víctimas de violación de los derechos humanos en Chile», en: es.wikipedia.org, consultado el 24 de septiembre del 2014.
Yeguas del Apocalipsis. 2013. «La conquista de América». Disponible en: <http://www. yeguasdelapocalipsis.cl/1989-la-conquista-de-america/>, consultado el 24 de septiembre del 2014
Zurita, Raúl. 1982. «Pastoral», en: Anteparaíso. Santiago de Chile: Editores Asociados.


1 Picasso fue identificado con la izquierda y, en el contexto de la Guerra Fría, fue cues-tionado por grupos de derecha. El poeta Louis Aragón seleccionó de un dibujo de Picasso la paloma de la paz. No obstante, «pronto sería caricaturizada por el movimiento Paix et Liberté, apoyado por la CIA como La paloma que hace bum (La colombe que fait Boum!)» (Stonor Saunders 2001, 104).

2 Esta euforia de un arte popular, desacralizado y no especializado, hizo que muchas personas colaboraran con entusiasmo en las brigadas que participaban en las «campañas» informativas de los idearios de izquierda. En 1969 las juventudes comunistas fundaron la Brigada Ramona Parra (BRP). Y pronto fueron apareciendo otras, como la Elmo Catalán (BEC) y la Lenin Valenzuela, surgida en el verano de ese mismo año, 1970. También Pedro Sepúlveda creó la Brigada Pedro Lobos (BPL).

3 El grabado y los sistemas gráficos en Chile favorecieron la multiplicación de la obra original, fenómeno que ya venía desde las bienales de grabado y las ferias del Parque Forestal. La exposición «El pueblo tiene arte con Allende» fue montada en simultánea en varios espacios del país, para apoyar la idea de que también el arte era una forma muy poderosa de comunicación.

4 Tanto en el Museo de Bellas Artes, como en el Museo de Arte Contemporáneo, pertene-ciente a la Universidad de Chile, estaban dirigidas por artistas chilenos.

5 Si bien se han realizado varias exposiciones que desde el comienzo de la democracia supusieron recuperar las obras y el proyecto de museo, hubo entonces un proyecto expositivo de Guillermo Machuca (2011) cuyo fin fue actualizar las problemáticas de las obras del ahora Museo de la Solidaridad Salvador Allende, a través de un contrapunto con obras de artistas contempo-ráneos de Chile (véase Machuca 2011 y Villasmil 2011).

6 Hasta el 11 de septiembre de 1973 estuvo vigente la Constitución Política de 1925. Tras el golpe de Estado, la Junta Militar dicto decretos ley que modificaron la carta fundamental como parte de las autoatribuidas facultades legislativas de la Junta de Gobierno. En 1976 se dictaron las Actas Constitucionales y, finalmente, tras el manipulado plebiscito de 1980, a partir de 1981 comenzó a regir la actual Constitución, explicitando en cada caso los diversos estados de excep-ción constitucional promulgados, en los que se restringía o suspendía la vigencia de las garantías constitucionales ciudadanas.

7 El doctor Ramón Puente Martínez, el día martes 11 de septiembre de 1973, registró con una grabadora modelo Geloso G.256 el paso del último avión y el respectivo bombardeo a La Moneda, durante 45 minutos (véase Jatz 2014).

8 Comunicación sobre las actividades de las Fuerzas Armadas el 11 y 12 de septiembre de 1973. Hay que advertir que omito las demás instituciones o empresas que fueron «ocupadas», pues seleccioné para este artículo aquellas entidades relacionadas con la producción y distribución de ideas, tales como diarios, revistas o editoriales.

9 El Mercurio consigna dos horas de intercambios de disparos, mientras que el diario La Tercera dice que fue de media hora.

10 Es muy elocuente el discurso del doctor Salvador Allende en 1972 ante la ONU, y su cla-ridad respecto del control e intervención de los países ejercidos «por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado […] Es toda la política del mundo la que está siendo socavada por las grandes empresas transnacionales que atentan contra los países en desarrollo» (Allende 2008 [1972]).

11 Es sintomática esta expresión del general golpista Gustavo Leight, quien planificó la puesta en escena. Por su parte, el almirante José Toribio Merino dijo: «la operación básica es desenvenenar al país. El país ha sido envenenado desde el Estado. El país políticamente 

12 El Colectivo Acciones de Arte (Cada), grupo interdisciplinario de artistas chilenos, nace en 1979 bajo el imperativo de establecer una reflexión crítica en torno al dilema arte / política, especialmente urgente por la situación dictatorial que vivía el país. El Cada se concentró en estructurar intervenciones ciudadanas que buscaban poner en marcha una nueva propuesta esté-tica, para reformular los circuitos artísticos existentes bajo dictadura. El grupo, integrado por Raúl Zurita, Diamela Eltit, Lotty Rosenfeld, Juan Castillo y Eugenio Balcells, apeló a multiplicar los canales de difusión y transformarlos en soportes de discursos de arte (véase Neustadt 2012).

13 Entre ellos encontramos a Nelly Richard, Carlos Leppe, Eugenio Dittborn, Catalina Parra, Ronald Kay, Carlos Altamirano, Juan Dávila, Gonzalo Díaz, Francisco Brugnoli y Virginia Errázuriz (del TAV – Taller de Artes Visuales).

14 Obra también conocida como La cueca fleta (véase Mosquera 2006, 571).

15 La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación fue un organismo creado en Chile por el presidente Patricio Aylwin Azócar en 1990, mediante el Artículo Primero del Decreto Supremo n.°355  de 25 de abril de 1990, y publicado en el Diario Oficial el 9 de mayo del mismo año, con el objeto de esclarecer «la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el país entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990», periodo que duró el Régimen Militar de Augusto Pinochet. La comisión fue presidida por el jurista y político Raúl Rettig, razón por la cual se la conoce popularmente como «Comisión Rettig», y su resultado, como Informe Rettig.

16 La Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, presidida por monseñor Sergio Valech (y llamada popularmente «Comisión Valech»), fue un organismo chileno creado para esclarecer la identidad de las personas que sufrieron privación de libertad y torturas por razones políticas, por parte de agentes del Estado o de personas a su servicio, en el periodo comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990.

17 Como todo monumento que se erige en el espacio público, los memoriales quedan prote-gidos automáticamente por efecto de la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales, en la categoría de monumento público.

18 Para mayor información, véase una relación de memoriales por cada una de las regiones de Chile, lo que revela igualmente la magnitud de la violencia política y planificada por los organismos de represión de la dictadura en: Wikipedia 2014 y Memoria Viva 2014.

19 Se trata tanto de lugares «públicos» (Estadio Nacional, Isla Dawson, Pisagua, Chacabuco, Isla Quiriquina, Cuatro Álamos, etc.) como de lugares «secretos» (Villa Grimaldi, AGA, La Firma, Colonia Dignidad, Venda Sexy, Londres 38, José Domingo Cañas, etc.).

relacionado   Alejandro Hoppe ,  Claudio Pérez ,  Héctor López ,  Marcelo MontecinoChile 1973-1990 La dictadura de Pinochet

 Septiembre de 2013: se conmemoran cuarenta años del golpe militar en Chile. Con ese motivo cuatro fotógrafos chilenos presentan una parte de lo que fue su trabajo durante ese tiempo. Ellos son Marcelo Montecino, Alejandro Hoppe, Claudio Pérez y Héctor López. Estos fotógrafos, protagonistas de un tiempo que ensucia la tradición democrática de Chile y que avergüenza los valores universales de los derechos de los pueblos y de las personas, se comprometieron con el registro documental y le dieron un sentido plástico y profundo a esa realidad, cada uno desde miradas y momentos distintos. Montecino fotografía, sobre todo, los primeros años de la dictadura, luego del asesinato de su hermano. Hoppe construye sus imágenes con un sentido directo y agudo. Pérez y López fundan desde los márgenes una mirada independiente, delineando un particular estilo que por momentos ironiza con los sucesos.

Es conocida la participación que la fotografía tuvo en los diecisiete años de dictadura en Chile y el importante rol que los fotógrafos desempeñaron en esos años, la mayoría jóvenes que se aproximaban a esta forma de expresión y que vieron en ella un instrumento de denuncia y compromiso. Hoy, la obra de estos autores adquiere un valor profundo gracias a su sentido político y documental y al aporte que realiza en la construcción de la historia y la memoria de nuestro país.

Inês Paulino: “El arte en dictadura era para no morir y poder seguir viviendo”

Voces del Exilio . Nacer, crecer y envejecer en el exilio

Proyecto De Investigación “Memorias Del Exilio Colombiano: Huellas Del Conflicto Más Allá De Las Fronteras”

23rd NovAgenda Exilio

 

Raíz del tronco verde, ¿quién lo arranca?

Aquel amor primero, ¿quién lo vence?

Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida?,

Tierra nativa, más mía cuanto más lejana.

Luis Cernuda, La Partida de Vivir sin Estar Viviendo 1944-1949

 

 

En el contexto del conflicto armado y la violencia política en Colombia, miles de colombianos y colombianas se han visto forzados a migrar fuera del territorio nacional en busca de seguridad, protección o refugio en el exterior, principalmente en los países vecinos, en Norteamérica y Europa. Estas personas, además de abandonar su hogar y sus actividades económicas, han tenido que migrar forzadamente de su país, dejando atrás sus costumbres y sus formas de vida.

A pesar de su magnitud, el exilio colombiano ha permanecido invisibilizado como parte de los efectos provocados por el conflicto armado interno, subsumido como una modalidad del éxodo que no reconoce sus particularidades en relación con el desplazamiento forzado interno y que pone su acento en los límites político-administrativos de la trayectoria del desplazamiento forzado.

El Proyecto de investigación “Memorias del exilio colombiano: huellas del conflicto más allá de las fronteras”, tiene como propósito recopilar las memorias de aquellas colombianas y colombianos que desde el exilio han vivido los efectos del conflicto armado y son sujetos de reparación integral.

El proyecto es fruto de un proceso participativo e incluyente que promovió un diálogo propositivo entre el CNMH, las organizaciones de víctimas en el exterior y el Foro Internacional de Víctimas – FIV (mecanismo creado por los colombianos en el exterior para aportar reflexiones y propuestas de paz), para apoyar los procesos de participación de los colombianos en el exterior.

Dentro del propósito de avanzar en el proceso de construcción colectiva de las memorias del exilio colombiano, el proyecto de investigación adopta –sin perjuicio de la denominación genérica de víctimas en el exterior de la legislación nacional– una definición amplia de exilio que comprende a las víctimas colombianas que han sido reconocidas como refugiadas, personas en una situación similar al refugio, las solicitantes de asilo, y aquellas víctimas que han regresado (forzada o voluntariamente) al país. Al adoptar una definición amplia de víctimas en el exilio, es posible reconstruir los vínculos existentes entre el conflicto armado en Colombia y las formas de violencia y re-victimización más allá de las fronteras nacionales.

Durante el segundo semestre de 2016 se dio inicio a la Fase I: Exilio, Retorno y Éxodo Transfronterizo en Colombia, la cual se concentró en las víctimas que han retornado al país después de la experiencia del exilio. Esta fase tenía como objetivo validar la ruta metodológica definida para el proceso de investigación y fortalecer el espacio digital para visibilización de las voces tanto de víctimas en el exilio como de retornados. En el marco de la carta de entendimiento entre el CNMH y ACNUR, se llevaron a cabo diferentes actividades que permitieron la visibilización de las memorias del exilio colombiano. Entre ellas, se realizaron seis talleres de reconstrucción de memoria histórica con la población colombiana que ha retornado al país después de la experiencia del exilio en las ciudades de Cúcuta, Medellín, Pasto, Pereira y un encuentro nacional en Bogotá.

 

Ver más sobre la Fase I: Exilio, Retorno y Éxodo Transfronterizo en Colombia (2016)

 

En el año 2017 se dio inicio a la Fase II: Exilio Transfronterizo hacia Ecuador, Panamá y Venezuela, la cual prioriza acciones con retornados y personas en situación de exilio en los países vecinos, principales destinos de las víctimas colombianas en el mundo. Lo anterior pretende visibilizar, desde una perspectiva histórica, la situación que han afrontado y siguen afrontando las colombianas y colombianos que se han visto forzados a salir del país, reconocer el éxodo transfronterizo como un hecho victimizante y dignificar a las víctimas de esta forma de violencia. De acuerdo a la ruta metodológica estructurada, en esta etapa se van a llevar a cabo acciones de memoria en las zonas fronterizas que se identificaron como prioritarias para la reconstrucción de las memorias del exilio colombiano en clave de éxodo transfronterizo.

 

Nacer, crecer y envejecer en el exilio

Publicado 21 Dic 2017

Nacer, crecer y envejecer en el exilioFotografía: Arek Socha

¨Creo que todos tenemos el derecho a proteger nuestras vidas, el derecho a sobrevivir en familia, el derecho al exilio¨, Joanna Castro, antropóloga colombiana exiliada en Suecia.

A lo largo del conflicto armado miles de colombianos han partido del país y aún no existe un consenso sobre el número exacto de personas afectadas por el desplazamiento forzado transfronterizo.

Luego de firmado el Acuerdo de Paz con las FARC, el país continua sufriendo las consecuencias del conflicto armado debido a la presencia de grupos armados ilegales, tráfico de drogas y disputas por el control del territorio. La población civil sigue enfrentándose al reclutamiento forzado, al control de las comunidades, a las amenazas y a los asesinatos selectivos. Lo anterior, ha obligado a más de 400.000 colombianos y colombianas a salir del país para salvaguardar sus vidas y las de sus familias, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en su ultimo informe 2016 sobre Colombia. Estimaciones no oficiales hablan de una cifra mucho más alta.

Joanna Castro es una de miles de colombianas y colombianos que han sufrido el destierro. Esta Vallecaucana tuvo que crecer en el exilio por causa de la violencia anti-sindical. Fidel, su padre, era un líder sindical. En 1996 cuando él se desempeñaba como Presidente del Sindicato de Trabajadores de Yumbo, luego de haber sufrido varios atentados y debido a las constantes amenazas recibidas contra su vida y la de su familia, decide buscar asilo en otro país: “yo recuerdo y estaba consiente del trabajo de mi padre y el riesgo en el que estaba, recuerdo cuando mis padres estaban decidiendo a que país teníamos que ir exiliados”, afirma Joanna.

Crecer

A sus 15 años de edad Joanna tuvo que dejar atrás su colegio, sus amigos y la posibilidad de vivir su juventud en Colombia, para asumir grandes responsabilidades no acordes a su corta edad, al convertirse en una parte fundamental de su familia -compuesta por sus padres y sus dos hermanas menores- en el momento en que llegaron a Suecia. Un país con una cultura y un idioma diferente, que planteaba un gran reto de comunicación y adaptación. Siendo Joanna la persona de la familia que con mayor rapidez aprendió el sueco, se convirtió en un miembro de la familia fundamental, pues era quien se encargaba de establecer las relaciones con las otras personas, acompañar a sus padres en todas las diligencias y labores de la vida cotidiana que requerían la interacción con otros:¨Si ellos iban a ir al médico, ir a donde una autoridad o pagar el alquiler, me necesitaban a mí para poder hablar la lengua, para llenar los formularios de las autoridades que llegaban a la casa. Todo eso me tocaba a mí¨.

Para mí el exilio ha sido una ruptura, una dualidad, ha sido blanco o negro, pero nunca ha sido en grises¨,  afirma, recordando lo difícil que fue el exilio para su padre quien como consecuencia del mismo, tuvo que alejarse de su trabajo sindical y de su proyecto político. Pero pasado un año, Fidel, su padre, no aguanto más el exilio. Las noticias que le llegaban desde Colombia eran desesperanzadoras, los titulares de la prensa hablaban del asesinato de otros dirigentes sindicales y amigos cercanos: ¨para mí como hija era difícil ver como mi padre sufría de esa manera y ver que su proyecto político terminara así, era muy duro¨.

 Es en este contexto en el cual el padre de Joanna toma la decisión dejar el exilio a su mujer y sus tres hijas y regresar solo a Colombia. Tiempo después, es asesinado.

En el exilio la soledad ronda, las personas llevan consigo sus historias, llevan el país con una eterna añoranza y muchas cosas más. Además, cuando las personas son exiliadas por razones políticas, la mayoría de las veces no pueden hablar o contarle a otras personas las razones por las cuales salieron del país, pues el miedo también los acompaña al nuevo lugar: ¨yo continué mi adolescencia en el exilio, y eso significa crecer entre muchas culturas diferentes a las de uno, los adolescentes suecos hablan de historias que yo no conocía, hacían chistes que yo no entendía, y ahí es cuando llega esa sensación de soledad¨, explica ella.

Envejecer

Poco a poco la memoria de Joanna se sacude y se estira. Recuerda que su madre al salir del país tenia 35 años y era contadora de profesión y al inicio se opuso al exilio como opción para preservar la vida. Pero las circunstancias y el riesgo al que estaba expuesto su esposo y la familia cada día aumentaba. Joanna recuerda ¨cuando salimos al exilio a Suecia la idea de ella era no quedarse, ella siempre pensaba en volver porque en Colombia estaba su vida y su familia¨. El exilio se fue convirtiendo en años y las maletas que permanecían empacadas para el retorno como un gesto que sostenía la esperanza de volver, en un momento de la vida, luego de varios años, fueron desempacadas totalmente.

¨Mi madre tuvo que pasar por cosas muy duras, primero aprender el idioma a su edad, luego cambiar de profesión y ya sin mi padre tuvo que sacarnos adelante¨, es por eso que como lo enfatiza Joanna, la soledad y dificultad en esos años de exilio se convirtieron en una experiencia tan difícil que envejecieron a su madre. Sin embargo, con el paso de los años, también se hizo evidente para la madre de Joanna, las oportunidades y apoyos que el gobierno sueco da a las mujeres cabezas de hogar y las personas en condición de exilio, que en cambio en su país de origen difícilmente existirían, empezando por garantizarles el derecho a la vida. ¨Mí madre entendió esas oportunidades que daba este país hacia las mujeres, y ella supo aprovecharlas, volvió a estudiar y pudo crear un círculo de amigos. Todo esto hace que desde hace varios años ella esté bien aquí después de más de 20 años de exilio¨.

Nacer

En la actualidad Joanna tiene una hija de 5 años cuyo padre es sueco. Su hija vive entre dos idiomas y dos culturas: la cultura materna que tanto ella como la abuela y las tías colombianas de su hija le enseñan; y por otro lado, la cultura sueca de la familia paterna. Pero la diferencia de la experiencia del exilio entre Joanna y su hija es que desde sus inicios esta nueva generación crece en el país de acogida. En el caso de Joanna, ella era consciente que la salida del país de su familia era forzada a causa del trabajo político de su padre, ¨la persecución era contra mi padre, sin embargo el exilio también fue para mi, yo viví una situación y en un entorno social al que pertenecía y fui arrancada de raíz, fue un exilio al que yo también estuve expuesta¨.

En contraste, la hija de Joanna no vivió directamente los hechos que llevaron al exilio a su madre y su familia y por lo tanto existe un gran reto para que su hija conozca su memoria y no olvide la cultura de donde proviene y las razones por las cuales parte de su familia llegó a Suecia. ¨Mi hija va a la guardería y sus compañeritos la mayoría son suecos, pero para mi es importante que tenga la cultura colombiana también, por eso yo le canto y le leo cosas que a mi me leían cuando yo estaba pequeña¨.

Para Joanna sus raíces culturales son una riqueza y a través del exilio ha comprendido que esa riqueza esta compuesta también por las distintas historias de vida de aquellos colombianos y colombianas que han tenido que salir de su país. Por lo tanto como madre de segundas generaciones nacidas en el exilio, quiere que este legado sea conocido por su hija: ¨mi hija está en Suecia desde siempre, yo quiero que crezca con esas dos culturas y cuando este más grande, poderle contar toda nuestra historia¨.