Contribución a la HISTORIA DEL MIR ( 1965 – 1970 )

Contribución a la HISTORIA DEL MIR ( 1965 – 1970 )

Vitale

Luis Vitale, Investigador-testigo de época

Ed. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales

“Pedro Vuskovic” Santiago, 1999

http://terristoria.wordpress.com/debates-de-la-contingencia/

 

PROLOGO

Este escrito tiene como base un borrador que comencé a elaborar cuando el padre de Miguel, don Edgardo, me solicitó en 1978 en Caracas -durante un descanso del Encuentro de Solidaridad Internacional- que redactara un ensayo de “Miguel como político”. Su proyecto era solicitar a personas que conocieron a su hijo en diversos aspectos de su personalidad, como la infancia de Miguel en Concepción, su adolescencia, sus primeras ideas sociales, estudiantiles, su entorno, amigos de la escuela secundaria, su vida universitaria, su carrera de Medicina, amigos, primeros amores y fundamentalmente su actividad revolucionaria.

Le dije entonces: -creo que sólo podría aproximarme a una parte de su vida política “por dentro” desde el momento que lo conocí (1964) hasta mi militancia en el MIR (27 de julio de 1969). Y me respondió: -Pero seguramente después usted siguió los pasos políticos de mi hijo. Y eso es lo que nos importa. Por lo que pude apreciar en las cenas en que lo invitaba a mi casa a conversar con Marco Antonio, Miguel, Inés y su novio, el Bauchi, y por sus planteamientos en el proceso de la Reforma Universitaria de Concepción, cuando yo era Rector, creo que usted es el más indicado para analizar objetivamente la relevancia política de Miguel; pero quiero pedirle algo más: que no lo idealice, que no lo mitifique, por favor, cuente sus aciertos y errores, criterio que también tiene su hermano mayor, Marco Antonio, ahora exiliado en Francia.

Acepté el desafío de don Edgardo, agradeciéndole la confianza depositada en mí. Y me puse a reflexionar sobre el plan de trabajo: ¿contar cronológicamente su trayectoria política?. Mejor lo haría alguien que lo conoció desde muy joven. Mi ensayo podría comenzar desde el día en que lo conocí. Sí, porque ví un joven en pos de una utopía y con decisión de conquistarla “jusq’au bout”, como diría Moustakis. Y comencé a borronear las primeras páginas.

Años después, a mediados de 1985, encontré a don Edgardo en México, participando en el Seminario convocado por la UNAM para discutir los 9 tomos de mi Historia General de América Latina. Le conté de los avances en el trabajo que me pidió, pero luego de agradecerme me dijo que el proyecto de hacer la vida de Miguel por varias personas, no había avanzado. Prefería entonces volcar algo en las Memorias que estaba preparando y que efectivamente se publicaron cuando retornó a Chile del exilio, bajo el título: Edgardo Enríquez Frödden; Testimonio de un destierro, basado en reportajes de Jorge Gilbert, Ed. Mosquito, Stgo, diciembre 1992.

De todos modos, seguí tomando notas e informaciones que recogía de mis conversaciones con militantes miristas del período 1965-1970. A medida que avanzaba en la investigación del tema, me fui dando cuenta que la vida política de Miguel sólo podría ser comprendida cabalmente analizando el proceso de génesis y desarrollo del MIR hasta el día de su muerte en combate. Y me decidí a redactar unas notas para una Historia del MIR.

Avancé haciendo entrevistas a compañeros del MIR que militaron activamente durante la Unidad Popular, que sufrieron el golpe militar y tuvieron que partir a otras tierras. Durante mi largo exilio en Europa y en varios países de “Nuestra América”, como dijera Martí, grabé varios cassetes y videos sobre la historia del MIR. En Caracas publiqué un libro titulado: La Vida Cotidiana en los Campos de Concentración de Chile, Ed. Universidad Central de Venezuela-CES, 1979, con la siguiente dedicatoria: “A la memoria de Miguel Enríquez, muerto en combate, en un octubre rojinegro, al igual que el Che Guevara, en pos del socialismo y del ideal bolivariano de unidad de los pueblos latinoamericanos”.

En la página 3, escribí: “Dedico este libro a la memoria de Miguel Enríquez, cuya muerte nos afectó profundamente cuando escuchamos la noticia por radio en Chacabuco. Ese día hicimos varios mitines clandestinos en el Campo de Concentración recordando la trayectoria revolucionaria de Miguel. En aquella ocasión manifesté que, a pesar de algunas diferencias políticas que tuve con Miguel o Viriato, como le decíamos en el Comité Central del MIR, siempre tuve una gran admiración por su tenacidad, inteligencia y rapidez mental. Recordé un diálogo que tuve con Miguel en un intervalo del II Congreso Nacional del MIR, realizado en 1966 en un viejo galpón de Conchalí; le dije entonces: mira Miguel, en más de 20 años de estadía que llevo en Chile he visto, además de mi “viejo” Valenzuela, surgir dos grandes cabezas políticas, tú y … Le manifesté enseguida: con tu capacidad puedes llegar a ser Presidente de la República o presidente de los soviets chilenos; escoge desde ya el camino…No pudo llegar a ser lo uno ni lo otro. Murió combatiendo sin duda embarcado en la segunda opción”.

Mi intervención clandestina en Chacabuco, proseguía: “este modesto homenaje a Miguel el 5 de octubre de 1974, en pleno campo de campo de concentración, a la luz de una vela, en medio de la noche fría del desierto pampino, con el cielo cubierto de estrellas y una luna tan próxima que casi la abrazábamos con las manos, en una antigua covacha habitada años ha por hacinados obreros del salitre; y ahora, esta dedicatoria, no significa que se haya mellado el filo de mi crítica a los errores cometidos por el partido que él dirigió con fuerza de titán. Podría haber escogido el camino fácil de omitir las críticas que hicimos algunos presos a la dirección del MIR, pero creo que por respeto a la memoria de Miguel no caben actitudes versallescas; él me conoció muy bien en los 4 años que estuvimos juntos en el Comité Central como para no esperar de mí sólo frases ditirámbicas, pues más de una vez le manifesté por escrito y verbalmente mis críticas a su concepción de partido”.

Y a mi retorno a Chile en 1989, redacté artículos o notas para una biografía de Luciano Cruz y Bautista van Schouwen: “En camino del Hombre nuevo. Testimonio sobre pasajes de la vida del Bauchi”, editado en el periódico “El Rebelde”, septiembre 1991. En el mismo periódico, agosto 1991, publiqué “El Congreso de Fundación del MIR y la crisis del llamado “Socialismo”. Tres años más tarde, participé en el programa Informe Especial de Televisión Nacional sobre la Historia del MIR, filmado por Santiago Pablovich, quien redujo mi intervención a 3 minutos, quizá por falta de tiempo. En rigor, me había filmado por espacio de una hora y diez minutos, cuyo registro quedó en mi poder, donde ante una pregunta de Pablovich sobre Miguel, me explayé acerca de su relevante papel político.

Con ocasión del 30 aniversario de la fundación del MIR, celebrado en agosto de 1995 en un local del FPMR, presenté una ponencia sobre la “Vigencia y limitaciones del MIR”, que abrió un interesante debate, poniendo de relevancia el papel de los fundadores del MIR, como Clotario Blest, Humberto Valenzuela, Enrique Sepúlveda y Miguel Enríquez, junto a otros luchadores de larga trayectoria en el sindicalismo y en otros movimientos sociales; tema que había analizado en el libro De Martí a Chiapas. Balance de un Siglo, Ed.Síntesis-Cela, Santiago, 1995.

Alcancé a borronear rasgos biográficos de Miguel Enríquez:

Durante los dos primeros gobiernos del Frente Popular (Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos) nacieron los Enríquez Espinosa: Marco Antonio (16-11-1939), Edgardo (15-12-1941), Inés en 1942 y Miguel en Talcahuano el 27 de marzo de 1944. Su madre: Raquel Espinoza y su padre: Edgardo Enríquez Frödden, director del Hospital Naval de Talcahuano, luego profesor de Medicina de la Universidad de Concepción, donde llegó a ser Rector; y Ministro de Educación del gobierno de Salvador Allende; autor del texto “Anatomía del sistema nervioso central”; adherente activo de la francmasonería, educó con Raquel a sus hijos con un criterio de tolerancia ideológica.

Don Edgardo, en sus “Memorias”, y Marco Antonio, en un reportaje concedido en París el 2-02-99 a dos estudiantes de Valparaíso, cuentan que Miguel era regalón de las dos nanas: Celfia y Cupertina; hiperquinético y juguetón fue creciendo mimado por su madre; bueno pa’las bromas, que a veces las hacía bien pesadas; “duro y mordaz con aquellos que pretendían abusar de él”. Le gustaba nadar y hacer ginmasia, aunque no practicaba fútbol ni jugaba a los dados y naipes. Escuchaba música “clásica o selecta” y también iba a bailar con sus amigos/as. Buen conversador desde su adolescencia, más tarde apodado “metralleta” por la forma acelerada que hablaba.

Asiduo lector, según su padre: “siempre andaba con libros en los bolsillos o en el portadocumentos”. Marco Antonio lo inició en la lectura del Manifiesto Comunista, apasionándose luego con los libros de Lenin, a quien llamaba “el pelao”, y “chivo” a Trotsky. Recibió, asimismo, influencia de su tía Inés, primera mujer Intendenta de Chile y primera mujer diputada, y del tío Humberto, quien a veces les hablaba de “El Capital” de Marx.

Cuando cursaba estudios secundarios en el Saint George, hizo a los 13 años su primera acción política: con ocasión de las manifestaciones de protesta por el alza de la movilización, decretada por el segundo gobierno del general Ibáñez, el 2 de abril de 1957 se recostó con otros compañeros, entre ellos el Bauchi , en el pavimento de una calle del centro de Concepción para impedir la circulación de las micros. Quizás este suceso marcó para siempre la praxis de Miguel por la significación que tuvo en el país la cuasi- insurrección popular urbana del 2 y 3 de abril de 1957; estudiantes, obreros y pobladores de Santiago, Valparaíso, Concepción y otras ciudades ocuparon durante dos días las calles, haciendo retroceder a los carabineros y obligando al gobierno a sacar algunas unidades del Ejército.

Esta movilización desbordó a la izquierda, como lo reconoce el propio Comité Central del PC a mediados de abril de 1957: “la verdad es que fuimos un tanto sorprendidos por la magnitud del movimiento, el 2 de abril escapó a las manos del Partido, de la CUT y el FRAP”.

Gran parte de la generación de Miguel criticó entonces el papel jugado por el PC, el PR, la dirección del PS y la CUT, con excepción de su presidente Clotario Blest, quienes hicieron de “bomberos” para apagar el fuego de aquella juventud insurgente. Importantes sectores de la Juventud Comunista, encabezados por Gonzalo Toro Garland y Federico García M, rompieron con su partido, incorporándose al trotskista Partido Obrero Revolucionario, orientado por el dirigente sindical Humberto Valenzuela, con el cual comenzó a simpatizar Marco Antonio, hermano mayor de Miguel.

Al año siguiente, Marco Antonio lo llevó a participar en las multitudinarias concentraciones de la campaña presidencial de Salvador Allende, quien apenas perdió por 40.000 votos ante el candidato de los gerentes: Jorge Alessandri R. Por primera vez, Miguel, el Bauchi, Luciano, Edgardo y compañeros pudieron ver a miles de trabajadores politizados, que gritaban consignas que desbordaban el reformismo del FRAP (Frente de Acción Popular, integrado por los partidos de la izquierda tradicional).

Y se produjo el principal impacto político experimentado por la generación de Miguel: el triunfo de la revolución cubana, la entrada de los barbudos de Fidel, Camilo y el Che a La Habana el día del Año Nuevo de 1959. Por primera vez en la historia de nuestra América, los oprimidos derrotaban a sus seculares

vencedores. Y si este canto de triunfo se había entonado a 80 millas del imperio más poderoso del mundo, ¿por qué no corearlo en cada país latinoamericano?

Capítulo I El proceso de unidad revolucionaria (1961-1965)

Este proceso se dio en un contexto internacional-latinoamericano y nacional, que estimuló la formación de organizaciones revolucionarias, alternativas a la política de la izquierda tradicional. El hecho más trascendental fue el impacto de la Revolución Cubana, la primera revolución socialista triunfante no sólo de América Latina sino también del Hemisferio Occidental. En esa misma década se consolidó el proceso de transición al socialismo en China, influenciando sobre todo a la juventud latinoamericana con el llamado de Mao-tsé-Tung a que “florezcan cien flores” en la estrategia por la toma del poder, como asimismo las repercusiones de la “revolución cultural”. También ejerció influencia en nuestra América el avance de la revolución anticolonial en Africa, especialmente en Argelia, y en Asia, sobre por los primeros éxitos de la lucha guerrillera en Vietnam y otras partes de la península Indochina.

Las movilizaciones de los trabajadores latinoamericanos y las acciones de los primeros movimientos guerrilleros, bajo el influjo de la Revolución Cubana, impactaron fuertemente a los grupos revolucionarios de Chile tanto por su coraje y decisión como por sus frustradas experiencias foquistas de lucha armada, con excepción del movimiento de Yon Sosa en Guatemala y de Hugo Blanco en Perú que trataron de superar la concepción del “foco”, combinando las acciones armadas con un trabajo social en profundidad en el campesinado y los pueblos originarios.

El contexto chileno de ascenso popular -influenciado por estos sucesos de la contemporaneidad, que vivió la anterior generación y la de Miguel- estimuló una salida revolucionaria de otro tipo en Chile durante el gobierno autoritario del representante de “los gerentes: Jorge Alessandri, y de las expectativas

despertadas en centenares de miles de obreros y campesinos por las promesas del flamante gobierno reformista de la DC y de su presidente Eduardo Frei.

Jóvenes chilenos pudieron haberse enmontañado sin base social, como otros hermanos latinoamericanos, abrir un foco guerrillero y morir heroicamente, pero sin incidir en el conjunto de los explotados. La aguda coyuntura de lucha de clases chilena, en brazos del ascenso popular, hizo surgir organizaciones y tendencias revolucionarias, fuera y dentro de los partidos de la izquierda tradicional.

El primer paso hacia la unidad de las fuerzas revolucionarias lo dio el presidente de la CUT, Clotario Blest, al formar el M3N -sigla surgida a raíz del gran Paro general y la Concentración del 3 de noviembre de 1960 de cerca de 50.000 personas en Plaza Artesanos. Su manifiesto-saludo a los trabajadores decía: “El M3N es un movimiento revolucionario que tiene por finalidad orientar las luchas hacia la transformación sustancial del sistema capitalista por un régimen revolucionario dirigido por los trabajadores. Rechaza toda teoría de colaboración de clases que a través de la vía pacífica se pueda derrocar a la burguesía. El M3N sólo confía en la movilización del pueblo para alcanzar el poder para los trabajadores (…) El M3N no es un nuevo partido político, ni tampoco es anti-partido; es un Movimiento que tratará de reagrupar a todos los revolucionarios del país, sin distinción de tendencias (…) Lucha por el fortalecimiento de la CUT y su unidad. 1961 debe ser el año en que la CUT presente una batalla o Huelga General por los reajustes en que intervengan obreros, campesinos y empleados del sector público y privado. Así, en su 8o aniversario, la CUT podrá quebrarle la mano al gobierno derechista de Alessandri y abrir la perspectiva para cumplir con sus postulados señalados en su Congreso Constituyente de 1953: luchar por la transformación revolucionaria del actual régimen capitalista”.

En su programa, el M3N proponía: “Nueva Constitución del Estado, surgida de una Asamblea Constituyente del Pueblo, Reforma Agraria Integral, Reforma Urbana, Abolición de los monopolios capitalistas y expropiación de las empresas imperialistas, Expropiación de los Bancos particulares, de las fábricas y gran comercio y administración de las mismas por los trabajadores, Dirección y Administración de la economía del país por los Consejos de Obreros y Campesinos, Defensa activa de la Revolución Cubana”.␣ Anótese que estos puntos programáticos constituyeron la base política del proceso de unificación revolucionaria que culminó en el MIR cuatro años después.

Clotario organizó el M3N de una manera especial: un sector con apertura pública y otro clandestino, integrado por socialistas de izquierda de la CUT, de Federaciones y de sindicatos de base, agrupados en grupos concéntricos de a 5 personas, pero secretos, con el fin de que unos socialistas no tuvieran conocimientos de otros de su partido integrados al M3N. De esa manera, Clotario se aseguraba la mayoría en la CUT.

Por ejemplo, en un Consejo de Federaciones que se realizó a fines de diciembre de 1960 -al cual asistí en mi calidad de dirigente nacional de la CUT- se aceptó la moción Blest de votar no a mano alzada sino en forma secreta la preparación de una Huelga General, con la oposición del PC, el PR y la DC. Contados los votos dieron una leve mayoría a la proposición Blest. Sorpresa, silencio en la sala y luego cuchicheos; sindicalistas del PC salieron a buscar a sus dirigentes políticos, al igual que unos pocos socialistas. Prestos vinieron sus Secretarios Generales. El del PC increpó al del PS, diciéndole que no había cumplido el acuerdo de ordenar a sus sindicalistas votar contra la Huelga General. El del PS le respondió tajantemente que sí…¿y entonces?. La explicación estaba en que los socialistas de izquierda de la CUT -adherentes secretos del M3N- votaron bajo la orientación de Julio Benítez a favor de la Huelga, desobedeciendo la orden de su partido. El plan orgánico de Clotario iba funcionando bien, hasta que un día se le ocurrió invitar a incorporarse al M3N a un dirigente socialista de la CUT, que era hombre de confianza del máximo dirigente del PS, Raúl Ampuero, quien pronto llamó al orden a los sindicalistas más izquierdistas de su partido.

Precisamente, ese año Miguel y el Bauchi (Bautista van Schouwen) y otros ingresaron a la Juventud Socialista, mientras Luciano Cruz Aguayo preparaba su ruptura con el PC. A su vez, Marco Antonio era elegido vocal de la FEC y poco después levantado por Miguel -que ya había iniciado su carrera de Medicina- como Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Marco Antonio se convirtió entonces no sólo en el principal maestro político de Miguel y el Bauchi, sino también en el creador de una tendencia estudiantil revolucionaria que abrió el camino para el ulterior triunfo de Luciano a la presidencia de la FEC. ␣

Mientras tanto, Miguel y compañeros de Concepción, Santiago, Puerto Montt y otras provincias preparaban la escisión de la Juventud Socialista, hecho que se formalizó en el Congreso de 1964. El liderazgo de Miguel se reforzó a raíz de su valiente polémica con Robert Kennedy, de visita en Concepción. Entonces fue contactado por compañeros de Santiago que estaban estructurando el ERTE (Ejército Revolucionario de Trabajadores y Estudiantes). El “pelao” Zapata y el Chipo lograron incorporar a Miguel en este proyecto, alentado por una tendencia trotskista, el PRT, que luego se integró a la VRM (Vanguardia Revolucionaria Marxista), liderada por el Dr. Enrique Sepúlveda.

De este modo, Miguel, el Bauchi y Luciano se integraron al proceso de unidad revolucionaria que se estaba dando entre VRM y el PSP desde 1964, proceso que condujo al Congreso de Fundación del MIR el 15 de agosto de 1965. Está probado con documentos de la época, y demostrado, en la práctica política, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción, mito levantado en el exilio por dirigentes miristas de la FEC, después de la muerte de Miguel, quien en vida jamás dijo semejante aberración, pues conocía por dentro el largo y madurado proceso de unificación de 8 organizaciones.

Este proceso de unificación se fue gestando, bajo la iniciativa de Clotario Blest, primero a través de la creación del Movimiento de Fuerzas Revolucionarias en 1961, integrado básicamente por obreros sindicalizados; el grupo Libertario liderado por Ernesto Miranda, dirigente Nacional de la CUT y de la Federación del Cuero y Calzado; un sector escindido de la Juventud Radical, encabezado por Julio Stuardo, creador del Movimiento Social Progresista; el Partido Obrero Revolucionario y trabajadores sin partido.

Dos años más tarde, varias organizaciones se reagruparon para constituir el Partido Socialista Popular, en cuyo Congreso de Fundación (1963) participaron: el POR, un sector del MIDI (Movimiento de Independientes de Izquierda, allendista, dirigido por el Dr. Enrique Reyes), militantes del movimiento de pobladores orientados por Víctor Toro, jóvenes de Santiago escindidos del PS, la OSI (Organización Socialista de Izquierda, nucleada por Gonzalo Villalón); la revista “Polémica”, dirigida por Tito Stefoni; la mayoría del Comité Regional Coquimbo del PS, encabezado por su secretario general, Mario Lobos; gran parte del Comité Regional del PS de Talca y núcleos socialistas de base de la zona sur, de Linares a Puerto Montt. Como secretario general del PSP fue elegido el trotskista Humberto Valenzuela, dirigente nacional de los Obreros Municipales. Su periódico oficial: “La Chispa”, cuyo director fue Dantón Chelén, luego de su ruptura con el PS.

Paralelamente se fueron unificando fuerzas en Vanguardia Revolucionaria Marxista, entre ellas la mayoría de la Vanguardia Nacional del Pueblo, liderada por Enrique Sepúlveda, sectores disidentes del PC, que años antes había formado el MRA (Movimiento de Resistencia Antiimperialista) dirigido por Luis Reinoso, Benjamín Cares, J. Pilowsky, Ernesto Benado y Martín Salas; en 1963 se integró el PRT (Partido Revolucionario Trotskista), orientado por Jorge Cereceda, y en 1964 el MRC (Movimiento Revolucionario Comunista, escindido de la Juventud Comunista, orientado por Gabriel Smirnow). A la VRM se integraron en 1964 Miguel, el Bauchi, Marco Antonio y otros estudiantes de Concepción.

A este proceso de unificación, uno de los pocos investigadores del tema, Carlos Sandova lo denomina “Prehistoria”, tomando este concepto de la clasificación tradicional de los historiadores europeos de la Historia Universal que estimaban que la historia comenzó con la escritura, colocando equivocadamente el prefijo “pre”, sin advertir que todo es historia a partir de la aparición de los primeros seres humanos y de su contacto con la naturaleza. Nadie puede negar que nuestros Pueblos Originarios hicieron historia; bastaría con señalar un sólo ejemplo: la invención del número cero por los mayas, siglos antes que los europeos, cuando éstos ya tenían la escritura.

No corresponde caracterizar de “prehistoria” al proceso de unificación de la izquierda revolucionaria (1961-1965) por varias razones: a) porque los principales fundadores del MIR fueron los mismos que lideraron los diversas organizaciones que dieron nacimiento al Movimiento de Izquierda Revolucionaria; b) porque el carácter Socialista de la Revolución, la necesidad de la lucha armada e insurreccional para la toma del poder y el programa del Congreso de Fundación del MIR se basó en los programas que tenían el POR, el PRT, VRM y PSP, que muchos años antes hacían uso de la “escritura” y de acciones relevantes en el movimiento obrero; c) porque los principales dirigentes sindicales y del movimiento de Pobladores que asistieron al Congreso de Fundación, provenientes de las anteriores organizaciones citadas, fueron los mismos que tuvo el MIR en sus comienzos; d) porque el periódico “El Rebelde” se editaba por la VRM varios años antes de que el MIR lo adoptara como su órgano oficial, haciendo uso obviamente de la “escritura”. Nos permitimos hacer estas aclaraciones no sólo para demostrar que antes del MIR las organizaciones mencionadas ya hacían historia, sino porque Sandoval sólo menciona como referencia teórico-política a VRM en su libro, páginas 7 a 12.

Todos las organizaciones que confluyeron en el PSP y VRM se autodisolveron con la decisión de constituir un solo partido de la revolución. Con este objetivo central se convocó al Congreso de Fundación del MIR. Queda así demostrado, con documentos de la época, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por las numerosas organizaciones citadas, de larga trayectoria en el movimiento sindical y poblacional, a través de un proceso de discusión y acciones comunes que duró 4 años, de 1961 a 1965. Como prueba irrefutable podemos decir que el MIR, 15 días después de su fundación, llevó más de 25 delegados al IV Congreso Nacional de la CUT, efectuado el 30 de agosto de 1965. La conclusión es obvia: es imposible que un grupo de estudiantes de Concepción pudiera haber elegido más de 25 delegados obreros entre el 15 y 30 de agosto, que presentaron un programa de lucha que sólo pueden elaborado por trabajadores experimentados, como consta en el documento que obra en nuestro poder.␣

Cabe destacar que Andrés Pascal A. fue el único en reconocer oficialmente en 1986 en un documento interno del MIR, elaborado en Buenos Aires, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por un proceso previo de unificación de varias organizaciones revolucionarias.

Por lo demás bastaría con señalar que en el Congreso de Fundación del MIR fueron elegidos al Comité Central personas como Clotario Blest (9 años presidente de la CUT y primer y único Partido en el que militó) y Humberto Valenzuela, candidato obrero a la Presidencia de Chile en 1942, para demostrar rotundamente que el MIR no fue fundado por un grupo de estudiantes de Concepción. No obstante, Sandoval coloca en su libro, al final del capítulo sobre los fundadores del MIR, solamente las fotos de estudiantes de Concepción, no por azar sino porque sabe que la imagen refuerza los mitos.

Capítulo II El Congreso de Fundación del MIR

Al Congreso de Fundación del MIR, efectuado en la calle San Francisco No 269, local facilitado por el anarquista Ernesto Miranda, asistieron delegados del PSP, de la VRM, el sector sindicalista encabezado por Clotario Blest y un grupo escindido del PSR, liderado por Norman Gamboa y Patricio Figueroa.

En dicho Congreso se aprobó una Declaración de Principios, cuyo borrador fue redactado por Luis Vitale, un programa estratégico y coyuntural de lucha, propuesto por Clotario Blest, el PSP y VRM, unas bases de organización y estructura interna del MIR y una Tesis Insurreccional redactada por Miguel y Marco Antonio Enríquez y leída por Miguel, hecho inédito en la historia de los partidos de la izquierda chilena, pues en ninguno de sus Congresos jamás fue aprobada una tesis insurreccional. Esta tesis fue aprobada con una modificación fundamental: que para iniciar la insurrección armada debía haber un ascenso relevante del movimiento popular y que los grupos armados tenían que asentarse en fuertes bases sociales, para no caer en una desviación foquista, como había sucedido en varios países latinoamericanos.

La Declaración de Principios tuvo aspectos teóricos y programáticos tan trascendentes que, después de 34 años, mantienen vigencia, a contracorriente de los “renovados por la derecha” y de los que en un tono triunfalista -efímero, como toda moda- proclaman la obsolencia del marxismo y hasta de la lucha de clases, aparentando ignorar que bajo el “neoliberalismo” las desigualdades sociales son más agudas que en los siglos anteriores.

En su acápite I, p. 1, planteaba la tarea central de “emancipación nacional y social”, hoy más urgente que nunca pues la transnacionalización del capital y la denominada “globalización” han significado la pérdida de “facto” de la soberanía nacional y hasta la propia identidad cultural de nuestros pueblos.

También está vigente el acápite II: “El MIR combate intransigentemente a los explotadores, orientado en los principios de la lucha de clases y rechaza categóricamente toda estrategia tendiente a amortiguar esta lucha”. El acápite IV definía sin equívocos el carácter de la revolución: “Las luchas por la liberación nacional y la reforma agraria se han transformado a través de un proceso de revolución permanente e ininterrumpida, en revoluciones sociales, demostrándose así que sin el derrocamiento de la burguesía no hay posibilidades efectivas de liberación nacional y reforma agraria integral, tareas democráticas que se combinan con tareas socialistas. La revolución en los países coloniales y semicoloniales no ha resuelto aún los problemas básicos del socialismo. Mientras la revolución no triunfe en los países altamente industrializados siempre estará abierto el peligro de una guerra nuclear y no se podrá alcanzar la sociedad sin clases”.

Esta conclusión es más vigente que nunca en plena era del llamado capitalismo “neoliberal”, que de liberal -en el sentido decimonónico del concepto- no tiene ni pizca, sino que más bien el modelo es neo-conservador. El

acápite V planteaba una apreciación clave: “La crisis de la humanidad se concretiza en la crisis de dirección mundial del proletariado” (p.2). Si esta conclusión era correcta hace 34 años, cuando aún existían importantes corrientes revolucionarias en el mundo, hoy cobra mayor relevancia ante la crisis generalizada de la izquierda mundial.

En el acápite VI se rechazaba “la teoría de la revolución por etapas, que establece equivocadamente que primero, hay que esperar una revolución democrático-burguesa, dirigida por la burguesía industrial” (p.2) Las críticas al reformismo que se formulan en el acápite VII continúan siendo certeras, hoy más nunca ante el giro derechista del PS, que por su transformismo político se ha convertido en un partido más liberal de centro que socialdemócrata, para vergüenza de Bernstein y Kautsky, que sí eran verdaderos teóricos socialdemócratas, no estos pragmáticos de la “era neoliberal”.

Los partidos de la izquierda tradicional -decía la Declaración de Principios del MIR- “engañan a los trabajadores con una danza electoral permanente olvidando la acción directa y la tradición revolucionaria del proletariado chileno. Incluso sostienen que se puede alcanzar el socialismo por la vía pacífica y parlamentaria, como si alguna vez en la historia las clases dominantes hubieran entregado voluntariamente el poder” (p.2).

Este diagnóstico tuvo un desenlace trágico porque los partidos de la Unidad Popular, diseñaron su estrategia basados en la “vía pacífica y parlamentaria”, adobada con “vino tinto y empanadas”. Todos conocemos el resultado: se ganó electoralmente el gobierno con Allende pero no el poder real. Y después de 17 años de dictadura militar, aquí estamos todavía con Pinochet y con el “poder fáctico” de las Fuerzas Armadas. En tal sentido, la Declaración de Principios del MIR fue profética: “El MIR rechaza la teoría de la `vía pacífica( porque desarma políticamente al proletariado y por resultar inaplicable, ya que la propia burguesía es la que resistirá, incluso con la dictadura totalitaria y la guerra civil, antes de entregar pacíficamente el poder”. La prognosis del MIR no pudo haber sido más acertada al señalar que “el único camino para derrocar el régimen capitalista es la insurrección popular armada” (p.3).

El último acápite de la Declaración de Principios sigue vigente: “hemos asumido la responsabilidad de fundar el MIR para unificar, por encima de todo sectarismo, a los grupos militantes revolucionarios” (p.3). Si esta decisión era correcta entonces, hoy es tan necesaria como antes, sobre todo porque han comenzado a surgir fuerzas revolucionarias no muy inferiores a las que dieron lugar a la fundación del MIR, con la ventaja de haber sufrido experiencias que pueden contribuir a una táctica más adecuada a la coyuntura y con la conciencia de que no sólo el proletariado es la única fuerza motriz de la revolución, al comprender la importancia de otros Movimientos Sociales.

En tal sentido, cabe recordar que el MIR, como otros partidos de la izquierda de aquel entonces, no consideraron la significación potencialmente revolucionaria del movimiento feminista, de los Pueblos Originarios y menos de aquellos ecologistas suversivos. Bastaría releer la Declaración de Principios del MIR de 1965 para darse cuenta de que no hay ninguna referencia a la mitad de la población, las mujeres, ni tampoco la más mínima mención a los mapuches y aymaras, omisiones de las cuales soy en cierta medida responsable por haber sido designado para redactar el borrador, lo que no exime a los delegados que asistieron al Congreso de Fundación.

En la última línea de la Declaración de Principios se sostiene que “el MIR se rige por los principios del centralismo democrático” (p.3), afirmación que amerita una exhaustiva explicación para las nuevas generaciones, reacias a aceptar toda orgánica con estructura verticalista. Para que el discurso del nuevo referente -que tenemos que forjar- tenga credibilidad hay que comenzar dando el ejemplo en cuanto a democracia partidaria interna.

El “centralismo democrático” es una categoría política clave para la construcción de un partido revolucionario, pero ha sido tan manoseada y deformada, que de hecho se ha transformado en un aberrante centralismo- burocrático. En nombre del centralismo democrático, Stalin se convirtió en un dictador y luego los partidos de la izquierda -tanto tradicional como revolucionaria- han actuado de manera centralista y antidemocrática. Sugerimos, entonces, conservar la esencia de lo que fue esta formulación planteada por los clásicos del marxismo, pero cambiándole el nombre. Al efecto, proponemos el concepto de coordinación-democrática, como una sola categoría, sin escindir coordinación de democracia, que exprese la centralización de las acciones y políticas resueltas de manera democrática por las bases, no de imposición verticalista sino de comunicación fluída entre las bases y la dirección. Se evitaría así el carácter federativo, al mismo tiempo que se estimularía la relativa autonomía de los organismos regionales y locales.

Otra insuficiencia que tuvimos en el MIR fue no tener una clara Concepción de Partido. Criticábamos al stalinismo, pero no profundizamos acerca de que nuestra izquierda era heredera en lo fundamental de esa estructura de partido, con su respectivo secretario general, que por ser elegido en un Congreso goza de especiales poderes hasta que es cambiado por otro, que repite el mismo esquema de poder. En fin, hay que terminar con la estructura verticalista, que tiende al sustitucionismo tanto de las organizaciones populares como de los propios organismos partidarios de base. Un partido que sea capaz de respetar la autonomía de los Movimientos Sociales, étnicos y de género y que haga política no “en representación” de ellos, sino a través de los dirigentes naturales del pueblo oprimido.

El programa aprobado partía de una clara posición internacional, que diferenció al MIR de los otros partidos de izquierda, inclusive del maoísta PCR. “Por graves que sean los errores en que suelen incurrir las burocracias políticas de los Estados en transición al socialismo, el MIR proclama su apoyo al campo socialista y rechaza categóricamente la idea de una posible neutralidad (…) se pronuncia por la defensa de estos países en caso de agresión capitalista (…) El MIR proclama su apoyo a la revolución cubana sus métodos de lucha insurreccional, liquidación de la oligarquía, antitud anti-imperialista y formas de construcción del socialismo (…) El MIR luchará por la organización de las Repúblicas Unidas Socialistas de América Latina, unidad que concebimos no como un solo país, sino como una unidad federativa”.

El programa para Chile planteaba: a) Nacionalización sin indemnización de las empresas de cobre, salitre, hierro, electricidad, teléfonos, bancos y grandes casas comerciales; b) Ruptura de los pactos que nos atan al imperialismo; c) Desconocimiento de la Deuda externa; d) Revolución Agraria; e) reivindicaciones coyunturales para los explotados y oprimidos y y un diseño de sociedad socialista alternativa. “Este programa solo podrá ser realizado mediante la liquidación del aparato estatal burgués y su reemplazo por la democracia directa y las milicias armadas de obreros y campesinos (…) derrocando a la burguesía e instaurando un gobierno revolucionario dirigido por los órganos de poder de obreros y campesinos”. ␣

Continuando con el relato del Congreso de Fundación del MIR, recordamos que Enrique Sepúlveda fue elegido secretario general y que el Comité Central estuvo integrado por Clotario Blest, Humberto Valenzuela, Luis Vitale, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Dantón Chelén, Miguel Enríquez, Bautista van Schouwen, Edgardo Condeza, Jorge Cereceda, Martín Salas, el “Pelao Zapata, Luciano Cruz, Mario Lobos y Mondiola. El Secretariado Nacional quedó integrado por Sepúlveda, Smirnow, Chelén, Waiss y Valenzuela.

Capítulo III Los avances del MIR entre 1965 y 1967

El accionar del MIR en este período sólo puede ser comprendido a cabalidad si se inserta en el contexto que vivía Chile durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva. Accedió al poder con el apoyo de los Partidos Conservador y Liberal en crisis, pero fundamentalmente con los votos de importantes sectores de obreros, campesinos y capas medias que permitieron a la DC obtener 1.409.012 votos contra 977.902 de Salvador Allende que provinieron básicamente de los sectores populares. Es decir, en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1964 se expresó un anhelo de cambio de la mayoría de la población explotada y oprimida, por encima de los acuerdos de las cúpulas políticas.

A poco andar, después de que Frei promulgara su mediatizada “chilenización del cobre” y su menguada Reforma Agraria, los trabajadores del campo y la ciudad -que se habían esperanzado en la promesas de la DC- comenzaron a radicalizarse, junto a las bases y el ala izquierda democristiana, promoviendo un proceso de luchas sociales que a continuación señalaremos, en el cual se insertaron los militantes y la política concreta del MIR y del ala izquierda socialista que alcanzó acuerdos revolucionarios en el Congreso de Chillán.

Desde 1965 hasta 1967, el MIR atravesó por un período de estructuración orgánica por la base, de homogeneización política y de crecimiento en sectores populares. En la Federación de Estucadores emergió como líder el obrero Juan Ramos, en la Confederación Nacional de Trabajadores de la Salud fueron elegidos los miristas Norman Gamboa y Héctor Villalón; en una fábrica textil y luego en el Cuero y Calzado salió electa María Concha, en la zona del carbón importantes militantes miristas, Lucho Concha en la Federación de Obreros de la Construcción; además de Humberto Valenzuela, nuevamente elegido dirigente de de la Junta Nacional de los Obreros Municipales␣eí “Textiles”␣. En el Frente de Pobladores, Víctor Toro continuó liderando nuevos movimientos, mientras Herminia Concha tuvo un reconocimiento a sus luchas al ser elegida dirigenta de la Población Santa Adriana el 28 de agosto de 1966.

En el movimiento estudiantil, el MIR experimentó avances en la FECH de Santiago, obteniendo la primera mayoría en Sociología y Psicología y ganando el Centro de Medicina en alianza con la JS. Los dirigentes estudiantiles miristas más destacados en la FECH de Santiago fueron Alvaro Rodas y Dantón Chelén. Pero donde el MIR tuvo un ascenso impetuoso fue en la Universidad de Concepción, a través de Luciano Cruz A., que pronto se convirtió en el principal dirigente de masas del MIR, no sólo en el movimiento estudiantil sino también en el seno de importantes sectores de trabajadores. Tan importante era este liderazgo de Luciano, que Clotario Blest propuso en el Comité Central del MIR una gira nacional de él y Luciano por los principales sindicatos y poblaciones del país, gira que no alcanzó a concretarse por falta de recursos. En tal sentido, cabe señalar que durante los primeros años el MIR no tuvo apoyo financiero de ningún Partido internacional y menos de un país en transición al socialismo, incluido Cuba.

Salieron regularmente al público el periódico “El Rebelde” y la revista teórica “Estrategia”, en cuyo primer número, noviembre 1965, colaboraron Enrique Sepúlveda con un artículo sobre “Un año de gobierno DC”; Gabriel Smirnow: “Las elecciones universitarias” donde destacó el crecimiento del MUI que, encabezado por militantes miristas, obtuvo 810 votos en las elecciones de la FEC en 1965, mientras el PC apenas sobrepasó los 200 votos y la DC sacó la primera mayoría con 1.184, el PR 421 y el PS 162 votos. En Santiago, el flamante MIR alcanzó 505 votos, correspondiéndole a la DC la primera mayoría con 5.049, seguido por el PC con 2.175, el PS 1.590, el PR 857 y el P.Conservador y Liberal 510 votos. Otro artículo sobre “La etapa actual de la Revolución Latinoamericana” fue redactado por Luis Vitale, presentando un balance provisorio del movimiento guerrillero desde 1960 hasta 1965. Oscar Waiss hizo un artículo sobre la evolución de la izquierda chilena titulado “La metamorfosis”. Un debate sobre el Arte y finalmente un documento del MIR peruano sobre la muerte de Luis de la Puente Uceda.

Respecto de este ultimo tema, el No 3 de “Estrategia”, abril 1966, estuvo dedicado a “La Revolución Peruana”, con un largo ensayo escrito por el sociólogo peruano Aníbal Quijano, que lo suscribió con el seudónimo de Silvestre Condoruna. El No 4, junio 1966, también tuvo un tema central: “Cuba, la Tricontinental y la Revolución Latinoamericana”, resolución adoptada por la III Sesión Plenaria del CC. del MIR verificada el 17 de abril de 1966. Además de reiterar el apoyo a Cuba, anteriormente publicado en el No 4 de “Estrategia”, el MIR hizo un saludo a la Tricontinental, pero objetó fraternalmente las injustas críticas a la lucha armada de Yon Sosa en Guatemala y a la construcción del socialismo en China. En el No 6, de septiembre 1966, Humberto Valenzuela hizo un interesante artículo sobre “La Comuna Obrera y las Juntas de Vecinos”, junto a la 1a edición chilena del ensayo del Che Guevara sobre “El socialismo y el hombre”. El No 9 de “Estrategia”, junio 1967, publicó una de las últimas cartas del Che y una resolución del movimiento revolucionario brasileño “Política Operaria”.

El periódico “El Rebelde” No 39 de septiembre 1966 informaba que “los días 23 y 24 de agosto de 1966 se realizó la Primera Convención Nacional de Estudiantes del MIR con la participación de delegados de Santiago, Concepción, Valparaíso, Chillán y Coquimbo, que resolvieron organizar el FER (Frente Estudiantil Revolucionario)”. En ese mismo número se comunicaba que en una audición del Canal 9 se registró una importante polémica entre representantes estudiantiles del PS, la DC y el MIR, representado por Dantón Chelén.

En el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, comenzó a destacarse el estudiante de Historia, Sergio Pérez, militante del MIR, quien el 21 de mayo de 1966 en Pleno Congreso Nacional en momentos que el Presidente Jorge Alessandri iniciaba el tradicional Mensaje, lanzó a voz en cuello las consignas de ¡Abajo la mano dura contra los obreros! ¡Viva el MIR!, mientras sobre la cabeza de los parlamentarios volaban centenares de volantes. Tras esta valiente acción, el “chico” Pérez fue detenido.

En ese año, propuse la apertura de un trabajo político sobre el naciente grupo de Cristianos por el Socialismo que se estaba radicalizando con la lectura de los ideólogos de la Teoría de la Liberación, especialmente con el libro del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez. Recuerdo que esta proposición fue aceptada con una reticencia que reflejaba la hostilidad a todo lo que “oliera a sotana”, reacción propia no sólo del Partido Radical sino también de la izquierda tradicional, heredera del liberalismo decimonónico, particularmente del PS nacido al calor de las logias masónicas.

De todos modos, iniciamos con Edgardo Condeza contactos con varios democristianos, ya desilusionados de la “marcha de la Patria jóven”, entre ellos el Dr. Carmona, instalado en uno de los pueblos más pobres de la zona del carbón: Curanilahue. Junto con él, pronto comenzaron a ingresar al MIR varios compañeros Cristianos por el Socialismo, sobre todo después de la toma de la Catedral y de la huelga de los estudiantes de la Universidad Católica en 1967 por una nueva Reforma Universitaria, que lideró Miguel Angel Solar, uno de los mejores dirigentes estudiantiles de aquella época de ensueño.

La libre expresión de las ideas y la práctica de la democracia interna, garantizada por su primer secretario general, Enrique Sepúlveda, permitieron ir decantando las posiciones políticas, aunque nunca en el MIR se constituyeron fracciones con disciplina propia.

El II Congreso Nacional se realizó en agosto de 1966 -ya que por estatutos debían realizarse Congresos todos los años- en un antiguo galpón de Conchalí, donde Manuel Cabieses se incorporó al MIR, poniendo a disposición las páginas de la revista Punto Final. Uno de los puntos centrales de discusión de este Congreso fue explicitar la posición oficial sobre la situación internacional, procurando precisar la política frente a la construcción del socialismo en China, que en esos años era un punto relevante de debate en la izquierda mundial. El proyecto de Tesis Internacional: “El carácter de la Revolución y la Contrarrevolución” fue motivo de interesantes debates sobre las experiencias de las revoluciones de los últimos 30 años a nivel mundial. Se analizó el significado y la repercución de la Doctrina de Seguridad Nacional que asignó nuevos papeles de política interna a las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos, cuya primera concreción fue el golpe militar brasileño contra Joao Goulart en 1964. Además, fue expresamente criticada la política de “coexistencia pacífica” de la burocracia soviética, que en nada favorecía el proceso revolucionario en Vietnam y Corea del Norte.

El último acápite del documento aprobado versó acerca de “La agonía mortal del stalinismo”. Los comentarios huelgan acerca de esta profecía, no sólo de la IV Internacional sino de la izquierda revolucionaria mundial que seguía atenta la evolución del “socialismo” con comillas, real sin comillas, que se estaba dando en la URRS, aunque no se podía predecir que la restauración del capitalismo se iba a dar por la vía pacífica en la década de 1990, hecho inédito en la historia.

Después de aprobar los documentos sobre “La actual coyuntura chilena” y el programa y la táctica a seguir, el II Congreso procedió a elegir el secretario general del MIR, recayendo la decisión unánime en la reelección de Enrique Sepúlveda. Junto con este compañero, el Secretariado Nacional quedó integrado por Humberto Valenzuela, Gabriel Smirnow, el Chipo y Luis Vitale.

Recuerdo que recién en este Congreso comencé a darme cuenta de las dimensiones de la formación teórica de Bautista van Schouwen. Personalmente lo había conocido en las reuniones previas a la fundación del MIR, pero no había calado a fondo su densidad de pensamiento. Lo volví a ver en el Congreso de Fundación: alto, pálido, reflexivo, contento pero en cierta medida angustiado – en el real sentido de la angustia creativa- por la responsabilidad que asumíamos: generar un Movimiento de Izquierda Revolucionaria, inspirado en el marxismo revolucionario y en el ejemplo de la Revolución Cubana, que cortó en dos la historia latinoamericana. El Bauchi comenzó a hablar por la boca de los nuevos tiempos; se levantó de la banca pintada de morado oscuro, desenvainando argumentos en pro del carácter socialista de la revolución en polémica fraternal con los cinco compañeros que aún postulaban una revolución de tipo nacional- popular. En un descanso del Congreso de Fundación, le pregunté a ese joven que apenas frisaba los 20 años: –¿de donde sacas esos planteamientos tan sólidos.de Marco Antonio Enríquez, un filo trotskista de Concepción.

En el II Congreso me llamaron la atención sus intervenciones sobre el pensamiento de Rosa Luxemburgo: el significado de las huelgas obreras, generadoras de los primeros soviets en la Revolución Rusa de 1905. Luego, en un aparte del Congreso, me dijo que los libros de “la Rosita” siempre estaban en su mesita de luz, junto a los del “barbón” Marx, el “pelao” Lenin y el “pera” Trotsky, en el decir irreverente de aquella juventud de los `60. Y prosiguió: necesito que tu me ayudes en el estudio de un libro muy difícil de Rosita: “La acumulación del capital”. Terminado el Congreso, lo invité a mi casa a revisar ese libro; como sabía algo de su ancestro, le puse unos discos de música holandesa. Luego, se puso a conversar con mi compañera, especialista en Neuropsiquiatría. A partir de entonces, el estudiante penquista de la carrera de Medicina, se hizo habitué de nuestra casa, cuando viajaba a Santiago a las reuniones del Comité Central. Pronto se recibió de Neurólogo; quería conocerse a sí mismo y conocer el “ser profundo” de los demás, con esa su gran sensibilidad de cuerda de violín.

Desde mediados de 1966 hasta diciembre de 1967, los núcleos sindicales del MIR, orientados por Clotario Blest, experimentaron un apreciable avance, al igual que los militantes que activaban en el sector de los pobladores de la zona urbano-periférica pobre, motorizados por Víctor Toro, principalmente en Santiago. Crecía el MIR en el Norte Chico por la influencia desplegada por el Comité Regional Coquimbo, dirigido por Mario Lobos, pero no habíamos podido estructurar núcleos en el Norte Grande, salvo contactos y simpatizantes individuales. Tampoco lográbamos consolidarnos en las capas de trabajadores de Valparaíso y Viña, aunque teníamos estructura organizativa y activas células. En el centro del país, el MIR había logrado una cierta consolidación en Talca, debido a los socialistas que se habían escindido del PS. El Comité Regional Concepción, a través de Edgardo Condeza, Miguel y el Bauchi, trataba de irradiar su influencia sureña hasta Puerto Montt, donde existía desde 1965 un núcleo de socialistas separados de su partido e integrados al MIR. El Comité Regional Santiago se fortaleció con la elección del “trompeta” Marín, al cual se incorporaron Edgardo Enríquez y un importante militante en ruptura con la Juventud del PS: Winston Alarcón.

Se amplió significativamente la influencia del MIR en Trabajadores de la Salud, donde Norman Gamboa y Héctor Villalón se convirtieron en referente político-sindical de centenares de trabajadores de esa Federación que contaba con más de 40.000 afiliados, no obstante el peso específico de la Directiva Nacional controlada por militantes del ala izquierda del PS. Similar crecimiento se dio en el seno de los Obreros de la Construcción, donde el MIR ejerció influencia a través del accionar consecuente de Juan Ramos, Lucho y Jovino Concha, a pesar del control mayoritario de los miembros del PC.

En Obreros Municipales, además del liderazgo de Valenzuela, comenzaron a destacarse Santis y Angel Canales, mientras se consolidaba la simpatía al MIR en la Federación del Cuero y Calzado, por intermedio de su vocera más destacada: María Concha, que veía facilitada su acción por el proceso de izquierdización sindical de dirigentes de la Federación, como el anarquista Ernesto Miranda. En el sector de obreros metalúrgicos, el MIR tenía algunos militantes jóvenes que se abrían paso con dificultades no sólo por su escasa experiencia sino por el aplastante peso de las células del PC, dirigidas por Elías Mallea. Algo parecido acontecía en la Federación de Química y Farmacia, donde ejercía un control casi total el dirigente reformista Miguel Pradenas. En el seno de los profesores de enseñanza media, el MIR empezó a ganar militantes, aunque todavía no alcanzaba a figurar en las elecciones del Colegio de Profesores.

En el sur, el MIR comenzaba a crecer entre los obreros del Carbón, estimulados desde Concepción por Luciano Cruz, quien conocía cabalmente Lota y Coronel -cuando era militante de las Juventudes Comunistas- y ya connotado mirista viajaba a dar cursos de formación sindical y política, hecho que pude palpar en las Escuelas de Verano del Carbón de 1968 al ver a Luciano desplegar su espontánea comunicación con los obreros dando charlas sobre el Manifiesto Comunista, en un lenguaje tan pedagógico y en términos tan sencillos que sólo puede utilizar una persona que sabe bien el tema que está analizando. Recuerdo que en dicha Escuela de Verano empezó a colaborar Fernando Mires, uno de los intelectuales revolucionarios más capaces que han surgido en Chile, hoy brillante profesor de la Universidad alemana de Oldenburg y autor de numerosos libros sobre América Latina.

Por su parte, Miguel terminó en 1966 una importante contribución con un trabajo sobre un tema que al año siguiente fue utilizado en la Reforma Universitaria, titulado “La Revolución Universitaria”. Asimismo, le hicieron dos reportajes en “Punto Final”.

En el estudiantado universitario, en 1967 el MIR lograba dar un salto cuanti-cualitativo con la elección de Luciano Cruz a la Presidencia de la Federación de Estudiantes de Concepción. Ese fenómeno contribuyó a proyectar una significativa influencia en el estudiantado no sólo universitario sino también secundario, atrayendo al MIR a numerosos jóvenes y, al mismo tiempo, radicalizando a la Juventud Socialista. La Brigada Universitaria del MIR en Santiago, liderada por Alvaro Rodas, contribuyó a que se lograra un notable avance en las elecciones de 1967 de la FECH al obtener el MIR en alianza con la JS la primera mayoría con 1.270 votos, desplazando a la DC que sacó 1.060, al PR: 527 y al PC: 257. Durante ese año empezó a destacarse el estudiante de la carrera de Medicina, Jorge Sánchez, y se incorporaron importantes militantes de la JJ.CC., entre ellos Sergio Zorrilla, estudiante de Filosofía en el Pedagógico.

A mediados de 1966, una decena de militantes del MIR, de procedencia trotskista, hicieron la primera expropiación de armas en una armería de santiaguina. La operación fue limpia, pero cuando el equipo Comando se retiraba con los frutos preciados, el dueño del negocio despertó del “cachuchazo” recibido, alcanzando a ver un hombre bajo y gordito, que luego describió a los agentes de Investigaciones; al salir en la prensa el retrato hablado, “fondeamos” a Mondiola en un hospital durante un mes y medio. Los jefes del aparato militar de entonces, Z. y Ch., reconocieron más tarde que las primeras armas que tuvo el MIR se debieron a esa expropiación de unos compañeros que provenían del trotskismo.

Manuel Cabieses ha sostenido que Jaime Barrios “aproximadamente a fines de 1966 vino a Chile en misión confidencial, que más tarde entendimos le había encargadio el Che. Se reunió con un grupo de miristas, comunistas y socialistas y los invitó a participar en un proyecto de lucha armada liberadora que abarcaría los países de la región andina y del Cono Sur. Sin embargo, los resultados de su misión en Chile fueron desalentadores. En el MIR se daba una áspera lucha para desplazar a la dirección fundadora de origen trotskista”.

En honor a la verdad, Jaime Barrios nunca se entrevistó con la dirección del MIR, hecho que puedo asegurar porque en 1966 yo era miembro del Secretariado Nacional. Si hubiera habido algún intento de Barrios de contactar al MIR, por intermedio de alguno de nuestros militantes, seguramente que Miguel, Luciano y el Bauchi nos hubieran comunicado de inmediato pues eran miembros del Comité Central. Además, Cabieses no podía estar tan bien informado, ya que recién a mediados de 1966 se incorporó al MIR en su II Congreso. Quizá Barrios alcanzó a reunirse con comunistas y socialistas, pero no con dirigentes miristas, y si lo hizo con alguno de base- a espaldas de la dirección del MIR, con una intencionalidad fraccional- hablaría muy mal de una persona que viene a Chile “por encargo del Che”.

Por otra parte, es otro error de Cabieses sostener que en 1966 había en el MIR “una áspera lucha para desplazar a la dirección fundadora de origen trotskista”. Es sabido que la Dirección del MIR nunca fue mayoritariamente trotskista y que en el Congreso Nacional de 1966 no hubo ni la más remota “áspera lucha para desplazar a la dirección fundadora de origen trotskista”. Al contrario, hubo acuerdo en reelegir como secretario general a Enrique Sepúlveda, fundador del trotskismo chileno, y a otros miembros que habían militado en el POR: Valenzuela, Vitale y otros citados anteriormente. El mismo Miguel, el Bauchi y otros jóvenes penquistas se autodenominaban “neo-trotskistas”, compartiendo las ideas de León Trotsky sobre el carácter socialista de la Revolución y la crítica al stalinismo. Por último, podríamos agregar un dato clave que Cabieses no podía saber: Miguel gozaba de la total confianza de Enrique Sepúlveda, a tal punto que algunos miembros del Comité Central decían en broma que “Miguel era el delfín que había ya escogido el Secretario General”.

Durante 1966 y 1967, el Secretariado Nacional redobló sus contactos con los movimientos revolucionarios latinoamericanos, especialmente con el MIR de Perú, Bolivia y Venezuela, el grupo trotskista peruano dirigido por Hugo Blanco, líder de los campesinos del Valle de La Convención; con lo que quedaba de la URJE del Ecuador, el PRT-ERP de Argentina, liderado por Santucho, miembro de la IV Internacional, los Tupamaros de Sendic en Uruguay y con “Política Operaria” de Brasil, por intermedio de algunos de sus militantes refugiados en Chile, como Evelyn Pape y Theotonio Dos Santos, quien estuvo en varias reuniones de nuestro Secretariado.

Consecuente con esta práctica internacionalista-latinoamerica, el Comité Central, reunido en el sótano de la casa del senador socialista Alejandro Chelén Rojas, resolvió a mediados de 1967 enviar a Miguel Enríquez a entrevistarse con la dirección cubana, con la misión de que el MIR no aceptaba plazos calendario sino tiempos políticos, resueltos autónomamente en Chile, basados en el ascenso popular, para junto a los trabajadores iniciar la insurreción, porque no queríamos repetir la errónea experiencia de Luis de la Puente Uceda en Perú, estimulada equivocadamente por los encargados del aparato cubano para América Latina. Gracias esa franqueza, siempre mantuvimos una transparencia política con los compañeros cubanos.

Según Marco Antonio, en el reportaje citado, “Miguel entra en relaciones con Fidel el año 67; yo estaba en Toulousse y recibo un telegrama de Miguel diciéndome que vaya a París. Cuando llego a la casa donde estaba alojado Miguel, la había allanado la policía aduanera (…) Luego paseamos por París y yo le explicaba el significado de este y otro monumento. Miguel le llegó contando al trotsko Vitale que yo le había enseñado en detalle la Comuna de París. De París, Miguel fue a Praga”.

No obstante, estas elocuentes acciones en el movimiento sindical, de pobladores y estudiantil, expropiación de armas y envío de compañeros, como Miguel y Luciano, para reforzar lazos con Cuba y adiestrarse en el plano político-militar, Carlos Sandoval se permite decir que hasta diciembre de 1967 el MIR “no pasaba de ser un grupo de propaganda”. repitiendo la errada apreciación de Edgardo Enríquez, en un reportaje de julio 1972: durante dos años (1965-67), “el MIR no logró ir más allá de un círculo de propaganda y discusión ideológica”.  negando su propia historia y la de su hermano. Está demás insistir en que esta sesgada aseveración tuvo por objetivo omitir todas las acciones concretas, realizadas por la anterior dirección del MIR entre 1965 y 1967, para poner de manifiesto que recién con la nueva conducción surgida en el Congreso de diciembre 1967 el MIR pudo salir del “ideologismo, impuesto por el trotskismo, distintivo de la prehistoria mirista”.

Esta rotunda afirmación cae en una falsedad que, inadvertidamente, niega el pasado de Miguel, el Bauchi, Luciano y del propio Edgardo, pues ellos serían culpables de perpetuar el grupo de mera propaganda, pues eran miembros de los Comités Centrales de 1965, 1966 y 1967. Al mismo tiempo, reniega de la simpatía que tenían hacia el trotskismo dichos camaradas. Por otra parte, la apreciación es incorrecta, ya que es sabido que nunca los militantes que provenían del trotskismo constituyeron mayoría los Comités Centrales entre 1965 y diciembre 1967. Además, al Congreso de Fundación del MIR y en su primera dirección participaron camaradas no sólo trotskistas sino muchos con influencias pro-china, filo-castristas, ex-militantes del PS y del PC y numerosos sindicalistas que, como Clotario Blest, nunca habían militado en ningún partido. Finalmente, los trotskistas que confluyeron en el MIR estaban muy lejos de ser representantes de esa imagen deformada de círculo de propaganda -atribuida a algún pequeño grupo “trotsko”- sino que como militantes del POR hicieron permanentes acciones junto a los trabajadores, como su participación activa en la huelga con ocupación del polvorín “Técnica Ltda.” en 1955, de la huelga con ocupación de 160 fábricas del Cuero y Calzado ese mismo añó y de la incorporación a la cuasi-insurrección popular del 2 de abril de 1957, llegando a ser dirigentes de sindicatos, Federaciones, miembros de la CUT nacional y provincial y organizadores de los primeros Comités de Apoyo a la Revolución Cubana.

El propio Miguel -en su afán por justificar la división que a continuación analizaremos- llegó a decir, posteriormente, que el MIR de 1965 a diciembre 1967 era “una bolsa de gatos, de grupos, fracciones, sin niveles orgánicos mínimos, carente de estrategia y táctica y aislado de las masas”. Con esta sesgada afirmación, Miguel estaba también negando al MIR que contribuyó a crear, pues fue miembro de esos dos primeros Comités Centrales. Y sabía que el MIR se constituyó como una confluencia de organizaciones de diversos orígenes político- revolucionarios, que fueron adquiriendo homogeneidad, pero nunca fue una “bolsa de gatos, de grupos y fracciones”. Al mismo tiempo, durante esos dos primeros años y medio se fueron consolidando las células, los Comités Regionales, los Comités de Redacción del periódico “El Rebelde” y la revista “Estrategia”, además del aparato político-militar del cual Miguel era miembro, aunque no su principal encargado.

Respecto a la crítica de que el MIR no tuvo estrategia entre 1965 y 1967, bastaría recordar la Declaración de Principios y el Programa, además de la Tesis Insurreccional propuesta por el propio Miguel. En cuanto a táctica, pudieron en ese período haberse cometido errorres, pero el MIR siempre tuvo una política coyuntural y una forma concreta de penetración en el movimiento sindical y de pobladores, como queda demostrado en las acciones que en este escrito detallamos y en las proposiciones a los Congresos Nacionales de la CUT y de sus Federaciones. Finalmente, a la crítica de que el MIR estuvo “aislado de las masas”, basta leer los números de “El Rebelde”, consultar la prensa de esos años y leer las pruebas que proporcionamos en este texto, para comprobar que las tareas prioritarias fueron, no para salir de un supuesto aislamiento -que jamás tuvieron las organizaciones unificadas en el MIR- sino precisamente para consolidar esa íntima y permanente relación con los trabajadores que, con todas sus debilidades, permitieron al MIR ir ganando el respeto y la simpatía de sectores de explotados y oprimidos.

Capítulo IV El Tercer Congreso Nacional

Se realizó a principios de diciembre de 1967 en la Casa de la Cultura de San Miguel, facilitada solidariamente por Mario Palestro. Este Congreso se inició con una Informe Político de Enrique Sepúlveda y una Cuenta de actividades preparada por el Secretariado Nacional. A continuación se formaron Comisiones que entregaron sus conclusiones al día siguiente, en que hizo su aparición Miguel entre aplausos de bienvenida de todos los delegados por su regreso después de su viaje a Cuba.

Recuerdo que en el debate sobre la táctica para aplicar coyunturalmente la tesis insurreccional a la situación política que vivía nuestro país, Miguel defendió el papel revolucionario que podían eventualmente jugar los pueblos rurales, con el fin de aumentar el número de campesinos que podían entrar al proceso insurreccional, basándose en las cifras de INDAP, organismo estimulado por el gobierno de Frei para acelerar la Reforma Agraria. Le contesté que era peligroso confiar en los pueblos rurales como fuerza revolucionaria, por cuanto mis investigaciones y mi propia experiencia de relegado en Curepto (1963-64) mostraban que en dichos villorrios habitaba una mayoría de capas medias: comerciantes, empleados públicos, escribanos, abogados y profesores primarios, que neutralizaban las reivindicaciones campesinas.

Intervinieron otros delegados para insistir en la necesidad de reafirmar el criterio de anteriores Congresos en orden a combinar la eventual insurrección popular urbana con los campesinos y jornaleros. En uno de sus escritos, Valenzuela recordaba que en ese Congreso “se me encomendó la elaboración de un documento en el que se estableciera la forma de ligar la estrategia insurreccional con el movimiento de masas. Dicho documento fue discutido y aprobado por la Comisión más numerosa del Congreso”. ␣

Comenzó así por primera vez a discutirse el papel que podían jugar los mapuches, problema sobre el cual no se tenían informaciones precisas por la falta de inserción que tenía el MIR en la comunidad mapuche. Estas sugerencias pusieron de manifiesto la necesidad de agilizar la penetración en el campo, la preparación político-militar y el entrenamiento de las embrionarias “unidades militares”. Entonces surgieron críticas al Secretariado saliente por su lentitud y retardo en la adopción de medidas prácticas, que suscitó una polémica a raíz de la insatisfactoria respuesta de Sepúlveda y Waiss.

Después de haber aprobado, con modificaciones, el informe sobre Tesis Insurreccional, se pasó a la discusión sobre Política Nacional, aprobándose la apreciación de que el gobierno democristiano de Frei estaba ya en un proceso de desgaste político, por no haber cumplido lo prometido, después de haber despertado expectativas en amplios sectores del campo y la ciudad. Algunos delegados al Congreso entregaron valiosas experiencias acerca del proceso huelguístico urbano, tanto de trabajadores del sector privado como público; además de la intensificación de las ocupaciones y “tomas” de terrenos de los pobladores sin casa, puestas de manifiesto por Víctor Toro y Herminia Concha. Proceso de lucha social que ampliaba el radio de influencia del MIR, y hacía más dificultoso el accionar reformista del PC y cada día más difícil el papel de freno de la mayoría del PS, ya jaqueado en el interior por la propia ala izquierda que demandaba la aplicación concreta de las resoluciones del Congreso de Chillán, terminando con la cotidiana verborrea revolucionaria.

Respecto de la situación nacional, el Congreso pasó a discutir el documento “Adónde va Chile”, presentado por Luis Vitale, que analizaba los roces interburgueses, agudizados por la Reforma Agraria promovida por el gobierno DC. El P.Nacional, surgido de la fusión de los partidos Conservador y Nacional, preparaba acciones golpistas, que habían obligado al presidente Frei a procesar a uno de sus dirigentes. Con ocasión de este proceso, nuestro documento señalaba que “los dirigentes del P. Nacional, en particular el marqués Bulnes, han proclamado su derecho al golpe de Estado”. En síntesis, el MIR pronosticó casi dos años antes el intento de golpe militar del general Viaux.

La Comisión de Organización entregó un Balance sobre la estructura y crecimiento del MIR, que ya sobrepasaba los 1.500 militantes, es decir casi tres veces más que cuando se fundó. Recomendaba, además, que los Congresos Nacionales se hicieran en lo posible todos los años, como había sucedido hasta entonces, o a lo sumo cada dos años. Sometido el Informe a discusión de la Plenaria, un delegado planteó que no se eligiera el Secretario General por votación separada, por cuanto se le estaba otorgando un poder que sólo podía ser cambiado por un Congreso Extraordinario. Otro delegado dijo entonces que era mejor votar en conjunto por el total de los 21 integrantes del Comité Central y que luego éste designara de entre sus miembros al Secretario General, pudiendo reemplazarlo si no cumplía bien sus funciones, proposición que no alcanzó a ser votada.

En la sesión final del III Congreso, se procedió a la elección del Secretario General y, posteriormente, a la de los miembros del Comité Central.

De inmediato se levantó el experimentado dirigente obrero Humberto Valenzuela, quien con su acostumbrada y encendida oratoria, amasada en largos años de militancia política y sindical, manifestó que era necesario que la nueva generación revolucionaria chilena asumiera el papel de conducción, en homenaje al recién caído líder de la revolución latinoamericana, Ernesto Che Guevara. Y propuso -con el apoyo del resto de los militantes del ex-POR y de la numerosa delegación de Concepción y de jóvenes de Santiago- a Miguel Enríquez como Secretario General.

Segundos después, se encaramó en una mesa el encargado del aparato militar, el “pelao Zapata”, para manifestar que era correcto el criterio de que la Juventud asumiera mayoritariamente la conducción del MIR, pero que para Secretario General era necesario elegir en este momento de consolidación del MIR a un militante más experimentado y maduro políticamente. Por eso, sin menoscabar la capacidad de Miguel, se permitía proponer a Vitale como Secretario General. Muchos fueron los que se quedaron atónitos. Miré a mi “gurú” político, mi viejo Valenzuela, inquiriendo su opinión; de inmediato me envió un papel con las siguientes palabras: si aceptas, lo más probable es que ganes, pero sería ponerle sello trotskista al MIR; y eso no conviene. Me levanté y dije: agradezco la proposición del compañero Zapata, pero por razones de un mayor crecimiento del MIR no acepto su moción, y por consiguiente apoyo la candidatura de Miguel a la Secretaría General.

A continuación se procedió a la votación del único candidato. Para sorpresa de todos, Miguel obtuvo 87 votos de un total de 131 delegados. Me miró con una expresión de no entender qué había pasado. En un tenso ambiente, terminó la elección de los 14 miembros al Comité Central, resultando electos Luciano Cruz con 129 votos, el Bauchi con 124 y Vitale con 12l; y con menos votos Edgardo Enríquez, Sergio Zorrilla, el “conejo” Grez, Patricio Figueroa, Winston Alarcón, Nahuel Figueroa, Norman Gamboa, Genaro, Sergio Pérez, Jarita y Washington Figueroa, además de Miguel en su calidad de Secretario General. No aceptaron ser candidatos Enrique Sepúlveda, Gabriel Smirnow y Oscar Waiss. Entonces quedó claro que no votaron por Miguel la mayoría de los delegados que provenían de VRM, algunos del ex-PSP y ciertos jóvenes de Santiago, Concepción y otras provincias.

En el momento que asumió la Secretaría General del MIR, Miguel tenía solamente 23 años, con una sólida formación marxista, incansable activista, conocedor de las demandas de la Juventud y de las tendencias internas del PS y PC, aunque con escasa experiencia de trabajo constante en los sectores obreros, campesinos y de pobladores, por lo cual era muy poco conocido por los trabajadores, falencia que fue superando con los años; con gran poder de convencimiento en el trato “mano a mano”, en la conversación política con una persona o con un grupo. Mas no era un gran orador de “masas”, como Luciano Cruz y Humberto Valenzuela. Y como todo joven de su edad, autoconvencido de que la historia comienza con él, base de una tendencia al autoritarismo y a la autosuficiencia que todos, con distintos matices, hemos tenido en nuestra juventud, y que en el caso de Miguel se acentuó con la clandestinidad forzada y su concepción de partido funcional a la lucha armada.

Capítulo V Política y práctica del MIR (1968-70)

El Comité Central funcionó durante un año y medio en un ambiente fraterno y sin diferencias políticas. Por consiguiente, es falsa la afirmación -hecha a posteriori por algunos- de que el III Congreso significó el desplazamiento total de los antiguos dirigentes y de la política anterior. Por el contrario, los de más larga militancia tuvimos mayores posibilidades de comunicación diaria, entendimiento y comprensión respecto de los anhelos de la nueva generación que asumió la condución del MIR.

Miguel, que se había trasladado a Santiago, optó por dejar el trabajo – que, como Médico ya recibido, ejercía en el Hospital de Neurocirujía de Santiago- para dedicarse “full time” a la Secretaría General. Poco antes, ocurrió la siguiente anécdota: el Director del Hospital, el afamado Dr. Alfonso Asenjo, le pidió que hiciera una presentación-informe sobre el paciente que estaba atendiendo desde hacía varias semanas. Miguel se preparó a fondo, hizo una exposición brillante y, como es costumbre en esas reuniones clínicas, un Doctor experimentado le hizo una pregunta tan difícil que Miguel no supo responder. Según un médico-testigo que me contó este episodio, Miguel se puso rojo, salió enrabiado y con el amor propio por los suelos.

A principios de 1968, en una de las sesiones del Comité Central, Luciano planteó que el MIR tenía la presidencia y varios vocales de la Federación de Estudiantes de Concepción, pero que no contaba con ningun profesor militante de nuestro partido. Por lo tanto pedía que se le diera permiso al compañero Vitale para que se trasladara a Concepción y, para ser más concreto, al Instituto Central de Sociología de la Universidad, para lo cual ya se habían hecho las consultas correspondientes con el Director, Guillermo Briones. Le dije: “mira Luciano, yo me siento re-bien militando en Santiago, aquí está mi familia, mi compañera y mi hija, de sólo 9 años…y sabís que más: tengo que revisar el Archivo Nacional porque quiero seguir escribiendo el tomo II de la Interpretación Marxista de la Historia de Chile. Así que olvídate de tu proposición y busca otro profe o capten uno de Concepción”. No obstante, con el apoyo del Bauchi, insistieron hasta que Luciano pidió que se votara su moción. Y me ganaron… Tres meses después estaba haciendo clases en esa ciudad llena de estudiantes, comerciantes y empleados, pero me escapaba cuando podía a Talcahuano, Lota y Coronel.

Allí me enteré que Luciano era hijo de un militar; poco después de ingresar a las Juventudes Comunistas, Luciano hizo pareja con Gloria, de la cual tuvo una hija: Alejandra. Luego de su separación, conoció a uno de sus más grandes amores: Sandra Lidid, compañera militante del MIR. En el terreno, ví a Luciano moverse y hablar en las asambleas de la FEC, enfrentar a los “pacos” que querían entrar a la Universidad, a puñete limpio. Periodistas le sacaron un foto para un periódico, que nosotros utilizamos para hacer un afiche grande que recorrió muchas paredes de Chile: con la estampa de Luciano, volteando “pacos” con golpes de karate. En abril de 1968, Luciano hizo una emotiva carta dirigida al connotado filósofo Bertrand Russell.

A mediados de 1968, aprobamos en una reunión de Comité Central un viaje de Luciano a Cuba con la misión de estrechar relaciones con los encargados cubanos de América Latina y de entrenarse a un nivel más alto del que tenían nuestras embrionarias “unidades militares”. En La Habana tuvo amores con una cubana, que le dio un hijo llamado también Luciano. Y regresó a fines de 1968, más convencido que nunca de que el camino se hace al andar, dispuesto a entregar más tiempo a la organización partidaria que al movimiento estudiantil, más horas a la relación con trabajadores y pobladores, más días para viajar con esos mismos fines al sur del país, al centro, a Santiago y Valparaíso.

A su regreso de La Habana, Luciano escribió: “Notas sobre la Revolución Cubana”, donde además de explayarse sobre las experiencias de la primera Revolución Socialista de América Latina y la “creación de valores nuevos” (p.4), hizo notables apreciaciones -para un joven como él- sobre la idiosincracia de los cubanos, contrastándola con la del chileno: “El cubano es rudo, alegre y con frecuencia ingenuo, mucho más directo que nosotros. Tal vez de relativamente poca vocación especulativa o de análisis, pero sí de una gran capacidad práctica. Es un pueblo muy deshinibido y dueño de sí mismo, sin ese asfixiante sentido del ridículo que nos caracteriza. El cubano le habla al extraño como si lo conociera de toda la vida, lo tutea de inmediato, lo palmotea bien palmoteado (…) Casi la totalidad de las manifestaciones del carácter del cubano son colectivas y al parecer lo han sido siempre. Lo que ocurre es que hoy día esta característica está poniéndose al servicio no ya de una manifestación del carácter del cubano sino de una necesidad: la Revolución Socialista”.

Un día que Miguel pasó a visitar a sus compañeros penquistas, me invitó a la casa de su padre. El Bauchi comenzó a “picanearme” para que hiciera una comparación entre los Carrera y O’Higgins. Los Enríquez eran todos carrerinos, aunque el Bauchi era menos fanático, pues trataba de entender las limitaciones de ambos que, condicionados por su clase, estaban imposibilitados de tirarse contra los terratenientes y hacer la reforma agraria. Calmados los ánimos de los Enríquez, que seguían lanzando dardos contra O’Higghins, se pasó a otro tema: las guerrillas de Lautaro. Entonces Marco Antonio desplegó sus conocimientos sobre los mapuches; mientras explicaba la lucha de guerrillas combinada con la guerra móvil, Miguel iba mostrando en un mapa los lugares por donde se desplazaban los mapuches. El Bauchi escuchaba y anotaba, mientras con una ternura infinita acariciaba la mano de Inés, lejos de la mirada de don Edgardo y la señora Raquel.

En esta visita a Concepción, recuerdo que Miguel me planteó la posibilidad de que profesores simpatizantes del MIR de esa Universidad, hicieran una cotización mensual para contribuir a la profesionalización de algunos camaradas de dirección. Esta justa petición demuestra que el MIR no tenía apoyo financiero de ninguna organización internacional, ya que debía acudir a sus propios militantes y simpatizantes para poder financiar a un pequeño grupo de compañeros del Comité Central. En esa oportunidad, le señalé a Miguel: no es conveniente hacerse asesorar por intelectuales no militantes, como se está haciendo, porque especulan sin estar ligados al movimiento de los trabajadores. Además, algunos se sienten utilizados y sin poder de decisión; no es bueno eso. Lo mejor es incorporarlos como militantes de base para que adquieran experiencias y allí, en las células, puedan tener la oportunidad de exponer sus ideas, de contrastarlas con la realidad y de sentirse bien si sus proposiciones, modificadas, son aprobadas, ejerciendo así un real poder de decisión, que luego las bases entregarán a nuestra dirección regional y nacional.

En octubre de 1968 se hizo un Foro en la Universidad de Concepción, a un año de la despedida del Che Guevara, donde el Bauchi hizo una de sus mejores intervenciones polemizando con el senador Jorge Montes, del PC. A falta de argumentos, Montes se retiró insólitamente acusando a Bautista van Schouwen de ultraizquierdista y de trotskista. El Bauchi le contestó bien parado en el estrado: soy neo-trotskista y qué, no se vaya, tiene que responder por qué el secretario del PC boliviano, Monje, traicionó al Che; todavía me falta repetirle lo que dijo el Che sobre su teoría etapista: “O revolución socialista o caricatura de revolución”.

Otro día encontré un grupo de estudiantes en los patios de la Universidad de Concepción, escuchando atentamente párrafos del Che sobre “El Hombre nuevo”. Ahí, rodeado de calor humano, estaba el Bauchi leyendo y reflexionando: para llegar a serlo no basta con decir soy revolucionario. El Hombre Nuevo -proseguía el Bauchi con su cálida voz- se va haciendo en la lucha y recién comenzará a madurar cuando desaparezcan las clases y el Estado, no antes, compañeros. Pero desde ahora tenemos que forjarlo, empezando por hacer la revolución dentro de nosotros mismos.

Las apasionadas opiniones sobre el tema continuaron en el Comité Regional del MIR de Concepción, del cual Bautista era su secretario general. Desde ese cargo impulsó una audaz política de respaldo a las luchas del movimiento obrero, especialmente del carbón, textiles de Tomé, metalúrgicos de Huachipato, pobladores y campesinos, desde Talca a Puerto Montt. Esa actividad quizá fue la más brillante que cumplió el Bauchi. Se sentía tan realizado en ella que nos paraba en las calles para contarnos los avances del MIR en el seno del pueblo. El 2 de mayo de 1969, estaba radiante: un comando mirista, orientado por él, se había tomado una radio de Concepción para emitir una proclama en el día de los trabajadores. Para ese entonces, Bautista van Schouwen era Director de “El Rebelde”.

Me citó a una reunión especial para conversar con Luciano sobre el próximo Congreso del MIR, en el departamento de la socióloga brasileña Evelyn Pape, obviamente sin su presencia. Diseñamos juntos las bases de un documento sobre la situación coyuntural chilena, poniendo el acento en el ascenso del movimiento popular que se estaba dando en un contexto latinoamericano, caracterizado por “el cordobazo” argentino, las huelgas generales de Uruguay y las combativas luchas de los obreros y campesinos bolivianos. Este es el momento -dijo el Bauchi- para que el MIR se convierta en un partido con influencia de masas. Pero para eso -manifestó Luciano- necesitamos un reajuste orgánico en que se dé prioridad al trabajo abierto en los sectores explotados del campo y la ciudad, por encima de la actividad clandestina que puede llevarnos a un comportamiento verticalista. Por eso -continuaron ambos- en el próximo Congreso tenemos que proponer al nuevo Comité Central compañeros que se comprometan a implementar este criterio de crecimiento de la influencia de nuestro MIR, ya, ahora. Les dije que estaba de acuerdo y que me comprometía a redactar el documento que habíamos discutido para que pasara a la discusión que ya se había abierto para el IV Congreso.

Para hacer este diagnóstico, nos basábamos en los progresos del MIR en el movimiento sindical, particularmente en la actuación de nuestros delegados al V Congreso Nacional de la CUT, que se había efectuado en noviembre de 1968, del 20 al 24, con la asistencia de 2.950 delegados, un sector de los cuales apoyó las proposiciones de los representantes miristas. Asimismo, en los avances del MIR en el movimiento estudiantil, al obtener más de 1.300 votos en las elecciones de 1968 de la FECH de Santiago, mientras el PC sacó 3.177 y el PS 1.687. Paralelamente, el MIR en alianza con la Brigada Universitaria Soocialista, volvió a ganar la Presidencia de la Federación de Estudiantes de Concepción, que recayó en Nelson Gutiérrez, sucesor de Luciano Cruz, además de 3 consejeros miristas, uno socialista, 3 de la DC y uno del P. Radical, mientras que el PC no sacó ninguno. Este ascenso del MIR en el estudiantado se registraba también en Valparaíso, Ñuble, Temuco, Antofasgasta y Coquimbo, además de triunfos en los estudiantes secundarios. Al mismo tiempo crecíamos en un sector del campesinado de la zona centro-sur.

La influencia del MIR se consolidaba en el movimiento de pobladores, hecho registrado por Humberto Valenzuela: “Nuestro trabajo se centró en el campamento que se levantó en San Miguel, en la Gran Avenida. Después fue Santa Adriana y Santa Elena. Posteriormente, en el Campamento “26 de enero”, donde se destaca Víctor Toro, extendiéndose la influencia del MIR en el seno de los pobladores sin casa”.

Mostrando como de costumbre su incansable actividad política, Miguel hizo en 1968 (enero) una entrevista en “Punto Final” y en junio un Informe interno sobre “Situación política nacional y táctica del Comité Regional Santiago”, al mismo tiempo que daba charlas, entre ellas una dada a las bases estudiantiles de la Universidad de Chile, luego publicada con el nombre: “¿Qué hacer?”. A fines de 1968, publicó en “Punto Final” un artículo titulado “No a las elecciones. Lucha armada único camino”, que abrió una polémica al interior del MIR, pues muchos militantes sabían que no estábamos preparados para iniciar ese camino de inmediato y menos capacitados como para impedir la realización de las elecciones presidenciales, coyuntura en la cual se visualizaba la presentación de la candidatura de Salvador Allende, que en anteriores elecciones había logrado el apoyo de vastos sectores de trabajadores. En todo caso, las bases esperaban dilucidar la posición acerca de las próximas elecciones presidenciales en el IV Congreso Nacional convocado para Agosto de 1969.

En septiembre de 1968, el C.C. del MIR se pronunció correctamente sobre la intervención armada de la URSS contra la insurgente primavera de Praga, que anhelaba liberarse del yugo stalinista: “Repudiamos enérgicamente la intervención militar soviética en Checoeslovaquia. Esta intervención no fue en defensa del socialismo, que habría estado bien salvaguardado por obreros y campesinos checos, sino en defensa de los intereses de la burocracia de la URSS, y con un claro contenido contrario a los procesos de democratización política (…) Hay también contradicciones en el Partido Comunista chileno: a) Por años, Jorge Inzunza y todos los dirigentes comunistas, mostraron a Checoeslovaquia como un ejemplo de cómo un país podía llegar al socialismo por la vía pacífica. ¿A qué socialismo se llega, que según el PC chileno se justifica que a 20 años después sea necesario invadirlo para defender ese socialismo?. b) La URSS justifica su invasión por querer el PC checo impulsar un gobierno pluripartidista. El PC chileno apoya esta intervención. ¿En qué quedan las afirmaciones comunistas en la revista Principios de luchar en Chile por un `gobierno popular pluripartidista? (…) Es tarea de las izquierdas del mundo demostrar que ese (el de la URSS) no es el socialismo por el cual combatimos”.

En ese mismo año empezó a consolidarse el organismo denominado OLAS (Organismo Latinoamericano de Solidaridad), creado meses antes, donde jugó un papel relevante Salvador Allende. Es preciso aclarar que OLAS nunca fue una orgánica centralizada destinada a promover la lucha revolucionaria continental – como proclamaban algunos- sino un organismo de solidaridad con la Revolución Cubana y otros movimientos revolucionarios de América Latina. Consecuente con su posición latinoamericanista, el MIR apoyó sin reservas la creación de OLAS, al igual que el ala izquierda del PS, que en el Congreso de Chillán había resuelto un camino revolucionario para la toma del poder.

Lamentablemente, la orientación de trabajo preferente en los sectores populares se vio afectado por la llamada “operación Osses”, es decir, el secuestro por un comando mirista del periodista del diario penquista “Ultimas Noticias de la Tarde”, Hernán Osses Santa María, en mayo de de 1969. Recuerdo que un mes antes fui invitado a una reunión donde se discutía qué hacer frente a las calumnias que lanzaba Osses: “Luciano Cruz es un extremista alocado”, que Bautista van Schouwen “es un maquiavelo” y que el tal Vitale “se las da de profesor de la Universidad de Concepción, cuando la verdad es que es un jugador de fútbol, venido de Argentina, cuyo pase se lo disputan Deportes Concepción y el equipo de Talcahuano”. Casi todos los asistentes aprobaron la idea de raptarlo, cortarle los “pendejos” y luego tirarlo desnudo al patio de la Universidad durante la fiesta de “los mechones”.

Les dije que eso era un error porque acusarían al MIR de atentar contra la libertad de prensa; y agregué: “lo mejor es que tú, Luciano, lo empujes a la pileta que hay en la Plaza, donde la gente da todos los días “la vuelta al perro” y con el ridículo que hará el tal Osses chapaleando, basta hermano”. No obstante, hicieron la operación, hecho que utilizó como pretexto el gobierno DC de Frei para desencadenar la represión y persecución de militantes conocidos del MIR, que obligó a su dirección a pasar a la clandestinidad, entre ellos a Luciano y al Bauchi, que eran los más activos en el trabajo de los “frentes de masas” del golfo de Arauco.

El Secretariado Nacional del MIR sacó un Boletín Interno, donde criticaba la “operación Osses”, señalando que había sido hecha a sus espaldas, por lo cual se acordaba intervenir el Comité Regional Concepción. Entonces, cuatro miembros del Comité Central (con sus seudónimos: Pato, Genaro, Rodolfo y Vasco) presentaron un documento de fecha 2 de julio de 1969 titulado “Una crítica al Boletín Interno del Secretariado Nacional”, uno de cuyos párrafos decía: “Una vez más, el Secretariado expresa su ya tradicional y conservadora praxis de escapismo político. Cuando nuestros militantes necesitaban una orientación política, el Secretariado gasta 5 páginas de un total de 6 para comunicar al Partido una serie de informaciones, muchas de ellas conocidas sobre la operación Osses (…) Nuestro Partido necesitaba un documento que señalara con precisión cuál debe ser nuestra política concreta de agitación y acción ante la nacionalización del cobre. Nosotros presentamos un documento al CC. del 18 de mayo sobre el tema, pero el Secretariado jamás lo ha dado a la publicidad y ni siquiera ha editado otro, ya que si bien aceptaba gran parte de nuestro planteamiento -y reconocía el valor de nuestra predicción escrita antes del discurso de Frei del 21 de mayo- tenía algunas reservas que nunca ha explicitado (…)

“Nuestro Partido -proseguía el documento- necesitaba ahora un documento donde se indicara con claridad cuál es nuestra política frente a las actuales movilizaciones del campesinado y un quehacer frente las actuales ocupaciones de fundos. En lugar de darle tanta extensión al caso Osses ¿por qué el Secretariado no aclara los motivos por los cuales no ha continuado en Chillán la política de ocupación de fundos acordada en la reunión del CC. de mayo? (…) Por otra parte, en el Boletín del Secretariado se llega a afirmar en forma irresponsable que `se planteó por minutos la alternativa MIR versus Gobierno(. En todo el documento campea una sobreestimación de nuestras reales fuerzas: en página 2 se afirma que “la situación se tornaba negativa para el gobierno y cada vez más favorable al MIR”; en página 5 se sostiene que “supimos responder y golpear tanto a las clases dominantes como al reformismo, porque fuimos capaces de aparecer dando una conferencia de prensa en la clandestinidad” (!!!).

Desde su refugio clandestino, una noche el Bauchi nos vino a ver al Dep. de Filosofía de la Universidad de Concepción -cuyo Centro de Alumnos era dirigido por Carlos Villagrán- ocupada por los estudiantes y profesores en huelga. Recomendó que mantuviéramos la huelga con ocupación hasta lograr los puntos básicos de la nueva Reforma Universitaria. Como medida de seguridad para mantenernos en contacto, nos pusimos pseudónimos. Recuerdo que, jugando un poco a los nombres de personajes históricos, él me puso Santiago Arcos y yo le coloqué el apodo de José Miguel Carrera Fontecilla. Me preguntó por qué, y le dije que ése fue el hijo del héroe de la Revolución por la Independencia, que llegó a ser el líder de la Comuna de Los Libres de La Serena en la Revolución de 1851 y de las guerrillas de la zona central en la revolución de 1859. El Bauchi se fue feliz con su nuevo pseudónimo.

Esa huelga universitaria de 1968 fue un test político para la dirigencia de la FEC, pues su presidente, Nelson Gutiérrez, y vice, Manuel Rodríguez, socialista, después de estimular el movimiento se dejaron tomar pasivamente presos y desde la cárcel llamaron a suspender la huelga sin haberse obtenido ninguna de las conquistas planteadas, comportamiento de tipo reformista que fue desaprobado por una gran asamblea estudiantil y criticado oportunamente por muchos militantes del MIR.

La represión del gobierno de Frei contra el MIR se focalizó en Concepción y Santiago, donde “fueron detenidos Gastón Salvatore (calificado por la prensa como lugarteniente de Rudy Deutske), su compañera Giselle Groenewold, los militantes miristas Patricio Figueroa, Patricio Díaz y Alejandro Dorna (presidente del Centro de Alumnos del Instituto Pedagógico)” ; en Concepción fueron detenidos Nelson Gutiérrez (presidente de la FEC), Manuel Rodríguez (vice-presidente FEC), el periodista y profesor universitario Ricardo Cifuentes Villarroel, corrresponsal del diario “El Clarín”.

El 18 de mayo de 1969 presenté el documento que le había prometido al Bauchi y a Luciano sobre “La presente coyuntura política de Chile”, puesto a la discusión de las bases que se estaban preparando a nombrar delegados al IV Congreso a celebrarse 3 meses después. Su primer párrafo decía: “Es deber de la vanguardia revolucionaria analizar las potencialidades que caracterizan la actual coyuntura”. En la página 10 manifestaba que era urgente aprovechar la demagógica política del gobierno de Frei de “nacionalización pactada del cobre” para levantar “nuestras auténticas banderas antiimperialistas y anticapitalistas (…) El Partido debe llamar a los obreros, campesinos, pobladores y estudiantes a exigir, a través de sus organizaciones, no sólo la Nacionalización de la Anaconda sino de las principales empresas imperialistas, tanto del cobre como de Teléfonos y Electricidad (…) Centrar nuestra política en torno a esta emergencia de eventuales nacionalizaciones en que la agitación antiimperialista aparece relevante, no significa desligarnos de la lucha por las reivindicaciones transitorias sentidas por los trabajadores, sino integrarlas al proceso dinámico en torno a la consigna de EL COBRE CHILENO PARA TIERRA, TECHO Y PAN”.

Acompañé este documento con otro presentado en abril sobre actualización de la “Tesis Insurrecional”, adecuándola al “momento presente de las luchas latinoamericanas”, sobre todo para “coordinar la acción de los grupos revolucionarios, medida que en nuestro partido aún no ha pasado del nivel de la mera propaganda. Una de las tareas centrales es buscar los nexos necesarios para promover una Conferencia Latinoamericana clandestina con movimientos afines que elabore una estrategia y táctica más precisa a nivel continental”.

El documento finalizaba: “Durante los dos últimos años han cobrado relieve grupos clandestinos que realizan acciones de sabotaje, expropiación de bancos y secuestros de burgueses, como los realizados por los Tupamaros de Uruguay y el grupo brasileño de Marighela. Una cosa es realizar esporádicamente alguna acción de este tipo, como expropiaciones de bancos, medida con la cual estamos de acuerdo, y otra es concentrar los mejores recursos militantes en esta tarea, decisión táctica que realizada antes de que el partido haya logrado una penetración profunda en el movimiento obrero y canmpesino, coarta las posibilidades de establecer cordones umbilicales con los oprimidos. Así se retarda en lugar de acelerar el inicio de la insurrección, porque el grupo clandestino que ha quemado las naves tiene posibilidades muy limitadas para hacer un trabajo de penetración política. Acosado en las ciudades por la represión, el grupo sufre un proceso irreversible hacia una secta conspirativa que en un acto desesperado puede abrir un foco guerrillero desligado de los explotados, cuyo trabajo político previo no ha podido efectuar, reiterando los errores y fracasos de otros grupos latinoamericanos. Las acciones directas efectistas pueden ganar cierta influencia difusa de simpatía, pero no cumplen el papel de organizadores de las masas, puesto que dichas acciones no se dan con y junto a la clase trabajadora sino que, conciente o inconcientemente, pretenden sustituirla”.␣

Las bases seguían discutiendo el controvertido artículo de Miguel titulado No a las elecciones. Lucha armada único camino. No podría afirmar qué cantidad de delegados al IV Congreso Nacional, convocado para agosto de 1969, estaban por esa posición o por la necesidad de participar apoyando críticamente la candidatura popular de Salvador Allende; lo que sí puedo sostener es que existía un apreciable número de dirigentes de base y de dirección que estaban disconformes por la tendencia verticalista abierta en la clandestinidad, a raíz de las consecuencias de la “operación Osses”, impuesta sin discusión por el Secretariado Nacional integrado por Miguel, Edgardo, el Tito Sotomayor, el chico Pérez y Sergio Zorrilla.

Asimismo estaban en una posición crítica a la Dirección, militantes miristas que se habían formado en la ex-VRM, jóvenes ex-comunistas y ex- socialistas como Danton Chelén, Winston Alarcón, además de Alvaro Rodas y Vallespir, otros que seguían al Rafa Ruiz -que a fines de 1969 se separó del MIR, creando el MR2- además de militantes destacados de Concepción como Nahuel, Edgardo Condeza, uno de los “tres chanchitos” y, fundamentalmente, la mayoría de los líderes sindicales de Santiago. Algunos de los mencionados criticaban el criterio verticalista del Secretariado porque, entre otras cosas, habría trabado el ingreso al MIR de jóvenes comunistas y socialistas, como Cochin y compañeros, que precisamente estaban dispuestos a romper con su partido por las órdenes cupulares de sus dirigentes.

Otros militantes estaban disconformes por las reiteradas declaraciones de boicot ante las próxinmas elecciones presidenciales, decisión que no había sido puesta a discusión ni votada democráticamente por las bases. Un número apreciable de células no estaba de acuerdo con la prioridad que se estaba dando a las “unidades militares”, en desmedro del trabajo en los sectores populares. Es probable que los que proveníamos del trotskismo hayamos cometido errores, como los de hacer críticas muy ácidas y, a veces, inoportunas, pero nadie, ni siquiera Miguel, nos acusó de haber formado una fracción dentro del MIR.

En síntesis, en conocimiento de los delegados ya designados, el Secretariado presentía que podía perder el IV congreso o ganar por un estrecho margen.

Capítulo VI La división del MIR (27-julio 1969)

Estábamos en plena preparación del IV Congreso, fase en la que ya habían sido elegidos numerosos delegados de base      -entre ellos, los de las unidades militares para cuya supervisión fui designado a proposición de Luciano y el Bauchi- cuando en la reunión del Comité Central del 27 de julio de 1969, Miguel anunció que ese día se dividía el MIR, argumentando que era más conveniente que nos separáramos porque las diferencias respecto de las elecciones eran muy grandes; que el MIR tenía que continuar las expropiaciones para acelerar la preparación para iniciar la lucha armada.

Seis miembros sobre quince del CC. señalamos que esos puntos no eran razones de peso como para dividir un partido en crecimiento que nos había costado años en formarlo. Y también que estábamos dispuestos a firmar un documento de apoyo a las expropiaciones, en función de utilizar esas recuperaciones de dinero en los frentes de “masas” y en el trabajo en los Comités de Base Independientes de la candidatura popular de Allende. Por lo demás, recordamos que las primeras expropiaciones las hicimos los que proveníamos del trotskismo, particularmente el asalto a una armería donde conseguimos las primeras armas para el MIR.

La discusión prosiguió, aunque de una extraña manera:9 miembros se fueron a un segundo piso y 6 nos quedamos abajo. Una hora después, bajó Miguel, y me dijo aparte: nosotros no los echamos, queremos separarnos como amigos, pero queremos que tú, Lucho, te quedes con nosotros. Obviamente, le dije que no aceptaba divisiones a nivel de cúpulas y que el IV Congreso a realizarse en tres semanas más era el que tenía que zanjar democráticamente el problema.

Años más tarde, el “conejo Grez”, un día antes de ser fusilado en el campo de Concentración en que estábamos, me despertó una noche de mayo 1974 para decirme algo importante: “que en julio 1969 cuando los 9 miembros del Comité Central, entre ellos él, se fueron a arriba, a otra habitación, acordaron la división pero Miguel decidió una votación para que Lucho se quedara en el MIR”. Para mí, esa confidencia me produjo alegría porque era una forma de reconocimiento, pero ese estado de ánimo derivó en tristeza, cuando a las pocas horas escuchamos las detonaciones que terminaron con la vida del “conejo” Grez en uno de los rincones del Estadio Chile, en el mismo lugar donde vimos fusilar a Víctor Jara a mediados de septiembre de 1973.

En fin, así se nos iba el “conejo Grez”, uno de los militantes mejor preparados política y militarmente del MIR, sin retacear jamás su entrega por la Revolución, especialmente en la zona del golfo de Arauco, de Concepción hasta Puerto Montt; compañero y amigo del alma de Luciano y el Bauchi, que renunció al Comité Central del MIR para acelerar el proceso insurreccional durante el gobierno de Salvador Allende, sin comprender la nueva coyuntura que se había abierto con el triunfo de la UP, error que lo condujo a orientar el atentado a Pérez Zujovic en 1971.

Tres años después fue torturado en la “casa de las campanas”, en la calle Londres, frente a la Iglesia San Francisco, donde le hizo la última jugada a los milicos: uno de ellos, sabiendo que Grez sabía de armas le ordenó que arreglara un instrumento de tortura que se había trabado. El “conejo” lo arregló -con esa su pillería acostumbrada- de una manera tal que cuando el torturador empezó a usarlo se ahogó con el gas que sabiamente el “conejo” había dejado escapar. Me contó riendo este paso temerario en el campo de concentración, porque no arriesgaba nada, pues sabía que los milicos habían decidido fusilarlo; y esa fue su última “vendeta”. Así murió “el conejo” Grez, como un revolucionario, como siempre lo fue.

Volviendo al 27 de julio de 1969, es preciso decir, aunque parezca increíble, que sólo 9 miembros contra 6 del Comité Central decidieran dar un paso tan trascental como fue la división del MIR, sin esperar la opinión de las bases que un mes después estaban convocadas al IV Congreso Nacional y con sus delegados ya designados; Congreso que por lo demás se realizó 20 años después en el exilio, que sancionó la división en por lo menos tres MIR, encabezados respectivamente por el grupo liderado por Pascal, el orientado por Gutiérrez y el dirigido por Aguiló.

Cabe entonces preguntarse varias cosas: ¿por qué el Secretariado no esperó un mes la decisión democrática del IV Congreso de agosto de 1969?. ¿Era tan urgente dividirse cupularmente un mes antes? ¿Por qué el MIR no realizó dicho Congreso durante el gobierno de la UP, cuando estaban todas las condiciones políticas para efectuarlo con el conocimiento público de todos los movimientos sociales y de las bases radicalizadas del PS?.

El porcentaje de miembros del Comité Central de julio 1969 que se opuso a la división (6 de un total de 15 miembros) se reflejó luego en la renuncia de aproximadamente el 30% de sus militantes, que no se fueron a la casa sino que formaron el MIR (FR), luego Frente Revolucionario, el MR2, la VOP, otros grupos menores y militantes individualmente descontentos.

A mi juicio, el MIR cometió uno de los mayores errores políticos de su historia al no llamar a votar por la candidatura popular de Allende, insertándose en las bases de sus miles de comités independientes, de los cuales pudo haber emergido como un partido de cuadros con gran apoyo e influencia en los sectores populares y en las bases de los partidos de izquierda. Sus 2.500 militantes podrían haberse multiplicado si se hubiera acordado esa posición táctica.

La política del MIR frente a las elecciones presidenciales de 1970

Poco antes de las elecciones de septiembre 1970, viendo el fracaso de su política de boycot, el Secretariado del MIR llamó a no votar por Alessandri, pero nunca se pronunció abiertamente y sin ambigüedades por el apoyo, aunque fuera crítico, a Salvador Allende, actuando de hecho a contracorriente de la mayoría popular de obreros, campesinos, pobladores y capas medias asalariadas que deseaban ardientemente un cambio radical hacia un prometido socialismo.

Enfrentado a la victoria de Salvador Allende, recién el 15 de septiembre de 1970, el MIR emitió una declaración pública, reproducida por los diarios y la Revista “Punto Final”, donde -sin hacerse la más mínima autocrítica- llamaba a defender el triunfo popular y a no transar con las exigencias de “Garantías Constitucionales” impuestas por la DC para votar en el Congreso Pleno por el candidato de la UP.

Respondiendo a un articulista de “El Siglo”, la revista “Punto Final”, filo-mirista, manifestó: “Los partidarios de la vía pacífica sólo han demostrado -con apoyo de quienes discrepan- que una coalición de izquierda puede ganar una elección planteando como programa iniciar la construcción del socialismo. Correcto. Tenían razón en el caso chileno. Sin embargo, esa posibilidad nunca fue puesta en duda por la izquierda revolucionaria. Si lo que se busca es un laurel teórico, concedido”. Sin comentarios…

Por su parte, el Frente Revolucionario, integrado por centenares de militantes expulsados por el MIR, acordó dar un apoyo crítico a la candidatura popular de Salvador Allende integrándose a algunos de los 20.000 comités independientes allendistas que existían; posición similar adoptaron de manera individual o en pequeños grupos los militantes que se fueron del MIR.

A su vez, el Partido Comunista Revolucionario (PCR), de orientación pro- china, decidió abstenerse en las elecciones en base al criterio de que votar por Allende era apoyar a un candidato burgués reformista.

Capítulo X La praxis del MIR durante el gobierno de Allende

(falta contexto: significado triunfo de la UP medidas de Allende

política de la oposición Praxis del MIR bajo el gobierno de la UP

1) orientación general para todo el período 2) Actuación del 4 de set. al 4 de nov. (mi doc.entregado aMIR 3) conato golpe y asesinato Schneider 4) trabajo de masas. Crítica de Valenzuela 5) Participacvión en elecciones, en alianza con IC., Linares 6) penetración en sectores de FF.AA.

7) 1971: muerte de Luciano – Conversación con el Bauchi en velorio

8) 1972: Elecciones CUT: FTR (alianza MIR-FR y otros) que eligen a Alarcón.

8) 1972: Elecciones a Rector – Reunión MIR y FR.

9) Ruptura de Clotario Blest con el MIR

10) 1973, campaña de agitación contra el golpe y trabajo de penetración en FF- AA.: marineros de Valparaíso.

10) posición ante el tanquetazo de Super. 11) Posición MIR: con fracaso del tanquetazo no habrá golpe. 12) Ruptura de Alarcón (dirigente CUT), Zorrilla(dirigente centro estudiantes Pedagógico) y Riera (director “El Rebelde”) que forman “Correo Proletario”

Capítulo XI El MIR durante y después del golpe militar

hasta la muerte de Miguel

1) el día del golpe: los cuadros del MIR enfrentan en poblaciones y algunas fábricas del cordón Vicuña Mackenna y otros. Reunión en San Miguel con PS: entierro de armas para desenterrarlas cuando sea oportuno.

2) Dificultades de la clandestinidad. Actitud de Vergarita del Regional Concepción. Las llamadas Casas de Seguridad. Muerte de militantes, como el chico Pérez y otros. Caída del Bauchi (ver libro sobre su muerte) 3) Error de análisis al señalar que con la huelga de los trabajadores del Metro puede iniciarse una recomposición sindical. 4) Intento de reorganización 5) Cerco a Miguel y muerte: testimonio de Carmen Castillo.

Aquí termina la contribución de este investigador-testigo de época, quien a pesar de las diferencias, apoyó las acciones comunes con el MIR a través de su integración al FTR, FER y Movimiento de Pobladores y otras acciones durante el gobierno de la Unidad Popular. Mi último mensaje a Miguel, desde el campo de concentración del Estadio Chile en junio 1974, por intermedio de un compañero preso que salía en libertad, fue:

“sigue combatiendo, con la valentía de siempre, pero a sabiendas de que ésta no es sólo la derrota del proyecto de la UP, sino la derrota de todo un pueblo, que nadie puede pronosticar cuántos años tardaremos en superarla”.

Escrito inmediatamente después de salir del Campo de Concentración de Chacabuco y reelaborado en Caracas, en la publicación citada, Universidad Central de Venezuela, 25 de mayo de 1979.

Bibliografía

LUIS VITALE: Interpretación marxista de la Historia de Chile, tomo VI: De Alessandri P. a FREI M., Ed.LOM, Santiago, 1998, p. 344.

Idem., p. 344.

Consultar este Documento en el Archivo del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”, Santiago

Entrevista a Marco Antonio Enríquez E. efectuada el 2-02-1999 en París por dos estudiantes de Valparaíso.

CARLOS SANDOVAL A.: M.I.R (una historia), Sociedad Editorial “Trabajadores”, Santiago, 1990, tomo I, p. 7.

Archivo del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”, Santiago.

Este documento me lo hizo conocer Andrés Pascal a fines de 1986 en Buenos Aires cuando me solicitó una entrevista acerca del contexto político chileno y, en especial, de la izquierda antes del Congreso de Fundación del MIR. La copia de los cassetes de dicha entrevista obran en mi poder.

Declaración de Principios del MIR, Primera Edición, Santiago, septiembre 1965, en Archivo del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”.

MIGUEL ENRIQUEZ: reportajes sobre revista “Punto Final”, Santiago, 1967. En revista “Punto Final”, No 394, Cabieses la repite en la nueva edición

“La situación política peruana”, en p. 17, mayo 1997. Dicha afirmación, del “Diario del Che”, publicada por Ed. LOM-PF, 1997, p.10.

Reportaje a Marco Antonio, ya citado, p. 6. CARLOS SANDOVAL: obra citada, p. 38.

EDGARDO ENRIQUEZ E.: Reportaje del 28 de julio de 1972, reproducido en Documentos Internos del MIR, p. 183. En ese momento, Edgardo era miembro de la Comisión Política del MIR.

CARLOS SANDOVAL: obra citada, p. 36.

MIGUEL ENRIQUEZ: Antecedentes del MIR, Documentos Internos, p. 173, citado por C. SANDOVAL: op. cit., p. 37.

HUMBERTO VALENZUELA: Historia del movimiento obrero chileno, página 132, publicado por ISP Verlag, Alemania, 1977, cuyos originales fueron escritos en 1972. Este ha sido hasta hoy el primer libro sobre la Historia del movimiento Obrero chileno, escrito por un obrero.

Documento presentado al III Congreso por Luis Vitale: ¿Adónde va Chile?, p. 6, redactado en septiembre de 1967 y puesto a discusión de las bases en la fase preparatoria al Congreso.

LUCIANO CRUZ: “Notas sobre la Revolución Cubana”, en revista “Polémica Universitaria”, No3, enero 1969, p. 2, Federación de Estudiantes de Concepción, número en Homenaje al 10o aniversario de la Revolución Cubana.

HUMBERTO VALENZUELA: Historia del movimiento obrero chileno, redactada en 1972 y publicada por ISP Verlag, Frankfurt (Alemania) en 1978, p. 134.

Declaración del MIR sobre los sucesos de Checoeslovaquia, en “El Rebelde”, septiembre 1968.

Vasco, Genaro, Rodolfo y Pato: “Una crítica al Boletín Interno del Secretariado Nacional”, 2 de julio de 1969; puede consultarse en el Archivo del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”.

LUIS VITALE: Una praxis verdaderamente reformista. La huelga universitaria de 1968 de la FEC, Concepción, 1968, 18 páginas. Puede consultarse en el Archivo del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”.

CARLOS SANDOVAL: obra citada, p.50.

Documento presentado por Luis Vitale al CC. del MIR para la discusión del IV Congreso Nacional, abril 1969, en Archivo del Inst. de Inv. de Movimientos Sociales “Pedro Vusklovic”.

Revista “Punto Final”, No 113, p. 5, 15 de septiembre de 1970.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s