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Hacer Memoria antes de Google. La Historia Oculta de la Historia Oculta

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HACE 30 AÑOS, SEMANAS DESPUÉS DEL PLEBISCITO DEL 5 DE OCTUBRE DE 1988, EL DIARIO LA ÉPOCA PUBLICÓ EL ÚLTIMO FASCÍCULO DE “LA HISTORIA OCULTA DEL RÉGIMEN MILITAR”, LA MÁS COMPLETA INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA ESCRITA SOBRE LA DICTADURA. LANZADA LUEGO COMO LIBRO, LA OBRA SE CONVIRTIÓ EN UN CLÁSICO DEL GÉNERO. UNA ENTREVISTA CON SUS TRES AUTORES -REALIZADA POR ACADÉMICOS DE LA ESCUELA DE PERIODISMO UDP-, ENTREGA DETALLES INÉDITOS SOBRE CÓMO LOGRARON REPORTEAR LA TRASTIENDA DE PINOCHET EN EL PODER.

 

 

-Dame un pucho -dijo el conscripto- No he fumado en todo el día.

-¡Nada de cigarrillos! -gritó un suboficial, a cierta distancia-. Mi general dijo que ni una luz.

El diálogo ocurre la madrugada del 12 de septiembre de 1973, entre soldados que custodian los escombros humeantes de La Moneda. En Santiago reina el toque de queda y los conscriptos están cansados y nerviosos.

Así parte “La historia oculta del régimen militar”, la investigación periodística que cubre los 17 años de la dictadura de Pinochet, desde las violaciones a los derechos humanos hasta las soterradas disputas entre los miembros de la junta. La obra fue lanzada por primera vez hace 30 años, en el desaparecido diario La Epoca, mediante fascículos semanales que culminaron con la cobertura del plebiscito del 5 de octubre de 1988.

Los autores eran los periodistas Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda, tres compañeros de carrera en la Universidad de Chile que, en las postrimerías del régimen, trabajaban en La Epoca como editores. Amigos, voraces lectores y cinéfilos, se propusieron hacer un relato rigurosamente periodístico, aunque con giros literarios acotados que lo intensificaran. Así surgió la idea de partir con la escena de los soldados custodiando La Moneda destruida. Luego, la trama va ampliando el foco hasta graficar en toda su magnitud la tragedia del quiebre democrático.

Se propusieron escribir unos 25 capítulos, robándole tiempo a la frenética labor periodística de esos días. Para no verse “pillados” por la contingencia, tenían listas cuatro o cinco entregas cuando el primer capítulo se publicó con el diario. Pero muy pronto estaban sobrepasados, cerrando los fascículos el día antes. De los 25 capítulos proyectados escribieron más de 50, el último de ellos con detalles de cómo la noche del 5 de octubre un amargado Pinochet, en La Moneda, se vio obligado a aceptar la derrota. La obra completa ha sido reeditada varias veces como libro.

Hace algunos años, a instancias de dos periodistas e investigadores de la Escuela de Periodismo UDP, los tres autores hablaron por separado de esa experiencia. El resultado es esta entrevista a tres voces sobre una de las investigaciones periodísticas más emblemáticas de la historia chilena reciente. Un extracto de este registro fue publicado el domingo 30 de septiembre en Reportajes del diario La Tercera. Acá su versión completa.

¿Cuando decidieron escribir esta serie tenían algún modelo o referente periodístico que se acercara a lo que querían hacer?

A. Cavallo: Acá en Chile no, que yo recuerde. Sí teníamos claro que había que hacer un relato que requería de ciertos giros literarios muy acotados. Por ejemplo, partir con detalles y ampliar el foco, que técnicamente es un recurso no periodístico.

M. Salazar: Tengo la impresión de que un referente fue un trabajo que habían hecho años atrás las periodistas Marcela Otero y Malú Sierra en la revista Hoy, el primer reportaje en la prensa chilena sobre los detenidos desaparecidos y la DINA. Era un trabajo por capítulos estupendo y que tenía un nombre parecido. A nosotros desde el comienzo nos pareció que lo que debíamos hacer era contar de otra manera lo ocurrido durante la dictadura, desde sus inicios hasta donde llegásemos. Yo tenía la formación de la agencia UPI. Cuando tú escribes para agencias internacionales redactas textos que tienen entre tres mil y ocho mil caracteres, no más. Y tienes que privilegiar el color, los datos pasan a ser un anexo. Lo que importa es el relato, que sea una buena historia. Algo muy propio del periodismo anglosajón.

O. Sepúlveda: Los tres somos de la misma generación de la Escuela de Periodismo de Universidad de Chile, pero hasta donde recuerdo no teníamos ningún referente como guía. Nunca por lo menos lo conversamos (…) La idea era hacer una obra novedosa, recrear los hechos a través de imágenes que pudieran acercar al lector a la trama, para que no fuera tan árida. Como si estuviera viendo una película. Los tres éramos buenos lectores, nos gustaba el cine. Eso influyó.

¿Manejaban las técnicas del periodismo de investigación de manera sistemática o intuitiva?

M. Salazar: De una forma más sistemática, por nuestra trayectoria profesional. Los tres empezamos a trabajar en periodismo por ahí por 1978 y ya llevábamos casi 10 años cuando empezamos la serie. Era una época durísima donde aprendías mucho. Tenías relación con periodistas extranjeros que venían a Chile, gente que te enseñaba mucho.

A. Cavallo: No tuvimos ramos del periodismo de investigación en la universidad, pero teníamos muy claros los estándares del periodismo de investigación norteamericano. No es que los aplicáramos todos, pero sabíamos que había procedimientos como los del caso Watergate en el Washington Post. Yo por lo menos me acuerdo de haber tenido esa conciencia de cruce de fuentes desde bastante temprano en mi carrera.

“A LOS 15 Ó 20 CAPÍTULOS ESTÁBAMOS PILLADOS”

¿Hicieron una capitulación previa antes de lanzarse a escribir?

O. Sepúlveda: Hicimos un esqueleto inicial. Al comienzo definimos unos 25 capítulos, pero terminamos con más de 50. El libro tiene una estructura que se justifica sólo por la forma en que fue hecho: a medida que íbamos investigando se nos completaba el cuadro. Por eso trabajamos mucho con flashbacks, porque nos surgían datos sobre temas que ya habían quedado atrás. Entonces, en capítulos posteriores teníamos que volver a profundizar aspectos valiosos.

M. Salazar: Hicimos una primera capitulación antes de reportear nada. Logramos el visto bueno del director del diario [Emilio Filippi] y creo que trabajamos menos de un mes preparando los cuatro o cinco primeros capítulos antes de publicar la serie.

A. Cavallo: Incluso, cuando partimos no estaba clara la fecha del plebiscito, pero ya habíamos anunciado a los lectores que la serie llegaba hasta ahí. Estuvimos trabajando un mes o algo más en hacer entrevistas y reuniendo papeles, pero a ciegas. En general no sabíamos lo que andábamos buscando. Recuerdo haber ido a entrevistas donde preguntaba: “Oiga ¿qué pasó el ‘75 en general?”. Tengo la idea de que alcanzamos a producir unos 3 ó 4 capítulos antes de partir, como colchón para que no nos pillara la máquina. Pero ya a los 15 ó 20 capítulos estábamos pillados, cerrando capítulos el día anterior.

¿Cómo repartieron el reporteo y la escritura?

M. Salazar: Nos guiamos por los temas que habíamos reporteado cada uno hasta ese momento. Yo me hice cargo de los temas de derechos humanos, represión e izquierda. Ascanio Cavallo tomó la política palaciega y los partidos que estaban relativamente institucionalizados en los ‘80, como la DC. Oscar Sepúlveda tomó las relaciones internacionales y otros asuntos similares. Todos nos hicimos cargo de capítulos específicos, pero gracias al background de cada uno también aportábamos a los capítulos de los otros. Si Oscar, por ejemplo, estaba trabajando en tal tema, lo que teníamos Ascanio y yo al respecto lo dejábamos en su carpeta y también le aportábamos fuentes. Eso fue posible fundamentalmente por nuestra relación de amistad y confianza.

A. Cavallo: Manuel Salazar tomó todo lo que era la represión de la izquierda, la subversión y los temas de derechos humanos, una línea que parte con el exterminio del MIR y que termina con el FPMR. Oscar tomó temas de relaciones exteriores como el Filipinazo y episodios políticos como la venida del Papa Juan Pablo II a Chile. Yo tomé los temas relacionados con fuerzas armadas e itinerario político.

O. Sepúlveda: Cuando uno entrevistaba a una fuente salía con mucha información, porque la idea era aprovechar cada entrevistado para sacarle toda la información posible sobre el periodo que la fuente conocía. Después carpeteábamos los datos y hacíamos una división de antecedentes. Entonces, junto con iniciar este temario con estos 25 capítulos iniciales, empezamos a repartirnos los temas: “Tú te encargas de estos cinco capítulos, tú de estos otros cinco”. Con la Iglesia Católica repartimos más las cosas. Yo trabajé muchísimo en los capítulos finales de la venida del Papa. Ascanio trabajó bastante el rol que jugó la Iglesia en los inicios del régimen.

BUSCAR SIN GOOGLE

¿Qué tan importante fue el trabajo previo de recopilación de información?

M. Salazar: Es fundamental en este tipo de periodismo. Tienes que verlo y tenerlo todo. Hace unos años un periodista tuvo problemas con un empresario, Julio Ponce Lerou, porque publicó una información usando como base un reportaje de la revista Cauce de los años ’80. El periodista no captó que al número siguiente la revista tuvo un desmentido de Ponce Lerou. Se quedó sólo con el reportaje original y no revisó sus reacciones. Eso es muy frecuente.

A. Cavallo: Nos dimos cuenta que había mucha información publicada en los diarios. En El Mercurio, por ejemplo, salían parrafitos de enfrentamientos entre la subversión y los aparatos de seguridad. Entonces, uno podía saber datos como la fecha y el lugar. Era largo de hacer, sin google, con archivos de papel. Ocupábamos el archivo de La Época y también la Biblioteca Nacional. Además, ocupábamos archivos de la Iglesia Católica sobre derechos humanos. La Vicaría de la Solidaridad había publicado varios libros y documentos resúmenes muy ordenados. Entre las revistas era especialmente valiosa Qué Pasa, que tenía una sección llamada Ojos de la Llave con mucho material. Después, en los ’80 la sección política de Qué Pasa se puso muy valiosa. Ahora, siempre eran más indicios que información procesada. Obviamente, también hay que contar las revistas que surgieron en los ’80: Hoy, Apsi, Análisis.

O. Sepúlveda: Había que recorrer desde El Mercurio hasta la revista Análisis.

¿Los archivos de la Vicaría fueron los más valiosos a los que tuvieron acceso?

M. Salazar: En el tema de los derechos humanos a lo mejor, aunque en ese ámbito también logramos hablar con protagonistas, gente que por ejemplo había estado clandestina. Además, accedimos a otros documentos completamente desconocidos en ese tiempo: decretos, comisiones legislativas, mucha información policial de Investigaciones. Yo creo que durante varios años se acostumbró en Chile a utilizar las investigaciones judiciales sobre casos emblemáticos para hacer libros. Tomabas el proceso judicial y escribías el libro. Nosotros nos resistíamos a eso. Íbamos más allá del dato frío. Para nosotros también era importante saber contar la historia.

¿Hubo libros que les resultaran valiosos?

A. Cavallo: Hubo uno que nos dio mucho material, “El General Disidente”, de Florencia Varas [Editorial Aconcagua, 1979]. Tenía indicios de hechos que luego reporteamos y resultaron ser grandes. Además, tuvimos acceso a prácticamente todos sus protagonistas. Obtuvimos documentos como las cartas de la crisis al interior de la junta militar, con motivo de la consulta de 1978 [en capítulo 18, Asonada en diciembre, cuando Pinochet decidió hacer una consulta a la ciudadanía para rechazar la condena de la ONU a Chile por la situación de los derechos humanos, lo que fue resistido por el general Leigh]. Otro libro importante es “Asesinato en Washington”, de John Dinges y Saul Landau [Assassination on embassy row, Editorial Pantheon, 1980].

Resultado de imagen para “El General Disidente”, de Florencia Varas [Editorial Aconcagua, 1979]

“ERAN MAYORITARIAMENTE FUENTES DE GOBIERNO”

¿Cómo consiguieron que fuentes del propio régimen hablaran para este proyecto?

O. Sepúlveda: A nuestros primeros entrevistados les contábamos que íbamos a cubrir una serie de hechos que la prensa de la época había omitido. Toda esta gente en general entendió, y a eso probablemente contribuyó que los primeros capítulos tuvieran un cierto peso, un cierto tono que influyó mucho: cuando empezamos a publicar, las fuentes se multiplicaron.

M. Salazar: En el contexto político del momento, parte importante de la derecha estaba muy dispuesta a la transición. Hubo gente de ese sector que nos ayudó harto, incluso a convencer a otras fuentes para hablar. Otro actor importante fue la Iglesia Católica, partiendo por el cardenal Raúl Silva Henríquez. Esto hizo que personas que nunca imaginamos nos hablaran. Eso sí, con el compromiso ya claramente establecido después de ver los primeros capítulos de que el resguardo de la fuente no se iba a romper.

¿Cuántos entrevistados tuvieron en total?

A. Cavallo: Hasta donde recuerdo eran cerca de 140 personas, aunque las horas de grabación eran muchas más. Eran mayoritariamente fuentes de gobierno. En segundo lugar venían los entrevistados de oposición. Sobre estas últimas, evitamos en lo posible hablar con los dirigentes de primerísimo nivel, salvo para chequear información. Si no, convertíamos la trama en una suerte de santería civil y nuestro foco era el gobierno.

O. Sepúlveda: Mi cálculo es que usamos cerca de trescientas fuentes, aunque es una estimación mía, que los demás autores no tienen necesariamente que compartir.

¿Por qué optaron por usar casi exclusivamente fuentes en “off the record”?

M. Salazar: Antes de que los primeros capítulos salieran nos encontramos con bastante gente que estaba dispuesta a hablar, pero que no quería ser mencionada. Nosotros en La Época teníamos un manual de estilo, que decía que todas las fuentes debían citarse, salvo en casos extraordinarios. Pero el libro partía con los primeros años de la dictadura, los más complicados. Y al empezar a reportear la mayoría de la gente no quería aparecer con su nombre. Ese era un lío, por lo que decidimos no poner fuentes, salvo alguien que pidió expresamente ser mencionado: el abogado Jorge Ovalle Quiroz [asesor del comandante en jefe de la Fach, Gustavo Leigh].

A. Cavallo: Si poníamos un episodio con fuentes y otro sin fuentes el primero iba a ganar fuerza en desmedro del otro. Además, trabajamos sobre la convicción de que en el ambiente de la época pretender tener sólo fuentes en on the record era una demencia. Ahora, la inmensa mayoría de las entrevistas las grabamos en cintas, no obstante ser pactado en off the record.

O. Sepúlveda: Había gente que no tenía problemas en que citáramos su identidad, pero se trataba de casos en que nosotros teníamos información que avalaba lo que nos decían. Sin embargo, la mayoría te pedía inmediatamente el off the record como condición para hablar.

¿Qué reglas utilizaban para trabajar con fuentes en off the record?

O. Sepúlveda: Teníamos clarísimo el principio ético básico de no revelar jamás a una fuente en la investigación, ni al conversar con otros entrevistados ni en el texto. Tampoco quisimos nunca confundir nuestra misión de periodistas con la de un investigador policial, ni hacer denuncias en los tribunales ni arreglar cuentas con la historia. Simplemente ser testigos y retratar.

A. Cavallo: Nosotros nunca hemos dicho quiénes nos hablaron, pero una vez Mónica Madariaga [ex ministra de Justicia y Educación de Pinochet, fallecida en 2009], al presentar sus propias memorias, dijo: “Yo quiero decir que fui una fuente”. Con ella la cantidad de horas de grabación fue inmensa. Y ella siempre partió sobre la base de que no revelaríamos unilateralmente su identidad.

¿Qué resguardos tomaron para evaluar la información de las fuentes “en off”?

M. Salazar: Para reproducir un hecho delicado había que encontrar tres fuentes distintas que contaran la historia de una manera aproximada. Ahí entraba el recurso de la novelización de la trama: darle atractivo y estilo al relato, lo que a mi juicio fue un acierto.

¿En qué episodios requirieron de tres fuentes para chequear la información?

M. Salazar: Uno de los episodios más comentados es una reunión del círculo más pequeño de Pinochet, donde Pinochet golpea una mesa de vidrio y la rompe, en medio de una pelea con el general Gustavo Leigh [en el capítulo 3, Fractura en el piso 22]. En esos momentos el episodio era bastante difícil de creer. Ahora, especialmente para la gente que tiene cierto manejo en estos temas, se puede identificar qué fuentes hablaron, pero en ese momento era súper complicado, porque las fuentes eran muy restringidas.

A. Cavallo: Al narrar el viaje fracasado de Pinochet a Filipinas, Oscar Sepúlveda logró reconstruir visualmente detalles inimaginables. Incluso llegó con una foto de la placa de auto que iba a usar Pinochet en esa visita.

En algunos pasajes ustedes omiten información, como en el capítulo 14, “Los años de gloria de la DINA”, donde no ponen los nombres de las empresas proveedoras de la DINA porque no tenían la certeza de que esas firmas supieran que trabajaban con ese organismo.

M. Salazar: Me parece que uno debería dejar espacio para la duda cuando no hay certeza. Decir: “Hay fuentes que dicen esto, pero nosotros no fuimos capaces de saber si es verdadero”. Ese tipo de aclaraciones nosotros tres la compartimos hasta ahora. Probablemente otros periodistas también. Pero muy pocos medios te permiten hacer eso. Los medios quieren acercarse al máximo a la verdad y eso no siempre se logra.

UNA DELEGACIÓN DE LA DINA EN EL DIARIO

¿Dónde se reunían con fuentes confidenciales como ex miembros de la DINA u oficiales de Ejército?
M. Salazar: En los lugares más extraños, lo que es típico de esa clase de fuentes. Por ejemplo en una plaza, con un tipo que se te acercaba y te decía: “Caminemos”. Me acuerdo de haberme juntado con una fuente en la ribera del Mapocho, con el tipo súper nervioso. O cuando hablabas con la ultraizquierda, que te hacían subirte a un auto y te llevaban para acá y para allá.
A. Cavallo: Hicimos el quinto capítulo del libro sobre la DINA, Las cuatro letras del miedo. Era un capítulo con información más o menos pública, a la que sumamos antecedentes inéditos de Manuel Salazar. Pero luego de publicarlo nos llamaron ex agentes de la DINA, quejándose porque no les habíamos preguntado. Entonces, hicimos otro capítulo, Dina: los años de gloria, con los datos aportados por una delegación de ex agentes que llegó al diario. Los ex DINA sentían que habían tenido que hacer el trabajo sucio, pero que el modelo económico lo estaban disfrutando otros. Se suele olvidar que la DINA tenía un modelo económico propio. Su división económica había investigado a los grupos empresariales, a los ricos, no a los pobres. Entonces, estos entrevistados estaban preocupados de reivindicar esa parte. Pero como eran bastante toscos, de paso te contaban una cantidad de brutalidades desconocidas. Con mucho orgullo nos contaron que tenían bajo control a todos los embajadores que vinieron a la Sexta Asamblea de la OEA en Santiago [1976], gracias a la “compañía” de sus mujeres de la Brigada Femenina.

¿Hubo información que no lograron chequear y publicar o que omitieron por posibles represalias?

O. Sepúlveda: Más que omitir información por posibles represalias, lo hicimos por falta de unanimidad nuestra en la credibilidad de las fuentes. O cuando no había pruebas suficientes.

A. Cavallo: Teníamos indicios sobre quién era un personaje muy, muy importante del régimen al que le decían el “Cara de Jote” y que presenció continuamente actos de tortura. No estoy seguro si no lo confirmamos completamente, o si preferimos no inferir una acusación tan grave.

En el libro sugieren cosas sin decirlas claramente. Una de ellas es cuando a Pinochet le cancelan la visita a Filipinas y su comitiva debe volver. El libro dice que mientras el avión retornaba, en el entorno de Pinochet se temió seriamente por la estabilidad del régimen. ¿Por qué no dicen derechamente que Pinochet temió que le hicieran un golpe en Santiago?

A. Cavallo: En ese caso se trata de una especulación que recorrió a la comitiva. Si hubiéramos dicho “golpe de Estado” habríamos tenido que precisar. Lo mismo ocurre después, en 1986, luego del atentado en el Cajón del Maipo, en que hubo un par de horas en que Pinochet buscó detectar desde dónde podría venir el complot.

O. Sepúlveda: Uno no puede asegurar lo que pasa por la mente de un personaje. Uno a lo más sugiere lo que podría estar pensando.

“HASTA A DÓNDE VAN A LLEGAR”

¿Hubo presiones cuando comenzaron a salir los primeros capítulos?
M. Salazar: Publicado el primer capítulo el director del diario recibió una llamada del general Santiago Sinclair, entonces vicecomandante en jefe del Ejército, quien le preguntó: “Queremos saber hasta a dónde van a llegar”. Y Emilio Filippi le explicó lo que pretendíamos, que no queríamos victimizar ni culpar a nadie.
A. Cavallo: Yo creo que si nos hubiéramos metido más con los políticos civiles los problemas hubieran sido mayores.

En varios pasajes relatan reuniones de Pinochet con su entorno más estrecho. Incluso, describen sus estados de ánimo y rabietas ¿Cómo lograron ese grado de descripción?

O. Sepúlveda: La gente en esa época sentía que estaba viviendo la historia. Había fuentes muy locuaces, como Mónica Madariaga, cuya colaboración podemos revelar ahora que murió. Cuando estas versiones coincidían con, por ejemplo, la de un general que te decía “efectivamente así fue”, podías reconstruir episodios y climas internos. Los diálogos reconstruidos reflejan ese tono y esa tensión. Obviamente, eran diálogos y escenas que no tenían una fidelidad total, porque no había grabaciones de las reuniones de Pinochet con sus ministros y generales.

A. Cavallo: Siempre he pensado que si Pinochet hubiera sabido con quienes hablábamos habría hecho una razzia, desde el vicecomandante en jefe del Ejército hacia abajo. A mí Sergio Fernández me prohibió la entrada a La Moneda cuando volvió en 1987 [como ministro del Interior de Pinochet, para enfrentar el Plebiscito]. Igual era una prohibición que tampoco causó tanto efecto, porque no tenía cómo saber que seguía teniendo fuentes en La Moneda.

O. Sepúlveda: Tuvimos reuniones con ministros en La Moneda. Ellos tenían respeto por nuestro trabajo, más allá de que no compartieran la visión de nuestro diario. Nos tenían cautela y reserva, pero al mismo tiempo confianza. Probablemente preferían asumir el riesgo de hablar con nosotros para que su versión fuera recogida. Ellos también tenían que cubrir sus espaldas, porque era un periodo en que todo el mundo se movía muy sigilosamente. Era importante para un ministro de Pinochet dejar su versión para la historia. Era frecuente la gente que decía: “Mire, yo estuve aquí, pero en esto otro donde me han mencionado no estuve por tal y tal razón”. Aclarar los límites de la participación personal era bien típico.

¿Cuáles creen que eran las motivaciones que tenían autoridades del régimen para convertirse en fuentes del libro?

O. Sepúlveda: Querían ser escuchados. Nos decían algo así como: “Nos parece seria la forma en que están trabajando, sé que en algún momento van a tocar algún periodo en el que yo participé y quiero que escuchen mi versión, que no pretende ser la verdad, pero sí un aporte”.

M. Salazar: Hubo autoridades del régimen y gente muy cercana a Pinochet, que estuvo muy dispuesta a conversar, aunque sólo sobre algunas cosas. Porque hubo gente que puso esta condición: “Hablamos, pero sólo de esto, nada más que de esto”. Con el tiempo uno se da cuenta que en esa actitud había un cálculo: “Este gobierno se acaba y por lo tanto me tengo que acomodar a los cambios”.

¿Qué motivos tuvo Mónica Madariaga para hablar?

A. Cavallo: Mónica Madariaga venía bastante de vuelta. Peleó mucho con los militares cuando era ministra. A los almirantes les molestaba que fuera mujer. Incluso, cuando ella asumió en Justicia, el almirante Merino obligó al subsecretario, que era marino, a que renunciara, porque “a un marino no lo podía mandar una mujer”. Los generales de Ejército se cruzaron con ella cuando asumió en Educación y empezó una campaña interna y luego pública contra los rectores militares en las universidades. Una vez ella declaró: “Yo pedí que me dejaran dirigir un regimiento y todavía no me dan autorización”. Pinochet debió darse cuenta que ella se estaba convirtiendo en un problema.

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PINOCHET: “A ESTOS CABROS LES FALTA LA MITAD”

¿Se percataron en el reporteo si Pinochet rastreaba las filtraciones a la prensa?
O. Sepúlveda: Yo creo que tenía sus métodos, aunque no inició ninguna persecución específica con nosotros, porque el libro también le interesó a él. Así me lo dijo un general: “Mi general empezó a leer los fascículos, dijo que estaba bien pero que a estos cabros les falta la mitad”.¿Pidieron una entrevista con Pinochet?
O. Sepúlveda: A través de esa misma gente con la que hablábamos le pedimos entrevista, pero no resultó.

¿Qué ocurrió cuando aparece el primer capítulo?
A. Cavallo: Pensábamos que se cerrarían todas las fuentes. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Cuando entre el segundo y tercer capítulo se percibió que era una obra cronológica, empezó un fenómeno. Había gente que nos llamaba para decirnos: “Cuando lleguen al ‘78 hablen conmigo”. Eso es algo totalmente normal, de reivindicación histórica. Un protagonista nunca quiere que la historia se escriba demasiado en contra suya. Y empezaron a entregarnos documentos, material que en general buscaba reivindicar la propia función de la fuente. Pero como mucho de ese material tenía información objetiva, nos servía.
O. Sepúlveda: Probablemente aportó el tono y la seriedad del trabajo. Además, en ese momento la gente sentía menos miedo de contar las cosas. Quizás cuatro años antes un proyecto así no hubiese tenido el mismo resultado.
M. Salazar: Hubo gente del régimen militar que inicialmente se mostraba reacia a colaborar, pero después del primer capítulo eso cambió. Era gente que de alguna manera quería abrirse un espacio, que suponía que La Época iba a tener un papel relevante en la transición. Muchos ya sospechaban a mitad del ‘88 que el plebiscito lo perderían y ya se estaban imaginando los escenarios políticos posteriores. Entonces, hubo gente del régimen y de la derecha que llamó para contar episodios pequeñitos, pero que eran útiles para calzar piezas mayores.

CONTRA EL TIEMPO Y A TRES MANOS

¿Cómo se editaban entre ustedes?
A. Cavallo: Nos repartíamos alternadamente la redacción de los capítulos semanales, para que a nadie le tocara publicar dos capítulos seguidos. Por esa razón técnica los temas están un poco alternados. La idea era que los otros dos revisaran, pero a la altura de los capítulos 12 ó 13 nos fue quedando menos tiempo para eso. A la altura de mayo o junio de 1988 estábamos en una crisis absoluta, despachando semana a semana cada capítulo.
O. Sepúlveda: Teníamos libertad para opinar todo sobre el capítulo del otro, rayando o aportando antecedentes si creíamos que faltaban. Nos entendíamos bastante bien.
M. Salazar: Uno escribía un capítulo y se lo pasaba a otro. Ese otro editaba, agregaba datos y se lo pasaba al tercero. Eso le dio a La Historia Oculta un estilo de narración particular, unificado, y también permitió profundizar ciertas aristas y eliminar otras.

Llama la atención el estilo visual del libro, que privilegia las escenas y la reconstrucción de diálogos por sobre el análisis.
O. Sepúlveda: Cuando cada uno se hizo cargo de escribir sus capítulos y luego cruzamos los borradores eso nos gustó y decidimos aplicarlo sistemáticamente. Nos parecía más entretenido que recurrir al tono del cientista político.
A. Cavallo: Grabábamos a nuestros entrevistados para no tener que tomar apuntes. Así se privilegiaba la reconstrucción de diálogos y escenas. Era la única forma posible de llegar a eso. En Chile tenemos una oralidad muy visual, muy rica para reconstruir diálogos y situaciones.

¿Cómo compatibilizaban la escritura con su labor en el diario?
O. Sepúlveda: Hacíamos la pauta del diario en la mañana y luego pensábamos en las entrevistas para la serie. Si surgían entrevistas largas yo, como editor político, me apoyaba mucho en mi sub-editor, Rafael Fuentealba. En esos días llegaba de vuelta a las siete de la tarde, para revisar la edición y decidir con Rafael los cambios para la edición nocturna. Entre las 10 y las 12 de la noche retomaba el libro, dependiendo de lo atrasado que estuviera. Como a la una de la mañana nos íbamos con Ascanio y Manuel a conversar sobre los capítulos siguientes, tomando alguna cerveza. Estuvimos un año completo en eso.
A. Cavallo: Escribíamos los capítulos en los computadores del diario, que tenían un sistema infernal. Primero, el servidor generaba un calor espantoso y había que mantenerlo en una pieza con hielo para que no se cayera. Segundo, no podías llevarte información para trabajar en la casa. Un viernes Oscar Sepúlveda estaba escribiendo un capítulo sobre la visita del Papa, que tenía que cerrar como plazo máximo el lunes a las seis de la tarde, para publicarlo el martes. Y ese viernes se cayó el sistema y se perdió todo. El lunes hubo que reescribir el capítulo. No alcanzamos a sintetizar. Esa es la explicación de por qué hay tres capítulos del Papa y no uno en la primera edición del libro. De hecho, la visita del Papa fue la única corrección a fondo que nos permitimos en ediciones posteriores: redujimos los tres capítulos originales a dos.

¿Cómo discriminaban qué información iba para el libro y cuál para el diario?
A. Cavallo: Cuando la serie comenzó a salir, en diciembre de 1987, los contenidos estaban muy distanciados de la coyuntura. Pero el capítulo sobre el plebiscito, que es el último, se publicó en diciembre de 1988, sólo dos meses después del triunfo del No. Entonces, en ese reporteo fuimos topándonos con información que servía para el diario. Por ejemplo, tuvimos la duda de hacer un reportaje para el diario sobre el papel clave del miembro del Tribunal Constitucional Eugenio Valenzuela Somarriva, un jurista de derecha, en las leyes políticas que permitieron que el plebiscito fuera una competencia limpia. Pero ese tema era demasiado académico para el diario. Al final, el rol de Valenzuela fue en el libro [en el capítulo penúltimo, La invisible trama del voto].
M. Salazar: Había gente del régimen militar que discrepaba de la campaña por el Sí y que nos habló mucho. El problema era si usar eso en el diario o en la serie. Además, debíamos tener cuidado de no ser utilizados. Creo que probablemente hay un cierto bajón en el aspecto dramático de La Historia Oculta a mediados del ’88, porque cada vez nos ocupaba más tiempo el diario y no era tan entretenido contar la trama legalista, de los decretos sobre el plebiscito. Había que hablar con expertos. A Ascanio Cavallo le gustaba más eso que a mí, pues yo pensaba que perdíamos masividad.

BUCEANDO EN LAS PUGNAS INTERNAS

¿Cuáles creen que fueron los grandes méritos del libro?
O. Sepúlveda: Transmitir el clima interno al interior del régimen militar, algo sorprendente para su tiempo. Fue valioso describir todas las disputas de Pinochet con sus propios colaboradores, con la propia junta de gobierno. Eso fue un aporte, porque en el mundo de la oposición había menos secretos. El cómo se formaba una organización sindical o cómo se organizaba una protesta, era menos impresionante que saber cómo había peleado Pinochet con el general Leigh.
M. Salazar: Hay algo súper importante para el momento en que salió la serie, pero que lamentablemente no fue recogido en las ediciones del libro: las fotos. Ahí hubo un aporte gráfico que resultó estremecedor. En el primer capítulo venían fotos del Estadio Nacional, con prisioneros desnudos. Había gente que no lo podía creer. Esas fotos están tomadas de un libro que se publicó en la RDA de un famoso documental. Y había también muchas fotos que eran desconocidas porque no se habían podido publicar en los medios. Oscar [Sepúlveda] consiguió la patente del vehículo que iba a usar Pinochet en Filipinas. Esa foto fue la que abrió el capítulo sobre el tema.¿Cuáles son sus capítulos favoritos?
A. Cavallo: Me gusta mucho el capítulo de Filipinas [Filipinazo, capítulo 27], una historia que estaba completamente virgen y que quedó muy bien detallada y escrita. Otro es el que narra la destitución del general Leigh, que los propios militares me comentaron que tenía detalles impresionantes [La caída de Leigh, capítulo 22]. También me gustó el capítulo de la llegada del Papa [El Papa pisa Pudahuel, capítulo 49]. El capítulo sobre el plebiscito creo que está bien [5 de octubre, capítulo 53], porque fue la primera interpretación global del plebiscito, aunque a ratos se pierde en detalles obsesivos. De este último me acuerdo de la escena en que el ministro Fernández dice que el 43% logrado por Pinochet es un triunfo, y el general Fernando Matthei le pregunta “dónde está la champaña”. Esa escena apareció casi al mismo tiempo en La Época y en Qué Pasa, pero nadie había explicado en qué contexto fue, qué estaba pasando con Pinochet.
M. Salazar: Me gusta el primer capítulo [Los días del “poder total”]. Muestra lo que va a ser el libro, rompe con todo lo que se ha hecho hasta ese momento en prensa escrita y abre una ventana. En general, rescato los recursos literarios que usamos, que creo que tiene que ver con la experiencia de reporteo que echo mucho de menos en los periodistas de hoy. Cada uno de nosotros tuvo que hacer el servicio militar cinco años antes de que recién te pusieran una jineta. Hoy los periodistas jóvenes quieren hacer frentes de inmediato, y que les paguen bien o se van.
O. Sepúlveda: Me gustan los capítulos sobre el funcionamiento de la DINA [capítulos 5 y 14: Las cuatro letras del miedo y Dina: los años de gloria]. Después, los que narran la destitución del general Leigh y el Filipinazo.

¿Qué debilidades tiene el libro?
M. Salazar: Probablemente faltó profundizar en temas que tienen que ver con mis obsesiones personales. Temas como los derechos humanos, las negociaciones al interior de la izquierda, las relaciones del PC con la Unión Soviética y con Fidel, aunque quizás todo eso sea materia de otros libros.
A. Cavallo: Creo que el libro tiene un cierto desequilibrio estructural, lo que quizás tenga que ver con el método de trabajo, pero echo de menos un reporteo más profundo a los años 1974 y 1975, que cubrimos muy rápido. En cambio, 1978, 1981 y 1982 están muy detallados. También creo que por razones de urgencia renunciamos muy rápido a episodios que deberíamos haber profundizado, como la investigación sobre la muerte del niño Rodrigo Anfruns, que quedó como subcapítulo. Pudimos haber entrado más en eso; teníamos cómo hacerlo.
O. Sepúlveda: Una debilidad es cierto desorden cronológico, por los flashbacks. Lo que pasa es que esto no fue pensado en un principio como libro. No trabajamos un año entero como una unidad para después publicarlo. Y eso es un problema.

“¿QUÉ CRESTAS ME ESTÁ PREGUNTANDO?”
(Cavallo y el reporteo en democracia)

Ascanio, diez años después usted intentó una fórmula muy similar: otra serie por entregas, “La historia oculta de la transición”, que también acabó como libro.
A. Cavallo: Lo que pasó ahí fue la misma situación. En 1995 renuncié a La Época y me fui a revista Hoy. Pero para 1997 los dueños de Hoy estaban peleados entre sí y nadie aportaba capital. Como no teníamos ingresos, la única forma era aumentar la circulación con un gancho artificial. Nos decidimos por la fórmula de una nueva serie periodística por capítulos. El problema es que más adelante la negociación con el potencial comprador, en este caso Radio Cooperativa, se desplomó…

¿Qué diferencias tiene “La historia oculta de la transición” con “La historia oculta del régimen militar”?
A. Cavallo: Estábamos en una democracia bien secretista. Tal vez era más fácil que antes hablar del gobierno, pero estaba todo el tema de la convivencia con el mundo militar. De hecho, los capítulos que para mí son centrales tienen que ver con Punta Peuco, el Boinazo. La tesis de este libro es que la transición terminaba con la salida de Pinochet de la Comandancia en Jefe, porque él sustentó su poder no en la Presidencia de la República, sino en el Ejército. Algo que sostengo todavía. Por lo tanto, era un periodo que tenía un límite bien nítido: 1990-1998. Además, tenía mucho más clara la estructura de capítulos, qué temas había que tocar.

¿Qué diferencias hay entre esos dos libros y el que escribió entre uno y otro, “Los hombres de la transición”?
A. Cavallo: Los Hombres de la Transición es bastante más literario. En él traté de retratar a un grupo de personajes que se juntaba en el Congreso en marzo de 1990, cuando Pinochet le entregó la banda presidencial a Patricio Aylwin. Entonces, tenía que preocuparme de la trayectoria que cada uno había recorrido para llegar a esa circunstancia. El libro tenía que partir con Pinochet, la mañana en que tomaba el helicóptero a Valparaíso para entregar el mando. Y tenía que terminar con Pinochet entregando el mando. Ese era el plan original. El ministro Carlos Cáceres se fue en el mismo helicóptero y quedó sentado al lado de la primera dama, Lucía Hiriart, que le hablaba y le hablaba. Pinochet iba solo, pegado a una ventana, como meditando. Entonces me dije: “Esto me sirve para hacer el flashback”. Pero tenía que describir la ruta del helicóptero. Justo conseguí que Pinochet me recibiera para conversar. Y le pregunté:
-General, ese día el helicóptero ¿Por dónde salió?
-¿Cómo que por dónde salió?
-¿Por dónde se fue a Valparaíso?
-Por arriba…
-Sí, pero qué ruta tomó…
-Hacia arriba, pues ¿Qué crestas me está preguntando?
-La ruta que tomó el helicóptero…
Pinochet apretó un timbre y pensé que se había enojado y que me iba a echar. Llegó un ordenanza y Pinochet le dijo: “Mire, este es el señor Cavallo, mañana ponga un helicóptero y llévelo a Valparaíso porque no sé qué huevada me está preguntando”. Efectivamente, el aparato salía por una ruta rara, por el noroeste, en dirección a Quintero, donde están los cerros más bajos. Y luego se devuelve sobre el mar a Valparaíso. Y eso sólo fue una línea en el libro. Además, Pinochet iba apoyado en el vidrio porque tenía sueño.

La Historia Oculta de la Transición deja la idea de que parte del material se recolectó durante su paso por la dirección de Hoy ¿Es eso correcto?
A. Cavallo: No, la conclusión es más triste: Todos esos años escribí de política y me creía un tipo informado, pero cuando me puse a reportear de nuevo para ese libro me di cuenta que sólo me había enterado de un 30%. Por ejemplo, durante el reporteo de La Historia Oculta de la Transición una fuente me sopló que la manifestación de personal del Ejército vestido de civil en las afueras de la Cárcel de Punta de Peuco, en julio de 1995, no había tenido nada que ver con el encarcelamiento del general Manuel Contreras (R), quien estaba en ese penal. “Acuérdate que están los Pinocheques todavía dando vueltas”, me dijo la fuente. Yo no lo podía creer. ¡Era la tercera muestra de malestar del Ejército por los Pinocheques y ningún periodista se había dado cuenta! Empecé a reportear y encontré al general adecuado que me dijo que lo había llamado Lucía Hiriart para ordenarle que organizara una manifestación en Punta de Peuco, “porque Augustito está con problemas de nuevo con estos tipos”. Y me dio el detalle completo de cómo había sido toda esta trama [en el capítulo 28, El picnic de la segunda división]. O sea, en su momento no me enteré de algo tan escandaloso.

 

Investigación de imágenes de archivo:
Oscar Castro y Cristián Roa
Edición de imágenes de archivo:
Cristián RoaFotografías e imágenes:
“La historia oculta del régimen militar”, segunda edición, 1989.
Diario La Epoca, Hemeroteca Biblioteca Nacional de Chile.

Descripción de las imágenes en orden correlativo:
Descripción: “La calle Teatinos el 12 de septiembre: vigilancia y limpieza de calles”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 13).
Descripción: “La Moneda el 12 de septiembre”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 15).
Descripción: “Obispo Fernando Ariztía”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 101).
Descripción: “Pinochet dicta normas y plazos a la comisión de reforma constitucional. A su lado Mónica Madariaga y Enrique Ortúzar”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 241).
Descripción: “Mónica Madariaga”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 319).
Portada capítulo 5, “Las cuatro letras del miedo”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 41).
Portada capítulo 14, “DINA: los años de gloria”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 133).
Descripción: “Sergio de la Cuadra asume; contemplan Mendoza, De Castro, Danús y Carrasco”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 385).
Portada capítulo 3, “Fractura en el piso 22”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 25).
Portada capítulo 49, “El Papa pisa Pudahuel”. En diario La Época (01/11/1988).
Extracto del capítulo 3, “Fractura en el piso 22”. En “La historia oculta del régimen militar”, segunda edición (1989). (p. 32).
Imagen patente descrita en capítulo “Filipinazo”. En diario La Época (31/05/1988).
Portada capítulo 22, “La caída de Leigh”. En diario La Época (26/04/1988).
Portada capítulo 27, “Filipinazo”. En diario La Época (31/05/1988).
Portada capítulo 49, “El Papa pisa Pudahuel”. En diario La Época (01/11/1988).
Portada capítulo 53, “5 de octubre”. En diario La Época (29/11/1988).
Portada capítulo 1, “Los días del ‘poder total’”. En diario La Época (01/12/1987).
Portada capítulo 5, “Las cuatro letras del miedo”. En diario La Época (29/12/1987).
Portada capítulo 14, “DINA: los años de gloria”. En diario La Época (01/03/1988).
Afiche promocional publicado en diario La Época (26/11/1987).

 

Las mujeres de Junio. Tres Anitas y sus vivos muertos.

Las tres Anitas y sus vivos muertos. Enclave testimonial. 40 años

Myriam Carmen Pinto.

Zurdos no Diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos. Julio 2016.

“Mi Juanito… Mi Juanito“, dice la señora Ana González  cada vez que se encuentra con Anita Altamirano;  la abraza, le apreta una mano y la mira  fijo a los ojos. Se refiere a Juan Gianelli,  detenido, haciendo clases, a quién conoció en su casa cuando estudiaba con su hija Ana María para graduarse de profesores normalistas. Frecuentemente,  también, se reunía con su marido, Manuel Recabarren, que fuera secuestrado una mañana cuando salía en búsqueda de dos de sus hijos, que fueron subidos a la fuerza a un vehículo la noche anterior, incluyendo a la esposa de uno de ellos, embarazada de tres meses y que nunca se supo si  el bebe nació o no. Ocurrió en 1976. Todos  ellos desaparecieron.

Corrían los últimos días de julio de 1976 cuando la señora Ana divisaba por los pasillos de la Vicaría de la Solidaridad, convertida prácticamente en su segunda casa, la llegada de una mujer muy angustiada y desorientada; no sabía hacía donde dirigir sus pasos, ni siquiera dónde detener su mirada. Era la profesora Anita Altamirano. Buscaba ayuda, siguiendo los consejos que le dejara su propio marido en caso de que lo detuviesen. Pese a que no la conocía, pero como su corazón es grande y lo hacía con muchas que llegaban en las mismas condiciones, fue a su encuentro para preguntar que le pasaba, la escuchó y la invitó a una actividad por la tarde. No podía quedarse. Debía regresar a la escuela y después correr a cuidar a sus hijos de 5 y  un año y medio. Ellas tenían 50 y 34 años.

Al día siguiente, nuevamente se encuentran. Regresaba a firmar los escritos de un recurso de amparo. Al verla, de nuevo se acerca, la saluda, diciendo: “No me habías dicho que  era mi Juanito al que buscabas”. Y claro… lo conocía. En la Escuela Normal, fue compañero de curso de Ana María, su hija, estudiaban juntos en su casa, donde también se reunía frecuentemente con Manuel Recabarren, su marido. Militaban en el partido Comunista, vivían en la popular y combativa comuna de San Miguel y siempre se topaban en actividades culturales y políticas que tenían lugar en el teatro municipal Domingo Gómez Rojas, que ya no existe.

La mañana del 30 de abril de 1976, su marido, Manuel Recabarren Rojas, (50 años), fue secuestrado al salir de su casa en búsqueda de información que diera luces del paradero de sus hijos Manuel, (Mañungo), 22 años,  Luis Emilio, 29 años  y su esposa, Nalvia Mena Alvarado (20 años), embarazada de tres meses. La noche anterior, a los tres los habían subido a la fuerza a un vehículo, incluyendo al pequeño hijo, Luis Emilio, de apenas dos años, a quien al cabo de un par de horas un hombre lo baja de un vehículo, dejándolo solo y llorando a seis casas de la familia. Ese llanto desconsolado interrumpió la película que veía en la televisión con uno de sus hijos.

De inmediato se levanta, dirige sus pasos hacia la puerta y al abrirla se percata era su nietecito que venía de la mano de una de sus vecinas; el comienzo de una historia que en menos de 24 horas cambiaría su vida por siempre. Aquella noche, un poco antes de abrir esa noche la puerta de su casa, le había mostrado a su marido -“Mi Negro”, lo nombra – un bosquejo de un panfleto que había confeccionado para repartir en un acto que organizaban para conmemorar el Día de los Trabajadores. A él le gustó, la felicitó y antes de trasladarse a otra habitación le envía un beso; el último que sellaría su despedida. Sus compañeros le apodaban “El Samurái” por su personalidad guerrera y fuerte, un dirigente abierto a escuchar y solucionar los problemas que le planteaba sus compañeros. Había trabajado en el diario El Siglo, en las editoriales Universitaria y Nascimento y durante el gobierno del presidente Allende dirigía las Juntas de Abastecimiento y Precios, JAP de la comuna de San Miguel. Su hijo, Manuel, trabajaba de gasfiter  y Luis Emilio, también del gremio gráfico, era dirigente de la asociación de funcionarios de la Universidad Técnica del Estado. Era su marido, su todo, le había enseñado a cocinar, hacer el amor, amar al pueblo; era su todo. Le decía “La consentida”.

Tres meses después, el lunes 26 de julio, en el marco de la serie de operativos represivos contra la dirección clandestina e importantes dirigentes de masas del Partido Comunista de Chile, el profesor, Juan Gianelli Company, era detenido por un grupo de civiles en la Escuela de Niñas N°24. Regresaba de sus vacaciones de invierno. Había firmado, junto a 17 dirigentes sindicales, una carta enviada al Ministro de Hacienda en la que daban a conocer su preocupación por los cierres de industrias, despidos masivos de trabajadores y su rechazo al modelo económico neoliberal que por entonces hacía su estreno. Fue uno de los fundadores del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE), disuelto por decreto, al igual que el sistema de Escuelas Normales que puso fin a una época de más de un siglo de formación del profesorado chileno. Tenía 29 años.

Anita, recuerda que por su liderazgo era capaz de hacer callar un teatro lleno de trabajadores y por la tarde, en medio de folcloristas y bailarines del conjunto “Millaray” y “Cantos y Danzas de Chile, Héctor Pávez”, se volvía un bailarín, un artista, “cara a cara, pecho al frente”, el mejor de la cueca larga chilota y cueca zapateada. Ese día no llegó a la cita. Cada año, el día 26 de julio, visitaban a la señora Ana Julia, mamá de Anita, con ocasión de su cumpleaños. Paradojalmente, los tres profesores reunidos en torno a esta fecha conversaban siempre sobre su importancia y significado:  el inicio de la revolución cubana, la ejecución del inca Atahualpa, los cumpleaños de Eva Perón, Unamuno, Machado y Mozart, el día de Santa Ana. La señora Ana González, también cumple años.

Las madres de todas las protestas

Mi Juanito“, “Mi Juanito“, empezó a repetirse en reuniones e innumerables actividades organizadas por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). ¡Nuestra Vida por la Verdad!, era la consigna que levantaban en lienzos, pancartas y fotografías. Los buscaban en las listas de prisioneros que se daban a conocer en las afueras de los recintos de detención; los paquetes que les dejaban eran devueltos. Los buscaban la en la morgue, hospitales y postas de urgencia… ¿Dónde están?, preguntaban. Ni los santos son tan santos, era la respuesta, los negaban, llegaron a decir que no existían, que no habían nacido nunca o que algunos estaban sumergidos o habían salido del país con otras mujeres.

En junio de 1977, las dos anitas, junto a un grupo de 26 personas, todas familiares de detenidos desaparecidos, participaron en la primera huelga de hambre* que realizaron en la sede de la Cepal. Esta, que fue la primera manifestación pública en plena dictadura militar, les significó ser reconocidas como las madres impulsoras del movimiento por la verdad y la justicia, promoción y defensa de los derechos humanos, la libertad y recuperación de la democracia. “A las mujeres de Junio”,  titulaba su poema, Violeta Zuñiga, esposa de Pedro Silva y Aminta Traverso, poco antes de abandonar la sede internacional, escribía en un pizarrón de una de las salas de reuniones: “El dolor del hambre no se compara con el dolor de no tener al frente al ser amado”; una frase grabada en medallas, pulseras, arpilleras y todo lo que salió de las manos de artesanos solidarios con destino a Europa.

Por participar en esta huelga, Anita perdió su trabajo de profesora en la escuela Parroquial Inmaculada Concepción de Vitacura. A diferencia de la directora de la escuela de la comuna de San Miguel, que le daba permiso y dinero para el taxi, pese a que le solicitaba se mantuviera en segundo plano y tratara de no salir en las fotos durante las protestas, este director, que era un sacerdote holandés, la despidió, acusándola de trabajar para la resistencia. Un par de meses después, el 23 de noviembre de 1977, la señora Ana González,  Gabriela Bravo y Ulda Ortiz, esposa del diputado Carlos Lorca y José Baeza, ambos detenidos desaparecidos, fueron impedidas de ingresar al país. Les dieron el titulo de Terroristas por las denuncias formuladas ante la Comisión de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Fueron estas mismas gestiones las que finalmente lograron revertir dicha prohibición. La señora Ana no quiso asilarse, regresó a Chile y siguió su lucha como si nada. En 1978, prosiguieron nuevas huelgas de hambre, ayunos, encadenamientos a las rejas del Ministerio de Justicia y protestas por las calles. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!… gritaban por las calles con las fotografías de sus seres queridos clavadas al pecho como si fueran los clavos de la cruz  al madero. No tenían miedo, aunque muchas veces las declararon públicamente sospechosas de delitos. De hecho, en varias oportunidades, las acusaron de trabajar para el comunismo internacional y los “frailes izquierdizantes”, según les decían.

Por esos años, entre noches en vela, incertidumbres, pesares, angustias, durante las horas de mayor desasosiego cuando participaban en la primera huelga de hambre, las dos anitas, mientras no sabían si al salir las detendrían, las expulsarían del país o las harían igualmente desaparecer, recordaban a los suyos, abarcando, incluso a Ana María, la hija de la señora Ana que fuera compañera de curso de Juan Gianelli.

Más de una vez, tratando de recuperar este pedazo de historia, Anita le ha preguntado a la señora Ana, sí ellos fueron pareja. La duda proviene, a partir de una fotografía de una gira que realizó dicha promoción de profesores y que ella encontró guardada como si fuera un tesoro en un maletín de su marido.  A ello se suma lo que le dijera la dueña de la residencial, donde alojaron durante su luna de miel en Chiloé. Al llegar, ella,  una mujer ciega, al palpar su rostro, exclamó… ¡usted no es la misma Anita que antes acompañaba a este encantador joven profesor!.

Cada vez que Anita hace esta pregunta, la señora Ana, la escucha, enciende un cigarro, lanza el humo, mira hacia el horizonte y responde un No, seguro y firme, aunque en una oportunidad, en uno de los desvelos en la Cepal, respondió que en caso de que a ella le pasara algo, le dejaría a su cuidado a su nieto Rodrigo, el primer hijo de Ana María, que había salido fuera de Chile.

Ana María Recabarren, murió el 16 de marzo de 2007, precisamente, el día de cumpleaños de su hijo Rodrigo y de Anita Altamirano. Desarrolló un cáncer fulminante, se le desató poco tiempo después de escuchar en una reunión, – en el marco de la Mesa de Dialogo (1999-2000),-  que a su hermano, Luis Emilio, lo habían lanzado a las aguas del puerto de San Antonio. En esa oportunidad, un grupo de representantes de las Fuerzas Armadas dieron a conocer una lista de detenidos desaparecidos que fueron arrojados, desde unos helicópteros, al mar abierto dentro de unos sacos y amarrados a un riel. Un estridente y desgarrador grito brotó de lo más profundo de ella, dejándola inconsciente. Parecía su alma, salía de sí. Fue tratada por médicos y psicólogos, pero no logró sobreponerse. Ya no soportaba tanto sufrimiento, tanto dolor crónico, todas sus heridas abiertas. Su partida concretaba un sexto arrebato al interior de la familia Recabarren González.

Por tu vida, mi vida

Las dos Anitas podrían no estar contando esta historia. La señora Ana se salvó ese día que se llevaron a su marido porque se retrasó al vestir a uno de sus nietos y el más pequeño, el hijo del matrimonio secuestrado, seguía llorando de manera desconsolada y Anita, la profesora, una noche en la calle fue acuchillada. No murió desangrada porque una mujer, que después supo había sido alcaldesa, la llevó de inmediato a una Posta de Urgencia.

Viviana, Berta, Tolita, Sola, otras Anitas, entre ellas, Ana Rojas y Anita Molina, madre de Pedrito… creían al comienzo de su lucha los encontrarían vivos, pero al pasar de los años, poco a poco, la verdad empezaba a emerger. Los habían asesinado y ocultado. Varias no han podido llorar, otras lo han hecho a mares, algunas ya no tienen más lagrimas, se les secaron, tuvieron que aprender a volver a sonreír por sus hijos y nietos. A muchas se les detuvo el tiempo o quedaron fuera de este; siguen esperándolos con un plato puesto a la mesa, les planchan las camisas y preparan la cama por si regresan a altas horas de la noche. También se cuentan varios suicidios de madres, hijos o bien enfrentan profundos traumas y conflictos. En 2008, la señora Otilia Vargas,  dijo en su agonía  que su marido la venía a buscar y que estaba a la espera de sus cinco hijos; dos de ellos desaparecidos y tres ejecutados.

La señora Ana dice que el amor a los suyos y al pueblo es lo que la ha mantenido en pie, levantarse cada día, seguir entera, salir a la calle y continuar su lucha año tras año. “Todo mi amor está aquí y se ha quedado pegado a las rocas, al mar, a las montañas”, se lee en el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político, que fue construido dentro del Cementerio General de Santiago; el primero que en el Chile de la transición se inaugura en 1994, representando a 3.079 víctimas de la tiranía sanguinaria.

La señora Ana fue  detenida nueve veces, estuvo en calabozos y la Cárcel de Mujeres. Estando en la prisión, en vez de quejarse, se dedicaba a limpiar los baños y a compartir con sus compañeras pensamientos positivos. Por su coraje, fuerza, bondad y actitud de vida ha sido reconocida como un baluarte emblemático, un monumento viviente a la dignidad humana y a todas las memorias de lucha. Así y todo, la han tratado de mentirosa. En 2009, la diputada Karla Rubilar, aseguró que Luis Emilio Recabarren, estaba vivo y que residía en Buenos Aires. Al enterarse de esta noticia, Luis Emilio, llamó desde Suecia, anunciando que su padre estaba vivo. Al otro lado de la línea, su tía Patricia, respondía que esa no era la realidad. “Yo quiero decirle al país que afortunadamente en el mundo existe vivo un Luis Emilio Recabarren, pero este Luis Emilio Recabarren no es mi hijo, es mi nieto, el nieto de dos años y medio que dejaron abandonado y que sobrevivió a todos los dolores, a todas las torturas, a todo lo que se sufrió en este país y está vivo en Suecia, al lado de su abuela materna“, declaraba públicamente la señora Ana, desmintiendo a la parlamentaria y a sus sombrías fuentes de información.

Frente a frente al fantasma de la impunidad que recorre el país, recuperada la democracia, “Mi Juanito”, sigue presente en protestas y mítines, ahora, rechazando las rebajas de condenas de autores de brutales asesinatos o cuando se persigue aplicar la Ley de Amnistía. ¡Ni perdón, ni olvido, es la consigna. “Mi Juanito”, “Mi Negro”, escuchan sus oídos, quizás  sea un intento de traerlos a la vida, un lenguaje de resistencia, una suerte de sustitución viviente… algo así como si los llevaran vivos adentro de ellas o como si ellas fueran sus criptas. Son sus muertos vivos, aquellos que nunca vieron apagarse, que nunca enterraron, que no tienen donde ir a poner flores; solo saben, los mataron, los enterraron y después los desenterraron para ocultarlos para siempre, que los lanzaron al mar, desapareciendo así  por segunda y hasta por tercera vez.

A 40 años, Anita Altamirano, sueña con un pasaje de avión que la lleve a un lugar que le permita liberarse de vivir atrapada de un puñal que lleva metido en sus huesos y venas vacías. Ricardo, su hermano poeta, escribió “Las Buenas Costumbres”, que le enseñaron “la pe con la a”, “el Mío Cid en castellano antiguo” y “la libertad de decir cualquier cosa”… mientras piensa en su hermana profesora, bailando solitaria su eterna cueca sola. Es la cueca que interpreta el conjunto folklórico de la agrupación que relata lo dichosas que eran cuando sus días eran apacibles antes de que les llegara la desventura.

La señora Ana, en su casa que parece un museo lleno de fotografías, obras de arte y recuerdos, ya no fuma, quiere seguir luchando, quiere que la visiten, que le vayan a cantar. Es pueblo y necesita a su pueblo. El barrio donde vive está lleno de murales a todo color que ella misma ha pintado con tarros, brochas, pinceles y su camisa amaranto de la Brigada Ramona Parra. Pareciera que estas murallas verde esperanza guían a todos quienes la visitan. Al cumplir 91 años, en una silla de ruedas, a la mesa de la cocina, escucha a Manuel, contándole su día, tal como era antes por las tardes. Un llamado telefónico interrumpe este lapso. Antes de responder, se vuelve a él, cierra los ojos y dice: Manuel, he envejecido, en cambio tú, estas igual… (este el fin de su libro autobiográfico que escribe desde hace un par de años).

Myriam Carmen Pinto. Zurdos no Diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos. Julio 2016.

Fotografías: Fernando La Voz. Reportaje fotográfico La señora Ana; Pedro Martínez Rodríguez, (fotografía muestra “Chile, memorial del silencio”, España);  arpilleras exposición Memorarte (web Prodemu); albúm familiar Anita Altamirano.

*La primera huelga de hambre fue realizada por los prisioneros del campamento de Puchuncaví, luego de tomar conocimiento del operativo publicitario destinado a encubrir la desaparición de 119 personas en 1975.

Cuando te vayan a agarrar súbete a los techos

Relato Anita Altamirano

A Juan lo toman detenido en la Escuela 24 de Independencia. Ahora recién he podido reconstruir qué pasó con Juan después de su desaparición. Juan estaba trabajando en la escuela cuando lo toman detenido, era el primer día de clases después de las vacaciones de invierno, todos los niños formados. Lo fueron a buscar a la otra escuela porque él trabajaba en la Gran Avenida, en la Escuela 24, pero lo habían mandado castigado de medio horario a la Escuela 24 de Santiago. A él lo menoscababan porque lo iban rebajando de grado, y ahí lo pusieron a repartir las galletas del desayuno.

Esa tarde yo había quedado en esperarlo en la Alameda porque era el cumple de mi mamá el 26 de julio y la íbamos a ir a ver. Yo había estado en la mañana en el centro de perfeccionamiento porque me estaba titulando de educadora diferencial. Quedamos con Juan a las 5 en Teatinos con la Alameda para tomar una micro donde mi mamá, y no llegó. Yo me fui a mi casa, y pensé que a lo mejor se había ido donde mi mamá, porque no había teléfono ni nada.

En la mañana yo me levanté y lo primero que hice fue ir a la escuela, y esta mujer con la que habíamos sido compañeras en el curso de directores, cuando entro a la escuela, me dice: “Señora, ¿se le ofrece algo? ¿Qué necesita?”. “Quiero que me muestre el libro, si Juan vino ayer”, le pedí. “No, no vino, pero espérese que voy a llamar a la subdirectora”. Y la subdirectora me dice: “Juan no vino ayer, pero parece que firmó”, y me mostró el libro donde habían borrado aquí unas líneas y aquí abajo con lápiz rojo había un asterisco que decía: “El profesor Juan Gianelli no se ha presentado ni ayer ni hoy”. La directora no testificó, pero la subdirectora sí. Entonces al tercer o cuarto día que yo fui a catetear a la escuela, yo no pude quedarme, pero la hermana de Juan se quedó, y le dijo a la subdirectora: “Mire, mi cuñada tiene que trabajar y lo que necesito es que usted nos diga por qué los niños dicen que Juan vino el lunes”, y la señora fue a los tribunales y señaló a los tipos, los rasgos, todo, y cómo se lo habían llevado, lo que coincidió con las declaraciones que dieron algunos niños. Entonces por lo menos se supo que ahí lo habían tomado porque me dice que cuando lo iban a echar a la camioneta los niños salieron todos corriendo a ver, y él les había dicho: “Si son unos amigos del Sur que me están esperando”.

Yo le había dicho a Juan como dos días antes: “A ti te van a agarrar en la escuela, y cuando te vayan a agarrar súbete a los techos, haz un escándalo, me dan lo mismo los niños pero que quede una evidencia de que te mataron”. Y me dijo “Pero cómo me dices eso”. “Si así es esta cuestión”, le dije yo, “te van a matar a ti o van a matar a los niños”. Hasta que llegaron estos tipos diciendo que lo buscaban porque eran unos amigos del Sur que le traían una encomienda. Entonces se lo llevaron en una camioneta y de ahí supuestamente quedaron frente al Teatro Municipal, eso es extraoficial pero fue lo que dijo el desertor del comando conjunto de la FACH, 30 años después cuando lo tomaron.

Relatado por Anita Altamirano, esposa de Juan Gianelli Company.

 

Trazos familiares: tres familias, tres generaciones, una dictadura

Trazos familiares: tres familias, tres generaciones, una dictadura

Por Gastón González Napoli

Vivimos en un tiempo raro. Los nazis vuelven a andar en público con orgullo. No solo en Estados Unidos, con la marcha espeluznante en Charlottesville del año pasado; también acá, a la vuelta, en la charla que dieron Agustín Laje y otro asustaviejas en el Palacio Legislativo hubo alguna esvástica. Hace ver que todavía son necesarias las obras de arte de denuncia contra el nazismo. Pero alejémonos de la historia negra europea del siglo XX y vayamos a la nuestra: tampoco hay, y es una vergüenza, mucha diferencia. Que sigan viniendo entonces las películas como Trazos familiares, aunque sean imperfectas. Aunque vuelvan a transitar caminos ya andados.

Sí, Trazos familiares es un documental sobre la dictadura. La protagonizan tres familias que la sufrieron de maneras distintas. La más conocida es la historia de Mariana Zaffaroni Islas, que descubrió con 16 años que los padres que la criaron no eran los biológicos, y que su nombre original no era Daniela, y que su cumpleaños posta no era en setiembre. Descubrió, es decir, que era hija de desaparecidos. Los otros dos casos de Trazos familiares exploran uno el exilio con Ernesto Salvo, que vive en Cataluña, su ex esposa Marta Barreto, que vive en Viena, y el hijo de ambos, Federico, que también vive en Austria. El otro se centra en la familia Casariego Celiberti, y con ella se ven otros dos aspectos lúgubres: el secuestro, que Lilián Celiberti y sus hijos sufrieron en Brasil, abortado a tiempo por una denuncia masiva de la prensa local; y la prisión por causas políticas, tanto a través de Lilián como de los ojos de su hijo Camilo, que la visitaba.

La dirige José Pedro Charlo, cuya filmografía documental incluye El almanaque, sobre la vida en el Penal de Libertad del preso político Jorge Tiscornia; El círculo, sobre el guerrillero tupamaro Henry Engler, co-dirigida por Aldo Garay; y A las cinco en punto, sobre la huelga general inmediatamente posterior al golpe de Estado de 1973. Charlo no tiene el foco puesto en el proceso cívico-militar porque sí: estuvo preso entre el ’76 y el ’84. Un dato que tiene mucho que ver con el trasfondo de su última obra.

La conexión entre las tres familias es la razón de existir de la película, y es un problema. Es que resulta confusa. No hay un esfuerzo cierto por aclararlo para los no-iniciados. Le faltaría una suerte de árbol genealógico que mostrara los vínculos, quizá un repaso apenas más pormenorizado de eventos como el vuelo de los niños exiliados de 1983. Trazos familiares da por descontado que se sabe de qué se está hablando, no se para a pensar en que los más jóvenes pueden no tenerlo tan presente (aunque el vuelo fue el foco de otra película reciente, Tus padres volverán). Error en el que cae mucha de la discusión en torno a la historia reciente, literaria, noticiosa y hasta televisiva, como en el debate incomprensible entre Héctor Amodio Pérez y Federico Fasano. Pero lo peor en este caso es la mezcla de nombres en danza. En el párrafo siguiente, un intento por bajarlos a tierra.

Estando preso, el director Charlo se perdió el dichoso vuelo, que solo conoce por medio de filmaciones de la época. Viendo esas imágenes le llamó la atención una bandera que daba la bienvenida a Camilo y Federico: reconoció enseguida de quiénes eran hijos, viejos compañeros de militancia suyos. Los Salvo, padres de Ernesto, abuelos de Federico, y los Celiberti, padres de Lilián, abuelos de Camilo, eran vecinos; Charlo había visitado esos apartamentos de joven y conocido a Federico y Camilo de pequeños. Ver esa bandera fue la chispa que encendió el documental. Mariana Zaffaroni entra de costado a Trazos familiares, tanto que su presencia casi resquebraja ese concepto inicial. En la despedida de Ernesto Salvo y Marta Barreto con Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas, la muy niña Mariana le regaló un oso de peluche al muy niño Federico. Años más tarde, en el vuelo de 1983, Federico, rubio y pelilargo, se ve filmado con el osito que todavía conservaba. Suficiente vínculo para que Charlo incluya la historia de Mariana en la película.

Por suerte lo hace: es el mayor gancho que tiene, con diferencia. Mariana comunica bárbaro y su historia es surrealista, por los hechos que le tocaron y por cómo los vivió. Si esto fuera Hollywood ya tendría su película y su remake. Pero no deja de ser un estiramiento de sus propias reglas internas.

Si se aceptan esas imperfecciones, Trazos familiares guarda un guantazo entre tanta entrevista tomando mate. Las cosas que narra no son nuevas, cualquiera que haya leído un poco o prestado algo de atención en las clases de Historia del liceo maneja los datos macro. Acá el dolor está en lo micro. En lo humano. No en un villano de botas y uniforme sino en un hijo chico furioso con su madre presa. En una madre, otra, que debe ir a reconocer cuerpos temiendo encontrar el de su hija. O quizá deseando hallarla, para al menos poner un punto final. Y en una mujer que empieza a usar un sobrenombre para evitar incomodidades ajenas cuando alguien le dice por su otro nombre, el que tenía antes de saber la verdad.

¿Por qué es necesario patear de nuevo la pelota a la casa de don Plan Cóndor? La respuesta está en Twitter. Las redes sociales, y los comentarios en las noticias, son termómetros bastante certeros y terroríficos para comprobar hasta qué punto no se puede hablar de la dictadura sin dividir las aguas. No se puede criticar a los tupamaros por alzarse contra una democracia sin que vuelen acusaciones de fascismo; no se puede hablar de desaparecidos o de nunca más, ni condenar el pacto de silencio militar, sin que asome su fea cara la teoría de los dos demonios. Uno de los males más atroces, el de un Estado contra sus ciudadanos, se relativiza y, lo que es hasta peor, se partidiza. Se convierte en eslogan de unos mientras otros callan. Terreno fértil para el desastre.

Estudiar historia y ver sus ciclos provoca que uno vaya de ojos abiertos y note los patrones preocupantes. Por eso, que sigan viniendo las películas como Trazos familiares. Se precisan hoy tanto como ayer.

“Londres 38, Londres 2000: Biografías-testimonios de la guerra sucia del Cono Sur 1973-2000” (libro completo) de Sonia M.Martin y Carolina Moroder.

Dos chilenas radicadas en Estados Unidos se conmovieron tanto con el drama de los detenidos desaparecidos por la dictadura de Augusto Pinochet, que derribaron las distancias y obstáculos para escribir un libro que reconstruye la vida íntima de ocho de ellos en la voz de sus familiares más cercanos.

“Londres 38, Londres 2000: Biografías-testimonios de la guerra sucia del Cono Sur 1973-2000” (libro completo) de Sonia M.Martin y Carolina Moroder: entrevista a familiares de personas detenidas-desaparecidas por Pinochet: Jacqueline Paulette Drouilly Yuric, Hernán Sarmiento Sabater, Vicente Israel García Ramírez, Alfredo Rojas Castañeda, Álvaro Barrios Duque, Pablo Aranda Schmied, Néstor Alfonso Gallardo Agüero, Juan Rosendo Chacón Olivares

Este libro fue bautizado en la Universidad Central de Chile, en agosto de 2009,  con la participación de las autoras y el juez Juan Guzman; Gabriela Zuñiga, Vocera de Prensa de la “Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos ” de Chile  y Tucapel Jimenez Fuentes, diputado.

Fue presentado en la Universidad de Stanford (Estados Unidos 2010) y participó en las Ferias Internacionales del Libro de Guadalajara (México, 2012) y Santiago de Chile (Chile, 2013)

Crítica de la Dra. Susana D. Castillo, San Diego State University, Estados Unidos 2009.

Entrevista a las autoras, Estados Unidos, 2009.

Dedicatoria

Este libro testimonio está dedicado al pueblo de Chile, a Salvador Allende, quien murió por sus ideales y a los Jueces Baltasar Garzón y Juan Guzmán, emblemáticos por su decidida voluntad de justicia y respeto de los derechos humanos en nuestro país.

 
De izquierda a derecha: El juez Juan Guzmán; Sonia M. Martin, co-autora; Gabriela Zuñiga, Vocera de Prensa de la “Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos “de Chile; Carolina Moroder, co-autora y Tucapel Jimenez Fuentes, diputado. Aula Magna de la Universidad Central de Chile, agosto 2009.



INDICE
Dedicatoria
Agradecimientos
Prólogo
Presentación
Introducción

EL CALLADITO

Hernán Sarmiento Sabater

Situación Represiva
EL POGOTO DE RITA RAMÍREZ

Vicente Israel García Ramírez

Situación Represiva
“CUANDO NACIÓ, YO LO MIRÉ Y LO HALLÉ LINDO”

Alfredo Rojas Castañeda

Situación Represiva
EL CORAZÓN DE GABRIELA ZUÑIGA. EL BETO Y LA TERE.

Álvaro Barrios Duque

Situación Represiva
EL CONEJITO RUBIO

Pablo Aranda Schmied

Situación Represiva
A COMBO LIMPIO, PERO CON HONOR

Néstor Alfonso Gallardo Agüero

Situación Represiva
PUERTAS CERRADAS

Juan Rosendo Chacón Olivares

Situación Represiva
EL NIETO QUE NO FUE

Jaquelina Paulette  Droully Yurich

Situación Represiva

EPÍLOGO

 AGRADECIMIENTOS

Quisiéramos agradecer a muchas personas por su tiempo y su valor para que nosotras pudiéramos realizar este libro-testimonio. A Mireya García Ramírez, Vice-Presidenta de la “Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos”, quien fue nuestro contacto con la Agrupación y con los familiares de todas las personas que están en el libro. A Gabriela Zúñiga,  vocera y responsable de las Comunicaciones en la AFDD,  quien le dio un sentido humano a todas las entrevistas, siendo nuestra voz en la distancia y apoyando a todos esos familiares y amigos que, una vez más, tenían que vivir el dolor de la ausencia de sus seres queridos. A Marly García Ramírez, por ayudarnos también con las entrevistas desde Suecia, haciendo de embajadora nuestra. A todos los entrevistados, les pedimos disculpas, una vez más, por haber tenido que abrir esa llaga tan dolorosa. Lo hicieron con amor y altura, sabiendo que su dolor, al menos por una vez, iba a ser redentor. Gracias por dejarnos entrar en las vidas de estos hombres y mujeres chilenos que lucharon por un país mejor. Y, finalmente, gracias a todos esos luchadores, cuya rebeldía de pensamiento dejó una semilla que debemos alimentar por siempre.
Nuestra gratitud al periodista y escritor argentino, Jorge Ariel Madrazo, por ser nuestro maestro desde que entró a nuestra  familia de la mano de Patricia Martin Barrios, su esposa.

Agradecemos también en forma muy especial las fotos de la periodista y escritora de viajes, Mary J. Andrade por cedernos su foto de Londres 38, Londres 40. Nuestro reconocimiento al apoyo del abogado, diplomático y poeta, Hernán Montealegre Klenner, al permitirnos publicar sus poemas en nuestro libro; ha sido para nosotras la nota humana que aúna los sentimientos de todos los que vivimos el Golpe de Estado y la dictadura de Pinochet. Estos poemas nos muestran el sentir de un hombre como Montealegre, quien también estuvo preso y en su poemario Convocatoria expresa claramente lo que vivimos durante estos años aciagos. Igualmente agradecemos al arquitecto chileno, Fernando Kusnetzoff por su prólogo para nuestro libro.

Nuestra especial gratitud a la Dra. María Angélica Hernández por el apoyo incondicional a este libro. Agradecemos en especial sus  sabios consejos y acotaciones para Londres 38, Londres 2000.

Carolina y yo sentimos que las manos y mentes de todas las personas que han hecho posible este libro lo han construido junto con nosotras. Gracias una vez más a todas y a todos,
Sonia y Carolina

PRÓLOGO

Con frecuencia se sostiene que Chile, es decir los chilenos, tenemos mala memoria. Para ser más precisos, debiéramos decir que son una parte importante de la clase política y sus voceros, así como los medios de comunicación, los que abonan tal afirmación en lo que respecta a nuestra historia. Aquellos provincianos y capitalinos que cursamos los estudios secundarios en la primera mitad del pasado siglo, sólo vinimos a saber de masacres como la de la Escuela Santa María de Iquique (1) , donde fueran fusilados cerca de tres mil obreros y sus familiares en el mes de Diciembre de 1907, ya en nuestra madurez y no justamente en los textos oficiales de enseñanza.  Tampoco es frecuente la mención de las duras acciones represivas en tiempos de la dictadura Ibañista o del régimen de González Videla a fines de la década de los 40 cuando patentó para Chile el concepto del campo de concentración en la nortina y olvidada ciudad de Pisagua.  Con todo, podríamos entender este desgaste de la memoria histórica como un fenómeno social natural para las nuevas generaciones, expuestas a la incesante presión de lo inmediato y lo material por una sociedad atrapada por el escapismo del consumo.

Pero lo que ya no acepta explicación ética o teórica posible, es el manto de olvido selectivo que se pretende implantar sobre los crímenes institucionales perpetrados en los más recientes y negros años de la dictadura iniciada en 1973 y encabezada por un militar traidor y rapaz. Su reciente fallecimiento, a fines del 2006, fue comentado lapidariamente por el venerable Benedetti en términos de “La muerte se la ganó a la justicia”. Estamos tan sólo parcialmente de acuerdo con él. Pensamos que la justicia “se dejó ganar”, como en esos partidos de fútbol populares en que el arquero mira para el otro lado, sea por temor o soborno cuando se acerca zumbando el pelotazo decisivo.  El sistema judicial y sus ejecutores, con escasas excepciones, jugó a ganar tiempo y así, teniendo plazos más que suficientes para procesarlo en lo civil y en lo criminal, lo dejó libre de condena permitiendo así vergonzosos honores militares a su muerte. Para no caer en el mismo juego del olvido, se llamaba Pinochet Ugarte, Augusto.

Con su muerte, un buen número de militares y civiles que participaron en su espúreo gobierno han respirado con alivio, pues piensan – con bastante razón – que la desaparición del escenario de quien presidiera diecisiete largos años de atrocidades desplaza en forma natural la atención y la investigación sobre las violaciones a los derechos humanos en la que muchos de ellos colaboraron. Con todo, y a pesar de todo, tanto crimen no ha podido silenciarse. Por una parte, los gobiernos que a partir de 1990 sucedieron a la dictadura, han dado algunos pasos importantes con los informes oficiales de las comisiones llamadas Rettig y Valech, acreditando el horror acumulado en más de tres mil asesinatos y sobre veintiocho mil casos de tortura. Debe agregarse el montaje de una Mesa del Diálogo a fines de 1999 donde por primera vez el mando militar asume eufemísticamente un cierto grado de responsabilidad en la esperanza de producir un cierre del pasado.  Por otra parte, un año después del golpe militar se forma la Agrupación  de Familiares de Detenidos Desaparecidos – los que suman más de mil hombres y mujeres – que tuvo por objetivo principal el obtener alguna información sobre padres, hijos o hermanos que participaron en distintos niveles de responsabilidad en la gestión del derrocado gobierno del presidente Allende. Destaquemos que una experiencia semejante se produjo en Argentina con la organización de las Madres de la Plaza de Mayo. Desde entonces y hasta ahora, la Agrupación al luchar por obtener información sobre los “detenidos desaparecidos” ha ido develando los sórdidos mecanismos empleados por las instituciones del Estado, donde la connivencia y evasión del poder judicial se evidenció en numerosos casos sobre la base de que no existía constancia oficial de las supuestas detenciones (2). Un caso clásico y despiadado de lavado de manos.

A lo largo de más de 30 años, el activismo de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desparecidos, apoyada entre otros medios por la Vicaría de la Solidaridad de la Iglesia Católica y diversas instituciones sociales y políticas, ha contribuido al esclarecimiento de centenares de casos, y se ha producido un discreto e insuficiente número de sanciones a los responsables inmediatos. Pero, queda mucho por resolver frente al paso del tiempo que elimina inexorablemente la presencia de testigos que podrían contribuir con valiosas informaciones.  Paralelamente a las acciones de la referida Agrupación, investigadores independientes, militantes de izquierda, periodistas, jueces, colegios profesionales y organismos de solidaridad han agregado impresionantes testimonios de la represión sistemática en el período autoritario (3).

Dentro de estos esfuerzos se ubica el encomiable trabajo de Sonia M. Martin y Carolina Moroder, chilenas expatriadas en la distante California que por largo tiempo han buscado cómo contribuir al esclarecimiento del capítulo más negro de la historia chilena. Su tenacidad logró en años recientes contactar a personeras de la Agrupación con el objeto de realizar una serie de entrevistas grabadas a familiares de algunos detenidos desaparecidos. El método empleado, combinando esas entrevistas con documentación oficial de cada caso, nos causa un profundo impacto al contrastar el lenguaje preciso y objetivo de estos documentos con el testimonio oral de los familiares de las víctimas, testimonio que a pesar de ser la transcripción escrita de las entrevistas nos parece escucharlas y nos impresiona y retrotrae al tiempo y circunstancias del terror oficial.  Estas madres, parientes o compañeras, cada una a su manera, en un lenguaje sencillo y coloquial nos cuentan primero con ternura y dolor, a veces dominadas por la emoción, quiénes eran esos hombres y mujeres jóvenes, su idealismo y solidaridad en un período histórico de optimismo y progreso, vidas valiosas sesgadas en nombre de un orden asesino. Y después nos narran la búsqueda desesperada e infructuosa en comisarías, juzgados, antesalas de jueces y otras autoridades, de algún indicio sobre el paradero de estos jóvenes, al comienzo con la esperanza de saberlos vivos y después con la resignación de por lo menos recuperar sus restos. Nada han logrado, una implacable barrera cínica y burocrática ha anulado todos sus esfuerzos. Nos llama la atención que experiencias tan traumáticas como las narradas, no reflejen una mayor amargura y un odio más profundo a los delincuentes y sus cómplices. Nos queda la sensación de una gran fortaleza, de una afirmación de los valores humanos por encima del mal, que permite tener cierto optimismo para el porvenir de la sociedad chilena. Este texto, preparado con dedicación y respeto por Sonia y Carolina, debiera darse a conocer profusamente, sobre todo a las nuevas generaciones que se inician en la vida social, cultural y pública del país.

Fernando Kusnetzoff
Kensington, 1 de Junio, 2007

Notas:   (1)  En su historia novelada “Santa María de las flores negras”,Seix Barral, 2002. Hernán Rivera Letelier, recrea el trágico fin de la huelga salitrera.

(2) “Dar la vida por la vida: La Agrupación Chilena de Familiares de Detenidos Desaparecidos”, 1982, por Hernán Vidal,  ensayo antropológico publicado por el Institute for the Study of Ideologies and Literature, Minneapolis, Minnesota.  Un notable esfuerzo interpretativo del rol de la Agrupación frente al autoritarismo civil y militar.

(3)“Ocho Arquitectos en la Memoria”, Comité de Derechos Ciudadanos y Humanos, Colegio de Arquitectos de Chile.  Alerce Talleres Gráficos, 2005.  Obras como ésta, similar a la prologada y en este caso concentrada en los casos de mis colegas asesinados, contribuyen en su conjunto en dar a conocer la verdad y estimular la continuación de esta noble tarea.

Presentación

“El olvido está lleno de memoria”

Este título de uno de los poemarios de Mario Benedetti, constituye una propuesta más que apropiada para internarnos en el espacio de la ausencia, personal y colectiva, de quienes han sido arrojados al silencio de la muerte y al vacío de una historia aún por escribirse: la de los desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990.
En las siguientes páginas, las voces de los familiares de ocho desaparecidos recorren el tortuoso camino de sus memorias personales para ofrecer el testimonio en torno a sus seres queridos y a un pasado que necesita ser conocido para que no vuelva a repetirse. ¿Quiénes eran? ¿Cómo eran? ¿Cómo fue su infancia? ¿Cómo era su vida hasta el momento en que desaparecieron? ¿Cómo desaparecieron? ¿Qué pasó con ellos?, son algunas de las muchas preguntas que intentan encontrar respuestas en los relatos de madres, hermanos, esposas, hijos y amigos. Para ellos sus recuerdos representan el lugar donde los desaparecidos se mantuvieron con vida porque allí el terror no podía alcanzarlos. Esas memorias, elusivas por el paso del tiempo, constituyen las más tangibles expresiones que hoy nos quedan de aquellos a quienes la voluntad del olvido no ha podido callarlos, ni el silencio ha podido vencerlos. No son sólo retratos que las mujeres han mostrado en sus pancartas cuando desfilan para pedir justicia. Tampoco son simples números recopilados institucionalmente por organizaciones de derechos humanos. Son también las heridas aún abiertas de una sociedad que pareciera no querer mirarse a sí misma porque, muy probablemente, teme lo que pueda encontrar.  Pero mientras haya memoria, la vida impone su presencia y es necesario escucharla.

Introducción

 El sentimiento de solidaridad, la sed de justicia, y el anhelo de contribuir al legado de la memoria colectiva chilena, han motivado el origen de este libro. Hemos confrontado las dificultades propias que nos han impuesto el tiempo y la distancia, porque quienes concebimos esta idea hemos vivido fuera de Chile desde los primeros años de la dictadura. Este hecho subraya la complejidad tanto de nuestro acercamiento al tema de los desaparecidos, como a los familiares que aquí dan testimonio de ellos. Sin embargo hemos logrado superar muchas barreras gracias al apoyo y ayuda incondicionales de algunos miembros de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), entre ellos Mireya García Ramírez, cuyo aporte ha sido fundamental en el bosquejo inicial de este proyecto; y Gabriela Zúñiga, quien con una voluntad de acero y una perseverancia asombrosa, contactó en Chile a los familiares de algunos desparecidos y grabó las entrevistas que nosotras diseñamos y preparamos desde la distancia.
La selección de los casos aquí presentados responde, en gran parte, a la disponibilidad de los familiares para hablar sobre sus seres queridos. Muchos no querían revivir el dolor de recordarlos.  A otros ha sido imposible contactarlos porque se han mudado de vecindario, de ciudad o, inclusive, de país y no han dejado señas de su nueva dirección. Tampoco han faltado los que han muerto, llevándose consigo importantes trazos de una historia aún por reconstruir. De la lista original de nombres que Mireya García Ramírez nos ayudó a elaborar, sólo pudimos acceder a ocho casos de los mil ciento noventa y dos que registra la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, o de los mil ciento ochenta y cinco, según la versión actualizada en 1999 del Informe Rettig, presentado originalmente en 1991 por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.  Si bien se trata de una muestra compuesta por menos del uno por ciento de los desaparecidos en Chile, entre 1973 y 1990, su valor trasciende ese aspecto cuantitativo debido a la magnitud misma de las experiencias que ella recoge.  En esta perspectiva coincidimos con los principios que guían a las organizaciones de defensa de los derechos humanos, para las cuales la violación de los derechos del individuo es también un crimen contra la Humanidad, fundamento que rige el espíritu mismo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas.  A grandes rasgos, sin embargo, los casos aquí expuestos conforman una muestra representativa del perfil global que predominó en las desapariciones, tanto a nivel de género, de edades, como de actividades: sólo hay una mujer, todos eran menores de cuarenta años y en su mayoría eran profesionales o estaban estudiando una carrera universitaria.  Esta recurrencia no es azarosa ya que responde a la política institucionalizada de exterminio propuesta por la dictadura, a fin de suprimir a toda una generación emergente de intelectuales y activistas políticos percibidos como una amenaza para la nación. Asimismo, la fecha de la desaparición de cada uno está en directa relación con su simpatía o militancia política, aspecto que se inserta en el panorama general de la selectiva agresión gubernamental, concentrada sobre determinados partidos políticos en oleadas o períodos muy específicos.  Finalmente, y como la misma Gabriela Zúñiga destacó durante la recopilación de las entrevistas, a todos los unían características humanas destacables: “todos eran buenos hijos, buenos alumnos, buenos lectores y desde muy pequeños tenían un gran espíritu de justicia social”. Las voces que hoy los representan, en su mayoría pertenecen a las mujeres que les dieron la vida y a quienes, por desgracia, las une el escepticismo frente a la justicia porque han envejecido, o en algunos casos muerto, esperando por ella. Ello en parte ha motivado el título mismo de este testimonial de la violencia: “Londres 38, Londres 2000”.
La primera parte del título es una referencia directa al número 38 de la calle Londres de Santiago, dirección a donde eran llevados todos los prisioneros para ser interrogados y/o torturados, y luego enviados a otras cárceles o centros de detención.  La segunda parte del título “Londres 2000”, tiene como premisa el fracasado intento del juez español Baltasar Garzón de extraditar a Augusto Pinochet a España para juzgarlo, entre otras cosas, por genocidio y graves violaciones a los derechos humanos durante su mandato en Chile entre 1973-1990.  El 11 de enero de 2000, el ministro británico Jack Straw anuncia que la revisión médica indica que Pinochet no está en condiciones para ser juzgado y, por lo tanto, se inclina a rechazar las solicitudes de extradición, decisión que lleva al inculpado a volver repatriado a su país de origen.  A esos dos “Londres” los une el puente de una injusticia que ha prevalecido en Chile por más de tres décadas y que no parece tener fin.

EL CALLADITOHernán Sarmiento Sabater

“No he de callar, por más que con el dedo

ya tocado los labios ya la frente

silencio avises o amenaces miedo”

Francisco de Quevedo

BALADA DE UN PRISIONERO

Me tomaron prisionero por denunciar las prisiones

me hicieron la guerra por hablar contra la guerra

me pusieron en la oscuridad por no soportar lo oscuro

me dieron a comer hormigas por saber filosofía

me trataron de imbécil por no ser tan tonto

mis libros se salvaron de la quema de libros

tuvieron que entregarme una lata de sardinas

ello fue por conocer a un importante carcelero

pero no tuve cómo abrir mi lata de sardinas

taparon las ventanas porque me gustaban las noches estrelladas

de eso no me quejo porque ahí nunca pensé en las noches

estrelladas

resistí el llanto aunque se acercaba el cumpleaños de mi hija

si lloraba podía perderlo todo

me quitaron las sábanas porque fui diplomático

no dejaron que me defendiera por haber defendido a tantos

sólo el Cardenal fue capaz de salvarme la vida

tenía tal hambre y sed de injusticia

la quisieran los que tienen hambre y sed de justicia

me taparon de mentiras porque destapaba la verdad

me hicieron pelear con Dios porque creía en Dios

me trajeron al diablo porque creía en el diablo

todo ocurría dentro de mi concepción del mundo

ya no quise chutear los crímenes para el juicio final

eso también forma parte de mi concepción del mundo

no me gusta dejar para mañana lo que debe hacerse hoy

aunque en la prisión no me dejaban orinar hasta el día siguiente

Hernán Montealegre K

Del libro de poemas Convocatoria

Así inicia Gabriela Zúñiga la presentación de la Tola, madre de Hernán Sarmiento Sabater:

Hoy nos habla Victoria Sabater (La Tola), del desaparecimiento de su hijo, Hernán Sarmiento Sabater, el 28 de julio de 1974, en Parral. A la fecha él tenía 26 años y era egresado de Medicina.

¡Hola Tola! buenas tardes. Buenas tardes. Ya te comentaba de qué trata este proyecto y las preguntas vienen a continuación.
Cuéntanos ¿cómo nació tu hijo? ¿Fue un parto, difícil, una cesárea o un parto normal…?
Fue un parto normal, yo me atendía siempre en la casa de mi comadre, que era matrona. Nació en Santiago, en la calle García Reyes. No tuve ninguna complicación y de ahí yo inmediatamente me iba al campo; no tuve mayores problemas de enfermedades extremadamente graves. Después, él entró a la Escuela 1 de Rancagua a estudiar…

Ya, pero no te me adelantes. Lo tenemos naciendo… ¿no es así? Entonces, el Nano, nace de un parto normal. Cuéntame. ¿Era feíto, era bonito? ¿Cómo era el Nano?
Era un negrito… eh… muy… tenía un aspecto muy varonil. Muy sexi en ese sentido.

¡Ah la guagua–el bebé- sexi!, dice Gabriela – y ambas se ríen de la ocurrencia de un bebé sexi.
Cuando nació era un negrito muy… no era odioso, no era llorón.

¿Era arrugadito? ¿Estaba arrugado o era rojito cuando nació?
Mira, se puso un poco color naranja por la bilirrubina, pero pasó con suero. Después tuvo un problema en el ombligo, pero todo eso pasó. De ahí en adelante, no tuvo nunca enfermedades graves.

No se me adelante, no se me adelante -le dice a la entrevistada, nuestra colaboradora. – Cuénteme, ¿era gordita o era flaquita esta guagua?
Pesaba tres kilos ochocientos.

¿Y comía mucho? ¿Era bueno pa’la teta?
Sí. Pero, le di pecho hasta los tres meses no más. Después le tuve que dar relleno. Anduvo poco, un poquito antes del año.

Fue sanito en ese período. ¿Hasta el año, lo tenemos, sanito, sanito?
Más allá de unas cosas pocas, una gripe, qué podríamos decir, como resfriados, pero más allá, no tenía…

Yo sé que tú tienes más hijos. ¿Cuántos hermanos, tenía el Nano?
Cinco.

Más el Nano son seis. Seis hijos tuviste tú. Y… ¿tú estabas casada, con marido?
Yo, casada, con marido.

¿Los criaste juntos, o sea criaste a tus hijos, junto con tu esposo?
Sí. Mi marido tenía dos hijos más, antes que yo me casara, porque él era mayor que yo. Pero no hubo nunca problemas en ese aspecto.
Porque mi marido trabajaba aquí en Santiago y se iba para allá.

¿Ustedes eran de Linares? ¿De Parral?
No, de Rancagua.

¿De Rancagua? Ah, de aquí cerca.
Esta propiedad la compramos con los fondos de la Caja. Y se fue pagando después.

A ver. Vamos a ubicar geográficamente dónde está Rancagua. Rancagua queda hacia el sur, al sur de Santiago, en la Sexta Región, como a 200 kilómetros de la capital metropolitana. Está a dos horas de Santiago hacia el sur. Y, cuéntanos, ¿cómo era la personalidad del Nano en la infancia?
Le decíamos “El Calladito no más”.

¿El calladito?
Porque él decía “todos hablan, todos piden. Y yo, “calladito no más”. Por eso le pusieron “El Calladito, no más”.

Ya. Y él no pedía nada.
Porque junto con esto, ellos se criaron con mi hermana, que tenía cinco niños más. Vivíamos juntos, porque el marido de mi hermana se fue a trabajar con nosotros porque teníamos una bodega elaboradora de vino. Que nos costó mucho ponerla.

¡Ah! ¿tú hacías vino?
Claro, tenía una de las grandes bodegas de Rancagua y entonces, él repartía. Y mi marido seguía trabajando hasta jubilar, aquí. El trabajaba en la Viña Undurraga de la Viña Santa Rita, que le tienen en una alta estimación. Trabajó 33 años hasta que jubiló le llevó todos los fondos a los García Huidobro. Por eso vivíamos juntos y ahí estaba El Calladito.

 Ahí estaba El Calladito!
Ahí estaba El Calladito. Vivíamos junto con mi hermana y su esposo, que trabajaba en la bodega.

¿Oye, y en la adolescencia, cómo era el Nano?
Tranquilo. Siempre fue tranquilo, mesurado. Calladito no más…

¡Calladito no más!¿Ahora, tú te puedes acordar de alguna anécdota del Nano, cuando estaba chico y una cuando era adolescente? Alguna cosa simpática o así.
Lo llevábamos a ver el Circo Las Aguilas Humanas y entonces se puso a hacer las mismas cosas que hacen los payasos. Pusieron un cordel delante del portón de fierro grande de la casa, hasta un parrón y cuando estaba haciendo de payaso, se corta el cordel, se cae y se pega en la cabeza con una piedra. Lo tuvimos que llevar al hospital a primeros auxilios. Allí lo dejan por 48 horas, porque tuvo pérdida de conocimiento.

¿El Nanito?
Sí.

¿Y que edad tenía en ese tiempo?
Debe haber tenido unos diez años, más o menos. Eso fue cuando tenía diez años… Después, bueno, tú piensa que eran como once chiquillos que vivían en la casa, pero nos partíamos muy bien con mi hermana el trabajo. Hasta el día de hoy, somos muy unidas. Si tú hablas con mis sobrinos, y les preguntas, para ellos, la tía Tola es lo máximo. Y como ellos dicen, yo me preocupaba que todos tuvieran zapatos, que todos tuvieran cómo estudiar. Después vino la separación de mi hermana, porque mi cuñado se fue con otra fulana, pero ya, esa es otra cosa. Esta es la otra anécdota que te voy a contar. Entonces, el Pato, que es mi sobrino, y que era mayor que él pescaron un caballo y se atravesaron el río. En esa época tendría el Nano, unos dieciséis años. Se pasaron el río los dos y eran las seis de la tarde y no llegaban. Yo arriba haciendo señas en los árboles y algo alcancé a ver del otro lado del río, pero no llegaban. ¡Qué desesperación más grande, después de tantas horas y no llegaban! En eso llegó, Mario, mi cuñado, y agarró el camión, los fue a buscar y los hizo pasar el río. ¿Que es lo que pasó? Abrieron las compuertas, creció el río y no se atrevían a pasar. Pero eran horas interminables para mí de angustia, ese susto tan grande ya ahí como que lo iba a perder y al Pato también.

Ya nos dijiste que era tranquilo. ¿Era serio, organizado, ya como rasgos de líder?
Sí, parece que en la escuela ya lo tenía. Ellos después estudiaron en la Escuela de Medicina y vivían en el pensionado Belisario Torres, pensionado universitario y él fue presidente del internado Belisario Torres.

¿Y dónde estudió cuando estaba chico?
En la Escuela 1 y después en el Liceo de Rancagua. Fue uno de los mejores alumnos del Liceo de Rancagua. No tuvo ningún problema para entrar a la universidad. Dio su bachillerato y entró a la Escuela de Medicina.

Yo, ya me estoy convenciendo, Tola, que parece que realmente, nuestros desaparecidos, hombres y mujeres, han sido los mejores. Porque yo he hecho todas estas entrevistas y yo me río, ¿ah? y siempre me encuentro con que siempre fueron los mejores alumnos. Siempre, siempre y también el tuyo. O sea, no es la excepción.
Ahora, cuéntame, cuáles eran sus metas cuando estaba en el colegio. ¿Siempre quiso ser médico o tenía otras aspiraciones?
Sí. Siempre le gustó la biología. Y a mí personalmente. Tengo una hija enfermera y un hijo médico, porque a mí me gustaba mucho la medicina, la practicaba mucho en el campo. Hice unos cursos de la Cruz Roja, me tocó atender niños, yo era la Machi, como me decían allá.

O sea, ¿tú influiste poderosamente en la decisión?
Sí, yo influí con su decisión, pero a él le gustaba la medicina y jamás repitió, no tuvo ningún problema.

¿Tenía algunas aspiraciones sociales o profesionales?
Mira, él, como te digo, era calladito no más, fueron los dos ¿ah? y los dos murieron… El Pato también murió. Una de las cosas que influyó ahí también, para que estudiara Medicina, porque el Pato, el sobrino, estudiaba Medicina y le sale una beca para la Patalumbumba y deja Medicina y se va a la Patalumbumba. Se recibe en la Patalumbumba y entra en la Academia de Ciencia de Moscú y después se viene a Chile a hacer un trabajo de cómo utilizar el desecho del petróleo. Y aquí fue profesor en la Universidad de Chile. Bueno, esa es parte de la historia del Pato. Para qué sigo contando la historia del Pato. Pero esto le tocó mucho al Nano, porque eran muy amigos los dos. Me acuerdo que se les murió un novillo y el Pato, que estudiaba Medicina, le hizo funcionar el corazón y al Nano eso le gustó mucho. Eso fueron también muchas cosas que lo influenciaron para que estudiara Medicina. De allí, como te digo, fue muy buen alumno, según el doctor Almeyda que fue su profesor. Y así salió de Medicina. Y como el Pato era del Partido Comunista, porque era muy comunista y harto bueno, bueno, él también estuvo en las Juventudes Comunistas.
Veamos esa parte. ¿Tú crees que sus aspiraciones políticas fueron de siempre o empezó de adolescente? Cuéntanos, ¿él trabajó, políticamente? ¿Qué sabías tú de lo que él hacía políticamente?
Mira, no te puedo decir si él trabajó políticamente, no te puedo decir mucho, porque yo vivía en el campo y ellos vivían acá. De allí que nació la cuestión esta de… Bueno, el caso es que supe que había estado en el Partido Comunista, como muchos, pero mi hermana, que era la que estaba más cerca de él y todo y él se veía mucho con mi hermana, y con la Carmen también, la compañera; dicen que un día iban pasando por la Alameda, cerca de la Moneda y él les dijo “me cabriaron estos comunistas. Me aburrieron estos comunistas”. Y pescó el carnet y lo tiró frente a la Moneda.

¡Bah! ¿Y para dónde se fue?
Siguió caminado, pero rompió el carnet del Partido Comunista.

Ya, pero se fue a militar a otro partido… digo yo…
No, no, no. Eso fue en el período de la UP. Más allá nunca le conocí nada más… todos sus compañeros, Ballesteros, muchos que son médicos ahora. El Nano era un hombre de izquierda, más que comunista. Y en mi casa todos tienen que ser de izquierda, porque mi padre era radical(masón y…, comenta Gabriela Zúñiga) De los tiempos de Pedro León Ugalde. Mi padre era radical, radical de izquierda. Para el tiempo de Pedro Aguirre Cerda, yo debo haber tenido unos diez y siete años y trabajé, pero… la vida.

Ah mijita, si usted, dice Gabriela a la Tola, era para que fuera médica y de izquierda) ¿Qué edad tenís tú Tola? Cuéntanos Tola, por favor, ¿qué edad tienes?
Nací en 1920.

Mira pus, mejor ni saco la cuenta. No soy capaz.
Ochenta, tengo ochenta.

Tiene ochenta años la Tola y yo la conozco hace miles de años y siempre ha estado en la pará, esta Tola. Fuma como chino en velorio, está lúcida, impecable. Y esta es la Tola que ha estado dando la pelea en la Agrupación buscando a su hijo, durante muchísimos, muchísimos años.

Segunda parte de la entrevista a Victoria Sabater, madre de Hernán Sarmiento Sabater.

Ellas comentan que han hecho una levísima interrupción, pero que quedamos en que la Tola tiene ochenta años y que ha trabajado mucho por la “Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile” y que es una persona emblemática –por usar un término de moda- dentro de la agrupación, dice Gabriela Zúñiga.

Tola, cuéntanos si el Nano tenía alguna religión, si era católico, si era ateo…
No, no era católico. Nunca. Ni ninguno de mis hijos. Porque su padre no era católico. Yo no soy casada por la iglesia.

Ah esta Tola, pero esta Tola. No tenía por donde salir tu hijo.
¿Tú sabes, si cuando era jovencito o cuando estaba en el colegio, o en el Liceo de Rancagua o en la universidad, tú sabes si él hacía trabajos voluntarios?
Sí. Parece que sí. Sí, sí,sí.

¿Sí? Ya. ¿Tú sabes si él habrá desarrollado en la casa o lo que tú alcanzaste a ver, si desarrolló con otras personas de su edad, alguna actividad artística, como teatro, como cantar?…
No, nada, nada. No tenía dedos para el piano. Una de las cosas que quiero destacar, cuando nosotros vivíamos en el campo, hay un paso, que se llama “El paso de los areneros”. Entonces, él, cuando estudiaba medicina, en el último tiempo, curaba a los areneros. El arenero es una persona que si se le rompe un dedo, no tiene cómo curarse, porque no tiene previsión social, así era antes… Él los cuidaba, él los curaba. Me hacía sacarles la sangre en la mañana, tenerle listos los orines, porque se los traía y los analizaba en el hospital.
Así es que tenía un… vi llorar a los areneros.
Ver a esos hombres fornidos, grandes llorar… en una misa, porque ellos le hicieron una misa. Yo tengo guardado un programa que hicieron ellos mismos, con muy mala ortografía y todo, pero le hicieron una misa, ellos hicieron todo. En esa misa, esos hombres lloraban, lloraban a sollozos los areneros. Y lo tienen ellos… siempre… hay una piedra allá… y ellos van y le prenden velas, y se encomiendan a él y le piden cosas.
… como animita milagrosa.
Exacto. Como animita milagrosa.

¿Como animita milagrosa? Oye, ¿tú no sabes si él escribió en un diario del colegio o en el centro de alumnos?
Sí, algo, parece, pero no te puedo decir mucho. Le podríamos haber preguntado a la Carmen, la compañera… de él. Bueno, eso te puedo decir en cuanto a lo social. En cuanto al tiempo de la UP, él me decía –si me veía comprar mucho- pero mamá no compre tanto, lo necesario… si aquí los únicos que tienen que tener carne son mi papá y mi abuelita, porque son personas que lo necesitan, nosotros podemos estar sin carne. Yo por ejemplo, muchas veces compraba de más y él se enojaba, decía que estaba acaparando. Así era, esa era su forma de pensar. Muy poco, como te quiero decir. No compartía con los vecinos porque todos eran momios. El compartía con los areneros, con ellos jugaba fútbol.

¿Tú quieres destacar algo en especial de tu hijo?
Que era muy buen hijo. Muy respetuoso… … Jamás tuve con él un grito fuerte. Si me hubiera gritoneado, me habría sentido, no así de sus otros hermanos. Pero de él… yo siempre le tuve un respeto y él me tuvo un respeto muy profundo. Y eso lo quiero destacar muy especial, para él la palabra de la mamá era muy valiosa y yo también lo respetaba a él. Así es que no teníamos problemas en ese aspecto. Era muy respetuoso.

Después que creció o en su desarrollo, ¿se enfermó de algo?
No, nunca. Era bien sano.

¿Tú sabes si practicaba algún deporte? Tú ya nos decías algo que practicaba fútbol con los areneros… ¿y qué equipo le gustaba?
Fútbol, pues. Era muy bueno para el fútbol. El otro día… te voy a contar una anécdota. El otro día me fui a sacar una ecografía y digo ¡bah, doctor!, ¿Usted conoció a Hernán Sarmiento? Pero claro, puh, me dijo, era muy bueno para jugar fútbol. Era el que tenía…era muy bueno para el fútbol; se perdió en Parral, me dijo, se perdió en Parral. Se desapareció en Parral, le dije yo, y ahí me di cuenta que era momio y no seguí hablando más. Pero me contaba que era muy bueno para el fútbol y que hacían competencias. Cuando se iba para Rancagua, nosotros le pedíamos que se quedara y le decíamos, “quédate pues Nano, quédate para que nos acompañes a meter goles”. Y le gustaba mucho el fútbol.

¿Y tú sabes si jugó en el club deportivo del colegio o de la universidad?
En la escuela jugaba. Era miembro de los futbolistas de la escuela.

¿Tú crees que las ideas que él tenía lo podían hacer diferente al grupo familiar que lo rodeaba?
Con su padre no compartía mucho, pero lo respetaba. Pero su padre era una persona ideológicamente muy diferente, no te voy a decir momio, pero quizá estaría más tirado a la derecha, que nada, pero no se hablaba en ese aspecto de política. Él sabía que la mamá había trabajado por Pedro Aguirre Cerda, que era de izquierda, qué sé yo, pero no más allá. No. Habían grandes, grandes problemas políticos en mi casa. Como te digo, éramos un choclón… pueda ser que algún día los puedas conocer a todos…

Yo fui un día a un cumpleaños tuyo, era masivo.
Y eso que faltaban muchos. Se juntaban todos. Sergio, por ejemplo era Demócrata Cristiano y todos los demás eran de izquierda. El Yaco, era del MAPU.

¿Sergio es hijo tuyo?
No, sobrino. El Yaco es hijo mío, entonces, era del MAPU, y el Nano era de izquierda, como el Pato, comunista.

Oye, cuéntanos, como siempre hablas tú, con el corazón… ¿Cuáles eran las ilusiones que tú tenías con tu hijo?
La ilusión más grande que ya se había recibido de médico; que ya estaba a punto de recibirse de médico, porque egresó. Ya le faltaban como diez días para que le dieran el título… cuando la entrega del título, me llamaron, fue como título póstumo, como médico. Lo tengo yo. Lo recibí en la Escuela. Con eso yo me sentía muy contenta, porque se había realizado. Trabajó en la Posta de San Antonio. Hizo un trabajo maravilloso. Allá, se quedó a cargo de la Posta de San Antonio. Así es que lo vi muy realizado con su trabajo.

Oye, ¿tenía novia?
Hum, sí… novia no, una compañera, una amiga; bueno, más que amiga era. Esa es la verdad, porque lo otro sería mentir. Después que se cerró el Belisario Porras, se arrendaron un departamento y todos vivían ahí en Riquelme. El Víctor estaba en el Pedagógico, Adrián era el que paraba la olla, porque era el que trabajaba y estaba el Nano, el Víctor y Miguel, el menor que estudiaba Ingeniería. Bueno, Ahí tenían sus amigas, sus compañeras, todo. Ahí tenían el mundo. Y la compañera fue la Carmen. Una de sus compañeras, porque era harto picao de la araña.

Ah… interesante detalle; cuéntanos, cuéntanos todo. Era picado de la araña… este chiquillo, o sea, tenía varias mujeres. Le gustaban las mujeres.
Me decía, mire mamá, las miro y se derriten…Pero sí, él era algo especial para… ¿cómo te dijera? Tenía algo especial, por ejemplo, tú te ibas a sentar y él ya estaba listo, traía la silla… y eso era muy grato para una mujer, muy agradable. Le servía el café primero a la dama y después… eso tenía él. Entonces eso atraía mucho. Amigas tenía muchas, muchas amigas y compañeros, compañeros muy buenos. Muy buenos… que hoy día ya han cambiado también, pero en los momentos difíciles fueron muy buenos conmigo también.

La dolorosa búsqueda de la Tola

¿Dónde está el Nano…?

Mira, las periodistas de Estados Unidos nos dicen que, que bueno… que tú para este libro, eres muy, pero muy importante y que ellas conocen del sufrimiento… Y quieren que nos cuentes cuán dolorosa ha sido la búsqueda durante el período de la Dictadura. ¿Qué tan dolorosa fue, qué tan trabajosa fue esa búsqueda de tu hijo… en la época de la dictadura?
Mira la época… esto fue el 28 de julio… ¿no cierto? El Nano estaba de turno en el Hospital Exequiel Gonzáles Cortés y una amiga de él, que era la Anita, una boliviana, que era médico ahí y que estaba revalidando su título, le hizo el turno y fue a avisar al departamento, en donde estaban todos que el Nano no había llegado. Entonces, Miguel, el menor, me fue a avisar al campo a mí y yo inmediatamente al otro día partí a Parral. Yo no conocía Parral. No conocía nada.

¿Y por qué fuiste a Parral?
¿Por qué razón? Porque cuando él estaba de turno y le pidió permiso, justamente a la doctora que te digo yo, y le contó, “tengo que irme”, dice, “porque me llaman por teléfono, porque mi hermano, el que está preso, está muy mal.”

¿Tú tenías un hijo preso, en Parral?
En Parral puh, preso. Ese era el Yaco, que él era profesor en la Universidad Técnica del Estado. Era tres años mayor que el Nano. De ahí fue cuando se les ocurrió escribir un panfleto donde decía “la universidad no se la entregaremos a nadie, mientras no pasen por las aulas de la universidad”; eso se lo dijeron a los milicos. Y Además que él era un ídolo de la juventud. Si llega todavía a Talca y le llenan de flores el auto. Tenía mucho de ídolo… ese sí que… El Yaco -dice Gabriela- El Yaco… ese es un ídolo de la juventud. Daba todo por la juventud.

Él estaba preso en Parral…
Bueno, ahí fue cuando inmediatamente, sacaron un bando que decía “en donde se encuentre Yaco Sarmiento Sabater, será fusilado”. Y lo repitieron varias veces. Yo no lo escuché. Porque yo, preocupada de la casa y de todas las cosas. Pero mi hija lo escuchó en Aysén, en Puerto Montt.

¿Cuál hijo?
Mi hija.

Tu hija, ya.
Y llama por teléfono a una vecina y le dice que quiere hablar con la mamá pero yo no alcancé a llegar. En eso, llega justamente eh eh el Nano y me dice “mamá, mamita,” me dice “aquí, se le acabó a usted de preocuparse tanto de la casa, porque el Yaco está en una situación muy grave.” Y llega la vecina y me dice “llamó la Aidita” y la Aidita también me dice “mamá ¿usted no ha escuchado lo del Yaco?” y ahí supe lo del Yaco. Pero es muy largo explicártelo todo…

Ya puh, pero ellas tienen todos esos antecedentes. Digamos, tienen la historia de la detención del Nano.
¿Del Yaco?

No. Del Nano. Del Yaco no, saben un poco la historia. El punto es que el Nano va a parar ahí a ver a su hermano y desaparece. Y de ahí cómo empieza tu búsqueda, digamos. Porque el punto es que veamos cuál es tu búsqueda todo este tiempo.
Cuando me avisan esto, como dijo el Nano, “mamá, aquí tenemos que irnos” y qué se yo… Entonces él ya se había ido a ver al Yaco y como no llegó, me fui a Parral, poh.
Esas cosas tan sentidas de uno ¿ah? –dice la Tola -como no era la hora de la cárcel para ver al Yaco, que era el que me podía contar, se me ocurre pasar a carabineros y le digo “mire señor, ¿Habrá habido algún accidente o algo similar, porque fíjese que mi hijo no ha llegado y quisiera saber si está aquí en la lista de detención? Entonces me mira y se ríe y me dice “es que aquí son muy buenas las parralinas”. “Mire, no es lo habitual en él,” le dije, nunca… no es su conducta esa. ¿Pero no estará detenido?…” “Ahí tiene el libro”, me dijo, y se me ocurrrió mirar el libro página por página y no estaba. Bueno, me dije, no está preso y no han habido accidentes. Ya me fui más tranquila. Llego a ver al Yaco a la cárcel y no me dejan verlo. Pero él, por intermedio de otra persona, me manda un papel y me decía “mamá, hable con la señora que nos compra la parafina”. Nada más. Con eso me… me fui a la bomba. Hay dos bombas no más. Me fui a la bomba y les pregunté… ah me dijeron, la señora de Don Reca, sí, la que le lleva la parafina a los presos. ¿Me podría dar la dirección? Me dieron la dirección y ahí ubiqué a la señora. Y la señora me dice: “¡Ay señora! ¿Qué anda haciendo aquí? ¿Qué, no ha llegado el doctor?” “No,” le dije yo. ¿Qué pasó? Cuando al Nano se lo llevan detenido, atravesando la plaza de Parral, hay un niño y era un niño que el Nano había operado en el hospital y la señora cuando venía, siempre le pagaba un hotel para que se quedara. Para él era muy importante esa señora, porque ella estaba en Parral y si nosotros no podíamos ir a ver al Yaco, esa señora le llevaba la parafina y le lavaba la ropa al Yaco. Y el niño lo ve cuando se lo llevan y va a avisarle a la mamá. Y le dice “mire, llevan preso al doctor.” La señora sale corriendo, alcanza al sargento Luis Hidalgo y al doctor Oviedo y le dice, “vecino –porque eran vecinos- ¿por qué lleva preso al doctor? Si es por plata, yo le pongo plata y si es por persona conocida, qué más que somos vecinos y parralinos puh?” Entonces él le dice, “ah mire vecina, le dice, vaya a buscarle ropita para que pase la noche.” Insistió la señora, vio cuando lo dentraron a la cárcel –esto está declarado ¿ah? en el expediente-.

Ibamos en que ya tu hijo está con el sargento Hidalgo, lo tiene ya entrando a la cárcel.
De ahí le dijo, “vaya a buscarle ropita y café para que pase la noche.” La señora fue, llegó su marido del trabajo, le sirvió onces, dice, y después fuimos a dejarle las cosas a la comisaría y sale el mismo sargento Hidalgo, y dice, “¡bah! no tenían na’ en su contra y quedaron en libertad.” La señora se quedó tranquila, hasta cuando yo llegué y le fui a preguntar. ¿Cómo? No puede ser, qué sé yo. Luis Hidalgo nunca quiso entrevistarse conmigo, siempre se corrió. No pude nunca conversar con él. Porque se corría, hasta hoy día. Entonces yo puse una… ¿cómo se llama esto? -recurso de amparo, dice Gabriela- no, no es Recurso de Amparo -presunta de Gracia, dice Gabriela- Presunta de Gracia en Investigaciones. Eeeh me tuve que quedar ahí y una señora con seis niños y muy pobres, eran muy pobres, pero ella tan atenta, le hizo la camita a los niños y yo le ayudé a hacer las camitas a los niños. Los niños durmieron en el suelo y eso para mí era muy terrible. Y nos levantamos temprano y ella me acompañó y fuimos a hablar inmediatamente con Colliers y era el que tenía a cargo toda la provincia de Carabineros. Y después que hablé con Colliers, y le expuse, él me dijo, “mire, aquí dice de que lo dejaron en libertad y lo que yo sé es lo que está en el libro, me dice, que está puesto en libertad”. “Pero señor, no está anotado. No está en el libro de… de -de Ingreso, dice Gabriela Zúñiga- no, no en el libro de ingreso. En el libro de detención que tienen los carabineros y tendría que estar ahí. No está señor.” “Mire, yo creo que eso fue un error, no sé… de trámite”, me dijo, así. Y me mandó a hablar con otro fulano más que estaba a cargo… más alto, a Talca y después de ahí… y después hablé también con Cardemil. Cardemil era el Gobernador… y hablé con él y todo. Y todo fue un “sí, claro, los carabineros lo dejaron en libertad, puh…”

Bueno, ¿y cómo fueron todos estos años de búsqueda…?
Bueno, de ahí seguí buscándolo, buscándolo. Eh… inmediatamente me vine al Comité Pro Paz y mi hermana ya había puesto Recurso de Amparo en el Comité Pro Paz, porque como yo estaba allá, ella hizo las gestiones aquí. Se puso Recurso de Amparo… nada… Yo pedí una audiencia con el Presidente de la Corte Suprema, Hernán Aguirre, ¿no?, que era el primer Presidente de la Corte Suprema, que era un momio, el que le puso la banda a Pinochet, pero yo le pedí la audiencia. Y le conté, además que era de la zona. Y le conté, entonces me dice “ah, sí… ya, bien, voy a comprobar lo que usted me dice con todos estos datos y yo le avisaré, o la llamaré para que venga.” Ya. Pasó y a los cinco días llega el furgón de carabineros allá al campo y me dice que tengo que irme porque… el Presidente de la Corte Suprema necesita que yo esté lo antes posible. Y yo me vine puh… si tengo novedad. Y me atendió y qué se yo. Y me dice, “mire señora, ¿quién le ha dicho a usted que fue ese sargento Luis Hidalgo?” Sí señor, le digo esto, porque cuando yo estaba en el juzgado, cuando estaba haciendo todos los trámites, la gente decía, “ah, lo tomó Luis Hidalgo, no va a aparecer más, puh señora, ya lo tienen comiendo repollos. Lo tienen los alemanes. Esto es lo que escuché…”

Perdón. Cuando tú hablas de los alemanes, ¿estás hablando de la Colonia Dignidad?
Sí, de la Colonia Dignidad. Esto es lo que me dicen, cuando me llaman por teléfono, me dicen, mire… quizá… no hay ninguna noticia… yo he tenido las indagaciones del sargento Luis Hidalgo y Chile le debe mucho, mucho a este policía, es un gran policía. Le debe mucho, a este gran policía. No he tenido mayores respuestas de lo suyo. Cuando me dijo que era un excelente policía, me indignó y no pude dejar de decirle “es un excelente borracho, señor.” Porque es alcohólico. Para decirme que es un excelente policía, ¿pa’ eso me llamó? Para decirme que bueno, que cuando supiera cualquier cosa me iba a avisar. Pero no saqué nah, puh. Después de eso, todos los recursos de amparo habidos y por haber.

¿Tú estuviste en las huelgas de hambre…?
Sí. Estuve en la primera que tuvimos en San Francisco, que fue la primera y después en otra huelga de hambre que me tocó con la Patricia Lorca en la Cruz Roja Internacional. Pero resulta que ahí hubo un caso de hepatitis y tuvimos que desalojarla. Así es que no estuve, digamos, en la huelga larga. Pero te diré que ya con tres días, estaba muriéndome. Pero, quizá, dicen que después que pasan algunos días… después ya no se siente tanto. Pero esa fue mi intención. Yo viajaba del campo, pescaba mi cacharra, llegaba a tomar la micro y llegaba a las diez u once de la noche a mi casa. Después de ahí, me dice, de todos los trámites que hice… puse once recursos de amparo, pedí una audiencia para Mendoza…

El general César Mendoza era un integrante de la Junta que representaba a Carabineros.
Carabineros… Pedí una audiencia, él no se acercó a mí, pero estaba en un estrado y a mí me interrogaban, no más; me hacían preguntas y yo le pedía que por favor me dijeran en dónde estaba y que lo había tomado el sargento de Carabineros, Luis Hidalgo. Que él tenía que responder, porque era de Carabineros de Chile. No contenta con eso, le pedí una audiencia a Leigh.
Que era otro representante de la Junta, de la Fuerza Aérea, el general Gustavo Leigh.
De la Fuerza Aérea…
Gustavo Leigh…
Gustavo Leigh… y Gustavo Leigh me recibió y me dice así: “usted, nunca va a quedar sola”. Y llama… al abogado de él –no me recuerdo del nombre en este momento – y le dice: “en manos de él va a quedar y él la va a ayudar”. Ya… Entonces, lo primero que me dice, empieza a hacerme preguntas, qué sé yo y me dice, “vuelva tal día” y yo vuelvo tal día… y cuando ya se hacían comentarios de la gente que habían detenido en Colonia Dignidad, fui y le dije a él: ”Mire, señor, yo quiero que me diga usted, ¿será verdad lo que me dicen?“ ¿hay detenidos en Colonia Dignidad?” Y me dice, -se pasea así… dice la Tola y bajando la voz sigue contando lo que el abogado le contesta- “sí…, hay detenidos en Colonia Dignidad.” Palabras textuales de él. Entonces, eso me sirvió mucho… yo lo puse en conocimiento de la Vicaría, pero no te inflaban mucho, como que no te creían… después, volví y pasó otro tiempo. Y me dice, “mire señora Victoria, no es que yo no vaya a estar al lado suyo. Porque yo, como comandante, voy a estar siempre al lado suyo. Pero quien tiene que responderle a usted es Carabineros de Chile.” Y me puso con la secretaria de Mendoza y le cuento todo yo. Muy dura la mujer. Y me dice, “ya ha pasado mucho tiempo y quiere decir que su hijo no está, qué sé yo”, bueno. “Pero mire señorita” le digo yo, “lo único que le puedo decir es que el asesor del señor Leigh, me dice que sí, que hay detenidos en Colonia Dignidad. Y eso lo dice él.” Y me dice: “No puede ser.” “Venga, me dijo, en 20 días más.” “Ya, en 20 días más.” Y ahí fue cuando se murió, se cayó un avión al lago y se ahogó; ahí murió ella y quedó ahí parado otra vez y seguí en la pelea. De que sí había detenidos en la Colonia, volví a ir donde Patascord Tapias folls. Bueno, él me dijo, “mire, señora Victoria, usted tiene que seguir poniendo recursos de amparo, usted tiene que seguir aquí y allá y cualquier cosa que tenga, le voy a avisar. Pero yo no le entendí nunca, que lo que me dijo, es que habían detenidos en Colonia Dignidad. Después, dada a esta situación que se presentaba, la señora Mackenna, la señora de don Pedro Undurraga, eeh me llamó y me dijo, “Victoria, mira, yo quiero acompañarte y quiero que vayamos donde un abogado mío, para que tome cartas en este asunto. Eran los patrones de mi marido; muy preocupada y ella me llevó donde no me recuerdo cuánto el nombre y por último eso me derivó donde el presidente… no me recuerdo el nombre. El que fue presidente, pero es el que estuvo anoche, pues…

¿Cuánto…?!Ah! Ailwyn…
Ailwyn, ya. Entonces Ailwyn me dijo, “¿sabes que más?”. A todas estas cosas…estaba caleteada por lo del Yaco, porque estaba con estas dos cosas. O entraba a cadena perpetua o que iba fusilado. Pero salió que era fusilado y que lo fusilaban tal y tal día. Entonces hablamos con el jefe y ahí éste me mandó donde José Galiano y José Galiano era instructor, hacía clases en la Escuela Militar, así es que tenía muchos contactos con los milicos. Y él, cambió la cosa. Y en lugar de ser fusilado, lo mandaron a Parral a pagar condena por no sé cuánto. A todo eso, se desapareció el Nano. ¿No es cierto? Cuando le dije la desaparición del Nano, bueno él hizo todo, todo, lo que pudo. Movió todo. Me fui a diferentes partes. Pa’ qué te cuento. Nos movimos a todo nivel. Después hablé con el Cardenal Silva Henríquez, cuando se desapareció el Nano. Por intermedio también de la señora Mackenna. Eh… y también, y no saqué nada en limpio.

O sea, nos queda claro que tú hiciste todo, todo durante la época de la Dictadura.
Te podría decir…te podría contar…

No, yo sé todo lo que tú hiciste, Tola. Podría llenar cuarenta cassettes con todas las aventuras de la Tola. Yo sé, más que allá de eso. Con todo el trabajo que ha hecho la Tola, que realmente ha sido increíble. Cuéntanos, Tola, cuál es tu esperanza hoy día en el Chile de hoy, ¿tenís alguna esperanza?
Lo que me entrega mi alma y no te lo puedo negar. No te lo puedo negar. Que… yo… encontrara sus huesitos. Quisiera… encontrarlo. Aunque encontrara sus huesitos, cualquier cosita de él. Lo que fuera

Quieres encontrar cualquier cosita de él… ¿A quién tú culpas de todo lo que se vivió, de toda tu desgracia?
A Pinochet, puh.

¿A Pinochet…? Sí
Sí.

 ¿Y… también él es responsable por todos los Detenidos desaparecidos en Chile?
Claro, pue. Él fue el que formó la DINA. Y la DINA uno de los métodos que utilizó, fue el secuestro. La desaparición forzada.

¿Y tú crees que existe justicia en este país?
No.

¿No?
No. No hay justicia.

¿Qué piensas del Juez Garzón?
Un hombre inteligente… eh muy consecuente con lo que piensa y con lo que es. Y que hizo una obra maravillosa para… nosotros. Porque, si no es por el Juez Garzón, nosotros no hubiéramos avanzado, no hubiéramos tenido tanto, en cuanto a la justicia, lo poco y nada que hemos tenido. Por lo del Juez Garzón y la detención, en Londres…

Y tú tienes, ya nos decías algo en este momento, esperanza de encontrar los restos…
Por lo que supe ahora último…

¿Qué supiste ahora último?
Que nos van a mandar una revista…

Ya…
Donde… dicen una investigación… no sacan nada con buscar allá en Colonia Dignidad tumbas, porque no existen las tumbas. La forma de estos niños que ellos tenían, era la misma que tenían los nazis. Que eran esos tambores de agua, pa’l agua. Esos los llenaban con agua, los echaban ahí y les echaban un líquido. Y cuando estaba gelatina, se tiraban al río…
Ahí no hay huella ninguna…

¿Y tú crees que eso le pasó a tu hijo?…
Esto es ahora… hasta… sí, hace un tiempo atrás… pensaba que estaba vivo. ¿Te acuerdas que hace tiempo atrás dijeron que lo habían visto, que estaban vivos?… Para qué te cuento. Me hacía las ilusiones de todo. Esto me ha venido a ocurrir ahora. En forma de exterminio y que no quedan huellas.

Claro… musita Gabriela.

En un rinconcito, en el rinconcito en un rinconcito, en ese que no te quieres despegar… que no te puedes despegar… tengo la esperanza de encontrar sus restos.

¿Tienes una esperanza?…
… Tengo la esperanza de encontrar sus restos…

¿Tú te acuerdas qué música le gustaba escuchar a tu hijo?
A ver, le gustaba la música clásica y también le gustaba la música ligera. Y me acuerdo cuando bailaban el rock and roll, era especial. Porque decía que parecía que tenía electricidad en las piernas. Le gustaba mucho. Le gustaba mucho bailar y bailar el rock and roll.

¿Y qué leía?
Sí, leía y tenía varios libros, se me desaparecieron después, pero le gustaba leer. No te podría decir qué especialidad leía, pero leía.
Le gustaba mucho, mucho, todo lo que pasó en la Guerra Civil Española, por lo que te contaba antes de la trayectoria de mis antepasados. Le gustaba mucho a él informarse de la Guerra Civil Española.

Tola, yo te agradezco muchísimo… yo sé que tú lo has hecho muchas veces de contar tu historia, pero cada vez que uno la cuenta, yo sé que a uno igual se le mueve algo… no te deja impávida, así uno lo cuente cincuenta veces. Las cincuenta veces uno tiene una emoción muy fuerte.
Sí.

Yo te agradezco que tú nos hayas permitido conocer más de cerca a Hernán, al Nano, al Calladito
Al Calladito. Al Calladito nomás…

Yo te agradezco muchísimo…
Yo también agradezco, la atención tuya y que esto coopere con un granito de arena a la lucha que estamos dando por encontrar Verdad y Justicia, porque ese es mi lema. Sin Verdad y Justicia yo no transo nada, y eso es un desastre.
Hay muchas cosas que no se dijeron. Por ejemplo, cómo formamos el Sebastián Acevedo. Fue la lucha en la calle. A mí me quebraron mi manito de un palo ahí en la Corte Suprema, me quebraron mi pie de una patá en la Corte Suprema. Conocimos con la Carmen el calabozo, estuvimos en Vergara y en Recoleta. De sacarnos mechones de pelos los pacos, porque no nos entregábamos. Una lucha que, si me mataban, decía yo, estoy más feliz que seguir viviendo con esto. Yo no puedo seguir viviendo con esto. No mirabas tú a quién, ni quién eras. Luchabas cuando se llevaban a una compañera presa. La peleabas hasta dentro de la micro. Me tenían que echar pa’ajo.

Sí claro, sí claro, hay buenas aventuras con eso, buenas aventuras con eso. Como cuando se guardaba el asiento cuando a uno se la llevaban presa y se le guardaba asiento a una amiga, porque quería tenerla al lado y se guardaban el asiento arriba de la micro ¿te acuerdas? Y se decía, no, es que ya viene mi amiga y era la otra que ya estaban tomando presa.
Bueno, ustedes podrán conocer y saber de nosotras de todas estas aventuras que, miradas a la distancia, pueden generar algunas sonrisas, pero cuando las vivimos, fueron bastante duras.

Nombre : HERNAN SARMIENTO SABATER
Rut : 5.966.823 4 Santiago
F.Nacim. : 10 08.47, 26 años a la fecha de detención
Domicilio : Riquelme 312, primer piso, Depto.2 Santiago
E.Civil :  Soltero
Actividad : Estudiante de Séptimo año de Medicina de la Universidad de Chile, interno del Hospital José Joaquín Aguirre
C.Repres. : Simpatizante de Izquierda, sin militancia conocida
F.Detenc. : 28 de julio de 1974

SITUACION REPRESIVA
Hernán Sarmiento Sabater, estudiante de Medicina de la Universidad de Chile, de 26 años de edad y simpatizante de izquierda, fue detenido el 28 de julio de 1974 en la ciudad de Parral, poco después de haber visitado a su hermano Heráclito, quien se encontraba recluido por motivos políticos en la Cárcel de esa ciudad. La detención fue practicada por Carabineros, quienes lo detuvieron junto a Aroldo Vivian Laurie Luengo. Desde esa fecha, ambas personas están en la situación de detenidos desaparecidos.
En la fecha mencionada, Hernán Sarmiento y Aroldo Laurie viajaron a Parral con el objeto de visitar al hermano de Hernán, quien estaba recluido en la Cárcel de esa ciudad, acusado de haber repartido panfletos en contra de la Junta Militar. Después de efectuar esta visita, se dirigieron a buscar un medio de movilización para regresar a sus hogares, al pasar frente al hospital local, en calle Aníbal Pinto, fueron interceptados por dos carabineros a las 17.30 horas aproximadamente, y fueron conducidos como detenidos a la Comisaría de Parral.
Esta detención fue observada por la señora Yolanda Carmona Torrealba, vecina de esa ciudad. La Sra. Carmona conocía a Hernán Sarmiento como interno del Hospital José Joaquín Aguirre, donde se atendía su hijo. Sabiendo que Hernán Sarmiento tenía un hermano preso en Parral, había ofrecido su ayuda y había visitado al preso mencionado en la Cárcel de esa ciudad, llevándole alimentos y otros artículos que éste necesitaba.
Ese día, la Sra. Carmona, había conversado con Hernán a las 14 y a las 16 horas, horario de entrada y salida, respectivamente, de la visita a los presos políticos. Poco después, a las 17.30 horas, aproximadamente, vio que Hernán Sarmiento era conducido como detenido, junto a otra persona, por dos carabineros, reconociendo que uno de estos últimos era un Sargento de apellido Hidalgo, con quien intentó interceder en favor de Sarmiento señalando que lo conocía. El policía le señaló que los llevaban detenidos por sospechosos. Ella los acompañó hasta la Comisaría, donde le indicaron que les trajera café y ropas de abrigo. Tres horas más tarde, la Sra. Carmona regresó con lo solicitado, pero el Sargento Hidalgo le informó que los dos detenidos habían sido dejados en libertad.
Sin embargo, a partir de esa fecha, tanto Hernán Sarmiento como Aroldo Laurie no regresaron a sus hogares y nada se ha podido saber de su destino desde que fueron detenidos por la policía; ellos continúan en calidad de detenidos desaparecidos, a pesar de las gestiones judiciales y administrativas realizadas durante más de 18 años.
Los antecedentes registrados en los procesos judiciales realizados han permitido establecer que la detención fue efectuada en las circunstancias descritas por la testigo Sra. Yolanda Carmona y que los aprehensores fueron los Sargentos de carabineros Luis Alberto Hidalgo y Luis Mena Carvajal. Según sus declaraciones, en la fecha y hora mencionada llevaron detenidos a Sarmiento y Laurie como sospechosos porque no se identificaron, conduciéndolos a la Comisaría de Parral, recinto en el cual los detenidos accedieron a identificarse con sus cédulas respectivas. En estas condiciones, según las declaraciones de Carabineros, los detenidos fueron dejados en libertad y la detención no fue registrada en el libro de novedades de la Comisaría. El Sargento Hidalgo declaró que “no los volví a ver en la ciudad e ignoro por completo, lo que les pueda haber ocurrido”.
La familia de Sarmiento Sabater realizó innumerables gestiones para determinar su suerte. Casi no hubo autoridad del Gobierno Militar a la que no recurrió en busca de alguna respuesta. Por otro lado, hasta la fecha no ha dejado tribuna pública en donde no haya planteado su caso. Al parecer esto se ha traducido en que continuamente ha recibido noticias de posibles lugares donde el detenido se podría encontrar. Es así que informaciones no confirmadas lo han dado como uno de los detenidos desaparecidos que fue llevado a Colonia Dignidad, en otra ocasión la familia recibió información que estaría recluido en un centro para enfermos mentales, informes que intentaron ser verificados por la familia, sin lograr resultados positivos. Lo cierto es que Hernán Sarmiento Sabater se encuentra desaparecido desde el 28 de julio de 1978, día que fue detenido por Carabineros de Parral.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El 6 de noviembre de 1974 se interpuso un recurso de amparo en favor de Hernán Sarmiento ante la Corte de Apelaciones de Santiago, ingresado bajo el Rol 1364 74. El 18 de noviembre, el amparo fue rechazado por la Corte, en virtud del oficio confidencial del Ministro del Interior, General Raúl Benavides Escobar, que informa que el amparado no se encuentra detenido, y de comunicados similares de la Fuerza Aérea de Chile y del Ejército de Chile. La Corte acordó enviar copia de este Recurso al Juzgado de Letras de Parral.
Ese mismo mes se presentó otro recurso de amparo ante la Corte de Apelaciones de Chillán, el que ingresó bajo el rol 94.073. El 22 de noviembre de 1974, este recurso fue rechazado en consideración a que el amparado “no se encuentra detenido”.
Otro recurso de amparo interpuesto ante la Corte de Apelaciones de Talca, también fue rechazado.
El 26 de junio de 1975 se presentó otro recurso de amparo ante la Corte de Apelaciones de Santiago, al día siguiente fue rechazado. El 30 de junio del mismo año se apeló de la sentencia y se enviaron los antecedentes a la Corte Suprema, la que solicitó información al Ministro del Interior, el que reiteró la negativa de que Hernán Sarmiento hubiese sido detenido. El 23 de julio de 1975, la Corte Suprema confirmó la decisión de la Corte de Apelaciones.
La Sra. Victoria Sabater del Fierro, madre del detenido desaparecido, presentó las denuncias correspondientes ante Carabineros e Investigaciones de Parral, estas denuncias remitidas al Juzgado de Letras de Parral dieron comienzo a la causa rol 29.841 de fecha 16 de agosto de 1974 sobre presunta desgracia que quedó a cargo del Juzgado del Crimen de esa ciudad el 27 de agosto de 1974. Esta causa fue sobreseída el 12 de diciembre de 1974, luego de prestar declaraciones la testigo Yolanda Carmona y el carabinero Luis Hidalgo. El Tribunal consideró que no se encontraba acreditado el delito. Esta resolución fue aprobada por la Corte de Apelaciones de Chillán.
El 26 de diciembre de 1974 se agregaron a esta causa los antecedentes del Recurso de Amparo rol 1364 74 que había sido rechazado.
En junio de 1975, la Sra. Sabater presentó un escrito ante José María Eyzaguirre, presidente de la Corte Suprema, exponiendo la situación de su hijo. La Corte en pleno resolvió remitir una comunicación al Juez del Crimen de Parral para su investigación.
El Juzgado del Crimen de Parral reabrió el sumario y se resolvió constituir el Tribunal en la Comisaría de Carabineros de Parral, lo que se realizó el 25 de julio de 1975. En esta ocasión se llamó a declarar a los tres funcionarios de Carabineros que estaban de guardia el 28 de julio de 1974, pero ninguno de ellos pudo hacerlo dado que uno se encontraba de servicio en la calle, otro había pasado a retiro y el tercero estaba destinado en otra localidad. En el Libro de Novedades no se encontró ninguna constancia respecto de la detención de los desaparecidos. Los oficiales que estaban a cargo de la Comisaría en la fecha mencionada, habían sido trasladados a otras localidades y tampoco pudieron declarar.
En una nueva declaración del Sargento Hidalgo a este Tribunal señaló que ellos actuaron en virtud de una orden emanada de la Fiscalía Militar de Linares, en el sentido de controlar a todo tipo de personas sospechosas para ser puestas a disposición de este tribunal militar. Por su parte, la Fiscalía Militar de Linares informó al Tribunal que esa orden no existía. Con estos antecedentes el Juez del Crimen decretó el cierre del sumario y el 13 de agosto de 1975 sobreseyó la causa, lo que fue ratificado por la Corte de Apelaciones respectiva el 26 de agosto de 1975.
Paralelamente a las gestiones judiciales, la madre del afectado realizó gestiones ante diversas autoridades militares y administrativas. En 1974 envió los antecedentes de la detención y desaparición de su hijo y solicitó información o gestiones específicas a don Enrique Ortúzar, jurista del gobierno militar; a los Intendentes de Linares y Talca, a los oficiales superiores del Ejército, César Benavides, Nilo Floody Buxton, Fernando Blanco Salinas y al Coronel encargado del Servicio Nacional de Detenidos, SENDET, Sr. Jorge Espinoza. También presentó el caso a los miembros de la Junta de Gobierno, Generales Augusto Pinochet, César Mendoza y Gustavo Leigh.
Estas gestiones no tuvieron resultados y el 25 de septiembre de 1974 el Coronel de Carabineros, Carlos Donoso Pérez, del Gabinete del General César Mendoza respondió a la Sra. Sabater reiterando que Hernán Sarmiento Sabater y Aroldo Laurie Luengo “no fueron detenidos por Carabineros, sino que el procedimiento policial se limitó a la comprobación de sus identidades…”. Agregó que se encargó a todas las unidades de la jurisdicción la ubicación de Hernán Sarmiento.
Este caso fue presentado al Sr. Daniel Blanchard de las Naciones Unidas el 4 de noviembre de 1974. En los años posteriores, la familia de Hernán Sarmiento ha seguido realizando gestiones, sin obtener resultado y éste continúa detenido desaparecido.

EL POGOTO DE RITA RAMÍREZ

“La justicia cuando llega tarde, no es justicia”

Sonia M.Martin

“La justicia es igual para todos en Chile…”

Slogan de la tv chilena satelital en el 2004

Sobre la Verdad

A los que creen que el tiempo borra la verdad

o creen que el tiempo cambia la verdad

porque en sus memorias se desvanece la verdad

o porque en sus memorias nunca estuvo la verdad

que sepan que el tiempo sólo pule la verdad

para quienes no aceptan vivir sin la verdad

Del poemario Convocatoria,

de Hernán Montealegre K

“La Justicia puede hacer justicia, pero sólo la víctima puede perdonar.”

SMM

10 de enero 2004

Luego de mucho tiempo, quizá años, finalmente, Rita Ramírez se junta con Gabriela Zuñiga, encargada de leer nuestro cuestionario a las distintas personas que hemos entrevistado para este libro. Muchas veces no fueron sólo las distancias, el tiempo y los quehaceres de cada una de estas personas lo que influyó para llevar a cabo la entrevista solicitada. Como bien expresa nuestra ‘voz’, Gabriela Zuñiga, estas entrevistas son tan dolorosas, aunque todos sabemos que para recordar a estos ‘detenidos desaparecidos’ sólo hablando de ellos es que estarán siempre presentes en nuestras vidas. Cuando nuestras generaciones se hayan dormido para siempre, estas personas sólo serán un nombre y nada más. Pero tanto Rita Ramírez, Gabriela Zuñiga, así como nosotras y otras muchas personas más, creemos firmente que aún tenemos voz para alzarla y recordarle no sólo a Augusto Pinochet Ugarte y a sus secuaces, quiénes fueron y cómo nos truncaron la vida con sus atrocidades. Innumerables veces en los largos años de dictadura, me he preguntado, cuánto pudo hacer Lucía Hiriart de Pinochet y sus hijos, en estos temas de Derechos Humanos, porque según vemos en la prensa, tanto la señora Hiriart, así como sus hijos, saben muy bien defender al esposo y al padre, así mismo pudieron argumentar con el padre sobre los crímenes que él cometía a la vista de la familia  –ellos- y que aceptaban cómodamente sin rechistar al boato que el padre imponía en el país con fines de lucro personal y también con afán narcisista. Ellos son tan culpables como los secuaces de Pinochet.
A lo mejor todos somos algo culpables de aceptar la situación. No lo sé. En el tiempo que me ha tomado escribir este libro y darle la forma que Carolina y yo deseamos para el lector no solamente chileno, me he preguntado muchas veces qué pasó en nuestro país. Qué hicimos mal y por qué aceptamos todos estos años de dictadura. Y hoy, una vez más, me enfrento a mi conciencia y le pregunto a Rita Ramírez quién fue su hijo desaparecido. Quiero saber de los labios de ella cómo era ese joven que ya no está y que las fauces de Pinochet se tragó sin piedad. Y ella, con el alma destrozada nos responde cómo era su “Pogoto”….porque para Rita Ramírez, Vicente Israel García Ramírez, era su “pogoto” o sea su “poroto” (su frijol), su último niño.
Escucho una vez más la voz de Gabriela Zuñiga que como siempre busca la parte positiva de estas entrevistas. Entra en el dolor con elegancia y señorío para apoyar a quien tendrá que hacerle las preguntas que Carolina y yo deseamos que nos contesten las madres, esposas, hermanas y familiares de estos detenidos desaparecidos. Y así es como Gabriela abre la puerta del dolor:

A diez de enero abre la entrevista Gabriela con voz alegre– a diez de enero, repite Rita Ramírez y Gabriela continúa- ya estamos en el 2004 super atrasadas; llevamos como dos años intentando hacer esta entrevista hasta que al final resultó. No sé qué número de entrevista es, pero estamos con Rita Ramírez, la mamá del Vicente Israel García Ramírez. Y vamos a conversar de un tema que para todos es doloroso pero que eeeh… la forma en que lo vamos a conversar y el tema que vamos a tocar tiene que ver con un aspecto super vital. Ritita…mira qué güeno verte puh, Ritita. Güeno que nos ha costado verte. Cuánto nos costó -dice Gabriela riéndose y Rita contesta- parece que una viviera en Rancagua y la otra en Constitución, oye. Oye, es verdad, dice Gabriela y acota, dato importante vivimos a un par de cuadras y nunca nos juntamos. Pero güeno, era ahora o nunca, pero ya nos juntamos… Pero al final nos juntamos, dicen las dos al mismo tiempo.

Bueno, la idea es que conversemos del Vicente y que tú nos cuentes por ejemplo cómo nació el Vicente. ¿Fue un parto normal, fue por cesárea, fue un parto difícil?…cuéntanos.
Mi hijo fue… eeh de un parto normal, pero muy difícil.

¿Le costó salir? pregunta Gabriela.
Le costó mucho salir –acota Rita- porque pesó cinco kilos cuatrocientos –tuuuu… dice Gabriela en señal de admiración- y era cortito, continúa Rita. Cortito y gordito y con dos barbitas.-ah ¿con doble pera?, le pregunta Gabriela y Rita le dice- yo le digo con doble barba o doble pera. Era coloradito como un tomatito.
¡Ay! pero que bueno, fíjate que te adelantaste a lo que preguntaban después. Porque preguntan si nació arrugao si nació rojo…
No. Mi hijo nació coloradito y estiradito. Limpiecito.

¿Y cuánto midió…?
Fíjate que… parece. Como te digo… que era corto, tendría que haber medido…?????????
Cuarenta y ocho midió el mío y parece que era chico…
Como te digo que era corto, tendría que haber medío… como yo creo que… el Vice era bien corto.-O sea era como una bolita… dice Gabriela riéndose y como en pregunta– Por eso es que yo me partí… continua Rita. -Ah ya… dice Gabriela en tono de conocedora del problema que Rita le da a entender sobre el parto difícil.-

Me hundí. Una sola cosa…

Ya, ¿y cuánto fue el trabajo de parto?-
Corto.

¿Cuanto tiempo?
Corto, fíjate. Porque a mis niñas las tuve siempre en la tarde y a él lo tuve en la mañana. Me fui de mi casa como a las siete de la tarde y a las nueve ya había nacido ya.

Ahora cuéntanos, ya está claro que dijiste “mis niñas” eh, eh, ¿cuántos hermanos o hermanas tuvo?
Dos hijas.

O sea eran tres. Las dos niñas y el Vicente. Y tú ¿estabas casada, estabas separada, estabas soltera o arrejuntada?
No. Ellos son hijos de Vicente García y de doña Rita Ramírez.

¿Pero sumamente casados por todas las leyes?
Por todas las leyes.

He je, ya, eres la más legal…
Ahora, ¿cómo era él cuando era chico?
Bueno, un niño juguetón, chiquitito, travieso, no demasiado travieso, te voy a decir. Hasta que empezó a ir al colegio… y cuando fue al colegio… bueno…-La voz de Rita casi no se oye, hay mucho ruido en la grabación y se escuchan voces en la lejanía que Gabriela nos aclara-.

Nos vas a tener que hablar más fuerte y tenemos que aclarar que hay una fiesta al lao

También era muy juguetoncito, muy… mira los primeros años en su colegio le iba pero estupendo. Pero después ya…. empezó un poquitito un poquitito como a bajarrr… la guardia. Cuando ya fue un poquitito más grande,… porque después ya se dedicaba a otras cosas… entonces….le gustaba mucho el deporte…

No te me adelantes, le interrumpe Gabriela – no ves que la señora hace aquí un montón de preguntas… Ibamos como en la infancia… ¿cierto? Era como “dentrate pa’ dentro” oye… Y la adolescencia ¿cómo fue? A pesar de que a él se lo llevaron muy joven ¿ah?

El era adolescente cuando se lo llevaron… Mira… antes del 73, se desarrollaba como una persona normal. Niño de su edad de él. Pero llegando el 73 las cosas cambiaron…

¿Tienes alguna anécdota alguna historia que contarnos donde tiene que ver con lo revoltoso, serio o tranquilo que era, alguna talla que haya pasado de chico o adolescente?
Hummm. No sé, fíjate, han pasado tantas cosas por la cabeza de una, que no sé. Pero te puedo contar de que una vez le dolía mucho una muelita; pero mucho, mucho, mucho. Entonces… el famoso dentista dijo que no había otra solución que sacársela. Y sabes tú que cuatro veces lo pincharon y jamás le podían sacar su muela. La anestesia no le hacía nada. Hasta que tuve que entrar yo y estar ahí con él para que le pudieran sacar la muela.

¿O sea se la sacaron a sangre de pato?
No, no, no, fue con anestesia. Pero no le tomaba. Pero era porque estaba solo. Cuando yo dentré pa’ dentro ya le pudieron sacar su muela.

¡Ah! es que él quería con mami… ¿Qué edad tenía ahí?
Ahí tenía poca edad, como once años…

Y más chico ¿no te acordai de ninguna onda, así de…? No te acordai de ná? No sé. De esas cagás que dejan los niños…

No sé pu. Fíjate que la verdad, cagá así como grandes, grandes, algo así como que alguien lo acuse… que alguna de esas cosas, fíjate que no, oye.

Yo me acuerdo –dice Gabriela- que la Mireya –hermana mayor de Vicente Israel- me contaba que ustedes son del sur y que cuando se iban al colegio se iban metiendo las patas a las posas de agua.

¡Ah, sí!, todas esas cosas, sí pos, por supuesto. Y llegaban todos mojados y yo los regañaba. Todos embarraos.

Ya. Sigamos entonces. Cuando tú conversabas con él ¿qué metas tenía él? ¿Qué prentendía ser? ¿Qué prentendía ser en el colegio? ¿Qué quería ser cuando grande? ¿Qué le gustaría haber hecho?

El… El mira cuando yaaaaaaa… era más grande… él lo único que quería era… Al principio él tenía la meta de educarse muchooo. Porque él siempre decía que él no quería ser obrero como su papá…
Ah! No quería ser obrero. ¡Ya!

Pero después, eso fue como cambiando. ¿Vis tú? Fue como olvidándose. Porque ya habían otras cosas por delante. Entonces quedaba hasta por ahí no más. Entre estudiar… y… Ya no se hablaba mucho que “yo quiero ser esto o quiero ser esto otro”.

Ya. Pero nunca te dijo… o me acuerdo que mi hijo cuando estaba chico decía “quiero… ser esto y quiero ser esto otro…” bueno yo creo que todos los cabros chicos quieren ser pacos cuando son cabros… Mi hijo me decía “quiero ser paco, quiero ser carabinero” y a mí se me paraban los pelos, le dice Gabriela a Rita mientras se ríe.

No, él quería ser marino. Se me había olvidado –dice Rita, mientras le comenta a Gabriela- ¿vís? me tienen que recordar la memoria.
¿Vís?, ta’ bien -dice Gabriela- si todos los cabros chicos rayan con ser paco o marino.

No era ser marino, propiamente dicho. En Talcahuano está la Escuela de Grumetes y él quería dentrar ahí, a esa escuela. Y fíjate que él luchó bastante porque yo…, pero yo no quise…

Mi hijo quiso ser boy scout, y yo tampoco quise- le comenta Gabriela- porque la voz de Rita al comentar este episodio de la vida de Vicente Israel, se le quiebra, y sentimos que se culpabiliza de algo que no es culpable. Gabriela también lo siente y por eso busca distraer la atención con otro comentario.

Yo no quise que dentrara. Después……, bueno, claro, después vienen los arrepentimientos… de las cosas.

Claro, sí. Pero, no sé, poh, ¿ninguna profesión así como quiero ser astronauta, médico, abogado?…
Él quería ser profesional. Él quería estudiar no más. No quería ser obrero como su papá y eso me lo decía siempre y me lo repetía.

Oye, ¿y cuándo tú empiezas a darte cuenta de que sus intereses van con las cosas de la política?
Eh, eh, antes del 73 puh.

Y antes del 73, ¿de qué época estamos hablando? Porque antes él era muy chico…
Chico, chico, como a los trece años.

¿A los trece? Y él entra a las Juventudes Socialistas.
A la Juventud. ¡Hum!

Ya. Y a esa edad… pero antes de entrar tú tienes que haber notado que él tenía como alguna inclinación…
Inclinación… por las cosas, claro, por supuesto… ellos entraron solitos y callaítos…

A ver déjame ver aquí qué dice. ¡Ah! ya, la pregunta tiene algo que ver con lo que tú estabas diciendo recién y tú eres una mujer muy sabia y te adelantas a todo lo que ellas quieren saber. Era eso… Tú te diste cuenta, supiste, te conversó de que él estaba ingresando a la juventud política.

Sí. Sí. Y yo…bueno… me molesté mucho… y un día domingo, los reuní a todos en la mesa, porque voy a meter a los demás.-Si po, dice Gabriela-y le dije a su padre que él hablara con ellos…

-Ja, ja, ja vuelve a reír Gabriela y le hace un par de comentarios que no se entienden en la grabación. En todo caso, es sobre Vicente Israel y sus hermanas.

Claro continúa, Rita, las muchachitas –esto es por las hermanas mayores de Vicente- llegaban muy tarde. Entonces yo dije, mejor que el papito lo sepa. Si él las autoriza a que lleguen tarde, llegarán tarde y si no bueno, no.

Cuando ingresó a las Juventudes Socialistas empezó a militar ¿hubo un cambio en este niñito chacotero o en este niñito que era juguetón? ¿Cambió o se puso más serio o solamente llegó más tarde porque tenía que ir a la reunión del partido…?
Casi nada, oye, casi nada. En esos primeros años, casi nada, oye.

¿Ahora él tenía alguna religión? ¿Creía en Dios?
No. Mira, de creer en Dios, yo creo que sí, pero de tener una religión, así, exacta, de ir todas las semanas, no.

Pero ¿él estaba bautizado, hizo la primera comunión… y todas esas cosas???
Sí, sí, sacramentado.

O sea, ya, moro no era
No.

Ja, ja. Pero no era común que ustedes fueran a misa en familia el domingo.
No, no.

No eran de misa dominical.
No, por el caballero.

Ah no, por el caballero, ¿pero si hubiera sido por ustedes?
A lo mejor habría ido yo, pero para no tener problemas…

Ah… ya. Ahora, eh, ya lo tenemos a los trece años militando, todo esto… ¿El hizo trabajos voluntarios alguna vez?
Sí.

¿Y adónde iba?
¡Ay! No me acuerdo… Parece que fue en Cañete… Curanilahua.

¡Ah! Curanilahua. Estamos hablando del Sur, Sur de Chile. ¡Ya! ¿y qué iba a hacer pa’llá?…Yo me acuerdo que levantábamos mediasaguas en esa época; era como meta hacer mediasaguas ¿ah?
Sí, sí. Mediasaguas. Y también estuvieron haciendo en Talcahuano, en una parte que se llama Tumbe, en la península de Tumbe, allí fueron aaaa… hicieron la escuela.

¡Ah! Hicieron una escuela… ya… Ahora, eeeh aparte de esos trabajos voluntarios, ¿él hizo alguna actividad por ejemplo, en el colegio, junto con otras personas, con los compañeros… alguna otra actividad?…
¿Actividad cómo qué?…
No sé pu… O sea, el centro de alumnos, presidente de curso… ¿no te acordai…? El Vicente… chico ¿tenía algún talento artístico, como por ejemplo, como que pintara, cantara, tocara guitarra? ¿Ná’, ná’?
No, no. Era horriblemente malo mi hijo oye, para los trabajos manuales.

Para trabajos manuales era malo…
Los trabajos manuales se los hacía yo…
Gummm, ¿le haciai tú los trabajos manuales? Qué güena, o sea, le hiciste un lustrín. ¿Te acordai que siempre había que hacer un lustrín? Y a las chiquillas, también –esto no tiene nada que ver con el Vicente- pero a las chiquillas ¿le bordabai las sábanas? ¿Te acordaí que había que bordar una sábana? Y tejer…
Nooo, pero las chiquillas eran distintas. A él se lo hacía…
Oye no te pregunté ¿el Vicente era el más chico?
Era el menor, por eso era mi guagua (el bebé).
Con razón le hacías los trabajos manuales, si era tu guagua. ¿Pero nunca cantó en el coro del colegio?… ¿Salió a pintar murallas?
Sí pu, -dice la Rita en tono bien bajo, como disculpándolo-.
¡Ah, eso sí!. Ahí le salió el talento artístico… continúa diciendo Gabriela en tono alegre.
Harto pintaron, harto, harto pintaron. Harto, harto, mijita. Sobre todo el 73.
Ahora, los adolescentes en general, los jóvenes todos, siempre han escrito cosas. Y de repente les baja lo romántico y escriben poemas. ¿Tú sabes si él escribió algo? ¿Si llevó un diario de vida…o algo así?
No, no. Un diario de vida, no. Pero de escribir yo creo que sí, pero… ¿como te dijera?, qué sé yo… papelitos, cosas secundarias, pero nada serio.
Ahora a él ¿le gustaban las cosas culturales; le gustaba la política o le gustaban las noticias generales?… El Vicente… oye… repite como para sí Gabriela.
Cosas culturales…
Esos eras sus intereses… El Vicente… pu,… pero ¿te hacía rabiar… ese… niño?
Eeeehhh, mira… yo creo que él no me hacía rabiar. Yo rabiaba con ellos, porque yo desde un principio, cuando asumió Salvador Allende yo empecé a tener mucho miedo por mis hijos.
¡Ah!, ¿en cuanto ganó Salvador Allende… te dio susto?
¡Claro! Yo tenía miedo. ¿Por qué teniai miedo? No sé, desde un principio le agarré miedo. Tenía un presentimiento, como que esa custión no iba aaaa durar. Y me daba miedo de perder a mis hijos. Y así como me dio miedo de perderlo… Así fue… De perder a mi hijo… De perder ….todo lo que perdí…
Perdiste todo…pu..
Yo no soy una mujer feliz que tenga a mis nietos, que tenga a mi familia, que tenga nada. La dictadura desgraciada me robó todo. Entonces…. yo por eso los reprendía mucho. A todos…
De que… No se metan en leseras…
Ya. Y…. igual iban… pu
¡Ah! No te pescaban mucho…
No. Ellos del colegio, en vez de tomar la micro para la casa, se iban al partido.

¡Ah! del colegio se iban al partido, ya. ¿Y cómo le iba como alumno en el colegio? ¿Le iba bien o le iba más o menos?
Mira al último momento más o menos. Como había mucha actividad…

Ya. Ya. Qué te gustaría destacar del Vicente. Que le decían “pogoto” además, del Poroto. Le decían así por lo chico, eso debe haber sido. El Pogoto, ¿que te gustaría destacar de él?
Tantas cosas… Pero no sé.

Ya, pero una que te salga. ¿Cómo no va a haber una cosa que destacar?
Sí, pero de haber hay… pero
Trata de acordarte de algo… puh, no sé, puh… ¿Te sorprendió alguna vez con alguna cosita?… para el Día de la Madre…yo todavía me acuerdo…

¡Ah ya!… dice Rita, ahora me acuerdo. En esos tiempos allá que es lo que hacían…
Era la Semana del Niño, le aclara Gabriela.
Era la Semana del Niño y ahí venía el Día de la Madre. Por supuesto… que llegaban con sus cositas pues, con sus regalitos. Mi hijo era muy amoroso, sí. Hasta el final de su tiempo. Incluso me decía… y siempre me decía, ¿ah?: Mira vieja. Tú no te dejís engordar. Si tú soi de esas viejas gordas, a mí me va a dar vergüenza salir contigo…
No te creo, no le gustaban las guatonas- dice Gabriela.
No le gustaban las mamás guatonas, gordas. Sí.

Ya, pero acuérdate de algo por lo que te gustaba… sí te gustaba mucho…. que era super importante de él…
Porque era humilde, porque era humilde; yo le podía, yo lo podía reprender, estar enojada, pero él no era rebelde.

¿Las niñitas eran más parás en las hilachas? ¡Ya!
Él siempre se quedaba calladito no más.

¿Y tú lo retabai y no te hacía collera?
No, nunca…

Dime no más…

Cuando él me pedía… porque él me pedía mucho. Me sacaba el alma. Me pedía, ponte tú, a veces cosas para llevar al partido.

¡Ah!, te pedía cosas ¿como qué?
Ponte tú… una vez no sé por qué tuve tres teteras. No tengo idea.
¿Tres teteras tenías?, ya…
Una vez me dijo ¿por que no me prestai una para llevar pal partido para calentar agua?…cositas así, ¿vís?
Tres y una pa’ llá. No, si igual era generoso.

Muy generoso. Mira cuando mi marido en ese tiempo trabajaba en Compañía Acero del Pacífico, entonces ellos nunca… ellos siempre tuvieron todos sus juguetes, porque la compañía daba los juguetes y eran buenos juguetes. Entonces… y nosotros vivíamos muy cerca de una población marginal. Entonces… cuando, ponte tú el día 20, 21, de diciembre, ya empezaban a pasar los niños a pedir puh. “¿No le quedó un juguetito, señora?… Entonces él me decía, “mamá ¿por qué no dai los nuevos por qué dai los viejos? Dale los que a mí me corresponden”.
No te creo…
Dale lo que a mí me corresponde.
¡Ya! Pero eso es grande, porque normalmente los niños, cuando reciben cosas nuevas, es como que veís juguetes… y esos niños…
O sea mamá, dá lo que a mí me corresponde. Y cuando veía que no habían comido, me decía, “oiga mami, puchas, me decía, me gustaría tener harta plata y decirles que pasaran pa’ dentro y comieran todos estos cabros, que son igual que yo”.
¡Ah! quería invitarlos a que comieran contigo… ¡ya!.¿Viste que había que destacar algo del Vicente? Si, puh. Era super generoso…
Sí. Super generoso.

Ahora, cuéntanos, en sus cortos años, porque a él se lo llevaron cuando tenía diez y nueve ¿no?
O sea a él se lo llevaron super joven. O sea nada, un niño. En ese corto período, ¿él era enfermizo? ¿Tuvo algún tipo de enfermedad o fue siempre un niño sano? Aparte de las muelas o cosas similares.
Aparte de las muelas o cosas similares fue un niño sano.
¿Nunca se enfermó de nada?
No. Nunca se enfermó de nada.

Oye ¿hacía algun tipo de deportes?…
Si.
¿Qué hacía?
Jugaba basketball, fútbol, hockey…

¡Ya! ¡ya… shi,shis… hacía harto puh! O sea basketball. Ahora, a ver, cuéntame a próposito de lo que tú dices, basketball. Los basketbolistas en general tienen que ser como muy altos. ¿Qué pasó con la guaguita cortita, chiquitita???
Es que después fue creciendo y Rita se ríe con risa algo nerviosa.

Ya, después se puso gigantón. ¿Cuánto medía él, metro ochenta, metro setenta?…
No sé oye…
¿Era más alto que las niñitas? Más alto que la Mireya y la Mireya es más alta que yo. O sea, debe haber medido un metro setenta y algo más o menos… ¿Y con quién jugaba basketball?
Con colegios de otro lado. Siempre jugaba por el colegio. Y hockey jugaba, porque pertenecían al… por el trabajo de su padre.

Ya. Ahora, un tema que puede ser como, como doloroso pensar. ¿Qué pensabai tú pa él? ¿Qué te habría gustado que él fuera? Así… porque uno ve a los hijos y de algún modo hace como una proyección pa él. ¿Qué te hubiera gustado de él? Olvídate del 73…
No sé. Me daba lo mismo. Antes de la llegada del 73, como te digo… yo también deseaba que mi hijo fuera… no sé… profesional, fuera ingeniero. No sé una cosa así. Eran aspiraciones mías…

¡Ya! Y que se casara y tuviera nietecitos.
Yo, rodeada de puros nietos…

Que te gustan… Te gustan los nietos, porque a mí me cargan. Yo huuuuuuuuuuy, me cargan. Yo no quiero.

No. En estos momentos yo no quiero. Pero en los tiempos que a uno le corresponde ser abuela, sí.

Oye, entonces tú veías a tu hijo como un ingeniero… y te habría gustado verte rodeada de nietos.
Claro. ¡Hum! sí, imáginate que, cómo no. No. Siga no más…

Diga, diga…
No. Tú tienes las preguntas…y me puedo saltar…

No, dele, dele diga lo que quiera…
Sí, imagínate que cuando él se casó con Karen, yo dije ¡huy! qué bueno que voy a tener nietos, dije yo…

¡Ya! Pero se casó super chico poh.
Mira, él se casó… Pero ¿sabes por qué se casó? Más que ellos… estaban enamorados y la Karen quería casarse con él y su mamá le hizo harto cototo también. Era cosa que yo me iba ir pa’ México con mi marido y Mireya estaba en México. Y Marly se iba a ir al Sur. Y él no quería por nada del mundo salirse de aquí de Santiago. Aquí estaba lo que él hacía. Entonces, para que él no quedara solito, se casaba. Entonces, la Marly se iba a ir al Sur.¿No? La Marly se iba a ir a vivir con su suegra y nuestra casa la iban a arrendar y se iban a repartir el arriendo. O sea, todo estaba ya como planificado.

¿De qué época estamos hablando del 73 o del 74?
No. Eso ya es muy remoto. El 77.

El 77. Ya. O sea, porque ¿cuándo desapareció el Vicente?…
En abril del 77.

!Ya¡
Y yo te estoy hablando más o menos de noviembre, diciembre…del 76.

O sea, los planes eran, tú con tu marido a México en donde estaba la Mireya; la Marly, tu otra hija al Sur, a la casa de su suegra y el Vicente chico se quedaba en Santiago y tú contenta porque se iba a quedar acompañado, porque se casaba.
Hum.

Ahora, él trabajaba en la zona norte. ¿Cierto? Yo tengo la impresión de que lo conocí. Sí, sí, porque yo estuve en el 74, y nosotros estábamos funcionando en la zona norte. Tengo la impresion de haber visto… no sé

¿Tú lo conociste?

Yo creo que sí. Tengo la impresion de haber visto, no sé si una citroneta que estaba siempre estacionada en la entrada de la zona norte.
Si, responde Rita. Una citroneta verde, verde. De ese verde paco.

Yo no me acuerdo, pero tengo la impresión que tendría que haberlo visto.

Y ustedes… por qué decís tú. ¿Qué hacían ustedes?…

Porque ¿te acuerdas que en algún momento cuando…ya se transforma la cosa en la Vicaría de la Solidaridad? Nos mandan a la zona puh, porque Alvaro desapareció en la zona norte.

¿Y en qué año desapareció Alvaro?

En el 74.

¡Ah, ya! Sí puh, ya estaba la Agrupación.
Claro, por eso te digo, no tengo ningún recuerdo de él, pero tengo esa impresión. Allí hacíamos actividades de recreación los días sábado con los niños de la zona norte.

En esa misma citroneta se lo llevaron…

Ahora, eeeh… viene una pregunta más peluda y dolorosa. Según estas chiquillas que quieren hacer este libro… ¿Cuán dolorosa o trabajosa ha sido la búsqueda? Porque piensa que buscamos hace harto tiempo puh…
Mira, yo diría que… más que trabajoso, ha sido doloroso. Pa’ mí ha sido mucho dolor. Porque yo al principio tuve detenido a mi marido, a Mireya, a mi yerno. Entonces yo, cuando Vicente recién se perdió, los primeros días, yo pensaba que la cosa iba a ser así, vís tú, así no más; unos meses, un año, y yo después lo iba a ver.

Ah güeno, pero todos pensábamos en lo mismo. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que eran las desapariciones.
Pero cuando ya fueron pasando un año, dos años y tres años, ya la cosa fue cambiando…

¿Cuánto estamos buscando? –dice Gabriela- ¿como treinta años??
Yo me acuerdo, fíjate, de los primeros desaparecidos en el 73. Nosotros estábamos… todavía en Talcahuano. Y… una vez, yo me acuerdo cuando vino el 73, quedamos ahí a brazos cruzados, como toda la gente; pues entonces, yo me puse a hacer comida. Y les daba… ¿no?, yo en mi casa no daba nada. Pero me traían los tiestos y los sacaba pa’ fuera. Y eran las mismas gallas que trabajaban en la Gobernación, todas las mismas viejas que vivían en donde vivía yo. Había una mujer que trabajaba entre todas ellas que se llamaba Dina.

Chupalla, -dice Gabriela riéndose- con ese nombre…

Dina. Entonces una vez va, porque él iba de vez en cuando a mi casa, después del Golpe. Iba de vez en cuando, aparecía.

Ah, te iba a ver.
Claro. Entonces esa vez le digo. Mira ahí viene la señora Dina. Entonces él me dijo “oiga mami, ni en broma haga eso de decir que viene la Dina”.

Claro que con ese nombre, pues mijita… Pero cuando él te iba a ver tú no sabías lo que él hacía en Santiago… todas esas cosas…
No. El iba allá a buscar ropa y plata. Porque desgraciadamente, pasamos, como mucha gente, necesidades, hambre y de too, poh.

Tú lo veías esas veces. ¿Estaba más flaco…muy desmejorado?…
Muy, muy mal. Estaba desmejorado, más flaco… mucho más flaco. Entonces, después, cuando yo me vine a Santiago, que fue el año 75, entonces ahí él cambió.
Sácate la mano de la boca niña, para que se escucheeee poh oiga- le dice Gabriela a Rita.
En el 75 ahí le cambio la vida a él, porque ahí ya tenía su casa. Tenía sus comidas que le gustaban… y la mamita se las hacía. Y dejaba a la mamita con el credo en la boca cuando salía, porque yo sabía a lo que iba.

¿O sea,tú cachabai que iba a alguna parte???
Sí…

Claro, pero no tenías más detalles.
No. No. Porque él me decía que no había que preguntar.

¡Ya! Una mientras menos sepa, mejor.

Claro, por supuesto. Pero yo sabía, porque no era ninguna tonta. Una vez me dejó me acuerdo… yo cacho que debe haber sido por ahí, por donde está la iglesia de San Francisco, después de muchos años fíjate… Salimos y me dijo, mami acompáñeme, que tengo que ir a hacer una movida. Y me dejó por ahí, con la citroneta y yo metía adentro. Y salió pegando, subió por un edificio, no sé por dónde diablos. No llegaba nunca Gabi, te aseguro que yo traspiraba y que yo tenía ganas de hacerme de todo. Y no llegaba y no llegaba y no llegaba, fíjate. Entonces, cuando llegó, te aseguro que le hubiese dicho no sé que cosa. Y yo le dije ¿por qué te demoraste tanto, niño?…Pero ya estoy aquí, me dijo…

O sea, igual pasabai sustito.
Mucho, mucho, mucho. Porque llegaba muy tarde… ponte tú… tú sabís que el último toque era a las dos…

¿A las dos era?… ¿No era a las doce?. ¡Ah!, el último sí, tienes razón, era a las dos. Al principio era a las diez. Sí, tienes razón.
No, no, no. Desde que yo estaba en Santiago, uno era a las doce. El de las doce tú no sabes como… yo no me paraba del…
Cagaaera…dice Gabriela.
Doce cinco y tocaba la puerta. Y yo estaba paraíta detrás de la puerta…
¡Qué susto!, repite Gabriela.
Yo paraíta detrás de la puerta.
Lista para abrirle…
A ver, ¿cómo fueron para tí… esos años de dictadura? Fueron 17 años…
Muy monstrousos. Monstruosos, porque mira, yo me encontraba como muy vacía.
Ya.
Ehhh… Marly y Mireya fuera. También estaban afuera… pero… yo… encontraba que yo estaba sola… Y mi hijo desaparecido. Yo entonces encontré que esos 17 años pa’ mi fueron… no sé, como un monstruo que yo llevaba en la espalda.
Claro, si se destruyó tu familia. Seguramente el Vicho grande sin pega.

Carta de un amigo de Vicente Israel, enviada vía Internet desde Singapur, en relación al cuestionario que Carolina y yo organizamos para los amigos de estas ocho personas de quienes escribimos.

Acerca de Vicente Israel
Estimada amiga, reciba aquí el formulario contestado acerca de mi amigo Vicente. Soy Armando Popa, amigo de infancia de Israel. Actualmente resido en Singapur, pero en modo normal lo hago en Suecia.

¿Cúando y en qué circunstancias lo/a conociste?

Conocí a Israel por los años 60, a fines de ellos, éramos vecinos en Talcahuano. Eramos también amigos nos unía el cariño que le teníamos a Allende. El era compañero de curso de mi hermano menor Roberto qepd. Yo era compañero de curso de su hermana Mireya García.

¿Cómo fue la relación que tuvieron? ¿Desde un principio se cayeron bien o al principio no simpatizaron?

Israel era una persona muy amistosa, lo que se dice en Chile, liviano de sangre. Era muy difícil que él no te cayera bien.

¿Qué cosas compartían juntos?

¿Qué pueden compartir los niños si no es su alegría de vivir, los juegos y las esperanzas de un futuro lleno de dicha y felicidad?

¿Qué admirabas más en esa persona y que te molestaba más de la misma?

Siempre admiré su determinación, desde pequeñito el sabía muy bién lo que quería. No recuerdo que hubiera algo molesto en mi recordado amigo.

Cúentanos una o dos anécdotas que te parezcan importantes destacar para mostrar las cualidades o debilidades de esta persona. No olvides, que de pronto, los seres humanos también tenemos debilidades, pero al mismo tiempo, nos muestran que por ellas somos seres que palpitamos y sentimos.

Un hecho que nunca olvidaré fue su humanismo y su caluroso apoyo en la desgracia, cuando mi hermano Roberto falleció. ¡Israel fue -entonces- notablemente sensible y fraterno!

¿Era esta persona muy idealista o muy práctica?

Yo diría que era un heredero del deporte de su padre (boxeador) él luchaba de una manera estoica para cambiar el mundo por uno más justo. Recibió golpes, fue atacado pero nunca desistió, prueba de ello es su desaparición.

¿Qué le gustaba más a esta persona?

La amistad era un valor que él tenía muy en alto, donde, sin dudas, ¡se incluía la lealtad!

¿Sabías que tenía relación con algún partido político y participaron juntos en ello o bien desconocías totalmente este aspecto de esta persona?

Compartimos casa al interior del PS, estoy orgulloso de haber sido amigo y camarada de Israel.

¿Era una persona trabajadora, soñadora, enomoradizo/a?

¡Muy trabajador, inagotable! Los sueños y el amor eran un lujo para quienes estábamos envueltos en esos efervescentes días.

¿Creía en el amor esta persona?

¡Es evidente que sí, todo lo que el hacía lo hacía por amor!

¿Te hacía confidencias? ¿Te contó alguna vez sus tristezas y alegrías? ¿Te contó si estaba enamorada/o?

Me confidenció en una larga noche en el cordón industrial de Talcahuano, su temor por el desmoronamiento del sueño de tantos, hablábamos de la posibilidad de un efecto Jakarta, con golpe de estado y todo lo demás.

¿Qué clase de música y lectura compartían, si es que compartían esas cosas?

Escuchábamos mucha música de protesta, ¡incluso teníamos amigos que cantaban esa música! ¡Nos deleitábamos escuchando música andina por ejemplo!

¿Qué significaba la vida para ella o él?

La vida era para mi amigo una lucha contra el reloj, parece que él a pesar de ser tan joven nunca tenía tiempo. Era una carrera para llegar a tiempo y hacer un mañana mejor.

¿Qué sentiste cuando te dijeron que era parte de los/as detenidos/as desaparecidos/as?

¿Qué sentiría usted al saber que un hermano ya no está junto a usted? Estaba yo detenido en la Isla Quiriquina cuando supe de su detención, contábamos las horas esperando verle llegar… él nunca llegó.

¿Cuál es tu esperanza en este momento sobre su paradero? ¿Crees que se encontrará su cuerpo o será el mar una vez más el que silencie la dictadura chilena…?

El mar fue -seguramente- quien le ofreció cariño por última vez. Veo difícil que su cuerpo sea rescatado de la barbarie criminal. Estos asesinos no respetaron el derecho ancestral a sepultar a los queridos. Ese -en sí- es un crimen sin perdón . ¡Descansa en paz, amigo Vicente!

Nombre : VICENTE ISRAEL GARCIA RAMIREZ
Rut : 6.554.335 4 Santiago
F.Nacim. : 07 09 57, 19 años al momento de la detención
Domicilio : Santa Alicia 2887, Conchalí
E.Civil : Casado
Actividad : Estudiante, cesante
C.Repres. : Militante del Partido Socialista
F.Detenc. : 30 de abril de 1977

SITUACION REPRESIVA
Vicente Israel García Ramírez, casado, 19 años de edad al momento de la detención, estudiante, militante socialista, fue detenido junto a su cónyuge Karin Reimer Carrasco, por efectivos de la DINA, el 30 de abril de 1977, alrededor de las 08:30 horas, en el domicilio ubicado en la población Rucahue de la ciudad de San Fernando, en donde se encontraba tras haberse casado el 29 de abril, bajo el nombre supuesto de Jorge Luis Aldana Contreras. Luego del arresto, ambos cónyuges fueron trasladados a Santiago con la vista vendada, siendo recluidos en un recinto secreto cuyas características corresponden al cuartel de la ex Dina de calle Borgoño. En este lugar, Vicente García fue violentamente interrogado y torturado, al igual que su cónyuge, la que fue dejada en libertad el 3 de mayo de 1977. Ese mismo día 30 de abril, a las 01:10 de la madrugada, fue allanada la casa de su cónyuge en la capital siendo detenidas su suegra, Viola Carrasco Rodríguez y su cuñada Kathia Reimer Carrasco, quienes también fueron trasladadas al mismo recinto de reclusión. A las 21:00 horas de ese día, fue allanado su domicilio de soltero en donde vivía con su madre y hermana, ubicado en Santa Alicia 2887, por 4 civiles que portaban su cédula de identidad. Dos días después, el 2 de mayo, fue detenido su contacto político, don Jaime Troncoso Valdés, en la esquina de calle Diez de Julio con Arturo Prat.
El día 28 de abril, el afectado se había percatado de la sustracción  desde su automóvil  de una revista, en cuyo interior guardaba documentos internos del Partido Socialista. Posteriormente, ya recluido en el recinto de la DINA, tanto él como Jaime Troncoso fueron interrogados en base a estos documentos.
Acerca de las circunstancias de su arresto, doña Karin Reimer, en múltiples testimonios, varios de ellos judiciales, expresa que el día y hora señalados, encontrándose en San Fernando, llegaron al domicilio donde pernoctaba 4 tipos de civil que manifestaron ser de Investigaciones y que tenían orden de detener a su esposo y a ella. A Vicente le vendaron los ojos con tela adhesiva y le pusieron unos anteojos oscuros, y los trasladaron hasta un automóvil color celeste marca Chevy en impecable estado y partieron rumbo a Santiago. Pasado el primer peaje, a ella también le vendaron la vista y siguieron avanzando hasta que llegaron a un recinto en el cual fueron conducidos por un patio a unos cuartos, dejándola a ella en uno y a su cónyuge en otro. Posteriormente, sintió que su esposo era interrogado y castigado en forma violenta; después la interrogaron a ella en la misma forma, maltratándola. Ese mismo día 30 en la tarde, se percató que allí estaban detenidas su madre y su hermana. La pieza en donde se encontraba detenida, era de 2 por 3 metros, en la cual había un estante blanco con puertas de vidrio lleno de medicamentos de todo tipo, también había una máquina de escribir idéntica a la que había en su casa y que se llevaron los que detuvieron a su madre; el borde de los platos y tazas de té en que les daban de comer, tenía la leyenda “Ejército de Chile”. En uno de los interrogatorios la confrontaron con su cónyuge, a quien obligaban a decir que su nombre era Vicente García Ramírez. Fue dejada en libertad el 3 de mayo bajo amenaza de no contar lo ocurrido.
Doña Kathia Reimer Carrasco, expone en su testimonio, que en el recinto en donde fue recluida junto con su madre, en diversas ocasiones escuchó hablar y gritar a su cuñado Vicente García. En la noche del 30 de abril, en la celda contigua a la suya, sintió quejidos y una dificultosa respiración; quien ahí se encontraba, advirtió su presencia y preguntó quién era, a la vez que decía “mamá”, “Karin”. Reconoció la voz de Vicente García y le contestó que hablaba con Kathia, él se alarmó al saber que también habían sido detenidas. Finalmente, le dijo que creía no los volvería a ver. En la mañana del 1° de mayo la llevaron a otra pieza y le dieron una taza de café. Escuchó luego que abrían la puerta de una celda y que le ofrecieron a Vicente García desayuno a condición de que “hablara”, como él dijera que nada sabía, le cerraron la puerta, advirtiéndole que iba a comer cuando se decidiera a “hablar”. La testigo también fue dejada en libertad el día 3 de mayo. Por su parte, doña Viola Olivia Carrasco Rodríguez, expresa que el 30 de abril de 1977, alrededor de las 03:30 horas, en circunstancias que se encontraba en su domicilio, al igual que su hija Kathia Reimer y dos personas más, que son pensionistas en su casa  uno de ellos, Luis Segundo León Guevara, a esa época Cabo 2° de Ejército  fue detenida por unas 8 a 10 personas que dijeron ser de Investigaciones y que preguntaron por la composición del grupo familiar. Luego de un allanamiento, le vendaron la vista al igual que a su hija Kathia y las subieron a uno de los vehículos en que se movilizaban los agentes; eran 4 vehículos de los cuales 3 eran policiales con la luz que llevan arriba y otro tipo furgón Volkswagen, en este último las subieron trasladándolas a un lugar desconocido desde donde fue dejada en libertad el 6 de mayo. En el recinto donde se la mantuvo separada de su hija, fue interrogada y maltratada. Después de las 10:30 horas del día 30, sintió que habían llegado a ese lugar su hija Karin con su yerno y a ellos los interrogaron de igual forma, percatándose que a su yerno era al que más duro trataban. En los momentos de interrogatorios, ponían las radios receptores que tenían a todo volumen.
Don Jaime Troncoso Valdés, en su último testimonio prestado el 30 de enero de 1991, expone que el 2 de mayo de 1977  en circunstancias que debía encontrarse con Vicente García Ramírez  fue secuestrado por 5 civiles, los cuales lo subieron a un vehículo celeste plateado, donde fue encapuchado. Luego de unos 20 minutos de viaje, el vehículo se paró en un lugar donde se abrió un portón, ingresando por un camino de huevillo. Ahí fue bajado hasta un subterráneo en donde permaneció vendado 21 días, siendo objeto de todo tipo de apremios físicos y sicológicos y sistemáticamente interrogado acerca de sus actividades políticas y las de Vicente García. En el momento del secuestro, dos individuos le tomaron de los brazos casi al momento de bajar del taxi en el que llegó al lugar (Diez de Julio con Arturo Prat). Se cayó al suelo, tiró sus muletas y gritó su nombre, pero fue rápidamente tomado en brazos por uno de sus secuestradores que lo subió al vehículo en que se movilizaba. Respecto a Vicente García Ramírez, el testigo señala que lo conocía desde enero de 1977, fecha que comenzaron a trabajar juntos políticamente en la Secretaría Internacional del Partido Socialista. Una semana antes de la detención de Vicente García, le entregó una revista en cuyo interior había dos comunicaciones de la dirección clandestina del Partido Socialista, las que debían ser enviadas al exterior. El 28 de abril de 1977, Vicente le relató que la mencionada revista con los documentos se le había extraviado o le había sido sustraída por alguien, lo cual les preocupó enormemente. Quedaron de juntarse el 2 de mayo a las 12:00 horas en la esquina de calle Diez de Julio con Arturo Prat, para aclarar qué había sucedido con el documento referido. Concurrió al encuentro pactado siendo detenido de inmediato. Durante su cautiverio, sus torturadores lo interrogaron por Vicente García y por los documentos que éste había perdido; incluso se los leían.
En los respectivos testimonios de doña Rita Ramírez Ramírez y de Marlin García Ramírez, madre y hermana de la víctima, respectivamente, se expresa que el 30 de abril de 1977, a las 21 horas, fue allanado el domicilio de Santa Alicia 2887  donde vivía el afectado  por 4 civiles que dijeron ser de Investigaciones y que los interrogaron por Vicente García Ramírez y sus actividades. Uno de los sujetos era joven de 25 a 27 años de edad, 1.70 a 1.75 mts. de estatura, tez blanca, de bigotes finos, contextura atlética, vestía blue jeans, casaca de mezclilla y un sombrero de mezclilla de los que se usan para la playa. Otro de los sujetos, era de unos 22 a 24 años, mediana estatura, delgado, pelo color castaño, ondulado, quien portaba una cartera de hombre en cuyo interior se encontraba el carné de identidad de Vicente García. El primero de los descritos, era un sujeto que aparentaba mucha seguridad de lenguaje y gestos irónicos; parecía el jefe.
Su familia realizó múltiples diligencias y averiguaciones para dar con su paradero, pero todas ellas resultaron infructuosas y aún desconocen la suerte que corrió en manos de la DINA.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
Con fecha 5 de mayo de 1977, doña Rita Ramírez Ramírez, presentó recurso de amparo en favor de su hijo ante la Corte de Apelaciones de Santiago, rol 205 77, en el cual expone el allanamiento de que fue objeto su domicilio y las insistentes preguntas que los agentes hicieran acerca del amparado. Posteriormente, el 16 de mayo, doña Karin Reimer Carrasco presentó otro recurso de amparo en favor de Vicente García, a la vez que él mismo presentó un amparo preventivo en favor de la recurrente, de su hermana Kathia, y de su madre, Viola Olivia Carrasco R. Este último amparo, originalmente signado con el rol 241 77, fue acumulado al primer amparo por conocer de los mismos hechos. En la tramitación del recurso, se recibieron respuestas negativas del Ministerio del Interior, del Director General de Investigaciones, y del Segundo Juzgado Militar. El 17 de junio de 1977 la Corte de Apelaciones se declaró incompetente y remitió los antecedentes a la Corte de Apelaciones de Rancagua. Este último Tribunal, luego de tomar declaración a las recurrentes y de recibir informes negativos de las autoridades y servicios policiales de la zona, el 5 de agosto de 1977, no aceptó su competencia y devolvió los autos a la Corte de Apelaciones de Santiago. El 16 de agosto, la Corte capitalina aceptó su competencia a la vez que dictó sentencia rechazando el amparo, resolviendo remitir los antecedentes al 2° Juzgado del Crimen de la Granja a fin de instruir proceso por el desaparecimiento del amparado.
El 6 de septiembre de 1977, el 2° Juzgado del Crimen de La Granja dio por recibido los antecedentes remitidos por la Corte, y los acumuló a la causa N°21.485 iniciada el 24 de mayo de 1977 por denuncia de secuestro y otros delitos que van desde arresto ilegal, violación de domicilio, lesiones, hurto y otros.
A la fecha de acumulación, en la causa 21.485, constan las declaraciones de doña Viola Olivia Carrasco Rodríguez, de Karin Reimer Carrasco, quienes exponen detalladamente al Tribunal las circunstancias de sus respectivos arrestos, reclusión en recinto secreto, y las torturas de que fueron objeto junto a Vicente García Ramírez. También consta en los autos, un informe del Instituto Médico Legal en el cual se da cuenta de las lesiones de doña Viola Carrasco R., examinada por ese servicio el 24 de mayo de 1977, 18 días después de ser liberada. En la respectiva orden de investigar diligenciada por la policía de Investigaciones se entrevistó a las denunciantes, y a los pensionistas del domicilio de ellas, los que ratificaron los hechos.
Con fecha 17 de mayo de 1977, el juez don Javier Torres Vera, en virtud del decreto ley de amnistía recientemente promulgado, sobreseyó total y definitivamente la causa. Dicha resolución fue revocada por la Corte de Apelaciones de Santiago el 4 de julio de 1978, ordenando reponer la causa a estado de sumario.
El 25 de septiembre de 1978, el Tribunal acogió una petición de la denunciante, en el sentido de citar a comparecer en autos al testigo Luis León Guevara, Cabo 2° de Ejército, a fin que se le interrogue sobre si es efectivo que Vicente García era propietario de un coche “Austin Mini”, modelo 1964, color verde oscuro, 2 puertas, en el cual se movilizaba frecuentemente con él (se hace presente al Tribunal que el coche fue requisado por la DINA); que indique el nombre y domicilio de la familia que ambos visitaron el 27 de abril de 1977  ese día Luis León había invitado al afectado y su novia a una fiesta a casa de Carlos Gabler, también efectivo del Ejército. Al día siguiente García Ramírez se percató de la ausencia de los documentos del Partido Socialista  y qué sabe de la existencia de ciertos documentos que habría mantenido Vicente García en su poder la semana anterior a su detención.
Diez meses después, el 20 de julio de 1979, compareció al Tribunal Luis Segundo León Guevara, quien expresó que efectivamente el afectado tenía el vehículo señalado; pero no recuerda a qué familia visitaron el 27 de abril y que nada puede decir con respecto a los documentos señalados.
Luego de recibirse informes negativos de la CNI y de organismos policiales de diferentes ciudades del país, el 29 de noviembre de 1979 se sobreseyó temporalmente la causa por no encontrarse acreditado en autos la existencia de algún delito en el desaparecimiento de Vicente García. Con fecha 4 de junio de 1980, la Corte de Apelaciones revocó el auto de sobreseimiento, volviendo la causa a estado de sumario.
El 23 de junio de 1980, la parte ofendida puso en conocimiento del Tribunal, que un automóvil de las mismas características al perteneciente al afectado, fue visto estacionado en calle Borgoño, casi esquina con Independencia, frente a uno de los recintos de la CNI, con la patente “A.S.599, Conchalí de 1979”. Pese a las diligencias ordenadas por el Tribunal no fue posible establecer el real dominio de dicho vehículo.
El 28 de agosto de 1980, a la causa se agregó una querella criminal por el delito de secuestro. Tras lo cual comparece nuevamente Luis Segundo León Guevara, quien esta vez expresó que, efectivamente, invitó a la víctima a la casa de un amigo llamado Carlos Gabler, domiciliado en calle Santa Julia con Américo Vespucio en toda la esquina, quien era compañero en el Ejército. En mayo de 1981 nuevamente la causa fue sobreseída, esta vez también la Corte repuso el proceso a estado de sumario, a fin que se efectuaran diligencias tendientes a establecer las transferencias del vehículo individualizado. Dichas diligencias no dieron resultado alguno. Finalmente, en mayo de 1982, se sobreseyó temporalmente la causa por no encontrarse justificado en autos la existencia del delito investigado. Esta vez, la resolución fue aprobada por la Corte de Apelaciones de Santiago.
Pese a las innumerables gestiones realizadas por su familia, se desconoce la suerte corrida por Vicente Israel García Ramírez, tras su detención por agentes de la DINA el 30 de abril de 1977.

“Cuando nació, yo lo miré y lo hallé lindo”

Alfredo Rojas Castañeda

This was my country and it might be still,

but something came between us and the sun.

(Este era mi país, y aún podría serlo,

pero algo se interpuso entre nosotros y el sol.)

Edmund Blunden

Entrevista a Anita Rojas, madre de Alfredo Rojas Castañeda, detenido desaparecido el 4 de marzo de 1975, tenía a la fecha 33 años, era ingeniero y Director de Ferrocarriles del Estado de Chile. Su madre…, Anita Rojas…, nos cuenta… la historia de su hijo… Alfredo.

Hola Anita, ¿cómo estás?
Bien, gracias.

A ver Anita, acércate un poquito para que… nos salga clarita, clarita la voz…
Preguntas y tu preguntas…

Preguntas y preguntas. A ver Anita, te voy a hacer las preguntas que nos mandaron estas chiquillas desde los Estados Unidos.
Ya…

La idea es que tú nos cuentes, como muy, muy,. personalmente, por ejemplo, cómo nació tu hijo. ¿Fue un parto normal, fue cesárea, fue un parto difícil, nació de tiempo completo? A ver, cuéntanos esa parte.

Mi hijo….nació… a los nueve meses, fue… un parto… natural. Sin cesárea, sin operación. Lo tuve así… yo… con los dolores fuertes…, como madre.

¿Lo tuviste en un hospital, en la casa?
En el hospital. En el Hospital San Borjas,se llamaba.

Y cuéntame, este Alfredo ¿era… era bonito, era feíto, estaba arrugadito? ¿Cómo era?
No, no. Cuando nació yo lo miré y lo hallé lindo. Como madre no lo iba a hallar feo, aunque hubiera sido feo.

Gabriela se ríe y le dice, “no hay hijo feo”. Anita se ríe también y dice: “Sí”. Y se ríen ambas.
Pero para mí… fue la vida mía.

Y cuéntame, ¿era gordito, era flaquito? ¿Cómo era?…
Era delgado. No era gordo.

Una guaguita flaca.
Sí. Flaca, flaca no. Pero no gordoto.

Cuéntanos a nosotros, ¿era… muy comilón? ¿Mucha teta, poca teta, mucha leche, cómo era?
Sí, mucha teta. Harta teta. Mamó hasta los cuatro años… Ahhhh… dice Gabriela extrañada y algo escandalizada.
Caminando y…. venía… corriendo… estaba jugando y venía corriendo… a que le diera teta.
Fíjate que esto no tiene nada que ver conmigo, pero me acabo de acordar que yo le di teta a mi hijo hasta los tres años y yo creí que era campeona. Pero… ¿hasta los cuatro años tomó teta? ¡Ah yaa! Y cuéntanos ¿cómo se fue desarrollando esta, esta guaguita? ¿Cómo creció?
Yo… en primer lugar… tenía que trabajar, porque fui una madre sola…

Tú eres madre soltera.
Soltera. Yo lo tuve soltera… a mi hijo y cuando… lo fui a a pasar por el Civil, quedé juntarme con el padre de él para reconocerlo. Y como no llegó, lo reconocí yo…. legalmente por el nombre y apellido mío.

Sí,sí, igual que el mío. Ya.
Y… después que ya me mejoré, con guagüita… seguí trabajando, porque tenía que seguir trabajando.

¿Y quién te lo cuidaba?
Yo misma… andaba con él… con guagua. Y trabajaba en casas particulares. Me admitían con el niño…
Ahhh. Ahhh…
Sí, sí. Yo fui muy sacrificada; una madre muy sacrificada.

Y cuéntame, eh…. ¿él tuvo más hermanos? ¿Tú tienes más hijos?
No.

Fuiste madre soltera y tuviste solamente a este niño..
A este niño… sí.

Ahora… ¿cómo era el Alfredo cuando estaba chiquitito?
Oy… era lo más amoroso, mijito. Era la vida mía; y obediente, respetuoso… de todo. Lo… enseñé a mi lao, así… es que imagínate…

¿Y cómo fue de jovencito, de adolescente?
De adolescente también lo formé muy bien yo… Porque él cuando… estuvo en las primarias… estuvo… en un colegio muy bueno que lo quisieron mucho… la señorita… Inés -que todavía vive ella, está viejita si-, pero…eeh… muy buuen niño. Y después ahí dentró a laaa secundaria que llaman ahora y de ahí al Instituto Nacional. Ahí hizo los estudios de él. Las Humanidades de la época.
Las Humanidades de la época, repite Gabriela.
Las Humanidades de la época. Las humanidades en el Instituto Nacional. Y de ahí, del Instituto Nacional, después hice todos los trámites para que dentrara a la universidad. Y ahí entró a la Universidad de Chile y ahí hizo su carrera.

Ahora, cuéntanos ¿te acuerdas de alguna cosa que haya hecho, alguna chamboná… alguna lesera que haya hecho alguna vez, que tú nos puedas contar?…
Ninguna chamboná me hizo nunca -dice Anita con voz casi en un susurro y con un gran dejo de tristeza- Era el niño más dulce y más bueno… que existía en la vida… para mí.

Yaa. O sea ¿nunca te hizo naa?
Ninguna maldad. Ninguna maldad me hizo, era respetuoso desde chico.

Y de chiquitito ¿no se mandó ninguna cagadita?
No, ninguna.

O sea, no hay anécdotas de él que contar.
O sea… graves noo…

Pero no tan graves, alguna cosa simpática que haya hecho él –le dice Gabriela con voz de angustia pensando que Alfredo jamás se portó mal con su mamá. Su voz muestra extrañeza e insiste en una anécdota aunque sea una maldad inocente-. O no maldad, no tiene por qué ser maldad…
¡Ah! Lo único que cuando se enfermaba… esa es la única maldad que me ha hecho y que me acuerdo todos los días de mi vida. Que le tenía que colocar una inyección por orden del médico y sale arrancando. Corrió… como cinco cuadras -Ya ¿y?… dice Gabriela- hasta que… hasta que lo pillaron. Y lo trajeron… pero pataleaba y gritaba que no le pusieran la inyección…

Y eso, ¿qué edad tenía?
Tenía seis años. Grandecito ya… pero yo lo ayudé a sujetar, le hice cariño… hasta que lo pincharon… esa es la única… gran maldad.
Y de jovencito… no. Porque fue un niño amante a mí. Yo arrendaba una pieza; después… cuando él estaba en el Instituto Nacional; cuando entró a la universidad igual. Ya cuando se recibió se arregló mi situación.

Yaa…

Ahí se cambió todo…

Ahora… eh cuéntanos… ¿él era ya sabemos que no era revoltoso? ¿Era un poquito serio? ¿Era serio él?. ¿Era tranquilo?
Síí… era serio. Era tranquilo

¿Tenía dotes de líder… según tú… por ejemplo?
No. Lo único que le gustaba conversar con los… amistades de… de… política. Fue político desde niño.

Ya… Ahora, cuéntanos… por ejemplo… ¿cuáles eran… sus metas? Como, como él, no como tú… No lo que tú pensabas, que tú querías que fuera él; ¿tú te acuerdas cuáles eran sus metas como él? ¿Tú te acuerdas cómo eran sus metas como colegial…? ¿Cómo… sus metas sociales, sus metas profesionales… qué quería ser… cuando…?
No… lo que él quería ser….cuando sea grande, mami, me decía… voy a trabajar, para que toda esa gente que está tan pobre, más pobre que nosotros…le le ayudemos.
Siempre pensaba desde niño en la situación… eso. Y él desde jovencito… desde la universidad… se metió al partido político…

Ya… Cuéntanos esa parte. A ver, ¿le gustaba a él la política?
Le gustó mucho la política…

Vamos a suspender un segundito esto, dice Gabriela, y se cierra la grabación.

SEGUNDA PARTE

Bueno, estábamos…, tuvimos un receso. Vino alguien a vernos y ahora seguimos entonces con la conversación con Anita. Y habíamos quedado en… la actividad política que Alfredo tenía por aquellos años. Cuéntanos un poco de eso…

Ehhh, cuando estaba en la universidad… él… con más fuerza se metió en política. Cuando habían paros él estaba organizado… todo eso. Sí…

Y el era militante ¿de qué partido?
Partido Socialista. Y fue desde niño del Partido Socialista.

¿Y tú siempre supiste que él era… militante Socialista?
Sí, siempre, porque tenía un caballero amigo de él, de edad ya, se llamaba Jorge Mallín, que era médico y siempre conversaba con Alfredito. Él siempre iba a mi casa, a mi pieza, y ahí conversaban… de pura política. Yo me acostaba y ellos seguían hasta tarde en la noche… hasta que se iba el caballero. Conversando de pura política. Él era socialista también. Él le enseñó mucho y le pasó libros y de todo.

Ahora, cuéntanos ¿tú sabes si tu hijo tenía algún tipo de religión. Si era católico, evangélico qué hacía?
Cuando chico, católico, porque lo bauticé, hizo la primera comunión también, de lo cual tengo fotos. Pero después cambió de parecer. Ya no era católico.

Era ateo…
Era ateo… Sí.

Ya… Ahora, en ese tiempo de joven ¿fue a trabajos voluntarios?
Siempre. Siempre iba a trabajos voluntarios. Nunca se restó.

Yaaa…

Para las vacaciones si, no iba a trabajos voluntarios, él trabajaba en cualquier cosa, pero trabajaba para tener…
¿un billetito…????
Claro… Unos pesitos…

Ahora ¿tú sabes… bueno tú viviste muy cercana a él, por lo tanto, indudablemente tú tienes que saber… eeeh si él hacia alguna actividad artística… si cantaba, bailaba, hacía teatro o tocaba en una banda?
No, nada. Nada de esas cosas. Se dedicaba al puro estudio y a la política.

Ya. ¿Tú sabes si escribió en algún folleto, en algún diario en el liceo o tuvo alguna actividad cultural?
No. Pero cuando estaba en la universidad en tercer año, le hacía clases a los de primero… le dieron eso…
Ah, pero eso es una ayudantía…
Era una ayudantía y era pagada.

Ahora ¿tu quisieras destacar algo especial de tu hijo????
¡Ay! ¿Qué? Lo más grande de la vida… todo

Se ríe Gabriela y dice… “Para la Anita… todo, todo…”

Para mí, el niño mío jue todo. Fue la vida mía y lo destaco por sobre todas las cosas. Fue buen hijo. Jamás me levantó la voz. Jamás discutimos, ni peleamos, ni nunca yo le di una cachetá, como otras madres, porque él con palabras entendía.

Ahora, ¿el Alfredo cómo era? ¿Era enfermizo, era super sano?
No, era medio delicado del estómago. Siempre que tomaba algo, algún licor, se enfermaba. Así que lo invitaban a unas convivencias, algo… así, él se enfermaba del estómago. Así es que les tenía horror.

Y…. ¿tú sabes si practicó algún tipo de deportes, si jugaba fútbol?
No. El deporte que practicó, uno que se tira en la garrocha pa’l otro lao, bien alto…
Salto alto con garrocha…
Con garrocha, que después se cayó y se quebró un brazo. Y ahí se dejó pa’ nunca más. Era cuando estaba en la universidá.

Ya. Ese fue el deporte que practicaba.
Y ¿tú sabes que las ideas que él tenía lo hacían diferente a ti… en algunas cosas?
No. En ninguna cosa. Ni cuando él se recibió de ingeniero y todo. Decía mamá y todo y me presentaba a toda la gente. Y cuando trabajó en Ferrocarriles, tenía chofer y todo eso…

Suena el teléfono y Gabriela dice, ‘oye, lo vamos a tener que cortar de nuevo. Un segundito por favor…
Segunda interrupción. Retomamos de nuevo la conversación con Anita que nos estaba contando que nada de Alfredo lo hacía diferente a las ideas que ella tenía. Y nos contaba cuando fue Director de Ferrocarriles, presentaba a su mamá… a todas las personas…

Él nunca, nada y me invitaba cuando lo invitaban a él me invitaba también y me presentaba: mi madre. Era orgulloso de mí.

Ya. Ahora.
Yo a veces no quería aceptarle cuando me invitaba, porque yo no tenía palabras para conversar. “Pero, mamá” me decía, “si va conmigo. Yo quiero que usted me acompañe…”

Oye, ¿tenía novia? Esta pregunta no está ahí… pero…
Sí, sí, sí. Después pololeó y se casó po.

Ah…
Se casó él después. Sí. Ah… Y… nunca se metió la mujer en la Agrupación [de Detenidos y Desaparecidos]…nunca fue ni nada. Yo desde el primer día que mi hijito desapareció, fui yo. Ella nunca quiso hacer nada. Yo no sé dónde vive ahora. No tengo idea; no la veo.

Ya. Cuéntanos ahora lo que tú quieras. O sea, ya sabemos que para tí tu hijo fue lo más importante para ti…
Lo más importante para mí. Que yo di toda mi juventud por el amor de él. Yo nunca quise darle padrastro, como hay mamás que quedan solas al tiro llevan otro pa’ que se ensucie las manos cacheteando los hijos que no son de ellos. Yo no. Si quería tener algo, lo tenía fuera. O lejos.
Esa es la Anita, esa es la Anita.
Que nunca me viera mi hijo y nunca me reprochara nada…

¿Y tuviste algo? ¿o no? ja,ja…
Si..cositas pasajeras. Una pasadita a lo pintor no le hace mal a nadie.

¡He! sus cositas pocas por ahí.
Cositas pasajeras… una pasadita a lo pintor no le hace mal a nadie. Yo soy bien franca y digo las cosas.

Ja, ja, ja… Chiquillas de Estados Unidos para que vean aquí. ¿Que edad tenís tú, Anita?
Yo ahora tengo setenta.

Tiene setenta años la Anita y se acuerda aún de las pasaditas a lo pintor que le hicieron alguna vez, ja, ja, ja… Dato anecdótico chiquillas de Estados Unidos.
¿Anita, cuáles eran las ilusiones que tú tenías con él?
Las ilusiones que yo tenía… vivir siempre toda la vida. El justo me iba a comprar un departamento, antes que se lo llevaran. Sí. Ya lo habíamos visto y todo. Porque él quería dejarme bien. Él ya me compró de todo. Gracias a Dios tengo de todo, porque me dejó de too.

Ahora mira… eh
Si, yo no recibo la pensión completa…

Tú recibes…
La cuarta… son tres niños y la mujer; son cuatro.

Ya, ya.
Tuvo tres niños.

Ya ah, ah…
Yo recibo… un pedacito…
Ella está hablando, chiquillas de Estados Unidos, lo que está hablando Anita tiene relación con un dinero que nos entregan a partir del Informe Rettig, en donde se reconoce que nuestros maridos y en el caso de la Anita, su hijo. Perdón, marido en el caso mío, fueron… desaparecidos por gente del Estado y entonces nos entregan un dinero que se los pongo en dólares: a ver yo recibo… ciento cuarenta y siete… serían un poquito menos de ciento cincuenta dólares. Y la Anita recibe…¿cuánto recibes tú Anita?
Ochenta y ocho…

Ochenta y ocho. O sea, la Anita… eh… recibe como… setenta u ochenta dólares. A ver… eh… No… más pu… cien dólares… ciento treinta dólares… ciento treinta dólares… aproximadamente recibe la… Anita y yo… recibo a ver… cien dólares, doscientos dólares…yo recibo como doscientos cincuenta dólares como esposa y… la… Anita recibe como ciento veinte dólares mensuales. A ese dinero… se está… refiriendo ella.

Ahora… cuéntanos Anita… yo sé que esto es complicado… ¿Cuán dolorosa… fue la búsqueda de tu hijo en un país con dictadura?
Uf… terrible. Muy terrible… porque al principio no podíamos salir, pue. Era… era terrible, porque yo tenía miedo que me hicieran desaparecer a mí, pu. Pero yo desde el primer día que mi hijo no llegó… salí. Salí a buscarlo. Salí a todas partes… Y después… ya los organizamos todas las compañeras… con el mismo dolor y empezamos a salir a la calle. En la cual los carabineros nos detenían… los tiraban agua… los pegaban… los tiraban bombas… los llevaban detenidas. Tue… en la… cárcel de mujeres cinco días una vez que nos llevaron a un… grupo.
Sí… sí… me acuerdo… dice Gabriela.
Estuve en las huelgas largas de hambre; estuve diez y siete días, cuando ahí se comprometió Pinochet, de que los iba a dar una respuesta… que termináramos la huelga… porque habían muchas personas graves; en la cual estaba yo grave. Que yo, realmente,… no, no me acuerdo, porque los médicos que nos veían en la noche… me tuvieron que pegar en la cara. Al otro día me vi en un espejo, estaba moreteá. Aonde yo no resistía y me iban a llevar a la clínica, pero no alcanzaron a sacarme a la clínica. Entonces Pinochet… dijo él en Rancangua, en un discurso “que las mujeres detuvieran la huelga, porque sabía que habían personas muy graves y que él al día siguiente nos iba a dar una respuesta”. En la cual… hasta el día de hoy no nos dio nunca la respuesta…

Anita, cuéntame…. ¿cómo te las arreglaste para vivir en la época de la dictadura?
Uhhhh… terrible, pero me las arreglé. Para arriba para abajo… pa’to… sin plata; andando cuadras y cuadras; menos mal que yo tenía una… la pensión de mi trabajo, también la tengo, que es el Seguro Social… que es mínimo; lo más poco que lo que recibo… po.
Es que las pensiones aquí son enanas pa’ colmo…
Y lo más bien que me… las arreglaba… Hacía arpilleras. No e que yo trabajaba en las arpilleras y todas las semanas entregaba…

Sí, sí…
Así es que eso me servía de paliativo y de… harto…

Ahora… cuéntanos ¿cuál es tú esperanza en el Chile de hoy, porque… también… sabemos que tú votaste por Lagos…
Exactamente…

Entonces… ¿cuál es tu esperanza en el Chile de hoy?
¿Tú sabes que yo trabajé con Lagos?

Por supuesto…-la voz de Gabriela suena con énfasis y festiva y dice- por supuesto, si trabajamos juntas…
Y me dieron un diploma… y lo tengo en un marco.

Yo no tengo diploma –dice Gabriela con voz de queja y broma.-
Yo lo tengo en un marco con la foto de él y me reconoció él. ¡Ah! Sí que estoy contenta con ésa… y le mandé a poner cuadro…

Viste…yo no tengo….-dice con voz de niña regalona-.

A mí me lo mandaron…

A mí no me dieron nada… porque yo lo conseguí para todas ustedes.

¿Y para tí, nada?

Y no me dieron a mí, dice con voz de niña consentida Gabriela. Bueno… dale –continúa con su misma simpatía Gabriela-.

¿Cuáles son tus esperanzas entonces?
Las esperanzas mías de… Lagos… de que… alguna vez… lo primero… que sepamos deee… nuestros seres queridos. Todas las madres… esposas… familiares… queremos saber de ellos… que nos entreguen… y no sé cómo… lo voy a… el día que yo vea… que me entreguen a mi hijito… no sé qué me va a pasar… no quiero pensarlo… Y también le pido… yo al Presidente Lagos… que me suba la pensión. Porque las pensiones son super bajas…

Buen aviso, buen aviso. Ahora ¿a quien culpas tú de la desgracia que estás viviendo? ¿Quién tiene la culpa de todo esto que pasó?
A la derecha pue.

Ya…
La derecha…. y los milicos que se… fue la derecha que se juntó co… lo pa’hacer el golpe…

Y la desgracia de los detenidos desaparecidos acá en Chile… ¿quién tiene la culpa… de eso… crees tú?
No sé… -dice con voz casi imperceptible Anita-.

¿Quiénes desaparecieron? ¿Quién dio las órdenes? ¿Qué pasó?
¡Ah!.Los de arriba pue… el General Pinochet. El dio las órdenes. Y la CNI que los torturó.

Cuéntanos. ¿Tú crees que existe justicia aquí… en Chile?
Muy poca. Yo desconfío de la justicia chilena.

Tu desconfías de ella…
Sí. Pero me alegro que haya estado más… de quinientos tres días el viejo allá…

¿En Londres?
En Londres… detenío… gracias a nosotros. Tuvo más de un año.

Eso mismo me engarza con una pregunta que viene acá. ¿Qué piensas del Juez Garzón?
¡Ay! No… sé…-dice con voz nerviosa- él hizo mucho pero parece que… alguien hizo algo para que no siguiera…

La última pregunta Anita. ¿Tienes esperanzas de encontrar a tu hijo?
Sí. Yo tengo esperanzas. Y yo digo, el día que me lo entreguen, y que yo puea enterrarlo, irlo a ver al cementerio todos los días si yo quiero y llorarlo… llearle una flor. Ya yo me quedaría tranquila en la casa. Ahí ya moriría tranquila. Mientras no sepa de él, yo me doy fuerza…

Anita, ¿quieres mandarle un mensaje a estas chiquillas norteamericanas?, como ya terminamos la entrevista ¿Quieres decirles algo a ellas? ¿Quieres pedirles algo, que pongan algo… qué… qué les dirías?
Yo les diría a las… a las señoritas… de allá de Estados Unidos… que por favor haga el libro como lo van a hacer ellas y que se acuerden de nosotros… las madres… las esposas… los familiares. ‘Tamos sufriendo mucho por nuestros seres queridos…(su voz suena con énfasis ahora) veintiséis años ya…

Okey Anita. Muchas gracias… ¿ah?

Nombre : ALFREDO ROJAS CASTAÑEDA
Rut : 4.019.953
F.Nacim. : 22-09-40, 34 años a la fecha de la detención
Domicilio : Clorinda Wilshaw 743, Ñuñoa, Santiago
E.Civil : Casado, tres hijos
Actividad : Ingeniero Civil
C.Repres. : Ex Director de la Empresa de Ferrocarriles; Militante del Partido Socialista.
F.Detenc. : 4 de marzo de 1975

SITUACION REPRESIVA
Alfredo Rojas Castañeda, casado, 3 hijos, ingeniero civil, ex Director de Ferrocarriles del Estado, militante del Partido Socialista, fue detenido por primera vez por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, a fines de septiembre de 1974, y trasladado al recinto de José Domingo Cañas con República de Israel, en donde permaneció alrededor de 10 días tras lo cual fue dejado en libertad. En ese período fue interrogado y torturado intensamente. Posteriormente, a fines de enero o principios de febrero de 1975, nuevamente fue detenido por agentes de la DINA, entre ellos Osvaldo Romo y Luz Arce Sandoval, en su domicilio de calle Clorinda Wilshaw, siendo trasladado a Villa Grimaldi desde donde fue dejado en libertad en horas de la noche del mismo día de la detención. Finalmente, el 4 de marzo de 1975, fue nuevamente detenido por efectivos de ese mismo organismo de seguridad, luego que saliera de su lugar de trabajo en dirección a su domicilio. Tras esta tercera aprehensión fue trasladado a Villa Grimaldi en donde fue sometido a intensas torturas e interrogatorios. En este recinto fue visto hasta finales de la segunda semana de abril de 1975, perdiéndose luego todo rastro de su persona. Sus aprehensores se quedaron con su automóvil Citroen, AK-88 Yagán, patente KR-406 de Providencia.
Durante su estadía en Villa Grimaldi, la DINA lo obligó a firmar cheques de su cuenta corriente los que posteriormente fueron cobrados por otras personas.
De su primera detención y posterior estadía en Villa Grimaldi, da cuenta el testimonio de doña Rosalía Martínez Cereceda, quien expresa haber sido detenida el 22 de septiembre de 1974 y trasladada al recinto de la DINA de José Domingo Cañas con República de Israel, en donde permaneció hasta el 5 de octubre de ese año. Señala la testigo que el 27 o 28 de septiembre llegó a ese recinto Alfredo Rojas Castañeda quien le refirió haber sido detenido en su oficina, que había trabajado en Ferrocarriles y que estaba muy preocupado por su familia ya que ignoraban su detención. Alfredo fue sacado del recinto unos días después y nunca más supo de él.
Acerca del arresto practicado por Osvaldo Romo y Luz Arce Sandoval, esta última da cuenta en su testimonio prestado ante la Comisión Verdad y Reconciliación y que fuera publicado por la prensa, que de las fotografías de personas detenidas en el período de febrero de 1975, reconoce a Alfredo Rojas Castañeda, a quien conoció cuando trabajaba en Ferrocarriles. Agrega la testigo que la DINA la llevó en el vehículo que fue a su casa a detenerlo, en un horario muy temprano, antes que él saliera a trabajar. Agrega que entre los agentes iba Osvaldo Romo, lo que significaba que fue la Unidad de Krassnoff la que realizó la detención. Posteriormente, vio al afectado en el baño de Villa Grimaldi, estaba sentado, amarrado de pies y manos y se notaba que había sido golpeado o torturado; su rostro se veía bastante decaído; un agente le dice, “bueno, vamos a empezar a colaborar”, y Rojas realizó un movimiento negativo con la cabeza. Esa fue la última vez que la testigo lo vio. Finalmente, Luz Arce señala que cuando ella se retiró de Villa Grimaldi, en julio de 1975, aún permanecía ahí el vehículo de Alfredo Rojas.
De su última detención y traslado a Villa Grimaldi y que culminara con su desaparecimiento, dan cuenta los testimonios de varios testigos que sobrevivieron a la DINA. Doña Fidelia Herrera Herrera, expresa en su declaración judicial haber sido detenida el 14 de febrero de 1975 y trasladada a Villa Grimaldi. Posteriormente, no recuerda la fecha, vio en ese lugar a Alfredo Rojas Castañeda a quien conocía de antes por ser también militante socialista. Lo vio hasta el 16 o 23 de abril, fecha en que la testigo fue trasladada de recinto. Durante todo ese tiempo, Alfredo fue mantenido en el sector denominado “La Torre”, y, se encontraban generalmente en las mañanas cuando realizaba el aseo; en alguna oportunidad le lavó la ropa que él le mandaba. Otra ex detenida doña Amelia Odette Negrón Larré, expresa en su testimonio judicial haber sido detenida el 10 de febrero de 1975 y trasladada a Villa Grimaldi. El 4 de marzo llegó hasta la Villa, Alfredo Rojas Castañeda, quien fue recluido en el sector llamado “La Torre”. Lo veía en horas de la mañana o en la tarde cuando los prisioneros de la Torre eran bajados al baño y cuando entregaban ropa sucia para ser lavada. Varias veces conversó con Alfredo Rojas, a quien vio hasta el 21 de marzo de 1975, fecha en que la testigo fue trasladada a 4 Alamos.
Don Jaime Alejandro Oyarzo Espinoza, expresa en su comparecencia judicial que encontrándose en Villa Grimaldi, vio llegar más o menos el 4 de marzo, en horas de la tarde, a Alfredo Rojas Castañeda a ese recinto, y a partir de ese momento lo vio todos los días, cuando eran sacados al baño o para realizar algún trabajo. Lo vio hasta el último viernes del mes de marzo, fecha en que el testigo fue trasladado a 4 Alamos. Por su parte don Guillermo Wilson Muñoz Pérez, expresa en su testimonio judicial que encontrándose detenido en Villa Grimaldi, vio llegar hasta ese lugar -alrededor del 5 o 6 de marzo de 1975- a Alfredo Rojas Castañeda a quien conocía de antes. Desde esa fecha lo vio casi todos los días, hasta el 7 de abril, fecha en que fue trasladado de recinto.
Por otra parte, su último arresto fue reconocido por el Ministerio del Interior, organismo que al ser requerido por los Tribunales de Justicia, señaló que el afectado fue detenido el 14 de marzo de 1975 en 4 Alamos y que el 26 de marzo de dispuso su libertad. Pero la verdad es, que Alfredo Rojas fue detenido el 4 de marzo y se le vio en Grimaldi hasta el 16 o 23 de abril de 1975.
Su familia realizó numerosas diligencias y averiguaciones para dar con su paradero, pero todas resultaron infructuosas y aún desconocen la suerte que Alfredo Rojas Castañeda corrió en manos de la DINA.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El 19 de marzo de 1975 se presentó un recurso de amparo en su favor ante la Corte de Apelaciones de Santiago, rol 381-75, requiriéndose información al Ministerio del Interior, al Comandante en Jefe de Zona de Estado de Sitio, y al SENDET. El Ministerio del Interior informó a la Corte que el amparado fue detenido en virtud del Decreto Exento N?903 y posteriormente dejado en libertad en virtud del DE N?933. El informe de esa Secretaría de Estado no señala la fecha de ambos Decretos. El Tribunal requirió al Sr. Ministro precisar las fechas de detención y posterior libertad del afectado, pero esa Repartición reiteró lo informado anteriormente. Con el mérito de esta información, la Corte rechazó el recurso de amparo y, pese a que el amparado a la fecha de fallarse el recurso permanecía desaparecido, no se remitieron los antecedentes al Juzgado del Crimen correspondiente.
El 16 de abril de 1975, doña Ana Rojas Castañeda, madre del afectado, denunció el desaparecimiento de su hijo en la Comisaría de Carabineros de Ñuñoa. El parte correspondiente ingresó al 8? Juzgado el Crimen de Santiago, iniciándose un sumario por presunta desgracia. El 8? Juzgado del Crimen se declaró incompetente y remitió los antecedentes al Noveno Juzgado del Crimen de Santiago, Tribunal que aceptó su competencia dando inicio a la causa 14.048-10. En mayo de 1975 la denunciante concurrió al Tribunal ratificando los términos de la denuncia, agregando como antecedente que al concurrir a la Dirección General de Investigaciones a realizar trámites para saber de su hijo, se percató que al frente del Cuartel General de esa Institución, se encontraba estacionado el vehículo Yagán Citroen de propiedad de su hijo y que le fuera sustraído por sus aprehensores. Había sido cambiada la patente original por una patente Argentina, Placa C-473672. El automóvil mantenía todas las otras características: color beige, capota negra, una rasmilladura producto de un choque, y la tapa del estanque de bencina que su hijo le había colocado y que no correspondía a la del modelo del vehículo. Sin embargo, el Servicio de Investigaciones informó al Tribunal que en esa Institución no existía vehículo alguno con esas características, y el Servicio de Aduana señaló que no había ingresado a territorio nacional ningún automóvil argentino con la patente señalada. Asimismo, la orden de búsqueda permanente del vehículo emitida a Carabineros no dio resultado alguno.
Por otra parte, la orden de investigar el paradero de Alfredo Rojas, y que fuera diligenciada por Investigaciones, no dio resultado alguno, salvo el de verificar el desaparecimiento del ofendido. En junio de 1976, comparecieron ante el Tribunal doña Fidelia Herrera Herrera, Amelia Odette Negrón Larré, Jaime Alejandro Oyarzo Espinoza y Guillermo Wilson Muñoz Pérez cuyas declaraciones ya fueron expuestas. En ese mes de junio, el Ministerio del Interior informó que Alfredo Rojas Castañeda permaneció detenido en el Campamento de Detenidos de Cuatro Alamos en virtud del Decreto Exento 903 de fecha 14 de marzo de 1975 y que, posteriormente, quedó en libertad por Decreto Exento 933 de fecha 26 de marzo de 1975.
Con estos antecedentes acumulados, el 12 de febrero de 1977, la jueza doña Norma Tomé Palma sobreseyó temporalmente la causa con el fundamento de que “no se encuentra justificada en autos la existencia del delito denunciado”. Dicha resolución fue revocada por la Corte de Apelaciones de Santiago, por considerar incompleta la investigación, acogiendo así la opinión del señor Fiscal de la Corte, quien señaló en su dictamen, luego de realizar un resumen de los antecedentes, que Alfredo Rojas Castañeda estuvo detenido en Villa Grimaldi con posterioridad al Decreto Exento 933 que dispuso su libertad. El sumario instruido, tampoco permitió esclarecer el destino del vehículo Citroen Yagan. En su resolución, la Corte ordenó decretar las diligencias solicitadas por el Sr. Fiscal, consistentes en una inspección personal a los Libros del Guardia del campamento Cuatro Alamos, establecer el día preciso en que Alfredo Rojas fue dejado en libertad, la hora precisa y de qué manera se realizó el cumplimiento, y despachar a Carabineros una orden permanente de recuperación del vehículo Citroen.
El 21 de julio de 1977, el Tribunal se constituyó en el Campamento de Detenidos de Tres Alamos y revisó los libros de ingresos y egresos de detenidos. El afectado no aparecía registrado. El Tribunal deja constancia que al tratar de revisar los libros del recinto de Cuatro Alamos (a cargo de la DINA), se les prohibió el ingreso a dicho campamento por no contar con la autorización del Ministerio del Interior. Solicitada dicha autorización, el Ministro del Interior informó que dicha diligencia se debía llevar a efecto por intermedio de los Tribunales Militares de la correspondiente Jurisdicción. Posteriormente, el Campamento Cuatro Alamos fue desactivado y la Secretaría del Interior señaló desconocer el destino de la documentación de dicho campamento.
El 24 de febrero de 1979, se presentó ante el mismo Tribunal una querella criminal por delito de secuestro, la que fue acogida a tramitación acumulándose a la causa. El 8 de agosto de ese mismo año, los antecedentes fueron remitidos al señor Ministro en Visita Servando Jordán López, quien se encontraba investigando los casos de personas detenidas desaparecidas del Departamento de Santiago.
La parte ofendida puso a disposición del señor Ministro 6 cheques pertenecientes a la cuenta corriente del afectado, y cuyo cobro podría haberse realizado por sus aprehensores, solicitándose en consecuencia, oficiar a los distintos bancos a través de los cuales fueron cobrados los cheques a fin que informen los nombres de los titulares de las respectivas cuentas corrientes. Sin embargo, las diligencias realizadas al respecto no aportaron antecedentes que permitieran esclarecer los hechos, por cuanto, una de las personas que al parecer cobró uno de los cheques, don Carlos Eduardo Botinelli Rubio no fue habido, registrando Ficha Policial como “estafador”. Por otra parte, el señor Ministro investigador tuvo a la vista las causas 120.332 del Tercer Juzgado del crimen por el desaparecimiento de Santiago Ferruz López y la causa 83.109 del Segundo Juzgado del Crimen por el desaparecimiento de María Isabel Joui Petersen; dejando constancia de las piezas relativas a Villa Grimaldi y la declaración del Mayor de Ejército Rodolfo Wenderoth Pozo, quien señala que en Villa Grimaldi no hay prisioneros y que allí sólo hay dedicación a “las labores inherentes a la carrera de las armas”. En otro ámbito del proceso, el Señor Ministro Servando Jordán recibió respuestas negativas de los diferentes cementerios de la Capital, de las comunas de la ciudad -referida a la renovación de la patente del vehículo buscado- y del Instituto Médico Legal. El 6 de marzo compareció ante la Visita el agente Marcelo Luis Manuel Moren Brito, quien señaló que Villa Grimaldi era un lugar de tránsito de detenidos y al serle exhibida la fotografía de Alfredo Rojas Castañeda manifiesta que no ubicaba a esa persona.
El 30 de abril de 1980, el señor Ministro en Visita decretó el cierre del sumario, resolución que fue apelada por la parte perjudicada. La Corte de Apelaciones acogió la apelación y ordenó reponer la causa a estado de sumario. Posteriormente, el 27 de junio de 1980 y luego de certificarse que en el cuaderno de la visita consta que Villa Grimaldi se encuentra en poder de la CNI y que ésta recibió el lugar de la DINA, sin personal a su cargo, desconociéndose la identidad de quienes ocupaban dicho inmueble, y de recibirse informe negativo del Ministerio del Interior en el sentido de que en esa secretaría no existen antecedentes acerca del lugar en que se encontrarían los registros o “fichaje” de aquellas personas que en el año 1975 habrían sido llevadas a Villa Grimaldi, el Sr. Ministro nuevamente decretó el cierre del sumario. Sin embargo, el propio señor Ministro Jordán dejó sin efecto la resolución al acoger el recurso de reposición presentado por la parte querellante.
El 31 de agosto de 1977, Carabineros informó que las diligencias efectuadas con el fin de ubicar el vehículo Citroen no han dado resultado alguno. En abril de 1981 prestó extensa declaración doña Sonia del Carmen Torres Avendaño, cónyuge de la víctima, quien aporta como antecedente, que en enero de 1975 fueron dos hombres de civil a su domicilio llevándose detenido a su esposo a un lugar que ella desconoce, y que los mismos civiles lo llevaron de vuelta a su casa en hora de la madrugada. En esa oportunidad Alfredo Rojas le manifestó que lo habían careado con una persona que no conocía.
El 12 de mayo de 1981, el señor Ministro en Visita se declaró incompetente de seguir conociendo los hechos, y remitió los antecedentes al 2? Juzgado Militar de Santiago. El 28 de ese mismo mes y año, el Tribunal Militar aceptó su competencia y ordenó a la Primera Fiscalía Militar de Santiago instruir la causa 419-81.
El señor Fiscal, Luis Berger González, recibió respuestas negativas de los diferentes cementerios de la ciudad, de los Servicios de Seguridad de las distintas ramas de las FF.AA. y de Orden. El 4 de diciembre de 1981, el señor Fiscal decretó el cierre del sumario por considerar agotada la investigación. El 8 de enero de 1982, el Juez Militar, Brigadier General Osvaldo Hernández Pedreros, sobreseyó total y temporalmente la causa con el fundamento de que “no resulta completamente justificada la perpetración del delito que dio motivo a la formación del sumario”. En abril de ese año, la Corte Marcial confirmó el auto de sobreseimiento, rechazando el recurso de apelación presentado por la parte ofendida.
El 16 de octubre de 1989, el señor Fiscal General Militar, Enrique Ibarra Chamorro, solicitó el desarchivo de la causa para el sólo efecto de dictar auto de sobreseimiento total y definitivo en virtud del Decreto Ley de Amnistía de 1978.
El 30 de octubre de 1989, el Juez Militar, Brigadier General Carlos Parera Silva, ordenó el desarchivo de la causa y dictó auto de sobreseimiento total y definitivo tal como lo solicitara el Fiscal General Militar. Dicha resolución fue apelada por la parte perjudicada ante la Corte Marcial y luego a la Corte Suprema. Ambos Tribunales confirmaron la resolución de sobreseimiento, encontrándose la causa amnistiada.
Osvaldo Romo Mena, uno de los agentes de la DINA, que participara en la segunda detención de la víctima y uno de los interrogadores del recinto de Villa Grimaldi, desde donde desapareció Alfredo Rojas, fue detenido el 16 de noviembre de 1992. Después de años de búsqueda, en diligencias decretadas en la causa por el desaparecimiento de Alfonso Chanfreau Oyarce, dieron con la ubicación de Romo. Este se encontraba viviendo en Brasil, bajo una nueva identidad -Osvaldo Andrés Henríquez Mena-. A ese país había viajado junto a su familia a finales de 1975, época en que estaba siendo citado por Tribunales en numerosos procesos por víctimas de la represión. En esas circunstancias la DINA le proporcionó los medios para salir de Chile y le otorgó documentos de identidad falsa para él, su cónyuge e hijos.
Romo ha sido interrogado en varias causas de detenidos desaparecidos, y en seis de ellas se ha dictado auto de reo en su contra. A diciembre de 1992, tenía varias citaciones pendientes a Tribunales.

El Corazón de Gabriela Zúñiga

El Beto y la Tere

Aquí hubo sangre, aquí en este hueco inmenso latió

una vida;

aquí en esta húmeda soledad hubo voces, dulces

voces llamando

Vicente Aleixandre

El Obrero y Geografía

¿De qué país vienes?

-Yo soy de…

Al sur del Perú

Al lado de Argentina

Al este de la cordillera de los Andes

Al oeste del océano Pacífico.

¿De qué país vienes?

-Allende

¿De antes o después…?

Los Humanos hacen la historia y geografía

Alfredo Lavergne del libro Cada Fruto

Esta vez nos vamos a encontrar con los amigos de Alvaro Barrios Duque. Conversaremos con Humberto González, (el Beto) y… la cuchara la va a meter también su… esposa, la Tere -Teresa Vargas- que conoció seguramente al Alvaro… Vamos a comenzar con el Beto.

Beto, ¿Cuándo y en qué circunstancias conociste al Alvaro?

Se escucha un largo silencio en la grabación… luego, un suspiro profundo y emerge la voz de un hombre que dice:

Puede ser más o menos del año 52 ó 53 que yo tenía siete años y la circunstancia de que mi papá se casó por segunda vez y nos fuimos a vivir a la calle Altamirano, a dos casas de Alvaro, que por ese tiempo debe haber tenido unos cinco o seis años.

Huuu, o sea, harto tiempo… o sea… ya… ¿Cómo fue la relación que tuvieron?, pensando que se conocieron a los cinco años… ¿Se cayeron bien al tiro o… o… no simpatizaron?
Sí. Sí. Eeh… claro, yo diría que desde… el comienzo hubo mucha afinidad. Obviamente, él me veía como… como su amigooo…mayor…

¿Cuánto mayor eras tú?
Uno o dos años…

Ah ya… tú eras viejo…
Bueno, simpatizamos mucho. El vivía como en una casa quinta, muy atractiva, porque nos permitía jugar libremente… correr y rodear la casa jugando… digamos…
Ah… –nos dice Gabriela Zuñiga- yo tengo que contarles que están hablando del marido mío. De tal manera que yo sé de la casa que estás hablando; estás hablando de la casa de las tías…
Sí, claro…
Estás hablando de la casa de la tía Lucita…
Sí. Era una casa así, de estilo antiguo… pero muy atractiva. Tenía una inmensa palmera al interior de la casa. Eh… muchos árboles, entonces nosotros… eh… nos juntábamos allí a jugar con mi hermano Ricardo, fallecido hace tres años ya. Y uno que otro amigo… uno o dos amigos más. Bueno, Alvaro como… como dueño de casa, o anfitrión, eh… siempre fue bien… bien abierto, bien generoso; nos recibía bien…eh compartía su fruta… (se ríe con una risa entre nerviosa y de añoranza) La de los árboles…
¿Qué había átras?, habían unos árboles… eran unos ciruelos ¿qué eran?
Bueno, en esa casa habían higueras, habían nogales, habían naranjos, limones, ciruelas, eh… uva… o sea parrones… eeh y un olivo. Eso es lo que yo recuerdo. Bueno, allí fuimos creciendo. Ibamos a los mismos colegios.
¿Siempre fueron a los mismos colegios? ¿Cuándo estaban chicos también?
Bueno… a partir desde que yo… llegué a ese barrio; o sea al año siguiente. Ibamos… íbamos a la misma Escuela 18.
Ah… yo los hacía juntos siempre en el “Valentín Letelier”
Eso es en la Enseñanza Media.
Yo sé, pero pensé que ahí se habían juntado…
No, nos juntamos en la Básica. Y… es más, por esos años no habían muchos automóviles en las familias y el papá… de Alvaro, disponía de un automóvil –él trabajaba en Correo- o bien era una camioneta.
La camioneta de Tito.
Entonces nos íbamos todos juntos a la escuela. Y salíamos qué sé yo, tipo, no sé, un cuarto para las ocho de la mañana. Entrábamos a las ocho. Nos íbamos los cuatro fundamentalmente. Cuatro amigos. Ricardo, Alvaro, yo y un vecino que vivía al frente de nosotros, Mario.
El Mario, sí, sí… -dice Gabriela, como recordando-.
Un tipo menor incluso y un tanto “quedao”, pero igual, nos juntábamos y, y, y, bueno, para los juegos había que hacer número. En las mañanas, sobre todo en el invierno, recuerdo, que… eh, una cosa era subirse a la camioneta y luego bajarse para empujarla, de modo que partiera y ahí nos ibamos todos.
Ah, entonces estaba fría…
Si pu… y en esa tarea tenían que colaborar también nuestros papás. Salía el papá del Mario, mi papá, etc., entre todos empujábamos la camioneta y cuando partía… ya nos íbamos y llegábamos a la escuela.
Se puede decir, perdona, que ustedes crecieron juntos. O sea que tienen más aventuras…
Claro, claro. Nosotros fuimos creciendo juntos en ese barrio.
Y cuentános, ¿qué cosas compartían en el lapso de tiempo, en esa cantidad de años que estuvieron juntos?
Principalmente los juegos. Te digo, que sé yo, eh, así como existe un “Club de Tobi”, nosotros nos hicimos también una casucha al interior o al fondo de la casa de Alvaro, bajo un olivo. Y entonces, dentro de esa casucha que era de tabla, con techo, con fonolas o no me acuerdo de que haya sido. Bueno teníamos un fogón, y entonces allí si en la tarde nos daba por cazar pajaritos con hondas; luego los desplumábamos y lo echábamos dentro de unos tarros y le echábamos verduras…
¿Y se comían los pajaritos?
No puh. Como no los sabíamos destripar, entonces nos quedaban muy amargos… quedaban con todos los interiores. Era más que nada la entretención y hacerse la idea que íbamos a darnos un festín con los pajaritos, con los gorriones que habíamos cazado…
¿Y ya más de jovencitos? Si crecieron juntos, más de jovencitos ¿qué hacían?
Mira, yo creo que estuve hasta los dieciseis años viviendo junto a Alvaro. Casi diez años, si; y te cuento rápidamente, qué pasó en todo ese tiempo. El grupo se amplió un poco; al final éramos como seis u ocho en todo ese tiempo. Erámos como seis.
Siempre Tobi, interrumpe Gabriela en tono de pregunta. ¿Y las mujeres?-
No, no… contesta Beto.
¿No habían mujeres?, pregunta otra vez, Gabriela…
Bueno, de repente jugábamos a las escondidas con algunas vecinas de por ahí. Pero no era lo habitual. No era lo habitual que estuvieran integradas. No habían mujeres en el grupo. Porque nuestras entretenciones eran jugar al fútbol. Jugar a la pelota. Y donde, por supuesto…, habían dos personas, que eran las mayores. Hugo, uno que se integró al final al grupo. Hugo Aravena, un dentista que hoy reside en España, que es poco menos que millonario… y… eh… y yo. Entonces… la cosa era… repartir al grupo, normalmente, tres o cuatro para cada bando. Y jugar toda la tarde a la pelota.
¿Y Alvarito era malo…?
No, no, era bueno.
¿Ah, era bueno?
Y siempre alineaba para el lado mío, sí.

Ambos se ríen a carcajadas, celebrando el comentario sobre Alvaro Barrios.-

Bueno, a eso jugábamos. Y también a otro juego; fundamentalmente…, eh… Alvaro… era como muy soñador… eh y le gustaban los libros como por ejemplo de Salgari, de Emilio Salgari. Entonces le gustaba jugar a eso, a Sandokan; o qué sé yo; le gustaba subirse a los árboles, esconderse, hacer trampas. Esconderse para pillar a los enemigos, etc. Cosas de ese estilo. Nosotros seguíamos esa… esa volá, puh. Entonces, también, nos repartíamos. Hacíamos dos bandos, uno lucha y peleaba contra el otro; tomábamos prisioneros… etc., blah, blah, blah. Y en eso se nos iba…
¿Y eso a qué edad?
Yo diría entre los siete… y los diez años. Posteriormente, entre los doce y los quince, ya íbamos al estadio. Y en esa época en Chile, los niños no pagaban entradas. Bastaba con que uno… eh… se colgara del brazo de un adulto y le dijera papá y entonces pasaba como hijo… y no pagaba la entrada. Entonces nosotros, sábados y domingos, estábamos pegados en el Estadio Santa Laura, de la Plaza Chacabuco. Siempre bien vestidos… o sea… limpios y y y y bien vestidos. A objeto de poder pasar a las tribunas, porque nos gustaba ver el partido desde las tribunas. Ahora, en esas tribunas, nosotros, una vez finalizado el partido, recogíamos muchas colillas de cigarros y luego en la casa cruz desarmábamos los cigarros, o sea, le cortábamos la parte quemada, los filtros. Muchos filtros no habían en esa época. Y luego mezclábamos y remezclábamos todo ese tabaco y lo fumábamos en unas pipas que nos hacíamos ya sean con corchos o con cuescos de palta…
Aja,aja- dice Gabriela con ironía- y luego cambiaron el tabaco por otra cosa, entiendo.
Je je… no, no, o sea, también, pero… eso… íbamos también cuando en Chile apareció la mariguana, pero nosotros como niños ni la conocíamos… Entonces nos buscábamos sustitutos. Entonces nos habían dicho que el guano de conejo… era… era… muy similar a… a… a la mariguana. También, también, muchas veces picábamos cáscaras de plátanos y las poníamos al sol en el techo…
Oye, eso se transforma en alucinógenos fácilmente … ¿de qué año estamos hablando?
A ver, tendría que ser comienzo de los sesenta. Bueno, eso es lo que yo te puedo decir de la etapa infantil. Recuerdo también yo me empecé… momentáneamente… o quizá me tuve que apartar un poco del grupo por ser mayor junto con Hugo, comencé a pololear, entonces ya no le podía dedicar, qué sé yo… todo el día… al, al grupo. Yo me desaparecía desde … desde las siete de la tarde, dos tres horas… no sé y bueno ahí… naturalmente, eso creaba un malestar –celos, dice Gabriela- Sí… porque… ellos decían de que… yo me distanciaba… Que ya no los miraba igual… Que ya no les dedicaba el mismo tiempo. Yo decía, bueno ya llegará el momento que ustedes van a hacer lo mismo… Pero por esa época también yo me trasladé, me cambié de barrio. Tuve una relación con Alvaro igualmente estrecha, pero de fin de semana. De hecho lo hacía, de repente, los días viernes en la noche me iba a su casa y me quedaba hasta el domingo, qué sé yo… Pero era más de fin de semana. En esa época… bueno… ya estábamos en la universidad.
¿Estamos en qué año?
Bueno, en los años 65, diría yo…
¡Ya!
En los años 65… y fundamentalmente ahí… de lo que se trataba… era… juntarse en la casa de Alvaro, porque él como tipo medio soñador y ¿cómo te podría decir?… como intelectual…-ja,ja,ja, se ríe Gabriela- ocupaba mucho tiempo en leer…-ese era mi marido, dice Gabriela esta vez-Ocupaba mucho tiempo en leer y quizá en reflexionar y etc., etc.
Esa cuestión ya la conozco yo… ja,ja,ja -dice Gabriela otra vez y se ríe.
Ya puh…, entonces cada vez que ibas a la casa, siempre lo encontrabas. Además que costaba mucho sacarlo de la casa. Mucho sacarlo de la casa.
Además que la mamá lo regaloneaba ene.
No –dice Tere-además teníamos que ser objetos de sus experimentos, según la lectura… Porque le dio un tiempo por la hipnosis…
Ja,ja,ja -se ríe Gabriela.
…entonces… encontró que lo más adecuado… era aplicar la hipnosis a nosotros para… ver si daban resultados todos los conocimientos.
Yo sé, yo sé, si andaba hipnotizando en la universidad.
Claro, entonces a mí me hipnotizaba también y el miedo nuestro era de que no pudiéramos volver. Pero en realidad era un miedo estúpido, porque nunca nos fuimos puh…- Se ríen todos del comentario de la Tere. – Ah, y que había que quedar con la mente en blanco también… eh… y que uno con eso se relajaba cualquier cantidad. Y la verdad que con lo que más nos relajábamos era con las risas de esta custión puh… o sea de… de que no nos resultaba poh…
Bueno –dice Gabriela- la que está hablando ahora, es Teresa Vargas. Y Teresa, es la esposa de Beto poh… que yo los conozco casi… ya… un poco menos de los que ellos conocieron a Alvaro… pero… treinta años o más… ¿no?
Claro…
O sea, hemos envejecido ya. ¿Qué es lo que más admiraban en Alvaro y qué es lo que más les molestaba del Alvaro?
Mira –continúa Teresa- a mí…eh… lo que más me gustaba… era… lo que él sabía a través de los libros. Porque él trasmitía lo… que leía; lo analizaba, lo enseñaba, lo explicaba, entonces para mí eso era pero… interesantísimo. Eso me gustaba mucho. Pero era muy arranao…
A ver… -dice Gabriela-traduzcamos para estos gringos que es arranao… o sea…
Claro… Que costaba moverlo… o sea… costaba sacarlo de la casa. Entonces todos los inventos de él eran de que conversáramos. En la cama de él nos sentábamos los tres ¿ya? y todas las conversaciones eran ahí. Entonces Beto proponía salir a dar una vuelta y con mucho esfuerzo lo conseguía… de que siguiéramos con el mismo tema que llevábamos del último libro que Alvaro había leído y que lo conversáramos dando una vuelta a la manzana para que camináramos. Pero él, eh… se resistía y eso a mí me molestaba…

De hecho… nosotros–interviene Beto ahora- para… para… para aguijonearlo… para hacerlo salir, para que se moviera un poco más… le decíamos “la vieja”.

Risas de Gabriela con este comentario.
Sí, me acuerdo –comenta Gabriela- me acuerdo –dice y se ríen todos.
Entonces decíamos –continúa Beto- vamos a ver a “la vieja”… vamos a ver a Alvaro…
Ja,ja ja… Me acuerdo, me acuerdo, repite Gabriela entre risas y recuerdos del pasado. Todos se ríen…
También, me olvidé de decir-comenta Beto- que en la etapa infantil, cuando él se conducía mal en algún momento y el grupo lo castigaba, lo automarginaba… esas cosas, las peleas de niño, entonces le decíamos Josefina o Josefa.
Esa no la sabía yo… – comenta Gabriela riéndose.
Y… nosotros nos seguíamos juntando en su casa, pero en la puerta de su casa. Y ahí le cantábamos –y cantan todos a coro la cancion de Josefina; ‘Hola Josefina, como te va a ti… Se ríen y siguen cantando la canción entre risas y jolgorio, recordando al amigo, al esposo, con ternura y cariño.- Claro-continúa el Beto- entonces, intercedía la mamá.”¿Por qué si ustedes son tan amigos, están peleados?” “Si nosotros no estamos peleados, es que él se corrió.” Pero esas peleas no duraban más de dos o tres días.

Y cuando estábamos lolos e íbamos a fiestas- dice Tere- y le acota Gabriela, cuando eran teenagers, jovencitos-nunca quería bailar…
Yo nunca lo vi bailar al Alvaro, dice Gabriela.
Sí, sí bailaba el Alvaro, afirma el Beto.
Bailaba lento –dice Tere- él no bailaba. Entonces, a mí eso me hacía sentir incómoda, porque… se servía un vaso de bebida o un trago y se sentaba en un sillón que… él tomaba siempre una ubicación muy especial. De no estar encima, un poco retirado y observaba a los demás, hum… Le insistíamos que bailara… y yo… eh, bueno, uno más joven,como que le importa que el otro no baile. Hoy en día si quiere baila y si no no, pero… entonces los esfuerzos míos eran que bailara. Y yo lo sacaba a bailar y después de muchos esfuerzos, conseguía bailar con el Alvaro. Pero bailaba un puro baile, porque se volvía a sentar en el sillón. Y eso me molestaba y le decía a Beto ”me gusta que traigamos a Alvaro a estas fiestas, pero en realidad, los únicos que bailamos somos nosotros y él se queda ahí arranao.” Y yo le preguntaba “oye Alvaro, ¿y tú no te aburres aquí… eh… sin bailar?”. “No, estoy sumamente entretenío, sumamente entretenío.” –Se ríe Gabriela y continúa Tere –O sea, en realidad, estaba relacionado con esta custión de física de… de, de no moverse mucho… desde lolo hasta despues que ya éramos más mayores puh.
Nosotros vivimos parte de nuestro noviazgo sentaos, dice Gabriela, o acostaos…
Yo no recuerdo cosas… que… me molestaran de él acota Beto. Todo lo contrario. O sea, quizá lo único que podría ser incómodo era el hecho de que costara tanto sacarlo a una fiesta o a caminar o a cualquier lugar. El tenía los mismos intereses que todos los jóvenes, pero, eh, por ejemplo, si nosotros decíamos “vamos al estadio”, “vamos al estadio”, él iba,¡olvídate!; sí… Si decíamos “vamos a la piscina”, también, “vamos al cine”, también, “vamos al teatro”, lo mismo, a todo eso, bien… eh… pero… el resto… diríamos de la vida social… transcurría al interior de su hogar y todos nos adaptábamos a eso. Y más que en el interior de su hogar, al interior de su dormitorio…

Exacto -acotan Tere y Gabriela-sí sí…

Ahí, ahí, ahí. Sentados en su cama… vuelve a decir Beto- o… ya después hizo… tenía… vivía… en… en… una casa que… disponía del dormitorio más de un pequeño living… entonces en el living ahí con la estufa, una tetera, qué se yo… se preparaba un tecito, un café o de repente, un vino caliente… eh… pero estaba ahí…
Sí, sí dice Gabriela.
Incluso hasta para Semana Santa, si es que se nos ocurría comer…. almejas, mariscos, claro, íbamos a comprarlas, pero las comíamos ahí mismo. No salíamos. Entonces,yo… lo que le criticaba, lo que siempre le planteaba, era eso. ¿Por qué… por qué… no… había más interés en… en… él en ir a fiestas, en ir a baliar… como todos nosotros. Eh… Nos acompañaba, pero participaba sí un poquito a la distancia. Lo otro, que yo le manifestaba… que me preocupaba… eh… yo… yo… siempre fui pololo… O sea, digamos… A partir de la edad que uno empieza a pololear, yo no dejé de pololear nunca… creo… Eh… pero veía que él no pololeaba y a mí me preocupaba eso que él…
Que no tuviera novia, le acota Gabriela.
Eso… dice Beto- que no tuviera novia… ya… que no tuviera una compañera… a los quince, diez y seis o diez y siete años… diez y ocho años…
Es que yo no había aparecido en su vida, todavía, por eso… dice Gabriela riéndose…
Je,je,je… dice Beto riendo… No, si tenía… de repente, tenía sus pololas… pero duraban poco… en el fondo duraban poco y nunca lo vi comprometido con… con… con… la idea del pololeo. No sé, a mí me habría gustado más participar con… con… su pareja, así como yo tenía la mía, etc. Me habría gustado más. Pero bueno, no sé puh… él tenía su estilo, pero a mí me habría gustado más.

Ahora, yo creo que Alvaro era tímido –dice Tere-o sea, yo pienso que él era un poco tímido.

Mira, es relativo –dice Beto- yo creo que tenía una timidez, yo creo, relacionado con las niñas;- con las mujeres dice Gabriela y acota el Beto – era tímido con las mujeres. Pero no con los varones. Pero yo no lo veía tímido en medio de los hombres. Ahí estaba con una pequeña tranca. Pero respecto de las cualidades, con las cosas que a mí me gustaban… o que yo siempre valoré… se rompe la voz de Beto. Alvaro ha sido para mí… el, el, el amigo más grande en toda mi vida; es más, o sea, yo estoy hablando en este momento- se oye la voz de Gabriela que dice ¡ay mi Betito qué lindo…!- y han trascurrido tantos años, pero nunca he podido hablar de corrido. Eeh, yo me recuerdo de él y… y me quiebro. Ese ha sido el amigo más grande de toda mi vida. Y yo sé que siempre fui y seré para él, el amigo más querido que él tuvo también. Ahora, respecto a esa lealtad que hay en mí, a esa inmensa fidelidad, recíproca. Recíproca, porque los dos igual –la voz del hombre se quiebra otra vez- eh nunca se quebró, nunca, nunca hubo una falta a esa fidelidad. Yo nunca me comporté mal con él. Y él nunca se comportó mal conmigo. A pesar de que en algún momento podríamos tener algunas diferencias, pero era una diferencia eh, atendible, comprensible y respetuosa. Respetuosa por ambas partes. Y eso es lo que más… que yo más recuerdo y agradezco de él. No he conocido otra persona igual.

Aquí interviene la Tere otra vez. Con respecto a eso, o sea, esto que habla Beto, la falta de Alvaro para nosotros, tú no lo vas a creer, pero… con su manera de ser, porque él criticaba a Beto. Porque Beto obviamente es de un carácter mucho más agresivo, con menos paciencia que él. Y Alvaro sentía eso, lo captaba y lo llamaba siempre a la paz interior. A la tranquilidad. Y te voy a decir que él era muy refinado para criticar. Es decir, eeeh yo sentía que a Beto lo calaba profundo de repente. Y eso es seguramente lo que, Beto nunca más consiguió. Porque la gente te critica duramente hoy en día o a lo mejor siempre, pero de otra manera; en cambio tú con él sentías que salías fortalecido, ¿ah? Y te calaba duro, porque te podía decir igual dónde estaba tu defecto, tu problema, pero dicho de tal forma que es como cuando uno lo lee. Cuando uno lee un libro a veces le dice cosas terribles de lo que uno es, poh. Pero uno no se enoja con el libro, sino que uno medita y dice… “hum esto pasa conmigo y qué malo es”. ¿No es cierto?. Pero si te lo dice otra persona y te lo dice en mala forma, lo más probable es que uno termine enojao, ¿no es cierto? Entonces esa cualidad yo te digo grande… y de los problemas que hemos vivido posteriormente. Siempre he pensado, y no lo he dudado nunca, de que si Alvaro hubiese seguido a nuestro lado… eh… habría sido para Beto en las dificultades más grandes, habría sido ese aliciente… eeeh profundo que a Beto lo tranquilizaba y lo llevaba a pensar o a repensar las cosas y a tomar una actitud mejor. Entonces… esa es la parte más bella que yo recuerdo de él. Muy, muy, bonita…
A ver chiquillos… cuéntennos una o dos anécdotas que les parezcan importantes destacar para mostrar las cualidades o debilidades del Alvaro. No olviden que de pronto, los seres humanos también tenemos debilidades, pero al mismo tiempo, nos muestran que por ellas somos seres que palpitamos y sentimos. ¿De que se acuerdan ustedes de alguna anécdota, alguna aventurita… cualquiera?
Es que a lo mejor… dice Beto… Esta anécdota… dice… No importa -contesta Gabriela- aunque me incluya…
Dele, dele –dice Gabriela, no importa que en esta anécdota se me incluya- no olvidemos que Gabriela es la esposa de Alvaro Barrios Duque-. Esta anécdota, continúa Gabriela, está avisada como sabrosa. ¡Ya, dale!
Bueno, en la época de adolescente, debe haber tenido 18 años o algo así, Alvaro nos relató, una experiencia que había tenido con su polola –novia-.
Que no era yo -acota Gabriela y Beto le responde-
A lo mejor eras tú…
No, dice Gabriela, no era yo… 
a lo mejor -insiste Beto- es que puede ser y se trata del hotel de Mosqueto y ahí es donde íbamos nosotros.
Estaban abonados al hotel de Mosqueto… ya; -dice Gabriela, riéndose-.
Entonces, me dice que fue al hotel y que lo encontró bueno, etc., y que no había problema; estaba también al alcance del presupuesto…
Era para universitarios –comenta Gabriela otra vez-.
Sí… era limpio. Sí, comentan los tres muy serios-
Bueno, pero sucede que les tocó una habitación bonita… y todo; ningún problema. Pero sucede que una vez que ellos apenas habían llegado, tipo cuatro de la tarde, en primavera o verano, eeeh, comienza a ensayar…
Ja, ja, ja. Era yo -dice Gabriela llena de risa-Era la banda del Magallanes…
Comienza a ensayar -continúa el Beto- en la casa contigua, la banda instrumental del Magallanes. La Banda de Guerra del Magallanes, el equipo de fútbol más antiguo de Chile, El Magallanes. Y entonces estuvieron toda la tarde…

Y todos comienzan a cantar alegremente la canción del Magallanes:

Magallanes, Magallanes
Manojito de claveles

Eso, fue conmigo. Fue conmigo.
Se ríen mucho.
No hiciste nada, ninguna cosa terrible. No fue un error, no. Fue conmigo. Fue un día sábado. Nuestras idas al hotel eran los días sábado. Me da la impresión que ellos ensayaban para el partido de fútbol del domingo. Estuvieron todo el rato dele que suene con ‘Magallanes, Magallanes… manojito de claveles…” Sí, sí, sí…
Qué poco romántico -acota Tere- esto del Magallanes.
Y el Beto continúa- Sí, de hecho…
Sí, sí dice Gabriela, pero tú te acordabas de otra aventura del Alvaro en que ya está claro que era un flojo. Flojo. Flojo más bien porque le costaba moverse. No le gustaba salir… Le gustaba estar siempre acostadito leyendo y escuchando música y tú nos contabas una aventura…

En esta parte el cassette se termina y Gabriela nos lo hace saber para continuar que ahora viene La Aventura del Colchón.

Aventura del colchón

Vamos, dice Gabriela y Tere continúa con la narración:

Un compañero de universidad parece que tenía que abandonar la pensión universitaria, la pensión o el lugar en donde vivía. Entonces se tenía que cambiar y le dijo a Alvaro “¿tú me podrías ayudar a cambiarme? No es mucho lo que tengo que llevar, porque bueno, no tengo cosas.” –como estudiante, dice Gabriela- como estudiante reafirma Tere- claro. O sea tengo que llevar algunas cositas y tengo que llevarlas a otro sector. Bueno y Alvaro le dijo “sí, yo te puedo ayudar.” Entonces lo fue a buscar al lugar y le dice el compañero, “mira, el velador no me lo voy a llevar. Como es un cajoncito que hay aquí, así es que no tiene importancia. Pero me tengo que llevar el colchón. Me llevo el colchón y la ropa. Entonces, le dijo, pero la ropa son varios bolsos y son más o menos incómodas, así es que tú lleva el colchón. Mejor, lleva tú el colchón. Ya, le dijo el Alvaro, pensando ponerse el colchón en la cabeza –y se ríe de la ocurrencia –y puedo caminar y así llevaba una sola cuestión, o sea no hay problema. “Ya”, le dijo el otro, “vamos”. Y Alvaro le dijo, “oye pero ¿en algún lugar iremos a conseguir algo en qué subir el colchón y los bolsos? “No”, le dijo el otro- “tiene que ser a pie, porque no hay plata para nada. ¿De donde nos van a llevar con colchón?”.

Beto interviene diciendo.
Yo creo recordar que iban en un carretón de mano o bien era en un triciclo como esos de panadería.
Como una bicicleta, dice Gabriela.
Yo recuerdo que era como por el Parque Forestal, incluso- sigue diciendo el Beto.

Continúa la Tere su narración:
Entonces Alvaro decidió tomar el colchón, pero ya, como era flojo y todo eso y cada cierto rato, éste bajaba el colchón y depende de la gente que había, se acostaba en el colchón y se ponía las manos en los hombros- se ríe otra vez al decir- o sea, se ponía las manos debajo de la cabeza y se ponía a descansar. Y si había mucho público, lo doblaba y se sentaba un rato.
Se ríen todos de la ocurrencia del Alvaro y hacen comentarios todos juntos que no se pueden desgrabar.

Y la Tere continúa con la aventura de Alvaro: 
Entonces, lo más trágico de esto, es que Alvaro pensó que eran un par de cuadras o sea como que ahí no mas, cortito. Y caminaban y caminaban, y caminaban y no llegaban nunca al lugar. Entonces llegaron al lugar, pero la cosa fracasó.
Todos se ríen de lo que cuenta Tere y Gabriela pregunta ¿y tuvieron que devolverse…? Y Tere continúa.
Y los compañeros de universidad le dijeron que no le iban a arrendar y todo el asunto. Y le dijo Alvaro al amigo “bueno, no hay ningún problema, devolvámonos”. Pero Alvaro ya no daba más y le dijo, “no, pero perdóname, pero ahora yo no me puedo llevar el colchón. Ahora te llevai tú el colchón y yo me llevo una bolsa”. Así que esto lo dejó muerto. Después de esa jornada él que era tan regalón y lo estaba esperando la señora Sarita, su mamá y no quiso saber más.
Ahora bien ¿ustedes consideran que el Alvaro era muy idealista o muy práctico?
Era inminentemente un idealista,puh, dicen los amigos a coro. Alvaro era un idealista. Práctico para nada.
Y qué es lo que más les gustaba, ya se ha dejado entrever, en lo que ustedes han dicho, pero ¿qué es lo que más les gustaba del Alvaro, en pocas palabras…
A mí… me … gustaba conversar con él. Era entretenido –dice Beto- uno podía estar horas y uno no se daba cuenta cómo pasaba el tiempo. Me gustaba lo afectuoso, lo cariñoso. Y principalmente eso y verlo tan distinto del resto de las personas. Eso es. No quiero que se me interprete mal, pero era flojo, no, no era flojo, era como cómodo, como remolón, la vida descansada, reposada, eso, pero no flojo. O sea, él cuando tenía que hacer sus cosas, las hacía. De hecho estudiar o trabajar o lo que fuera.
Pero quería estar cómodo dice Gabriela, él quería estudiar en su cama, comiendo unos ricos sandwiches y escuchando buena música…
Esa era su casa dice Beto. Su casa era su feudo.
Hummm, humm expresa Gabriela como recordando a su esposo y sus gustos personales.
Y su dormitorio… continúa el Beto… era… era
Su reino, dice Gabriela.
Claro, como el lugar de las visitas, el lugar de los amigos, el lugar de compartir, en donde recibía a sus amigos, el lugar íntimo, privado, cómodo de compartir, alejado del mundo, dice con añoranza el Beto.
¿Y a ti, Tere? Tere, Tere-  pensativa antes de contestarle a Gabriela la pregunta y responde lejana.
Mira… a mí… me gustaba…porque…eeh nunca puse en duda yo su amistad. Yo tuve muchas ocasiones de estar sola con él. ¡Hum! Y güeno, nos acostábamos en la cama igual con él, esperando al Beto.
Yo sé, yo sé, dice Gabriela.
Claro y conversábamos los dos sentados. Y fíjate que nunca me dijo una lesera; y fíjate que me piropeaba… ”Hummm”-me decía- “llegaste imponente hoy día, ¡Ah! Esos zapatitos son nuevos; ese vestidito es nuevo”. Él se daba cuenta; se fijaba en el peinado, se fijaba en todo. Pero lo hacía de tal manera, que yo me sentía a gusto, pero nunca amenazada digamos…
¿Un ataque sexual? acota Gabriela
No, o que él me fuera a, a, a decir una pesadez.
Una vulgaridad – vuelve a intervenir Gabriela como pregunta-
No. Jamás, jamás. Eso a mí me hacía sentir muy segura. Muchas veces el Beto no llegó puh. O sea, que nos íbamos a juntar con Alvaro y uno no sentía el tiempo. Porque como conversaba mucho, eh, a mí me gustaba harto escucharlo. No sentía yo el tiempo. Muchas veces el Beto aparecía a las once y media de la noche y yo había llegado a la casa de Alvaro a las nueve. Bueno, éste con la informalidad llegaba atrasado y todo. Eso… a mí me gustaba… eeeh… lo que yo notaba a veces… eeeh… que a Beto no le creaba ningún problema, pero con otros amigos… eeeh… notaba yo que a veces en el asunto político, digamos, de conversaciones, de análisis políticos… eeeh… yo no te diría tanto como intolerante, pero… no le gustaba aceptar así no más un asunto, una idea que podría no estar muy clara, entonces insistía en ella, hasta que la idea no te diré que la imponía, pero quería dejarla clara ¿ah? y asegurarse que saliéramos de la equivocación, eeeh a través del análisis que él hacía o de la información o de las explicaciones que él tenía y en eso era a veces categórico muy, muy insistente, te diría yo, ¿ah? Pero nunca como para discutir con fuerza, pero sí para aclarar bien la idea, ¿no?
Bueno, la Tere nos ha dado pie para la pregunta siguiente ¿Sabían ustedes si Alvaro tenía relación con algún partido político? ¿O participaron juntos o bien desconocían totalmente este aspecto de Alvaro?
Ahora habla el Beto. 
No, siempre yo estuve al tanto, porque tenía una relación muy estrecha con él. De hecho yo… trabajaba con el Partido Socialista y… él en el Pedagógico, eeeh, tengo entendido que su primera actividad política también fue con el Partido Socialista. Luego, no sé a cuánto tiempo, eeeh… se separó de los socialistas y… me informó que estaba trabajando con el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) Eso fue como en el año 72, aclara Gabriela. Iniciamos la Unidad Popular siendo militantes socialistas. Claro, claro, añade Beto- en esa época todos eramos socialistas. Claro, claro…
Y para ustedes Alvaro era una persona trabajadora, soñadora, enamoradiza, ¿cómo era?
Silencio largo y Beto dice, antes de contestarte eso, quiero agregar un poquito más aaaa la pregunta anterior respecto a la actividad política. De hecho, después del golpe, Alvaro me dijo que, en virtud de los compañeros de su partido que habían caído o habían sido detenidos durante el golpe mismo, o sea cercano al 11 de septiembre, a él le habían asignado… no recuerdo el cargo… pero, o sea, estaría mintiendo si dijera, Secretario General, o algo así, pero, digamos, el responsable, el primer hombre del Regional Cordillera. Yo le dije, “Alvaro ese es un cargo inmenso, o sea, para lo joven que tú eres y el poco tiempo que llevas en el MIR, te estás tirando una pelota muy grande. No, ¿no, crees tú que es excesivo? ¿Por qué no lo reconsideras? Piénsalo. Y más aún en este momento. Tú, tú, tú sabes que te vas a convertir en, en, en, la persona más buscada…”
Gabriela dice… hum hum hum sí. No, eso fue una responsabilidad partidiaria de él…
Entonces me dijo, “sí, sí lo entiendo, pero también no puedo eludirlo, porque eeeh… no hay otros elementos. O sea, no hay muchos elementos”. “Pero ¿por qué tú, puh?” –le, dije-. “¿No habrán muchos elementos, pero por qué, precisamente tú puh?. Ni siquiera vives en ese regional. Me estuvieras diciendo ‘ya, me están tirando de mi comuna’, pero te estás tirando al Cordillera, que es tan amplio. Y, y, y, tú, tan nuevo”.
Y piensa tú, que al Alvaro le ofrecieron muchas veces…, o, nos ofrecieron a ambos, muchas veces irnos del país –acota Gabriela- pero por una responsabilidad partidaria no quisimos hacerlo.
No, si eso me queda claro. Yo, en un momento determinado, tambien, tú recuerdas pues Gaby, cuando nos visitaban los días domingo o sábados, ya no recuerdo, en nuestra casa de recién casados, ahí en la Gran Avenida. ¿Te acuerdas las circunstancias que se estaban dando en el país? Las peleas que estaban dando los estudiantes en el Pedagógico.
A Alvaro ya lo habían echado… interviene Gabriela-
Exacto ¬dice Beto y continúa¬ y por todas esas circunstancias, la responsabilidad que tenía en ese momento en el MIR, yo le planteaba que por qué no se iba, al menos por un tiempo, mientras, mientras, eeeh, se calmaba esto y no estuviera tan agitado, porque era, era, un riesgo muy grande para él.
Sí. Piensa –dice Gabriela- que en el año 74 la primera represión fuerte es al MIR; por eso es que Alvaro, es como de los primeros desaparecidos. Habiendo muchos en el 73 mismo. Pero la primera represión sistemática es al Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Y Alvaro cae en el minuto que está toda la represión y cae todo el Comité Central y Alvaro también, o sea, como dirigiente del MIR, ¿no?
¿Cuál era la pregunta? –acota el Beto-
La pregunta posterior era si ustedes consideraban que el Alvaro era soñador, enamoradizo, trabajador…  -responde Gabriela.
Enamoradizo, para nada, exclama el Beto.
Gabriela se ríe y responde… 
No, si yo….yo no había aparecido todavía. Hasta que aparecí yo… ustedes tienen que aclarar esa parte, dice Gabriela.
¿El creía en el amor?
Si, claro puh. De hecho. Claro, eh, eh, pero todo esto muy filosofado, ja,ja,ja y muy idealizado, siempre todo. Pero no quiere decir, cuando yo digo, filosofado e idealizado que no se pudiese desenvolver en el plano práctico. A lo mejor por un sentido estético de la vida, o de las cosas, le daba todo este carácter primero tan, tan ideal, intelectual o filosófico. Pero, bueno, no se podría haber desarrollado en política, siendo solamente un soñador, puh. Si él no se hubiera desarrollado en un trabajo práctico… imposible. ¿No es cierto? Sí, él era un soñador. Como, como, como todos lo éramos en ese tiempo, también. A lo mejor él más, no lo sé. Pero cuando sí, sí… cuando había que… actuar en términos prácticos, de hecho, se desenvolvía muy bien…
¿No sabré yo, cariño?, acota con voz profunda, Gabriela y la Tere interviene diciendo…
¡Ah! y lo otro que yo recuerdo es que él no se sentía buenmozo.
¡Ah! ¿él se sentía feo?, pregunta Gabriela.
Sí, sí, -dice Beto.
Y Tere continúa:
Claro… pero no como complejo, sino que él no se sentía muy agraciado y no para que uno le dijera que lo era sino que era tan tierno…
Ah negrito bonito -dice Gabriela con voz tierna y se ríe- Ahora, cuéntenme ustedes aquí. ¿Les contaba él de las penas y de las alegrías? ¿Les contaba si estaba enamorado, les contaba todo?
Todo, todo – dice Beto.- Nos contaba todo. Alvaro para mí no tenía secretos… me contaba… todo, todo… no, no.
En privado me van a contar todo lo que decía de mí, ¿ah? acota Gabriela riéndose y Beto y Tere le hacen coro.
Se ríen y Beto continúa la conversación.
Lo que sí, Alvaro no era de las personas que si tenía una alegría o una pena, iba a tomar el teléfono y te iba a decir, “Beto, mira me ocurrió tal y cual cosa”. O “sabís que esto, y estoy terriblemente abrumado por tal situación”. No. Si no que esperaba solamente de que uno apareciera –porque él jamás iba a ir a visitarme a mi casa- esperaba que uno apareciera y ahí le contaba a uno sus alegrías y sus penas…
¿Y te contó si había estado enamorado? –indaga Gabriela, entre curiosa y cumpliendo al mismo tiempo, con el trabajo de esta entrevista…-
Silencio largo de parte de Beto y Tere hasta que Tere rompe el silencio y acota: 
Sí pues, nosotros lo molestábamos mucho con una niña que en la época, antes que aparecieras tú…
La de la carnicería -dice Gabriela. 
No sé – responde el Beto.
Había una niña que había tenido una relación con Alvaro -sigue diciendo Tere- y en realidad había estado enamorado de ella.
Era una niña de Nueva de Mate -dice el Beto
La Tere confirma que Alvaro había estado enamorado de ella. Y Gabriela corrobora.
Yo recuerdo que en el caso de ella, Alvaro se fue a trabajos voluntarios. Y la muchacha mientras él se fue a trabajos voluntarios había tenido varios novios y Germán la había visto. Y le contaron:, “tu novia andaba con otro”… Y Alvaro decía, “no importa, porque podía tener muchos hombres, pero lo amaba a él”.
Pero le duró bastante lo de esa niña, bastante tiempo -dice Tere y el Beto acota “estaba herido de amor…” Y Gabriela les dice:
Yo entré presisamente en ese instante; ahí entré yo. Ahí me metí yo…
¡Ah! -dice Beto- estaba herido de amor… Bueno, pero de tí nos habló mucho. Nos habló muy bien. Eh en términos de que eras una persona muy activa políticamente, con muchísima experiencia política, quizá más que todos nosotros; que habías recorrido Europa incluso, en misiones partidiarias o congresos y cosas por el estilo; bueno nos hablaba de tus virtudes. Que eras una persona muy franca, muy abierta, espontánea e incluso, muy explosiva  –Gabriela ríe con este último comentario.. –Eh, eh, estaba muy contento cuando te conoció a tí –replica la Tere y Beto se queda en un eh…
Estaba contento cuanto te conoció a tí -dice la Tere- y Beto hace coro, diciendo, sí, muy contento.
Sí, muy contento, riposta Tere para continuar, y ,y cuan… cuando… nos conocimos… y yo te vi; yo sentí así como que tú lo ibas a zarandear, como él era tan tranquilo… –y yo no, se ríe Gabriela, recordando el pasado- y tú no; entonces yo sentía que lo ibas a tomar, así… y lo ibas a sacudir y Beto repite, lo ibas a sacudir… esa es la sensación que tenía yo. Y yo creo que así fue un poco. ¿No es cierto? Porque… yo veía que cuando nos visitaban en la casa.
Por lo menos yo lo sacaba de la casa y podíamos ir a la casa de ustedes; eso era un avance- se ríe Gabriela otra vez-. 
Hum – dice la Tere y repite -eso era un avance, claro. Pero y ustedes contaban la actividad que habían tenido en la semana; ustedes habían ido para acá y para allá, habían hecho esto, lo otro. Entonces yo decía hum…este Alvaro con la Gabriela va a terminar con taquicardia.- Y se ríen todos. -Y le comentaba a Beto, oye ella se mueve mucho es muy dinámica y Alvaro la mira, y le dice que bueno, que sí y le da risa. Creo que él cambió ahí, o sea, ahí se puso más abierto. Tenía su humor, pero este humor estaba más relacionado contigo; un humor más desvergonzado, así también –y Gabriela se ríe de buena gana- claro, por ejemplo, los garabatitos. El Alvaro no era de garabatos, no decía groserías para hablar y apareces tú con tus garabatos y… –claro, dice Gabriela, y yo soy de garabatos; soy terrible de garabatera- claro, entonces eso lo sentí yo como un vuelco eh, eh. Y, tenía en un principio yo el temor de que la cosa no funcionara y me extrañó mucho que entre la tranquilidad de él y la locura tuya, así de moverlo y todo, eh… a él le gustara eso. Porque a él le gustaba, poh.
–Sí, claro, yo creo que a él le gustaba dice con voz algo trémula y contenta al mismo tiempo, Gabriela. A él le gustaba. Yo creo que le gustaba, por algo me casé con él. Lo pasábamos tan bien juntos…
Sí, claro… y estoy muy sorprendida, por eso; muy sorprendida por eso- expresa la Tere otra vez como pensando en voz alta…
Bueno. Yo recuerdo, o por lo menos dentro de la mitología de la relación que podemos hacer pa’trás, que ustedes en algún momento tocaban guitarra y cantaban. ¿Qué clase de música o qué clase de lectura compartían, si es que compartían algunas de esas cosas? Yo recuerdo que algo de guitarra había.
Bueno… Alvaro… tocaba… intentaba… tocar guitarra… ¿quién más?… no recuerdo, dice Beto.
El Mario, pues… -dice Tere -y le anduvo haciendo un poco el empeño el Hugo Aravena, pero el más lejano era el Hugo, definitivamente, como que andaba en otra onda. El se puso a pololear muy en serio con una novia de muchos años, un pololeo muy largo, y por otra parte los estudios.
Para mí -dice Beto .como éramos jóvenes, era un problema de liderazgo. El Hugo era aun tipo que le iba bien en el colegio y era un tipo buenmozito, tenía éxito con las niñas y era bueno para bailar… entonces, en su colegio ejercía un cierto liderazgo, pero cuando llegaba al grupo del vecindario, de nuestra… ¡ah! y además era bueno pa’ la pelota, para el fútbol. Era mejor que todos nosotros. Pero nada de esos atributos le servían en el grupo nuestro. Porque ahí el liderazgo lo ejercía yo, pero por antigüedad. Porque yo venía con ese liderazgo desde los siete años, poh. Y si yo no estaba, el liderazgo lo ejercía Alvaro.
Ya, puh, pero ¿qué música tocaban?… ¿o qué cantaban aparte de lo de la Josefina? ¿O qué leían?
No, principalmente todo lo que está relacionado con la música Pop de los años, o sea, de los comienzos de los sesenta…
Ustedes son más viejos que yo, puh, porque yo soy de los setenta…
Sí, bueno… entonces cantábamos todo lo que se cantaba en las radios a comienzos de los sesenta y antes que aparecieran los Beatles… también después los Beatles.
¡Ah! pero me acabo de acordar de algo, pero lo vamos a hacer cortito porque tengo terror que se me acabe el coso -la cinta- …Cuando les dio por peinarse no sé si a lo Elvis, alguien que usaba un copete o un jopo de pelo y se acostaban con una media en la cabeza. ¿Tú te acostate con una media en la cabeza?
No, dice, Beto.
Porque Alvaro se acostaba con una media en la cabeza con un hoyo al medio y por ahí salía el pelo, para que le quedara el copete.
Hugo se peinaba con copete y a lo mejor Alvaro. Yo no podía, porque tenía el pelo crespo…
Ahora ¿qué creen ustedes que significaba la vida para él? ¿qué significaba la vida?
Yo… no… no… ¬dice Beto- no te podría responder bien. Esa pregunta queda sin respuesta. Porque él estaba recién, o sea, todos estábamos comenzando a hacer nuestras vida. Todos estábamos comenzando a hacer nuestra vida… como… como adultos, cuando vino esto; entonces todo quedó trunco… eh… eh… uno a los 18 a los 20 o ni siquiera a los 25 creo yo, tiene uno la madurez tal como para decir: “esto va a ser mi vida”. Uno la va haciendo… en la medida que… uno la va haciendo camino al andar como dice el poema. Entonces, eso queda trunco, ¿no?. Eso no lo sabremos nunca… No podríamos saber adónde habría llegado el Alvaro. Como no podríamos saber como habría sido la vida de Tere si no la echan de Carabinero… ni a mí del Ministerio de Salud, eso quedó sin respuesta.
¿Qué sintieron ustedes cuando supieron que Alvaro era parte de los Detenidos Desaparecidos?…

Se siente un gran silencio en la cinta. Cada inflexión de voz, cada sentimiento, está patente en estas cintas que le tocó grabar a Gabriela.
La Tere una vez más rompe el silencio y dice: 
Yo por lo menos, alimenté la esperanza… ¡ah, no! parece que estoy equivocada… cuando él recién desapareció… cuando recién lo tomaron preso…
No.  dice Gabriela  Cuando ya hay conciencia de que él está desaparecido…
Yo pasé varios años pensando que podía suceder algo milagroso, que él hubiese estado en unos de estos campos de concentración y que hubiera salido a algún lugar. Yo pensé que hubiera estado en un pueblo lejano, como relegado, pero era una parte soñadora mía. Porque yo decía, después de haber estado en Londres…
En Londres 38 -aclara Gabriela.
Claro – repite la Tere – es difícil que lo hayan liberado así. O sea, yo pensaba en forma fría y decía “eso llegó hasta ahí no más y murió”. Y parece que yo quería pensar y lo pensé varios años, de que él estaba en otro lugar. Y que algún día nos iba a llamar y que nos iba a decir “no le cuenten a nadie dada la situación, pero yo salí del país, crucé la frontera”… que hubiera ocurrido un hecho así. Eso lo pensé fácilmente unos seis años…
Sí puh, dice Gabriela, Alvaro estuvo en Londres 38 como el título del libro de estas mujeres…
Yo, en cambio, desde el comienzo tuve otro visión  acota el Beto  eh absolutamente trágica. Yo creo que había transcurrido un año o menos de un año, cuando me convencí que el Alvaro no iba a aparecer nunca y menos con vida. Eh, eh esto lo minaba –decíamos- una: por el cargo político que tenía al momento de la detención. En segundo término, por el lugar de detención, al cual se supo que lo habían llevado. Y además, lo mezclaba con antecedentes que a lo mejor son poco conocidos. Alvaro, en los últimos dos años, creo yo, anterior a su desaparición, había manifestado unos signos de salud, bastante extraños. Incluso había ido al médico, se desmayó caminando por la calle un par de veces.
Exacto. Incluso, agrega Gabriela, de hecho, habíamos ido al médico y le habían diagnosticado epilepsia; le dio un ataque y fuimos a otro médico y no era epilepsia.
Alguna cosa rara había ahí – dice el Beto  y grave.- Entonces yo pienso de que… me hice la siguiente versión desde el comienzo: Si llegó a Londres, en Londres lo torturaron. Y Alvaro con lo idealista, no abrió la boca…
Hum – murmura Gabriela, como pensando en el grave momento que debió pasar su esposo en Londres 38.
Y sin tener conciencia sus aprensores de, de, de, de su estado de salud, se les pasó la mano y en la tortura, se les murió. Eso es concreto para mí. Eso es concreto.
Ahora, lo del estado de salud, yo quisiera hacer, una salvedad. Nosotros habíamos revisado –esto era en mayo- pero la verdad es que le habíamos hecho un electro y no aparecía epilepsia. De hecho no tenía otra sintomatología que eso. Y aparentemente, no demostraba otros signos, digamos; se había desmayado un par de veces. Ahora, era también un clásico que en la universidad –nosotros veíamos al médico de la universidad- era catastrófico, pa… daba unos diagnósticos así… ya… cáncer… eran todos para… terminales. Uno iba por una muela y él decía… noooo, hay que hacer cambio maxilar… no sé, cualquier cosa…
Terminales -agrega Tere riendo al recordar el pasado y Gabriela le hace coro-.Exagerado.
Pero debemos convenir en que el Alvaro nunca tuvo una, una… mucha fortaleza física –dice el Beto-e interviene Gabriela para decir:
No; eso yo transo absolutamente; o sea, indudablemente era un tipo débil…
Era un tipo débil -continúa el Beto.
No era enfermizo  -enfatiza Gabriela-  pero era débil…
Sí, pero era débil, claro… un apretón fuerte… y si no era eso, sería el corazón…
¡Ay! ¡ya! -dice Gabriela con sentimiento y como queriendo olvidar lo que pudo sucederle a su esposo y cambia de tema con otra de nuestras preguntas.
Ahora, ¿cuál es la esperanza que tienen ustedes en este momento sobre su paradero? ¿Creen que se encontrará su cuerpo o creen que el mar una vez más será el que silencie la dictadura chilena?
Yo no sé si el mar, porque no todos están en el mar. Yo creo que… que… que… en… en… en cualquier lugar que… que… que… hayan determinado… las mentes enfermizas que en ese momento decidían nuestros destinos… eh… eh, puede ser en una fosa, en algún… lugar… puede ser en la nieve, en la cordillera, por qué no…
El Osvaldo Romo dijo que los habían tirado en unos volcanes –comenta Gabriela.
Y Beto le hace coro, exclamando:
Claro, claro. Ya… en cualquier sitio inaccesible… eh… eh donde… yo creo… que nunca vamos a saber de su paradero… O sea…
¿Tú crees que no lo vamos a encontrar nunca?…
Yo creo que no se va a encontrar nunca. Al Alvaro… y a los… porque no van a ser tan cuidadosos de haber hecho una fosa… para… para… para poner a… a… a … a los restos de esa gente. Tomen en cuenta que para ellos, si eran basura en vida… una vez muerto, ya eran –¿escoria?, acota Gabriela, en tono de pregunta- eran la podredumbre… entonces si hubiese habido una máquina trituradora de basura, ahí mismo los habrían tirado…
¿Tú crees lo mismo, Tere? ¿Tú crees que no lo vamos a encontrar? -le pregunta Gabriela con un tono de esperanza en la voz, de que la amiga diga algo diferente a Beto-.
Es… queeem… yo siempre me doy esa posibilidad de que…
Es que esa es una esperanza, es un deseo – dice Beto.
Y Gabriela continúa con voz de angustia… 
Por esa esperanza pregunto yo…
Por esa esperanza, sí… yo… yo… lo veo tan difícil como…

Nombre : ALVARO MIGUEL BARRIOS DUQUE
Rut  : 5.541.054-2
F.Nacim. : 09-04-48, 26 años a la fecha de su detención
Domicilio : Altamirano 2333, Conchalí, Santiago
E.Civil : Casado
Actividad : Estudiante Pedagogía en Inglés, Universidad de Chile; participante en el Centro Cultural Vivaceta
C.Repres. : Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
F.Detenc. : 15 de agosto de 1974

SITUACION REPRESIVA
Alvaro Miguel Barrios Duque, estudiante universitario, militante del MIR, -quien se había casado recién en julio de ese año- fue detenido por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el 15 de agosto de 1974, al mediodía, en su domicilio y en presencia de su familia. A esa hora llegaron hasta su hogar Luz Arce Sandoval y Patricio Alvarez Poblete -quienes iban en calidad de detenidos- ambos vecinos y conocidos del afectado, los que lo condujeron hasta una camioneta Chevrolet color rojo, con toldo, sin patente y en la que había más civiles. Después, los mismos agentes detuvieron a Julio Cañas, a Sergio Riveros Villavicencio (actualmente detenido-desaparecido), a Rodolfo Espejo Gómez (actualmente detenido-desaparecido) y, por último, a Gregorio Gaete Farías (también detenido-desaparecido).
Según lo denunció Elena Gómez, madre de Rodolfo Espejo, ante el Tribunal en 1991, los agentes pertenecían a la Agrupación de Inteligencia denominada “Aguila”, dependiente de la DINA y conformada, entre otros, por Miguel Krassnoff Martchenko, Osvaldo Romo Mena, Basclay Humberto Zapata Reyes (“El Troglo”), y el Negro Paz (“Pulgar”).
Luz Arce Sandoval -quien nunca pudo ser citada a declarar al Tribunal en el proceso por la desaparición de Alvaro Barrios- era militante socialista y, posterior a las torturas y amenazas sufridas durante su detención, se transformó en colaboradora de la DINA. En 1990, concurrió a la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación en donde dio a conocer, entre varios otros asuntos, la existencia y conformación de la agrupación “Aguila”. En relación al afectado, dijo que Alvaro Miguel Barrios había caído como consecuencia de la lista que ella había entregado a la DINA, lista en la que también aparecía el nombre de Patricio Alvarez Poblete. Luz Arce, vecina y conocida de la víctima, había también participado junto a Alvaro Miguel y a Patricio Alvarez en el Centro Cultural Vivaceta.
Efectivamente, el 14 de agosto de 1974, a las 23 horas, fue detenido Patricio Alvarez. Tal como lo declaró el testigo, a esa hora llegó hasta su casa Luz Arce, la que le pidió que saliera a la calle para que le señalara el domicilio de una amiga. Patricio Alvarez accedió. Una vez afuera, un hombre lo encañonó con un revólver, lo esposó y lo llevaron hasta la esquina de su casa donde lo subieron a una camioneta grande color amarillo, le vendaron la vista y lo trasladaron a un recinto desconocido, en donde fue interrogado -en presencia de Luz Arce- acerca de Alvaro Miguel Barrios. Ella le recomendaba que dijera todo lo que sabía en relación al afectado y a otros compañeros de la universidad.
Al día siguiente, 15 de agosto de 1974, Patricio Alvarez fue conducido junto a Luz Arce, en una camioneta y acompañado por dos oficiales -uno de los cuales se identificó como Teniente ante el testigo que iba vestido con “jeans” y casaca roja- hasta las cercanías del domicilio de la víctima. Allí le sacaron la venda de los ojos y lo obligaron que fuera con Luz Arce hasta la casa de Alvaro Miguel y que lo hicieran salir a la calle.
Luz Arce y Patricio Alvarez fueron recibidos por el hermano menor del afectado, el que no dudó en llamar a Alvaro Miguel. Cuando éste salió, lo encaminaron hacia la esquina, a unos 200 metros de distancia, y lo subieron a la camioneta. Le vendaron la vista y lo esposaron. Anduvieron unas cuantas cuadras y se dirigieron a detener a Julio Cañas, el que quedaría en libertad el mismo día y después de que su madre siguiera al vehículo donde lo llevaban detenido hasta las puertas de Londres 38, centro secreto de detención y tortura de la DINA. Frente a ese recinto, ella armó tal batahola, reclamando a gritos la libertad de su hijo, que los agentes lo soltaron en el mismo lugar.
Inmediatamente después de que se produjera la detención de Julio Cañas, los aprehensores fueron a dejar a Patricio Alvarez hasta su domicilio. Cañas, por su parte, testimonió que fue detenido por un civil que se identificó como perteneciente al Servicio de Inteligencia Militar. Fue subido a una camioneta roja, Chevrolet, posiblemente del año 57, en cuyo interior iba Alvaro Barrios Duque. Fueron llevados a Londres 38, lugar en el que fue ingresado junto a la víctima. Ambos pudieron intercambiar unas palabras.
El mismo 15 de agosto de 1974, pero a las 21 horas, Alvaro Miguel Barrios fue conducido por sus captores nuevamente hasta su domicilio. Ingresó solo a su casa y -tal como lo relataran su padre y hermano- se le veía nervioso, recogió algo de ropa, pidió pan y cigarrillos y rechazó un dinero que le ofreció su padre. Dijo estar detenido por un servicio de inteligencia y se retiró de su hogar. Héctor Germán, su hermano, vio cuando lo subían a una camioneta color oscura, quizá verde, con toldo de lona en la que también había civiles a los que nadie pudo identificar.
Al día siguiente, 16 de agosto, Gabriela Zúñiga -cónyuge del afectado- acudió hasta el domicilio de Patricio Alvarez, el que le confirmó la detención de Alvaro Miguel.
Posteriormente, en 1976 y en 1977, civiles llegaron hasta el domicilio de Rafael de la Puente -tío del afectado- preguntando por Alvaro Miguel Barrios. En 1976, tres individuos jóvenes manifestaron al testigo que buscaban a Alvaro Miguel porque se le había aprobado un préstamo en una Caja de Previsión que no individualizaron. El testigo les hizo notar que su sobrino se encontraba desaparecido desde hacía dos años y que le extrañaba que al cabo de ese tiempo se le hubiese recién aprobado un préstamo. Ellos le respondieron que la situación se producía porque no había dinero en las cajas, pero que archivarían los antecedentes.
Seis años después del desaparecimiento del afectado, en 1980, estalló el escándalo que fue conocido por la opinión pública como “Fraude del IVA”. La empresa Union Trading, a cuya cabeza estaba el comprobado agente de la DINA Eduardo Romero Olmedo, estafó al Fisco en 250 millones de pesos de la época (1980), utilizando distintos tipos de documentación. Entre estos documentos aparecieron facturas a nombre de Alvaro Miguel Barrios Duque. El caso de fraude fue investigado por el Ministro Alberto Echavarría, quien declaró reo a Romero Olmedo y otros.
Cuando los inculpados se encontraban detenidos en Capuchinos, se vieron involucrados en salidas ilegales del recinto penal. La investigación correspondiente demostró que Romero Olmedo se dirigía a sus oficinas ubicadas en la calle Santa Lucía N°270 y que, tanto él como los otros implicados, habían realizado numerosas llamadas telefónicas desde Capuchinos a las oficinas del General (R) Manuel Contreras Sepúlveda. Durante la investigación que realizó el Ministro en Visita Servando Jordán López en relación al desaparecimiento de Alvaro Miguel Barrios, declararon, entre otros, Eduardo Romero Olmedo, Manuel López Jiménez y Alfredo Alfaro Mothles -todos inculpados en el caso del fraude del IVA- los que reiteradamente iniciaban sus declaraciones diciendo que en todo esto nada tenía que ver el ex- Director de la DINA, Manuel Contreras, pero sin dar ninguna explicación al hecho de haber usado la identidad de Barrios Duque.
Hasta la fecha Alvaro Miguel Barrios Duque se encuentra desaparecido.

El conejito rubio
Pablo Aranda Schmied

¡Oh, pueblo, si tú supieras lo que puedes hacer!

Leyenda de uno de los “Caprichos” de Goya

pintados entre 1790 y 1818

FUSILAMIENTO

Jamás se ha revelado la impotencia

como en el rostro del que van a fusilar

atado de pies y manos

sin embargo no pueden inmovilizar su corazón

late más fuerte que todos los corazones del mundo

vibra con los amores que tuvo

dándoles una última caricia

no, la suma de todas las caricias

apunten contra ese corazón que no quiere detenerse

maldito no para por sí solo

llénenlo de plomo y arrójenlo a los perros

disparen carajo fuego

ocho fusileros contra un solo corazón

después de las balas la sangre tiene la última palabra

Hernán Montealegre K

De su libro de poemas Convocatoria

Entrevista a Marcelina Judith Ceballos Schmied, prima hermana de Pablo Ramón Aranda Schmied, detenido y desaparecido el 17 de septiembre de 1973. Pablito era estudiante, tenía 20 años y en ese momento estaba en tercer año de Medicina.
Nos cuenta Gabriela Zúñiga, nuestra colaboradora en grabar los interviews, que este es el segundo intento de entrevista, ya que la primera no les resultó. No se grabó nada y sufrieron mucho recordando todo lo que hoy volverán a recordar para esta segunda grabación y para que el lector sepa de boca de los familiares y amigos de los detenidos desaparecidos, quiénes eran ellos, qué hacían y cuáles fueron sus culpas para ser encarcelados, torturados y asesinados por los esbirros de Pinochet. Su delito fue pensar.

Con el humor que caracteriza a Gabriela, nos dice ‘no hay primera sin segunda’, como decimos en Chile. Y le agradecemos a Marcelina, porque vamos a tener que rehacer todo lo que hicimos y pasar por las mismas escalas de dolor que tuvimos, cuando conversamos. Marcelina buenas tardes y disculpa…

Buenas tardes… así son las cosas, tenemos que repetir todo de nuevo.
Bueno, lo hemos repetido durante tantos años que una vez más… .y sobre todo ahora que lo estamos repitienddo para gente amiga… de repente puede ser…
Bueno, en todo caso, cuéntanos cómo fue el nacimiento de Pablo. ¿Fue un parto normal, era bonito… era gordito, cómo era el Pablo?
Fue parto normal y era muy bonito. Era peladito, muy rubio, su tez blanquita. Nació en el Hospital Salvador de Santiago de Chile.
Yo creo que era bonito, y que era considerado, como te decía la vez anterior, bonito, porque además, ustedes por el apellido y tú… se puede ver en el rostro y en el pelo de Marcelina, que ellos son rubios. Yo creo que el “Schmied” se les salió por ahí. Ahora, tú eres prima hermana de él, su mamá era Lorena, ¿sí?
Sí.
¿Cuéntanos, era bonito, era flaquito, era muy bueno para estar colgado de la teta? Tú nos contabas algo al respecto.
No, no, porque mi tía no tuvo mucha leche y luego le tuvo que dar relleno. Gordito sí, bien gordito. Era bien rellenito cuando era guagua. Y como digo era muy lindo, muy bonito.
Y ella ¿tuvo más hijos?
No, él es hijo único.
Y su madre, ¿era madre soltera?
Sí. Mi tía era hermana de mi mamá; madre soltera…
Ahora, tú… en la entrevista que no salió, nos contabas algunas cosas acerca de Pablo, cuando estaba chico. Que ustedes le decían conejito o le cantaban conejito… ¿cómo era la infancia?
Sí… mi tía le hacía unas tenidas muy lindas, porque todas, mi mami y mi tía, tejían muy lindo… y mi madre lo adoraba y entonces… vivía haciéndole tenidas muy hermosas. Y nosotras le cantábamos, cuando mi tía ya lo traía, porque generalmente pasaba con nosotras todos los… mi tía trabajaba. Y generalmente lo traía el día lunes y se lo llevaba el día viernes. Pero durante semana, pasaba con nosotras… todo vestido de blanco, desde su gorrito, eh… le cantábamos: “ahí viene el conejo saliendo de su casita” y él se moría de la risa… porque era guaguita… nos conocía la voz.
¿Cómo era de adolescente? ¿Cómo era de jovencito?
Bueno, eh… siempre estuvo al lado de nosotros, luego ya empezó a los ocho años, yo en ese tiempo tenía catorce años y me lo llevaba a veranear al sur de Chile, a la casa de mi abuelita, que vivía en Cañete, bien al sur de Chile ¿ves tu? y de ahí nos íbamos a acampar al lago Lanalhue. El Lago Lanalhue es un lago maravilloso, verde, de aguas muy tranquilas y cristalinas, que está rodeado de la Cordillera de Nahuelbuta.
(Suena un teléfono y Gabriela, dice, lo dejamos hasta acá, porque suena un teléfono. Volvemos en un ratito). 
Sigamos con el Lago Lanalhue y las vacaciones que ustedes tenían con el Pablo.
Ya. Y Pablito jamás me dio problemas, a pesar que él tenía en ese tiempo ocho años y yo catorce. Tremenda responsabilidad estar en un lago con él. Así es que siempre al ladito mío andaba y como les digo, el Lago Lanalhue está rodeado de la Cordillera de Nahuelbuta, donde hay copihues rojos, que es la flor natural de aquí, de nuestro Chile querido. Tan patriota que le salió a ella… güeno( y se ríen ambas.)
Y el Pablito, ¿entonces tenía rasgos de líder, era revoltoso, era serio, era tranquilito?
Pablito siempre tuvo, de niño tuvo… era serio, él no jugaba con trompos, con bolitas, con volantines, no. El siempre pensaba en cosas más serias. Siempre tuvo alma de líder. Yo diría eso.
Y cuéntame ¿cuáles eran sus metas escolares o sus metas sociales, o sus metas profesionales? ¿El siempre quiso ser médico? ¿Cómo le fue en el colegio?
Sí. Siempre quiso ser médico. Siempre se sacó los primeros lugares, desde la preparatoria. Desde entonces se sacó los primeros lugares.
¿Y siempre quiso ser médico?
Siempre quiso ser médico.
Su vocación era la medicina.
La medicina, sí –repite Marcelina-.
Y la cosa política. ¿A él le gustaba la cosa política o nunca se metió en la cosa política?
Bueno, Pablito desde niño, porque después… ya… yo me trasladé, yo me casé y me trasladé a La Ligua y ahí, Pablo… nosotros con mi marido lo mirábamos… y… siempre pensábamos que iba a ser un gran líder político, porque él reunía a todos los campesinos, que eran campesinos que trabajaban de sol a sol en ese entonces… La Ligua es un pueblito que queda para el norte. Al norte de Santiago de Chile… y… esa escuelita en donde nosotros trabajábamos… estaba rodeada de puras casas de campesinos, que trabajaban de sol a sol, como digo, y él los reunía a hombres viejos, maduros ya. Y siempre les decía… nosotros lo salíamos a buscar por los potreros… y de repente veíamos a un montón de hombres y él en el medio, diciéndoles que no se dejaran explotar, que… que tenían que trabajar sus ocho horas diarias. Y en ese entonces tenía diez años…
Hum… bueno. Cuéntanos ahora, ¿qué sabía la familia en relación a lo que él hacía en el último tiempo?
Eh… ¿tú te refieres a cuando ya grande?
Claro, cuando ya estaba militando…
Ya. No… él….era estudiante de medicina y era dirigente de la Escuela de Medicina; así es que ya todos sabíamos… del Partido Comunista….ya todos sabíamos de que él estaba metido en política y lo apoyábamos, porque no era nada del otro mundo ser dirigente en la Escuela de Medicina, además, él nunca se metió en problemas, jamás. Todo lo contrario. Si él eligió ser dirigente fue porque lo sacaron como dirigente y que él quería lo mejor para sus compañeros.
Y él ¿tenía alguna religión… o era ateo?
No, cuando grande no. Pero cuando chiquitito fue bien religioso. El andaba con… hacía mandas y… a una santa… que se llama…
A una virgen,.pues
A una virgen. …que se llamaba…
A la Virgen de Andacollo, me contaste la otra vez.
La Virgen de Andacollo. El tenía mucha fe en su Virgen de Andacollo.
¿Tú sabes si él participaba, por ejemplo, en trabajos voluntarios para la comunidad?
Sí. Dentro de Medicina, él siempre estaba haciendo trabajos voluntarios y no ganaba un veinte, pero sí, trataba de llevar… eh… las enfermedades… de la gente de fuera de Santiago… del norte y del sur y ese también es un trabajo voluntario, que lo llevaba muy adentro de su corazón.
¿Sabes también si él desarrolló con personas de su edad otras actividades de tipo artístico?
Cuando niño era… era muy… se disfrazaba de…
De payaso… me contaste.
De payaso, de payaso. De payaso, tenía toda su tenida de payaso… con nariz, los ojos pintados. Unos sombreros de copas. Siempre le gustó… ser payaso.
Oye, cuéntame, ¿cantó, escribió… pintó… hizo alguna de esas cosas?
Mira… lo que le gustaba mucho… porque… dentro de todo su andar, él estudió en el Liceo de Punta Arenas, y le fascinaba hacer eh… monos de nieve. El hacía, pero monos de nieve, maravillosos.
Algo que nosotros no conocemos, los que vivimos en Santiago, no conocemos la nieve…
Si… porque la nieve… digo en Punta Arenas. Punta Arenas queda ya muy al sur de Santiago en un punto bastante alejado… y ahí… está nevando constantemente. Casi todos los días.
Cuéntanos, ¿tú quieres destacar algo especial de Pablo… alguna característica que te halla llamado la atención? Algo que quieras que… nos enteremos y se enteren estas mujeres norteamericanas y una chilena por supuesto…
Bueno, ¿que puedo decir de Pablo? Puedo decir lo mejor. Porque fue un excelente niño… él siempre quiso el bienestar para los demás. Nunca se preocupaba de él. Era de los que se sacaba su ropa para regalarla. Acá… a Santiago, llegaban los enfermos muy graves del norte y del sur de Chile y siempre los médicos dicen que él se sacaba todo lo que tenía… puesto, porque decía, “yo tengo aquí mi familia y la gente que viene de afuera no tiene nadie.” Así es que les pasaba sus chalecas. Lindas… chalecas que le tejía mi mamá y le tejía… mi tía Lorena.
Cuéntanos , Pablo ¿era… enfermizo o era… un joven… sanito?
Sano. Siempre fue muy sano, Pablo. Siempre fue muy sano.
¿Y tú sabes si le gustaba algún deporte, si practicaba algún deporte, algún tipo de actividad deportiva con… sus compañeros o con sus amigos?
No, fíjate que no. No fue deportista –se ríe un poco al negar que Pablo fuera deportista o practicara algun deporte-.
¿Y qué pasaba con el fútbol, que es pasión de multitudes?
No, fíjate que no. El era, no… Prefería leer. Leía mucho.
Y… ¿tenía algunas ideas que lo hicieran diferente al grupo familiar?
Bueno, la idea de… de… de… ser, era… eh de izquierda… esa fue la idea de…
Bueno, pero tú eres de izquierda…
Sí, nosotros somos de izquierda, pero la mayoría de mi familia es de derecha. El resto de mi familia es derechista. Entonces era un grupo… menos… porque somos como cincuenta primos, todos derechistas, era la mayoría. Y nosotros éramos como la oveja negra. Porque… él, su mamá y nosotros.
Ahora cuéntanos –según las preguntas que nos mandan- con tu corazón en la mano, sobre Pablo. Cuéntanos lo que tú quieras… Y también nos puedes contar… acerca de las ilusiones que tenía la Lorena, que era su mamá y que ahora está muerta. O tú misma… sobre lo que iba a hacer el Pablo, ¿cuáles eran los sueños que ustedes tenían en relación a Pablo?
Bueno, nosotros siempre pensamos… ver a Pablo, ya maduro, grande… con su….clínica particular. Rodeado de niños que lo iban a ir a ver. Eh… un excelente médico, nosotros sabíamos que el Pablo era muy inteligente. Sabíamos que iba a ser un gran médico y… que no iba a llevar la medicina por un valor monetario, sino que la iba a llevar muy dentro de su corazón y que iba a ayudar mucho al pueblo de Chile.
Y… cuéntanos también… porque para la gente que va a hacer este libro, entienden lo terrible que ha sido la desaparición de un ser querido. ¿Cuán doloroso, cuán trabajosa fue la búsqueda de Pablo en el país, en Chile, cuando estábamos en dictadura?
Bueno, es largo de contar, porque desde que se desapareció, que empezamos a buscar en diferentes partes… que mucho… gente a uno… la… la desviaba del camino. Que lo habían visto en una parte o que lo habían visto en otra, yo hasta difrazada de abuela pasé por la Academia de Guerra. En la Academia de Guerra estaba un hermano de mi esposo detenido. Y… sin miedo, porque la verdad de las cosas, es que no sé de donde saqué tanta valentía… llegué a un… seminario, donde posiblemente, yo tenía la esperanza que lo iba a encontrar. Ahí habían detenidos, que estaban ahí, pero no estaba Pablo. Eh… yo… todos los días iba al Estadio Nacional, porque justamente vivía en ese entonces… a una cuadra del Estadio Nacional. Yo vivía dentro del Estadio Nacional, que es un recinto de fútbol. Donde se juega fútbol, muy grande. El estadio más grande que tiene Chile. Y… ahí era un recinto… de… detenidos; donde se… torturó, se mató… Nosotros sentíamos las ráfagas, porque vivíamos ahí mismo. Eh… en la noche… tipo tres de la mañana, pasaban los camiones… Eran los camiones Progreso que ahora ya no sé dónde están, porque ahora no hay camiones Progreso aquí en Chile. Eh… Y nosotros suponíamos que después de las ráfagas, eran muertos que sacaban del estadio. Yo hice muchas entrevistas, porque vivía en el estadio. Yo no vivía en mi casa. Yo vivía en el Estadio Nacional. Luego lo buscamos en… Tres Alamos, que también era otro recinto. Otro recinto que también tenían detenidos, pero ahí salieron muchos al extranjero, exiliados. Tampoco estaba. Eh… No solamente buscábamos nosotros a Pablo, sino que… yo… llevaba encomiendas… para los… colegas, porque mi esposo es profesor. Yo llevaba encomiendas para profesores… que… jamás fueron devueltas. Yo me ponía en la letra A, B, C, Ch,D, y … las de Pablo… me las devolvían. Y eso quería decir que Pablo no estaba en el Estadio Nacional. Y… tampoco fui… ayudada por un pariente, que él entraba y salía del estadio porque él se llama Roberto Schmied Sancin y fue el brazo derecho de Gordon, que ahora en este momento Gordon se… falleció…
O sea, no descansa en Paz –dice Gabriela-
No descansa en Paz… sí, porque fue un hombre terrible… malo.
Era el Jefe de la CNI –agrega Gabriela-
Era el Jefe de la CNI y mi primo fue el brazo derecho de él.
Se le pidió ayuda, incluso, y… siempre nos dijo cosas negativas. Que no podía… que no podía hacer nada… Siempre decía que no podía hacer nada… Pero… desde ahí… nos perdimos todo, adonde nos decían que podía estar, allá íbamos. Fue una lucha tremendamente grande. Dentro de esta lucha, eh… la mamá de Pablo falleció. Falleció de un cáncer, donde… siempre ella… porque después de todo, esto… más pasaba en mi casa. Y salíamos juntas. Y juntas pedimos el Recurso de Amparo y juntas lo buscamos en todas partes. Después ella empezó a agravarse y seguí la lucha yo…
¿Cómo fue en general para tu familia, esta cosa de los años de dictadura? Ya nos has contado lo que significaba la búsqueda. Lo que significó para tí y para Lorena la búsqueda. Pero en términos generales, como familia, ¿cómo fue esta cosa de la dictadura?
Bueno, fue espantosa… porque fuera de… de… pedirle, no sé a al ser supremo… que nos siguiera dando fuerzas, mi esposo fue …ehmm
¿Fue exhonerado? ¿Lo echaron?
Fue exhonerado. Sí, sí.
Ya… ¿Lo echaron del trabajo?
Sí, sí, mi esposo el once fue… el golpe del setenta y tres. El catorce ya no tenía trabajo y era lo único que él sabía hacer. Entonces… fue tan terrible… que yo tuve que dejar mi departamento, porque tuve que andar arrancando. Viví en diez partes, en diez partes, antes de vivir adonde vivo ahora, que esta fue… definitivo. Tuve que dejar mi departamento a puerta cerrada, porque eso… eso no lo conté denantes…
Ah, sí…cierto, eso no lo habías contado…
Yo vivía en la Avenida Grecia 1479 Departamento 407. Era dirigenta de las JAP…
Las JAP -dice Gabriela Zúñiga- eran las Juntas de Abastecimiento y Precio. Era una organización que se genera en la época de la Unidad Popular, del Gobierno Popular, ante el problema de desabastecimiento, se generan estas organizaciones a niveles poblacionales para poder hacer una repartición equitativa de lo que había. Dentro de las dirigentas.
Yo era dirigenta de eso… de esa organización. Y… yo no me quería ir, porque la verdad de las cosas… que yo… yo no tenía que… ¿por qué me iban a tomar detenida? Pero… mis vecinas –gracias a ellas, creo que estoy con vida-. Porque después pasaron meses y… me seguían buscando, me seguían buscando. Y no me quedó otra. Porque, primero, no tenía plata donde ir a … a… arrendar una casa; segundo… o eran las cosas materiales o éramos nosotros. Fue terrible como luché. Incluso, anduvimos vendiendo huevos para poder sobrevivir. Y eso a mí no me da vergüenza decirlo, porque fue una lucha constante, para nada más que para sobrevivir. Con mi niño, que en ese entoces, tenía doce años. Mi único hijo…
¿Cómo se llama tu único hijo?
Mi único hijo se llama, Tomás Patricio Cortés Ceballos y es idéntico a Pablo.
Hum… Ahora, eh… ¿cuáles son tus esperanzas hoy día… hoy día? En la entrevista anterior decíamos… han pasado aproximadamente, diez años de lo que se llama la transición en este país. Está… de presidente, lleva muy poco tiempo –lleva tres meses- Ricardo Lagos, que entiendo fue además tu candidato. ¿Qué esperanzas tienes en el Chile de hoy?
Bueno, yo… tengo esperanzas, sobre todo en este candidato, porque… yo lo conozco muchos años. El también estuvo exiliado y llegó a Chile con la esperanza de que él iba a hacer algo por nosotros. Yo tengo esperanza, tengo fe en que esto va a cambiar. Que va a costar, sí. Va a costar mucho, porque él tiene muchos enemigos; tanto de izquierda como también de derecha.
Y ¿a quién culpas tú… de esta desgracia que… se está viviendo; que viviste acá en… en… Chile y de la desgracia de haber tenido a tu primo detenido, desaparecido?
Para mí, mira, hay muchos culpables, Gaby, hay muchos culpables… y tú lo sabes. Pero el culpable mayor… para mí… yo digo, que este hombre… no… no tiene nombre, en lo malo y perverso que fue… es Pinochet. El mismo lo dijo y lo repetía a cada rato y se vanagloriaba con “que aquí en Chile, no se movía una hoja sin su consentimiento”. Entonces… quiere decir que él sabía todo lo que estaba pasando aquí en Chile. Porque todos los días le informaban de todo lo que estaba pasando. Entonces el único culpable para mí… es él…
¿Y tú crees que existe la justicia aquí?
Mira, te voy a ser bien franca, Gaby. Fuera de la esperanza de… saber… de que posiblemente esto tenga un vuelco… y alguna vez tengamos justicia… Yo no creo en la justicia chilena.
Bueno, de ahí entonces viene la pregunta que tú nos contabas, -de la entrevista anterior, la que no salió- ¿qué piensas del Juez Garzón? Aparte que ya lo dijiste que andas con la foto de él ahí… en la cartera. (Se ríen ambas de este hecho) Ya … cuéntanos del Juez Garzón…
Sí… el Juez Garzón para mí es lo máximo. Yo creo que en Chile nosotros tendríamos que levantarle un monumento al Juez Garzón, porque él no siendo chileno, lo ha dado todo por nuestros casos. Todo, que él ha luchado… yo sé que él ha luchado enormemente. Que no le resultó lo que él realmente esperaba… y se merecía… por todo lo que él luchó… Pero nosotros le estamos enormemente agradecidas… no tendríamos cómo pagarle… todo su esfuerzo que él hizo por nosotros. Pero alguna vez yo creo que va a tener su… su recompensa. Aquí en Chile se lo quiere mucho, nosotros, por supuesto… porque la derecha no lo puede ver…, pero… Además nosotras le dimos… un altar… un reconocimiento que ojalá lo tenga en su poder.
No. No lo tiene.
¿No? ¿No lo tiene…?
No… Mira, yo te voy a explicar… lo que pasó. Pasa que los juicios, si se mantienen, si se mantienen los juicios en España, él es parte del juicio y nosotros también. Y él no podía recibir oficialmente ningún tipo de premio, porque podía ser acusado de, no sé… de alguna cosa extraña entre las partes, digamos; entonces él se mantuvo al margen. Pero nosotros esperamos que cuando alguna de nuestras dirigentes o alguna de nosotras llegue a España, le entregue personalmente este reconocimiento que tu decías. Pero no pudo recibirlo…
Lamentablemente, porque yo también había propuesto, que los médicos legistas y antropólogos de aquí de Chile, que día a día están luchando por encontrar a nuestros seres queridos y tampoco pudieron recibir… el [reconocimiento] por lo mismo… .
Por lo mismo. Y aquí ingresamos con la última pregunta que es la más dolorosa… que es la que… bueno, la que más duele, porque la pregunta que viene del cuestionario es que si tienes esperanzas de encontrar los restos.

Bueno, yo creo que hay que aclarar, que Marcelina sí encontró a Pablo… Y… en la entrevista anterior, que no salió –insisto- fue muy doloroso para ella recordar cómo fue… que… encontró a… Pablo.
Pablo estaba dentro de los restos del Patio 29. Yo voy a contar un poquito mientras ella… [suspira]… y toma un poquito de aire. Pablo… fue… encontrado ahí… estos médicos legistas hacen un trabajo extraordinario, porque son los que determinan la causa de muerte. Y ella hizo ese proceso… extremadamente doloroso… y ahora sí parece que ella puede contar con esfuerzo.

Si… hem… bueno… eran… el Patio 29… queda… es… en el… Cem… Cementerio General. También era uno de los más grandes de aquí de Santiago. Ymmm… habíannnn 18 cadáveres ymmm tres fosas. Ahí habíannn… tres extranjeros y los otros quinceee erannn… erannn chilenos… Eh… se hizo suuu… funeral… como correspondían en una iglesia que se llama San Ignacio de aquí de Santiago. Y luego… el Hogar de Cristo donó todos los cajones y los tres extranjeros se fueron a su país. Y después nosotros, con… Laura…
Laura Atencio –dice Gabriela- es otra compañera de aquí de la Agrupación…
Sí. Laura Atencio, es una compañera de la Agrupación. Encontró a su papá ella… ehh la ayudamos… a los médicos legistas, porque tuvimos que hacer el traslado de los cajones grandes a cajoncitos pequeños, para que ellos quedaran en el Memorial… que se hizo… a la entrada del Cementerio General.
Eh… A mí me correspondió con Laura… sacar los restos… de todos… de casi los quince… porque no podía… quedar… eeeh… nada. Ni un polvito… nada, todo tenía que traspasarce a los cajones chicos… entonces… y ahí… ( se le quiebra la voz y llora y dice) voy a volver a llorar… porque no puedo, no puedo. No aguanto. No aguanto de ver algo tan terrible. Es algo tan terrible. De que yo tuve su cráneo… en… mis manos. Por estas cosas… de que… los instintos… de uno… (sigue llorando desconsolada) de saber que él jamas le… le hizo un daño a nadie. Y me entregan un certificado donde dice: “traumatismo encefalo craneano por disparo de bala”. Fuera… que antes… había sido tan torturado… Él fue tan torturado… él fue torturado… pero salvajemente… porque la última persona que lo vio… fue una doctora que fue sacada con él de allá….del… del Hospital San Juan de Dios. Y le pedía ella a los torturadores que no le hicieran nada, porque era un niño muy bueno. Y… y… ese… certificado… recuerdo que yo tengo….traumatismo encefalocraneano por disparo de bala… fuera de todas las torturas que le hicieron antes… tonces… besé su cráneo. Yo lo besé… y lo tengo pero muy patente en mi memoria. Como… él… los hoyos que tenía… por las balas…
Ha llorado mientras nos relata todo esto y aunque Gabriela ha tratado de interrumpirla un par de veces con otras preguntas, Marcelina no puede controlar el llanto, el dolor y el relato que se le viene vivo a su memoria.

Tú decías que lograron fijar la data de la fecha de cuando lo mataron y eso fue el 17 de septiembre de 1973.
Aquí y en otros dolorosos momentos, las voces de Marcelina y Gabriela se confunden de tal manera con el dolor que no podemos transcribir exactamente cómo están hablando..
Marcelina repite la fecha. 
17 de septiembre de 1973. A él lo detuvieron el 14 de septiembre y el 17 de septiembre ya estaba muerto… Y en esos días… puras torturas… puras torturas… un joven… maravilloso que nunca le hizo daño a nadie –Marcelina sigue llorando desconsolada mientras habla de Pablo. .Sigue llorando…
Yo siento… haberte… hecho de nuevooo… recuperar… esa memoria… que… tanto nos duele, y… te agradezco… y te pido disculpas… ¿aaah?, pero esas son las torpezas que uno comete…
No Gaby,… si…
Pero tú dijiste, claro están experimentando conmigo… claro, no resultó el experimento y a lo mejor con las otras compañeras no se nos va a hechar a perder la grabación.
No… pero… Mira, hemos repetido tantas veces lo mismo… que una vez más no quiere decir… Yo… quiero… terminar… agradeciéndole a estas dos personas… que… ¿Cómo se llaman?
Una se llama Sonia y otra Carolina…
Ya. A Sonia y a Carolina… pero de todo corazón lo digo… de que hayan tenido ellas la gentileza de hacer algo por nosotras. Yo sé que en todas partes del mundo hay alguien pendiente de nosotras. Yo les agradezco… enormemente… de todo corazón… les deseo lo mejor. Lo mejor en sus vidas. Y que… todo les salga bien y que este libro sea un éxito…
Y va a ser un éxito. Y también va a depender de nosotros…
Gracias, Marcelina…
Gracias, Gaby.

Nombre : PABLO RAMON ARANDA SCHMIED
Rut : 106.690 Punta Arenas
F.Nacim. : 12 4 53, 20 años a la fecha de su desaparición
Domicilio : Diagonal Cervantes 790, Depto. 218, Santiago
E.Civil : Soltero
Actividad : Estudiante 3° año de Medicina, Universidad de Chile, Sede Occidente.
C.Repres. : Juventudes comunistas, delegado estudiantil ante la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH)
F.Detenc. : 17 de septiembre de 1973

SITUACION REPRESIVA
Pablo Ramón Aranda Schmied, soltero, 20 años de edad a la ocurrencia de los hechos, estudiante de Medicina, militante de las Juventudes Comunistas, fue detenido el 17 de septiembre de 1973, en la mañana, en el interior del Hospital San Juan de Dios  donde hacía sus estudios prácticos  por efectivos Militares de un Batallón del Regimiento Yungay de San Felipe, que se encontraba apostado en la Quinta Normal y en el Instituto Nacional Barros Arana. A cargo de estas fuerzas Militares estaba el Coronel Donato López Almarza y el Capitán Mario Caraves Silva, quien encabezaba la patrulla que detuvo a la víctima.
La detención de Pablo Ramón se inscribió en tres operativos militares que se realizaron en el Hospital San Juan de Dios, los días 15, 17 y 19 de septiembre de 1973, por los efectivos Militares del Regimiento Yungay de San Felipe. Dichos operativos tuvieron como resultado la detención de 7 personas, cinco de las cuales fueron ejecutadas, mientras dos permanecen en calidad de detenidos desaparecidos. El 15 de septiembre fue detenido Manuel Jesús Ibáñez García, dirigente del Sindicato de Trabajadores del Hospital San Juan de Dios. Fue conducido al Internado Barros Arana, y el 23 de septiembre de 1973, sus familiares encontraron su cuerpo en el Instituto Médico Legal. El certificado de defunción señalaba como fecha de muerte el día 20 de septiembre, a las 7 horas, en el Puente Bulnes sobre el río Mapocho, por múltiples heridas a bala. Cuando su cuñado ingresó al Instituto Médico Legal para reconocer el cuerpo, dijo haber visto también los cadáveres de Jorge Cáceres Gatica, de Lucio Bagús y de un joven que era estudiante de Medicina.
El 17 de septiembre de 1973, también al interior del Hospital San Juan de Dios, fueron detenidos el afectado, José Lucio Bagús Valenzuela, Manuel Briceño Briceño, Raúl Francisco González Morán y Jorge Rolando Cáceres Gatica. Pablo Ramón Aranda y José Lucio Bagús se encuentran actualmente detenidos desaparecidos. Según testimonios, habrían permanecido en el Instituto Nacional Barros Arana y conducidos por sus captores a un sitio eriazo ubicado en la calle San Pablo a la altura del 7.000, en donde los militares les dieron muerte. Sus cuerpos nunca aparecieron. En cuanto a las otras personas detenidas en esta oportunidad, sus cadáveres fueron encontrados por sus familiares en el Instituto Médico Legal, todos presentados múltiples heridas de bala.
Estas detenciones se produjeron ante la presencia de numerosos testigos, todos funcionarios de dicho centro hospitalario. Incluso, la señora Ana Alvarez Oyarzún  conviviente de José Lucio Bagús  alcanzó a llegar al Hospital cuando recibió el aviso del operativo que allí se realizaba. Vio entonces cuando dos militares se llevaban detenido a Bagús.
Por último, el 19 de septiembre de 1973, fue detenido, por los mismos militares, el sacerdote católico de nacionalidad española, Joan Alsina Hurtos, quien a la fecha se desempeñaba como Jefe de Personal del Hospital San Juan de Dios. Permaneció recluido en el Instituto Nacional Barros Arana y el 27 de septiembre, su cuerpo se halló en el Instituto Médico Legal. Según el certificado de defunción, la fecha de muerte fue el mismo día de su detención en el Puente Bulnes por “múltiples heridas de bala” y “lesiones apergaminadas en la cara”.
Los operativos realizados en el Hospital San Juan de Dios fueron expresamente reconocidos por el Coronel Donato López Almarza ante el 2° Juzgado del Crimen de Santiago, donde se investigaba la desaparición de José Lucio Bagús Valenzuela. En sus declaraciones judiciales  julio de 1975  expuso que en septiembre de 1973, se encontraba al mando del Batallón del Regimiento Yungay de San Felipe, acampado en la Quinta Normal. Que en esa calidad, recibió una solicitud del Director de dicho Hospital  a la sazón el doctor Carlos Salomón Rex  para desalojar el plantel. Así, el Coronel Donato López dispuso “tropa a resguardar ese recinto y a petición expresa del Director se desalojó a aquellos funcionarios que entorpecían la labor de ese establecimiento”. Agregó que del Hospital salieron 6 o 7 personas, las que fueron puestas en libertad de inmediato.
Por su parte, el doctor Carlos Salomón Rex señaló en el mismo proceso que, después del 11 de septiembre de 1973, llegaron Militares al establecimiento hospitalario a su cargo producto de una denuncia de que allí “se fabricaban bombas”. Afirmó que ningún Jefe Militar habló con él, salvo un Teniente o Subteniente a cargo de una patrulla. Agregó que no solicitó resguardo militar ni desalojo de funcionarios.
Sin embargo, en sus declaraciones judiciales ante el Ministro Enrique Zurita, relativas a la situación particular del afectado, el doctor Carlos Salomón Rex señaló  en abril de 1975  desconocer los hechos que rodearon la detención de Pablo Ramón Aranda, sin hacer mención de la llegada de Militares al Hospital San Juan de Dios.
Además, y también en la causa de José Lucio Bagús, el director del Instituto Nacional Barros Arana en 1980, David Vergara Torres, informó a la III Fiscalía Militar de Santiago, que el 11 de septiembre de 1973 alrededor de las 10 horas y durante 24 días, el establecimiento educacional fue ocupado por el Regimiento Yungay de San Felipe. (Mayores antecedentes en el caso de José Lucio Bagús Valenzuela).
Irma Lorena Schmied  madre de la víctima  señaló ante el Tribunal, que el Decano de la Facultad de Medicina, sede Occidente, Gabriel Lobo Parga, envió un Oficio al Rector de la Universidad, en esa época el General del Aire César Ruiz Danyau, quien respondió que el afectado había sido puesto en libertad el 25 de septiembre de 1973.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El 24 de marzo de 1974, se interpuso un recurso de amparo masivo por 131 personas ante la Corte de Apelaciones de Santiago, el que fue rolado con el N°289 74. El nombre de Pablo Ramón Aranda fue incluido en la presentación.
La Corte consultó a las distintas autoridades de la época, sin que se lograra establecer la situación particular de los amparados. El 28 de noviembre de 1974, el recurso fue rechazado. Se apeló de la resolución y el 31 de enero de 1975, el Pleno de la Corte Suprema confirmó el fallo y, en el mismo acto, acordó nombrar un Ministro en Visita Extraordinaria para que se abocara a la investigación correspondiente. La designación recayó en el Ministro Enrique Zurita Camps, quien, el 24 de febrero de 1975, instruyó el proceso rol N°106.657 en el 1° Juzgado del Crimen de Santiago.
El proceso se inició con la citación a declarar a los familiares denunciantes, los que fueron compareciendo en el transcurso de los meses. En el caso particular de Pablo Ramón Aranda, su madre declaró el 27 de marzo de 1975. En su testimonio ella entregó los antecedentes que poseía en relación a la aprehensión del afectado. Agregó que había acudido a la Quinta Normal  donde también estaba el Batallón del Regimiento Yungay  y que allí le dijeron que nada sabían de los hechos. Dijo, además, que habían sido testigos de la detención de su hijo, médicos y funcionarios del Hospital San Juan de Dios (resultaba imposible no enterarse de los operativos militares) y que incluso el doctor Parrochia había hablado con el Jefe de la patrulla militar que llevaba detenido al afectado. Más aún, Irma Lorena Schmied agregó que un dirigente del Centro de Alumnos, Patricio Lemp Miranda, le informó que el Decano Gabriel Lobo Parga le había dicho directamente a él que el Rector César Ruiz Danyau informaba que Pablo Ramón había sido puesto en libertad el 25 de septiembre de 1973.
Sin embargo, en sus respectivas declaraciones judiciales, hechas en abril de 1975, el doctor Carlos Salomón Rex  en 1973 Director del Hospital  y el doctor Carlos Esteban Parrochia Beguin, dijeron desconocer los hechos relatados por Irma Lorena Schmied.
Nada más se investigó en relación a la suerte corrida por la víctima.
Simultáneamente, se enviaron Oficios a las autoridades  todos con respuestas negativas  y se acumularon procesos por presunta desgracia, incluyendo los expedientes de 9 personas que habían sido detenidas en Isla de Maipo, algunos de cuyos cuerpos aparecieron en los Hornos de Lonquén, y las causas de Enrique París Roa y de Enrique Huerta Corvalán, ambos desaparecidos el 11 de septiembre de 1973, en La Moneda.
El 25 de septiembre de 1975  sin que se hubiese profundizado en ninguno de los casos denunciados  se cerró el sumario “por no poderse adelantar más en la investigación”. El 29 de septiembre del mismo año, el Ministro Enrique Zurita dictó fallo. En algunos casos se declaró incompetente, por estar involucrado personal uniformado (Ejército, FACH y Carabineros, respectivamente) y remitió los antecedentes a la Justicia Militar. En 22 casos sobreseyó parcial y definitivamente el proceso, por encontrarse estos en libertad y no desaparecidos. En relación a la víctima, el proceso fue sobreseído temporalmente por no “estar plenamente justificada la existencia de algún hecho delictuoso”. El 10 de mayo de 1976, la Corte de Apelaciones de Santiago aprobó la resolución del Ministro en Visita.
Años más tarde, el 14 de mayo de 1991, su padre Ramón Aranda Vargas ante el 4° Juzgado del Crimen de Santiago, rol N°143648 8 interpuso querella por la desaparición de su hijo, a raíz de los antecedentes que habían sido remitidos a dicho Tribunal por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. La causa se encuentra en tramitación en estado de sumario (fines de 1992).
Por su parte, durante todos estos años, Irma Lorena Schmied realizó innumerables gestiones administrativas tendientes a dar con el paradero de la víctima, haciendo largas jornadas de espera en el Estadio Chile, Estadio Nacional, Ministerio de Defensa, Carabineros, Investigaciones, Instituto Médico Legal, Cruz Roja. Todas ellas infructuosas. Su madre falleció después de una larga enfermedad que sobrellevó en medio de la búsqueda de su hijo. Los antecedentes antropomórficos de Pablo Aranda Schmied fueron anexados a la causa 4449 AF del 22do. Juzgado del Crimen de Santiago por el delito de inhumación ilegal, en el Patio 29 del Cementerio General, de personas no identificadas muertas entre septiembre y diciembre de 1973. El juez instructor de la causa ordenó la excavación de 108 tumbas en septiembre de 1991. De allí se exhumaron 125 cuerpos, los que fueron remitidos al Instituto Médico Legal. Informes preliminares indican que uno de los cuerpos correspondería a la víctima. En la actualidad (fines de 1992) se está a la espera de la confirmación de esta identificación.

A COMBO LIMPIO, PERO CON HONOR Néstor Alfonso Gallardo Agüero

DESAPARECIDOS

Están en algún sitio/concertados

desconcertados/sordos

buscándose/buscándonos

bloqueados por los signos y las dudas

contemplando las verjas de las plazas

los timbres de las puertas/las viejas azoteas

ordenando sus sueños sus olvidos

quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza

si ya se fueron o si no

si son pancartas o temblores

sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros

e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer

hace tres cinco siete ceremonias

a desaparecer como sin sangre

como sin rostro y sin motivo

vieron por la venta de su ausencia

lo que quedaba atrás/ese andamiaje

de brazos cielo y humo

 

Mario Benedetti. Geografías.

Todos tenemos una historia que contar. Pero algunas son dolorosas y casi no salen las palabras de nuestros labios para contarlas. Otras, aunque dolorosas y tan profundas como las de ustedes, las escuché contar con lágrimas en los ojos, pero sin odio. “Mi abuela me enseñó a no tenerle odio a Pinochet, para que pudiera vivir tranquila”, me confiesa Viviana Rodríguez, quien tenía un año y medio cuando sus padres y su tío fueron detenidos y desaparecidos. Nunca más se supo de ellos.

La cara de esta niña de 25 años muestra dolor, pero no odio ni rencor. Yo no sé que fibra tocará los corazones de ustedes, con mis preguntas sobre los seres que ustedes buscan. Necesito saber que ellos nacieron y se criaron como todo el mundo, o quizá, no eran como todo el mundo. Cómo eran, quiénes eran, cuáles eran sus esperanzas y sus metas y tantas cosas que solamente ustedes me pueden contestar para reconstruir una biografía-testimonio; para buscar la verdad y enterrar, si no sus cuerpos, al menos nuestro dolor; porque el dolor de ustedes, es el dolor de muchos chilenos y de mucha gente en el mundo que los apoya. Espero que me ayuden a escribir esta historia, esta biografía de ocho seres que, aún siendo tan conocidos como Pablo Neruda o Gabriela Mistral, pocos conocen sus nombres, quiénes fueron y cómo fueron, no tienen rostros ni nombres, sólo el recuerdo que ellos murieron asesinados por un dictador que tuvo Chile. Entre ustedes y yo, les volveremos a dar fuerza a sus nombres y a sus rostros, al menos un soplo de vida y justicia poética, ya que no los podemos traer otra vez al lado de ustedes… pongámosle vida a la vida que tuvieron…

Berkeley, 29 de abril de 2000,
casa de Fernando y Eliana Kuznetsoff.

Lección de cosas

Guillenic

La sangre de un muerto

por accidente

no es igual en la calle

a la de un muerto por

la libertad

también caído en la calle

cada una tiene su manera

de ser roja y de gritar

Gabriela Zúñiga: Entrevista número tres y es a Silvia Gallardo Agüero, hermana del detenido desaparecido, Néstor Alfonso Gallardo Agüero, quien desapareció el 28 de septiembre de 1974, a la edad de veinticinco años. El era egresado de contabilidad y al momento de su detención había congelado o suspendido, sus estudios en el tercer año en Economía, en la Universidad de Chile.

Silvia, ¿cómo estás tú? Buenas tardes.
Buenas tardes. Estoy muy bien.

Qué bueno que estés bien.
Y muchas gracias por esta entrevista. Y la posibilidad de poder comunicar nuestra historia a otras personas.
Hay que agradecer a estas chiquillas, que tienen la inquietud de contar eeh… nuestras historias. Tú eres la hermana. La… la mamá de Silvia hay que aclarar, y la mamá de Néstor Alfonso, ya está enferma, ya está viejita, y la búsqueda de siempre, ha sido de la hermana, de Silvia, yo te conozco, ¿hace cuánto?…. Hace veintitantos años que andamos buscando; así es que Silvia va a tratar de reconstruir esta parte de la historia. Yyyy cuéntanos ¿qué sabes tú, que supiste tú a nivel de la familia? ¿Qué te contó tu mamá acerca de cómo nació Néstor?
Ella trae anotadito –dice Gabriela Zuñiga entre risas y seria- aaah… ella trae anotadito… porque le preguntó a la mamá.
Bueno. Mi hermano Néstor Alfonso… Nosotros le decíamos, Alfonso no más; eeeeeehm… nació en la casa con matrona y con practicante, porque parece que la cosa fue más o menos de urgencia. Nació bien… eeeh en el noveno mes, fue parto normal y nació sano. No era ni flaco ni gordo…
Ella se está adelantando a las preguntas… .-dice Gabriela riéndose. Silvia también se ríe.- ¿Era bonito o era feo?
Era muy lindo.-Se ríen ambas-. Sí, bastante eeeh grande. No sé exactamente cuánto medía, pero era bastante grande en su tamaño al momento de nacer.
¿Era gordito o era flaquito?
Era más bien gordito, rellenito.
Ya. ¿Qué te contó tu mamá? ¿Cómo creció este niñito? ¿Creció sanito… cómo creció
Sí. Creció sanito, fue un niño tranquilo… estudioso. Nunca dio problemas. (En este punto, quien nos hace de entrevistadora, comenta- ‘oye, ni un detenido desaparecido ha dado nunca, nunca problemas. Parece que eran muy especiales) – responde Silvia. Fíjate que cuando me toque contar el cuento de mi desaparecido. No. Era bastante más normalito él. Fíjate… que no…no…no. Yo ya estoy entrando en sospecha, todos eran super, güeeeenos y super estudiosos. ¡Qué bueno! Qué bueno que hayan sido así, estos muchachos y estas muchachas que desaparecieron. Ahora, cuéntanos eeeh indudablemente no era hijo único. ¿Cuantos hermanos, o hermanas?
Cuatro. Tres hermanas mujeres, mayores, y él era el menor.
Humm y era un matrimonio, papá, mamá… ¿sí?
Papá, mamá, y… las tres hermanas y, él, regalón.
Me imagino…¿Cómo era… la personalidad en la infancia de Néstor Alfonso? O de Alfonso.
Era un niño tranquilo que le gustaba jugar en la casa, inventaba sus juegos, sus cosas, tenía sus juguetes; no le gustaba salir a jugar con otros niños. Nació en una ciudad… en un pueblo chico, que estáaaa… como a 850 kilómetros al sur de Chile, de la capital…
¿Adónde era?
En La Unión, en la provincia de Valdivia.
Humm, humm
Así es que allá, la vida, bueno, en un pueblo chico, la vida es siempre más tranquila. Los niños juegan en sus casas…, además en el sur hace frío, llueve, así es que él… prontooo… aprendió a leer…. Jugaba… Leía mucho. Siempre, toda su vida. Le gustó mucho leer. Toda su vida le gustó leer. Inventaba sus propios juegos. Se fabricó incluso un tablero de ajedrez con todas sus piecesitas talladas en madera.
¿Las tallo él?, le pregunta Gabriela.
Cuando era niño… sí… eeeh ¿qué más te cuento? ¿De niño?
De la adolescencia. A ver…
eeeh… De la adolescencia… Ya. Él estudió en el Instituto Comercial. Después del colegio, el Liceo y en el Instituto Comercial y ahí empezó de contador. Era dirigente estudiantil,-¿cuando estaba en el colegio?, pregunta Gabriela- cuando estaba en el Instituto Comercial… eeeh… Tendría que decir que desde el primer año que entró al colegio, a la escuela primaria, en ese entonces, él sacó siempre el primer lugar en el curso. Silvia se ríe y comenta: ‘mi amiga se ríe, pero es verdad.’
Ja, ja, ja se escucha la risa de Gabriela, que comenta, está bien. Está bien.
Eeeh. O sea, mi padre fue siempre– porque él falleció el año pasado- mi padre fue siempre muy organizado y ordenado y tiene todos los certificados de mi hermano, los diplomas y todas esas cosas. Entonces… por eso lo digo yo con causa.
Con conocimiento de causa –le agrega Gabriela. -Tiene prueba- dice Gabriela otra vez riendo.
Con conocimiento de causa -repite Silvia. Tengo además pruebas, tengo todos los certificados de notas anuales, certificado de buena conducta, certificado de mejor compañero. Realmente era así, era así. Entonces…
Ya. Yo no lo pongo en duda, pero llevo tres entrevistas y las tres… todos los tipos nunca quebraron un güevo. Nunca hicieron, nada eran todos fantásticos… yo no lo pongo en duda, pero entonces… me da risa… ¿no? Está bien… ya ¿Tienes una anécdota que contarnos acerca de tu hermano?
Bueno, cuando niño, empezamooos por ejemplo, cuando tenía cinco años,-ya, primer año, a los cinco años y medio estaba en primer año- eeeh tuvo una pelea con un compañero, que era muy prepotente, muy insolente, y él se defendió. Y se defendió y delante de profesores, del inspector del colegio, eeh los dejaron que peleara porque peleaba bien y peleaba limpio. Después lo felicitaron a mi papá que tenía un hijo muy valiente y muy correcto.
¿A puñetes fue?
Sí… pelearon a puñetes… y los profesores los dejaron que pelearan a puñetes, porque se estaba defendiendo de algo que correspondía defenderse. Y looo y después a mi padre lo felicitaron que tenía un hijo valiente y que era…
Güeno pa’ los puñetes -acota Gabriela entre risas. -Ahora ¿tú sabes de sus metas como estudiante, sus proyectos sociales… profesionales?
Sí, bueno. Él estaba estudiando Economía y … él tenía muchas intenciones, bueno eran sus deseos de lleno desde el momento que ingresó a este movimiento de….
Sí, dígalo no más… dice Gabriela sin miedo- de Izquierda Revolucionaria –al MIR, acota Gabriela otra vez.
Al MIR, él tenía… él se consagró de lleno a tratar de hacer algo, de lograr cambios en este país, para que hubiera igualdad de oportunidades, que no hubiera pobreza, ni… todas esas cosas que todavía existen en este país. Esas eran sus metas. Trabajar en eso.
¿Y cuando chico?
Cuando chico, cuando niño, sus metas eran estudiar; leía mucho, él jugaba, él jugaba, practicaba deportes, jugaba y hacía crucigramas; todas esas cosas. Él era un niño tranquilo; estudiaba mucho y su pasión era leer. Se devoraba los libros.
Ahora dime. ¿Sabía la familia? ¿Ustedes sabían cuál era la vida que llevaba él en términos políticos; lo que él hacía?
Bueno, sí, claro que sí. ¿Su tendencia? Nosotros la sabíamos. Porque ya desde que estaba en el Instituto, un adolescente de quince o dieciséis años, el tenía correspondencia y recibía diarios de Cuba y de otros países. Tenía intercambio y… y… fue invitado a Cuba a un encuentro de juventudes.
Póngale año –dice Gabriela.
Cuando él tenía como diecisiete años, quizá, fue en el año sesenta y siete.
Bueno, yo me sé esa historia, porque yo la conozco, -dice nuestra entrevistadora- pero quiero que tú la cuentes. ¿Él se fue a Cuba y tú lo ayudaste para que se fuera a Cuba?
Claro, porque ese era el sueño máximo. Su sueño máximo era ir a Cuba. Él era un idealista y encontraba que la revolución cubana, el Ché Guevara y todo eso, eran un ejemplo, para Latinoamérica y todos los jóvenes. Entonces, hubo mucha influencia del Ché aquí en Chile con los jóvenes, en esa época. Entonces, para él era el sueño máximo poder ir… y claro, yo lo ayudé. (Se fue vía Francia, me contaste, le dice Gabriela a Silvia ). Sí. Tuvo que viajar… No habían vuelos directos de Chile aaa La Habana. Así que se fue vía Francia, porque no habían vuelos directos a La Habana, en esa época desde Chile. Estuvo en París… después siguió a La Habana y de regreso, lo mismo…. Tenía dieciseis o diecisiete años…
Ahora, bien. Dime, ¿tenía tu hermano algún tipo de religión? ¿Creía en Dios o no creía en Dios? ¿Era católico, musulmán, judío? ¿Qué era?
Bueno, al principio como… se usa acá, en ese tiempo sobre todo, los niños eran bautizados de inmediato. Cuando nacían eran bautizados. Después, como a los ocho años, hizo la comunión; la primera comunión y todo eso. Pero, yo creo que después, él fue madurando y ya no era religioso, o sea… no tenía ninguna religión; no practicaba ninguna religión.
Pero ¿tú sabes si hacía trabajos voluntarios en la comunidad? ¿Desarrollaba algún tipo de actividades de esa naturaleza?
Me parece que mucho, sí. Porque bueno, cuando él entró a la universidad, se vino a Santiago y nosotros seguíamos en Valdivia. Pero él trabajaba y estudiaba. Incluso, no quería que de la casa le mandáramos dinero, incluso el dinero de nuestros padres. Él decía, tengo. Yo gano dinero. Además de eso, él hacía cosas. Toda su vida estuvo dada a hacer cosas por los demás. Él se entregaba a los demás… siempre.
¿Hizo algún tipo de actividad con otra gente de su edad, de tipo artístico, como el teatro, tocar guitarra?
Si, eeh tocaba guitarra eeh tocaba flauta también. Guitarra, flauta.. Era muy deportista también. Jugaba basketball… fútbol. Lo que más le gustaba sí, era el basketball. Y que como allá, ciudad del sur, en Chile, llueve mucho hay más gimnasios, más lugares cerrados para practicar deportes.
¿Tú sabes si él escribía en algún diario juvenil, o escribía poesías, cuentos?
En el colegio no más y como fue dirigente estudiantil, sé que había un diario mural en donde escribía siempre cosas.
¿Tú quisieras destacar algo especial de tu hermano?
A ver, ¿qué podría decirte de él? ¿Que decirte que ya no te hayan dicho otras personas sobre sus seres queridos?
Dígalo no más… pues.
Era una persona digna, recta, correcta, responsable.
Él pensaba en el bien común, más que en el bienestar propio. Tal es así, que congelo sus estudios… y hubiera sido un muy buen economista, porque siempre fue brillante en todo lo que él hacia. Hubiera ganado muchísimo dinero y todo eso si hubiera seguido ahí. Pero él, no, prefirió dedicarse a la causa de eeeh, de trabajar por la gente, por los cambios y esa era su vida al momento que lo hicieron desaparecer…
Y dime, ¿tendía a enfermarse o era super sano?
Era sano. Era sano, sí.
Bueno, ya nos contaste que le gustaba los deportes, concretamente, el basketball y ¿qué pasaba con el fútbol, por ejemplo?
Sí, jugaba fútbol, pero no tanto…
¿Practicó en el barrio, en la escuela?
Con los compañeros en la universidad y en el Instituto Comercial. Desde que era adolescente que jugaba, pero más que fútbol, él jugaba basketball.
¿Tú crees que las ideas que él tenía, acerca de la vida o la forma de ser como tú nos cuentas que era, lo hacían diferente a la gente del grupo familiar?
Sí, muy diferente a los demás integrantes de la familia. No así a mí, que siempre andábamos medios empatados en las ideas….
Pero tus hermanas, sí eran distintas…
Sí, por supuesto. Mis hermanas eran totalmente distintas. Eran diferentes.
Aproveche, mijita. Aproveche de descargarse… –y se ríen ambas. Silvia dice firmemente, no, no, no… y se ríe.
Eran diferentes. Nunca estuvieron de acuerdo con lo que mi hermano hacía o lo que pretendía. Los ideales de él para ellas, eran un absurdo. Porque según ellas él lo que debía hacer era simplemente, terminar su carrera, ser profesional, ganar dinero y pasar una buena vida. Por lo menos, esa ha sido la vida de ellas.
Y cuéntanos ¿qué ilusiones, qué sueños puedes haber tenido tú o tu familia o tu madre o tu padre en relación con Alfonso? Esos sueños que uno tiene para con otras personas ¿no?
Bueno, para mí, que mi hermano hubiera, logrado, logrado, realmente concretar sus ideales. Que este país realmente hubiera tenido cambios; que no hubiera niños con hambre, gente que sufre por tantas privaciones, o sea, cambiar el sistema. Porque hay muchas cosas que cambiar para que las cosas no sigan como ahora.
Ya. Ahora, ¿cuán dolorosa y trabajosa fue la búsqueda de tu hermano en el período de Dictadura?
Bueno, primero, nosotros no sabíamos que él estaba detenido. No sabíamos que estaba desaparecido, porqueeee él vivía solo. Hay una parte que no dije antes, que él se casó y alcanzó a estar casado muy poco tiempo, porque vino el Golpe Militar y la señora se fue para Argentina. Entonces, él tuvo que abandonar la casa en donde vivía en Temuco en ese momento y se vino a Santiago y después de un año de estar acá tratando de hacer algo contra la Dictadura, fue detenido.
De la mujer de tu hermano, nunca más se supo. O sea, digamos, se fue, ella se fue. ¿Se fue y hace su vida fuera de Chile?
O sea, él se casó con una niña argentina, que estudiaba aquí en Chile en la universidad. Y cuando fue el Golpe, ella, por seguridad, se fue ella para Argentina. En realidad, yo ayudé a mi hermano para que él se hubiera ido del país. Pero él no quiso irse. Dijo que no sacaban nada con irse ellos, los dirigentes, qué sé yo y dejar a la gente sola, al pueblo solo, padeciendo, con todo lo que se venía encima. Entonces él dijo que no, que él no se iba.
¿Y entonces, cómo empieza esta cosa de la búsqueda? ¿Cómo se enteran ustedes que él desapareció? ¿O qué está detenido por lo menos?
Nosotros presentamos el recurso de amparo… porque…
Perdona, tú dijiste hace un ratito que ustedes no supieron de la detención; uds. no se enteran del momento mismo de la detención.
No, nos enteramos y no nos enteramos; simplemente él nos iba a ver cada cierto tiempo y nos decía que nos iba a ir a visitar y como no apareció, no fue, nosotros hicimos la denuncia de detenido desaparecido. Después, la esposa avisó desde la Argentina, que ella por medio de una embajada, había sabido de que mi hermano había sido detenido y había sido baleado. Entonces, eso nos confirmó la sospecha que teníamos de que estaba detenido desaparecido.
¿Cuánto tiempo pasó entre que ustedes se enteraron o ponen la denuncia y el minuto que fue detenido?
Eeeeh A ver… pasaron como cuatro meses.
A él lo detuvieron el 28 de septiembre y ustedes toman informe o confirman esa detención, tres meses después. O sea, en diciembre, por ahí.
Claro, por ahí. Incluso, hicimos la presentación, aún sin que nos hubieran confirmado la detención. Porque ya hacía mucho tiempo que nos nos llamaba ni nos visitaba. Como nosotros no lo podíamos ubicar a él, porque no teníamos su dirección. Él vivía en el Centro de Santiago, en un departamento, pero nunca nos dio la dirección por seguridad, tanto para él como para nosotros.
Entonces, solamente teníamos que esperar que él me llamara a mí, para decirme cuándo iba a la casa porque mis papás vivían conmigo.
¿Y cómo fue entonces en diciembre?
Confirmamos que lo habían detenido, primero por el Comité Pro Paz. Primero hicieron la denuncia mi padre con mi cónyuge y después él estuvo trabajando dos meses ahí en el Comité Pro Paz.
Entonces, al principio yo no iba, porque yo, yo, estaba muy mal. Yo quedé pésimo. Por muchos años yo estuve muy mal.
No ha mejorado mucho mi amiga, poh. Mi perrita, hermosura, le está bajando la penita -dice nuestra entrevistadora y sentimos en la cinta que la abraza con cariño- venga p’aca coshita, póngale la lágrima no más, mi huacha, linda. ¿Apagamos esto?
No, no lo apagamos. Yo pensé que iba a ser más fuerte, pero… no, no lo pare…-se siente el llanto de Silvia en la grabación…
Párelo si le da penita…
Bueno, eehm, entonces, a raíz del golpe que fue como mil terremotos juntos, tuvimos queee partir todos de Valdivia y dejar abandonado todo prácticamente. Le cuento, mi cónyuge y yo, fuimos exonerados, echados de nuestros trabajos por ser izquierdistas.Entonces, tuvimos que empezar a consumirnos lo que teníamos. Primero, vendimos un vehículo, después el otro, porque teníamos un auto cada uno. Se vendieron y se consumieron, porque la familia toda, tenía que comer. Mi padre tenía una jubilación pequeñísima, él jubiló por invalidez, por un problema a la columna, entonces… bueno, había que seguir adelante. Después se consumió el dinero de otra casa, porque trabajo no encontrábamos ninguno, porque estábamos en lista negra. Bueno, estuvo trabajando en el Comité Pro Paz él y ahí se hizo la denuncia, él se enteraba de algunas cosas que ocurrían y me mantenía informada. Después yo encontraba trabajos esporádicos, que duraban un par de meses, hasta que les llegaba la información de la lista negra y chao de nuevo, y entonces tuve varios trabajos que duraban muy poco tiempo. Eeh, ese es otro tipo de tortura para la gente, porque… los que no eliminaron ellos o detuvieron o exiliaron o la gente exonerada, que se quedó en este país, que no tuvo ninguna opción prácticamente, solamente tratar de sobrevivir en este país. Después de eso, como yo no trabajaba y él se informaba con mi papá, que era el que visitaba el Comité Pro Paz y la Vicaría al principio… después aparecí yo, haciéndolo y participando en las asambleas y participando en las denuncias, recibiendo los palos de los pacos y respirando los gases y las bombas lacrimógenas y todas esas cosas hasta ahora, que… llevamos ya cuantos años… tratando de saber algo de ellos…
¿Tienes alguna esperanza… hoy día?
¿Hoy día, de que aparezca? Yo creo que ahora porque todos están interesados en este país ahora de que aparezca, porque al parecer, todo indica que lo que quieren es, por fin, ponerle punto final a este asunto. Yo creo que la gente ahora va a informar, porque hoy día incluso llamaba el Presidente del Comité Episcopal, que las iglesias, los curas, las capillas, todo el mundo, está dispuesto a escuchar anónimamente las denuncias, los datos, la información, de si algo saben de dónde pueden haber detenidos desaparecidos.

La fecha que menciona Silvia, es 6 de julio de 2000.
Lo que ella nos cuenta en esta entrevista, tiene relación con los resultados emanados de una Mesa de Diálogos que se instaló en Chile, en que nosotros-la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile- nosotros no participamos y tampoco estamos de acuerdo en el contenido de los resultados de esa mesa, pero que ha movilizado al país, en torno a la búsqueda o a la entrega de los restos, pero en términos arqueológicos, que no tiene que ver con la justicia y eso es lo que Silvia está comentando en este minuto. En el Chile de hoy, 6 de julio de 2000, existe alguna esperanza, nos dice ella, de que encontremos restos. Pero sólo eso, restos…

Sí, sí. Yo creo que vamos a encontrar porque…, o sea, la oposición, los derechistas de este país, quieren ponerle punto final y les sirve esta Mesa de Diálogos, y les sirve este asunto, porque están desesperados, como vuelvo a reiterar, terminar, esto que para ellos es una pesadilla. Eeeh. Porque nuestra organización ha sido fuerte y firme y ha peleado tantos años. Por todo lo que le pasó a Pinochet en el extranjero, ya no hallan cómo terminar con el tema. Entonces, ahora se van a enfrascar todos a dar información, por todos los medios que se están abriendo, por todos los canales, para que la gente hable y digan entonces, dónde se pueden encontrar los restos. Lo terrible va a ser cuando los encontremos… –su voz se quiebra-… cuando veamos qué cosas les hicieron… Cuando nos informen… qué cosas les hicieron… y de qué murieron…, porque…, los pocos compañeros que se han encontradooo… en la formaaaaa que han estado… sus… restos, sus huesos, por ejemplo… ha sido de múltiples fracturas y balazos por… cualquier parte… y y… un tiro de gracia en la nuca; entonces… lo terrible va a ser cuando a uno le entreguen, a uno le digan, esto… es… lo que era… tu familiar…
¿A quién culpas de esta desgracia que estas viviendo tú, que vivimos en Chile, durante la Dictadura y por la desgracia de la existencia de nuestros familiares como detenidos desaparecidos?
Bueno, en primer lugar, eeh, los militares, porque desobedecieron la Constitución. Porque Salvador Allende fue elegido por votación popular y fue después confirmado por el Congreso pleno, tanto diputados como senadores. O sea, asumió con todas las de la ley el gobierno socialista en Chile, y la derecha… no podía permitir eso… Entonces, son tan culpables los militares… que usaron la violencia… no respetaron la Constitución, no respetaron ni el Palacio de Gobierno, ni al Presidente… como la derecha misma, como Onofre Jarpa y todos los tipos como él que… usaron a los militares… para que esta cosa ocurra… así es que culpo a la Derecha de este país y a los Militares…
¿También por la desaparición de nuestros familiares?
De la detención de nuestros familiares, porque… en todos los grupos que hubo de secuestros… y detención de familiares, que después los dieron por desaparecidos… participaban tanto civiles como militares. Sobre todo en el sur de Chile o en los campos de Chile; hubo mucho abuso de los patrones, de los derechistas, de los latifundistas, que ellos juntos con carabineros o militares detenían a gente que después nunca más apareció…
¿Silvia, tú crees que existe justicia en Chile? ¿Hay justicia aquí?
Se escucha un largo suspiro de parte de la entrevistada… un ‘pfuuu… y luego nos dice:
Aparentemente… como que se abriera una ventana, una esperanza de que puede haber justicia aquí en Chile. Hay casos que se han llevado adelante, pero como hemos visto, la experiencia nos ha demostrado, hay muchos casos que después de investigar se les ha aplicado la Ley de Amnistía. Esa es la espada que nosotros tenemos encima, de que aunque los juicios, aunque haya un juez valiente que se decida a llegar a fondo… en la investigación, después que se ubican los culpables y todo, se aplica la Ley de Amnistía… entonces… claro, aparentemente, hay justicia. Pero realmente… No. No creo que haya justicia. No, no se concreta en el fondo la justicia…
Ya. ¿Y cuéntanos qué piensas del Juez Garzón?
¿El Juez Garzón? Es un tema aparte.
¿Por que tan tema aparte?
Porque es un hombre muy correcto, muy valiente. Yo lo admiro mucho y lo respeto, por todo lo que ha hecho hasta este momento y espero y confío, que las investigaciones que él está haciendo y el juicio que pretende llevar adelante, algún día lo logre. Porque en él tengo mucha confianza.
Algo tú nos decías hace un ratito atrás, pero por seguir el orden de las preguntas… pero tú ya un poco lo desarrollaste en la entrevista. ¿Tienes ahora esperanzas de encontrar los restos de tu hermano?
Yo creo que sí van a aparecer.
¿Los de tu hermano?
Sí. Yo creo que sí van aparecer. Aunque, como dijo Romo, la otra vez, uno de los que detenía a la gente, incluso el que detuvo a mi hermano… él dijo… -se le quiebra la voz- que muchos fueron tirados al mar, a la montaña, a los volcanes… Yo creo, que sí van a aparecer. Y confío en que mi hermano va a aparecer. Y no sé que va a pasar en ese momento…-su voz se nubla…-
¿Que va a pasar contigo?
¿Qué va a pasar conmigo? ¿Qué va a pasar conmigo? No sé.
Vamos a tener que apuntalarnos.
Sí, vamos a tener que apuntalarnos.
Vamos a tener que apuntalarnos, vamos a necesitar mucho cariño y comprensión en esos días, de nuestro grupo.
Mi mamá en este momento tiene ochenta y cuatro años, está muy viejita. Para ella fueee un duro golpe cuando desapareció mi hermano… prácticamente ahí la vida para ella terminó… y es casi ciega. Ha tenido tres trombosis… –se escucha el llanto de la entrevistada– casi no escucha… y tiene varias otras dolencias más…
Usted pues mi’jita que ha hecho todo por todos. Yo tengo que contarle a estas amigas chilenas-americanas que, bueno, Silvia es una terrible mujer, es muy amiga mía. Es apoyadora de todo el mundo; pero no se apoya a sí misma, la negra esta, poh. Apoya a su mamá y está en la búsqueda de su hermano. Yo te quiero mucho y además de quererte mucho, además de quererte mucho, te admiro, loca. ¿Como tanto?, digo yo, ¿cómo esa capacidad de dar, dar y dar? Me encantaría tener la mitad de esa capacidad… Ya pues, ya estamos casi terminando… y le dio más pena…

Las lágrimas de Silvia caen lentamente en nuestra grabación..

Nombre : NESTOR ALFONSO GALLARDO AGUERO
Rut : 224.118 / 5.911.205 de Santiago
F.Nacim. : 12 05 49, 25 años a la fecha de la detención
Domicilio : Manuel Rodríguez 1023, Temuco
E.Civil : Casado
Actividad : Estudiante de Ingeniería Comercial
C.Repres. : Dirigente Regional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Temuco
F.Detenc. : 28 de septiembre de 1974


SITUACION REPRESIVA
Néstor Alfonso Gallardo Agüero, casado, estudiante universitario, dirigente regional del MIR de Temuco, fue detenido durante el mes de septiembre de 1974 en la ciudad de Santiago. El último día que fue visto por su familia corresponde al día 16 de septiembre de ese año.
Su padre, don Néstor Narciso Gallardo Olivares, relató en la querella por secuestro presentada ante el señor Ministro en Visita Extraordinaria, don Servando Jordán López, que había sido informado por una persona de nombre Héctor René Guerrero Alvarado, quien estuvo detenido junto a su hijo en el recinto de Cuatro Alamos, que la aprehensión del afectado tuvo lugar el día 28 de septiembre de 1974 en la calle y fue practicada por cuatro civiles armados que lo habrían conminado a bajarse de un automóvil en el que viajaba, disparándole en un brazo. Esta versión la obtuvo el testigo por el propio relato de Néstor Gallardo, encontrándose ambos detenidos.
La circunstancia de haber sido herido a bala al momento de la aprehensión, le fue también corroborada al padre por un asilado en la Embajada de Italia, que no ha sido identificado, quien le entregó los mismos detalles. Por su parte la cónyuge del afectado doña María Ester Serpa, de nacionalidad argentina y residente en su país a la fecha, obtuvo una información similar que le entregara el Vice Cónsul de Italia en Buenos Aires, en el sentido que Néstor Gallardo se encontraba arrestado y en grave estado de salud.
Con anterioridad a su arresto el afectado era intensamente buscado por los servicios de seguridad. Incluso esto fue comunicado por la prensa, que lo sindicaba como miembro importante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria y prófugo de la justicia.
Es así como, el 25 de marzo de 1974, el diario La Tercera publicó entre sus titulares uno en el cual se decía textualmente: “Plazo fatal de 15 días de Miristas prófugos” señalando en el contenido de esta noticia que diversas personas, entre las cuales Néstor Gallardo, debían presentarse voluntariamente a la Fiscalía Militar de Cautín ante un Consejo de Guerra que los enjuiciaría por su calidad de miembros del MIR. Decía la publicación que eran “requeridos por existir responsabilidades en su contra como miembros de la citada organización extremista, que echó fuertes bases en la región durante los tres años de gobierno de la fenecida Unidad Popular”. Agregaba que de no presentarse “agravarán sus delitos” y que sus nombres serían remitidos al Ministerio del Interior para solicitar su detención.
Una información similar entregó el diario El Mercurio en su edición del día 27 de marzo de 1974, bajo el título “Empieza el proceso al MIR” refiriéndose a preparativos para un Consejo de Guerra a celebrarse en la ciudad de Temuco, en el que iban a ser sometidos a proceso altos dirigentes de ese movimiento. En ésta se menciona a la organización regional del MIR, atribuyéndole a Néstor Gallardo Agüero la calidad de miembro del Secretariado Regional y Encargado de “Logística”, y conocido como “David”.
En años posteriores y en las acciones judiciales realizadas para ubicarlo, se conoció que la Dirección General de Investigaciones recibió cuatro UBIDET (ubicar y detener) en contra del afectado, emanados del Servicio de Inteligencia Militar y de los organismos de inteligencia que se individualizaban como CAJSI y SICAJSI de fechas 13 de marzo, 10 de agosto, 12 de septiembre y 10 de diciembre de 1974. De estos antecedentes se desprende sin lugar a dudas que el afectado era buscado por servicios de seguridad del régimen militar para detenerlo.
Conforme a declaraciones de testigos, Néstor Gallardo Agüero estuvo preso en el recinto de reclusión de Cuatro Alamos entre septiembre y octubre de 1974.
Cristián Van Yurick Altamirano arrestado por agentes de la DINA en julio de 1974, señaló en declaración jurada prestada ante notario, que vio entre numerosos detenidos en el recinto de Cuatro Alamos al afectado: “Todos los siguientes pasaron por la pieza 13 y por José Domingo Cañas: Néstor Gallardo Agüero, estaba herido a bala en un brazo, estaba vinculado a Valparaíso, parece”. Señala este testigo en el cuerpo de su declaración, que en esa misma fecha y época fueron también detenidas otras personas ligadas a actividades políticas en Valparaíso, las que también están actualmente desaparecidas, como son Sonia Bustos Reyes, Roberto Chaer Vásquez, Héctor Zúñiga Tapia, María Cristina López Stewart, Mario Calderón Tapia y Ariel Salinas Argomedo.
Otro testigo de su reclusión fue Manuel José Salinas Letelier quien, en declaración jurada de 19 de noviembre de 1976, dice haberlo visto en Cuatro Alamos entre julio y noviembre de 1974, fecha de su estada en ese lugar. Dice este testigo: “En Cuatro Alamos estuve en la misma pieza (la N°13) con varios de los detenidos por la DINA y no reconocidos por el gobierno como tales, muchos aparecieron en la lista de los 119 “miristas muertos en enfrentamiento en el extranjero”, según informó la prensa en julio de 1975. Luego menciona a las personas que recuerda allí entre las cuales individualiza, entre otros, a Arturo Barría, los hermanos Antequera, Galo González, Carlos Gajardo, David Silberman, Ariel Salinas y Néstor Gallardo. Agrega en declaración que: “A todas estas personas las vi entre los meses de agosto y septiembre porque pasaban por la pieza trece”.
Con fecha 15 de julio de 1975 el diario La Tercera de la Hora publica un titular aludiendo en forma directa a la persona de Néstor Alfonso Gallardo Agüero a quien sindica como el terrorista internacional apodado “Carlos”, a la fecha muy requerido por la policía de varios países. Señala esta noticia… “se trataría del mirista chileno Néstor Alfonso Gallardo Agüero, de 26 años, contador, casado con una profesora. Hace más de un año desapareció de nuestro país y no se ha registrado en las listas de asilados ni expulsados. Sencillamente, al parecer, huyó del país cuando las fuerzas de seguridad chilenas comenzaron a aprehender a diversos miristas, entre ellos a Miguel Enríquez, que cayeron a sangre y fuego. Es considerado extremadamente peligroso y audaz, de modo que hay un gran porcentaje de suposición que sea él”. La publicación mostraba además una fotografía del afectado con la leyenda: “Esta es la foto del mirista chileno Néstor Alfonso Gallardo Agüero, que se estima sea “Carlos”, el temible terrorista que mató a dos policías y otra persona por motivos políticos en Francia”. El mencionado terrorista Carlos no era Néstor Gallardo Agüero y a julio de 1975 llevaba 9 meses detenido por la DINA.
A los pocos días de esta noticia, una nueva alusión por la prensa se hace a la persona del afectado. El diario El Mercurio del día 23 de julio da su nombre en una lista de 60 personas de filiación mirista, presuntivamente fallecidos en el extranjero. Esta información reproducía un supuesto cable publicado por una revista argentina llamada LEA, la que posteriormente se supo no tenía editor ni dirección responsable y que apareció en ese número exclusivamente. A esta información se agregaba otra nómina de 59 personas muertas en Argentina.
Cabe señalar que la totalidad de los incluidos en dicha nómina corresponden a 119 personas detenidas en Chile por los servicios de seguridad y desaparecidos hasta la fecha.
Con respecto a esta información, el Mayor de Ejército Enrique Cid, contestó a Oficios en que se le recababan antecedentes en investigaciones judiciales: “No hay antecedente oficial que las personas nombradas en las nóminas publicadas por LEA o O’DIA hayan fallecido en el extranjero, tampoco hay antecedentes de que hayan salido del país (de haberlo hecho tendría que ser en forma clandestina); y que las autoridades de los países de las publicaciones nada han informado sobre el particular”.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
Con fecha 17 de febrero de 1975, el padre del afectado, don Néstor Gallardo Olivares, presentó un recurso de amparo en su favor que llevó el rol 243 75. En dicha presentación se solicitaron informes al Ministerio del Interior, a la Dirección de Inteligencia Nacional, al Jefe de Zona en Estado de Sitio, al SIM, SIMCAR, al Hospital Militar y al Hospital de la FACH a fin de que entregaran antecedentes sobre su arresto. No se accedió a todas las peticiones, pero se ofició a la Jefatura de Estado de Sitio y al Ministerio del Interior, respondiendo ambas instituciones que no tenían antecedentes al respecto. El recurso de amparo se rechazó el 24 de marzo de 1975.
A petición del recurrente de amparo se continuó con la investigación de presunta desgracia en la desaparición de Néstor Gallardo Agüero, ante el Segundo Juzgado del Crimen de Santiago en la causa rol 83.236 8. En dicho proceso se realizaron otras diligencias, tales como requerir información del Servicio del Registro Civil e Identificación para conocer si tenía antecedentes penales, la que fue respondida negativamente en el sentido que no los tenía; Oficio al Servicio de Gendarmería para saber si se encontraba detenido, también respondido negativamente y Oficio a la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos que también contestó que no poseía información.
En este mismo proceso y en la investigación realizada por el Servicio de Investigaciones se determinó que el afectado tenía antecedentes políticos registrados en esa repartición como dirigente político del MIR, con nombre político “David”. También en esta investigación se dio cuenta de las órdenes de detención que registraba en su contra Néstor Gallardo Agüero.
Asimismo en esta causa se requirió información sobre la existencia de órdenes de detención emanadas de la Fiscalía Militar de Cautín que según los diarios tramitaba un proceso en contra del afectado. Este Oficio fue contestado por el Ministerio del Interior señalando que de ese Tribunal Militar no había emanado ninguna orden al respecto.
Después de la aparición de la noticia que Néstor Gallardo Agüero había fallecido en Argentina en rencillas entre miristas, se pidió al Ministerio de Relaciones Exteriores que informara sobre estos hechos. La respuesta fue que: “…la noticia publicada por la revista LEA de Buenos Aires, habría provenido de México vía FONEL (Fondo Editorial Latinoamericano) agencia periodística especializada en actividades marxistas”. Y agrega este Oficio: “No hay antecedente oficial alguno de que las personas nombradas en las nóminas publicadas en LEA y en O’DIA hayan fallecido en el extranjero”.
Con fecha 9 de diciembre de 1975 se dictó sobreseimiento en la causa porque “no se encuentra justificada la existencia de un delito en los hechos denunciados”. Esta resolución fue aprobada por la Corte de Apelaciones el 26 de diciembre de ese año.
En agosto de 1979 el padre del detenido, don Néstor Gallardo Olivares, presentó una querella por secuestro dirigida en contra de Osvaldo Romo Mena y de todos los que resultaran responsables en ese delito. Esta nueva acción judicial fue conocida por el señor Ministro en Visita Extraordinaria don Servando Jordán López, a la época designado por la Corte Suprema para conocer de causas relacionadas con varios detenidos desaparecidos. En esta querella se solicitaba la citación de varios testigos que habían pasado en calidad de detenidos por Cuatro Alamos y que tenían antecedentes.
Luego de varias presentaciones entregando antecedentes para investigar en este caso, se acogió la petición de reabrirlo. En el lapso comprendido entre agosto de 1979 y abril de 1982, se pidieron reiteradamente las siguientes diligencias en este juicio:
Citación a declarar a los testigos Luis y Héctor René Guerrero Alvarado, quienes vieron al afectado en Cuatro Alamos.
Citación a declarar al testigo Cristián Van Yurick Altamirano, que estuvo con el afectado en Cuatro Alamos.
Citación a declarar al Coronel Manuel Manríquez Bravo, acerca de su participación en la DINA.
Citación a declarar al funcionario de prisiones Orlando Manzo Durán, encargado del Campamento de Cuatro Alamos a la fecha de la permanencia del afectado en ese lugar.
Citación a declarar a los representantes legales de los diarios “La Tercera” y “El Mercurio”, que habían publicado informaciones en relación al afectado.
La mayoría de estas diligencias no fueron acogidas por lo que la causa se sobreseyó temporalmente en el año 1982.
Recién en noviembre de 1992 es detenido el agente Romo Mena en Chile. Este había sido expulsado desde Brasil, al ser ubicado tras una serie de diligencias decretadas por el 3er. Juzgado del Crimen de Santiago, en la causa por el desaparecimiento de Alfonso Chanfreau Oyarce.
No fue posible lograr que declarara Romo en la causa por Néstor Alfonso Gallardo en 1979, ya que éste se encontraba viviendo bajo un nombre falso en Brasil. A ese país había llegado por instrucciones de la DINA, organismo que entre otros medios le proporcionó identidad falsa para él y su grupo familiar. Su nueva identidad era Osvaldo Andrés Henríquez Mena.
Desde que fuera detenido había declarado en varios procesos por detenidos desaparecidos y en 6 causas, a diciembre de 1992, había sido encargado reo.

PUERTAS CERRADAS

Juan Rosendo Chacón Olivares

Vienen los lobos hinchados

[y] las bocas relamiendo

los lomos traen ardiendo

los ojos encarnyçados

los pechos tienen somidos

los yjares rregordidos

que no le pueden mouer

mas quando oyen balidos

lygerios saben correr

Coplas de Mingo Revulgo

Esta entrevista la hizo Marly García Ramírez, la hermana de Mireya García Ramírez, según nos cuenta por e-mail, Verónica Martínez. También en ese correo nos dice que su esposo se llama Juan, pero no aclara el apellido del mismo. Durante toda la entrevista lo llama “él” o “mi esposo”. Esto es debido al dolor de Verónica al recordar el pasado y al no tener solución con la desaparición de su esposo en el presente.
Desde Suecia nos envía sus respuestas Verónica Martínez:

Soy la hermana de Mireya, aquí estoy con una amiga,
para hacerle unas preguntas, para hacer un aporte para tu libro… Yo creo que podríamos empezar, que ella se presente, y nos cuente de ella…

¡Hola Sonia! Mi nombre es Verónica Martínez, soy la esposa de un prisionero político, detenido desaparecido, el 15 de julio del 74. Fuimos detenidos juntos en Santiago, hemm… ese día llegaron a mi casa, en la tarde, aproximadamente 15 hombres de civil, todos armados. Eeeeh… al mando de ellos, iba Osvaldo Romo Mena, hemm… apodado “el Guatón” Romo. Bueno, desde ah… ya… se desencadena todo lo que es la búsqueda de mi compañero, al salir yo en libertad emm… a fines de septiembre. Estuvimos juntos en Londres 38 y después nos llevaron a Cuatro Alamos, en donde quedé incomunicada. Él se quedó en ese lugar que es la última vez que yo sé de él. Después no he vuelto a saber, solamente por un relato de un compañero que estuvo preso en Colonia Dignidad, él da nombres y entre ellos… eeh… lo nombra a él. Es lo último que yo supe. Bueno, ahora comenzará Marly a hacerme las preguntas que tú mandas en tu cuestionario.
A ver Verónica, ¿tú nos podrías contar un poquito, como nació él? ¿Cómo fue? Si tú te acuerdas o si tu suegra te contó cómo fue su parto? Si nació a tiempo, si era un niño hermoso; era gordito, flaco, comilón, en definitiva, cómo fue su desarrollo… de él…
Mira, yo te quiero contar, de que mucho mi suegra no me contó de él. Lo que yo sé… más de él fue por sus tías; mi suegra fue madre soltera… eh… sus tías estaban todas solteras en ese entonces; por lo tanto, él fue un niño muy regalón de sus tías. Ehhhh… ellas me contaban de que él fue un niño sano… que pesó cerca de cinco kilos o cinco kilos al nacer y que era muy hermoso. Fue un parto normal, no tuvo problema. Y…eso; más de su nacimiento… no… no sé…-expresa Verónica con voz consternada.-
¿Y… cuántos hermanos eran? ¿Cómo era su padre de él? Cuéntanos un poquito de eso…
Bueno, eeeh… mi suegra a… los años, cuando yo creo que él tendría unos ocho años, ella se casa y de ese matrimonio nacen tres hijos. La infancia, después él me contó –porque este siempre fue un tema tabú, nunca se habló- yo siempre pensé que él era hijo de este señor… ¿no? pero él me cuenta… un día, de que…… él había sufrido mucho en su niñez, porque, bueno, tú sabes… en Chile… con todos los prejuicios que hay… él cuando comenzó la escuela, por no tener apellido, entonces… sus compañeros se mofaban de él y le decían ‘guacho’… Después, este señor, cuando ya se casa, le da, digamos, su apellido. Pero hasta ese entonces, él era Olivares, Olivares.
Sí. Y ¿te contaron cómo era su… personalidad en la infancia, en la adolescencia… de él? Cuéntanos anécdotas sobre él. ¿Era revoltoso, tranquilo, organizado, líder? Cuéntanos cómo era él.
Bueno, la verdad, que de ese pasaje de su vida yo no, no sé mucho. Sólo sé que era un poco retraído y que era muy estudioso. Eeeeh… seguramente él se refugiaba en sus estudios. Y un poco juguetón, sí. Más… más… no, no puedo responder a esta pregunta, porque la verdad, es que no sé mucho…
Ahora, ehm… a él ¿le gustaba la política? O… no actúo jamás en ella. Eeeeh… en todos estos casos, sabemos su filiación o no filiación política; pero es importante saber qué sabía la familia… en relación a la vida que llevaba.
Bueno, ehmm…,yo creo que siempre la familia supo de que él tenía inquietudes, ¿no? él siempre de jovencito se mostró como un niño ehmm… que se rebelaba frente a las injusticias sociales, digamos. Y eso lo fue ya desarrollando más en la universidad. Y yo creo que le sirvió mucho a él su estadía en Cuba. El después que sale del Liceo en Chile, su padre, que es Ingeniero en Minas, fue contratado por el Che Guevara, para ir a trabajar a Cuba, durante la revolución. Ehmm… y ahí él estudia un año y ahí yo creo que se acentúa más su… militancia, digamos, porque él ya empieza en ese entonces a militar en el Partido Comunista. Después, él, más adelante, ya en la universidad, él cambia y, se pone a trabajar en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Y donde es ya bastante activo, digamos, en la política.
Él ¿tenía alguna religión? ¿Era ateo… musulmán, evangélico… Testigo de Jehová; qué religion él tenía?
Mira,a pesar de haber estudiado él en un colegio católico… ehhhh… nunca nosotros tomamos el tema de la religión. Nunca fue importante para nosotros; no… erámos… nada. No erámos… ni creyentes ni nada. Siempre respetamos, si, todas las creencias, pero nosotros, y él en particular, no practicó ninguna religión…
¿Hacía trabajos voluntarios para la comunidad; desarrolló alguna actividad con otras personas de su edad de tipo artístico, como hacer teatro, tocar guitarra o en una banda… ehhh… hacer murales, pintar, tal vez?
Eeeeh. Sí. Él cuando estaba en la universidad… ehhh… desarrolló trabajos voluntarios. Ehhh… también… participó activamente durante el período de la Guerra de Vietnam; y… un año, no recuerdo en este momento, se hizo una gran marcha, que partió desde Santiago a Valparaíso y él participó en esta marcha, que duró varios días… Ehhhmm, sí… eso es lo que… puedo destacar…¿A ver qué más dice esta pregunta?
¿Escribió algún poema?
No. No escribió…
¿Escribió en algún periódico de la escuela, del liceo, de la universidad o de tipo comunitario, ya sean cosas culturales o bien de corte político, de noticias generales?
Él escribió un trabajo en la universidad que fue publicado en una revista en Estados Unidos, cuando él estaba trabajando ya como investigador en la Universidad de Chile. El escribió un artículo… que sé que fue publicado.
¿Quisieras destacar algo especial de él…?
Sí. –Y la voz de Verónica se torna ronca y expresa un dolor profundo al destacar esta cualidad de su esposo- Que era un hombre de una gran calidad humana. Y siempre preocupado por los demás. Él se postergaba a sí mismo por entregar mucho de él a los amigos, a sus compañeros, a su madre, a sus hermanas, a su familia en general. Era un hombre muy generoso, muy generoso.
¿Él era un ser enfermizo o super sano? ¿Le gustaban los deportes o si los practicó junto con otras personas, con su grupo de estudios o amigos? ¿Le gustaba el fútbol, lo practicó en algún club deportivo, en el barrio o en la escuela?
No. Él… no practicaba… No… él no era muy amante del deporte, no. Pero… sí yo sé que en la universidad a él le encantaba jugar ping-pong; y no era malo, parece, le gustaba. Y a veces… jugaba, pero por distraerse más que nada…, algunas pichangas, así… en el fútbol, pero… no… No era algo que a él lo apasionara el deporte… Le gustaba más estudiar…
¿Tenía ideas que lo hacian diferente a su grupo familiar?
Sí… su… Sí, él era diferente; era un hombre que era… tenía una personalidad muy fuerte. Y… se rebelaba. Se rebelaba mucho, ante las injusticias sociales. Ante… eso… yo creo que más que nada eso lo hacía a él diferente al resto de su familia. Ehhhh… le molestaba mucho… ehhhh… que hicieran diferencias de clases sociales. Que…… su… madre o su familia, más bien ehhh… más arribista, él no. No… le gustaba… no le gustaba mofarse de la gente o mirar en forma inferior a la gente porque no tenían una educación o un título universitario. No. Él siempre luchó por la justicia.
Verónica, por favor, háblanos con tu corazón sobre tu compañero, lo que deseeas; también nos puedes hablar de las ilusiones que tú… que ustedes tenían; sueños que tiene uno a veces con los hijos o con su marido. Lo que sea. Vida es vida y uno sueña…
Hum. Eeeeeh…… buenoo… yo te quiero contar, de que nosotros nos conocimos siendo yo bastante niñita, iba recién a cumplir los dieciseis años. Yo fui creciendo al lado de él; fui aprendiendo…, me hice mujer. Emmm… Por supuesto que teníamos muchos sueños, ¿no?. Emmm… Cuando fuimos detenidos, teníamos tres años de matrimonio; habíamos tenido una relación de seis años de pololeo. Eeeh… fueron nueve años de mi vida junto a él. Y por supuesto de que siempre fueron años con mucho futuro, con muchas perspectivas de vida… eeehmmm… con muchos sueños…queríamos tener hijos, hemmm tener una casa grande… tener ……, perros…gatos…ehmmm …

-Se escucha un largo silencio y la voz de Verónica vibra con unos extraños. Pero en el fondo de esa voz que se trata de parar y erguir, hay alguien que llora en silencio, porque sabe que hay “puertas cerradas” para ellos e imperturbable, en apariencia, Verónica continúa con voz anhelante…-

…Hemmm… todo lo que es vida, todo lo que… que… se ve y se toca. Todo lo que no… … todo lo con… … con lo que sueña todo ser humano, con el sol, con la luna, las estrellas. Teníamos el mundo en nuestras manos; queríamos transformar ese mundo, que todo lo que nosotros estábamos viviendo, todo lo lindo, a todo lo que nosotros teníamos acceso, queríamos que fuera igual para todos; para todos los niños, más que nada, nos preocupaba el futuro de todos los hijos que nosotros pensábamos tener, los hijos de nuestros compañeros, los hijos del pueblo. Ehmmm… queríamos lo mejor para todos. Esos yo creo que eran principalmente nuestros sueños… … ¿No?… Que todos los hijos de nuestro pueblo tuviesen lo mejor. Tuviesen acceso a la educación, a la vivienda, a la salud… todo lo que sueña el ser humano, el ser humano generoso, el ser humano que se proyecta hacia otras cosas, a otros valores de la vida… … Queríamos lo más lindo…
Tú y ustedes son muy importantes en este libro… han sufrido la desaparición de un ser querido… cuéntanos, cuán doloroso y trabajoso fue la búsqueda de él en un país con dictadura…
Ehhhhmmm- la voz de Verónica vuelve a cambiar y sus tonos son vibrantes, su sonido es como el de una campana de cristal a punto de estallar-ehmmm… ehhh, mira….ehhhmmmmmmmmm, cuando yo salgo en libertad… me sentía como… … … cuando le cortan las alas a un pájaro… … ehhhmmmm…. yo… te conté… de que… al lado de él yo me formé, crecí, fui mujer, fui compañera, fui madre… y… … me sentía… muy sola. Eeeeh…cuando salí en libertad… eeeh… y me van a buscar a mi celda, y no lo veo a él… yo no me quería ir… …no quería abandonar ese lugar, porque… … no quería salir, si no salía con él… Ehhmmm… Me resistí… Pero… no podía hacer nada, tenía que seguirlos a ellos.Ymmmm mi primer día de libertad… ehhmmm…… sentía que no era yo… que me faltaba un pedazo de mi vida… Que… cuando caminaba por las calles me hacía falta ese pedazo de mi vida… hasta, hasta hoy, me hace falta… eeeh…mmmm
Hemmmm era para mí… era… para mí era… el aire que yo respiraba a pesar de que andaba con tanto miedo; tenía tanto miedo… de que me volvieran a detener, porque me habían amenazado tanto… eeeh… sentía la terrible responsabilidad que yo tenía sobre mi hija, pero también la responsabilidad… y el deseo de… … de encontrarlo…, entonces, como todas las compañeras hoy día que siguen buscando, comencé a buscarlo sola; sola golpeaba puertas, sola golpeaba puertas y no se abría ninguna… Ehmmm nos fuimos encontrando las mismas caras, en los mismos lugares. Siempre las mismas y… vimos la necesidad de juntarnos de… … de reunirnos, porque solas no, no podíamos hacer mucho. En cambio en conjunto, nuestras voces podían ser escuchadas… quizá… Pero… eeeh buscar… a un desaparecido en dictadura… los primeros años, fue terrible, terrible. Porque nos encontramos con muchos problemas. Como te digo, todas las puertas se nos cerraban, en esos años. Pro Paz nos abrió sus puertas, ahí tuvimos asistencia jurídica; después se abrió la Vicaría… y ya el pequeño grupo… … se fue agrandando, lamentablemente. Ojalá no hubiese sido así .Ojalá no hubiesen habido más desaparecidos, pero cada día se sumaba más gente a esta búsqueda y eso nos daba tanta pena. ¿No? Ehhh… … Pero sí, fue muy dolorosa y fue con mucho, mucho miedo. Todas teníamos miedo. En cada acción, cuando salíamos a la calle, no sabíamos… … nadie sabía si iba a regresar o no… Eehmm… yo creo que a grosso modo es lo que te puedo decir de esta dolorosa búsqueda que ya lleva tantos años.

¿Cómo fue para ti estos años de dictadura? ¿Cuál es tu esperanza hoy? ¿A quién culpas de la desgracia que estás viviendo y a quién culpas de la desgracia de los detenidos y desaparecidos de Chile?
Ehmmm… … Evidentemente que la culpa la tiene Pinochet, la Junta Militar y Pinochet a la cabeza ¿no? Ehhh, después vienen los aparatos represivos…

Otra vez la voz a Véronica se le torna trémula, está ansiosa y afectada profundamente con este cuestionario y continúa preguntando lo siguiente:-

Perdona, no… no… no entendí bien la pregunta…

¿Qué fue para ustedes o para tí los años de dictadura? ¿Cuál es tu esperanza hoy? ¿A quién culpas de las desgracias que estás viviendo y a quién culpas de las desgracias de los detenidos desaparecidos de Chile?
¿Qué esperanzas tengo hoy? Mira, la verdad, que aunque han pasado tantos años, me cuesta tanto hacerme la idea de que voy a encontrar restos como han encontrado otras compañeras. Ehmm… yo dejé a un hombre fuerte, lleno de vida, como eran todos. Y cuesta hacerse la idea de que hoy día que estamos… … quizá a pasos de la verdad, tener que ir a… a encontrar restos… Ehhh… A veces… cuando estoy en las noches y pienso… me rebelo… me rebelo…… tanto…, no, no, es como que mi ser se niega – la voz otra vez se torna más trémula con esta respuesta. El sufrimiento es latente aún después de casi treinta años- a… … a… a esta verdad que, que, es tan cruel, tan dura. Porque cuando nosotras comenzamos la búsqueda, era la búsqueda por la vida; no sabíamos que habían desaparecidos, no existía para nosotras la palabra “desparecidos”. Todas las que andábamos buscando, pensábamos “en algún campamento, en algún sitio los íbamos a encontrar…” y siempre nos quedamos con esa esperanza. Y yo creo que para la mayoría de los familiares eh… cuesta, cuesta, hacerse la idea de que hoy día, podamos encontrar restos, si es que, si es que… porque de los que tiraron al mar, o de los que quemaron vivos… eeh… nunca vamos a saber… nunca vamos a saber…-dice con voz queda la esposa de Juan Chacón Olivares-.
¿Existe justicia en tu país?
No. Nunca existió justicia para nosotros. Todos los casos están documentados; todos están… muchos con el nombre de los aprensores; ehhmm… pero siempre… la, la, justicia se cerró para nosotros. Todos los casos o la mayoría de los casos están sobreseídos. Ahora… ehmm… la esperanza que nos queda… hemm…. No. Lo que yo quiero… es verdad y justicia. Yo quiero saber quién lo mató. Porque el que lo mató tiene nombre y apellido y puede estar caminando libremente por las calles de Santiago. Yo quiero que esa persona sea llevada a la justicia y sea… que le den el castigo que se merece. El castigo que puede… tener una persona que ha asesinado, que ha matado tan cruelmente. Eso es lo que yo quiero: Justicia y Verdad.
¿Qué piensas del Juez Garzón?
Que fue un hombre valiente. Que llevó al tapete el tema de, de, del atropello de los derechos humanos en Chile. Ehhh… Muchos seguramente se habían olvidado de lo que había pasado en Chile. Pero gracias al Juez Garzón y a Joan Garcés… hemmm, el tema Pinochet…… El…… el sangriento golpe de Estado en Chile… eeeh salió al tapete nuevamente… eeeh se supo mundialmente… eeeh… se dieron a conocer los crímenes espantosos de la dictadura. Ehhh…. el que antes a lo mejor no creía hoy día sabe todo, todo lo que pasó en Chile. Yo creo que sí, que él hizo lo humanamente posible para que Pinochet fuera extraditado a Chile..Perdón… a España.
¿Tienes esperanzas de encontrar sus restos?
A veces sí, y a veces no. Pienso de que en particular en el caso de él, no lo veo muy factible. Porque él figura en la lista de los 119. De 119 chilenos que aparecieron muertos en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, que obedece a la Operación Cóndor; entonces… yo creo que a todos esos compañeros los mataron… y de una forma muy cruel. A veces pienso que los pueden haber tirado de un avión… o, no sé… pero… a veces creo que a lo mejor sí… … No sé… no puedo… no sé…
Gracias Verónica, eso era lo último…

Nombre : JUAN ROSENDO CHACON OLIVARES
Rut. : 5.216.058 8
F.Nacim. : 24 06 45, 29 años a la fecha de su desaparición
Domicilio : Antonio Varas 240, Departamento 202, Providencia
E.Civil : Casado, 1 hija
Actividad : Médico Veterinario
C.Repres. : Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
F.Detenc. : 15 de julio de 1974

SITUACION REPRESIVA
Juan Rosendo Chacón Olivares, casado, una hija, médico veterinario, militante del MIR, fue detenido el 15 de julio de 1974, alrededor de las 20:00 horas, en su domicilio de calle Antonio Varas, por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), encabezados por Osvaldo Romo Mena y movilizados en varios vehículos, entre éstos, camionetas Chevrolet C 10.
Horas antes, alrededor de las 15:00 hrs. de ese mismo día, había sido detenida en la vía pública, también por agentes de la DINA, María Inés Alvarado Börgel (detenida desaparecida), en presencia de Verónica Martínez Ahumada, cónyuge de Juan Rosendo Chacón. Verónica logró escabullirse y dirigirse hacia su domicilio en calle Antonio Varas, en donde informó de los hechos a un primo de su marido que allí se encontraba, Antonio Osorio Olivares. Según declaraciones de este último, a partir de entonces se notó un intenso despliegue de personas que evidenciaban ser agentes de seguridad, en torno al edificio.
Alrededor de las 17:30 hrs., unos 10 individuos, entre ellos, Osvaldo Romo, se presentaron en el departamento, identificándose como funcionarios de la DINA. Estos iban armados y llevaban a María Inés Alvarado, la que se veía muy asustada y sangraba del labio superior. Después de confirmar la dirección, procedieron a llevársela, mientras otros agentes allanaban el inmueble. A las 19:00 hrs., llegó Raúl Chacón Zenteno (padre del afectado) y media hora después lo hizo Martín Elgueta. A las 8 de la noche apareció Juan Rosendo.
Todos fueron detenidos. Raúl Chacón Zenteno, Verónica Martínez y Antonio Osorio, quedarían posteriormente en libertad; el afectado, Martín Elgueta y María Inés Alvarado, permanecen desaparecidos hasta hoy. El grupo fue trasladado al recinto secreto de reclusión y tortura de la DINA conocido como Londres 38, en donde el afectado y su familia (Verónica Martínez, Raúl Chacón y Antonio Osorio) permanecieron durante cinco días. En ese lapso no se les permitió sacarse la venda de los ojos y fueron continuamente interrogados y flagelados. A Juan Rosendo, tal como lo declararon diferentes testigos, se le torturó por medio de aplicación de corriente eléctrica. En una oportunidad, el mismo afectado informó a Antonio Osorio que durante el interrogatorio le habían roto la lengua. Verónica Martínez tenía que hacerle masajes en la espalda para calmarle los dolores que le producía la aplicación de corriente en el cerebro y sienes, mientras Juan Rosendo decía que las torturas a que era sometido le resultaban insufribles.
Al cabo de los 5 días, Juan Rosendo Chacón, su padre Raúl Chacón, su esposa Verónica Martínez y su primo Antonio Osorio, fueron trasladados a Cuatro Alamos, habiendo firmado previamente un documento en que decían que no habían sufrido malos tratos y que se les había atendido bien. El traslado se concretó en un camión cerrado y en aquel recinto el afectado quedó en la misma celda con su padre. Días después se concedió la libertad a todos, excepto a Juan Rosendo, el que permaneció en Cuatro Alamos, desde donde desapareció.
Raúl Chacón Zenteno  después de salir en libertad  concurrió, junto a su esposa a dejar ropa a su hijo. Sin embargo, el nombre de éste ya no aparecía en las listas de detenidos.
A la semana siguiente de la detención de Juan Rosendo Chacón, el 22 de julio de 1975, su madre, María Cristina Olivares, y su suegra, Ana Ahumada Moraga, concurrieron hasta el departamento del afectado, encontrándose con que el inmueble estaba ocupado por 10 agentes de la DINA, entre ellos Osvaldo Romo. Ambas señoras fueron detenidas en esos momentos y conducidas por sus captores al recinto de Londres 38, quedando en libertad al otro día.
Por su parte, Verónica Martínez Ahumada, días después de quedar en libertad, pasó por su departamento para constatar lo sucedido. Al entrar a éste, se dio cuenta que su hogar había sido saqueado: habían robado toda la ropa de su marido, de ella y de su hija; las camas estaban hasta sin colchones; habían desaparecido anillos de oro, pulseras, collares, alfombras, radio y otros enseres domésticos; todos los elementos de trabajo de su esposo, diplomas, documentos, se encontraban esparcidos en el suelo y hecho tiras; lo que no se habían llevado, estaba completamente destrozado.
Un año después de ocurridos estos hechos, en julio de 1975, el nombre del afectado apareció en la lista de 119 chilenos que presuntivamente habían muerto en enfrentamiento en Argentina. La veracidad de este hecho jamás ha podido ser comprobada, más aún, ningún Gobierno, ni siquiera el chileno, lo ratificó oficialmente.
El nombre del afectado apareció en la revista “Lea” de Buenos Aires, en una única adición, sin domicilio y sin editor responsable.
Posteriormente su cónyuge debió viajar al exilio, su seguridad estaba en riesgo por lo que ella y su hija abandonaron el país.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El 25 de julio de 1974, se presentó por Juan Rosendo Chacón, y por Verónica Martínez y Antonio Osorio un recurso de amparo en la Corte de Apelaciones de Santiago, el que fue rolado con el Nº 803 74. Durante la larga tramitación de éste, el Ministerio del Interior reconoció la detención del afectado, el que habría quedado en libertad  según se informó oficialmente  el 7 de agosto de 1974, en virtud del Decreto Exento Nº 274. Sin embargo, el General de División y Ministro del Interior, Raúl Benavides Escobar, respondió inicialmente a un oficio de la Corte, el 12 de diciembre de 1974, que “Juan Rosendo Chacón Olivares no se encuentra detenido por orden emanada de este Ministerio”. Meses después, el 2 de abril de 1975, el mismo Ministro Benavides, en otra respuesta dirigida al mismo Tribunal, señaló que “por Decreto Exento Nº 248 de este Ministerio, Juan Rosendo Chacón Olivares se encuentra en el Campamento de Detenidos de Cuatro Alamos. Posteriormente y en virtud de lo dispuesto en el Decreto Exento Nº 274, también de Interior, fue puesto en libertad”.
No obstante la evidente contradicción existente entre ambas informaciones oficiales entregadas por la misma autoridad, el recurso fue rechazado por la Corte de Apelaciones el 7 de abril de 1975.
El 17 de diciembre de 1974 se interpuso una denuncia por presunta desgracia de Juan Rosendo Chacón en el 1º Juzgado del Crimen de San Miguel, la que fue rolada con el Nº 41730 5. Durante la tramitación de ésta y respondiendo a una orden de investigar del Tribunal, el Servicio de Investigaciones, Comisaría de San Miguel, informó, el 22 de enero de 1975, que “consultada la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET), manifestaron que Juan Rosendo Chacón Olivares se encuentra detenido en el Campo de Prisioneros de Tres Alamos desde el 15 de julio de 1974”.
Sin que se realizaran mayores diligencias, el 4 de febrero de 1975, se cerró el sumario y se sobreseyó temporalmente la causa. El 24 de julio del mismo año, se interpuso querella por el delito de secuestro de Juan Chacón. En esta oportunidad, el Juez se declaró incompetente y remitió los antecedentes al 7º Juzgado del Crimen de Santiago, donde se abrió la causa rol Nº 77.237 2. También el Servicio de Investigaciones informó que consultado el SENDET, se estableció que el afectado “fue puesto en libertad el 7 de agosto de 1974, en virtud de Decreto Exento Nº 274 del Ministerio del Interior”.
Después de interrogar a testigos de la detención y reclusión del afectado y recabar información del Ministerio del Interior, el que señaló que Juan Chacón no se encontraba detenido por orden de esa Secretaría (abril de 1976), se cerró el sumario y sobreseyó temporalmente la causa (27 de octubre de 1976). El fallo fue confirmado por la Corte de Apelaciones de Santiago el 23 de diciembre de 1976.
El 27 de julio de 1979, se interpuso una nueva querella por secuestro de Juan Chacón Olivares ante el Ministro en Visita Servando Jordán López, quien había sido designado por la Corte Suprema para investigar los casos de detenciones seguidas de desaparecimientos denunciadas en Santiago. En la presentación se solicitaba la citación a declarar a Osvaldo Romo Mena, a Manuel Contreras Sepúlveda, a Miguel Krassnoff Martchenko y a Pedro Espinoza Bravo, todos agentes de la DINA. Además, se solicitó la reapertura del sumario de la causa rol Nº 77.237. En esta oportunidad no se dio lugar ni a la querella ni a la reapertura.
En septiembre de 1979 se entregaron nuevos antecedentes al Ministro en Visita Servando Jordán, especialmente relacionados con la existencia de testigos de la reclusión del afectado y se insistió en la citación al Tribunal de Osvaldo Romo. El 17 de septiembre del mismo año, se reabrió el sumario y se acumuló la causa a la rol Nº91.675 seguida por el desaparecimiento de María Inés Alvarado Börgel y de Martín Elgueta Pinto. El 27 de marzo de 1980, la familia de Juan Rosendo Chacón entabló una querella por el delito de secuestro en contra de Osvaldo Romo Mena y del grupo que operaba bajo el amparo de la DINA. Y entre otras diligencias se solicitaba la citación a declarar del Teniente Coronel de Carabineros Conrado Pacheco Cárdenas, jefe del Campamento de Detenidos de Tres Alamos. Al respecto, se consignó la declaración prestada por dicho Oficial, en octubre de 1975, en la que señalaba que el pabellón Cuatro Alamos estaba a cargo de la DINA y que su jefe era el Teniente 1º de Gendarmería Orlando Manzo Durán. Por su parte, este agente de la DINA había reconocido ante la Justicia, en junio de 1977, que efectivamente el año 1974 había estado a cargo del pabellón de Cuatro Alamos, agregando que llevaban un listado con los nombres de los detenidos que ingresaban y salían de dicho recinto.
Simultáneamente, el Ministro en visita inició una infructuosa búsqueda de Osvaldo Romo Mena, la que se mantuvo durante el transcurso de los años sin que fuera posible lograr su ubicación, y menos su concurrencia a los distintos Tribunales en los que ha estado citado por su implicancia en casos de desaparición de numerosas personas. Los servicios de seguridad y las autoridades correspondientes negaron permanentemente a la Justicia antecedentes al respecto. Incluso, cuando Manuel Contreras Sepúlveda compareció ante el Ministro Jordán, en agosto de 1979, declaró que Osvaldo Romo fue solo informante de algunos agentes de la DINA, pero que posteriormente nada se supo de él. También negó la existencia de Londres 38 como centro de reclusión del organismo que él presidía. Al respecto, el Ministro de Defensa Nacional y Teniente General de Ejército, Raúl Benavides Escobar, ofició al Ministro Jordán señalando que “Londres 38 no pertenece a las Fuerzas Armadas ni de Orden” (14 de julio de 1979).
El 28 de abril de 1980, el Ministro en Visita Servando Jordán López, declinó su competencia para continuar conociendo del proceso, remitiendo los antecedentes a la Justicia Militar, la que los acumuló a la causa rol Nº 553 78, instruida en la 2º Fiscalía Militar de Santiago, el 6 de agosto de 1982. Esta causa se había iniciado en agosto de 1978, en el 10º Juzgado del Crimen, por una querella que presentaron numerosos familiares de detenidos desaparecidos en contra del General Manuel Contreras Sepúlveda, de Marcelo Luis Manuel Moren Brito y Rolf Gonzalo Wenderoth Pozo, Coronel y Teniente Coronel de Ejército respectivamente.
Frente a la declinación de la competencia, los querellantes apelaron de la resolución ante la Corte de Apelaciones de Santiago, la que confirmó la incompetencia del Ministro en Visita, en mayo de 1981. Sin que se realizaran diligencias durante cuatro años, el 20 de noviembre de 1989, el Teniente Coronel de Ejército Enrique Ibarra Chamorro, Fiscal General Militar solicitó para esta causa la aplicación del Decreto Ley de Amnistía (D.L. 2.191) porque el proceso había tenido como finalidad exclusiva la investigación de presuntos delitos ocurridos durante el período comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978 y porque durante los 10 años de tramitación no se había logrado “determinar responsabilidad de persona alguna”. El 30 de noviembre de 1989, la solicitud fue acogida por el 2do. Juzgado Militar, el que sobreseyó total y definitivamente la causa  la que aún se encontraba en etapa de sumario , por “encontrarse extinguida la responsabilidad penal de las personas presuntamente inculpadas en los hechos denunciados”. Las partes querellantes apelaron de dicha resolución a la Corte Marcial, la que confirmó el fallo en enero de 1992. Se interpuso entonces un Recurso de Queja ante la Corte Suprema de Justicia, la que al mes de diciembre de 1992, aún no evacuaba su resolución.
(Mayores antecedentes en el caso de Eduardo Enrique Alarcón Jara).
En noviembre de 1992 se detuvo al ex agente de la DINA Osvaldo Romo Mena, este había permanecido con identidad falsa desde finales de 1975 en Brasil. A dicho país había llegado por instrucciones de la DINA y por años había sido apoyado en su estadía. En julio de 1992 fue ubicado en ese país en el curso de variadas diligencias decretadas por la jueza Gloria Olivares del 3er. Juzgado del Crimen de Santiago en la causa por el desaparecimiento de Alfonso Chanfreau Oyarce. A diciembre de 1992 todavía no se conocían las implicancias que tenía la detención del mencionado agente y los antecedentes que él estaba entregando en los diversos tribunales en que estaba siendo requerido. A esa fecha ya se contabilizaban 7 encargatorias de reos, 6 en caso de detenidos desaparecidos y una en caso de una persona muerta.

El nieto que no fue…   Jacqueline Drouilly Yurich

Pasión por Chile

Voy a a hablar de la patria durante la dictadura

con la voz más clara que yo pueda hablar

Aviones grises bombardearon La Moneda

seguros de que nadie los podía derribar

tanques imponentes dispararon contra los portones del palacio

seguros de que nadie los podía contener

era el golpe de estado más seguro del mundo

más seguro que nadie los cuatro generales

miraban con anteojos de muy larga vista las maniobras

de película

todos contra el Presidente hasta que el Presidente

se quitara la vida con sus propias manos

La Moneda ardió como las lámparas de los mineros de Lota

porque el palacio quedó convertido en carbón

Voy a hablar de la patria durante la dictadura

con la voz más clara que yo pueda hablar

He aquí el teatro de la guerra

en el frente sur hay miles de campesinos desarmados

en el frente norte hay miles de mineros desarmados

en el frente poniente no hay barcos enemigos

en el frente oriente está el silencio de la cordillera

lo deja a uno solo con su propia conciencia

este es el frente más peligroso de todos

yo os desafío generales a que nombreis

las batallas gloriosas de la guerra del 73

Hernán Montealegre K.

Del libro de poesías Convocatoria

Señales

Por ahí estarán

los huesos de muchos compañeros

dialogando lo que pudo ser y no fue

Por ahí: en el fondo del mar, en el fondo de la tierra o quizás a flor

de tierra

los huesos, esos huesos

estarán haciendo extrañas señales

del libro

El Asco y otras Perspectivas de Mario Milanca

Como en un juego de ajedrez

Era un lindo día de noviembre cuando nos avisaron

hace ya tanto tiempo Jaqueline.

Y los años se nos han resbalado entre los dedos

y me niego a aceptar, que de ti sólo quedaron

unas fotografías borrosas,

un recuerdo lejano,

un eco olvidado

un tejido inacabado

unos hilos de bordar

el telegrama ése que me enviaste, te acuerdas?

Y un nombre en una lista.

No Jaqueline, pero qué estoy diciendo!

Si no es que sólo quede eso, sino que además queda eso.

Poesía de Michelle Drouilly

Para la madre de Jacqueline

Entrevista enviada por Nicolle Drouilly

Sonia: eeeh…largo silencio….hoy día es primero de junio y estoy enviándote finalmente, las respuestas al cuestionario. Primero que nada quiero decirte, que estoy extremadamente agradecida del trabajo que tú has puesto en esto, por Jacqueline, por el resto de los desaparecidos y que gracias a gente como tú, que la memoria de ellos puede preservarse. Okay… voy a empezar con el cuestionario.

Mi nombre, es Nicolle Drouilly y soy la hermana de Jacqueline Drouilly Yurich. La Jacqueline fue una guagua feliz. Mi madre siempre hablaba de… lo… simpática que era como guagua. Fue un niño hermoso y grande. Trajo la felicidad a mis padres… y a sus abuelos. Luego que Jacqueline nació, mi madre pensó, por razones de salud, que no podía tener más hijos. Entonces Jacqueline fue el hijo único durante siete años… eh… que nació…eh… su segunda hermana.

Esta es la pregunta número tres. Acerca de la personalidad en la infancia. Jacqueline era una niña extremadamente simpática y risueña… una marcada personalidad de independencia. Siempre muy popular con sus compañeras… eh… con la gente que la rodeaba; era una persona que iluminaba los lugares en donde estaba. Tenía amigos desde pequeña extremadamente leales, que la seguían en las cosas que a ella se le ocurrían hacer. Siempre estaba inventando una nueva travesura… –La voz de Nicolle se quiebra profundamente en este comentario-.Era una persona de la cual es difícil de olvidarse una vez que uno la ha conocido. Hasta el día de hoy, nosotros nos hemos contactado con compañeros del colegio, del liceo de ella, que sin tener el conocimiento de ella más adulta, todavía recuerdan su personalidad y recuerdan el impacto que ella provocó en sus vidas. Jacqueline era una persona muy inteligente y al mismo tiempo tenía mucho respeto por el trabajo constante y persistente, era… una luz. Era una persona… que quizá estaría…eeeh… para ella era más importante hacer las cosas, que planificarlas.

La pregunta número cuatro: acerca de sus metas colegiales, sociales, profesionales. Jacqueline se destacó desde muy temprana edad en sus convicciones acerca de la justicia social. Su compasión por la gente pobre, por la gente oprimida, su compasión y el entender problemas que eran casi clásicos de Temuco, como en la discriminación a la población mapuche. La situación con las cadenas de poblaciones callampas que rodeaban la ciudad. Jacqueline fue siempre una persona muy sensible a la pobreza de los demás. Ella siempre tuvo actitudes de compasión y de ayuda hacia los demás. Saliendo de la adolescencia, conoció a quien sería su compañero por el resto de su vida, a Marcelo Eduardo Salinas Eytel. Él está desaparecido hoy en día. El, Marcelo, era un joven muy inteligente, muy capaz, muy sensible. De una ternura infinita, que, en un momento enamoró a Jacqueline y desde entonces seguirían juntos. Ella a través de él se incorporó en el trabajo político junto al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y esto constituiría el resto de su vida.

La familia de Jacqueline, nosotros, siempre fuimos de izquierda. Nuestro padre pertenecía al Partido Radical y dentro del Partido Radical, estaba, en las posiciones, eeeh, más hacia la izquierda. Mi padre siempre tuvo una actitud de aceptación con respecto a la elección política de Jacqueline y de Marcelo. Y mi familia quería entrañablemente a Marcelo. Nunca nos planteamos una crítica acerca de la elección política que Jacqueline había elegido. En el futuro una de sus hermanas también elegiría el mismo camino político y el resto de sus hermanas siempre estaría y simpatizaría con la izquierda más radical, -silencio largo…- toda la familia tenía una posición de rebeldía con respecto al sistema imperante. Eran los años de Alessandri y Frei. Durante el gobierno de Frei habían terribles injusticias contra los pobres del campo, en la zona de Temuco, donde los terratenientes tenían poderes feudales. Jacqueline siempre, junto a Marcelo y nuestra familia, tuvimos una actitud de rechazo hacia esa extrema injusticia social. Sin embargo, Jacqueline mantendría, durante toda su vida, relaciones de cariño y emocionales con gente; con mucha gente, no con todas ellas, que pertenecían a su elección política.

Con respecto a la pregunta cinco acerca de la religión. Nuestra familia, ehm… si bien nuestros padres, fueron eehmm, criados en un ambiente liberal, con respecto a la religión, ellos decidieron con nosotros, que nosotros decidiríamos en una edad adulta, si queríamos pertenecer a una religión. Eso nunca sucedió. Nuestra familia siempre mantuvo una actitud agnóstica y atea. Jacqueline nunca tuvo una actitud de acercamiento a cualquier religión.

Respecto a la pregunta seis, la Jacqueline participó en muchos trabajos voluntarios. Participó en muchas actividades relacionadas con el trabajo político del MIR… ehmm …participó en actividades que tenían que ver… que estaban relacionadas… con la gente más pobre de la zona de Temuco. A nivel artístico, Jacqueline siempre estuvo interesada en el teatro, desde muy joven. Pero debido a su interés que tenía por el aspecto social, ella entró a estudiar Servicio Social, en la universidad en Temuco. Pero luego, decidieron con Marcelo irse a Santiago y ella decidió dejar la carrera y estudiar una carrera de carácter vocacional para ella, que era el teatro. Y comenzó en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. En esa universidad y con la gente que ella conoció y el ambiente que había, ella fue muy feliz y llevaba una vida muy plena, haciendo lo que realmente ella quería hacer. Desgraciadamente, con el advenimiento del Golpe de Estado, la escuela se cerró y Jacqueline decidió transferirse a Servicio Social en Santiago, en el Pedagógico, para terminar la carrera que había empezado en Temuco. Durante ese tiempo, ella renovó su interés por el Servicio Social y conoció gente, conoció compañeros, que eeeh… tendrían un recuerdo muy importante de ella, luego de su desaparición. Hasta el día de hoy, conocemos gente que la conoció en esos momentos… y a los cuales su vida ha sido impactados terriblemente por la desaparición de Jacqueline y todavía la recuerdan, eeeh… con un gran cariño.
La Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Asistentes Sociales, que siempre ha sido muy activo, eeeh…hicieron…, han hecho, eeh… durante mucho tiempo actividades para conmemorar a los Asistentes Sociales y a los estudiantes de Asistentes Sociales que fueron desaparecidos y ejecutados, y hay una placa con el nombre de ellos, en la Escuela de Servicio Social. Eso a nuestra familia nos ha dado mucho…eeeh… les tenemos un gran reconocimiento a ellos, por perpetuar la memoria de Jacqueline y también porque la carrera de Servicio Social, está unido a la aspiración de justicia social y de… compasión por los desposeídos…que Jacqueline tuvo siempre desde muy pequeña.

Con respecto a la pregunta siete. Acerca de algo especial de Jacqueline, era una persona que no se podía ignorar. Era una persona, extremadamente atractiva, sin ser tradicionalmente bonita. Su personalidad irradiaba… eeeh confianza en sí misma. Era simpatiquísima. Y era muy fácil encantarse con ella y estar horas escuchándola solamente para ver mover los ojos y hacer millones de expresiones con su cara. Sus amigas, sus compañeros, Marcelo, la familia de Marcelo, su familia, hermanas, padres, simplemente adoraban a Jacqueline. Para nosotras, las hermanas de Jacqueline, es un gran orgullo que nos digan que en algún aspecto nos parecemos a ella.
Jacqueline era rebelde y sin ninguna convencionalidad en su vida, ella estaba siempre dispuesta a tener un punto de vista diferente o a cuestionar la verdad establecida. Hablaba las cosas sin tapujos y era muy valiente en sus opiniones. Nunca se quedaba callada frente a la injusticia.

Pregunta ocho. Jacqueline era una persona sana, una persona fuerte. La sensación de vitalidad que irradiaba de ella era extraordinaria. -Se hace un silencio denso con esta respuesta.- Parecía que nada la podía tocar, que nada la podía afectar.

Con respecto a la pregunta número 9 eeeh… no, realmente con respecto a la pregunta número diez, Jacqueline representaba para sus hermanas, eeh el ideal de… una mujer independiente, inteligente, una mujer… poderosa, en el sentido de la palabra. Eeeh, ella no le tenía miedo a nadie. Hacía cosas insensatas, como era venirse de Santiago a Temuco sola, en esos años. Para mi Jacqueline era la persona que yo quería ser cuando tuviera su edad. Yo…. Tenía… una veneración por ella. Ella representaba… a la ….mujer…que no es….a la mujer que no toma su rol tradicional de depender de los hombres….Una mujer con sus propias opiniones… Una mujer valiente. Una mujer no tradicional. –Se escucha un largo silencio en la cinta. Y continúa hablando con dolor reprimido.– Si hubiera habido… Si yo tuviera que pensar en una persona que pudiera… Cuando pensaba en Jacqueline… Jacqueline… había una sensación de fortaleza tan grande con su personalidad… ella misma… que hubiera sido difícil imaginarse… la sensación de desolación que entraría en su vida… desde que fue… arrestada… por la DINA. Yo soñaba con mi futuro con ella. De diez y siete años, preparando… mi Prueba de Aptitud Académica… yo había planificado que iba a estudiar en Santiago y para eso iba a vivir con ella… y con Marcelo. Y eso para mí… era… el extremo de la felicidad. Era… era… -suspira con profundidad, con tristeza contenida- era como una gran vacación. Porque a mí todo me interesaba con Jacqueline. Era una persona que a veces una podía sentarse… a observarla. Una persona profundamente entretenida, que siempre tenía… la capacidad de provocar interés… con lo que ella hablaba, con lo que ella hacía. Yo soñaba con ese futuro… donde yo personalmente me convertiría en una persona independiente… eeeh… entraría en otro medio universitario y tendría a Jacqueline cerca de mí. Yo quería seguir sus pasos en todo. Yo soñaba en el futuro con tener eeeh un compañero, ooo… con tener un hombre que fuera como Marcelo. Un hombre no machista… un hombre inteligente, un hombre que adoraba a Jacqueline, un compañero. Nosotros, sus hermanas, teníamos una gran admiración por Jacqueline. Porque ella era rebelde en todo. –

Largo silencio otra vez.

Mi… Jacqueline era una hermana extremadamente querida. Pero también una hermana que uno podía ver en ella la persona que uno quería ser. Y Jacqueline tendría estas actitudes extremadamente no convencionales y al mismo tiempo, su personalidad, su carácter era complejo… ella era una persona entera y podría estar horas involucrada… en conversaciones… eeeh políticas y luego, se sentaría a bordar. Hasta el día de hoy, nosotras, sus hermanas tenemos su caja de lata… donde ella guardaba sus hilos de bordar, sus agujas, que tenía una etiqueta de ella, encima de la lata, que decía “no tocar”.

Mi otra hermana… Michelle, comentaría, que al pasar los años, la escritura en esa etiqueta se empezó a borrar con el tiempo y era una sensación… simbólica… terrible… de pensar que las memorias se estaban desvaneciendo. Hasta el día de hoy tenemos cosas bordadas por ella.

Jacqueline era muy protectiva de nosotras… había mucha… diferencia de edad. Ella también tenía sueños con nosotros. Tenía sueños que nos fuera bien en los estudios, que fuéramos mujeres independientes, que tuviéramos buenos compañeros, que nos involucráramos en política. Que fueramos exitosas. Es difícil saber si eso se ha cumplido. Pero la opinión de ella… era… extrem… muy importante para nosotros. La opinión de ella sobre nosotros. Y muchas veces haríamos… muchos esfuerzos para tratar de ganarla.
En el día de hoy… es un gran sufrimiento, para nosotros –llora quedamente- pensar que ella no está presente en nuestras vidas, pensar que ella… no conoció a su sobrino… no conoció a sus cuñados… no conoció a nuestros amigos… Es un pedazo de nuestras vidas que nunca… pudo existir. Pero sin embargo… siempre existen las fantasías… que es lo que uno está haciendo está en última instancia, aprobado por ella misma. Que ella de alguna manera… está presente en las decisiones que nosotros tomamos. Decisiones pequeñas y decisiones centrales en nuestras vidas. –Se calla otra vez por largo rato y retoma con voz más serena la próxima pregunta nuestra.-

Con respecto a la pregunta once: Y hablando de la desaparición de Jacqueline. La vida de nosotros como familia, se rompió de un golpe. La seguridad familiar, el sentido de unidad… como familia sería profundamente afectado…. por el resto de nuestras vidas. –Suspira profundamente como cansada del efecto de la emoción de lo que esta narrando para todos nosotros.- Un poco más de un año después… la familia se separó definitivamente…, ya que mi padre estaba amenazado en Chile y tenía que dejar el país. Y nunca más… desde… 19…74… volvimos a estar juntos. Pero aún más… nunca más desde 1976… volvimos a estar los integrantes de la familia… sin Jacqueline. Nunca estuvimos en la misma pieza –habitación.- El efecto de la desaparición de Jacqueline en nuestras vidas no tiene un momento histórico. Es un efecto que tiene un impacto profundo en la vida de cada uno de nosotros hoy día. En la vida de mi padre, de mi madre y de mis hermanas. Incluso, tiene un gran efecto en la vida de nuestro sobrino y tiene un efecto en la vida de la gente que constituye nuestro medio, en el cual nos movemos, nuestras parejas, nuestros amigos. La falta de presencia de la Jacqueline en nuestras vidas… ha tenido tanto impacto… como su presencia. Es una parte ineludible en nuestra vida. Permanentemente, cuando hablamos con mis hermanas en Chile, cuando hablamos con mi mamá, con mi papá. Jacqueline está dentro de nuestras conversaciones, de las maneras mas pequeñas y nimias como en su parte central. Mi hermana… una de mis hermanas, me contactó ayer, porque… el esfuerzo… que había tenido durante muchas semanas, había dado fruto y un lugar de recuerdo se había establecido en Villa Grimaldi. Una pequeña caja… donde están algunos de los objetos que ella tenía, que es como un permanente… recuerdo… a su memoria.

Yo me encuentro… en este momento produciendo algo acerca de su vida, ya queemm… octubre de este año se cumplen 30 años de su desaparición. Y 30 años suena terriblemente grande…suena eterno. Sin embargo, nosotros tenemos los mismos sentimientos… de desamparo, de desesperación… de impotencia… que teníamos… cuando Jacqueline… fue arrestada. Y nunca la volvimos a ver……A Jacqueline la buscamos hasta el día de hoy. Y la seguiremos buscando… Y no solamente buscamos… dónde está… sino que buscamos su recuerdo también. Es… cuando uno conoce… uno siempre anda buscando a gente que conoció a Jacqueline, antes que desapareciera, antes que la arrestaran, incluso. Y siempre es lo mismo, uno pregunta ¿cómo era ella? Porque los años van pasando y uno va perdiendo retazos de esa persona y preguntamos “cuéntame de ella… cuéntame cosas importantes, cuéntame cosas pequeñas de ridículas, háblame de ella…” porque es tan necesario para nosotros seguir viéndola.

Muchas veces nos sentamos cuando nos reunimos con mis hermanas, con mi mamá, con mi padre. Nos sentamos a hablar de ella. A simplemente hablar de ella. A contarnos las mismas historias una y otra vez, para sentir… que Jacqueline aún está presente en nuestras vidas…. A veces es difícil a veces lo que uno quiere hacer es nunca más hablar de esto. Pero… Eso no es así. Sabemos que el precio… de no hablar de ella…de evitar pensar en ella… es más terrible… que tenerla siempre… a flor de piel… que tenerla siempre en nuestros pensamientos… en nuestras palabras. Nosotros no somos responsables de su desaparición. Nosotros la podemos mantener viva con nosotros. Es fundamental…. que la gente… no se olvide… de Jacqueline y del resto de los desaparecidos. Porque una vez que las víctimas se olvidan, se olvida el crimen. Y nosotros no descansaremos hasta que cada una de las personas que tuvo una influencia directa o indirecta en su arresto, tortura y desaparición no sea llamada a juicio. Tenemos todo el tiempo del mundo, tenemos perseverancia y no nos cansamos de buscarla… Es terrible… el… el no poder… hacer el duelo… con una persona que es tan cercana a uno, que es tan querida por ellos. A veces uno tiene una envidia insana con personas que han perdido a sus seres queridos durante la Dictadura y que los seres queridos han sido ejecutados y existe una tumba donde ir, llevarle flores. Eso… es un… eso es algo que nosotros no tenemos y seguramente no vamos a tener nunca. Para nosotros es muy imposible, a nivel psicológico, lidiar con esto, y yo estoy convencida… que todos los familiares de desaparecidos tenemos un nivel… de insanidad, con el cual vivimos, porque la verdad… es imposible de aceptar. Entonces… uno tiene que construirse… estructuras sicológicas y explicaciones… para poder vivir día a día con esto.

Con respecto a la pregunta número doce, a la Dictadura. Los años de oro de Chile fueron durante la Unidad Popular. Fue la primera vez, y esperamos que no la última, que en Chile los pobres tuvieron voz. Que en Chile se abrieron espacios que no existían antes. Había esperanza por primera vez. Yo tenía trece años, cuando Allende fue elegido. Participamos activamente en su campaña con mi familia. Y en sus campañas anteriores. Y cuando Allende fue elegido fue un momento de felicidad tremenda para nosotros y para la gente que conocíamos. Hoy pienso en ese tiempo…. Y pienso que… no parece que fue tan corto. Tengo tantos recuerdos… del tiempo de la UP, tengo tantos recuerdos de la… de la… sonrisa de Jacqueline, durante esos años. Incluso, los conflictos de ese tiempo, son conflictos positivos. Fue el mejor tiempo de Chile. Fue el único momento en mi vida que yo me sentí orgullosa de ser chilena…. –Escuchamos un largo silencio. Sus dos hermanas, Michelle y Nicolle, empezaron la universidad en Santiago, sin Jacqueline. -Era un Santiago hostil… amenazante….-Silencio largo y profundo.– Pidiendo información por los desaparecidos… sin la Jacqueline… el corazón se nos detenía cuando en algún momento nos decían que iban a preguntar adentro, nosotros pensábamos que… había habido alguna noticia. Mi padre había perdido su trabajo y la situación económica era difícil. Pero la angustia permanente de no saber lo que pasaba con la Jacqueline, era terrible. Hacía sólo unos meses… que Jacqueline había desaparecido y nosotras teníamos que dedicarnos con mi otra hermana… a pasar de curso, a estudiar, a empezar en una universidad desconocida, con gente desconocida, con las cuales no se podía hablar, porque hablar de política en ese momento estaba prohibido. Entrábamos a la universidad, al pedagógico de la universidad de Chile, en las mañanas, con banda de música de la Dictadura, La Alborada. Y era terrible tener que vivir en ese momento. Mi madre y mi padre estaban en ese momento, con nuestra hermana menor en Temuco… y estábamos angustiados por… los peligros que corría mi papá, quien… había tenido una actitud… muy que él… había sido muy activo durante el tiempo de la UP en su acercamiento al MIR. Tuvimos una suerte extraordinaria, que a pesar de… de que mi padre estuvo detenido en dos oportunidades no fue… hoy día lo tenemos con nosotros…y no fue… eeeh torturado… ni apresado. Pero la angustia… era un elemento permanente de nuestras vidas. Son tiempos que no queremos recordar. Donde nos sentíamos terriblemente solas. Donde ese Chile que había sido… tan excitante… donde ese sentido de comunidad… tan grande que había durante el tiempo de la UP, todo se había roto. Y Chile en ese momento… era un país… lleno de enemigos para nosotros.
Desde que desapareció la Jacqueline, y empezamos a mover todas las puertas… y a tratar… por los sistemas más… rebuscados de tratar de… encontrar alguna información… nos encontramos día tras día, con gente que después de haber sido parte de nuestro grupo social, no quería relacionarse con nosotros, por cobardía, por mezquindad. Estábamos buscando a Jacqueline solos. La única ayuda la recibimos de los otros familiares que buscaban a sus seres queridos, en ese momento… bajo el alero del Comité Pro Paz. Y conocimos personas extraordinarias. En ese momento, la agrupación se venía formando… el ‘74. Conocimos a su presidenta… conocimos a… a mujeres, a dueñas de casa que habían salido de la casa a buscar a sus hijos, a sus maridos… Era el único lugar en que uno podía hablar la verdad, sin tapujos. Fueron momentos terribles… sobre todo… porque en algún lugar de nuestras cabezas… estaba la posibilidad de que Jacqueline estaba viva. Y esa posibilidad… era incluso más terrible, porque esa posibilidad implicaba que… en ese momento mismo la estaban torturando.
Era un 30 de octubre, en la noche, cerca de las 12 de la noche, cuando llegaron a buscar a Marcelo, a la casa… donde vivía con Jacqueline, en donde arrendaban una pieza. No encontraron a Marcelo y decidieron quedarse… hasta que llegara, pero en el intertanto, golpearon y abusaron de Jacqueline… y luego de una horas más tarde… se la llevaron detenida… a José Domingo Cañas. Marcelo, por su parte, se había tenido que quedar afuera, estaba el toque de queda. Pero ya sabían que habían caído otros compañeros… eeeh de la estructura.
En la mañana tempranísimo, llamó por teléfono para avisarle a Jacqueline que la pasaba a buscar. Pero Jacqueline ya estaba en el centro de tortura y la DINA obligó… a la arrendataria que era compañera de Jacqueline en la universidad de Asistente Social, a que respondiera que Jacqueline se estaba bañando y que le pasaría el recado. Marcelo llegó confiado… en un taxi a buscar a Jacqueline para llevársela, porque ya el peligro los acechaba, pero ya era demasiado tarde. Cuando llegó al lugar se dio cuenta… que habían hombres afuera de la casa… y le dio instrucciones al taxista de que continuara. Pero los agentes de la DINA le dispararon a los neumáticos del taxi y apresaron a Marcelo, a quien se lo llevaron también… donde se encontraba Jacqueline por algunas horas… José Domingo Cañas… desde entonces supimos de ellos… supimos de ellos a través de testigos que sobrevivieron José Domingo Cañas, de la Venda Sexy, de Villa Grimaldi, de Cuatro Álamos. Supimos que Jacqueline y Marcelo habían sido brutalmente torturados, pero también supimos… de gente que había estado con Jacqueline, de ex presas políticas, de que Jacqueline, había demostrado siempre… lo que la caracterizaba, que eran esas ganas de vivir, ese optimismo… -silencio profundo otra vez-incluso, hay gente que la recuerda… porque Jacqueline trataba de subirles el ánimo, después de las torturas… a compañeras que estaban con ella. A mediados de diciembre… se la llevaron de Cuatro Álamos y nunca más… vimos nosotros o recibimos un testimonio de un sobreviviente que la hubiera visto después de esa fecha.
Cada vez que escuchábamos un relato de ese tipo… los sentimientos… eran encontrados… Teníamos una alegría inmensa de saber que estaba viva. Y sin embargo, el dolor de ella, era nuestro dolor. Cuántas veces no deseamos… en la familia… que nos hubieran detenido a nosotros en vez de a ella. El dolor… de la impotencia de no poder hacer nada, cuando una persona, tan importante y querida en la vida de uno… está sufriendo, es indescriptible. Esa sensación la tenemos nosotros hasta hoy en día. La sensación de no haber podido ayudarla… de no haber podido rescatarla. La familia decidió cambiarse a Santiago debido a que mi papá… había perdido el trabajo y en Temuco no podíamos mantenernos y necesitábamos estar en Santiago, para poder ir…. mantener la presión… ir a preguntar dónde estaba Jacqueline… y mantener el contacto con la agrupación. Así es que la familia se fue a Santiago. Las condiciones no eran fáciles. No teníamos dinero… pero por lo menos estaba la familia junta. Y sin embargo, la pena y la angustia…con que vivíamos día a día… no había un momento del día en que no pensáramos en Jacqueline… y en Marcelo. Son momentos tristes que yo recuerdo. Son momentos que… no quisiéramos volver a vivirlos. Era el vivir con la angustia permanente, con el corazón en la boca.
Y seguíamos extremadamente envueltas en la búsqueda de Jacqueline. Recuerdo que, al principio, cuando a Jacqueline la arrestaron, con mi mamá le hicimos una maleta… de cosas urgentes, de cosas de emergencia… porque pensábamos que si a ella la dejaban libre por un minuto, mi papá… le compraba un pasaje y la sacábamos fuera del país… con Marcelo. Entonces nos demoramos mucho decidiendo qué poner en esa maleta. Cosas que ella quería, cosas que eran de primera… necesidad para ella. Y la maleta estaba… en la pieza de mi mamá esperando… por días, esperando, esperando esperando, por semanas, esperando por meses. Y casi… dos años después… cuando yo y Michelle… nos fuimos de Chile a reunirnos con mi padre en Argelia… mi madre llorando… decidió abrir la maleta y regalarnos algunas cosas de Jacqueline…porque ya no tenía sentido… sin embargo, nosotros éramos incapaces de decirnos a nosotros mismos, que Jacqueline estaba muerta. Hasta el día de hoy… no nos permitimos eso…no nos permitimos pensarlo… Y no nos permitimos… decírselo a nadie… porque no tenemos derecho a pensarlo….
Nuestra vida, de alguna manera ha girado, alrededor de la desaparición de Jacqueline, desde 1974. Incluso antes, desde el momento del Golpe de Estado, nuestro gran terror era, acerca de ella y de Marcelo. Nosotros estábamos en Temuco cuando sucedió el golpe y Jacqueline y Marcelo estaban en Santiago. Y estábamos angustiados de pensar que les podía pasar algo. Luego, yo estuve con ella durante las vacaciones… de verano del 74 y estuve un mes y medio con ella. Y fue una experiencia maravillosa pa’ mí. Y en esos momentos para mí era fundamental que ella entendiera… que no podía venir a Temuco, porque en Temuco todo el mundo la conocía… a ella y a Marcelo….
Cuando Jacqueline desapareció… nos llamaron por teléfono… su compañera de curso… para avisarnos… que la habían detenido, los agentes de seguridad. Si bien nosotros sabíamos, que había una cantidad extraordinaria de gente que eran detenidos y que eran soltados uno o dos días después, también sabíamos que había mucha gente que había sido asesinada, mucha gente que estaba desparecida. Queríamos pensar que ella… iba a tener una mala experiencia, pero que iba a ser corta en el tiempo y que nosotros podíamos una vez que estuvieran libres… asegurarnos que Marcelo y Jacqueline salieran del país. Mi padre empezó inmediatamente a hacer trámites para conseguir eeehmmm, para conseguir que Jacqueline… saliera… una vez que estuviera libre. Los primeros días… estábamos esperando la noticia que Jacqueline nos iba a contactar. A los dos días mi madre viajó a Temuco, visitó la pieza de ella y de Marcelo. Y lo que vio allí…-silencio– dejó una impresión… en ella… para el resto de su vida. Mi madre sólo nos contó esto… no hace muchos años… que en la cama de ella… había rastros de sangre…        –silencio largo– en la sábana y que ella… pensaba, que… eso indicaba…que …Jacqueline había sido abusada y violada. Los agentes de la DINA estuvieron en la pieza de ella por bastantes horas con música fuerte y se sentían los ruidos desde… abajo. La compañera de ella podía escucharlos y ella estaba aterrada en el primer piso. Lo cierto es que… nosotros estamos siempre… con… esas imágenes… de pensar en Jacqueline sola y desamparada… con… cuatro o cinco hombres… ahí… violentos… que lo único que querían era destruirla. Mi madre todavía guarda las sábanas… yo nunca he querido verlas.

Otra vez Nicolle guarda un pesado silencio, pero continúa…  Suspira…mientras nos dice… 

Recuerdo cuando nos juntábamos en Santiago… no había pasado un mes de la desaparición de Jacqueline… y estábamos todos los días yendo al  Comité Pro Paz, hablando con los abogados. Recuerdo que nos estábamos quedándo donde mis tíos y yo y mi madre dormíamos en la misma cama. Y en las noches… nos quedábamos durmiendo. llorando. Y recuerdo que un día ella me dijo “yo realmente deseo si ella está sufriendo… eeeh… prefiero que muera, en vez de seguir sufriendo”. Porque nosotros en ese momento, sabíamos… lo que les estaba pasando a ella… y al resto… de los detenidos que estaban incomunicados y de los cuales una cantidad no iba a salir nunca… libre. Incluso, mi mamy me dijo ”a veces pienso, que en condiciones así, morirse… es como dormirse como cuando uno está tan cansada… y los ojos se cierran solos y luego uno no se despierta…”
Era una tragedia. Recuerdo esos días para mí, era como vivir en las películas en blanco y negro acerca de la Segunda Guerra Mundial, en donde los judíos sabían que, finalmente los iban a agarrar y los iban a mandar a un campo de exterminación. Era como estar viviendo tiempo prestado. Son cosas que están siempre con uno. Mi familia tuvo que salir… de Chile. Mi padre estaba amenazado, y mi madre no podía dejar Chile, porque todavía estábamos esperando por Jacqueline. Mi madre se quedó en Chile con mi hermana menor, de quince años y yo… –La voz en la grabación se quiebra y le sigue un largo silencio que se rompe con una idea totalmente distinta. Nicolle continúa con otro tema…

En 1976 en enero, mi padre salió a Argelia, y en junio, eeeh yo y mi hermana eeeh de 17 y 18 años salimos… a Argelia a reunirnos con él. Mi madre se quedó en Chile con mi hermana Vivian de 14 años. Para mí, la idea de dejar Chile, fue terrible. Yo sentía la necesidad de que era fundamental seguir resistiendo contra la dictadura. Era fundamental para mí… estar en Chile. Sentía que resistir contra la dictadura era nuestro deber y era la única manera… de acelerar… esos tiempos horribles que vivíamos. Sin embargo, yo sabía que mi padre estaba destrozado con la desaparición… de Jacqueline y yo no podía permitir que estuviera solo… fuera de Chile… fuera de su familia. Fue una decisión desgarradora… al mismo tiempo… mi padre y mi madre estaban terriblemente asustados que nos pudiera pasar algo a Michelle y a mí. Así es que nos fuimos de Chile, en un viaje que pensábamos que iba a durar… un par de meses…quizás un año… y luego la dictadura sería derrocada y nos encontraríamos la familia y con suerte, en el intertanto, Jacqueline habría aparecido. Los sueños que teníamos en esos momentos… ya no importaba que Jacqueline estuviera libre, ya no importaba que Jacqueline pudiera salir del país… de sólo pensar que Jacqueline podía estar en libre plática y presa, aunque fuera por diez mil años… era para nosotros… eeeh… una tranquilidad. Lo único que queríamos era que Jacqueline saliera del período de incomunicada. Pero eso también sería una esperanza que se desvanecería.

La vida en Argelia… era difícil y al mismo tiempo… era tan espectacular estar en un país donde no hubiera dictadura. Eran los mejores años de Argelia. Pero la separación de mi mamá y la separación… con mi hermana menor, era difícil de aguantar. Pero uno siempre sale adelante y construimos nuestras vidas ahí en Argelia; finalmente ahí estuve cuatro años y medio… y mi hermana cinco. Y mi padre estuvo en Argelia ocho años, antes de que después se fuera a vivir a Cuba.

La primera vez que fui a Chile… habían pasado trece años de que yo me había ido. Llegué a Chile y para mí, Chile era Jacqueline. Pero ya Jacqueline no estaba….Nuestra familia… fue como otras miles de familias… desperdigadas a través del mundo. En un momento… esta familia… no tan grande… …de los cuales… quedábamos cinco… Habían dos personas en Chile, una en Cuba, una en Francia y una en Inglaterra….-Silencio profundo…y con voz de gran dolor, pero firme como ha demostrado nuestra entrevistada en todo momento, nos dice:- Yo no tengo esperanza de que en Chile se haga justicia, porque no está… la voluntad política de hacerlo. Porque en Chile… la Dictadura nunca fue derrocada políticamente, sino simplemente a través de un pacto político, se cambió el ejecutivo. Todos los cambios estructurales, que hizo Pinochet en Chile, se mantienen. La política económica es exactamente la misma. Las trabas constitucionales son exactamente las mismas. Sin embargo, la burguesía chilena sigue gozando como siempre, de sus privilegios. En un país donde… hacer huelgas… son ilegales. Hoy en día, tenemos un gobierno civil. Un gobierno social demócrata de derecha. Pero no tenemos un gobierno democrático. El gobierno, la derecha, la burguesía, las fuerzas armadas, quieren lo mismo. Quieren que el pasado se olvide. Quieren borrón y cuenta nueva. No quieren… que haya justicia… porque no quieren… tener su porción de culpa. Esto fue claramente establecido… cuando Pinochet estuvo detenido… en Londres. Después de haber estado… libre…por ocho años, en Chile, gozando… de privilegios de ex gobernante democrático. Fue sólo cuando salió del país, fue sólo en Londres, que por primera vez se hizo un intento de juzgarlo. Pero el gobierno chileno movería toda sus… palancas en orden de conseguir …. que Pinochet quedara libre. Porque no era parte del pacto que Pinochet fuera juzgado. Y en esos momentos Pinochet, las embajadas chilenas, el gobierno chileno, la burguesía chilena, la extrema derecha chilena, las fuerzas armadas, los torturadores, estaban todos en un lado y nosotros, los familiares de las víctimas, los ex presos políticos, los exiliados, la gente que había sufrido durante la dictadura, la gente que tenía solidaridad, con aquellos que habían sufrido, estábamos en otro lado. Y eso no ha cambiado.

La pregunta trece: –con voz serena y firme:- No, no hay justicia en nuestro país. Lo que sí hay… es que el aparato de justicia… se ha permitido que marche sin entrabarlo como sucedía obviamente, en el tiempo de Pinochet. Pero no ha habido ninguna voluntad política del gobierno para poner más recurso, para acelerar los casos. Entonces claro, mucha gente de la DINA está presa, mucha gente también está bajo fianza y mucha gente está libre… Los civiles que participaron… en las violaciones de derechos humanos, no han sufrido por esto. Tenemos senadores… de derecha… que fueron parte del aparato represivo, están gozando de la granjería de la clase política. No. No hay justicia en Chile. Y yo no pienso que vaya a haber justicia en Chile. Sin embargo, tenemos que seguir trabajando… por pequeños logros. Tenemos que seguir asegurándonos, que esto no quede en el pasado. Y que esto, ésto esté siempre al frente, en el tapete.

Catorce: con respecto al Juez Garzón, le tengo agradecimiento, que él se dedicó a este caso de alto perfil. También le tengo agradecimiento, a todas las personalidades europeas, de España, de Inglaterra, de Bélgica, de Francia, de Italia, que en momentos determinados cuando Pinochet estaba detenido aquí, eeeh…tuvieron actitudes… que fueron importantes para mantenerlo aquí, preso, quinientos tres días.

Quince: Desgraciadamente no tengo esperanzas de encontrar los restos de la Jacqueline; pero debiera decir, primeramente, que esas son frases que no me gusta decirlas. No me gusta hablar de restos. La Jacqueline era una persona entera. Una persona que no sabemos dónde está…

Nombre : JACQUELINE PAULETTE DROUILLY YURICH
Rut : 6.853.430 5
F.Nacim. : 03 12 49, 24 años a la fecha de su detención
Domicilio : Alberto Decombe 1191 Providencia, Santiago
E.Civil : Casada. Embarazada
Actividad : Estudiante de 3er. año de la carrera de Servicio Social, en la Universidad de Chile
C.Repres. : Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR
F.Detenc. : 30 de octubre de 1974


SITUACION REPRESIVA
El matrimonio integrado por Jacqueline Drouilly Yurich y Marcelo Salinas Eytel, esperaban su primer hijo, eran estudiantes universitarios, ambos militantes del MIR, arrendaban, desde el mes de septiembre de 1974, el segundo piso de una casa ubicada en el N°1191 de la calle Alberto Decombe de la capital. En el primer piso vivían los propietarios del inmueble, la familia Varela Arias, con sus tres hijos, una de las cuales, María Luz, era compañera de Universidad de Jacqueline, y sería testigo presencial de gran parte de los hechos que a continuación se exponen.
El 30 de octubre de 1974, a las 21:00 horas, un grupo de alrededor de ocho individuos, vestidos de civil y armados, que se identificaron, verbalmente, como miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), llegaron hasta la casa de Anita Salinas Eytel, hermana de Marcelo y la interrogaron acerca del domicilio de éste último. Como Anita desconocía la información requerida, la obligaron a indicar la dirección de una amiga del afectado, Magna Aranzazu Castro  estudiante de Teatro de nacionalidad española  y a conducir a los agentes hasta el lugar, con el fin de indicarles la casa. Al llegar hasta allí, constataron que en la morada se encontraban Magna y su padre. De esta manera, los sujetos se trasladaron, en compañía de las tres personas ya mencionadas, hasta el domicilio del matrimonio Salinas Drouilly.
Al llegar a la dirección de Alberto Decombe, los agentes de la DINA forzaron a Magna Aranzazu a descender del vehículo en que la transportaron, y a preguntar por Marcelo Salinas Eytel, quien no estaba en ese momento, encontrándose sólo su esposa Jacqueline.
En estos instantes, algunos de los agentes se retiraron del lugar en compañía de Anita Salinas, Magna Aranzazu y el padre de ésta última. El resto de los sujetos ingresaron al segundo piso del inmueble, procediendo a su allanamiento, sin exhibir orden alguna para ello.
Siendo aproximadamente la 01:00 hora (ya del día 31 de octubre de 1974) y dado que Marcelo Salinas tardara en llegar a su hogar, tres de los agentes deciden marcharse, llevándose a Jacqueline Drouilly  la que estaba embarazada de dos meses  en calidad de rehén y según señalaron, “hasta que apareciera su marido”. Permanece sólo uno de ellos, de punto fijo en la morada de los afectados, señalando el resto, que volverían más tarde.
Relataría, posteriormente, María Luz Varela Arias, en declaración prestada ante el 11° Juzgado del Crimen de Santiago, en el proceso sustanciado para investigar una presunta desgracia de Jacqueline Drouilly, que “el 30 de octubre de 1974 se encontraba, junto a sus hermanos, en su domicilio de Alberto Decombe 1191, en compañía de la empleada de la casa, pues sus padres habían viajado a Mendoza. Por esta razón y dado, además, que Marcelo Salinas, arrendatario de los altos de su vivienda, había avisado a su esposa Jacqueline que no llegaría a dormir, esta última se fue a alojar a la pieza de María Luz. Siendo aproximadamente las 23:45 horas, escucharon sonar el timbre del segundo piso, dirigiéndose Jacqueline a abrir la puerta, en camisa de dormir. Como no regresara al dormitorio, María Luz subió a ver qué sucedía, constatando que la puerta de acceso estaba abierta y había luz en la pieza de la afectada. Al ingresar, la testigo se encontró con varios sujetos, los que se habrían identificado como miembros del Servicio de Inteligencia Militar (S.I.M.), exhibiendo unas tarjetas chicas a las que no dio importancia, vestidos de civil, armados con ametralladoras y pistolas, quienes la obligaron a bajar y fueron luego a pedirle el teléfono. En esta ocasión, uno de ellos, al parecer el que hacía de jefe, la interrogó sobre la persona de su arrendatario Marcelo Salinas Eytel, agregándole que era el “mirista más buscado”, y si tenía conocimiento que un cuñado suyo permanecía detenido en la Academia de Guerra. Alrededor de la 01:00 hora, los individuos se llevaron a Jacqueline, señalando que regresarían para esperar a su esposo, quedando sólo uno de ellos en la casa”.
Siguiendo con el relato de los acontecimientos, y según la declaración judicial aludida, aproximadamente a las 05:40 horas de la madrugada del día 31 de octubre de 1974, regresaron al lugar cuatro de los sujetos de civil, siempre armados, de los cuales dos subieron hasta la morada de los afectados, otro se apostó en la puerta de acceso al inmueble, y un cuarto se instaló en el portón de entrada de los autos. Esta vez se movilizaban en más de un vehículo y vestían casacas verdes.
Entre las 07:00 y 07:15 horas de la mañana, llamó por teléfono, Marcelo Salinas Eytel, preguntando por su esposa. Contestó María Luz Varela, diciéndole que Jacqueline se encontraba en el baño en circunstancias que se la habían llevado detenida horas antes. Debió dar esta respuesta presionada por agentes de la DINA. Marcelo Salinas avisó entonces que pasaría a buscar a Jacqueline, en media hora más.
Rato después, Marcelo llegó hasta su domicilio en un taxi, pero observando algo extraño, le indicó al taxista que continuara el viaje sin detenerse. Los agentes que permanecían en su casa al ver lo que ocurría, dispararon contra las ruedas del taxi y, deteniéndose el vehículo, se concretó la detención de Marcelo Salinas, junto también al chofer del taxi, quien hasta hoy no ha sido ubicado.
La testigo María Luz Varela relató que “una vez que escuchó los disparos en la calle, se asomó por una ventana, y desde allí vio a Marcelo Salinas con los brazos en alto, mientras era registrado. Al poco rato, los agentes volvieron a la casa, entregándole las llaves y señalándole que podía ingresar a arreglar, si lo deseaba. En este momento, la testigo aprovechó de preguntarles si le había pasado algo al afectado, pero los sujetos le respondieron que no le habían hecho nada, ya que los disparos se habían efectuado a las ruedas del taxi, para evitar que arrancara.
Fueron también testigos de estos hechos los vecinos del matrimonio Salinas Drouilly, uno de los cuales señalaría que Marcelo fue introducido en una camioneta marca Chevrolet, de color rojo, patente EM 965 de Las Condes, la que partió con rumbo desconocido.
Asimismo, declararía ante el 11° Juzgado del Crimen de Santiago, doña María Eliana Arias Rivas  madre de María Luz Varela  que el día 2 de noviembre de 1974, los mismos sujetos que detuvieron a los afectados, concurrieron hasta el domicilio de Alberto Decombe, llevando a Marcelo Salinas, esposado, y procedieron a sacar de su pieza frazadas, una guitarra o charango, un acordeón, un equipo electrónico, y varias cajitas pequeñas que contenían condensadores y otras piezas, al parecer para armar equipos de transmisión y recepción. Luego de retirados estos objetos, abandonaron el lugar.
Continúa relatando la testigo Arias Rivas, que algunos días después, alrededor de las 24:00 horas, llegaron nuevamente al domicilio, dos hombres vestidos de civil, en una camioneta cerrada, de color rojo, la que dejaron con el motor funcionando. Una vez que ingresaron a la morada, se identificaron, verbalmente, como funcionarios de Inteligencia Militar, señalando que iban a hacerle “una gauchada” a Jacqueline, en el sentido de que querían llevarle ropa. Subieron, entonces, hasta las que habían sido las piezas de los afectados y retiraron de allí ropa de ambos. Antes que se marcharan, la testigo les preguntó por el matrimonio Salinas Drouilly, contestándole que no podían decirle nada sobre ellos, pero que sabían que al día siguiente serían cambiados de campo.
Por su parte, Anita Salinas Eytel, fue liberada la misma noche del 30 al 31 de octubre de 1974, abandonando el país. Magna Aranzazu, luego de permanecer desaparecida unos días y de aparecer posteriormente recluida en “Tres Alamos”, fue también liberada y abandonó el país, en diciembre de 1974.
Se deja constancia que en carta enviada por Jacqueline Drouilly a su padre, fechada el 13 de mayo de 1974, le relata detalladamente que el día viernes 3 del mes y año indicado a las 14:45 horas, se presentaron en el domicilio anterior de los afectados, tres sujetos que se identificaron verbalmente, como miembros del Servicio de Inteligencia Militar (S.I.M.), y preguntaron si vivía ahí una persona determinada, a quien no conocían. Procedieron a allanar el domicilio y a interrogar a Marcelo y a Jacqueline. En un closet cerrado encontraron unos documentos que eran del ex dueño del inmueble, un abogado socialista, y que correspondían a unos expedientes de la defensa judicial de un militante del MIR conocido. Todo el operativo duró como una hora y media, retirándose los sujetos, luego de darle la orden de no salir durante la tarde, pues regresarían.
En efecto, los sujetos regresaron esa tarde, con un trato más suave, pues al parecer habían solicitado referencias de la afectada en la Escuela de Servicio Social de la Universidad de Chile. Señalaron que el involucrado era el ex dueño de la casa, pero que de todos modos llevarían a Jacqueline, para ver si era reconocida o no por un detenido. Fue así, como el 6 de mayo de 1974 la afectada fue conducida por tres sujetos hasta el domicilio de la esposa del detenido, ubicado en el paradero 14 de La Florida, quien no la reconoció. Luego de esta diligencia, Jacqueline fue devuelta a su casa, señalándole que si venían o llamaban preguntando por la persona que buscaban, se lo informaran. Así estuvieron llamando los sujetos, por algún tiempo, al domicilio de los afectados.
A lo largo de los años se han ido acumulando diversos testimonios y antecedentes, que dan cuenta de la permanencia del matrimonio Salinas Drouilly, en los centros secretos de reclusión y tortura de la DINA, de José Domingo Cañas con República de Israel, Villa Grimaldi y el Pabellón de Incomunicados de 4 Alamos.
En declaración prestada por Enrique Pérez Rubilar señala el testigo que fue trasladado desde la Cárcel Pública de San Antonio a la casa de José Domingo Cañas, el 1° de noviembre de 1974, e introducido en una pieza de uno por dos metros, donde se encontraban 16 detenidos más, entre los que recuerda a Marcelo Salinas Eytel, Jorge Humberto D’Orival Briceño, y la esposa del primero de los nombrados, Jacqueline Drouilly Yurich (esta última permanecía en la pieza de al lado). Agrega, Enrique Pérez, que le consta que el matrimonio fue torturado salvajemente por el agente de la DINA Osvaldo Romo Mena y su equipo, colocándose a uno de ellos sobre la parrilla (catre metálico al que se ataba a un detenido, desnudo) y al otro por debajo, y aplicándoseles corriente eléctrica. Esto ocurría todos los días en horas de la noche, descansaban sólo cuando los torturadores tenían muchos detenidos. La razón por la que se preocupaban tanto por estas personas (Salinas, D’Orival y Drouilly) era por sus supuestas vinculaciones políticas con el entonces Secretario General del MIR, Andrés Pascal Allende.
Confirman también la permanencia del matrimonio Salinas Drouilly, en la casa de José Domingo Cañas, los primeros días de noviembre de 1974, los ex detenidos por la DINA y residentes en Alemania, Edmundo Lebrecht y Gilda Bottai Monreal, como asimismo, los ex detenidos Liliana Ojeda, Amanda De Negri y Luis Humberto Lillo Ahumada.
Continuaría relatando Enrique Pérez Ruhlar, que alrededor del 10 u 11 de noviembre de 1974, fueron trasladados hasta Cuatro Alamos, oportunidad en la que pudieron conversar un poco, antes de ser distribuidos en el nuevo recinto, pues les sacaron las vendas que cubrían sus ojos. Fue así, como Marcelo Salinas quedó recluido en la Pieza N°13, la más grande del Campo, el testigo y Luis D’Orival Briceño fueron introducidos en la N°6, y Jacqueline Drouilly quedó en la N°3. Aproximadamente el 20 de noviembre de 1974 estas tres personas, fueron sacados de 4 Alamos, para ser llevados  según dijeron los guardias de la DINA conocidos por los apelativos de “El Bigote” y “Mauro”  a otro lugar mejor. Posteriormente, otros compañeros que venían desde Villa Grimaldi, señalaron que habrían estado con Salinas, D’Orival y la señora Drouilly, los que de nuevo estarían siendo sometidos a torturas. Lo cierto es que los tres permanecen desaparecidos hasta hoy.
Asimismo, el 3 de febrero de 1975, el Comité Internacional de la Cruz Roja, envió a la señora Isabel Drouilly de Larco, tía de la afectada y residente en Lima, la siguiente comunicación: “con referencia a su carta fechada el 23 de enero de 1975, tenemos el agrado de informarle que nuestros delegados han podido visitar el 20 de noviembre de 1974, a la señora Drouilly, Jacqueline detenida en la Cárcel de Tres Alamos (debió señalarse Cuatro Alamos, que correspondía al pabellón de incomunicados del recinto señalado). En lo que concierne al señor Marcelo Salinas Eytel, hemos enviado una demanda de búsqueda a nuestra delegación en Santiago”.
Sin embargo, tiempo después, la Policía de Investigaciones de Chile, devolviendo una orden de investigar emanada del 11° Juzgado del Crimen de Santiago, informó al Tribunal con fecha 10 de octubre de 1975, que entrevistado el Delegado de la Cruz Roja Internacional en Chile, señor Laurent Nicole, éste señaló que requiriéndose informe en el Campo de Prisioneros de “Tres Alamos”, con el fin de ubicar el paradero de doña Jacqueline Droully, se constató que no figuraba en las listas de detenidos. Solamente algunos de los detenidos con quienes se conversó, manifestaron que dicha persona podría estar incomunicada. Agregó que por un error de información se comunicó a Ginebra que la afectada se encontraría detenida en el Campo mencionado. Con respecto a Marcelo Salinas, señaló que la Cruz Roja Internacional no ha intervenido en diligencias destinadas a ubicar su paradero.
Después del 20 de noviembre de 1974, la afectada Jacqueline Drouilly, fue vista en el centro secreto de reclusión y tortura de la DINA conocido como Villa Grimaldi, por Iris Guzmán Uribe y su hija Marcela García Guzmán. Recordaría en declaración jurada, la primera de ellas, que teniendo la certeza de encontrarse privada de libertad en el recinto de Villa Grimaldi, pudo comprobar que se encontraba detenida allí, aproximadamente desde el 23 ó 24 de noviembre de 1974, Jacqueline Drouilly, quien le relató que ella, junto a su esposo, habían sido traídos desde “Tres Alamos” (más correctamente “Cuatro Alamos”, pues los afectados nunca estuvieron en libre plática), pues les habrían señalado que quedarían libres, ya que incluso portaban sus maletas.
Por los testimonios allegados, relativos a la reclusión de los afectados, podría afirmarse que estos fueron sacados desde Cuatro Alamos y conducidos a Villa Grimaldi, para ser luego regresados al primero de estos recintos.
En efecto, se confirma la permanencia de los afectados en Cuatro Alamos, en virtud de las declaraciones formuladas, en la ciudad de Washington, por doña María Estella Dabancens Gándara, la que a la letra señala: “fui ilegalmente detenida junto a un grupo de amigos y familiares, en Algarrobo, el día 2 de noviembre de 1974, por elementos que se identificaron como pertenecientes a la Dirección de Inteligencia Nacional, siendo vendada y llevada contra mi voluntad a Santiago, a un lugar que después reconocí como Villa Grimaldi. Esa misma noche, después de un interrogatorio, fui conducida hasta la Pieza N°3 del Pabellón de Incomunicados de la DINA conocido como Cuatro Alamos, permaneciendo allí unos dos meses, para ser luego expulsada del país. Mi estadía en este lugar es un recuerdo constante de trato inhumano, por el régimen de terror impuesto a los detenidos, y por la gran cantidad de personas que allí estaban. Recuerdo que los primeros días de noviembre de 1974 llegó hasta mi celda, Jacqueline Drouilly, Asistente Social, detenida junto a su esposo Marcelo Salinas Eytel, en octubre del mismo año. La señora Drouilly había sido brutalmente golpeada y torturada en la casa de interrogatorios, ubicada en José Domingo Cañas, de Ñuñoa. Sus zapatos y ropa estaban destrozados por la violencia del trato recibido. Ella permaneció en mi celda hasta aproximadamente los primeros días de diciembre de 1974 (esta fecha podría corresponder en realidad a los últimos días de noviembre de ese año, en que la afectada, fue llevada a Villa Grimaldi, regresando a 4 Alamos los primeros días de diciembre).
Jacqueline Drouilly, que se destacó por sus grandes condiciones humanas, su alegría, su convicción, buscando permanentemente la forma de establecer algún tipo de comunicación con su esposo, fue trasladada, por esas fechas, a la celda N°4, contigua a la mía, comunicándonos, desde entonces, por las ventanas de las mismas. Una noche de mediados de diciembre de 1974, alrededor de las 02:00 horas, elementos de seguridad, sacaron a la afectada al pasillo del Pabellón, en compañía de su esposo Marcelo Salinas Eytel. Al resto de los detenidos no dejó de parecernos extraña esta situación, pues no era esa una hora para efectuar traslados a “Tres Alamos” ni para dejar a alguien en libertad, por la vigencia del toque de queda. Desde entonces, nunca más volvería a ver a las víctimas ni a saber de ellos”.
Se encuentra acreditada, asimismo, la permanencia de Jacqueline Drouilly, en el Pabellón de Prisioneros Incomunicados de “Cuatro Alamos”, en las fechas señaladas, por los dichos de los testigos Sandra Machuca Contreras, la madre de ésta Valeska Contreras Alvarez y Cecilia Jarpa Zúñiga. Estas dos últimas compartieron la celda N°4 con la afectada, en el recinto señalado.
Asimismo, fue testigo de la reclusión de Marcelo Salinas, Eytel en los recintos de Villa Grimaldi y “Cuatro Alamos”, Juvenal Cortés, entre el 25 y 27 de noviembre de 1974 y en diciembre del mismo año, respectivamente.
Asimismo, se ha señalado que el afectado fue visto en muy malas condiciones físicas, en la casa de tortura de la DINA, ubicada en Londres 38 y conocida con ese nombre, los primeros días de noviembre de 1974.
En Informe sobre Violación de Derechos Humanos de Naciones Unidas, de fecha 4 de julio de 1975, se señala que Jacqueline Drouilly fue vista positivamente en “Cuatro Alamos”, entre el 22 y 24 de diciembre de 1974.
Por su parte, Cristián Van Yurick Altamirano, primo de la afectada y detenido por agentes de la DINA el 12 de julio de 1974, señala que vio a Jacqueline en el Campo de “Cuatro Alamos”, en el mes de enero de 1975, y conversando con ella, le expuso que se encontraba allí con su esposo Marcelo Salinas Eytel, que estaba bien y que le avisara a su familia.
Asimismo, en informe de Amnesty International este organismo afirma haber visto a la afectada en Cuatro Alamos, en el mes de marzo de 1975.
No obstante todos los antecedentes expuestos, el gobierno chileno, informó a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones unidas, que Jacqueline Paulette Drouilly Yurich, “no tenía existencia legal”.
El nombre de los afectados figura en una nómina de 60 miristas chilenos, supuestamente muertos por “sus propios compañeros de lucha” en diversos países extranjeros (Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, México y Francia), “en la culminación de un largo proceso de divergencias mutuas recriminaciones y disputas por dinero, que se inició con la caída del gobierno marxista de Salvador Allende”, publicada en el semanario LEA de Buenos Aires, que salió a circulación por una sola vez (el 15 de julio de 1975), precisamente para dar a conocer la “lista de muertos”, esfumándose luego. Esta nómina, unida a otra lista de 59 chilenos miembros del extinto Movimiento de Izquierda Revolucionaria (M.I.R.), dados por muertos, heridos o evadidos en acciones guerrilleras con fuerzas de seguridad en la localidad de Salta, Argentina, y publicada en el Diario O’Dia de Brasil, entera un total de 119 personas.
Tres periódicos chilenos reprodujeron estas informaciones: El Mercurio, La Segunda y Las Ultimas Noticias, de fechas 23, 24 y 25 de julio de 1975, respectivamente.
Consultado el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, sobre la efectividad de tales informaciones, informó a la Corte de Apelaciones de Santiago, Tribunal que conocía de un recurso de amparo, interpuesto en favor de Jacqueline Drouilly, que no existía antecedente oficial alguno que permitiera establecer que las personas mencionadas hayan fallecido en el extranjero o hayan abandonado el país, como asimismo, que las autoridades, de los países en que, de acuerdo a las publicaciones, habrían ocurrido los hechos, nada han informado sobre el particular.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
El 11 de noviembre de 1974, la madre de la afectada, doña Norma Yurich Costagliola, interpuso, ante la Corte de Apelaciones de Santiago, un recurso de amparo en su favor, el que fue rolado con el N°1390.
Con el mérito del Informe del Ministro del Interior y del de otras autoridades que negaron la detención de Jacqueline Drouilly, la Corte declaró sin lugar el recurso interpuesto el 29 de noviembre de 1974, ordenando remitir los antecedentes al Juzgado del Crimen correspondiente a fin de instruir sumario e investigar el presunto desaparecimiento de la afectada.
Por Oficio de la Corte de Apelaciones se inició el 9 de diciembre de 1974, un proceso por presunta desgracia de Jacqueline Drouilly, ante el 11° Juzgado del Crimen de Santiago, que roló con el N°796 2.
El Tribunal decretó de inmediato orden amplia de investigar, la que no aportó antecedentes que permitieran establecer el paradero de la afectada. Luego de verificarse infructuosas gestiones en Postas, Hospitales, Instituto Médico Legal, Casa Correccional y Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, fue devuelta al Tribunal, el que ordenó agregarla a los autos.
Con su sólo mérito, el señor Juez Thomas Dahm Guíñez, declaró cerrado el sumario y sobreseyó temporalmente la causa, pues no resultaba completamente justificado la perpetración del delito que dio motivo a la formación del sumario, el 31 de enero de 1975. Apelada esta resolución fue confirmada por la Corte de Apelaciones de Santiago el 19 del mes y año señalado.
Posteriormente, el 26 de febrero de 1975, la madre de la afectada, interpuso un nuevo recurso de amparo en su favor, ante la Corte de Apelaciones de Santiago, que fue rolado bajo el N°294.
Se acompañó a la presentación una fotocopia de la información proporcionada por la Cruz Roja Internacional con fecha 3 de febrero de 1975, que señala que sus delegados, visitaron a la afectada el 20 de noviembre de 1974, en la Cárcel de “Tres Alamos”, y una de la carta que Jacqueline Drouilly remitió a su padre el 3 de mayo de 1974, en la que da cuenta de haber sido visitada por miembros del SIM.
El 27 de febrero de 1975, la Corte ordenó remitir oficios al Ministerio del Interior y a la DINA. De esta manera, el 10 de marzo del mismo año, el Director de Inteligencia Nacional, rogó a la Corte de Apelaciones “tener la amabilidad de dirigirse al Ministerio del Interior (Departamento Confidencial), o a la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET), los que tienen como misión dar este tipo de informaciones. Por su parte, el Ministro del Interior por Oficio de 17 de marzo de 1975, informó que la afectada no se encontraba detenida por orden del Ministerio.
Para mejor resolver, la Corte ordenó el 26 de marzo de 1975, se pidiera informe al Jefe del Campamento de “Tres Alamos”, haciendo presente que la afectada habría sido visitada, en dicho recinto, en noviembre de 1974, por Delegados de la Cruz Roja Internacional.
En Oficio de fecha 29 de abril de 1975, el Secretario Ejecutivo Nacional de Detenidos, Coronel Jorge Espinoza Ulloa, informó a la Corte que remitió el Oficio que da cuenta de la solicitud precedentemente aludida al Ministerio del Interior, por ser esa Secretaría de Estado la encargada de responderla. El 7 de marzo de 1975, el Ministerio del Interior insiste en que la afectada no se encuentra detenida.
El 9 de mayo de 1975 la Corte ordena reiterar el informe pedido al Jefe del Campamento de “Tres Alamos”. Sin embargo, el día 29, del mes y año señalado, el mismo Tribunal decide dejar sin efecto lo resuelto, y siempre para mejor resolver, ordena oficiar al Ministerio del Interior, para que informe si Jacqueline Drouilly está o no efectivamente recluida en el mencionado recinto. En junio de 1975 el Ministerio del Interior vuelve a repetir que la afectada no se encontraba detenida.
El 13 de junio de 1975, la Corte de Apelaciones rechazó el recurso de amparo interpuesto, y ordenó remitir los antecedentes al Juzgado del Crimen correspondiente, a fin de que instruya un sumario, con el objeto de establecer si se ha perpetrado algún delito en el desaparecimiento de la amparada.
De esta manera, por Oficio de la Corte de Apelaciones, se inicia el 19 de junio de 1975, causa por presunta desgracia de Jacqueline Drouilly, ante el 11° Juzgado del Crimen de Santiago, la que fue rolada con el N°2681.
El Tribunal decretó orden amplia de investigar, exhortó al Juzgado de Turno de Temuco, a fin de que se interrogara a la recurrente del amparo y se le pregunte por el nombre y domicilio de los testigos de la detención, como asimismo, la remisión de Oficios a los Ministerios del Interior y de Defensa, y al Sendet.
El 30 de junio de 1975, el Ministro del Interior, insiste en informar que la afectada no ha sido detenida por orden de esa Secretaría de Estado.
El 23 de julio de 1975 el Tribunal ordena pedir informe a la Dirección de Inteligencia Nacional.
Agregada a los autos la orden de investigar, se dejó constancia en ellos que se entrevistó a María Luz Varela Arias, testigo presencial de la detención de los afectados, quien declara extrajudicialmente sobre los hechos ya expuestos en la situación represiva. Igualmente, doña María Eliana Arias Rivas, ratificó íntegramente, lo expuesto por su hija. Asimismo, consultado el SENDET, se informó que la afectada no registraba detención, idéntica información entregó directamente al Tribunal este organismo el 4 de agosto de 1975.
Con fecha 12 de agosto de 1975, previa citación, declaran ante el Tribunal María Luz Varela Arias y su madre María Eliana Arias Rivas, propietarias del inmueble de Alberto Decombe 1191, lugar en el que se verificó la detención de Jacqueline Drouilly y Marcelo Salinas.
Luego de pedir cuenta del exhorto despachado al Juez de Turno de Temuco, de certificarse en autos que no se cumplió con la diligencia de citar e interrogar a doña Norma Yurich Costagliolo, por no ser habida, y de agregarse al proceso un Oficio del Ministerio del Interior de fecha 14 de agosto de 1975, en que se señala que la afectada no ha sido detenida y que la DINA en Oficio (R)3550/1536 de 30 de julio del mismo año, informó que dicha persona no registra antecedentes en sus kardex, se sobreseyó temporalmente la causa.
Paralelamente a la tramitación del proceso anterior, la madre de la afectada, presentó ante el 11° Juzgado del Crimen de Santiago, con fecha 16 de julio de 1975, una denuncia por el delito de secuestro en la persona de Jacqueline Drouilly y Marcelo Salinas, la que en un principio fue rolada con el N°2994, pero posteriormente se acumuló a la causa por presunta desgracia sustanciada ante el mismo Tribunal, conservando el rol 2681 4.
En el escrito de denuncia se solicita se cite a la presencia judicial a la testigo presencial de la detención del matrimonio Salinas Drouilly, como asimismo la remisión de Oficios al Ministerio del Interior y de Defensa, al SENDET, Jefe de Zona en Estado de Sitio, Comando de Aviación de Combate, Dirección General de Carabineros e Investigaciones, y en especial a la DINA y al Instituto Médico Legal. El Tribunal dio lugar a todas las diligencias pedidas y tuvo por interpuesta la denuncia.
Asimismo el 25 de agosto de 1975, se dictó orden amplia de investigar, se pide cuenta de los Oficios despachados, reiterándose los mismos, y se deja sin efecto la citación de la testigo Varela Arias, pues ésta ya había prestado declaración en autos.
Los primeros días de septiembre de 1975, el Ministerio del Interior y la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, informan que los afectados no han sido detenidos ni registran antecedentes, agregando el primero de los organismos mencionados que se hace presente que la DINA, en su Oficio (R) 3550/5/50 ha informado que Jacqueline Drouilly y Marcelo Salinas no registran antecedentes en los kardex de esta Dirección.
Por su parte, respondiendo al oficio enviado, el Instituto Médico Legal informó que efectuada una revisión minuciosa desde 1973 a la fecha no aparecen ingresados los afectados. Asimismo, el Secretario  Jorge Aguilera Rivera  del II Juzgado Militar, informó que revisados los libros de ingresos de causas, desde 1973 a la fecha, no aparece registrado proceso judicial en contra de los afectados. En el mismo sentido informó al Tribunal el Comandante del Comando de Combate para Tribunales de Aviación en Tiempos de Guerra, General Mario Vivero Aguila.
En virtud de la orden de investigar se efectuaron diligencias infructuosas en el SENDET y Campamento de Prisioneros de “Tres Alamos”. Asimismo, declarando extrajudicialmente ante los funcionarios policiales, el Delegado de la Cruz Roja Internacional en Chile, Laurent Nicole, desmintió la información dada por este organismo el 3 de febrero de 1975 a la familia de Jacqueline Drouilly (señalando haberla visto en “Tres Alamos” el 20 de noviembre de 1974), aduciendo que se habría tratado de un error.
Por esta razón, el 23 de octubre de 1975, el Tribunal ordenó citar al señor Nicole a la presencia judicial. Sin embargo, antes de que pudiera practicarse esta diligencia, se declaró cerrado el sumario y se sobreseyó temporalmente la causa el 31 de marzo de 1976, teniendo presente que del mérito de los antecedentes reunidos, no se encuentra acreditado en autos la existencia de un delito o cuasidelito en los hechos denunciados. Apelada esta resolución, la Corte de Apelaciones aprobó el sobreseimiento el 18 de junio de 1976.
El 3 de octubre de 1975, la madre de la afectada, Norma Yurich Costagliolo, interpuso un nuevo recurso de amparo en su favor, ante la Corte de Apelaciones de Santiago, el que fue rolado con el N°1263. En este recurso se plantea la condición de embarazada al momento de la detención de Jacqueline Drouilly.
A la presentación se acompañaron los siguientes documentos, en fotocopia: 1) carta respuesta de fecha 3 de febrero de 1975, en virtud de la cual la Cruz Roja Internacional informó a los familiares de la afectada que “ésta fue visitada por sus delegados en la cárcel de “Tres Alamos”, el 20 de noviembre de 1974″, 2) publicación de prensa del Diario El Mercurio de Santiago de fecha 23 de julio de 1975, que reproduce la noticia aparecida en la Revista LEA de Buenos Aires; y 3) carta enviada a familiares de la víctima por Amnesty International, en la que se señala que Jacqueline Drouilly fue vista en Cuatro Alamos en marzo de 1975.
El 15 de octubre de 1975, el Ministro del Interior, General Raúl Benavides Escobar, se hizo parte en este recurso de amparo, y con fecha 16 de este mismo mes y año, informó a la Corte de Apelaciones que “en repetidas oportunidades, esta Secretaría de Estado ha expresado carecer de antecedentes sobre la afectada, después de haber agotado todas las diligencias realizadas ante los organismos encargados de velar por la Seguridad Interior del país, circunstancia que hasta la fecha no ha variado”. Agregando que “respecto de las publicaciones aparecidas en diarios de esta capital, relativa a ciudadanos presuntivamente muertos, evadidos o desaparecidos en el exterior, no le cabe responsabilidad alguna al Gobierno de tales informaciones de prensa, y las investigaciones ordenadas, por el Supremo Gobierno para establecer su veracidad, no han dado resultado positivo alguno hasta el momento”.
El 20 de octubre de 1975, con el sólo mérito del Informe del señor Ministro del Interior, se declaró sin lugar el recurso de amparo interpuesto. Apelada esta resolución, fue confirmada por la Corte Suprema el 27 de octubre del mismo año.
El nombre de la afectada se incluyó, el 28 de mayo de 1975, en una denuncia por secuestro masivo, presentada ante la Corte de Apelaciones de Santiago, por un total de 163 personas desaparecidas luego de su arresto, solicitándose la designación de un Ministro en Visita que dirigiera las investigaciones. Se advirtió que la petición abarcaba la situación de personas arrestadas durante el segundo semestre de 1974 y primero de 1975, por las cuales se había recurrido oportunamente de amparo y solicitado además una investigación por los Tribunales Ordinarios del Crimen.
La petición de designación de Ministro en Visita, la que fue debidamente documentada en cada caso en particular, fue rechazada por el Pleno de la Corte de Apelaciones, el 23 de junio de 1975. Sólo cinco de sus magistrados estuvieron por acogerla.
El 4 de julio de 1975, el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, haciendo suya la solicitud de los familiares de las 163 personas desaparecidas tras su arresto, elevó una nueva petición de designación de Ministro en Visita, esta vez ante la Corte Suprema, la que fue rechazada el 11 de julio del mismo año, aduciéndose que los jueces respectivos han practicado en la mayoría de los sumarios correspondientes las investigaciones adecuadas”. En esta ocasión, tres magistrados del Máximo Tribunal, su Presidente don José María Eyzaguirre, y los Ministros señores Ortiz y Erbetta estuvieron por acoger la petición “atendida la gravedad que presenta el caso dado el número de personas desaparecidas y el tiempo transcurrido desde que lo están”.
En virtud de la ocurrencia de nuevos acontecimientos que significaron agregar importantes antecedentes a los casos presentados, el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, presentó una nueva petición de designación de Ministro en Visita, el 1° de agosto de 1975, la que también fue rechazada. Entre estos nuevos antecedentes está el hecho de que el 23 de julio de 1975, la prensa nacional reproducido una noticia de la Revista LEA de Buenos Aires, según la cual 60 chilenos son dados por muertos en Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, México y Francia. Como asimismo, el 24 de julio del mismo año, el Diario La Segunda, citando como fuente el Diario O’Dia, de Curitiba, Brasil, entregó una nueva nómina que esta vez incluía a 59 chilenos supuestamente muertos, heridos o evadidos, a raíz de un enfrentamiento armado con fuerzas policiales argentinas, ocurrido en la localidad de Salta.
La familia de Jacqueline Drouilly, particularmente su madre Norma Yurich, no descansando en su deseo de obtener alguna información que le permitiera establecer el paradero de su hija, estuvo visitando regularmente el Campamento de Prisioneros de “Tres Alamos” durante el tiempo que funcionó y realizando visitas personales a la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, Ministerio de Defensa y Cruz Roja Internacional. Con el mismo objetivo, se le dirigió carta, el 14 de febrero de 1975, al entonces Comandante en Jefe de la Guarnición Militar de Santiago, General Sergio Arellano Stark.
Todas las diligencias y los muchos esfuerzos resultarían infructuosos. Hasta hoy nunca se supo que pasó con el hijo que esperaban y tanto Jacqueline Drouilly como su esposo Marcelo Salinas, permanecen desaparecidos.
Uno de los agentes que, según uno de los testigos, torturaba al matrimonio Salinas Drouilly en noviembre de 1974 en el recinto de José Domingo Cañas, era Osvaldo Romo Mena, quien fuera detenido en noviembre de 1992, después de ser expulsado desde Brasil. El mencionado agente residía en Brasil desde finales de 1975 bajo la identidad de Osvaldo Andrés Henríquez Mena. En esa época por instrucciones de la DINA, organismo al cual pertenecía, abandonó el país, pues estaba siendo citado por varios Tribunales que tramitaban causas por violación a los derechos humanos. Su localización fue el resultado de una serie de diligencias decretadas en la causa por el desaparecimiento de Alfonso Chanfreau Oyarce. Desde que fuera detenido, y a diciembre de 1992, ha declarado en varios procesos por detenidos desaparecidos y en 6 de ellos se le ha encargado reo.

EPILOGO

“El exilio y la tristeza van siempre de la mano”.

Julio Cortázar

Si bien es cierto que la dictadura fue una etapa de nuestra historia patria muy traumática y negra, con los años, la muerte o exilio de un par de generaciones de chilenos, la memoria se desluce y casi está transparente. Ética y memoria histórica se desvanecen de nuestro panorama nacional poco a poco. Sentimos que es como un cuadro que se borra en la muralla del olvido. Hoy, a casi setenta años de la instauración de la dictadura de Francisco Franco, España se preocupa más de sus muertos y de sus exiliados que Chile de las víctimas legadas por una dictadura que comenzó sólo hace treinta y tres años. El gobierno español emprende su apoyo incondicional a “Los Niños de la Guerra” y las televisoras le muestran al mundo las tumbas de los fusilados en pueblos en donde recién se atreven a hablar del pasado; en cambio nosotros continuamos callados. ¿Acaso habrá que esperar el paso de dos o tres generaciones más para recoger los pedazos de nuestra memoria colectiva?
El Poder Judicial en Chile es lento y tardío; de este modo no hay, ni se hace  justicia. Poco sabemos aún sobre los detenidos desparecidos, aunque el mayor esfuerzo por recopilar y aportar información lo realizan organizaciones de defensa de los derechos humanos, de familiares de detenidos o desaparecidos, o constituyen iniciativas individuales que hoy canalizan, a través de las páginas de la Web, una visión detallada de cada caso que la burocracia parece ignorar. Pero aún falta mucho más por indagar también en otras áreas, como la del exilio.  ¿Qué ha pasado, por ejemplo, con los niños apátridas, por qué aún no tienen documentos ni de chilenos, ni de los países en donde les tocó nacer? ¿Qué ha pasado con ellos? La falta de voto para quienes vivimos fuera del país y que no volveremos, o la doble nacionalidad, son temas sin solucionar en nuestro largo camino desde que terminara la dictadura hasta los largos años que llevamos de democracia en el país.
Escribir este libro con porfía, ha sido nuestro norte, justamente porque en muchas oportunidades no hemos podido encontrar la respuesta a nuestras preguntas en las organizaciones a las que hemos pedido ayuda o en las hemerotecas donde yacen las páginas censuradas de los diarios. Aún así, podemos decir que se han logrado metas en la búsqueda de culpables, como por ejemplo, la detención y encarcelamiento de Manuel Contreras, Jefe de la DINA. . La detención de Pinochet en Londres, es otro logro que ha permitido, entre otras muchas cosas, levantar el telón en torno los fraudes que cometió junto con sus familiares y que hoy se conocen como el Caso Riggs. Igualmente, su destitución ha permitido dar a conocer los nombres de muchos civiles que se involucraron directamente con el golpe y lo apoyaron tanto desde Chile, como desde el extranjero. Muchos desparecidos o personas muertas han obtenido una respuesta de la justicia, pero aún queda un largo trecho que andar.  La complicidad del Poder Judicial entre 1973 a 1983 estará siempre presente en la historia de Chile o en su historia paralela. Mientras exista un sólo desaparecido en Chile o los culpables de los abusos a los derechos humanos no hayan sido juzgados uno a uno, este libro no tendrá un epílogo…Los valores que se perdieron, la democracia que se esfumó de un día para otro, el desprecio a la vida humana,  el exilio, los campos de concentración, la tortura, la represión dentro y fuera del país y nuestra profunda división, que aún persiste,  no nos permiten hacer el epílogo que nos habría gustado entregarle al lector… La Historia Paralela de la Guerra Sucia de Latinoamérica y de Chile, aún se está escribiendo…

©Sonia M.Martin y Carolina Moroder
“Londres 38 Londres 2000
Biografías-testimonios de la guerra sucia del Cono Sur
1973-2000”
Santiago de Chile
Cesoc 2009

Foto portada: Mary J. Andrade
Diseño portada: Ernesto Vega

 

 

” La Malva no se va!” El pedagógico y la madre de un desaparecido.

 

En el segundo semestre de 1980 los estudiantes del Pedagógico demostraron todo su rechazo a la autoridad universitaria, fiel representante de la institucionalidad militar que reinaba en chile, paralizando la universidad y movilizándose diariamente. Las voces de estudiantes, desde el MIR hasta la DC, se aunaron en un solo grito de repudio al despido injustificado de la profesora de castellano, Malva Hernandez, por supuestos “motivos presupuestarios”, los que escondían a su vez el deseo de despedir a una profesora miembro de la agrupación de familiares detenidos desaparecidos.
El paro generalizado, la inactividad académica y los gritos de “¡la malva no se va!”, terminaron de golpe en el momento que el rector designado, y el decano de filosofía y humanidades, decidieron cerrar el año académico. 

 

Entre octubre y marzo del siguiente año, la dictadura y todo su equipo de civiles apuraron la promulgación de una nueva Ley General de Universidades. Era el pleno proceso de institucionalización del régimen. Gonzalo Vial, historiador y ministro de educación, salía en marzo anunciando la reestructuracion de la universidad, que en otras palabras no fue más que su desmembramiento.

Y dentro de ella, el Pedagógico dejaba de existir, las facultades se re-estructuraban, las carreras pedagógicas eran quitadas del rango de universitarias y el campus Macul -o las termas de Macul- eran bautizadas como Campus Lircay en honor a la batalla de liberales contra conservadores en 1829. Estudiantes fueron divididos entre la nueva sede de la Universidad de Chile y los de la Academia superior de Ciencias Pedagógicas, y lo que se pensaba que sería la biblioteca más grande de América Latina se reducía a pequeñas partículas.

El Campus de la Academia fue pintado entero de blanco, sus enredaderas cortadas, y desde ese momento “el pasto creció más largo”.
Hoy, el hasta ahora rector de la Universidad, estudiante de castellano en el proceso más duro de la dictadura, decide volver a pintar su edificio central de color blanco. Y con ello revivir la época del pasto largo, de la policía secreta, de la delación, del terror y la ruptura. La renovación de algunos otrora resistentes es espeluznante.

 — con Malva Hernández Castillo y Jorge Pesce Aguirre en Metropolitan University of Educational Sciences.

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                               RODRIGO

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“Ahora comprendo mi piel y mis huesos

el tañido funerario de todas mis canciones

el blanco color opaco de mi espejo

la oquedad de mis sienes.

Yo soy la madre          vengo desde la altura

He perdido a mi hijo y soy su tumba.”

(Ronda – Eugenia Brito)

Los recuerdos que tengo de mi hijo los he ido anotando algunas veces para no olvidarlos. Cuando Rodriguito entró a kínder tenía casi cinco años. Su colegio era antiguo y estaba cerca de la casa (en ese tiempo vivíamos en Ñuñoa); la construcción era muy vieja; una muralla alta de ladrillos la separaba de la calle y para entrar, había una puerta de madera. Adentro, tenía un gran patio con salas por los costados y en medio de él, estaba una salita cuadrada que era más nueva, donde se situaba el kindergarten; su piso era de tablas de madera ancha, que en algunas partes se veía carcomida por el paso de los años; esta salita tenía una gran ventana que se abría hacia el patio. En medio de este, había un árbol añoso,  que en esa época tenía unas flores largas, verdes, como cuncunas. La profesora, una muy buena educadora, como había dicho el director, era una niña muy joven.

Cierto día Rodriguito tuvo una idea genial. A la entrada de la  sala había un hoyo redondito entre dos tablas. En el recreo juntó las florcitas y las puso alrededor del hoyito en forma de rayos; para él era algo bonito. Cuando la señorita entró, lanzó un grito y saltó por la ventana. Vino corriendo la inspectora a ver qué pasaba y la profesora le contó que había un hoyo lleno de gusanos. Como los niños eran muy pequeños, no les preguntaron nada. Cuando Rodriguito llegó a la casa, me contó lo que había pasado, pero no entendía por qué la señorita había gritado…

Al año siguiente, cuando tenía poco más de cinco años,  entró a primero básico al Colegio Calasanz. Un día cuando llegó a la casa, me contó, con sus ojitos tristes, a punto de llorar: “En el colegio hay un niño que no vive con su mamá…”  Y me miraba directamente a los ojos a ver qué decía yo. Le pregunté por qué y él me contestó que la mamá estaba en Arica. Yo le dije que a lo mejor ella estaba trabajando allá y por eso no estaba con él. No me dijo nada, pero siguió triste toda la tarde… para él era terrible no vivir con su mamá.

Un día invitó a un compañero de curso a la casa y cuando estaban jugando en nuestro patio, que era muy grande y muy bonito, yo lo llamé diciéndole “Gordo”, para que viniera. Él se puso colorado y vino donde yo estaba y muy avergonzado me dijo:” No me digas así, no ves que mi amigo es gordo…” Pensé que era tan niño y ya se preocupaba de no herir a su amigo, diciéndole lo que este pensaba que era su defecto.

Se veía bien con su uniforme de pantalón corto, camisa blanca, corbata y chaqueta. Tenía su carita de niño, todavía redonda, por eso yo le decía Gordo, mi gordo…

Otro día me contó con los ojos muy abiertos y con la mirada perdida como mirando hacia adentro: “El papá de un niño de mi colegio inventó una máquina a la que le echa paja por un lado y le sale leche por el otro…” Yo me reí y no me di cuenta de que él ya quería imaginarse el mundo  de otra forma, con su pensamiento concreto todavía.

Sus compañeros eran su tema predilecto. Aunque también, su hermano mayor. Un día, cuando volvían del colegio, él venía enojado y cuando les abrí la puerta me dijo: “El Eduardo me dice a cada rato que me apure y cuando pasa por la casa del lado y está esa niña, se hace el grande de siete años y más me apura …” Como en esa época los niños usaban un bolsón que se colgaban de un hombro y la correa les cruzaba el pecho, su hermano, que era un año mayor y más delgado y ágil, lo apuraba siempre, pero lo que le daba más rabia a él era que cuando pasaba por la puerta del lado se lo decía más fuerte, haciéndose “el grande de siete años”. Sentía que su hermano lo mandaba y por algo inentendible, precisamente en ese lugar, al llegar a la casa, después de caminar cuatro largas cuadras, lo apuraba… El amor no tocaba a su puerta todavía.

En ese tiempo siempre nos visitaba una tía abuela mía que era buena relatando historias. Una vez nos contó que en el campo a un hombre que tenía una sola oreja lo llamaban Pilón. Rodrigo ya estaba más grande y un día nos sorprendió diciéndonos que él había inventado una adivinanza: “Tengo la cabeza hueca y soy pilón”. Nos desafió a que la adivinásemos y nadie supo: era una taza.

Pasó el tiempo y nos fuimos a vivir a Las Condes. Ya no conversaba con Eduardo, su hermano mayor, porque sentía que su mundo era diferente al de él. En cambio, su hermano menor, Patricio, y su gran amigo Cristián, eran tierra fresca  para sembrar sus ideas. Se sentaban en un asiento de la plaza, al frente de la casa, a reflexionar y él explicaba su filosofía adolescente. Allí los pillaba la noche y solo terminaban sus conversaciones cuando los llamaban a comer.

En esa misma época empezó a enseñarle el mundo a su hermana pequeña, a Malvita. A ella la adoctrinaba sobre cómo defenderse cuando la vecina, niña como ella, le tiraba su largo pelo rubio, su orgullo y su debilidad a la vez. Rodrigo le adaptó un linchaco que se había quebrado y le enseñó a usarlo; también a usar sus manos en defensa propia… Pero, sobre todo, le enseñó, tendidos en el pasto por las noches, a mirar las estrellas y cómo distinguirlas…

Sus sueños se los transmitía a ellos, sus hermanos y su amigo más querido… Era un filósofo en capullo todavía, mas   ya quería actuar ante lo duro, pero también quería mostrar lo hermoso que tenía la vida. Más adelante vendrían los años de su militancia, el encuentro con el amor y la lucha contra el dictador.

Y entró a la universidad a estudiar Filosofía. Allí su personalidad de líder carismático y alegre no pasó inadvertida; fue vigilado y delatado… y despareció.

Esta es la historia de su corta vida.

Hijo mío, te miro en las fotos donde miras de frente y tus ojos me hablan. A veces te veo sonriendo, a veces, serio. Tu presencia está siempre conmigo y tus palabras me duelen, porque por defenderte del peligro, como si dijera mágicos conjuros, en lugar de sembrarte coraje te decía que te cuidaras y tú me lo enrostrabas, diciéndome que si te pasaba algo, era yo la que te iba a joder.

Me siento culpable de no haber vivido a concho mis días contigo, porque te fuiste tan luego y tan horriblemente de mi vida. Esta pena que llevo es un peso que me agobia y no puedo calmarla con nada. Cuando llegan estos días de otoño, casi invierno, te recuerdo caminando con tus pasos largos, entrando al Pedagógico y cimbreándote bajo la llovizna como si nada…

Cuando no te vi más, al comienzo lloré mucho por ti, escondida para que no me vieran tus hermanos ni nadie. Lloraba porque te sabía desvalido, lejos, aislado y mi mente se detenía justo ahí, sin pensar en lo que te estaría pasando. Pero cuando perdí la esperanza de volverte a ver, no lloré más. Se me habían secado los ojos.

Ahora que estoy anciana, cuando pienso en ti en las noches, me salen sollozos secos, terriblemente secos y solo me llegan al pensamiento estos versos para quedarme dormida:

“Velloncito de mi carne, que en mi entraña yo tejí, velloncito friolento, duérmete apegado a mí!”

(Apegado a mí – Gabriela Mistral)

Mayo de 2016

Marchar de la memoria al poder. Resignificación de los ritos.

Chile. ¿Por qué el 10 de septiembre hay que marchar del cementerio al centro de Santiago?

por Andrés Figueroa Cornejo (Chile)

Publicado el 6 Septiembre, 2017

1.

Para quienes persiguen cambiar la vida y el actual orden de cosas, la memoria no puede monumentalizarse ni agotarse en una simple evocación nostálgica. Para las y los insumisos, la memoria es historicidad actualizada. Que no museo, que presente y futuro.

 

 

Por eso marchar desde el centro de Santiago de Chile hasta el cementerio general para conmemorar a las y los luchadores sociales que cayeron desde el 11 de septiembre de 1973 hasta hoy mismo, constituye una mera puesta en escena de lo que fue. Es un momento necesario, pero insuficiente.

(Y quienes cayeron por la libertad desde el 11 de septiembre de 1973 hasta ahora mismo, son reflejo disruptivo de los que cayeron mucho antes, en los pliegues relampagueantes de la historia de los pueblos en lucha. La desobediencia de los oprimidos es un resultado histórico, movimiento real en alza, momentos cruciales y rompientes de la normalidad sistémica. Ensayos del porvenir.)

2.

Los ritos son tan importantes que es preciso modificarlos según el aquí y el ahora. En cambio, marchar desde el cementerio general hasta el centro de Santiago, esto es, desde la memoria hasta el lugar donde simbólicamente se condensa “lo público”, “lo de todos”, es un ejercicio que sí completa el circuito con sentido de la voluntad transformadora, tanto de los que cayeron y que con nosotros van, como de los que enfrentan las actuales opresiones con el objetivo de superarlas. De lo contrario, la marcha habitual al cementerio general se vuelve un simple espectáculo de repertorio inofensivo. El espectáculo de la caminata del derrotado. El fetiche anti-histórico de la fatalidad quieta, fija. La reiteración incesante de la muerte. Pura impotencia.

Pero los pueblos no van tras la muerte. Son en latencia la promesa de la nueva vida o de la vida por fin socializada.

¿Dónde quiere la oligarquía chilena a la disidencia social más resuelta? En el cementerio. ¿Y cuál es su terror callado o explícito? Que los plebeyos, los humillados y ofendidos, se hagan del poder político y terminen con su dictadura centenaria. El amo sólo tiene sentido cuando existe el esclavo. Ante la liberación del esclavo, se desmorona la condición del amo. Asimismo, el amo, en medio de su derrumbe, por fin comprenderá que ya liberado el esclavo, el mismo amo se libera. En ese momento “no se da vuelta la tortilla” (lo que equivaldría a mantener las mismas relaciones de poder con los sujetos invertidos nada más). La emancipación del esclavo asalariado o sometido al gran capital, jamás puede ser un acto de venganza. Tiene que ser un proceso libertario de todo el género humano. Libre el esclavo, entonces el amo se disuelve en la angustia de su propia libertad desnuda.

3.

La lucha histórica entre opresores y oprimidos se ofrece sobre todo en el campo simbólico y cultural, de acuerdo a las relaciones de fuerza concretas y específicas que trazan la actual fase de dominación en Chile. Las y los oprimidos, las y los comunes, a diferencia de los opresores, bajo las relaciones sociales capitalistas, no pueden alcanzar el poder desde la hegemonía de su propio desenvolvimiento económico hasta llegar a destronar paulatinamente a la minoría mandante, sino que sólo puede realizarse desde la consciencia práctica de su devenir emancipatorio. Por eso la creación de estrategias populares en contra de las sofisticadas relaciones de alienación y de disciplinamiento social está a la orden del día. Y los fenómenos ligados a la alienación y al disciplinamiento social no se limitan únicamente a la población en general. Lo realmente grave es que se reproducen entre quienes se autodenominan desde progresistas hasta revolucionarios. Por ejemplo, el patriarcado, el autoritarismo, formas solapadas o abiertas de racismo y discriminación, se practican ampliamente entre las izquierdas institucionales y no institucionales. En consecuencia, el combate cotidiano en contra de la alienación individual y social debe enfrentarse antes que en ningún otro sitio, en los activos organizados que persiguen la superación de dominio del capital, la explotación y súper-explotación humana y la destrucción suicida de la biodiversidad. También los sujetos rebeldes deben llegar a ser libres. La humanidad colonizada multidimensionalmente por la ideología del capital no puede contener en sí misma las huellas de una civilización nueva.

4.

Aunque parezca apenas un gesto, marchar desde el cementerio hasta el centro de Santiago, en realidad es una de las tantas formas de ir saboteando lo establecido desde y por los pocos de arriba.Esos pocos, ya lo sabemos, nos quieren lo más lejos posible del sitio que resume lo público y lo político. El Estado capitalista chileno, uno de los más hábiles del continente, únicamente quiere clientes, consumidores, usuarios, y operadores funcionales a sus intereses. No es ningún problema para el régimen prevalente que la minoría activa de vez en cuando espectacularice su calendario de derrotas, la cual, a su vez, se corresponde al calendario de las victorias del opresor.

Por eso el 11 de septiembre (este año, el domingo 10 de septiembre) hay que marchar de la memoria al poder, del cementerio al centro cívico de Santiago. No por capricho ni irrespeto. Sino que para ir rompiendo en el ámbito simbólico y de la consciencia de la propia rebeldía, la exclusividad oligárquica de la política.

Por los derechos sociales y populares de las y los trabajadores asalariados y de los auto-explotados; de las mujeres, de los indígenas, de los migrantes, de la disidencia sexual, de los jóvenes sin porvenir y de los viejos-jóvenes, de los empobrecidos, de los ambientalistas, de los colectivos de DDHH, de los intelectuales que producen conocimientos desde los intereses de los de abajo, de los adoloridos, enfermos y esperanzados, de los cristianos de la opción por los pobres, de los desesperados y de los felices en la alegría desafiante de toda la vida que nos queda por imaginar y crear.

@PeriodistaFigue

Preso sin nombre, celda sin número – Jacobo Timerman

VIERNES, 5 DE MARZO DE 2010

Preso sin nombre, celda sin número – Jacobo Timerman

La celda es angosta. Cuando me paro en el centro, mirando hacia la puerta de acero, no puedo extender los brazos. Pero la celda es larga. Cuando me acuesto, puedo extender todo el cuerpo. Es una suerte, porque vengo de una celda en la cual estuve un tiempo— ¿cuánto?— encogido, sentado, acostado con las rodillas dobladas. La celda es muy alta. Saltando, no llego al techo. Las paredes blancas, recién encaladas. Seguramente había nombres, mensajes, palabras de aliento, fechas. Ahora no hay testimonios, ni vestigios. El piso de la celda está permanentemente mojado. Hay una filtración por algún lado. El colchón también está mojado. Y tengo una manta. Me dieron una manta, y para que no se humedezca la llevo siempre sobre los hombros. Pero si me acuesto con la manta encima, quedo empapado de agua en la parte que toca el colchón. Descubro que es mejor enrollar el colchón, para que una parte no toque el suelo. Con el tiempo la parte superior se seca. Pero ya no puedo acostarme, y duermo sentado. Vivo, durante todo este tiempo,—¿cuánto?— parado o sentado.

La celda tiene una puerta de acero con una abertura que deja ver una porción de la cara, o quizás un poco menos. Pero la guardia tiene orden de mantener la abertura cerrada. La luz llega desde afuera, por una pequeña rendija que sirve también de respiradero. Es el único respiradero y la única luz. Una lamparilla prendida día y noche, lo que elimina el tiempo. Produce una semipenumbra en un ambiente de aire viciado, de semi-aire.

Extraño la celda desde la cual me trajeron a ésta—¿desde dónde?—, porque tenía un gujero en el suelo para orinar y defecar. En ésta que estoy ahora tengo que llamar a la guardia para que me lleve a los baños. Es una operación complicada, y no siempre están de humor: tienen que abrir una puerta que seguramente es la entrada del pabellón donde está mi celda, cerrarla por dentro, anunciarme que van a abrir la puerta de mi celda para que yo me coloque de espaldas a ésta, vendarme los ojos, irme guiando hasta los baños, y traerme de vuelta repitiendo toda la operación. Les causa gracia a veces decirme que ya estoy sobre el pozo cuando aún no estoy. O guiarme—me llevan de una mano o me empujan por la espalda—, de modo tal que hundo una pierna en el pozo. Pero se cansan del juego, y entonces no responden al llamado. Me hago encima. Y por eso extraño la celda en la cual había un pozo en el suelo.

Me hago encima. Y entonces necesito permiso especial para lavar la ropa, y esperar desnudo en mi celda hasta que me la traigan ya seca. A veces pasan días porque— me dicen— está lloviendo. Estoy tan solo que prefiero creerles. Pero extraño mi celda con el pozo dentro. La disciplina de la guardia no es muy buena. Muchas veces algún guardia me da la comida sin vendarme los ojos. Entonces le veo la cara. Sonríe. Les fatiga hacer el trabajo de guardianes, porque también tienen que actuar de torturadores, interrogadores, realizar las operaciones de secuestro. En estas cárceles clandestinas sólo pueden actuar ellos, y deben hacer todas las tareas. Pero a cambio, tienen derecho a una parte del botín en cada arresto. Uno de los guardianes lleva mi reloj. En uno de los interrogatorios, otro de los guardianes me convida con un cigarrillo y lo prende con el encendedor de mi esposa. Supe después que tenían orden del Ejército de no robar en mi casa durante mi secuestro, pero sucumbieron a las tentaciones. Los Rolex de oro y los Dupont de oro constituían casi una obsesión de las fuerzas de seguridad argentinas en ese año de 1977.

En la noche de hoy, un guardia que no cumple con el Reglamento dejó abierta la mirilla que hay en mi puerta. Espero un tiempo a ver qué pasa, pero sigue abierta. Me abalanzo, miro hacia afuera. Hay un estrecho pasillo. y alcanzo a divisar frente a mi celda, por lo menos dos puertas más. Sí, abarco completas dos puertas. ¡Qué sensación de libertad! Todo un universo se agregó a mi Tiempo, ese largo tiempo que permanece junto a mí en la celda, conmigo, pesando sobre mí. Ese peligroso enemigo del hombre que es el Tiempo cuando se puede casi tocar su existencia, su perdurabilidad, su eternidad. Hay mucha luz en el pasillo. Retrocedo un poco enceguecido, pero vuelvo con voracidad. Trato de llenarme del espacio que veo. Hace mucho que no tengo sentido de las distancias y de las proporciones. Siento como si me fuera desatando. Para mirar debo apoyar la cara contra la puerta de acero, que está helada. Y a medida que pasan los minutos, se me hace insoportable el frío. Pongo toda la frente apoyada contra el acero, y el frío me hace doler la cabeza. Pero hace ya mucho tiempo—¿cuánto?—que no tengo una fiesta de espacio como ésta. Ahora apoyo la oreja, pero no se escucha ningún ruido.

Vuelvo entonces a mirar. Él está haciendo lo mismo. Descubro que en la puerta frente a la mía también está la mirilla abierta y hay un ojo. Me sobresalto: me han tendido una trampa. Está prohibido acercarse a la mirilla, y me han visto hacerlo. Retrocedo, y espero. Espero un Tiempo, y otro Tiempo, y más Tiempo. Y vuelvo a la mirilla. Él está haciendo lo mismo. Y entonces tengo que hablar de ti, de esa larga noche que pasamos juntos, en que fuiste mi hermano, mi padre, mi hijo, mi amigo. ¿O eras una mujer? Y entonces pasamos esa noche como enamorados. Eras un ojo, pero recuerdas esa noche, ¿no es cierto? Porque me dijeron que habías muerto, que eras débil del corazón y no aguantaste la “máquina”, pero no me dijeron si eras hombre o mujer. Y, sin embargo, ¿cómo puedes haber muerto, si esa noche fue cuando derrotamos a la muerte?

Tienes que recordar, es necesario que recuerdes, porque si no, me obligas a recordar por los dos, y fue tan hermoso que necesito también tu testimonio. Parpadeabas. Recuerdo perfectamente que parpadeabas, y ese aluvión de movimientos demostraba sin duda alguna que yo no era el último ser humano sobre la Tierra en un Universo de guardianes torturadores. A veces, en la celda, movía un brazo o una pierna para ver algún movimiento sin violencia, diferente a cuando los guardias me arrastraban o empujaban. Y tú parpadeabas. Fue hermoso.

Eras—¿eres? —una persona de altas cualidades humanas, y seguramente con un profundo conocimiento de la vida, porque esa noche presentaste todos los juegos; en nuestro mundo clausurado habías creado el Movimiento. De pronto te apartabas y volvías. Al principio me asustaste. Pero enseguida comprendí que recreabas la gran aventura humana del encuentro y el desencuentro. Y entonces jugué contigo. A veces volvíamos a la mirilla al mismo tiempo, y era tan sólido el sentimiento de triunfo, que parecíamos inmortales. Éramos inmortales. Volviste a asustarme una segunda vez, cuando desapareciste por un momento prolongado. Me apreté contra la mirilla, desesperado. Tenía la frente helada y en la noche fría—¿era de noche, no es cierto?—me saqué la camisa para apoyar la frente. Cuando volviste, yo estaba furioso, y seguramente viste la furia en mi ojo porque no volviste a desaparecer. Debió ser un gran esfuerzo para ti, porque unos días después, cuando me llevaban a una sesión de “máquina” escuché que un guardia le comentaba a otro que había utilizado tus muletas como leña. Pero sabes muy bien que muchas veces empleaban esas tretas para ablandarnos antes de una pasada por la “máquina”, una charla con la Susana, como decían ellos. Y yo no les creí. Te juro que no les creí. Nadie podía destruir en mí la inmortalidad que creamos juntos esa noche de amor y camaradería.

Eras— ¿eres?— muy inteligente. A mí no se me hubiera ocurrido más que mirar, y mirar, y mirar. Pero tú de pronto colocabas tu barbilla frente a la mirilla. O la boca. O parte de la frente. Pero yo estaba muy desesperado. Y muy asustado. Me aferraba a la mirilla solamente para mirar. Intenté, te aseguro, poner por un momento la mejilla, pero entonces volvía a ver el interior de la celda, y me asustaba. Era tan nítida la separación entre la vida y la soledad, que sabiendo que tú estabas ahí, no podía mirar hacia la celda, Pero tú me perdonaste, porque seguías vital y móvil. Yo entendí que me estabas consolando, y comencé a llorar. En silencio, claro. No te preocupes, sabía que no podía arriesgar ningún ruido. Pero tú viste que lloraba, ¿verdad?, lo viste sí. Me hizo bien llorar ante ti, porque sabes bien cuán triste es cuando en la celda uno se dice a sí mismo que es hora de llorar un poco, y uno llora sin armonía, con congoja, con sobresalto. Pero contigo pude llorar serena y pacíficamente. Más bien, es como si uno se dejara llorar. Como si todo se llorara en uno, y entonces podría ser una oración más que un llanto. No te imaginas cómo odiaba ese llanto entrecortado de la celda. Tú me enseñaste, esa noche, que podíamos ser Compañeros del Llanto

Durante el régimen militar, Timerman fue detenido por orden del extinto general Ramón Camps, y permaneció en centros clandestinos, cuando el militar ocupaba la jefatura de la Policía Bonaerense. Esa detención fue cuestionada y denunciada por EL DIA reiteradas oportunidades.
Posteriormente recuperó su libertad y se asiló en Europa hasta el retorno de la democracia.
Esta experiencia Timerman la reflejó en su libro “Preso sin nombre, celda sin número”, editado en 1982, y en 1988 publicó “Chile: el galope muerto”, en donde hizo un análisis de la situación política del país trasandino y el golpe de Augusto Pinochet, en 1973.
Pero su capítulo profesional más destacado pasó por el diario “La Opinión”, que dejó una huella en la forma de hacer periodismo.
La semana pasada, en una larga entrevista -que resultó póstuma- por un canal de cable, hablando sobre la reciente muerte de su entrañable amigo y poeta Rafael Alberti, y ponderando su alegría de vivir y su optimismo, Timerman dijo, sorpresivamente: “él se murió, pero yo le gané, estoy muerto desde antes”. Nunca pudo reponerse a la muerte de su mujer, Risha, ocurrida en 1992.

Timerman había nacido el 6 de enero de 1923 en Bar, al sur de Kiev, en Ucrania y llegado a la Argentina a los cinco años, el 11 de octubre de 1928 junto con sus padres, Natan Timerman y Eva Berman, y su hermano José, de siete años.
Como militante de Mapan, una organización del socialismo israelí, en febrero de 1950 fue a un seminario en Mendoza, donde conoció a Risha, una joven cordobesa y judía que por primera vez había dejado las sierras para conocer la montaña, y de la que él se enamoró.
En mayo de ese mismo año se casaron, en mayo de 1951 nació su primer hijo, Daniel Natalio, en diciembre de 1953, Héctor Marcos, ex director de ‘Trespuntos’, y en mayo de 1961, Javier Gustavo, el menor.
En sus primeros tiempos, Timerman trabajó como cronista y traductor en Correo literario, Qué, Noticias Gráficas, France Press, Nueva Sion, Comentario, pero recién en 1957 se le abrió la puerta grande del periodismo: entró como columnista político al vespertino La Razón, bajo la tutela de Félix Laíño, porque era el único diario en el que no se trabajaba de noche.
Después de pasar por varios medios, hizo su propia empresa: nació Primera Plana, en 1962. El staff lo integraban, entre otros, Ramiro de Casasbellas -que, por esas vueltas del destino, vino a morir justamente dos días antes-, Tomás Eloy Martínez, Osiris Troiani y Jorge Listosella.
Llegada la última dictadura en marzo de 1976, Timerman, ya en La Opinión, fue detenido.
El periodista pasó por varios centros clandestinos: Puesto Vasco a Campo de Mayo, de Coti Martínez a Magdalena, antes de ser “blanqueado”. Su calvario concluyó con su arresto domiciliario en abril de 1978.

Un eterno presente.“De la brigada Secundaria al Cordón Cerrillos”. Reseña

Prólogo al libro “De la brigada Secundaria al Cordón Cerrillos” de Guillermo Rodríguez, Ediciones Escaparate, junio de 2017.

 

Un eterno presente.

por Rafael Agacino.

 

Son 15 capítulos distribuidos en poco más de 140 páginas. En ellas se recorre, desde la perspectiva de una biografía personal, el paso de siete vertiginosos años. Sin embargo, no se trata de un puro relato autobiográfico; no. En estas páginas se entremezclan las vivencias personales, el análisis político e incluso el ensayo histórico, produciendo como efecto final un entreverado mapa de un período crucial e irrepetible para quienes lo protagonizaron, para las organizaciones populares como sus actores, y finalmente, para la propia historia político-social de este país.

En los primeros cuatro capítulos y en los dos últimos, está acentuado el relato autobiográfico. En los primeros, se nos aparece un joven con sólo escasos quince años pero que sin saberlo es portador de las inquietudes acumuladas por décadas de luchas previas; ellas están mudas de teoría, pero elocuentes en la palabra de sus padres, de su abuelo y de los vecinos de los barrios populares en que habitó. Por ello, no es extraño que sin preverlo, los juegos y chascarros con los amigos de liceo, fueran matizándose con los destellos de un mundo que palpitaba allá afuera. Y no podía ser de otro modo. Eran los años finales de la década del 60 del siglo XX, con Guevara y las guerrillas en Latinoamérica, con las insurrecciones de Paris, Berlín y Checoslovaquia, con Vietnam en Indochina y con la condensación de un flujo de fuerzas populares que darían paso al Chile de Allende. Son los años de maduración de todo aquello que se había incubado en las luchas universales de liberación y emancipación. Y así, hasta saltar en los dos últimos capítulos, a la vida de un joven que se empina a los 20 años justo cuando la lucha es más aguda que nunca y cualquier acto, pensamiento o palabra, resulta urgente. Es la dinámica inexorable de los acontecimientos que lo envuelve y que lo hace presentir las debilidades estratégicas del proceso chileno, esas que más de una vez le sugirieron, primero un guajiro en Cuba, y más tarde otro cubano, cuando Fidel pisaba tierras chilenas. No era derrotismo – no es el tono de la prosa de Rodríguez ni es la lectura que hago- sino una súbita toma de conciencia del significado real de la lucha de clases, de los procesos revolucionarios; un momento de maduración abrupta en que el cuerpo se estremece al caer los velos de la verdad, esa verdad total en que se juega todo. Es la atmósfera de éstos últimos capítulos que relatan la reacción de los trabajadores y militantes, incluido el propio autor, frente a un Golpe que ni por tan anunciado dejó de ser una sorpresiva tormenta…. Serán las horas del pensar rápido, del sobreponerse, del dar y darse ánimo frente al shock. Serán las horas de la resistencia en Maipú el mismo 11 y los días siguientes, y luego, como si el tiempo no existiera y solo fuera un largo presente, del cautiverio en el Estadio Nacional. Qué lejos está el liceo, qué lejos el pensionado de República, qué lejos los amores juveniles, qué lejos las reuniones que dieron luz el Cordón Cerrillos-Maipú… Qué cerca el horror, que cerca la muerte y el denso y pastoso aroma de la sangre… ¿Cómo no madurar de una vez y para siempre? Es el punto ciego del espejo, ése que deja al individuo sumido en su soledad y sus propias circunstancias.

Pero también hay otro ángulo en el mismo instante: la trama de las circunstancias históricas y el papel de los individuos, o dicho de un modo más directo, un guion que marca con fuerza de un escenario político definido y que a la vez impele a los actores colectivos a la acción. Por ello, será el análisis político el que predomine, sobre todo desde el capítulo 5 en delante, dejando en entrelineas el relato autobiográfico. Y es así porque se trata de un contexto inédito, inaugurado por el triunfo de Salvador Allende y seguido por sus tres años de gobierno hasta el mismo Golpe de septiembre; son años resumidos a pluma veloz que repletan decenas de hojas que evocan experiencias, epopeyas, y la memoria de millones de vidas que enarbolan la demanda de un mundo nuevo. Entre ellos, los cientos de miles de activistas de la izquierda, y por cierto, los militantes del MIR cuyas definiciones tácticas y voluntad de lucha, serán puestas a prueba una y otra vez… El autor, con 19 años, elaborará sus primeras ideas políticas propias respecto de la izquierda revolucionaria, buscando conectar el trabajo militar y el trabajo de masas. Su inserción en el GAP de la mano de nuestro compañero Mario Melo, lo instala en una estructura cerrada y compartimentada, en la que la cotidianidad remite a lo uniforme, a la disciplina y a la disposición operativa, atmosfera muy distinta al fluir del barrio y de los frentes de masas cuya pluralidad de formas y colores, configuran a un pueblo que tras saltos de conciencia impone por doquier el pulso vital de un nuevo día. Esta distancia entre lo uniforme y el poli tonal empuje de los de abajo, sin embargo no será una pura sensación subjetiva. Por el contrario, adquirirá toda su objetividad e importancia a partir del paro de octubre de 1972, cuando la sucesión de hechos y sus demandas de acción, abran un debate sobre el modelo orgánico, la concepción de partido y las definiciones estratégicas. En efecto, la misma estructura de los GPM, muy útil para afrontar la clandestinidad en tiempos de Frei y las tareas inteligencia y seguridad que MIR asumió desde el triunfo de Salvador Allende hasta inicios de 1972, mostrará sus limitaciones a la par que la lucha de clases se torne más aguda y extendida, y por tanto, el problema del poder se replantee como una cuestión directamente práctica y de masas. El análisis político que nos ofrece el libro muestra, por una parte, cómo el escenario de lucha por el poder es una lucha territorialmente situada que no discurre en el vacío, y por otra, que los actores, tanto las franjas medias derechizadas como los trabajadores y las masas populares, se enfrentan en sus espacios inmediatos: las escuelas y liceos, los campos, las fábricas y finalmente las calles. Las formas de Poder Popular que nacen de las propias luchas por la soberanía sobre los medios de producción y la infraestructura pública, y por el orden social mismo, se afincan y hacen práctica en los espacios vitales y/o productivos inmediatos. El nacimiento del Cordón Cerrillos Maipú en junio de 1972 y toda la lucha posterior, incluida la planificada toma masiva de fundos de la comuna y la ofensiva frente al tancazo del 29 de junio de 1973, así lo reafirman. Los trabajadores, campesinos y demás franjas populares, fortalecían sus niveles de coordinación, su conciencia como clase y su voluntad federativa más allá de sus sindicatos y orgánicas individuales, como resultado del necesario ejercicios de la soberanía sobre sus espacios locales, vitales y productivos. Guillermo nos relata que en este período pre revolucionario –aquel que no madura y se prolonga-, cada día aumentaba la distancia entre el esquema orgánico tipo GPM y el modelo de organización territorial-sectorial. A esa altura, además, entrecruzándose ya las estructuras de los GPM con las estructuras por frentes  (trabajadores, campesinos, pobladores, estudiantes, etc.), aparecían fuertes contradicciones entre las diferentes áreas y en el seno mismo de la propia militancia. La complejidad del período político una vez más superaba cualquier idea preconcebida. Las necesidades de conducción de enormes contingentes de trabajadores y sectores populares, que incluso tendían a sobrepasar a sus propios partidos, requerían un tipo de organización móvil, más flexible y más veloz, capaz de sintetizar y asumir la coordinación y conducción que la sucesión de coyunturas agudas demandaban. Estas contradicciones, impuestas por la ascendente lucha de clases, en el trasluz, reeditaban la discusión estratégica entre guerra irregular y prolongada y la tesis insurreccional. La primera concebida a partir de las tesis militares del 67-68, y la segunda, proveniente de la tradición trotskista que predominó en el MIR hasta antes del giro del Tercer Congreso en diciembre de 1967.

Mientras discurre este debate al interior de la militancia, el proceso no se detiene y avanza raudo. Los capítulos 10 al 13, contextualizados entre julio y los primeros días de septiembre de 1973, cubren 9 semanas, menos de 70 días, pero en ellos se jugará toda la historia. La insurrección de la burguesía, cuyo primer ensayo general fue en octubre del 72, ahora en julio de 1973, pasaba a una segunda fase ofensiva: por abajo, se relanzaba la unidad social de comerciantes, camioneros, colegios profesionales, estudiantes, los sectores medios “enardecidos” como los calificaría Miguel; y por arriba, la dirección política de la Confederación Democrática – alianza entre los partidos Democracia Cristiana (PDC), Nacional (PN), Democrático Nacional (PADENA) y Democracia Radical (DR)-, era asumida por la fracción decididamente golpista más el apoyo paramilitar de Patria y Libertad (MNPL). Todo esto, en medio de un entrampamiento institucional del Ejecutivo por parte de un Parlamento, una Contraloría General de República y un Poder Judicial, que hacían labor de zapa contra las iniciativas y ejercicio de la acción gubernamental y operaban abiertamente a favor del Golpe. Incluso, la “jugada maestra” de Allende al incorporar a los militares al Gobierno luego del paro de octubre (el “gabinete UP-Generales”), daba paso con la aprobación de la Ley de Control de Armas, la declaración de estado de sitio y la renuncia del general Prat, al aislamiento del propio presidente y su gabinete. Los sabotajes continuos a la infraestructura pública realizados por paramilitares de Patria y Libertad y del Comando Rolando Matus; el asesinato del Edecán Naval del presidente; los allanamientos en San Antonio -dirigidos por Manuel Contreras, el futuro jefe de la DINA-, en Santiago a Indugas y Cobre Cerrillos, en Punta Arenas a Lanera Austral; y la renuncia de los ministros militares más leales a Allende, anunciaban la capitulación de facto del Gobierno. En efecto, hacia fines de julio e inicios de agosto, el control de vastas zonas del país, el poder territorialmente situado, estaba ya en manos de la burguesía criolla y el imperialismo… aunque no todos se sacarán aún sus máscaras de “constitucionalistas” o “demócratas”.

A esa altura, la patronal –pero no los revolucionarios, como señala Guillermo- ya disponía de un libreto preciso y estaba presta a intervenir de forma definitiva en la escena de la política.  La trama estaba a horas de dilucidarse, y la falta de claridad al interior del MIR era ostensible: el mismo GPM4, el grupo de militantes conducido por Martín Elgueta, Renato, ese colectivo militante que había desarrollado todo el trabajo en Cerrillos, Maipú y Caro Ochagavía, estaba intervenido por el Secretariado Regional Santiago, y como probarán los hechos posteriores, estratégicamente debilitado para hacer frente al asalto final que desataría la patronal.

Llegados a este punto, es imposible no mirar el texto en su conjunto e ir más allá de la biografía y del análisis político del período y sus coyunturas. Los Capítulos 14 y 15, se nos aparecen ahora como piezas personales de un drama colectivo, y a la vez, como un acontecimiento histórico, y escribo acontecimiento en cursivas, para relevar aquel hecho que hace de parteaguas de la vida y de la historia. Es aquí cuando frases dispersas en estos capítulos y en los anteriores, parecen condensarse y parir lo que me parece – tal vez equivocadamente y a contrapelo del propio autor- una interpretación de mayor alcance, una insinuación ensayística sobre el carácter histórico de esas horas críticas. Y aunque resulte irónico, será el coronel Parodi, al momento de interrogar a Guillermo en el Estadio Nacional y que ya sabía de Bertín, del Guajiro, de Santos Romeo, del Malo, de Chango, de Winka, quién desate ese flash que hace pasar por los ojos la instantánea de todo un trayecto vital: “Mientras iba camino a la celda de incomunicación, por orden del coronel, me prometí que ese todo, desde la brigada secundaria al cordón cerrillos, algún día lo relataría”, es exactamente el último párrafo del libro. Y este párrafo, que puesto al final del libro no es sino el comienzo del mismo, no es un sólo un recurso literario que revela la calidad de la pluma del autor. Es también -y es lo que quisiera resaltar- la manifestación implícita de una necesidad, de esa necesidad de balance que persigue a todo militante, hombre y mujer, sobreviviente de esa Batalla de Chile. Un balance personal, un balance político y un balance histórico; todo mezclado porque así es la vida. Cuando leí la primera edición de este texto a fines de 2007, experimenté la misma sensación; y la lectura de obras posteriores de Guillermo la han reforzado. Por ello, me permito retomar aquí una pregunta que formulé hace una década con ocasión del lanzamiento de la primera edición: ¿Y dónde estábamos cuando llegó la “hora de Miguel”?

Recurro a las figuras de Allende y Miguel no porque crea que las voluntades individuales determinen el curso de la historia, sino porque son las dos caras de una misma trama y de la historia que precipita ese fatídico martes 11.

Septiembre de 1973 fue el momento de la política por antonomasia, la política en toda su extensión y complejidad; ese momento dónde quedan fundidas todas las circunstancias y sus actores colectivos, y entre ellos, el individuo con su biografía pegada a las biografías de otros, y así, a toda la historia posible. La política, es la calibración inteligente de las posibilidades de la voluntad y de las perspectivas futuras de la acción. Quienes tienen sentido de la historia, discurra ésta o no por los derroteros esperados, son aquellos que pueden actuar y actúan, que pueden optar y optan; los que no vacilan ante la incertidumbre porque la conjuran con la razón política que se esfuerza por hacer verosímil la posibilidad que anida en la voluntad colectiva de un pueblo. La política, como la guerra, es más que una técnica, es un momento de creación de posibilidades.

Allende en su soledad – y así se trasluce en sus palabras referidas a Miguel- asumía la derrota final de su ensayo institucional, pero, me arriesgo a afirmar, mantuvo la esperanza en las posibilidades del proceso en curso; por ello, en esas horas definitivas apeló a Miguel, buscando una suerte de posta política que relanzara las fuerzas gigantescas de los trabajadores y el movimiento popular por los carriles de la resistencia. Y en esas horas cruciales, cuando el reformismo obrero fracasaba y las tesis de la izquierda revolucionaria se realizaban como tragedia, cuando llegaba el día para el que siempre nos habíamos preparado, cuando el propio presidente – ese que recibió y protegió a los combatientes de Guevara, que amnistió a los presos políticos del gobierno de Frei, que recibió y protegió a los combatientes de Trelew, que ofreció al MIR conformar su guardia personal, ese que en ese instante combatía en la Moneda- enviaba su mensaje ¿dónde estábamos?

Miguel y la mayoría de la CP, días antes, enterados del llamado a Plebiscito que haría Allende, pensaron en la capitulación del Gobierno y la clausura del ensayo institucional de la UP, pero nunca en la derrota del proceso; a fin de cuentas, eso era lo que todos esperábamos como resultado inevitable de la política reformista. El putsch se hacía innecesario o bien tomaría la forma de un “golpe blanco”. Sin embargo éste siguió adelante. Otros sectores del MIR, ya desde la conformación del “gabinete UP-generales” en noviembre de 1972, y sobre todo luego del tancazo de junio de 1973, denunciaban el cambio de carácter del Gobierno –ya ni siquiera un gobierno reformista obrero, sino objetivamente burgués- y reclamaban preparar la insurrección; varios GPM, comités regionales y locales fueron intervenidos por la dirección. Al interior del propio Partido se vivía un agudo debate que no tomó la forma orgánica requerida – un Congreso- que pusiera en juego las diferentes perspectivas y tácticas para el periodo. Así, atravesados por una pugna interna latente y en muchos casos afectos a la censura, cuando debimos estar si estuvimos… pero como fragmentos, y por supuesto como militantes individuales. Pero no como se requería: como voluntad colectiva, entera, armada, asumiendo la dirección y dispuesta a sobrepasar al reformismo y al propio Allende. No fue así cuando la marinería denunciaba la conspiración del almirantazgo, no fue así el 29 de junio ni tampoco en la madrugada o en la mañana del mismo 11, en que un llamado a la resistencia generalizada y de todo el pueblo, aun cuando las FF.AA. no se quebrarán y el golpismo triunfara, sin duda hubiese teñido la historia de otros colores. Incluso – y perdonen la crudeza de la afirmación- me atrevo a sugerir que la propia derrota se viviría – tanto ayer y hoy- como el desenlace de un combate abierto, como epopeya de un pueblo en lucha y no como resultado del embate sobre un pueblo perplejo, disperso, desorientado, desmoralizado y victimizado.

Días después, en medio los escombros de un país destrozado, finalmente la fuerza de la política se impondría y cuajaría en la consigna “el MIR no se asila”, a juicio de muchos, un acierto ético pero un error político. Pero fuere como fuere, lo cierto es que en esas palabras se coagularon la impotencia del ayer reciente con el imperativo del presente: la voluntad militante de no abandonar al movimiento obrero y popular y resistir con él. Intentar detener la dispersión; evitar que la fuerza popular se disipara en medio de la desmoralización y el desbande; luchar por mantener una franja activa que permitiera si no una contraofensiva al menos una defensiva ordenada. Eran la razón y la voluntad ética, entremezcladas en la política, las que estuvieron presentes en esos meses finales de 1973. Y de nuevo con crudeza, me permito afirmar, nada seríamos -nosotros como militantes y como sujeto político colectivo, como Partido- sin esa consigna y la decisión de iniciar sobre la marcha la resistencia. La estatura histórica del MIR, de sus mujeres y sus hombres, con mucho se jugó ahí.

Lo sé; mis afirmaciones son atrevidas. Pero escribo ahora, cuando la contra revolución neoliberal desplegó todo su potencial y sabemos que el Golpe no fue sólo contra Allende ni con el propósito de restaurar el orden constitucional. No. El Golpe fue el inicio de una contrarrevolución que se propuso derrotar estratégicamente a las fuerzas obreras y populares que, en el trascurso de medio siglo, precipitaron en el triunfo de 1970 y en el más potente ensayo de construcción de poder popular conocido hasta ahora en Chile. No fue restaurador fue refundacional.

La lectura que he hecho del texto buscó desentrañar del relato biográfico inmediato, que por cierto tiene un interés en sí mismo, el análisis político que aflora por todos lados pues quien lo escribió fue y es un militante activo. Y también lo que está explícita o implícitamente presente en los entresijos de éste: la interpretación larga de esos momentos cruciales. Hay anuncios de una mirada histórica, una insinuación de una interpretación de esos pocos años que marcaron el último tercio del siglo XX y que continúan indelebles en la memoria individual y colectiva, como un eterno presente.

Rafael Agacino.

Santiago, junio 10 de 2017.

 

El Golpe Estético de la dictadura.

Indagar por el autoritarismo en el ámbito cultural, artístico y cotidiano implica dar cuenta de aquellos rasgos que marcaron la producción simbólica del régimen militar. Para esto se promovieron ciertos estilos, rituales, formas de percibir, y por supuesto también se reprimieron sensibilidades e imaginarios que disentían del proyecto hegemónico. De allí que la instrumentalización involucre desde los contenidos del currículum escolar (repetidos cursos de Historia republicana y Educación Cívica), hasta el control de museos emblemáticos (la cercanía de Pinochet con los objetos del Museo Histórico Nacional), pasando por sistemas de reconocimiento y premiación o por sofisticadas alianzas estratégicas con el sector privado.

La dolorosa experiencia histórica de Chile tras el Golpe de Estado de 1973, no sólo creó un nuevo orden político, sino que además instituyó una práctica de limpieza cultural que se manifiesta en dos operaciones directas: por una parte, una clara política de exclusión con exoneración, exilio directo y represión con consecuencia de muerte como lo fue para los detenidos desaparecidos.

Por otra parte, la limpieza cultural en la década de los años 70 era jocosamente mostrada por los periódicos. Se recortaban los pantalones a las damas y a los varones se les cortaba el cabello. Dichos dispositivos mostraban una encubierta operación higiénica donde modas, colores y hasta los muros urbanos se limpiaban de la propaganda brigadista, legado del imaginario de la Unidad Popular.

Ambos operaciones enfatizaban la dimensión refundadora exclusiva que poseía la cruzada de los militares, era una lucha entre el bien y el mal, entre las fuerzas represoras de la ideología totalitaria y las prácticas libertarias de las Fuerzas Armadas y de Orden. Consecuentemente, desde aquí, el proyecto autoritario destruye de modo directo las organizaciones políticas, sociales y culturales de amplios sectores poblacionales y regionales. De tal manera, que con el denodado argumento de la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo de inspiración marxista-leninista se organizaron oficialmente aparatos represivos que entre sus prácticas engendraron una red de secuestros y muertes selectivas, que cubrían con terror nocturno y silencioso a nuestro país. Ahora bien, el nuevo modelo cultural encuentra aliados en los medios de comunicación un eje fundamental de propaganda, control y radiación. Con una televisión en pleno proceso de expansión, con el dominio de las radios y de la prensa escrita por medio de El Mercurio, la operación cultural parecía tener éxito.

Sin embargo, la cultura nacional se vio fuertemente afectada, muchos artistas exiliados, torturados, reprimidos, censurados. Al respecto, es necesario recordar que las escuelas de arte de las principales universidades fueron cerradas, prácticamente desmanteladas y algunas claramente intervenidas como la Universidad de Chile y la UTE (Universidad Técnica del Estado). En algunos ámbitos específicos es notoria la represión, como por ejemplo en la docencia, donde se calcula que un 30% de los profesores fueron exonerados de las universidades chilenas entre 1973 y 1978. Lo mismo ocurre en el ámbito artístico como el teatro ya que parten sobre un 25% al exilio. En concreto, en la Universidad de Chile, el 90% de los miembros de la compañía de Teatro fueron despedidos.

El caso de la empresa Quimantú, que adoptó el nombre de Gabriela Mistral, se desperfiló de la línea editorial quedando reducida a producción de etiquetas, envases y revistas para terceros. La música, por su parte, también había resentido las represiones en el ámbito cultural: muerte de Víctor Jara y el exilio de numerosos artistas del canto popular que conformaban la “Nueva Canción Chilena”. Pero el exilio había también tocado a músicos del ámbito docto como los compositores Gustavo Becerra, Gabriel Oliverio Brnčić Isaza, Fernando García y el cantante Hans Stein. La fotografía resintió de modo directo la censura en los medios, además el golpe asentado con muchos detenidos-desaparecidos que eran fotógrafos, la hizo ver una profesión sospechosa.

En 1975 al pintor Guillermo Núñez es apresado y exiliado por realizar una exposición conceptual con jaulas de pájaros que contenían en su interior pan, flores, reproducciones de la Mona Lisa, etc. Ese mismo año, la revista Manuscritos fue censurada y su director Ronald Kay amonestado y el decano despedido. La galería de Paulina Waugh quemada con muchas obras de Matta y otros artistas. En medio de este oscuro panorama asoma un espacio que no deja de ser paradójico y curioso. Pues, en las propias áreas institucionalizadas de vigilancia como la cárcel y la penitenciaría emergen desde 1975 obras de teatro, recitales de poesía, festivales de la canción y el fascinante trabajo enunciativo de “las arpilleras” bordadas realizados por los presos y presas políticos.

Pionero es el caso de Luz Donoso y Hernán Parada, que realizando su proyecto “Duda y Claridad”, trabajan sobre las representaciones de vida desde los soportes fotográficos de los detenidos desaparecidos. El 15 de noviembre de 1979, realizan a las 12 horas en pleno Paseo Ahumada, una intervención de las pantallas televisivas de una tienda comercial de electrodomésticos, con el retrato de una detenida desaparecida. El TAV se transforma en un colectivo plástico referencial del arte conceptual y grabado así también entre 1977-1979 irrumpe la práctica de “escena de avanzada” la que realiza numerosas citas discursivas y performances que aludían frontalmente desde la vanguardia artística a la contingencia.

Pero en la cultura oficial se vivió “el apagón cultural” que se intentó paliar con prácticas hegemónicas que intentaron rescatar la chilenidad, por medio de construcción de monumentos y altares en cada plaza del país, producción de ceremonias cívico-militares, rituales conmemorativos como el de Chacarillas que con antorchas y subiendo el cerro San Cristóbal marcaban una épica cívico-castrense delirante, en el pináculo del cerro Pinochet reforzando como “maestro único” de la misión nacionalista.

La transformación operada tras el Golpe Militar establecía nuevos imaginarios que afectaron desde lo cotidiano con un sello marcadamente nacionalista autoritario. Hasta el día de hoy, muchas generaciones, al estar de pie nos ponemos firmes como reflejo con las manos atrás y seguimos cantando- de modo inconsciente- las canciones militares enseñadas en los colegios, esperpentos marciales de un pasado que se hace presente desde recuerdo. Así al observar las imágenes del perfil estético de la dictadura, se reaviva la llama de la libertad, la monumentalidad del altar de la patria, se reconocen los héroes militares de los billetes, las figuras nacionalistas de los sellos postales, la reordenación con rejas del Edificio Diego Portales, las marchas conmemorativas con las damas de todos colores.

El silencioso pero efectivo golpe estético también cubrió y se impuso en la cultura chilena. El atentado más simbólico que muestra el golpe a la cultura nacional fueron contra la escritura y el cine chileno, enormes piras encendidas de libros (Cubismo, Rebelión de las masas, etc.) en las principales bibliotecas y de películas en el patio de Chile Films (todos los noticieros desde 1945) mostraban también “desaparecer” material irrecuperable. Era quemar una historia y sus memorias culturales.

*Gonzalo Leiva Quijada, Inst. de Estética, PUC de Chile. Autor de “El Golpe Estético. Dictadura militar en Chile 1973-1989”, junto a Luis Hernán Errázuriz.

Una imagen, una historia. 11 de Septiembre 1973. Orlando Lagos.

  • 11 de septiembre de 2016 ·

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    Hector Gonzalez De Cunco

    …11 de septiembre de 1973.© Foto de don Luis Orlando Lagos

    Hoy, la traigo para contar, hasta donde sé, la historia que atribuye esta foto a dos autores diferentes.

    “A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el último recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su médico Danilo Bartulin, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el presidente no se rendiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semi abierta, vemos al carabinero José Muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leído el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos”.
    (Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, de Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ocho Libros, primera edición, agosto 2008)

    detalle libro

    A continuación, “Triste historia de la foto de Luis Orlando Lagos”, reportaje de Camilo Taufic, publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008.

    Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie recordó la hazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con “clásicos mundiales”, como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.

    El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

    Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

    Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político deSalvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

    AUTOR DESCONOCIDO
    “The New YorkTimes”, considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

    Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el “NYT” pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de “exclusivas” que su posición le permitía tomar día a día.

    Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al “New York Times”, estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos”comprometedoras”.

    Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la “resistencia”, por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

    Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como “La Foto del Año 1973″ a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

    APROVECHADOS
    Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo”no era un chileno”. O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el “tancazo” (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

    El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro “Las muertes del Presidente Allende” (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, “fueron hechas” por un tal “Freddy Alborta”. Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

    Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, “era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote”. Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, “nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos”.

    AL EXTERIOR
    El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, “se embolsó la nada despreciable suma de 12 mildólares”. Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; “por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo”.

    En 1998, el recuerdo del fotógrafo “anónimo” resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: “¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje”. Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

    Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: “Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el PresidenteSalvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde”.

    No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

    En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

    LA HISTORIA SECRETA DEL CHICO LAGOS

    Fue un secreto tan bien guardado, que en todos los homenajes rendidos en estos días al fallecido Luis Orlando Lagos Vásquez (familiares, prensa, colegas y amigos), nadie ha explicitado lahazaña realizada por este pequeño gigante de la fotografía chilena, que ha sido comparado con « clásicos mundiales» , como los reporteros gráficos que estuvieron en Iwo Jima, la caída de Berlín o la guerra de Irak.
    Texto de Camilo Taufic (publicado en el diario La Nación el domingo 4 de febrero del 2008)

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    CAMILO TAUFIC KALAFATOVIC

    El Chico Lagos retrató -con una cámara Leica- desde adentro el drama que se desencadenaría en La Moneda a primeras horas del 11-S-73. Registró así para la historia el últimore corrido de Salvador Allende por las dependencias de palacio, rodeado de GAP y carabineros, hasta ese momento leales, cuando ya los aviones golpistas sobre volaban el centro de Santiago, eligiendo el trayecto posterior de sus bombas contra la sede del Gobierno.

    Después de cumplir su deber profesional, Orlando Lagos, fotógrafo oficial de La Moneda desde 1970-1,55 de estatura-, logró salir de allí junto con las hijas del PresidenteAllende, Beatriz e Isabel (la actual diputada), entre otros, en una breve tregua concedida por los militares, que avanzaban con tanques e infantería hacia todas las salidas.

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    LUIS ORLANDO LAGOS DIT « EL CHICO »  (LE PETIT) PHOTOGRAPHE DE LA PRÉSIDENCE

    Llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos, -base de las imágenes que se harían célebres-, dejándolo a él en un anonimato que duró décadas, y que recién termina con esta crónica. Las fotos del Chico Lagos se publicaron tres semanas más tarde en Estados Unidos, y empezaron a dar vueltas, desde entonces, por el mundo, en miles y miles de copias sin atribución de autor. La mayoría de las veces como testimonio del último acto político de Salvador Allende, pero también como ejemplo de foto-reportaje en círculos profesionales y académicos.

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    PHOTOGRAPHIES DU PRÉSIDENT ALLENDE, LORS DU « TANQUETAZO » DU 29 DE JUNIO DE 1973  ON N’A PAS PU ESTABLIR L’IDENTITÉ  DU SOUSOFICIER  DE L ‘ARMÉE QUI L’ACCOMPAGNE

    AUTOR DESCONOCIDO

    « The New YorkTimes » , considerado por muchos el principal diario del orbe, compró en Santiago, a comienzos de octubre de 1973, por 12 mil dólares -por aquel entonces, una cifra soñada-, un set de seis de las fotografías de Orlando Lagos, con el compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte. Pero cuando ésta ocurrió -la tarde del 7 de enero pasado, en el Hogar de Ancianos La Reina, del Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad-, los editores neoyorquinos ya se habían olvidado del compromiso, y ni siquiera registraron el deceso en sus columnas.

    Lo peor es que tal vez el Chico Lagos no llegó a recibir el dinero pagado por sus crudas instantáneas.La operación con el « NYT»  pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo. Lagos jamás estuvo disponible para negociar las miles de « exclusivas»  que su posición le permitía tomar día a día.

    Fotógrafo personal de Allende durante sus cuatro campañas presidenciales, Orlando Lagos continuó a su lado en La Moneda entre 1970 y 1973, acompañándolo en todas las giras presidenciales, dentro y fuera de Chile. Cuando se realizó la venta al « New York Times» , estaba siendo seguido de cerca por los esbirros de Pinochet, que allanaron su casa tres veces después del golpe y destruyeron todos sus archivos y aparatos fotográficos, en busca de fotos» comprometedoras ».

    Con el tiempo, el dramático testimonio gráfico del chileno al interior de La Moneda pasó a ser patrimonio común de la prensa mundial y de la « resistencia» , por sobre el copyright del diario neoyorquino, violado incontables veces en libros, afiches, películas, manifestaciones, discos y periódicos (con copias de copias de copias) sin que se mencionara jamás el nombre del verdadero autor de las fotos.

    Tampoco lo hicieron los organizadores del Premio Internacional World Press, otorgado como « La Foto del Año 1973»  a la principal de Orlando Lagos, en que Allende y sus acompañantes (un gap, a la derecha; el médico Danilo Bartulin, al centro, y a su izquierda, el capitán de Carabineros José Muñoz) reflejan en sus rostros la inquietud por la amenaza del inminente bombardeo aéreo que se insinuaba en ese momento.

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    LE GÉNÉRAL  DIRECTEUR DE CARABINIERS DU CHILI  JOSÉ MARÍA SEPÚLVEDA GALINDO, LUIS FERNANDO RODRIGUEZ RIQUELME, MEMBRE DE LA GARDE PRÉSIDENTIELLE (GAP), LE PRÉSIDENT SALVADOR ALLENDEET LE DR.  DANILO BARTULIN  MÉDECIN PERSONNEL DU PRÉSIDENT.   PHOTO D’ORLANDO LAGOS

     

    APROVECHADOS

    Más allá de las maniobras comerciales, diversas versiones han pretendido atribuir las fotos de Orlando Lagos a otros autores, suponiendo incluso que el ignorado fotógrafo» no era un chileno» . O que las fotos correspondían en realidad a los aprestos defensivos en La Moneda ante el « tancazo»  (julio del 73) y no al 11 de septiembre.

    El escritor residente en Canadá, Hermes H. Benítez, en su libro « Las muertes del Presidente Allende»  (Ril Editores, Santiago 2006) asegura en la página 88 de su obra que las últimas fotos del Mandatario que encabezó la Unidad Popular, « fueron hechas»  por un tal « Freddy Alborta» . Y ese nombre existe, curiosamente, y se trata además de un fotógrafo. Pero es el autor comprobado de las también célebres tomas del Che Guevara luego de ser asesinado en una escuelita de La Higuera, en Bolivia, en octubre de 1967.

    Frank Manitzas, corresponsal de la cadena norteamericana de televisión CBS en Santiago en1973-74, declaró en su momento que el autor de las fotos al interior de LaMoneda, en la mañana del 11-S, « era un tal ‘David’, de unos 40 años,canoso y que usaba un fino bigote» . Orlando Lagos ya era canoso en esa época, pero tenía 60 años y según me declaró su hija, Julia Ester, que lo cuidó hasta sus últimos días, « nunca usó bigotes; ni finos ni gruesos».

    AL EXTERIOR

    El propósito del reportero gráfico era salir cuanto antes del país en aquellos días, y por eso habría negociado rápidamente las fotos, preocupado por su seguridad personal. Según Manitzas, « se embolsó la nada despreciable suma de 12 mil dólares» . Pero Orlando Lagos nunca recibió ese dinero, declara Julia Ester; « por el contrario, permaneció en el país pasando grandes penurias económicas, hasta que pudo viajar a Venezuela, recién el año ’75, y con un pasaje que le tuvo que comprar un amigo, porque él no tenía un centavo ».

    En 1998, el recuerdo del fotógrafo « anónimo»  resucitó en un reportaje de un diario santiaguino, que publicó con grandes letras: « ¿Está vivo ‘David’? Periodistas franceses lo buscan en Chile para rendirle homenaje» . Pero Lagos no dio ninguna señal, ni siquiera en pleno Gobierno de la Concertación.

    Cuando efectivamente lo homenajeó el Colegio de Periodistas, doce años antes, en 1986, y en plena dictadura, utilizando la tribuna de la Sala América de la Biblioteca Nacional, colmada de periodistas, estudiantes de periodismo y corresponsales extranjeros, el Chico Lagos insinuó la verdad de una tonelada que llevaba encima desde 1973. Nadie -salvo sus más íntimos- reparó en el guiño que contenían sus palabras, cuando expresó textualmente: « Lo más emocionante en mi vida profesional fue el día 11 de septiembre de 1973, cuando estando en La Moneda, el Presidente Salvador Allende me pidió que abandonara el Palacio de Gobierno, el que fue bombardeado cinco minutos más tarde» .

    No podía decir más entonces Orlando Lagos, que había tomado las fotos que harían historia sólo unas horas antes de la despedida de Allende. Ésta consistió en un firme apretón de manos. Tampoco hablaría en público al respecto con posterioridad. Pero su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce. En el último período de su vida, el Chico Lagos cayó en las garras del mal de Alzheimer, agudizado desde fines de 2005, y ya nunca más habló de su hazaña.

    En esta crónica de LND se reconoce, por primera vez en forma explícita en el periodismo chileno e internacional, la paternidad de Luis Orlando Lagos Vásquez sobre las últimas fotos de Allende con vida, al interior de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El autor de esta nota estaba al tanto de ello desde 1974, en el exilio, pero nunca antes pudo publicarlo, incluso cuando revelar el secreto ya no dañaría a nadie… salvo, quizás, a los que cobraron los 12 mil dólares a nombre del Chico Lagos. Pero eso tampoco se sabía públicamente hasta hoy, domingo 4 de febrero de 2007.

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    PHOTO D’ORLANDO LAGOS, PARU DANS THE NEW YORK TIMES EN 1973



    © Foto de don Luis Orlando Lagos, 40 años después… La publico para intentar contar la historia completa, tan poco conocida… A las diez de la mañana, los tanques comienzan a bombardear La Moneda. La foto muestra el ultimo recorrido por La Moneda del presidente Allende, portando un casco y con un arma en mano, mira hacia arriba, señal inequívoca del paso de los aviones. Detrás va su medico Danilo Bartulín, apesadumbrado, mirando hacia el cielo: “Sabíamos que el president no se rndiría”. Detrás del presidente, en el rellano de la puerta semiabierta, vemos al carabinero José muñoz y el final el rostro de uno de los GAP. El hecho que aparezca el carabinero significa que la fotografía fue tomada entre las diez y las diez y media de la mañana, pues a esa hora precisa, la guardia presidencial de carabineros abandona el Palacio. (Allende había leido el discurso final poco antes de las 10 AM) Los dos guardaespaldas que surgen en los costados de la fotografía, mirando también al cielo, eran Felipe y Mauricio, que se cuentan entre los detenidos-desaparecidos. Información tomada del libro “MULTITUDES EN SOMBRAS”, Gonzalo Leiva Quijada, pag 35. Ed, Ochlibros, primera edición, agosto 2008.

    Publié par Araucaria à 11:00

     
     
    Adriana Goñi Memoria Vigente
     
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