” Y Salimos a la Calle…” Rossana Cárcamo Serei

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTRA DISCUSIÓN

 

            Viernes 18 de octubre de 1985

¡Hola amigo!

            Hoy en la mañana llovió pero al mediodía empezó abrirse el cielo.

En el liceo me fue súper bien, en filosofía en el trabajo de solidaridad me saqué un siete y en biología, un seis. En el trayecto a casa, venía optimista, pensaba cómo le diría a mis viejos lo de mis buenas calificaciones y que no quería ir al preuniversitario.

Cuando llegué, noté a mi mamá un poco tirante. Después de almuerzo vino a mi pieza a decirme que no me hiciera ilusiones de ir a la iglesia en la noche, porque ella y mi papá no me iban a dar permiso para entrar al coro, que eso era de puros cabezas de piedra. Comencé a defenderme y le pedí que por una vez me dejara actuar por mí misma, que confiara en mí, que eso era algo que yo quería y me gustaba. Le contesté además que ella y mi papá no entendían nada. Me trató de loca porque me puse a llorar, se preguntaba cómo podía ser tan grande mi fanatismo. Agregó que si quería libertinaje la puerta estaba abierta y me podía ir, pero que después no volviera con lamentaciones o con  un bulto en las manos.

Amigo, debo confesarte que en un momento iba a ceder y no ir a la iglesia, pero superé el miedo, me enfrenté a mis padres y me fui.

            Más tarde al regresar de la parroquia, continuó la discusión. Mi mamá no quiere nada conmigo, me va a sacar del preuniversitario. Me preguntó desafiante quién iba a perder más, si ella o yo, le contesté que yo, que perdería cosas materiales, pero no espirituales, entonces me amenazó con que la iba a perder como madre, si es que alguna vez me había importado. Como le repliqué que no creía en sus chantajes, me intimidó con denunciarme a la policía para que me peguen y apaleen, o que hagan lo que quieran conmigo…“veremos ahí  si  los curas hacen  algo por ti” me gritó con tono arrogante. Acotó que no me comprará nada y que cuando necesite ropa o plata se la pida a los curas.

            En la noche me vine a acostar con mi abuelita y pensé en pedirle a mis padres  perdón, en darles la razón, en bajar el moño nuevamente, pero amigo si lo hago,  estas discusiones se van a repetir en cualquier otro momento, de aquí hasta que logre irme de esta casa. Esta escena ya es como la sexta en mi vida. Debo cortar desde ahora con la represión en mi casa, sufriré, me golpearán, me aislarán y muchas cosas más pero seré libre. La libertad me costará cara pero con ella creceré en todo orden de cosas. Antes de hoy era feliz aunque a medias, tenía cosas materiales, sin embargo debía callar todo lo que sentía y sólo tú me escuchabas, pero ya no quiero eso. Le pido a Dios que no me abandone.

            Amigo deseo no equivocarme y saber afrontar con valentía mi soberbia. Me alientan las palabras de mis amigos que ya pasaron por lo mismo, ellos me dicen que luego mi familia recapacitará y aceptará lo que a mí me gusta. Ojala tengan razón.

Chao.  R.C.S.

Las protestas del 5 y 6 de noviembre de ese año rompieron el hielo que se había instalado entre mis viejos y yo. La brutal golpiza que recibió mi tío Gabriel —por parte de los milicos— sirvió como catalizador, para hacerlos comprender que yo no iba a cambiar de manera de pensar.

Hubo cuatro muertos, setenta y ocho heridos y más de quinientos detenidos, más incontables atentados, además estuvimos con cortes intermitentes de luz por varios días.

            Seguí yendo a la parroquia, participé del coro y además en un centro juvenil.

MI PRIMERA CONCENTRACIÓN

 

            El jueves 21 de noviembre del 85 fui con mi mamá, mi tío Gabriel y unos vecinos a una concentración en le Parque O’Higgins, convocada por la Alianza Democrática y cuyo orador fue Gabriel Valdés.

            Me ubiqué detrás de las banderas del MIR y la JRME. Grité, salté y me emocioné por ese momento de libertad, soñé estar algún día portando una bandera roja y negra. La felicidad nos duró hasta salir del parque, ya que la policía empezó a reprimir, a lanzar bombas lacrimógenas y a mojar con los carros lanza agua.

            En esa ocasión le escribí otra carta a Pinochet, que por supuesto no le envié:

    

Invitación exigente

            ¿Quisiera ir usted a la concentración? Lo invitamos los opositores para que vea nuestra unión, habrá gente de izquierda y del centro y reclamaremos por la injusticia, la tortura y la represión.

Si usted es sordo y sin cura, nosotros lo sanaremos y en sus oídos gritaremos: ¡pan, trabajo, justicia y libertad! Le pediremos a viva voz que renuncie de una vez y nos deje volver a sufragar.

Señor Dictador, ¡venga a la concentración!, le gustará notar que ya somos uno, se lo aseguro.

Hoy estamos reunidos para derrocarlo y posteriormente para enjuiciarlo.

Ya ve usted cómo Chile se revela en contra de su sistema.

            Al correr de los años, las concentraciones se fueron masificando, llegando a ser la más grande de todas en la historia de Chile, aquella de diciembre de 1989 que se organizó en la carretera Panamericana, con motivo del cierre de campaña de las elecciones presidenciales.

Ese día estuve presente con mis  padres y enarbolé la bandera del MIR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARMEN GLORIA Y RODRIGO ROJAS

 

A medida que iban pasando los meses, las protestas fueron tomando distintos caracteres. Al principio tocábamos las ollas, encendíamos velas en las aceras o frente a nuestras puertas, pero poco a poco fuimos ganando terreno en las calles, el miedo fue desapareciendo y nos atrevimos a gritar la verdad. A los valientes combatientes de los primeros años se les fue uniendo gente en el camino y se reagruparon en dos movimientos: La Alianza Democrática creada el 22 de agosto de 1983 y que agrupaba a la Democracia Cristiana, a los  Socialistas, a los Radicales, a la Unión Socialista Popular y a los Social Demócratas y el MDP (Movimiento Democrático Popular), que se creó el 10 de septiembre del mismo año y aglutinó a los marginados de la Alianza Democrática, como el Partido Comunista, la facción Almeyda del Partido Socialista, el MIR y el Mapu Obrero y Campesino.

El 11 de noviembre de 1983 un padre de familia, Sebastián Acevedo, se quemó vivo frente a la Catedral de Concepción luego de buscar infructuosamente a su hijo e hija, que habían sido detenidos después de una protesta. A los dos meses el sacerdote José Aldunate figuraba a la cabeza del Movimiento contra la tortura “Sebastián Acevedo”, siendo un movimiento de protesta pacífico.

           

 

 

 

 

 

Jueves 3 de julio de 1986

23:08. Hoy fue el segundo día de paralización nacional. No fue tan exitoso como ayer, pero resultó  casi un ciento por ciento bueno, de no haber sido por los trabajadores del cobre que no pararon en su totalidad.

            Anoche hubo un apagón de más de una hora y media en todo Santiago. Se sintieron muchísimas detonaciones y disparos, ráfagas de metralletas, bombas, etc.

            Hoy bajó una marcha de la población Yungay y se notó gran participación de la gente, a la vez que se levantaron numerosas fogatas. Anoche también ocurrió lo mismo.

            En la tarde las radios Cooperativa, Carrera, Chilena y Santiago, fueron acalladas por el bando N° 46 que no les permite transmitir noticias, a no ser que sean las oficiales. Sólo pueden poner música y dar avisos comerciales.

            Ayer hubo tres muertos, un joven de veintiséis años, contador de La Victoria, otro joven de veintiún años de Pudahuel y una niña de trece años de La Florida. Los milicos les dispararon. Hace poco rato, falleció un muchacho de diecinueve años de la población La Legua.

            En la tarde vino mi amiga María Teresa y después que la fui a dejar a su casa, me di una vuelta por Santa Rosa, entre los paradero 17 y 19. Tuve que esconderme en una casa para evitar que me llegara un balazo. A mi mamá le mentí cuando me preguntó si había ido a para allá.

            El gobierno presentó ayer un requerimiento contra diecisiete integrantes de la Asamblea de la Civilidad, por haber llamado a este paro.

            También ayer  un muchacho y una chiquilla fueron quemados vivos, están graves. Los sacaron de la parada de la micro y luego los soltaron en Quilicura.

            Chao  amigo. Te quiero.

 R.C.S  23:26 hrs.

Rodrigo falleció el 6 de julio a causa de sus graves quemaduras y Carmen Gloria quedó con el sesenta por ciento de su cuerpo desfigurado, en especial su cara. Cuando la conocí en 1995 en la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, sentí nuevamente la bofetada de tantos años de dolor y de muerte en nuestro país.

            Desde el inicio de las protestas, los militares y los carabineros salieron sistemáticamente a reprimir en las poblaciones, haciendo allanamientos masivos, deteniendo a cientos de personas por horas, en canchas municipales o en los parques, sin hacer distinción entre jóvenes o viejos, tal como hoy día ocurre en Palestina.

No faltaron tampoco sus supuestas obras de beneficencia con la población, los llamados operativos cívico-militar donde hacían de hermanitos de la caridad, desinfectando perros, lugares, cortando el pelo y dando atención médica gratuita a la gente, todo con el fin de cambiar de imagen y detectar focos de oposición o ubicar a los soplones en los barrios, para denunciar cualquier movimiento extraño.

Otra artimaña de los servicios de inteligencia fueron las supuestas apariciones de la Virgen en Valparaíso, para tapar la represión en contra de los opositores al régimen de Pinochet.

También en 1983 aparecieron los “gurkas”, en alusión a los soldados de la Reina Isabel que habían participado en la guerra de las Malvinas el año anterior. Dichos hombres actuaban de civil y se mezclaban entre la gente que se manifestaba en protestas callejeras o estudiantiles, distribuyendo golpes a diestra y siniestra.

Durante esos años vivimos bajo distintos estados de excepción pasando del Estado de emergencia al Estado de sitio o perturbación de la paz interior del estado, sufriendo la aplicación de diversas leyes que protegían al tirano, como la ley antiterrorista o el artículo 24 transitorio de la Constitución Política del Estado, redactada por Jaime Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENFERMEDADES

 

Sábado 6 de septiembre de 1986

            01.05 horas. Amigo quiero comenzar de una manera distinta de como siempre lo hago. Hoy quiero contarte cosas, como que todavía continúo con tos, que pasó más de una semana antes de que pudiera lavarme el pelo, que una noche lloré entre los brazos de mi mamá porque no soporto estar enferma y en cama, porque en mi país no ocurre nada favorable para la mayoría de la población, porque Pinochet no se va y pretende continuar en el poder, y por muchas cosas más.

            Al oír las noticias de lo ocurrido los días 4 y 5 que hablaban de mujeres que participaron en actos de protestas, asaltos y cosas así, tuve miedo, recordé la frase: “si ahora te pillan, te matan”. Quizás por ello también lloré la noche del miércoles. No me lo saco de la cabeza, no creo que me vaya a enfermar de sicosis o algo por el estilo, pero es ese peso que se va formando en el pecho el que duele, porque quiero mucho a mi mamá, sin embargo ella es débil y mi papá está viejo. Los deseos que tengo de vivir sola crecen a cada momento. Amigo, de verdad quiero hacerlo y no es porque necesite libertad para mandarme sola, lo que ocurre es que necesito independencia y privacidad para no aburrirme en lo cotidiano, como en estos días inútiles e improductivos en que me obligan a permanecer en cama. No quiero la monotonía y lo impuesto, adoro la originalidad a mi manera, no quiero lo común y corriente en mi vida, quiero crear, tener cosas simples, una casa con muchas ventanas, siempre llena de luz, flores, que el piso brille y que sea de madera. Mi casa tiene que ser de madera y piedra. Allí viviré feliz con mis pequeños tesoros. Deseo cumplir este propósito. Viviré para realizar mis proyectos.

            Creo que jamás te había escrito cosas así, me siento bien y es mejor que narrarte: hoy hice esto, comí lo otro, fui a tal lugar o pasó tal cosa. Desde hoy evitaré esa rutina y te conversaré de mis cosas, de lo interesante que hice en el día y que dará pie a mí dialogo.

            Mi úlcera al duodeno me duele y tengo ganas de toser.

            ¡Ah! Anoche dormí con mis papás y tuve un sueño medio tierno. Soñaba con una guagua del porte de un feto y que estaba viva. Tenía los ojos celestes, su piel era rosadita y no tenía pelo. Se movía y me miraba con ternura. Lo que ocurre ahora es que en la mañana abrí el diario y vi la foto de mi guagua del sueño pero en tamaño normal, es la misma. Es un niño que dejaron abandonado en la calle. No lo olvidaré, estoy segura.

            Mientras te escribía lo anterior pensaba en lo mucho que deseo un hijo en el futuro y en el temor que tengo de no lograrlo nunca. Esta idea me ronda desde  antes de mis problemas con los ovarios. Creo que sería capaz de superarlo,  sin embargo lo sentiría por mi mamá que quiere un nieto de su propia sangre. Mi papá sufriría pero no lo demostraría para no mortificarme. Tengo lágrimas en los ojos. Siempre que pienso esto me da pena y ganas de llorar … ya veo que ocurre y que la ginecóloga me dice que no podré tener hijos por tal o cual problema en el funcionamiento de mi organismo. El martes tengo otra ecografía y el lunes los exámenes de sangre.       

            El tiempo se me ha pasado volando.

Chao querido. Te quiero. R.C.S. 01:30.

 

            Recuerdo que el hecho de caer en cama era el peor castigo, más que la enfermedad en sí misma. Me repuse de esa gripe –como de otros achaques- y logré ser madre a los 24 años no obstante, a lo largo de estos años fuera de mi querido Chile, he constatado que conservo heridas que no han sanado: el dolor por la muerte de algunos amigos, y la indiferencia de otros que olvidaron todo lo que vivimos.

 

 

VENGANZA POR EL ATENTADO A PINOCHET

           

Lunes 15 de septiembre de 1986

22:11  Amigo ¡hola!

Qué tiempo sin escribirte y hay mucho, muchísimo que contar. Por ejemplo el domingo pasado 7 de septiembre, Pinochet y su comitiva sufrieron un atentado, que al parecer se lo adjudicó el FPMR. Hubo cinco muertos de la escolta y diez heridos. A Pinochet sólo le saltó una esquirla en la mano izquierda.

Por dicho asunto decretaron esa misma noche estado de sitio y fueron a la casa de varios dirigentes opositores, especialmente del MDP y los detuvieron. Entre ellos están Rafael Maroto (vocero del MIR), Ricardo Lagos (presidente del Partido Socialista que lleva su nombre) y Germán Correa (presidente del MDP). En días posteriores detuvieron a alrededor de quince o más dirigentes sociales y políticos.

            Ahora, lo más triste amigo, ha sido el asesinato de algunas personas mediante numerosos disparos a sus cuerpos. Los sacaron de sus casas en la noche y al día siguiente fueron encontrados en sitios eriazos, sin su documentación. Ellos son José Carrasco, periodista de la revista Análisis, perteneciente al Colegio de Periodistas y militante del MIR. También otro mirista ejecutado es el profesor Gastón Vidaurrázaga. Los otros dos eran comunistas: Felipe Rivera y Abraham Muskablit. Se conoce que hay más gente detenida, pero no se ha confirmado por la prensa.

            Las revistas de oposición fueron clausuradas y sólo podrá salir (por no haber infringido las disposiciones del gobierno) la revista Hoy. Censuraron también tres agencias informativas.

            El día 10 de septiembre expulsaron a los sacerdotes Pierre Dubois, Daniel Carruette y Jaime Lancelot, que trabajaban en  poblaciones populares de Santiago.

            El lunes cuatro estudiantes a nombre de la CONFECH fueron a conversar con el representante asuntos económicos de la embajada de Holanda, por los problemas que enfrenta el movimiento estudiantil y cuando el diplomático los llevaba en su auto, éste fue interceptado por carabineros y luego por la CNI, quienes detuvieron a los jóvenes, que hasta la semana pasada aún permanecían en sus manos.

            El martes 9, el gobierno efectuó un desfile (aunque él lo llamó concentración) para apoyar a Pinochet. Fue realmente un circo.

            El día miércoles fui al funeral del periodista. Estuvo emotivo. Allí me encontré con mi madrina y una educadora popular. Había numerosos fotógrafos y camarógrafos.

            El día 11 de septiembre mi mamá me compró un casete de Víctor Jara. Ayer se cumplieron trece años de su asesinato y este jueves trece años también de esta dictadura militar, que por lo visto no se va a ir por su gusto y pretende perpetuarse con la imagen de Pinochet a la cabeza, más allá de 1989.

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS PRESOS POLÍTICOS

 

El sábado 15 de mayo de 1987 acudí por primera vez una cárcel. Fui con un compañero de la universidad a visitar los presos políticos de la Penitenciaria de Santiago.

Al entrar a la prisión se daba el nombre de la persona detenida, y para ello era necesario estar inscrito con anterioridad en una lista,  luego le timbraban a uno la mano, y se dejaba el carnet de identidad a cambio de una ficha. De allí se pasaba a una pieza donde una mujer registraba que no se llevara nada oculto en el cuerpo o la ropa. A continuación se cruzaba un par de portones para ingresar a un gimnasio, en cuyas paredes se veían unas bancas colocadas en fila india. Había un quiosco y gendarmes vigilando.

Yo fui a saludar y conocer al compañero por cuya lista entré. Le hice un montón de preguntas, que seguramente respondió otra infinidad de veces en visitas similares.

Este fue mi primer contacto con la realidad de los presos políticos.

Al año siguiente un amigo y compañero de partido cayó detenido y por segunda vez asistí a la cárcel, pero esta vez cada semana hasta que él salió en libertad.

El día que lo detuvieron, él y yo habíamos acordado encontrarnos en el centro para discutir algo sobre el MIR. Lo esperé quince minutos y como no llegó supuse que tuvo algún problema, por ende me fui a su casa a averiguar qué pasaba.  Yo conocía muy bien a toda su familia, y era amiga también de su hermana y de su mamá. Cuando crucé la puerta vi todo desordenado y muchas cosas rotas. La policía ya había pasado por ahí. Se llevaron fotos y cuanto consideraron importante. De inmediato me fui a limpiar mi casa —después de chequear que no me seguían— porque no estaba segura si su detención tendría consecuencias para el resto de los compañeros. Por suerte para nosotros, no pasó nada y pudimos continuar con nuestro trabajo.

En octubre de 1989, la dirección de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez encomendó a sus estudiantes universitarios visitar a los presos políticos y empezar un trabajo conjunto entre ellos y nosotros. Fue allí que conocí a mi compañero. Con él  me casé en Bélgica y en 2004 me divorcié.

La noche del 29 de enero de 1990 se produjo la fuga de la Cárcel Pública., cuarenta y nueve presos políticos se escaparon y entre ellos iba el futuro padre de mi hijo.

Ese día me fui a celebrar con mis amigas y los familiares de los compañeros, el magno acontecimiento. Marchamos por las calles de Santiago gritando: “con cuchara y con cuchillo se arrancaron los chiquillos”.

Fue un momento supremo y me sentí feliz por ellos.

 

 

 

 

 

           

 

 

UN RECTOR DELEGADO PARA LA U

 

En 1987, la dictadura nos impuso un rector delegado en la Universidad de Chile: José Luis Federici, quien entró por nuestra casa de estudios aplicando leyes y decretos mortíferos para la comunidad universitaria. Muchos académicos fueron exonerados sin embargo, lo más grave fue el cierre de la carrera de Licenciatura en Francés. Los alumnos que estábamos estudiando en ese momento seguimos adelante, pero ya no entró ningún mechón a nuestras aulas.

Tanto estudiantes como funcionarios y académicos, demostramos una capacidad de movilización nunca antes vista e iniciamos un paro indefinido hasta la renuncia de Federeci. Casi dos meses estuvimos ausentes de las salas de clases, manifestándonos diariamente en las calles y en las facultades.

Se creó también la Asociación de Padres y Amigos de Estudiantes Universitarios y las mujeres nos organizamos bajo la consigna “Mujeres por la U”. Vestíamos de negro y dimos grandes muestras de osadía y decisión como la toma de la Torre 15 -centro administrativo de la U- desde donde saludamos a la prensa y a los transeúntes, enarbolando nuestros sostenes a través de las ventanas. Creamos un sistema de autodefensa y no fuimos desalojadas.

            Estoy en la Facultad de Derecho, a mi lado están Carola, Paula, la flaca, Mirna y decenas de otras mujeres de otras facultades, esperamos a las que faltan. Los compañeros están afuera vigilando. Recibimos las últimas instrucciones, acomodamos nuestros lienzos y pancartas, definimos nuestras tareas y decidimos no aceptar provocaciones, esta es una marcha pacífica. Estamos de luto por la U.

 

            Salimos a la calle…, cruzamos el río Mapocho, vamos en una enorme fila escoltadas a la distancia por nuestros camaradas. En Plaza Italia giramos en dirección al centro, vamos por la vereda y pasaremos por el edificio Diego Portales. Los pacos ya se preparan, antes de llegar al lugar nos interceptan prohibiéndonos el paso por ahí, argumentamos que la calle es libre para circular por donde queramos, nos dejan seguir pero al llegar a la esquina del cerro Santa Lucía ya no contienen su furia y arremeten contra nosotras. El ‘Huáscar’ y los zorrillos nos mojan y asfixian, empezamos a correr cerro arriba y nos dispersamos. Pasamos la voz y el próximo punto de encuentro es el paseo Ahumada. Voy empapada, mis zapatos hacen gluglú y mi ropa está para estrujarla, mi chaleco me cuelga hasta las rodillas y me lo saco. Por suerte el sol comienza a calentar pero falta aún para el mediodía, mi amigo Shaka me acompaña. Es la primera vez que me baña un carro lanza agua, siempre he logrado eludirlo, sin embargo ahora nos atacó a mansalva. Me cuesta respirar y apesto a humo lacrimógeno.

            Nos hemos reagrupado, conversamos entre nosotras y nos ponemos a marchar por entre los transeúntes, empezamos a aplaudir y ellos nos saludan con respeto, nos alientan. Gritamos consignas por la U y nuevamente los zorrillos y los pacos nos corretean, empezamos el juego del gato y el ratón. Hemos conseguido nuestro objetivo, la prensa y los santiaguinos han conocido que somos las Mujeres por la U.

            Me voy a mi casa, la gente en la micro me mira como bicho raro y una señora a mi lado comienza a estornudar, abro el diálogo y le comento lo ocurrido, me siento como una amazona y pienso que cueste lo que cueste Federici se tiene que ir de la Universidad.

 

            El día 24 de septiembre la FECH convocó a una gran movilización en defensa de la universidad. Fuimos al centro y desde diversos puntos de Santiago convergieron las otras facultades. Las Facultades de Filosofía, Arquitectura, Ciencias Sociales y Periodismo nos reunimos en la casa Central de la Universidad Católica. Salimos marchando por la Alameda y llegamos al Teatro Municipal donde ocurrió una tragedia, Pachi, alumna del Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, fue baleada en la cabeza por un carabinero.

Poco antes del disparo, varios compañeros estuvimos con ella conversando y riéndonos, sin sospechar jamás que esa alegría se convertiría en un drama.

La tensión aumentó y los ánimos se exacerbaron. Protestamos entonces con más fuerza durante toda la tarde. La represión policial era enorme y con mi amigo “el viejo” buscamos refugio en la Catedral. Ese día había una misa oficiada por el cardenal Fresno.

A la señora encargada de mantener todo limpio y en orden para los sacerdotes -y que me conocía muy bien porque mi tío trabajaba con ella- le conté lo ocurrido y le pedí el teléfono para avisar a mi casa que estaba bien.

Terminada la misa, me dirigí a la sacristía e interpelé al cardenal. Me tomó las manos y me dijo que me calmara, pero yo se las arrebaté con premura y le reclamé hasta cuándo él -como jefe de la Iglesia chilena- iba a seguir tolerando este tipo de atropellos sin decir nada. Le pregunté qué pensaba hacer, le grité que se pusiera los pantalones de una vez y no recuerdo que otras cosas. Mi amigo y los otros  curas deben haber visto en mí el engendro mismo de la rabia…, salí de allí con un sentimiento de impotencia y de asco porque Fresno me había tocado con sus manos timoratas.

Antes de marcharme otro sacerdote se compadeció de mi dolor y me dijo que no me preocupara, que él se encargaría de ver qué podían hacer.

Ese día regresé a mi casa pasadas las once y media de la noche, agotada, derrotada y tuve que enfrentar los sermones de mis padres.

            A la mañana siguiente iba en un bus rumbo a la playa, como castigo a mi rebeldía y hambre de justicia. No obstante, conseguí convencer a mis viejos y retorné a Santiago a los dos días. Así concluí junto a mis compañeros un paro histórico para la Universidad de Chile.

A pesar de todo lo malo habíamos ganado, y estuvimos hasta mediados de febrero del año 88 recuperando clases, pero no importaba porque la U bien valía el sacrificio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FIN DEL EXILIO

 

El 25 de septiembre de 1988 fui con mi mamá al Parque La Bandera, al recital del grupo Illapu, que había sido exiliado, pero que pudo retornar al país luego que se dictó la ley que puso fin a este flagelo.

 

            Estamos eufóricos, la gente desborda de entusiasmo. Somos cientos de voces cantando y gritando de felicidad, porque en Chile la alegría llegará cuando triunfemos diciendo NO a Pinochet, en el plebiscito.

            Tomo fotos para guardarlas en mi álbum de recuerdos, así las podré ver en mi vejez y recordaré estos momentos tan bonitos y significativos.

 Siento que hay un futuro, que las cosas se pueden lograr y es posible vencer a la dictadura.

 

Cinco años atrás había consignado en mi diario de vida:

 

Camino de la luz

            Ella se despertó como siempre, pero su amanecer fue  diferente, se quedó pensando y se preguntó: ¿será acaso este el día? Se levantó y vistió como pudo para salir corriendo a preguntarle a un amigo si ese era el día; él le respondió que sí. No dijo nada más, volvió a su hogar, abrió las ventanas y puertas que estuvieron cerradas durante años, bailó, cantó y dio gracias a Dios, llorando de rodillas, porque el día había llegado. Hoy la justicia, la democracia y la libertad volverían a reinar en su país.

Aquí comenzaba el camino de la luz para ella y para tantos hombres y mujeres con sueños reprimidos, con gargantas amenazadas y la dignidad pisoteada.

            La gente empezaría nuevamente a recordar a sus poetas, los aeropuertos se llenarían de besos y abrazos en el reencuentro de los exiliados con sus familiares y su patria al fin libre.

            La larga noche de oscurantismo había quedado atrás y comenzaba una nueva vida para todos.

 

El tener que aprender otras costumbres, en muchos casos otro idioma, el dejar a los amigos, a las mascotas y sobre todo a la familia, es algo que no se olvida, sobre todo para los niños. En ese sentido mi experiencia en Venezuela me marcó muchísimo, porque durante demasiado tiempo viví –como niña- entre el allá del Caribe y el ahí de Santiago. Como ahora de adulta, conjuro mi existencia entre el allá de la Cordillera de Los Andes y el acá de la realidad belga.

Jamás imaginé que el destino me tenía preparado este largo viaje que ya dura casi veinte años.

En las tardes primaverales es cuando más siento la ausencia de Chile; los colores del atardecer me transportan a otros parajes y me veo en la cocina del Aquelarre, en el patio de la señora Nolfa, entre sus plantas, o en una tarde recreativa con los niños de alguna población en Santiago.

Cierro mis ojos y me voy, me escapo con la imaginación tratando de agarrar un pedacito de eso que me falta, deseando construir en Chile lo que aquí he logrado.

El dolor hace decir muchas verdades, y mi ser se comprime al ver lo que nos sucedió en diecisiete años de dictadura. Tantos muertos y desaparecidos, tanto sufrimiento y hambre de todo.

Mientras logro alcanzar un nuevo sueño, sigo escribiendo, para aplacar la tristeza de la distancia y la querencia.

Hay días en que los recuerdos me bombardean el cerebro y no me dejan respirar.

Hay días en que deseo  suprimir la memoria y quedarme en blanco

Hay días tristes como el de hoy, el de ayer y quizás el de mañana

La culpa es de las luces,  los aromas, los sonidos, la vista inquieta

El culpable es el calendario que no da tregua, que se bebe los meses y los años

La nostalgia entra invadiendo a cada neurona y

Como un vagabundo deposita su saco de tesoros bajo mi cabeza.

La querencia se aloja en la suite de la impaciencia y

Se desviste de decretos y papeles

La muerte se pasea por mis venas, pero no me lleva, me llama “afortunada”

Se desliza en mi retina para que no olvide, para que no calle

Hay días de pena, de añoranza, de derrota

Hay días en que el sol se levanta en mi lecho

Y la luna se acuesta con los que me hacen faltan

Hay tantos días en un año y tantos más en un decenio

¿Habrán sobrevivido mis cactus los meses otoñales?

¿Seguirán floreciendo los suspiros en el muro del jardín?

¿Se habrán reencarnado las semillas de los mártires en otras conciencias juveniles?”

 

 

 

 

Cuando apoyé el NO y voté por Patricio Aylwin nunca imaginé que él haría “justicia en la medida de lo posible”, y quienes le han sucedido seguirían manteniendo el amarre con la dictadura.

Algún día podrán volver todos los Exiliados de la Concertación: los presos políticos con penas de extrañamiento y los fugados.

Algún día se abrirán las Alamedas de Allende para todos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PATITO FEO

 

Lunes 2 de enero de 1989

            ¡Imagínate, ya estamos en el 89, estamos a once años del siglo XXI!

            Son las 14:52. Leí varias partes de este pedazo negro de mi vida, créeme que me dolió que te hubieran profanado, violado, fue lamentable. Las agendas y mi cuaderno cumplieron en cierta medida el nexo entre nosotros, amigo.

            Comencé a leerte porque este año pienso definitivamente comenzar tu trascripción al papel de máquina.

            Han pasado ya los cinco años que yo había proyectado en mi vida y mis metas se fueron cumpliendo una a una. ¡Llegué a los veintiún años, soy mayor de edad!

            Desde la última vez que te escribí, sigo sola pero no me siento mal, ya me acostumbré. Tengo muchos amigos, conocidos y un par de pretendientes que no correspondo. Sólo somos Dios, yo y tú, la trilogía perfecta para seguir adelante.

            En el plano político siento que estoy bien, mis ideas son fijas, tengo más confianza en mis capacidades, en mi misma, aunque eso siempre ha sido así. Creo sinceramente que voy camino de la integridad, es cierto que aún hay dificultades y encontraré muchísimas más en la ruta, pero ya llevo un buen trecho del camino recorrido, y por nada quiero retroceder o abandonar ese futuro que comencé a forjarme hace ya tanto tiempo atrás.

            Anoche conversaba de esto con un amigo, le contaba de ti y lo pajarona que antes era. Parece que el patito feo esta tomando la apariencia de un cisne.

            Caminaba, lloraba y reía, mas todo el mundo me parecía lejano, hostil. Ahora doy pasos firmes y mi frente alta va mirando la cordillera y ahora sin regreso me comprometo con el mañana subsiguiente, me comprometo contigo.

            Camino, grito, pienso y amo; las pelusas, las vellosidades caen, las carnes sueltas se aprietan, la silueta se moldea. Sin el pánico de ayer sino con el empeño de hoy, caminaré, viviré y venceré.

            Amigo, estoy en la recta final de mi camino a la libertad verdadera, me queda este año para obtener mi título y así poder trabajar en lo que estoy estudiando. Sé que cuando tenga mi sueldo, ya mis padres no me podrán amenazar más con el cuento de que si no me gusta me vaya o denuncian a mis amigos. Nuevamente estamos juntos y el trayecto será más ameno a tu lado.

Un fuerte abrazo, amigo, y hasta la Victoria Siempre.

 

En 1988, mi madre leyó el diario de vida que yo llevaba en ese período, para indagar en qué cosas estaba comprometida. Por tal motivo, estuve muchos meses sin escribir y sólo me refugié en las agendas y en el cuaderno de mis poesías y relatos.

Mi diario -amigo y confidente desde la infancia- me hizo demasiada falta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHICA PARA TODOS

 

En 1989 mis compañeros de la JRME me propusieron como candidata a las elecciones del centro de alumnos de la facultad, lo que para mí representaba una enorme responsabilidad y de seguro un sinfín de problemas con mi familia, pues debería hacer pública mi condición de mirista.

Días antes de las elecciones se había realizado un acto que se llamó “Chile para todos”, y mis compañeros decidieron cambiar las letras le de Chile, por ca quedando los afiches convertidos en “Chica para todos”. Por supuesto dicho slogan fue motivo de más de una broma. En la Plaza de Armas, me hice una caricatura, que se reprodujo en grande, con los puntos de nuestro programa como Juventud Rebelde. Ese fue el material propagandístico que utilizamos para convencer a los estudiantes. Conseguimos la vicepresidencia, la Juventud Demócrata Cristiana ganó la presidencia y las Juventudes Comunistas el tercer lugar.

En el año 1987 me presenté a delegada de carrera pero perdí por un voto. Al año siguiente creamos el Centro de estudiantes de lingüística, que agrupaba francés, inglés y lingüística y salí elegida presidenta. 

Durante todo ese tiempo fui haciendo un trabajo de hormiguita, aplicando siempre lo que había aprendido de cómo ser una buena militante, lo que se vio recompensado en las votaciones.

Recuerdo que hicimos una fiesta en casa de Kenya para celebrar nuestro triunfo; estar sobre las JJCC fue un éxito. Habíamos convencido a muchos estudiantes con nuestra propuesta. Los militantes rojinegros no éramos muchos en la facultad y teníamos un gran desafío por delante, pero íbamos a luchar para hacer realidad nuestro programa.

El trabajo con los otros miembros del centro de alumnos fue colegial y divertido. Hicimos muchas cosas y Lautaro Ferrada siempre aportaba ideas geniales, una de ellas fue el concurso del “Hondero Entusiasta”. Fabricábamos hondas y nos poníamos a hacer tiro al blanco. También aprendimos a hacer lienzos para lanzar a los cables de la luz en la calle. Era un sistema que parecía complicado, aunque luego de cogerle el truco, nos hicimos expertos.

En aquella época habíamos organizado los CAR (comités antirrepresivos) que después se llamaron CAM (comités de autodefensa y masas). Esto me resultaba paradójico pues si juntábamos CAR + CAM y le agregábamos una O formábamos mi apellido: CARCAMO.

La primera vez que hice un corte de calle fue en la esquina de Miraflores con la Alameda, el año 86. Éramos tres mujeres y en nuestras enormes carteras llevábamos unas mangas (bolsas de basura rellenas con papeles y plumavit), las desplegamos en el pavimento y un compañero lanzó una molotov. Con agilidad, desaparecimos entre la gente que recogía los panfletos que también habíamos tirado. 

Cada año tenía que comprarme una cartera nueva, pues la mía debía soportar de todo: panfletos, libros, documentos, hilo, agujas, parches adhesivos, espejo, fruta, etc.

Cuando estábamos en paro en la U, solíamos subir a las micros a pedir dinero, para financiar la compra de lienzos, tinta, latas de pintura, comida y lo que hiciera falta.

A su vez, con mi amiga Carola –estudiante de periodismo- nos hicimos expertas en rayados de murallas; en cuanto encontrábamos una pared adecuada, dejábamos allí nuestro mensaje universitario.

Asimismo desarrollé mi caja torácica con los gritos. Lograba sacar una potente voz y cuando veían que era yo la que gritaba, no faltaba el comentario: “tremendo vozarrón que se gasta la chica”. Soy baja de estatura, de ahí mi apodo.

Mis años de universitaria han sido los más intensos, dormía muy poco, casi no comía, fumaba en exceso y hacía miles de cosas por día, pero era feliz de poder llevarlas a cabo. Logré terminar mis estudios en el tiempo previsto sin repetir ningún curso. De los ramos que podía me eximía de los exámenes, y los que tenía muy mal los dejaba para vuelta de vacaciones de verano, donde los porcentajes se invertían y la nota de la prueba valía más que las obtenidas durante el año o semestre.

Destinaba el mes de enero para descansar y en febrero me ponía a estudiar. Así por ejemplo superé latín, después de tener en cuatro pruebas seguidas la nota mínima que era uno, porque no me podían poner cero. En el examen de repetición me saqué un 6,5 y dicha anécdota siempre se las contaba a mis alumnos para motivarlos. Les repetía que lo más importante no era la cifra, sino el querer saber y aprender.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHIGUAYANTE Y LA MUERTE DEL TURCO

 

En 1989, aprovechando la coyuntura del encuentro de la CONFECH (Confederación de Estudiantes de Chile) que se realizaría en Concepción y donde acudirían todos los representantes de todas las universidades, la JRME decidió organizar un encuentro nacional luego de ese acontecimiento.

Con otras dos compañeras asumimos la tarea de elaborar algunos esbozos de documentos de discusión y los compañeros de Concepción se encargaron de la logística.

Partimos en la noche desde la Universidad de Santiago, mis papás me fueron a dejar, claro que ellos ignoraban lo de nuestro encuentro partidario. En el trayecto nos fuimos cantando y contando chistes. Llegamos a la Universidad de Concepción de amanecida y en el camino tuvimos dos controles policiales. Tanto universitario junto siempre fue sinónimo de disturbio.

            La universidad era muy grande y bonita, y éramos tantos jóvenes reunidos -de tantos lugares distintos de Chile- que yo sentía estar viviendo un hecho único. El encuentro de la CONFECH duró dos días. La primera noche nos albergamos en un sindicato y la segunda en una casa para retiros de los curas.

 

Finalizada la reunión universitaria nos concentramos en nuestro trabajo partidario y nos fuimos a Chiguayante, a una casona de madera. Allí, en cierta medida me dejé llevar por un instinto maternal y me hice cargo de la cocina. Éramos como veinticinco militantes.

 

Discutimos lo que teníamos que tratar, entablamos nuevas amistades y mis compañeros me reservaron una sorpresa para la noche final.

Yo estaba muy cansada y quería acostarme, me despedí de todos y me fui a la pieza donde dormía con otras chiquillas. De pronto, Shaka entró corriendo, asustado y  me dijo“¡chica levántate, hay un problema!”. Creí efectivamente que ocurría algo serio, me vestí y partí al salón, todo estaba oscuro, de pronto la luz que se encendió y me encontré con una pieza adornada con preservativos inflados. Siguió un “wuaaaaaaa, viva chica, te pasaste, fuiste una súper buena anfitriona” y que sé yo. Lo más cómico y embarazoso fue inflar un preservativo, que alguien registró en una foto. Luego comenzó la fiesta de despedida, pues al día siguiente partíamos a nuestras respectivas ciudades.

El 4 de septiembre de 1989, mi mamá me despertó para contarme que habían asesinado a un dirigente del MIR: era el Turco, nuestro compañero Jécar Neghme, que fue acribillado por catorce balazos a manos de desconocidos. Después se sabría que fueron cinco oficiales de la Brigada Azul de la CNI.

En el noticiario de cierre de la televisión habían dado la noticia. Me puse a llorar, no podía creerlo, tenía que ser un error; esa misma tarde, el Turco había estado conversando con nosotros, no había lógica. Me sentía destrozada.

            A la mañana siguiente, me fui muy temprano a ver al resto de los compañeros. Cuando entré a la casa Aquelarre todos estaban acongojados, era verdad y no podíamos hacer nada. Sentíamos impotencia absoluta.

En los pasillos, comentaban que el Turco había sido objeto de seguimiento y hostigamiento por parte de desconocidos, y que los que éramos dirigentes públicos del partido o la juventud tendríamos que estar alerta. En ese instante yo no pensaba en esas cosas, sólo quería justicia y que este trago amargo pasara lo más rápido posible.

            A medida que transcurrían las horas la casa se fue llenando de gente. Algunas compañeras comenzaron a confeccionar banderas del MIR y empezó a correr una lista para inscribirse a la guardia de honor. El velorio fue en la sede del PAIS (Partido Amplio de Izquierda Socialista), que se formó para agrupar a los partidos de izquierda que no estaban en la Concertación.

El día del funeral, seis compañeros escoltamos la carroza hasta el cementerio, para mí fue un honor acompañar el cortejo de un hombre tan honesto y sencillo como era Jécar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA PARTIDA

 

En mayo de 1991 la abogada de mi compañero nos dijo que teníamos que salir de Chile lo más pronto posible. Carlos y yo nos habíamos fabricado nuestro propio mundo, yo había dejado toda actividad política y sin embargo, alguien lo había denunciado. Él -en su condición de fugado de la Cárcel Pública- no podía correr el riesgo de ser detenido otra vez, ya que  después de un año de la llegada de la democracia, todavía seguían existiendo presos políticos.

En tres semanas todo estuvo listo para salir, saqué pasaporte y seguimos haciendo una vida normal. Nadie podía saber nada, únicamente mis padres y mi cuñada. Teníamos que irnos a fines de mayo para aprovechar un día feriado. Mi compañero había conseguido un carnet de identidad legal con su propia foto, pero con otro nombre y otra huella digital, eso sería suficiente para cruzar la frontera terrestre.

Comencé a vivir como una condenada a muerte descontando los días que me quedaban  en mi amado país, por el que había luchado tanto y que ahora debía dejar.

No podía llevarme nada porque supuestamente íbamos por un fin de semana de paseo; bastaba con un bolso pequeño y tres mudas de ropa.

La última semana de ese triste mes, el clima empezó a cambiar y en la Cordillera se puso a nevar sin parar. El paso Los Libertadores fue cerrado y de ambos lados de Los Andes había gente esperando para cruzar. Esto les pareció muy bueno a los abogados que nos acompañarían en esta huída, porque habría probablemente menos control policial. Teníamos que estar listos para partir en cuanto sonara el teléfono.

A las seis de la mañana del 30 de mayo de 1991 el fatídico llamado llegó.

 

            Observo mi pieza y mis pequeños tesoros por última vez, le entrego a mi papá mis diarios, mis agendas y mi cuaderno, le digo que allí esta mi vida y que pase lo que pase los proteja. Miro la casa y le voy diciendo adiós a mi querido Santiago. Mi corazón va llorando por dentro, me siento desgarrada desde las entrañas, pero tengo que ser fuerte, no puedo quebrarme ahora, tengo que darles ánimo a mis viejos y mi compañero no me puede ver flaquear, es por él que dejo todo, por nuestro amor y nuestro futuro juntos.

Hemos llegado al terminal de buses, mi papá se va a estacionar, voy con él, en la citroneta le doy un beso y le digo que no se preocupe,  que lo mandaremos a buscar y que muy pronto volveremos a estar juntos, que tenga confianza en Dios y que todo saldrá bien.

Un pitazo anuncia que vamos a partir, me despido de mi cuñada y de mi papá. Mi mamá nos acompaña en la primera etapa de este largo viaje. Me siento junto a ella al lado de la ventanilla, y en el andén mi viejito hermoso lucha como yo por retener las lágrimas.

El bus va saliendo y ya no lo diviso, no hay vuelta atrás. La ciudad se aleja en el cuentakilómetros, comenzamos a subir la cuesta de Caracoles, cruzamos por entre murallas de nieve, llegamos a la frontera y el auxiliar del bus pide las cédulas de identidad y unos formularios. Bajamos a fumar para calmar los nervios, deseando que todo resulte como queremos, nos tomamos las últimas fotos, volvemos a sentarnos en el bus,  y por fin atravesamos la línea fronteriza.

Todo salió bien. Adiós Chile, adiós papá…

El resto, ya es harina de otro costal.

 

INDICE

           

 

Prólogo……………… ……………………………….5

Palabras del Editor…………………………………….7

Palabras de Gregorio Angelcos………………………11

Mi Primer Diario de Vida…………………………….17

Quema de Libros…………………………………….21

Un Árbol sin Regalos……………………………….23

Radio Moscú………………………………………..25

Ritoque y Tejas Verdes………………………………31

Toque de Queda…………………………………….35

Venezuela……………………………………………39

Visita al Circo……………………………………….43

Eduardo Frei Montalvo……………………………..45

Primera Protesta…………………………………….47

Apagones…………………………………………….49

Mauricio Maigret……………………………………51

Entre Cristiandad y Detonaciones…………………..53

Canto Popular………………………………………57

La Juventud Socialista……………………………….61

El Tata Esteban y André Jarlan………………………63

Marzo Homicida……………………………………67

Declaraciones de Andrés Valenzuela………………….69

La Renuncia de Mendoza…………………………….73

Otro 11 de Septiembre y Pablo Neruda……………..79

Camino al MIR……………………………………..81

Otra Discusión………………………………………85

Mi Primera Concentración…………………………..87

Carmen Gloria y Rodrigo Rojas……………………..89

Enfermedades………………………………………93

Venganza por el Atentado a Pinochet………………..95

Los Presos Políticos………………………………….97

Un Rector Delegado para la U………………………99

Fin del Exilio………………………………………103

El Patito Feo………………………………………107

Chica para Todos…………………………………..109

Chiguayante y la Muerte del Turco………………….113

La Partida………………………………………….117

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

 

 

 

 

 

Este libro se terminó

de imprimir en los

Talleres Gráficos de

Ediciones Caballo de Mar.

Lampa, Santiago, Chile

Octubre del año 2010.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribo para rescatar del olvido los años y los hechos que muchos quisieran anular. Se me aceleran los dedos en el teclado porque debo ganarle al tiempo, porque quiero correr más rápido de lo que él se instala en las butacas de la conformidad.

Consumo las horas sacando desde páginas amarillentas, nombres y datos que ya casi nadie recuerda, pero que formaron parte de nuestra historia.

No me parece justo dejar en el silencio la muerte de Mauricio, de Verena, del Choclón, o de la niña que jugaba en su casa y recibió un balazo anónimo desde una furgoneta.

Unos cuantos desearían dar vuelta la hoja, otros simplemente ya lo hicieron sin embargo, para los porfiados como yo, no existe el borrón y cuenta nueva.

Siempre escribí con la intención de mostrar a mi descendencia lo que fue vivir en una tiranía. Del miedo que nos paralizaba, pero que sabíamos destruir al calor de los gritos y las consignas; del amor fraterno, de ese…, que te hace ser capaz de dar aún más de lo que tus fuerzas pueden. De la solidaridad de compartir un pan o un cigarrillo, de dar la plata de la micro para hacer una “vaca”, y poder comprar un tarro de pintura. De aquellas pequeñas victorias y de esos dolores que arrastramos hasta la tumba.

Los hijos de mi generación retoman nuestras batallas, y es por ellos, que debemos desempolvar las telas de arañas de nuestro pasado, para que éstas no les cubran el paso, y les impidan enfrentar la conquista de un futuro mejor y más digno.

 

Rossana Cárcamo

Sint Niklaas – Bélgica

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s