Latinoamericanos y europeos en el MIR. Desde la memoria histórica

Latinoamericanos y europeos en el MIR E-mail
Escrito por Emir Sader / Punto Final
Miércoles, 08 de Octubre de 2014
El que va a Chile hoy, no se da cuenta de los acontecimientos históricos que el país vivió entre los años 1960 y 1970. La única experiencia, hasta aquel momento de construcción del socialismo por vías institucionales en el Occidente, era la forma que asumían las luchas del pueblo chileno por su emancipación. El MIR fue parte inherente a ese proceso, aun discrepando de las vías por las que había optado la mayor parte de la Izquierda chilena en aquel momento. Encarnando la vía de la ruptura revolucionaria, el MIR tenía en Miguel Enríquez un dirigente ejemplar como pocos producidos en el continente.

Su capacidad de análisis político se vincula estrechamente con su capacidad de comando, exhibiendo un carisma extraordinario que hacían de él un líder arrebatador, insuperable. A 40 años de su muerte, todos los que hemos tenido el privilegio de ser recibidos con el cariño acogedor del pueblo chileno y, en particular, aquellos, como yo, que han podido trabajar con Miguel, tenemos una buena oportunidad para extender nuestro agradecimiento a los movimientos populares chilenos, que han abrigado a tantos refugiados de otros países y, en especial, al MIR, por la oportunidad que nos ha proporcionado de vivir experiencias revolucionarias que se quedaron para siempre en nuestras vidas.

En Chile, en particular entre los años 1970 y 1973, se encontraron una enorme cantidad de militantes de Izquierda de todas partes del mundo. Claro que, en su mayoría, militantes de organizaciones de Izquierda de América Latina, víctimas de la represión en sus países pero también atraídos por la peculiar experiencia que vivía Chile.

Yo tendría mucha dificultad para señalar los países, sus organizaciones y los militantes con que pude convivir en Chile en ese momento. Había la más extensa colonia brasileña en el exilio, con millares de militantes de varias docenas de organizaciones que aprendían de lo que vivía Chile, pero también aportaban, con su esfuerzo militante, a las luchas del pueblo chileno.

Hay que destacar, entre los latinoamericanos en particular la presencia de los Tupamaros, pero también la generación de militantes nicaragüenses que posteriormente dirigiría la Revolución Sandinista. Pero habían también militantes de organizaciones argentinas, bolivianas, peruanas, mexicanas, españolas, francesas, entre tantas otras.

Yo puedo relatar algo de la experiencias de los brasileños, en especial de los que pudimos trabajar con el MIR. Para todos nosotros, la referencia más importante es la de Ruy Mauro Marini, no sólo por su capacidad intelectual y política, sino también porque fue de la primera generación de los que adhirieron al MIR.

Me acuerdo que la primera vez que pasé por Chile me quedé en el departamento de Ruy Mauro, en Providencia. Eramos amigos y compañeros de militancia en Brasil, en la organización marxista Política Operaria. Ruy Mauro había sido detenido después del golpe de 1964, en el trabajo de organización de un foco guerrillero con el cual pretendíamos desarrollar un trabajo de propaganda armada de la resistencia a la dictadura.

Nuestra organización heredó el trabajo de Leonel Brizola con sargentos y marinos. Le tocó a Ruy Mauro reorganizarlos. Ese trabajo sufrió una dura represión, Ruy Mauro fue detenido y brutalmente torturado por el servicio secreto de la Marina (Senimar). Cuando fue finalmente liberado, decidimos que él debía salir del país. Ruy Mauro escogió ir a México, pero luego se trasladó a Chile, a Concepción, donde conoció a los dirigentes del MIR. Ahí empezó la intensa colaboración de Ruy Mauro con el MIR, así como la apertura de los espacios por los cuales tantos de nosotros hemos transitado.

Cuando pasé por primera por Chile -como he mencionado más arriba-, me quedé en casa de Ruy Mauro, donde conocí a los miembros de la comisión política del MIR, que a menudo hacían reuniones en aquel departamento: no solamente a Miguel, también a Bautista van Schouwen, Luciano Cruz, Edgardo Enríquez, Nelson Gutiérrez, Andrés Pascal Allende.

Era una comisión política, un equipo de dirección, como pocas veces -si es que alguna- una organización de Izquierda pudo tener. En ese equipo sobresalía Miguel, un líder revolucionario extraordinario desde todo punto de vista. Nunca he conocido a alguien tan capacitado para la dirección política como Miguel.

Por representar la alternativa revolucionaria frente al camino institucional de la Unidad Popular, el MIR atraía automáticamente a los militantes de otras organizaciones revolucionarias, en particular de las latinoamericanas. La concepción internacionalista del MIR -reivindicada directamente del Che- favorecía aún más la concentración de militantes de esa corriente en el MIR.

Alrededor de Ruy Mauro Marini se ubicaba el núcleo más cohesionado de brasileños en el MIR. El trabajo teórico desarrollado en el Ceso -Centro de Estudios Socio Económicos, de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile-, donde, además de él estaba Marco Aurélio García y yo mismo, entre otros que agrupaban los seminarios del Centro, consistía en un núcleo de análisis de coyuntura y debate político que alcanzó a publicar un número de la revista Marxismo Militante .

La actuación de ese núcleo estaba volcada hacia los estudiantes e intelectuales, aunque algunos -como era mi caso- trabajábamos en otros sectores sociales donde el MIR y sus frentes de masa se hacían presentes. Yo alcance a dar un curso de formación política para gran número de personas en la Biblioteca Nacional, un trabajo dirigido al sector centro de Santiago vinculado al MIR.

No es posible nombrar a todos los extranjeros que han trabajado en el MIR durante los años del gobierno de la Unidad Popular, por su gran número y por la diversidad de sus orígenes nacionales. El MIR era el lugar natural hacia el cual convergían los militantes de organizaciones revolucionarias de otros países.

En las grandes concentraciones de masas, como en los actos multitudinarios del MIR en el Teatro Caupolicán, se producía el encuentro de los militantes de otros países. Una parte seguía militando en las organizaciones de sus países, otros concentraban su militancia en el MIR.

En el momento del golpe y después, varios de esos militantes extranjeros del MIR fueron víctimas de la represión, sea prisión, tortura o incluso muerte. Debe haber un listado de sus nombres, pero no tengo acceso para hacerles justicia merecida por su militancia internacionalista.

Lo que es cierto es que las experiencias vividas en el MIR, sea durante el gobierno de Salvador Allende sea en la resistencia a la dictadura militar, son un patrimonio inolvidable de experiencia de las luchas de masa, de construcción de organización revolucionaria y de estrategia y táctica revolucionaria.

El que ha conocido a Miguel y tuvo el privilegio de trabajar con él, como fue mi caso, guarda esas vivencias como uno de los recuerdos más importantes de su vida.

¡Gracias, Miguel, gracias MIR, gracias pueblo chileno!

En Río de Janeiro

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 814, 3 de octubre, 2014

revistapuntofinal@movistar.cl

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Editorial 814                                                  

Héroes y mártires
de la Resistencia

Punto Final ha tomado la iniciativa de convocar a un acto de homenaje a Miguel Enríquez -en el 40º aniversario de su caída en combate-, y a todos los héroes y mártires de la Resistencia. Ellos escribieron una página gloriosa de nuestra historia y su memoria debe ser reivindicada sin vacilaciones para impedir que el oportunismo político silencie el reconocimiento que se merecen los que lucharon y murieron por la libertad de Chile.
Este homenaje quiere honrar el ejemplo de los hombres y mujeres que impulsaron todas las formas de lucha para poner fin a la más odiosa tiranía que ha conocido nuestra patria. Entre 1973 y comienzos de 1990, las FF.AA. y Carabineros, y el gran empresariado nacional y extranjero, aplicaron las formas más crueles y perversas del terrorismo de Estado. Los testimonios de sobrevivientes de la tortura y testigos de crímenes cometidos por los agentes de la Dina y la CNI -en su mayoría miembros de las FF.AA. y Carabineros-, todavía causan horror y amedrentan a muchos que evitan participar en la lucha social y política. Ellos se preguntan -con razón- si las instituciones armadas no serían capaces de volver a cometer los atropellos y aberraciones con que martirizaron al pueblo durante esos 17 años de espanto. Las FF.AA. no han sido democratizadas y permanecen leales a los intereses golpistas del 73. Tampoco han ayudado a esclarecer la suerte que corrieron los detenidos desaparecidos.
La respuesta al terrorismo de Estado fue la Resistencia que impulsaron los sectores más avanzados del pueblo. Partidos ilegalizados como el MIR, el PC, PS, la Izquierda Cristiana y el Mapu aprendieron a sobrevivir en rigurosas condiciones de clandestinidad. Chile no sufría una dictadura militar desde hacía cuarenta años y los métodos de trabajo clandestino eran desconocidos para una Izquierda que no fue preparada para afrontar el golpe de Estado. Eso significó elevados costos en vidas y la prisión y exilio para miles de cuadros. Su readecuación a las nuevas condiciones, permitió a la Izquierda evitar la liquidación física que pretendía el terrorismo de Estado.
Sin embardo, las bajas que sufrió la Resistencia fueron grandes. Cayeron jóvenes dirigentes revolucionarios de la talla de Miguel Enríquez en el MIR o de Raúl Pellegrin en el FPMR. No obstante, la Resistencia logró propinar golpes importantes que mostraron la vulnerabilidad de la dictadura y contribuyeron a su debilitamiento. El MIR dio inicio a una laboriosa estrategia de guerra popular que debía culminar con la insurrección del pueblo en armas. Centenares de cuadros que se encontraban en el exilio regresaron clandestinamente. Surgieron así las primeras milicias de la Resistencia Popular. A su vez, el Partido Comunista puso en marcha su estrategia de rebelión popular de masas y creó el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que llevó a cabo audaces acciones armadas.
Penosa y esforzadamente, pagando un costo que puso a prueba el valor y voluntad de lucha de la Resistencia, se crearon las condiciones que en 1990 obligaron a las FF.AA. a retirarse a sus cuarteles. El triunfo del No en el plebiscito de 1988 pavimentó el camino a la “transición pactada”, que impusieron el Departamento de Estado, el Vaticano y gobiernos europeos. En ese desenlace tuvieron mucho que ver -aunque la historia oficial lo oculte- las acciones armadas y de masas de la Resistencia. Un pueblo que ignoraba las formas más elevadas de lucha, las había puesto en práctica con singular valor. Complejos requerimientos se habían resuelto con audacia y creatividad. Las formas clandestinas de vida se generalizaron. El armamento, los impecables documentos de identidad falsos, el trasiego de personas y recursos a través de las fronteras se multiplicaron, se construyeron escondites y depósitos, se fabricaron ingeniosos barretines para el transporte de armas, mensajes cifrados y prensa clandestina, se multiplicaron las interferencias de las señales de radios y televisión con proclamas de la Resistencia, se escucharon los mensajes cargados de muerte que intercambiaban las patrullas de la CNI, se exploraron selvas y montañas para instalar guerrillas, etc.
Alentado por la Resistencia clandestina, se intensificó el heroico trabajo de los familiares de presos políticos y víctimas de la represión, nacieron las organizaciones defensoras de los derechos humanos, las bolsas de cesantes y los “comprando juntos”, que conformaron un arco impresionante de Resistencia Popular. Es una historia todavía desconocida que tuvo miles de protagonistas anónimos. El pueblo chileno se engrandeció en esa hora de prueba.
La extensión y radicalización de la Resistencia introdujo un factor determinante en las negociaciones de la “transición pactada”. Existía la posibilidad de que ese proceso madurara hasta alcanzar la fuerza necesaria para derrocar a la dictadura. Esto habría significado lo contrario a la “transición pactada”: un gobierno de democracia avanzada en lo social y político. Frente a ese peligro, el imperio impuso el traspaso del gobierno a las manos confiables de la Socialdemocracia y la Democracia Cristiana, que ejercen tales funciones desde hace un cuarto de siglo. Sin embargo, la historia no ha terminado, recién comienza. La experiencia de la Resistencia -que se inicia con el ejemplo combatiente de Salvador Allende en La Moneda-, es un legado que debemos cuidar. A esto obedece nuestro llamado a rendir homenaje a Miguel Enríquez y a todos los héroes y mártires de la Resistencia. Son nuestros héroes y mártires.

MANUEL CABIESES DONOSO

(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 814, 3 de octubre, 2014)

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