Reseña del libro Pintura Social en Chile, de Ernesto Saúl. Ediciones Quimantú. Marzo de 1972

Pintura social en chile

Ernesto Saúl

Las brigadas muralistas chilenas son una experiencia absolutamente original. Nacieron con una finalidad práctica: hacer publicidad política. No hubo en ellas ni un maestro ni un grupo de artistas. Todo lo que saben lo aprendieron trabajando. Todo lo que han realizado lo hicieron aprendiendo. Para ellas la academia era el trabajo de la calle, de día o de noche, acosados por sus adversarios o huyendo de la policía. De la premura nació un arte rápido, directo, simple.

Las brigadas Ramona Parra, Inti Peredo, Elmo Catalán, son un producto esencialmente urbano. Sus murales forman parte del lenguaje de la ciudad, junto con los afiches, los avisos luminosos, las carteleras cinematográficas. En el idioma de los muros, su mensaje didáctico o político se impone por la fuerza del color y de la simplicidad.

Tal como en el arte de los cristianos primitivos, los murales urbanos están hechos de símbolos y letras. La paloma, la mano, la espiga, la estrella, son como el lenguaje de una nueva fe que por mucho tiempo se divulgó en la clandestinidad de la noche. Y tal como estos artistas primitivos, los integrantes de las brigadas muralistas no sabían que estaban gestando una nueva forma de expresión y la posibilidad de un auténtico arte popular.

Los murales urbanos son anónimos y pasajeros. Lo esencial en ellos es que no perduran. El mensaje cambia al ritmo de los acontecimientos. Están tan entroncados en la vida que su arte está en permanente conflicto con el viento, con la lluvia, con el trabajo de otros hombres. Lo que hoy se pinta se destruye mañana.

Pintar huyendo

La brigada Ramona Parra nació y se forjó en la lucha política. Cada contienda electoral era una oportunidad para salir a rayar en las calles. Pero terminada la contienda , la brigada se desintegraba, el trabajo perdía continuidad. Cuando el partido comunista designó a Pablo Neruda como su candidato a la mesa redonda de la Unidad popular, la brigada extendió su trabajo a todo el país. Desde entonces no ha abandonado su labor. Uno de los muralistas resume esa experiencia:

-El trabajo de las brigadas requiere práctica. Durante la campaña del compañero presidente, Salvador Allende, trabajábamos al margen de la ley, huyendo de la policía. Había que hacer cosas buenas y rápidas. Hacíamos rayado al ancho de la brocha, a la altura del brazo y de un solo color. Eran trabajos que nos quedaban chorreados, sin ninguna visión estética. Entonces vimos que podíamos hacer cosas mejores. Empezamos a hacer letras más anchas, bien alineadas. Usamos dos colores y pintamos el fondo de las murallas que estaban sucias. Hasta que finalmente llegamos a usar tres colores: un fondo, un filete y la letra de otro color. Al final de la campaña electoral teníamos una buena cantidad de rayados en todo el país.

¿Y qué pasó después del triunfo de la Unidad popular?

-Bueno, el problema era defender ese triunfo y expresar nuestra alegría, y lo hicimos con la brocha. Empezaron a aparecer los primeros murales, que no eran muy buenos. Recuerdo que hicimos flores, banderas, palomas. Creamos todo un sistema de hacer armoniosos los colores. Todo lo hemos creado. El asunto es trabajar y hacerlo diariamente.

¿Diseñan el mural antes de salir a pintar?

-No, salvo que sea un mural muy complicado. La brigada se reúne como mínimo un cuarto de hora antes de salir. Discutimos los aspectos plásticos y políticos del tema. Al terminar el trabajo hacemos una autocrítica.

¿Cómo están constituídas las brigadas?

-Hay estudiantes secundarios, obreros y universitarios. Cada brigada nunca tiene más de doce compañeros. Dividimos el trabajo entre trazadores, fondeadores y rellenadores. El trazador dibuja el mural. Lo que se deja a la iniciativa de cada uno son los colores. Cada compañero tiene un color que ubica a su gusto.

Pero eso es un poco arbitrario …

Al comienzo todo era muy espontáneo, pero luego tuvimos que detenernos para hacer un balance a fin de que las cosas salieran más parejas. Al comienzo teníamos el problema de que los murales eran demasiado abstractos. Ahora estamos haciendo cosas más directas. Si los murales los leen los peatones, que no tienen muchos conocimientos plásticos, deben ser muy directos, donde se entienda claramente lo que se quiere decir. Tenemos mucho interés en que la gente vaya adquiriendo conocimientos plásticos, pero eso es toda una campaña planificada.

del libro Pintura Social en Chile, de Ernesto Saúl.
Ediciones Quimantú. Marzo de 1972


Editado electrónicamente por C.D. Blest el 30may03

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